Oct. 16, 2026

Operación Encrucijada: El Sector Perdido

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Esto ocurrió en la Sierra de Guerrero durante una operación de reconocimiento en la que participé como sargento segundo de infantería. Estaba agregado a un equipo de cuatro elementos de fuerzas especiales. El jefe era el teniente Montelongo. Ugalde era nuestro tirador designado. Alcázar llevaba comunicaciones y material médico y yo cerraba el grupo durante los desplazamientos. La orden oficial era localizar un posible campamento de cultivo ilícito cerca de San Miguel de la Cruz, un poblado abandonado. Antes de salir, Montelongo recibió un sobre separado del resto de la documentación. Lo leyó y nos explicó que también debíamos revisar el pueblo, buscar señales de ocupación reciente y recuperar documentos, radios, teléfonos o cualquier muestra de interés para inteligencia. Alcázar preguntó qué tipo de muestras buscábamos. Montelongo respondió que la orden no lo especificaba.

1:08 El documento venía de una sección del Estado Mayor que ninguno de nosotros reconoció, pero el teniente lo guardó y nos dijo que trabajaríamos con el procedimiento normal. Nos dejaron a varios kilómetros del objetivo porque el vehículo ya no podía seguir. Avanzamos a pie y con distancia entre cada hombre y revisando los lados del sendero. Vimos rastros viejos de ganado y caminos usados tiempo atrás. Encontramos la primera res cerca de un arroyo seco. Estaba muerta, con el abdomen abierto y varios órganos ausentes. Había crecido entre ganado y conocía las marcas que dejan perros, coyotes y otros animales.

1:50 Nos dijo que no veía mordidas ni desgarros alrededor de la herida y señaló el corte limpio y continuo. Alcázar tomó fotografías. Montelongo ordenó no mover el cuerpo y seguimos. Más adelante encontramos otra res con lesiones parecidas, esta vez con parte del pecho abierto. Tampoco había mordidas ni restos dispersos. El teniente cambió la formación y nos hizo avanzar con más atención. Llegamos a San Miguel durante la tarde. Era un poblado pequeño, con casas vacías y una escuela. No encontramos personas ni vehículos. Tampoco había sembradíos cerca. Registramos el pueblo por parejas. En una casa encontramos restos de una fogata y basura reciente. En otra, sangre seca sobre una mesa, pelo de ganado y varios cuchillos. No había documentos ni objetos personales que permitieran saber quién había usado el lugar.

2:50 Cerca de un corral encontramos un becerro muerto con el abdomen abierto, de la misma forma que los animales del camino. Ugalde dijo que quien hubiera hecho esos cortes sabía manejar animales y herramientas. Montelongo le ordenó no sacar conclusiones y terminar el registro antes de oscurecer. La extracción estaba prevista para la mañana siguiente. Así que decidimos pasar la noche en la escuela. Alcázar consiguió comunicación y reportó que San Miguel estaba vacío, que no habíamos localizado el campamento y que habíamos encontrado tres animales muertos. El operador nos ordenó permanecer en el lugar y continuar el reconocimiento al amanecer.

3:33 Montelongo preguntó si debíamos tomar muestras de los cuerpos. La respuesta fue que no los tocáramos y que confirmáramos si las heridas estaban en abdomen y pecho. Recuerdo que los cuatro volteamos a ver a Alcázar. Él todavía no había mencionado por radio dónde estaban los cortes. Montelongo tomó el equipo, preguntó cómo conocían ese detalle y pidió la identificación del operador. La señal se perdió antes de que recibiera una respuesta. Alcázar intentó restablecer el enlace, pero solo consiguió fragmentos de transmisión. Con la noche encima organizamos la guardia. Ugalde y yo cubrimos primero el lado del bosque, mientras Montelongo y Alcázar permanecían dentro. Después escuchamos movimiento entre los árboles, primero a nuestra izquierda y luego más al frente. Ugalde levantó el fusil y miró por la mira de visión nocturna. Le pregunté qué tenía. No contestó de inmediato. Siguió algo con el arma y entonces me dijo que veía a un hombre sin ropa. Le pregunté si llevaba algo en las manos y dijo que no podía verlo bien. Unos segundos después movió el fusil hacia otro punto y dijo que el hombre había bajado el cuerpo, apoyado las manos en el suelo y seguido avanzando entre los árboles. Llamé a Montelongo.

4:58 El teniente tomó el visor y alcanzó a ver la figura cuando cruzó una zona descubierta. Luego la perdió detrás de la pendiente. Ugalde insistió en que era el mismo hombre y señaló dos puntos separados por una distancia considerable. Montelongo ordenó despertar a Alcázar y mantener las cuatro armas cubriendo sectores distintos. Yo seguí observando el borde del bosque. No veía nada, pero escuchaba ramas y hojas secas a intervalos. Unos minutos después, una piedra golpeó la pared de la escuela y casi enseguida cayó otra desde el lado contrario. Nadie salió. Montelongo ordenó esperar una identificación clara antes de disparar.

5:42 Alcázar consiguió informar que había una persona moviéndose alrededor del pueblo y pidió adelantar la extracción. Desde el puesto de mando respondieron que revisarían la solicitud. La actividad alrededor de la escuela continuó. Ugalde reportó movimiento dos veces más, cerca de los límites del pueblo, pero no tuvo un blanco claro. Después escuchamos un animal bramar detrás de las casas. El sonido duró unos segundos y terminó de golpe. Montelongo dijo que nadie saldría a revisar hasta que hubiera luz. Poco después oímos pasos sobre tierra junto a uno de los costados de la escuela. Avanzaron varios metros, se detuvieron y volvieron a escucharse más lejos. Ugalde intentó seguirlos con la mira.

6:31 Yo revisé el lado del camino y Alcázar cubrió la parte trasera. Los pasos regresaron desde otra dirección. La persona que estaba afuera se mantenía en movimiento. Usaba las casas, los árboles y las pendientes para quedar fuera de nuestra vista. Y cada vez que creíamos tener una dirección definida, aparecía ruido desde otro punto. Hasta ese momento podíamos explicar cada cosa por separado. Un hombre escondido en la sierra. Alguien acostumbrado a moverse de noche. una persona que conocía el pueblo mejor que nosotros. Lo que ya no podíamos ignorar era que alguien había seguido nuestros movimientos desde la llegada y conocía la posición que habíamos elegido. Montelongo decidió sacar al equipo de la escuela porque nuestra posición ya estaba expuesta.

7:26 Habíamos entrado al pueblo por una sola ruta, registrado varias casas a plena luz. y terminado la tarde dentro del edificio más visible de la zona. Si alguien llevaba tiempo observándonos, sabía dónde estábamos y desde qué puntos podía acercarse. La orden fue movernos hacia una elevación al sur, y mantenernos ahí hasta tener suficiente luz para continuar. Salimos juntos, con Ugalde al frente, Montelongo detrás, Alcázar en tercer lugar, y yo cerrando la formación. Avanzamos sin lámparas y usamos visión nocturna cuando fue necesario, procurando no abrir demasiado la distancia entre nosotros. Durante los primeros minutos no vimos nada. A mitad del recorrido escuchamos movimiento a nuestra izquierda. Ugalde se detuvo y apuntó hacia los árboles. Alcázar y yo cubrimos los otros sectores, y Montelongo observó durante varios segundos antes de ordenar que siguiéramos. No había una silueta clara, Un poco más adelante encontramos una piedra grande en medio del sendero.

8:37 Ninguno recordaba haberla visto durante el día. Ugalde dijo que alguien la había colocado para marcar nuestra ruta. Montelongo respondió que no teníamos forma de saberlo y ordenó continuar. Llegamos a la elevación y establecimos una posición temporal. Colocamos avisos simples en los pasos más accesibles, usando material que hiciera ruido si alguien cruzaba. Uno sonó poco después. Ugalde cubrió ese lado y Montelongo utilizó el visor térmico. Detectó una figura agachada a cierta distancia. La siguió unos segundos y la perdió detrás de unas piedras. Casi enseguida escuchamos ruido en el sector contrario. Ugalde dijo que tenían que ser dos personas. Montelongo señaló que el terreno bajaba alrededor de nuestra posición y que había pasos que nosotros no conocíamos.

9:32 Mientras seguíamos cubriendo los accesos, una piedra golpeó el casco de Alcázar. El impacto lo hizo agachar la cabeza y todos giramos hacia la pendiente. Ugalde detectó movimiento cuesta abajo y dijo que era el mismo hombre que había visto cerca de la escuela. Esta vez yo también lo alcancé a observar con visión nocturna. Era una figura humana, delgada, sin ropa, moviéndose muy baja sobre el terreno. En algunos tramos apoyaba las manos para bajar con más rapidez. No pude distinguir la cara ni calcular su edad. Vi que entraba y salía de nuestra vista usando árboles, desniveles y piedra.

10:14 Montelongo ordenó un disparo hacia tierra como advertencia. Ugalde disparó y la figura desapareció. Nos quedamos atentos a ese sector, pero el siguiente movimiento llegó por detrás. Alcázar giró primero y recibió un golpe que lo hizo caer. Ugalde disparó hacia una silueta que pasó entre las piedras. Yo fui hacia Alcázar y le revisé la pierna. Tenía una herida profunda en la parte posterior del muslo. El corte había atravesado el uniforme y sangraba bastante. pero podía mover la pierna y no encontramos señales claras de una lesión arterial.

10:54 Le hicimos un vendaje y volvimos a intentar comunicación. La radio seguía entrando por momentos y después se perdía. Montelongo decidió regresar al pueblo. Con Alcázar herido, avanzar hasta el punto de extracción por terreno abierto podía tomarnos varias horas. Ugalde se opuso. y dijo que volver era meternos otra vez en un lugar que el atacante ya conocía. El teniente mantuvo la orden. Empezamos el regreso despacio, con Alcázar apoyándose en mí. Cada ruido nos obligaba a detenernos, revisar y volver a movernos. Ugalde miraba con frecuencia hacia atrás y en dos ocasiones dijo haber visto al hombre entre los árboles. Yo no lo vi y Montelongo tampoco confirmó movimiento.

11:47 Cuando ya estábamos cerca del pueblo, Ugalde se separó varios pasos de la formación. Dijo que había visto algo junto a una casa y que podía buscar un mejor ángulo desde un costado. Montelongo le ordenó regresar. Ugalde obedeció, aunque insistió en que seguir juntos nos hacía fáciles de seguir. El teniente respondió que dividirnos le daba al atacante una oportunidad mejor. Continuamos hasta la escuela. Dentro, atendimos otra vez la pierna de Alcázar. El sangrado estaba controlado, pero ya caminaba con dificultad. Montelongo trató de establecer comunicación desde otro punto del edificio. Yo me quedé con Alcázar y Ugalde cubrió el exterior. Entonces, Ugalde volvió a detectar movimiento detrás de una casa. Salió unos metros para mejorar el ángulo.

12:39 Montelongo le ordenó regresar. Pero Ugalde respondió que tenía al sujeto cerca y siguió avanzando. Escuchamos un disparo y después otro. Montelongo y yo salimos hacia su última posición. Alcázar se quedó en la escuela porque no podía seguirnos al mismo paso. Encontramos un cargador de Ugalde en el suelo y una marca de sangre cerca del camino. Seguimos las huellas de sus botas hasta el límite del pueblo. Continuaban varios metros y después se perdían entre piedra y vegetación. Montelongo quería avanzar, pero le recordé que Alcázar estaba solo. Y nos detuvimos.

13:19 Ugalde podía estar herido a poca distancia, pero seguirlo significaba dejar nuevamente a otro hombre aislado. El teniente decidió volver. Alcázar seguía adentro. Le contamos que habíamos encontrado sangre y que no sabíamos si era de Ugalde. Permanecimos ahí durante el resto de la noche mientras continuaban los ruidos alrededor de la escuela. Escuchábamos pasos, ramas moviéndose y piedras desplazadas en distintos puntos, pero nunca hubo un intento directo de entrar. Cada vez que dirigíamos la atención hacia un sector, el siguiente ruido aparecía desde otro lado. Montelongo mantuvo a cada uno cubriendo un acceso y dejó claro que nadie volvería a salir solo. Recuerdo que Alcázar dijo que podía tratarse de un hombre que llevaba años viviendo en la zona y conocía cada paso de la sierra. Montelongo respondió que también podían ser varios. Yo no tenía una respuesta. Seguía pensando en los animales encontrados durante el día, en los cortes limpios y en la forma en que Ugalde había descrito al hombre desde el primer avistamiento. Ahora Ugalde estaba fuera, herido o perdido. y nosotros teníamos que esperar hasta que hubiera luz, sin saber desde qué punto volvería a acercarse, quien seguía moviéndose alrededor del pueblo. Antes de amanecer, Montelongo decidió que saldríamos de San Miguel. Alcázar estaba herido, Ugalde

14:50 seguía desaparecido, y la radio no nos daba una comunicación estable, así que bajamos por una ruta secundaria que aparecía en el mapa, y llevaba hacia una pista más abierta. Salimos con poca luz, Alcazar caminaba apoyado en mí. Montelongo cubría la retaguardia y avanzábamos despacio, atentos a los lados del sendero. Durante un buen tramo no escuchamos nada. Después de tantas horas oyendo pasos, ramas y piedras alrededor del pueblo, aquel silencio nos obligaba a seguir mirando igual. Fue entonces cuando encontramos a Ugalde, sentado junto a un árbol fuera del camino. Conservaba el fusil, tenía sangre en las manos, una lesión en el hombro y le faltaba parte del equipo. Estaba consciente, aunque tardó unos segundos en reaccionar, cuando Montelongo lo llamó por su apellido. El teniente se acercó a revisarlo mientras yo me quedaba con Alcázar. Ugalde contó que había seguido al hombre, después de verlo pasar detrás de una casa.

15:54 Al llegar al límite del pueblo, perdió contacto visual, escuchó movimiento a su derecha y disparó. Poco después, recibió un golpe en el hombro y cayó por una pendiente. Cuando intentó regresar, volvió a escuchar movimiento delante de él, cambió de dirección y el ruido apareció otra vez más arriba, en un paso distinto. Montelongo le preguntó si había vuelto a verlo de cerca. Ugalde respondió que solo había alcanzado a distinguir partes del cuerpo entre árboles y piedras. Cada vez que trataba de subir hacia el pueblo, el hombre utilizaba otro sendero y le cerraba el paso. No desaparecía frente a él ni surgía de la nada, simplemente conocía rutas que nosotros no habíamos visto durante el reconocimiento. Ugalde terminó perdiendo la orientación y decidió quedarse quieto hasta que hubiera más luz. No sabía si alguno de sus disparos había alcanzado al hombre. Revisamos su hombro, controlamos la herida y seguimos avanzando. Ya estábamos otra vez los cuatro, pero Alcázar caminaba con dificultad y Ugalde estaba agotado. Montelongo mantuvo la formación cerrada y ordenó que nadie se separara por ningún motivo. Más adelante llegamos a una zona estrecha del descenso.

17:14 con poca visibilidad hacia los costados. Escuchamos movimiento al frente y nos detuvimos. Ugalde levantó el fusil. Yo miré hacia la izquierda y vi una figura cruzar detrás de un árbol. Esta vez estaba más cerca. Pude confirmar que era un hombre desnudo, muy delgado, con uñas largas y mucho pelo en su cuerpo, con el cuerpo inclinado hacia adelante. Bajaba por una parte pronunciada del terreno y apoyaba las manos para mantener velocidad. No distinguí bien la cara. Ugalde sí logró seguirlo con la mira y disparó. La figura cayó detrás de la vegetación y esperamos varios segundos antes de avanzar.

17:55 Montelongo y yo fuimos hacia ese punto, mientras Ugalde permanecía con Alcázar. Encontramos sangre sobre unas hojas y una marca de impacto en un árbol. El rastro continuaba cuesta abajo durante varios metros y terminaba en una pendiente donde la vegetación se cerraba. No encontramos el cuerpo. Montelongo revisó hacia abajo y pensó en continuar, pero Ugalde le pidió que no bajáramos. Teníamos dos heridos, seguíamos lejos de la pista y no sabíamos si el hombre estaba solo. El teniente aceptó, así que retomamos la marcha sin seguir el rastro. Durante el resto del descenso, escuchamos movimiento detrás de nosotros varias veces.

18:36 No volvimos a tener una figura completa a la vista. Cuando nos deteníamos, el ruido desaparecía, y cuando retomábamos el paso regresaba después de unos minutos. Nadie volvió a disparar. Montelongo prefería conservar munición y evitar que uno de nosotros saliera detrás de un movimiento que podía alejarnos del grupo. Con la llegada de la luz, los ruidos terminaron. Seguimos hasta la pista, y desde ahí Alcázar consiguió establecer comunicación. La respuesta llegó rápido porque la extracción estaba prevista para esa mañana. Montelongo informó que teníamos dos hombres heridos, contacto con un agresor y rastros de sangre que podían pertenecerle.

19:20 Solicitó evacuación y pidió que otro equipo regresara a San Miguel para revisar el pueblo. Le confirmaron la extracción, pero rechazaron el envío de otro grupo. Preguntó quién había dado esa orden y no recibió una respuesta concreta. El helicóptero llegó y nos sacaron de la zona. Alcázar recibió tratamiento por la herida del muslo. A Ugalde le atendieron el hombro, varios golpes y la deshidratación. Después nos separaron para tomar declaración. El hombre que me interrogó empezó con preguntas sobre la ruta, el pueblo y el contacto que habíamos tenido. Luego preguntó de qué forma se desplazaba el individuo cuando bajaba por terreno inclinado. Y quiso saber si a los animales encontrados durante el avance les faltaban órganos del abdomen y del pecho.

20:08 Yo todavía no había redactado mi informe, y esos detalles tampoco habían salido completos por radio. Le pregunté de dónde los había obtenido. Me dijo que respondiera únicamente lo que había visto. Al terminar, encontré a Montelongo fuera del área de entrevistas. Me preguntó si también me habían hablado de los animales y de la forma de desplazarse del hombre. Le dije que sí. Alcázar recibió preguntas similares, y Ugalde no quiso comentar su interrogatorio. Ese mismo día redactamos nuestras declaraciones por separado. Incluimos los animales muertos, el hombre sin ropa, la lesión de Alcázar, la desaparición temporal de Ugalde, los disparos y la sangre encontrada durante el descenso. Dos días después nos entregaron una versión resumida para firmar. Ahí la misión figuraba como reconocimiento en una zona con posible actividad delictiva y nuestras lesiones quedaban relacionadas con un agresor no identificado.

21:08 Habían eliminado la descripción del hombre, su forma de desplazarse y cualquier referencia a las preguntas que nos hicieron después de la extracción. Montelongo se negó a firmar al principio y pidió saber quién había modificado el documento. Un superior le respondió que parte de la información había pasado a otra investigación y que no debía permanecer en nuestro informe operativo. No nos dieron acceso a esa investigación. Con el tiempo nos mandaron a unidades distintas Alcázar siguió en servicio varios años, Ugalde dejó de hablar del tema, y terminó sosteniendo que habíamos enfrentado a un hombre acostumbrado a vivir en esa sierra, alguien que conocía senderos que nosotros no conocíamos, y sabía utilizar la oscuridad y el terreno para acercarse. Montelongo nunca quedó conforme con esa explicación. Antes de que el helicóptero abandonara la zona, vi una persona cerca de la línea de árboles. Estaba lejos, de pie y sin movimiento. No pude distinguir la cara. Le indiqué el punto a Ugalde, pero cuando miró, la persona ya había entrado entre los árboles.

22:19 Informamos lo que había visto y la orden fue continuar la extracción. Nunca regresamos a San Miguel. La versión que terminamos firmando dice que encontramos indicios de actividad ilícita. Tuvimos contacto con un agresor no identificado y salimos de la zona por razones médicas. Eso fue lo que quedó en el informe, pero no fue lo que pasó.