Fantasmas de mascotas || Relatos del lado oscuro (Exclusivo podcast)

Nos acompañan cada día, son afectuosos, nos cuidan, nos protegen, llegan a ser más que simples mascotas, miembros de nuestra familia. Y después de su muerte ¿Qué ocurre?
O o o s c n r. Relatos del lado oscuro faltar seres, extraños, sucesos inexplicables, verdad historias que otras mentes prefieren ignorar. En los años noventa, en la residencia para personas en plenitud, como se hacÃa llamar esta residencia para personas mayores, llegó una invitada especial. Muy pronto se ganó el nombre de la doña. Era una mujer de unos ochenta y tantos años de apariencia muy elegante, en quien se notaba aún una vida muy cómoda, muy cuidada, con aquel cabello largo blanco, pero muy finamente cuidado. Su apariencia general era de una persona de una clase social muy acomodada. Sus hijos habÃan pagado un espacio especial en esta residencia, particular, una residencia privada atendida por personas religiosas, pero al mismo tiempo, por enfermeras por especialistas una instalación muy costosa y habÃan pagado dentro de esa institución un espacio especial en donde habÃa una recámara y una sala en donde se permitÃa tener objetos personales, algún retrato a algún cuadro, alguna figura que le fuera significativa al paciente. La atención solÃa ser particularmente esmerada y las personas, algunas de ellas, tenÃan tratamientos para aquel entonces muy sofisticados contra la pérdida de la memoria, contra la demencia senil, contra el Alzheimer, cosas que quizá podrÃan funcionar o quizás no. Como fuera, habÃa supervisión constante, obviamente, sobre todo al caer la noche. La jefa de enfermeras del turno de la noche era una mujer muy dedicada, quien solÃa ir habitación por habitación de las personas que estaban a su cargo para revisar, que hubiesen tomado sus medicamentos, que estuvieran cómodas y cómodos, que tuvieran sus cortinas corridas, que estuvieran todas las ventanas cerradas, que estuvieran las llaves de los lavados cerradas, que no faltara nada, simplemente acercarse a acomodarles la cobija, tomarles la temperatura y escuchar unos breves minutos escuchar cosas lo que platicaban. Algunas de estas personas tenÃan tratamientos y, por lo tanto, el escuchar no solamente era por gusto o por caridad o por lo que usted quiera. Era parte del trabajo escuchar lo que decÃan las personas y reportarlo a los médicos. AsÃ, por ejemplo, se sabÃa que una persona que tenÃa ya una avanzada situación del z Heimer bueno tenÃa perdida de memoria a corto plazo la memoria reciente, de la memoria inmediata, la de hace un año y, sin embargo, recordaban sucesos de hace cuarenta años. Entonces cualquier destello de memoria nueva or era importante, si es que estas pláticas iban encaminadas también a ese tipo de tratamientos. Como fuera la doña, era un caso especial. Su plática era agradable, muy instruida, y no solamente agradable en el sentido de temas interesantes, sino que además era una persona que sabÃa mucho. HabÃa tenido una empresa textil, asà es, que sabÃa detalles peculiares como la tela del traje de la enfermera, sabÃa cómo se podÃa coser una reparación como hacer. Era una cosa impresionante platicar con ella. HabÃa sido una mujer muy exitosa, pero con el paso de los años, la muerte del esposo la habÃa golpeado todavÃa más y la pérdida de memoria se habÃa sumado también con problemas cardÃacos y de salud. Lo último que habÃa ocurrido que habÃa decidido a los hijos a ingresarla a esta institución, era un accidente doméstico. La cuidadora se habÃa en algún momento confiado la de la en la la la señora intentó hacer algo, Se quemó una mano, se le cayó aquello bueno para evitar más problemas, deciden que se ingrese en una institución en donde habrá todos los cuidados. La señora no tenÃa memoria reciente lo que era muy evidente. Por ejemplo, cuando llegaba a visitarla a su nieto de unos veintitantos años, solÃa saludarlo como si fuera el médico el sacerdote que iba a dar la confesión, porque ella insistÃa en que su nieto es un chiquilingüerito de cinco años precioso y no este muchachote de veintitantos años que ahora viene. De igual forma, no está muy consciente del espacio y el tiempo. No está muy consciente de dónde está vamos, pero sus ratos de lucidez son muy agradables. Una tarde, la Jefa de Enfermeras, como siempre llega, toca la puerta respetuosamente. Entra saluda muy cortés, se aproxima y va a sentarse a los pies de la cama. Le dice que va a sentarse para tocarle un poco los pies. A la señora le han dolido los pies. Se ha quejado de eso después de un rato de caminar. Parece ser que le duelen los pies. Asà es que la Jefa de Enfermeras aprovecha para platicar un momentito. Le toca a los pies, le toma el pulso. La temperatura la escucha, pero cuando va a sentarse justamente a los pies de la cama para tocarle darle un pequeño masaje a los pies, la señora le dice no. Por favor, no, no permÃtame siéntese mejor aquà junto a mÃ. No sea que esa gata grosera la vaya a rasguñar la gata. SÃ, sÃ, es que sólo Dios sabe cómo ha dado conmigo, pero ha llegado aquÃ. La enfermera se queda sorprendida, pero no suele contrariarlo. Sabe que no hay ningún gato. Asà es que bueno me siento acá. La señora le confiesa que la presencia del gatito le ha sido muy grata porque se acurruca a sus pies y el calor del animalito, y aquello le ha hecho sentir menos dolor en los pies. Es agradable. Después de eso, continúa con la plática. La enfermera. En el reporte del dÃa siguiente establece que la paciente le ha comentado acerca de un gato que la visita como dato, simplemente como un dato de la plática. En la siguiente visita de los parientes, que serÃa el miércoles, eso habrá sido un lunes. La hija que ha llegado de visita confirma que sà que la señora tenÃa una gata amarilla, una gata muy vieja. HabÃa estado con ellos muchos años. Su gata, a la que cariñosamente llamaban la pila o pilita, era una gata amarilla, vieja que solÃa ser muy cercana a ambos, al esposo y a la esposa. Cuando el esposo muere, la gata es el único refugio de aquella mujer. Pero es una historia que habÃa empezado hacÃa catorce años y la gata habÃa muerto unos o tres meses. Antes de ingresar a la señora por enfermedad, por cassas SNS natural es, el animal habÃa fallecido. Asà es que la señora estaba haciendo referencia a aquella gatita, pero el médico se percata de un detalle. La señora menciona esta gata vieja. No sé cómo ha dado conmigo lo que le llama la atención. La señora estaba en un tratamiento en aquellos años, tratamiento que intentaba, por lo menos, contener o mejorar la situación. No conozco de eso, pero habÃa un tratamiento. El hecho es que le sorprende, porque la señora tiene un conocimiento del espacio y el tiempo. Sabe que es su gata vieja, o sea, que no está haciendo referencia hace algo de quince años, sino algo actual. Cómo ha dado conmigo. Sabe que no está en su casa por lo tanto, la gata ha dado con ella. Esto le sorprende muchÃsimo y toma nota minuciosa de todos los detalles. Unos dÃas después, la enfermera vuelve a ir para allá con la idea de ese seguir platicando como siempre son sus visitas habituales. Desafortunadamente, en el camino antes de llegar otra pacientita se ha indispuesto ha tenido que venir el médico. Han estado ahà un buen rato. Asà es que se ha hecho tarde cuando llega con la doña, la doña ya está muy dormida, Asà es que entra revisa que las cortinas estén bien, las llaves cerradas, ventanas cerradas, todo en orden. Por supuesto, está prohibido tener animales. Ahà no hay ningún animal. Asà es que no hay nada, pero ella en ese momento se acerca. Toma la mano de la señora para tomarle el pulso, la acomoda de tal manera que su mano queda a esta altura para checar el pulso. Está ahà contando cuando de pronto, con toda suavidad, siente cómo pasa la clara innÃtida sensación de un gato que acaba de rozar su brazo. Inmediatamente sorprendida, retira la mano, b bus en su bolsillo, una de esas lamparitas que usan los médicos y las enfermeras e ilumina porque ha tenido la clara sensación de que la tocó el gato. Usted sabe que un gato de estos que acaricia que se restriega es esa clara sensación hasta con el empujoncito, pero ahà no hay nada. Revisa abajo de la cama, Revisa por aquÃ, por allá no hay nada. Se queda muy sorprendida, pero apaga su lamparita y se retira. Unos dÃas después vuelve a llegar de visita. Es buena hora. Está platicando con la señora alguna cosa está comentando cuando de pronto siente en la pierna. Ella solÃa utilizar el uniforme de esta institución. Era una falda a la altura de la rodilla con las tradicionales medias blancas, y siente claramente el roce de un gato en la pierna. Ese roce cariñoso de un gato en la pierna. No pudo de evitarlo y de pronto la señora se vuelta y dice Shipila, Pila, no molestes. En el instante en que siente aquello, la enfermera ya se empieza a poner rara y dice ay y cómo es su gata. Dice es mi gata. Amarilla tiene muchos años con nosotros, muchos años. Yo no sé cómo llegó aquÃ, pero en las noches aquà está la enfermera se queda como muy rara, porque ya no ve nada estaban prendidas las luces. Ya empieza a sentirse rara con este tema del gato. Pero a la señora le parece muy bien, y tal parece que la presencia del animal la ha mantenido bien, o por lo menos, lo que ella pensaba que era un gato imaginario la habÃa mantenido. Pero al sentir estos dos roces algo la inquieta. Pasan un par de semanas durante las cuales no siente nada peculiar, pero tampoco permanece mucho rato. Ahà porque le inquieta aquello viene un momento en el que de pronto están caminando. Son las ocho y media nueve de la noche y a los pacientes está cada quien, los residentes están en sus habitaciones puertas cerradas. Ella va pasando por la puerta de la doña. Cuando escucha algo inconfundible, no hay manera de equivocarse, no hay manera de error. Es un aullido de un gato, el maullido de un gato que está encerrado asà con ese rascuño que hay ese rascar la puerta como queriendo salir y el clásico maullido del gato. La enfermera sabe que eso hay un gato. Está a punto de decir maldición. Les dije que revisaran cuando abre la puerta y no hay nada, salvo una ligera corriente de aire que se hace cuando se abre la puerta, pero adentro no hay nada, absolutamente nada. TenÃa dos segundos que escuchó el maullido y el rasquido en la puerta abre no hay nada. La señora está dentro inconsciente. Está teniendo un problema de salud grave y la enfermera se arta presura, moviliza a la gente. La paciente es trasladada a un hospital. Su condición es bastante delicada. Momentos antes estaba bien, la habÃan revisado, pero en el punto en el que se encuentra está delicada. Durante los dÃas siguientes permanece en el hospital y durante esos dÃas, cuando las personas pasaban por afuera de la habitación, aseguraban escuchar, sobre todo al caer la noche, cuando ya hay silencio exterior, cuando ya no se oye tanto ruido, Escuchaban el maullido del gato. DÃas después, el maullido del gato se hizo muy notorio uno o dos dÃas antes de que la doña transitara la siguiente etapa de la existencia, porque su salud se habÃa comprometido hasta el punto en el cual no pudo ser recuperada y fallecerÃa en aquel hospital donde se encontraba durante todo este tiempo. La extraña presencia de aquellas animal que habÃa muerto ya tiempo atrás parecÃa animarla y estarla acompañando si usted quiere pensarlo asÃ, quizá esperándola para irse con ella usted qué piensa. En teorÃa, los animales no deberÃan de convertirse en fantasmas. En la mayor parte de las creencias religiosas actuales dentro del cristianismo y la Iglesia Católica en particular, el animalito como tal, no tiene un alma, no es un hijo de Dios. Es simplemente una creación. Pero para quienes hemos convivido con ellos, muchos de estos animales nos exhiben señales claras de afecto, señales claras de cariño, de cercanÃa, de apego. Si hacemos caso de las teorÃas paranormales que afirman que en la generación de un fantasma se produce por razones como, por ejemplo, el miedo, la ira, el amor, la ambición, la aricia, la lujuria, algunas de estas casuÃsticas las podrÃamos encontrar en el comportamiento de un animal, en un perro que tiene un especial apego a su amo, que serÃa capaz de dar la vida por él en un gato que se vuelve una compañÃa sincera para la persona que lo atiende, incluso en animales mucho más raros, como pudiera ser un caballo que se acostumbra a la cercanÃa del amo y que suele ser también muy perseverante en esa cercanÃa, muy apegado a su amo, ese apego, ese afecto, esa dependencia. De alguna forma podrÃa ser quizá la casuÃstica que derivarÃa en la formación de un fantasma. Casos como este, que nos fue platicado hace muchos años por la propia enfermera, se suman en una larga lista de sucesos similares que se han documentado a lo largo de los años, historias que van desde el perro de gre Fryers en Inglaterra, el famoso perro Bobby, que se quedó catorce años cuidando la tumba de su amo, muerto un policÃa de la región que habÃa muerto y que cuando el hombre aquel aquel policÃa que lo cuidaba y que la alimentaba fallece, el perro vay se queda en la tumba. La gente se acostumbra a verlo ahà y comienzan a llevarle comida, a llevarle cositas. El perro solÃa jugar con una vara. Le aventaban la vara y el perro iba por la vara y regresaba. Cuando viene la Racia, porque habÃa una plaga de perros en aquella región inglesa, uno de los condes, un hombre de la nobleza decide registrar al perrito como suyo, ponerle una plaquita y colgársela para que no se lo llevara a la Racia. Aún asÃ, el animal seguÃa en el cementerio. Cuando fallece, el animalito es enterrado cerca de la puerta en donde hay una placa. La gente ha seguido llevando palitos durante muchos años a dejarlos ahà y e incluso se ha construido una estatua durante años. También se ha dicho que el perrito Bobby perrito como maltés chiquito de ambula por el cementerio cerca de la tumba de su amo, buscando al amo que perdió, pero que sigue extrañando y sigue buscándolo. Historias como esta nos las hemos topado por muchas partes. Algunas de ellas podrÃan ser no más que una leyenda, pero otros sucesos van mucho más allá. Déjeme que le platique otra historia bastante triste. En los dos mil es tempranos, un hombre está muy enfermo, un gran fumador, cincuenta años de buen tabaco terminan por cobrar la factura. Los pulmones destruidos casi no respira casi no puede caminar. Su único alivio es salir al pórtico de su casa. En una zona tropical de México, cercano a Córdoba, en donde tiene una casa muy bonita con un portal. El clima es cálido, un poquito húmedo. En la parte de atrás de la casona hay una huerta con diversos árboles, una barda que flanquea los lados y nada más, porque después de eso sigue el monte y es un sitio solitario. En este lugar, este hombre sale al pórtico, donde tiene una silla mecedora y un hermoso perro San Bernardo, un gigante lo ha tenido desde que era muy pequeño. Se lo obsequiaron siendo un cachorrito. Es una mole. Además, es un perro increÃblemente fiero, contrario a lo que se piensa de que el San Bernardo es un perro muy tranquilo e incluso un poco tonto. Este es una fiera, su ladrido se escucha a kilómetros y es un animal gigantesco que además ha probado ser espectacularmente feroz. Pero con él es una seda. Cuando ve salir a su amo, viene corriendo y se le echa enfrente y le hace fiestas con tal de que lo acarice un poco en la panza y le toque el morro y le haga alguna carile y el perro se quede echado moviendo la cola todo el tiempo que el amo esté sentado en ese lugar. Es un animal enorme, muy fuerte, muy sano, un perro de unos siete u ocho años en plenitud. La gente le tiene miedo, pero cuando llega alguna visita este hombre con decirle sh Ah perrito anda pequeño, vete a tu casa, el animal da la vuelta y se mete en un espacio que tiene reservado, que tiene una cadenita para que no ataque a nadie su nombre. El pequeño en realidad era un animal enorme. Asà es que de pequeño no habÃa nada. Pero, como ya le digo, cincuenta años de buen tabaco pasan factura y este hombre va a dar al hospital después de muchos esfuerzos y de muchos cuidados, con una reducción de la capacidad pulmonar. Una mañana. La señora ha estado cuidándolo mientras observa toda la noche he estado ahà viéndolo como va acabándose en el hospital por la mañana. Temprano es relevada por una de las hijas y ella va a la casa a descansar un rato, a tomar un baño. La empleada de casa es una mujer que los ha acompañado muchos años, también originaria de una población en la sierra que se conoce como papantla. Esta mujer era muy cuidadosa, muy apreciada y el perro la apreciaba también. El hecho es que están las dos mujeres tomando el desayuno cuando el animal comienza a hullar de forma muy extraña. El aullido es fuerte, largo, muy raro. Nunca lo habÃan escuchado. Ahullar de esa forma. Es un san Bernardo. No suele aullar y aúlla largamente la empleada se voltea y le dice a la señora. Señora yo creo que mejor se apresura usted y se prepara, porque el pequeño está sintiendo algo un minutos después o en el teléfono, sino es que una media hora después es la persona que estaba cuidando a su esposo. El señor entró en un arresto cardiopulmonar y ya no fue resucitado, ya no tenÃa caso, habÃa colapsado y habÃa muerto. La tragedia estaba allÃ. Era una tragedia esperada. Se sabÃa que iba a ocurrir. El buen tabaco pasa factura, tras ir allá a hacer los trámites, viene el sepelio, sepultan el cuerpo, regresan a casa y la casa se queda con una sensación de soledad extraña. Los hijos ya se habÃan ido cada quien a su propia vida, asà que solamente están la señora y su empleada de toda la vida y empiezan a ocurrir estas cositas raras de pronto. Una tarde se oye un silbido que viene de la planta alta, pero ahà no hay nadie. El silbido es muy, muy particulares, un silbido que todas que ellas dos conocen bien lo han escuchado muchos años. Es el silbido del patrón. Pero en cuanto escuchan ese silbido, el perro se desquicia por completo. Quiere entrar rasca la puerta, quiere entrar otra tarde. Escuchan un tocido muy peculiar y una especie de carraspeo también que les era muy familiar en la parte de arriba. Y nuevamente, el perro desesperado quiere entrar otro dÃa. Cuando se asoman a la ventana, el perro está en el pórtico moviendo la cola alegremente sentadito, junto al lugar donde se ponÃa la mecedora de su amo, como si estuviera el amo ahÃ. Sin embargo, el perro fue entrando en un proceso de duelo, Asà se los dijo el veterinario que luego revisó el perro estaba consciente de que el amo habÃa muerto y entró en duelo. Dejó de comer, dejó de moverse dejó de tomar casi agua y se empezó a debilitar. No era un perro viejo, era un perro muy fuerte. Empezó a decaer y a decaer con el paso de las semanas, el animal no se levantaba salvo para ir al pórtico, sentarse junto al lugar donde estaba la mecedora de su amo y mover la cola alegremente. Pero fuera de eso regresaba a su lugar y se quedaba ahà los dÃas enteros. Obviamente, con el paso de las semanas, el animal terminó por morir una tarde cuando el veterinario vino. El animal estaba ya en condición crÃtica y ya no se podÃa hacer nada, a pesar de que habÃan intentado alimentar lo, de ponerles ondas. El duelo lo habÃa acabado. Esperaban que se pudiera recuperar, pero no lo habÃa logrado. El animalito fue sepultado este perrito. El pequeño fue sepultado atrás de la casa, en la huerta, esta zona donde se habÃan sembrado todos estos árboles tan bonito. Ahà hicieron una túmbalo, pusieron con un pequeño lecto pegado a una pared pequeño la vida siguió siendo triste Dentro de la casa. El silencio se vuelve cada vez más pesado. Las eventuales visitas de alguno de los nietos generan mucha alegrÃa, pero el resto del tiempo el silencio es oprobioso. De vez en cuando, el silbido no produce miedo, produce asombro, pero nada más cercano. A diciembre, la señora está un poco indispuesta, Asà es que decide subir a su habitación a las nueve de la noche. La empleada de toda la vida se queda abajo, terminando de limpiar acomodando las cosas, cuando de pronto, al levantar la vista y ver por la ventana de la casa hacia la parte de la huerta, distingue claramente con los faroles que están instalados como por la barda brinca un sujeto. Alguien más arroja un saco con alguna cosa y enseguida observa cómo brinca un segundo sujeto. Se acaban de meter a la casa. La mujer viene corriendo hacia arriba con la señora toda nerviosa, diciéndole hay que llamar a la policÃa porque se acaban de meter unos rateros. Señora, se metieron los rateros. La señora muy nerviosa, va a buscar el teléfono a la antigua para marcar a la policÃa. Pero quien sabe el número de la policÃa. En aquellos años todavÃa no se establecÃa el número único. Ãnico de policÃas es que hay que buscar a ver cómo le hacemos. No sé cuánto tú busca la pistola que está por allá. La pistola. HabÃa una pistola en la casa. Si es que hay que buscar la pistola cuando de pronto y esto lo decÃa la empleada muchos años después escucharon el ladrido del pequeño, aquel ladrido que verdaderamente imponÃa de un animal de ese tamaño, de un San Bernardo enfurecido. Escuchan aquel ladrido tremendo cómo viene de la parte izquierda de la huerta, avanzando hacia donde ellas, hacia la casa y luego hacia la otra barda. Se escucha que ello el ladrido agresivo de ataque. Finalmente encuentran el teléfono de la policÃa y logran marcar a una comandancia que está por ahà cerca en cuestión de dos o tres minutos. Llega a una patrulla, llega otra patrulla. Salen los policÃas, muy heroicos, muy valientes, revisan por afuera y efectivamente, en la barda de la casa. Por el lado exterior habÃa una pila de piedras que habÃan usado estos golfos para brincar dentro de la huerta que era parte de la casa. Encuentran el saco, que tenÃa una barreta, que tenÃa un martillo, tenÃa un machete, tenÃa unas herramientas. Encuentran una linterna de mano grande que debe de haber sido algún objeto caro todavÃa encendida. Por ahà tirada una gorra que hace alusión a que aquellos sujetos habÃan huido a toda velocidad. Nunca quisieron saber más ni preguntar más, pero esa noche escucharon el perro que habÃa muertos se manas atrás atacar a los delincuentes. Unos dÃas después les obsequian un perrito. Es un pastorcito alemán de unos cuatro o cinco meses. Es un cachorro ya grande son es un animal precioso, con sus orejas muy paraditas, muy fiero y muy juguetón. Es un encanto de animal y es un encanto que hace cosas tan raras como de pronto jugar a echar las patas hacia adelante y agacharse y luego brincar y correr, como si estuviera jugando con otro perro, pero de pronto se detiene en, seco levanta el rabito y olfatea como si tuviera otro perro enfrente, de pronto corre vae, trae una vara la zangolotea y luego va y corre y hace otra cosa, como si estuviera jugando con otro perro. Poco a poco, sin embargo, aquello se fue difuminando el silbido del señor el sonido de la garganta que se limpia en la parte de arriba. Poco a poco fue pasando conforme. Fue pasando. También fue pasando los juegos del perrito como si poco a poco, aquellas dos almas que se habÃan querido tanto se hubieran ido caminando juntas. Un tiempo después, lo único que se llegó a escuchar alguna vez y sentir fue en la respiración del perro, en la puerta como olfateando y en el interior de la casa el olor, el olor a un buen tabaco que se está fumando como si fuera la despedida. Déjeme que vaya a un breve intermedio, café y galletitasmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm. S o s O s N O N s la granada o s u tas. Y quisiera agradecer muchÃsimo a Bles Patrick Rosas, Sara Telles, Alejandra Muñoz, a Abraham Cutinho y Lina, a Conni, Miranda, EurÃdice SolÃs Autivo, a Katia Ana, MarÃa Arreola, Teresa Honda. Muchas gracias a todos ustedes, que son nuestros amigos y que siempre están apoyando este canal. Gracias a ustedes seguimos adelante, seguimos trabajando. Su apoyo es muy valioso para nosotros. Les mandamos un fuerte abrazo. Con todo nuestro agradecimiento, porque también es un agradecimiento por acompañarnos, por compartir este gusto, por los relatos, por las historias, por todos estos sucesos inexplicables. Ahora bien, no todas las historias de fantasmas animales son historias románticas y bonitas. Eso es un hecho. Muchos de los casos que se cuentan son animales apegados a las personas, pero asà como las personas. Se cree que al morir se produce la supervivencia de la personalidad después de la muerte, y aquel que fue una buena persona se va muy rápido, y aquel que fue una escoria conservará rasgos de lo que fue en vida. Probablemente también estas mascotas o estos animales conservarán algunos rasgos de esas personas. Y de ahà que este relato que nos platicaron hace tantÃsimos años, cuando todavÃa era yo pequeño. Venga muy a colación mil novecientos sesenta y dos, más o menos en ese perÃodo de tiempo, un nuevo hombre de origen español que habÃa llegado a México buscando fortuna, recibe una invitación para trabajar administrando un rancho. Está en los lÃmites entre Trascala e Hidalgo. Es un rancho que tiene numerosas cabezas de ganado, lechero, tiene pastizales, tiene una buena producción. Es una zona frÃa muy bonita. El rancho tiene una casa. No es una casa muy nueva, que digamos, pero es una casa grande. El hombre podrá ocupar la parte de arriba abajo. Hay unas oficinas y la casa del velador. Parece entonces este sujeto. Jesús tiene su esposa Ana Mari y unos dos chiquitos, uno de unos tres añitos y la niñita de unos cinco añitos. Hoy en dÃa deben de ser personas ya mayores. El hecho es que acepta la invitación. Quien lo invita es el dueño del rancho, que tiene varios ranchos en la región y es un paisano suyo. Resulta que el administrador anterior habÃa sido una ficha de aquellas. Tras varios años de administrar el rancho, se hizo evidente que habÃa estado tomando dinero tanto de la ordeña como de los alimentos, como de los becerros, como de todo lo que se podÃa habÃa tomado dinero, por lo que un buen dÃa habÃa tenido que salir huyendo al saberse descubierto y al ver que iba a venir la policÃa por él, por todo lo que habÃa agarrado indebidamente escapa y huye. El hecho es que cuando llegan al rancho se topan con una sorpresa poco agradable aquel hombre severiano el que habÃa tenido que huir también pariente. Suyo, paisano, suyo habÃa dejado tras de sà a un enorme perro, pastor policÃa, un animal muy grande. Le llamaban pastor policÃa. En realidad era una mezcla de dos o tres razas, pero era un animal muy grande, de pelo negro, un poco sucio, orejas muy levantadas, muy fuerte, muy agresivo. El perro habÃa sido reconocido por los trabajadores como una fiera que solamente respetaba su propio dueño. PodÃa atacar a cualquiera que se acercara y cuando severiano salÃa en las madrugadas caminando para la ordeña o hacia los campos a ver el riesgo, el riego, el perro, sino siempre iba con él. Quién se acercara, corrÃa el riesgo de que el perro lo atacara y en ocasiones se sabÃa que cuando se verÃa no estaba tomado hasta por diversión azuzaba al perro lo increpaba de alguna forma para que atacara algún otro perro para que mordiera alguien era una bestia. Aquel hombre cuando escapa huyendo, deja al perro. Ahà los trabajadores no saben qué hacer. Asà es que le meten comida por una parte de la puerta, que abren, meten comida, meten agua, pero el perro está dentro de la casa, asà que cuando llega Jesús, aquello es un asco, Está sucio, hay restos de comida, suciedad de animal. Es una porquerÃa abre la puerta y el perro se le lanza encima, si es que con mucho cuidado y con tan un poco de tiento logra lazarlo, lo atrapa y lo lleva a una especie de corralito. Es una bestia enorme, pero es un gran perro y en estas soledades y en estas épocas están complicadas tener ese animal serÃa muy valioso a él ya le habÃa tocado llegar a otros ranchos, ya habÃa estado en otros ranchos donde habÃa animales. Sabe cómo tratarlos. Es cosa de pasar unos dÃas y de cada dÃa llevarle él mismo la comida, acariciarle un poco el morro y va a agarrar camino. Está confiado en ello. Le gusta el perro. Hay que ser realistas después de sacarlo y encerrarlo bueno. Tuvo que limpiar aquello durante tres o cuatro dÃas, desinfectar echarle creolina, que es un desinfectante muy usado en los ranchos para que pudieran llegar a vivir la familia. El trabajo es bueno, muy bueno. El paisano a que él le va a pagar bien, porque sabe que es de confianza con ese dinero, que va a ganar sin tener que pagar una renta. Probablemente en poco tiempo puede tener su propio rancho, su propio negocio. Asà es que hay mucha esperanza cuando llega la ana mari, como le decÃa a él, y los chicos se acomodan bien. El trabajo es fuerte, cua cua, cuando se tiene gris y hay que ordeñar, hay que estar a las tres de la mañana arriba todos los dÃas. No hay dÃas de descanso, no hay vacaciones. Las vacas nunca descansan. Asà es que toda la vida hay que estar ahÃ. Es pesado el trabajo, pero cuando ya regresa para el desayuno ocho de la mañana, siempre pasa a ver al animal. Aquel tenÃa un nombre muy raro. El nombre era Sacurra, una cosa asà le llamaban aquel animal sacurra. El tipo anterior era de origen vasco y le habÃa puesto ese nombre tan raro. El hecho es que, por más que se esfuerza cada vez que intenta acariciarle el morro al perro. El perro avienta la tarrascada, intenta atacarlo, se aloca, se desquicia bueno, es un animal muy grande. Lo toma con calma. El perro quiere su respeto, quiere su espacio, le lleva. Eventualmente cierra las puertas y suelta al animal para que ande ahà en la parte de en medio de la casa que tiene un empedrado, y el perro va y viene un rato. Luego ya le pone la comida y cuando el perro va a comer, le cierra la puertita. La relación va arreglándose. Pero cuando los niños van a jugar con Anamari, el perro se desquicia por completo. Es una cosa espantosa que les da mucho miedo de que se vaya a saltar y ataque a un niño porque lo mata. Lo mata, Lo despedaza. Esta bestia lo despedaza. Una noche se levanta como es su costumbre. Para prepararse, para ir a la ordeña y todo esto, es decir, para la extracción de la leche de las vacas. Cuando viene uno de los trabajadores a decirle que algo está pasando en el establo, donde tienen la recrÃa, donde dan a luz las vacas y están las becerritas, hay un ruido muy raro y efectivamente lo escuchas el sonido de las vacas. Ese mugido feo, un mugido de miedo, de dolor, algo muy raro está pasando sin pensarlo. Dos veces toma una linterna, toma un una da escopeta que habÃa ahà y se adentran caminando. Cuando llegan al lugar, abre la puerta y observa hacia el fondo con la luz de la linterna como está el animal. Aquel se curra atacando a una becerrita. Ya hay otro animal por ahà muerto horriblemente y el ataque es vicioso. Es un ataque brutal. Es un ataque a un animal que realmente no se puede defender. Es un becerrito, una criaturita que habÃa nacido quizá el dÃa anterior y lo está atacando con una forma brutal. Acto seguido observan y una de las vacas que estaba ahà que habÃa parido, está muy lastimada. También hay sangre en el piso, un acoso horrible. Ãl se acerca y le grita, que hace algún ruido alguna cosa. El animal se da la vuelta y se viene sobre de ellos sin mucho espacio de maniobra y sin mucho que hacer. Lo único que puede hacer es soltar un escopetazo. El primer disparo derriba al perro aquel pero no lo mata. El animal intenta levantarse y se le viene encima, ya herido. Un segundo escopetazo termina con el animal. Se acabó la historia del perro. Por lo menos es lo que pensaron después de limpiar aquello, recoger los restos, manda a enterrar el perro por allá atrás que no quede nada y entonces siguen adelante. Vamos el trabajo. Está ahora ya sin el perro. Aquel que les daba miedo a todos los niños pueden jugar. Ahà hay otros perros. Es un rancho. Hay muchos perros más allá. Hay tres o cuatro casas donde viven los empleados, que también tienen algún perro, los chiquillos. Cuando se cierra el portón adentro, pues es muy seguro. No hay nada donde se accidenten, pero siempre Anamari. La esposa baja se sienta en una especie de rotonda que hay ahà y ve a los niños que están jugando, brincando, muy lindos, muy divertidos. Una de esas tardes, él está sentado escribiendo sus cuentas y llenando su libro de anotaciones de lo que ha producido cada animal. El registro, pues, de lo que de o debe de haber. Cuando levanta la vista su oficinita estaba abajo por su ventana. Se podÃa ver a los niños y a Namari que están ahÃ. Cuando levanta la vista observa algo que le hiela la sangre, porque en un rincón hacia el lado izquierdo, en donde está una habitación para los sabios y para las cosas que está oscuras, medio abandonado, aquello alcanza a distinguir a un perro al perro. De hecho, es el perro que se asoma un poco está oscureciendo, no es de noche, pero esto oscureciendo aquel espacio está muy oscuro y alcanza a distinguir aquel animal que se acerca salta de donde está y corre en dirección a los niños. Su principal temor no es que fuera el fantasma del perro ni nada de esto, sino que se hubiera metido un perro que no fuera del rancho y fuera a atacarlos. Pero cuando llega con los chicos, ya no está nada, ya no hay nada. Ãl va y revisa y ahà no hay nada. Se tranquiliza. DÃas después ocurre otra cosa diferente. En la madrugada va a caminar con él va el hombre que siempre lo acompaña, que es el peón, que duerme adentro del rancho. Ambos van comentando sobre lo que van a hacer, sobre los que llegan, los flecheros, etcétera. Cuando de pronto se detienen en seco porque delante de ellos pasa el perro. Ese perro ocurra, pasa frente a ellos con los pelos todos erizados. En esta actitud tan rara, camina, se da la vuelta y entra en uno de los establos. El hombre que viene con él toma un bielgo que es un un trinche una cosa del campo, toma un bielgo y se mete pensando que es otro perro. Nadie se imagina que es un perro fantasma. Se imagina que es un perro de otro lado que se acaba de meter. Cuando entra, no hay nada. Hay otros empleados ahà que ya están preparando la ordeña y no hay nada. Varios dÃas estuvo ocurriendo eso, pero lo que a él más le espantaba era ver de pronto que Ana Mari bajaba y estaba con él los niños y aparecÃa la imagen del perro por ahà en algún rincón oscuro y lo veÃa. Cuando le comenta a la esposa sobre esto, él no le habÃa querido decir nada. A la mujer se pone muy mal y a la siguiente visita al pueblo, que era el pueblo más cercano, compra desde crucecitas, va y pide agua, bendita, trae estampitas de Santos tapiza el departamento aquel la parte de arriba de cosas para que aquel animal no vaya a entrar. Hay mucho miedo entre los trabajadores. El hecho es que cuando ya se van a dormir, va a las nueve diez de la noche para levantarse muy temprano. Escuchan en el pasillo arriba afuera de la puerta de donde ellos viven, un pasillo alto, escuchan el paso de un animal. Pero cuando esto ocurre enseguida empiezan los aullidos y los ladridos de los perros del rancho. Los que están afuera el ladradero de perros y el montón de aullidos. La situación se vuelve tan inquietante que no pueden ya bajar. Ya no quieren bajar a jugar, ya no quiere que bajen los niños. Ahà no sabe qué es esto. Pero además de eso, el animal parece seguirlo. O lo que fuera, parece seguirlo como como él especÃficamente va hacia la ordeña en la madrugada y de pronto, cuando abre una puerta, ve aquella cosa a que él cerra en aquel animal enfrente como si lo fuera a atacar, pero en ese instante se desvanece la enferma. Aquello está enfermo, no puede estar, ya, no está tranquilo, ya, no puede caminar a gusto en la madrugada para ir a los establos. Ya nada. Y entonces llega el rumor de lo que ocurrió con Severiano, aparentemente después de haber salido del rancho corriendo huyendo porque venÃan a buscarlo. HabÃa dejado muchas deudas de juego. Era un hombre que acostumbraba a jugar y habÃa perdido mucho dinero al quedarse sin ningún ingreso que le permitiera pagar las deudas. Alguien se la habÃa cobrado a la mala, El cuerpo habÃa amanecido en una zanja, en otro rancho apuñalada le habÃan quitado la vida. Eso sumado con lo del perro, sumado con todo el ambiente. Tenso que habÃa lo lleva a una tarde a ir a hablar con su paisano, a decirle que, por favor, lo cambiara de rancho, que no podÃa seguir ahÃ. Y sÃ, afortunadamente, a aquel hombre le tenÃa tanta confianza que lo pasó a otro rancho más grande. No recuerdo exactamente en qué parte del paÃs, pero lo pasó a otro rancho y ya no volvieron a verlo. La persona qué vino a cuidar el Santa MarÃa entre Tlaxcala e Hidalgo duró muy poco tiempo antes de que se fuera sin decir siquiera a Dios. Una siguiente persona volvió a lo mismo. Tuvieron finalmente que bendecir aquel sitio. DecÃan que vino un sacerdote que trajo el dueño de alguna parte y tras varias bendiciones, misas y rezos, el lugar pudo ser ocupado. Pero la casa no, la casa, especÃficamente la casa donde ellos habÃan vivido. No se ocupó. La usaron para beor, la usaron para guardar cosas. El encargado ocupó una pequeña casa que se construyó afuera cerca de las casas de los trabajadores, la vieja casa del rancho. No se volvió a ocupar usted. Qué piensa. Le decÃa yo que algunas de estas historias no son agradables y también se cuentan muchÃsimas de estas. En mil quinientos ochenta, en Cardenal, Ubaldo Crecencius relató en sus memorias un encuentro con uno de estos animales. La gente del pueblo de esta zona, donde estaban en Inglaterra, aseguraba que un perro gigantesco, un mastÃn que habÃa pertenecido al señor Feudales mil quinientos ochenta, el año de nuestro señor de mil quinientos ochenta, deambulaba por los campos y por las casas, que era una bestia fantasmal que quien lo habrÃa intentado lanzar o herir no habÃa encontrado más que una nube que quedaba después. El cardenal se encontraba una noche haciendo sus oraciones y anotando cosas en sus libros dentro de su habitación, cuando fue sorprendido por la entrada de aquel animal. Cuando el cardenal se voltea observa que junto a él está un mastÃn negro enorme, enseñando los dientes a punto de atacarlo. El sacerdote aquel toma su crucifijo y comienza a recitar las palabras que sabe de una especie de exorcismo, de liberación, una especie de expulsión Y a rezar Y a rezar? Y a rezar? Cuando levanta la mano para hacer la señal de la cruz, el animal emite un ruido espantoso y desaparece frente a sus ojos, dejando esta especie de nube de humo pestilente. Lo interpretaron como que era sÃ, ni más ni menos que la visita del demonio. Y es que es es la otra cara de estas historias. Si hacemos caso de que los animales se apegan a sus personas y tras la muerte de uno u otro, siguen visitándole, también tenemos que entender que pueda haber una suplantación en donde una imagen pareciera ser algo que no lo es, en donde una imagen que parece ser un perro en realidad es una imagen que pertenece a un ser que nunca ha estado encarnado, a un ser de oscuridad, que se manifiesta de tal manera que pueda generar mucho temor y, de alguna forma obtener alguna ventaja que no sabemos para qué. Asà es que sÃ. Si creemos que existen estos seres que han desencarnado y que continúan acompañándonos en esta trayectoria, también debemos entender que puedan existir seres de oscuridad que se valgan de esta confianza que hemos depositado en los animales para hacer sus fechorÃas. Asà es que no todas las historias de fantasmas de animales son románticas ni bonitas. Algunas de ellas son verdaderamente aterradoras. Y bueno, ahora mismo, por cuestión de tiempo serÃa difÃcil, pero hemos tenido otros relatos que van desde mulas caballos, cerdos, cerdos, que son fantasmales. Asà es que es una larga lista, pero, por supuesto, antes me gustarÃa compartir con ustedes algunos saludos. Me gustarÃa mandar saludos a Shirley Araya, quien nos acompañó por primera vez en vivo desde Chile. Le mandamos un saludo y le damos la bienvenida. MarÃa Calderón, muchas gracias por acompañarnos. Le quiero mandar un saludo muy especial a Dayan leon Kurt, que nos acompañan también a la familia Sandoval Patiño, a la familia completa. Eso es muy bonito. Nos gusta mucho cuando es un saludo familiar. Es algo que nos da mucha emoción. Muchas gracias por acompañarnos en grupo Ana MarÃa Arreola, quien es nuestra fan número dos y que siempre nos acompaña. Le agradecemos mucho Soar, quien nos acompaña desde Nigeria Caray. Muchas gracias Soar. Apreciamos mucho que nos acompañe desde tan lejos Silvia GarcÃa de aquà de Puebla. Le mandamos un abrazo Humberto Mendoza, quien recibe un saludo muy cordial de parte de su hijo Manuel, que también nos acompañan ambos. Muchas gracias por acompañarnos en familia nuevamente. Esto es algo que nos emociona enormemente. Araceli Castillo de la Ciudad de México, Daniel Pérez, desde Iztapaluca, en el Estado de México, que también es un lugar que tiene muchas historias. MarÃa Chávez de Temuco en Chile, que nos acompaña con Cristóbal Beltrán. Esto nos encanta saber que nos acompañan en grupo y claro que nos gusta también que nos pidan saludos. Eso significa que tien n n ns interes en nosotros, que representamos parte de su grupo, de su entorno. Eso es algo muy emocionante Yayita Zenaida, ella está en Venezuela. Le mandamos un fuerte abrazo a Yayita. Gracias por acompañarnos. Ana MarÃa Huguet, quien nos dice que eres su amigo de las soledades de la tercera edad hombre, seguramente tiene usted mucha más compañÃa de la que se imagina Anita, pero muchas gracias por decÃrnoslo y gracias por tenernos la confianza y dejarnos que la acompañemos también. Say dubi s treinta y siete Blanco Neira. Muchas gracias. Un saludo muy cordial para Rita GarcÃa. Desde el Salvador ady RodrÃguez siempre nos está acompañando. Muchas gracias a di Ãngel Arú y su esposa Claudia, que nos acompañan acompañados de un bebé de cuatro meses. Afortunadamente, a esa edad del bebé no se da cuenta de las cosas terribles que platicamos. Asà es que está muy bien ellos nos escuchan mientras cenan en Monterrey. Nuevo león germán Alexander Armira desde Guatemala, la Hermana Tierra de Guatemala, Antonia Rojas y su hija Glisbán. Ella es antropóloga e historiadora y de esta forma practica su español hombre, pues nos da mucho gusto a ambas. Les mandamos un fuerte abrazo, que bueno que nos acompañen RocÃo Celeste desde Argentina, la Hermana República de Argentina Tierra Querida. Muchas gracias por acompañarnos y también, bueno, muchas gracias a Maruquita Blancas que, como siempre nos está apoyando. Maruquita valoramos mucho esta ayuda. Michelle Rueder, VÃctor Hugo, muchas gracias por su apoyo. Hedy Amanda Mendoza, su apoyo es invaluable. Eugene Vargas, que siempre nos acompaña, es un gusto saber que desde el inicio de este canal, Eugeni don Julio de la Rosa, siempre nos están acompañando y apoyando. Es muy valioso para nosotros saber que tenemos su confianza Edgar Eduardo RodrÃguez. Muchas gracias este apoyo, ayuda, que mantengamos el canal activo, que estemos aquà todos los dÃas que estamos, son cosas que agradecemos mucho y bueno unos últimos saludos para Blankzul. Muchas gracias, Luz a Ida, que cumplirá años el doce de abril en Colombia. Un fuerte abrazo hasta Colombia. Miranda GarcÃa de Colombia. También Pedrito López, que nos acompaña en Chiapas, México. Ricardo RamÃrez, él nos escucha desde dos mil diez, cuando estábamos solo en la radio. Es un gusto saber que ahora que estamos aquà también nos acompaña. Les mandamos un fuerte abrazo a todos ustedes muy buenas noches y que descansen en paz. S s. S. S. S







