El Cronovisor _ La máquina para ver el pasado || Relatos del lado oscuro(Podcast)

Un aparato casi mágico, un secreto, el viaje al pasado, ocultamiento y quizá una realidad... ¿Usted que piensa?
Vamos a suponer por un momento que existiera alguna forma de mirar el pasado más allá de nuestra frágil memoria, sino que hubiese un aparato que nos permitiera echar un ojito al pasado, pero a un pasado muy lejano. Quizá podrÃamos descubrir cómo se construyeron las pirámides de Egipto. Quizá con una poca más de suerte podrÃamos ver cómo era la vida en Pompeya antes de que le cayera todo aquello del vesubio encima. Quizá podrÃamos echarle un ojito a qué pasó con la gente de roano que croatán, la misteriosa desaparición y quizá con una poca de suerte, encontrarÃamos a Amelia, a Eirhard podrÃamos viajar hacia mil novecientos cuarenta y siete de Nuevo México, en Roswell, para ver qué rayos fue lo que se estrelló aquella vez en el rancho mcdasel serÃa impactante. No cree tener ese tipo de poder de ir a echar un vistazo y resolver las dudas del pasado. No me refiero a ir fÃsicamente, solo ir a través de algún dispositivo y echar un ojo ver qué habÃa ahÃ. Le suena interesante, por qué no se queda con nosotros. Esta noche vamos a hablar de un dispositivo que probablemente, si existiera, podrÃa hacer eso, pero recuerde usted y no lo olvide. Con gran poder. También llega gran responsabilidad. Acompáñame relatos del lado oscuro, seres, extraños, sucesos, inexplicables, perversidad, historias que otras mentes prefieren ignorar. En el año de mil novecientos setenta y dos, más particularmente en mayo de mil novecientos setenta y dos, el periódico italiano Corriere de la cera liberaba en su semanario la dominica del Corriere una noticia que parecÃa de entrada muy extraña. Aquella noticia publicada del martes dos de mayo de mil novecientos setenta y dos, o aquel reportaje que no tanto noticias, sino un reportaje, tenÃa un encabezado que decÃa inventada la máquina que fotografÃa el pasado. En el interior de aquel semanario, unas cinco hojas presentaban una entrevista realizada a unas sacerdote católico, a un benedictino de nombre Marcello Pellegrino Ernetti. La entrevista realizada por un joven reportero de aquel diario se adentraba en el testimonio de este hombre, que aseguraba haber construido una máquina que podÃa ver el pasado. La máquina básicamente un artilugio de ciencia avanzada, era capaz de seguir la huella de una determinada persona de algún determinado evento, conforme la entrevista transcurrÃa y las preguntas se hacÃan. Aquello resultaba impactante porque este hombre, este fraile Benedictino Marcelo Pellegrino Ernetti, aseguraba que, con el auspicio del Vaticano y la presencia de una docena de cientÃficos de gran prestigio y de gran capacidad, se habÃa fabricado este artilugio en los años cincuenta tardÃos. El producto de aquellos era un aparato similar a un televisor con una serie de perillas y controles que permitÃan trasladarse atrás en el tiempo y ver acontecimientos importantes. Era complicado, ciertamente, porque habÃa que ir siguiendo una cadena de acontecimientos de tal manera que pudiera llegarse al momento deseado. Pero lo que este hombre habÃa visto era algo impactante porque aseguraba haber visto el rostro de Cristo en la Cruz, pero no solamente el rostro. Comentaba que habÃa sido muy complejo, porque habÃa muchos casos de ajusticiamiento a través de la crucifixión. Entonces tuvieron que ir siguiendo desde el Monte de los Olivos, después bajar hacia la Santa Cena, después ir a juicio con pilatos, escuchar la traición de Judas ver todo aquello, decÃa que él habÃa sido testigo del momento en el que Cristo estaba en la cruz y terminaba sus momentos, su momento de vida. Cuando se le preguntó si habÃa podido escuchar las últimas palabras de Cristo, decÃa que sÃ. Aquello era una revelación tremenda, Pero no terminaba ahÃ, porque este sacerdote benedictino aseguraba haber podido ir más atrás. TodavÃa haber estado, por ejemplo, en el momento de la destrucción de sodome Gomorra, haber podido ver momentos históricos como el momento en el que el Papa y Mussolini habÃan estado platicando, haber podido ir a otros eventos lo que revelaba y era tremendo. Pero cuando el periodista le pregunta y dónde está este aparato, él responde está escondido, asà de simple y comienza a haber ahà una discusión o una serie de preguntas acerca de cómo es que se habÃa hecho, de dónde venÃa, cómo funcionaba, qué cientÃficos eran los que habÃan trabajado en esto. Pero el Padre Ernetti resultaba ser muy, muy, muy limitado en cuanto a lo que revelaba, asegurando que se le habÃa prohibido hablar de esto, asegurando que el artilugio habÃa sido escondido y probablemente desarmado y sus piezas regadas por todas partes y que no tenÃa permitido revelar los nombres de los cientÃficos que habÃan trabajado, que eran una docena de los mayores cientÃficos del mundo. La entrevista como tal era extraña porque aseguraba, por una parte, que tenÃa prohibido hablar de esto, pero estaba dando una entrevista aseguraba que la forma en la que operaba el dispositivo era algo tan secreto, tan oculto que no podÃa ser revelado. Y, sin embargo, comentaba que los norteamericanos estaban trabajando en un proyecto similar, que corroborarÃa la información que habÃan obtenido los miembros del Vaticano, porque este era un proyecto de la Iglesia. HabÃa sido hecho con auspicio del Vaticano. Cuando el periodista pregunta por fin funciona o no funciona, Ernetti responde sÃ, funciona y lo hemos podido corroborar con acontecimientos cercanos de los que se tiene toda la información, pero para acontecimientos más lejanos, estamos esperando la corroboración de los norteamericanos, refiriéndose a los Estados Unidos de Norteamérica. Por supuesto, el hecho es que habÃa ahà una contradicción tremenda, porque, por una parte, los norteamericanos, es decir, Estados Unidos, ya tenÃa su propio dispositivo que estaba trabajando, pero el de los italianos estaba oculto y sus piezas regadas. HabÃa varias cosas que no resultaban del todo claras en cuanto a cómo funcionaba. Eso tampoco resultaba muy claro, porque aseguraba este sacerdote que todos los actos que realizamos, todos los momentos que tenemos, todos, incluso nuestros pensamientos, generan una huella, una huella energética. AsÃ, por ejemplo, el sonido. El sonido no desaparece, se atenúa, conforme avanza y se va perdiendo. Pero conforme se va perdiendo. En los diferentes materiales queda un residuo energético basado en la teorÃa de que la energÃa no se crea y no se destruye y sólo se transforma. El aparato diseñado por este hombre y por este importante grupo de cientÃficos hay que aclarar que no era sólo suyo. Ãl era parte del proyecto, pero habÃa otro montón de cientÃficos alrededor. De acuerdo lo que decÃa lo que asÃ, este aparato era encontrar las pequeñas huellas y seguirlas asÃ. Por ejemplo, si querÃamos escuchar las últimas palabras de Cristo en la Cruz, el Jesucristo en la Cruz, lo que habÃa que hacer era rastrear algún evento histórico, algo que se supiera y a partir de ahÃ, ir siguiendo la huella hasta el lugar y momento que se deseaba. Era un trabajo complicado. Ciertamente era un trabajo complicado. Se requerÃan muchas s capacidades, muchas experiencias, saber lo que se estaba viendo. Además, habÃa otro problema. Lo que se veÃa no necesariamente iba a estar al alcance de las personas y tampoco resultarÃa del todo útil para la humanidad. Y, de hecho, Ernetti concluÃa su entrevista asegurando que aquello era increÃblemente peligroso, terrible y que podrÃa generar la destrucción de la humanidad como la conocemos o bien transformarla totalmente hacia una nueva humanidad. Pero esto era, por demás extraño la nota aquella, ese reportaje, que apareció el dos de mayo del setenta y dos en la doménica del CORRIERI, resultaba enigmático. Resultaba por demás, agresivo porque era revelar algo que se supone que no es o estaba autorizado a revelar, pero este sacerdote lo hacÃa y, por supuesto, resultaba también un poco irrisorio. Era un sacerdote católico, No era Albert Einstein, era un sacerdote, etcétera. Pero además habÃa una fotografÃa en el reportaje publicado que aseguraba era el verdadero rostro de Cristo en la Cruz. Es esta imagen que ahora mismo estamos transmitiendo para usted. En una de las páginas del reportaje aparecÃa esta imagen. AparecÃa un diagrama una serie de datos que daba el padre Hernetti. Pero esta fotografÃa que seguimos viendo ahora estaba ahà publicada. Cuando aquello sale a la luz, bueno generar un revuelo enorme. El padre Hernetti es buscado por cielos mar y tierra por periodistas, por reporteros que quieren saber más acerca de esto. Hay quien va hacia el Vaticano a tratar de obtener información que, por supuesto, es negada. Y, sin embargo, el Padre Hernetti concede una entrevista, una entrevista por demás extraña, porque es para un diario español para el Heraldo de Aragón y en la entrevista ratifica lo dicho, asegurando que el aparato existe, que el aparato fue creado, pero que no conviene que se divulgue y que probablemente lo haya desarmado el Vaticano y regado por ahà en los sótanos misteriosos o en alguna parte. Pero que, además, hay una prohibición de hablar de esto. Y, de hecho, la prohibición comenzarÃa a operar muy pronto, porque después de la entrevista con el Heraldo de Aragón, el Padre Hernetti no darÃa más entrevistas ni hablarÃa de su invento, al que denominaron crono Visor. No volverÃan a hablar de esto. Durante muchos años. No serÃa sino hasta mil novecientos ochenta y seis, cuando estaba dando una conferencia en una universidad italiana, que volverÃa a tocar el tema mÃnimamente a raÃz de una pregunta. En el año no treinta y tres, Javier Sierra, el periodista español, lograrÃa obtener una mÃnima parte de una entrevista acerca de lo que el padre decÃa. Pero en todos estos casos repetÃa lo mismo. RepetÃa que el aparato era real, que habÃa sido creado en los años cincuenta tardÃos, que habÃan podido ver cosas increÃbles, que lo habÃan hecho pedazos. Ãl aseguraba que haber visto la crucifixión de Cristo y la pasión lo habÃa dañado de tal manera que no querÃa volver a verla, que no querÃa volver a experimentar aquello. Pero además seguÃa sosteniendo esto de que el aparato habÃa sido recuperado por el Vaticano y habÃa sido dispuesto de alguna manera. HabÃa la posibilidad de que hubiera sido entregado al Gobierno italiano, pero era muy lejano y muy poco probable. En estas entrevistas, en estas pocas entrevistas, siempre se sostuvo diciendo que era cierto. El problema es que un par de semanas después o algo asÃ, llegaba a la redacción del periódico italiano que habÃa publicado aquello, una carta en donde reclamaban la falsedad de aquella entrevista, de la falsedad del contenido de la entrevista. La carta explicaba que la fotografÃa que habÃa sido publicada en realidad era una fotografÃa modificada de una talla de madera de una iglesia italiana. Esta talla de madera, que habÃa sido elaborada en mil novecientos treinta y uno por un artista español para una famosa vidente, etcétera. Resultaba ser conspicuamente parecida, tan parecida que más de uno tuvo simplemente que sobreponer una imagen a la otra, oscurecer un poco éste y darle la vuelta y darse cuenta que era la misma. De hecho, era la misma. Esto generó una desconfianza enorme si la noticia ya de por sà resultaba extraña. El hecho de que la supuesta fotografÃa de Cristo en la Cruz fuera falsa, tan falsa como como un billete de tres pesos resultaba un golpe de moledor. Era obvio que era todo una mentira que este sacerdote. En realidad era un hombre muy imaginativo, muy creativo, un mitómano, una no sé algo y habÃa inventado toda esta gigantesca e increÃble historia. Por supuesto, el golpe, el golpe fue tremendo en muchos aspectos, pero en otros no tanto, porque déjeme decirle que en los años setentas, en México se seguÃa creyendo que esa imagen era el verdadero rostro de Cristo y en algunas iglesias se tenÃan pequeños retablos con esa imagen, creyendo que era el verdadero rostro de Cristo tomado por un aparato de la ciencia y en muchos lugares del mundo. Me imagino que habrá sido igual ahora mismo usted que me acompaña, si estuvo en la escuela en los años setentas, en escuelas de frailes y de monjas, seguramente le habrán dicho que los cientÃficos habÃan encontrado la forma de ir a fotógraf bien a usted o a mà en pleno siglo XXI, con el advenimiento de la tecnologÃa y con esto de que usted me está viendo a dos mil kilómetros de distancia como si estuviéramos juntos y me puede escribir y nos podemos oÃr y ver y todo esto maravillosamente con toda esta tecnologÃa. Usted y yo no creemos ni una palabra de eso, y pensamos que el cronovisor es un mito a una leyenda, que este pobre fraile del que tanto le ha hablado, estaba loco y se habÃa inventado todo esta enorme historia. Y entonces terminamos el programa y nos vamos por un café con unos amigos y a comer unas galletas. Pero apenas han pasado quince minutos de esto, asà que aún falta encontrar mucho. Déjeme que le comente algo más. Primero, quién era este hombre marché lo Pellegrino Ernetti ingresó a la orden Benedictina a los dieciséis años, es decir, muy jovencito. Era un hombre que estudió la carrera de sacerdote, el seminario para ser sacerdote. Además de ser benedictino, estudió la licenciatura en filosofÃa y letras. Estudió la carrera de teologÃa dentro de la propia orden, estudió la carrera de antiguas lenguas orientales. Estudió fÃsica, la licenciatura en fÃsica, con una especialidad en fÃsica cuántica. Ya no estamos hablando de un hombre por allá primitivo o medio ignorante. No estamos hablando de un hombre que tenÃa al menos tres carreras, pero ahà no terminaba el asunto. También era especialista en sonido, Tocaba el piano, estudio piano, armonÃa, polifonÃa y tenÃa una especialidad única. Era especialista en música prepolifónica, es decir, la música antes del siglo XII, desde dos mil años antes de Cristo hasta el siglo XIII era uno de los pocos expertos en eso. Pero, además, estando en todo este asunto de las grabaciones y de la investigación de la música antigua de los sonidos, se introdujo en un ámbito diferente y estudió ocilografÃa electrónica. Este tipo. Era un hombre increÃblemente inquieto. TenÃa treinta años cuando comenzó a trabajar en estos proyectos. Esto significa que este sacerdote no paraba de estudiar todo el tiempo ernesto. Pellegrino Hernetti llegarÃa además a ser exorcista de la diócesis de Venecia y maestro de Gabriela Mort y maestro de Cándido Amantini, el maestro de Gabriela Mort. Asà es que no primero usted tiene la idea, al igual que cualquier persona que leyera ese artÃculo, y escuchar lo que le he dicho de que quien dijo eso era un mitomano tremendo, alguien que tenÃa algún delirio de grandeza y se inventó toda esta historia. Pero estamos hablando de este sujeto que tenÃa tres carreras. Pero ahà viene la parte todavÃa más extraña. Cómo comenzó todo esto. Esto comenzó alrededor de mil novecientos cincuenta y dos y digo alrededor porque las fechas no son muy precisas. Pero en ese perÃodo de tiempo, este hombre, que tenÃa veintiocho años en los sacerdote muy joven, entró en contacto ni más ni menos que con el padre Gemelli. Agostino Gemelli, SÃ, Agostino Bemelli, para ese momento era un hombre de unos setenta y tantos años. Era profesor y mérito del Vaticano, Era médico del Vaticano, era el asesor cientÃfico del Vaticano, el creador de la Universidad Vaticana y uno de los hombres más respetados en la Curia. Por supuesto que era un tipo de lo peor, porque además se enemistó con el padre PÃo años después, y todo lo que usted quiere mande, pero era un personaje con una vasta cultura. Era un cientÃfico de la época de los años cincuenta del siglo pasado. Asà es que podrÃamos o no tenerle aprecio, pero el sujeto era un hombre increÃblemente preparado que además se interesaba en la música antigua. Por lo tanto, entré en contacto con marché Lo peregrino Ernestà y entonces ambos son asignados a un trabajo muy sencillo. El tema con el Padre Gemelli, Acostino Gemelli y Marchello Pellegrino es que comienzan a trabajar juntos en una serie de grabaciones de antiguos cantos gregorianos para este punto de la historia. Gemelly estaba interesado en recuperar grabaciones y en hacer una serie de cosas. Asà es que tienen un laboratorio de sonido. Están pasando cintas de una a otra y están haciendo una serie de cosas. Cuando algo sale mal, muy mal, es una falla catastrófica y g Melli que se da cuenta que estas grabaciones son únicas, se preocupa y dice ah Dios mÃo Padre, ayúdame. Pero él siempre daba esa frase, pero no porque lo ayudara el padre del cielo, sino a su propio padre. Era su frase. Siempre decÃa eso, Padre, Ayúdame, pero refiriéndose a su propio padre, si es que en ese momento dice Padre, ayúdame, y bueno tota la arreglan aquello y siguen adelante cuando terminan de hacer el traspaso de estos sonidos y demás, los regresan y están escuchando con los cascos puestos, es decir, con los audÃfonos de casco puestos. Cuando aparece una voz que no deberÃa de estar ahà Ernetti, que es el que está viendo esto y escuchando con los técnicos y además dice ah qué mal se metió una voz. Es una interferencia oh cielos qué haremos. Qué haremos, pues habrá que repetirlo y están ahà platicando. Cuando Gemelly le pide al muchacho que regrese la cinta y la vuelva a poner la, vuelve a escuchar, le pregunta al Padre Hernetti qué piensa, qué dice qu a qué ella vos. El Padre Hernetti, sin pensarlo mucho al escuchar lo, dice claro que te ayudo. Siempre estoy contigo. Es lo que decÃa aquella frase en italiano. Por supuesto, la vuelven a escuchar varias veces. Hernetti no entiende por qué Gemelli está tan interesado en esto? De hecho, tienen mucho trabajo, por qué está tan interesado en seguir escuchando esto hasta que le dice, perdone padre, pero ese es un sonido que se metió a la grabación. Probablemente es una interferencia o algo te dijo algo por aquà y se metió a la grabación y dicen no, no es eso. Gemellie estaba visiblemente emocionado por aquello y se entiende porque la voz que estaba escuchando era la de su papá, de su propio padre, muerto muchos años de atrás. Es tanto asà que le dices que es la voz de mi padre Hernetti. No entiende muy bien qué es todo esto, pero bueno, vuelven a hacer algunos traspasos y entonces vuelve a aparecer la voz, pero esta vez la bor Lo que dice es claro que soy yo cabezón en italiano resulta ser que el padre, el papá biológico del Padre Gemelli, le solÃa decir asà cabezón cariñosamente, tras reconocer que la grabación no era una falla, no era un accidente, no era una inducción, y darse cuenta que Gemelli reconocÃa la voz de su propio padre e incluso la manera de dirigirse a él, guardaron aquello, agarraron el portafolios y salieron pitando al Vaticano. Por supuesto, usted sabe que el Padre Gemelli tenÃa la puerta abierta dentro del Vaticano y podrÃa entrevistarse con el Papa en el momento que lo deseara. En ese momento el Papa era PÃo XIII. Asà es que se traslada para allá y se entrevista con PÃo XIII. Esa entrevista se ha mencionado muchas veces y bueno, el hecho es que le presenta las grabaciones y es tal la sorpresa por aquellas grabaciones tal la zozobra de darse cuenta que tenÃan una evidencia del más allá que Primero, el Papa les pide que esto se mantenga dentro de la habitación en la que están. Es decir, no se hace público nada de lo que han encontrado. Segundo, tienen permiso para investigar más. Tercero, tienen recursos para investigar más. Cuarto, tienen todo lo que deseen, pero investiguen esto. El Papa querÃa esto. QuerÃa saber qué era esto. ImagÃnese usted acababan de encontrar la forma de demostrar que existÃa el alma humana y que se podÃa hablar con las personas fallecidas sin necesidad de espiritistas, sesiones espiritistas, mediums, hijas y cosas similares. Esto era ciencia o, por lo menos, hacer lo que pensaban que esto era ciencia pura a través de aparatos obtener este tipo de cosas. Esto significó, por una parte, que tuviera la licencia de investigar estos temas. El buen amigo Ernetti no le durarÃa mucho el gusto de estar acompañado por Gemellie, porque poco tiempo después fallecÃa. Después cambiarÃan a PÃo XIII. Llegaba el querido Juan veintitrés, que resultaba también ser muy interesado en estos temas, pero en su corta estancia en el Vaticano, no pudo dar mucho apoyo, aunque sà queda claro que es el perÃodo de tiempo en el cual se hace la investigación del chrono visor. Por qué, porque Gemellie y Ernetti tenÃan el completo apoyo del Vaticano. Tan es asà que cuando Jurgen son Frederick Jurgenson, uno de los grandes investigadores del tema de la transcomunicación, comienza a hablar públicamente de sus inclusiones psicofónicas. El Vaticano lo contrata. Usted pensará no canta la piedra estás loco, qué te pasa. No. No? No? No? No. Tal era el interés en este tema por el hecho de poder contactar con fallecidos sin necesidad de que fuera algo diabólico ni prohibido, sino mensajes directos claros. Era algo que podÃa, hasta cierto punto, racionalizar la creencia en el alma y en la existencia posterior. Esto era una joya sobre ruedas. Usted pensará eso no es cierto. Esto se lo está inventando. Tan me lo estoy inventando que Jurgenson fue el documentalista oficial del Vaticano, el padre de las psicofonÃas, el segundo de Constantine Raudibe, era el documentalista del Vaticano. Pero además, también, a pesar de que era teo era miembro de la orden de no sé cuántas cosas, es decir, que tenÃa todo el apoyo vaticano. Esto, evidentemente, no era una casualidad. El hecho es que, según se cuenta el Padre Ernetti, dándose cuenta que se podrÃan obtener voces de un pasado con su propia teorÃa, que tenÃa con las teorÃas de Aristóteles acerca del sonido y cómo se hacÃan los armónicos. Con todo ello, esto se arma y plantea una posibilidad si la energÃa no se destruye y solamente se transforma, quiere decir que el sonido no se va a ninguna parte. Pero además, en ese momento también se habÃa dado la noticia, por ejemplo, de los cañones de Barisal en la India, un fenómeno que aparentemente repetÃa los sonidos de una antigua batalla. La plena luz del dÃa se escuchaban cañonazos. No se trataba de relámpagos, Era el cielo despejado de dÃas normales. Todo aquello de los cielos motos. No es cierto. No ocurrÃa ahÃ. Esto era un sonido, que era el sonido de los cañones. Ãl comienza a unir datos y piensa bueno a dónde se va el sonido. Se pierde, si el sonido es energÃa, no se pierde. Y si el sonido se puede captar y se puede, entonces comienza a plantearlo en teorÃa dentro del equipo de investigadores. E insisto en teorÃa, porque esto nunca lo aclaró él pleno, ni nada. Pero habrÃan estado Enrico Fermi dentro del equipo. HabrÃa estado Ferner bom Brown, el inventor de los cohetes del Nazi, aquel que creó la bomba B dos para bombardear Inglaterra y luego se fue a Estados Unidos y creó el cohete Saturno VII. HabrÃa estado por ahà también el famoso Ettore Mayorana, quien se suponÃa que habÃa muerto en mil novecientos treinta y ocho, pero era un secreto a voces que no estaba muerto, sino recluido en un monasterio, desde donde trabajaba en secreto sobre sus inventos, etcétera, etcétera. Todo era muy complejo. Lo único que dijo el propio Ernetti es que en el proyecto habÃa estado Enrico Fermi antes de morir en el cincuenta y cuatro, que habÃa estado Werner Fon Brown, que habÃa estado un premio nobel japonés y que eran una docena de investigadores, incluido un tal profesor de matos, del que nunca se supo quién era. En realidad, nunca quedó claro quién era ese tal de matos. El hecho es que este grupo que el Cronovisor, comienzan a trabajarlo y logran grabar una secuencia de un evento antiguo de la época de Jesucristo, el cual se les lleva estando ya el Vaticano ocupado por Juan Veintitrés y posteriormente por Pablo VI y deciden que no siga adelante el proyecto. Se cree que fue PÃo XIII el que dijo donde tengan esto. Juan Veintitrés sostuvo lo dicho y Pablo VI no solamente sostuvo lo dicho, sino que se lo reiteró a Ernetti. De acuerdo con lo que el propio Padre Ernetti habrÃa declarado en los diferentes momentos. Cuando se dieron cuenta del alcance de esto, decidieron ocultarlo y destruirlo. Aunque el propio Padre Hernetti confesarÃa que él, sabiendo que esto podÃa significar muchas cosas para la humanidad, habÃa guardado los planos secretamente en ciertos lugares, uno de ellos en Japón, otro de ellos en Suiza. El hecho es que, en teorÃa, el cronovisor habrÃa sido destruido o, por lo menos desarmado y repartido. Por qué bueno, Asà como serÃa increÃblemente interesante saber cómo se construyeron las pirámides de Egipto. Imagine usted lo negativo que podrÃa hacer esto. Imagine que se pudiera escuchar la conversación de Franklin delano Roosevelt, siendo informado de que se acercaba un inminente ataque a per Harbor y él no hizo nada. O quizá alguna plática de Adolfo Hitler con el propio PÃo XIII. O quizá si nos vamos más atrás en el tiempo, podrÃamos encontrar secretos que serÃan terriblemente incómodos, no solamente para la Iglesia, sino para la historia misma de la humanidad. Descubrir que los grandes héroes de la historia en realidad eran terribles villanos. Descubrir que quizá y solamente quizá el ser humano nunca llegó a la luna y todo fue un mito. Obviamente, también habrÃa un riesgo inmanente este aparato. Imagine usted si se puede viajar hacia atrás y ver a Pompeya siendo destruida por el Vesubio. También se podrÃa ir una semana atrás y saber qué es lo que están planeando los Jefes de Estado de la Unión Soviética. SÃ, poder adentrarse en el Kremling, violando todos los mecanismos de seguridad habidos y por haber y saber qué planos tienen sobre la mesa y con ellos acabar con la humanidad y, más aún, poder seguir los pensamientos de las personas, poder seguir sus actos, saber quién está planeando, casarse quién no destruir. Esto serÃa terrible, porque, asà como podrÃamos saber, los grandes secretos que siempre hemos buscado. Obviamente, también surgirÃan cosas horribles. Si es tartera facto caÃa en las manos equivocadas, todo estaba destruido. La humanidad misma estarÃa en un grave riesgo punto. Pero la fotografÃa, aquella fotografÃa que salió publicada en la revista en el semanario, la doménica del corrierie era falsa. Asà quedaba clarÃsimo. No habÃa duda alguna. Y peor aún cuando unos dÃas después vuelve a haber una publicación en donde aparece una segunda fotografÃa atribuida al Cronovisor. Y esta fotografÃa es todavÃa peor, porque es exactamente una pintura en un museo alemán en donde Cristo va caminando con sus discÃpulos. La fotografÃa solamente lo oscurecieron, Le dieron un poco de contraste y ya está aquà está el cronovasor otra vez acabaron con aquello. Ernetti quedó en un desprestigio tal que resultaba complicado. Por supuesto, él siguió diciendo lo mismo, que sà existÃa y que se habÃa sido construido, pero no daba entrevistas y no aclaraba nada. No salÃa en su propia defensa por una sencilla razón. Tras la entrevista de mil novecientos setenta y dos, queda claro que el Papa Pablo VI lo llamó a cuentas si habÃa un acuerdo de silencio. Por qué lo habÃa revelado. Ahora usted se preguntará por qué no habÃa sido capturado por los servicios soviéticos o por la CIA norteamericana, torturado y obligado a reconstruirlo. Hay dos razones principales. La primera de ellas porque él no lo habÃa construido. Ãl habÃa sido parte del equipo, pero no el único asà es que su conocimiento acerca de esto no era la única, que habÃa la única posibilidad. Necesitaban más gente. Segundo, porque se habÃa demostrado que todo era mentira. Asà de sencillo, aquella entrevista no era la primera. La primera habÃa sido en mil novecientos sesenta y tantos después habrÃa habido otra entrevista muy pequeña por ahà también en los años sesentas en unos pequeños periódicos locales, pero la de mil novecientos setenta y dos era demoledora. Era obvio que todo era falso. Las fotografÃas eran falsas, Todo era mentira y este señor era un mitomano. Se acabó el tema y, por supuesto, nadie lo i verra casar, nadie lo iba a ir a secuestrar para interrogarlo, porque todo era mentira. Se da cuenta de lo que le estoy diciendo bien vamos para allá. El primer punto. El Padre Hernetti no entregó ninguna fotografÃa al Diario al semanario, la doménica del Corriere. No. La fotografÃa fue proporcionada por una persona cuya identidad siempre se mantuvo en el anonimato, pero no era del Padre Hernetti. El Padre Hernetti confesarÃa algún tiempo después a un amigo suyo, al Padre Brune, que esa fotografÃa no era del Cronovisor, que asà no se podÃa obtener una fotografÃa. El Cronovisor daba grandes planos de los eventos, no fotografÃas en primer plano. Por lo tanto, esa no era y por supuesto que aquella otra de jesucristo caminando, esa no sabÃa ni de dónde habÃa salido, porque asà no se veÃa en el Cronovisor. Obviamente, Pellegrinornetti no habÃa proporcionado las fotografÃas, alguien más las habÃa proporcionado y él no las conocÃa. Después de eso, qué se puede decir. Bien, vamos a pensar un poco punto número uno. Usted inventa algo tan sorprendente que pone en riesgo a la humanidad, como, por ejemplo, el caso de la bomba atómica. Para no repetir el mismo error, simplemente lo oculta. Pero si se llegara a filtrar un hilillo de aquella verdad, lo lógico serÃa ocultarlo y acabar con esto. Asà como en Estados Unidos se implementó la polÃtica de desacreditación de los investigadores de omnis, se implementó la polÃtica de ocultamiento, de ridiculización y todo esto aquà se verÃa igual. Significa eso que fuera real. No lo sabemos, no tenemos forma de saberlo. El Cronovisor, en teorÃa habrÃa sido construido y operado, después destruido o, por lo menos, desarmado. La persona que decÃa esto era un hombre con unas credenciales tremendas, una investigador cientÃfico, experto en sonido. Por qué mentirÃa y por qué mentirÃa de una forma tan ridÃcula. Por qué, además, tantos años después, si el Cronovisor fue ocultado en la época de PÃo XII, tendrÃa no sé, por lo menos unos dieciséis o dieciocho años de estar allá, guardado, escondido en secreto. Por qué de pronto, en mil novecientos setenta y dos comienza a hablar de esto. Entonces nos preguntamos y hay varias posibles respuestas. La primera, la entrevista de mil novecientos setenta y dos, fue una especie de deliberación de este sujeto que se inventó una historia a partir de un periodista que le hace preguntas que tÃmidamente no poder dejar de responder y se inventa todo una trama y se hace un escándalo que terminan por prohibirle volver a hablar. Pero todo era falso y dentro de su mente. La segunda opción es que hayan creado algo que en realidad parecÃa hacerlo, pero no era punto. La tercera opción que sà hayan creado algo sorprendente y que no hayan querido que se liberar. Y entonces, cuando alguien comienza a investigar y comienza a preguntar y comienza a haber ruido, sacan esta nota de desacreditación total y se le ordena a Hernetti que dé la entrevista y quede en ridÃculo una teorÃa de conspiración. Por supuesto, el hecho es que Ernetti, en mil novecientos noventa y tres, durante una plática con su amigo Francois Brune. El Padre Brune le dirÃa ya poco antes de morir que dÃas antes se habÃan vuelto a tener una reunión del más alto nivel con el Papa y los cardenales, en donde se habÃa vuelto a concluir lo mismo, que habÃa que acabar con cualquier evidencia de esto y habÃa que destruir cualquier cosa que hubiera, que no valÃa la pena tener esto y no servirÃa para nada más que para destruir la humanidad, y volvió a insistir en que era real que existÃa, que habÃa sido creado por él y por el grupo de cientÃficos. Partiendo de eso, las posibilidades están ahÃ. Era una mentira, todo invento de un hombre con una mente muy creativa. Era algo que creyó, que funcionaba y no funcionaba, o era algo real que fue ocultado. No hay manera de saberlo, porque todo se basa en los testimonios de Arnetti, del padre Brune y de las entrevistas que se dieron. Las evidencias realmente eran nulas, las fotografÃas eran falsas, pero el propio padre a Netti dijo que eran falsas, que él no las proporcionó, que aquello no era suyo. HabÃa otros datos, por ahà que se confirmó que tampoco eran reales, Por ejemplo, el supuesto texto de una obra dramática de la época de los clásicos griegos por allá triste, en donde supuestamente Ernetti habÃa escuchado en el cronovisor el texto completo y lo habÃa visto y todo aquello, pero el texto que presenta supuestamente correspondiente, aquello resultó ser falso. Resultó que era algo que no correspondÃa ni a la época ni a la forma de redactar de aquellas épocas, etcétera, etcétera, más parecÃa haber sido hecho en una época moderna. Asà es que habÃa muchas cosas detrás, pero en todos los casos siempre parecÃa que habÃa una intención de desacreditar aquello totalmente, de ridiculizarlo, hacer ver que todo era un mito y una leyenda urbana. Pero al mismo tiempo, este hombre no parecÃa ser el tipo de persona que harÃa eso. Aquà hay una foto supuestamente del cronovisor esta que está viendo usted. Es difÃcil saber de dónde salió cómo Ernetti. Lo único que dijo es que era una especie de televisor con bulbos conectado a múltiples antenas y con varias perillas que permitÃan sintonizar y seguir la huella de las personas. Asà es que es difÃcil saber si esto, en realidad en algún momento pudo haber sido o no. Ãl no presentó ninguna imagen. Hay un diagrama incluso muy escueto, que tampoco corresponde. Más bien parece un dibujito de secundaria. Asà es que no ahora mismo lo estamos presentando. Este dibujito tampoco corresponderÃa a un artilugio tan complicado. En cuanto a los supuestos cientÃficos, también hay muchos problemas porque Enrico Fermin muere en mil novecientos cincuenta y cuatro y en diversas entrevistas Ernetti ubicaba la investigación y la operación del aparato entre el cincuenta y seis cincuenta y ocho. Asà es que tampoco en Bona. Pero vuelve a creernos la pregunta. Si este hombre era un hombre tan preparado, con contactos a tan alto nivel como Agustino Gemelli, cercano al papa, por qué mentirÃa, qué ganarÃa con esto? El descrédito dinero. No obviamente, no ganó ni un céntimo con esto. No era por dinero. No le pagaron por entrevistas. De hecho, le costó trabajo salir adelante de aquello, porque estuvo a punto de que lo echaran fuera. Y hay un último punto. Si usted investiga ahora mismo en Internet y busca en páginas y páginas, se va a encontrar con un asunto muy loco, porque en muchas de las páginas dice que en el año mil novecientos ochenta y ocho, Juan Pablo II, en el papado de Juan Pablo II, monseñor Ratzinger, habrÃa emitido un decreto vaticano en donde se prohibÃa expresamente por medios electrónicos ver el pasado so pena de Excomunión. Obviamente, quien lee esto dice bueno en el ochenta y ocho y dicen eso quiere decir que tenÃan algo para ver el pasado con algún artilugio electrónico, entonces están confirmando que tenÃan el artilugio. Por eso lo están prohibiendo, etcétera. Bueno, Bueno, aquà los todos. Es una leyenda urbana. SÃ, hay un decreto. Bueno, no es un un decreto, sino que es una especie de encÃclica o algo similar, en donde el Vaticano expresamente declaraba que cualquier persona que grabara por medios electrónicos o tecnológicos la confesión de una persona y la divulgara serÃa excomulgado o simplemente con grabarla estarÃa excomulgado. Asà es que se referÃa a que durante la confesión de una persona no se podÃa grabar lo que le dijeran y el secreto del sacerdote, es decir, el secreto de confesión, se mantenÃa, pero que si lo grababan o algo, estaban excomulgados. Ese es el último punto y ese fue un punto que hace algún tiempo nos enviaron por medio del correo señalándonos que el cronovisor era real porque existÃa esto. No, en realidad, el edicto o esta encÃclica o esta orden del Vaticano aplicaba para que no se grabara ni en video ni en audio las confesiones de las personas, no para que se nos a usar el cronovisor. Viendo el pasado, hay ahà una confusión y se deformó aquello asà es que bueno, es una historia extraña por donde usted la quiera ver, pero que nos deja con una enorme pregunta. Existió algo asÃ, alguien intentó algo asÃ. No lo sé, pero serÃa increÃblemente peligroso. Y ahora, si me lo permite, algunos saludos breves. Tenemos que saludar a la familia Amor Herrera, que siempre nos acompaña para esther sidh que también nos acompaña muchas gracias. Esther Fernando DomÃnguez nos acompaña desde Argentina, Alejandro Mendoza y su esposa bere Ellos nos escucha mientras desayunan tomando café y pan qué bueno. Muchas gracias, Diego Herrera desde Ecuador en quito. Adriana Velázquez, muchas gracias por acompañarnos. Silvia Valdés. Ella es camionera troquera, Maneja un camión y no puede escribir mucho, pero nos escucha mientras maneja toda la noche con mucho cuidado a nuestra estimada Silvia. Ese es uno de los oficios más peligrosos y si está en México, es de los más peligrosos que puede haber. México es un paÃs que en este momento es un poco peligroso y manejar toda la República es muy peligroso. Carlos Alberto Nolasco saluda a su esposa Carolina Ãvila aracel y DomÃnguez. Muchas gracias por acompañarnos y les enviamos un abrazo a todos muy buenas noches y que descansen en paz. O O O







