Lady cianuro Perversidad Humana || Relatos del lado oscuro (Podcast)

Simpática, cariñosa, dulce, elegante y de gran rose social, toda una celebridad. Solo que tiene la mala costumbre de pedir dinero y no pagarlo. Relatos del lado oscuro nos lleva a conocer la técnica favorita de Lady Cianuro, para no pagar sus deudas.
La muerte por intoxicación con cianuro es una muerte terrible. Es relativamente rápida, pero terrible. Depende mucho de la cantidad del veneno que sea ingerida y del propio tipo de cianuro que se esté ocupando. Pero los efectos en general son los mismos. En la agente inhibe la interacción del oxÃgeno con las moléculas, provocando una especie de asfixia a nivel molecular que progresa afectando los órganos internos, afectando los músculos, afectando el sistema nervioso central, lo que conlleva a que el individuo intoxicado comience por experimentar mareos, intensos, dolores musculares, espantosos, convulsiones, pérdida del conocimiento y la muerte. Pero dentro de los fenómenos que se presentan en ese cuerpo afectado se encuentra, por ejemplo, el llanto. Se dice que las personas que mueren intoxicadas por cianuro lloran un efecto colateral del daño a nivel molecular. Usted qué cree, por qué no se queda conmigo relatos del lado oscuro para seres extraños sucesos es inexplicables. Diversidad famana, historias que otras mentes prefieren ignorar. Diez de febrero de mil novecientos setenta y nueve es un sábado. Estamos en Buenos Aires, Argentina, en la calle México, en el barrio de Montserrat. La señora Nilda de Lina Gamba es una mujer argentina que se encuentran en los sesentas. Es una persona normal. Vive sola en un departamento, en el mismo edificio donde viven algunos familiares. Aquel sábado ha estado contenta, ha recibido una visita por la tarde de una amiga. Han estado tomando té y comiendo masitas. Petit fur son una delicia argentina, una especie de pequeños bocadillos, dulces postres confiterÃa fina, como usted quiera llamarle. El hecho es que han estado muy contentas hasta bien entrada la tarde. Cuando se retira a la amiga. Sin embargo, un rato después, esta mujer comienza a experimentar dolores espantosos en todo el cuerpo, un mareo que no le permite estar de pie. La sensación extraña de la falta de aire y esta situación que comienza a afectarle los músculos, provocándole una especie de espasmos que le retuercen los brazos la arquean en una serie de contorsiones extrañas. Es un dolor tremendo. Claro, la pobre Hilda ha sufrido anteriormente algunos ataques diabéticos. Es una persona con la salud muy comprometida. Por ello, cuando escuchan el grito, los vecinos vienen a ver de qué se trata y la encuentran en ese estado. Inmediatamente se hace venir al médico quien ha atendido a la paciente durante algún tiempo. Lo primero que examina es el abdomen. Evidentemente, esta persona tiene una intoxicación, si bien se le vea dolorida, no se le ve en un estado crÃtico o por lo menos es lo que el médico considera. De hecho, interpreta aquello como una intoxicación por haber comido algo mal cocinado o algo que estaba echado a perder. No presta mucha atención al detalle del pecdo olor que emana de su aliento, un olor similar al mazapán o a las almendras. Es curioso, pero no le presta tanta atención porque para ese momento la molestia ha disminuido. Nilda se encuentra recostada y, junto a ella está a su vecina y, por cierto, familiar en algún grado, la señora Murano permanecen ahà un rato. El médico da una receta con algunos elementos de algunas sugerencias. Se envÃa al portero al chico que abre y cierra la puerta para que vaya a traerlas a toda prisa. La vecina. Aquella, la señora Murano, se ofrece a cuidar de la enferma. Finalmente, son amigas de toda la vida. Se quieren mucho han estado reunidas ahà varias veces. Comparten muchos intereses, comparten amistad y hay algún grado de parentesco o es una concuña o algo parecido. El hecho es que se ofrece a cuidarla. Por supuesto que sÃ. Muchas gracias. Es necesario que haya alguien con ella por cualquier situación que pudiera presentarse. Nilda, que ha recuperado un poco el aliento, mira con gusto a su amiga que está con ella y le agradece para que son los amigos, sino para cuando hace falta que alguien le cuide. Muy bien, el médico se retira traen las provisiones aquellas y rápidamente. La señora Murano agradece al conserje al portero que se retira del lugar mientras ella está preparando el medicamento. Entrada la noche, Sin embargo, una llamada alerta nuevamente al médico es una llamada desesperada. La señora Murano informa que su amiga se ha puesto mucho peor y que ahora no responde nada, que está totalmente ausente. El médico le pide dos o tres datos que le hacen pensar que ha entrado en estado de coma. Sin pensarlo dos veces toma el automóvil y se dirige a toda velocidad llegando allá. Sin embargo, no hay nada que hacer. Cuando el médico llega el cuerpo aún conserva cierta temperatura está como si estuviera dormida, pero en realidad ya no hay signos vitales. Nilda ha muerto su amiga familiar, lo que sea la señora Murano, que está ahà junto a la que todos conocen cariñosamente como Gilla. Lamenta aquella pérdida. Está golpeadÃsima por esto y le pregunta al médico a qué pudo haberse debido esto. El médico considera dos o tres factores. Obviamente, esta señora, en sus sesentas, con un historial de enfermedad, pudo haber sufrido una intoxicación por algo que comió simplemente alguna pieza de pollo echada a perder alguna cosa del refrigerador que no estaba bien conservada, que le ha provocado una intoxicación. Su cuerpo, debilitado por la diabetes y por otros achaques que ya tenÃa, no pudo resistirlo y ha fallecido. El médico extenderÃa un certificado. Hay quienes dicen que el certificado no fue de este médico. Pero bueno, hay un certificado médico que avala la muerte natural por un paro cardÃaco no traumático, es decir, una muerte natural. La difunta es llevada a una funeraria en donde se realiza un funeral muy austero con unas pocas personas que se acercan a compartir la pena. Ahà se puede ver allÃ, ya, es decir, la señora Murano, a un par de familiares visiblemente afectados. La señora Murano está muy golpeada. Ella y Hilda han compartido tantas cosas, tantas tardes de té, tantas idas al casino, tanto ir aquà y allá. Es más, vivÃan casi juntas. Nilda vivÃa en el departamento veintiuno y Gilla en el departamento veinte del Onceto setenta y siete de la calle México, en el barrio de Montserrat. Asà es que no podÃan ser más cercanas. Aquel yo la ha golpeado mucho. Cuando llegan las demás amigas hay muchos abrazos y en cada ocasión Gilla se le ve tan golpeada. Era una vida larga juntas o por lo menos algunos buenos años que habÃan pasado. SerÃa sepultada en el cementerio de la Chacorita y el asunto terminaba ahÃ. El diecinueve de febrero de aquel año de mil novecientos setenta y nueve, la señora Murano visita a su amiga Leira Formisano de Ayala. Es más conocida como la chicha Formisano o la chicha Ayala Chicha es una mujer. En sus cincuentas cincuenta y dos cincuenta y uno años ha sido compañera de esta mujer durante mucho tiempo. Asà es que el hecho de su visita es muy bien recibido, porque ambas han perdido una amiga. Si es que se reúnen, se dan un fuerte abrazo. La señora Murano es una mujer que en ese momento tener unos cuarenta y nueve años y junto con la Chicha, han compartido las cosas que usted no se puede imaginar juntas a ido muchas veces de viaje al Mar del Plata han estado por aquà por allá, van al teatro, al cine, inclusive de cada semana, al menos una vez por semana. Suelen reunirse y solÃan reunirse también con la difunta para tomar té y masitas, esta especie de postre de alta reposterÃa que es muy de su gusto. Ahora mismo, la señora Murano Gilla, como le conocen todos, acaba de venir a visitar a Chicha Ayala. Entre la casa se sientan toman té. Ella ha traÃdo una caja con estas pastitas muy sabrosas y han estado ahà platicando. Cuando sale se despiden, pero han quedado de reunirse más tarde porque Gilla tiene unos boletos para el teatro y desea que Chicha la acompañe. Es decir, estas señoras todas tienen pequeños motes, muy dulzones y un poco cursilones, como buenas señoras de la sociedad de Buenos Aires de los años setentas. Asà es que la la guilla murano va a pasar por la Chicha de Ayala para ir al teatro. Muy bien se despiden moa moa un beso a otro beso. Son amigas de todo el tiempo, Ãntimas, muy Ãntima, tan Ãntimas que bien se sabe que en más de una ocasión, la chicha le ha tapado sus infidelidades a la guilla que mire que las tiene. Todo mundo lo sabe y ella tampoco lo oculta. De hecho, lo presume con las amigas, pero la chicha le ha tapado esto más de una vez. Ha dicho que estaba con ella, cuando en realidad ha estado por ahà en alguna parte. El asunto está en que al caer la noche y justo a tiempo para llegar al teatro, aparece la jilla murano que toca el timbre, nadie responde. Vuelve a tocar el timbre, nadie responde. Sigue insistiendo en lo que sale el portero que le dice, señora a sus órdenes es que vengo por mi amiga, la señora de Ayala, pero no me abre. No responde. Desea que le toque la puerta dice no. No me preocupa, porque se sentÃa un poco mal en la tarde que la he dejado, pero mejor la dejamos descansar qué le parece. No importa volveré mañana al dÃa siguiente. El portero se daba cuenta de un detalle. Como todos los dÃas, tras recibir el diario iba y lo colocaba en la puerta de esa vecina, pero ese dÃa la vecina, aún siendo ya más allá de las once de la mañana, no ha abierto para recoger el diario. Ella siempre era muy puntual en eso, por la tarde, ninguno de los diferentes inquilinos de aquel edificio de la Avenida Belgrano la han visto salir de su apartamento. El portero no la ha visto salir. Como todas las tardes a traer alguna cosa a la compra o de visita, no ha salido para nada para que no se arruine si es que llegar a ver alguna lluvia. En aquel verano de mil novecientos setenta y nueve en Argentina, decide recoger el periódico y guardarlo y echarle una leidita. Por supuesto, a la mañana siguiente repite la misma faena va y coloca el periódico en la puerta y espera y espera y espera, pero no hay respuesta. Es extraño. Cuando el conserje portero, como quiere usted llamarle acerca el oÃdo a la puerta, puede escuchar que el televisor esté encendido. Le tranquiliza pensar que la señora simplemente no tiene interés por abrir. Asà es que sigue con sus actividades cotidianas y al caer la tarde pasa y recoge el diario que guarda para la noche. Todo sigue igual a la mañana siguiente. De nueva cuenta y por tercer dÃa consecutivo coloca el diario y ya viene entrada la tarde de aquel caluroso febrero de mil novecientos setenta y nueve y siendo el dÃa veintidós de febrero, el portero se preocupa porque no ha recogido el periódico. Pero además hay algo. La temperatura es alta y del interior del departamento, además del sonido del televisor, también emana un olor extraño, un olor poco agradable. Cuando otro de los vecinos se percata que el portero está olfateando y haciendo cosas raras en el departamento b de la planta baja, se acerca verde que se trata y también percibe ese peculiar olor que le resulta desagradable y molesto. Acto seguido. Alguien más, alguno de los otros vecinos pasa por ahà dice efectivamente, huele muy mal, huele a algo podrido, algo descompuesto. La preocupación crece porque al tocar la puerta nadie contesta. El portero. Tiene llave, saca su llave, la introduce en la cerradura, pero no puede abrir porque por dentro está puesto un seguro que no permite abrir la preocupación sigue creciendo ya por la tarde. El olor se ha vuelto tan fuerte que deciden llamar a la policÃa. La policÃa se desliza a través de uno de los balcones, abre una ventana y se introduce llegando hasta las sala en donde encuentran efectivamente, a la señora Chicha Ayala, sentada en su sillón con el televisor encendido a su lado. Hay una mesita que tiene una tetera, una taza con té, una cesta con macitas finamente decoradas y ahà colocadas y su cadáver se está descomponiendo. En el calor de una tarde de verano de mil novecientos setenta y nueve, la inflamación ha dado paso a que los olores minan y comiencen a reinar en el ambiente. Han pasado tres dÃas. Esta mujer está en proceso de descomposición. Se hace llegar inmediatamente a las demás autoridades que recuperan el cuerpo y lo envÃan inmediatamente al servicio médico legal, en donde se examina minuciosamente. Mientras esto ocurre, la llilla murano se preocupa en o es su amiga y, por supuesto, se acerca al lugar. Pregunta aquÃ, pregunta ya, pero no hay respuestas. Simplemente no hay respuestas. El dictamen médico considerarÃa que la mujer habÃa muerto por un paro cardÃaco. Simplemente se habÃa sentado a ver el televisor y habÃa muerto. El estado de descomposición del cadáver revelaba que habÃa sido la tarde de aquel dÃa, diecinueve de febrero, cuando habÃa fallecido y no exhibÃa señales de violencia. La puerta estaba cerrada, las ventanas estaban cerradas, todo estaba en orden. Simplemente no se veÃa ninguna causa de muerte. El cuerpo fue enviado, igual que la amiga anterior, al cementerio de la Chacorita en el lote treinta. En muy poco tiempo, la querida Gilla Murano habÃa tenido que ir a dos funerales de amigas muy queridas y habÃa asistido al mismo senomenterio a dar el último abrazo a los féretros que contenÃan los restos mortales de tan queridas amigas. Se le veÃa destruida, sin duda alguna, destruida cada vez que alguien llegaba al funeral. La gilla se retiraba a los lentes oscuros que cubrÃan su rostro para secar unas lágrimas, o por lo menos es lo que parecÃa, mientras expresaba su tristeza y su dolor por semejante pérdida. Después de eso hubo un silencio poco. Se habló realmente dos personas mayores, por lo menos una de ellas con la salud muy comprometida. La otra, aparentemente no tenÃa ningún problema. VivÃa sola. Eso sÃ, vivÃa sola. Su hijo habÃa ido a estudiar a otra parte y no tenÃa marido. HabÃa enviudado hacÃa algún tiempo. Era una mujer con una posición económica muy desahogada. Pasan los dÃas, termina febrero y entonces sobre vi viene. Otro evento es el veinticuatro de marzo de mil novecientos setenta y nueve y ahora tocó el turno a Carmen Zulema del Georgio de Venturini. También es amiga. Es un cÃrculo de amigas. Son varias amigas, todas ellas muy queridas. Han compartido lo que usted no se imagine. Vieron a los niños crecer, compartieron aventuras, fueron juntas a la playa, fueron juntas al casino. No habÃa una semana que no se reunieran para darse abrazos y besos y Moamoi. Por supuesto, también iban de compras el antiguo ritual a que él de ir a conseguir la prenda de importación, la joya bonita, la pieza de seda. Claro está que Carmen Zulema del Georgio es una mujer de mucho dinero y, obviamente, aquella tarde, cuando escucha el portero y las personas que estaban en su edificio un nuevo movimiento inusual, después escuchan abrirse la puerta, escuchan unos pasos que tambalean y luego un un golpe sólido de alguien que cae al suelo y rueda se espantan van corriendo y encuentran que la señora Azulema, a la que todos conocen cariñosamente como la mema del Georgio o mema, ha caÃdo casi un piso de las escaleras rodando. Está inconsciente. Está muy mal. Se le ve muy mal. No cabe duda alguna de que esta mujer está muy grave. Inmediatamente, el portero grita frenéticamente que alguien llame una ambulancia, alguien más grita un auxilio. Si hay un médico en ese momento. Para su desgracia, la señora Gilla de Murano venÃa a visitarla porque además son primas, además de amigas, cercanas hermanas que han crecido juntas, son primas en segundo grado. Asà es que viene a visitarle y le encuentra ahà tendida Inmediatamente le dice al portero tienes llave de su apartamento. DÃmelo si se señora Te ha dicho algo antes de desmayarse, aquel hombre le dice no. Yo no no hablé con ella, pero a Ti no te ha dicho nada. A usted le ha dicho algo? A usted le ha dicho algo? No? No, no, no? No? La vimos la mujer toma las llaves e inmediatamente se regresa hacia donde está. Entonces llamaré ahora mismo a sus familiares. Voy a buscar su agenda para llamarles entra al departamento. Mientras esto ocurre, alguien ya ha llamado una ambulancia que se escucha conforme. Viene acercándose al domicilio para el momento en el que la ambulancia se ha detenido y los médicos o para médicos descienden para tratar de recuperar a esta persona. La señora Gilla de Murano sale del departamento apresurada diciendo ya está, ya está y lleva consigo la libretita y unas cosas. Se sube inmediatamente a la ambulancia para acompañar a su prima, que está muy grave. Por supuesto que nadie le dice nada, pues ir la prima es el único familiar que está por ahà y avanzan rápidamente en medio del tráfico, pero antes de llegar al hospital, mema mema del Georgio de Venturini, está muerta. Cuando llegan al hospital, la mujer está muerta. La reciben, la conducen al anfiteatro, en donde comienzan a preguntarse qué fue lo que ocurrió. Esta mujer no tenÃa ningún problema de salud. TenÃa cincuenta y dos años. Era una persona activa, fuerte, visitada por sus hijos, con un movimiento social muy fuerte. Qué rayos habÃa ocurrido en ese momento. El médico se pregunta qué pudo haber sido. Pero de nueva cuenta, tras revisar el cuerpo, no encuentra señales de juego sucio, no encuentra golpes heridas, una apuñalamiento, nada. La única lesión que tiene se la produjo ella misma al caer está desconcertado cuando sale de ahà lo intercepta la señora Murano, que le pregunta si sabe algo que pudo haberlo ocurrido. A mema. El médico responde que no está seguro y ella pregunta nuevamente bueno, pero usted qué interpreta, qué piensa que pudo haber sido. No lo sé. Necesitamos hacer algunos análisis, necesitamos revisarla a lo que aquella mujer le dice, por favor, no, la autopsia no A mi prima no no es necesaria. Ciertamente verdad. Murió de causas naturales y esta simple insinuación al médico le hace pensar que algo no anda nada bien. No anda nada bien porque esta mujer no se veÃa mal. Asà es que ordena tomar muestras, ordena tomar muestras de fluidos sanguÃneos, muestras de tejidos y revisar el cuerpo, pero no encuentra nada. No hay ninguna señal de esto y no hay ninguna denuncia. Por lo tanto, no obedece a una autopsia. Efectivamente, como habÃa dicho aquella mujer, la causa se declara causa de muerte natural, de origen desconocido. El cuerpo es enviado al funeral en donde de nueva cuenta la allà y a murano en muy poco tiempo. Ha perdido a sus tres amigas. Son muchas más amigas que tiene, pero ha perdido a tres muy cercanas. Mema era una mujer de toda la confianza del mundo. Durante el funeral, bueno, es terrible verla se quiere desmayar varias veces pasados un par de dÃas. Sin embargo, las cosas cambian un poquito. Verá cuando la hija de Mema visita su departamento. Se percata que está un poco revuelto, Se percata que faltan algunas cosas. Le extraña esto, por lo que desciende inmediatamente y le pregunta al portero quién entró al departamento, lo que el hombre responde. El mismo dÃa en el que su mamá se desmayó por la mañana habÃa venido su prima, la señora Murano, que tiene de raro son familia que más. Cuando la señora se desmayó, casualmente su prima acababa de llegar a visitarla Nuevamente me pidió la llave y usted se la dio. SÃ, señor se la di para que entrara porque iba a llamar a los familiares. Ese detalle hace a esta chica pensar las cosas. Dos veces. Nadie llamó a ningún familiar. Ella fue quien llamó a los familiares, y a ellos nadie les habÃa avisado de nada, por lo que no habÃa habido tales llamadas. No habÃa habido el motivo. No tenÃa por qué entrar al departamento si la prima estaba ahà regresa al departamento y comienza a buscar porque ella sabe que hay un detalle que pocos conocen y es que su madre le habÃa prestado una fuerte cantidad de dinero a la algilla para una inversión en una especie de financiera o en alguna cosa similar, y no se lo habÃa devuelto. Le habÃa firmado un pagaré veinte millones de pesos. Ley era mucho dinero para la época. La chica de ana comienza a buscar el mentado. Pagaré por todas partes, pero no lo encuentra. Cuando regresa a ver al portero, le pregunta a usted vio si sacó algo, a lo que el portero dice sÃ. SÃ, claro si sacó la libre. Sacó algunas cosas, una botellita con el medicamento de su mamá para llevarlo al hospital. Cuál medicamento, un pequeño frasco que llevaba en la mano que dijo que era el medicamento de la señora Mema que tenÃa que llevarlo. La chica inmediatamente responde, pero mi madre no tomaba ningún medicamento y mucho menos de un frasco de qué está hablando. Acto seguido, se da la vuelta a sierra y se va a la policÃa, en donde presenta una denuncia, acusando directamente allÃlla Murano de haber asesinado a su madre. Inmediatamente la policÃa comienza a atar cabos y a investigar. Las tres mujeres tenÃan algo en común. Las tres eran amigas Ãntimas de la llilla murano. Las tres murieron súbitamente sin que hubiera ningún antecedente inmediato que pudiera justificarlo. En las tres ocasiones, la última persona que les habÃa visitado era la jilla murano y en todas las ocasiones la jilla murano habÃa compartido con ellas masitas Petit four y habÃan tomado té Inmediatamente se ordena la exhumación de los restos de las dos primeras amigas, pero ha transcurrido un mes. No pierde de vista. Eso asà que los análisis no resultan concluyentes. Por una sencilla razón. El cadáver, conforme pasan los dÃas, es un proceso de descomposición. Comienza a generar variantes de cianuro sÃ, una serie de compuestos en los que hay cianuro. Por lo tanto, identificar un envenenamiento por cianura en un cadáver que tiene un mes de estar expuesto a la tierra es muy difÃcil, pero sorpresa. El cadáver de la mema apenas tiene un dÃa, por lo que, al ser retirado de la tumba, inmediatamente se procede al análisis y se encuentran niveles de cianuro que no se pueden justificar en el proceso de descomposición Cadavérica de ese cuerpo. Esta mujer fue envenenada, Se da la orden de alerta y se procede a la detención de la jilla Murano, quien, por supuesto, está en su departamento de la Calle, México, once setenta y siete. El número veinte. Cuando la policÃa llega y toca la puerta, amablemente abre y pregunta en qué les puedo servir. Está usted detenida por el asesinato de las tres mujeres. Tal tal, tal, tal, tal, pero yo no las maté. Está usted acusada de tal y tal Y tal Y tal bueno. PermÃtanme, por favor, pasen tomen asiento y denme cinco minutos. La señora Murano entrare en su habitación, en donde se arregla el pelo, se coloca algunas joyas, se coloca un pulover, es decir, un suéter bonito y se maquilla un poco y entonces le dice ahora sÃ, podemos irnos las autoridades comenzarÃan entonces un juicio. La mujer queda detenida y permanecerÃa en prisión hasta mil novecientos ochenta y dos. Durante el juicio se presentarÃan pruebas de cargo de envenenamiento. Sin embargo, la defensa lograrÃa influir grandemente en los jueces, de tal forma que en aquel año de mil novecientos ochenta y dos fue son y liberada. Aparentemente. La información de los cadáveres que habÃan sido exhumados no bastaba para comprobar su participación en la tercer caso. Tampoco bastaba para asegurar que ella habÃa sido la asesina. Ninguno de los testigos podÃa afirmar que ella hubiera sido la persona que habÃa intoxicado. Esta mujer, por lo tanto, fue exonerada, pero que daban muchas dudas. Los policÃas el fiscal no estaban de acuerdo en esto era un momento muy extraño para el paÃs. Argentina estaba enfrentando el proceso de la dictadura militar, que se llamó la dictadura militar desde mil novecientos setenta y seis hasta mil novecientos ochenta y tres, más o menos. Asà que era un paÃs que estaba inmerso en una serie de situaciones inusuales. Y recuerde usted que esta mujer, la gilla, era una mujer de sociedad, pero además era una persona muy peculiar. Déjeme que le explique quién es la gilla. Murano no era otra que MarÃa de las Mercedes. Voy a Ponte de Murano, casada con Antonio Murano, un abogado. Esta mujer nacida en mil novecientos treinta en Corrientes, en Argentina, habÃa sido hija de un militar que alcanzó el grado de Teniente coronel y era hermana de un militar que alcanzó el rango de General durante el perÃodo de la dictadura militar. Asà es que no era un personaje fácil de señalar como asesina, pero además era una mujer increÃblemente conocida. La gilla Murano era una mujer de sociedad. Tras haber contraÃdo matrimonio, habÃa mudado su residencia al barrio de Montserrat, el barrio donde estaban oficinas, donde estaban casonas, donde estaba todo el movimiento. Esta chica, que habÃa comenzado siendo una chica de la provincia, al llegar a Buenos Aires, bueno, se deslumbró de aquello. Le encantaba la idea. HabÃa estudiado para maestra, pero jamás hizo una sola clase, nunca de una clase, nunca estuvo en una escuela. Prefirió dedicarse a ser una figura pública. No es que fe pura guapa. La yilla Murano era una mujer alta de una cabellera espectacular rubia o, por lo menos, de tono claro, muy robusta, de espaldas muy anchas, por haber practicado natación con una voz estruendosa, ruidosa a la que le encantaba la vida social. DecÃa su marido que nunca le habÃa cocinado nada. Ella insistÃa en que a veces el desayuno, pero por lo regular lo suyo no era atender a nadie. Lo suyo era salir a tomar el té con las amigas, ir de compras, por supuesto, las joyas. Siempre aseguró que a la llilla Murano se le recordaba más por el sonido de las pulseras y las alajas que hasta por el propio perfume. Era una mujer tremenda. Le gustaba mucho la buena vida, le gustaba mucho las fiestas, el teatro, el cine, los viajes, el casino. Tomás Champan. Le gustaba vestir con ropa elegante de marca traÃda de Francia, de seda de cosas finas El problema es que, por supuesto, todo esto significa mucho dinero y no lo tenÃa. La llilla murano era la esposa de un abogado, de un abogado que atendÃa a casos civiles. No era la gran figura, asà es que muchas veces no habÃa dinero ni para pagar la renta. Aspiraba a ser una socialité, pero vivÃa en un pequeño departamento, el once setenta y siete de Montserrat, en esta calle, México. No era un edificio elegante. Era un edificio en que ya tenÃa algunos años, con departamentos pequeños en malas condiciones. Este departamento donde vivÃa en el número veinte, no era exactamente elegante. Más bien y era pequeño, con varios muebles amontonados. Asà es que no solÃa recibir visitas, preferÃa acompañarles a algún restaurant. SolÃa llamar al mozo y decirle qué barbaridad. Estamos de suerte hoy tenemos a Marlon Brando sirviendo el té que guapo eh para que en cuanto el muchacho diera la vuelta y fuera a traer algo, se voltera y dijera Dios mÃo es el tipo más horrible que he encontrado en mi vida quién lo trajo a trabajar aquà para reÃrse de esto. No era raro que pudiera tener esa extraordinaria habilidad para convencerte de venderte algo, de quitarte algo, de agarrar algo. También se le conocÃa por un detalle peculiar. A allÃ, ya Murano le gustaban los hombres, muchos varios los que fueran hasta el punto en el que, un buen dÃa, el pobre Antonio terminó por pedirle la separación. Sin embargo, en una Argentina convulso complicado como era en ese momento, el divorcio no era una opción por lo que Antonio Murano se fue del departamento. No vivÃa ahà mismo. Estaba Harto de los engaños, de las infidelidades, de todo tipo de trampas. La allilla. Además, era una administradora férrea con el dinero, porque siempre le gustó gastarlo, no producirlo. Asà es que cuando Antonio comenzó a perder el interés y r y l enar estrictamente el dinero necesario para el sostenimiento de MartÃn, el único hijo que habÃan concebido las usas comenzaron a complicarse. La llilla Murano seguÃa deseando vivir la gran vida. Era una mujer que llamaba la atención. Era una mujer que hacÃa ruido a donde llegaba, se escuchaban los tacones, su risa a la voz, cuando llamaba al mesero, cuando le hablaba a las amigas, cuando se reÃa estrepitosamente. Era una mujer ruidosa, pero al mismo tiempo era una mitómana, Era una mujer que podÃa presumir de las riquezas de la hacienda, de su abuelo para después hablar de las maravillas que habÃa conocido en sus viajes por todas partes del castillo en donde habÃa estado alojada de su amigo y amante, el polÃtico, el destacado militar que habÃa sido su amante escondidas y del que no podÃa decir el nombre. Y todo esto. Ciertamente, era una mujer adicta al sexo, pero también era una mujer adicta a mentir, a engañar, y era estupiendo en esto y sabe de por qué. Porque los asesinos cereales son muy buenos. Mintiendo es algo que tienen en sÃ. Muchos de ellos suelen tener esta faz de normalidad, de naturalidad, pero al mismo tiempo no experimenta ningún tipo de empatÃa. Pueden estar contigo riéndose besándote, abrazándote, queriéndote, para después cortarte el cuello y dejarte de sangrar. Y asà lo reflejaba el estudio y el perfil psicológico que se hizo. Porque esta mujer para mil novecientos ochenta y cinco, cuando ha terminado la dictadura militar, cuando está todo el montón de juicios, de pronto un fiscal dice hey este caso no está resuelto y esta mujer está libre. Cuando se reabre el caso en mil novecientos ochenta y cinco, se dan cuenta que todas las evidencias apuntan a que la Yuya Murano mató a sus tres amigas envenenándolas con cianuro. Pero en su momento, la presión por estos parentescos y muy probablemente porque sà existÃa por ahà algún amante en una pono encumbrada, terminaron por liberarla. Pero ahora, en un régimen diferente, inmediatamente detenida y enviada a la prisión. Las siguientes investigaciones llevarÃan a un nuevo juicio en el que serÃa condenada a cadena perpetua sà acusada de los tres homicidios, pero bajo sospecha de al menos diez más. Los investigadores que comenzaron las pesquisas se dieron cuenta que esta mujer tenÃa un perfil particular, un perfil que embonaba perfectamente en una asesina múltiple, su habilidad para engañar, su habilidad para inhibir cualquier tipo de remordimiento o de empatÃa hacia la vÃctima. La convertÃa en esto. HabÃa tenido relación de negocios con las tres mujeres. A las tres les habÃa propuesto negocios espectaculares, A las tres les habÃa prometido ganancias inimaginables a partir de sus ahorros y le entregaron el dinero. Por supuesto, cuando el dinero se acabó porque lo habÃa gastado, dejó de pagar los dividendos las mujeres. Aquellas comenzaron a solicitar su dinero y esta nerviosa comenzó a visitarlas a menudo hasta que finalmente optó por matarlas. Pero no eran las únicas personas que faltaban. HabÃa varios casos abiertos de situaciones muy similares que tenÃan algún vÃnculo con la yuya murano. Desafortunadamente, la fiscalÃa no pudo ilvanarla correctamente con estos casos y terminó condenándola únicamente por tres. Era preferible asà no demeritarÃan el caso atrayendo otros casos que no pudieran acreditar. Por eso los demás casos no fueron llevados a juicio. Sin embargo, estaba relacionada. Era una mujer apta para mentir, para hacerse querer, para entrar en un ambiente desconocido y adaptarse perfectamente hasta el punto en el que la prisión les sentaba igual de bien que la sociedad, estando en la cárcel, comenzó a relacionarse aún con las precisins maneras más violentas y peligrosas de amigas cercanas, al punto en el que una buena tarde se le podÃa ver sentada en una mesa pintándole las uñas a una asesina violenta, para después darse abrazos y besos y seguir jugando cartas como si fueran tres señoras de la alta sociedad, tomándo té Cuando alguna de las reclusas era liberada a la salida a la puerta, era obvio encontrarse a la llilla murano, despidiéndola a brazo, beso caricias, dándole arreglos en el cabello, dando consejos al tiempo que se iba, para después volver y seguir controlando en la prisión. Esta mujer no era una reclusa, más era la lidereza apta fácil de moverse. Se considera que por lo menos una veintena de reclusas fueron agredidas violentamente por otras reclusas bajo el mandato de esta mujer. SÃ, es poco conocido el hecho de que tenÃa el control como todo buen psicópata. Muchas personas se preguntan cómo es que un hombrecito anciano delgadito podÃa asesinar a personas del doble de tamaño y peso por lo mismo. Pero la historia no termina ahÃ. Si usted cree que con esto ya terminamos, no, por supuesto que no. La llilla Murano fue liberada en mil novecientos noventa y cinco bajo un esquema nuevo que surgió en el noventa y cinco con el advenimiento de la democracia Carlos Saúl Menem y demás. Hubo una especie de amnistÃa hacia los reos la ley del dos por uno, Las personas que habÃan estado presas durante un perÃodo de tiempo antes de ser sentenciadas podÃan apelar y se les aplicaba una especie de mejor en su condena. De tal manera que una persona que tuviera cuatro años de prisión previo a la sentencia se le considerarÃa que habÃa cumplido ocho el dos por uno, asà que para mil novecientos noventa y cinco la jilla habÃa concluido su sentencia. No habÃa tal cadena perpetua. Se la habÃan conmutado por veinticinco años de prisión, que bajo el esquema del dos por uno se convertÃa en dieciséis y la cumplió y salió. Salió libre a la salida de la cárcel. HabÃa periodistas, fotógrafos, cámaras de televisión esperándola. HabÃa sido el gran caso en su momento. Por supuesto, cuando sale se niega a dar entrevistas. No claro que no de ninguna manera se tapa el rostro pide discreción porque no se habÃa podido peinar ni maquillar y no llevaba a sus joyas adecuadamente. Aunque usted no lo crea poco tiempo después estarÃa dando entrevistas, Se convertirÃa en la cronista de moda del programa La hoguera. SerÃa invitada recurrente del programa de Mirtha legrand En donde platicarÃa todo tipo de aventuras, prestaba entrevistas, daba autógrafos. Se volvió nuevamente una socialité y como tal, obviamente se movÃa con una habilidad extraordinaria, de tal manera que si alguien querÃa una entrevista, primero tendrÃa que invitar un buen desayuno, segundo tendrÃa que ofrecerle algo que valiera la pena, ya fuera un poco de dinero, algún regalo, alguna cosa. Linda murió en el año dos mil catorce se habÃa convertido en una anciana con un problema demencial. Ya no recordaba nada, estaba ausente, estaba viviendo en un geriátrico tras haber sido ingresada en prisión. Su esposo Antonio, el esposo legÃtimo, falleció para mil novecientos noventa y cinco, poco después de haber salido de prisión. ContraerÃa matrimonio con un hombre que, al darse cuenta que se habÃa casado con la jilla Murano, la asesina se divorciaba inmediatamente y salà en una entrevista en donde aseguraba que sólo habÃan pasado la primera noche y la noche de bodas y después no querÃa saber nada de ella. Su propio hijo, MartÃn escribirÃa un libro en donde declararÃa que su madre era una asesina terrible y una serie de cosas. Pero la historia tampoco termina ahÃ, porque todavÃa más adelante volverÃa a contraer matrimonio con un hombre invidente. Este hombre invidente le ofrecerÃa su departamento y la tratarÃa como una reina, y ella declararÃa que estaba encantada, que lo adoraba, que era su sueño ideal y, por supuesto, no negaba, que tenÃa otros amantes y que seguÃa teniendo y hablaba unas barbaridades tremendas. Pero entonces fue echada de la casa cuando la hija adoptiva, es decir, la hija de aquel hombre, declararÃa a la policÃa que sospechaba que la gilla la estaba intentando envenenar. Tras haberse enfermado al comer algo que ella habÃa preparado, serÃa enviado un geriátrico en donde vivirÃa el resto de sus dÃas hasta su muerte. Es triste pensarlo, pero todavÃa muy entrada. En el final de su vida seguÃa fantaseando con las mismas cosas. Pero es un caso único en la historia de una asesina a la que se le acreditaron los crÃmenes. Cabe señalar que ella siempre lo negó. Cada vez que alguien le entrevistaba, decÃa yo no maté a nadie. En el juicio, ella aseguró yo no invité a comer a nadie. Yo no envenené a nadie, Yo no maté a nadie. Pero durante una entrevista muy recordada la llilla murano sonriente dirÃa los asesinos siempre son mentirosos. Usted qué piensa. Y bueno ahora para quitarnos el sabor hacia nuro de la boca, qué le parece. Si mandamos algunos saludos. Mire usted, Mauricio alcalá, su amigo César y su hija Norberta nos están acompañando. Norberto está un poquito triste. Por eso le decimos ánimo. Ãnimo. Esto sigue. Esto no acaba. Esto es mucho más allá. Hay que ver mucho más allá. La vida puede crecer hasta donde nosotros la dejemos. Crecer Va para Denis Juárez Espinosa, Dion y su papá don Nachito, que nos acompañan, Marta y Daniel que nos acompañan en Florida, Valeria y sus papás que se sientan a escucharnos juntos en la Ciudad de México. Eduardo vea él trabaja en un hospital en Toluca y nos escuchan mientras está trabajando. Ojalá, no haya muchos fantasmas por allá. Sergio Escalante desde Argentina. Patrick Rosas. Patrick Rosas es un amigo que todos conocemos. Siempre está en el canal, siempre está acompañándonos. Es la persona que está siempre en el chat apoyando, ayudando a sostener el canal. Es un tipazo y ahora mismo le mando un saludo a su papá. Ojalá, nos acompañe juntos Patrick Patricio, desde Chile, quien se está recuperando de una enfermedad y anda un poquito de capa caÃda. A él le vamos a decir algo. Siempre recuerde larga vida, mucha inteligencia, mucha pasión, mucha fuerza. No lo olvide. Todos la tenemos en la palma de la mano para Alberto Juárez, que nos acompaña junto a su esposa y junto a su suegra. Asà es que todos juntos muy bien. Un fuerte abrazo Pilar León, don José Altamira y su nieta que nos escuchan desde Viña del Mar en Chile, un abrazo a los tres juntos juntos vamos todos juntos, un buen abrazo Amalia y su abuelita, que también nos acompañan, ere shkinghal Beta, su mamá Carmen, su hermana Nicole y su Sobrina Antonela, que nos escuchan en Bolivia en la paz todos juntos. Hombre, qué grato. Muchas gracias por esto. Queremos agradecer especialmente a Irais un Yardón, a Marmol Skywalker y a Brisa, quienes apoyan al Canal a través de unos donativos que hay ahora que se llama Super Thenkson. No sé cómo se llama prostà y les agradecemos mucho este apoyo. Y por último, si usted pensaba que ya habÃamos terminado, mandemos unos cumpleaños. Qué le parece. Juan Carlos, de parte de su esposa Emma González, un feliz cumpleaños. Luly Lascano en Buenos Aires, un fuerte abrazo Sunjun un fuerte abrazo también por ese cumpleaños. Qué bueno que nos acompaña. Recordamos mucho este nombre al papá de Guadalupe RamÃrez, que cumplió noventa y tres años y a su sobrinita brenda noventa y tres años, papá de Guadalupe, un fuerte abrazo por allá, una larga vida, muchas historias, mucha sabidurÃa José Alfredo Vicente de parte de su esposa wendy un abrazo Alfonso EchevarrÃa de su esposa Iliana, un abrazo a ambos. Gracias por acompañarnos. Para el Titcher, Boris Piñeries. Boris es nuestro querido amigo del canal. Desde los primeros videos nos ha acompañado. El Titcher está en Colombia y es un personajazo. Todos en el canal le aprecian mucho, porque ha estado siempre junto con Picard, con Aurelio, con todos ellos que han estado ahà desde el inicio. Es un gusto saberlo Titcher, un fuerte abrazo para Naomi de parte de su mamá, Guadalupe MartÃnez. Muchas gracias, a todas ustedes muy buenas noches y que descansen en paz n o







