Operación Encrucijada: El Sector Perdido
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0:05 Esto ocurrió en la Sierra de Guerrero durante una operación de reconocimiento en la que participé como sargento segundo de infanterÃa. Estaba agregado a un equipo de cuatro elementos de fuerzas especiales. El jefe era el teniente Montelongo. Ugalde era nuestro tirador designado. Alcázar llevaba comunicaciones y material médico y yo cerraba el grupo durante los desplazamientos. La orden oficial era localizar un posible campamento de cultivo ilÃcito cerca de San Miguel de la Cruz, un poblado abandonado. Antes de salir, Montelongo recibió un sobre separado del resto de la documentación. Lo leyó y nos explicó que también debÃamos revisar el pueblo, buscar señales de ocupación reciente y recuperar documentos, radios, teléfonos o cualquier muestra de interés para inteligencia. Alcázar preguntó qué tipo de muestras buscábamos. Montelongo respondió que la orden no lo especificaba.
1:08 El documento venÃa de una sección del Estado Mayor que ninguno de nosotros reconoció, pero el teniente lo guardó y nos dijo que trabajarÃamos con el procedimiento normal. Nos dejaron a varios kilómetros del objetivo porque el vehÃculo ya no podÃa seguir. Avanzamos a pie y con distancia entre cada hombre y revisando los lados del sendero. Vimos rastros viejos de ganado y caminos usados tiempo atrás. Encontramos la primera res cerca de un arroyo seco. Estaba muerta, con el abdomen abierto y varios órganos ausentes. HabÃa crecido entre ganado y conocÃa las marcas que dejan perros, coyotes y otros animales.
1:50 Nos dijo que no veÃa mordidas ni desgarros alrededor de la herida y señaló el corte limpio y continuo. Alcázar tomó fotografÃas. Montelongo ordenó no mover el cuerpo y seguimos. Más adelante encontramos otra res con lesiones parecidas, esta vez con parte del pecho abierto. Tampoco habÃa mordidas ni restos dispersos. El teniente cambió la formación y nos hizo avanzar con más atención. Llegamos a San Miguel durante la tarde. Era un poblado pequeño, con casas vacÃas y una escuela. No encontramos personas ni vehÃculos. Tampoco habÃa sembradÃos cerca. Registramos el pueblo por parejas. En una casa encontramos restos de una fogata y basura reciente. En otra, sangre seca sobre una mesa, pelo de ganado y varios cuchillos. No habÃa documentos ni objetos personales que permitieran saber quién habÃa usado el lugar.
2:50 Cerca de un corral encontramos un becerro muerto con el abdomen abierto, de la misma forma que los animales del camino. Ugalde dijo que quien hubiera hecho esos cortes sabÃa manejar animales y herramientas. Montelongo le ordenó no sacar conclusiones y terminar el registro antes de oscurecer. La extracción estaba prevista para la mañana siguiente. Asà que decidimos pasar la noche en la escuela. Alcázar consiguió comunicación y reportó que San Miguel estaba vacÃo, que no habÃamos localizado el campamento y que habÃamos encontrado tres animales muertos. El operador nos ordenó permanecer en el lugar y continuar el reconocimiento al amanecer.
3:33 Montelongo preguntó si debÃamos tomar muestras de los cuerpos. La respuesta fue que no los tocáramos y que confirmáramos si las heridas estaban en abdomen y pecho. Recuerdo que los cuatro volteamos a ver a Alcázar. Ãl todavÃa no habÃa mencionado por radio dónde estaban los cortes. Montelongo tomó el equipo, preguntó cómo conocÃan ese detalle y pidió la identificación del operador. La señal se perdió antes de que recibiera una respuesta. Alcázar intentó restablecer el enlace, pero solo consiguió fragmentos de transmisión. Con la noche encima organizamos la guardia. Ugalde y yo cubrimos primero el lado del bosque, mientras Montelongo y Alcázar permanecÃan dentro. Después escuchamos movimiento entre los árboles, primero a nuestra izquierda y luego más al frente. Ugalde levantó el fusil y miró por la mira de visión nocturna. Le pregunté qué tenÃa. No contestó de inmediato. Siguió algo con el arma y entonces me dijo que veÃa a un hombre sin ropa. Le pregunté si llevaba algo en las manos y dijo que no podÃa verlo bien. Unos segundos después movió el fusil hacia otro punto y dijo que el hombre habÃa bajado el cuerpo, apoyado las manos en el suelo y seguido avanzando entre los árboles. Llamé a Montelongo.
4:58 El teniente tomó el visor y alcanzó a ver la figura cuando cruzó una zona descubierta. Luego la perdió detrás de la pendiente. Ugalde insistió en que era el mismo hombre y señaló dos puntos separados por una distancia considerable. Montelongo ordenó despertar a Alcázar y mantener las cuatro armas cubriendo sectores distintos. Yo seguà observando el borde del bosque. No veÃa nada, pero escuchaba ramas y hojas secas a intervalos. Unos minutos después, una piedra golpeó la pared de la escuela y casi enseguida cayó otra desde el lado contrario. Nadie salió. Montelongo ordenó esperar una identificación clara antes de disparar.
5:42 Alcázar consiguió informar que habÃa una persona moviéndose alrededor del pueblo y pidió adelantar la extracción. Desde el puesto de mando respondieron que revisarÃan la solicitud. La actividad alrededor de la escuela continuó. Ugalde reportó movimiento dos veces más, cerca de los lÃmites del pueblo, pero no tuvo un blanco claro. Después escuchamos un animal bramar detrás de las casas. El sonido duró unos segundos y terminó de golpe. Montelongo dijo que nadie saldrÃa a revisar hasta que hubiera luz. Poco después oÃmos pasos sobre tierra junto a uno de los costados de la escuela. Avanzaron varios metros, se detuvieron y volvieron a escucharse más lejos. Ugalde intentó seguirlos con la mira.
6:31 Yo revisé el lado del camino y Alcázar cubrió la parte trasera. Los pasos regresaron desde otra dirección. La persona que estaba afuera se mantenÃa en movimiento. Usaba las casas, los árboles y las pendientes para quedar fuera de nuestra vista. Y cada vez que creÃamos tener una dirección definida, aparecÃa ruido desde otro punto. Hasta ese momento podÃamos explicar cada cosa por separado. Un hombre escondido en la sierra. Alguien acostumbrado a moverse de noche. una persona que conocÃa el pueblo mejor que nosotros. Lo que ya no podÃamos ignorar era que alguien habÃa seguido nuestros movimientos desde la llegada y conocÃa la posición que habÃamos elegido. Montelongo decidió sacar al equipo de la escuela porque nuestra posición ya estaba expuesta.
7:26 HabÃamos entrado al pueblo por una sola ruta, registrado varias casas a plena luz. y terminado la tarde dentro del edificio más visible de la zona. Si alguien llevaba tiempo observándonos, sabÃa dónde estábamos y desde qué puntos podÃa acercarse. La orden fue movernos hacia una elevación al sur, y mantenernos ahà hasta tener suficiente luz para continuar. Salimos juntos, con Ugalde al frente, Montelongo detrás, Alcázar en tercer lugar, y yo cerrando la formación. Avanzamos sin lámparas y usamos visión nocturna cuando fue necesario, procurando no abrir demasiado la distancia entre nosotros. Durante los primeros minutos no vimos nada. A mitad del recorrido escuchamos movimiento a nuestra izquierda. Ugalde se detuvo y apuntó hacia los árboles. Alcázar y yo cubrimos los otros sectores, y Montelongo observó durante varios segundos antes de ordenar que siguiéramos. No habÃa una silueta clara, Un poco más adelante encontramos una piedra grande en medio del sendero.
8:37 Ninguno recordaba haberla visto durante el dÃa. Ugalde dijo que alguien la habÃa colocado para marcar nuestra ruta. Montelongo respondió que no tenÃamos forma de saberlo y ordenó continuar. Llegamos a la elevación y establecimos una posición temporal. Colocamos avisos simples en los pasos más accesibles, usando material que hiciera ruido si alguien cruzaba. Uno sonó poco después. Ugalde cubrió ese lado y Montelongo utilizó el visor térmico. Detectó una figura agachada a cierta distancia. La siguió unos segundos y la perdió detrás de unas piedras. Casi enseguida escuchamos ruido en el sector contrario. Ugalde dijo que tenÃan que ser dos personas. Montelongo señaló que el terreno bajaba alrededor de nuestra posición y que habÃa pasos que nosotros no conocÃamos.
9:32 Mientras seguÃamos cubriendo los accesos, una piedra golpeó el casco de Alcázar. El impacto lo hizo agachar la cabeza y todos giramos hacia la pendiente. Ugalde detectó movimiento cuesta abajo y dijo que era el mismo hombre que habÃa visto cerca de la escuela. Esta vez yo también lo alcancé a observar con visión nocturna. Era una figura humana, delgada, sin ropa, moviéndose muy baja sobre el terreno. En algunos tramos apoyaba las manos para bajar con más rapidez. No pude distinguir la cara ni calcular su edad. Vi que entraba y salÃa de nuestra vista usando árboles, desniveles y piedra.
10:14 Montelongo ordenó un disparo hacia tierra como advertencia. Ugalde disparó y la figura desapareció. Nos quedamos atentos a ese sector, pero el siguiente movimiento llegó por detrás. Alcázar giró primero y recibió un golpe que lo hizo caer. Ugalde disparó hacia una silueta que pasó entre las piedras. Yo fui hacia Alcázar y le revisé la pierna. TenÃa una herida profunda en la parte posterior del muslo. El corte habÃa atravesado el uniforme y sangraba bastante. pero podÃa mover la pierna y no encontramos señales claras de una lesión arterial.
10:54 Le hicimos un vendaje y volvimos a intentar comunicación. La radio seguÃa entrando por momentos y después se perdÃa. Montelongo decidió regresar al pueblo. Con Alcázar herido, avanzar hasta el punto de extracción por terreno abierto podÃa tomarnos varias horas. Ugalde se opuso. y dijo que volver era meternos otra vez en un lugar que el atacante ya conocÃa. El teniente mantuvo la orden. Empezamos el regreso despacio, con Alcázar apoyándose en mÃ. Cada ruido nos obligaba a detenernos, revisar y volver a movernos. Ugalde miraba con frecuencia hacia atrás y en dos ocasiones dijo haber visto al hombre entre los árboles. Yo no lo vi y Montelongo tampoco confirmó movimiento.
11:47 Cuando ya estábamos cerca del pueblo, Ugalde se separó varios pasos de la formación. Dijo que habÃa visto algo junto a una casa y que podÃa buscar un mejor ángulo desde un costado. Montelongo le ordenó regresar. Ugalde obedeció, aunque insistió en que seguir juntos nos hacÃa fáciles de seguir. El teniente respondió que dividirnos le daba al atacante una oportunidad mejor. Continuamos hasta la escuela. Dentro, atendimos otra vez la pierna de Alcázar. El sangrado estaba controlado, pero ya caminaba con dificultad. Montelongo trató de establecer comunicación desde otro punto del edificio. Yo me quedé con Alcázar y Ugalde cubrió el exterior. Entonces, Ugalde volvió a detectar movimiento detrás de una casa. Salió unos metros para mejorar el ángulo.
12:39 Montelongo le ordenó regresar. Pero Ugalde respondió que tenÃa al sujeto cerca y siguió avanzando. Escuchamos un disparo y después otro. Montelongo y yo salimos hacia su última posición. Alcázar se quedó en la escuela porque no podÃa seguirnos al mismo paso. Encontramos un cargador de Ugalde en el suelo y una marca de sangre cerca del camino. Seguimos las huellas de sus botas hasta el lÃmite del pueblo. Continuaban varios metros y después se perdÃan entre piedra y vegetación. Montelongo querÃa avanzar, pero le recordé que Alcázar estaba solo. Y nos detuvimos.
13:19 Ugalde podÃa estar herido a poca distancia, pero seguirlo significaba dejar nuevamente a otro hombre aislado. El teniente decidió volver. Alcázar seguÃa adentro. Le contamos que habÃamos encontrado sangre y que no sabÃamos si era de Ugalde. Permanecimos ahà durante el resto de la noche mientras continuaban los ruidos alrededor de la escuela. Escuchábamos pasos, ramas moviéndose y piedras desplazadas en distintos puntos, pero nunca hubo un intento directo de entrar. Cada vez que dirigÃamos la atención hacia un sector, el siguiente ruido aparecÃa desde otro lado. Montelongo mantuvo a cada uno cubriendo un acceso y dejó claro que nadie volverÃa a salir solo. Recuerdo que Alcázar dijo que podÃa tratarse de un hombre que llevaba años viviendo en la zona y conocÃa cada paso de la sierra. Montelongo respondió que también podÃan ser varios. Yo no tenÃa una respuesta. SeguÃa pensando en los animales encontrados durante el dÃa, en los cortes limpios y en la forma en que Ugalde habÃa descrito al hombre desde el primer avistamiento. Ahora Ugalde estaba fuera, herido o perdido. y nosotros tenÃamos que esperar hasta que hubiera luz, sin saber desde qué punto volverÃa a acercarse, quien seguÃa moviéndose alrededor del pueblo. Antes de amanecer, Montelongo decidió que saldrÃamos de San Miguel. Alcázar estaba herido, Ugalde
14:50 seguÃa desaparecido, y la radio no nos daba una comunicación estable, asà que bajamos por una ruta secundaria que aparecÃa en el mapa, y llevaba hacia una pista más abierta. Salimos con poca luz, Alcazar caminaba apoyado en mÃ. Montelongo cubrÃa la retaguardia y avanzábamos despacio, atentos a los lados del sendero. Durante un buen tramo no escuchamos nada. Después de tantas horas oyendo pasos, ramas y piedras alrededor del pueblo, aquel silencio nos obligaba a seguir mirando igual. Fue entonces cuando encontramos a Ugalde, sentado junto a un árbol fuera del camino. Conservaba el fusil, tenÃa sangre en las manos, una lesión en el hombro y le faltaba parte del equipo. Estaba consciente, aunque tardó unos segundos en reaccionar, cuando Montelongo lo llamó por su apellido. El teniente se acercó a revisarlo mientras yo me quedaba con Alcázar. Ugalde contó que habÃa seguido al hombre, después de verlo pasar detrás de una casa.
15:54 Al llegar al lÃmite del pueblo, perdió contacto visual, escuchó movimiento a su derecha y disparó. Poco después, recibió un golpe en el hombro y cayó por una pendiente. Cuando intentó regresar, volvió a escuchar movimiento delante de él, cambió de dirección y el ruido apareció otra vez más arriba, en un paso distinto. Montelongo le preguntó si habÃa vuelto a verlo de cerca. Ugalde respondió que solo habÃa alcanzado a distinguir partes del cuerpo entre árboles y piedras. Cada vez que trataba de subir hacia el pueblo, el hombre utilizaba otro sendero y le cerraba el paso. No desaparecÃa frente a él ni surgÃa de la nada, simplemente conocÃa rutas que nosotros no habÃamos visto durante el reconocimiento. Ugalde terminó perdiendo la orientación y decidió quedarse quieto hasta que hubiera más luz. No sabÃa si alguno de sus disparos habÃa alcanzado al hombre. Revisamos su hombro, controlamos la herida y seguimos avanzando. Ya estábamos otra vez los cuatro, pero Alcázar caminaba con dificultad y Ugalde estaba agotado. Montelongo mantuvo la formación cerrada y ordenó que nadie se separara por ningún motivo. Más adelante llegamos a una zona estrecha del descenso.
17:14 con poca visibilidad hacia los costados. Escuchamos movimiento al frente y nos detuvimos. Ugalde levantó el fusil. Yo miré hacia la izquierda y vi una figura cruzar detrás de un árbol. Esta vez estaba más cerca. Pude confirmar que era un hombre desnudo, muy delgado, con uñas largas y mucho pelo en su cuerpo, con el cuerpo inclinado hacia adelante. Bajaba por una parte pronunciada del terreno y apoyaba las manos para mantener velocidad. No distinguà bien la cara. Ugalde sà logró seguirlo con la mira y disparó. La figura cayó detrás de la vegetación y esperamos varios segundos antes de avanzar.
17:55 Montelongo y yo fuimos hacia ese punto, mientras Ugalde permanecÃa con Alcázar. Encontramos sangre sobre unas hojas y una marca de impacto en un árbol. El rastro continuaba cuesta abajo durante varios metros y terminaba en una pendiente donde la vegetación se cerraba. No encontramos el cuerpo. Montelongo revisó hacia abajo y pensó en continuar, pero Ugalde le pidió que no bajáramos. TenÃamos dos heridos, seguÃamos lejos de la pista y no sabÃamos si el hombre estaba solo. El teniente aceptó, asà que retomamos la marcha sin seguir el rastro. Durante el resto del descenso, escuchamos movimiento detrás de nosotros varias veces.
18:36 No volvimos a tener una figura completa a la vista. Cuando nos detenÃamos, el ruido desaparecÃa, y cuando retomábamos el paso regresaba después de unos minutos. Nadie volvió a disparar. Montelongo preferÃa conservar munición y evitar que uno de nosotros saliera detrás de un movimiento que podÃa alejarnos del grupo. Con la llegada de la luz, los ruidos terminaron. Seguimos hasta la pista, y desde ahà Alcázar consiguió establecer comunicación. La respuesta llegó rápido porque la extracción estaba prevista para esa mañana. Montelongo informó que tenÃamos dos hombres heridos, contacto con un agresor y rastros de sangre que podÃan pertenecerle.
19:20 Solicitó evacuación y pidió que otro equipo regresara a San Miguel para revisar el pueblo. Le confirmaron la extracción, pero rechazaron el envÃo de otro grupo. Preguntó quién habÃa dado esa orden y no recibió una respuesta concreta. El helicóptero llegó y nos sacaron de la zona. Alcázar recibió tratamiento por la herida del muslo. A Ugalde le atendieron el hombro, varios golpes y la deshidratación. Después nos separaron para tomar declaración. El hombre que me interrogó empezó con preguntas sobre la ruta, el pueblo y el contacto que habÃamos tenido. Luego preguntó de qué forma se desplazaba el individuo cuando bajaba por terreno inclinado. Y quiso saber si a los animales encontrados durante el avance les faltaban órganos del abdomen y del pecho.
20:08 Yo todavÃa no habÃa redactado mi informe, y esos detalles tampoco habÃan salido completos por radio. Le pregunté de dónde los habÃa obtenido. Me dijo que respondiera únicamente lo que habÃa visto. Al terminar, encontré a Montelongo fuera del área de entrevistas. Me preguntó si también me habÃan hablado de los animales y de la forma de desplazarse del hombre. Le dije que sÃ. Alcázar recibió preguntas similares, y Ugalde no quiso comentar su interrogatorio. Ese mismo dÃa redactamos nuestras declaraciones por separado. Incluimos los animales muertos, el hombre sin ropa, la lesión de Alcázar, la desaparición temporal de Ugalde, los disparos y la sangre encontrada durante el descenso. Dos dÃas después nos entregaron una versión resumida para firmar. Ahà la misión figuraba como reconocimiento en una zona con posible actividad delictiva y nuestras lesiones quedaban relacionadas con un agresor no identificado.
21:08 HabÃan eliminado la descripción del hombre, su forma de desplazarse y cualquier referencia a las preguntas que nos hicieron después de la extracción. Montelongo se negó a firmar al principio y pidió saber quién habÃa modificado el documento. Un superior le respondió que parte de la información habÃa pasado a otra investigación y que no debÃa permanecer en nuestro informe operativo. No nos dieron acceso a esa investigación. Con el tiempo nos mandaron a unidades distintas Alcázar siguió en servicio varios años, Ugalde dejó de hablar del tema, y terminó sosteniendo que habÃamos enfrentado a un hombre acostumbrado a vivir en esa sierra, alguien que conocÃa senderos que nosotros no conocÃamos, y sabÃa utilizar la oscuridad y el terreno para acercarse. Montelongo nunca quedó conforme con esa explicación. Antes de que el helicóptero abandonara la zona, vi una persona cerca de la lÃnea de árboles. Estaba lejos, de pie y sin movimiento. No pude distinguir la cara. Le indiqué el punto a Ugalde, pero cuando miró, la persona ya habÃa entrado entre los árboles.
22:19 Informamos lo que habÃa visto y la orden fue continuar la extracción. Nunca regresamos a San Miguel. La versión que terminamos firmando dice que encontramos indicios de actividad ilÃcita. Tuvimos contacto con un agresor no identificado y salimos de la zona por razones médicas. Eso fue lo que quedó en el informe, pero no fue lo que pasó.
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