El fantasma asesino de Berkeley Square, Londres || Relatos del lado oscuro

Un caso aterrador que demustra que no solo se debe temer a los vivos, también los muertos pueden hacer mucho daño.
Un caso aterrador que demustra que no solo se debe temer a los vivos, también los muertos pueden hacer mucho daño.
Londres, la capital de Inglaterra, siempre se ha considerado una ciudad encantada Y se ha considerado asà porque en el territorio de esta enigmática y antigua ciudad siempre ha habido historias de fantasmas, asà simple y llanamente, historias de fantasmas de todo tipo. Hay una zona de la ciudad en donde esto se hace mucho más palpable, ya que incluso para el propio standard inglés se ha considerado que en este sitio existe la casa más embrujada de toda Inglaterra. Y eso créame es mucho qué le parece si me acompaña. Esta es la zona de mayfer en Londres. Inglaterra es una zona que en el siglo XVIII comenzó a crecer cuando diferentes personajes de la nobleza deseosos de estar cerca del Palacio imperial, escogieron lugares en donde pudieran construir casas acorde a su estatus, pero que les quedara cerca lejos de vivir en los palacios campiranos en los castillos, prefirieron trasladar sus lugares de residencia a la ciudad. Y es asà que en mil setecientos y fracción se habilita la zona conocida como Berkeley Square. Square significa plaza jardÃn. Esencialmente es una especie de parque. Es un parque muy bonito, con algunos pocos árboles. No es muy grande, pero tiene algunas esculturas muy bellas. Es una zona que, además, tuvo mucho prestigio en su época. Es un sitio en donde vivieron personajes de la nobleza, empresarios, comerciantes, artistas, primeros ministros. Sir Winston Churchill, el hombre fuerte de Inglaterra del siglo XX, vivió en Berkeley Square. Asà que no es cualquier cosa. De hecho, estas construcciones, si bien no eran exclusivas, para la nobleza, sino para quienes pudieran pagarlo. Era una zona elegante. Las construcciones hoy en dÃa, algunas se conservan de muy buena manera, otras han sido modificadas en el interior y de todo el bloque. Solamente una casa continúa siendo ocupada como residencia. El número cuarenta tal. El resto de las construcciones han sido transformadas en comercios, restaurantes, elegantes, oficinas, diversos usos, pero hay una en particular que siempre ha estado en la memoria de la gente de Inglaterra y particularmente de los londinenses, y es la casa del número cincuenta. En algún momento, a finales del siglo XIX, llegó a señalarse que esta era la casa más embrujada de toda Inglaterra. Se escribieron numerosos artÃculos, hay un montón de libros textos, por supuesto, ni hay que decir revistas periódicos hicieron de las suyas contando historias acerca de esta casa. El número cincuenta es una construcción muy austera. Por fuera, es una fachada sobria sin ningún tipo de elegancia, salvo su propia sobriedad. Una construcción de cuatro niveles y un sótano. Tiene dos accesos, el acceso principal por Berklisquare y un acceso para carretas o transportes por la parte posterior en la calle de atrás. Era bastante amplia. En su época se consideró una de las mejores construcciones. Su construcción inició en algún momento alrededor de mil setecientos cuarenta. Un arquitecto William Kent serÃa el encargado del diseño de una construcción siguiendo todos los estándares de la época. Mármoles, por supuesto, maderas finas, por supuesto, escaleras embalaustradas. Faltaba más ventanales preciosos hacia el frente, que tenÃan una vista privilegiada de la plaza, la posibilidad de tener un jardÃn interior. A pesar de tener un enorme sótano que comunicaba de lado a lado, también tenÃa un jardÃn interior, tenÃa habitaciones suficientes, una preciosa recepción para los invitados, una amplÃsima cocina, habitación es para la servidumbre, que en ese momento eran numerosos. No pierda de vista que esta construcción estaba destinada a una familia rica y, por lo tanto, requerÃan tener desde el cochero las empleadas de limpieza, las cocineras, el ama de llaves, por supuesto, el famoso Butler mayordomo. En fin, la casa tenÃa estos espacios también para la servidumbre y uno de los espacios de la servidumbre estaba en el último nivel. Hay quienes le han llamado ático. En realidad no hay como tal l unático simplemente es un cuarto nivel, pero por la forma de la casa, la construcción misma está dividida en dos áreas. Asà es que hay un área frontal y un área posterior, una construcción interesante. Durante muchos años. Alrededor de mil novecientos treinta y siete y hasta el dos mil quince, la construcción alojó una famosa empresa de libros muy buscados es Max Max Bros. Los hermanos Max coleccionistas anticuarios, buscadores de rarezas, establecieron sus oficinas y su almacén principal ahà en el cincuenta de Berkeley Square, y usted se preguntará qué tiene de particular. Bueno. Lo primero es que la casa fue habitada incluso por un Primer Ministro, Sir George Kanning, quien fuera Primer Ministro hasta su muerte en mil ochocientos veintisiete. Habitó la casa y precisamente habitó la casa en el perÃodo que iba más o menos de mil ochocientos veinte a su muerte en el veintisiete. Murió en esa casa. Asà es que era una casa especial, Era una casa para familias acaudaladas, personajes distinguidos, etcétera. Pero sigo sin responderle a su pregunta qué tiene de especial esta casa. Bien, vámonos atrás en el tiempo mil setecientos cuarenta y cinco mil setecientos cincuenta, la casa está terminada. Pero Londres, Londres es un lugar un poco desordenado, un poco sucio. Hay mucha neblina en las calles son especialmente oscuras, ya que si bien hay algunos pequeños postes que iluminan y hay guardias. Sigue siendo un sitio oscuro y el cincuenta de la Plaza Berkeley no es la excepción. El exterior es oscuro cuando las personas transitan de una habitación a otra y a través de aquellos pasillos utilizan velas porque al caer la noche no hay energÃa eléctrica. Asà es que, por medio de velas pequeños candiles y también algunas lámparas de aceite se iluminan. Es un sitio en donde se tejen muchas intrigas. Se cuentan que alrededor de mil setecientos cincuenta y cinco o o ocurrió la primera muerte de la que se tenga noticia en esa casa. La casa como tal estaba habitada por una familia encumbrada. Una de las sobrinas que habitaba el lugar era conocida como adelin Adeline. Era una chica encantadora, según se cuenta las narraciones de la época, Aunque no se dan muchos datos de ella, tenga en cuenta que tiene cerca de trescientos años o, por lo menos unos doscientos setenta, si los tienen. Adeline vive en el tercer piso de la casa y es una chica joven y soltera. Según relata la historia, era una chica bastante sufrida porque era huérfana y estaba al cuidado del tÃo que era el dueño de la casa o, por lo menos si no era el dueño, si era un inquilino, alguien que rentaba la propiedad y que en algún momento se sintió con derecho de maltratar ofender. Y quizá, si pensamos un poco mal agredir a la joven Adelin en el aspecto de un ataque sexual. El hecho es que, según se cuente una buena noche, Adeline Harta de los abusos, Harta de estar indefensa ante el monstruo aquel al que llamaba tÃo decide acabar de tajo. Con todo sube al último nivel, se acerca a la ventana, la abre de par en par y salta al vacÃo. Si bien la caÃda no es una caÃda de un rascacielos, sà es suficiente para que al caer se estrelle contra las rejas metálicas que se encuentran a la orilla de la casa y pierda la vida, no tanto por el golpe, sino por las heridas que le inflingen las puntas de aquella cerca metálica que rodea al frente de la casa, encuentra la muerte inmediatamente algún tiempo después, aquel sujeto, al igual que su servidumbre y todo el perreno al que laboraba ahà desaparece para nunca más volver. Los siguientes inquilinos comenzarÃan a describir algo que les llamaba la atención, y es que en ciertas noches, alrededor de mil setecientos ochenta, las personas se detienen enfrente de la casa del cincuenta de Perklesquare y gritan horrorizados cuando salen los propietarios, la gente que trabaja con ellos saber de qué se trata ver que está ocurriendo. Las personas aseguran haber visto a una joven saltar al vacÃo como si se estuviera repitiendo la muerte de la joven adelin. Algunos no la han visto caer Algunos simplemente la ven a la orilla de la ventana, sujetándose penosamente de la orilla baja mientras se columpia hasta que finalmente cae, pero nunca llega al suelo. Otros la vieron en la reja, en la puntiaguda reja que tiene estos espolones metálicos, caer y quedar ahà herida de muerte, traspasada por aquellas metálicas flechas, pero cuando se acercan a ver qué ocurre, no hay nada. Para mil setecientos ochenta y nueve. Lo pierdo de vista que esto tiene doscientos y tantos años. Un periódico local de Londres harÃa una reseña de los encuentros que habÃan tenido con el fantasma de Adalin, uno y otro y otro de los inquilinos que llegaban a ocupar el número cincuenta terminaban yéndose al no soportar que las personas gritaran y que se corriera la voz de aquello. Algunos de los propietarios o por lo menos de los inquilinos que ocuparon aquel lugar que rentaban esa casa, fueron testigos de esto mismo. Al estar en el último piso, de pronto ver pasar la figura vaporosa delgada semi transparente de Adeline, caminando tristemente hasta la ventana y saltando al vacÃo aunque algunos otros aseguraron en su momento que no saltaba al vacÃo, por lo que a lo largo de los años siempre se ha tejido la idea de que quizá Adelin no saltó al vacÃo, sino que el monstruo aquel, el tÃo famoso, la haya arrojado. Quizá y sólo quizá porque producto de aquellas relaciones obligadas y no deseadas, la joven Adelin hubiese quedado embarazada y, por consiguiente, el tÃo la habrÃa asesinado para después tomar el carruaje, las maletas, los criados y desaparecer. El hecho es que cuando Sir George Kanneng se muda a vivir ahÃ, relatarÃa que, por más que intentaba averiguar el origen de aquellos ruidos, nunca pudo saber de dónde venÃan. Sir George narrarÃa en ana alguna conversación con los amigos y en privado, aunque después se darÃa a conocer que la casa estaba llena de ruidos raros. Tenga en cuenta que Sir George habitó la casa unos cincuenta o sesenta años después de que esta habÃa sido terminada. Asà es que no era tan antigua. Los ruidos que escuchaba eran peculiares, porque en ocasiones escuchaba lamentos y murmullos que procedÃan del último nivel para este hombre que habitaba la casa. El cuarto nivel en el sitio, el epicentro de todos estos fenómenos muebles que se caen golpean puertas que se cierran, pero que en realidad no están cerrándose objetos pesados que se arrastran de un lado a otro de aquella habitación, pero al llegar no hay ningún objeto fuera de su lugar. Algunos criados que renuncian a mitad de la noche gritando mientras huyen despavoridos. Sir George, sin embargo, no verÃa nada, ni serÃa vÃctima de nada o por lo menos, nunca aceptó serlo. Su muerte aparentemente fue de causas naturales, aunque para muchos no pudo haberlo sido, puesto que murió muy joven. TenÃa cincuenta y tantos años al momento de su muerte. Asà es que no resultaba del todo lógico. Se cuenta que su cuerpo fue encontrado en la cama muerto. No hubo ninguna señal previa, no hubo ninguna enfermedad larga, no hubo nada. Simplemente fue encontrado muerto y por qué le digo esto por las historias que se tejerÃan después. El hecho es que tras la muerte de la que fuera Primer Ministro inglés, la casa vuelve a ocuparse, pero no pasarÃa mucho tiempo antes de que las historias acerca de los espectros y del horror que habitaba la casa se hicieran del dominio público. Uno y otro y otro de los inquilinos salÃan despavoridos, algunos de ellos abandonando sus bienes con tal de no volver a entrar a la casa. Qué es lo que veÃan en realidad, no queda claro, pero todos los reportes y todas las leyendas y todos los relatos apuntaban a que algo ocurrÃa en el último nivel. Lo que veÃan nos explica. Nadie tuvo a bien decir exactamente que habÃan visto, pero lo que sà se cuenta es que algunos de los trabajadores tuvieron que ser llevados e internados en un asilo para personas de mentes tras haber estado alojados en el cuarto nivel. Por esa razón, muy pronto nadie querÃa estar ahÃ. La leyenda fue corriendo de boca en boca y llegarÃa hasta la taberna a un bar un puf en donde se encontraba el joven Sir Robert World Boys, miembro de la nobleza muchacho joven de unos veintitantos años dispuesto a todo aventurero quien acepta un reto tras haber bebido un par de copas y en medio del fragor de la plática, alguien narra las historias de Berkeley a lo que World boyce dirÃa, eso no es cierto y apostarÃa a que él podrÃa quedarse ahà sin ningún temor. Por supuesto, la apuesta es tomada en serio y alguien apuesta por lo contrario, siendo un lord inglés y un caballero en una época en la que habÃa duelos, no habÃa forma de echarse atrás. Asà es que, conociendo a los inquilinos, en ese momento, wort Boys acuerda con ellos. Quedarse a dormir una noche completa solo en una de las habitaciones del cuarto nivel. Para ello se equipa llevando consigo su arma una pistola. Además de esto, el l ndo inquilino de aquel momento, el propietario de la casa, quien conoce a wort Boyce, le ofrece un salvoconducto, le dejará conectado el servicio de campana. Si algo ocurre, estarán en el piso inmediato esperando esa noche. No se duerme asà es que todos están dispuestos en una habitación muy cercana, de tal forma que cuando Wort Boys, por alguna razón, entre en pánico y jale la campana rápidamente, todos puedan subir a ver qué está ocurriendo y asà lo hacen tras acordar aquellas medidas en donde Worboyce podrá sonar. La campana que está cerca de la cabecera de la cama. Es un hilo que conduce hasta allá. Jalarlo es muy sencillo. No requiere gran esfuerzo. En caso de una emergencia, simplemente estirar la mano. Además de eso, dormirá con una pistola que ha llevado preparada en el costado y a un lado también habrá elementos necesarios, como una vela con el encendedor o cerillas. No sé. El hecho es que cae la noche tras una plática amena y una cena igualmente sabrosa cada quien parte a su ubicación. Sir Robert Warbois sube tras un rato. Todo es calma en el piso inferior. A aquellos que están esperando para acompañarle están en silencio y atentos A eso de las once de la noche, Según se contaba, no habÃa ocurrido nada abajo en el salón de estar. Varios de los amigos de World Boys están esperando. Es una apuesta importante está de por medio su prestigio como caballero de palabra alrededor de las doce, doce, treinta de la noche, ya un poco más cansados. Todo está en calma, cuando de pronto se escucha repentinamente sin ningún previo grito, ni mucho menos un disparo, un único disparo y acto seguido la campanilla que suena como loca los que están allá arriba en el último nivel, antes del cuarto, en el tercero, suben corriendo las escaleras. Cuánto tiempo pudo haber pasado entre el sonido del disparo, la campana y que llegaran allá arriba treinta segundos, un minuto en lo que abrÃan, cerraban, entraban, según se cuenta, la puerta Costó un poco de trabajo abrirla, pero finalmente cedió dando paso a la habitación. Al entrar encendieron rápidamente sendas lámparas que llevaban para darse cuenta. Es decir, Robert World Boys está en un rincón allá con el rostro extraño, en una mueca inusual. Los labios están como mordidos por los propios dientes, los ojos muy abiertos. Mirando en dirección hacia una pared en la que se observa un agujero de bala tiene en la mano el cordel con el que esta estado sonando la campana, pero no responde. Está ausente, no reacciona de ninguna forma, a pesar de que le abofetean, le pasa la lámpara enfrente, no reacciona un rato después. Si Robert serÃa enviado a un hospital, a un lugar de atención en donde morirÃa al dÃa siguiente, no se sabe qué fue lo que vio. Obviamente, tenÃa los ojos abiertos, una mueca horrible. A tal punto habÃa apretado la dentadura contra los labios que se habÃa terminado cortando e hiriendo. HabÃa hecho un único disparo que, evidentemente, no causó lesión alguna a lo que fuera que estaba frente a él. La habitación fue cerrada y, por supuesto, la fama de encantado de este lugar creció enormemente. Tras la muerte de wort Boyce, la casa serÃa abandonada por la familia que la tenÃa alquilada Esa misma noche. PasarÃan algunos años antes de que se volviera ocupar la familia que la ocuparÃa en ese entonces volverÃa a narrar lo mismo. Si bien ya nadie ocupaba el piso cuatro, la situación se volvÃa extraña. Estamos hablando ya de mil ochocientos setenta y es frecuente que en la casa se escucha en voces lamentos y combinados. De pronto se escucha el largo lamento de una voz femenina que se cree que es adaline, pero después se escucha el sonoro grito de un varón que hay quienes interpretan como el último intento de defensa, decir Robert wort Boys, para después escuchar cosas que se mueven puertas, que se azotan. La casa de más, a pesar de tener tantas ventanas y de tener un diseño que permitirÃa ser increÃblemente luminosa, en realidad es una casa oscura. Londres no se ha caracterizado nunca por ser un clima tropical. Por supuesto, es húmedo y muy frÃo. Sin ir largo, la casa es especialmente oscura. La servidumbre no suele quedarse y de nuevo cuenta las historias acerca de los fantasmas del número cincuenta de Berkelis square crecen por aquà y por allá. Por supuesto que cada quien le pone de su cosecha, cada quien que escribe un artÃculo en un periódico y que busca un mayor volumen de ventas, le pone alguna sazón especial. Una sirvienta que cae muerta, una criada que se enferma, una no sé qué, que no sé cuánto. Cada quien le iba poniendo y aquello sigue creciendo hasta que en mil ochocientos setenta y dos, ni más ni menos que Lord George Littleton, el segundo George Littleton, quien también era un caballero arriesgado de la corona, un sujeto que habÃa hecho viajes a la India, un tipo aventurero audaz, explorador, decide acabar con el mito. Lo que sea que está ahà lo va a enfrentar. Pero, además, Hitleton es un tipo muy influenciado por la lógica. Es un sujeto que cree en la fÃsica, en la quÃmica, en encontrar explicaciones para todo, por lo que cuando habla con los inquilinos en ese momento le permiten. Claro, por supuesto, es Lord Littleton cómo no le van a permitir y se ofrece a quedarse en la habitación del piso cuatro. AhÃ, ahà donde han ocurrido las cosas horribles. Le advierten que puede ser peligroso, muy peligroso. Algunos de los empleados que antes se habÃan quedado ahà terminarÃan locos. No tiene problema con eso. Es un hombre recio, pero al mismo tiempo, tampoco es un tonto por lo que va preparado, preparado con dos armas. La primera de ellas es una pistola normal para mil ochocientos setenta y tantos. Utiliza algo novedoso, es un arma tipo revólver, pero además lleva una escopeta siguiendo los consejos de su viejo padre. Lleva una escopeta que ha preparado con monedas. Estas no son casualidades. El arma como tal. Lleva monedas de cobre, pero también lleva algo todavÃa más inusual. Lleva fragmentos de un crucifijo metálico. Yo sé que suena raro, pero la escopeta estaba preparada de esa forma. Ha sido cargada y retacada correctamente y solamente tiene un disparo con todos estos elementos y pequeñas medallitas y cosas que le han ido dando diferentes personas a las que ha conocido y con las que ha platicado. De esto. Al caer la noche, Lord Littleton sube a su habitación en donde hay una cama. Por supuesto, le piden que por favor, ante la menor señal salga corriendo flemático caballero inglés. Simplemente agradece el gesto y cierra la puerta. Espera no duerme. Está sentado en una silla justamente donde se dice que estaba el cuerpo de wort Boyce. SÃ, el lord que habÃa muerto sentado en su silla con las dos armas una a cada lado. Todo el tiempo ha tenido prendida una pequeña lámpara de aceite, según contaba la historia, en algún momento de la madrugada. Y mientras el cansancio está venciéndolo y comienza a pestañear y a cabecear un poco de pronto, algo ocurre y frente a él, algo que parece salir de la propia pared algo que no puede describir, comienza a deslizarse como una masa, una materia que se está formando frente a él sin pensarlo. Littleton toma la pistola y dispara sin efecto alguno aquella cosa. Continúa acercándose hacia él cada vez más, sin pensarlo y sin dudarlo. Toma la escopeta que ha preparado, apunta jala y dispara el efecto de aquello. Eso es notorio. Littleton narrarÃa que en el momento en el que acciona a la escopeta y salen todos aquellos fragmentos y de diversos objetos que incluÃan monedas, medallitas, fragmentitos de crucifijos y cualquier cantidad de chácharas que le habÃan retacado ahà la masa, aquella que no se atreve a definir como una figura humana, sino como un algo que se desplazaba haciendo un ruido extraño. En ese momento, aquello retrocede y tal como habÃa aparecido, desaparece cruzando una pared sólida. Al escuchar los disparos, los inquilinos, los dueños, lo que fuera suben corriendo a ver cómo está. Warworth habÃa muerto en esa habitación, no lo olvide, pero Littleton está despierto y está consciente. Littleton vivirÃa para contar la historia y su historia se repetirÃan muchas veces asegurando haber terminado con el problema. Aunque cabe señalar que en la pared estaban todos los fragmentos, todas las pequeñas municiones que habÃan fabricado con estos objetos, que estaban incrustados en la pared. En realidad no habÃa golpeado nada. El disparo de la pistola estaba ahà también justo como lo habÃa disparado. Se habÃa atravesado eso la casa serÃa alquilada Y algún tiempo después, en mil ochocientos setenta y nueve, una nueva familia ocupa la casa. Es nuevamente una familia incumbrada de acuerdo con el London Times. La familia tenÃa una hija. Esta hija, una jovencita, atractiva y elegante, habÃa adquirido compromiso de matrimonio con un capitán del ejército imperial, un sujeto phlemático propio, un hombre que habÃa estado de igual forma en la India aventurero valiente arriesgado un sujeto de apellido Keifer. El hecho es que, cuando van a formalizar el matrimonio, aquel capitán llega a la casa, no puede quedarse en el mismo lugar donde está la señorita, por lo que se le ofrece llevarle a un lugar donde pueda quedarse. Pero este no acepta e insiste en que desea quedarse en la casa. Se le advierte que la única habitación disponible está en el cuarto piso y que es un lugar que tiene una historia. No le preocupa, por lo que pide que se le habilite una habitación ahÃ, en el cuarto piso. Sin dudarlo, los dueños de la casa, los padres de la jovencita, ordenan a una de las empleadas que suban y que prepare una habitación. La ayudarán otras dos empleadas a llevar una cama a preparar lo necesario. Pero, según se cuenta, en algún momento, quizá a las ocho o nueve de la noche, mientras preparaban aquello, dos de las chicas bajan a traer algunas cosas, mientras la tercera se queda ahÃ. Grave error. Grave error. Cuando las otras dos jovencitas regresan a la habitación, la encuentran deliriante ausenti gritaba, pataleaba, sucia con la cara desencajada, hablaba incoherencias para luego quedarse totalmente estática. Según se cuenta, la jovencita serÃa llevada a un hospital de dónde la terminarÃan trasladando a un manicomio. MorirÃa muy pronto. Se presume que habÃa visto algo aún asÃ. El elegante capitán, al ser informado de aquello, no aceptó retirarse. Era un hombre de palabra a un hombre de juicio, como se suele decir, por lo que su insistencia no solamente era un arrojo de valentÃa, sino una necedad. A pesar de las súplicas de su bien amada, no dejó de quedarse en la habitación. Al dÃa siguiente, cuando llegó el momento de alojarse la habitación estaba dispuesta. Subió a su habitación y no volverÃan a verlo con vida. Qué fue lo que ocurrió con el capitán. Buena pregunta. Se le encontró en la cama acostado con la ropa de cama como erada de pensarse, lo que significaba que se habÃa acostado con toda tranquilidad. Ni siquiera hizo el esfuerzo por levantarse y defenderse. Cerca de ahà estaba su sable, estaban sus armas de militar, pero estaba muerto. TenÃa los ojos abiertos. Eso sÃ, y una extraña mueca los ojos muy hundidos cuando lo encontraron a la mañana siguiente estaba rÃgido. Está de más decir qué acto seguido. La familia abandonó inmediatamente el lugar. En realidad, la propiedad la compró el vizconde de bernsteadh, quien preferirÃa no habitarla. En cambio, la alquiló a un sujeto que pretendÃa contraer matrimonio, un hombre joven excéntrico que, a pesar de las súplicas de su familia, para que no se mudara a vivir ahÃ, no hizo caso, asegurando que todo eso eran fantasÃas y que seguramente los muertos habÃan sido. Por otra razón, el sujeto, un hombre de apellido Myers, quien sufrió un desenlace amoroso terrible. HabÃa propuesto a una joven matrimonio, habÃan aceptado, habÃa hecho los preparativos, habÃa arreglado la casa que llevaba algún tiempo vacÃa. No pierda de vista que la muerte del capitán fue en mil ochocientos setenta y nueve y Mayers llega ahà a vivir unos seis años después o siete. Asà es que la casa estaba abandonada, llena de ratas, medio destruida. Mayers la revive literalmente la llena de muebles, bellos de cosas bonitas. Pero cuando llega el momento de contraer matrimonio, la querida novia sale volando con otro y lo deja plantado. Mayers, según se cuenta, se sumió en tal depresión que no volvió a salir de la casa. Se quedó ahà dormirÃa durante el dÃa de ambularÃa de noche en las ventanas, viendo a ver si volvÃa a la amada. Nunca el cuarto piso. Quienes supieron de Mayers nunca supieron en realidad si habÃa o no visto algo probablemente no saldrÃa de un par de habitaciones. Sumido en su desesperación, sólo únicamente recibiendo por la puerta de atrás algunos alimentos y demás, morirÃa muy pronto antes de que terminara el siglo. Estaba muerto, sumido en una profunda desesperación y tristeza. El hecho es que, cuando Mayers fallece, la casa pasarÃa a una persona más únicamente esta persona morirÃa muy pronto. Era una mujer de edad muy avanzada quien murió en la casa teóricamente de causas naturales. Como siempre ya van varios, no pierda de vista que Myers era un hombre muy joven o por lo menos si no era muy joven. SÃ, era un hombre joven que pretendÃa casarse. Y, sin embargo, apenas tres o cuatro años después de haber llegado a la casa, está muerto. La mujer que llegarÃa después con toda la servidumbre, que tendrÃa una dama de la nobleza de edad avanzada, morirÃa también muy pronto, hasta el punto en el que de pronto la casa está vacÃa. Todo totalmente vacÃa, No hay nada. Obviamente, el lugar se deteriora con cierta rapidez y entonces, entonces ocurre algo inusual. Hay quienes aseguran que fue alrededor de mil novecientos tres. La casa está prácticamente destruida. Hay vidrios rotos, La puerta está medio rota. La entrada del sótano tiene la puerta vulnerada porque alguien ha entrado a robar lo que hubiera que robar ahà dentro metales lo que fuera. Se cuenta que aquel año de mil novecientos tres, una pareja de marineros que andaba de farra de Pachanga decide buscar dónde quedarse. Desafortunadamente, habÃan gastado todo lo que tenÃan en licores y cosas para para changuearla y se encuentran en una ciudad frÃa gélida. Es el veintitrés de diciembre, la noche previa de la nochebuena. El hecho es que desesperados sin un lugar donde quedarse con frÃo, la humedad ambiental horrible lloviendo, llegan a este lugar, en donde encuentran una casa abandonada la puerta. La puerta está rota y se meten. Obviamente, al meterse se da en cuenta que el sótano está infestado de ratas, medio, inundado y todo sucio, por lo que trepan rápidamente. La planta baja está también muy sucia. No se puede uno quedar ahÃ, por lo que seguirÃan trepando hasta llegar a un lugar seco donde las ventanas están cerradas y en donde pueden tumbarse a descansar. Es más, encuentran una cama. El nombre de aquellos marineros era Edward Blanden y Robert Martin. Encontraron un tesoro. Estaba abierto, No se iban a mojar. PodrÃan quedarse ahà dormir tranquilamente. A la mañana siguiente irÃan otra vez de fiesta hasta que se volvieron a embarcar, sin saber dónde se habÃan metido en algún punto de la madrugada. Mientras están ahÃ, de pronto Martin, que está despierto por alguna razón, no puede dormir se. Siente inquieto, Siente algo mal, algo no está bien, algo va a ocurrir. Está cerca de la chimenea que casualmente funciona. Han roto un par de muebles, han roto un par de cosas de madera que habÃa por ahÃ. Con eso han hecho leña y está ahÃ. Tiene un atizador en la mano con el que está moviendo la madera para calentarse. Su compañero, Eduard, está tumbado en la cama. El otro sà está durmiendo, pero Martin no ha podido dormir algo. Lo tiene inquieto y es que siente que alguien lo ha visto, que alguien se mueve en algún momento mientras estaba ahà ha podido ver que algo pasó por fuera de la vida para su amigo. Realmente no habÃa problema, por lo que siguió durmiendo tranquilamente. De pronto, Martin, que está de espaldas a su compañero atizando el fuego, escucha que su compañero grita se queja y hace algún sonido raro. Al darse la vuelta para verlo, observa que hay algo, algo muy grande, algo que no tiene una forma definida, algo que parece ser una masa oscura que está sujetando a Blonden y lo tiene como si lo estuviera estrangulando, levantándolo de la cama y en alto como si fuera un hilacho. Martin, quien tiene un atizador en la mano, arremete contra aquellos solo para darse cuenta que el atizador pasa como si no hubiera nada horrorizado. Sale corriendo de la habitación y abandona a Plounden. Pero antes de llegar a la calle, mientras corre escucha como su amigo grita y cae desde la altura hasta la banqueta. Martin continuarÃa corriendo. EncontrarÃa un sereno a un guardia, quien vendrÃa a ver de qué se trata. Por supuesto, en un principio no le creyó nada, olÃa a alcohol a media cuadra. HabÃan estado de borrachos todo el dÃa, si es que no le cree, pero ante la insistencia lo acompaña al saber que se habÃan quedado en Barkley. Cuando llegan, está muerto. Blanden está muerto. Hay otras leyendas, otras historias que dicen que Blonden fue encontrado en el sótano totalmente desmembrado, deshecho. Otros se aseguran que simplemente fue arrojado al vacÃo, repitiendo la forma de la muerte de Adeline, que estaba ahà incruzado en la cerca. Como sea, la historia cuenta que estaba muerto. La casa quedarÃa nuevamente en desuso hasta mil novecientos treinta. En mil novecientos treinta, a la casa volverÃa a ser comprada, volverÃa a ser arreglada y se instalarÃa la librerÃa Max Brothers. Quienes se establecerÃan principalmente en el primer piso. Con el paso del tiempo, también ocuparÃan el segundo piso, pero nunca el cuarto. Por alguna razón, nunca el cuarto, el llamado ático. Durante muchos años estuvieron ahà hasta el año dos mil quince, cuando se trasladaron a sus nuevas ocasiones. Este fue el lugar donde estaban ellos. No era una librerÃa como tal, sino una empresa de anticuarios en libros extraños, es decir, gente acostumbrada a tratar con el misterio. A partir de que llegaron ahÃ, la casa ha estado en calma. Hay quienes aseguran que los max se encargaron de curar la casa de alguna forma. Otros aseguran que el hecho de que no se suba al cuarto nivel ha dejado aquello que habita en la oscuridad como ralentizado, como en pausa detenido. La casa sigue siendo bellÃsima. Es una de las pocas casas que se conserva casi en su estado original. Hace algún tiempo se puso en alquiler. No sé si actualmente esté siendo ocupada o no no llegó a tanto, pero, lo que sea, dejó de estar activo tras la muerte de los marinos por alguna razón lo que hubiera ocurrido ahà dejó de estar activo. Cuando Frederick Mayers, el padre de la investigación paranormal, contemporánea de la investigación cientÃfica, llegó al lugar, no encontró rastro alguno de ningún espectro y tampoco pudo encontrar ninguna evidencia más allá ahora. Si usted es una persona conocedora de temas de misterios, sabrá que muchas veces las leyendas tienen un componente ficticio que puede llegar a ser increÃblemente exagerado para algunos investigadores. Toda la leyenda del número cincuenta de Berklesquare no es otra cosa más que una leyenda de un Londres en medio de la niebla y en medio de la oscuridad y que, en realidad, el único fantasma que habÃa ahà era el propio señor Myers, aquel que habÃa vivido, que deambulaba durante la noche llevando su lamparita. Pero los fenómenos habÃan ocurrido desde mucho tiempo atrás. Ahora bien, no hay muchos datos confiables en eso. Coincido con algunos escépticos que aseguran que la historia no es verÃdica. No significa que sea mentira, simplemente que puede haber tenido muchos pequeños remiendos a lo largo de cerca de doscientos cincuenta años. Uno de ellos es, por ejemplo, el nombre wort Boys, Robert Wortboys. No hemos podido encontrar ningún dato ni una tumba más o menos de la época. O que coincida con la persona descrita por la leyenda. En cuanto a Litleton, tendrÃa que ser el segundo visconde, ya que el primero murió en mil setecientos setenta, lo que nos hace pensar que pudo haber sido un descendiente. De ahÃ, muchas de la información se basa en notas de prensa de la época recopilaciones. Quizá la más reciente de mil novecientos siete sea una de las más confiables, pero tenga en cuenta que los primeros incidentes se remontaban a muchos años atrás, teniendo en cuenta que todo esto inició en mil setecientos ochenta, más o menos para mil novecientos siete habÃan pasado ciento veintisiete años. Sin embargo, durante años las personas preferÃan caminar alrededor de la plaza a cruzar frente a la casa. Usted qué piensa Y bueno, después de contar una historia de fantasmas asesinos, qué le parece si mandamos algunos saludos Rosa elva en Coahuila. Ella cumplió el treinta de septiembre, pero no pudimos felicitarla tiempo. Asà es que queremos mandarle, Ahorita, un fuerte abrazo. Muchas gracias por acompañarnos para Clementina Arroyo. Clementina Arroyo felicita a su esposo, Gerardo RamÃrez. Ãl cumplió el veintiocho de septiembre y no pudimos felicitarlo a tiempo. Pero ahora mismo les mandamos a los dos un fuerte abrazo. Para Rio Rosario Pérez Medina. Ella cumple mañana, precisamente mañana, asà es que queremos enviarle desde aquà un fuerte abrazo. Muchos años, mucha alegrÃa, mucha fuerza para MarÃa Guadalupe Barba. Ella está en León, Guanajuato y nos escucha desde allá junto con la familia, y le mandamos un fuerte abrazo para Alejandra López RÃos. Ella saluda a su mamá, Gavina RÃos, que está en Juquila Oaxaca, un lugar muy bonito. Por cierto, le mandamos a ta Viene un saludo muy cordial para Silvana Montenegro, ella está en Jujuy, Argentina, pero quiere mandarle un saludo muy cortés a Claudio Bertón, que está en Córdoba, Argentina, porque este hombre, Claudio, les recomendó el canal. Asà es que para los dos muchas gracias, un fuerte abrazo a ambos, gracias por acompañarnos y gracias por recomendarnos, y queremos mandarle un fuerte abrazo. Un agradecimiento enorme a Edgar y Van Arroyo y a su equipo, que son los artesanos de Ataraxia, quienes confeccionaron nuestra preciosa lámpara que tenemos aquÃ. Edgar Ivan Arroyo, muchas gracias, Muchas gracias por la lámpara y la otra lámpara también un fuerte abrazo a todos en el taller queremos mandarle también un fuerte abrazo Ernesto Torosco y su familia en la Ciudad de México, a Julio MartÃnez y a Gabriela, ellos están en el Salvador Tierra hermana. Les mandamos un abrazo hasta allá para José quesada Laura, que están en Idaho, en los Estados Unidos, para la familia Castro Sierra. Ellos nos escuchan en familia en León, Guanajuato, la Tierra del Zapato, Catherine Paredes, ella está ni más ni menos que en Alaska, al otro extremo del continente, que bárbaro lugar muy frÃo, pero bellÃsimo. Jesús Didier Pablo, para su esposa e hijo. Ellos están en Alto Tonga, a Veracruz, un sitio tremendo lleno de historias paranormales con una de las carreteras más peligrosas que aún no se puede imaginar un saludo para allá. Por supuesto, MarÃa Mercedes López Guillamón, ella está en Murcia, en España, en la Madre Patria. Le mandamos un fuerte abrazo. Juan Manuel Jara y su novia cessi que están hacia el otro lado del continente, en Córdoba, Argentina. Alejandra Lutero, ella es conductora nocturna, maneja durante la noche y está en Colombia. Le mandamos un fuerte abrazo. Gracias por dejarnos que la acompañemos en estas noches de trabajo para para la familia. Gallardo Torres y Gallardo Zúñiga, que tienen una panaderÃa en yecapixtla morelos aquà en México, les mandamos un fuerte abrazo. Sabemos que nos escuchan muchos panaderos. Y eso nos encanta porque además, el pan en México es delicioso para Raúl Jiménez, carretón para la enfermera Pamela de parte de su esposo MartÃn cav Ellos están en Campeche. Asà es que va un abrazo para allá. Muchas gracias por acompañarnos para la familia Galicia, en especial a Helena, que están en Tijuana, en la frontera norte de México, Gustavo Córdoba, Mini Tina, que está en Perú, para komins RodrÃguez, que es un trailero que maneja y nos va escuchando qué emoción que nos permite acompañarle en sus viajes para Mática inso en Argentina. Mr. Vikingo su hermana y sus primas. Un abrazo a todos. También queremos mandarle una felicitación enorme a Alexander alcaraz el cumplió años ayer. Asà es que lo estamos felicitando. Ayer no tuvimos programa. Hoy lo felicitamos. Muchas gracias para Edith Cubs. Ella felicita a su nieta MarÃa José. Están en Honduras. Un abrazo a ambas. Gracias por acompañarnos. Graciela RodrÃguez. Felicita a su hermana. Cumplió años el veintiséis de septiembre. No pudimos felicitarla, pero bueno, de una vez la felicitamos. Está en Argentina. Ramón Alvarado saluda a su mamá, que esté en la ciudad de México. Ella cumplió el veintiséis, pero también se nos pasó un abrazo gracias por acompañarnos para Miguel Ãngel MartÃnez, que cumplió apenas el dÃa veintinueve, y también un abrazo a su nieta Viviana. Tiene ocho años y a veces nos escucha para Liliana del Valle Méndez de Dávila. Ella cumplió el treinta de septiembre. Está en tucuman en Argentina, al sur del continente. Muchas gracias también a Lidia Maisis y a Tania Barous que nos apoyan con sus donativos a través del super Fenx en el canal de YouTube. MuchÃsimas gracias a todos muy buenas noches y que descansen en paz o la







