El tren de la muerte | Relatos del lado oscuro (Podcast)

Una trágica historia ocurrida en México y que aún sigue dejando huellas, ahora en el terreno de lo paranormal.
Una trágica historia ocurrida en México y que aún sigue dejando huellas, ahora en el terreno de lo paranormal.
Conviértete en un seguidor de este podcast: https://www.spreaker.com/podcast/relatos-del-lado-oscuro--5421502/support.
Ciertos lugares donde han ocurrido grandes tragedias guardan algo más que la memoria. En ciertos puntos del planeta en donde se han dado este tipo de eventos a lo largo de los años, las personas relatan haber visto sentido oÃdo cosas extrañas. Déjeme que lo lleve a uno de estos lugares. En el norte de la República Mexicana, comenzamos relatos del lado oscuro para seres extraños. Suceso es inexplicables aversidas historias que otras mentes prefieren ignorar. Este punto ferroviario que está usted viendo ahora mismo. Es un lugar que se encuentra prácticamente dentro del área urbana de la ciudad de Saltillo, capital de Coahuila, en el norte de México. Es un punto interesante, frecuentemente visitado por todo tipo de personas. En este sitio. Es frecuente observar curiosos que llegan de noche grupos de investigación paranormal que buscan contactar con las almas de las personas ya partidas mediums. Vamos el famoso Cazafantasmas mexicano estuvo por ahà también haciendo algunas mediciones y grabando lo que él conoce como psicofonÃas, que más bien son inclusiones espontáneas. Pero como sea, este lugar es tan visitado que a lo largo de los años se ha hecho una fama como un punto caliente. Las historias que se han contado aquÃ, principalmente por parte de los operadores de la locomotoras tanto maquinistas, bogoneros ingenieros lo que sea, y que han relatado desde hace mucho tiempo, han sorprendido propios y ajenos escritores e investigadores como Rodolfo Benavides en los años setentas finales de los setentas y principios de los ochenta recopilarÃan numerosos relatos surgidos en este lugar y es que este sitio tiene una historia tremenda. La historia comienza a varias horas de distancia en este otro sitio es un pueblo mágico, Es un pueblo bellÃsimo real de catorce, un antiguo pueblo minero, abandonado y posteriormente convertido en centro turÃstico, pero que también es muy visitado por algo que ocurre ahÃ. Entre el primero y el cinco de octubre de cada año se celebran las fiestas patronales de San Francisco de AsÃs. La Iglesia, la iglesia principal de este lugar, una iglesia renacentista de gran belleza. Alberga una pequeña imagen de San Francisco de AsÃs, que es conocida como Sampancho oh sancharrito. Es una imagen muy venerada. Las personas suelen pedir favores al Santo y posteriormente, entre el primero y el cinco de octubre de cada año, asisten a dejar expotos o bien pequeños retablos flores de plata que son colocadas como agradecimiento por el favor recibido. Año con años, son cientos de personas que llegan diariamente, a veces miles de personas, ya que también hay una peregrinación masiva que recorren. Las calles de Real del XIV es un lugar bellÃsimo, lleno de historia y en el año de mil novecientos setenta y dos no fue la excepción. Comenzaron a llegar personas desde el primer dÃa abarrotando todos los puestos, todos los pequeños hostales, los alojamientos Vaya. Era muy común esto. MuchÃsimas personas que venÃan desde Monterrey de Saltillo y de muchos otros lugares de la región acudÃa en Real de Catorce es San Luis PotosÃ, parte del centro de la República Mexicana. Además, es un pueblo que está enclavado en la sierra dos mil setecientos metros de altura sobre el nivel del mar. No es cualquier cosa y para llegar, además, es muy complicado. En los años setentas llegar a este lugar generalmente era por medio de tren. Los autobuses no solÃan viajar hasta allá y los que llegaban llegaban a un punto conocido como catorce. De cualquier forma de catorce. A real de catorce habÃa que trasladarse carretas, camionetas, camiones de redilas. Lo que hubiera la estación de tren estaba en catorce en el pueblo de Catorce. Asà es como se le conocÃa a la estación catorce en el año de mil novecientos setenta y dos. En esas fechas, entre el primero y el cinco de octubre. La afluencia fue especialmente grande. El número de visitantes era inmedible, por lo que los ferrocarrileros comenzaron a ser corridas extas. El dÃa cinco de octubre de mil novecientos setenta y dos al terminar las fiestas patronales, siendo el último dÃa la gran mayorÃa de las personas tenÃan que volver. Era un jueves. Asà que el primer tren que fue enviado, el primer tren de pasajeros, que era conocido como el tren de peregrinos o el peregrino, llegó a tiempo a la estación catorce. Cambió las locomotoras, se preparó para el regreso, pero muy pronto se dieron cuenta de un problema. No era suficiente cuando se llenaron los vagones de pasajeros a toda su capacidad y mucho más. Déjeme explicarle este detalle. Una cosa era un vagón de aquellos que albergaba ochenta personas sentadas tenÃan veinte hiladas de asientos, cada uno para dos personas. Pero otra cosa es lo que realmente metÃan, porque el que pagaba boleto el adulto, pero el niño de brazos no pagaba boleto, los niños pequeños tampoco, y, por supuesto, los colados aquellos que al llegar a la puerta dándole una módica cooperación al que checaba boletos, lo que significaba que en realidad era imposible saber cuántas personas hubieron. Lo que quedaba claro es que, una vez abarrotado el primer tren, la estación seguÃa recibiendo más y más pasajeros. Se dio la orden por parte de la operadora de los trenes. En aquel entonces Ferrocarriles Nacionales de México era una empresa estatal, no era una empresa privada. En mil novecientos setenta y dos los ferrocarriles. Todos los ferrocarriles de México eran operados por el Estado, por el Gobierno. Era una empresa paraestatal. Asà es que, viendo la afluencia, viendo la cantidad de personas, se dio la orden de armar un segundo convoy, un extra, un peregrino extra. Se preparó todo aquello. El problema es que habÃa otras rutas, otras corridas, y se comenzó a armar con vagones viejos llegaron allá y la gente comenzó a subir. Era entrada ya la noche. Eran las ocho. Probablemente cuando se estaban llenando los vagones ya en oscuridad todavÃa seguÃan llegando personas. El tren se armó con veintidós vagones, dos locomotoras, la ochenta y cuatro cinco y la ochenta y cuatro cero dos. Ambas locomotoras eran relativamente recientes. CorrespondÃan a un modelo que se habÃa comprado para ferrocarriles nacionales alrededor de mil novecientos sesenta y siete, es decir, que tenÃan todavÃa bastante vida útil. Ambas máquinas se colocaron al frente veintidós vagones. El problema es que, conforme se revisaron los vagones, incluso los propios operadores, el maquinista, el conductor po que se trataba de vagones muy viejos. Algunos de ellos databan de los años veinte y treinta. El más antiguo era de mil novecientos veintiséis. ImagÃnese, usted ya sé que algunos expertos van a decir eso es imposible. No, no es imposible. En el registro que se publicó en mil novecientos setenta y dos en noviembre, en la revista del Sindicato Nacional de Ferrocarrileros, se registró que el uno de los vagones habÃa sido fabricado en mil novecientos veintiséis. Los más recientes eran de mil novecientos sesenta y seis. TendrÃan unos seis años de ocupación, pero la gran mayorÃa de aquellos veintidós vagones, al menos dieciséis de ellos, superaban los cuarenta años de operación. Se armó el tren, se mandó para allá, a pesar de las quejas de los maquinistas personal que irÃa a bordo del convoy. Al llegar a catorce las cosas se volvieron locas. Y se volvieron locas porque un vagón que podÃa alojar apretadamente ochenta pasajeros de pronto tenÃa más de cien. HabÃa muchos niños. Era una fiesta patronal, una fiesta familiar. Las personas suelen viajar allá en familia y esta corrida serÃa la corrida de catorce a saltillo, una ruta que no es sencilla, porque buena parte del recorrido es de ascenso, descenso ascenso, descenso, pero principalmente descenso a partir del punto conocido como Puerto Carneros. El descenso hacia saltillo es pronunciado e increÃblemente largo. El nerviosismo a bordo de la locomotora comenzó muy pronto al darse cuenta de la gran cantidad de personas que habÃa ahÃ. El maquinista Melchor Sánchez, su conductor Jesús Rocha, el fogonero Ignacio González, junto con los garroteros Pedro RodrÃguez y Juan Juárez, comenzaron a notar con preocupación que era demasiada gente en un tren armado con vagones muy viejos. Cuando llegó la hora de partir, ambas locomotoras iniciaron el la banda. Las dos locomotoras eran locomotoras ex profeso para trenes de pasajeros. TenÃan capacidad para llevar todos esos vagones sin ningún problema, pero normalmente en una trayectoria tan pesada tenga en cuenta que toda esta zona está arriba de los dos mil metros. Si llegara a Saltillo representaba un descenso importante. Habitualmente con unos quince vagones serÃa suficiente, pero en esta ocasión llevaban veintidós. El número de pasajeros indeterminado, siendo la última corrida que irÃa a Saltillo el último dÃa de la feria. Aquello iba a reventar. No significa que hubiera gente arriba. No simplemente habÃa gente parada dentro de los vagones, gente sentada, niños niños metidos ahà acostaditos en el piso. Los vagones además eran de segunda. No se trataba de un convoy de lujo, ni mucho menos se trataba de un viaje bastante popular. El recorrido, sin embargo, comenzó relativamente bien, solo que muy pronto aquel reporte de mal orden, es decir, vagones no aptos, que habÃa sido mandado al cajón por parte de las autoridades de vÃa. SerÃa muy notorio. El tren estaba chorreando. Asà el término que describieron los operadores para referirse a que los frenos de aire tenÃan fugas por todas partes. Cuando intentaron aplicar las catarinas, se hizo notorio que las catarinas tampoco respondÃan. Asà es que, conforme iban bajando. La situación se volvÃa mucho más complicada. Ya acercándose hacia Saltillo, la situación se volvió desesperada. El convoy en su conjunto comenzó a avanzar demasiado rápido. Un tren cargado como éste llegando a Saltillo era una verdadera arma. La zona casi llegando a Saltillo, pasando puerto Carneros, se convierte en una pronunciada bajada con varias curvas muy cerradas, en donde algunos trenes de carga pueden bajar su velocidad hasta treinta kilómetros por hora, pero éste comenzó a cobrar velocidad cada vez más. Cada vez más, los operadores aplicaron el freno dinámico, pero no sirvió de nada el peso. La velocidad que habÃa adquirido no sirvió. Simplemente fue vulnerado y muy pronto las ruedas de las locomotoras aventaban chispas, pero no frenaban. Los vagones tampoco aplicaron frenos. Los garroteros fueron corriendo de un lado a otro tratando de activar los frenos manuales, pero no sirvieron. Poco a poco, el tren estaba perdiendo cualquier posibilidad de salvarse, llegando a un punto conocido como el puente Moreno. Era el momento final. Si el tren no se sacaba de las vÃas. En ese momento llegarÃa directo contra Saltillo, volteándose probablemente al entrar a la ciudad, causando la destrucción de cuadras completas. Veintidós vagones a más de cien kilómetros por hora harÃan pedazos parte de la ciudad. Probablemente y aunque ninguno de los operadores admitió haber recibido la orden, habrán recibido la instrucción sacar el tren. Esto significaba soltar los frenos y dejar que se volteara. Esto ocurrió alrededor de las once treinta y cinco de la noche, a seis kilómetros aproximadamente de la propia ciudad de la estación de Saltillo. El tren se descarriló. El problema es que apenas descarrilarse comenzó a ocurrir un fenómeno que se conoce como telescopiarse, es decir, a insertarse un vagón detrás de otro. Al ocurrir esto, algunos vagones fueron a clavarse contra el suelo, provocando una especie de zanja profunda en donde se clavó el vagón, otro le cayó encima, Otro más, otro más comenzaron a voltear y en pocos mis minutos habÃa fuego. En pocos minutos habÃa fuego. Algunos vagones estaban totalmente destruidos, otros estaban volteados. Las personas atrapadas dentro al momento en el que uno de estos vagones de pasajeros se voltea, Obviamente, en el interior ocurre una catástrofe, porque no hay asientos con cinturnones de seguridad. Las personas iban acomodadas de formas muy variadas y muchos iban parados. Pero además habÃa mucho equipaje de mano, desde huacales, con frascos, de cajetas y de preparados que compraron en la feria objetos personales que iban en las góndolas arriba de los asientos. Al volcar cayeron encima de las personas, las ventanas se rompen, los vidrios entran y luego los cuerpos comienzan a moverse dentro al tiempo que se voltea provocando la destrucción. Pero al insertarse un vagón tras otro, el efecto es peor. Los pisos. Ese piso metálico de un vagón de ferrocarril, al momento de ser impactado, se de forma provocando ondulaciones, se rompen los asientos y las personas son cortadas por los fierros que comienzan a deformarse. Las heridas pueden ser gravÃsimas. El estruendo se escuchó hasta saltillo a varios kilómetros de distancia en las pocas viviendas que habÃa en aquel entonces en los alrededores, el pánico se hizo notorio al escuchar el estruendo y acto seguido ver las llamas y la iluminación que generaba el fuego comenzaron a correr en todas direcciones. Unos minutos después, en Saltillo, en las unidades de la Cruz Roja local se dio el informe de un accidente, pero quién se iba a imaginar aquello. El hecho es que los primeros en llegar eran taxis, vehÃculos de alquiler y vehÃculos particulares que recogieron algunas personas que habÃan caÃdo fuera del tren para llevarlas a la Cruz Roja horriblemente maltratados, heridos deformados con las seraciones horribles y al llegar informaban es que ha habido un accidente ternr rrible. Hay como cuatrocientos heridos. Por supuesto que hubo mucha alarma. Los miembros de la Cruz Roja no sabÃan que era exactamente lo que habÃa ocurrido y cuando se reportó a las autoridades locales, nadie lo podÃa creer. Un autobús contra que chocose llevó el tren, un autobús que fue lo que ocurrió hasta que finalmente alguien dio la voz de alerta. El tren salió de las vÃas. Cuando esta noticia comenzó a llegar a los patios de la estación, los propios empleados de ferrocarriles nacionales en aquel entonces comenzaron a movilizarse muy pronto y a lo largo de la noche. HabÃa bomberos, gente de la Cruz Roja, voluntarios, muchÃsimos civiles vecinos, gente de saltillo que fue a tratar de ayudar. SÃ, por supuesto, que también habÃa gente robando, habÃa rapiña, como en cualquier caso de éstos. No falta alguien despreciable que iba a buscar entre las pertenencias, pero fueron los menos. La gran mayorÃa de las personas fueron a tratar de rescatar, porque aquello era el infierno. Se escuchaban gritos, lamentos alaridos gente que estaba muriendo, desangrándose, gritando con miembros cercenados los que se estaban quemando, pero estaban atrapados entre los hierros y no podÃan ser recuperados. Algunos rescatistas fueron heridos gravemente porque al intentar recuperar a alguien se quemaron, se cortaron. Cuando llegaron los soldados también se incorporaron a las labores de rescate, pero además se sumaba a la oscuridad. La oscuridad fue terrible, lo único que se podÃa ver en el fuego que ardÃa dentro de los vagones, pero aún con las luces que proyectaban los autos cuando comenzaron a llegar las ambulancias desde otras regiones, comenzaron a llenarse aquello de diferentes ambulancias, algunas llegadas desde Monterrey, Nuevo León vehÃculos se fueron formando en las laderas en la parte alta para iluminar con las luces de los autos. Cientos de voluntarios llegaron. Algunos de ellos no iban a rescatar a nadie, no podÃan, no sabÃan, no tenÃan cómo, pero llegaban con agua, con una jarra de café caliente para los rescatistas, porque hace frÃo estas son es desierto y al caer la noche es frÃo el café. Llegaron con mucho pan para que los que fueran saliendo pudieran comer algo y volver a ingresar para ayudar los heridos. Eran tantos que las ambulancias no sirvieron, no alcanzaron muy pronto, ya no cabÃan más. Asà es que las personas en camionetas particulares, en picops en lo que hubiera subÃan a los heridos para llevarlos al amanecer el cuadro. Era terrible se seguÃan escuchando algunos pocos lamentos, pero la mayorÃa de los cuerpos eran cadáveres. Ya no habÃa personas con vida. El fuego se extinguió y aún asà habÃa algo de humo. La escena daba cuenta de una tragedia mayor, de una violencia extraordinaria. Cuando llegaron las grúas de ferrocarriles, los los n e s p s pesados para comenzar a remover aquello, comenzaron a salir más cuerpos, muchos más cuerpos. A los pocos dÃas. El informe oficial del Gobierno daba cuenta de que habÃa habido doscientos treinta y cuatro personas muertas. En un primer momento. Dijeron que alrededor de ciento treinta y que habÃa habido unas mil personas heridas del total de los vagones, once habÃan sido afectados cinco no. Posteriormente, el propio sindicato de ferrocarrilero aclararÃa que esa cifra no era real, que el convoy tenÃa veintidós vagones y que de los veintidós, al menos dieciséis habÃan quedado destruidos e inutilizados. Las cifras oficiales iban acompañadas de una declaración formal, echándole la culpa a los maquinistas. De acuerdo con la versión oficial, tanto el conductor como el maquinista estaban tomados, habÃan estado bebiendo y habÃa mujeres de la mala vida en la cabina, es decir, que habÃa una fachada impresionante ahà dentro y por eso no habÃan tenido suficiente cuidado. Por supuesto que eso era absurdo. El maquinista, los fogoneros, el conductor, todos habÃan salido heridos. HabÃan sido llevados al hospital y se les hicieron pruebas que en su momento resultaron negativas. No habÃan tomado ni una gota de alcohol. El director del Hospital de Ferrocarriles Nacionales recibió una orden directa de parte del Secretario de Comunicaciones de aquel entonces cuando se le dijo tienes que declarar que estaban ebrios y él respondió. Nunca lo cesaron, lo corrieron, pero él nunca aceptó firmar ningún documento que inquiriminar a estas personas. Fueron condenados por imprudencia grave con ataques a las vÃas generales de comunicaciones, homicidio, lesiones y daño y propiedad ajena. Condenados a condenas que iban de los ocho a los dieciocho años de prisión. Gracias a diferentes testimonios y al apoyo que recibieron, fueron liberados nueve años después y exonerados de toda culpa cuando se demostró que habÃa reportes de mal orden en cuanto a estos vagones, que eran verdaderas carcachas. Iban a ser enviados a fundición, pero por las prisas. Alguien tuvo la buena idea de mandarlos. Pero habÃa otro problema muy grave. Las cifras oficiales únicamente reconocÃan las personas que habÃan sido reclamadas, los cuerpos que habÃan sido identificados y reclamados. Pero habÃa un problema. Familias completas habÃan muerto, completas, abuelito, abuelita, papá, mamá, tÃos, primos, sobrinos, todos estaban muertos, casas completas. Nunca se volvieron a abrir. Estas personas no fueron reclamadas, sus cuerpos fueron llevados a un cementerio, el panteón de Santiago, en donde se les sepultó en una fosa común. Se guardó silencio, mucho silencio. En aquellos años habÃa necesida de guardar ciertos secretos, ciertas cosas no se decÃan como por ejemplo, el hecho de que, en lugar de ir alrededor de unas mil quinientos personas a bordo, en realidad iban más de dos mil y que de esas dos mil, alrededor de mil habrÃan muerto. La catástrofe conocida como el trenazo de Puente Moreno se saldó siendo la cifra más aterradora de un accidente ferroviario en México y durante mucho tiempo, una de las peores tragedias que se hubieran registrado en este paÃs no serÃa superada sino hasta probablemente en alguno de los sismos de los años ochenta. Por supuesto, la versión oficial se intentaba pegar a que habÃa sido culpa de los maquinistas, pero hay varios testimonios interesantes. Uno de ellos era el de uno de los primeros rescatistas en entrar. Este joven habrÃa trepado para ayudar a salir al maquinista que estaba atrapado en la locomotora. Cuando entró pudo observar ayudándose con una linterna. Un indicador era un aparato que registraba la velocidad máxima del tren. En el momento del impacto. La velocidad era superior a ciento veinte kilómetros por hora. La curva en la que el tren descarriló tenÃa un registro máximo de velocidad de sesenta kilómetros por hora en trenes de pasajeros y de treinta encarga habÃa superado por el doble. Posteriormente, diversos miembros del sindicato y empleados ferrocarrileros declararÃan que, efectivamente, los vagones no estaban en condiciones de operar, pero que una orden de allá arriba habÃa indicado que se tenÃan que usar. El hecho es que en apenas unos instantes, alrededor de mil personas quedaron atrapadas. Muchos de ellos murieron en el fuego otros. Sus cuerpos fueron brutalmente destruidos por la violencia del accidente. Muchos de estos cuerpos estaban ahà dentro de los vagones durante varios dÃas. Durante las labores de recuperación, iban apareciendo fragmentos que nunca se pudieron conjuntar. No habÃa manera. Simplemente habÃa que retirarlos pronto y mandarlos al cementerio. No hubo una identificación positiva de cadáveres. Nada Eran demasiados. Los heridos también eran demasiados. Fueron enviados a ciudades tan lejanas como Torreón. Un evento de esta naturaleza genera cosas tremendas. Tras haber retirado los restos los vagones, todos destruidos fueron mandados a la basura, literalmente a fundición, cortados en trozos. Muchos de ellos fueron enviados a la fundición. Las locomotoras la ochenta y dos dos no serÃa recuperada la ochenta y dos o cinco irónicamente, a pesar de lo destruida que quedó, volverÃa a ser puesta en práctica y pudo ser fotografiada dos años después en uno de los andenes de Nuevo León. Pero los fenómenos paranormales comenzaron a reportarse muy pronto. Unos meses después. Los equipos que trabajaban en la zona, los conductores, los maquinistas, comenzaron a reportar que al llegar a Puente Moreno habÃa cosas raras. TodavÃa habÃa por ahà fragmentos de cosas, vidrios, ropas, zapatos. Muchas personas fueron a recuperar todo esto, a limpiar el área, incluso hicieron un pequeño cementerio de memoria, que está por ahà a un lado, el único que queda de aquello. Unas pocas tumbas indicando lugar de la tragedia. En realidad son simplemente recuerdos. No es que estén ahà los cuerpos, pero al llegar a este punto, las cosas eran extrañas. Uno de los primeros relatos aseguraba que, al llegar unos pocos metros antes del lugar de la catástrofe, comenzaron a sonar frenéticamente las cornetas del tren por una razón a a la distan de la rras veÃan luces, luces que cruzaban la vÃa como si hubiera personas con linternas cruzando de un lado a otro. Conforme, se acercaban, a pesar de sonar las bocinas del tren para advertir la cercanÃa del tren y hacer los juegos de luces para advertir que estaban llegando aquello seguÃa moviéndose un tren de bajada con gran carga. A pesar de que venga despacio, toma mucho tiempo para poder frenar. Asà es que no llegaban a frenar, pero de pronto, cuando parecÃa que iban a embestir a aquel grupo de personas que cruzaban de un lado a otro. Se daban cuenta que no habÃa nada, que las luces conforme iban avanzando, iban disolviéndose simplemente, disolviéndose en medio de la oscuridad hacia a los lados, alejándose mientras miraban cómo aquellas luces, que parecÃan ser personas con ls internas, iban cobrando la forma de una persona que daba la vuelta. Se perdÃa, se metÃa. Cuando finalmente el tren se detenÃa por completo al haber aplicado los frenos, habÃa un silencio, sepulcral una sensación extraña y entonces, al bajar para revisar si habÃan atropellado a alguien, si habÃan embestido algún vehÃculo algo, cuando bajaban el espanto, los envolvÃa de inmediato. Los primeros reportes aseguraban que los operadores el garrotero. Cuando bajaban comenzaban a escuchar el llanto. El lamento, un tren de carga puede ser muy muy largo, asà es que recorrerlo de punto a cabo con lámparas tratando de encontrar algo era muy difÃcil. Pero al mismo tiempo que hacÃan esto y corrÃan de un lado a otro y se bajaban los fogoneros a ver qué ocurrÃa, escuchaban el llanto algo que fue reportado por lo menos en dos ocasiones era el llanto de bebés aterrador que hiela la sangre, pero se daban cuenta que no habÃa nada. El llanto no provenÃa del propio tren de abajo, del tren, sino de un poco más allá, a un lado, como del ambiente, como de todas partes. Esto se fue conociendo y, obviamente, al paso de los meses y de unos pocos años, ya no se detienen los convoyes se aproximan a esta zona y entonces observan a la distancia, la luz, la silueta, la persona que parece cruzar y de pronto algo que parece estar aquÃ, pero de pronto se desvanece. Quienes quizás pasaron lo peor fueron quienes iban a hacer algún trabajo por ahà o quienes caminaban por ahÃ. En la noche. La zona no era muy frecuentada. De hecho, hoy en dÃa es parte de la ciudad de Saltillo, pero en su momento era allá en las afueras muy poca gente vivÃa, pero quienes tenÃan que volver por alguna razón y tomaban las vÃas del tren para caminar se enfrentaban a cosas espantosas. Uno de los relatos más espectaculares desde mil novecientos setenta y seis y fue narrado a Don Rodolfo Benavides, quien no contaba cuando un grupo de personas camino a lo largo de la vÃa. Por alguna razón iban de regreso a Saltillo caminando. Al llegar a este punto, comenzaron a ver que habÃa personas. Se dijeron entre ellos Mira y hay unas personas. No le hace seguro vienen de alguna fiesta o van alguna fiesta. Deben de haber sido las diez o once de la noche. Conforme iban caminando, se fueron dando cuenta que habÃa más personas, pero conforme las iban viendo, se dieron cuenta que no eran personas vivas, que sus rostros eran espantosos, blanquecinos, con los ojos desorbitados transparentes. Algunos no tenÃan rostro. No se distinguÃa nada, salvo una sombra que se movÃa rápidamente y entonces vino. El sonido es sonido, el sonido, el llanto, las voces, los lamentos, el escuchar de pronto que alguien grita una voz de mujer, que grita a tu lado ahà a unos metros, pero no hay nadie. Aquellas personas comenzaron a correr al darse cuenta que eran las memorias de este lugar y el grito que te persigue, que te persigue conforme avanzas. El hecho es que las personas dejaron de caminar por ahÃ. Algunas veces no faltó quien llevar a un sacerdote para hacer una bendición. Quienes iban a visitar las memorias, estos pequeños retablos cruces que se pusieron ahà cuando tocaba la fecha de conmemorar el evento, no dejaron de llevar flores veladoras una bendición para ayudar a aquellas almas a partir Aún asÃ. A lo largo de los años se ha seguido dando este fenómeno. Más de una persona sigue asegurando que ahà ocurren cosas muy raras y que de cuando en cuando se escucha con mucha claridad el llanto. En los años más recientes, grupos de investigación paranormal han estado ahà y han obtenido grabaciones de relatos te claras acerca de voces paranormales, si bien ya no se escuchan de manera directa, de manera consciente, si se pueden registrar en las inclusiones psicofónicas. Algunas grabaciones de video han captado extrañas sombras, pero la realidad es que estos fenómenos no suelen ser tan fáciles de captar qué fue lo que ocurrió ahÃ. Bueno, cuando ocurre una de estas catástrofes pueden suceder varias cosas. La primera de ellas es que muchos de los que murieron hayan muerto súbitamente, de forma rápida, de forma repentina, perdiendo asà la conciencia de su propia muerte, personas que quizá iban dormidas. Conforme avanzaba el tren que, por cierto es una forma de viaje, un poquito monótona que se oye un golpeteo y es cansado muy Probablemente se hayan dormido. La muerte lo sorprendió. Dormidos, por lo tanto, no tuvieron conciencia de su propia muerte. Algunos pocos tuvieron la conciencia, pero también tuvieron el dolor, el intento, la agonÃa. Y entonces hay una creencia en este sentido de que cuando ocurre una tragedia como esta, muchas de las personas que fallecen y se convierten en una especie de ser desencarnado se confunden. Hay quienes no saben que están muertos y al estar en este otro plano repentinamente ven a otras personas y creen que siguen aquÃ, pero no entienden qué fue lo que ocurrió. Y quienes están conscientes de su propia muerte están dispersos, están confundidos. Ven que hay muchas personas a su alrededor que van y vienen y creen que están bien y creen que quizá hubo un accidente pero que no pasó nada, y que ahora mismo, estas otras personas están igual que ellos, esperando quizá que alguien venga que vayan a alguna parte, pero al no existir un tiempo como tal, un dÃa, una noche, el paso de las horas, el paso de los minutos, estas personas siguen pensando tras su propia muerte, que están ahà o por lo menos es lo que se cree que ocurre en estos casos. El hecho es que, poco a poco, uno tras otro irá cayendo en cuenta de su desgracia, irá partiendo algunos más. Sin embargo, se volverán reacios a cualquier tipo de idea, a cualquier tipo de noción de lo que les ocurrió, y son los que permanecen por más tiempo se convierten en apariciones residuales frecuentes en este tipo de eventos, con el paso de más de cuarenta años. Sin embargo, todavÃa de cuando en cuando a algún maquinista. Hoy en dÃa, la ruta es operada por Kansas City, una compañÃa transnacional a partir de los noventas ferrocarriles nacionales de México, se privatizó y la ruta es operada por una de estas empresas privadas que tienen a ciertas reglas en cuanto a platicar historias. Pero aún asà no deja de llamar la atención que eventualmente por ahà se filtra al una historia acerca de las misteriosas luces que cruzan la vÃa en Puente Moreno, quizá una memoria del pasado. El incidente se saldó con muchÃsimas vidas. El interés del Gobierno por callar la noticia, por apagar un escándalo de esa magnitud. El hecho de querer dar la cara al mundo de un paÃs moderno, bien armado, funcional ocultó la realidad. Las realidad es que muchÃsimas perdonas, muchas más de las que se dijo, perdieron la vida. AhÃ, usted qué piensa Y ahora, si usted me lo permite, qué le parece. Si andamos algunos pocos saludos y mire usted, queremos mandarle un fuerte saludo y una felicitación a Ana González. Ana González es una jovencita que cumplió quince años el dÃa siete de septiembre y apenas nos enteramos, pero la felicitamos de una vez Angelina Cortés Gómez y ella cumplió el seis de septiembre, también apenas nos enteramos. Pero queremos mandarle una cordial felicitación. Tato Andrade en Argentina. Le mandamos un abrazo. Florencia, Francisco y Elena que están en Mar del Plata. Mario Felipe. A Mario Felipe le mandamos un abrazo de una vez. Ãl cumple el diecinueve de septiembre, pero lo felicitamos de una vez porque esa fecha es un poco difÃcil para todos. Su esposa le manda un abrazo. Belén Sandoval y lla mando a felicitaciones a su esposo Daniel, a su papá Nicolás, a su hermanito César, porque todos cumplieron años en septiembre. Un abrazo a todos ellos y la familia Zotello durán que están en Querétaro. Araceli, Araceli y la hija cumplió dieciséis años el once de septiembre. Vaya fecha hoy once de septiembre, un abrazo. Por supuesto, es una fecha que no se olvida fácilmente y bueno, muchÃsimas gracias a Tomás Guillermo Sandoval a Javier Seah, a Sergio Vázquez alan Aguirre, Fernando del Castillo, Jorge Cruz, MarÃa Zúñiga, Carina Gallegos, a nuestra amiga bip rof Marino González, a Patrick Rosas, a todos ellos les agradecemos enormemente el apoyo para sostener este canal, el apoyo mediante los corazoncitos que aparecen en los vÃdeos y cosa que agradecemos mucho. Nos ayudan a seguir creciendo, a seguir produciendo vÃdeos. Se los agradecemos enormemente. Y bueno también, por supuesto, mandar algunos pocos saludos para Lidia Medina, que está recuperándose de haberse lastimado a los hombros. Ella está en Monterrey, Ismael Castillo y su familia, que nos escuchan en la Papa Caliente, su negocio, que está en Tecámac, Estado de México. Un abrazo para allá y para ale Escalona. Ella felicita a su hijo, que cumplió el veintiséis de agosto. Nos tardamos un poquito en felicitar, pero ya está. Y para mari Cruz González, que va a cumplir el catorce de septiembre, para Antonio Moreno, el cumple hoy, y para Clara Camacho, que felicita a su hermana MarÃa Isabel. Un abrazo a todos. Muchas gracias para Fernando Finkelstein y su esposa, Viviana, que nos escuchan de toda la vida y son grandes amigos del canal. Muchas gracias, Fernando Philkelstein, para leire RodrÃguez Tabarés, que está en Uruguay, para Araceli y Sosa de parte de Héctor Ballin. Muchas gracias por acompañar Isabel, Arias y Freddy Romero, que están en Caracas, Venezuela, para John Alexander, que está en Colombia. Gracias a todos muy buenas noches y que descansen en paz a







