Ahuyenté A Un Muñeco Demoniaco Historias De Terror - REDE

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El elfo de la abuela. Procuraré contar esto de la mejor manera posible. Me cuesta mucho aún creer esto, pero ya cuando lo ves con tus propios ojos, ya no sabes qué esperar. Mi experiencia ocurrió tres meses atrás, cuando recién tenÃa poco de haber ingresado a clases de preparatoria. HabÃa hecho trámites a una preparatoria cercana a casa de mi abuela. La intención de mi padre es que tuviera un lugar donde llegar por si algo se ofrecÃa y no tuviera que trasladarme hasta la casa de mis padres, que quedaba varios kilómetros más lejos. Mi abuela, por su parte, estaba contenta de que yo pudiera estar más tiempo con ella. Incluso me dijo que me invitarÃa a comer para hacerles compañÃa. Esto último me llamó mucho la atención debido a que desde el fallecimiento de mi abuelo, ella decidió vivir sola. Mi madre siempre me comentó que si la abuela comenzaba con comportamientos extraños, la dejara hacer era la edad la que la estaba alcanzando. Por otro lado, mi padre, quién es su hijo, me ha dicho que mi abuela siempre ha sido asà de loca y que cuando murió el abuelo, esa locura se desató más dejándola ser como es realmente. Era mi primer dÃa. Llegó la hora del receso y, como es de esperarse, no tenÃa con quién pasar la tarde, asà que opté por ir a casa de la abuela. Quedaba tan sólo un par de cuadras y yo morÃa de hambre. Ella me abrió con mucho gusto, me invitó a sentarme en la sala. Encendió el televisor y me pidió que le esperara mientras me preparaba unas quesadillas, saqué mi celular para entretenerme un rato. Y entonces fue cuando de reojo vi algo que me sobresaltó al momento. Se trataba de un muñeco. Estaba vestido con ropa normal, sus sus sus ojos de rs canica estaban clavados en mÃ, pero lo que más me inquietaba era su sonrisa. No me habÃa percatado de su presencia. En eso. Mi abuela llegó con una quesadilla aproveché para preguntarle sobre el muñeco. Ella se rió y me comentó que se trataba de su elfo. Lo tuvo guardado mucho tiempo y desde que falleció el abuelo le pedà salir de donde estaba guardado. Lo primero que pensé fue que mi abuela trataba de jugarme una broma, pero tomó al elfo y lo arregló como si fuera un bebé o un niño pequeño después lo coloco nuevamente sobre el sillón. Pero esta vez, volteando hacia la televisión, no quise mostrarme temeroso por no hacer sentir mal a mi abuela, pero estando al lado de ese muñeco, era difÃcil lograrlo. Me dediqué a comer. En eso mi abuela aprovechó para ir de nueva cuenta a la cocina por otra quesadilla. Cuando miré al elfo otra vez este me estaba observando. Me quedé pasmado por unos secundos con la quesadilla en la boca. Yo estaba muy seguro de haber visto cuando mi abuela lo puso a ver la televisión. Llegó mi abuela con la quesadilla y le comenté que tenÃa que irme ya y que sólo habÃa pasado para saludarla. Me pidió que le esperara unos segundos mientras iba por una servilleta. QuerÃa que me llevara la comida en la mano. En eso, como si fuera una maldita broma, pude escuchar una risa. Muy tenue provenir del elfo corriendo. Me dirigà a la cocina con mi abuela, tomé la servilleta con la quesadilla y salà de prisa de la casa. No pude evitar preocuparme, asà que le marqué a mi madre para comentarle lo que habÃa sucedido. Ella me dijo que sà sabÃan de ese muñeco y que incluso mi padre fue quien lo guardó en el baúl, que tenÃan escondido en el desván. La abuela sufrió mucho por ello y que cuando murió, el abuelo era lo único que la consolaba. Por esa razón se lo dejaron. Intenté explicarle a mi madre que, al parecer, ese muñeco estaba vivo, que me habÃa volteado a ver y que se habÃa reÃdo de mÃ. Pero esto último, mi madre me comentó que no me lo creÃa. Me dijo que sólo se trataba de un muñeco hecho de harapos y trapos viejos y que no podÃa tener vida. Un poco molesto y decepcionado. Le colgué a mi madre. Llegué apenas a clases, cuando entonces me di cuenta de mi peor error. HabÃa dejado la mochila con mi abuela, por salir a las carreras y por el miedo. Lo último que me preocupó fue la mochila. Uno de mis compañeros me regaló un par de hojas y me prestó una pluma. Mientras tanto, yo no dejaba de pensar en mi mochila y en ese elfo y al final de cuentas, no me y pude concentrar en la clase. Apenas terminó la materia. Fui corriendo a la casa de la abuela por mis cosas. Pude notar por el ventanal que mi abuela estaba sentada en el sillón cambiando de ropa al elfo Me sentÃa nervioso y ansioso por recuperar mi mochila, pero sobre todo por haber vuelto a la casa. Golpé la puerta y esperé impaciente a que ella abriera. Pasaron unos segundos y mi abuela apareció con una sonrisa en su rostro. Le dije rápidamente que habÃa dejado mis útiles y necesitaba recuperarlos. Entonces me di cuenta que en su otro brazo ella sostenÃa al elfo Le pedà que lo guardara, pues me ponÃa nervioso, pero ella insistÃa en que era inofensivo. No quise perder el tiempo discutiendo. Asà que me metà a la casa y fui a la sala, pero no encontré la mochila por ningún lado. Le pregunté a la abuela si la habÃa visto, pero ella lo negó. Traté de recordar dónde la habÃa dejado, pero todo lo que se me venÃa a la mente es que la habÃa dejado en la sala. Levanté los cojines, movà los sillones y no la encontré. Mi abuela me comentó que la buscarÃa mientras tanto en su cuarto por si se lo hubiera llevado sin darse cuenta. Mientras tanto, yo estaba volviendo a acomodar los sillones en su lugar. De pronto pude escuchar la misma risa de hace rato aterrado. Me di la vuelta sólo para encontrarme a este fastidioso muñeco sentado en el sillón. Mi abuela lo habÃa dejado allà y no me percaté de ello. Frustrado, me acerqué al elfo y lo amenacé. Le dije que era mejor que dejara sus bromas lejos de mÃ. Obviamente, no me respondió. Siendo honesto, Me sentà ridÃculo, pero no soportaba verlo, asà que lo tomé de un brazo y en cuanto estuve a punto de arrojarlo lejos de mi vista y me a r r a borra. Abuela me habló desde el segundo piso. Me decÃa que ya la habÃa encontrado, que no recordaba haberla guardado debajo de la cama. Me apresuré a colocar al elfo donde lo habÃa puesto mi abuela para que no se alterara por si me veÃa con él en cuanto bajó las escaleras. Le agradecà y me retiré. Esa noche les conté a mis padres de nueva cuenta, pero no me creyeron o me tiraron al loco. Los dÃas pasaron. Hice nuevas amistades con los que convivÃa en el receso. Ya no era necesario que fuera la casa de la abuela. Ya tenÃa con quién estar entre mis amistades. Conocà a Julio, quien después se volverÃa uno de mis mejores amigos. A él le conté lo que me pasó con el elfo de mi abuela y asombrado. Me comentó que su hermana tenÃa varios de ellos y no le gustaba. Ãl aseguraba que en su casa se escuchaban ruidos por la noche y estos eran debido a los elfos y siempre que se los encun encontraba sentados en la sala o en la habitación de su hermana no le quitaban la mirada de encima. Julio fue un gran amigo. Ãl fue el único que no me juzgó por lo que habÃa pasado. Me llevé también que un dÃa lo invité a casa de mi abuela para que viéramos al elfo. Cuando llegamos, le pedà a la abuela que nos mostrara su elfo, pero ella me dijo que no sabÃa dónde estaba. TenÃa rato buscándolo y lo habÃa perdido De vista. A Julio se le ocurrió preguntarle a la abuela por el nombre del elfo Ella le dijo que el muñeco le habÃa dicho que se llamaba Maylo. Me di cuenta que mi abuela se veÃa triste y con pocas energÃas, asà que le sugerà que se fuera a acostar. Nosotros ya nos Ãbamos a ir de regreso a la escuela. Julio me comentó que en ocasiones los elfos de su hermana se perdÃan y cuando menos lo esperaba regresaba, eran criaturas mágicas que, a pesar de estar hechos de plástico y las viejas tenÃan vida. Esa noche, cuando estábamos ya casi por dormir, recibimos una llamada de parte de la abuela. Le pedà a mis padres que le llevaran a urgencias médicas, pues no se sentÃa bien de la presión. Mis padres querÃan llevarme a la casa de la abuela para que los esperara, pero me negué rotundamente. No querÃa estar en esa casa con ese muñeco perdido por algún lado. No querÃa que me apareciera en cualquier momento. Asà que terminé convenciéndolos de quedarme en nuestra casa. Solo me fui a dormir después de bañarme. Al dÃa siguiente tendrÃa clases, por lo que me levantarÃa muy temprano. Normalmente, en cuanto pongo la cabeza sobre la almohada, caigo dormido, pero esa vez no dejaba de pensar en la abuela, por lo que me costó un poco de trabajo agarrar el sueño. Daba vueltas por toda la cama intentando encontrar el mejor lugar para dormir. En eso sentÃa algo entre las piernas. Levanté la cobija para ver qué era, pero no encontré nada. No le di importancia. Me di la vuelta y al abrir los ojos frente a mÃ. Estaban un par de ojos. Observándome era el elfo de la abuela aterrado. Lo empujé y cayó a un lado de mi cama. Rápidamente me bajé y lo busqué por todas partes, pero no lo hallaba. En eso vi que uno de los peluches que tenÃa desde niño estaba en el piso. Respiré aliviado, pues todo parecÃa indicar que me habÃa confundido, pero aún asà sentà que fue muy real. Ya habÃan pasado un par de horas desde que se habÃan ido. Yo estaba mirando una pelÃcula en el televisor cuando de pronto se escuchó que algo se cayó en la cocina. Me quedé en silencio por unos segundos y recordé que mi padre habÃa lavado los trastes y quizás quedaron mal acomodados. En cuanto me tranquilicé, escuché que un traste de plástico caÃa y rebotaba por todos lados. Me levanté del sillón rápidamente y fui a ver Entonces frente a mà pasó rodando un vaso extrañado. Miré hacia el lugar donde mi padre ponen los trastes mojados y me di cuenta que no habÃa ninguno. Comencé a buscar de dónde provenÃa el sonido, pero aparentemente todo estaba en orden. No habÃa nada fuera del lugar. Pensé que tal vez me habÃa imaginado el ruido, que la tensión y el miedo estaban jugando con mi Mente regresé al sofá para continuar viendo la pelÃcula, intentando olvidar lo sucedido. Pero a los pocos minutos de haberme sentado un sonido familiar resonó en el pasillo. Era como si algo se arrastrara lentamente por el suelo. Mi corazón comenzó a latir más rápido. Mi imaginación comenzó a volar. Bajé el volumen de la televisión y me acerqué al pasillo y pude ver algo que me heló la sangre. Era el elfo de mi abuela. Mylow estaba en el suelo moviéndose con torpeza. Era como si quisiera levantarse en eso. Por fin pudo colocar sus manos en la posición adecuada y se sentó su pequeña cabeza giró de un lado a otro y cuando me vio sus ojos de cristal me seguÃan fijamente. No podÃa creer lo que veÃa. El muñeco parecÃa haber cobrado vida. No dejaba de mirarme. Era como si supiera lo que estaba pensando. Su ridÃcula risa resonó en mi cabeza aterrado. Tomé las llaves de mi casa y me dirigà a la puerta principal. No sabÃa de lo que era capaz ese muñeco, pero en cuanto quise abrir la puerta. Ãsta se cerraba por sà sola y no me dejaba salir. En eso escuché muchos pasitos, me di la vuelta y el elfo ya no estaba. Entonces me di cuenta que si querÃa salir de la casa o vivir en paz, tenÃa que encontrarlo. Lo busqué por las habitaciones, la sala y la cocina a donde iba. Me parecÃa ver una sombra que pasaba rápidamente ante mÃ. Me lancé tras él tratando de atraparlo. Peromylo parecÃa conocer la casa mejor que yo, hasta que finalmente se detuvo en el cuarto de mis padres. Estaba mirándose a sà mismo en el espejo. Me acerqué a él lentamente y vi que su reflejo en el espejo sonreÃa a sà mismo. Me di cuenta entonces de lo que me comentó julio hace unos dÃas. A los demonios les encanta verse en el espejo. Ese era el momento para deshacerse de él. Lo tomé rápidamente con ambos brazos y lo guardé en una bolsa grande de basura. Esa cosa se retorcÃa emitiendo chillidos desagradables. Entonces escuché el sonido del auto de mis padres que se acercaba. SabÃa que si me atrapaban con el muñeco en brazos me castigarÃa, asà que amarré la bolsa y la metà a mi closet. La abuela tuvo una recaÃda, asà que se quedó en el hospital internada. Yo, por mi parte, le conté todo a mis padres y, como siempre me miraron con incredulidad, les dije que podÃa probarlo, pues el elfo lo tenÃa en mi cuarto. Cuando fui a sacarlo de la bolsa de basura, me di cuenta que éste ya no estaba. Desde ese dÃa maylo desapareció de la casa de mi abuela. No sé qué sucedió con él si volvió a su encierro en el baúl del desván o si encontró un nuevo hogar en manos de alguien más. Siempre he querido contarles a mis padres sobre ese muñeco y nunca me creen, aunque no los culpo. Creer que un muñeco tenga vida es difÃcil. Actualmente mi abuela sigue con vida. Me ha platicado situaciones qué pasó con ese muñeco en el pasado y aunque ha sido complicado, se ha tenido que adaptar a su nueva vida sin maylo. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








