El silbido de la muerte || Relatos del lado oscuro (Podcast)

Es una leyenda, pero hay tantos relatos acerca de este personaje que más parecería ser algo bastante real, ¿por qué no nos acompaña y lo escucha?
Relatos del lado oscuro, seres extraños, sucesos inexplicables, de diversidad formana, historias que otras mentes prefieren ignorar. Déjeme que lo lleve atrás en el tiempo y a un lugar distinto. Estamos en mil novecientos setenta y estamos en Venezuela, en el norte de Venezuela, en Portuguesa, uno muchacho viene caminando. Es un hombre joven, se llama Luis. Vive en Guanarito y es un tipo sensacional. Tiene dieciocho años. Todo el mundo lo conoce porque es muy animoso. Alegre baye HarÃn. Le gusta cantar a veces simplemente sale corriendo para ir a ver a alguien. Es un chico loco. Su abuela lo creó tras la muerte de su madre y su padre también trabaja en el campo y cosas de esas. La región es muy tranquila. En general, toda esta zona de los llanos de Portuguesa en el norte de Venezuela son lugares tranquilos. En mil novecientos setenta hay muy poca gente. Además, aquel domingo, a principios de junio de mil novecientos setenta, Luis fue a visitar a una chica es de Ojo Alegre y eso nadie lo puede dudar. Luis tiene una chama allá adelante. Rumbo a San Antonio por la vereda y tiene otra más allá en el regalo y bueno es un tipo simpático. Baila bien en las fiestas y tiene mucho futuro ir cantando, jugando bromas. Llega y le revuelve la cabeza a su abuela mientras le da fuertes abrazos, y la abuela siempre le dice frases importantes, consejos sabios para la vida y hace alusión o historias antiguas. No andes por ahà de loco que a tu tÃo Enrique, por eso se le fue el ojo de lado. Por qué abuela por andar viendo tanta muchacha o acuérdate de tu padrino que por andar de vago en la noche mira cómo le fue. Y asà sigue siempre. El hecho es que aquel domingo Luis fue a visitar a una chama, una novia, una enamorada que tiene allá. Rumbo a San Antonio. Está unos ocho kilómetros de distancia, asà que caminar no es problema. Estas son personas que llegan a caminar tres o cuatro horas como si nada, porque además no hay muchos automóviles ni muchos transportes. De hecho, la mayor parte de las personas o bien encaminan o usan una mula, un caballo, un burro, porque son terrenos agrÃcolas. En general, es tranquila la zona, asà que después de visitar a la muchacha, aquella y al pie de la ventana a cantarle un par de coplas, reÃrse jugar un par de bromas. No se imagine más. La chica no puede salir de su casa. Todo es a partir de la ventana. Son los años setentas. TodavÃa hay un poco de recato, TodavÃa hay un poco de cuidado de ciertas cosas. Pero el hecho es que, conforme se hace tarde se escucha la lejana voz de la madre de la chica diciendo Luis ya te tienes que ir ni hablar del ejecitos y con la manita sudada comienza a caminar. La vereda es muy tranquila. Un poco más allá de donde vive la chica. De pronto se acaba el mundo. Es como si caminara uno en medio de la luna, porque no hay nada, No hay más casas. Los ocho kilómetros los que separan del caserÃo de la comunidad grande que es guanarito. Pareciera que es en otro planeta porque a la distancia no se ven luces. Las pocas casas que pudiera haber por allá lejos ni siquiera tienen energÃa eléctrica y los que están en la ciudad suelen apagarla para no gastar. El hecho es que él va caminando y siente mucha confianza. Un pariente suyo que se fue a Estados Unidos, le mandó una lámpara de regalo, una linterna de baterÃas de esas plateadas grandes. Asà es que la lleva consigo por si acaso el problema es que se le ha pasado un poquito la mano platicando. Estaba muy entretenido la chica que ella es muy bonita, si es que estaba encantado de la vida y ha comenzado a oscurecer. Poco a poco, la luz se fue difuminando y ahora está en penumbras y conforme se da cuenta de que está en oscuridad. Vuelve a recordar para una de esas frases célebres de la abuela y parece que tuviera a la abuela junto a él diciéndole Solo. Los tontos caminan de noche en guanarito y se escucha a sà mismo diciéndole abuela. Esas son historias. No se acuérdate de tu primo, Alfredo, cómo le fue por andar debajo en la noche. Ãl sigue caminando. No importa poco tiempo después. Todo es oscuridad. Ãl no quiere gastar las pilas, las baterÃas de su lámpara asà es que la reserva por si acaso. Pero mientras tanto, va caminando, pensando en que al dÃa siguiente tiene que ir a esto, tiene que ir a lo otro. Tiene muchos proyectos para una gran vida. A lo mejor no es con la muchacha de ahÃ. A lo mejor es con la del regalo o con la muchacha que vino de la ciudad, pero él va caminando hasta que de pronto se da cuenta de un extraño asunto. Es una zona de gran vegetación y y está en pleno invierno, es decir, que ha llovido en los dÃas previos. En esta zona el invierno es igual de caliente que el verano. Siempre hace calor. Solo hay dos estaciones, no hay toda una gama de calores y frÃos y demás. Esta zona es muy templada. Siempre siempre hace calorcito y ahora con las lluvias, deberÃa de escucharse el intenso canto de las ranas, de los grillos, de los animalitos nocturnos. Ãl a veces ha andado en la calle de noche. Sabe que siempre se escuchan cosas, pero ahora mismo no se escucha absolutamente nada. Es curioso, pero no presta tanta atención. Sigue caminando para él. Estos ocho diez kilómetros le tomarán una media hora. Asà es que, mientras sigue caminando, va viendo algo que le llama la atención, porque a la distancia comienzan a verse lejanamente al an algunos relámpagos. No es que sea una tormenta espectacular, pero de pronto un lejano relámpago hace que se encienda ligeramente. El horizonte ligeramente. Es rápido, pum sorprende aquello, le brillan los ojos de un color azul y sigue caminando. Pero entonces, entonces se vuelve a escuchar aquella voz de la abuela diciéndole mi hijo. Si ve relámpagos, usted no se detenga para bolas niño. Si hay relámpagos, tú corre, no te detengas, tu corre, porque los relámpagos siempre avisan que ahà viene y entonces Luis se acuerda diciéndole Abuela. Esas son historias de antes. Pero sigue caminando conforme da la vuelta en el arroyo. Algo más notorio se hace presente y es que entre los relámpagos, de pronto comienza a escuchar ese ruido raro, ese ruido lejano. Es extraño, porque pareciera que alguien viene en alguna parte. Hay alguien, pero por qué de noche la gente de Guanarito no camina de noche y menos para ir a San Antonio. Ahà no hay nada que hacer. Ãl viene de regreso. La gente irÃa hacia allá, pero este parece que viene por ahà en alguna parte, porque escucha de pronto un silbido, pero a veces lo escucha muy cerca. Y entonces otra vez es la voz de la abuela que se hace presente diciéndole clara y contundentemente, no pregunte, no mire, mi hijo, usted corra, no se ponga bravo, porque lo muerde el peluche y entonces él, recordando todo esto, se rÃe y dice Dios mÃo, cuántas historias me han contado y sigue caminando tranquilamente, mientras a la distancia se siguen viendo aquellos fulgores, aquellos pequeños relámpagos en la oscuridad que van creciendo y de pronto se vuelven muy intensos y le iluminan el rostro. Puede sentir esa luz en la cara como si estuvieran ocurriendo muy cerca de él. Y entonces comienza a preocuparse un poco más, porque aquel ruido que he escuchado en medio de los relámpagos se escuchaba cerca, pero ahora parece que se ha alejado un poco. Es extraño nuevamente porque la Abuela se lo dijo. Si lo oye lejos, mi hijo, usted corra porque ya está cerca y si lo oye cerca no se preocupe, pero va apresura el paso porque ya se le viene acercando. Entonces escucha aquel silbido muy cerquita, pero luego se va alejando. La abuela parece que le sonara en los oÃdos porque está escuchando cómo le dice todo aquello. Y ahora, conforme, se aleja aquel silbido. Recuerda algo la abuela le dijo cuando lo oiga lejos, es que ya lo tiene pegado usted grite Juan, Juan Ben Juan, pero a Luis le da risa a que ello siempre le ha dado ruiz risa porque no tiene ningún conocido que se llame Juan, pero la abuela siempre le ha dicho tú grita. Juan ven a ayudarme para qué harÃa eso y entonces se detiene en seco y piensa qué tonterÃa. Me estoy espantando por nada y entonces se escucha aquello. Parece que estuviera muy lejos, pero al mismo tiempo, ese extraño escalofrÃo que le sube por la espina que le llega a los bellitos de abajo de la nuca y hace que se levanten y lo hace temblar, porque hace mucho frÃo. Pero en este lugar, aún en el peor dÃa, en el más frÃo del año, la temperatura es de veinticuatro grados. Quién Rayos va a temblar en medio de ese calor después de haber caminado cuatro o cinco kilómetros, pero él tiene frÃo y está temblando. Lleva la mano rápidamente hacia la linterna americana, la que le mandó su tÃo desde allá, desde los Estados Unidos, la saca y se le olvida algo muy importante. Luisito está tan espantado que olvida las sabias palabras de la abuela cuando le dijo no se le ocurra prenderle la luz, porque lo molesta mucho y se le viene encima y Luis prende aquello y entonces siente claramente cómo pasa esa cosa a su lado, cómo le silba. Pero ahora no está lejos. Ahora el silbido es aquà y comienza a correr al tiempo que grita Juan Juan ven a ayudarme, Juan y sigue corriendo como loco. No sé cuánto tiempo habrá corrido. Nadie supo aquello. El hecho es que muy cerca de su casa, la abuela escuchó cuando gritaba Juan ven a ayudarme, pero no le duró mucho el gusto, porque aquello estaba muy cerca y Luis cometió el error de traer la linterna que tanto molesta a ese y que lo Venia, siguiendo pisa mal cae, se golpea y queda boca arriba. Ãl dice que aquello no parecÃa en nada a lo que siempre se ha contado, sino que era algo como un enorme bulto que flotaba si se le veÃa forma, parecÃa una persona, pero en el aire, flotando a centÃmetros de él, lo sintió. Sintió cómo lo doblegó, cómo lo tomó, como lo agarró, como lo privó. DespertarÃa Tres dÃas después, para su buena suerte, la abuela lo habÃa escuchado cuando gritó Juan y a pesar de sus sesenta y tantos años, la abuela tomó el chicote y salió soltando chicotazos contra el piso, gritando perro ven para acá Juan ayúdame y soltando chicotazos contra el suelo. Solo asà se fue aquello. Pero Luisa no fue igual. Aquello lo habÃa agarrado muy fuerte, lo habÃa lastimado adentro en el alma. Aquello con lo que se habÃa enfrentado se conoce como el silbón y se dice que es el silbido de la muerte. Gracias a que la abuela soltó chicotazos gracias a que gritó cosas. No lo mató, pero no quedó bien. A pesar de que la abuela lo metió a la casa, lo lavó con mucho alcohol, le echó humo, le rezó. Le dieron a beber aguardiente. Luis ya no fue el mismo. Poco tiempo después tenÃa tanto miedo de salir de su casa que ya no pudo volver a salir, Ya no podÃa ir a caminar. Lo vino a ver la novia. Lo vino a ver la otra novia, pero ya no salió. Se fue a vivir con un pariente a la ciudad a Sevilla, que está más al norte, pero ni ahà se sintió seguro. Después se fue a Estados Unidos. Allá tampoco se sintió seguro. Nunca más volvió a ser él mismo, nunca se casó. VivÃa silencioso con miedo murió hace algunos años. Su sobrino contaba la historia de cómo su tÃo Luis, el empeñoso, el que siempre habÃa sido muy bravo, muy simpático, muy alegre, acabó siendo una persona tÃmida, retraÃda que casi no hablaba. Se habÃa enfrentado con un fenómeno muy conocido en la región. El silbón es una leyenda. Para muchos es nada más que una leyenda, un mito que se cuenta y se cuenta nada más. La leyenda del silbón es una leyenda propia del norte de Venezuela, de la zona de los llanos en Portuguesa, pero también se extiende hasta Colombia. Hay quienes aseguran haberlo visto en las partes hacia el norte de Colombia y es una leyenda que surge en el siglo XX. La leyenda como tal, la historia como tal cuenta que en una zona cerca de guanarito precisamente en este lugar, aunque hay quienes afirman que no fue ahÃ, sino que fue o más al sur o más al norte. Pero existÃa un hombre. Era un hombre joven, orgulloso, vanidoso, poco acomedido. DependÃa mucho de lo que su padre traÃa para la casa y no solÃa ser muy entregado al trabajo. Según cuenta la leyenda, un buen dÃa tenÃa unas ganas enormes de comer asadera la azadera no es otra cosa que las vÃsceras de un animal que se prepara en la región. Es un guiso local. Asà es que, insistiendo mucho, le pidió a su padre que fuese a cazar un venado. Sin embargo, con el paso de las horas, el padre no volvÃa y cuando finalmente volvió, volvió con las manos vacÃas. No habÃa podido cazar nada. Según contaba la leyenda, encolerizado aquel sujeto habrÃa matado a su padre, le habrÃa sacado las vÃsceras a lo que llaman la asadera y se las habrÃa llevado a su madre, quien lo habrÃa cocinado sin saber lo que era tras saber de rs devorado aquello. Ten en cuenta que mató a su padre. Y es cuando se cuenta que su hermano Juan Enojado, lo habrÃa agarrado, Lo habrÃa amarrado contra un poste y le habrÃa dado una chicotiza bárbara con un chicote y después le habrÃa embarrado un montón de ajÃes picantes más conocidos como Chile. En México le habrÃa embarrado aquello en las heridas, pero no paró. Ahà en la casa tenÃan un perro feroz, un gran perro al que llamaban tu deco, sÃ, tu deco y que al ver que aquel gritaba por el ardor y el dolor atraÃdo por el llanto, el sufrimiento, lo habrÃa atacado, provocándole más heridas. Después, su hermano, Juan habrÃa colocado los huesos de su padre en un saco y se los habrÃa colgado al hombro acto seguido. Su cariñosa madre lo habrÃa maldecido para toda la eternidad a que vagara por siempre cargando los huesos de su padre, cazando a aquellos vagos que andan de noche en los campos de Portuguesa. La Portuguesa es un estado de Venezuela. Es una región de Venezuela. La leyenda tiene variantes de todo tipo. Hay una que dice que el que lo golpeó fue el abuelo. Hay otros que dicen que la madre fue la que le puso el costal, etcétera. El hecho es que todos coinciden en que un sujeto asesina a su padre para comerse las vÃsceras y a partir de ahà le llega la maldición y esta maldición lo hace vagar por todas estas regiones. Pero tiene unas caracterÃsticas muy interesantes. La creencia general asegura que el silbón, como se le llama o el silbador si es en Colombia durante la temporada de secas, no suele atacar a las personas. Aquellos que lo han visto en temporada de secas lo llegan a ver sentado al pie de un árbol, arriba de un árbol en las ramas, pero generalmente sentado con las rodillas recogidas, agachado el sombrero, jugando con un poco de tierra que toma del suelo y después suelta no se mete con nadie. Permanece ahà ante el calor sofocante de la temporada de secas. Pero cuando comienza a llover, entonces comienza a vagar. Está ansioso de encontrar alcohol porque en su época de vida, cuando estuvo aquÃ. BebÃa Asà es que busca a los ebrios, a los que salen trasnochados medio borrachos para chuparlos tomando el alcohol, pero quitándoles la vida carga. Consigo un saco lleno de huesos y aquellos que lo han oÃdo aseguran que algunas noches busca el patio de una casa en donde vacÃa el costal y se pone a contar uno a uno de los huesos que lleva mientras los va acomodando y les va limpiando alguna cosa. Si en esa casa alguna persona lo oye, puede despertar a todos para que se protejan. Pero si nadie lo oye, de por seguro que alguno morirá esa noche. También hay quienes aseguran que, mientras ordena los huesos y los cuenta, está silbando y si el silbido se oye, alguien puede despertar a todos y asÃ, nadie sufrirá nada. Pero si todos tienen el sueño tan pesado que no se dan cuenta, es muy probable que al menos una persona muera el silbido de la muerte le llaman. Pero la historia no termina ahÃ. Una tradición muy arraigada marca que cuando se escucha el silbido, uno debe de colgar ajÃes chiles para los mexicanos en las ventanas, porque la memoria de aquello que tanto sufrió cuando le untaron a jà en la espalda herida, lo hace huir lo mismo. Si alguien tiene que caminar de noche, debe de llevar entre sus múltiples atavÃos un enorme gÃ, una guindilla, algo que pique y llevarlo cerca. Pero también hay otras herramientas infalibles. Una de ellas es el chicote. El sonido del chico te corta inmediatamente la presencia y esto aunque usted no lo crea y aunque parezca de risa, ha sido narrado por muchas personas sÃ, personas que han tenido encuentros con esta criatura y que aseguran que llevando consigo, ya sea el fuete para caballo o un chicote que usaban para arrear el ganado, habiendo hecho sonar esto contra el piso fuertemente. El tronido de esto hace que de inmediato desaparezca el espanto, pero no es la única herramienta. Normalmente, también los perros son un adversario formidable, contrario a lo regular en el mundo de lo paranormalle el perro no suele ser muy eficiente como una auxiliar o como un apoyo. Es mucho más creÃdo que el gato puede protegernos de ciertas presencias, pero en el caso del silbón es muy arraigada. La idea de que los perros suelen ahuyentarlo, pero deben de tener un nombre muy particular, tu deco Oh Tureco. Las dos versiones están por ahà y es que se afirma que el perro que tenÃan en casa el que lo atacó mientras estaba amarrado al poste asà se llamaba. La historia no es tan antigua como usted pensará. Eso a principios del siglo XX, cuando se cuenta que ocurrieron aquellos acontecimientos todavÃa en los años sesentas, habÃa personas que aseguraban haber conocido a ese sujeto, cuando tú todavÃa está bendida. Asà es que no es una historia tan antigua, pero es una historia muy arraigada. Otro de los fenómenos que se asegura es que durante un ataque del silbón, primero le anteceden los relámpagos, se ve una barrera de relámpagos que está avisando, que viene después está el silbido. Pero el silbido no es de confiar el silbido. Al igual que todo el fenómeno, suele ser muy engañoso, porque porque cuando se escucha cerca es que está lejos, pero cuando se escucha que está lejos, es que ya se acercó. Excepto que cuando lo tiene uno en el oÃdo, ya no hay nada que hacer. La persona está perdida. Esto es muy similar a otros fenómenos, por ejemplo, la swang. La vampira Filipina hace exactamente lo mismo. El sonido, que parece estar lejano significa que ya está aquà junto a uno y cuando uno se da cuenta de que ha sido engañado, no hay nada más que hacer. El fenómeno es muy parecido, porque dentro de la fenomenologÃa de la swang, que por cierto, tenemos por ahà un video en el canal, si gusta pasar a verlo, ocurren fenómenos parecidos, incluso el sonido se reportaba en algunos casos similar a un silbido, tal como lo que se ha descrito aquÃ. Curiosamente, también hay quienes aseguran que, por ejemplo, el charro negro en México actúa de una forma parecida escuchándose a la distancia, cuando en realidad está muy cerca. Esta es una casuÃstica muy peculiar. Pero además, hay otros datos por ahÃ. Por ejemplo, hay quienes aseguran que, para que no venga y no no se acerque a un lugar se le puede poner un vaso de aguardiente de tal manera que lo beba y se sienta satisfecho y siga su camino. También hay quienes aseguran que salir de noche es un riesgo y que la linterna lejos de ayuda, lo que hace es molestarlo le incomoda a la luz y una vez que se le alumbra, viene siguiendo la luz por ello, las personas solÃan caminar en la oscuridad. Le estoy hablando de hace cincuenta años. Lo curioso es que se contaban tantas historias. Hay otros relatos. Por ejemplo, hay uno ahà mismo en la zona del Regalo, que es una población relativamente cercana a Guanarito. Hay un relato de una familia que en mil novecientos sesenta y ocho vivió esto habÃa tres casas juntas o por lo menos muy cercanas. En una de ellas vivÃa un padre, una madre con dos hijas y un hijo pequeño. En otra vivÃa un matrimonio que habÃa contraÃdo nupcias recientemente y aún no tenÃan familia. Más allá vivÃa una pareja de personas mayores que tenÃan un rancho en la zona. Según contaba esa historia, aquel año de mil novecientos sesenta y ocho, en mayo comenzando mayo, habrÃan comido a escuchar ruidos raros. Los ancianos en su casa habrÃan despertado rápidamente y al escuchar los ruidos habrÃan comenzado a rezar al tiempo que repetÃan una antigua oración. RepetÃan el nombre de Juan porque se cuenta que llamar a Juan espanta al silbón, supuestamente porque Juan era su hermano el que lo Amarrólla el que lo controla. Pero despiertos no tuvieron ningún problema y permanecieron toda la noche en vela la pareja de recién casados. Estaban despiertos cuando lo oyeron y oyeron ese ruido raro como de cosas que caen huecas, y entonces colocaron varios montoncitos de ajÃes en las ventanas chiles y con ellos se protegieron, mientras que permanecÃan despiertos. La otra familia, sin embargo, habÃan estado trabajando todo el dÃa al rayo del sol y al caer la noche, estaban tan cansado que no escucharon nada. Nada. No se dieron cuenta del momento en el que el silbido estaba ahÃ. De pronto, el anciano de la casa de Atrás escuchó aquello y le dijo a su mujer está con los vecinos. Voy a ir allá avisarles. La mujer no lo querÃa dejar ir para aquel hombre. Sabiendo la historia y conociendo lo que ocurrÃa, se armó de valor, tomó un chicote y se salió. Cuando llegó a la casa de aquellos vecinos de aquella familia, entró tirando latigazos al patio al tiempo que vio cómo se apartaba aquella figura. Hay quienes aseguran que con un sombrero y un costal, Hay quienes aseguran que no es más que una especie de mancha blanca que se mueve rápido como si fuera una especie de neblina, un bulto que se desplaza rápido, se eleva y se sube a los árboles y se va grande, muy grande. No me diga que es una lechuza. Por favor, es muy grande. Aseguran que puede tener hasta cuatro metros y se va y entonces aquel hombre entra logra despertar al padre, a la madre, pero hay una hija que ya no despierta, tiene los ojos abiertos, tiene una expresión rarÃsima en la cara y está muerta. Esa historia se contaba en mil novecientos sesenta y ocho. No se imagine usted que fue allá en el siglo XV. La historia contaba que era asà una especie de nubecilla de vapor, como una neblina que avanza. Se han contado muchos otros relatos. Hay quien asegura que sà se ve como una persona que camina agachada con una sombrilla o con algo que le cubre el rostro y que vaga siempre se ha dicho que vaga en los llanos, pero curiosamente, muchos de estas regiones en donde se reportan avistamientos, tienen también arroyos, numerosos arroces y pequeños rÃos, lo que hace pensar a algunos investigadores que pudiera estar relacionado o emparentado, por ejemplo, con la llorona mexicana, que es un fenómeno que suele darse cerca de rÃos. Al leer la historia del silbón, no podemos evitar encontrar las similitudes con otros fenómenos. Se entenderÃa bien, por ejemplo, que tuviera algún grado de parentesco con la llorona mexicana y centroamericana. Finalmente, todos somos parientes de una misma colonización española, pero que tuviera alguna semejanza con la SWANG, o que tuviera alguna semejanza con algunos otros fenómenos del norte de Europa. Es extraño. No cree nos hace pensar en una casuÃstica que corresponde a los fenómenos llamados gritones. Los gritones son toda una fenomenologÃa que se da no solamente en América, sino también en Europa, en donde se han reportado estos casos. El problema de Silbón es que es un fantasma de muerte. Las personas que han tenido encuentros o bien logran salvarse por alguna de estas artimañas o de estas astucias de nombrar cosas o de hacer ciertas cosas, o bien no lo cuentan. Asà de simple. Si alguien está en el campo abierto, en la zona de Portuguesa, siempre se ha recomendado llevar unos chiles, ya sea colgados en un collarcito al cuello, lo cual nos remite inmediatamente la idea del vampiro. O ya sea llevar un látigo el sonido parece desanimarlo. Y claro, si hacemos caso de la leyenda y lo ajustamos, pues todo en buena muy bien. Sin embargo, no pierda de vista que otros fenómenos responden de igual manera ante ciertos estÃmulos. Por ejemplo, en México hay dos o tres de estos fenómenos que vagan en los campos que se detienen en seco s s s oando cuando se clavan machetes en la tierra. Y en México también hay quien asegura que la llorona se espanta cuando alguien azota un chicote contra el suelo. El sonido hace que se vaya. Claro que pueden ser siempre leyendas, pero a mà me ha llamado la atención encontrar tantos relatos que han sido incluso narrados a los medios en aquellas regiones y no pierde de vista otra cosa. En mil novecientos setenta, la región de Guanarito era una región muy tranquila. Los crÃmenes que habÃa generalmente eran crÃmenes pasionales relacionados con pleitos por una dama, relacionados con la bebida, porque, obviamente, en lugares tan apartados habÃa mucha bebida. La gente solÃa tomar de manera brutal, y esto hacÃa que hubiera pleitos de borrachos que terminaban en algún apuñalado, en algún macheteado, pero no habÃa tanta incidencia delictiva. Simples leyendas, usted, qué cree. Déjeme mandar algunos saludos rápidamente. Queremos mandar un saludo para la familia Leyva, están en el Estado de México y también para Elizabeth, que está en Coyoacán, en la Ciudad de México, en un lugar muy bonito de la ciudad. Muchas gracias por acompañarnos para Mercedes Leonet que está en Ecuador. Un abrazo hasta Ecuador, la cintura del mundo para Sandra Gómez de San Juan en Argentina, Emma González, para Marco Navarro, que está en Bariloche, para nuestro amigo Giro Lonco, que siempre nos acompañe, siempre nos pide que lo saludemos y no lo habÃamos saludado. Para Anayeli, ella cumplió años y no la felicitamos en el momento Nos da mucha pena, pero le mandamos un fuerte abrazo desde ya ahora mismo para Rita Montalvo, para Clementina Arroyo, y ella saluda a su esposo Gerardo. Gerardo está un poquito enfermo. Esperamos que ya se haya repuesto y le mandamos un abrazo cariñoso deseando su pronta recuperación. También, por supuesto, para Arturo RamÃrez Rosa Pérez. Ella saluda desde Virginia a su hija que está en Guatemala. Hay familias que están separadas por la distancia, pero que nos permiten de alguna forma Unirles. Le mandamos un fuerte abrazo a Rosa Pérez y a su hija, que están tan separadas. Muchas gracias por acompañarnos buenas noches y que descansen en paz para poder dejar o dejar tanto







