El Asesino del hacha de Nueva Orleans || Relatos del lado oscuro (Podcast)

Es un caso antiguo, pero es un caso macabro, nunca resuleto y que aún hoy, sigue sembrando miedo en quienes viven en esas regiones.
Nueva Orleans, en los Estados Unidos de Norteamérica. Es un lugar muy peculiar en muchÃsimos sentidos. Es un sitio en donde se formó un crisol, donde se mezclaron una cantidad bárbara de culturas, porque es un sitio en donde llegaban inmigrantes italianos a principios del siglo XX, en donde llegaban inmigrantes chinos, en donde llegaban personas de origen haitiano, en donde quedaban remanentes de los grupos étnicos que pertenecieron a los esclavistas. Es decir, gente que en algún tiempo fue esclavo en las grandes plantaciones y posteriormente sus descendientes se incorporan en estos lugares. Asà que habÃa todo tipo de personas, incluido un elevado número de personas de origen judÃo practicante del judaÃsmo que conservaban hasta cierto punto muy herméticas todas sus costumbres. Pero en medio de todo esto, también habÃa un montón de latinos, desde mexicanos, antillanos, gente que venÃa de centro a umas franceses. La colonia originalmente era una colonia francesa, Asà es que habÃan quedado descendientes de personas de origen francés, pero también habÃa llegado, junto con la inmigración de principios del siglo XX, un elevado número de personas de origen francesa. Asà es que aquello era una colección de lenguas, de creencias, de fiestas en medio de un universo de colores y de música, un hermoso lugar para vivir, para disfrutar de lo lindo, del martigra, para disfrutar de lo lindo del jazz, del budú, de la brujerÃa, del vampirismo y, claro, para ser asesinados por el terrible asesino del hacha. Quiere saber la historia. Acompáñame relatos del lado oscuro, seres extraños. Suceso es inexplicables, diversidad familiana, historias que otras mentes prefieren ignorar. Muy bien déjeme que lo lleve atrás en el tiempo. Vamos a mil novecientos dieciocho. El veintitrés de mayo de mil novecientos dieciocho, los hermanos un Jake y Andrew y Mayo han llegado tarde a casa. Viven en Nueva Orleans y se fueron de fiesta. Uno de ellos está preocupado porque va a ir a la guerra, a la Primera Guerra Mundial, y se ha ido a tomar una francachela, es decir, se ha puesto una papalina histórica. Su hermano ha tenido que ir por él y bueno, finalmente llega solo cuando llega entrar a la casa, tambaleándose y cae pesadamente dormido en su recámara. Jake y Andrew viven en una misma casa, junto con su hermano, Joseph, que es mayor, y la esposa de este, Katherine, Es decir, que viven todos allá amontonados, pero cada quien en su espacio. El hecho es que esa madrugada, después de que llega Andrew trambaleándose y cayéndose, Jake despierta alrededor de las cuatro y media cinco de la mañana porque escucha unos sonidos raros. Los sonidos les resultan peculiares, porque se escucha como si alguien se estuviera ahogando. Han oÃdo además él ha oÃdo además que han caÃdo algunos objetos, como si alguien hubiera tirado cosas. Y todo se escucha del lado donde viven Joseph y Katharine. Asà es que preocupado intenta despertar a Andrew, que simplemente no despierta. Está totalmente perdido, los sacude, lo mueve, no hay respuesta. Decide golpear la pared que divide las recas es una pared de madera, si es que golpea y pregunta están todos bien, pero no hay respuesta. Se levanta de la cama. Hecho un vistazo por fuera. No ve nada raro a eso de las seis de la mañana, cuando ya está más o menos preocupado, aunque usted no lo cree. HabÃa pasado casi una hora antes de que empezara a preocuparse. Decide entrar a la casa de su hermano. Pero para ello intenta despertar de nuevo al gún amigo Androw que a la de tantas logra componerse, enderezarse y rascándose la cabeza y muy mal humor camina hacia allá. Abren la puerta, Están comunicados, Abren la puerta y el espectáculo es terrible. Es terrible. Joseph está sobre de la cama con las piernas hacia abajo a un lado con su camisón de dormir su ropa de cama, que se usaba una especie de camisón. La cara bea está cubierta de sangre. Horriblemente sobre de él caÃda Encima de él un poco está su esposa, Katherine, que también está cubierta de sangre. Aquello es un baño de sangre por todas partes, y Katharine está en una posición rara porque las piernas han quedado hacia el frente colgando. Cuando entran a la habitación, el hermano herido Joseph intenta incorporarse para decir algo, pero no puede vuelve a caer en la preocupación. Aquellos dos entran los tocan gritan. Entonces el que está más despierto, Jake sale corriendo a buscar un policÃa. Llaman a alguien nace el favor de comunicarles. El hecho es que la policÃa llega e inmediatamente se dan cuenta que aquello es muy grave y piden la intervención de una ambulancia. Todo esto está ocurriendo en una época, en mil novecientos dieciocho, en la que no hay muchas comunicaciones. Asà es que cuando la ambulancia llega y revisa qué hacer en casa. En esta muerte no hay ningún rastro de vida en ella. Tiene una espantosa herida en la cabeza que le ha cubierto de sangre. Joseph aún está latiendo su corazón, pero morirÃa un poco después. No llegarÃa ni siquiera al hospital vivo. No pudo declarar nada, No pudo decir nada. Entonces los detectives de la policÃa de Nueva Orleans comienzan a revisar el escenario. Las heridas son contundentes, gravÃsimas. La cabeza de Joseph está abierta prácticamente y se dan cuenta de otro detalle. Katherine además tiene una herida tremenda que recorre casi todo el cuello. Es un corte. Le han cercenado el cuello y prácticamente decapitado. Es una herida terrible. Encuentran numerosas huellas en el piso, en la sangre que está regada. Han marcado huellas en el suelo. Probablemente alguna de ellas sea de los hermanos Mayo. Las otras no lo saben. No hay ninguna cosa más, salvo por un dedo de hacia la parte de atrás. La puerta queda hacia el exterior. Está rota. Le falta uno de los cuadros de abajo. Los detectives se dan cuenta de dos o tres detalles importantes. El primero de ellos es que la puerta permanece cerrada por dentro, pero le falta este pequeño cuadro. No es muy grande. Escasamente tiene unos cuarenta centÃmetros de altura. Por unos treinta centÃmetros de ancho. El módulo de la puerta ha sido retirado, es decir, alguien con un sincel le ha roto el marco, la cosa que lo sostenÃa y ha quitado este tablero. Es una de esas puertas de madera que se hacÃan pegando trozos. Asà es que le ha quitado. Esto conforme siguen investigando, encuentran el arma homicida. Es un hacha estaba en el baño, en la bañera, en una bañera metálica que tenÃan está el hacha adentro y aunque la han intentado lavar, porque es evidente que la intentaron lavarla han metido al agua y lan enjuagado. TodavÃa conserva rastros de sangre y cabellos y materia ahà adherida, es decir, que aquello está obvio a la vista. Esta es el arma con la que han asesinado, pero mientras siguen hurgando por ahà también encuentran la navaja, la navaja con la que le han cortado el cuello a Katherine, y es un tipo de navaja utilizado en barberÃas. No es un arma homicida. Es una navaja sumamente filosa de esas que se abren y con las que se hace la barberÃa. Con esto le han cortado el cuello hasta el punto en el que le han atravesado también la tráquea tubo respiratorio. El tracto respiratorio estaba abierto. Esos eran los sonidos que habÃan escuchado los hermanos. Mientras están investigando, le preguntan a los hermanos si vieron algo. Andrew menciona que cuando llegaba a casa, alcanzó a ver a alguien como que salÃa, pero no está seguro. Estaba muy tomado. En cuanto a Jacke, él no ha escuchado nada más que aquellos sonidos feos. En la mañana, los detectives siguen buscando por aquà revolviendo y se dan cuenta de algo. La caja fuerte que tenÃa Joseph, donde guardaba su dinero y demás, está abierta y está vacÃa totalmente. Pero hay otro detalle. Aún cuando la caja fuerte está abierta, no fue rota, no está violada. Alguien la abrió, tuvo el tiempo para abrirla y sacar lo que estuviera dentro. Sin embargo, también le llama la atención otro detalle, y es que, debajo de la almohada de la cama de Joseph, en medio de aquella catástrofe, hay dinero. Estaba ahÃ. Es más, no hacÃa falta ser muy sabio para darse cuenta, porque sobresalÃa un poco y en otro de los cajones del armario y del Ropero hay dinero también y hay una cantidad importante, porque los mayo eran abarroteros de origen italiano, eran inmigrantes habÃan llegado de Italia, se habÃan asentado en Nueva Orleans y eran comerciantes prósperos. Vamos a decirlo de esa manera manejaban mucho dinero en Ebjetivo. Asà es que a los policÃas les asombra esto. Hay dos o tres cosas que les llama la atención. Primero, el hecho de que, si bien la puerta está abierta, le falta este cuadrito. No parece que hayan entrado por ahà el atacante o los atacantes no parecen haber entrado por ahÃ. El golpe mortal que acabó con la vida de Joseph fue de una fuerza tremenda y el golpe que mató y después el corte también es alguien muy fuerte. El hacha resultarÃa ser propiedad de los Mayo, es decir, que ese era un hacha que estaba en esa casa y el atacante la tomó y con ella los mató Esto no es tan raro. Tenga en cuenta que es mil novecientos dieciocho y la gran mayorÃa de las casas utilizan leña y para cortar la leña necesitas un hacha con la que cortas y sección los tronquitos que te traen y los vas metiendo a la estufa de leña. Asà es que el arma homicida estaba ahà la navaja. La navaja resulta ser un elemento tremendo. Uno de los compañeros de trabajo de Androw declararÃa que el dÃa anterior a los homicidios, Andrew habÃa tomado su navaja en el trabajo donde operaba como barbero y la habÃa llevado a casa. Cuando le preguntan a Andro, el declara sà la traje, porque tenÃa que hacerle una reparación. Por eso es que la traje es arrestado inmediatamente y acusado de homicidio. Claro, si no hay evidencia de que alguien haya entrado por la fuerza si no hay evidencia de otra cosa, y resulta ser que el hacha, el arma homicida era de la casa. Alguien tenÃa que saber cómo entrar y dónde estaba aquel elemento. Pero además, quién habrÃa atacado a la familia debÃa saber, por lo menos, cómo entrar cómo moverse. Asà es que las pistas están ahÃ, las pruebas están y determinan que pudo haber sido o bien Andrew con la navaja o Jake o los dos que habrÃan tenido alguna rivalidad, alguna cosa, algo pasó. Además, se suma ese detalle de que Andrews se habÃa ido de borracho porque estaba a punto de ser enviado a la Primera Guerra Mundial. Todo bonaba muy bien. Asesinas a tu hermano y en lo que son pitos o flautas, tú ya te fuiste a Europa a la guerra y por allá te escondes un ratito y no pasó nada excepto por algo. Y ese es un detalle que uno de los viejos detectives del cuerpo de policÃa de Nueva Orleans no puede dejar de traer a colación en ese momento. Y es que en mil novecientos once, unos siete años atrás, entre mil novecientos once y mil novecientos doce, esto ya habÃa ocurrido. HabÃa habido un total de cuarenta y nueve asesinatos muy parecidos en aquel momento. Los homicidios habÃan ocurrido no solamente en Nueva Orleans, sino en Luisiana en general y en Texas más hacia el sur oeste, y nunca se habÃa capturado al asesino. Los crÃmenes tenÃan mucha similitud con éste. El homicidio utilizaba un hacha que generalmente era la propia casa, asà que para alguien que ya habÃa visto esto le despertó inmediatamente un nerviosismo extraño. Esto tenÃa mucho parecido. Era el veintitrés de mayo de mil novecientos dieciocho y a pesar de que ya se habÃa inventado el sistema de la investigación pericial de las huellas de actilares, realmente nadie tomó muestras y echaron un vistazo por ahÃ. Pero como muchos de aquellos policÃas no estaban familiarizados con el método, probablemente solo echaron un vistazo y dijeron no hay huellas. No se hizo una investigación como tal en las pericias actuales. Como fuera. El hecho es que saliendo de la casa unas pocas cuadras, de ahÃ, en una pared de otro comercio se encontró un escrito hecho con gis con tiza que llamaba la atención porque descrÃa la señora Mayo se sentará esta noche como la señora Toney y resulta que la señora Mayo estaba muerta algo tenÃa que ver esto que era. Esto era un mensaje, era un aviso, era algún recado entre bandas criminales. Era un mensaje crÃptico del asesino hacia a sus jefes. Es de señalar que en los homicidios ocurridos en mil novecientos once también se habÃa atacado, sobre todo a sicilianos y a italianos. Se habÃa asesinado a los Cruti y Rossetti, a los Shiambra y si bien habÃa algún indicio de que se trataba de crÃmenes de la mafia, no quedaba claro, por supuesto, a los periódicos hicieron garras a la policÃa, llenaron notas por ciento. El picayun, que era el periódico local Bueno, publicó un artÃculo donde narraba con lujo de detalles cómo habÃan sido encontrados los cuerpos. Se hicieron dibujos de la época Y bueno, surgió mucho miedo. Y surgió mucho miedo porque Nueva Orleans, al igual que todo Louisiana, habÃan estado bajo control de la mafia. A finales del siglo XIX, la mafia venida de Italia habÃa comenzado a extorsionar a los comerciantes, sobre todo a los de origen italiano, dejando de lado a los judÃos y dejando de lado a los afroamericanos, que resultaban mucho más agresivos. La mafia italiana se habÃa centrado sobre los italianos a través de una famosa organización conocida como la mano negra. La mano negra. Lo que hacÃa era avisarte por medio de un enviado, generalmente un jovencito que venÃa a decirte oiga tiene que pagarle al jefe tanto dinero por poder trabajar si no lo hacÃa. En los dÃas siguientes, otro jovencito llegarÃa llevando consigo un trozo de cartón con una mano negra pintada. Esto era señal de opagas o te mueres y ocurrÃa. Sin embargo, la mano negra ya no estaba activa en ese momento, porque la gente de Nueva Orleans, incluidos los propios italianos, los afroamericanos, los judÃos, todos ellos se habÃan levantado cuando supieron que un jefe de la policÃa habÃa sido asesinado por intentar capturar a los lÃderes mafiosos. La gente de Nueva Orleans se levantó en armas, sacó de la cárcel a los que tenÃan presos que se sabÃa que pertenecÃan a la mafia y los ejecutó públicamente. Los linchó. HabÃa sido una carnicerÃa que ello acabaron con la vida de once supuestos criminales, a los que les dieron muerte en la plaza. Esto inmediatamente apaciguó el asunto. Los lÃderes mafiosos optaron por dedicarse a otros negocios y ya no habÃa mano negra. Pero esto se veÃa muy raro. Se trajo a la memoria aquello y comenzaron otra vez los rondines. La gente se fue organizando, habÃa personas viendo por las ventanas todo el tiempo. Pero esto no parecÃa servir de nada, porque, a pesar de que la policÃa intensificó los rondines, los vecinos comenzaron sobre él, todos los italianos a espiar por aquà y por allá y a escuchar los chismes, muchos de ellos dedicados al negocio de los abarrotes y el comercio. A pesar de todo esto, de nada funcionó porque algunos dÃas después habrÃa otro crimen. El seis de junio, un panadero que iba a entregar un pedido de pan encontrarÃa a Luis Bezumer, un hombre polaco de origen, polaco de cincuenta y nueve años, gravemente herido cuando aquel hombre, tras tocar en la tienda, no le abrió nadie. Fue a la puerta del departamento donde vivÃa. Luis toca la puerta, abre la puerta a Luis y resulta que Luis tiene la cabeza cubierta de sangre y está visiblemente dañado. Aquel hombre le dice llamaré a la policÃa, pero Luis, en su delirio, le dice no. No llames a la policÃa. No quiero que nadie lo sepa. Llama a un médico. Aquel hombre le importa un pepino. Sale corriendo, tira los panes a donde fue que pudiera y consigue un policÃa que vienen en medio. Resulta que Luis tenÃa un hachazo en la cabeza, pero su pareja sentimental ana esta herida de gravedad también tiene unas lesiones tremendas. El método habÃa sido exactamente el mismo. Cuando la policÃa llega y los detectives comienzan a revisar, se dan cuenta que el arma con la que habÃan herido a Luis y a Ana era un hacha y les pertenecÃa. Era su hacha con la que cortaban la leña. Pero además, el atacante habÃa quitado un panel de la puerta a las puertas eran muy parecidas y habÃa retirado. No habÃa roto hachazos la puerta, no la habÃa derribado como un animal, sino que cuidadosamente habÃa quitado este cuadrito de madera y habÃa atacado a Luis y a Ana. Es de señalar que también habÃa objetos de valor. Estaban ahà algunas joyas de Ana, habÃa dinero y no habÃa pasado nada. No se habÃa robado nada. De nueva cuenta. La policÃa no encuentra ninguno evidencia. Aseguraron que no habÃa huellas de actilares, pero tampoco hicieron el rastreo no sabÃan cómo hacerlo. Asà es que si hubieran visto algo por ahà una mano sangrienta, tal vez la hubieran identificado. Pero en ese momento no hay nada. Luis no quiere que intervenga la policÃa porque Ana no es su esposa y eso le puede traer muchos problemas. De hecho, Ana lo acusarÃa de haberle intentado matar. Al paso de los dÃas, Esta mujer acusarÃa a bessumer a Luis de ser él el atacante y ser un espÃa asegura que tiene un cofre lleno de cartas que están en alemán y en Gidish. Asà que es un espÃa. La mujer lo acusa de muchas cosas terribles, pero también habÃa un detalle. Era bien sabido que Luis y Ana se llevaban del demonio todo el tiempo, Se peleaban, se gritaban, se golpeaban. Ella era terrible, porque además era una matrona muy fuerte. Pero hay un problema. Además de todo esto y a pesar de las acusaciones de Ana, las lesiones que tiene Luis, no hay manera de que él mismo se las haya hecho. Vamos ni aún cuando hubiera agarrado el hacha y se hubiera pegado de hachazos, se hubiera podido golpar en la parte de atrás. El golpe habÃa sido con toda la intención de una tercera persona de matarlo. Afortunadamente, Luis no era muy bueno con aquello de afilar el hacha y esta no parecÃa ser exactamente un arma mortal, por lo que las heridas eran por el golpe contundente. A pesar de las acusaciones, Luis Bezumer no serÃa considerado como culpable ni mucho menos terminarÃa saliendo de ahà Y sÃ, finalmente, Luis Bezumer terminarÃa declarando que Efectivamente, Ana no era su esposa, pero esto qué importancia podrÃa tener, pues no ninguna realmente, pero estaba apenado por ello. Como fuera la buena amiga. Ana no sobrevivirÃa mucho tiempo, de hecho, en el hospital, seguirÃa dando nudos declaraciones, alocadas, señalando a uno a otro a otro y asegurando cosas delirantes hasta el dÃa de su muerte. Un par de meses después, las lesiones habÃan sido tremendas que daban muchas dudas acerca del caso. Cómo habÃa entrado el atacante, cómo es que bezumer no lo habÃa escuchado, cómo se habÃa metido. Pues y entonces comienzan a hacer algunas investigaciones, y las investigaciones, lejos de aclarar nada, dejan más preguntas, porque lo primero que se preguntan es cómo alguien pudo entrar por ese agujero Lo segundo que se preguntan es cómo es que entró y salió por ese agujero, porque la puerta, igual que en el caso de la familia mayo, estaba cerrada por dentro. Y no se imagine usted que le habÃan puesto el botoncito de la perilla. No se cerraba con un pasador y estaba cerrado por dentro. Asà es que el atacante de alguna manera habÃa entrado a la casa sin alterar las cosas y sin robarse nada. Pero durante el perÃodo en el que están investigando los policÃas afanosamente, de pronto ocurre otro incidente. Es el cinco de agosto y Edward Snyder vuelve a casa para ver a su esposa. Ella está a punto de dar a luz y este hombre está feliz de la vida, pero ha tenido que quedarse un rato extra en el trabajo. Asà que cuando regresa es tarde, llega a casa. Abre con su llave la puerta principal entra cierra y llama a su esposa, pero no hay respuesta, Asà que vuelve a llamarla y sigue sin haber respuesta preocupado. Sube a la habitación en donde la encuentra en el piso. CaÃda con un golpe terrible en la cabeza, sangrando horriblemente. Herida gravemente y a un lado tirada el hacha. El hacha es de él, es el hacha con la que corta la madera para calentar el agua para todo. Está ahà está herida de gravedad. El hombre sale corriendo a pedir auxilio y ella es llevada al hospital Urgentemente. LograrÃa dar luz, nacerÃa una bebita hermosa y sana. Afortunadamente, ella sobrevivirÃa con unas horribles lesiones. Obviamente, el patrón ha sido el mismo, es decir, que se han estado repitiendo los ataques de una forma alarmante. Este es el tercer ataque en muy poco tiempo. Siguiendo el mismo patrón, cabe señalar que Snyder ni era italiano, ni era comerciante, ni tenÃa negocios. Era un simple oficinista. Trabajaba en una fábrica como oficinista. Asà es que este sujeto era lo menos proclive a ser extorsionado por la mafia, porque no tenÃa ninguna forma de contactarlo. Era simplemente un empleado de nueva cuenta. La policÃa asegurarÃa que no faltaba nada, que no se veÃa destruida la casa. No habÃa ventanas rotas. Las ventanas seguÃan estando cerradas. Asà es que resultaba extraño. SeguÃa estando ese fantasma de los incidentes de mil novecientos once que, curiosamente, tal como habÃan empezado, habÃan terminado asà de mil novecientos once los primeros meses de mil novecientos doce y habÃan desaparecido, pero ahora habÃan vuelto a comenzar siguiendo este rutinario sistema. Y, por supuesto, en agosto diez, la situación se complica nuevamente porque a cinco dÃas del ataque contra la esposa de Snyder, dos chicas escuchan ruidos raros en su casa. Se trata de PolÃn y Mary Bruno, también italianas de origen italiano, que viven con su tÃo. Su tÃo es Joseph Romano, y esa noche escuchan algo que las despierta. Mary se siente en la cama y de pronto ve a su lado un sujeto muy alto vestido de negro, al que no le puede ver las facciones. Posteriormente dirÃa que era una persona afroamericana, pero en realidad no pudo ver de qué se trataba, porque todo estaba oscuro es de madrugada y estaban durmiendo. Ella se incorpora y junto a ella está este sujeto enorme parado junto a la cama, a la chica grita y grita horriblemente comienza a gritar en histeria. Su hermana se levanta, observa el sujeto y grita. Ya son dos mujeres que están gritando el sonido. Sono se debe de haber escuchado a tres cuadras de distancia en una madrugada silenciosa de Nueva Orleans en mil novecientos dieciocho. El sonido viaja enormes cantidades y el agudo grito de las jóvenes hace que el sujeto desaparezca. En ese momento, las chicas se incorporan y salen corriendo y se topan con el tÃo Joseph con la cabeza partida está de pie, el sujeto está vivo, está herido de gravedad horrible, todo bañado en sangre. El camisón de noche con el que duerme está cubierto de sangre. El tipo se tambalea lo logran sentar por ahà en una sillita en lo que llegan los vecinos y se sacuden de inmediato. Llega la gente y revisan aquello y bueno, se repite lo mismo. Pero la descripción hecha del atacante hace que fuera imposible haber entrado ahÃ. El agujerito de la puerta tiene veinte centÃmetros de ancho. Un niño quizá podrÃa haber entrado, pero un sujeto como el descrito por la buena amiga Polly y Mary definitivamente no habrÃa entrado por ese agujero. Es imposible. Pero, además, debe de haber sido alguien increÃblemente fuerte, porque el buen Joseph es un sujeto muy bien plantado, asà que no habrÃa sido fácil noquearlo. LograrÃa sobrevivir, según tengo entendido. LograrÃa sobrevivir, pero no pudo aclarar cómo era el atacante ni dar ninguna identidad ni mucho menos. Todo seguÃa el mismo patrón exactamente lo mismo diez de agosto de mil novecientos dieciocho y de pronto el asesino desaparece. La policÃa de Nueva Orleans con sn contacta con otras organizaciones de policÃa en toda la región de Luisiana, con gente en Texas, pero allá no han tenido ningún incidente. Más hacia el norte envÃan telegramas preguntando si han tenido algún ataque y no lo hay. Simplemente desaparece. Por supuesto que los policÃas no saben si esto es porque alguien lo atrapó y lo mató o si se arrepintió y ahora está escondido en alguna parte pidiendo perdón por sus pecados o si simplemente ya dejó de hacerlo porque acabó con una encomienda. Pero para la policÃa resulta muy extraño todo porque, en primer lugar, los crÃmenes siguen un patrón bastante parecido desarmar la puerta y meterse por ahà no hay evidencia de que hayan fracturado ventanas, no hay evidencia de nada utiliza como arma la propia herramienta que está en la casa. Todo esto genera muchas preguntas. Y en un lugar en donde hay boudú, vampiros, zombies y todo tipo de leyendas, aquello se vuelve un hervidero de leyendas Y hay quien asegura que el atacante en realidad es un vampiro, oh, sÃ, y hay quienes aseguran que es un ser sobrenatural, el mismo demonio. Incluso hay quien afirma que estas personas pertenecÃan a un culto misterioso y que por eso están siendo atacadas. Y hay toda una leyenda alrededor para para la la policÃa. Aquello, además, genera otro problema y es que tienen miedo de que esto sea pretexto, porque déjeme decirle que durante este perÃodo de tiempo de la historia era muy común que hubiera crÃmenes domésticos perpetrados con un hacha. Asà es que ahora, si alguien iba a lesionar a su esposa o a matar al vecino o a algún contrincante de amores, probablemente intentarÃa disfrazarlo como el atacante del hacha, porque en todas las casas habÃa hachas. Asà es que resultarÃa muy sencillo, pero al mismo tiempo, muy problemático para identificar qué rayos era si era en realidad un ataque o no, porque las personas, las personas que eran atacadas, no seguÃan el mismo patrón. AsÃ, por ejemplo, Schnyder no tenÃa nada que ver. No era barrotero Bezumen, Bezumer era barrotero, pero no era italiano era polaco. Entonces aquello se complica más. La policÃa no tiene más evidencias. En cuanto a los muchachos, a Jake Andrew y mayo se demostrarÃa que él no habÃa hecho nada, porque la navaja que efectivamente habÃa sacado de su trabajo, fue encontrada en su casa y, tal como habÃa dicho, la habÃa llevado para repararla o para hacer algo con ella y no tenÃa huellas de sangre. Asà es que la navaja con la que habÃa sido degollada Qtzar en mayo no era la de Androw, era otra y tampoco se identificó de quién era. El tiempo va pasando y el atacante no ataca, no serÃa sino hasta marzo, el diez de marzo de mil novecientos diecinueve, unos meses después. De hecho, habÃan pasado por lo menos unos seis meses, cuando se repite un incidentes en la casa de los cortinglea. La familia Cortindea Rosey es encontrada, sentada en el piso con una herida tremenda en la cabeza, con el cuerpo de su niña muerta en brazos. La pequeña de dos años habÃa sido ascens sin nada. Su esposo está detrás de ella con una herida tremenda en la cabeza, sangrante desangrándose ahà los Cortible era una familia de inmigrantes italianos que tenÃan un negocio también y ahora están en esa situación. La policÃa llega cuando uno de los vecinos de apellido giordano hace que vengan los Giordano dos hermanos que vivÃan en la casa de al lado. Al escuchar algún tipo de sonido inusual, habÃan acercado el oÃdo a la pared y habÃan escuchado algunos golpes, algún movimiento, algo que caÃa pesadamente y se atreven a tocar la puerta. Al no abrirles nadie giran la perilla y entran encontrando aquel cuadro. Llaman a la policÃa. Inmediatamente llegan los policÃas. La señora Cortinglia sobrevivirÃa. La nena está muerta dos añitos y un golpe fulminante a la parte trasera de la nuca ha terminado con su vida. En cuanto al esposo, tengo entendido que también llegarÃa muerto al hospital. La señora sobrevivirÃa, pero cuando recupere el conocimiento, cuando ya puede declarar lo que hace es inmediatamente acusar a los Giordano de ser los homicidas. La policÃa los detiene de inmediato. La acusación es tremenda. Ella asegura que fue uno de los hermanos Giordano el que mató a su esposo y el que mató a su niña con el hacha de la casa. Los jordan no aseguran que ellos no saben nada, pero van a dar a la prisión y son acusados, al igual que al inicio con nosotros. Son acusados de homicidio. De hecho, durante todo este perÃodo de tiempo, cuando transcurre desde que los apresan, los mandan a prisión y los mandan a juicio. Uno de ellos, el hermano mayor, fue sentenciado apenas de muerte. Llegó a estar en la fila de los mudo que iban a morir. El otro habÃa sido sentenciado acá en cadena perpetua. Tan grave era la acusación de esta mujer que consideraron que con eso habÃan terminado el caso. Es decir, los jordanos eran los asesinos, aunque de nueva cuenta no quedaba claro cómo habÃa ocurrido. Todo eso no tenÃa sentido. Los jordano sà habÃan tenido algunos conflictos con los cortingla, pero eso era muy común. Entre italianos. Se alegaban, se gritaban, se manoteaban, se decÃan de cosas, etcétera, etcétera. En ese momento, sin embargo, ocurre algo todavÃa más extraño y muy propio de Nueva Orleans, y es la Carta del Jazz. La Carta del Jazz fue una carta enviada al periódico local en donde alguien que escribÃa desde el infierno tenga en cuenta que ya habÃa salido la historia de ya que el destripador, unos años atrás, aseguraba que cierta noche, el diecinueve de marzo, a las doce con quince de la noche iba a volver a atacar, pero que si en el lugar que iba a atacar habÃa jazz, no atacarÃa porque a él le gusta mucho el jazz y deseaba escuchar buen jazz. Asà es que todas aquellas casas que estuvieran tocando jazz no habrÃa ningún ataque la carta se hizo pública y, por supuesto, la noche del diecinueve de marzo de mil novecientos diecinueve, Nueva Orleans estaba bullicioso. Como nunca, en cada casa habÃa alguien tocando algo lo que fuera, pero que se oyera a jazz. Claro está que mucha gente no tenÃa un fonógrafo o algo para tocar música. Asà es que todo mundo se puso a tocar algo. Es de señalar que durante aquella noche del diecinueve de marzo no hubo ningún muerto, pero habÃa jazz para todo el mundo. El asunto siguió en calma y no serÃa sino hasta el diez de agosto cuando habrÃa un nuevo ataque, esta vez serÃa contra Steve Baco. Este hombre serÃa atacado igual con las mismas caracterÃsticas, excepto que en esta ocasión la habitación sà habÃa sido saqueada. Se consideró que podrÃa haber sido un asesino replicante, es decir, una copia, porque habÃa habido un robo. El ataque habÃa sido muy parecido. Pero no pierda de vista que los periódicos ya habÃan hecho gala de informaciones acerca de el modus operandiris, decir, de la forma en la que atacaba el asesino. Asà que cualquier ratero común podrÃa haber hecho esto. El tres de septiembre de mil novecientos diecinueve, Sarah Lowman habrÃa sido atacada, lograrÃa sobrevivir, pero todo habÃa sido muy parecido. La policÃa seguÃa sin encontrar evidencias, las puertas abiertas. En el caso de Sarah, no habÃa ningún robo, no habÃa ningún faltante. Para octubre. El veintisiete de octubre, Mike Pepitone es encontrado por su esposa muerto. VivÃan en habitaciones separadas. En un mismo lugar. Ambos eran abarroteros, tenÃan negocios. Les iba bien. La señora Pepiton escucha una serie de sonidos raros procedentes de la habitación de Mike y cuando va para allá, lo encuentra muerto. El ataque habÃa sido fulminante. Lo habÃa acabado completamente. La señora Pepitone la madre de varios hijos. Asà es que aquello acaba con ella y es de señalar que cuando la policÃa llega revisa minuciosamente y de nueva cuenta, no falta nada. Mike Pepitone solÃa guardar el dinero producto de la venta de los dÃas y sus ahorros abajo de su almohada, y ahà estaba habÃa dinero. En otras partes no faltaba nada y resultaba nuevamente increÃble. Cómo podÃa alguien haberse metido en la habitación sin que Mike lo escuchara y sin dejar ningún rastro, no volverÃa a ver más ataques. Es curioso, pero, al igual que en mil novecientos doce, de pronto el atacante desaparece como si la neblina lo hubiera envuelto y no se volviera a ver. Por supuesto, la leyenda del atacante paranormal crece y hubo incluso rituales. Se contrató a una hechicera Boudu por parte de los comerciantes italianos para que realizaron una especie de conjuro que acabara con el ataca atacante del hacha. Por su parte, la comunidad judÃa de Nueva Orleans organizó unas partidas de búsqueda. HabÃa guardias incluso armados, aunque no se veÃa que estaban armados. HabÃa guardias armados esperando en las esquinas. Se contrató mujeres sà de las chicas que trabajaban en las calles para que pusieran atención y cualquier rumor que escucharan, lo informaran, les pagaban por ello, pero no hubo más. No hubo más ataques. A principios de mil novecientos veinte, la señora cortimblea la que habÃa acusado a los jordano de haber asesinado a su esposo y de haberla atacado a ella y todos aquellos horrores, terminarÃa declarando que se habÃa equivocado y que, en realidad, bueno, no eran ellos, pero que le caÃan tan mal que los habÃa acusado y que le daba mucha pena, pero que habÃa tenido un éxtasis mÃstico y que, por lo tanto, habÃa decidido decir la verdad. Por lo tanto, los jordan no fueron exonerados inmediatamente y enviados a su casa con un sobresalto enorme, porque el mayor de ellos ya habÃa sido sentenciado apenas de muerte. ImagÃnese, usted, las preguntas quedaban ahÃ. Qué era esto, cómo atacaba, cómo es que se metÃa a las, cómo sabÃa dónde estaba el hacha. Bueno, las respuestas no eran tan difÃciles donde pone usted un hacha cerca de la leña. Asà es que este hombre llegaba, identificaba la leña, quitaba un tablero de la puerta, metÃa la mano y abrÃa la puerta. Perfecto, excepto que durante las pruebas que se hicieron una especie de recreación, aún los policÃas más delgados no alcanzaban a meter la mano y abrir la puerta. Se intentó probar con alguno de ellos que fuera de talla pequeña, pero no podÃan entrar. Se intentó con un niño. Un niño sà podÃa entrar. Entonces se pensó que quizá el atacante utilizaba un niño para que abriera la puerta, entraba, asesinaba y después salÃa por esa puerta. El niño cerraba por dentro y salÃa so o sonr taba lógico, pero quién era cómo es que no habÃan encontrado ninguna evidencia. El hecho es que no la encontraron, pero los ataques dejaron de estar ahà salvo por un detalle. El dos de diciembre de mil novecientos veinte, la policÃa de Los Ãngeles, California arrestó a la señora Pepitone. Este re Pepitone, la esposa del difunto Mike Pepitone, en Los Ãngeles, California, y la arrestó por haber asesinado a tiros a un sujeto de apellido Munfer, Joseph Mumfer. Se supo que cenará su nombre. Lo habÃa asesinado a tiros asegurando que este era el hombre que habÃa matado a su esposo. Y resultaba, por demás, conspicuo porque la señora Pepitone habÃa salido de Nueva Orleans cuando murió su esposo habÃa dejado todo aquello y se habÃa ido a vivir con su hermana a Los Ãngeles. Estando allá, Mufer fue y tocó la puerta para decirle que su esposo le habÃa quedado de ver dinero y que tenÃa que pagarlo. Mufer era de los viejos de la mafia. HabÃa estado relacionado con la mano negra. Asà es que la señora Pepitone, sin pensarlo dos veces, saca un arma y le pega once tiros. Asà es que habÃa acabado con el sujeto. Lo curioso es que la pistola solo tenÃa capacidad para seis balas, lo que refleja que la señora Pepitone volvió a cargar el arma y siguió disparándole. Se entiende que no hay nada más peligroso que una mujer enojada. El hecho es que Mufer terminarÃa sus dÃas ahÃ, después de haberle vaciado la pistola encima la señora se sentó a un lado y esperó a que llegara a la policÃa. Fue arrestada por el asesinato y fue enviada a juicio. Varios de los disparos habÃan sido por la espalda y cuando el hombre ya estaba tirado ahÃ, asà es que se le acusó de homicidio. Sin embargo, según algunas versiones, ni siquiera pisarÃa la cárcel por una sencilla razón, porque la señora acababa de matar al asesino del hacha A partir del momento en el que este sujeto cae muerto. No vuelve a haber más homicidios en Nueva Orleans. Se acabó completamente y luego la propia policÃa se da cuenta de un pequeño detalle. Munfer habÃa estado preso a partir de mil novecientos doce y habÃa sido liberado en mil novecientos dieciocho, justo antes de los homicidios del inicio de la segunda ola era miembro de la mano negra. Asà es que la intuición de los primeros policÃas era correcta, o por lo menos es lo que se cree que el asesino del hacha era este y la señora Pepitone lo habÃa despachado directamente al infierno a dónde pertenecÃa. Pero hay una versión todavÃa más interesante y es que se cuenta que la señora de Mike Pepitone, enojado ofendida por el asesinato de su esposo, habrÃa comenzado a rastrear a mujer asà tal cual ella habrÃa hecho la investigación, habrÃa ido preguntando aquà y allá, habrÃa ido consultando a las personas que sabÃa que podÃan haber sido extorsionadas y habÃa ido preguntando una y otra vez y en cada ocasión habrÃa ido anotando las cosas y habrÃa ido siguiéndole la huella a este sujeto hasta Los Ãngeles, California, en donde teóricamente estaba escondido y ahà lo habrÃa asesinado. Hay versiones muy diferentes, pero lo que es un hecho es que entre las pertenencias de este sujeto habÃa una libreta con una lista de casi mil inmigrantes italianos. Algunos de ellos estaban tachados precisamente los que estaban muertos. Asà es que el asesino del hacha en teorÃa habrÃa quedado identificado y no habrÃa sido capturado nunca porque la señora pepe lo habrÃa matado. Claro que la otra versión asegura que no, que la señora Pepitone mató a un extorsionador común, pero que el asesino del hacha en realidad nunca fue capturado porque, por ejemplo, Snyder y Bezumer no estaban en la lista. Sus casos fueron con el mismo método. No habÃa robo habÃan sido ejecutados literalmente y la Carta del Jazz habÃa muchas preguntas que nunca se resolvieron. Los crÃmenes del asesino del hacha de Nueva Orleans hasta hoy en dÃa están registrados como casos no resueltos. Asà que el hecho de que la señora Pepitona haya matado al supuesto asesino no asegura que en realidad ese tipo fuera el atacante. Asà es que caso que aún no se resuelve. Pero si usted me pregunta si este es el único caso del asesino del hacha, no claro que no. También está el caso del asesino del hacha de Ilisca. Hay el asesino del hacha de Chicago, que también genera un multi homicida. Quéopero más o menos en el mismo tiempo. Asà es que, si usted me lo permite, se lo voy a platicar en otro momento, porque ahora vamos con los saludos y queremos mandarle un saludo muy muy fuerte a un amigo nuestro Alberto Bertoto. Ãl esté en Argentina y le manda un fuerte abrazo a su amiga, la señora Isabel, y nosotros le mandamos ese abrazo fuerte a ambos Al verto siempre nos manda materiales muy valiosos, documentos poco conocidos, investigaciones poco conocidas que son interesantÃsimas. Le agradecemos mucho. También queremos mandarle un saludo muy cordial a Edgar Torres. Ãl felicita a su mamá, que cumplió años y ellos están en Aguascalientes, México. La mamá es Carmen Castillo. Muchas gracias por acompañarnos. Carmen, gracias por escucharnos un abrazo fuerte. Queremos también mandarle un fuerte abrazo a nuestra amiga Biccat y yo para todas las personas que participan en el chat saben quién es bicaat La han visto ahà desde hace un año. Siempre está participando y nunca le hemos mandado un saludo. Asà es que nos da mucha pena y en esta ocasión le mandamos un fuerte abrazo y decirle que nos da mucho gusto verla, al igual que todos los demás amigos, que siempre les mandamos saludos, pero a ella no le habÃamos enviado uno. Le agradecemos siempre su compañÃa y claro tenemos por aquà otros saludos y felicitaciones. PermÃtame usted queremos mandarle un fuerte abrazo a ValentÃn, a Jiménez y a su papá Pedro Jiménez. Pedro Jiménez cumple el veintitrés de julio. Asà es que ya estamos unos pocos dÃas. Por eso le mandamos un fuerte abrazo de una vez ellos se quieren mucho, aunque él es un enojón. Bueno, qué padre no es enojón. Asà es que va el abrazo para allá. Muchas gracias por acompañarnos. Guadalupe Hernández saluda a su hija, Virginia, cadena que cumple hoy o no cumplió ayer. Qué pena, Virginia. Le mandamos un abrazo muy fuerte. Gracias por escucharnos, aunque sea un dÃa después. Claro que también le mandamos un fuerte abrazo a Lady Cabrera. Lady Cabrera nos escucha en su oficina con su jefe. Asà es que le mandamos un fuerte abrazo también al jefe jefe de Lady Gracias por escucharnos, aunque sean voluntariamente, porque lo que hace es que escucha lo que está oyendo Lady. Asà es que, bueno, nos da mucho gusto para Sasha Galpon. Saya Galpon, esté en Alemania. Por favor, cuÃdate. Muchos sabemos que hay por allá unas inundaciones durÃsimas y su cumpleaños es el dieciocho, Es decir, en un par de dÃas. Le mandamos un fuerte abrazo. Ojalá esté muy bien y muy segura Ahorita en este problema de lluvias. Gracias por acompañarnos un abrazo hasta Alemania. Mucha suerte, nos escuchamos muy pronto buenas noches y que descansen en paz o







