Relatos del auditorio Julio 2021 || Relatos del lado oscuro (Exclusivo podcast)

Qué pasa ahí afuera, cuantas personas han visto cosas, cuantas personas han sido agredidas por fenómenos extraños. Esto es más común de lo que se piensa....
En relatos del lado oscuro. Tenemos un privilegio enorme recibir cada dÃa muchos correos diferentes personas del auditorio que nos comparten, experiencias que nos narran sucesos que cada vez nos quitan el aliento, cosas que nos sorprenden, cosas que nos llaman la atención, cosas que corroboran temas que ya nosotros tenÃamos, pero que ahora sabemos que alguien más ha vivido. En fin, estos correos son increÃblemente enriquecedores, pero son muchos. Asà es que resulta un poco complicado poder compartir en programas todos estos valiosÃsimos correos. Nos han llegado a muchos correos con anomalÃas tanto del tiempo como del espacio como de seres. Vamos pronto habrá muchos más correos que podamos compartir, muchos más relatos que podamos compartir. Pero esta noche le invitamos a que se quede en esta recolección de relatos del auditorio del mes de julio del año dos mil veintiuno y comenzamos relatos del lado oscuro, seres, extraños, sucesos, inexplicables, diversidad de forma historias que otras mentes prefieren ignorar. Este primer relato voy a leerlo tal cual nos lo han mandado. Es un relato muy bonito que viene de Cataluña, en la PenÃnsula Ibérica y que resulta por demás interesante. Verá Dice asà acurrita la trajeron a casa, la casualidad y el perro de mi hermana, a Tila. Una tarde noche estábamos toda la familia, éramos un montón frente a la televisión. Como el ruido del tráfico no nos dejaba oÃrla. Quisimos cerrar el balcón, pero a Tila estaba afuera y se negaba a entrar. Pasa a Tila uvine a tila. Al fin conseguimos que entrara y lo hizo. Al hacerlo, escupió en el suelo una periquita verde que se quedó con nosotros a vivir ese pájaro ya muy viejo. Nos habÃa dicho el hombre de la tienda del barrio. Bueno. A pesar de eso la tuvimos dos o tres años. Volaba suelta por la casa y siempre iba a parar al hombro de mi padre, a quien amorosamente besuqueaba con su piquito. Cuando ya no se sostienen en el palo de la jaula mueren. Fue lo que sentenció el pajarero. Si ese es todo el problema, pensó mi padre le puso tres palos juntos y currita. Vivió unos meses más hasta que mi padre tuvo que ausentarse por unos dÃas y ella languideció al borde de la muerte. Qué disgusto se va a llevar tu padre si vuelve y ya no está. Me decÃa mi madre, el pobre animalito le esperó para poder morir en sus manos. Un hombre tan serio, tan gruñón se encerró en su habitación para que nadie lo viera llorar. Tiempo después, un triste y trágico ocho de agosto, también a él se le paró su gran corazón de guerrero y nos dejó. Se nos fue rivera, como él mismo se autodenominaba qué sensación tengo. TodavÃa pasaron los años y otro dolor vendrÃa a instalarse en mi casa. Se llama Alzheimer vino y secuestró a mi madre una bochornosa y triste tarde de verano, ella que todavÃa se atrevÃa a salir a la calle. Eso sÃ, acompañada de Jean Louis, un bultor francés, juguetón y torpón que la vigilaba con una devoción inaudita, Bueno, no inaudita, no devoción de perro. Yo estaba frente al ordenador, pasando calor por no poder hacer otra cosa que me distrajese de mis amargos pensamientos. Volvió mi madre de la calle diciendo Carmen Jean Luis ha casado un pajarito, qué se le va a hacer y ya iba yo por el cubo de la basura. Cuando vi que las dos alitas verdes que tenÃa mi madre en la mano se movÃan, corre que te corre al veterinario. El pajarero ya se habÃa jubilado. El pajarito resultó ser un agapor ni verde que sobrevivió a las fauces del can macho. Según el veterinario, aunque al poco tiempo empezó a poner huevos. No le llamé currita por el error del profesional y por un escalofrÃo inexplicable de temor reverencial que recorrió mi columna vertebral aquella tarde y a la vez la extraña sensación de que alguien no me habÃa olvidado y estaba intentando demostrarme que aún velaba por mà que me estaba cuidando. Aquella tarde, yo no estaba triste por la enfermedad de mi madre. Aquella tarde, yo estaba triste porque era ocho de agosto. Señores, mismo tipo de pájaro, misma manera de llegar a casa, mismo color, mismo sexo y la coincidencia de fechas demasiadas casualidades, creo yo que exceden toda posibilidad matemática. Mi padre me hizo un regalo. Termino de escribir esto con la carne de gallina y el bello de punta, y eso que ya empieza a hacer calor en mi Barcelona del alma Carmen, la más insensata de las catalanas. Nos ha gustado mucho lo que nos ha narrado Carmen en la forma de narrarlo. También está el gusto en la forma de escucharlo, como si escucháramos a alguien hablándonos con ese particular acento que cobra el español. Cuando lo habla un catalán. Hay una diferencia enorme. He tenido el privilegio de conocer catalanes a lo largo de mi vida y de haber convivido con ellos y cuando hablaban el castellano, el castellano se volvÃa musical. Era diferente. Alguna vez platicaremos de eso, pero lo que nos ha llamado la atención y si esta pequeña coincidencia de fechas Y sÃ, efectivamente, no creemos en las coincidencias en relatos del lado oscuro y mucho menos cuando se trata de la partida de un ser querido y del regreso de algo que le representa. En México durante siglos, los antiguos mexicanos, los oriundos los originales de este territorio creÃan en la existencia de un alter ego, un nahual, un animal que iba con nosotros, que estaba con nosotros, que morÃa con nosotros, pero que al mismo tiempo podÃa volver con nosotros. Si este caso me lo hubieran platicado en México, dirÃa que habÃa vuelto aquel que habÃa partido junto con su nawal. Usted qué piensa este otro relato nos lo ha enviado Oscar. Oscar es una persona que radica en el Estado de Puebla, en la parte central de México y nos cuenta una historia impresionante. Oscar tenÃa un apego especial con su abuelo, el abul era tremendo simpático agradable de esos abuelos guasones que te juega una broma, pero que te puede dar un gran consejo, que te agarra y te aprieta para sentir que estás con él y qué te quiere de esos abuelos que te despeina, pero que el dÃa que lo necesitas está ahà y que sabe que el dÃa que él te necesita tú vas a estar ahÃ. Y asà fue como pasó un buen dÃa en el año mil novecientos noventa y cuatro. El abuelo enferma tiene que ser hospitalizado. No hay más y, por supuesto, quién va a cuidarlo. Oscar no lo dudarÃa dos veces. Asà es que, apenas informarle de aquello, Ãscar aparece listo para quedarse en México y, en particular, en los hospitales de la Seguridad pública, es decir, del Instituto Mexicano del Seguro Social. Hay ciertas reglas para las visitas. La primera de ellas es que sólo puede haber una persona no se vale entrar en masa. No puede haber muchas personas visitando a alguien y se extiende un pase. Este pase es para el paciente, de tal manera que sólo hay uno. Si una persona quiere subir a ver a su familiar otro familiar que estuviera cuidándole, tiene que entregar el pase y asà alternan las visitas. El hecho es que aquella noche oscar llega, le dan el pase y se acomoda ir junto al abuelo. No suele haber más que una pequeña silla y suelen ser habitaciones con varias camas. Son hospitales modernos o un tiempo en que los hospitales eran imponentes reales, con grandes médicos, etcétera. El hecho es que se sienta con el abuelo Platican un rato. Obviamente, con una persona enferma no puede durar mucho la plática, si es que finalmente el abuelo se duerme las nueve de la noche. Probablemente los pasillos de estos hospitales, si bien pueden ser grandes hospitales con grandes médicos, a ciertas horas del dÃa se vuelven algo lóbregos, sobre todo al caer la noche. Baja el ritmo, baja la actividad y algunas luces se apagan. Asà es que los pasillos se vuelven un tanto lóbregos. Aún asà oscar va y se sienta afuera. Dado que la vuelve está descansando, él opta por salir de aquella habitación y sentarse en un pasillo justo afuera de la habitación. AhÃ, en el piso pasa una enfermera. Le dice como vas todo bien. No tienen el sueño todavÃa no, no, no se preocupe. Todo bien, todo bien bien, cualquier cosa. Estoy allá. La enfermera es una chica joven que acaba de estar con el paciente. Sabe que este es el nieto. Se va camina y se va hacia su módulo, en donde se reúnen las enfermeras para ponerse de acuerdo, para anotar todos los registros que tengan que anotar para llevar el control de los medicamentos, para contarse a algún chiste que les ayude a liberar la atención. Yo no sé. El hecho es que la enfermera se va este muchacho, se queda ahÃ, está en el pasillo con sus propios pensamientos de pronto de otra puerta que conduce a algún lugar hacia allá, al pasillo, este largo pasillo aparece una mujer. No es una mujer mayor, es una mujer de unos veintitantos años. No es muy alta, tampoco muy baja. Se podrÃa decir que es una persona normal y viene observando cada puerta que puede se asoma, hecha un ojito, caminando, caminando hasta que llega donde está a oscar. Buenas noches, buenas noches eres el nieto, verdad, dando el nombre del abuelo. Sà soy yo, ella extiende la mano y cortesmente saluda. Es una mano con unos dedos un poco largos y la sensación al sujetarle es frÃa. Produce una especie de escalofrÃo que recorre inmediatamente el brazo y se va acumulando hasta la espalda. Vaya una sensación extraña y aquella mujer prosigue diciendo que parecido tan grande con tu abuelo. Yo lo conozco a él. También conozco a tu abuela, a tu papá, a tus tÃos y comienza a dar los nombres de la familia. Los conoce a todos. Es evidente le sorprende aquello, porque él nunca la ha visto. No sabe quién es. Ãl termina la práctica diciendo no te preocupes. Tu abuelo va a estar bien. Mañana estará en su casa. El sà Vaya a siente con la cabeza diciendo sÃ. Espero que sà claro, no está tan grave, pero no estés tristemente. Vamos a dar una vuelta. Acompáñame, Vamos a caminar. Ãscar se siente muy raro y comienzan a caminar. Los pasillos de los hospitales no son lugares de paseo. No es asà como que me cambio de este pasillo para el otro. O me meto a esta sala y no a la otra. Suele haber guardias, suele haber ciertas puertas, ciertos controles y, sin embargo, pasan por todas partes. Llegan a la sala de emergencias, en donde unos sujetos que llevan el traje propio de la sala de urgencias, este traje quirúrgico, pasan rápidamente a su lado sin prestarles la mÃnima atención. Ahà encuentran cosas rojas, evidencia de algún accidente. Encuentran otras personas por aquà y por allá van avanzando y él sigue pensando que esto es muy raro, porque nadie le presta atención. Siguen caminando y de pronto llegan a un lugar en donde hay unas máquinas de refrescos y demás cosas. Ãl se acerca, toma una lata, la mujer le dice por qué no. Tú sacas un refresco o sea con un refresco y siguen caminando cuando de pronto se da cuenta que está afuera, afuera del hospital, allà en los pasillos exteriores, en la banqueta, y el guardia le dice que estás haciendo aquà tengo pase, pero por qué tienes el pase. No hay nadie arriba y comienzan ahà hasta que le dicen uno es que yo vengo con ella, pero el guardia se le queda bien dicen no tú vienes solo no que vengo con ella. Pero en ese momento ya no está. Simplemente ya no está y cabe señalar que el guardia le dice mira regrésate por aquà y por allá. Ve para allá. Muévete de esta forma y llegas allá, pero no vuelvas a bajar. No se hace eso. Ãl seguÃa insistiendo en que habÃa una mujer con él, pero en ese momento no estaba. Es de señalar dos o tres cosas. Al dÃa siguiente, el abuelo, efectivamente, fue dado de alta como se esperaba. Sin embargo, al mismo tiempo que el abuelo era dado de alta, otras personas que estaban en la misma sala lloraban la muerte de su familiar que estaba en esa habitación. El hospital es un hospital grande de la ciudad de Puebla. Es un hospital importante. Lo extraño es que este hospital, de hecho es el Hospital de San Alejandro, que está siendo demolido por daños durante un sismo en el dos mil diecisiete. Es uno de los hospitales con la mayor trayectoria de historias paranormales que se haya escuchado aquà durante años. Empleados de seguridad enfermeras cocineros han narrado encuentros con seres intangibles que desaparecen a la mÃnima atracción, al mÃnimo contacto, desaparecen otros que no desaparecen, sino que se vuelven persistentes. Obviamente, algo hay ahÃ. Quién era esta mujer que lo conoce. Aparentemente, ningún miembro de la familia sabÃa quién era. Por la descripción que pudo dar. SabÃan no sabÃan quién era. Pero no necesariamente pueden tener el concepto correcto. PodrÃa ser una hermana del enfermo, podrÃa ser un pariente. Hay quienes piensan que podrÃa ser la muerte. Es difÃcil saberlo. Lo que sà es un hecho es que este sitio, si hablamos de lugares embrujados. Este era el pináculo de los lugares embrujados. Habrá oportunidad, alguna vez de hacer un programa solo de eso. Pero este relato nos ha gustado porque no se ha descrito un contacto muy fuerte, muy claro, en un lugar en el que puede ocurrir para que estos contactos tan fuertes se puedan dar en donde hay una interacción, un contacto que se siente fÃsico como este tacto de la mano, etcétera. Tiene que ser en un lugar en donde haya una carga energética que permita eso. Si hablamos, por ejemplo, de un parque, probablemente veamos una sombra que se desliza o algún monito que corre por ahà una casa vieja. Lo mismo. Pero en un lugar en donde todos los dÃas fallecen personas, algunas de ellas en situaciones de extremo dolor, en donde hay tristeza, llanto dolor. Esta carga alimenta lo que esté ahÃ, lo alimenta, lo hace fuerte, lo hace mucho más palpable usted qué piensa esta otra historia que le voy a compartir me encanta viene del Estado mexicano de Tlaxcala. Tlaxcala es un Estado pequeño relativamente que se encuentra en la parte central del paÃs, en la parte alta. Es un lugar con una historia enorme, una ciudad bellÃsima. Y yendo a este lugar, le voy a platicar una historia de hace muchos años. El abuelo Filemón era, digámoslo asÃ, un hombre rudo. El abuelo Filemón habÃa sido militar, habÃa visto cosas tremendas. Estamos hablando de que en los años setenta se está ubicada de esta historia. El abuelo habÃa visto momentos muy violentos de este paÃs. Asà es que tenÃa un temple diferente. Por eso, el dÃa que se le ocurrió era a visilitar a su hermano. Nadie dijo que no. Asà es que un buen dÃa, el abuelo Filemón simplemente dijo vamos a ir a ver a mi hermano, Encarnación. El hermano Encarnación vivÃa en un pueblo por allá, cerca en Santa Ana. Asà es que no habÃa gran distancia. Encarnación vivÃa en un edificio grande, tenÃa tres pisos, una enorme parcela rentaba algunas habitaciones para inquilinos. Le iba bien. Vamos a decir lo que le iba bien. Tristemente, nunca habÃa podido tener hijos. Las cuestiones económicas no eran problema, pero a veces la soledad calaba hondo. Por eso es que Filemón gustaba de ir a ver a su hermano Encarnación. Asà es que aquel dÃa llega le acompañan Roberto que era el hijo mayor y el flaco asà le decÃan era el hijo siguiente. Llegan allá y se acomodan. La plática es buena. Rápidamente encarnación. Siempre habÃa querido que Philemón le diera un hijo para que lo criara. Dinero no faltaba, si es que educación tendrÃa, pero por supuesto que Filemón pensaba que estos no eran borregos, asà es que no dejaba hijos por cualquier parte, pero su hermano siempre le decÃa que le gustarÃa que le prestara un hijo para criarlo. La plática va adelante. Llega la tarde y cada quien a su habitación habÃa un detalle curioso, y es que se escuchaba una respiración pesada desde que entraron a la casa. Aquel edificio se oÃa como alguien respiraba con dificultad. Era una especie de jadeo fuerte de una persona muy enferma estando allÃ, ya que cada quien tiene su cuarto y salen a cenar la plática gira en torno a ese peculiar sonido encarnación, el tÃo, el dueño de la casa, les cuenta que sà que efectivamente hay una persona muy enferma. Ha alquilado una habitación a una persona que está muy grave. Por qué no la llevan al médico, porque no es cuestión de médicos y entonces cuestión de qué es para don filemón. La vida tenÃa dos colores muy claros. No habÃa medias tintas, pero esto sonaba muy extraño. Cuando encarnación finalmente se suelta platicar lo que sabÃa, les cuenta que aquel hombre habÃa llegado un par de dÃas atrás prácticamente huyendo y es que pocos dÃas más allá, aquel hombre habÃa encontrado algo mientras araba una parcela. Este hombre, que era un simple campesino un hombre de escasos recursos. De pronto, el arado con el que trabajaba la tierra se habÃa hundido en el surco muy profundo. Cuando él se aproxima a sacarlo, se lleva una sorpresa enorme porque ahÃ, en la parte donde se habÃa abierto la tierra, estaban expuestos unos huesos humanos. No habÃa duda, habÃa un cráneo, habÃa madera propia de alguien que estaba sepultado en medio de aquella parcela. Aquel hombre, tras retirar el arado, se acerca libera un poco la tierra urga en el interior y encuentra que dentro de aquel entierro, dentro de aquella cosa, hay algunos objetos de valor. Conforme va extrayendo más cosas de aquel agujero se da cuenta que no solamente son de valor, sino que es muchÃsimo. Lo que hay ahÃ. Asà es que apurado recoge todo aquello, lo mete en un saco, acomoda los huesos donde estaban y les pone la tierra. Agarra su animal con el que está varando y se va al llegar a casa, le platica a su mujer lo que ha encontrado y dónde lo ha encontrado. Nervioso de todo aquello, llega la hora de dormir y van a la cama. La mujer cae dormida, estaba cansadÃsima, pero este hombre se se queda ahà en la cama recostado un rato. En algún punto de la madrugada, la esposa despierta, se gira busca aquel hombre al campesino y no hay nadie. Se levanta, se pone un chal y sale En México se le llama rebozo. Se pone el rebozo con el que se enreda y sale a buscarle a la usanza de antes aquel campesino tenÃa el baño de la casa. Afuera allá va y lo busca, pero no está nerviosa. Lo busca en donde guardan los animales, donde tienen la paja y el pienso, y no está ahÃ. Lo busca aquà y lo busca ya desesperada. Recuerda lo que le ha dicho el marido acerca de aquel hallazgo en la milpa, es decir, en la parcela de cultivo, y se traslada para allá, encontrando el marido ahà tendido justamente en donde estaba la tierra removida. El hombre estaba golpeado, lastimado del rostro con cortaduras y no sabÃa qué hace ahÃ, lo levanta, lo lleva a la casa y el hombre increÃblemente asustado, asegura que él no fue quien se trasladó a ese lugar, sino que alguna fuerza lo habÃa sacado de su casa y lo ha bido aventar allá horrorizado. Inmediatamente toma aquello que habÃa sacado de la tumba, viene de regreso, abre y lo vuelve a colocar y vuelve a tapar. De ahà se va la Iglesia para celebrar una misa por el eterno descanso, pero de nada le servirÃa, porque al caer la noche y a irse a dormir nuevamente algo, lo traslada, lo saca, lo lleva y aparece golpeado, herido, lastimado de muchas formas conforme pasan unos pocos dÃas. El hombre está cada vez peor por lo que deciden tratar de engañar ahÃ. SÃ, al que lo está arrastrando y lo llevan a la casa de encarnación. SÃ, por eso estaba ahà aquel hombre. Por supuesto que Philemón, siendo un tipo tan duro, tan recio, rápidamente se apresta y dice hoy en la noche nosotros lo cuidamos. Anda encarnación tráete la carabina que nosotros lo vamos a proteger. En ese momento aparece otro de los inquilinos que dice. Yo soy experto en defensa personal, yo también me planto y asà lo hacen cada quien en un punto de la casa esperando comienzan a velar, los chicos comienzan a caerse de sueño y se van a la cama. En algún momento de la madrugada, Filemón, que es uno de los que está cuidando, sale unos pasitos para orinar ahà afuerata y es cuando se da cuenta que algo acaba de pasar una sombra o algo se ha movido rápidamente, entra corriendo y cuando llega le dice a su hermano encarnación. Creo que algo pasó. Vamos a revisar y resulta que ya no está el tipo el campesino aquel que estaban custodiando. Ya no está lo que fuera que se lo habÃa llevado. No lo habÃa sacado por la puerta, No lo habÃa sacado tampoco por la otra puerta ni por ningún lado, pero no estaba. Agarraron monte rumbo a las parcelas de aquel hombre y efectivamente lo encontraron horriblemente. Lastimado. No sobrevivirÃa mucho. Apenas dos o tres dÃas después estaba muerto. Filemón tomarÃa a sus hijos e inmediatamente se los llevarÃa. Porque cuando escuchó aquel ruido y vio aquella cosa que se movÃa rápidamente, alumbró con su linterna y preguntó quién vive mientras desenfundaba su arma, aquello se le dejó venir encima y no era algo humano. Lo que haya sido lo derribó. Comenzaron a luchar cuando corre a la casa a decirles lo que habÃa ocurrido. Ya no estaba, por supuesto, aunque encarnación pidiera mucho que le dejara un niño. Después de eso, créame que no se lo dejarÃa. Qué era lo que habÃa encontrado. Bueno, hay muchas historias de maldiciones asociadas a tesoros. Créame que hay muchas. Aquel que fue sepultado con ese tesoro es porque probablemente su última voluntad era conservar la riqueza que nadie lo tocara. Por eso estaba en medio de una milpa donde supuso, nadie lo encontrarÃa. Pero el tiempo, la erosión los cultivos va modificando el contorno del terreno y algún dÃa alguien lo encontrarÃa. Pero, siendo que la avaricia y el apego a los bienes materiales es una de las principales causas de la fantasmogénesis, era de esperarse que estuviera ahà cuidándolo. La amargura la ir al rencor acumulado durante Sólo Dios sabe cuántos años desembocarÃan en esto, aunque también no podemos desechar la otra teorÃa que ese dinero tenÃa un dueño, un dueño que habita allá abajo y que lo usaba como señuelo usted qué piensa. Y eso no es todo. Nuestro amigo Jerick nos ha contado otras historias muy buenas. PermÃtame que le cuente otra más. De acuerdo con lo que nos platica a Jerick. Su padre tiene mucho contacto con la gente. Platica con los vecinos, Atiende personas y en ocasiones las personas suelen contarle cosas casi como si fuera un cura, casi como un psicólogo. En cierta ocasión, una persona entra el cliente. No se ve muy bien que digamos, se le ve un poco cansado, un poco ojeroso asà es que le pregunta qué le ocurre. Está usted bien y aquel hombre responde. Es que me siento raro. Me han estado pasando cosas cuando el papá de Jerick le pregunta qué clase de cosas a que el hombre le responde bueno, No piense que estoy loco. Yo ya fui a la iglesia y lo único que me dijo el cura es que no me le acerque esa cosa, cual cosa, Y entonces aquel hombre comienza a narrar su experiencia, que el señor tenÃa unas tierras, habÃa trabajado durante años y tenÃa estas tierras que a veces rentaba, a veces trabajaba, pero ya de viejo le gusta estar allá, por lo que hace construir un par de habitaciones, un par de cuartitos, una pequeña vivienda y se va para allá. En estos lugares de donde le estoy hablando. Calpulalpan y el pueblo de Masapa son lugares tan bonitos. Es muy claro el cielo son grandes extensiones, es muy plano, Las montañas están más allá y se siembran muchas cosas. Son tierras muy buenas. Asà es que este hombre pone sus cuartitos, aquellos sus habitaciones piezas como les quiera llamar, y se va para allá. Algunas noches, la acompaña en sus perros, se lleva a su escopeta por si que desea casar un conejo, cualquier cosa y se sienta a ver el cielo abierto. Claro, millones de estrellas. No hay casas, no hay luz, no hay contaminación visual, salvo el viento que recorre los campos y de pronto los perros aullan y aúllan tan feo ladran gruñen como si atacaran algo, como si previeran que alguien o se está acercando atemorizado. Aquel hombre se queda ahÃ. Al dÃa siguiente nuevamente sopla el viento y de pronto ya están los animales como locos. Sale con su lámpara ilumina ya a la orilla de la barranca. A unos cien metros, ciento cincuenta metros corre una barranca que tiene árboles ilumina no ve nada. Una de esas noches ya desesperado de escuchar el viento y los perros. Sale con la escopeta en la mano y la linterna en la otra listo para soltarle un escopetazo al que se le ponga enfrente. Los perros avanzan delante de él gruñendo y amenazantes hasta que ya cerca de la barranca, de pronto se detienen, no avanzan más retroceden un poco. De hecho, este hombre, con la linterna y la escopeta avanza iluminando, preguntando quién anda y quién anda ahÃ? Qué hay quién anda ahÃ? Cuando de pronto, en medio de la vegetación, le sale de frente algo algo que parecerÃa ser un humano, pero al mismo tiempo no, porque es más bien como como la cara de un perro la nudo con el rostro muy chato y que parecerÃa más bien caminar en cuatro patas, pero haberse levantado en dos. Obviamente, cuando está ahà enfrente, se queda pasmado. No puede hacer nada, no puede dispararle. Se queda pasmado. Lo único que refiere es que tenÃa los ojos rojos. Casi no tenÃa hocico, sino que era casi chato, pero se podÃan ver dientes filosos pequeños, pero filosos parecerÃa ser una especie de mono, un simio horrendo. Asà es que ni siquiera apuntó cuando aquella cosa se fue y volvió para tomar sus cosas y desaparecer de ese lugar y nunca más volver se fue a la iglesia y lo primero que le dijo el cura fue no intentes hablar con eso, No te le acerques a eso, no vayas a ir para allá donde está eso y asà lo hizo. Por eso cada vez que los perros ladraban, este hombre ya no podÃa dormir y mejor se ponÃa a rezar y por eso se le veÃan las ojeras y el rostro un poco desencajado. Lo curioso es que el ser misterioso este del que estaba hablando era conocido en la zona una partida de militares. HacÃa tiempo habÃa relatado lo mismo encontrarse con esto. Algunos choferes aseguran que de pronto en la carretera se encuentran con esto y sabe algo. Muchos siglos atrás en esta región ya lo conocÃan. Se le conocÃa como la wisotl del valle de México. Es una criatura mitológica de la época de los tlaxcaltecas, de la época de los aztecas. Se decÃa que la WISOTL era una especie de espÃritu materializado con estas caracterÃsticas horribles y que buscaba de alguna forma obtener beneficio de los humanos. No se sabe si para matarlos, si para comerlos o para qué. En este caso el hombre habÃa salido bien librado. FÃjese qué historia tan curiosa y qué tiene que ver con un criptozoológico antiguo interesante. No cree. Hay otro relato que nos ha gustado mucho que nos envÃa Mercedes desde León Guanajuato. León Guanajuato es la parte también agrÃcola importante del paÃs de México. Es un lugar en donde, además, se ha especializado en la peleterÃa, en la fabricación de zapatos, chamarras y cosas de esas durante años. Ella nos cuenta una historia personal interesante. La abuela era una mujer durÃsima, durÃsima en el sentido de una mujer violenta, agresiva. HabÃa procreado una hija con un hombre que la abandonó y se robó a la hija, pero eso no parecÃa Afectarla seguÃa adelante con su vida. En realidad no era su abuela. La madre de Meche habÃa sido dada a esta mujer para que la criara. Aparentemente la familia como tal era muy pobre. No tenÃan para sostenerlo. TenÃan muchos hijos y terminan por ceder a la madre de Meche a esta tÃa, que era eso una tÃa biológica, pero tÃa que se encargarÃa de educarla con severidad con crueldad. No era fÃsico o por lo menos no era totalmente fÃsico. El problema no es que fueran los golpes constantes, sino las vejaciones, las susciones, la violencia del control que se ejercÃa sobre los demás. Ese control, que es casi mental, es en mirarte y con la mirada de decirte lo que tienes que hacer, ese cambiar el rostro y con ellos saber que te está reprochando algo ese exigir sin siquiera decirlo. Esa era la abuela tacaña dura para manejar el dinero. Ya en la edad avanzada habÃa conocido al abuelo Roberto, un jubilado de una prestigiosa empresa mexicana, que tenÃa una gran pensión, que tenÃa sus ahorros y el dinero no faltaba. Fueron buenos tiempos. Cuando el abuelo Roberto llegó la casa, se llenó de alegrÃa y habÃa momentos de risas, algo inaudito, pero se murió muy pronto. Ya era un hombre muy mayor. Asà es que la abuela hereda el dinero, la pensión todo está muy bien. Y aún asÃ, la abuela se queda ya en ese polo donde vivÃan, pero la mamá de Meche se va de ahà a vivir a León, Guanajuato, la gran ciudad, tiene trabajo y se independiza. Los tiempos difÃciles habÃan quedado atrás, ya no habÃa que estar con ella. El dolor de esa relación era tremendo. Pero el hecho es que la abuela vive en una vecindad. Aunque tiene mucho dinero. Vive en una vecindad, Vende frituras, cacahuates, cositas en la banqueta para no gastar su dinero y duerme en un catre. No se compra ropa un buen dÃa enferma. Viene a la casa de la madre de Meche y se queda. No es muy agradable. Es ruda, casi no hay contacto. Lo poco que hay es difÃcil. Es una mujer dura y entonces ocurre aquello. Una noche, la hermana de Meche está trabajando en su computadora. No suelen hablarle a la abuela porque siempre hay una respuesta grossa sea en ocasiones se oye cómo grita para pedir algo y hay que llevarle ese algo. Ya casi no camina. Además, ya comienza a padecer demencia. Cenil sufrió por ahà en un momento muy rudo, cuando una sobrina le estafó todo su dinero y la dejó en la ruina. Por eso es que vuelve a vivir a León con la madre de meche. El hecho es que está sentada una madrugada la hermana trabajando y escucha cómo la abuela sale de su habitación y camina. No le presta mucha atención. A veces la mamá tiene que ir por ella y regresarla porque se dispersa totalmente. Pero la hija está trabajando, no quiere distraerse de esto y escucha como la abuela va escucha como jala a la silla de la mesa de la zona del comedor. Por ahà jala a la silla se sienta esta muchacha que está en la computadora. La hermana de Meche se levanta un poquito con la idea de derechar un ojo porque le ha parecido que alguien ha abierto la puerta. Se dirige a la propia puerta de su habitación, que está cerrada. Va a agarrar el pomo la chapa para abrirle y en ese instante escucha la voz de la abuela. Hablando con alguien. Es una persona con una voz ronca fea, pero no puede entender muy bien qué es lo que están diciendo. Está a punto de abrir la puerta. Cuando escucha eso y espantada mejor se regresa, se cubre con las cobijas de la cama y se queda ahà abrazando una biblia que tiene un momento después se oye la puerta de la madre que abre sale va. Luego regresa con la abuela. Se oye que cierran la puerta de la casa y todo en calma. De pronto la madre toca la puerta y le dice estás a hija. SÃ, sÃ, pasa, pasa, pasa, Mamá, se sientan las dos en la camelices que está muy raro. Esto fÃjate lo que acaba de pasar. La abuela habÃa salido de su habitación, habÃa caminado a la escalera, habÃa bajado, habÃa abierto la puerta y se habÃa sentado, habÃa sacado un cigarrillo, lo habÃa prendido y habÃa esperado a que entrara la mujer aquella. El problema es que, aparte de la puerta de la casa habÃa un enorme portón de herrerÃas cerrado que no abrió y aún asÃ, aquella mujer habÃa entrado. Lo interesante es que describÃa a la mujer vestida totalmente de negro con una especie de barba blanca con una voz ronca varonil horrible. Estando ahà sentada, la abuela fuma un poco de su cigarrillo, saca el otro y le dice quién es un cigarrillo a la cosa. Aquella que acababa de entrar a qué vienes y aquella criatura le responde. Vengo a buscar a Mari. Mari era la sobrina que le habÃa estafado. La abuela simplemente tira la ceniza, da otra fumada y dice ella no está aquà y sigue con aquello la figura, aquella da la vuelta y se va. Casualmente. Mary pasarÃa un muy mal rato. Tiempo después, sin podérselo explicar, la abuela volverÃa a su cama y se dormirÃa. Unos dÃas después pedirÃa que la mandaran de regreso a su pueblo, como ella querÃa allá. MorirÃa par de meses después descansaba o por lo menos fallecÃa, pero quién era aquella criatura buena pregunta, qué rayos habÃa hecho la abuela y qué rayos habÃa llamado para que viniera a buscar a Mari una historia extraña. No cree usted. Muchas gracias por haberla compartido con nosotros. Nos describe con mucho detalle todas sus experiencias, pero serÃa un poquito largo y nos ha impresionado mucho esto que nos ha narrado. Gracias. Este otro relato que le voy a compartir esa especialmente interesante. También claro que todos los relatos que recibimos son enriquecedores en todos los aspectos. Queremos agradecer a todas las personas que nos escriben dÃa con dÃa. Hay ocasiones en las que llegan a entrar veinticinco, treinta correos. A veces nos tardamos un poquito en contestar, pero tratamos de contestar todos los correos, de hacer preguntas, de saber más, de entender más, de querer saber qué fue lo que ocurrió en los detalles, En los detalles, finos crearnos un cuadro completo. Asà es que les invitamos a que si usted tiene una historia que quiere compartir, la comparta el correo, es contacto relatos del lado oscuro. Arroba gmail com ahà nos puede escribir y bueno, una persona que nos pide cambiar su nombre, a la que llamaremos Luisita, nos platica una historia. Ella nos cuenta acerca de la abuela. En realidad era su bisabuela. La bisabuela murió cuando ella tenÃa unos diez años. Murió precisamente por demencia senil. TenÃa muchos achaques y cuando murió bueno. Fue una situación muy triste. Aunque ella, Luisita, tuvo poca convivencia. En realidad diez años. Apenas tuvo contacto con ella, pero la bisabuela era un personaje peculiar. Verá era una persona que vivÃa en una pequeña casa en Veracruz, en un lugar muy caliente. Es parte del Estado mexicano de Veracruz y es una zona increÃblemente caliente en las temperaturas promedio o de cuarenta grados. Su esposo habÃa muerto muchÃsimos años atrás, lo habÃa corneado un toro y habÃa muerto una agonÃa larga. La bisabuela no se veÃa recuperado muy bien de eso. Asà es que todas las personas de aquel lugar la recordaban sentada en una sillita azul de madera. Tomando la sombra en el pórtico de una pequeña casa atrás de la casa de sus hijos. Luisita un buen dÃa va a visitar a la familia, ella con su papá, con su hermana, su mamá, viven en el puerto a unas dos horas y media. De ahÃ. El hecho es que van a visitar y se quedan allá la casa donde se van a quedar en la casa de los tÃos. Es una casa grandota, pero que no tiene ninguna división. Asà de simple. El calor es tan intenso que todo el tiempo las ventanas están abiertas. Tienen mosquiteros para que no se metan los bichos, pero todo el tiempo está abierto si no se cocina uno ahà dentro. Asà es que, para que no se acumule el calor, las habitaciones no están separadas. Están un montón de camas. Cada quien en su cama, pero todos ahà juntos. Ella se va a quedar con su hermana. Les dan una cama que está pegada a una pared para su mala suerte. Esa noche la espanta una lagartija una beszucona se le sube al brazo y le causa un pánico que no la deja dormir se, cambia de lado de la cama para no estar pegada a la pared Y ahà está ella. Se acordaba mucho de un detalle. La bisabuela cuando caminaba arrastraba a los pies poquito a poquito. Al ir caminando arrastraba los pies penosamente y asà este ruidito peculiar. A mitad de la noche, ella está despierta, quizá por el sobresalto de la lagartija o por lo que usted quiera afuera. Hay una tormenta eléctrica espectacular no llueve. Solamente son estos relámpagos impresionantes que hacen retumbar todo e iluminan de azul las habitaciones, aquellas cuando de pronto, en medio de los ronquidos de los tÃos de los papás, escucha el sonido de los pasos de aquella mujer poco a poquito, ese arrastrar peculiar de los pasos la oye. Cómo viene acercándose pero sabe perfectamente que está muerta la bisabuela por qué está escuchando eso y escúchese arrastrar de los pies y siente que se vienen acercando a ella poco a poco. Poco a poco vienen acercándose hasta que de pronto tiene la impresión de que está justamente a su lado. Cuando cae uno de esos relámpagos impresionantes, se enciende todo el cielo de azul y el interior de la casa se prende de azul por el destello aquel y ella puede observar claramente cómo se hunde la orilla de la cama que ha quedado libre cuando ella se ha repegado con su hermana. Ha quedado libre un trozo de la cama en donde se ve la forma de alguien que se acaba de sentar horrorizada. Intenta rezar, pero no puede intenta pedirle al cielo que le ayude, pero no se le ocurre nada? Su abuelo era pastor. Le habÃa enseñado algunos versÃculos, le habÃa enseñado a orar al padre, pero no se le ocurre nada. Está aterrada, no puede contenerlo. En un cierto momento, en medio de otro relámpago, observa cómo aquella silueta se levanta y vuelve a escuchar los pasos, esos pasos que se van alejando poco a poco. A la mañana siguiente se ve bastante mal, bastante mal. No quiere desayunar. Está pálida. Ha vuelto el estómago. Le duele, Le duele la espalda, le duelen los brazos. Se siente muy rara. Todo está descompuesto. Su madre, por supuesto, está pensando. Ay está niña. Hay que traerle un tecito de canela. Ahà que edad. Cuando su padre se acerca, le dice A ti te espantaron, A ti te espantaron? Pero ya no se atreve a hablar nada. Tiene pánico de que si lo menciona, se le va a parecer de nuevo. Finalmente, esa tarde se regresan a su casa, a unas dos horas y media de distancia de aquel pueblo y van en el auto. Cuando el papá le vuelve a insistir a ti te espantaron qué pasó. Y es cuando cuenta la experiencia su madre inmediatamente le dice pero por qué. No me dijiste nada a mi hija porque no podÃa hablar, porque no podÃa moverme, porque no podÃa gritar, porque estaba paralizada del miedo. El papá, sin pensarlo dos veces, decide que es tiempo de llevarla con Doña Juanita la curandera para que la ayude, porque está espantada. Cuando llegan allá, el padre le dice año a Doña Juanita que necesita que los cure a todos la sorpresa. Ese nombre pero por qué a todos resulta que a ella le habÃa ocurrido aquello, pero al papá, al papá se le habÃa estado apareciendo en sueños. Muchas veces él decÃa que era en sueños, pero habÃa veces en las que jurarÃa que no eran sueños, que estaba ahà con él y que estaba amenazadoramente cerca sentada a los pies de la cama tocándolo jalándolo una cosa tan rara. Luisita recordaba que además sintió una especie de toque de aquella cosa en una pierna que le provocó una especie de calambre generalizado que no se podÃa mover. Las cosas siguieron asÃ. La cura parece que funcionó. Volvieron a ir bendijeron la casa muchas cosas. Tiempo después se enteraron que otro tÃo habÃa pasado las mismas y habÃa tenido que irse a Catemaco a que lo curaran? Catemaco es el pueblo de los brujos. Es un lugar en el Estado de Veracruz, en donde, por excelencia ha habido brujos siempre y tuvo que ir allá que lo liberaran, porque el espÃritu de la abuela venÃa por él. Lo interesante es que, después de todo esto, seguÃa apareciéndose el señor de los garrafones del agua mandaba saludar a la abuelita cuando le preguntaron a cuál a la señora pues si le estoy viendo que está ahà atrás, salúdeme la patrona porque era el que le llevaba sus garrafones de agua. Pero la abuela tenÃa cinco años de muerte y la seguÃan viendo sentada en una sillita azul que estaba en la pequeña casa atrás. O el vecino que siempre pasaba saludando hacia la casa de la abuela, pensando que allà estaba sentada, pero ya no estaba usted qué piensa. Déjeme seguir adelante. MuchÃsimas gracias a Luisita. Nos ha pedido cambiar el nombre. Con todo respeto, lo hacemos, pero le agradecemos mucho. Su historia nos ha gustado mucho y ahora sà me lo permite. Vamos con otra más, nuestro amigo mark Ziki, nos platica una historia breve, pero de gran contenido. Mark nos dice que su hermana es enfermera en un hospital muy importante de la ciudad de Puebla, que se encuentra al norte, y y nos cuenta que a ella le toca el turno de la noche. Normalmente siempre es el turno de la noche. Las habitaciones ahà son para cuatro enfermos. Asà es que ella atiende a los cuatro. Nos cuenta que en cierta ocasión, en uno de los turnos, llegó un paciente muy enfermo, pero además muy mayor, un hombre muy muy mayor. Esa misma noche ingresaron otras tres personas que estuvieron en la misma habitación que no estaban graves, Eran personas que entraban por tratamiento regular. La hermana de Mark le relata que ella sintió cosas muy raras esa noche a lo largo de toda la noche. Cada vez que entraba a revisar los signos vitales y a revisar los medicamentos, le parecÃa que habÃa sombras moviéndose dentro de la habitación. Apenas abrir la puerta. SentÃa que algo pasaba junto a ella, esa sensación tan rara que no le habÃa tocado vivirla. Cuando se acercó a ver al paciente, aquel hombre neo mayor, se topó con que la persona que lo estaba acompañando, una mujer, estaba rezando, rezando, pero con palabras raras que ella no entendió y tenÃa algo en la mano que podrÃa haberse prensado como una especie de dahaga, un puñal, algo que no pudo distinguir bien en la habitación. Aquella, esa madrugada, las tres personas que entraron fallecieron. Las tres personas que no estaban graves, las tres personas que iban por un tratamiento fallecieron, pero aquel hombre no ni mejoró ni empeoró la noche siguiente, a ella no le tocó estar, pero a la que seguÃa la segunda noche nuevamente llegó y nuevamente encontró al hombre aquel. Pero esta vez los rezos de su acompañante eran más fuertes. Le pidió incluso que bajaran la voz, que, por favor, bajara la voz, por que acababan de entrar dos pacientes más. Los dos pacientes de nueva cuenta no venÃan en estado crÃtico, No eran personas convalecientes de larga enfermedad que se pudiera esperar. El hóbito eran personas que entraban por un tratamiento rutinario y ambas personas murieron. Cuando ella pregunta con la chica que habÃa atendido en el turno del dÃa que ella descansó, le cuenta que también en su turno las tres personas habÃan muerto, pero el paciente grave no cuando ella regresa de su descanso porque trabajan una noche completa, descansan un dÃa y vuelven a trabajar otra noche, cuando regresa y pregunta aquella persona que estaba tan grave habÃa sido dada de alta, pero todos los pacientes que estuvieron en esa habitación con él murieron. Josefina nos platica una historia impactante. Verá todo comienza cuando uno de los trabajadores de su esposo, que es ingeniero civil, se accidenta y no puede trabajar está en el hospital en una zona conocida como Magdalena de las Salinas, en la Ciudad de México. Ella está en casa y su esposo le pide que, por favor, en el auto vaya a llevarle su sueldo al trabajador que esté en el hospital, porque él tiene otras cosas que hacer. La Ciudad de México es un monstruo gigantesco. Asà es que ella toma el auto, sube a su mamá para que la acompañe y a sus dos hijos y se dirige para allá. No tiene ningún problema. Llega muy bien siguiendo las indicaciones que le ha dado su esposo, llega perfectamente al hospital, encuentra a la esposa del enfermito, le entregué el sobre y se monta en el auto y viene de regreso. Sin embargo, para eso de las cinco de la tarde, sinceramente está perdida no sabe dónde está, no tiene idea de cómo llegar a donde tiene que llegar. Y cuando pregunta en un lugar, le dicen que está en tal parte, le dan indicaciones que terminan por perderla. Siendo las ocho de la noche. Está en un lugar muy extraño que no conoce que le da mucho miedo. Es una zona extraña en donde observa una tienda con unos tipos afuera bebiendo. Hay por allá otras gentes muy raras viéndola. Es una zona peligrosa y ella está con una mujer mayor y con dos niños. En un coche. Al dar la vuelta en una esquina, observa un poco más allá una tiendita. Es una miscelánea iluminada y no hay ningún borracho por ahà caÃdo. Asà es que llega al lugar. Se baja y pregunta, señora Perdone usted, dónde estoy. Estoy perdida y estoy muy nerviosa. Casualmente, la persona que atiende es una mujer y es una mujer mayor, muy amable. Inmediatamente le dice está a usted en San juanis Watepec, a dónde iba voy para el sur de la Ciudad de México, No hombre, hija, está usted perdidÃsima. De repente de por ahà sale una joven que ha escuchado su voz y se acerca. Le dice José cómo estás, qué haces aquÃ. Esta mujer Josefina, inmediatamente siente que le regrese el alma al cuerpo guau qué alegrÃa. Estoy perdidÃsima, cómo regreso a mi casa, cómo le hago aquella chica amiga suya, le dice hombre mira. Es muy sencillo, pero si quieres, yo te acompaño, yo te llevo y luego ya me regreso. No hay problema. Es cerca. Asà es que ambas salen ella se sube al coche Josefina y la otra mujer se va a subir. Cuando la mamá de Josefina le dice no, la dejes que se suba? No la dejes que se suba? No dejes que entre? No dejes que se suba? Se extraña tanto porque es su amiga y se lo dice. Pero mamá es mi amiga. Ella ya no está aquÃ. Ella ya no está aquÃ. Se pone tan nerviosa a la mamá que finalmente Josefina dice qué pena. Pero bueno, se baja. La amiga aparentemente lo he escuchado y le dice no te preocupes. Es muy sencillo llegar ve tranquila. Yo te digo cómo te vas de aquà para allá le haces. AsÃ, vas a ver una carretera muy iluminada, tómala a la derecha. Esa carretera te lleva igual se sube al auto y, efectivamente, siguiendo las indicaciones de la amiga en un Santiamén está en su casa, tranquilÃsima, feliz de la vida. La chica de nombre Carmelita era una amiga del trabajo. Ella también trabajaba y se conocÃan bastante bien, o por lo menos se conocÃan era una compañera del trabajo. Cuando llegaron a la casa, la mamá de Josefina no quiso hablar de eso. Se metió a su casa y punto se quedó con una sensación rara. Pero el lunes que fue al trabajo llegó contenta, como siempre con ganas de saludar a todo el mundo. Carmelita no llegó a trabajar o por lo menos no habÃa llegado el martes. Tampoco llegó el miércoles, cuando está revisando sus hojas de trabajo, porque ya era de recursos humanos. Le le le le llega a una que le sorprende enormemente. Era la notificación de defunción de Carmelita habÃa muerto el dÃa anterior a que ella la encontrara en aquel lugar solitario y apartado, es decir, la persona que la habÃa orientado para llegar a su destino estaba muerta y la mamá de Josefina se habÃa dado cuenta de eso. Por eso no querÃa dejarla subir interesante. No cree un caso de fantasma de la dios o, de fantasma protector, cómo saberlo, pero lo que nos ha descrito tiene cierta lógica. También se les podrÃa considerar como fantasma de caso crÃtico. En fin, podrÃamos seguir adelante durante mucho tiempo, pero obviamente, es momento de Despedirnos ha transcurrido buen rato. Ya asà es que momento de agradecerle a todos ustedes el favor de su compañÃa y, claro, agradecer todos estos magnÃficos relatos que nos hacen llegar. Tenemos una colección de relatos también de BrujerÃa que nos han hecho llegar, que están para crisparle los nervios a cualquiera, relatos de anomalÃas temporales, de viajes astrales impactantes que vamos a tener que hacer un programa especial muy pronto. Con estos contenidos vale la pena retomarlos buenas noches y que descansen en paz







