Entregaron Mi Alma Al Diablo Historias De Terror - REDE

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Mi alma se ofreció al demonio. Mi nombre es Ana y soy instructora de zumba. Daba clases en una unidad cercana a mi casa. Mis amigas y conocidas me fueron recomendando hasta que logré hacer varios grupos en diferentes horarios del dÃa. Además que realizaba el trabajo, habÃa mujeres que se acercaban a mà para contarme alguna situación personal que les estaba pasando. Al grupo de zumba que impartÃa a las nueve de la mañana llegó una chica nueva que tenÃa como veintidós años. A ella no la conocÃa. Cuando se acercó conmigo para inscribirse y pagar la mensualidad, le pregunté sus datos personales como parte del protocolo de inscripción. Se me hizo muy raro que me dijera que vivÃa en la colonia Santa Cecilia. Ese barrio se encontraba muy lejos de la unidad en la que enseñaba Zumba. Estaba en la colonia dieciocho de marzo y donde ella vivÃa. Se hacÃa como una hora de distancia. Le pregunté cómo se habÃa enterado de mis clases. Ella me dijo que a través de las redes sociales ya no quise importunar con más preguntas, aunque sà me llamó mucho la atención que le metiera tanto tiempo de traslado la muchacha nueva. Me dijo que se llamaba SofÃa. Me pagó la primera mensualidad y comenzamos con el ejercicio. Los primeros dÃas que comenzó a ir se quedaba más tiempo después de la clase a vernos bailar en la siguiente hora, porque por las mañanas daba más clases. La veÃa que se iba a sentar a una de las bancas y ahà se quedaba hasta por una hora más. Me dedicaba a dar mis clases. De repente, cuando volteaba a ella, ya se habÃa ido asÃ. Transcurrieron más de quince dÃas hasta que en una ocasión se acercó a mÃ. Me dijo que sÃ, le podÃa dedicar un poco de mi tiempo porque necesitaba hablar conmigo. Me agrada esa parte de charlar con mis clientas. Era una manera de hacer ayudarlas un poco con sus problemas. Esa vez, SofÃa se quedó en la unidad hasta que terminé mis otras dos clases de zumba. Le dije que si querÃa, se podÃa incorporar a ellas para que no se enfadara en la última hora. De nuevo comenzó a bailar con el grupo. Cuando terminé de dar las clases, me acerqué a SofÃa para platicar ella. Estaba un poco nerviosa. Comenzó a decirme que su madre habÃa muerto. HacÃa poco tiempo. TenÃa menos de un año de su pérdida. Su madre habÃa sido muy importante para ella. No sabÃa cómo salir de esa etapa de duelo. Por eso se habÃa acercado al ejercicio de zumba. Después que SofÃa me confió el motivo por el que venÃa desde tan lejos, entendà por qué lo habÃa hecho con mucha frecuencia. Ella se quedaba más tiempo después de su clase para platicar conmigo. Poco a poco nos fuimos haciendo amigas. Hubo una vez que le invité a mi casa. Preparé una sencilla celebración por el cumpleaños de mi hija. A SofÃa le dio mucho gusto que la hubiese invitado. Creo que noté una excesiva alegrÃa. Ella llegó el sábado por la noche a mi casa. La presenté con mis amigos y se quedó durante un buen rato a convivir con todos. Ya era muy tarde y ella no se iba a su casa, y no era porque me molestara, sino porque sabÃa que vivÃa muy lejos, pero pensé que un huber solucionarÃa ese asunto. SofÃa se quedó hasta el final. Ya sólo quedaba ella cuando se fue a su casa. Después de esa reunión nos hicimos más cercanas. Hubo una ocasión en la que SofÃa me invitó a una celebración familiar. Le pregunté en honor de quién era la fiesta para llevar un obsequio, pero ella me dijo que no era necesario. Era algo sencillo entre amigos. SofÃa me mandó la ubicación. No tenÃa tantas ganas de ir porque estaba muy lejos. Además, no tenÃa automóvil. TendrÃa que irme en transporte público y de regreso pagar un uber, pero aún asà asistÃa al lugar. Creà que la fiesta serÃa en su casa, pero fue en un pequeño casino en el que estaban reunidas muchas personas adultas. Las personas presentes vestÃan de una manera muy formal. Cuando SofÃa me vio llegar, se acercó conmigo, se notaba que le daba mucho gusto mi presencia, me tomó de la mano y me presentó a algunas de sus amistades. No me sentÃa muy cómoda en ese lugar, por más que SofÃa se esmeraba en que la pasara muy bien. En cuanto me fue posible, me fui de la recepción. El lunes después de la sesión de zumba. SofÃa se me acercó, me dijo que era importante lo que tenÃa que Decirme le comenté que no tenÃa problema en platicar, pero, como ya sabÃa, era hasta que terminara mis clases. De nuevo, ella me esperó hasta el final. Después de mis clases nos quedamos en una banca de la Unidad. SofÃa me preguntó si me acordaba de Adela, la mujer que me presentó en la reunión del sábado anterior. Le dije que sÃ. La recordaba. Continuó diciéndome que esa mujer era su guÃa espÃritual y que ella le habÃa dicho que algo malo sucedÃa conmigo desde el instante en el que la saludé de mano. Ella sintió mi energÃa. También me dijo que no me querÃa asustar, pero algo penoso le iba a suceder a algún miembro de mi familia o a mÃ. No lo sabÃa con exactitud, porque Adela sólo me habÃa tomado de la mano, pero que si iba con ella me podrÃa dar más detalles de lo que podÃa suceder. SofÃa me explicó que Adela era su mentora y que ella conocÃa del mundo oscuro del que no se puede ver. Además, podÃa tener contacto con seres que ya habÃan muerto. Todo lo que SofÃa me dijo me pareció una exageración, porque yo nunca he creÃdo en las artes adivinatorias ni en las personas que pueden hablar con los muertos. Era tan escéptica que creÃa que no habÃa nada después de la muerte. Pensaba que el cielo y el infierno era una invención de las religiones para manipular a las personas. Le comenté a SofÃa que respetaba cualquiera que fuese su creencia, pero que también entendiera que yo no tenÃa ningún tipo de doctrina. Ella me dijo que estaba de acuerdo. No tenÃa ningún problema con eso. Sólo me pidió que le permitiera decirme todo lo que Adela le comentó acerca de mÃ. Acepté lo que me pedÃa más por respeto que por otra cosa. SofÃa terminó de decirme que Adela le comentó que tuviera mucho cuidado porque una persona muy cercana iba a tener un accidente automovilÃstico. Si yo manejaba que no lo hiciera al menos en un mes y que les dijera a mis familiares que se cuidaran mucho porque quizá en ese accidente alguien iba a morir para nada. Me agradó lo que sofÃa. Me dijo un poco molesta. Le pedà de favor, que ya no me estuviera inventando cosas. Lo único que tenÃamos a nuestro alcance era el presente del futuro. No podÃamos saber nada. Ella me interrumpió. Me dijo que ese era el conocimiento que yo tenÃa, pero que la vida se componÃa de más cosas y que yo no creyera. No significaba que no existiera. Ella se despidió diciéndome que no olvidara las palabras de adela, que tuviese mucho cuidado. Después de aquella conversación que tuve con SofÃa. Ella dejó de ir a las clases. Pensé que se habÃa molestado por haber sido tan franca. Creà que ya no la volverÃa a ver. Luego de dos dÃas me encontraba dormida profundamente cuando tuve un sueño que me sobresaltó en él veÃa a mi padre manejando un auto viejo en el que tenÃa un accidente muy grave. Alcancé a ver cuando mi papá salió disparado del auto y quedaba muerto en el asfalto. Me desperté sumamente alterada. TenÃa la respiración entrecortada. De pronto sonó el teléfono del otro lado del aparato. Escuché la voz de mi madre, con voz quebrada por el llanto, me dijo que ella y mi padre acababan de tener un accidente en la carretera. Ellos venÃan de un paseo por la carretera a Chapala, que mi padre estaba muy grave la ambulancia los habÃa trasladado al hospital más cercano. Estaban en la clÃnica catorce ubicada por la calle revolución, la llamada se cortó. Intenté comunicarme nuevamente con ella. Me sentÃa muy vulnerable. No sabÃa qué hacer En ese momento recordé las palabras de sofÃa. No querÃa darles fuerza, pensando que lo que me habÃa dicho era verdad, me vestà de inmediato y me fui al hospital, que me indicó mi madre. Eran casi las tres de la mañana. Cuando pedà un auto de alquiler, la calle estaba desolada. Sólo alcancé a ver a una persona que estaba parada justo enfrente de mi casa, pero la verdad ni siquiera le presté atención. Lo único que me importaba era llegar y ver en qué condiciones se encontraban mis padres. En poco tiempo estuve en el hospital La avenida Lázaro Cárdenas estaba casi sin autos, lo que me permitió que llegara con rapidez. En cuanto vi a mi madre tan golpeada, me sentà muy mal. Le pregunté cuál era la condición de mi papá, pero no supo decirme busqué al médico a cargo de mi padre. En cuanto lo vi, me dijo que estaba grave, que harÃan lo posible por salvarlo. Asà estuvimos durante varios dÃas sin tener ninguna señal de mejorÃa. Le habÃa avisado a mis grupos de zumba que por una semana no darÃa sesiones, asà que me dediqué a estar en el hospital la mayor parte del tiempo. Una tarde recibà una llamada telefónica de sofÃa. Me preguntó en qué condiciones estaban mis padres. Fue en ese momento que recordé lo que me habÃa dicho, pero no le dije nada, sólo que mi papá estaba muy grave. Las palabras que me dijo me dejaron muda sofÃa. Me comentó que si querÃa que la salud de mi padre mejorara, era necesario que acudiera a una sesión espiritual de las que hacÃan dos veces a la semana en Santa Cecilia. Le le le le le le le s dije que no creÃa que por ir a una reunión con Adela mi padre se fuera a poner mejor ella Me dijo que lo intentara para que comprobara el poder de su mentora. Eso fue todo lo que me dijo y cortó la llamada. Me quedé pensando durante todo el dÃa en lo que sofÃa me dijo. Un poco antes de las ocho de la noche llegó el médico encargado de mi padre. Ãl me pidió que saliera de la habitación sólo para decirme el estado crÃtico en el que se encontraba mi papá me dijo que todo era cuestión de tiempo, que poco a poco sus órganos vitales comenzarÃan a colapsar. Ya no habÃa nada que hacer por él. Su inminente muerte era cuestión de tiempo. Me dolieron las palabras del médico. En ese momento recordé las palabras de SofÃa. No tenÃa nada que perder. Le hablé por teléfono a mi hija para que cuidara de mi padre para poder ir con Adela, la mentora de SofÃa. Antes de ir con ella, le pregunté a SofÃa si era posible que Adela me atendiera en ese momento. Ya me regresó la llamada diciéndome que ya me estaba esperando. En poco menos de una hora, ya me encontraba en la colonia Santa Cecilia. SofÃa me esperaba fuera de su casa. De ahà caminamos unas cuantas cuadras y llegamos a la vivienda de Adela Santa Cecilia era un barrio popular. La mayor parte de las viviendas eran humildes. Por eso me sorprendà cuando vi la casa de Adela era grande, abarcaba una gran parte de la esquina. No era lujosa, pero sà estaba muy bien construida. Antes de entrar a la casa habÃa un portero que me pidió mi registro en una libreta sólo a mÃ, porque SofÃa ya era muy conocida. En ese lugar. Pasamos por un pasillo largo que nos condujo a una gran sala. Ahà estaba Adela, junto con un hombre mayor sentada al lado de ella. Fue claro que a Adela le agradó mi presencia de inmediato. Me invitó a que me sentara. Me ofreció un vaso con una bebida muy rica, pero que no supe de qué estaba hecha. El hombre se apartó para que platicara con Adela enseguida. Ella me invitó a quedarme pronto empezarÃa una de sus sesiones en las que pedirÃan por la salud y mejora de mi papá. Por supuesto que acepté. Esa era la principal razón por la que habÃa acudido. En poco tiempo comenzaron a llegar más personas vestidas de una manera elegante. Me sentà mal por mi vestimenta tan sencilla. Adela lo notó y se acercó a mà para decirme en voz baja que no tenÃa de qué preocuparme. Yo era la invitada principal. Las personas empezaron a distribuirse en el salón y quedaron en forma de cÃrculo. A mà me dejaron al centro junto con Adela. Ella comenzó a darme la bienvenida. Les dijo todos cuál era el motivo de mi presencia. Ellos al unÃsono dijeron que mi padre se iba a recuperar. Cantaron alabanzas desconocidas hablaban de un señor que era todopoderoso y que tenÃa la facultad de resolver cualquier problema. Asumà que se trataba de Jesús, aunque no vi ninguna figura o imagen que representara que rendÃan culto a él. Las personas levantaban las manos, algunos hasta gritaban y se ponÃan un poco extraños. Ya casi para terminar, entró una mujer vestida completamente de negro. Llevaba una paloma entre sus manos. Hicieron un pequeño cÃrculo con un gis. Ella se hincó ahà y mató al ave. Enseguida comenzó a recolectar su sangre en un pequeño recipiente. Todos se formaron para mojar su dedo Ãndice con la sangre del animal y hacerse una marca en la frente. Al final, con la sangre que quedó adela, me la embarró en la cara. Me tomó por sorpresa porque me pareció asqueroso. Me dijo que me hincara y todos se acercaron para cantar sus canciones raras. Luego todos aplaudieron. Fue la señal de que el ritual habÃa terminado. SofÃa. Se me acercó para llevarme al baño y me pudiese lavar el rostro. Mientras caminamos por el pasillo, pude ver una habitación que tenÃa. La puerta abierta. Estaba casi completamente a oscuras. HabÃa un cÃrculo hecho con veladoras en el centro. Estaba algo que se movÃa, pero ya no pude ver más. A mi regreso quise ver de nuevo, pero la puerta estaba cerrada. Cuando estuve de nuevo en el salón principal, todos me recibieron con un aplauso, me dieron la bienvenida y comenzó una sencilla celebración a la que ya no quise quedarme porque habÃan pasado más de tres horas y me preocupaba el estado de mi papá adela. Me dijo que no me fuera. La razón por la que hacÃan la celebración era por mà le expliqué el motivo de mi partida. Ella se anticipó a mis excusas diciéndome que ya no me preocupara. Mi padre estaba bien, Me podÃa quedar por más tiempo. Después alguien me llevarÃa al hospital, pero no me fÃe de lo que me dijo. Le agradecà su atención. Estaba a punto de retirarme cuando le dijo a uno de los hombres presentes que me llevara al hospital. El de inmediato accedió intervine y le dije que no era necesario un tag Si me llevarÃa, hicieron caso omiso de mi comentario. El hombre me indicó para que lo siguiera y nos fuéramos en su automóvil detrás de la casa de Adela habÃa un patio muy grande que servÃa como estacionamiento. Ahà estaban los coches de los que habÃan asistido a la reunión. Todos eran modelos muy recientes y lucÃan extremadamente limpios y brillantes. El hombre le quitó la alarma a su auto y me indicó con su mano que me subiera Durante el trayecto. Me dijo que se llamaba Joel que todos estaban muy contentos por la decisión que tomé. SabÃan que no era fácil hacerlo, pero finalmente todo era para un bien mayor. No entendà el sentido de sus palabras, pero tampoco quise indagar más. Joel siguió hablando de los beneficios de pertenecer a esa organización. Antes de llegar al hospital, le pregunté quién era el que ellos tanto alababan. Ãl se me quedó mirando extrañado. Me preguntó que a poco no lo sabÃa. Le respondà que no. Por eso era mi pregunta. Ãl se limitó a sonreÃr. Me dijo que muy pronto lo sabrÃa. Llegué al hospital muy alterada. El evento al que habÃa asistido no estaba planeado. Además, no supe con certeza de qué se habÃa tratado. Se me hizo eterno poder tomar el elevador. Casi me iba por las escaleras, pero era hasta el décimo piso en el que se encontraba mi padre. En eso se abrieron las puertas del elevador. Adentro Sólo habÃa un hombre y una mujer en cuanto entre ellos me sonrieron de una manera extraña por cortesÃa. También le sonreà antes de bajarse. Me dijeron los dos la palabra bienvenida y se marcharon. Fue una situación muy extraña. Cuando llegué a la habitación de mi padre, me encontré con la sorpresa de que él habÃa salido del coma. Alrededor de él estaban varios médicos y enfermeras. Una de ellas o s or que esperara afuera enseguida. Uno de los médicos hablarÃa conmigo. Un doctor joven se acercó conmigo. Me dijo que el caso de mi padre era único, ya lo habÃan desahuciado y que, de repente él salió del coma. Ya le habÃan practicado varios estudios y se encontraba en perfecto estado. Los daños hechos por el accidente habÃan desaparecido. Añadió que si todo seguÃa asà durante el transcurso de la noche, lo darÃan de alta al dÃa siguiente. Por la tarde. Era tanta mi alegrÃa que no me puse a pensar más que en el bienestar de mi padre. Después que los médicos se fueron, pude platicar con mi papá. Ãl estaba muy contento. No se acordaba del accidente, pero fuera de eso todo estaba muy bien. Me dijo que tenÃa mucha hambre, como ya habÃa pasado la hora que daban de cenar. Le dije que bajarÃa a comprarle algo. Mientras iba a la calle. Pude reflexionar un poco en todos los sucesos que pasaron en tan poco tiempo. Ni siquiera los médicos pudieron explicar lo que aun habÃa ocurrido con mi papá en ese momento tuve un temor muy grande. Supuse que lo que habÃan hecho en casa de Adela era un conjuro, aunque no tenÃa claridad de las cosas. No le encontraba otra explicación al repentino restablecimiento de mi papá Cuando salà del hospital a la calle. Ya eran casi las diez de la noche. Mientras caminaba para encontrar algo que pudiera comprarle a mi papá. A tres cuadras vi una tienda abierta. De pronto sentà la presencia de alguien volteé, pero no vi a nadie, aunque esa sensación no se me quitaba. En una de las calles vi a lo lejos un hombre parado que me miraba fijamente, Me apresuré y le compré lo necesario a mi papá. Casi me fui corriendo de regreso, pero aquella sensación no se me quitó. Al dÃa siguiente dieron de alta a mi padre. Lo llevé a casa y continué con mis actividades cotidianas durante la clase de zumba. Pude ver a SofÃa le dije que no se fuera porque necesitaba hablar con ella. Le pregunté de qué se trataba la organización a la que me habÃa llevado, porque me estaban sucediendo eventos extraños. Ella sonrió Me dijo que todo era porque me habÃa acercado a Adela. Me confirmó que ya me lo habÃa dicho. Si asistÃa con Adela, todo en mi vida iba a cambiar. Le dije que ya no querÃa asistir a ninguna de sus reuniones. Ella me dijo que ya no podÃa salirme de ella porque habÃa hecho un trato con el poderoso y que me habÃa hecho el favor de salvar a mi padre. Ahora me tocaba pagar no podÃa quedarme con esa deuda. SofÃa SonreÃa de una manera extraña. Era la primera vez que la veÃa asà me recordó. A aquellas personas que vi en el elevador le pregunté si el pacto lo habÃa hecho con el demonio. Ella sintió sonriendo de una forma maléfica. Le pregunté por qué me habÃa elegido a mÃ, pero ella sólo sonreÃa le dije que no se valÃa lo que me habÃa hecho porque no tuve el conocimiento necesario para tomar un una decisión. Lo que hizo fue llevarme con engaños. Ella ya se marchaba. La quise alcanzar para decirle más cosas, pero no pude por más que me esforzaba corriendo. Ella se alejaba más. Hubo un momento en que la perdà de vista. Los hechos siniestros no se detuvieron, sobre todo por las noches. SentÃa que alguien más habitaba en mi casa. No veÃa a nadie, pero sentÃa esa presencia. Una noche mi hija gritó en la madrugada me dijo que habÃa visto a un hombre vestido de traje mirándola, pero que ya habÃa desaparecido esa noche no dormà velando el sueño de mi hija. No profesaba ninguna religión, pero creà que contra el demonio el que me podÃa ayudar era un sacerdote Ministro de Jesús. En cuanto amaneció fui al templo. Cuando entré a la iglesia, comencé a escuchar muchas voces en mi cabeza. Volteaba a todos lados para ver cuál era el origen de ese mur mullo, pero no habÃa nadie. El templo estaba en silencio. Sólo la voz del Padre era lo único que se escuchaba. Las voces no se iban de mi cabeza. Eran más bien gritos que no entendÃa. Me quedé hasta el final de la misa para abordar al sacerdote. En cuanto vi que salió de la sacristÃa, me acerqué a él le dije que era urgente que me diera un consejo. Ãl de forma amable, me invitó a sentarme en una de las bancas atento. Escuchó todo lo que me habÃa pasado. Cuando concluà mi relato, me dijo que lo más seguro fue que en ese ritual ofrecieron mi alma. A cambio, de restablecer la salud de mi padre. Le dije que yo no lo sabÃa. Me habÃa entendido una trampa. Ãl me dijo que esa era la manera más normal de actuar del demonio y de sus seguidores. A través de la mentira. Le pedà que me ayudara, que yo sola no podrÃa hacer nada. El padre se quedó pensando. Me dijo que él no estaba preparado para hacerme ese trabajo, pero que sabÃa quién lo podÃa hacer. Me dio el nombre de otro sacerdote y su dirección. Me dijo que antes de ir con él, sacara una cita, porque de otra manera no me iba a poder atender. Hice lo que el párroco de la Iglesia me dijo. El sacerdote de nombre Abel aceptó ayudarme. Han sido varias las sesiones a las que he acudido. Incluso ha habido ocasiones en las que hel ha ido a mi casa para bendecirla y protegerla, porque las manifestaciones no cesaron. Al contrario, conforme, el padre Abel comenzó a apoyarme. Fue como si el demonio se hubiese puesto peor. El padre Abel me explicó que lo que él me hacÃa no era un exorcismo, porque yo no estaba poseÃda. Lo que habÃan hecho conmigo era un maleficio y era lo que trataba de romper. No serÃa nada sencillo, porque no era un maleficio hecho para dañar a una persona, sino que mi alma la ofrecieron al demonio, porque las personas que lo hicieron esperaban obtener un favor, asà como el que yo recibÃ. Sin embargo, el demonio no se quedó tranquilo. Al no obtener nada a cambio de su favor, el demonio quitarÃa el favor, dado en ese momento pensé en mi padre eso significaba que él iba a morir, lo que me dijo. El padre me dolió mucho, pero pensé que también se habÃa dado de una manera no natural, por lo que no podÃa ir en contra de las decisiones de Dios. Asà que le dije al padre Abel que aceptarÃa las decisiones de Dios porque no querÃa vivir con ese peso. En mi vida. Aún sigo visitando al padre Abel cada dÃa. Las cosas han mejorado, pero no del todo. Estoy consciente de que en cualquier momento puede suceder lo inevitable, la muerte de mi papá. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








