June 22, 2023

Fantasmas de mascotas || Relatos del lado oscuro (Exclusivo podcast)

Fantasmas de mascotas || Relatos del lado oscuro (Exclusivo podcast)

Nos acompañan cada día, son afectuosos, nos cuidan, nos protegen, llegan a ser más que simples mascotas, miembros de nuestra familia. Y después de su muerte ¿Qué ocurre?

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Nos acompañan cada día, son afectuosos, nos cuidan, nos protegen, llegan a ser más que simples mascotas, miembros de nuestra familia. Y después de su muerte ¿Qué ocurre?

O o o s c n r. Relatos del lado oscuro faltar seres, extraños, sucesos inexplicables, verdad historias que otras mentes prefieren ignorar. En los años noventa, en la residencia para personas en plenitud, como se hacía llamar esta residencia para personas mayores, llegó una invitada especial. Muy pronto se ganó el nombre de la doña. Era una mujer de unos ochenta y tantos años de apariencia muy elegante, en quien se notaba aún una vida muy cómoda, muy cuidada, con aquel cabello largo blanco, pero muy finamente cuidado. Su apariencia general era de una persona de una clase social muy acomodada. Sus hijos habían pagado un espacio especial en esta residencia, particular, una residencia privada atendida por personas religiosas, pero al mismo tiempo, por enfermeras por especialistas una instalación muy costosa y habían pagado dentro de esa institución un espacio especial en donde había una recámara y una sala en donde se permitía tener objetos personales, algún retrato a algún cuadro, alguna figura que le fuera significativa al paciente. La atención solía ser particularmente esmerada y las personas, algunas de ellas, tenían tratamientos para aquel entonces muy sofisticados contra la pérdida de la memoria, contra la demencia senil, contra el Alzheimer, cosas que quizá podrían funcionar o quizás no. Como fuera, había supervisión constante, obviamente, sobre todo al caer la noche. La jefa de enfermeras del turno de la noche era una mujer muy dedicada, quien solía ir habitación por habitación de las personas que estaban a su cargo para revisar, que hubiesen tomado sus medicamentos, que estuvieran cómodas y cómodos, que tuvieran sus cortinas corridas, que estuvieran todas las ventanas cerradas, que estuvieran las llaves de los lavados cerradas, que no faltara nada, simplemente acercarse a acomodarles la cobija, tomarles la temperatura y escuchar unos breves minutos escuchar cosas lo que platicaban. Algunas de estas personas tenían tratamientos y, por lo tanto, el escuchar no solamente era por gusto o por caridad o por lo que usted quiera. Era parte del trabajo escuchar lo que decían las personas y reportarlo a los médicos. Así, por ejemplo, se sabía que una persona que tenía ya una avanzada situación del z Heimer bueno tenía perdida de memoria a corto plazo la memoria reciente, de la memoria inmediata, la de hace un año y, sin embargo, recordaban sucesos de hace cuarenta años. Entonces cualquier destello de memoria nueva or era importante, si es que estas pláticas iban encaminadas también a ese tipo de tratamientos. Como fuera la doña, era un caso especial. Su plática era agradable, muy instruida, y no solamente agradable en el sentido de temas interesantes, sino que además era una persona que sabía mucho. Había tenido una empresa textil, así es, que sabía detalles peculiares como la tela del traje de la enfermera, sabía cómo se podía coser una reparación como hacer. Era una cosa impresionante platicar con ella. Había sido una mujer muy exitosa, pero con el paso de los años, la muerte del esposo la había golpeado todavía más y la pérdida de memoria se había sumado también con problemas cardíacos y de salud. Lo último que había ocurrido que había decidido a los hijos a ingresarla a esta institución, era un accidente doméstico. La cuidadora se había en algún momento confiado la de la en la la la señora intentó hacer algo, Se quemó una mano, se le cayó aquello bueno para evitar más problemas, deciden que se ingrese en una institución en donde habrá todos los cuidados. La señora no tenía memoria reciente lo que era muy evidente. Por ejemplo, cuando llegaba a visitarla a su nieto de unos veintitantos años, solía saludarlo como si fuera el médico el sacerdote que iba a dar la confesión, porque ella insistía en que su nieto es un chiquilingüerito de cinco años precioso y no este muchachote de veintitantos años que ahora viene. De igual forma, no está muy consciente del espacio y el tiempo. No está muy consciente de dónde está vamos, pero sus ratos de lucidez son muy agradables. Una tarde, la Jefa de Enfermeras, como siempre llega, toca la puerta respetuosamente. Entra saluda muy cortés, se aproxima y va a sentarse a los pies de la cama. Le dice que va a sentarse para tocarle un poco los pies. A la señora le han dolido los pies. Se ha quejado de eso después de un rato de caminar. Parece ser que le duelen los pies. Así es que la Jefa de Enfermeras aprovecha para platicar un momentito. Le toca a los pies, le toma el pulso. La temperatura la escucha, pero cuando va a sentarse justamente a los pies de la cama para tocarle darle un pequeño masaje a los pies, la señora le dice no. Por favor, no, no permítame siéntese mejor aquí junto a mí. No sea que esa gata grosera la vaya a rasguñar la gata. Sí, sí, es que sólo Dios sabe cómo ha dado conmigo, pero ha llegado aquí. La enfermera se queda sorprendida, pero no suele contrariarlo. Sabe que no hay ningún gato. Así es que bueno me siento acá. La señora le confiesa que la presencia del gatito le ha sido muy grata porque se acurruca a sus pies y el calor del animalito, y aquello le ha hecho sentir menos dolor en los pies. Es agradable. Después de eso, continúa con la plática. La enfermera. En el reporte del día siguiente establece que la paciente le ha comentado acerca de un gato que la visita como dato, simplemente como un dato de la plática. En la siguiente visita de los parientes, que sería el miércoles, eso habrá sido un lunes. La hija que ha llegado de visita confirma que sí que la señora tenía una gata amarilla, una gata muy vieja. Había estado con ellos muchos años. Su gata, a la que cariñosamente llamaban la pila o pilita, era una gata amarilla, vieja que solía ser muy cercana a ambos, al esposo y a la esposa. Cuando el esposo muere, la gata es el único refugio de aquella mujer. Pero es una historia que había empezado hacía catorce años y la gata había muerto unos o tres meses. Antes de ingresar a la señora por enfermedad, por cassas SNS natural es, el animal había fallecido. Así es que la señora estaba haciendo referencia a aquella gatita, pero el médico se percata de un detalle. La señora menciona esta gata vieja. No sé cómo ha dado conmigo lo que le llama la atención. La señora estaba en un tratamiento en aquellos años, tratamiento que intentaba, por lo menos, contener o mejorar la situación. No conozco de eso, pero había un tratamiento. El hecho es que le sorprende, porque la señora tiene un conocimiento del espacio y el tiempo. Sabe que es su gata vieja, o sea, que no está haciendo referencia hace algo de quince años, sino algo actual. Cómo ha dado conmigo. Sabe que no está en su casa por lo tanto, la gata ha dado con ella. Esto le sorprende muchísimo y toma nota minuciosa de todos los detalles. Unos días después, la enfermera vuelve a ir para allá con la idea de ese seguir platicando como siempre son sus visitas habituales. Desafortunadamente, en el camino antes de llegar otra pacientita se ha indispuesto ha tenido que venir el médico. Han estado ahí un buen rato. Así es que se ha hecho tarde cuando llega con la doña, la doña ya está muy dormida, Así es que entra revisa que las cortinas estén bien, las llaves cerradas, ventanas cerradas, todo en orden. Por supuesto, está prohibido tener animales. Ahí no hay ningún animal. Así es que no hay nada, pero ella en ese momento se acerca. Toma la mano de la señora para tomarle el pulso, la acomoda de tal manera que su mano queda a esta altura para checar el pulso. Está ahí contando cuando de pronto, con toda suavidad, siente cómo pasa la clara innítida sensación de un gato que acaba de rozar su brazo. Inmediatamente sorprendida, retira la mano, b bus en su bolsillo, una de esas lamparitas que usan los médicos y las enfermeras e ilumina porque ha tenido la clara sensación de que la tocó el gato. Usted sabe que un gato de estos que acaricia que se restriega es esa clara sensación hasta con el empujoncito, pero ahí no hay nada. Revisa abajo de la cama, Revisa por aquí, por allá no hay nada. Se queda muy sorprendida, pero apaga su lamparita y se retira. Unos días después vuelve a llegar de visita. Es buena hora. Está platicando con la señora alguna cosa está comentando cuando de pronto siente en la pierna. Ella solía utilizar el uniforme de esta institución. Era una falda a la altura de la rodilla con las tradicionales medias blancas, y siente claramente el roce de un gato en la pierna. Ese roce cariñoso de un gato en la pierna. No pudo de evitarlo y de pronto la señora se vuelta y dice Shipila, Pila, no molestes. En el instante en que siente aquello, la enfermera ya se empieza a poner rara y dice ay y cómo es su gata. Dice es mi gata. Amarilla tiene muchos años con nosotros, muchos años. Yo no sé cómo llegó aquí, pero en las noches aquí está la enfermera se queda como muy rara, porque ya no ve nada estaban prendidas las luces. Ya empieza a sentirse rara con este tema del gato. Pero a la señora le parece muy bien, y tal parece que la presencia del animal la ha mantenido bien, o por lo menos, lo que ella pensaba que era un gato imaginario la había mantenido. Pero al sentir estos dos roces algo la inquieta. Pasan un par de semanas durante las cuales no siente nada peculiar, pero tampoco permanece mucho rato. Ahí porque le inquieta aquello viene un momento en el que de pronto están caminando. Son las ocho y media nueve de la noche y a los pacientes está cada quien, los residentes están en sus habitaciones puertas cerradas. Ella va pasando por la puerta de la doña. Cuando escucha algo inconfundible, no hay manera de equivocarse, no hay manera de error. Es un aullido de un gato, el maullido de un gato que está encerrado así con ese rascuño que hay ese rascar la puerta como queriendo salir y el clásico maullido del gato. La enfermera sabe que eso hay un gato. Está a punto de decir maldición. Les dije que revisaran cuando abre la puerta y no hay nada, salvo una ligera corriente de aire que se hace cuando se abre la puerta, pero adentro no hay nada, absolutamente nada. Tenía dos segundos que escuchó el maullido y el rasquido en la puerta abre no hay nada. La señora está dentro inconsciente. Está teniendo un problema de salud grave y la enfermera se arta presura, moviliza a la gente. La paciente es trasladada a un hospital. Su condición es bastante delicada. Momentos antes estaba bien, la habían revisado, pero en el punto en el que se encuentra está delicada. Durante los días siguientes permanece en el hospital y durante esos días, cuando las personas pasaban por afuera de la habitación, aseguraban escuchar, sobre todo al caer la noche, cuando ya hay silencio exterior, cuando ya no se oye tanto ruido, Escuchaban el maullido del gato. Días después, el maullido del gato se hizo muy notorio uno o dos días antes de que la doña transitara la siguiente etapa de la existencia, porque su salud se había comprometido hasta el punto en el cual no pudo ser recuperada y fallecería en aquel hospital donde se encontraba durante todo este tiempo. La extraña presencia de aquellas animal que había muerto ya tiempo atrás parecía animarla y estarla acompañando si usted quiere pensarlo así, quizá esperándola para irse con ella usted qué piensa. En teoría, los animales no deberían de convertirse en fantasmas. En la mayor parte de las creencias religiosas actuales dentro del cristianismo y la Iglesia Católica en particular, el animalito como tal, no tiene un alma, no es un hijo de Dios. Es simplemente una creación. Pero para quienes hemos convivido con ellos, muchos de estos animales nos exhiben señales claras de afecto, señales claras de cariño, de cercanía, de apego. Si hacemos caso de las teorías paranormales que afirman que en la generación de un fantasma se produce por razones como, por ejemplo, el miedo, la ira, el amor, la ambición, la aricia, la lujuria, algunas de estas casuísticas las podríamos encontrar en el comportamiento de un animal, en un perro que tiene un especial apego a su amo, que sería capaz de dar la vida por él en un gato que se vuelve una compañía sincera para la persona que lo atiende, incluso en animales mucho más raros, como pudiera ser un caballo que se acostumbra a la cercanía del amo y que suele ser también muy perseverante en esa cercanía, muy apegado a su amo, ese apego, ese afecto, esa dependencia. De alguna forma podría ser quizá la casuística que derivaría en la formación de un fantasma. Casos como este, que nos fue platicado hace muchos años por la propia enfermera, se suman en una larga lista de sucesos similares que se han documentado a lo largo de los años, historias que van desde el perro de gre Fryers en Inglaterra, el famoso perro Bobby, que se quedó catorce años cuidando la tumba de su amo, muerto un policía de la región que había muerto y que cuando el hombre aquel aquel policía que lo cuidaba y que la alimentaba fallece, el perro vay se queda en la tumba. La gente se acostumbra a verlo ahí y comienzan a llevarle comida, a llevarle cositas. El perro solía jugar con una vara. Le aventaban la vara y el perro iba por la vara y regresaba. Cuando viene la Racia, porque había una plaga de perros en aquella región inglesa, uno de los condes, un hombre de la nobleza decide registrar al perrito como suyo, ponerle una plaquita y colgársela para que no se lo llevara a la Racia. Aún así, el animal seguía en el cementerio. Cuando fallece, el animalito es enterrado cerca de la puerta en donde hay una placa. La gente ha seguido llevando palitos durante muchos años a dejarlos ahí y e incluso se ha construido una estatua durante años. También se ha dicho que el perrito Bobby perrito como maltés chiquito de ambula por el cementerio cerca de la tumba de su amo, buscando al amo que perdió, pero que sigue extrañando y sigue buscándolo. Historias como esta nos las hemos topado por muchas partes. Algunas de ellas podrían ser no más que una leyenda, pero otros sucesos van mucho más allá. Déjeme que le platique otra historia bastante triste. En los dos mil es tempranos, un hombre está muy enfermo, un gran fumador, cincuenta años de buen tabaco terminan por cobrar la factura. Los pulmones destruidos casi no respira casi no puede caminar. Su único alivio es salir al pórtico de su casa. En una zona tropical de México, cercano a Córdoba, en donde tiene una casa muy bonita con un portal. El clima es cálido, un poquito húmedo. En la parte de atrás de la casona hay una huerta con diversos árboles, una barda que flanquea los lados y nada más, porque después de eso sigue el monte y es un sitio solitario. En este lugar, este hombre sale al pórtico, donde tiene una silla mecedora y un hermoso perro San Bernardo, un gigante lo ha tenido desde que era muy pequeño. Se lo obsequiaron siendo un cachorrito. Es una mole. Además, es un perro increíblemente fiero, contrario a lo que se piensa de que el San Bernardo es un perro muy tranquilo e incluso un poco tonto. Este es una fiera, su ladrido se escucha a kilómetros y es un animal gigantesco que además ha probado ser espectacularmente feroz. Pero con él es una seda. Cuando ve salir a su amo, viene corriendo y se le echa enfrente y le hace fiestas con tal de que lo acarice un poco en la panza y le toque el morro y le haga alguna carile y el perro se quede echado moviendo la cola todo el tiempo que el amo esté sentado en ese lugar. Es un animal enorme, muy fuerte, muy sano, un perro de unos siete u ocho años en plenitud. La gente le tiene miedo, pero cuando llega alguna visita este hombre con decirle sh Ah perrito anda pequeño, vete a tu casa, el animal da la vuelta y se mete en un espacio que tiene reservado, que tiene una cadenita para que no ataque a nadie su nombre. El pequeño en realidad era un animal enorme. Así es que de pequeño no había nada. Pero, como ya le digo, cincuenta años de buen tabaco pasan factura y este hombre va a dar al hospital después de muchos esfuerzos y de muchos cuidados, con una reducción de la capacidad pulmonar. Una mañana. La señora ha estado cuidándolo mientras observa toda la noche he estado ahí viéndolo como va acabándose en el hospital por la mañana. Temprano es relevada por una de las hijas y ella va a la casa a descansar un rato, a tomar un baño. La empleada de casa es una mujer que los ha acompañado muchos años, también originaria de una población en la sierra que se conoce como papantla. Esta mujer era muy cuidadosa, muy apreciada y el perro la apreciaba también. El hecho es que están las dos mujeres tomando el desayuno cuando el animal comienza a hullar de forma muy extraña. El aullido es fuerte, largo, muy raro. Nunca lo habían escuchado. Ahullar de esa forma. Es un san Bernardo. No suele aullar y aúlla largamente la empleada se voltea y le dice a la señora. Señora yo creo que mejor se apresura usted y se prepara, porque el pequeño está sintiendo algo un minutos después o en el teléfono, sino es que una media hora después es la persona que estaba cuidando a su esposo. El señor entró en un arresto cardiopulmonar y ya no fue resucitado, ya no tenía caso, había colapsado y había muerto. La tragedia estaba allí. Era una tragedia esperada. Se sabía que iba a ocurrir. El buen tabaco pasa factura, tras ir allá a hacer los trámites, viene el sepelio, sepultan el cuerpo, regresan a casa y la casa se queda con una sensación de soledad extraña. Los hijos ya se habían ido cada quien a su propia vida, así que solamente están la señora y su empleada de toda la vida y empiezan a ocurrir estas cositas raras de pronto. Una tarde se oye un silbido que viene de la planta alta, pero ahí no hay nadie. El silbido es muy, muy particulares, un silbido que todas que ellas dos conocen bien lo han escuchado muchos años. Es el silbido del patrón. Pero en cuanto escuchan ese silbido, el perro se desquicia por completo. Quiere entrar rasca la puerta, quiere entrar otra tarde. Escuchan un tocido muy peculiar y una especie de carraspeo también que les era muy familiar en la parte de arriba. Y nuevamente, el perro desesperado quiere entrar otro día. Cuando se asoman a la ventana, el perro está en el pórtico moviendo la cola alegremente sentadito, junto al lugar donde se ponía la mecedora de su amo, como si estuviera el amo ahí. Sin embargo, el perro fue entrando en un proceso de duelo, Así se los dijo el veterinario que luego revisó el perro estaba consciente de que el amo había muerto y entró en duelo. Dejó de comer, dejó de moverse dejó de tomar casi agua y se empezó a debilitar. No era un perro viejo, era un perro muy fuerte. Empezó a decaer y a decaer con el paso de las semanas, el animal no se levantaba salvo para ir al pórtico, sentarse junto al lugar donde estaba la mecedora de su amo y mover la cola alegremente. Pero fuera de eso regresaba a su lugar y se quedaba ahí los días enteros. Obviamente, con el paso de las semanas, el animal terminó por morir una tarde cuando el veterinario vino. El animal estaba ya en condición crítica y ya no se podía hacer nada, a pesar de que habían intentado alimentar lo, de ponerles ondas. El duelo lo había acabado. Esperaban que se pudiera recuperar, pero no lo había logrado. El animalito fue sepultado este perrito. El pequeño fue sepultado atrás de la casa, en la huerta, esta zona donde se habían sembrado todos estos árboles tan bonito. Ahí hicieron una túmbalo, pusieron con un pequeño lecto pegado a una pared pequeño la vida siguió siendo triste Dentro de la casa. El silencio se vuelve cada vez más pesado. Las eventuales visitas de alguno de los nietos generan mucha alegría, pero el resto del tiempo el silencio es oprobioso. De vez en cuando, el silbido no produce miedo, produce asombro, pero nada más cercano. A diciembre, la señora está un poco indispuesta, Así es que decide subir a su habitación a las nueve de la noche. La empleada de toda la vida se queda abajo, terminando de limpiar acomodando las cosas, cuando de pronto, al levantar la vista y ver por la ventana de la casa hacia la parte de la huerta, distingue claramente con los faroles que están instalados como por la barda brinca un sujeto. Alguien más arroja un saco con alguna cosa y enseguida observa cómo brinca un segundo sujeto. Se acaban de meter a la casa. La mujer viene corriendo hacia arriba con la señora toda nerviosa, diciéndole hay que llamar a la policía porque se acaban de meter unos rateros. Señora, se metieron los rateros. La señora muy nerviosa, va a buscar el teléfono a la antigua para marcar a la policía. Pero quien sabe el número de la policía. En aquellos años todavía no se establecía el número único. Único de policías es que hay que buscar a ver cómo le hacemos. No sé cuánto tú busca la pistola que está por allá. La pistola. Había una pistola en la casa. Si es que hay que buscar la pistola cuando de pronto y esto lo decía la empleada muchos años después escucharon el ladrido del pequeño, aquel ladrido que verdaderamente imponía de un animal de ese tamaño, de un San Bernardo enfurecido. Escuchan aquel ladrido tremendo cómo viene de la parte izquierda de la huerta, avanzando hacia donde ellas, hacia la casa y luego hacia la otra barda. Se escucha que ello el ladrido agresivo de ataque. Finalmente encuentran el teléfono de la policía y logran marcar a una comandancia que está por ahí cerca en cuestión de dos o tres minutos. Llega a una patrulla, llega otra patrulla. Salen los policías, muy heroicos, muy valientes, revisan por afuera y efectivamente, en la barda de la casa. Por el lado exterior había una pila de piedras que habían usado estos golfos para brincar dentro de la huerta que era parte de la casa. Encuentran el saco, que tenía una barreta, que tenía un martillo, tenía un machete, tenía unas herramientas. Encuentran una linterna de mano grande que debe de haber sido algún objeto caro todavía encendida. Por ahí tirada una gorra que hace alusión a que aquellos sujetos habían huido a toda velocidad. Nunca quisieron saber más ni preguntar más, pero esa noche escucharon el perro que había muertos se manas atrás atacar a los delincuentes. Unos días después les obsequian un perrito. Es un pastorcito alemán de unos cuatro o cinco meses. Es un cachorro ya grande son es un animal precioso, con sus orejas muy paraditas, muy fiero y muy juguetón. Es un encanto de animal y es un encanto que hace cosas tan raras como de pronto jugar a echar las patas hacia adelante y agacharse y luego brincar y correr, como si estuviera jugando con otro perro, pero de pronto se detiene en, seco levanta el rabito y olfatea como si tuviera otro perro enfrente, de pronto corre vae, trae una vara la zangolotea y luego va y corre y hace otra cosa, como si estuviera jugando con otro perro. Poco a poco, sin embargo, aquello se fue difuminando el silbido del señor el sonido de la garganta que se limpia en la parte de arriba. Poco a poco fue pasando conforme. Fue pasando. También fue pasando los juegos del perrito como si poco a poco, aquellas dos almas que se habían querido tanto se hubieran ido caminando juntas. Un tiempo después, lo único que se llegó a escuchar alguna vez y sentir fue en la respiración del perro, en la puerta como olfateando y en el interior de la casa el olor, el olor a un buen tabaco que se está fumando como si fuera la despedida. Déjeme que vaya a un breve intermedio, café y galletitasmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm. S o s O s N O N s la granada o s u tas. Y quisiera agradecer muchísimo a Bles Patrick Rosas, Sara Telles, Alejandra Muñoz, a Abraham Cutinho y Lina, a Conni, Miranda, Eurídice Solís Autivo, a Katia Ana, María Arreola, Teresa Honda. Muchas gracias a todos ustedes, que son nuestros amigos y que siempre están apoyando este canal. Gracias a ustedes seguimos adelante, seguimos trabajando. Su apoyo es muy valioso para nosotros. Les mandamos un fuerte abrazo. Con todo nuestro agradecimiento, porque también es un agradecimiento por acompañarnos, por compartir este gusto, por los relatos, por las historias, por todos estos sucesos inexplicables. Ahora bien, no todas las historias de fantasmas animales son historias románticas y bonitas. Eso es un hecho. Muchos de los casos que se cuentan son animales apegados a las personas, pero así como las personas. Se cree que al morir se produce la supervivencia de la personalidad después de la muerte, y aquel que fue una buena persona se va muy rápido, y aquel que fue una escoria conservará rasgos de lo que fue en vida. Probablemente también estas mascotas o estos animales conservarán algunos rasgos de esas personas. Y de ahí que este relato que nos platicaron hace tantísimos años, cuando todavía era yo pequeño. Venga muy a colación mil novecientos sesenta y dos, más o menos en ese período de tiempo, un nuevo hombre de origen español que había llegado a México buscando fortuna, recibe una invitación para trabajar administrando un rancho. Está en los límites entre Trascala e Hidalgo. Es un rancho que tiene numerosas cabezas de ganado, lechero, tiene pastizales, tiene una buena producción. Es una zona fría muy bonita. El rancho tiene una casa. No es una casa muy nueva, que digamos, pero es una casa grande. El hombre podrá ocupar la parte de arriba abajo. Hay unas oficinas y la casa del velador. Parece entonces este sujeto. Jesús tiene su esposa Ana Mari y unos dos chiquitos, uno de unos tres añitos y la niñita de unos cinco añitos. Hoy en día deben de ser personas ya mayores. El hecho es que acepta la invitación. Quien lo invita es el dueño del rancho, que tiene varios ranchos en la región y es un paisano suyo. Resulta que el administrador anterior había sido una ficha de aquellas. Tras varios años de administrar el rancho, se hizo evidente que había estado tomando dinero tanto de la ordeña como de los alimentos, como de los becerros, como de todo lo que se podía había tomado dinero, por lo que un buen día había tenido que salir huyendo al saberse descubierto y al ver que iba a venir la policía por él, por todo lo que había agarrado indebidamente escapa y huye. El hecho es que cuando llegan al rancho se topan con una sorpresa poco agradable aquel hombre severiano el que había tenido que huir también pariente. Suyo, paisano, suyo había dejado tras de sí a un enorme perro, pastor policía, un animal muy grande. Le llamaban pastor policía. En realidad era una mezcla de dos o tres razas, pero era un animal muy grande, de pelo negro, un poco sucio, orejas muy levantadas, muy fuerte, muy agresivo. El perro había sido reconocido por los trabajadores como una fiera que solamente respetaba su propio dueño. Podía atacar a cualquiera que se acercara y cuando severiano salía en las madrugadas caminando para la ordeña o hacia los campos a ver el riesgo, el riego, el perro, sino siempre iba con él. Quién se acercara, corría el riesgo de que el perro lo atacara y en ocasiones se sabía que cuando se vería no estaba tomado hasta por diversión azuzaba al perro lo increpaba de alguna forma para que atacara algún otro perro para que mordiera alguien era una bestia. Aquel hombre cuando escapa huyendo, deja al perro. Ahí los trabajadores no saben qué hacer. Así es que le meten comida por una parte de la puerta, que abren, meten comida, meten agua, pero el perro está dentro de la casa, así que cuando llega Jesús, aquello es un asco, Está sucio, hay restos de comida, suciedad de animal. Es una porquería abre la puerta y el perro se le lanza encima, si es que con mucho cuidado y con tan un poco de tiento logra lazarlo, lo atrapa y lo lleva a una especie de corralito. Es una bestia enorme, pero es un gran perro y en estas soledades y en estas épocas están complicadas tener ese animal sería muy valioso a él ya le había tocado llegar a otros ranchos, ya había estado en otros ranchos donde había animales. Sabe cómo tratarlos. Es cosa de pasar unos días y de cada día llevarle él mismo la comida, acariciarle un poco el morro y va a agarrar camino. Está confiado en ello. Le gusta el perro. Hay que ser realistas después de sacarlo y encerrarlo bueno. Tuvo que limpiar aquello durante tres o cuatro días, desinfectar echarle creolina, que es un desinfectante muy usado en los ranchos para que pudieran llegar a vivir la familia. El trabajo es bueno, muy bueno. El paisano a que él le va a pagar bien, porque sabe que es de confianza con ese dinero, que va a ganar sin tener que pagar una renta. Probablemente en poco tiempo puede tener su propio rancho, su propio negocio. Así es que hay mucha esperanza cuando llega la ana mari, como le decía a él, y los chicos se acomodan bien. El trabajo es fuerte, cua cua, cuando se tiene gris y hay que ordeñar, hay que estar a las tres de la mañana arriba todos los días. No hay días de descanso, no hay vacaciones. Las vacas nunca descansan. Así es que toda la vida hay que estar ahí. Es pesado el trabajo, pero cuando ya regresa para el desayuno ocho de la mañana, siempre pasa a ver al animal. Aquel tenía un nombre muy raro. El nombre era Sacurra, una cosa así le llamaban aquel animal sacurra. El tipo anterior era de origen vasco y le había puesto ese nombre tan raro. El hecho es que, por más que se esfuerza cada vez que intenta acariciarle el morro al perro. El perro avienta la tarrascada, intenta atacarlo, se aloca, se desquicia bueno, es un animal muy grande. Lo toma con calma. El perro quiere su respeto, quiere su espacio, le lleva. Eventualmente cierra las puertas y suelta al animal para que ande ahí en la parte de en medio de la casa que tiene un empedrado, y el perro va y viene un rato. Luego ya le pone la comida y cuando el perro va a comer, le cierra la puertita. La relación va arreglándose. Pero cuando los niños van a jugar con Anamari, el perro se desquicia por completo. Es una cosa espantosa que les da mucho miedo de que se vaya a saltar y ataque a un niño porque lo mata. Lo mata, Lo despedaza. Esta bestia lo despedaza. Una noche se levanta como es su costumbre. Para prepararse, para ir a la ordeña y todo esto, es decir, para la extracción de la leche de las vacas. Cuando viene uno de los trabajadores a decirle que algo está pasando en el establo, donde tienen la recría, donde dan a luz las vacas y están las becerritas, hay un ruido muy raro y efectivamente lo escuchas el sonido de las vacas. Ese mugido feo, un mugido de miedo, de dolor, algo muy raro está pasando sin pensarlo. Dos veces toma una linterna, toma un una da escopeta que había ahí y se adentran caminando. Cuando llegan al lugar, abre la puerta y observa hacia el fondo con la luz de la linterna como está el animal. Aquel se curra atacando a una becerrita. Ya hay otro animal por ahí muerto horriblemente y el ataque es vicioso. Es un ataque brutal. Es un ataque a un animal que realmente no se puede defender. Es un becerrito, una criaturita que había nacido quizá el día anterior y lo está atacando con una forma brutal. Acto seguido observan y una de las vacas que estaba ahí que había parido, está muy lastimada. También hay sangre en el piso, un acoso horrible. Él se acerca y le grita, que hace algún ruido alguna cosa. El animal se da la vuelta y se viene sobre de ellos sin mucho espacio de maniobra y sin mucho que hacer. Lo único que puede hacer es soltar un escopetazo. El primer disparo derriba al perro aquel pero no lo mata. El animal intenta levantarse y se le viene encima, ya herido. Un segundo escopetazo termina con el animal. Se acabó la historia del perro. Por lo menos es lo que pensaron después de limpiar aquello, recoger los restos, manda a enterrar el perro por allá atrás que no quede nada y entonces siguen adelante. Vamos el trabajo. Está ahora ya sin el perro. Aquel que les daba miedo a todos los niños pueden jugar. Ahí hay otros perros. Es un rancho. Hay muchos perros más allá. Hay tres o cuatro casas donde viven los empleados, que también tienen algún perro, los chiquillos. Cuando se cierra el portón adentro, pues es muy seguro. No hay nada donde se accidenten, pero siempre Anamari. La esposa baja se sienta en una especie de rotonda que hay ahí y ve a los niños que están jugando, brincando, muy lindos, muy divertidos. Una de esas tardes, él está sentado escribiendo sus cuentas y llenando su libro de anotaciones de lo que ha producido cada animal. El registro, pues, de lo que de o debe de haber. Cuando levanta la vista su oficinita estaba abajo por su ventana. Se podía ver a los niños y a Namari que están ahí. Cuando levanta la vista observa algo que le hiela la sangre, porque en un rincón hacia el lado izquierdo, en donde está una habitación para los sabios y para las cosas que está oscuras, medio abandonado, aquello alcanza a distinguir a un perro al perro. De hecho, es el perro que se asoma un poco está oscureciendo, no es de noche, pero esto oscureciendo aquel espacio está muy oscuro y alcanza a distinguir aquel animal que se acerca salta de donde está y corre en dirección a los niños. Su principal temor no es que fuera el fantasma del perro ni nada de esto, sino que se hubiera metido un perro que no fuera del rancho y fuera a atacarlos. Pero cuando llega con los chicos, ya no está nada, ya no hay nada. Él va y revisa y ahí no hay nada. Se tranquiliza. Días después ocurre otra cosa diferente. En la madrugada va a caminar con él va el hombre que siempre lo acompaña, que es el peón, que duerme adentro del rancho. Ambos van comentando sobre lo que van a hacer, sobre los que llegan, los flecheros, etcétera. Cuando de pronto se detienen en seco porque delante de ellos pasa el perro. Ese perro ocurra, pasa frente a ellos con los pelos todos erizados. En esta actitud tan rara, camina, se da la vuelta y entra en uno de los establos. El hombre que viene con él toma un bielgo que es un un trinche una cosa del campo, toma un bielgo y se mete pensando que es otro perro. Nadie se imagina que es un perro fantasma. Se imagina que es un perro de otro lado que se acaba de meter. Cuando entra, no hay nada. Hay otros empleados ahí que ya están preparando la ordeña y no hay nada. Varios días estuvo ocurriendo eso, pero lo que a él más le espantaba era ver de pronto que Ana Mari bajaba y estaba con él los niños y aparecía la imagen del perro por ahí en algún rincón oscuro y lo veía. Cuando le comenta a la esposa sobre esto, él no le había querido decir nada. A la mujer se pone muy mal y a la siguiente visita al pueblo, que era el pueblo más cercano, compra desde crucecitas, va y pide agua, bendita, trae estampitas de Santos tapiza el departamento aquel la parte de arriba de cosas para que aquel animal no vaya a entrar. Hay mucho miedo entre los trabajadores. El hecho es que cuando ya se van a dormir, va a las nueve diez de la noche para levantarse muy temprano. Escuchan en el pasillo arriba afuera de la puerta de donde ellos viven, un pasillo alto, escuchan el paso de un animal. Pero cuando esto ocurre enseguida empiezan los aullidos y los ladridos de los perros del rancho. Los que están afuera el ladradero de perros y el montón de aullidos. La situación se vuelve tan inquietante que no pueden ya bajar. Ya no quieren bajar a jugar, ya no quiere que bajen los niños. Ahí no sabe qué es esto. Pero además de eso, el animal parece seguirlo. O lo que fuera, parece seguirlo como como él específicamente va hacia la ordeña en la madrugada y de pronto, cuando abre una puerta, ve aquella cosa a que él cerra en aquel animal enfrente como si lo fuera a atacar, pero en ese instante se desvanece la enferma. Aquello está enfermo, no puede estar, ya, no está tranquilo, ya, no puede caminar a gusto en la madrugada para ir a los establos. Ya nada. Y entonces llega el rumor de lo que ocurrió con Severiano, aparentemente después de haber salido del rancho corriendo huyendo porque venían a buscarlo. Había dejado muchas deudas de juego. Era un hombre que acostumbraba a jugar y había perdido mucho dinero al quedarse sin ningún ingreso que le permitiera pagar las deudas. Alguien se la había cobrado a la mala, El cuerpo había amanecido en una zanja, en otro rancho apuñalada le habían quitado la vida. Eso sumado con lo del perro, sumado con todo el ambiente. Tenso que había lo lleva a una tarde a ir a hablar con su paisano, a decirle que, por favor, lo cambiara de rancho, que no podía seguir ahí. Y sí, afortunadamente, a aquel hombre le tenía tanta confianza que lo pasó a otro rancho más grande. No recuerdo exactamente en qué parte del país, pero lo pasó a otro rancho y ya no volvieron a verlo. La persona qué vino a cuidar el Santa María entre Tlaxcala e Hidalgo duró muy poco tiempo antes de que se fuera sin decir siquiera a Dios. Una siguiente persona volvió a lo mismo. Tuvieron finalmente que bendecir aquel sitio. Decían que vino un sacerdote que trajo el dueño de alguna parte y tras varias bendiciones, misas y rezos, el lugar pudo ser ocupado. Pero la casa no, la casa, específicamente la casa donde ellos habían vivido. No se ocupó. La usaron para beor, la usaron para guardar cosas. El encargado ocupó una pequeña casa que se construyó afuera cerca de las casas de los trabajadores, la vieja casa del rancho. No se volvió a ocupar usted. Qué piensa. Le decía yo que algunas de estas historias no son agradables y también se cuentan muchísimas de estas. En mil quinientos ochenta, en Cardenal, Ubaldo Crecencius relató en sus memorias un encuentro con uno de estos animales. La gente del pueblo de esta zona, donde estaban en Inglaterra, aseguraba que un perro gigantesco, un mastín que había pertenecido al señor Feudales mil quinientos ochenta, el año de nuestro señor de mil quinientos ochenta, deambulaba por los campos y por las casas, que era una bestia fantasmal que quien lo habría intentado lanzar o herir no había encontrado más que una nube que quedaba después. El cardenal se encontraba una noche haciendo sus oraciones y anotando cosas en sus libros dentro de su habitación, cuando fue sorprendido por la entrada de aquel animal. Cuando el cardenal se voltea observa que junto a él está un mastín negro enorme, enseñando los dientes a punto de atacarlo. El sacerdote aquel toma su crucifijo y comienza a recitar las palabras que sabe de una especie de exorcismo, de liberación, una especie de expulsión Y a rezar Y a rezar? Y a rezar? Cuando levanta la mano para hacer la señal de la cruz, el animal emite un ruido espantoso y desaparece frente a sus ojos, dejando esta especie de nube de humo pestilente. Lo interpretaron como que era sí, ni más ni menos que la visita del demonio. Y es que es es la otra cara de estas historias. Si hacemos caso de que los animales se apegan a sus personas y tras la muerte de uno u otro, siguen visitándole, también tenemos que entender que pueda haber una suplantación en donde una imagen pareciera ser algo que no lo es, en donde una imagen que parece ser un perro en realidad es una imagen que pertenece a un ser que nunca ha estado encarnado, a un ser de oscuridad, que se manifiesta de tal manera que pueda generar mucho temor y, de alguna forma obtener alguna ventaja que no sabemos para qué. Así es que sí. Si creemos que existen estos seres que han desencarnado y que continúan acompañándonos en esta trayectoria, también debemos entender que puedan existir seres de oscuridad que se valgan de esta confianza que hemos depositado en los animales para hacer sus fechorías. Así es que no todas las historias de fantasmas de animales son románticas ni bonitas. Algunas de ellas son verdaderamente aterradoras. Y bueno, ahora mismo, por cuestión de tiempo sería difícil, pero hemos tenido otros relatos que van desde mulas caballos, cerdos, cerdos, que son fantasmales. Así es que es una larga lista, pero, por supuesto, antes me gustaría compartir con ustedes algunos saludos. Me gustaría mandar saludos a Shirley Araya, quien nos acompañó por primera vez en vivo desde Chile. Le mandamos un saludo y le damos la bienvenida. María Calderón, muchas gracias por acompañarnos. Le quiero mandar un saludo muy especial a Dayan leon Kurt, que nos acompañan también a la familia Sandoval Patiño, a la familia completa. Eso es muy bonito. Nos gusta mucho cuando es un saludo familiar. Es algo que nos da mucha emoción. Muchas gracias por acompañarnos en grupo Ana María Arreola, quien es nuestra fan número dos y que siempre nos acompaña. Le agradecemos mucho Soar, quien nos acompaña desde Nigeria Caray. Muchas gracias Soar. Apreciamos mucho que nos acompañe desde tan lejos Silvia García de aquí de Puebla. Le mandamos un abrazo Humberto Mendoza, quien recibe un saludo muy cordial de parte de su hijo Manuel, que también nos acompañan ambos. Muchas gracias por acompañarnos en familia nuevamente. Esto es algo que nos emociona enormemente. Araceli Castillo de la Ciudad de México, Daniel Pérez, desde Iztapaluca, en el Estado de México, que también es un lugar que tiene muchas historias. María Chávez de Temuco en Chile, que nos acompaña con Cristóbal Beltrán. Esto nos encanta saber que nos acompañan en grupo y claro que nos gusta también que nos pidan saludos. Eso significa que tien n n ns interes en nosotros, que representamos parte de su grupo, de su entorno. Eso es algo muy emocionante Yayita Zenaida, ella está en Venezuela. Le mandamos un fuerte abrazo a Yayita. Gracias por acompañarnos. Ana María Huguet, quien nos dice que eres su amigo de las soledades de la tercera edad hombre, seguramente tiene usted mucha más compañía de la que se imagina Anita, pero muchas gracias por decírnoslo y gracias por tenernos la confianza y dejarnos que la acompañemos también. Say dubi s treinta y siete Blanco Neira. Muchas gracias. Un saludo muy cordial para Rita García. Desde el Salvador ady Rodríguez siempre nos está acompañando. Muchas gracias a di Ángel Arú y su esposa Claudia, que nos acompañan acompañados de un bebé de cuatro meses. Afortunadamente, a esa edad del bebé no se da cuenta de las cosas terribles que platicamos. Así es que está muy bien ellos nos escuchan mientras cenan en Monterrey. Nuevo león germán Alexander Armira desde Guatemala, la Hermana Tierra de Guatemala, Antonia Rojas y su hija Glisbán. Ella es antropóloga e historiadora y de esta forma practica su español hombre, pues nos da mucho gusto a ambas. Les mandamos un fuerte abrazo, que bueno que nos acompañen Rocío Celeste desde Argentina, la Hermana República de Argentina Tierra Querida. Muchas gracias por acompañarnos y también, bueno, muchas gracias a Maruquita Blancas que, como siempre nos está apoyando. Maruquita valoramos mucho esta ayuda. Michelle Rueder, Víctor Hugo, muchas gracias por su apoyo. Hedy Amanda Mendoza, su apoyo es invaluable. Eugene Vargas, que siempre nos acompaña, es un gusto saber que desde el inicio de este canal, Eugeni don Julio de la Rosa, siempre nos están acompañando y apoyando. Es muy valioso para nosotros saber que tenemos su confianza Edgar Eduardo Rodríguez. Muchas gracias este apoyo, ayuda, que mantengamos el canal activo, que estemos aquí todos los días que estamos, son cosas que agradecemos mucho y bueno unos últimos saludos para Blankzul. Muchas gracias, Luz a Ida, que cumplirá años el doce de abril en Colombia. Un fuerte abrazo hasta Colombia. Miranda García de Colombia. También Pedrito López, que nos acompaña en Chiapas, México. Ricardo Ramírez, él nos escucha desde dos mil diez, cuando estábamos solo en la radio. Es un gusto saber que ahora que estamos aquí también nos acompaña. Les mandamos un fuerte abrazo a todos ustedes muy buenas noches y que descansen en paz. S s. S. S. S