El Espíritu Del Túnel En Villa De Álvarez (Colima) Historias De Terror - REDE

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El espÃritu del túnel. Mi nombre es Sandra. Cuando era pequeña, vivÃa en la ciudad de Guadalajara. TenÃa como diez años. Cuando a mi papá lo trasladaron a otro centro de trabajo, habÃan abierto una sucursal en Colima. A mi padre le aumentaron el sueldo y la renta de la casa corrió por parte de la empresa. Asà fue como nos fuimos a vivir a Villa de Ãlvarez, en el estado de Colima. Al principio venÃamos con mucha frecuencia a Guadalajara, porque la mayorÃa de nuestros familiares se encontraban ahÃ. Con el paso de los años, cada vez Ãbamos muy poco, pero a mà me gustaba visitar a la tÃa Adela, hermana de mi madre. Ella vivÃa en el municipio de Tonalá, y aunque este municipio pertenecÃa a la zona metropolitana de Guadalajara se diferencia de los demás porque conserva parte de sus tradiciones ancestrales. Cuando tenÃa diecisiete años años, tuve las vacaciones de Semana Santa y de Pascua. En la preparatoria les dije a mis padres que era una buena ocasión para visitar a la familia, pero a ellos sólo les habÃan dado el viernes Santo y el sábado de Gloria para descansar, asà que me dijeron que no irÃamos, pero como yo querÃa hacerlo, les dije que me podÃa ir a la casa de la tÃa adela a pasar las dos semanas. Ellos estuvieron de acuerdo y partà de colima el domingo de ramos por la mañana. Llegué al mediodÃa a la casa de mi tÃa y mis primas. Ellas me recibieron con gusto. Me dijeron que me preparara porque Ãbamos a ir a misa de ramos. Ellas ya tenÃan sus palmas para bendecirlas. Pensé que irÃamos al cerro de la reina. Sin embargo, mi prima luz me dijo que a mi tÃa Adela le gustaba más ir a la parroquia de nuestra señora del perpetuo socorro, porque el sacerdote de esa otra colonia daba las homilÃas muy bonitas. Además, mis tÃos ya habÃan hecho amistad con el sacerdote en ocasiones lo lo invitaban a desayunar o a cenar a la casa. El templo no quedaba muy lejos de la casa de mis tÃos. PodÃamos hacerlo caminando, pero mi tÃo Pedro dijo que era mejor llevar el auto. Ya no tenÃan tanto tiempo y preferÃan llegar a buena hora. La casa de mis tÃos estaba ubicada en la calle de Santa Rosa para llegar a la Iglesia, era necesario cruzar la autopista a Zapotlanejo para no tener que rodear. Tanto, habÃa un túnel que estaba por debajo de la carretera. Por ahà se podÃa llegar a la colonia rey Cholotla, asà que mi tÃo se fue por ese camino. El túnel era muy estrecho y oscuro Sólo cabÃa un auto y tenÃa una banqueta muy angosta en su interior para las personas que lo cruzaran caminando. No tenÃa nada de iluminación, asà que imagino que en la noche serÃa una boca de lobo. Era la primera vez que pasaba por ese puente y que entraba a esa colonia. Cruzamos la avenida Tonalá y continuamos por la calle El Lucio Cabañas. Estuvimos en el templo por más de dos horas porque la misa se alargó mucho con la bendición de Las Palmas. Cuando salimos del templo ya era de noche. De nuevo, mi tÃo tomó la misma ruta de regreso. Mi tÃa le sugerÃa que se fuera por otro camino porque ya estaba oscuro, pero él dijo que no era necesario. Era un lugar por el que transitaban con mucha frecuencia, asà que no le hizo caso a mi tÃa. Llegamos al túnel para cruzar, pero tuvimos que esperarnos, porque un coche venÃa. En sentido contrario, mientras esperábamos, vi a un señor que también trataba de entrar al túnel. Ãl lo harÃa caminando. Me pareció riesgoso que lo hiciera detrás del coche que esperábamos que pasara. Se vinieron otros más Cuando nos tocó nuestro turno. El señor nos secundó y también entró. Era un hombre joven, aunque él iba con un bastón y caminaba muy lento pasamos muy cerca de él. Se nos quedó viendo fijamente. Yo me volteo para verlo por la parte de atrás del auto, pero él ya no estaba. Le dije a mi prima que el señor habÃa desaparecido, pero ni siquiera me hizo caso. Mi prima llevaba sus audÃfonos puestos. Creà que el túnel tenÃa un hueco en el que el hombre pudo haberse ocultado, por lo que le resté importancia. Antes de llegar a casa, mi tÃo nos invitó a cenar unos tacos. La taquerÃa estaba en la esquina de la avenida Tonalá. Mientras comÃamos, un hombre se me acercó y me dijo rosa. Trató de abrazarme. Me levanté de inmediato de la silla. Mi tÃo intervino. Le dijo al hombre que me estaba confundiendo. Yo no era la persona que él buscaba, ni siquiera lo conocÃamos el extraño. No supo qué responder. Me vio fijamente y después se fue ese hecho que tuve con el hombre. Me generó inquietud porque sentà que él sà sabÃa quién era yo. Pero ya no quise hablar de ese asunto Con mi familia. Nos fuimos a la casa a descansar. HabÃa sido un dÃa muy ocul Me sentÃa cansada. Le dije a mis tÃos que me irÃa a dormir. Ellos aún iban a ver una pelÃcula juntos, pero yo no quise hacerlo. Me fui a mi habitación, Me puse mi ropa de dormir y me acomodé sobre la cama mientras escuchaba música con mis audÃfonos. La ventana que daba a la calle tenÃa persianas que se encontraban cerradas. Me levanté para abrirlas un poco y que entrara la luz de la luna, ya que ese dÃa habÃa luna llena. Abrà un poco las persianas me iba a acostar. Cuando vi a un hombre parado a un lado del poste, se encontraba como estatua. No se movÃa, pero su cara estaba volteando hacia donde me encontraba. No podÃa saber con claridad si me estaba viendo, porque la luz de la luna no era suficiente para verle el rostro. Dejé las persianas abiertas y me fui de nuevo a acostar. Mientras seguÃa entretenida en el celular. No me percaté de que el hombre se habÃa cruzado la calle y estaba fuera de la ventana. Viéndome fijamente. En el momento en que lo vi detrás de la ventana, me asusté salté de la cama a tal punto que se me cayó el celular. No supe si correr a decirle a mi tÃo o simplemente esperar a que se fuera, porque desde el lugar en el que me encontraba. Pude verle el rostro. Era el mismo hombre que me habÃa abrazado en la taquerÃa. Me asusté de sólo verlo. Tuve el impulso de gritarle a mi tÃo para que lo corriera de ahÃ, pero como si el hombre adivinara mis pensamientos, se sonrió macabramente y se fue. Estuve durante varias horas con miedo a que fuera a regresar. Ya no sucedió, pero su rostro se habÃa quedado grabado en mi mente. No sabÃa el motivo por el que ese hombre me estaba siguiendo. Los dÃas siguientes, al domingo de ramos visitamos el museo, fuimos a comer a tlaquepaque al Parian mientras escuchábamos la música de Mariachi. También estuvimos en el cine para el jueves Santo. Mis tÃos me dijeron que Ãbamos a visitar los siete templos. Estuvimos rondando cerca de la casa los templos más cercanos. Al final fuimos al de nuestra Señora del perpetuo socorro. De nuevo pasamos por el mismo túnel. Mientras estábamos en el templo, comencé a sentirme un poco mal. Sentà náuseas y me salà de la iglesia. Me quedé durante unos minutos sentada cerca de un árbol. Un hombre vestido formalmente de negros se acercó a mÃ. Tuve el impulso de retirarme del lugar porque inmediatamente lo reconocà era el mismo hombre que habÃa visto en la ventana. Volteé a todos lados para pedir ayuda en casa. De necesitarla. El hombre me tomó del brazo y me dijo que no me fuera, que no querÃa dañarme sólo necesitaba mi ayuda. Me solté de su mano y me fui corriendo. No confiaba en él. Me detuve en la entrada del templo cuando lo busqué ya no estaba. Se habÃa marchado. Al poco tiempo salieron mis familiares. Me acerqué con mi prima Cecilia para decirle lo que me habÃa sucedido. Le dije que no sabÃa por qué motivo ese hombre me seguÃa. Si no lo conocÃa, nunca lo habÃa visto en mi vida. Creo que Cecilia me vio muy asustada porque me dijo que algo harÃamos al respecto si ese hombre continuaba molestando. Nos fuimos del templo después de las diez de la noche, porque mis tÃos siguieron platicando con el sacerdote. El regreso por el túnel. Ya me daba miedo. A mi tÃa no le gustaba pasar por ahÃ, porque decÃa que en la noche se juntaban muchos vagos, precisamente porque estaba muy oscuro y que era exponerse mucho. Pero a mi tÃo no le importaba pasar por ahÃ, porque evitaba el tráfico y acortaba el camino. Al momento en que pasamos pude ver a la distancia. Al mismo hombre parado le hice una señal a mi prima le señalé con mi mano el lugar en el que se encontraba. Ella asintió y me dio una palmada en la espalda como señal de que me entendÃa muy bajito. Le dije que sÃ. Me permió mi tÃa dormir en su habitación o que ella durmiera conmigo. Me dijo que ella se irÃa a mi habitación, por en caso de que el hombre se apareciera en la ventana, algo se nos ocurrirÃa hacer. Esa noche me sentà más tranquila porque habÃa encontrado a alguien de la familia que me entendÃa y que además me iba a apoyar, y no porque mis tÃos no me creyeran, sino que solamente le daban crédito a sus ideas religiosas. Durante la noche dormÃa profundamente cuando de manera inesperada desperté las persianas de la ventana estaban cerradas porque no quise ver a ese hombre de nuevo parado afuera. Tuve el impulso de asomarme con discreción en la ventana. Sólo levanté una pestaña de la persiana sin prender ninguna luz. No lo podÃa creer. El hombre estaba ahà afuera cerca del cancel. Aún traÃa el mismo traje que cuando se acercó conmigo en el atrio del templo. No sucedÃan otras cosas, pero su sola presencia me generaba miedo. Antes de que amaneciera de nuevo, me asomé a la ventana con discreción, pero el hombre ya no estaba por la mañana fuimos al templo a las celebraciones del Viernes Santo, el centro de Santa Cruz de las Huertas. Se encontraba con muchas personas que Ãbamos a caminar hacia el cerro de la Reina. Mientras estábamos en la procesión, escuchaba que alguien mencionaba mi nombre. Busqué entre las personas, quién era la persona que me hablaba por mi nombre, pero no encontraba entre la multitud quién podÃa ser. Varias veces escuché como en susurro, la voz de un hombre. En esta ocasión no vi al hombre que se me estaba apareciendo, pero casi estaba segura de que se trataba de él. Me fui más cerca de con cecilia para decirle lo que me acababa de suceder. Ella le dijo algo a mi tÃa y nos salimos de la procesión. Mientras caminábamos hacia otro rumbo. Me dijo que tenÃa que decirme algo sobre un so suceso que aconteció ya hacÃa varios años. Cecilia me dijo que en el puente que conectaba a Santa Cruz de las Huertas antes era un lugar en el que se juntaban los indigentes llegaron a pasar todo tipo de cosas. Hace como cinco años se encontraron el cuerpo de un hombre muerto. Se cree que le quitaron su vida en un ritual satánico y que por eso el espÃritu de esa persona no ha podido descansar. En el momento en que Cecilia me contó esa historia, recordé que el hombre me pidió que lo ayudara. Le dije a mi prima sobre eso. Ella me dijo que no estaba segura si se trataba de él. Era necesario preguntar más, sobre todo a los vecinos de ese lugar. Ellos sabrÃan más lo que sucedió. Lo que mi prima desconocÃa era porque me habÃa elegido a mÃ, porque ni siquiera a ellas que habÃan vivido todo el tiempo en Santa Cruz de las Huertas habÃan sabido de que el espÃritu de ese hombre se apareciera como aún no pasaban de las doce del mediodÃa. Las dos creÃmos que era buen momento para ir al puente, ya que las veces que lo habÃamos atravesado habÃa sido por la noche. Nos fuimos hacia el puente que no quedaba muy lejos de ahÃ. Mientras caminábamos, le pregunté a Cecilia si era común que en esa zona hicieran rituales satánicos. Ella me respondió que era común que entre los pobladores tuvieran ese tipo de creencias, que en la colonia, que antes era un pueblo apartado de Guadalajara, existieran dos tipos de creyentes, los que profesaban la religión católica y los que preferÃan hacerlo con otro tipo de dioses. En ese instante pensé que aunque la tÃa Adela era hermana de mi mamá, las dos eran muy distintas, ya que mis padres no eran personas religiosas, pero tampoco tenÃan otro tipo de creencias. Por eso, para mà era nuevo la profesión de fe que hacÃan mis familiares en ese lugar, asà como el otro lado de la moneda, las creencias oscuras. En pocos minutos llegamos al puente por encontrarse debajo de la autopista. Estaba oscuro, no tanto como en la noche, que todo se veÃa muy negro. Entramos caminando despacio, viendo todos los detalles del lugar. Al fondo vi una cruz. Caminé hacia ella. Era una cruz de madera desgastada, pero todavÃa se alcanzaba a distinguir. Sólo una fecha cuatro de abril de dos mil dieciocho, mi prima se fue detrás de mÃ. Le tomamos una foto a la cruz. También fuimos con alguno de los vecinos del lugar. Una mujer que trabajaba en una tortillerÃa nos dijo la verdad a un hombre de cuarenta años lo habÃan encontrado muerto, le habÃan quitado sus órganos. Su cuerpo apareció dentro del túnel. Lo que no supieron fue si lo mataron en ese lugar o solamente dejaron su cuerpo tirado ahÃ. De cualquier forma, hubo quien puso una cruz en su memoria. Ese era el principal motivo por el que mucha gente decidió no pasar por el túnel. En cuanto oscurecÃa la mujer, nos dijo que o que aunque ella habÃa vivido todo el tiempo ahÃ, a partir de que encontraron a ese hombre. Trata de no pasar por ese lugar, porque hay personas que dicen que en cuanto oscurece un hombre vestido de traje oscuro se aparece y que todas las madrugadas anda rondando en el túnel. Incluso hay personas que dicen que ha intentado hablar con ellas, pero no se detienen. El miedo las hace correr. Después de que platicamos con esa mujer, nos dimos cuenta que era un hecho conocido en esa colonia. Sin embargo, no habÃa trascendido más allá de esa zona, porque ni siquiera mi prima ni su familia estaban enterados del suceso. Nos fuimos de ahà entendiendo, tratando de entender lo que me estaba pasando. Cuando llegamos a la casa, mis tÃos, junto con mis otras dos primas, no habÃan regresado por lo visto el evento al que habÃan asistido era más largo de lo planeado. Le dije a mi prima que no sabÃa qué iba a hacer al respecto. Era una verdad que al hombre lo habÃan matado y que su alma seguÃa vagando sin poder trascender, pero no sabÃa qué querÃa de mÃ. Ese mismo dÃa, viernes por la noche, salimos a otro de los eventos religiosos en la colonia, la Marcha del Silencio. Su nombre era debido a que todos marchaban sin emitir ningún sonido vestidos de color negro. Mientras caminaba al lado de Cecilia, comencé a escuchar un murmullo fuerte. Hasta lo que sabÃa se llamaba marcha del Silencio, porque era una manera de manifestar el luto por la muerte de Jesús. Sin embargo, yo empecé a escuchar un murmullo cada vez más intenso, como si un grupo de personas se encontrara hablando, pero no veÃa a nadie le dije a Cecilia si ella también lo podÃa oÃr. Ella me respondió que no. Me puse mis manos en mis oÃdos tratando de ya no escuchar ese sonido, pero estaba latente todo el tiempo. Me salà de la procesión detrás de mÃ. Se fue mi prima. Mientras trataba de tranquilizarme, me dijo que los viernes santos por la noche salen muchas de las almas que no han podido descansar y que yo era capaz de poder sentirlas y de escucharlas. Ese dÃa era reconocido por el Demonio como el dÃa de su triunfo. Las palabras de Cecilia me dieron mucho miedo, porque cada vez oÃa más de cerca ese ruido. Le dije que nos fuéramos de ese lugar, nos retiramos a la casa, pero esas voces nos siguieron hasta allá. Después de unos minutos, todo quedó en silencio, pero sólo fue un momento porque comenzaron a tocar en la puerta con insistencia a través de la ventana pude ver que se trataba de ese hombre. Le dije a Cecilia que no abriera la puerta porque él estaba afuera. Desde ahà podÃa ver su rostro real con una cara transfigurada por el paso del tiempo y de la muerte en un rato. Todo quedó en silencio. El hombre se habÃa ido y ya no escuchaba nada enseguida. Llegaron mis tÃos. Ellos vieron el miedo en nuestras caras. Les dijimos todo lo que sabÃamos y lo que habÃa sucedido un poco antes. Ellos propusieron llevar al sacerdote a la casa para que la bendijera y que también hiciera algo conmigo. Le hablaron al sacerdote de la Iglesia de nuestra Señora del perpetuo socorro. Ãl dijo que eran dÃas muy ocupados y que esa noche no podÃa ir, pero lo harÃa al dÃa siguiente. Por la mañana. Esa noche nos fuimos a dormir temprano. HabÃa sido un dÃa difÃcil. Antes de que fuera la medianoche escuchamos que tocaban de nuevo en la puerta. Eran unos golpes fuertes e insistentes. Mi tÃo se levantó, nos hizo la señal de que nos mantuviéramos en silencio por la ventana. Trató de ver quién era, pero por lo oscuro no pudo, pero la insistencia nos ponÃa muy nerviosos. Mi tÃo gritó que se fueran de ahà que no pensaba abrir la puerta. En cuanto dijo eso, las manifestaciones comenzaron a suceder en la casa. El perro que tenÃan mis tÃos se puso a aullar por más que le decÃamos que se callaran, no entendió la luz de la sala. De repente se en la ró Entendió enseguida. Comenzó a parpadear mientras los golpes en la puerta se intensificaban más. Yo me abracé de mi tÃa que trataba de darme confianza y seguridad, pero ella también estaba temblando igual que yo. De pronto las voces nuevamente llegaron, pero en esta ocasión todos las podÃan escuchar, porque vi a mis tÃos que se voltearon a ver entre ellos. Asà estuvieron las voces como por diez minutos. Quizás fue por menos tiempo, pero a mà me pareció que pasó mucho rato. Mi tÃo de inmediato dijo que eso era algo del demonio. En su casa tenÃan crucifijos y agua bendita por su gran religiosidad. Mi tÃa fue a su habitación a sacar unos rosarios. Nos dio uno a cada una de nosotras. Mientras ella oraba con uno en las manos. Mi tÃo también rezaba al mismo tiempo que echaba agua bendita a la puerta. No sé si eso que hicieron surtió efecto, pero las voces se disiparon y los golpes en la puerta cesaron. Después que dejamos de escuchar las manifestaciones, mi tÃo sugirió que nos pusiéramos a rezar la verdad era algo en lo que no creÃa, pero no pude decirles que no. Entre todos comenzamos a recitar las oraciones del rosario. Cuando concluimos nos esperamos por otro rato todos juntos con la esperanza de que los eventos no regresaran. Ya no sucedió nada. Mi tÃo nos dijo que nos fuéramos a descansar. Al dÃa siguiente irÃa el sacerdote. Ãl harÃa lo necesario ante lo que ocurrió nos fuimos juntas Cecilia y yo, aunque las dos no creÃamos que eso iba a ser suficiente. La casa se quedó oscura y en silencio. Por un momento pensé que todo terminarÃa. Sin embargo, poco antes de que amaneciera me despertó una sensación de temor. En efecto, en la ventana estaba el mismo hombre. Viéndonos desperté a mi prima. Ella también lo pudo ver. El hombre de pronto abrió su boca tan grande e hizo su cabeza hacia atrás. No entendà qué significa eso, pero sà fue horrible cómo se le transformó su cara. Después de que hizo eso desapareció. Ya no pudimos dormirnos. Cecilia comenzó a platicar conmigo de cosas triviales, tratando de que el miedo desapareciera en las dos. Asà llegó la claridad del dÃa nos encontró despiertas platicando. Más tarde llegó el sacerdote a la casa. Mi tÃo lo puso al corriente de los eventos en la madrugada. Yo no creÃa que ese hombre pudiera hacer algo al respecto, pero no dije nada. Sin embargo, me sorprendió cuando dijo que el mal existÃa y que una manera de manifestarse era a través de otros espÃritus, porque a veces los demonios no pueden acercarse tan fácilmente a las personas. El padre sà conocÃa la historia del hombre en el túnel y la forma en que fue encontrado. También sabÃa de sus apariciones y de que era un alma errante en este mundo. Ãl propuso bendecir la casa a través de unos rezos que hizo en latÃn como forma de protección. También llevaba agua bendita que esparció por todos lados. Después se dirigió a mÃ. Me dijo que tenÃa la facultad de deber a los espÃritus de los muertos, pero que no me asustara cada vez que un espÃritu se me acercara. Hiciera una oración por él. Además me dio un rosario bendito. Me dijo que lo trajera siempre conmigo. SerÃa una protección. En cuanto al alma del túnel, tratarÃa de hacer algo por él, aunque no sabÃa si lo iba a conseguir. El hombre tenÃa el poder de transmitir su paz. Oró por cada uno de nosotros y se retiró. Nos aseguró que nada más sucederÃa. No supe si esa manifestación de fe por parte del sacerdote me contagió, o que ocurrió con todo lo que él hizo, pero a partir de ahà dejé de ver el espÃritu del hombre. Las voces desaparecieron. Aunque no me consideraba creyente, empecé a darle crédito a Rosario que el sacerdote me dio lo uso todos los dÃas para evitar encontrarme con otro espÃritu relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








