Mi Bisabuela Fue Una Bruja Italiana Historias De Terror - REDE

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La casa heredada. Cuando murió mi abuela, mucha gente se aglomeró en su velorio. Mi abuela sólo tuvo un hijo, mi padre y también sólo un nieto, pero sà tenÃa muchas personas que la querÃan esto gracias a que era una persona caritativa, tenÃa como costumbre mantener un comedor largo y siempre que podÃa alimentaba a los menos afortunados. Yo recuerdo haber visto siempre gente en su casa. Mi abuela era hija de migrantes italianos que llegaron a México durante la Segunda Guerra Mundial. Tuvieron varios negocios exitosos con los que se llenaron de propiedades. Mi abuela, haciéndola más chica de todos sus hermanos, terminó heredando todo. Nunca tuvo carencia de nada. Desafortunadamente, durante varias crisis económicas que sufrió el paÃs terminó perdiendo mucho de la herencia. Mi abuelo era un comerciante respetado, no era rico, pero vivÃa decentemente. Desgraciadamente, murió en una pelea por un juego de cartas. Mi abuela quedó viuda muy joven. Como he dicho, sólo tuvo a mi padre, quien, a diferencia de mi abuela, era un niño mimado. Consiguió un trabajo como profesor de educación fÃsica en un colegio privado. Esto gracias a la influencia de mi abuela y por medios no tan legales, se jubiló antes de tiempo. Yo siempre fui muy desobediente. No me gusta rendirle cuentas a nadie y no me gusta pedirle dinero a mis padres, por lo que comencé a trabajar inmediatamente después de tener la mayorÃa de edad, no terminé ni la preparatoria embaracé a mi novia cuando apenas tenÃamos diecinueve años los dos comencé a rentar una casa, aun cuando mi padre nos decÃa que nos fuéramos a vivir con ellos. No tardé en tener problemas económicos a los cuales mi abuela siempre me daba solución. Me siguió ayudando aún después de la muerte, pues en su velorio me enteré por medio de una tÃa abuela que me habÃa dejado una casa a las afueras de la ciudad. También me dejó algo de dinero en una cuenta bancaria. En ese momento no me importaba la herencia. En verdad me sentÃa bastante deprimido y triste por su pérdida, pues yo con ella tenÃa un fuerte vÃnculo. Después de pasar el tiempo de mi duelo, mis padres y mi novia me motivaron para ir a ver la casa que me habÃa dejado mi abuela. Recuerdo que ella siempre me decÃa que no le gustaba verme pagando renta ni batallando. Ahora bien, yo siempre he creÃdo que tanto las personas como las casas, escuelas, hospitales y ciudades llevan marcas de lo vivido. Muchas veces, las las las, las, las oras vienen con sus fantasmas incluidos. Fuimos a ver la casa que me dejó mi abuela no estaba tan lejos de la casa de mis padres ni de la que habitaba mi abuela. Mi padre me presionó también para que regresara a mis estudios. Me decÃa que ya habÃa opciones como escuelas, semi escolarizadas y demás. Total que nos mudamos a la casa. DecÃa mi novia que si no nos sentÃamos cómodos en una casa tan grande, podÃamos venderla y comprar un departamento en el centro de la ciudad, pues ésta era bastante grande. Contaba con varias habitaciones en total eran nueve si mal no recuerdo. TenÃa también una especie de capilla dedicada a una escultura de una virgen que yo no conocÃa, pero suponÃa que la escultura la habrÃan traÃdo de Europa. No nos fuimos a vivir de inmediato. Primero fuimos a acomodar la casa. TenÃa bastantes muebles que, gracias a su antio de huedad, eran valiosos en el mercado. También estaba llena de esculturas e imágenes del tipo religioso. Cada cuadro contaba con lámparas en color rojo que asemejaban las flamas de unas veladoras. El diseño interior acompañado de las imágenes no nos gustaron. Nos parecÃan bastante aterradoras. Acordamos en deshacernos de todas, pero no pensábamos en tirarlas. A la basura. Primero averiguarÃamos si tenÃan algún valor en el mercado. Después de todo, no se veÃan como todas las imágenes que hay en las casas, como la Virgen de Guadalupe o el Sagrado Corazón. Sólo acordamos en dejar la escultura de la Virgen en la capilla. Ya después verÃamos si ocupábamos ese lugar. Para otra cosa. En la casa también habÃa un par de libreros llenos de libros tanto en italiano como en español, y vio un par en latÃn. Mayormente eran del tipo religioso. Me sorprendió también encontrar un par de volúmenes sobre brujerÃas y otro que hablaba sobre demonios, tipos de lectura que no esperas encontrar en la casa de tu abuela. Pero a fin de cuentas, esa casa habÃa pertenecido más bien a mi bisabuela, que no conocà más que por los relatos de mi abuela y mi madre. Mi abuela me decÃa que su madre era muy religiosa. En cambio, mi madre solÃa acusarla de Bruja, cosa que yo no me tomaba muy en serio, ya que para mi madre toda la gente era bruja y siempre hubo fricciones entre ella y la familia de mi padre, y no la juzgo. La familia de mi padre solÃa ser un poco clasista. Mi madre venÃa de una familia humilde. Ahora que tenÃamos esos libros en las manos, ya comenzaba a creerle a mi madre. Mi novia rápidamente comenzó a repartir la distribución de la casa, eligiendo la recámara principal para nosotros y la de a un lado, serÃa la bia de nuestra hija. Como yo estaba desempleado en ese momento, me dediqué de lleno a la restauración de la casa. Mi novia trabajaba en una mercerÃa en el centro. Contraté un amigo mÃo que era albañil para que me fuera diciendo qué era lo que habÃa que restaurar la casa Era realmente sorprendente. Incluso tenÃa un sótano donde estaban las lavadoras y una secadora. Mi amigo se llama Rubén. Rubén y yo pasamos largas horas trabajando en la casa, removiendo viejas pinturas, reparando grietas en las paredes, instalando nuevas tuberÃas y renovando los baños y cocina. Mientras trabajábamos descubrimos nuevos detalles de la casa, como pasillos, ocultos y una habitación secreta detrás de un muro falso. De repente me encontré fascinado por la historia de la casa y sus antiguos habitantes. Empecé a investigar más sobre la familia de mi abuela y la historia de la casa. En la biblioteca local descubrà que mi bisabuela, la dueña original de la casa, fue una mujer muy conocida en la comunidad, pero también estaba rodeada de rumores sobre prácticas mágicas. Al parecer, mi bisabuela habÃa sido acusada de practicar brujerÃa y de tener poderes sobrenaturales. Su historia era un secreto a voces. Tal vez suene escandaloso de primera mano más, si nos remontamos años atrás, las prácticas de brujerÃa y curaciones era algo muy común entre las personas. No obstante, fui descubriendo poco a poco que las prácticas mágicas de mi bisabuela eran muy distintas a las tÃpicas curaciones con huevos y pirul Los libros que encontramos en la casa empezaron a intrigarme aún más y comencé a leer los que lograba entender los demás sólo revisaba su simbologÃa. VeÃa que algunos tenÃan dibujos donde parecÃan ser cadáveres de animales para invocar o crear algo. Una cosa era segura. Algunos de ellos hablaban sobre rituales, oscuros y conjuros. Empecé a sentir una extraña fascinación por esos temas. No sólo era fascinación. Llegué a sentirme obsesionado con ello, tanto, asà que a veces dejaba a Rubén trabajando solo mientras yo perdà el tiempo leyendo y revisando los libros. Preferà ocultar los libros de mi esposa, pues si los veÃa, dirÃa lo mismo que con las esculturas. Sin duda alguna, me pedirÃa que los desechara. Mientras estuvimos reparando la casa. No nos ocurrió nada extraño salvo que encontramos aquella habitación oculta, repleta de frascos, con cadáveres de animales, bolsas, con cabello humano y lo que más miedo nos dio un pequeño muñeco con la forma de un duende, con varios alfileres clavados en el cuerpo y el rostro. Tiramos todo a la basura y esa habitación la mantuvimos oculta. Ni siquiera le dije a mi novia que existÃa. Ella solÃa ser sumamente supersticiosa y no querÃa que se formara una idea negativa sobre la casa. Realizamos una pequeña reunión para festejar una vez que estuvo lista para ser habitada. A la reunión acudieron mis padres, mis suegros, amigos mÃos y de perla, mi novia. Durante aquella reunión, dos de mis mejores amigos me preguntaron si habÃa alguien más en la casa. Yo les respondà que no sólo que fuera alguien más de la reunión, pero todos estábamos en uno de los jardines tomando cerveza y asando carne. Mis amigos inmediatamente me preguntaron si no asustaban en la casa, ya que la voz que habÃan escuchado no era normal. Además, habÃan notado también un extraño olor. A Azufre les pedà que no le dijera era nada a perla. Dejé a cargo de la parrilla a mi padre y me fui hasta el lugar que mencionaron haber escuchado esa voz. Curiosamente, el lugar era exactamente donde se encontraba el falso muro. No escuché nada extraño, aunque sà percibà el aroma del que me hablaba. Mirando en dirección al piso, noté un lÃquido negro escurriendo de la pared no tenÃa ni idea de qué lugar habÃa salido de esa asquerosa sustancia. No habÃa tuberÃa allà dentro aparte, retiramos prácticamente todo lo que habÃa ahÃ. Puse unos trapos en el lugar donde escurrÃa ese lÃquido y seguimos con la reunión. Cuando todos se fueron. Me quedé hasta pasadas las dos de la madrugada limpiando le dije a Perla que subiera a dormir y a ver a la niña. Aproveché cuando se fue a dormir para retirar el muro falso del pasillo dentro No habÃa nada, a excepción de una veladora de cebo que, según yo, no recordaba haber visto antes. No le tomé tanta importancia, porque bien se me pudo haber pasado sacarla cuando limpiamos Rubén y yo, el lÃquido oscuro no emanaba de ningún lugar. De hecho, después de que lo limpié, no vi ningún hueco en el piso o en los muros. No entendÃa de dónde provenÃa. Volvà a cerrar el muro y me fui a acostar en ese entonces comenzábamos a dejar dormir sola a la niña. Yo creo fielmente que el instinto de madre es el más grande que existe, pues esa noche, perla se levantó de súbito. Me dijo que presentÃa algo, asà que fue de inmediato a verla en su habitación. Yo la seguÃ. Nuestra hija dormÃa profundamente, pero perla de repente gritó apuntando en dirección al balcón de la habitación de la niña. Me dijo que habÃa una sombra. Mi vista, apenas aún se estaba acostumbrando a la oscuridad, por lo que no vi claramente es oa sombra de la que me hablaba. Sólo recuerdo haber visto una especie de vestido de encaje en color negro, pero la llevó a nuestra niña a la cama decÃa que estaba convencida de lo que habÃa visto, que era la figura de una bruja que deseaba entrar por el balcón a raptar a nuestra pequeña. A La mañana siguiente entré a la habitación de la niña y me encontré con la sorpresa de que en el piso estaba el mismo lÃquido asqueroso. TenÃa la forma de dos huellas, como si alguien hubiera estado de pie justo donde Perla me indicó haber visto la sombra durante el desayuno. Le pregunté a Perla qué creÃa que habÃa sido aquello que vio. Perla Tranquila me dijo que bien, pudo no haber sido nada, que en la noche nuestras mentes nos pueden jugar bromas encontrando formas en las sombras, pero que la luz del dÃa llega para disiparlas. Yo estuve a punto de confesar acerca de los libros de brujerÃa que habÃa encontrado y de lÃquido raro junto a la ventana. Pero algo me dijo que no serÃa buena idea. Si le confesaba que en esa casa hubo algo malo, Perla me pedirÃa que la vendiéramos y que nos fuéramos a vivir a otro lugar. Pero a mà algo me ataba a la casa no deseaba deshacerme de ella. Intentaba convencerme a mà mismo que no encontrarÃa una casa con ese tamaño ni esa ubicación tan fácilmente. En fin, le dije a Perla que serÃa mejor que la niña durmiera con nosotros unos dÃas para que ella estuviera más tranquila. Pasaron los dÃas sin mayor sobresalto. Lo único extraño fue que Perla decÃa soñar con una mujer vestida toda de negro. Esta tenÃa un velo sobre su cabeza un dÃa me levanté cerca de las dos y media de la mañana para ir al baño de camino. Escuché esta música parecida a la que producen las cajitas para guardar joyas. Comencé a buscar de dónde provenÃa el sonido. Recorrà todo el pasillo, abrà todas las puertas, pero no vi nada. Las demás habitaciones las habÃamos dejado vacÃas. Las únicas que tenÃan muebles eran la de la niña y la de nosotros. Pasaron unos minutos y el sonido se dejó de escuchar. Caminé de regreso al cuarto y justo detrás de mà la volvà a escuchar esta vez más cerca ese sonido de cajita musical hizo que la sangre se me helara. Era como si hubiese algo invisible detrás de mÃ. Bajé a la cocina y me servà un poco de whisky. De regreso caminé por el pasillo donde se encontraba el muro falso. Este lo encontré abierto. Regresé por una lámpara a la cocina. Retiré la falsa pared e iluminé dentro. No vi nada a simple vista, pero después de echar un segundo vistazo allà vi una figurita. TenÃa la forma de una bailarina. Me dirÃa apenas unos cinco centÃmetros. Lancé la figurita al jardÃn por la ventana de la cocina, Me lavé las manos y regresé a la cama. No logré dormir bien. SentÃa miedo, pues si los fenómenos paranormales aumentaba, cómo podrÃa defender a mi familia. Pues bien, conseguà un buen empleo en una oficina del Ayuntamiento, esto gracias a un familiar que también trabajaba allÃ. El empleo era sencillo y, siendo horario de oficina, tenÃa el resto de la tarde libre para pasar por la niña a la guarderÃa. El familiar era un primo lejano. Lo conocÃa muy poco, pero él me trató como si fuera su familiar directo. No tardé en establecer una buena amistad con él. Se llamaba Javier. Resulta que él sà conoció a mi bisabuela y también a la dueña original de la casa. Quién le vendió a ella. Ãl me preguntó abiertamente si no me habÃan asustado en la casa, a lo que yo le contesté que sÃ, que estaban ocurriendo cosas muy extrañas, pero que no deseaba abandonar la finca. Después le pregunté sobre el por qué me habÃa preguntado eso. Entonces me contó una historia. Con todo respeto a tu familia. Me dijo la señora que era dueña original de allà y tu bisabuela eran brujas famosas, sobre todo mi bisabuela que practicaba una especie de magia más efectiva. TenÃan mucha gente que iban a consultarlas, incluso médicos y otros profesionistas. El problema que cuando los negocios son turbios los rumores comienzan entre las personas. La gente comenzó a decir que vieron en las dos señoras realizando sacrificios en el panteón. Otra persona dijo que vio como una de ellas se transformaba en ave. Cuál haya sido la verdad. Los vecinos se convencieron de que no querÃan al par de mujeres. AllÃ, mi bisabuela fue sensata y se cambió a otra casa. La señora, en cambio, no se quiso oÃr. La gente la maltrataba. Cada vez que la veÃan, las personas en masa pierden su sentido crÃtico y comienzan a actuar de manera irracional. Un dÃa, la casa quedó sola algunas personas enteraron a vandalizarla. Quedó en muy mal estado. Buscaron a mi bisabuela, pero por ningún lado la vieron. Dicen que desapareció, pues nunca nadie vio su cadáver ni la vio abandonar la casa. Pero se corrió el rumor que un par de jóvenes con la mente nublada la arrojaron a un pozo de agua que hoy en dÃa ya no está en pie. Terminó la historia diciendo que años después, mi abuela retomó la casa, La la la la read se paró y mandó a construir una capilla sobre el viejo pozo. Esto para enterrar la tragedia del lugar. Quedé anonadado con la historia. Si bien ya habÃa escuchado algunos rumores, no me imaginaba la magnitud de los hechos. Por aquellos dÃas me llamó Rubén para preguntarme si no iba a necesitar que me ayudara nuevamente. Estaba pasando una mala racha. Sentà compasión por él y le dije que podÃa darle trabajo ayudándome los sábados. Resulta que Rubén también sentÃa mucho interés por la historia de la casa a tal punto que él también investigó un poco. Según él, la señora que vivÃa con mi bisabuela le hizo un trabajo A su padre me dijo algo extraño. Dijo que los favores que conseguÃan tanto mi bisabuela como la otra señora siempre llevaban un precio. Por ejemplo, en el caso de su padre, uno de sus hermanos murió dejando el nr trabajo de operador de grúa a su padre. En pocas palabras, por cada favor caÃa una desgracia, perla y yo tuvimos un par de discusiones. Comenzábamos a salir mal. Ella me decÃa que no me estaba involucrando realmente en mi papel como proveedor del hogar ni como padre de nuestra hija. De hecho, una noche nos peleamos tan fuerte que ella se fue a casa de su madre. Yo no hice nada por ir a buscarla. En ese momento pensé que el coraje se le pasarÃa y después volverÃa a casa. Ese sábado, Rubén y yo tuvimos la idea de retirar la virgen del altar de la capilla y cavar bajo ella para ver si era verdad lo que me contaron acerca del pozo. No fue fácil retirar la estatua de la virgen. El tiempo habÃa hecho mellan en los materiales en que fue construido el lugar. Acabamos un poco y pronto sur cogió una tapa de metal con dos candados. Reventamos los candados con ayuda de un mazo y entonces descubrimos la noria. El pozo de agua era bastante profundo, lo suficiente como para provocarte vértigo. Estábamos obsesionados con ese trabajo, tanto asà que ni cuenta nos dimos de que el dÃa se consumÃa y el sol se habÃa ocultado. Ya hace rato pusimos un foco con ayuda de una extensión eléctrica y vimos dentro del pozo. Sólo se veÃa el agua y no percibimos ningún mal olor. Pero notamos el sonido de la cajita musical. Yo me comencé a poner nervioso. Le dije a Rubén que ya antes habÃa escuchado ese mismo sonido. Cuando menos lo esperamos, vimos una figura flotando sobre el pozo de agua. Era la mujer del velo negro. Rubén y yo corrimos hasta la casa, cerramos la puerta que daba al patio de golpe. Yo me persigné y Rubén también encendà las luminarias del patio afuera no se veÃa nada dentro de la casa. Las luces comenzaron a parpadear. Escuchábamos pasos por todos los pasillos y lo más terrible, el maldito sonido de la caja musical. SentÃa que iba a enloquecer. En eso tuve una idea. Fue como un rayo de luz en la oscuridad. Recordaba la figurita con forma de bailarina. Tal vez si la arrojaba al pozo, el lente se tranquilizarÃa. Le conté mi idea a Rubén y él estuvo de acuerdo conmigo. Fui a buscar la figurita al jardÃn y nos pusimos en marcha. Juro que todo el camino que lleva de la casa a la capilla se hizo más largo y me sentÃa muy pesado, asà como si algo me jalara en dirección al piso, arrojé la figurita dentro del pozo. Entonces escuchamos un sonido como una respiración tranquila, como si alguien descansara. Con el paso de los dÃas en la casa se sintió mucha paz. Sin embargo, en cuanto regresó, perla me siguió diciendo que tenÃa terribles pesadillas en las que una mujer sombra se robaba a nuestra hija. Tomé la decisión de vender la casa. La que terminó por convencerme de hacerlo. Fue mi madre que me dijo que si no lo harÃa, la casa se alimentarÃa de mà y aunque por el momento haya logrado neutralizar el espÃritu de la bruja, era muy probable que el mal resurgiera y no lograrÃa escapar. Vendà la casa y compré otra en un fraccionamiento nuevo en Cuernavaca. Como he dicho al principio de mi relato, siento que cada casa viene con sus propios fantasmas y aunque logres alejar a estos, quedan cicatrices que las personas más sensibles pueden ver. Estoy convencido de que en la casa heredada n o s R. EspÃritu de la Bruja no era el mayor problema, sino algo más, algo que fue conjurado y vive en sus cimientos un monstruo hambriento de sacrificios. Pero no seré yo ni mi familia quien lo alimente. Relato escrito y adaptado por Mauricio Farfán








