Aug. 18, 2023

El Tesoro Del Viejo Y El Nahual (El Llano En Llamas) Historias De Terror - REDE

El Tesoro Del Viejo Y El Nahual (El Llano En Llamas) Historias De Terror - REDE

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El lla no en llamas nota de lengua de brujo. Con el permiso del autor, se cambiaron algunas palabras para mejor comprensión y se dejaron algunas otras por respeto a la historia. Quiero contarles una historia que me compartía mi abuela sobre su padre cuando era joven. Lo que les pasó tiene más de cien años y se volvió una tradición familiar contarla en cada reunión que tenemos en memoria de mi abuela. La contaré cómo mi abuelo se la contaba a ella con el fin de que perdure lo más fiel posible. Gracias. Relato de más de cien años de antigüedad corría el año de mil novecientos dieciséis, poco después de la Revolución Mexicana. Mi vida había cambiado drásticamente. Desde joven. Mi familia me acostumbró a trabajar de sol a sol para un patrón, el cual nos pagaba cada que podía. Durante varios años trabajé como jornalero en los campos de maíz del Estado de Michoacán, en un ejido muy cerca de los reyes, junto a mis dos hermanos, Fausto y Emilio. No había día que no fuera largo y agotador. Nuestras manos siempre estaban llenas de callos por el esfuerzo que realizábamos. Llegó el sábado y esa tarde, los tres nos habíamos propuesto hacer una fogata fuera de la casa, sacar el pisto y platicar mientras no cenábamos lo que quedaba de un lechón del otro día. Estábamos muy entrados platicando de anécdotas y chistes. Cuando notamos que alguien nos vigilaba desde lejos. No le quisimos hacer importancia, pues elegido estaba lleno de locos y pensamos que si lo ignorábamos, se iría solo. Sin embargo, no fue así. Yo noté que esa persona se acercaba cada vez más. Mi hermano Fausto se puso vivo y sacó la vieja carabina de nuestro padre. La escondió para que el otro sujeto no lo viera. Cuando lo vimos con mayor detenimiento, nos dimos cuenta de que se trataba de un vecino, el anciano Don Agustín, a quien se le botaba la canica, se acercó para calentarse las manos. Aprovechamos para darle de comer el último pedazo que nos quedaba y también le dimos de tomar pulque el anciano, agradecido, nos comentó que tenía que contarnos algo, un secreto que tenía muy guardado y que no tenía sentido que se lo guardara. Nos contó sobre un misterioso llano que ardía por las noches como si estuviera en llamas ella no se encontraba más allá del Canal de Riego. Él nos aseguraba que en ese lugar se encontraba un tesoro escondido, pero estaba custodiado por un ahual y los espíritus que habían intentado robarlo aún seguían merodeando. Por ahí. Don Agustín insistió que el tesoro era de él, pero con el tiempo se hizo más bien viejo y no pudo recuperarlo, y el que se hacía llamar su amigo, un poderoso brujo. Nahual se lo arrebató, pero tampoco podía sacarlo. El tesoro estaba maldito y sólo podía sacarlo su dueño o a quien se lo regalara. Al principio nos divirtió con su historia, pero el anciano se le veía la cara triste y seria. Le quisimos invitar más pulque y aceptó diciéndonos que ocupaba para el camino. A mí me pareció extraño que dijera eso. Sólo vivía una cuadra de nuestra casa y había sonado su tono de voz como si estuviera despidiéndose apagamos la fogata. Nunca nos dimos cuenta en qué momento el anciano se había parado y se fue solo ya no lo vimos. Al día siguiente, Doña Macaria, otra vecina, llegó desconsolada con nuestra madre comentando que Don Agustín había muerto. Lo habían encontrado en el canal y parecía ser que llevaba a Dios allí. Emilio le dijo a nuestra madre que eso no era cierto, pues aquel anciano había tomado pulque con nosotros. Hace unas horas. Le comentamos todo lo que nos dijo y ella nos dijo que tendríamos que sentirnos honrados porque al parecer se había aparecido por última vez a despedirse y decirnos sobre su tesoro. A pesar de que no nos creíamos lo que había sucedido. La promesa de tener una vida mejor y sin preocupaciones nos motivó para ir en busca del tesoro. Nuestra madre no estuvo de acuerdo Desde que perdió a nuestro padre en la Revolución, solo le quedábamos nosotros y no estaba de acuerdo en que nos aventuráramos arriesgando nuestra vida. Ella fue siempre muy creyente de la magia negra, los chaneques y brujas, pero sobre todo le tenía mucho respeto a los nahuales le aseguramos que todo estaría bien y pronto estaríamos de vuelta. Así, un día decidimos emprender la búsqueda llen llevando sons sólo lo indispensable la vieja carabina que nos había dejado nuestro padre algunas provisiones y dos palas para excavar el viaje. Fue sencillo. Seguimos las instrucciones al pie de la letra, atravesamos los terrenos bajo el sol ardiente. El ambiente se sentía seco y sofocante. Era verano y tiempos de sequía. Hacía un calor extremo. Al principio estábamos platicando, pero poco a poco nos fuimos callando. Yo sentía que el polvo se me metía en los ojos y garganta. Sin embargo, nadie en ningún momento se rindió Estábamos decididos a encontrar el llano en llamas y cambiar nuestras vidas. Finalmente llegamos al lugar que nos había comentado, el anciano, o por lo menos eso pensamos ya que era el único llano en todo alrededor, pero no se veía que estuviera ardiendo. Ya era un poco tarde. El sol apenas se estaba poniendo por lo que decidimos es esperar un poco debajo de un árbol. Nos instalamos con una pequeña fogata y mientras cenábamos, pasó lo que más estábamos esperando. El pasto empezó a menearse de un lado a otro y de pronto empezó a brillar. Parecían ser luciérnagas, pero el olor a humo era notable. Brillaba al igual que un pequeño incendio que ilumina la noche, pero no se propagaba o quemaba. Nos dimos cuenta que estábamos en un lugar correcto. Emilio se emocionó tanto que tomó la pala y nos dio la indicación que nos apresuráramos acabar. Pero fausto lo detuvo, pues había alcanzado a ver que alguien estaba muy cerca del llano. Los tres nos miramos con miedo y asombro. Vimos como una figura espectral estaba escasos metros frente a nosotros. La aparición era, al parecer, un viejo guerrillero que sostenía una carabina. Apuntándonos, parecía ser un revolucionario que se había extraviado su ropa estaba desgarra, da, da y llena de lodo. Cuando estuvimos a punto de hablar, nos gritó que nos alejáramos que ese tesoro no era para nosotros. Nos quedamos paralizados por el terror, pero Emilio, siempre valiente, levantó la carabina y disparó al espectro. El disparo no tuvo efecto. Emilio nos aseguraba que acertó, pero aquel hombre no nos quitaba la mirada de encima. Entonces a Fausto se le ocurrió pedirle que bajara la pistola y habláramos. Aquel espectro se desvaneció. De pronto. Pensamos que de alguna manera habíamos ganado, pero de la nada. El gruñido de un animal detrás de nosotros nos sorprendió. En la cual había llegado era el cuerpo de un enorme lobo. Sus ojos parecían brazos. Ardiendo nos observaba con una inteligencia sobrehumana. Corrió alrededor de nosotros. Noté que sus extremidades eran enormes. Las uñas de sus manos y pies se veían filosas y el rostro era igual al de un perro y con enormes dientes. El animal se perdió entre el humo y después un anciano salió caminando con la ropa rasgada. Nos miró a los tres y sacó su lengua lamiéndose los labios. Yo sentí que de alguna manera me estaba saboreando. Nos preguntó cuáles eran nuestras intenciones. Los tres nos miramos con miedo. Fausto fue quien le respondió diciéndole que una persona nos había dicho que encontraríamos algo para nosotros en estas tierras. Sabíamos qué enfrentarnos a él sería inútil, así que le dije a mi hermano que lo olvidara y nos fuéramos de allí, pero en la cual se rió de nosotros y nos dijo que el tesoro estaba maldito y no lo podíamos sacar a menos que fuera para nosotros. Emilio no dejaba de apuntar al Nahual con la carabina. Le dije que así era, pues el tesoro era del anciano Don Agustín y que ya había fallecido y nos lo entregó a nosotros. El Nahuel se dio cuenta de que no mentíamos, así que nos propuso que lo sacáramos y si realmente era de nosotros, no se haría carbón en cuanto lo tocáramos y lo repartiríamos en partes iguales. Nos dimos cuenta que era el mejor trato de todos, así que con miedo, pero también con esperanza de sobrevivir, empezamos a excavar fausto y yo nos encargamos de hacer el hoyo. Mientras que Emilio no dejaba de apuntar al nahual, él estaba muy ansioso dando vueltas alrededor de nosotros. Mientras excavábamos, los ruidos del campo se volvieron cada vez más extraños y aterradores. Los coyotes ahullaban los grillos, dejaron de cantar y un viento frío comenzó a silbar. Yo tenía miedo de que no encontráramos nada y que todo fuera una mentira y estuviéramos cavando nuestra tumba y cuando estuve a punto de rendirme golpeó algo. Excavamos más rápido alrededor y nos encontramos con una enorme caja de madera. Se encontraba envuelta en Sábanas la sacamos del hoyo y la pusimos debajo del árbol en la ual miraba la caja con ansiedad nos gritaba para que la abriéramos rápido. El corazón me latía con mucha fuerza. No sabía que podíamos encontrar allí dentro en la wolsa se desesperó e intentó arrancar la tapa, pero la soltó rápidamente de su mano. Salía humo. Era como si se hubiera quemado con tan sólo tocar la caja de madera. A nosotros no nos había pasado nada cuando la sacamos del hoyo. Por eso sabíamos que el tesoro si era para nosotros y el nahual no podía tocarlo. Fausto le dio un golpe al candado oxidado y la tapa se abrió lentamente. Con ayuda de la pala. La abrió por completo y una enorme bolsa de humo se extendió sobre nosotros. Escuchamos que el nahua nl gruñía y ladraba pude ver cómo sus brazos cambiaban de forma alargándose su rostro también cambió de forma y comenzó a tirar mordidas por todos lados. Arañaba al humo y le gruñía diciéndole que lo dejaran en paz. Algo lo estaba atacando y nosotros no podíamos ver qué era. Yo no comprendía qué estaba pasando hasta que mi hermano Fausto me dijo que, al parecer, había un espíritu resguardando la caja. Por ello, el Nahual no podía sacarla. Miré el contenido de la caja y dentro había varios sacos amarrados. El Nahual no nos podía ver mientras se defendía. Así que aprovechamos para huir de allí sosteniendo la caja. Corrimos como nunca lo habíamos hecho dejamos atrás nuestras pertenencias. Sólo cargamos la caja, una pala y la carabina que aún sostenía emilio. No había mucho lugar donde pudiéramos escondernos, Así que decidimos apresurarnos al Canal para ver si teníamos suerte y nos encontrábamos con alguien que nos pudiera ayudar. Entonces escuchamos claramente un aullido profundo. Nunca había escuchado que un animal hiciera un sonido así en la hual se había dado cuenta de que lo dejamos y seguro estaría rastreándonos corrimos por más de una hora. Me sentía aliviado de que haya pasado tanto tiempo sin que nos encontrara. Ya estábamos cerca del canal y eso significaba que también cerca de casa. Cuando de pronto el nahual nos cerró. El paso juro por Dios que ahora lo veía más grande y amenazante que antes. Abrió la boca y entre gruñidos nos dijo que durante años había cuidado ese tesoro de soldados, guerrilleros, cazadores y a todos los había eliminado y nosotros no seríamos la excepción. Emilio disparó la carabina, pero en la guual metió la mano para proteger gruñó con más fuerza y de un golpe levantó a Emilio varios metros Fausto, tomó la pala e intentó golpear al Nahual, pero éste respondió rápidamente. Deteniendo el golpe, tomó de ambos brazos a mi hermano y lo arrojó lejos también. Entonces sólo estábamos los dos. Pude ver en mi vida pasar frente a mis ojos. Yo sabía que me había llegado la hora dejé caer la caja de madera al piso y las bolsas se salieron de ella. El agua las tomó y abrió una de ella sacó una enorme y redonda moneda dorada. La contempló por un momento, cuando de pronto se volvió un horrible pedazo de carbón. El nahual molesto metió la mano a la bolsa y de ella sacó puro carbón. Tiró la bolsa y sacó otra más. Cuando la abrió, se dio cuenta que estaba llena de carbón. Así pasó con todas las demás. El tesoro se había vuelto por completo carbón me miró enojado y se abalanzó hacia mí. Lo único que hice fue cubrirme con los brazos y esperar la mordida. Pero de pronto un certero disparo le dio en la mandíbula. Miré a un lado y allí estaba emilio, Se había descalabrado la cabeza, pero al parecer estaba bien para poder disparar al nahual le colgaba la parte de abajo del hocico, se maneaba de un lado a otro. No podía mantenerse de pie. Se acercó a la orilla del canal y se dejó caer a un lado del camino perdiendo la vida. Fausto corrió hacia mí para preguntarme si me encontraba bien. Me di cuenta que tenía un brazo quebrado. Emilio caminó hacia nosotros cojeando los tres vimos el tesoro hecho carbón y no nos quedó otra más que reírnos. Cuando el sol comenzó a asomarse en el horizonte caímos en cuenta de que nos arriesgamos mucho para esa aventura. Estábamos exhaustos y aterrorizados. Nos sentamos un momento al lado del canal. Yo me di cuenta de las demás heridas de mis hermanos, así que les propuse que nos fuéramos antes de que pasara otra sorpresa. Regresamos al pueblo y nuestra vida siguió con las labores cotidianas de jornaleros. A pesar de nuestras carencias, nos sentíamos afortunados de estar vivos y juntos. Nunca más hablamos de nuestra aventura ni del tesoro, pero las cicatrices en nuestros cuerpos y en nuestras almas, siempre nos recordarían la noche en que desafiamos a los espíritus y al náhual. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo.