July 16, 2023

Ahuyenté A Un Muñeco Demoniaco Historias De Terror - REDE

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El elfo de la abuela. Procuraré contar esto de la mejor manera posible. Me cuesta mucho aún creer esto, pero ya cuando lo ves con tus propios ojos, ya no sabes qué esperar. Mi experiencia ocurrió tres meses atrás, cuando recién tenía poco de haber ingresado a clases de preparatoria. Había hecho trámites a una preparatoria cercana a casa de mi abuela. La intención de mi padre es que tuviera un lugar donde llegar por si algo se ofrecía y no tuviera que trasladarme hasta la casa de mis padres, que quedaba varios kilómetros más lejos. Mi abuela, por su parte, estaba contenta de que yo pudiera estar más tiempo con ella. Incluso me dijo que me invitaría a comer para hacerles compañía. Esto último me llamó mucho la atención debido a que desde el fallecimiento de mi abuelo, ella decidió vivir sola. Mi madre siempre me comentó que si la abuela comenzaba con comportamientos extraños, la dejara hacer era la edad la que la estaba alcanzando. Por otro lado, mi padre, quién es su hijo, me ha dicho que mi abuela siempre ha sido así de loca y que cuando murió el abuelo, esa locura se desató más dejándola ser como es realmente. Era mi primer día. Llegó la hora del receso y, como es de esperarse, no tenía con quién pasar la tarde, así que opté por ir a casa de la abuela. Quedaba tan sólo un par de cuadras y yo moría de hambre. Ella me abrió con mucho gusto, me invitó a sentarme en la sala. Encendió el televisor y me pidió que le esperara mientras me preparaba unas quesadillas, saqué mi celular para entretenerme un rato. Y entonces fue cuando de reojo vi algo que me sobresaltó al momento. Se trataba de un muñeco. Estaba vestido con ropa normal, sus sus sus ojos de rs canica estaban clavados en mí, pero lo que más me inquietaba era su sonrisa. No me había percatado de su presencia. En eso. Mi abuela llegó con una quesadilla aproveché para preguntarle sobre el muñeco. Ella se rió y me comentó que se trataba de su elfo. Lo tuvo guardado mucho tiempo y desde que falleció el abuelo le pedí salir de donde estaba guardado. Lo primero que pensé fue que mi abuela trataba de jugarme una broma, pero tomó al elfo y lo arregló como si fuera un bebé o un niño pequeño después lo coloco nuevamente sobre el sillón. Pero esta vez, volteando hacia la televisión, no quise mostrarme temeroso por no hacer sentir mal a mi abuela, pero estando al lado de ese muñeco, era difícil lograrlo. Me dediqué a comer. En eso mi abuela aprovechó para ir de nueva cuenta a la cocina por otra quesadilla. Cuando miré al elfo otra vez este me estaba observando. Me quedé pasmado por unos secundos con la quesadilla en la boca. Yo estaba muy seguro de haber visto cuando mi abuela lo puso a ver la televisión. Llegó mi abuela con la quesadilla y le comenté que tenía que irme ya y que sólo había pasado para saludarla. Me pidió que le esperara unos segundos mientras iba por una servilleta. Quería que me llevara la comida en la mano. En eso, como si fuera una maldita broma, pude escuchar una risa. Muy tenue provenir del elfo corriendo. Me dirigí a la cocina con mi abuela, tomé la servilleta con la quesadilla y salí de prisa de la casa. No pude evitar preocuparme, así que le marqué a mi madre para comentarle lo que había sucedido. Ella me dijo que sí sabían de ese muñeco y que incluso mi padre fue quien lo guardó en el baúl, que tenían escondido en el desván. La abuela sufrió mucho por ello y que cuando murió, el abuelo era lo único que la consolaba. Por esa razón se lo dejaron. Intenté explicarle a mi madre que, al parecer, ese muñeco estaba vivo, que me había volteado a ver y que se había reído de mí. Pero esto último, mi madre me comentó que no me lo creía. Me dijo que sólo se trataba de un muñeco hecho de harapos y trapos viejos y que no podía tener vida. Un poco molesto y decepcionado. Le colgué a mi madre. Llegué apenas a clases, cuando entonces me di cuenta de mi peor error. Había dejado la mochila con mi abuela, por salir a las carreras y por el miedo. Lo último que me preocupó fue la mochila. Uno de mis compañeros me regaló un par de hojas y me prestó una pluma. Mientras tanto, yo no dejaba de pensar en mi mochila y en ese elfo y al final de cuentas, no me y pude concentrar en la clase. Apenas terminó la materia. Fui corriendo a la casa de la abuela por mis cosas. Pude notar por el ventanal que mi abuela estaba sentada en el sillón cambiando de ropa al elfo Me sentía nervioso y ansioso por recuperar mi mochila, pero sobre todo por haber vuelto a la casa. Golpé la puerta y esperé impaciente a que ella abriera. Pasaron unos segundos y mi abuela apareció con una sonrisa en su rostro. Le dije rápidamente que había dejado mis útiles y necesitaba recuperarlos. Entonces me di cuenta que en su otro brazo ella sostenía al elfo Le pedí que lo guardara, pues me ponía nervioso, pero ella insistía en que era inofensivo. No quise perder el tiempo discutiendo. Así que me metí a la casa y fui a la sala, pero no encontré la mochila por ningún lado. Le pregunté a la abuela si la había visto, pero ella lo negó. Traté de recordar dónde la había dejado, pero todo lo que se me venía a la mente es que la había dejado en la sala. Levanté los cojines, moví los sillones y no la encontré. Mi abuela me comentó que la buscaría mientras tanto en su cuarto por si se lo hubiera llevado sin darse cuenta. Mientras tanto, yo estaba volviendo a acomodar los sillones en su lugar. De pronto pude escuchar la misma risa de hace rato aterrado. Me di la vuelta sólo para encontrarme a este fastidioso muñeco sentado en el sillón. Mi abuela lo había dejado allí y no me percaté de ello. Frustrado, me acerqué al elfo y lo amenacé. Le dije que era mejor que dejara sus bromas lejos de mí. Obviamente, no me respondió. Siendo honesto, Me sentí ridículo, pero no soportaba verlo, así que lo tomé de un brazo y en cuanto estuve a punto de arrojarlo lejos de mi vista y me a r r a borra. Abuela me habló desde el segundo piso. Me decía que ya la había encontrado, que no recordaba haberla guardado debajo de la cama. Me apresuré a colocar al elfo donde lo había puesto mi abuela para que no se alterara por si me veía con él en cuanto bajó las escaleras. Le agradecí y me retiré. Esa noche les conté a mis padres de nueva cuenta, pero no me creyeron o me tiraron al loco. Los días pasaron. Hice nuevas amistades con los que convivía en el receso. Ya no era necesario que fuera la casa de la abuela. Ya tenía con quién estar entre mis amistades. Conocí a Julio, quien después se volvería uno de mis mejores amigos. A él le conté lo que me pasó con el elfo de mi abuela y asombrado. Me comentó que su hermana tenía varios de ellos y no le gustaba. Él aseguraba que en su casa se escuchaban ruidos por la noche y estos eran debido a los elfos y siempre que se los encun encontraba sentados en la sala o en la habitación de su hermana no le quitaban la mirada de encima. Julio fue un gran amigo. Él fue el único que no me juzgó por lo que había pasado. Me llevé también que un día lo invité a casa de mi abuela para que viéramos al elfo. Cuando llegamos, le pedí a la abuela que nos mostrara su elfo, pero ella me dijo que no sabía dónde estaba. Tenía rato buscándolo y lo había perdido De vista. A Julio se le ocurrió preguntarle a la abuela por el nombre del elfo Ella le dijo que el muñeco le había dicho que se llamaba Maylo. Me di cuenta que mi abuela se veía triste y con pocas energías, así que le sugerí que se fuera a acostar. Nosotros ya nos íbamos a ir de regreso a la escuela. Julio me comentó que en ocasiones los elfos de su hermana se perdían y cuando menos lo esperaba regresaba, eran criaturas mágicas que, a pesar de estar hechos de plástico y las viejas tenían vida. Esa noche, cuando estábamos ya casi por dormir, recibimos una llamada de parte de la abuela. Le pedí a mis padres que le llevaran a urgencias médicas, pues no se sentía bien de la presión. Mis padres querían llevarme a la casa de la abuela para que los esperara, pero me negué rotundamente. No quería estar en esa casa con ese muñeco perdido por algún lado. No quería que me apareciera en cualquier momento. Así que terminé convenciéndolos de quedarme en nuestra casa. Solo me fui a dormir después de bañarme. Al día siguiente tendría clases, por lo que me levantaría muy temprano. Normalmente, en cuanto pongo la cabeza sobre la almohada, caigo dormido, pero esa vez no dejaba de pensar en la abuela, por lo que me costó un poco de trabajo agarrar el sueño. Daba vueltas por toda la cama intentando encontrar el mejor lugar para dormir. En eso sentía algo entre las piernas. Levanté la cobija para ver qué era, pero no encontré nada. No le di importancia. Me di la vuelta y al abrir los ojos frente a mí. Estaban un par de ojos. Observándome era el elfo de la abuela aterrado. Lo empujé y cayó a un lado de mi cama. Rápidamente me bajé y lo busqué por todas partes, pero no lo hallaba. En eso vi que uno de los peluches que tenía desde niño estaba en el piso. Respiré aliviado, pues todo parecía indicar que me había confundido, pero aún así sentí que fue muy real. Ya habían pasado un par de horas desde que se habían ido. Yo estaba mirando una película en el televisor cuando de pronto se escuchó que algo se cayó en la cocina. Me quedé en silencio por unos segundos y recordé que mi padre había lavado los trastes y quizás quedaron mal acomodados. En cuanto me tranquilicé, escuché que un traste de plástico caía y rebotaba por todos lados. Me levanté del sillón rápidamente y fui a ver Entonces frente a mí pasó rodando un vaso extrañado. Miré hacia el lugar donde mi padre ponen los trastes mojados y me di cuenta que no había ninguno. Comencé a buscar de dónde provenía el sonido, pero aparentemente todo estaba en orden. No había nada fuera del lugar. Pensé que tal vez me había imaginado el ruido, que la tensión y el miedo estaban jugando con mi Mente regresé al sofá para continuar viendo la película, intentando olvidar lo sucedido. Pero a los pocos minutos de haberme sentado un sonido familiar resonó en el pasillo. Era como si algo se arrastrara lentamente por el suelo. Mi corazón comenzó a latir más rápido. Mi imaginación comenzó a volar. Bajé el volumen de la televisión y me acerqué al pasillo y pude ver algo que me heló la sangre. Era el elfo de mi abuela. Mylow estaba en el suelo moviéndose con torpeza. Era como si quisiera levantarse en eso. Por fin pudo colocar sus manos en la posición adecuada y se sentó su pequeña cabeza giró de un lado a otro y cuando me vio sus ojos de cristal me seguían fijamente. No podía creer lo que veía. El muñeco parecía haber cobrado vida. No dejaba de mirarme. Era como si supiera lo que estaba pensando. Su ridícula risa resonó en mi cabeza aterrado. Tomé las llaves de mi casa y me dirigí a la puerta principal. No sabía de lo que era capaz ese muñeco, pero en cuanto quise abrir la puerta. Ésta se cerraba por sí sola y no me dejaba salir. En eso escuché muchos pasitos, me di la vuelta y el elfo ya no estaba. Entonces me di cuenta que si quería salir de la casa o vivir en paz, tenía que encontrarlo. Lo busqué por las habitaciones, la sala y la cocina a donde iba. Me parecía ver una sombra que pasaba rápidamente ante mí. Me lancé tras él tratando de atraparlo. Peromylo parecía conocer la casa mejor que yo, hasta que finalmente se detuvo en el cuarto de mis padres. Estaba mirándose a sí mismo en el espejo. Me acerqué a él lentamente y vi que su reflejo en el espejo sonreía a sí mismo. Me di cuenta entonces de lo que me comentó julio hace unos días. A los demonios les encanta verse en el espejo. Ese era el momento para deshacerse de él. Lo tomé rápidamente con ambos brazos y lo guardé en una bolsa grande de basura. Esa cosa se retorcía emitiendo chillidos desagradables. Entonces escuché el sonido del auto de mis padres que se acercaba. Sabía que si me atrapaban con el muñeco en brazos me castigaría, así que amarré la bolsa y la metí a mi closet. La abuela tuvo una recaída, así que se quedó en el hospital internada. Yo, por mi parte, le conté todo a mis padres y, como siempre me miraron con incredulidad, les dije que podía probarlo, pues el elfo lo tenía en mi cuarto. Cuando fui a sacarlo de la bolsa de basura, me di cuenta que éste ya no estaba. Desde ese día maylo desapareció de la casa de mi abuela. No sé qué sucedió con él si volvió a su encierro en el baúl del desván o si encontró un nuevo hogar en manos de alguien más. Siempre he querido contarles a mis padres sobre ese muñeco y nunca me creen, aunque no los culpo. Creer que un muñeco tenga vida es difícil. Actualmente mi abuela sigue con vida. Me ha platicado situaciones qué pasó con ese muñeco en el pasado y aunque ha sido complicado, se ha tenido que adaptar a su nueva vida sin maylo. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo