Mi Padre Hizo Un Trato Para Salvarnos… 20 Años Después Vinieron A Cobrarlo
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0:05 Mis padres murieron hace dos semanas. Después del entierro, mi hermana Irene y yo regresamos a la casa donde crecimos para ordenar sus cosas. Esa primera noche, a las 2 y 17 de la madrugada, escuchamos tres golpes detrás de una pared, que mi padre nos habÃa prohibido tocar desde que éramos niños. Esperamos unos segundos y volvieron a escucharse otros tres. Irene salió de su habitación al mismo tiempo que yo. Y ninguno tuvo que preguntar nada, porque los dos estábamos mirando hacia la despensa. Ahà habÃa un armario que siempre habÃa estado pegado a la pared, pero esa noche estaba separado unos centÃmetros. Nos acercamos y antes de tocarlo, escuchamos un raspado detrás de la madera. Hasta entonces, pensábamos que nuestros padres habÃan llevado una vida normal en aquella casa.
1:00 Al dÃa siguiente descubrimos que durante años habÃan hecho algo para mantener controlado lo que habÃa detrás de esa pared y que murieron sin enseñarnos cómo continuar. Mis padres, Ramón y Rosa, compraron la casa poco después de casarse. Llevaba varios años vacÃa y necesitaba reparaciones. Las primeras semanas transcurrieron sin problemas hasta que una tarde mi madre volvió a la cocina y encontró todos los platos sobre el suelo. pero ninguno estaba roto. Formaban una lÃnea que terminaba frente a la despensa. Pensó que mi padre le habÃa hecho una broma, pero él estaba trabajando. DÃas después encontró huellas de pies descalzos en uno de los cuartos. Empezaban junto a una pared y terminaban frente a la cama. Mi padre revisó puertas, ventanas y posibles entradas, pero no encontró nada.
1:55 Poco después comenzaron los golpes dentro de las paredes. Siempre eran tres. SeguÃa una pausa y luego otros tres. Mi padre abrió parte de una pared, pero no encontró nada que explicara el ruido. La cerró y esa misma noche los golpes regresaron. Mi padre despertó en el suelo junto a la cama, con sangre en la nariz y un pequeño corte detrás de una oreja. Le contó a mi madre que habÃa sentido una mano en el tobillo y que algo lo habÃa jalado. Ella encendió la luz, revisaron la habitación y no encontraron a nadie. Pocos dÃas después aparecieron cuatro lÃneas profundas en la puerta de la despensa.
2:37 Mi padre las lijó y volvió a pintar la madera. A la mañana siguiente, las cuatro lÃneas estaban otra vez en el mismo lugar. Fue entonces cuando una mujer del pueblo les habló de Remedios Villar. Mis padres fueron a verla, le contaron lo ocurrido y Remedios pidió conocer la casa. Cuando llegó, recorrió las habitaciones y entró en la despensa. Señaló un mueble contra la pared y le pidió a mi padre que lo retirara. Detrás encontraron una puerta pequeña, cubierta por varias capas de pintura. Mi padre la abrió y descubrieron un cuarto que ninguno conocÃa. Remedios les pidió que no tocara nada y, según escribió mi madre, les dijo que los incidentes estaban relacionados con ese lugar. No explicó qué habÃa sucedido ahà antes, solo advirtió que abrir la puerta habÃa empeorado el problema. Esa misma noche realizó un ritual. Mis padres nunca dejaron instrucciones completas, solo anotaron lo que presenciaron. Durante el procedimiento, los golpes comenzaron dentro de las paredes y después se escucharon en otras partes de la casa. Uno de los objetos de remedios salió despedido y golpeó una pared. Mi padre quiso acercarse, pero ella le ordenó permanecer donde estaba. Poco después, la puerta del cuarto se cerró sola y algo comenzó a empujar desde dentro. Mi padre escribió que la madera se movÃa
4:07 con cada golpe. Remedios continuó hasta que todo se detuvo. Al terminar, hizo que mi padre cerrara el cuarto y colocara otra vez el mueble frente a la entrada. Durante meses no ocurrió nada. Los golpes desaparecieron y las marcas dejaron de aparecer. Más tarde, Remedios les explicó que el ritual no habÃa eliminado lo que estaba ahÃ, solo lo mantenÃa contenido. También les advirtió que un cambio importante dentro de la familia podÃa alterar lo que habÃan hecho. Mis padres decidieron quedarse. Cinco años después de ese primer ritual, nacà yo. Durante casi tres años, la casa siguió tranquila, hasta que nació Irene. La primera noche que mi madre regresó con ella, encontró cuatro lÃneas nuevas en la puerta de la despensa. Esa noche, cuando entraron al cuarto de Irene, escucharon tres golpes debajo de la cuna. Mi padre la levantó, mi madre encendió las luces y revisaron el cuarto. A la mañana siguiente, decidieron dormir en casa de unos familiares, convencidos de que salir podÃa protegernos. Esa noche, Irene volvió a llorar. Mi madre se acercó a la cuna y encontró las mismas cuatro marcas sobre uno de los costados de madera. Regresaron al pueblo al dÃa siguiente y mi padre fue a buscar a remedios. Ella revisó la cuna y les dijo que el primer ritual ya no era suficiente.
5:37 Según las notas de mi madre, aquello no estaba unido solamente a la casa. Ahora también estaba unido a nuestra familia. Mi padre preguntó si podÃan marcharse para siempre. Remedios le recordó que ya habÃan pasado una noche fuera y el problema habÃa aparecido en otro lugar. Entonces decidió realizar un segundo ritual. Yo tenÃa casi tres años y no recuerdo esa noche. Irene era un bebé y todo lo que sé salió de las libretas que encontramos después de la muerte de nuestros padres. Durante el segundo ritual, Irene comenzó a llorar y los golpes regresaron. Mi padre escribió que el mueble frente al cuarto empezó a moverse. Intentó sujetarlo, pero una pata se rompió y cayó de lado. La puerta quedó expuesta y las cuatro marcas estaban otra vez sobre la madera. Después, la puerta comenzó a abrirse. Remedios trató de cerrarla, mientras mis padres nos mantenÃan alejados. Mi madre tomó a Irene, mi padre me cargó y retrocedieron.
6:43 La parte siguiente ocupa pocas lÃneas en las notas. Remedios consiguió cerrar la puerta. Terminó con un corte en una mano y los incidentes se detuvieron otra vez. Después, mi padre cubrió la entrada con madera y yeso. Colocó un armario frente a la pared. Y el cuarto desapareció de nuestra vida. Crecimos sin saber que estaba ahÃ. Solo conocÃamos las reglas. No mover el armario, no perforar esa pared. y no entrar a la despensa de madrugada si escuchábamos ruidos. Cuando preguntábamos, mi padre decÃa que detrás habÃa instalaciones viejas y que era peligroso tocar. Nosotros le creÃamos. Nunca supimos que cada vez que algo extraño ocurrÃa, nuestros padres revisaban esa pared y buscaban a remedios. Intentaban evitar que supiéramos hasta qué punto ya formábamos parte de aquello. Cuando yo tenÃa nueve años, una noche desperté por tres golpes en la pared de mi habitación esperé en silencio y escuché otros tres llamé a mi padre entró casi de inmediato apoyó una mano sobre la pared y se quedó ahà unos minutos los golpes no volvieron a la mañana siguiente revisó mi cuarto y luego pasó bastante tiempo en la despensa esa tarde llegó remedios para Irene y para mà era una conocida de nuestros padres nada más Mi madre nos mandó a casa de unos vecinos y regresamos varias
8:14 horas después, pero nadie nos explicó qué habÃa ocurrido. Años más tarde, una mañana, encontramos las sillas del comedor colocadas en fila frente a la cocina. Mi madre preguntó si habÃamos ido nosotros, pero le dijimos que no. Mi padre las acomodó y esa noche permaneció despierto en la sala. Remedios volvió poco después. Durante nuestra infancia, cada vez que sucedÃa algo fuera de lo normal, ella aparecÃa y luego la casa quedaba tranquila. Cuando yo tenÃa 19 años, Remedios murió. Mis padres fueron a su funeral y durante los dÃas siguientes, mi padre trabajó varias veces en la despensa. En ese momento, pensé que estaba haciendo una reparación. Años después, entendà que habÃa abierto parte del muro. y habÃa intentado continuar por su cuenta lo que Remedios hacÃa. Encontramos algunos de esos materiales después de la muerte de mis padres, guardados bajo el piso del taller. No habÃa instrucciones, solo objetos mencionados en las notas del primer ritual. Después de la muerte de Remedios, la casa permaneció tranquila. Yo me fui primero, e Irene se marchó unos años después. Visitábamos a nuestros padres con frecuencias pero nunca volvimos a escuchar golpes ni vimos marcas. Ellos tampoco nos dijeron que siguieran haciendo algo para mantener aquello controlado, pues pensábamos que la casa ya
9:46 no tenÃa nada extraño. Todo cambió después del accidente de nuestros padres. Cuando regresamos a ordenar sus cosas y los golpes volvieron, esperamos hasta el amanecer antes de tocar nada. empezamos por su habitación, luego seguimos con el taller y con los cajones donde mi madre guardaba papeles antiguos, encontramos tres libretas, una pertenecÃa a mi padre y dos a mi madre, las leÃmos durante horas, ahà estaban las fechas de las visitas de remedios, Referencias al cuarto oculto y anotaciones sobre los rituales. También habÃa una advertencia escrita por mi madre. Si el procedimiento dejaba de funcionar después de la muerte de ambos, tendrÃa que repetirse. No dejó instrucciones.
10:34 Esa noche decidimos dormir fuera. Irene se quedó con una amiga y yo fui a casa de un primo. De madrugada me despertaron tres golpes en la pared junto a la cama y mi primo también los escuchó. Revisamos el cuarto y no encontramos nada. A la mañana siguiente Irene me llamó. A ella le habÃa ocurrido lo mismo y habÃa encontrado cuatro marcas sobre una mesa. Regresamos a la casa ese mismo dÃa. Si aquello podÃa seguirnos, no querÃamos llevarlo a otros lugares. Empezamos a revisar todo con más cuidado. Y encontramos hojas sueltas, dibujos de la pared de la despensa y fechas que coincidÃan con algunos recuerdos de nuestra infancia.
11:18 Pero las instrucciones seguÃan incompletas. Varias páginas habÃan sido arrancadas y otras tenÃan frases que solo tenÃan sentido para quienes habÃan participado en los rituales. Mientras buscábamos, los incidentes aumentaron. Aparecieron cajones abiertos, objetos fuera de lugar y ruidos dentro de la despensa, cuando los dos estábamos en otra habitación. Luego, los golpes empezaron también durante el dÃa. Una mañana, Irene despertó con cuatro cortes superficiales en el antebrazo. Yo estaba en el cuarto de al lado y la puerta de su habitación seguÃa cerrada. Hasta ese momento, los golpes y los objetos movidos podÃan mantenernos en dudas. pero los cortes cambiaron eso. Ese mismo dÃa quitamos el armario de la despensa, retiramos parte del yeso y encontramos las tablas que mi padre habÃa colocado años atrás. Entre dos de ellas habÃa una bolsa de tela. Dentro encontramos fotografÃas, una pulsera de mi madre, dos piezas pequeñas de hierro y una hoja doblada con la letra de mi padre. La nota decÃa que Remedios les habÃa enseñado el procedimiento por partes. Mi padre conocÃa una parte y mi madre conocÃa otra, y ambos tenÃan que hacerlo juntos. Al final dejó una indicación para nosotros. Si alguna vez encontrábamos esa hoja, debÃamos buscar el cuaderno negro, pero no explicaba dónde estaba. Revisamos la
12:50 casa y el taller, hasta encontrar una caja escondida bajo el piso. Dentro estaba el cuaderno. y era de remedios. TenÃa fechas, nombres y notas relacionadas con nuestra familia. También mencionaba los dos rituales. Durante unos minutos pensamos que por fin tenÃamos lo necesario, pero al llegar a las últimas páginas vimos que faltaban varias. HabÃan sido arrancadas. Solo quedaban pequeños restos de papel junto al lomo. Irene dijo que alguien las habÃa quitado a propósito. Yo no podÃa afirmarlo. pues mis padres pudieron haberlas retirado remedios pudo haberlas destruido o quizá nunca escribió el procedimiento completo lo único seguro era que las páginas que necesitábamos no estaban esa misma noche mientras yo revisaba el cuaderno en la sala escuché un golpe en la cocina y después el grito de Irene corrà hacia ella y la encontré en el suelo con una marca roja alrededor del tobillo Me dijo que algo la habÃa sujetado y la habÃa tirado hacia atrás.
13:57 La ayudé a levantarse y en ese momento escuchamos un ruido en la despensa. Parte del yeso que todavÃa cubrÃa la pared habÃa caÃdo. La puerta del cuarto estaba visible y abierta, pero no entramos. Desde la entrada vimos una fotografÃa en el suelo. Mi madre sostenÃa a Irene cuando era bebé. Mi padre estaba junto a ella y yo aparecÃa delante. Esa fotografÃa habÃa estado guardada en un álbum de su habitación. Sobre las caras de mis padres habÃa cuatro cortes, pero las nuestras seguÃan intactas. Cerramos la puerta y colocamos otra vez el armario frente a la pared.
14:38 SabÃamos que aquello no resolvÃa nada, pero tampoco tenÃamos otra medida segura. Desde ese momento dejamos de buscar una explicación distinta para cada incidente. TenÃamos las notas de nuestros padres, el cuaderno de remedios, las marcas, los golpes, y una fotografÃa que habÃa pasado de un álbum cerrado al interior de un cuarto sellado. Lo que necesitábamos ya no era entender qué habÃa en la casa, sino encontrar el procedimiento completo antes de que los incidentes siguieran avanzando. Esa noche guardamos todos los papeles juntos y decidimos continuar la búsqueda al amanecer. No dormimos. Permanecimos en la sala, con las libretas sobre la mesa, esperando que los golpes no volvieran antes de amanecer. Al amanecer, revisamos los papeles sobre la mesa.
15:29 Entre varios sobres, encontramos una hoja escrita por mi padre, separada de las libretas. DecÃa que, después de la muerte de las dos personas que habÃan mantenido activo el procedimiento, éste debÃa repetirse con los descendientes presentes en el segundo ritual. Eso nos incluÃa a Irene y a mÃ. Más abajo habÃa otra condición. TenÃa que participar una tercera persona que hubiera estado aquella noche y dirigido el procedimiento. El nombre no aparecÃa, y la hoja estaba rota debajo de esa frase. Revisamos otra vez las libretas, pero yo tenÃa casi tres años cuando hicieron ese ritual, e Irene era un bebé, y ninguno podÃa recordar quién más habÃa estado ahÃ. Mientras buscábamos, los incidentes dentro de la casa aumentaron. Los golpes dejaron de concentrarse en la despensa y comenzaron a escucharse en otras habitaciones. Una puerta se cerró mientras estábamos en la cocina y al dÃa siguiente encontramos ropa de mi madre sobre el suelo en una lÃnea que terminaba en el pasillo.
16:38 Decidimos dormir en la misma habitación porque los incidentes graves ocurrÃan cuando estábamos separados. Durante dos noches no pasó nada. La tercera, Irene despertó porque la cobija se movÃa hacia el pie de la cama. Yo estaba despierto y vi cómo la tela avanzó varios centÃmetros. Encendimos la luz, revisamos el cuarto y salimos. Al dÃa siguiente encontramos otra nota de mi padre dentro de una caja de herramientas. La nota decÃa que nunca debÃamos iniciar el procedimiento con información incompleta. No explicaba qué podÃa ocurrir, pero habÃa repetido la advertencia dos veces. Eso nos dejó sin una opción segura. ConocÃamos algunas partes del ritual, pero no el orden. No sabÃamos qué objetos debÃan utilizarse, y tampoco entendÃamos qué tenÃa que hacer la tercera persona. Decidimos buscar a la familia de remedios.
17:36 Una sobrina suya conservaba varias cajas con documentos. Le dijimos que nuestros padres habÃan sido amigos y que buscábamos notas antiguas. Nos permitió revisarlas. Encontramos nuestro apellido en dos hojas. Una hablaba del primer ritual y otra mencionaba el nacimiento de Irene. En esa segunda hoja, Remedios habÃa escrito que el nuevo procedimiento habÃa sido necesario porque el vÃnculo ya incluÃa a nuestra familia. Más abajo encontramos la frase que necesitábamos. Para repetir el procedimiento, debÃan estar presentes quienes habÃan quedado vinculados durante el segundo ritual y la misma persona que habÃa actuado como guÃa. Volvimos a casa y buscamos esa palabra en las libretas. Mi madre la habÃa usado una vez.
18:27 Escribió que Remedios dirigió el segundo ritual y que nadie podÃa moverse hasta que ella lo indicara. La tercera persona era Remedios. pero habÃa muerto trece años antes. Seguimos revisando papeles por si podÃan sustituirla, pero no encontramos ninguna. Mis padres habÃan aprendido partes del procedimiento y, después de la muerte de Remedios, habÃan conseguido mantenerlo activo, aunque nunca dominaron todo lo que ella hacÃa. Esa noche nos quedamos en la sala, escuchamos un golpe en la cocina y no fuimos a revisar, Poco después, la puerta de la despensa comenzó a abrirse. PodÃamos verla. Se abrió por completo y entonces escuchamos madera rompiéndose detrás del armario. Irene me pidió que saliéramos. Tomamos las llaves y fuimos hacia la puerta principal.
19:23 Pero antes de llegar, el armario cayó dentro de la despensa y las tablas que todavÃa cubrÃan parte de la entrada cedieron. La puerta del cuarto volvió a quedar abierta. asà que salimos de la casa y regresamos al amanecer. El cuarto seguÃa abierto. Nos acercamos a la entrada y vimos una hoja en el suelo. Era del mismo papel que el cuaderno negro. La llevamos a la cocina. Era una de las páginas arrancadas. Remedios habÃa escrito que quien dirigÃa el procedimiento debÃa permanecer frente al cuarto hasta terminar y que quienes estaban vinculados no podÃan abandonar el lugar una vez iniciado. La última advertencia decÃa que si el ritual se interrumpÃa, aquello que estaba contenido podÃa quedar libre la página terminaba ahà seguÃa faltando la hoja que explicaba cómo cerrar el procedimiento revisamos los demás documentos pero no apareció esa tarde encontramos un sobre dentro de una caja de mi madre tenÃa nuestros nombres y dentro habÃa una fotografÃa tomada después del segundo ritual y una hoja de mi padre en la fotografÃa aparecÃamos mis padres Irene, Remedios y yo La nota de mi padre decÃa que, si alguna vez encontrábamos ese sobre, significaba que él y mi madre ya no podÃan mantener el procedimiento. Explicaba que, después de la muerte de Remedios, habÃa intentado aprender lo suficiente para sustituirla, pero nunca lo consiguió. Al final, dejó una
20:56 advertencia directa. Si Remedios ya no estaba y nosotros no tenÃamos las instrucciones completas, no debÃamos entrar al cuarto ni intentar terminar el ritual. Para entonces la puerta ya estaba abierta. Nosotros no la habÃamos abierto, pero tampoco sabÃamos cómo volver a cerrarla. Esa noche dejamos todo sobre la mesa y nos mantuvimos lejos de la despensa. Durante varias horas no pasó nada, pero después escuchamos tres golpes en el pasillo. Permanecimos juntos. Los golpes se detuvieron y poco después escuchamos un ruido en nuestra habitación. Fuimos hasta la puerta y el armario estaba abierto. Dentro estaban las dos piezas de hierro que habÃamos encontrado detrás de la pared y la página arrancada del cuaderno, pero nosotros habÃamos dejado las tres cosas en la cocina, asà que retrocedimos sin entrar. Entonces volvieron los golpes, esta vez desde la despensa. La puerta del cuarto seguÃa abierta. Decidimos salir, pero cuando llegamos a la entrada, la puerta principal se cerró de golpe. Conseguimos abrirla y pasamos el resto de la noche fuera. A la mañana siguiente entramos solo para recoger las libretas, el cuaderno y la nota de nuestros padres. Desde entonces no hemos intentado el ritual. Los golpes siguen apareciendo donde dormimos y las piezas de hierro cambian de lugar aunque las guardemos.
22:25 Hace dos dÃas aparecieron cuatro marcas nuevas en la puerta de nuestra habitación. Irene piensa que tendremos que usar las instrucciones que tenemos. pero yo sigo pensando en la advertencia de mi padre. No sabemos cuánto tiempo podemos esperar y tampoco sabemos qué ocurrirá si empezamos el ritual sin la parte que falta. La puerta del cuarto sigue abierta y cada dÃa ocurre algo nuevo. Mis padres pasaron años evitando que supiéramos lo que habÃa detrás de aquella pared y ahora entiendo por qué. No estaban protegiendo la casa, estaban intentando mantenernos fuera de ese cuarto. Ahora ellos están muertos, Remedios también, e Irene y yo somos los únicos que seguimos ligados al procedimiento. Tenemos que decidir si seguimos esperando a que aquello avance o si empezamos un ritual que ninguno de los dos sabe terminar. Lo único que sabemos con certeza es que nuestros padres tenÃan una forma de mantenerlo encerrado. Ellos murieron, Remedios también, y desde que la puerta volvió a abrirse, Cada noche ocurre algo más cerca de nosotros. Si te gustó esta historia, te recomiendo ir a ver. La bruja que protegÃa a mi familia murió y algo regresó. Y también mi madre le pagaba a una bruja cada mes y descubrà por qué.
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