Aug. 10, 2023

Lady cianuro Perversidad Humana || Relatos del lado oscuro (Podcast)

Lady cianuro  Perversidad Humana || Relatos del lado oscuro (Podcast)

Simpática, cariñosa, dulce, elegante y de gran rose social, toda una celebridad. Solo que tiene la mala costumbre de pedir dinero y no pagarlo. Relatos del lado oscuro nos lleva a conocer la técnica favorita de Lady Cianuro, para no pagar sus deudas.

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Simpática, cariñosa, dulce, elegante y de gran rose social, toda una celebridad. Solo que tiene la mala costumbre de pedir dinero y no pagarlo. Relatos del lado oscuro nos lleva a conocer la técnica favorita de Lady Cianuro, para no pagar sus deudas.

La muerte por intoxicación con cianuro es una muerte terrible. Es relativamente rápida, pero terrible. Depende mucho de la cantidad del veneno que sea ingerida y del propio tipo de cianuro que se esté ocupando. Pero los efectos en general son los mismos. En la agente inhibe la interacción del oxígeno con las moléculas, provocando una especie de asfixia a nivel molecular que progresa afectando los órganos internos, afectando los músculos, afectando el sistema nervioso central, lo que conlleva a que el individuo intoxicado comience por experimentar mareos, intensos, dolores musculares, espantosos, convulsiones, pérdida del conocimiento y la muerte. Pero dentro de los fenómenos que se presentan en ese cuerpo afectado se encuentra, por ejemplo, el llanto. Se dice que las personas que mueren intoxicadas por cianuro lloran un efecto colateral del daño a nivel molecular. Usted qué cree, por qué no se queda conmigo relatos del lado oscuro para seres extraños sucesos es inexplicables. Diversidad famana, historias que otras mentes prefieren ignorar. Diez de febrero de mil novecientos setenta y nueve es un sábado. Estamos en Buenos Aires, Argentina, en la calle México, en el barrio de Montserrat. La señora Nilda de Lina Gamba es una mujer argentina que se encuentran en los sesentas. Es una persona normal. Vive sola en un departamento, en el mismo edificio donde viven algunos familiares. Aquel sábado ha estado contenta, ha recibido una visita por la tarde de una amiga. Han estado tomando té y comiendo masitas. Petit fur son una delicia argentina, una especie de pequeños bocadillos, dulces postres confitería fina, como usted quiera llamarle. El hecho es que han estado muy contentas hasta bien entrada la tarde. Cuando se retira a la amiga. Sin embargo, un rato después, esta mujer comienza a experimentar dolores espantosos en todo el cuerpo, un mareo que no le permite estar de pie. La sensación extraña de la falta de aire y esta situación que comienza a afectarle los músculos, provocándole una especie de espasmos que le retuercen los brazos la arquean en una serie de contorsiones extrañas. Es un dolor tremendo. Claro, la pobre Hilda ha sufrido anteriormente algunos ataques diabéticos. Es una persona con la salud muy comprometida. Por ello, cuando escuchan el grito, los vecinos vienen a ver de qué se trata y la encuentran en ese estado. Inmediatamente se hace venir al médico quien ha atendido a la paciente durante algún tiempo. Lo primero que examina es el abdomen. Evidentemente, esta persona tiene una intoxicación, si bien se le vea dolorida, no se le ve en un estado crítico o por lo menos es lo que el médico considera. De hecho, interpreta aquello como una intoxicación por haber comido algo mal cocinado o algo que estaba echado a perder. No presta mucha atención al detalle del pecdo olor que emana de su aliento, un olor similar al mazapán o a las almendras. Es curioso, pero no le presta tanta atención porque para ese momento la molestia ha disminuido. Nilda se encuentra recostada y, junto a ella está a su vecina y, por cierto, familiar en algún grado, la señora Murano permanecen ahí un rato. El médico da una receta con algunos elementos de algunas sugerencias. Se envía al portero al chico que abre y cierra la puerta para que vaya a traerlas a toda prisa. La vecina. Aquella, la señora Murano, se ofrece a cuidar de la enferma. Finalmente, son amigas de toda la vida. Se quieren mucho han estado reunidas ahí varias veces. Comparten muchos intereses, comparten amistad y hay algún grado de parentesco o es una concuña o algo parecido. El hecho es que se ofrece a cuidarla. Por supuesto que sí. Muchas gracias. Es necesario que haya alguien con ella por cualquier situación que pudiera presentarse. Nilda, que ha recuperado un poco el aliento, mira con gusto a su amiga que está con ella y le agradece para que son los amigos, sino para cuando hace falta que alguien le cuide. Muy bien, el médico se retira traen las provisiones aquellas y rápidamente. La señora Murano agradece al conserje al portero que se retira del lugar mientras ella está preparando el medicamento. Entrada la noche, Sin embargo, una llamada alerta nuevamente al médico es una llamada desesperada. La señora Murano informa que su amiga se ha puesto mucho peor y que ahora no responde nada, que está totalmente ausente. El médico le pide dos o tres datos que le hacen pensar que ha entrado en estado de coma. Sin pensarlo dos veces toma el automóvil y se dirige a toda velocidad llegando allá. Sin embargo, no hay nada que hacer. Cuando el médico llega el cuerpo aún conserva cierta temperatura está como si estuviera dormida, pero en realidad ya no hay signos vitales. Nilda ha muerto su amiga familiar, lo que sea la señora Murano, que está ahí junto a la que todos conocen cariñosamente como Gilla. Lamenta aquella pérdida. Está golpeadísima por esto y le pregunta al médico a qué pudo haberse debido esto. El médico considera dos o tres factores. Obviamente, esta señora, en sus sesentas, con un historial de enfermedad, pudo haber sufrido una intoxicación por algo que comió simplemente alguna pieza de pollo echada a perder alguna cosa del refrigerador que no estaba bien conservada, que le ha provocado una intoxicación. Su cuerpo, debilitado por la diabetes y por otros achaques que ya tenía, no pudo resistirlo y ha fallecido. El médico extendería un certificado. Hay quienes dicen que el certificado no fue de este médico. Pero bueno, hay un certificado médico que avala la muerte natural por un paro cardíaco no traumático, es decir, una muerte natural. La difunta es llevada a una funeraria en donde se realiza un funeral muy austero con unas pocas personas que se acercan a compartir la pena. Ahí se puede ver allí, ya, es decir, la señora Murano, a un par de familiares visiblemente afectados. La señora Murano está muy golpeada. Ella y Hilda han compartido tantas cosas, tantas tardes de té, tantas idas al casino, tanto ir aquí y allá. Es más, vivían casi juntas. Nilda vivía en el departamento veintiuno y Gilla en el departamento veinte del Onceto setenta y siete de la calle México, en el barrio de Montserrat. Así es que no podían ser más cercanas. Aquel yo la ha golpeado mucho. Cuando llegan las demás amigas hay muchos abrazos y en cada ocasión Gilla se le ve tan golpeada. Era una vida larga juntas o por lo menos algunos buenos años que habían pasado. Sería sepultada en el cementerio de la Chacorita y el asunto terminaba ahí. El diecinueve de febrero de aquel año de mil novecientos setenta y nueve, la señora Murano visita a su amiga Leira Formisano de Ayala. Es más conocida como la chicha Formisano o la chicha Ayala Chicha es una mujer. En sus cincuentas cincuenta y dos cincuenta y uno años ha sido compañera de esta mujer durante mucho tiempo. Así es que el hecho de su visita es muy bien recibido, porque ambas han perdido una amiga. Si es que se reúnen, se dan un fuerte abrazo. La señora Murano es una mujer que en ese momento tener unos cuarenta y nueve años y junto con la Chicha, han compartido las cosas que usted no se puede imaginar juntas a ido muchas veces de viaje al Mar del Plata han estado por aquí por allá, van al teatro, al cine, inclusive de cada semana, al menos una vez por semana. Suelen reunirse y solían reunirse también con la difunta para tomar té y masitas, esta especie de postre de alta repostería que es muy de su gusto. Ahora mismo, la señora Murano Gilla, como le conocen todos, acaba de venir a visitar a Chicha Ayala. Entre la casa se sientan toman té. Ella ha traído una caja con estas pastitas muy sabrosas y han estado ahí platicando. Cuando sale se despiden, pero han quedado de reunirse más tarde porque Gilla tiene unos boletos para el teatro y desea que Chicha la acompañe. Es decir, estas señoras todas tienen pequeños motes, muy dulzones y un poco cursilones, como buenas señoras de la sociedad de Buenos Aires de los años setentas. Así es que la la guilla murano va a pasar por la Chicha de Ayala para ir al teatro. Muy bien se despiden moa moa un beso a otro beso. Son amigas de todo el tiempo, íntimas, muy íntima, tan íntimas que bien se sabe que en más de una ocasión, la chicha le ha tapado sus infidelidades a la guilla que mire que las tiene. Todo mundo lo sabe y ella tampoco lo oculta. De hecho, lo presume con las amigas, pero la chicha le ha tapado esto más de una vez. Ha dicho que estaba con ella, cuando en realidad ha estado por ahí en alguna parte. El asunto está en que al caer la noche y justo a tiempo para llegar al teatro, aparece la jilla murano que toca el timbre, nadie responde. Vuelve a tocar el timbre, nadie responde. Sigue insistiendo en lo que sale el portero que le dice, señora a sus órdenes es que vengo por mi amiga, la señora de Ayala, pero no me abre. No responde. Desea que le toque la puerta dice no. No me preocupa, porque se sentía un poco mal en la tarde que la he dejado, pero mejor la dejamos descansar qué le parece. No importa volveré mañana al día siguiente. El portero se daba cuenta de un detalle. Como todos los días, tras recibir el diario iba y lo colocaba en la puerta de esa vecina, pero ese día la vecina, aún siendo ya más allá de las once de la mañana, no ha abierto para recoger el diario. Ella siempre era muy puntual en eso, por la tarde, ninguno de los diferentes inquilinos de aquel edificio de la Avenida Belgrano la han visto salir de su apartamento. El portero no la ha visto salir. Como todas las tardes a traer alguna cosa a la compra o de visita, no ha salido para nada para que no se arruine si es que llegar a ver alguna lluvia. En aquel verano de mil novecientos setenta y nueve en Argentina, decide recoger el periódico y guardarlo y echarle una leidita. Por supuesto, a la mañana siguiente repite la misma faena va y coloca el periódico en la puerta y espera y espera y espera, pero no hay respuesta. Es extraño. Cuando el conserje portero, como quiere usted llamarle acerca el oído a la puerta, puede escuchar que el televisor esté encendido. Le tranquiliza pensar que la señora simplemente no tiene interés por abrir. Así es que sigue con sus actividades cotidianas y al caer la tarde pasa y recoge el diario que guarda para la noche. Todo sigue igual a la mañana siguiente. De nueva cuenta y por tercer día consecutivo coloca el diario y ya viene entrada la tarde de aquel caluroso febrero de mil novecientos setenta y nueve y siendo el día veintidós de febrero, el portero se preocupa porque no ha recogido el periódico. Pero además hay algo. La temperatura es alta y del interior del departamento, además del sonido del televisor, también emana un olor extraño, un olor poco agradable. Cuando otro de los vecinos se percata que el portero está olfateando y haciendo cosas raras en el departamento b de la planta baja, se acerca verde que se trata y también percibe ese peculiar olor que le resulta desagradable y molesto. Acto seguido. Alguien más, alguno de los otros vecinos pasa por ahí dice efectivamente, huele muy mal, huele a algo podrido, algo descompuesto. La preocupación crece porque al tocar la puerta nadie contesta. El portero. Tiene llave, saca su llave, la introduce en la cerradura, pero no puede abrir porque por dentro está puesto un seguro que no permite abrir la preocupación sigue creciendo ya por la tarde. El olor se ha vuelto tan fuerte que deciden llamar a la policía. La policía se desliza a través de uno de los balcones, abre una ventana y se introduce llegando hasta las sala en donde encuentran efectivamente, a la señora Chicha Ayala, sentada en su sillón con el televisor encendido a su lado. Hay una mesita que tiene una tetera, una taza con té, una cesta con macitas finamente decoradas y ahí colocadas y su cadáver se está descomponiendo. En el calor de una tarde de verano de mil novecientos setenta y nueve, la inflamación ha dado paso a que los olores minan y comiencen a reinar en el ambiente. Han pasado tres días. Esta mujer está en proceso de descomposición. Se hace llegar inmediatamente a las demás autoridades que recuperan el cuerpo y lo envían inmediatamente al servicio médico legal, en donde se examina minuciosamente. Mientras esto ocurre, la llilla murano se preocupa en o es su amiga y, por supuesto, se acerca al lugar. Pregunta aquí, pregunta ya, pero no hay respuestas. Simplemente no hay respuestas. El dictamen médico consideraría que la mujer había muerto por un paro cardíaco. Simplemente se había sentado a ver el televisor y había muerto. El estado de descomposición del cadáver revelaba que había sido la tarde de aquel día, diecinueve de febrero, cuando había fallecido y no exhibía señales de violencia. La puerta estaba cerrada, las ventanas estaban cerradas, todo estaba en orden. Simplemente no se veía ninguna causa de muerte. El cuerpo fue enviado, igual que la amiga anterior, al cementerio de la Chacorita en el lote treinta. En muy poco tiempo, la querida Gilla Murano había tenido que ir a dos funerales de amigas muy queridas y había asistido al mismo senomenterio a dar el último abrazo a los féretros que contenían los restos mortales de tan queridas amigas. Se le veía destruida, sin duda alguna, destruida cada vez que alguien llegaba al funeral. La gilla se retiraba a los lentes oscuros que cubrían su rostro para secar unas lágrimas, o por lo menos es lo que parecía, mientras expresaba su tristeza y su dolor por semejante pérdida. Después de eso hubo un silencio poco. Se habló realmente dos personas mayores, por lo menos una de ellas con la salud muy comprometida. La otra, aparentemente no tenía ningún problema. Vivía sola. Eso sí, vivía sola. Su hijo había ido a estudiar a otra parte y no tenía marido. Había enviudado hacía algún tiempo. Era una mujer con una posición económica muy desahogada. Pasan los días, termina febrero y entonces sobre vi viene. Otro evento es el veinticuatro de marzo de mil novecientos setenta y nueve y ahora tocó el turno a Carmen Zulema del Georgio de Venturini. También es amiga. Es un círculo de amigas. Son varias amigas, todas ellas muy queridas. Han compartido lo que usted no se imagine. Vieron a los niños crecer, compartieron aventuras, fueron juntas a la playa, fueron juntas al casino. No había una semana que no se reunieran para darse abrazos y besos y Moamoi. Por supuesto, también iban de compras el antiguo ritual a que él de ir a conseguir la prenda de importación, la joya bonita, la pieza de seda. Claro está que Carmen Zulema del Georgio es una mujer de mucho dinero y, obviamente, aquella tarde, cuando escucha el portero y las personas que estaban en su edificio un nuevo movimiento inusual, después escuchan abrirse la puerta, escuchan unos pasos que tambalean y luego un un golpe sólido de alguien que cae al suelo y rueda se espantan van corriendo y encuentran que la señora Azulema, a la que todos conocen cariñosamente como la mema del Georgio o mema, ha caído casi un piso de las escaleras rodando. Está inconsciente. Está muy mal. Se le ve muy mal. No cabe duda alguna de que esta mujer está muy grave. Inmediatamente, el portero grita frenéticamente que alguien llame una ambulancia, alguien más grita un auxilio. Si hay un médico en ese momento. Para su desgracia, la señora Gilla de Murano venía a visitarla porque además son primas, además de amigas, cercanas hermanas que han crecido juntas, son primas en segundo grado. Así es que viene a visitarle y le encuentra ahí tendida Inmediatamente le dice al portero tienes llave de su apartamento. Dímelo si se señora Te ha dicho algo antes de desmayarse, aquel hombre le dice no. Yo no no hablé con ella, pero a Ti no te ha dicho nada. A usted le ha dicho algo? A usted le ha dicho algo? No? No, no, no? No? La vimos la mujer toma las llaves e inmediatamente se regresa hacia donde está. Entonces llamaré ahora mismo a sus familiares. Voy a buscar su agenda para llamarles entra al departamento. Mientras esto ocurre, alguien ya ha llamado una ambulancia que se escucha conforme. Viene acercándose al domicilio para el momento en el que la ambulancia se ha detenido y los médicos o para médicos descienden para tratar de recuperar a esta persona. La señora Gilla de Murano sale del departamento apresurada diciendo ya está, ya está y lleva consigo la libretita y unas cosas. Se sube inmediatamente a la ambulancia para acompañar a su prima, que está muy grave. Por supuesto que nadie le dice nada, pues ir la prima es el único familiar que está por ahí y avanzan rápidamente en medio del tráfico, pero antes de llegar al hospital, mema mema del Georgio de Venturini, está muerta. Cuando llegan al hospital, la mujer está muerta. La reciben, la conducen al anfiteatro, en donde comienzan a preguntarse qué fue lo que ocurrió. Esta mujer no tenía ningún problema de salud. Tenía cincuenta y dos años. Era una persona activa, fuerte, visitada por sus hijos, con un movimiento social muy fuerte. Qué rayos había ocurrido en ese momento. El médico se pregunta qué pudo haber sido. Pero de nueva cuenta, tras revisar el cuerpo, no encuentra señales de juego sucio, no encuentra golpes heridas, una apuñalamiento, nada. La única lesión que tiene se la produjo ella misma al caer está desconcertado cuando sale de ahí lo intercepta la señora Murano, que le pregunta si sabe algo que pudo haberlo ocurrido. A mema. El médico responde que no está seguro y ella pregunta nuevamente bueno, pero usted qué interpreta, qué piensa que pudo haber sido. No lo sé. Necesitamos hacer algunos análisis, necesitamos revisarla a lo que aquella mujer le dice, por favor, no, la autopsia no A mi prima no no es necesaria. Ciertamente verdad. Murió de causas naturales y esta simple insinuación al médico le hace pensar que algo no anda nada bien. No anda nada bien porque esta mujer no se veía mal. Así es que ordena tomar muestras, ordena tomar muestras de fluidos sanguíneos, muestras de tejidos y revisar el cuerpo, pero no encuentra nada. No hay ninguna señal de esto y no hay ninguna denuncia. Por lo tanto, no obedece a una autopsia. Efectivamente, como había dicho aquella mujer, la causa se declara causa de muerte natural, de origen desconocido. El cuerpo es enviado al funeral en donde de nueva cuenta la allí y a murano en muy poco tiempo. Ha perdido a sus tres amigas. Son muchas más amigas que tiene, pero ha perdido a tres muy cercanas. Mema era una mujer de toda la confianza del mundo. Durante el funeral, bueno, es terrible verla se quiere desmayar varias veces pasados un par de días. Sin embargo, las cosas cambian un poquito. Verá cuando la hija de Mema visita su departamento. Se percata que está un poco revuelto, Se percata que faltan algunas cosas. Le extraña esto, por lo que desciende inmediatamente y le pregunta al portero quién entró al departamento, lo que el hombre responde. El mismo día en el que su mamá se desmayó por la mañana había venido su prima, la señora Murano, que tiene de raro son familia que más. Cuando la señora se desmayó, casualmente su prima acababa de llegar a visitarla Nuevamente me pidió la llave y usted se la dio. Sí, señor se la di para que entrara porque iba a llamar a los familiares. Ese detalle hace a esta chica pensar las cosas. Dos veces. Nadie llamó a ningún familiar. Ella fue quien llamó a los familiares, y a ellos nadie les había avisado de nada, por lo que no había habido tales llamadas. No había habido el motivo. No tenía por qué entrar al departamento si la prima estaba ahí regresa al departamento y comienza a buscar porque ella sabe que hay un detalle que pocos conocen y es que su madre le había prestado una fuerte cantidad de dinero a la algilla para una inversión en una especie de financiera o en alguna cosa similar, y no se lo había devuelto. Le había firmado un pagaré veinte millones de pesos. Ley era mucho dinero para la época. La chica de ana comienza a buscar el mentado. Pagaré por todas partes, pero no lo encuentra. Cuando regresa a ver al portero, le pregunta a usted vio si sacó algo, a lo que el portero dice sí. Sí, claro si sacó la libre. Sacó algunas cosas, una botellita con el medicamento de su mamá para llevarlo al hospital. Cuál medicamento, un pequeño frasco que llevaba en la mano que dijo que era el medicamento de la señora Mema que tenía que llevarlo. La chica inmediatamente responde, pero mi madre no tomaba ningún medicamento y mucho menos de un frasco de qué está hablando. Acto seguido, se da la vuelta a sierra y se va a la policía, en donde presenta una denuncia, acusando directamente allílla Murano de haber asesinado a su madre. Inmediatamente la policía comienza a atar cabos y a investigar. Las tres mujeres tenían algo en común. Las tres eran amigas íntimas de la llilla murano. Las tres murieron súbitamente sin que hubiera ningún antecedente inmediato que pudiera justificarlo. En las tres ocasiones, la última persona que les había visitado era la jilla murano y en todas las ocasiones la jilla murano había compartido con ellas masitas Petit four y habían tomado té Inmediatamente se ordena la exhumación de los restos de las dos primeras amigas, pero ha transcurrido un mes. No pierde de vista. Eso así que los análisis no resultan concluyentes. Por una sencilla razón. El cadáver, conforme pasan los días, es un proceso de descomposición. Comienza a generar variantes de cianuro sí, una serie de compuestos en los que hay cianuro. Por lo tanto, identificar un envenenamiento por cianura en un cadáver que tiene un mes de estar expuesto a la tierra es muy difícil, pero sorpresa. El cadáver de la mema apenas tiene un día, por lo que, al ser retirado de la tumba, inmediatamente se procede al análisis y se encuentran niveles de cianuro que no se pueden justificar en el proceso de descomposición Cadavérica de ese cuerpo. Esta mujer fue envenenada, Se da la orden de alerta y se procede a la detención de la jilla Murano, quien, por supuesto, está en su departamento de la Calle, México, once setenta y siete. El número veinte. Cuando la policía llega y toca la puerta, amablemente abre y pregunta en qué les puedo servir. Está usted detenida por el asesinato de las tres mujeres. Tal tal, tal, tal, tal, pero yo no las maté. Está usted acusada de tal y tal Y tal Y tal bueno. Permítanme, por favor, pasen tomen asiento y denme cinco minutos. La señora Murano entrare en su habitación, en donde se arregla el pelo, se coloca algunas joyas, se coloca un pulover, es decir, un suéter bonito y se maquilla un poco y entonces le dice ahora sí, podemos irnos las autoridades comenzarían entonces un juicio. La mujer queda detenida y permanecería en prisión hasta mil novecientos ochenta y dos. Durante el juicio se presentarían pruebas de cargo de envenenamiento. Sin embargo, la defensa lograría influir grandemente en los jueces, de tal forma que en aquel año de mil novecientos ochenta y dos fue son y liberada. Aparentemente. La información de los cadáveres que habían sido exhumados no bastaba para comprobar su participación en la tercer caso. Tampoco bastaba para asegurar que ella había sido la asesina. Ninguno de los testigos podía afirmar que ella hubiera sido la persona que había intoxicado. Esta mujer, por lo tanto, fue exonerada, pero que daban muchas dudas. Los policías el fiscal no estaban de acuerdo en esto era un momento muy extraño para el país. Argentina estaba enfrentando el proceso de la dictadura militar, que se llamó la dictadura militar desde mil novecientos setenta y seis hasta mil novecientos ochenta y tres, más o menos. Así que era un país que estaba inmerso en una serie de situaciones inusuales. Y recuerde usted que esta mujer, la gilla, era una mujer de sociedad, pero además era una persona muy peculiar. Déjeme que le explique quién es la gilla. Murano no era otra que María de las Mercedes. Voy a Ponte de Murano, casada con Antonio Murano, un abogado. Esta mujer nacida en mil novecientos treinta en Corrientes, en Argentina, había sido hija de un militar que alcanzó el grado de Teniente coronel y era hermana de un militar que alcanzó el rango de General durante el período de la dictadura militar. Así es que no era un personaje fácil de señalar como asesina, pero además era una mujer increíblemente conocida. La gilla Murano era una mujer de sociedad. Tras haber contraído matrimonio, había mudado su residencia al barrio de Montserrat, el barrio donde estaban oficinas, donde estaban casonas, donde estaba todo el movimiento. Esta chica, que había comenzado siendo una chica de la provincia, al llegar a Buenos Aires, bueno, se deslumbró de aquello. Le encantaba la idea. Había estudiado para maestra, pero jamás hizo una sola clase, nunca de una clase, nunca estuvo en una escuela. Prefirió dedicarse a ser una figura pública. No es que fe pura guapa. La yilla Murano era una mujer alta de una cabellera espectacular rubia o, por lo menos, de tono claro, muy robusta, de espaldas muy anchas, por haber practicado natación con una voz estruendosa, ruidosa a la que le encantaba la vida social. Decía su marido que nunca le había cocinado nada. Ella insistía en que a veces el desayuno, pero por lo regular lo suyo no era atender a nadie. Lo suyo era salir a tomar el té con las amigas, ir de compras, por supuesto, las joyas. Siempre aseguró que a la llilla Murano se le recordaba más por el sonido de las pulseras y las alajas que hasta por el propio perfume. Era una mujer tremenda. Le gustaba mucho la buena vida, le gustaba mucho las fiestas, el teatro, el cine, los viajes, el casino. Tomás Champan. Le gustaba vestir con ropa elegante de marca traída de Francia, de seda de cosas finas El problema es que, por supuesto, todo esto significa mucho dinero y no lo tenía. La llilla murano era la esposa de un abogado, de un abogado que atendía a casos civiles. No era la gran figura, así es que muchas veces no había dinero ni para pagar la renta. Aspiraba a ser una socialité, pero vivía en un pequeño departamento, el once setenta y siete de Montserrat, en esta calle, México. No era un edificio elegante. Era un edificio en que ya tenía algunos años, con departamentos pequeños en malas condiciones. Este departamento donde vivía en el número veinte, no era exactamente elegante. Más bien y era pequeño, con varios muebles amontonados. Así es que no solía recibir visitas, prefería acompañarles a algún restaurant. Solía llamar al mozo y decirle qué barbaridad. Estamos de suerte hoy tenemos a Marlon Brando sirviendo el té que guapo eh para que en cuanto el muchacho diera la vuelta y fuera a traer algo, se voltera y dijera Dios mío es el tipo más horrible que he encontrado en mi vida quién lo trajo a trabajar aquí para reírse de esto. No era raro que pudiera tener esa extraordinaria habilidad para convencerte de venderte algo, de quitarte algo, de agarrar algo. También se le conocía por un detalle peculiar. A allí, ya Murano le gustaban los hombres, muchos varios los que fueran hasta el punto en el que, un buen día, el pobre Antonio terminó por pedirle la separación. Sin embargo, en una Argentina convulso complicado como era en ese momento, el divorcio no era una opción por lo que Antonio Murano se fue del departamento. No vivía ahí mismo. Estaba Harto de los engaños, de las infidelidades, de todo tipo de trampas. La allilla. Además, era una administradora férrea con el dinero, porque siempre le gustó gastarlo, no producirlo. Así es que cuando Antonio comenzó a perder el interés y r y l enar estrictamente el dinero necesario para el sostenimiento de Martín, el único hijo que habían concebido las usas comenzaron a complicarse. La llilla Murano seguía deseando vivir la gran vida. Era una mujer que llamaba la atención. Era una mujer que hacía ruido a donde llegaba, se escuchaban los tacones, su risa a la voz, cuando llamaba al mesero, cuando le hablaba a las amigas, cuando se reía estrepitosamente. Era una mujer ruidosa, pero al mismo tiempo era una mitómana, Era una mujer que podía presumir de las riquezas de la hacienda, de su abuelo para después hablar de las maravillas que había conocido en sus viajes por todas partes del castillo en donde había estado alojada de su amigo y amante, el político, el destacado militar que había sido su amante escondidas y del que no podía decir el nombre. Y todo esto. Ciertamente, era una mujer adicta al sexo, pero también era una mujer adicta a mentir, a engañar, y era estupiendo en esto y sabe de por qué. Porque los asesinos cereales son muy buenos. Mintiendo es algo que tienen en sí. Muchos de ellos suelen tener esta faz de normalidad, de naturalidad, pero al mismo tiempo no experimenta ningún tipo de empatía. Pueden estar contigo riéndose besándote, abrazándote, queriéndote, para después cortarte el cuello y dejarte de sangrar. Y así lo reflejaba el estudio y el perfil psicológico que se hizo. Porque esta mujer para mil novecientos ochenta y cinco, cuando ha terminado la dictadura militar, cuando está todo el montón de juicios, de pronto un fiscal dice hey este caso no está resuelto y esta mujer está libre. Cuando se reabre el caso en mil novecientos ochenta y cinco, se dan cuenta que todas las evidencias apuntan a que la Yuya Murano mató a sus tres amigas envenenándolas con cianuro. Pero en su momento, la presión por estos parentescos y muy probablemente porque sí existía por ahí algún amante en una pono encumbrada, terminaron por liberarla. Pero ahora, en un régimen diferente, inmediatamente detenida y enviada a la prisión. Las siguientes investigaciones llevarían a un nuevo juicio en el que sería condenada a cadena perpetua sí acusada de los tres homicidios, pero bajo sospecha de al menos diez más. Los investigadores que comenzaron las pesquisas se dieron cuenta que esta mujer tenía un perfil particular, un perfil que embonaba perfectamente en una asesina múltiple, su habilidad para engañar, su habilidad para inhibir cualquier tipo de remordimiento o de empatía hacia la víctima. La convertía en esto. Había tenido relación de negocios con las tres mujeres. A las tres les había propuesto negocios espectaculares, A las tres les había prometido ganancias inimaginables a partir de sus ahorros y le entregaron el dinero. Por supuesto, cuando el dinero se acabó porque lo había gastado, dejó de pagar los dividendos las mujeres. Aquellas comenzaron a solicitar su dinero y esta nerviosa comenzó a visitarlas a menudo hasta que finalmente optó por matarlas. Pero no eran las únicas personas que faltaban. Había varios casos abiertos de situaciones muy similares que tenían algún vínculo con la yuya murano. Desafortunadamente, la fiscalía no pudo ilvanarla correctamente con estos casos y terminó condenándola únicamente por tres. Era preferible así no demeritarían el caso atrayendo otros casos que no pudieran acreditar. Por eso los demás casos no fueron llevados a juicio. Sin embargo, estaba relacionada. Era una mujer apta para mentir, para hacerse querer, para entrar en un ambiente desconocido y adaptarse perfectamente hasta el punto en el que la prisión les sentaba igual de bien que la sociedad, estando en la cárcel, comenzó a relacionarse aún con las precisins maneras más violentas y peligrosas de amigas cercanas, al punto en el que una buena tarde se le podía ver sentada en una mesa pintándole las uñas a una asesina violenta, para después darse abrazos y besos y seguir jugando cartas como si fueran tres señoras de la alta sociedad, tomándo té Cuando alguna de las reclusas era liberada a la salida a la puerta, era obvio encontrarse a la llilla murano, despidiéndola a brazo, beso caricias, dándole arreglos en el cabello, dando consejos al tiempo que se iba, para después volver y seguir controlando en la prisión. Esta mujer no era una reclusa, más era la lidereza apta fácil de moverse. Se considera que por lo menos una veintena de reclusas fueron agredidas violentamente por otras reclusas bajo el mandato de esta mujer. Sí, es poco conocido el hecho de que tenía el control como todo buen psicópata. Muchas personas se preguntan cómo es que un hombrecito anciano delgadito podía asesinar a personas del doble de tamaño y peso por lo mismo. Pero la historia no termina ahí. Si usted cree que con esto ya terminamos, no, por supuesto que no. La llilla Murano fue liberada en mil novecientos noventa y cinco bajo un esquema nuevo que surgió en el noventa y cinco con el advenimiento de la democracia Carlos Saúl Menem y demás. Hubo una especie de amnistía hacia los reos la ley del dos por uno, Las personas que habían estado presas durante un período de tiempo antes de ser sentenciadas podían apelar y se les aplicaba una especie de mejor en su condena. De tal manera que una persona que tuviera cuatro años de prisión previo a la sentencia se le consideraría que había cumplido ocho el dos por uno, así que para mil novecientos noventa y cinco la jilla había concluido su sentencia. No había tal cadena perpetua. Se la habían conmutado por veinticinco años de prisión, que bajo el esquema del dos por uno se convertía en dieciséis y la cumplió y salió. Salió libre a la salida de la cárcel. Había periodistas, fotógrafos, cámaras de televisión esperándola. Había sido el gran caso en su momento. Por supuesto, cuando sale se niega a dar entrevistas. No claro que no de ninguna manera se tapa el rostro pide discreción porque no se había podido peinar ni maquillar y no llevaba a sus joyas adecuadamente. Aunque usted no lo crea poco tiempo después estaría dando entrevistas, Se convertiría en la cronista de moda del programa La hoguera. Sería invitada recurrente del programa de Mirtha legrand En donde platicaría todo tipo de aventuras, prestaba entrevistas, daba autógrafos. Se volvió nuevamente una socialité y como tal, obviamente se movía con una habilidad extraordinaria, de tal manera que si alguien quería una entrevista, primero tendría que invitar un buen desayuno, segundo tendría que ofrecerle algo que valiera la pena, ya fuera un poco de dinero, algún regalo, alguna cosa. Linda murió en el año dos mil catorce se había convertido en una anciana con un problema demencial. Ya no recordaba nada, estaba ausente, estaba viviendo en un geriátrico tras haber sido ingresada en prisión. Su esposo Antonio, el esposo legítimo, falleció para mil novecientos noventa y cinco, poco después de haber salido de prisión. Contraería matrimonio con un hombre que, al darse cuenta que se había casado con la jilla Murano, la asesina se divorciaba inmediatamente y salí en una entrevista en donde aseguraba que sólo habían pasado la primera noche y la noche de bodas y después no quería saber nada de ella. Su propio hijo, Martín escribiría un libro en donde declararía que su madre era una asesina terrible y una serie de cosas. Pero la historia tampoco termina ahí, porque todavía más adelante volvería a contraer matrimonio con un hombre invidente. Este hombre invidente le ofrecería su departamento y la trataría como una reina, y ella declararía que estaba encantada, que lo adoraba, que era su sueño ideal y, por supuesto, no negaba, que tenía otros amantes y que seguía teniendo y hablaba unas barbaridades tremendas. Pero entonces fue echada de la casa cuando la hija adoptiva, es decir, la hija de aquel hombre, declararía a la policía que sospechaba que la gilla la estaba intentando envenenar. Tras haberse enfermado al comer algo que ella había preparado, sería enviado un geriátrico en donde viviría el resto de sus días hasta su muerte. Es triste pensarlo, pero todavía muy entrada. En el final de su vida seguía fantaseando con las mismas cosas. Pero es un caso único en la historia de una asesina a la que se le acreditaron los crímenes. Cabe señalar que ella siempre lo negó. Cada vez que alguien le entrevistaba, decía yo no maté a nadie. En el juicio, ella aseguró yo no invité a comer a nadie. Yo no envenené a nadie, Yo no maté a nadie. Pero durante una entrevista muy recordada la llilla murano sonriente diría los asesinos siempre son mentirosos. Usted qué piensa. Y bueno ahora para quitarnos el sabor hacia nuro de la boca, qué le parece. Si mandamos algunos saludos. Mire usted, Mauricio alcalá, su amigo César y su hija Norberta nos están acompañando. Norberto está un poquito triste. Por eso le decimos ánimo. Ánimo. Esto sigue. Esto no acaba. Esto es mucho más allá. Hay que ver mucho más allá. La vida puede crecer hasta donde nosotros la dejemos. Crecer Va para Denis Juárez Espinosa, Dion y su papá don Nachito, que nos acompañan, Marta y Daniel que nos acompañan en Florida, Valeria y sus papás que se sientan a escucharnos juntos en la Ciudad de México. Eduardo vea él trabaja en un hospital en Toluca y nos escuchan mientras está trabajando. Ojalá, no haya muchos fantasmas por allá. Sergio Escalante desde Argentina. Patrick Rosas. Patrick Rosas es un amigo que todos conocemos. Siempre está en el canal, siempre está acompañándonos. Es la persona que está siempre en el chat apoyando, ayudando a sostener el canal. Es un tipazo y ahora mismo le mando un saludo a su papá. Ojalá, nos acompañe juntos Patrick Patricio, desde Chile, quien se está recuperando de una enfermedad y anda un poquito de capa caída. A él le vamos a decir algo. Siempre recuerde larga vida, mucha inteligencia, mucha pasión, mucha fuerza. No lo olvide. Todos la tenemos en la palma de la mano para Alberto Juárez, que nos acompaña junto a su esposa y junto a su suegra. Así es que todos juntos muy bien. Un fuerte abrazo Pilar León, don José Altamira y su nieta que nos escuchan desde Viña del Mar en Chile, un abrazo a los tres juntos juntos vamos todos juntos, un buen abrazo Amalia y su abuelita, que también nos acompañan, ere shkinghal Beta, su mamá Carmen, su hermana Nicole y su Sobrina Antonela, que nos escuchan en Bolivia en la paz todos juntos. Hombre, qué grato. Muchas gracias por esto. Queremos agradecer especialmente a Irais un Yardón, a Marmol Skywalker y a Brisa, quienes apoyan al Canal a través de unos donativos que hay ahora que se llama Super Thenkson. No sé cómo se llama prostí y les agradecemos mucho este apoyo. Y por último, si usted pensaba que ya habíamos terminado, mandemos unos cumpleaños. Qué le parece. Juan Carlos, de parte de su esposa Emma González, un feliz cumpleaños. Luly Lascano en Buenos Aires, un fuerte abrazo Sunjun un fuerte abrazo también por ese cumpleaños. Qué bueno que nos acompaña. Recordamos mucho este nombre al papá de Guadalupe Ramírez, que cumplió noventa y tres años y a su sobrinita brenda noventa y tres años, papá de Guadalupe, un fuerte abrazo por allá, una larga vida, muchas historias, mucha sabiduría José Alfredo Vicente de parte de su esposa wendy un abrazo Alfonso Echevarría de su esposa Iliana, un abrazo a ambos. Gracias por acompañarnos. Para el Titcher, Boris Piñeries. Boris es nuestro querido amigo del canal. Desde los primeros videos nos ha acompañado. El Titcher está en Colombia y es un personajazo. Todos en el canal le aprecian mucho, porque ha estado siempre junto con Picard, con Aurelio, con todos ellos que han estado ahí desde el inicio. Es un gusto saberlo Titcher, un fuerte abrazo para Naomi de parte de su mamá, Guadalupe Martínez. Muchas gracias, a todas ustedes muy buenas noches y que descansen en paz n o