El submarino maldito || Relatos del lado oscuro (Original Radio)

Hemos encontrado un viejo programa de Relatos del lado oscuro, de los de la radio, se los compartimos, esperamos que les guste, tiene el sabor a aquellos tiempos.
Antes de empezar a platicar sobre fantasmas e historias sobrenaturales, es importante recordar que la estación está cumpliendo setenta y nueve años, a lo largo de los cuales, obviamente bueno. La cantidad de personas que han estado aquà es impresionante, pero no solo eso, sino el hecho de lo que se ha visto desde esta cabina, que, si bien no es la misma de toda la vida, pero lo que haya ocurrido aquÃ, las cantidades de sucesos extraños, trágicos, momentos difÃciles del paÃs en relatos del lado oscuro para seres extraños, sucesos inexplicables, diversidades historias que otras mentes prefieren ignorar. Si estoy en lo correcto, esto se habrÃa fundado en mil novecientos treinta y nueve, justo a tiempo para ver la primera la Segunda Guerra Mundial, justo a tiempo para vivir los episodios trágicos de aquella época, para ver el desarrollo de México, en aquellos periodos de tiempo, para ver el desarrollo de un México que cambiaba de una época casi colonial hacia un México moderno. Y todo lo que vino después las épocas terribles, aquellas las matanzas, las guerras sucias, todo esto, todo eso se ha visto en esta cabina, el cambio cultural que se está viviendo desde esta cabina allá. En los años setentas se tuvo que haber celebrado con bombo y platillo la llegada de Juan Pablo II, por ejemplo, algo que también ha visto o cambio con la visita de Rad Singer Y todo lo que esto ha significado la HR setenta y nueve años, viendo desde esta cabina, el mundo cambiar. Ha visto todo esto claro. Ahora más cambios, más cambios, pero además se enfrenta al final del dÃa una situación terriblemente adversa. El principal cambio que le ha tocado a esta estación ahora es el cambio tecnológico. Cuando en los años cincuenta sale la televisión y comienza a hacerse popular, aquello se pensó ahora sà es el final de la radio, pero no era asÃ. Y no era asà porque la televisión requiere dejar de hacer lo que se estuviera haciendo la radio. No, la radio es mucho más amigable en ese sentido y uno puede seguir cocinando, lavando platos, planchando ropa, trabajando en la oficina mientras se escucha la radio. La televisión es un poco más limitante, pero ahora estamos enfrentando algo mucho más difÃcil. Las nuevas tecnologÃas, una cosa es que el radio del auto tuviera un cassette que duraba cuarenta y cinco minutos o una hora y punto y eran las mismas canciones. Las escuchaba uno varias veces y al final terminaba aprendiendo la radio. Ahora, las nuevas tecnologÃas, los sistemas bajo demanda, es decir, yo oigo lo que quiero cuando quiero oÃrlo en un universo de posibilidades. Escojo aquellas que se me ocurren, las que me han influenciado y esas son las que escucho. Es un adversario formidable. Claro está que la radio sigue siendo atractiva porque está ahÃ. No hay que hacer nada más. No hay que encender una computadora, no hay que encender una conexión a Internet, no hay que quedarse sin datos, no hay que estar buscando un wi FI. Está ahà todo el tiempo, pero nuestro ahora como radio, es ofrecer algo que sea atractivo, tan atractivo que haga que las personas dejen de estar enchufados en una computadora o en un teléfono para escucharnos. Claro que tenemos algunas ayeudas. No tenemos aliados. Incluso el mismo enemigo es nuestro aliado. La posibilidad de que nos escuchen en cualquier parte del mundo hoy en dÃa es una ventaja enorme. Ahora mismo, alguna persona que está sufriendo el frÃo del norte nos puede oÃr. Alguien en el sur nos puede oÃr. Y esto nos da una puerta abierta. Y si alguien no ha podido escucharnos, nos podrá escuchar más tarde. Tendremos al final que adaptarnos a esta nueva tecnologÃa. Pero sabe algo es un reto y un reto formidable. Las opciones son enormes. Asà es que tendremos que hacer un gran esfuerzo por hacer grandes programas por hacer cosas tan interesantes que usted nos acompañe y podamos seguir aquà durante muchos años. A mà me ha tocado estar tras de este micrófono algo más de quince años, pero colaborando con esta casa desde hace veinticinco años, asà que me ha tocado ver el paso del tiempo y el cambio de una generación a otra. Espero poder seguirles acompañando. Pero esto no es la primera vez que pasa. Cuando sale la tele se pensó lo mismo. Esto es difÃcil cuando aparecen los discos compactos que eran de una posibilidad mayor. Esto es difÃcil. Ahora sÃ, tenemos un problema enfrente que tiene muchas variantes. Es un monstruo de muchas cabezas. Habrá que trabajar muy bien y con mucho cuidado para que lo que hagamos aquà adentro sea muy atractivo. Esto es algo interesante, pero los grandes lÃderes siempre han pensado cosas parecidas y por ellos son grandes lÃderes, y uno de ellos sostenÃa cuando las cosas se ponen muy mal, llama a tus mejores hombres y mujeres y déjalos que hagan lo que saben hacer, porque por eso son los mejores reúnelos. Robustecete Y asà es, como creo yo que la radio en su conjunto, no solamente esta estación, sino en su conjunto, todas las radios a nivel mundial van a poder salir reuniendo sus mejores gentes, sus mejores cabezas, trabajando de la mejor forma y logrando que las personas vuelvan a interesarse en escuchar lo que hablan otras personas, es decir, comunicarse el relatos del lados. Bueno, después de haber hecho mención de estos temas. Platiquemos del mar. Cada año desaparecen barcos en todo el mundo. Es algo frecuente. El riesgo es terrible. Navegar allá afuera en el océano es muy delicado. Vientos repentinos, tormentas, grandes oleajes, cargas sueltas. Vamos cualquier cantidad de cosas pueden ocurrir. Pero además, cuando ocurre esto en guerra, la situación es mucho más dramática. Déjeme que lo lleve atrás en el tiempo, muy atrás. Es mil novecientos dieciséis la primera guerra mundial. Ahà se teje una de las historias más interesantes respecto a fantasmas y situaciones paranormales en el mar. En mil novecientos dieciséis, Alemania está en una guerra muerte, con ing Inglaterra, con Francia. Aún Estados Unidos no ha entrado en la guerra y parte del arsenal de Alemania son los submarinos. Hasta hace poco tiempo era un arma totalmente desconocida. La guerra en el mar no estaba preparada para esta forma de ataque. El submarino es un barco que se sumerge y navega por debajo del agua y cuando encuentra un blanco, dispara sin que nadie se percate. Claro, al principio existÃan ciertas reglas de caballerosidad. Un submarino que detectaba un barco en alta mar que iba a hundir. Si este era un barco mercante, solÃa advertirle para que los tripulantes pudieran tomar las barcas de emergencia y abandonar el barco para después hundirlo a cañonazos o, como fuera si era un barco de guerra, lo torpedeaba sin mayor advertencia. Era pequeñas reglas que habÃa ahà nada escrito, pero bueno aún asÃ, la sorpresa era terrible, Pero los submarinos estaban lejos de ser grandes armas. Las primeras versiones de los submarinos alemanes eran embarcaciones pequeñas. Una treintena de hombres iban metidos en una lata de sardinas pequeña cargada de explosivos con motores combinados eléctricos y de disel o de combustible del que hubiera en ese momento. Eran muy frágiles en muchos aspectos. Las tecnologÃas eran precarias. No existÃa una forma clara de comunicación. HabÃa algunas formas de telegrafÃa y demás, pero los sistemas eran muy básicos. Eran terriblemente peligrosos, no solamente para el adversario, sino para la propia tripulación. Dada la premura de la guerra, estaban siendo construidos de forma muy rápida. El objetivo era tener el mayor número de submarinos para contener el suministro de bienes a Inglaterra y asà poderlos derrotar básicamente por hambre y por falta de materiales para continuar con el esfuerzo bélico. El submarino cumplÃa con eso muy bien, pero el riesgo era enorme. Se cuenta que en medio de esta vorágine para construir submarinos se construye uno de ellos. De acuerdo con algunos informes, el submarino denominado V sesenta y cinco fue construido en algún momento entre mayo y junio. Mayo del dieciséis y junio del diecisiete, aproximadamente un año. Según constan los registros históricos de la Armada alemana. El ub sesenta y cinco fue ordenado en mayo del dieciséis, pero fue puesto a flote hasta junio del diecisiete y comenzó a trabajar, Es decir, salió a la batalla hasta agosto de mil novecientos diecisiete. El submarino, sin embargo, tuvo una serie de cosas raras. Los informes originales poco aclaran esta situación, lo que se presta para dudar en ocasiones acerca de las historias. Sin embargo, algo sà queda claro. El barco existió y su historia ha sido repetida a lo largo de muchas generaciones. Si bien Charles Berlitz serÃa el que lo harÃa popular tras la publicación de una serie de artÃculos en los años sesentas, la realidad es que las leyendas acerca del UV sesenta y cinco se contaban ya desde la época de la guerra y la historia comienza allà mismo, en Hamburgo, en el lugar donde fue construido el barco este submarino. A los pocos dÃas de haberse dado la orden de fabricar el UV sesenta y cinco, un nutrido grupo de obreros. Comienza a trabajar en lo que será el casco y la estructura de aquel submarino, pero apenas colocar los primeros elementos de la parte baja de la quilla. Ocurre el primer accidente. Mientras una pareja de constructores se encuentra acomodando algunos de los fierros que formarán parte del submarino. Una pesada viga de acero es izada por una grúa para llevarla al punto de su colocación y descenderla. Sin embargo, en el tránsito, desde el punto donde se encontraba hasta el punto final, la viga repentinamente se suelta. Según cuenta la leyenda, las cadenas que habÃan sido empleadas estaban intactas, no se habÃan roto. Simplemente se deslizó la viga, cayendo pesadamente sobre aquellos dos hombres que estaban ahÃ, los armadores. Uno de ellos morirÃa instantáneamente prácticamente cercenado a la mitad por la punta de la viga que caÃa el segundo de ellos. Sin embargo, y eso quedarÃa considerar si era una suerte o no, sobrevivirÃa algo más. Su supervivencia serÃa dramática, ya que al caer la viga, la presión sobre de éste, si bien lo mantenÃa con vida, le estaba causando una agonÃa terrible. A pesar de los esfuerzos de los compañeros por izar la pieza, poco lograban. Cuando finalmente la grúa se posiciona correctamente y vuelven a sujetar la viga y la levantan. El armador ha muerto. Hay muchas versiones acerca de lo que ocurrió en ese inter desde que inicia el accidente hasta que muere el segundo armador, pero hay quienes apuntaban a que aquel hombre habrÃa maldecido todo el tiempo, es decir, que habrÃa terminado sus últimos momentos de vida maldiciendo al barco. Otros sostienen que en realidad habrÃa terminado sus dÃas aterrado asegurando que aquella nave estaba maldita. Como sea, los cuerpos fueron retirados, entregados a sus familiares y los trabajos continuaron. Es curioso de mencionar, pero el ubes sesenta y cinco, aún cuando estos datos no están registrados plenamente, tenga en cuenta que es mil novecientos diecisiete. Esto tiene cien años atrás. Asà es que encontrar una esquela de un armador muerto, Teniendo en cuenta que la mayor parte de los armadores ni siquiera eran alemanes, eran polacos y de otros paÃses considerados un poco inferiores, Realmente habrÃa habido poca difusión del tema. Lo que sà es un hecho es que el barco, a diferencia de otros submarinos que tenÃan perÃodos de ensamblaje de unos, siete u ocho meses. Este tardarÃa doce meses en ser lanzado al agua un perÃodo más largo. El hecho es que el barco continúa con las mans maniobras y continúa con la fabricación. Se cuenta que cuando el buque este es submarino está a punto de entrar en operación, lo colocan en el agua, lo que se llama botar al agua y comienza la primera prueba. Sin embargo, en esa primera prueba las cosas salen muy mal. Según se cuenta. Mientras se hace una prueba de superficie, es decir, ni siquiera está sumergido en una prueba de superficie, dos mecánicos están trabajando en los motores, cuando de pronto el ambiente de la casa de máquinas de este submarino comienza a saturarse de gases producto de la combustión los hombres. Aquellos comienzan a debilitarse y pierden el conocimiento. Mueren los dos asfixiados dentro del cuarto de máquinas del submarino derivado de la fuga de gases. Pasado un rato y al darse cuenta que no salen, alguien baja a buscarlos y se da cuenta del caos permiten entonces que se disipe aquello y retiran los cuerpos. El submarino es vuelto a llevar al taller en donde se desarma aquello para identificar la fuga e intentar encontrar una explicación de por qué los dos mecánicos estaban encerrados en una casa de máquinas y no hicieron ningún esfuerzo por salir. Este es un punto que sà se señalaba ahà que no habÃan salido. El uv sesenta y cinco habÃa costado ya la vida de cuatro personas desde el inicio de la operación hasta ese punto, por supuesto, que costarÃa la vida de muchas más, pero de los enemigos o, por lo menos, de barcos que no eran aliados alemanes. Tras varios dÃas se hacen las reparaciones pertinentes, se considera que el barco es seguro y se da la orden de realizar las pruebas necesarias, es decir, sacar el barco y llevarlo al tamar. Asà se hace, comienzan a hacer maniobras de movimiento en superficie y finalmente se da la orden de inmersión. El capitán da la orden de sumergirse a diez metros. Esto no es mucho, evidentemente, es una inmersión ligera solamente para prueba. Sin embargo, y en eso queda por ahà alguna constancia, el submarino, al empezar la inmersión repentinamente, pierde por completo el control y continúa sumergiéndose sin control hasta llegar al fondo del mar para su buena fortuna. El fondo del mar no era una fosa abismal, ni mucho menos. Se encontraba a una profundidad que permitió que sobreviviera el barco a esa inmersión. Sin embargo, y a pesar de haber sobrevivido a esta inmersión, no logran hacerlo flotar. No tienen forma de pedir auxilio. Ten en cuenta que es mil novecientos diecisiete. El capitán Martin Shell intenta por todos los medios hacer que esto suba liberando aire descargando balastre, pero el submarino no se mueve conforme. Pasan las horas, la situación se vuelve muy complicada. Un submarino es un tubo cerrado totalmente con una limitada cantidad de oxÃgeno. El u B sesenta y cinco era un submarino tipo tres treinta y siete, cuarenta hombres a bordo en un espacio tan limitado. En apenas dos o tres horas comienzan ya a sufrir los primeros embates de la falta de oxÃgeno. Se da la orden de permanecer tumbados y sin movimiento, limitando por completo cualquier actividad para evitar el consumo de oxÃgeno. En un cierto momento se da la orden de utilizar las máscaras, un sistema de filtros que se utilizaba cuando algo similar ocurrÃa, pero no logran aún asà elevarlo. El submarino permanece a lo largo de numerosas horas allá abajo, provocando desmayos entre la tripulación. Finalmente, en algún momento cercano a las doce horas, aquello se empiezan a mover por sà mismo. El capitán Shell reconocerÃa, según se cuenta, que no hizo ninguna otra cosa. Después de varias horas, la resignación habÃa llegado de que el submarino se quedarÃa ahà y no habÃa forma de sacarlo. Tampoco habÃa forma de abrir las puertas y de salir a la profundidad en la que estaban. MorirÃan de cualquier manera. Sin embargo, repentinamente aquello se mueve y el submarino por sà mismo va a dar a la superficie, no sin antes cobrar la vida de dos tripulantes, más, dos de los hombres que se encontraban en la parte final, sÃ, muy cerca del cuarto de máquinas donde habÃan muerto. Los otros dos hombres fallecerÃan vÃctimas de la falta de oxÃgeno. Aún cuando llegaron a la superficie con signos vitales, morirÃan un rato después por los problemas derivados de esto, el submarino quedaba a su deriva, a la deriva, a la espera de ver qué ocurrÃa finalmente uno de los barcos que estaba haciendo el patrullaje, buscándolo lo alcanza a ver, lo amarra y lo remolca de regreso al puerto en donde la tripulación lo abandona para que volviera a ser reparado. PasarÃan varias semanas antes de que se determinara cuál era el problema. Obviamente, no lo pudieron encontrar, pero se cambiaron válvulas, se cambiaron sellos, se hicieron las cosas que se tenÃan que hacer para que volviese a hacerse una prueba con él. Pero ese no es el final de la historia. Relatos del lados. Tras semanas de investigar por qué habÃa ocurrido aquello, finalmente, el uv sesenta y cinco se considera seguro. El capitán ha estado haciendo pruebas a lo largo de los leeds de los dÃas y tal parece que al fin aquello ha quedado bien. Son cosas que no se podrÃan considerar naturales para un barco, pero tampoco son cosas que pudieran considerarse sobrenaturales. Son accidentes aún cuando no han ocurrido tanto, tenga en cuenta que en mil novecientos diecisiete la armada alemana tenÃa alrededor de cien submarinos navegando. Era un riesgo claro. PodÃan ocurrir cualquier cantidad de cosas desde que los hundiera, un barco enemigo, una tormenta, pero en este caso el buque finalmente habÃa sido considerado seguro y se da la orden de armar el submarino y se arpar Martin Shell, junto con su equipo. Su grupo de navegantes se encuentran sobre la cubierta listos para armar, es decir, para cargar los torpedos y zarpar el obes sesenta y cinco. Era un submarino de relativa avanzada. TenÃa algunos equipos nuevos, tenÃa torpedos mucho más tecnológicos. Y más sofisticados, pero a la vez mucho más peligrosos. Y entonces ocurre una de las cosas raras que solÃan ocurrir alrededor de este barco, y es que, en el momento en el que se encuentran cargando los torpedos por la puerta de la proa, repentinamente uno de estos cae golpea la cubierta y explota. Cerca de allà se encontraba el segundo de a bordo, el oficial, después del capitán, el primer oficial, el teniente Richter. Al momento de la explosión, el teniente Richter queda despedazado totalmente. Su cadáver no se recupera. La explosión provoca un daño en la cubierta y, además de matar al teniente Richter, también deja heridos a varios de los tripulantes de gravedad totalmente incapacitados. La tripulación del ub sesenta y cinco queda en pánico. Obviamente, los sobrevivientes y se niegan a volver a subir aquello. Por supuesto, el uv sesenta y cinco tenÃa que ser llevado nuevamente a dique a la armadora porque la explosión habÃa dañado la cubierta a los tanques de lastre frontales. HabÃa hecho pedazos. Parte del barco tomarÃa varias semanas nuevamente para que el submarino pudo pudiera considerarse completo. Pasadas todas estas peripecias y ya cerca de finales de mil novecientos dieciocho, el submarino vuelve a ser comisionado. La tripulación se niega a abordarlo debido a la serie de incidentes que habÃan ocurrido. La tripulación se niega. Sin embargo, el capitán MartÃn Shiell, en una señal de arrojo y de valentÃa, ocupa su puesto y tras de él comienzan a abordarlo. Se da la orden de zarpar el submarino está listo para la batalla. La orden incluye navegar hacÃa aguas enemigas, obviamente para cazar a algún otro submarino o barco que hubiese en el camino y asà lo hacen. Es mil novecientos dieciocho y comienza la navegación conforme avanzan. Están listos para sumergirse y se da la orden por parte de Martin Shell de revisar las escotillas. Un procedimiento habitual básicamente consistÃa en revisar puerta por puerta de las que dan hacia la superficie que estuviera todo cerrado. La orden se da a varios de los tripulantes y de pronto se escucha una voz de alarma. Uno de estos hombres, que ha sido asignado para la misión, está gritando para llamar la atención. Cuando se acerca uno de los oficiales a preguntar qué ocurre. Resulta ser que uno de los tres hombres que habÃan sido enviados a revisar las escotillas. No solamente no revisó la escotillas, sino que salió a la cubierta y se lanzó al agua. Por increÃble que esto parezca. Contaba eso la leyenda. El sujeto sale a la superficie, a la cubierta del submarino y se lanza al agua y él inmediatamente triturado por las célices del submarino que se encuentran en una posición muy peligrosa. El cadáver no es recuperado. Obviamente se convierte en comida de los peces. La sensación de agobio es terrible. Esto podrÃa ser considerado como un suicidio. Pero el barco ya tiene una comisión, ya tiene órdenes especÃficas para navegar hacia el mar irlandés al oeste de las islas Ãbridas y patrullar el cadá de San Jorge. La pérdida de este hombre no era una razón suficiente para detener el avance. Se da la orden de sumergirse y entonces nuevamente sucede algo raro. Uno de los oficiales que habÃa estado viendo el tema del hombre que saltó por la de la cubierta baja tras cerrar la escotilla sumamente alterado. Al acercarse al capitán MartÃn chel Este, le pregunta qué qué ocurre, pensando que quizá el haber visto al compañero muerto, y todo esto bueno saber que habÃa muerto, pero la situación era peor todavÃa. Aquel oficial le revelarÃa al capitán que, al momento de estar bajando la escalerilla y regresar para jalar la escotilla cerrar aquello, le habÃa parecido ver que habÃa un hombre encubierta, Por lo que se detuvo y miró con cuidado. El hombre encubierta era el teniente Richter sÃ, aquel que habÃa muerto, despedazado completamente por la explosión de un torpedo. Shell no era un hombre temeroso. Asà es que no hizo mucho caso de esto y dio la orden de seguir adelante. Pocos dÃas después tendrÃan la oportunidad de topar cargueros extranjeros, cargueros en dirección hacia la Gran Bretaña y n r NR comenzarÃan a hundir. Aparentemente realizarÃa varias misiones más. Sin embargo, las misiones no fueron del todo tranquilas. Si bien la leyenda cuenta por ahà que las tripulaciones abandonaron el barco y que tuvieron que ir a traer a otro capitán, no, la realidad es que, hasta el último de sus dÃas, el capitán del uv sesenta y cinco fue MartÃn Shell. Sin embargo, desde esa primera patrulla, si bien logró hundir un par de barcos. Al volver al puerto, la tripulación se encontraba en muy malas condiciones, un nerviosismo tremendo y además habÃa habido una situación muy desagradable. Uno de los tripulantes, estando adentro mientras navegaban en inmersión para atacar un buque de guerra, se desquició por completo gritando y golpeando, haciendo tal cantidad de ruido que ponÃa en riesgo al submarino tuvo que ejecutarlo. MartÃn Chell, según se cuenta, en un cierto momento tomó un arma una pistola y lo mató. El hombre estaba totalmente desquiciado. Su cuerpo fue arrojado al mar en cuanto fue posible salir a superficie. Fue arrojado al mar. Al volver a puerto, una buena parte de la tripulación no volverÃa. Se decretarÃa una orden especial para que fuera retripulado el submarino Shell sin embargo, el capitán seguÃa a bordo y volverÃa a navegar el lume sesenta y cinco. NavegarÃa un total de seis patrullas. El perÃodo de tiempo de navegación fue breve, alrededor de un año. Fue el tiempo que estuvo navegando. Su desaparición tampoco serÃa tan normal. Aparentemente bueno. Ahà hay una serie de historias al respecto. También una de las historias importantes al respecto a la que cuenta un submarino americano. El submarino americano relata que en cierto momento de mil mil novecientos dieciocho, observa la distancia a un submarino alemán y se prepara para hundirlo. De hecho, en una de las historias, porque esto tiene variantes, el submarino lo hunde, pero en otras, el submarino americano se prepara para disparar y, sin embargo, de pronto el propio submarino alemán estalla haciéndose pedazos. Se encontraba en el canal inglés y, de hecho, esta historia tiene mucho que ver con el famoso L dos. El L dos era un submarino americano, efectivamente que se encontraba en esa zona en ese tiempo y aparente lo que habÃa visto era el submarino alemán en un accidente que le costó el hundirse. Junto con toda su tripulación. No hubo sobrevivientes, pero queda la duda porque parte de lo que dice el submarino estadounidense a él dos era el submarino es que explotó y se hundió sin que llegaran a disparar. Una de las versiones decÃa que el americano los habÃa hundido, pero eso era poco probable. Una parte de la historia que es todavÃa más increÃble es que, mientras el submarino se hunde tras la explosión, el al dos sostenÃa que al frente del submarino habÃa un oficial alto parado en la cubierta. La descripción, aparentemente serÃa ni más ni menos que la del teniente Richtar, aquel que habÃa muerto Allá bien, el problema con esta historia es la confiabilidad. Al igual que muchos relatos de fantasmas e historias de mar son historias que se contaron en su momento y que alguien tuvo la buena ocurrencia de recogerla y publicarla como tal. Puede tener algunas imprecisiones. Sin embargo, lo que sà es un hecho es que el submarino existió. Tuvo una vida corta, al igual que muchos submarinos de la Primera Guerra y de la Segunda Guerra o pero en el perÃodo de la guerra bien tuvo seis misiones, provocó varios hundimientos, varios barcos resultaron dañados. Es decir, fue un submarino activo. Los restos del u sesenta y cinco ov sesenta y cinco ubot sesenta y cinco fueron encontrados en el año dos mil cuatro. SÃ, se tiene la localización precisa, pero los restos no se van a mover, No se va a sacar de ahà ni se va a hacer nada. Hay una ley de protección desde el año noventa y ocho para restos militares. Es una especie de tum y, por lo tanto, se da cierta consideración a los restos y no se tocan. El UB sesenta y cinco está casualmente donde él a él dos señaló haberlo visto. Esta es una parte que también refuerza la historia. El submarino, de acuerdo con lo que se dijo, se habÃa perdido en la región de pat Stow en Conwall en algún momento de julio del dieciocho. El hallazgo en el dos mil cuatro corresponde con esto. Ahora, por qué se cuentan tantas historias de este submarino y no de muchos otros. Si fuera una historia inventada, cualquiera habÃan inventado un número, habrÃan inventado personajes, pero la historia cuenta datos verÃdicos. El capitán era Martin Shell. El submarino tuvo esas misiones, tuvo esos accidentes. Se hundió donde te dicen que se hundió. Los testigos del submarino americano señalaron lo que probablemente ocurrió, dado que los restos hallados presentaban señales compatibles con una explosión interna, no externa, es decir, el submarino ub sesenta y cinco no lo hundió. Ningún otro barco explotó, lo cual también es compatible con la negra historia que hay detrás, es decir, el submarino maldito. Obviamente, algunas historias podrán ser ciertas, otras no. Sin embargo, por qué inventarÃan especÃficamente para este barco y no para cualquier otro. Quedan muchas preguntas, pero es una buena historia y, además, una historia que señala el terror que se vivÃa allá abajo un pequeño ataúd de acero con treinta y tantos hombres atrapados ahà tratando de escabullirse entre los barcos enemigos para ver si logran hundirlos y sin ser descubiertos claro de ambas partes, debe de haber sido terrible, tanto aquel al que le explota el barco encima y se hunde sin saber ni de dónde vino, como los que están abajo del agua esperando nada más que alguien nos mate. Es una historia apta para una noche tormentosa como esta y, por supuesto, muy relacionada con el tema de fantasmas de mar, que es una de esas largas historias que hay. Por ahà solo agradecerles el favor de su compañÃa. Voy buenas noches y que descansen en paz sÃguenos también en nuestro canal de YouTube relatos del lado oscuro o







