Feb. 9, 2024

El Espíritu Del Túnel En Villa De Álvarez (Colima) Historias De Terror - REDE

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El espíritu del túnel. Mi nombre es Sandra. Cuando era pequeña, vivía en la ciudad de Guadalajara. Tenía como diez años. Cuando a mi papá lo trasladaron a otro centro de trabajo, habían abierto una sucursal en Colima. A mi padre le aumentaron el sueldo y la renta de la casa corrió por parte de la empresa. Así fue como nos fuimos a vivir a Villa de Álvarez, en el estado de Colima. Al principio veníamos con mucha frecuencia a Guadalajara, porque la mayoría de nuestros familiares se encontraban ahí. Con el paso de los años, cada vez íbamos muy poco, pero a mí me gustaba visitar a la tía Adela, hermana de mi madre. Ella vivía en el municipio de Tonalá, y aunque este municipio pertenecía a la zona metropolitana de Guadalajara se diferencia de los demás porque conserva parte de sus tradiciones ancestrales. Cuando tenía diecisiete años años, tuve las vacaciones de Semana Santa y de Pascua. En la preparatoria les dije a mis padres que era una buena ocasión para visitar a la familia, pero a ellos sólo les habían dado el viernes Santo y el sábado de Gloria para descansar, así que me dijeron que no iríamos, pero como yo quería hacerlo, les dije que me podía ir a la casa de la tía adela a pasar las dos semanas. Ellos estuvieron de acuerdo y partí de colima el domingo de ramos por la mañana. Llegué al mediodía a la casa de mi tía y mis primas. Ellas me recibieron con gusto. Me dijeron que me preparara porque íbamos a ir a misa de ramos. Ellas ya tenían sus palmas para bendecirlas. Pensé que iríamos al cerro de la reina. Sin embargo, mi prima luz me dijo que a mi tía Adela le gustaba más ir a la parroquia de nuestra señora del perpetuo socorro, porque el sacerdote de esa otra colonia daba las homilías muy bonitas. Además, mis tíos ya habían hecho amistad con el sacerdote en ocasiones lo lo invitaban a desayunar o a cenar a la casa. El templo no quedaba muy lejos de la casa de mis tíos. Podíamos hacerlo caminando, pero mi tío Pedro dijo que era mejor llevar el auto. Ya no tenían tanto tiempo y preferían llegar a buena hora. La casa de mis tíos estaba ubicada en la calle de Santa Rosa para llegar a la Iglesia, era necesario cruzar la autopista a Zapotlanejo para no tener que rodear. Tanto, había un túnel que estaba por debajo de la carretera. Por ahí se podía llegar a la colonia rey Cholotla, así que mi tío se fue por ese camino. El túnel era muy estrecho y oscuro Sólo cabía un auto y tenía una banqueta muy angosta en su interior para las personas que lo cruzaran caminando. No tenía nada de iluminación, así que imagino que en la noche sería una boca de lobo. Era la primera vez que pasaba por ese puente y que entraba a esa colonia. Cruzamos la avenida Tonalá y continuamos por la calle El Lucio Cabañas. Estuvimos en el templo por más de dos horas porque la misa se alargó mucho con la bendición de Las Palmas. Cuando salimos del templo ya era de noche. De nuevo, mi tío tomó la misma ruta de regreso. Mi tía le sugería que se fuera por otro camino porque ya estaba oscuro, pero él dijo que no era necesario. Era un lugar por el que transitaban con mucha frecuencia, así que no le hizo caso a mi tía. Llegamos al túnel para cruzar, pero tuvimos que esperarnos, porque un coche venía. En sentido contrario, mientras esperábamos, vi a un señor que también trataba de entrar al túnel. Él lo haría caminando. Me pareció riesgoso que lo hiciera detrás del coche que esperábamos que pasara. Se vinieron otros más Cuando nos tocó nuestro turno. El señor nos secundó y también entró. Era un hombre joven, aunque él iba con un bastón y caminaba muy lento pasamos muy cerca de él. Se nos quedó viendo fijamente. Yo me volteo para verlo por la parte de atrás del auto, pero él ya no estaba. Le dije a mi prima que el señor había desaparecido, pero ni siquiera me hizo caso. Mi prima llevaba sus audífonos puestos. Creí que el túnel tenía un hueco en el que el hombre pudo haberse ocultado, por lo que le resté importancia. Antes de llegar a casa, mi tío nos invitó a cenar unos tacos. La taquería estaba en la esquina de la avenida Tonalá. Mientras comíamos, un hombre se me acercó y me dijo rosa. Trató de abrazarme. Me levanté de inmediato de la silla. Mi tío intervino. Le dijo al hombre que me estaba confundiendo. Yo no era la persona que él buscaba, ni siquiera lo conocíamos el extraño. No supo qué responder. Me vio fijamente y después se fue ese hecho que tuve con el hombre. Me generó inquietud porque sentí que él sí sabía quién era yo. Pero ya no quise hablar de ese asunto Con mi familia. Nos fuimos a la casa a descansar. Había sido un día muy ocul Me sentía cansada. Le dije a mis tíos que me iría a dormir. Ellos aún iban a ver una película juntos, pero yo no quise hacerlo. Me fui a mi habitación, Me puse mi ropa de dormir y me acomodé sobre la cama mientras escuchaba música con mis audífonos. La ventana que daba a la calle tenía persianas que se encontraban cerradas. Me levanté para abrirlas un poco y que entrara la luz de la luna, ya que ese día había luna llena. Abrí un poco las persianas me iba a acostar. Cuando vi a un hombre parado a un lado del poste, se encontraba como estatua. No se movía, pero su cara estaba volteando hacia donde me encontraba. No podía saber con claridad si me estaba viendo, porque la luz de la luna no era suficiente para verle el rostro. Dejé las persianas abiertas y me fui de nuevo a acostar. Mientras seguía entretenida en el celular. No me percaté de que el hombre se había cruzado la calle y estaba fuera de la ventana. Viéndome fijamente. En el momento en que lo vi detrás de la ventana, me asusté salté de la cama a tal punto que se me cayó el celular. No supe si correr a decirle a mi tío o simplemente esperar a que se fuera, porque desde el lugar en el que me encontraba. Pude verle el rostro. Era el mismo hombre que me había abrazado en la taquería. Me asusté de sólo verlo. Tuve el impulso de gritarle a mi tío para que lo corriera de ahí, pero como si el hombre adivinara mis pensamientos, se sonrió macabramente y se fue. Estuve durante varias horas con miedo a que fuera a regresar. Ya no sucedió, pero su rostro se había quedado grabado en mi mente. No sabía el motivo por el que ese hombre me estaba siguiendo. Los días siguientes, al domingo de ramos visitamos el museo, fuimos a comer a tlaquepaque al Parian mientras escuchábamos la música de Mariachi. También estuvimos en el cine para el jueves Santo. Mis tíos me dijeron que íbamos a visitar los siete templos. Estuvimos rondando cerca de la casa los templos más cercanos. Al final fuimos al de nuestra Señora del perpetuo socorro. De nuevo pasamos por el mismo túnel. Mientras estábamos en el templo, comencé a sentirme un poco mal. Sentí náuseas y me salí de la iglesia. Me quedé durante unos minutos sentada cerca de un árbol. Un hombre vestido formalmente de negros se acercó a mí. Tuve el impulso de retirarme del lugar porque inmediatamente lo reconocí era el mismo hombre que había visto en la ventana. Volteé a todos lados para pedir ayuda en casa. De necesitarla. El hombre me tomó del brazo y me dijo que no me fuera, que no quería dañarme sólo necesitaba mi ayuda. Me solté de su mano y me fui corriendo. No confiaba en él. Me detuve en la entrada del templo cuando lo busqué ya no estaba. Se había marchado. Al poco tiempo salieron mis familiares. Me acerqué con mi prima Cecilia para decirle lo que me había sucedido. Le dije que no sabía por qué motivo ese hombre me seguía. Si no lo conocía, nunca lo había visto en mi vida. Creo que Cecilia me vio muy asustada porque me dijo que algo haríamos al respecto si ese hombre continuaba molestando. Nos fuimos del templo después de las diez de la noche, porque mis tíos siguieron platicando con el sacerdote. El regreso por el túnel. Ya me daba miedo. A mi tía no le gustaba pasar por ahí, porque decía que en la noche se juntaban muchos vagos, precisamente porque estaba muy oscuro y que era exponerse mucho. Pero a mi tío no le importaba pasar por ahí, porque evitaba el tráfico y acortaba el camino. Al momento en que pasamos pude ver a la distancia. Al mismo hombre parado le hice una señal a mi prima le señalé con mi mano el lugar en el que se encontraba. Ella asintió y me dio una palmada en la espalda como señal de que me entendía muy bajito. Le dije que sí. Me permió mi tía dormir en su habitación o que ella durmiera conmigo. Me dijo que ella se iría a mi habitación, por en caso de que el hombre se apareciera en la ventana, algo se nos ocurriría hacer. Esa noche me sentí más tranquila porque había encontrado a alguien de la familia que me entendía y que además me iba a apoyar, y no porque mis tíos no me creyeran, sino que solamente le daban crédito a sus ideas religiosas. Durante la noche dormía profundamente cuando de manera inesperada desperté las persianas de la ventana estaban cerradas porque no quise ver a ese hombre de nuevo parado afuera. Tuve el impulso de asomarme con discreción en la ventana. Sólo levanté una pestaña de la persiana sin prender ninguna luz. No lo podía creer. El hombre estaba ahí afuera cerca del cancel. Aún traía el mismo traje que cuando se acercó conmigo en el atrio del templo. No sucedían otras cosas, pero su sola presencia me generaba miedo. Antes de que amaneciera de nuevo, me asomé a la ventana con discreción, pero el hombre ya no estaba por la mañana fuimos al templo a las celebraciones del Viernes Santo, el centro de Santa Cruz de las Huertas. Se encontraba con muchas personas que íbamos a caminar hacia el cerro de la Reina. Mientras estábamos en la procesión, escuchaba que alguien mencionaba mi nombre. Busqué entre las personas, quién era la persona que me hablaba por mi nombre, pero no encontraba entre la multitud quién podía ser. Varias veces escuché como en susurro, la voz de un hombre. En esta ocasión no vi al hombre que se me estaba apareciendo, pero casi estaba segura de que se trataba de él. Me fui más cerca de con cecilia para decirle lo que me acababa de suceder. Ella le dijo algo a mi tía y nos salimos de la procesión. Mientras caminábamos hacia otro rumbo. Me dijo que tenía que decirme algo sobre un so suceso que aconteció ya hacía varios años. Cecilia me dijo que en el puente que conectaba a Santa Cruz de las Huertas antes era un lugar en el que se juntaban los indigentes llegaron a pasar todo tipo de cosas. Hace como cinco años se encontraron el cuerpo de un hombre muerto. Se cree que le quitaron su vida en un ritual satánico y que por eso el espíritu de esa persona no ha podido descansar. En el momento en que Cecilia me contó esa historia, recordé que el hombre me pidió que lo ayudara. Le dije a mi prima sobre eso. Ella me dijo que no estaba segura si se trataba de él. Era necesario preguntar más, sobre todo a los vecinos de ese lugar. Ellos sabrían más lo que sucedió. Lo que mi prima desconocía era porque me había elegido a mí, porque ni siquiera a ellas que habían vivido todo el tiempo en Santa Cruz de las Huertas habían sabido de que el espíritu de ese hombre se apareciera como aún no pasaban de las doce del mediodía. Las dos creímos que era buen momento para ir al puente, ya que las veces que lo habíamos atravesado había sido por la noche. Nos fuimos hacia el puente que no quedaba muy lejos de ahí. Mientras caminábamos, le pregunté a Cecilia si era común que en esa zona hicieran rituales satánicos. Ella me respondió que era común que entre los pobladores tuvieran ese tipo de creencias, que en la colonia, que antes era un pueblo apartado de Guadalajara, existieran dos tipos de creyentes, los que profesaban la religión católica y los que preferían hacerlo con otro tipo de dioses. En ese instante pensé que aunque la tía Adela era hermana de mi mamá, las dos eran muy distintas, ya que mis padres no eran personas religiosas, pero tampoco tenían otro tipo de creencias. Por eso, para mí era nuevo la profesión de fe que hacían mis familiares en ese lugar, así como el otro lado de la moneda, las creencias oscuras. En pocos minutos llegamos al puente por encontrarse debajo de la autopista. Estaba oscuro, no tanto como en la noche, que todo se veía muy negro. Entramos caminando despacio, viendo todos los detalles del lugar. Al fondo vi una cruz. Caminé hacia ella. Era una cruz de madera desgastada, pero todavía se alcanzaba a distinguir. Sólo una fecha cuatro de abril de dos mil dieciocho, mi prima se fue detrás de mí. Le tomamos una foto a la cruz. También fuimos con alguno de los vecinos del lugar. Una mujer que trabajaba en una tortillería nos dijo la verdad a un hombre de cuarenta años lo habían encontrado muerto, le habían quitado sus órganos. Su cuerpo apareció dentro del túnel. Lo que no supieron fue si lo mataron en ese lugar o solamente dejaron su cuerpo tirado ahí. De cualquier forma, hubo quien puso una cruz en su memoria. Ese era el principal motivo por el que mucha gente decidió no pasar por el túnel. En cuanto oscurecía la mujer, nos dijo que o que aunque ella había vivido todo el tiempo ahí, a partir de que encontraron a ese hombre. Trata de no pasar por ese lugar, porque hay personas que dicen que en cuanto oscurece un hombre vestido de traje oscuro se aparece y que todas las madrugadas anda rondando en el túnel. Incluso hay personas que dicen que ha intentado hablar con ellas, pero no se detienen. El miedo las hace correr. Después de que platicamos con esa mujer, nos dimos cuenta que era un hecho conocido en esa colonia. Sin embargo, no había trascendido más allá de esa zona, porque ni siquiera mi prima ni su familia estaban enterados del suceso. Nos fuimos de ahí entendiendo, tratando de entender lo que me estaba pasando. Cuando llegamos a la casa, mis tíos, junto con mis otras dos primas, no habían regresado por lo visto el evento al que habían asistido era más largo de lo planeado. Le dije a mi prima que no sabía qué iba a hacer al respecto. Era una verdad que al hombre lo habían matado y que su alma seguía vagando sin poder trascender, pero no sabía qué quería de mí. Ese mismo día, viernes por la noche, salimos a otro de los eventos religiosos en la colonia, la Marcha del Silencio. Su nombre era debido a que todos marchaban sin emitir ningún sonido vestidos de color negro. Mientras caminaba al lado de Cecilia, comencé a escuchar un murmullo fuerte. Hasta lo que sabía se llamaba marcha del Silencio, porque era una manera de manifestar el luto por la muerte de Jesús. Sin embargo, yo empecé a escuchar un murmullo cada vez más intenso, como si un grupo de personas se encontrara hablando, pero no veía a nadie le dije a Cecilia si ella también lo podía oír. Ella me respondió que no. Me puse mis manos en mis oídos tratando de ya no escuchar ese sonido, pero estaba latente todo el tiempo. Me salí de la procesión detrás de mí. Se fue mi prima. Mientras trataba de tranquilizarme, me dijo que los viernes santos por la noche salen muchas de las almas que no han podido descansar y que yo era capaz de poder sentirlas y de escucharlas. Ese día era reconocido por el Demonio como el día de su triunfo. Las palabras de Cecilia me dieron mucho miedo, porque cada vez oía más de cerca ese ruido. Le dije que nos fuéramos de ese lugar, nos retiramos a la casa, pero esas voces nos siguieron hasta allá. Después de unos minutos, todo quedó en silencio, pero sólo fue un momento porque comenzaron a tocar en la puerta con insistencia a través de la ventana pude ver que se trataba de ese hombre. Le dije a Cecilia que no abriera la puerta porque él estaba afuera. Desde ahí podía ver su rostro real con una cara transfigurada por el paso del tiempo y de la muerte en un rato. Todo quedó en silencio. El hombre se había ido y ya no escuchaba nada enseguida. Llegaron mis tíos. Ellos vieron el miedo en nuestras caras. Les dijimos todo lo que sabíamos y lo que había sucedido un poco antes. Ellos propusieron llevar al sacerdote a la casa para que la bendijera y que también hiciera algo conmigo. Le hablaron al sacerdote de la Iglesia de nuestra Señora del perpetuo socorro. Él dijo que eran días muy ocupados y que esa noche no podía ir, pero lo haría al día siguiente. Por la mañana. Esa noche nos fuimos a dormir temprano. Había sido un día difícil. Antes de que fuera la medianoche escuchamos que tocaban de nuevo en la puerta. Eran unos golpes fuertes e insistentes. Mi tío se levantó, nos hizo la señal de que nos mantuviéramos en silencio por la ventana. Trató de ver quién era, pero por lo oscuro no pudo, pero la insistencia nos ponía muy nerviosos. Mi tío gritó que se fueran de ahí que no pensaba abrir la puerta. En cuanto dijo eso, las manifestaciones comenzaron a suceder en la casa. El perro que tenían mis tíos se puso a aullar por más que le decíamos que se callaran, no entendió la luz de la sala. De repente se en la ró Entendió enseguida. Comenzó a parpadear mientras los golpes en la puerta se intensificaban más. Yo me abracé de mi tía que trataba de darme confianza y seguridad, pero ella también estaba temblando igual que yo. De pronto las voces nuevamente llegaron, pero en esta ocasión todos las podían escuchar, porque vi a mis tíos que se voltearon a ver entre ellos. Así estuvieron las voces como por diez minutos. Quizás fue por menos tiempo, pero a mí me pareció que pasó mucho rato. Mi tío de inmediato dijo que eso era algo del demonio. En su casa tenían crucifijos y agua bendita por su gran religiosidad. Mi tía fue a su habitación a sacar unos rosarios. Nos dio uno a cada una de nosotras. Mientras ella oraba con uno en las manos. Mi tío también rezaba al mismo tiempo que echaba agua bendita a la puerta. No sé si eso que hicieron surtió efecto, pero las voces se disiparon y los golpes en la puerta cesaron. Después que dejamos de escuchar las manifestaciones, mi tío sugirió que nos pusiéramos a rezar la verdad era algo en lo que no creía, pero no pude decirles que no. Entre todos comenzamos a recitar las oraciones del rosario. Cuando concluimos nos esperamos por otro rato todos juntos con la esperanza de que los eventos no regresaran. Ya no sucedió nada. Mi tío nos dijo que nos fuéramos a descansar. Al día siguiente iría el sacerdote. Él haría lo necesario ante lo que ocurrió nos fuimos juntas Cecilia y yo, aunque las dos no creíamos que eso iba a ser suficiente. La casa se quedó oscura y en silencio. Por un momento pensé que todo terminaría. Sin embargo, poco antes de que amaneciera me despertó una sensación de temor. En efecto, en la ventana estaba el mismo hombre. Viéndonos desperté a mi prima. Ella también lo pudo ver. El hombre de pronto abrió su boca tan grande e hizo su cabeza hacia atrás. No entendí qué significa eso, pero sí fue horrible cómo se le transformó su cara. Después de que hizo eso desapareció. Ya no pudimos dormirnos. Cecilia comenzó a platicar conmigo de cosas triviales, tratando de que el miedo desapareciera en las dos. Así llegó la claridad del día nos encontró despiertas platicando. Más tarde llegó el sacerdote a la casa. Mi tío lo puso al corriente de los eventos en la madrugada. Yo no creía que ese hombre pudiera hacer algo al respecto, pero no dije nada. Sin embargo, me sorprendió cuando dijo que el mal existía y que una manera de manifestarse era a través de otros espíritus, porque a veces los demonios no pueden acercarse tan fácilmente a las personas. El padre sí conocía la historia del hombre en el túnel y la forma en que fue encontrado. También sabía de sus apariciones y de que era un alma errante en este mundo. Él propuso bendecir la casa a través de unos rezos que hizo en latín como forma de protección. También llevaba agua bendita que esparció por todos lados. Después se dirigió a mí. Me dijo que tenía la facultad de deber a los espíritus de los muertos, pero que no me asustara cada vez que un espíritu se me acercara. Hiciera una oración por él. Además me dio un rosario bendito. Me dijo que lo trajera siempre conmigo. Sería una protección. En cuanto al alma del túnel, trataría de hacer algo por él, aunque no sabía si lo iba a conseguir. El hombre tenía el poder de transmitir su paz. Oró por cada uno de nosotros y se retiró. Nos aseguró que nada más sucedería. No supe si esa manifestación de fe por parte del sacerdote me contagió, o que ocurrió con todo lo que él hizo, pero a partir de ahí dejé de ver el espíritu del hombre. Las voces desaparecieron. Aunque no me consideraba creyente, empecé a darle crédito a Rosario que el sacerdote me dio lo uso todos los días para evitar encontrarme con otro espíritu relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas