El Aterrador Ataque De Cihuapilli Historias De Terror - REDE

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El misterio de Zihuapiji. Soy originario del pueblo de Tuxpan. Este lugar se encuentra al sur del Estado de Jalisco, Colinda con el Estado de Colima y está rodeado de dos volcanes, el volcán de fuego y el volcán nevado. Tuxpan es un poblado lleno de tradiciones y de costumbres. Se le considera como el pueblo de la fiesta eterna, porque hay festividades en honor a su patrono y a sus santos. El dÃa de la Fiesta del Cristo, del Señor del Perdón, con dÃas de anticipación, se hace honor a su dÃa. Esta tradición se ha realizado desde hace muchos años. En nuestra familia tenÃamos la costumbre de irnos juntos a las festividades en el Templo de San Juan Bautista. Nos reunÃamos afuera del templo, alrededor de la Gran Cruz que se encuentra en medio del atrio tengo presente. Desde el primer dÃa en que fui al templo habÃa mucha gente reunida, pero eso no impidió ver a una muchacha muy bonita. A mi hermano mayor le impresionó desde el primer momento en que la vio. Ella era una persona que no conocÃamos, ya que la mayorÃa del pueblo éramos conocidos, pero ella no. Mi madre dijo que probablemente era de otro pueblo cercano, porque para las fiestas no sólo asistÃamos los habitantes de tuugspan también iban personas de otros lugares, Asà que no se nos hizo extraño no reconocerla. Mi hermano en cuanto tuvo oportunidad, se acercó a ella con gentileza. La muchacha aceptó platicar con él durante toda la celebración, ya cuando nos Ãbamos a retirar mi hermano quiso quedarse más tiempo con ella. Nos fuimos a la casa y más tarde llegó mi hermano de nombre Juan. Ãl estaba entusiasmado con la joven. Era la primera vez que le interesaba tanto una mujer, ya que habÃa habÃa ido tenido alguna novia, pero su noviazgo habÃa durado muy poco, asà que mis padres se sentÃan contentos de que probablemente su hijo mayor ahora sà pensara en el matrimonio. Al dÃa siguiente que fuimos a la Iglesia Zihuapilli, asà era el nombre de la muchacha, se reunió de nuevo con mi hermano. Asà estuvieron durante todo el novenario de las fiestas patronales. Mi hermano incluso hablaba de casarse con ella, aunque mis padres lo consideraron muy prematuro. Después de que terminaron las celebraciones, Juan ya no se encontró con ella. Ãl dijo que habÃan quedado de verse de nuevo al dÃa siguiente en el atrio del templo, pero ella no se presentó. Juan cada dÃa acudió afuera del templo con la esperanza de que ella llegara, pero no sucedió asÃ. Ãl se sentÃa decepcionado por la manera en que ella desapareció. Preguntó a varios de sus conocidos si sabÃan algo de Siguapille, pero todos dijeron lo mismo. No conocerla. Después de que pasaron varios dÃas, poco a poco, mi hermano fue aceptando la idea de que ya no volverÃa a verla hasta que dejó de ir al centro del pueblo. Al principio se le veÃa triste con el tiempo. Aceptó la idea de que ella ya no regresarÃa, asà que continuó con su vida normal. Un domingo o Juan se fue junto con sus amigos a pasar el dÃa en el rÃo llevaron todo lo necesario para comer allá. Cuando comenzó a anochecer Juan llegó a la casa en mal estado. VenÃa pálido y ojeroso casi desmayándose. Uno de sus amigos lo ayudó a bajarse del auto y lo metió a la casa. Mientras lo ayudaban a recostarse en el mueble de la sala. Mi padre le preguntó a uno de sus amigos qué habÃa sucedido me acerqué para estar cerca del amigo de Juan. Ãl todavÃa estaba impresionado por lo ocurrido. Dijo que estaban bañándose en el rÃo en un árbol frondoso que estaba cerca de la orilla. En él se encontraba una soga con la que comenzaron a pasearse y dar saltos al agua. Cuando le tocó a Juan, él ya no salió del rÃo. Cuando vieron que él no daba muestras de emerger. Ellos se metieron para sacarlo. Por cierto tiempo creyeron que ya no lo encontrarÃa. Estaban muy asustados hasta que de pronto uno de ellos gritó para que lo auxiliara. Para entonces Juan estaba inconsciente. Entre varios amigos intentaron sacarlo. Sin embargo, algo no permitÃa que lo hiciera. Al menos pudieron mantener la cabeza de cuán fuera del agua para que pudiese respirar. Uno de ellos tuvo que sumergirse para saber qué era lo que sucedÃa, por qué estaba adorado. Mientras el amigo de mi hermano le explicaba a mi padre lo ocurrido, Pedro intervino en la conversación, se le veÃa sumamente alterado. Ãl fue la amigo que se sumergió al rÃo. Pedro dijo que vio una mujer que tenÃa agarrado del tobillo a mi hermano, o eso fue lo que creyó ver porque el agua se encontraba muy revolcada por el temporal de lluvias. Lo que Pedro hizo fue tratar de quitarle la mano que lo detenÃa. Cuando lo logró, lo que sea, que estaba dentro del rÃo, lo rasguñó, Pedro mostró su brazo que sangraba. Se le veÃan varios surcos profundos en el antebrazo. Cuando mi hermana lo vio, se lo llevó para curarlo. Después de que los amigos de Juan comentaron con detalles el suceso, mi padre se quedó pensativo tratando de entender qué habÃa sido lo que atrapó a mi hermano, pero no pudo indagar más. De pronto Juan salió de su estado inconsciente, comenzó a dar gritos eufóricos diciendo que por fin la habÃa encontrado. La habÃa visto ella también estaba en el rÃo. Pronto la volverÃa a ver? Todos pensamos que era parte de Estado de choc en el que él se encontraba por tal motivo desvariaba, pero él seguÃa insistiendo en que de nuevo la volverÃa a ver. Cuando pasó de ese estado desesperado, se quedó profundamente dormido para ese momento, ya se le habÃa hablado al médico, el cual llegó a revisarlo. Nos apartamos de con mi hermano para que el doctor pudiera revisarlo con detenimiento enseguida. Se acercó a mi padre diciendo que su estado se debÃa a una impresión muy fuerte y, por supuesto, al casi ahogamiento que tuvo, dijo una serie de términos médicos que no comprendÃ. Le recetó unos calmantes, analgésicos y antibióticos para evitarle una posible infección, ya que su tobillo se encontraba inflamado y por la rasgadura que tuvo en la piel, estaba sangrando. Fue en ese momento que me detuve a verle su tobillo. Estaba hinchado, un poco amoratado y sangrando, pero pero muy poco é o él dos dotor le hizo el tratamiento necesario y se retiró. Cuando todos nos comenzamos a tranquilizar. Los amigos de mi hermano se despidieron y se fueron. A ellos también se les veÃa abrumados y cansados. Yo me quedé viendo a mi hermano por un instante. No podÃa creer que en el rÃo al que tantas veces habÃamos ido desde que éramos pequeños, hubiese pasado algo asÃ. Juan ya no despertó por la noche. Tuvo un sueño apacible. Lo supe porque me quedé a cuidarlo durante toda la noche a la mañana siguiente, él continuó dormido. Toda mi familia entró a la habitación para saber su estado. Sin embargo, él no despertó. Mi madre le llamó al médico para preguntarle por qué Juan permanecÃa dormido, a lo que el doctor respondió que todo era efecto del medicamento. Posiblemente su organismo era muy sensible, asà que era cosa de esperar un poco más para que él despertase por la tarde. Juan se despertó. Nos preguntó qué habÃa sucedido, por qué nos encontrábamos todos en su habitación. Le dijimos lo que habÃa ocurrido, a lo que él respondió que no recordaba nada. Estuvimos con él un rato. Cuando nos dimos cuenta de que todo estaba en orden, lo dejamos solo en su habitación. Cuando se hizo de noche, mi madre me dijo que fuera con Juan para que viniera el comedor a cenar o si no llevarle sus alimentos. Al entrar al cuarto, me di cuenta que él no estaba. Pensé que habÃa ido al baño. Lo buscamos por la casa y no lo encontramos. Nadie se dio cuenta en qué momento salió. Antes de despertarnos, mi padre decidió que era preferible esperar a su regreso. Si después de varias horas no aparecÃa, entonces irÃamos con las autoridades. Después de la una de la mañana. Juan regresó cuando le abrà la puerta. Ãl ni siquiera me miró. Tampoco dio una explicación a mis padres. Simplemente entró y se fue directamente a su habitación. Mis papás se fueron detrás de él para saber qué habÃa ocurrido. De igual manera, yo también me fui siguiéndolos. Contrario a lo que esperaba. Mi hermano se mostró evasivo y ausente. Cuando mis padres lo interrogaron, él se limitó a encoger los hombros y decir que se sentÃa muy cansado. Lo único que querÃa era dormir nos salimos de su habitación. A mis padres se les veÃa consternados. A partir de que ocurrió el accidente con mi hermano, Ãl ya no volvió a ser él mismo. Cada dÃa a la misma hora se salÃa de la casa sin dar explicaciones. Regresaba después de la medianoche. Como él no respondÃa a los cuestionamientos de mis padres, mi papá decidió seguirlo sin que él se diera cuenta. Ãl lo harÃa con mucha discreción para evitar ser visto. Yo le dije que lo querÃa acompañar. Al principio, mi padre no estuvo de acuerdo, pero antes mi insistencia acabó aceptando esa noche estábamos listos mi padre y yo para seguir a mi hermano. Ya eran casi las ocho de la noche. Cuando Juan salió, nos fuimos detrás de él. Juan se dirigió al rÃo. Caminó por la orilla durante un rato hasta que llegó una parte rocosa que tenÃa una explanada. Ahà se vio con una mujer desde la parte en la que nos encontrábamos mi padre y yo. No fue posible verle la cara. Sólo se veÃa que era joven. Ellos estuvieron un rato ahà hasta que se metieron a bañar al rÃo. Estuvieron un rato nadando de pronto dejamos de verlos se sumergieron y no salieron del agua. Pasaron unos segundos, lo suficiente para que el oxÃgeno no les alcanzara, pero ellos no emergieron. Mi padre se desesperó. Estuvo a punto de ir hacia el rÃo. Cuando ellos salieron del agua, se les veÃa bien y sonrientes. Asà estuvieron durante todo el rato. Después, mi hermano se despidió de ella y se marchó como mi papá y yo tuvimos que quedarnos por un momento más para evitar que Juan nos viera. Nos dimos cuenta de cómo ella se sumergió al rÃo y ya nos salió. Mi padre me hizo una señal para que me esperara. Quiso quedarse por más tiempo porque le interesaba saber quién era esa mujer. Simplemente ella ya no salió del rÃo, aunque parezca inverosÃmil. Nos quedamos por un tiempo y ya no se vio que saliera a flote, a menos que se hubiese ido al otro lado del rÃo. Pero no creÃmos que eso fuera posible. Lo ancho del rÃo no permitÃa nadar por debajo del agua sin salir a respirar. Mi padre y yo regresamos confundidos por lo que habÃamos visto. No comentamos nada al respecto. Creà que en ese momento cada uno hizo sus propias conclusiones. Nos quedamos un rato fuera de la casa para esperar a que mi hermano se durmiera y no sospechara que lo habÃamos seguido. Al dÃa siguiente me dediqué a observar con mucho cuidado todas las acciones de mi hermano. Fue cuando me di cuenta que ya no estaba yendo a trabajar cada dÃa. HabÃa argumentado una serie de excusas para no presentarse a su lugar de trabajo. Además, comÃa muy poco y la mayor parte del tiempo se quedaba en su habitación. Se notaba que trataba de evitarnos. Cuando llegó mi padre de trabajar, fue de inmediato a hablar con Juan. No supe que le respondió mi hermano a mi padre, pero por lo que hizo nunca aceptó la verdad. Mi papá nos dijo que irÃa a hablar con un señor de edad avanzada para que le quitara ciertas dudas. Le pregunté si podÃa ir con él y me dijo que sÃ. Llegamos a la vivienda de Don Miguel. Su casa se encontraba al otro lado del pueblo. No sabÃa por qué mi padre habÃa decidido ir con él. Don Miguel era un anciano amable. Nos recibió con un saludo de mano. Mi padre le preguntó directamente qué sabÃa sobre la leyenda de Sihualpille. El señor nos invitó a sentarnos. Mientras comenzaba con la narración. Nos platicó que, según la leyenda, ella era una mujer hermosa que bajaba a bañarse a la laguna. Mi padre le preguntó a cuál laguna se referÃa si ahà no habÃa ninguna. Don Miguel continuó diciendo que antes en el pueblo habÃa una laguna en la que cada noche de luna llena llegaba una mujer a bañarse. No se sabe de dónde venÃa. Sólo aparecÃa en el agua. Algunas personas decÃan que era un demonio, otros que era una bruja. También habÃa personas que decÃan que bajaba del cielo. Sin embargo, ella nunca le hizo mal a nadie. Sólo venÃa a la laguna a bañarse. Un dÃa. Los pobladores que la vieron llegar se escondieron para seguirla y vi nundo y ver de dónde venÃa. Pero ella se dio cuenta de que la habÃan descubierto y lo que hizo fue secar la laguna y erigir el cerro. Ãl nos mostró el cerro que estaba al lado del pueblo. Don Miguel siguió contando más leyendas acerca del pueblo, pero yo vi que a mi padre sólo le interesó la Desigual Pille. Mi padre se despidió de Don Miguel antes de llegar a la casa. Se desvió para ir con su comadre Lupe. Ella era una curandera que daba tratamientos a través de medicina tradicional. Mi padre le explicó sobre Sihualpille. Ella se sorprendió mucho cuando le dijo la situación de mi hermano. Nos contó que, cuando era muy joven, ella aún no era curandera, sino su madre. Llegó una mujer muy asustada porque decÃa que Sihualpilli se habÃa llevado a su hijo. Doña Lupe nos dijo que su madre no pudo hacer nada por aquel muchacho. Jamás lo volvieron a ver. Le advirtió a mi padre que si estaba seguro de que era ella aún estaba a tiempo de evitar que se lo llevara. Mi padre le dijo que cómo podÃa hacer eso si Juan no le hacÃa caso en nada. Ya habÃa hablado con él sin lograr hacerlo entrar en razón. Lo que Lupe le dijo a mi padre fue que no estaba a su alcance a hacer algo por mi hermano. Lo que sà le advirtió por la experiencia vivida que si no hacÃa algo al respecto, esa mujer se lo llevarÃa y jamás volverÃa a verlo. Ella dijo que no sabÃa si Walpichi era un ser maligno, pero que si en realidad existe, ha vivido a través de los tiempos y lo más seguro es que se encuentra dentro del cerro que lleva su nombre. Cuando salimos del hogar de Doña Lupe, yo estaba muy asustada en cuanto llegamos a la casa. Mi padre preguntó si mi hermano estaba en ella. Mi madre le respondió que de nuevo habÃa salido mi padre. Sin pensarlo, tomó su machete y salió rumbo al rÃo. Yo quise acompañarlo, pero en esta ocasión no me lo permitió. Me dijo que era muy peligroso que yo fuera asà que se fue solo, sin embargo, enseguida que se marchó mi madre, mi otro hermano y yo nos fuimos detrás de él. Esta vez, mi padre ya sabÃa en dónde encontrarÃa Juan. Asà que corto camino y llegamos por el otro lado del cerro. Ahà estaba mi hermano con la mujer. Llegamos con mi padre. Ãl se sorprendió al vernos, se limitó a mirarnos con reproche, pero ya no pudo decirnos nada. De repente vimos que Juan y las supuestas igual Pille caminaron hacia la falda del cerro como habÃa luna llena alcancé a ver con un poco de más claridad el rostro de ella se le veÃa diferente, pero sà la pude reconocer. Era la misma mujer de la que se habÃa enamorado mi hermano, solo que tenÃa una mueca siniestra y alrededor de ella habÃa una luz de nue que la rodeaba por completo como si fuera su aura, pero no era blanca, sino de color rojizo. Ellos rodearon una parte del cerro y de pronto se detuvieron. Era extraño ver a mi hermano como si estuviera hipnotizado. Ãl simplemente hizo lo que la mujer le ordenó. Se hincó frente a ella mientras la mujer alzaba las manos. En eso se comenzó a escuchar un ruido siniestro como el sonido que hacen los trailers cuando frenan. Supongo que todo era parte de un ritual lo que ella realizaba, pero antes de que lo terminara, mi padre se fue atrás de ella con el machete en mano. Cuando la mujer se dio cuenta de la presencia de mi padre, puso a mi hermano detrás de ella. Aunque Juan no se percató de nada, se mantuvo aislado de los hechos mira mirando hacia la nada. Mi madre y mi hermano salieron del escondite para apoyar a mi padre. De pronto comencé a sentir mis pies mojados. No lo podÃa creer. ParecÃa como si hubiese aumentado el nivel del agua del rÃo, porque el agua también llegó en la explanada en la que se encontraba mi familia. Yo no supe qué hacer. Tuve mucho miedo porque no sabÃa nadar y el agua, aunque con lentitud comenzaba a subir. Hubo una lucha entre mi padre y esa mujer era inconcebible ver la fuerza que ella tenÃa. Se enfrentó a mi padre hasta que ella logró quitarle el machete. Cuando mi papá cayó al suelo, estaba indefenso. Me sorprendió ver que mi mamá no tuvo miedo. Se fue sobre la mujer. Ahà fue cuando vimos su verdadero rostro. Fue muy siniestro. Mientras se daba esta lucha entre mis padres, no tuve otra opción y comencé a caminar hacia mi hermano Juan. Ãl seguÃa hincado en su estado inerte. Para eso el agua ya me llegaba a las rodillas y a mi hermano por la postura en la que se encontraba. TenÃa el nivel del agua hasta el tórax. Entre mi hermano y yo movimos bruscamente a Juan para que reaccionara, pero él no respondió. Cuando Chihualpilli se dio cuenta de lo que intentábamos hacer se fue sobre nosotros con el machete de mi padre. Sin embargo, mi hermano Juan despertó y salió en mi defensa. No sé qué ocurrió para que Juan saliera del estado hipnótico. En ese instante, él fue consciente de quién era esa mujer. Ella furiosa, hizo una mueca como la de un animal y gruñó. De la misma manera. Yo y mi hermano nos encontrábamos detrás de Juan con el agua hasta la cintura. En esa lucha, mi hermano le quitó el machete y le cortó la mano. Al ver sin defensa. De nuevo lanzó un gruñido fuerte y siniestro, se sumó en el agua y se marchó. Me abracé a mi hermano temblando. Le decÃa que yo no sabÃa nadar el agua ya nos habÃa llegado hasta los hombros. Ãl me tomó de la mano para retirarnos del lugar. Antes de hacerlo, escuchamos un estruendo como cuando la tierra tiembla. Ayudamos a nuestros padres y nos fuimos hacia el pueblo. Cuando llegamos a la entrada del poblado, vimos que el agua habÃa llegado hasta allá. Los que estaban despiertos se sorprendieron de ver tanta agua. Ellos se lo atribuyeron a la luna llena. Dijeron que, al igual como suele suceder en el mar, la luna afecta a los rÃos. Por eso subió tanto la marea. Al dÃa siguiente vi a mi hermano desmejorado, pero habÃa recuperado la lucidez y la conciencia. Ãl quiso ir de nuevo al lugar del incidente. Mis padres le pidieron que no lo hiciera, pero él no cambió de opinión. Yo lo quise acompañar. Cuando llegamos mi hermano buscaba algo. Le pregunté qué estaba buscando. Ãl me dijo que una evidencia de que todo habÃa sido cierto, algo que le demostrara que no fue un mal sueño. No encontramos nada. Creo que lo que Juan buscaba era la mano que le cortó a Igual Pille, pero no la encontró. Caminamos un poco hacia el cerro. Ahà fue donde encontramos una grieta. Yo dirÃa como si fuera una especie de entrada, pero no tuvimos la certeza. Tampoco supimos si esa mujer fue una bruja, un demonio, un ente siniestro o fue Igual Pille la mujer que desapareció la laguna y se convirtió en cerro. La leyenda de panteón viejo. Mi nombre es MarÃa Soy estudiante del último semestre del Universidad de Guadalajara. Como parte de un trabajo de investigación para poder aprobar una materia. El maestro nos pidió que analizáramos el proceso del tequila y cómo se conseguirÃa la denominación de origen, es decir, en el caso del tequila, se logra cuando su calidad y caracterÃsticas especÃficas se deben a la zona geográfica, a los elementos naturales y humanos que contribuyeron a la elaboración del producto. No tenÃa la menor idea de cómo iba a realizar esa tarea. SabÃa que podÃa ir al pueblo de tequila, pero no tenÃa la certeza de que las empresas destiladoras me pudieran dar toda esa información. Me encontraba en este conflicto cuando mi compañera Ana, me dijo que en su tierra podÃamos hacer esa investigación. Ella me explicó que su abuelo producÃa tequila de una manera artesanal. Ãl ha realizado la siembra de los agaves, asà como todo el proceso requerido. Me dijo que le preguntáramos al profesor si podÃamos hacer trabajo entre dos personas. Si él estaba de acuerdo, nos podrÃamos ir a hacer la investigación a Arandas y por el hospedaje no habrÃa ningún problema. Ella tenÃa mucha familia, ya que nos podrÃa recibir en su casa. En cuanto el profesor, nos dijo que sà era posible. Ana y yo nos pusimos de acuerdo para ir a Arandas. TenÃa que ser por varios dÃas para conocer de cerca la siembra de los agaves, asà como el procedimiento o para la elaboración del tequila. Esperamos las vacaciones de Semana Santa y de Pascua para poder hacer esa tarea. El pueblo de Arandas no se encuentra muy lejos de Guadalajara. Aproximadamente está como una hora y media, asà que pronto llegamos al poblado. Me encontré con un lugar cuya tierra roja contrastaba con el azul de los agaves. Primero fuimos a la casa de los Abuelos de Ana. Se encontraba en las orillas del pueblo. La idea era quedarnos con ellos para estar más cerca del abuelo, ya que él era el principal conocedor del proceso. Sin embargo, nos dijeron que estaban haciendo unas mejoras en la casa. No fue posible permanecer en la casa de los Abuelos de Ana, pero eso no representó un problema. Fuimos a la vivienda de una de sus tÃas. Su tÃa marta, hermana de su padre, vivÃa en el centro de Arandas. Era una colonia que tenÃa un nombre muy curioso. Escuchaba su abuelo decir que era el panteón viejo donde vivÃa ella. Después supe que el nombre real de esa colonia era socorrito, pero más conocida como panteón viejo. En el momento en que llegamos a la casa de su tÃa esperaba ver cerca un panteón, pero lo único que vi fue la escuela primaria. En cuanto llegamos, la tÃa de Ana nos trató con calidez, como su casa era muy grande, nos permitió usar un cuarto para cada una, asà que de inmediato fuimos a dejar nuestras pretendencias arandas. Me gustaba mucho porque no sólo tendrÃa la posibilidad de conocer el proceso de elaboración del tequila y su denominación de origen, también podÃa conocer más de ese lugar. Tan bonito la ventana de la habitación en la casa de la TÃa de Ana daba a la calle me asomé y pude ver enfrente a una escuela primaria que estaba muy bonita, muy cerca se encontraba el templo del pueblo, asà que me agradó la idea de estar en esa casa. Cuando llegamos por la tarde, no fue posible hacer indagaciones ese dÃa. Nos esperamos al dÃa siguiente para comenzar desde temprano. Por la noche salimos a caminar mi amiga y yo alrededor del pueblo. Cuando venÃamos de regreso llamó mi atención. Una mujer de edad avanzada, vestida completamente de negro, tenÃa su cabeza cubierta por un velo también oscuro, lo que no me permido dÃa que se le pudiera ver la cara. Ella estaba parada afuera de la primaria. Entramos a la casa de la TÃa Marta. Después de cenar nos dispusimos a ir a descansar a nuestras respectivas habitaciones. Yo aún no tenÃa sueño, asà que me puse a escuchar música mientras me asomaba por la ventana. De nuevo llamó mi atención que la viejecita aún se encontraba parada fuera de la escuela. Vi la hora y ya eran más de las once de la noche. No comprendà cómo aguantaba tanto tiempo ahà parada por la curiosidad, me quedé durante más rato viendo hacia la calle. La forma que tenÃa a la ventana me permitÃa estar sentada sobre ella, asà que me quedé durante un rato más mirando a la señora. Me distraje por un momento. Cuando volteé a la calle, habÃa más personas reunidas afuera de la primaria. Se me hizo muy curioso que mientras más tarde se hacÃa más personas se j n ns. ParecÃa que entre ellos se conocÃan. No vio otra cosa que me impresionara, me dio sueño y me fui a dormir. Durante el desayuno. Estaban en el comedor. Los hijos de la TÃa Marta, que se preparaban para ir a la escuela, no tenÃan tanta urgencia porque la primaria les quedaba enfrente de su casa, ya que los dos niños se fueron. Les platiqué a la TÃa Marta y a mi amiga, que me parecÃa muy curioso que las personas mayores tuvieran gran poder de convocatoria. Hasta muy entrada la noche, solo para platicar ella miró a su tÃa. Ambas se quedaron en silencio. Les pregunté qué sucedÃa. Primero comenzó a decirme la TÃa Marta me dijo que la casa en la que vive perteneció a sus padres. Cuando ellos murieron, ella se quedó a vivir ahÃ, por lo que desde que era niña le pasaron cosas extrañas. Me contó que siempre ha visto personas que andan fuera de la primaria, a veces una o dos señoras. En otras ocasiones mucha gente reunida. No se alcanzaba a distinguir lo que platicaba, pero sà se oye el murmullo de las voces. Le comenté que eso fue lo que vi la noche anterior. La tÃa Martta hizo una pausa para concluir que no eran personas vivas las que estaban afuera de la primaria, sino gente muerta desde hace mucho tiempo, porque desde que ella jugaba con sus amigas en la calle ya se aparecÃan con sorpresa. Voltea a ver a Ana, ella corroboró todo lo que dijo su tÃa asintiendo en silencio. De repente llegó el abuelo de ana Iba por nosotras para que lo acompañáramos a la Parcela querÃa mostrarnos algo importante. Ya no hubo tiempo para continuar la plática. Nos marchamos con el abuelo Dimas. Durante el dÃa estuvimos ocupadas conociendo la manera en que se extrae el tequilas de los agaves. El abuelo de Ana tenÃa una parcela muy grande con el ortegas que se perdÃan en el horizonte. Al fondo, me pareció ver a una persona vestida de negro parada mirando hacia nosotros. Le pregunté a mi amiga quién era ella. Cuando volteé de nuevo, ya no estaba. No comprendà lo que habÃa visto, pero tampoco hubo mucho tiempo de pensar en eso. El Abuelo Dimas de ahà nos llevó a la casa en la que realizaba la extracción del tequila. Fue un dÃa de mucho trabajo y aprendizaje. Antes de que el sol se ocultara, nos despedimos de los abuelos y nos fuimos a la casa en la que estábamos hospedados Mientras me bañaba, escuché que tocaban a la puerta con insistencia. Me bañé con rapidez. Cuando salà del baño, no habÃa nadie afuera en cuanto se hizo de noche, más o menos por la ventana. TenÃa mucha curiosidad después de lo que platiqué con la tÃa de ana. En efecto, nuevamente estaba una mujer de negro. Supongo que era de edad avanzada por la forma de u de la de su cuerpo. En esta ocasión sólo estaba ella. Esta vez me quedé durante más tiempo sentada sobre la ventana. La mujer se quedó por un buen rato. En ese lugar. Un hombre con sombrero llegó y se puso a platicar con ella. Después de un rato, él se marchó. La mujer continuó en ese lugar. Hubo un momento en que se fue a sentar en la barda de la escuela en un descuido que tuve Cuando volteé ya no estaba. Me quedé un rato más sin que nadie más se apareciera. TenÃa mucha curiosidad de saber por qué Ana y su tÃa decÃan que la gente que se veÃa por la noche no eran personas de este mundo. A mà me parecÃa de lo más normal durante el transcurso del dÃa. Quise volver a platicar con Ana, pero ella me dijo que se habÃa marchado desde muy pequeña de Arandas. Además, ella siempre vivió del lado sur de Arandas. La que sabÃa de eso él a su tÃa, ya que siempre ha vivido en ese lugar. Al dÃa siguiente pregunté por qué la colonia era más conocida por panteón viejo. En esta ocasión hubo mucho más tiempo de conversar con la TÃa Marta. Ella nos dijo que hacÃa mucho tiempo cuando Arandas era más pequeño. Aproximadamente como un siglo atrás, el panteón se encontraba donde ahora es la primaria. Mucho tiempo estuvo ahÃ, hasta que ya no hubo espacio para sepultar a los cadáveres. Fue necesario cambiar de ubicación al panteón. Se removieron las tumbas para mover los cuerpos de los difuntos al panteón nuevo. Se dice que no se hizo la correcta exhumación, por lo que muchos restos quedaron en el mismo lugar durante mucho tiempo quedaron tumbas abiertas y olvidadas, por lo que se cree que todas esas almas cuyos cuerpos no fueron cambiados, se han aparecido dÃa con dÃa. La TÃa Marta estaba con tino dando a la leyenda. Cuando uno de sus hijos más grandes llegó al comedor. Ãl se interesó tanto por la plática que comenzó a contar que todo era cierto, ya que también en la primaria se aparecÃan los espÃritus de esas personas. Nos contó que en una ocasión se encontraba en el baño de los hombres cuando comenzaron a tocar con insistencia a la puerta. Se fijó en la parte baja de la puerta, pero no pudo ver los pies de nadie. Siguieron golpeando a la puerta con más fuerza en cuanto le fue posible, salió del baño, pero no encontró a nadie. Le dio tanto miedo que desde ese dÃa trató de no ir a los baños de la escuela. Ha preferido esperar hasta cuando llegue a su casa. Después de que nos comentó lo que a él y a otros compañeros les ha ocurrido, se fue corriendo a jugar enseguida. La TÃa Marta nos dijo que desde que era pequeña. También le pasaron hechos similares al de su hijo. Se adaptó a vivir con ellos, pero eso no ha significado que no le dé miedo. Ella siempre trató de ella no salir. En la noche, después de que escuché la leyenda completa sobre el panteón viejo, mi piel se me puso chinita. Me dio un poco de temor pensar que todo lo que me contaron pudiera ser cierto. Pero cada vez que salÃa y veÃa a la primaria no dejaba de pensar que en ese lugar caminaban personas difuntas. Ana y yo nos fuimos a la casa de sus abuelos a continuar con la información para nuestro proyecto final en el camino. Le comenté que yo veÃa a una mujer de edad avanzada, vestida de negro. Ella me dijo que no me dejara llevar por todas las cosas que se decÃa habÃa cosas que eran ciertas, pero otras no. Ese dÃa nos llevó más tiempo de lo necesario apoyar al Abuelo de Ana. Hubo un contratiempo con la máquina de estiradora que nos retrasó más de lo esperado, porque cabe decir que, por más que se diga que el proceso del tequila se realizaba de una manera artesanal, no era posible hacerlo todo de forma manual. Era necesario un poco de maquinaria para su producción. El abuelo de Ana nos dijo que nos podrÃamos quedar a dormir en su casa, pero no habÃa espacio suficiente. TendrÃamos que dormir en el suelo, a lo que respondimos que nos podrÃamos ir a esa hora caminando. Ãl no estuvo de acuerdo. Nos dijo que le daba miedo que algún ánima nos fuera a sacar un susto. Era mejor llevarnos en su camioneta mientras cruzábamos el pueblo. Disfruté el trayecto por lo tranquilo del lugar, pero conforme nos acercamos al centro del pueblo, habÃa más gente, sobre todo afuera de la primaria. Le hice una seña Ana cuando la camioneta se detuvo afuera de la casa de su tÃa. En esta ocasión habÃa varias personas reunidas. Cada quien nos fuimos a nuestros cuartos me daba un poco de temor pensar que las personas reunidas en ese lugar sólo fueran ánimas en pena. Asà era como los decÃa la tÃa de Ana. Escuché que tocaron a la puerta. Era mi amiga que tampoco se habÃa quedado tranquila. Cerramos la cortina. Preferimos ya no estar mirando de pronto. Escuchamos como si alguien estuviera haciendo un pozo con una pala. Nos asomamos y en efecto, era un hombre de edad avanzada, vestÃa ropa antigua y traÃa un sombrero con pico y pala. Trataba de hacer un hoyo en la tierra. Después de que logró su propósito, se fue a la acera de enfrente a conversar con el resto de gente. Cuando esto sucedió, ya eran más de las dos de la mañana. Ella me propuso quedarnos para saber qué más hacÃan, pero habÃamos tenido un dÃa con mucho trabajo y nos sentÃamos cansadas. Ana se fue a su cuarto y yo me acosté no habÃa pasado mucho tiempo. Cuando escuché que tocaban el cristal de la ventana, me quedé recostada esperando que dejaran de hacerlo. De nuevo se escuchó el golpe en el cristal. No tenÃa la menor intención de asomarme porque me dio miedo como no respondà se escuchó un ruido más fuerte. Me salà de inmediato de la habitación envuelta en la cobija. Me quedé parada en la sala, pero me dio más miedo y fui a tocar en la habitación de Ana. Ella ya iba a mi encuentro. Al igual que su tÃa les dije lo que habÃa ocurrido. Entramos a mi habitación. Al asomarnos por la ventana, encontramos el cristal roto. Algunos pedazos de vidrio se habÃan caÃdo al exterior. No pudimos ver a nadie. La calle estaba completamente desolada. Nos quedamos durante un rato sentada sobre la cama, pero ya no sucedió nada. Más fue cuando la TÃa Marta nos platicó que, desde que era pequeña, ella vio muchas almas que vagaban alrededor de la escuela, pero que nunca habÃan intentado hacerle daño. Aunque en realidad no sabÃa lo que significaba el hecho de que pudiesen haber roto el cristal. Ella continuó diciéndonos que llegó a ver con más frecuencia a una mujer anciana que vestÃa de negro. En varias ocasiones trató de platicar con ella sin obtener respuesta. En un principio pensaba que se trataba de alguna persona del pueblo, pero por las cosas que vio se dio cuenta de que no tenÃan un comportamiento normal, ya que nunca expresó ninguna palabra. Le comenté que eso se me hacÃa muy extraño, ya que cuando varias almas se reúnen, se escuchan voces como si entre ellas estuvieran conversando. Nos quedamos por más tiempo ahÃ, pero el sueño regresó Cada quien nos fuimos a descansar a nuestras respectivas habitaciones por la mañana antes de irnos ana y yo a la casa de su abuelo. Me estaban peinando. Cuando vi una piedra de obsidiana, la recogà y la guardé en mi bolso. Con todo lo que fuimos a hacer a la casa del abuelo por un rato se nos olvidó lo vivido la noche anterior, a la hora de la comida, le comentamos a la abuela de Ana lo que sucedió en la habitación que yo ocupaba. Ella me dijo que tuviera cuidado. Quizás alguna de esas almas buscaba hacerme daño. Cuando me dijo eso, no puedo negar que me dio miedo. Fue cuando le pregunté qué podÃa hacer al respecto. Ella me respondió que, por lo pronto nada, a menos que sucediera otro hecho parecido. Si acaso ocurrÃa algo similar, no dudara en decirle a ella buscarÃa la manera de apoyarme con la curandera del pueblo. Cuando nos fuimos a la casa de los abuelos. Me sentà tranquila de cierta manera. SabÃa que contaba con el apoyo de la uela. La TÃa Marta nos invitó a comer, pero preferimos avanzar en el proyecto y recabar los datos en la computadora. Se me fue el tiempo escribiendo todos los hallazgos. Estaba tan inmersa que no me di cuenta que ya era de noche el escuchar. Los murmullos en la calle me sacaron de mi labor con cuidado. Me asomé en la ventana afuera se encontraba aquella mujer anciana vestida de negro. De nuevo estaba parada en el mismo lugar. De igual forma, el rostro no se le veÃa, por lo que no sabÃa si estaba volteando hacia dónde me encontraba. De pronto comencé a escuchar un ruido en el exterior de la casa como si estuviese en tallando la pared pero no lograba ver a nadie. En eso. Vi que la anciana cruzaba la calle y se aproximaba hacia donde me encontraba. El cristal ya habÃa sido cambiado por la TÃa de Ana, asà que de nuevo aventaron otra piedra de obsidiana. En esta ocasión. Vi cuando el proyec tio se dirigÃa hacia mÃ, me hice a un lado y la roca entró a la habitación. Me salà de inmediato porque pensé que la mujer vestida de negro iba a entrar a la casa. Estaba temblando de miedo. La TÃa Marta me abrazó. Se le notaba confundida porque a ella nunca le habÃan atacado los espÃritus. Ya no quise quedarme a dormir ahÃ. Me fui al Cuarto de Ana. Les dije que al dÃa siguiente nos regresáramos a Guadalajara. Ella dijo que sólo nos faltaba otro dÃa más, pero si ya no querÃa estar ahà lo entendÃa. Me dijo que únicamente fuéramos por la mañana a recoger unas muestras de tequila que nos iba a dar el abuelo y nos Ãbamos de regreso. Por la mañana recogimos las muestras y nos despedimos de sus abuelos. Ellos nos preguntaron por qué nos Ãbamos, ya que sabÃan que aún nos quedaba un dÃa más. Al decirle a la abuela lo ocurrido, ella sin dudarlo, me me ló llevó con la curandera del pueblo. Al estar con ella, le expliqué lo ocurrido. También le mostré las dos piedras de obsidiana que habÃan aventado. La curandera sonrió y me dijo que no tuviera miedo de esa alma. Lo único que querÃa era protegerme A mÃ. Se me hizo incongruente que me dijera eso era más que claro que trató de golpearme con las piedras. Ella me respondió que las cosas no eran como yo las veÃa. Me explicó que una piedra de obsidiana servÃa para proteger y limpiar el aura de una persona. Dijo que lo más seguro era que algún ente maligno estaba posado afuera de la ventana. La anciana de negro no trató de agredirme a mÃ, sino de lastimar al demonio que estaba fuera de la casa, porque hay que tomar en cuenta de que, asà como hay portales para que las almas buenas pertenezcan a este mundo. De igual forma, a través de esos portales pueden entrar otros entes siniestros. La mujer hizo un ritual con las piedras y me las regresó. Me dijo que guardara muy bien esas piedras de protección, ya que estaban cargadas de energÃa para que realizaran su propósito protegerme. No habÃa nada más que decir. No habÃa ningún mal en mÃ. Asà que nos fuimos de la casa de la señora. Yo me sentÃa más tranquila después de lo que me dijo, aunque no comprendà el por qué un demonio pudiese estar acechándome. Pero ya no quise pensar en eso. En la casa de la TÃa de Ana fuimos a recoger las pertenencias. Antes de irme de la casa, salà para ver si encontraba algo fuera de ella. En la banqueta, justo en la ventana estaban unas huellas impresas. No supe de quién eran, pero creà todo lo que me habÃa dicho la mujer. Yo lo experimenté y también lo dicen los pobladores que viven alrededor de la primaria. Aunque ha pasado mucho tiempo desde que cambiaron los restos unos manos al nuevo panteón. Todos aquellos cadáveres que no fueron removidos y que quedaron sepultados por la construcción de la escuela siguen apareciendo dÃa a dÃa en ese mismo lugar el pueblo hundido. Cuando era pequeño, a mi padre le gustaba llevarnos cada domingo al lago de Chapala, el cual estaba a cuarenta minutos de Guadalajara. Era uno de los lagos más representativos del Estado de Jalisco. Nos gustaba ir con los hermanos de mi madre, porque asà nos divertÃamos más con los primos. Solo nos ponÃamos un chor y una playera y nos metÃamos a bañar en sus aguas cristalinas. El pescado y los charales eran nuestra comida favorita. Recuerdo que en una ocasión que nos estábamos bañando a la orilla de la laguna, me encontré una cadena con un medallón. Lo abrÃ, pero no tenÃa n n no una foto en su interior. Me dio mucho gusto encontrarme un objeto asÃ. Además, parecÃa que era de oro. Creà que a alguna persona se le pudo haber caÃdo. Lo guardé en la bolsa de mi chor por lo regular Ãbamos a Chapala varias veces al año. Mi padre decÃa que cuando él tuviera más edad, le gustarÃa vivir en el municipio de Hocotepec, cerca del lago de Chapala. En aquel tiempo no tuvimos los recursos para comprar una casa en ese lugar. Conforme crecimos y mi padre se pensionó, fue posible cumplir su sueño. Asà que mis padres se mudaron a San Juan Gosalá, un pequeño pueblo que está muy cerca de Chapala. Cuando hicieron la mudanza, los apoyé a guardar todas sus cosas conforme empacaban en cajas. Me encontré el medallón que habÃa guardado en el closet. Fue cuando recordé aquel dÃa en que lo encontré, Le dije a mi madre si me lo podÃa llevar. Ella me respondió que era mÃo, ya que mis padres se instalaron en su nueva casa. Comencé a visitarlos cada fin de semana porque a mà también me gustaba el lugar. Fue cuando me di cuenta que no era lo mismo ir de paseo por un dÃa que vivir en esa localidad. Mis papás fueron haciendo nuevas amistades. Al igual que yo, conocà a Mario. Con él salÃa a tomar una cerveza y caminar por el malecón. En cuanto tuve vacaciones, me fui por quince dÃas a San Juan Sala. Casi todos los dÃas platicaba con Mario por las noches. En una ocasión estábamos sentados en una banca en el malecón, comencé a escuchar unas campanadas muy cerca del lugar en el que estábamos habÃa un templo, asà que no se me hizo extraño oÃrlas. Le comenté a Mario que me gustaba mucho la tranquilidad, asà como las tradiciones y costumbres del pueblo. Le dije que en la ciudad ya no era tan común escuchar el llamado a misa o al menos en donde vivÃa n n nunca las escuchaba. Mario me dijo que esas campanas que oà no eran del templo del pueblo. Me sorprendió su comentario porque hasta lo que sabÃa de ese lugar sólo habÃa una iglesia. Me dijo que me fijara en mi reloj eran las once y media de la noche. Me contó que en ningún templo hay misa esa hora, a menos que sea una celebración especial como la nochebuena pentecostés o uno de esos dÃas del calendario litúrgico, pero que en diecisiete de junio no hay motivo para que llamen a misa. Me explicó que se escuchan porque hay un pueblo enterrado en el lago. Era la primera vez que sabÃa algo asÃ. Mario me platicó que muchos años atrás hubo una sequÃa muy grande en el municipio, tanto asà que la condición del lago de Chapala fue muy escasa. Se redujo tanto el nivel del agua que quedó una gran extensión desierta. Al principio, las personas creyeron que era sólo cuestión de tiempo para que el lago volviera a su estado original, pero no fue asÃ. Pasaron los años y la extensión del lago quedó disminuida, por lo que se comenzó a construir en la parte que alguna vez hubo agua por el precio en el que se vendieron los predios. A mucha gente no le importó las advertencias de que el agua podÃa regresar durante varios años pudieron disfrutar de ese espacio. Mario me señaló hacia el lugar en el que supuestamente se edificó el pueblo, el cual quedaba muy cerca de San Juan Salá. Continuó diciéndome que hubo un año que llovió durante varios dÃas de manera continua y el lago creció a su estado inicial. Como era de esperarse. El pueblo que se habÃa construido quedó cubierto por el agua. Muchas de las personas que ahà vivÃan murieron. Todo ocurrió durante la noche del veinticuatro de junio. Cuando Mario me contó esa historia, me pareció que no podÃas ser ser verdad. Ãl vio mi cara de duda me dijo que cuando en el lago no hay suficiente agua, se alcanzó a distinguir la torre más alta de la iglesia que hubo en ese pueblo. Por tal motivo, yo escuché las campanadas, porque todos los dÃas se llama misa de medianoche. La primera llamada era a las once y media, y la segunda a las once cuarenta y cinco y la última a las doce. Pero hubo algo más que me dijo que no todas las personas tenÃan la capacidad de escucharlas. Nos fuimos caminando de regreso hacia nuestras respectivas casas. Ãl vivÃa muy cerca de la casa de mis padres, asà que nos fuimos juntos. Le pedà que fuéramos a ver a la iglesia sólo para comprobar que estuviera cerrada cuando pasamos por el frente de ella. En efecto, estaba cerrada y oscura sólo una lámpara externa iluminaba la fachada del templo Mario me miró sonriendo. Me dijo que no le habÃa creÃdo. No quise decirle nada. Preferà callarme en mi habitación. Leà durante un rato y me quedé dormida. No duró por mucho tiempo porque comencé a escuchar voces en el exterior eran como cánticos que se escuchaban a lo lejos. No duró por mucho tiempo porque comencé a escuchar voces en el exterior eran como cánticos que se escuchaban a lo lejos. Como cuando hay una procesión y las personas cantan al mismo tiempo, me incorporé para ver de qué se trataba, pero comprendà que la peregrinación no pasaba cerca de la casa. Al ver la hora me di cuenta que eran las tres de la mañana. Se me hizo muy extraño que a esa hora hubiera una manifestación religiosa, pero también creà que pudiera ser parte de las costumbres del pueblo, asà que lo consideré normal. Al dÃa siguiente busqué a Mario para que me explicara el motivo de la procesión. Ãl me dijo que a esas horas no se realizaban ese tipo de eventos. Lo que yo habÃa escuchado fueron las almas de los que murieron ahogados en el pueblo que cumplÃan alguna penitencia. Le pregunté si él también las habÃa escuchado. Me dijo que sÃ, pero que tuviera cuidado porque al percibir cada una de las manifestaciones de los ya muertos, también ellos me podÃan identificar. A mÃ. Eso que me dijo me llamó la atención. Le pregunté qué me podÃa pasar. Ãl respondió que no lo sabÃa con seguridad, pero se creÃa que los jóvenes que habÃan desaparecido era porque se habÃan ahogado en el lago, aunque nunca se encontró evidencia de eso. Los cuerpos de esas personas no se encontraron. Se cree que es porque se los llevaron a ese pueblo. Esa noche habÃa una pelÃcula nueva en el cine. Le propuse que fuéramos a verla y después irÃamos a cenar. Asà lo hicimos. Cuando se apagaron las luces en el NR. En el cine vi que una mujer llegó cuando la pelÃcula habÃa comenzado, se sentó un lado de mÃ. No le puse atención porque me encontraba entretenida con la cinta. Sólo percibà un olor no muy agradable. Casi al finalizar el filme, ella se acercó conmigo para decirme que le devolviera lo que era suyo. Yo le dije que no tenÃa nada de ella ni siquiera la conocÃa. Cuando Mario me escuchó, me preguntó qué estaba sucediendo. Le dije lo que pasaba con la mujer. Aún no concluÃa cuando él me interrumpió para decirme que no habÃa nadie. En efecto, no habÃa ninguna persona. Miré alrededor de nosotros. El cine se encontraba casi desierto. Sólo estaban unas pocas personas sentadas en los asientos de las filas de adelante. Me quedé un poco confundida por el hecho tenÃa la seguridad de que alguien se habÃa sentado al lado mÃo. Al final de la pelÃcula ya no me pude concentrar. Lo único que querÃa era irme de ahÃ. Durante el regreso le pregunté a Mario si era posible que algunas de las personas que vivieron en el supuesto pueblo hundido se pudieran aparecer a alguien. Ãl me tomó del brazo. Me dijo que necesitaba hablar algo más conmigo. Era necesario darme toda la información para evitar un accidente. Nos sentamos en una banca del parque él guardó silencio por un momento enseguida, me dijo que se creÃa entre los pobladores de San Juan Salá que aquellas personas que pueden ver y escuchar a los habitantes del pueblo hundido deben ser muy cuidadosos para evitar tener un percance. Los que murieron ahogados son almas cerrantes. Si es un espÃritu bondadoso sólo te pedirá que ores por él, pero si es un ser maligno, no se conformará con un bien material, sino que buscará la manera de terminar con la vida de esa persona para después llevarse su o su espÃritu a vagar por la eternidad. Mario terminó de decirme que él tuvo un amigo que se llamaba Andrés. Ãl no creÃa en esa leyenda del pueblo. Hundido un dÃa que habÃa tomado mucho alcohol, se puso a orilla de la Laguna a desafiar a los espÃritus. Andrés desapareció y no se volvió a saber de él. También me contó que otra muchacha del pueblo se burlaba de eso en poco tiempo. Ya no se supo nada de ella. Mario me dijo que tuviera cuidado con lo que hacÃa y decÃa al respecto a esos seres porque era real existencia de ellos. Concluyó diciéndome que cuando era más joven, él era ayudante de un pescador a las tres de la mañana. Lo esperaba el hombre a la orilla de la Laguna para adentrarse a pescar. Me dijo que era una hora adecuada para conseguir una buena pesca. Además, a esa hora el pescado bagre, que es el que casi siempre nada en lo más profundo del la laguna, sube a la superficie. Por eso era recomendable hacerlo en la madrugada, cuando era temporada de calor. La laguna resintió tanto las altas temperaturas que bajó de manera considerable el nivel del agua. Uno de esos dÃas, en los que fue a pescar con Don Pedro, tuvieron que meterse más adentro para conseguir peces iba la lancha en marcha. De repente escucharon que la lancha golpeaba algo duro. Esto provocó que se dañara la parte baja. Don Pedro disminuyó la velocidad para saber de qué se trataba. Fue cuando los dos alcanzamos a ver que apenas salÃa a la punta de una cruz, era la cruz más alta de la iglesia que estaba hundida. Me explicó que no pudieron ver con mucha claridad, porque todo estaba oscuro y el agua se veÃa negra, pero con la lámpara que traÃa Don Pedro alcanzaron a distinguir la cruz. Don Pedro les dijo a los demás pescadores lo que habÃan visto, Asà que al dÃa siguiente, por la mañana, varios de ellos fueron al lugar que Don Pedro les indicó. Estuvieron dando vueltas en el lugar sin encontrar nada. La laguna mantenÃa el mismo nivel del agua, pero ya no pudieron ver la cruz de la Iglesia. Los pescadores le dijeron a Don Pedro que sólo habÃa inventado eso, pero cuando les mostró el daño que tenÃa la lancha, le creyeron. Mario también me dijo que en ocasiones el agua lanzaba a la orilla objetos comunes de uso personal que le pertenecieron a algunas personas en ese momento en que él me dijo eso. Recordé que cuando era niña me habÃa encontrado una cadena con un medallón. Le comenté a Mario sobre mi hallazgo. Ãl me preguntó si aún conservaba ese objeto. Le dije que sà lo tenÃa, pero era necesario buscar entre mis pertenencias que tenÃa en Guadalajara. Mi amigo me dijo que lo buscara y si aún lo tenÃa, era necesario que lo regresara a la Laguna para que lo recogiera el ser al que le perteneció. Las vacaciones pasaron muy rápido. Tuve que regresar a Guadalajara a mi lugar de trabajo. Cuando me alejé del pueblo pude ver las cosas con mayor claridad. Me habÃa llenado de todo lo imaginario del poblado. Creà que todo era como efecto domino en el que una persona comenzó a creer esa historia. En consecuencia, todas las demás pensaron que era cierto, asà que ya ni siquiera busqué el objeto que me habÃa encontrado. Cuando era niña por la noche me encontraba sola en mi casa porque mis rumis se habÃan ido de vacaciones juntas. Estaba viendo una pelÃcula. Cuando escuché ruidos en la cocina, pensé que podrÃa ser mi gato, que siempre le gusta subirse al fregadero para comerse los restos de comida. En varias ocasiones oà el movimiento de trastes hasta que mi gato tiró un vaso de cristal y lo rompió. Me levanté molesta para sacarlo al patio y dejarlo allá afuera toda la noche. En el momento en que entré a la cocina, vi como si alguien corriera a esconderse. Me asomé en el cuarto de la alacena en el patio. No pude encontrar a nadie sin darme cuenta, le pise la cola al gato que de inmediato me rasguñó. Tuve duda de lo que creà ver, asà que ya no quise indagar más. De repente vi que el gato corrió a la sala y se quedó mirando hacia donde me encontraba. Comenzó a maullar al mismo tiempo que caminaba alrededor del comedor. Volteé hacia atrás y pude ver la silueta de una mujer que estaba parada mirando hacia mÃ. Con el miedo que me dio. Salà fuera del departamento. Estaba en pijama y casi eran las doce de la noche. No pretendÃa entrar de nuevo, pero tampoco me podÃa quedar el resto de la noche en el pasillo. Fui al departamento de mi vecina para decirle lo que habÃa ocurrido. Ya me permitió quedarme a dormir en el sofá de su sala. El resto de la noche sólo dormà de manera intermitente, porque sentÃa que en cualquier momento ese ser podrÃa traspasar la pared y encontrarse de nuevo conmigo. A la mañana siguiente le dije a mi vecina que si me acompañaba a revisar mi departamento para poder entrar y arreglarme para ir al trabajo, ella accedió ir conmigo sin poner ninguna objeción. Entramos al lugar, revisé las habitaciones sin encontrar nada anormal. Le agradecà a mi vecina y me dispuse a bañarme. Mientras lo hacÃa, cerré las cortinas de plástico. Cuando terminé de bañarme, al abrir las cortinas, pude ver entre el vapor del baño a un ser como si fuera parte del vapor. Después se desvaneció en el espejo dejó plasmada su mano. Ya no tenÃa la menor duda de que un espÃritu del pueblo me habÃa dado seguido hasta mi departamento, porque antes de eso nunca habÃa visto algo parecido. Me salà lo más pronto que pude de mi vivienda era jueves. SabÃa que aún me quedaba un dÃa más para ir a San Juan Saá. Fui a trabajar durante mi jornada laboral. Se me olvidó un poco lo acontecido, pero cuando salà del lugar de trabajo ya no querÃa regresar al departamento, tan sólo de pensar que esa alma me estarÃa esperando. En el departamento Me dieron muchos escalofrÃos. No sabÃa qué hacer. Le hablé por teléfono a Mario le dije todo lo que me habÃa sucedido la noche anterior. Mario se quedó en silencio. Después me dijo que era mejor que me fuera lo más pronto posible a San Juan Gosalá. No querÃa que algo me fuera a suceder, ya no lo pensé más. Me fui a la terminal y abordé un autobús que me llevarÃa al municipio de Jocotepec. Llegué a las diez de la noche. Mi amigo ya me estaba esperando en la central camionera. Ãl me comentó que era preferible irnos directamente a la orilla del lago para que pudiera comprender las manifestaciones del pueblo hundido y, si tenÃa en mi poder el medallón, lo arrojara a la laguna y asà lo hice. Lo lancé con todas mis fuerzas. Después nos sentamos durante un rato en una banca del malecón. De repente comenzó a llover, pero era una lluvia tranquila que nos permitÃa quedarnos debajo de un árbol frondoso sin mojarnos. Comencé a escuchar cánticos y rezos que venÃan del interior del lago. Poco a poco se escuchaban más fuertes. Comenzó a verse como una especie de neblina que salió del lago. No sé si era mi imaginación, pero para mà toda esa bruma eran las almas que cantaban. Me di cuenta que el sonido se iba rumbo al pueblo porque comenzó a escucharse menos fuerte. Le pregunté a Ama hacia dónde iban o por qué hacÃan eso. Ãl me respondió que se creÃa que nueve dÃas antes del veinticuatro de junio, todas esas almas salÃan a rezar el novenario para suplicar el eterno descanso y que el dÃa veinticuatro era la fiesta al patrono de la localidad. CoincidÃa con la fecha en que el pueblo se hundió. Según la tradición, cada veinticuatro de junio llueve muy fuerte, asà que cada año los pobladores del pueblo hundido. Salen le dije que comprendÃa lo de la fecha. Lo que no me quedaba claro era porque un espÃritu me habÃa seguido hasta mi casa. Ãl me dijo que cada año, en esas fechas, uno o dos jóvenes desaparecen. Se cree que se los llevan al interior del lago porque la última vez que se les vio ha sido a la orilla de la laguna. Al llevarse a una persona que habita en el pueblo hacia el lago, dicen que esa alma que se lleva puede conseguir el descanso eterno. Era como una especie de intercambio. La lluvia aumentó. Nos fuimos corriendo del lugar hacia nuestras casas. Aún asà llegamos completamente mojados. Nos despedimos para que cada quien se bañara mientras estaba en la ducha. De nuevo comencé a ver entre el vapor a un ser era tenue, pero lo pude distinguir. Me salà de inmediato de la ducha. Sin embargo, me siguió hasta mi habitación. Era como niebla que flotaba de un color grisáceo. Con temor le dije que se marchara, ya que no pertenecÃa a este mundo. No tenÃa nada que hacer en mi casa. El ser no me hizo ningún caso. Al contrario, sentà como si pasara a través de mà En ese instante pude sentir miedo, mucho miedo, pero también tristeza enseguida. Comencé a escuchar muchos lamentos. Ya ya nada me asome a la calle, pero no podÃa ver nada. Mientras que el ser poco a poco se fue desvaneciendo hasta que desapareció afuera. La lluvia continuaba con más fuerza. Se veÃa como se iluminaba el cielo con los relámpagos, el estruendo de los rayos callaba las voces que se escuchaban, pero después se siguieron oyendo hasta que todo quedó en silencio. Casi al mismo tiempo que la lluvia paró, el pueblo volvió a ser tranquilo. Al dÃa siguiente, mi madre me comentó que la hija de Doña Gertrudis habÃa desaparecido en el pueblo. DecÃan que se la habÃan llevado los espÃritus del lago. Sin embargo, no habÃa certeza de eso. TodavÃa continuaba su búsqueda. Me quedé pensando por qué el espÃritu que se me apareció no me habÃa hecho nada, tal vez porque le devolvà el medallón a su lugar de origen. O realmente desconozco el motivo. Lo que he tratado de hacer es ofrecer obsequios al lago en ocasiones a viento flores. El veinticuatro de junio, ese dÃa, aviento un rosario. Aún escuchó las campanadas del templo, pero por fortuna ya no tuve ninguna aparición de un poblador del lago hundido. El aparecido en la carretera. Nacà en Chihuatlán. Jalisco es un pueblo que colinda con Colima y que forma parte de la costa alegre. Cerca de él se encuentra melaque y Barra de Navidad. Esas eran las playas a las que iba al lado de mi familia cuando era pequeño. También mi padre nos llevaba por la madrugada a pescar al mar o a cazar animales en el cerro. Cuando salÃamos rumbo a una de las playas que les mencioné Ãbamos hacia el oeste por la carretera. El camino era ascendente. En el crucero a la ca culebra habÃa una curva peligrosa. Era la primera de tres curvas. Después el camino se tornaba en descenso. La playa estaba como a quince minutos del pueblo. En esa curva. Con frecuencia habÃa accidentes automovilÃsticos. Cuando era pequeño, escuchaba a los adultos decir que habÃa ocurrido un accidente con alguien del pueblo en otras no corrÃan con la misma suerte. Vicente era mi vecino y mi amigo. Desde que éramos pequeños, crecimos juntos. Una de las cosas que nos gustaba hacer era ir a las plataneras a pedir plátanos. Nos regalaban un poco del producto que tenÃan. El padre de Vicente era el propietario de la gasolinera que se encontraba en la salida de Zihuatlán. Yendo para maleque su padre ya llevaba mucho tiempo con ella, decÃa Vicente que desde que él recordaba a su papá siempre olÃa a gasolina. Una vez que tuvimos edad para trabajar, Vicente lo hizo en la gasolinera de su padre y yo me fui a la fábrica de coco. En una ocasión nos encontrábamos vicente otros amigos del barrio y yo tomando afuera de mi casa. Mi amigo le pidió prestada a su camioneta a su papá para irnos a bañar a la playa. Ya estábamos más que acostumbrados a ir a cualquier hora de la noche. A veces nos metÃamos a bañar. Otras ocasiones sólo nos quedábamos a la orilla de la playa a tomarnos unas cervezas. Después regresábamos a nuestras casas sin ningún contratiempo. Esa vez su padre le dijo que no se la prestaba porque habÃa bebido demasiado. No querÃa que nos fuera a suceder algún accidente. Vicente se puso un poco obstinado por el rotundo no de su padre. Yo le dije que no era necesario ir a la playa. Ahà no las estábamos pasando muy bien, pero él era un poco terco. Se esperó a que se durmiera su padre y agarró las llaves del auto. Se nos hizo fácil irnos a la playa con el argumento de que sólo era por un rato vicente condujo a la camioneta Mientras que yo iba de su copiloto. Ãl comenzó a acelerar un poco más para agarrar la primer curva. Ãl decÃa que si se tomaba la curva de la manera correcta, los pasajeros ni siquiera la sentÃan. Asà lo hizo. Hubo un instante en que se le atravesó un animal. No sé si era un gato montés o un armadillo. Vicente virue el volante para no atropellarlo por la velocidad que llevaba. Se salió de la carretera. La camioneta se impactó en un árbol. Yo salà disparado porque no me habÃa puesto el cinturón de seguridad. No recuerdo haber sentido el golpe. Quedé en estado inconsciente, en el que ya no supe de mÃ. Después del accidente, me trasladaron hasta el centro médico en la ciudad de Guadalajara. Estuve internado por dos meses en el hospital hasta que los médicos determinaron que me podÃan dar de alta. Durante el tiempo que estuve internado. Cuando salà de terapia intensiva y pude estar consciente, lo primero que hice fue preguntar por vice. Mi madre fue la que me acompañó durante este proceso. QuerÃa saber el estado que se encontraba mi amigo. Mi mamá me respondió que se encontraba bien bueno, en medida de lo posible. Ãl también la habÃa pasado muy mal. TodavÃa estaba internado. Quise saber si él también se encontraba en el mismo hospital que yo. Mi madre me dijo que no a él se lo llevaron a un hospital de Autland Esa noche no pude dormir. No sé si era producto de tantos medicamentos o por estar tanto tiempo en una cama de hospital. Mi madre dormÃa en un catre que le habÃa regalado una señora. Ella estaba a un lado de mi cama. Cuando vi a Vicente parado en el umbral de la puerta, le pedà que entrara, que me daba mucho gusto verlo de nuevo. Vicente se disculpó conmigo. Me dijo que si no hubiese tomado tanto alcohol esa noche, todo estarÃa bien. Llamó mi atención verlo tan pálido y delgado. Se sentó en la silla de n la visitas y se quedó por unos segundos sin decir nada. Yo tenÃa tantas preguntas por hacerle, pero no quise abrumarlo. Ãl me abrazó y nos quedamos fundidos en ese abrazo. Cuando sentà su rostro junto al mÃo estaba helado enseguida. Se fue sin decirme nada. Antes de que amaneciera llegó la enfermera para poner el medicamento al suero. Mi madre despertó y se incorporó. Aproveché para decirle que Vicente estaba bien, que habÃa venido a visitarme, contrario a lo que esperaba. Ella se me quedó viendo sorprendida. Me dijo que eso no era posible. Ãl estaba internado en un hospital de autra. Además estaba polifracturado. Le dije que no mi amigo habÃa llegado caminando. Si noté que caminaba con dificultad. Sin embargo, mi madre no me creyó. Me dijo que quizás todo habÃa sido un sueño. La enfermera interrumpió nuestro diálogo para decirnos que algo no estaba bien con mi riñón. Le dirÃa al médico sobre mi situación. Asà lo hizo por la mañana llegó el especialista revisó mi estado. Dijo que harÃa unos análisis. En cuanto salieron los resultados, el médico nos dijo que era necesario quitarme un riñón, ya que con el golpe que tuve en el accidente, el riñón estaba dañado, ya no habÃa posibilidad de rescatarlo. Asà que entré de nuevo a Quirófano. Mientras estuve todo ese tiempo internado, Vicente iba a visitarme. Llegaba al cuarto cuando menos lo esperaba. Me daba mucho gusto verlo porque me daba cuenta que se encontraba bien. Además, me hacÃa compañÃa mientras mi mamá iba a las pláticas que la trabajadora social le indicaba era parte del protocolo para recibir apoyo económico por ser paciente foráneo. De modo que volvÃamos a recordar momentos divertidos que vivimos juntos. Siempre que intentaba hablar sobre el accidente j s R. S l N. S o de evitarlo. Pensé que era porque se sentÃa responsable del percance, por lo que yo ya no quise hablar de ese asunto. Después de varias cirugÃas y tratamientos complicados, me dieron de alta la ambulancia del hospital se encargó de llevarme hasta el pueblo, ya que no estaba en condiciones de viajar en autobús. Quise despedirme de mi amigo, pero por unos dÃas no fue a visitarme y yo no tuve forma de hacerlo, como casi no tenÃa movilidad. Le dije a mi mamá que fuera a decirle a Vicente que ya nos Ãbamos a ir para que cuando fuera a visitarme, no se llevara la sorpresa de que ya no estaba ella. Me dijo que sà lo harÃa cuando llegué a Cihuatlán, mi pueblo me pareció más bonito. Creo que en el fondo era el gusto de regresar a mi casa. Mi familia me estaba esperando. Me hicieron una recepción sencilla porque no me encontraba en condiciones de estar mucho tiempo sentado con emoción. Les dije que Vicente también se rÃa. Se encontraba bien. Era cierto que en el proceso la habÃamos pasado muy mal, pero lo importante es que estábamos vivos. Nadie hizo ningún comentario. Todos se quedaron callados. Mi papá cambió la conversación y se olvidaron de lo que dije. Extrañaba Vicente porque dejé de verlo desde que llegué al poblado. Después que me dieron de alta necesité más tiempo en cama sin poder salir. Apenas podÃa dar escasos pasos con la andadera y con las condiciones de las calles en el pueblo, era casi imposible salir. Más bien, mis amigos y familiares iban a visitarme una noche vicente. Me dio la sorpresa como era su costumbre. Llegó cuando todos dormÃan. Fue tanta mi emoción de verlo que no le pregunté cómo le habÃa hecho para entrar. Ni siquiera me importó ese detalle. Ãl me platicó muchas cosas de las que hicimos en la infancia, sobre todo aquella vez que nos fuimos sin permiso al rÃo y no regresamos hasta por la noche. Estuvimos con las anécdotas de la infancia, las travesuras y los desobedientes que fuimos. A mà me pareció ver lo más delgado. Le pregunté cómo se sentÃa. Ãl me dijo que no muy bien. No tenÃa a nadie más con quién platicar. Por eso acudÃa a mà con frecuencia, además de la culpa que lo embargaba por el accidente. Aún no terminaba su comentario. Cuando entró Dina, mi perrita, comenzó a ladrarle a mi amigo con tanta insistencia que la gente empezó a despertar. A Vicente le dio mucha pena y se salió de inmediato, mientras que Dina lo persiguió hasta que se fue mi padre entró para preguntar qué habÃa sucedido. Le dije que Vicente habÃa venido a visitarme mi papá. Me preguntó si estaba seguro de que él fue el que estuvo en casa. Le dije que sÃ. Mi papá se sentó, se puso muy serio y comenzó a hablarme sobre la muerte de nuestros seres queridos. Después finalizó diciéndome algo que me pareció imposible de creer. Vicente estaba muerto. Me puse como loco le dije cómo se atrevÃa a decirme esa mentira. Si hacÃa unos minutos él estuvo conmigo. Fue tanto mi rechazo a aceptar la verdad que fue necesario hablarle al médico para que me pusieron tranquilizante. Pronto me quede dormido. No sé hasta cuántas horas dormà aunque me dieron medicina para poder descansar aún en sueños. Pude ver a mi amigo cuando desperté. Lo primero que quise hacer fue visitar a sus padres. En el fondo, esperaba que la familia de Vicente me dijera que todo era mentira. Fui a la casa de mi amigo, me recibió su madre. En cuanto ella me vio, comenzó a llorar. Nos abrazamos, salieron sus hermanos y su padre. Pude ver la fotografÃa de Vicente sobre una mesita con flores y una veladora encendida. Fue cuando comprendà que todo era cierto, pero yo querÃa saber cuándo fue el dÃa en que él murió. Su padre me lo confirmó aquel dÃa del accidente. Sólo estuvo vivo por unas horas después. Murió. Ese dÃa salà muy triste de la casa de la familia de Vicente. Ellos estaban desolados por su muerte. No quise decirles que él me visitó, pero no sabÃa qué pensar al respecto. Me sentà decepcionado de mi familia por haberme ocultado durante tanto tiempo su muerte. Ellos argumentaron que esperaban el mejor momento para hacerlo y tuvieron miedo de mi reacción. A partir de ese dÃa, me dormÃa hasta tarde para esperar a mi amigo. Sin embargo, él no volvió a visitarme. Aunque parezca extraño, no le tenÃa miedo. Esperaba que en cualquier momento él llegara a mi habitación conforme más pude moverme comencé a salir al pueblo. Pronto supe del rumor que se corrÃa en el poblado. Al pasar por el mercado me detuvo Doña mari me dijo si ya sabÃa lo que estaba ocurriendo en el camino hacia malaque le dije que no estaba enterado de nada. Apenas tenÃa pocos dÃas que empezaba a salir. Como el esposo de Doña Maria es trailero, me dijo que él habÃa visto a alguien caminar en la carretera por el rumbo en el que habÃamos tenido el accidente. Le pedimos detalles a la señora, pero ella sólo me dijo eso. Pensé en ir con uno de mis amigos para que me dijeran lo que sabÃan al respecto, pero sus casas estaban más lejos y yo aún no podÃa caminar mucho preferirme a mi casa y preguntarle a mi mamá en cuanto entré a mi casa busqué a mi madre. Ella estaba en la cocina. Le pregunté directamente qué sabÃa sobre la persona que habÃan visto en la carretera. Ella me dijo que desde que ocurrió el accidente automovilÃstico, varias personas del pueblo comenzaron a decir que vieron a alguien en el acotamiento de la carretera. Incluso me dijo que en la central camionera del pueblo, los choferes dicen que han visto a un joven que les hace un señalamiento con su brazo para que se detenga. Mi madre continuó diciéndome las veces en las que las personas habÃan visto a ese joven. No querÃa decirlo, pero casi tenÃa la certeza de que se trataba de mi amigo vicente. Le pregunté a mi mamá si sabÃa de alguien de por el barrio que lo hubiese visto. Ella me dijo que Don FermÃn, el esposo de Doña Mari. Asà que fui a la casa de la señora. Ella ya me habÃa dicho que su esposo lo habÃa visto, aunque no le creà todo lo que me dijo, porque es muy conocida en el pueblo por hablar de más. Cuando llegué a su casa, tuve la suerte de que Don FermÃn estaba de descanso. El hombre amablemente me invitó a sentarme sin ningún preámbulo. Le pregunté todos los detalles del aparecido en la curva de la carretera y me me me odie nero que no querÃa hablar sobre el asunto. Le dije todo lo que me habÃa ocurrido con mi amigo Vicente. Esa era la principal razón por la que estaba ahÃ. Después que me escuchó. No dudo en hablar conmigo. El hombre me dijo que venÃa de regreso de llevar una carga a puerta Vallarta. Era en la madrugada, Ya venÃa muy cansado por el viaje tan largo cuando vio que un hombre joven le hizo una seña para que se detuviera. En esa ocasión no lo hizo porque se le hizo muy extraño. Bajó un poco la velocidad y pudo verlo a través del retrovisor que se quedó parado mirando hacia él. Después desapareció. La segunda vez que lo vio venÃa de Tijuana. También era en la madrugada. Iban a ser como las cuatro. El joven estaba parado en la primera curva de la carretera que va hacia melaque, pero en esa ocasión sà se detuvo. Se quedó durante un instante esperando la reacción del muchacho. Vio cómo caminó hacia él con paso lento. Se acercó a la ventanilla y le preguntó hacia dónde iba. Don FermÃn le respondió y luego él sacó unos vales de gasolina. Se los entregó y le dijo que los podÃa cambiar en la gasolinera en la que él trabajaba. Don FermÃn concluyó diciéndome que revisó los vales. Cuando levantó la vista, él ya no estaba. Lo buscó por todas partes sin conseguir verlo, pero también estaba todo muy oscuro. No era posible ver casi nada. Se bajó del tráiler y sólo pudo escuchar cómo se movÃa la maleza que se encuentra al lado de la carretera. Después todo quedó en silencio. Al terminar la historia, don FermÃn se metió a su cuarto para sacar los vales que le habÃa dado el joven. Cuando los vi eran de la gasolinera que se encuentra en la salida de Chihuatlán. Le pregunté si habÃa ido a cambiarlos. Ãl me respondió que no. Le dije que si me los podÃa prestar para ir a la gasolinera. Estuvo de acuerdo. Salà de la casa de Don FermÃn directamente a la gasolinera. Ese dÃa me sentà muy cansado con tanta información. Además, aún no me encontraba completamente bien. Mi pierna comenzó a dolerme, asà que me fui a mi casa. En otro momento irÃa a la gasolinera. Al llegar a mi casa, mi madre se encontraba preocupada por mi tardanza. Le platiqué lo sucedido. Ella me comentó que lo mejor era llevarle unas velas y un rosario al lugar del accidente. Estuve de acuerdo. Le dije que por la tarde habÃa que hacerlo. Fuimos en el coche de mi padre. Al lugar del accidente. Mi papá se estacionó en el acotamiento. Aún quedaban huellas del accidente. El tronco del árbol en el que se impactó el automóvil estaba sin corteza en el piso, aún que daban algunas piezas del auto. Mi madre regresó unas oraciones. También llevaba una botella de arte agua bendita. La esparció por el lugar. Puso una cruz de madera junto a una veladora encendida. Encima de la cruz colgó un rosario. Después de que hicimos oración, nos retiramos del lugar. En la noche aún me encontraba alterado, No podÃa creer lo de mi amigo vicente. La noche estaba avanzada. Me encontraba sentado sobre la cama, mirando hacia la calle a través de la ventana, con la esperanza de que mi amigo pasara caminando, asà como lo hacÃa en la carretera me encontraba distraÃdo en mis pensamientos cuando sentà una mano frÃa sobre mi hombro. Era él mi amigo, se sentó a un lado de mà y comenzó a platicarme cosas tribales como si no recordase lo que habÃa ocurrido. Su rostro se veÃa pálido y triste. Después de unos momentos de platicar, sentà una ráfaga de aire helado. Es un suceso muy extraño, porque mi pueblo se ha caracterizado por ser un lugar de clima la oliente. El aire fuerte hizo que mi amigo se levantara de inmediato. Su cara se transformó en miedo enseguida. Vi una sombra oscura que penetró en el cuarto vicente se limitaba a decir que no lo repitió. Por varias ocasiones, esa sombra era como una especie de nebulosa negra que se acercó poco a poco hacia mi amigo. Ãl caminó hacia atrás, evitando que la sombra lo alcanzara hasta que llegó a la pared y cerró los ojos. Yo me interpuse entre la sombra y él, pero eso no cambió nada. Traspasó mi cuerpo. Después mi amigo desapareció. Ya no estaba en mi habitación. Estuve por mucho tiempo despierto esperando a que él regresara, pero no fue asÃ. Incluso llegué a gritar su nombre. Fue cuando desperté a mis padres que entraron de inmediato a mi habitación. Ellos me dijeron que era posible que él no se iba de este plano porque yo no aceptaba su muerte. No le estaba permitiendo irse Cada vez que lo invocaba. Era una manera de que él tuviera un motivo para quedarse conmigo. A la mañana siguiente fui a la gasolinera a mostrar los vales de gasolina de Don FermÃn. El empleado de ese lugar, al verlos palideció, me dijo que no era la primera vez que llegaban con ese tipo de vales. Era cierto que los extendÃa la gasolinera, pero sólo a los empleados de la misma Cada mes le proporcionaban cierta cantidad de vales para surtir en gasolina. Era parte de las prestaciones. Al trabajar en ese lugar, le expliqué al encarcado la manera en que los habÃa obtenido. Ãl me dijo que el número asignado en el valle correspondÃa al que tenÃa Vicente. Eran los vales que la empresa le daba a él. Le agradecà al empleado me retiré del lugar. Vicente no estaba descansando o algo no le permitÃa irse a otro lugar, pero no supe cómo ayudarlo. En la actualidad todavÃa dicen que no miran caminar por la carretera. Le pide la parada a los choferes de tráilers o de camiones foráneos. Cuando alguno de ellos se detiene, le regala los valles de gasolina para que los cambien en la gasolinera que se encuentra en la salida de Zihuatlán. Relatos escritos y adaptados por Adriana Cuevas. Si te gustó este video, suscrÃbete activando la campanita de notificaciones para que no te pierdas lo mejor de rede. Gracias por escucharnos








