Feb. 5, 2024

Lo Que Viven Los Veladores Y Guardias De Seguridad Por La Noche Historias De Terror - REDE

Lo Que Viven Los Veladores Y Guardias De Seguridad Por La Noche Historias De Terror - REDE

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Nota de Ramiro Contreras. En lo que exploraremos hoy nos adentraremos en las apariciones y fenómenos paranormales que han impactado a los trabajadores nocturnos, encargados de resguardar diversos lugares como edificios. Estos individuos, a menudo denominados veladores, se enfrentan a encuentros con seres extraños y experimentan manifestaciones que desafían la explicación convencional del tiempo y la realidad. Los veladores, con su temple fuerte, se encuentran en la primera línea de experiencias paranormales, mientras cumplen con su labor de vigilar espacios desolados durante la oscuridad de la noche. Las historias que cuentan nos revelan un mundo en el que muchos de nosotros no tendríamos el valor de pasar ni siquiera una sola noche. Imaginémonos en la situación de estos valientes trabajadores enfrentándose a la soledad de un lugar desolado, armados solo con una ala para un radio, mientras cumplen con su deber de vigilar en una pequeña caseta. Este trabajo nos lleva a reflexionar sobre la valentía y la resistencia mental que implica enfrentarse a lo desconocido durante las horas más misteriosas de la noche la niña. Esto sucedió hace cuatro años mientras trabajaba en una fábrica como guardia de seguridad nocturno. Justo el día que entré, mi compañero me informó sobre las cosas sobrenaturales que pasaban en ese sitio. Así sin más, no llevábamos ni una hora en el trabajo cuando de la nada empezó a contarme sobre esas cosas paranormales que, según él, ocurrían ahí en la fábrica. Casi del diario. Yo hice una pequeña broma sobre eso. Le dije algo así como que no me había terminado ni de explicar todas las actividades cuando ya me estaba tratando de asustar para que me fuera. Él no reaccionó a mi comentario. Lo que me dijo fue te. Lo digo de una vez porque soy el único que ha logrado aguantar aquí más de quince días. Eso sí ya me llamó la atención. Entonces empezamos a platicar. Sobre eso. Me contó que en los últimos dos años habían entrado y salido más de cuarenta guardias y que, de hecho, uno había muerto de un infarto debido a un susto. Eso que me estaba diciendo ya no era cualquier cosa para que una persona sufriera un infarto, o lo que pasaba ahí debía ser bastante fuerte. Así que le pedí más detalles. Me dijo que cerca de la medianoche se escuchaba que una niña lloraba, pero que cuando se acercaban al lugar no encontraban a nadie. También me dijo que se escuchaban ruidos como de pasos y que las luces se encendían si estaban apagadas o se apagaban si estaban encendidas. Yo apenas le estaba a punto de decir que eso no sonaba algo que diera miedo. Cuando me aclaró que lo más fuerte no podía decírmelo porque, de todas formas, no le iba a creer que eso ya me tocaría descubrirlo por mi cuenta. Cuando tuviera la mala suerte de que aquello se me apareciera, pasé mi primera noche ahí esperando ese susto que me daría, pero éste nunca llegó. Algo que me llamó la atención fue que mi compañero, a pesar de tener ya tiempo trabajando ahí y a pesar de que cuando me contó todas las cosas, lo noté como si aquello ya no le afectara aún así, él parecía algo nervioso cada vez que hacíamos un rondín por la fábrica, sobre todo después de la una de la madrugada. Esa primera noche, era para enseñarme el lugar y la forma más eficiente de hacer los rondines, además de decirme que lugar es evitar después de la medianoche, por eso, de los llantos de niña, los ruidos y sobre todo por aquello de lo que no me quiso hablar. También me informó sobre qué hacer en caso de que algún intruso entrara a la fábrica, aunque me dijo que esto último nunca había pasado, ya que era una zona muy tranquila, pero que, de todas formas más yo debía saber el protocolo por cualquier cosa. Al terminar mi primera noche, no me pareció que ese lugar fuera aterrador, simplemente por la oscuridad. Se veía imponente, pero no me dio miedo estar trabajando ahí. Pero la segunda noche las cosas comenzaron a cambiar, porque cuando me tocó hacer el primer rondín solo y justo después de la medianoche, fue que mientras caminaba sentía algo extraño. Era como si alguien más estuviera ahí conmigo. Era una sensación rara. Pensé que esa sensación era ocasionada por la sugestión que el escuchar las historias que mi compañero me contó la noche anterior me había provocado. Continué caminando y al llegar a una zona de almacenamiento de los materiales, fue que escuché a la distancia que una niña lloraba. Lo que me dio más escalofrío fue que noté que aquel llanto provenía del lugar al que me tocaba ir. Llamé por radio. A mi compañero no le dije que había escuchado el llanto de la niña, ya que pensé que se asustaría y que no iría a alcanzarme. Por eso le dije que había escuchado un ruido y le pedí que revisara las cámaras. Él revisó y me informó que en las pantallas él no alcanzaba a distinguir nada fuera de lo normal. Es importante mencionar que las cámaras que teníamos no grababan nada de audio, solamente video. Yo continuaba escuchando el llanto y comencé a caminar lentamente hacia el origen del llanto, no porque quisiera hacerlo o ni porque me estuviera haciendo el valiente, sino porque tocaba revisar en ese lugar lo tenía que hacer y punto no tenía otra opción. Noté que cuanto más me acercaba el sonido parecía alejarse más como si no quisiera toparse conmigo. Me resultó curioso porque en todo el camino, el sonido del llanto se fue alejando, a pesar de que yo me acercaba más y más, ya que estuve de regreso en la caseta de vigilancia. No le dije nada a mi compañero porque el siguiente rondín le tocaba a él, pero él no escuchó nada esa noche y regresó a la caseta muy tranquilo. Fue hasta que amaneció y estábamos afuera de la fábrica que le comenté lo del llanto. Lo que le dije fue que no le había dicho nada, porque era bastante posible que yo hubiera imaginado todo la siguiente noche antes de regresar al trabajo, me puse a pensar que, aunque el llanto no me había asustado demasiado, la cuestión era que si lo del llanto había resultado ser real. Entonces todo lo demás que me había dicho mi compañero también debía ser real, incluyendo aquello de lo que no me había hablado, lo que le provocó el infarto a un guardia. La siguiente noche fue un poco diferente porque yo estaba nervioso en todo momento. Caminaba por el lugar tratando de estar alerta de cualquier movimiento durante mis rondines. Mientras realizaba un recorrido, pasé por una zona donde estaba un pequeño almacén con la puerta cerrada o por lo menos me pareció que estaba cerrada, pero cuando regresé por el mismo lugar, noté que la puerta estaba abierta de par en par En ese momento no supe si al pasar por primera vez yo había visto mal, pero al recordar mi paso por ahí creí recordar que estaba cerrada en ese momento aceleré mi paso y llegué hasta la caseta, donde le pregunté a mi compañero si teníamos una cámara apuntando a ese almacén. Me preguntó por qué, pero le dije que sólo tenía curiosidad. No quería ponerlo nervioso, pero como la noche anterior yo le había ocultado información. Me preguntó de inmediato qué había visto. Ya sabía que algo había pasado. Le dije exactamente y él me comentó que antes de que yo llegara a trabajar ahí, a él le había pasado lo mismo, pero que él siempre pensaba que había visto mal. Desafortunadamente, no había ninguna cámara apuntando hacia esa puerta, ya que las cámaras apuntaban hacia donde se guardaban las cosas importantes. En caso de que algún empleado tomara algo durante el día pasaron las noches y todo estaba tranquilo, más allá de un llanto lejano y de alguna puerta, abriéndose o cerrándose, siempre sin que alguno de nosotros viera algo en concreto, Así que se podría decir que las cosas estaban mejorando, aunque fuera un poco. Debido a eso estábamos algo tranquilos, porque los sonidos y los eventos paranormales no nos asustaban de forma muy agresiva. De hecho, mi compañero me dijo que se le hacía raro que ya hubieran pasado tantos días sin que hubieran habido manifestaciones fuertes. Pasaron como tres semanas. Para ese momento ya estaba acostumbrado a los llantos lejanos que, aunque eran aterradores, yo sabía que no se acercarían cada que escuchaba a esa niña llorando. Lo único que yo hacía era acelerar mi paso para llegar a la caseta lo más rápido posible, ya no por miedo, sólo por precaución. Pero en el segundo rondín de una noche, justo antes de terminar el recorrido, él ya de la niña, se escuchó justo a mis espaldas. Me giré de prisa, ya que el miedo me hizo actuar sin pensar y pude ver a unos diez metros una silueta era de una niña de unos ocho años y aunque su rostro estaba oculto por la oscuridad de la noche, supe que aquella niña me estaba viendo. Nos quedamos quietos y viéndonos, yo estaba aterrado. Lo único que se me ocurrió fue darme la vuelta y entrar en la caseta de vigilancia. Al entrar desperté a mi compañero, que había aprovechado para dormir un poco. Le señalé hacia afuera porque mis palabras no salían. Él se levantó asustado. Después me dijo que pensó que se había metido algún ladrón, pero al asomarse por la ventana, no vio a nadie afuera. Noté que buscaba el celular y me dijo que llamaría a la policía. Antes de que marcara, lo detuve y le dije que había visto la silueta de la niña que estaba justo afuera de la caseta. Él volvió a ver hacia afuera y ahí fue que noté que estaba asustado. Supe que un fantasma le daba más miedo que un ladrón y yo compartía ese sentimiento. Se giró hacia mí y me dijo que no había nadie afuera. En ese momento escuchamos dos golpes en la ventana de la caseta, dimos un salto y vimos en dirección de la ventana, pero no había nadie del otro lado. Aunque nos asomamos con miedo hacia afuera, justo a donde se me había aparecido la silueta, no pudimos ver nada. Revisamos las cámaras, pero no vimos nada raro. Esa noche, los rondines los hicimos juntos y muy rápidos. La noche siguiente fue muy tranquila. No escuchamos nada ni los llantos ni que alguien tocara la ventana de la caseta. Conforme fueron pasando los días. Nuestro miedo se fue desvaneciendo un poco, aunque continuábamos en alerta por lo que habíamos vivido. Creo que pasó una semana desde ese evento cuando los llantos se volvieron a escuchar a lo lejos. Pero cuando yo me acercaba a la dirección de ese llanto, noté que el volumen iba en aumento, como si en esa ocasión en verdad estuviera más cerca de la niña. Quedé de un lado de una pared Del otro lado estaban unas oficinas y también estaba el llanto de la niña, que parecía que estaba justo del otro lado. Tenía que entrar en ese lugar, pero preferí llamar a mi compañero y preguntarle si del otro lado había alguien. Él me comentó que no, pero que una silla se estaba moviendo sola como si alguien estuviera sobre ella. Me di media vuelta y regresé a toda prisa a la caseta donde mi compañero ya me esperaba. Noté que también estaba asustado. Me comentó que cuando yo comencé a regresar, alguien tocó la puerta, pero él no la quiso abrir porque sabía que yo estaba muy lejos. De ahí me estaba diciendo eso. Cuando alguien tocó a la puerta. En tres ocasiones ambos dimos un salto de miedo y de inmediato vimos en dirección de la puerta que estaba abierta porque yo la había dejado así, pero del otro lado no había nadie como yo estaba más cerca de la puerta. Comencé a caminar hacia ella y al estirar mi mano para tomar el pomo, vi que a unos diez metros allá afuera una pequeña silueta pasaba corriendo. Cerré la puerta y apenas di un paso atrás cuando alguien volvió a tocar. En dos ocasiones ambos escuchamos que alguien caminaba afuera, pero no eran los pasos de una persona grande, eran, al parecer de una niña. Los focos de afuera de la caseta se encendieron solos y en ese momento pudimos ver que una silueta pequeña se paseaba a la distancia. Era muy oscura, aunque la luz iluminaba todo. Después las luces se apagaron y otra vez esa niña tocó a la puerta y después tocó la ventana. En dos ocasiones, las luces estaban encendiéndose y apagándose. Los pasos y los golpes continuaron por casi media hora más y después cesaron sin que nosotros hiciéramos nada. Habíamos comenzado a rezar desde el primer momento en que la niña se volvió más agresiva, pero nada de eso había funcionado. Por eso sabíamos que nuestros rezos no habían funcionado y ella se había detenido porque había querido. Durante los siguientes dos meses estuvieron ocurriendo cosas como las que les conté. En cuanto me salió otro trabajo donde ganaba un poco más, renuncié. Todavía me mantengo en contacto con aquel compañero desde que yo renuncié hasta ahora. Han pasado como veinte guardias que no aguantan estar ahí ni quince días secretos e intrigas de la noche. Trabajé como guardia de seguridad en un edificio que anteriormente era un gran almacén de granos, muy antiguo, pero en el momento en que yo entré a trabajar, el edificio ya era utilizado para otra cosa. Sin embargo, en ciertas áreas aún se conservaban ciertas estructuras que hacían evidente que el edificio antes había sido un almacén de granos. Por ejemplo, el piso de intercambio de granos y las bóvedas se habían conservado prácticamente iguales, al igual que el pasillo que quedó detrás del vestíbulo principal. Ese largo pasillo conectaba con el ascensor, el cual también era parte de la construcción desde que era almacén de granos. Obviamente, se le dio un buen mantenimiento para garantizar que no hubiera fallas, pero el ascensor era el mismo. El edificio. Ahora le pertenecía a una empresa que vendía instalaciones de metal y tuberías. A pesar de que los turnos rotaban. En cierto momento me asignaron el turno nocturno. La primera planta había sido víctima de robos en múltiples ocasiones. Es relevante señalar que se trataba de una planta de gran envergadura con toneladas de material esparcido. La planta contaba con una zona completamente abierta, necesaria para almacenar grandes cantidades de metales y tuberías. Una noche mira mientras rea realizaba patrullas a pie, recuerdo que soplaba una brisa ligera yo silbaba mientras exploraba cada rincón de la planta. En cierto momento, un golpe captó mi atención al voltear para identificar el origen del sonido. Juraría que vi lo que parecía ser una especie de oso o una figura de gran tamaño desplazándose entre dos enormes pilas de tuberías internamente. Me dije que si eso era cierto, un tanto asustado corrí hacia la zona donde estaba estacionado mi automóvil. Sí, necesitaba el trabajo, pero no me iba a enfrentar a un oso. Estaba a punto de llegar al estacionamiento. Sólo me faltaba pasar por una pequeña sala y atravesar un pasillo para llegar a la puerta que separaba el estacionamiento del edificio. Sin embargo, mi nerviosismo aumentó cuando, antes de llegar a la puerta del estacionamiento donde estaba mi auto, divisé dos grandes ojos brillantes. Observándome desde el borde del complejo. No estaba seguro si era la misma criatura que había visto anteriormente, salí de allí lo más rápido posible. Incluso cerré la puerta con fuerza. Al huir hacia el estacionamiento. Pasé toda la noche en mi auto sin realizar ningún otro rondín. Después de esa noche, a pesar de que las reglas me prohibían llevar armas, decidí hacer caso omiso y conseguí una pistola. Como yo era el único guardia nocturno en ese momento, no pensé que hubiera problema, porque nadie se enteraría. Además, portar un arma me hacía sentir un poco más seguro durante el transcurso de la semana. Los encuentros con esa extraña criatura se volvieron más frecuentes. En dos o tres ocasiones me encontré cara a cara con esos ojos brillantes y la sombra imponente de la figura que se movía entre las sombras que rodeaban la primer planta del edificio. Cada vez que intentaba acercarme, la criatura se esfumaba como si se desvaneciera en el aire. Comencé a darme cuenta de que la situación estaba lejos de estar bajo control y que mi seguridad estaba en peligro. Llegó un punto en el que ya no podía ignorar la realidad. Aquella criatura sea lo que fuese, no era algo que pudiera manejar con facilidad. Decidí informar a mi contratista sobre los extraños sucesos que venía experimentando y expresé mi preocupación por la falta de control sobre la situación. Le dejé claro que necesitábamos una solución o tendría que reconsiderar mi permanencia en el trabajo. Después de que reporté ese incidente a mi jefe, recibí la compañía de otros dos guardias en el turno nocturno. Al parecer, la empresa tomó la decisión de enviar refuerzos, no sólo por mi queja, sino que, al parecer, habían ocurrido incidentes previos que habían reportado las personas que habían ocupado el puesto antes que yo. Para garantizar mi seguridad y evitar que considerara renunciar, modificaron el turno para que de ahora en adelante tuviera tres guardias de planta durante la noche. Varias noches después, mientras cerrábamos el edificio, la puerta que utilizamos para cerrarla fue golpeada y se cerró sin que nadie estuviera cerca los tres guardias. Estábamos conversando cuando ocurrió este incidente, aunque todo indicaba que lo sucedido podría ser algo inexplicable. Intentamos encontrar una explicación lógica y evitar pensar en lo sobrenatural. A pesar de las apariencias hicimos una broma sobre el incidente y tratamos de hacer como si fuera algo sin importancia. Más tarde, durante la noche, hubo un fallo eléctrico. Sumiéndonos en completa oscuridad, utilizamos nuestras linternas para iluminar. De repente comenzaron a golpear una de las ventanas cuando me acercaba para alumbrar el ruido cesaba, el ambiente se volvía inquietante y el viento sonaba como voces en diferentes puntos de la sala. Escuchamos pasos y el sonido de llaves. Lo más alarmante fue un estruendo y el ruido de cosas cayendo al suelo. Corrimos hacia el lugar, pero al llegar todo estaba en orden. Nada fuera de lugar. A pesar de los susurros y pasos que escuchamos durante el turno, no nos atrevimos a ir a los pisos de arriba aquella noche estábamos todos sumidos en un gran pánico, pero lo bueno fue que el incidente no pasó a mayores. Algunos meses después, el edificio cambió de dueño y se le hizo una reconstrucción completa, porque pasó a ser unas oficinas de abogados. Muchas partes del edificio fueron remodeladas, pero por alguna razón, las partes que se habían conservado de la infraestructura original volvieron a permanecer sin modificaciones. Me refiero al piso de intercambio de granos a las bóvedas y al largo pasillo que conectaba con el ascensor. Cuando llegó el nuevo propietario, no prestó mucha atención al hecho de que durante la noche estábamos tres guardias manteniendo esta configuración mientras se realizaban todas las modificaciones. Supongo que le convenía en términos de seguridad para evitar intrusiones y robos de materiales. Sin embargo, una vez que el edificio se transformó en oficinas de abogados, redujo la presencia nocturna a un solo guardia y por caprichos del destino, me asignaron a mí el turno nocturno. En una noche yo estaba inmerso en la rutina habitual. Sentado detrás del escritorio. Eran alrededor de las tres de la mañana. En ese momento escuché un timbre en el pasillo indicando que alguien había llamado al ascensor. Esto me desconcertó, ya que se suponía que no había nadie en el edificio excepto yo. Cambié la transmisión de la Cámara para enfocar el pasillo donde se encontraba el ascensor y vi que las puertas se abrieron de par en par lo cual sólo debería ocurrir si alguien presionara el botón de llamada. Esperé unos minutos bastante asustado, pero las puertas permanecieron abiertas y no pude ver a nadie. Las puertas normalmente deberían cerrarse por sí solas después de unos segundos, pero esta vez permanecieron abiertas. La posibilidad de que alguien no ha autorizado estuviera en el edificio y mantuviera presionado el botón desde el interior del ascensor cruzó mi mente. Como parte de mi trabajo era asegurarme de la seguridad del lugar. Decidí caminar hasta el ascensor para comprobar qué estaba sucediendo. Mientras avanzaba por el pasillo, la tensión se palpaba en el aire y el eco de mis pasos resonaba de manera inquietante. Al llegar al ascensor, observé atentamente el interior, pero no encontré a nadie. Las puertas permanecían abiertas, desafiando la lógica habitual de su cierre automático. Mis sospechas crecían A medida que examinaba la situación. A pesar de no hallar ninguna explicación, el ambiente se volvía más denso. Con nerviosismo. Regresé a mi escritorio dejando una nota para el equipo de mantenimiento sobre el mal funcición del ascensor. Aproximadamente diez minutos después de regresar a mi escritorio, la secuencia inquietante se repitió el sonido tintineante resonó por todo el pasillo seguido de las puertas. Abriéndose, miré las cámaras para asegurarme de que estaba solo y llamé a mi supervisor sólo para confirmar que no habían enviado a un compañero de apoyo. Sin avisarme, mi supervisor me aseguró que sólo yo estaba registrado para cuidar el edificio esa noche, al igual que siempre desde que el edificio empezó a funcionar como oficinas de abogados. Aunque disipé mis dudas, la tensión persistía. Observé nuevamente las cámaras mientras las puertas permanecían abiertas durante más de diez minutos. Finalmente decidí enfrentar el misterio y caminé hacia el ascensor con determinación, llegando al final del pasillo para tener una vista clara. No obstante, en el preciso momento en que me aproximé al ascensor, las puertas se cerraron abruptamente. Me quedé allí de pie experimentando una sensación de incomodidad y confusión. Tras unos momentos de indecisión, decidí regresar a mi escritorio, dejando el enigma sin resolver. Aunque persistía una sensación de malestar, opté por mantener las cosas como estaban y regresar a mi lugar de trabajo. Una vez sentado de nuevo en el escritorio, el timbre sonó, las puertas se abrieron y se quedaron así. No obstante, decidí simplemente pasar por alto el ascensor y cambiar a otro canal de la Cámara para monitorear los demás pasillos. Todo transcurrió sin contratiempos. Durante aproximadamente una hora. De repente resonó un fuerte golpe seguido de un traqueteo repitiéndose una y otra vez. Esta secuencia me sumió en un absoluto terror. Sin tener la menor idea de lo que estaba sucediendo. Rápidamente empecé a revisar las cámaras de una por una y llegué a la que estaba enfocada en el ascensor. Pude observar que las puertas estaban cerrándose y abriéndose bruscamente. Luego, las puertas se abrieron lentamente y se quedaron completamente abiertas. Sin embargo, al acercarme al ascensor, las puertas se cerraron de inmediato. Decidí quedarme fuera de las puertas. Después de casi media hora. Las puertas nunca se abrieron, así que me alejé del ascensor. Mientras regresaba a mi puesto, escuché las puertas a abrirse detrás de mí tan pronto como me di la vuelta con toda la intención de ir a revisar, las puertas se cerraron nuevamente. Me quedé ahí desconcertado por el extraño comportamiento del ascensor. Decidí alejarme y concentrarme en mi trabajo, pero la sensación de incomodidad persistía en el aire. Mientras estaba en mi escritorio, revisé algunas grabaciones anteriores de las cámaras de seguridad para tratar de entender lo que estaba sucediendo. No encontré nada inusual hasta que de repente, una sombra pasó fugazmente por el pasillo. En una de las grabaciones. Mis ojos se abrieron con sorpresa al verlo, pero al acercarme a la pantalla, la sombra desapareció. No podía explicar lo que acababa de presenciar. Decidí darle seguimiento a esa pista y me dirigí al pasillo, pero no encontré nada fuera de lo común. La tensión en el ambiente seguía ahí, pero no había señales de la sombra. Volví a mi escritorio, confundido por la extraña secuencia de eventos. Poco después, mientras revisaba algunos informes en mi computadora, noté que las luces parpadeaban de manera intermitente. Al principio pensé que era un problema eléctrico, pero al levantar la vista, vi una figura borrosa en el pasillo. Parpadé varias veces para asegurarme de que no era mi imaginación, pero la figura estaba ahí moviéndose lentamente hacia el ascensor. Me levanté rápidamente y corrí hacia el lugar, pero al llegar la figura desapareció. La incertidumbre se apoderó de mí mientras regresaba a mi escritorio. A pesar de mis intentos por comprenderlo, los eventos seguían do, do, dos esquivos y desconcertantes. Decidí permanecer alerta durante el resto de mi turno, preparado para enfrentar cualquier otro acontecimiento misterioso que pudiera surgir, pero ya nada ocurrió noche de temor. Esto sucedió cuando trabajaba como vigilante en la construcción de un parque. En aquel entonces yo tenía pocos meses de haber cumplido la mayoría de edad debido a que no sabía qué era lo que quería estudiar en la universidad y por lo tanto, no había aplicado para ninguna con la intención de que no estuviera de ocioso en la casa. Mis padres me consiguieron trabajo. En realidad, el trabajo me lo consiguió un tío, luego de que mis padres le pidieran el favor. El trabajo fue como ayudante general en un terreno que estaban construyendo en un parque. En ese terreno antes había estado una enorme casa vieja durante cien años le perteneció a una familia de españoles, pero los bisnietos de los que construyeron la casa, que ya eran los dueños, no tenían ninguna intención de visitar México, así que le regalaron la propiedad al municipio con la condición de que forzosamente se tenía que demoler la casa y que ahí debía construirse un parque que llevaría el apellido de la familia de españoles, al ser un lugar que había sido construido hace tantísimos años, pues se contaban historias de las que siempre se cuentan en lugares viejos. Ya saben cosas paranormales. Se decía que en el terreno se aparecía un niño pequeño tan aterrador que supuestamente ese era el verdadero motivo por el cual los españoles habían regalado en la propiedad. Claro que, como ya dije, los dueños decían que lo habían regalado porque no tenían ninguna intención de visitar México. Nunca fui creyente de fantasmas y, por ende, no creía en esa historia que no era particularmente original. L ni me resultaba aterradora, ya que la entidad que se manifestaba era un niño pequeño y no un demonio o algo más imponente. Pasaron tres semanas trabajando sólo de día en ese lugar. Mientras observaba cómo ese terreno se transformaba lentamente en un parque. Durante esas semanas no tuve ninguna experiencia aterradora. Al contrario, aquel lugar me parecía bastante tranquilo y agradable para trabajar. Sin embargo, las cosas cambiaron cuando renunció un vigilante nocturno y pues me pidieron que asumiera algunos turnos nocturnos en lo que encontraban a alguien fijo para tomar esos turnos. Mis padres no estaban de acuerdo. Digo yo ya era mayor de edad, pero era mi primer trabajo, así que digamos que ellos todavía tenían voz y voto. La cuestión era que a mí sí me llamaba la atención, el hecho de trabajar de noche, porque era algo novedoso para mí, no sé por qué, pero era algo que quería hacer. Así que dije que sí y luego ya me las arreglé para que mis padres me permitieran asistir a trabajar durante algunos turnos nocturnos. Cuando los trabajadores de la obra se enteraron de que me quedaría a vigilar de noche, comenzaron a advertirme sobre lo que sucedía. Algunos incluso se burlaban diciendo que renunciaría al día siguiente. Por supuesto que hice oídos sordos de todo lo que me decían y me presenté a trabajar en el turno nocturno. Cuando llegué a trabajar esa noche, me sorprendió cómo cambiaba el lugar En la noche. El parque en construcción perdía lo agradable y el ambiente hasta se sentía un poco denso. En el lugar sólo estaba la persona que me iba a acompañar ese turno para decirme todas las actividades que tendría que realizar, ya que estuviera solo. Contábamos con una pequeña caseta de vigilancia donde había una silla y una cafetera también una radio. Para no estar en completo silencio. La persona que me estaba acompañando esa noche era un hombre de más de sesenta años. Era muy calmado y pare cía erra estar bastante acostumbrado a trabajar de noche. Para ser honesto, no recuerdo su nombre. Una de las primeras cosas que me advirtió fue sobre los fantasmas. Me dijo que si veía algo que me pareciera mínimamente fuera de lo ordinario, que no me acercara, que me alejara de inmediato, que no debía estar solo en caso de que se apareciera cualquier cosa de esas. Le mencioné que no creía en fantasmas y el de inmediato respondió que el hecho de que yo no creyera en algo no significaba que no existiera. Al principio me pareció una frase tonta. Mi primera noche trabajando allí no fue para nada aterradora, aunque debo admitir que cuando salía a hacer los rondines, tenía algo de miedo, porque una cosa es negar la existencia de fantasmas un día soleado y otra cosa es estar en un lugar a oscuras Prácticamente solo más cuando ya había recibido varias advertencias al respecto de la aparición de seres fantasmales a la noche siguiente, ya estaría yo solo. El señor se había quedado conmigo solo la primera noche para mostrarme cómo se hacían las cosas. Esa segunda noche, cuando llegué aún estaba el encargado de la obra. Él me entregó una pistola sin balas. Me dijo que la zona era bastante segura, que sí había uno que otro ladrón, pero que no eran peligrosos que con que les mostrara el arma saldrían corriendo sin necesidad de apuntarles con que vieran el arma En mi pantalón sería suficiente. Nunca había visto un arma de cerca, pero no me generó conflicto ni me puso nervioso porque el arma no estaba cargada. Recuerdo que esa segunda noche, cuando ya pasaba de la una de la mañana, estaba caminando por el lugar donde se estaban construyendo las oficinas. Más allá de esa zona. Estaba un lugar que serviría para la venta de refrescos y esas cosas una especie de tienda. Bueno, ese lugar ya tenía las paredes levantadas. Mientras caminaba hacia ese sitio, a unos veinte metros de distancia, vi tenuemente a un niño vestido de blanco caminar para quedar detrás del lugar que ya contaba con las paredes levantadas. Lo primero que pasó por mi mente fue la idea de que algún niño travieso y desobediente se había escapado de casa por cualquier razón, sin decir nada. Para evitar que el niño se me fuera a escapar, me dirigí hacia el lugar. Al rodear la zona y entrar por el lado contrario al que había entrado el niño, no encontré a nadie. El niño no estaba por ninguna parte. Comencé a revisar la zona desde afuera hasta su interior, pero en ningún sitio había ni una sola señal de la presencia de ningún niño. Apunté la luz de la lámpara al suelo, pero en todo ese sitio las únicas huellas presentes eran las mías y las de los trabajadores. No había ninguna huella de un niño por ningún lugar, digo lo lógico hubiera sido que yo me encontrara huellas pequeñas, pero no fue así. Más que asustarme, pero pensé que s s. S. SR. Había imaginado todo debido a la sugestión y comencé mi regreso tratando de repetirme eso en la mente, pero con cada paso hacia la caseta de seguridad, el miedo empezaba a invadirme. Ya estando de regreso en la caseta, me preparé un café y me senté en la silla haber visto a aquel niño muy a pesar de mi escepticismo, me había dejado una sensación bastante incómoda. La caseta tenía una ventana que yo evitaba mirar por miedo a toparme con algo afuera. Con la intención de distraerme, empecé a cambiar la estación de la radio para buscar alguna música entretenida o por lo menos un programa interesante. Mientras estaba en eso tratando de encontrar algo que me llamara la atención, tuve una sensación extraña, como si alguien o algo me estuviera mirando desde fuera a través de la ventana de la caseta. Sentía una presión tan grande por aquella sensación que terminé volteando vi que afuera para mi sorpresa estaba un niño pequeño vestido por completo de blanco. Aquel niño sonreía, pero no de manera macabra. Su risa no daba nada de miedo, sino todo lo contrario. Algo destacable es que parecía que todo su cuerpo estaba envuelto por una ligera luz. Aquel niño se alejó, pero antes de salir de mi vista volteó a verme y me sonrió otra vez. Una parte de mí continuaba tratando de convencerme de que aquel era un niño común y corriente que quizás necesitaba ayuda, ya que era de madrugada y que, por la razón que sea, andaba por las calles sin compañía de un adulto. Salí de la caseta y vi que aquel niño caminaba hacia donde se estaban construyendo las que serían las oficinas del parque, así que fui detrás de él. Mientras lo seguía, el niño volvió a verme de nuevo. Fue ahí que me di cuenta de que ese niño no caminaba, sino que avanzaba flotando. En ese momento recordé lo que me había dicho el señor Eso de que a la primera que algo estuviera raro me alejara, así que decidí y regresar a la caseta. Ya en la mañana los obreros notaron que yo estaba medio raro. Les conté lo que me había pasado. Uno de ellos me dijo que hice bien en no seguirlo, ya que aquello no era un niño, que era algo más algo malvado, que no buscaba encontrar la luz, sino que buscaba causarles daño a las personas que, antes de que se empezara a construir el parque, un indigente había sido atacado durante la madrugada. Ese mismo obrero me explicó que hay seres que se disfrazan para parecer inofensivos y que cuando las personas se acercaban demasiado a aquellos entes oscuros pueden hacer mucho daño. Después de aquella plática, me fui a casa pensando todo el día en que tendría que regresar a trabajar al caer la noche no podía quedar mal. Después de todo, yo había aceptado a tomar el turno de la noche. Nadie me había obligado ni me habían chantajeado, además de que el trabajo me lo había conseguido mi tío, así que no podía simplemente dejarlo votado porque haría quedar a mi tío, así que no le dije nada a mis papás y regresé a trabajar como si nada hubiera pasado esa noche y también las siguientes. Estuve viendo la silueta pequeña, pero no volví a acercarme por más que me sonriera o pareciera indefenso. El encargado de la obra como yo, nunca me quejé ni le quedé mal con los horarios. No se tomó la molestia de buscar a otra persona y yo me quedé trabajando en el turno nocturno hasta que se terminó la construcción del parque. De ese trabajo aprendí muchas cosas que me sirvieron para conseguir mejores trabajos y, aunque nunca más he experimentado algo paranormal, estoy preparado para no acercarme porque no quiero averiguar cuáles son las intenciones de esos seres que se aparecen durante la noche. Silencio aterrador de tumbas. Soy el velador de un cementerio y quería compartir una de las experiencias más intensas que he tenido durante mi trabajo. A lo largo de estos años. Han ocurrido muchas cosas, como es de esperar. En el trabajo de un velador. No es una labor sencilla y al principio admito que me costaba acostumbrarme a todo, quizás por los estigmas asociados o por imaginarme cosas que no eran reales. Sin embargo, con el tiempo me he acostumbrado a la rutina. Trabajar en un cementerio como velador no implica necesariamente vivir experiencias paranormales todos los días. A lo largo de mis muchos años, aquí puedo decir que he tenido quizás unas diez experiencias en los más de diez años que llevo en este trabajo. Lo que voy a relatar no ocurrió hace mucho. De hecho, es un acontecimiento reciente. No mencionaré el nombre del cementerio donde trabajo por respeto y para evitar problemas innecesarios. Recuerdo que era una noche común, fría y con un ambiente peculiar, y hemos realizado al menos unos doce rondines nocturnos que llevan alrededor de treinta o cuarenta minutos cada uno en el extenso cementerio en el que trabajo. Sin embargo, esa noche me sentía aburrido y algo incómodo en mi casilla. Le comenté a mi compañero que me iba a dar una vuelta, aunque aún faltaba tiempo para el próximo rondín. Decidí pasear mientras fumaba un cigarrillo durante mi paseo. Empecé a sentir un frío extraño la noche ya era fría, pero esto fue diferente. Era como si algo no sé qué me atravesara y sintiera un frío recorriendo todo mi cuerpo, una sensación totalmente inusual. Nunca antes había experimentado algo así en todos mis años trabajando en el cementerio. Aunque me desconcertó, no le di mucha importancia y seguí caminando. Recuerdo que el tiempo se me escapaba rápidamente. Cuando quise darme cuenta, me encontraba a mitad del cementerio. Creo que que me dejé llevar por mis pensamientos y caminé más de lo planeado. Justo cuando pensaba en regresar, divisé una figura oscura que pasaba. Me mantuve alerta, ya que no era una sombra común, Parecía más sólida como si una persona vestida de negro hubiera cruzado frente a mí en ese instante alerté a mi compañero a través del radio, ya que nos comunicamos así. Durante la noche. Le informé que había visto a alguien en el cementerio, pero mi compañero ubicado en otra sección no veía a nadie. Le dije que estaba en el centro del panteón y él decidió ir a revisar en medio del cementerio. Una persona no tendría donde esconderse sin ser vista por nosotros. Salí a perseguir a la figura, pero lo hice con precaución, ya que correr de noche podría causar accidentes en el deteriorado camino. Avancé rápidamente con mi linterna. Todo parecía normal hasta que de repente escuché pasos detrás de mí. Giré pensando que era mi compañero. En ese momento vi nuevamente la sombra pasar esta vez a una velocidad que me hizo dudar de que fuera una persona. No había ningún espacio para que alguien cruzara por detrás mío, ya que todo el sector era de mausoleos y no había aberturas. En eso llegó conmigo, el compañero y de repente comenzamos a percibir un olor putrefacto sin explicación aparente. Nos aproximamos al cubo de basura y estaba completamente vacío. No entendíamos de dónde podía surgir ese olor. Olía como a animal muerto. Estuvimos buscando, pero como no encontramos absolutamente nada. Volvimos los dos juntos a nuestro lugar y estuvimos sentados charlando un rato. Nos tomamos un café mientras estábamos platicando. Nos tocaron tres veces la puerta de la caseta, lo cual era imposible porque en ese momento debían ser alrededor de las dos de la mañana y por lógica no había nadie. Estábamos experiento sentando una noche extraña. Decidimos adelantar nuestro recorrido. Generalmente cada uno toma un camino diferente, pero en ese momento fuimos juntos porque ya estábamos un poco incómodos. Comenzamos el recorrido y nos acercamos al centro del panteón nuevamente y otra vez ese olor, pero esta vez el olor llegó de la nada. Comenzamos a buscar nuevamente a ver si podíamos encontrar alguna explicación para ese olor. Como les digo, el panteón estaba limpio, al menos aquí en la ciudad son muy estrictos con la limpieza de los cementerios. Era imposible que hubiera algo aquí para emanar ese olor. Como quiera buscamos, pero, por supuesto que no encontramos nada cuando de repente escuchamos unos pasos detrás de nosotros. Ambos nos giramos, pero no vimos nada en ese momento. Creo que ya estábamos un poco asustados porque, como mencioné antes, no había ninguna persona que pudiera cruzar ese camino, ya que no había espacio. Ya estábamos considerando la posibilidad de que no fuera una persona viva. Tal vez si lo ignorábamos, dejaría de afectarnos, pero no fue así. Continuamos con nuestro recorrido por el panteón, casi terminando cuando en un instante escuchamos un silbido, como si viniera desde atrás. En ese momento, tal vez en cuestión de segundos, giramos los dos y nuevamente no había nadie, ya había visto una sombra, nos habían tocado la puerta, percibimos un olor, escuchamos pasos y ahora ese silbido, como si viniera de detrás de nosotros, le dije a mi compañero. En este momento terminemos y regresemos para calmarnos un poco, porque ya estábamos demasiado tensos mientras volvíamos. No creo que fuera casualidad. Nuevamente en el panteón vimos una luz a lo lejos como una veladora en el medio del camino. Nos acercamos rápidamente, casi corriendo y al llegar confirmamos que era una veladora. No era una ilusión óptica. Nos quedamos completamente aterrados. Algunos podrían pensar que alguien entró al cementerio a jugarnos una broma o algo, pero no. Este cementerio tiene cámaras en las entradas y lugares clave. Nos pusimos a hablar sobre qué hacer con la veladora, pero decidimos no tocarla, ya que no sabíamos quién la había puesto ni qué podría suceder. Fuimos a la caseta para revisar las cámaras. Examinamos las grabaciones desde que comenzamos nuestro turno hasta ese momento, pero en las cámaras sólo se veía que la veladora aparecía de la nada. Habrán pasado unos minutos, quizás unos quince, cuando intentábamos calmarnos y nuevamente escuchamos golpes en las puertas. Inmediatamente fui a abrir y, para nuestra sorpresa, la veladora que habíamos visto en el medio del panteón ahora estaba ahí recargada en la puerta. Mi compañero, que es religiosa y cristiano, sugirió rezar, a lo cual accedí. Mientras rezábamos en voz alta, volvimos a escuchar golpes en la puerta. Ninguno de los dos se levantó para abrirla. Seguimos rezando sin detenernos los golpes se volvieron más agresivos, pero continuamos rezando. En un momento, la puerta se abrió debido a la intensidad de los golpes. No puedo explicar con palabras el frío tan brutal que entró. Es una sensación de escalofrío y miedo, la certeza de que algo muy malo estaba presente, algo que no era normal. Trabajé muchos años en ese lugar, pero hasta ese momento nunca había experimentado algo así. Para no quedarnos dentro de la caseta, salimos a caminar por el cementerio, pero empezamos a escuchar pasos. Tratamos de ignorarlo conversando sobre cosas normales del día, planes que teníamos cosas como esas. En un momento escuchamos una risa, pero era una risa que causó mucho miedo. La risa continuó como si fuera una especie de bus Burla dejándonos completamente perplejos. No sé por qué, pero en ese momento se me ocurrió decirle a mi compañero que tal vez alguien había dejado algún tipo de trabajo de brujería en el lugar. Quizás durante el día alguien había realizado algún tipo de brujería. Si eso era cierto, debía estar dentro de uno de los mausoleos, entre el miedo y la incertidumbre. Comenzamos a mirar dentro de los mausoleos, imaginen la escena, en plena noche, mirando por las ventanas de algunos mausoleos, algunos con ataúdes. La situación se volvía completamente tenebrosa. Mirábamos y mirábamos, pero no encontrábamos nada hasta que nos acercamos a uno y vimos la verdad aquello que habíamos visto en medio del camino y al lado de nuestra puerta estaba dentro de ese mausoleo. Nos miramos mutuamente incrédulos, pensando que esto no podía ser real. Era imposible que esa vela estuviera dentro de ese lugar, pero ahí estaba. Mientras estábamos los dos mirando por la ventana hacia el interior del mausoleo, esperando encontrar alguna explicación, escuchamos un golpe que parecía provenir de un ataúd. Decidimos regresar a la caseta y ahí nos quedamos el resto de la noche escuchando golpes que provenían de diferentes lugares del panteón. Fue una noche de auténtico terror y lo peor es que hasta el día de hoy nunca hemos sabido qué fue todo eso. No sé si alguno de ustedes ha vivido algo similar, pero personalmente no tengo una explicación lógica más allá de que pudo haber sido alguna entidad oscura o de bajo astral. No soy un experto en este tema, pero lo que vivimos fue completamente real y creo que marcó una antes y un después. Para mí y para mi compañero. Nunca nos ha vuelto a suceder algo así hasta el día de hoy. Espero sinceramente que no vuelva a ocurrir. En este gran y complejo universo. Muchas veces cometemos un error al pensar que estamos solos. En realidad estamos rodeados de un mundo lleno de cosas increíbles y secretos. Por descubrir la idea de estar solos en este viaje de vida es un error que no tiene en cuenta todas las cosas que este mundo nos tiene guardadas. Al explorar la realidad, nos encontramos con situaciones extrañas que desafían lo que conocemos, como los testimonios que se han contado en este video. A veces cosas sobrenaturales suceden de maneras aterradoras o misteriosas y no podemos entenderlas con la lógica normal. Las experiencias sobrenaturales no son sólo historias de miedo, sino que nos hacen pensar cómo nuestra existencia se conecta con lo inexplicable. Explorar lo sobrenatural nos invita a cuestionar lo que pensamos, que sabemos y a estar abiertos a la idea de que hay cosas que no entendemos. Aún al reconocer que el mundo es grande y hay cosas que no entendemos, estamos en nudos dos a aceptar la incertidumbre como algo normal en nuestra vida, en lugar de tener miedo de lo desconocido. Podemos aprender de ello y descubrir más sobre nuestra existencia en este mundo tan interesante. El hospital desolado, el edificio desocupado que me tocaba cuidar durante las noches. Fue en su tiempo una clínica del seguro social, un lugar que en sus años de actividad fue un símbolo de esperanza y sanación para los enfermos. Sin embargo, el transcurso del tiempo dejó su marca en las instalaciones y ahora el edificio que una vez albergó vidas en busca de cura yacía desocupado y destinado a la demolición. Este recinto, con su arquitectura antigua y desgastada, se encontraba envuelto en un aura de misterio, alimentando las creencias populares de que está habitado por entidades sobrenaturales. Mi turno, que comenzaba a las once de la noche y finalizaba a las seis de la mañana, transcurría en la oscuridad y el silencio era interrumpido sólo por los inquietantes sonidos del viento que se colaban por las ventanas rotas a medida que patrullaba los pasillos desolados. No podía ignorar las historias sobre supuestos fantasmas que habitaban el hospital, aunque me resistía a creer en tales relatos. Fue en una de esas noches que murmullos y susurros llenaron los pasillos vacíos. Un aire denso y un escalofrío recorrieron mi espina dorsal. En la sala de espera. Una figura emergió frente a mis ojos incrédulos. Se trataba de una mujer vestida con un largo vestido blanco. Su presencia con ojos sin vida y cabello negro desordenado, me dejó paralizado por el miedo. Con el tiempo, las apariciones se intensificaron voces, susurrantes, quejidos y lamentos llenaban los oscuros pasillos. En una ocasión, una niña pequeña con ojos vendados se materializó frente a mí, extendiendo sus brazos como buscando algo antes de desvanecerse. Después de eso, la opresión en mi pecho y el terror hicieron que se me bajara el azúcar. Luego de esa experiencia empecé a preguntar con conocidos si sabían algo de por qué el hospital había quedado fuera de servicio. Y pues sí, salieron varias historias. Por ejemplo, estaba la historia de una pequeña de tan sólo cinco años. Esa niña, cuya frágil existencia estaba marcada por una enfermedad grave que afectaba su corazón, se convirtió en el centro de la atención médica y del afecto del personal. A pesar de los esfuerzos incansables de los profesionales de la salud, la condición de la pequeña empeoraba vertiginosamente hasta que finalmente sucumbió a la batalla contra la enfermedad. El impacto de su partida dejó un vacío palpable en el corazón de todo el personaje del hospital. Intentaron consolarse mutuamente con la idea de que la niña, al partir, había encontrado una paz merecida después de tanto sufrimiento. Sin embargo, lo que desconocían era que el destino de su espíritu no seguía el mismo camino de tranquilidad que imaginaron. En lugar de encontrar el merecido descanso, el alma de la pequeña quedó atrapada en los confines del hospital como si las paredes mismas retuvieran su esencia. El fantasma se empezó a aparecer luego de diez días de haber fallecido, y justamente se aparecía por la misma área en la que se me apareció. De hecho, me dijeron que hubo una enfermera que renunció luego de que la niña le sacara un susto entre las sombras del hospital. Otra historia desgarradora se tejía protagonizada por un joven cuya existencia se vio truncada por un grave accidente automovilístico. Los médicos, en un esfuerzo desesperado por preservar la vida sen se r n o, la embarcaron en una cirugía de emergencia, pero lamentablemente sus intentos fueron en vano. Las heridas del joven eran demasiadas y muy serias, así que mientras estaba tendido sobre la mesa de la sala de operaciones, murió. El nombre de ese muchacho resuena en la memoria de las paredes del hospital como un eco melancólico. Lo digo porque en varias ocasiones me tocó que me asustaran cuando caminaba por el área donde atendían a los pacientes que llegaban con situaciones críticas. La manera en que me asustaban era que escuchaba una voz que decía el nombre de ese muchacho. La muerte no siempre trae consuelo y aceptación. También estaba la historia de un médico cuya dedicación fue conocida por toda la gente de aquella época, porque durante un tiempo fue el mejor doctor de la ciudad. Él dedicaba incansables horas a su labor en las salas del hospital, donde su misión era aliviar el sufrimiento y preservar la vida. Sin embargo, el destino insulta a ono en su crueldad. En una oscura noche, al salir del hospital, se convirtió en víctima de un acto despiadado. Sufrió un robo a mano armada. Los últimos momentos del médico se convirtieron en una cruda y dolorosa partida mientras estaba tirado en el estacionamiento del hospital. Su muerte fue tan trágica que su espíritu quedó atrapado en ese espacio incapaz de hallar la paz que tanto merecía después de sufrir esa muerte violenta. Esas son sólo algunas de las tantas historias de tragedia y muerte que me contaron muchas personas. Mientras yo seguía trabajando en el hospital abandonado. A medida que pasaba más tiempo trabajando en el hospital abandonado, las experiencias paranormales se volvían cada vez más intensas las historias de tragedia y muerte que me contaron. Las personas empezaron a cobrar vida de una manera que no podía ignorar. En algunas noches, mientras hacía mi ronda por los pasillos oscuros, sentía miradas fijas en mí, los susurros incomprensibles llenaban el aire como si las paredes mismas retuvieran los lamentos del pasado. Intentaba mantener la calma, pero la presencia de esas almas inquietas se volvía más palpable En ciertas ocasiones. Al entrar en algunas salas, experimentaba una sensación extraña, como si las sombras cobraran vida y se movieran a mi alrededor. Una incomodidad creciente se apoderaba de mí, pero seguía cumpliendo con mi trabajo, tratando de no prestar demasiada atención a las perturbadoras sensaciones. La situación dio un giro inesperado cuando, durante una noche particularmente silenciosa, sentí claramente unas manos frías que intentaban jalarme hacia las esquinas de una sala. La intensidad del contacto sobrenatural me dejó sin aliento y retrocedí rápidamente temblando ante la experiencia inexplicable. Con el tiempo, estas interacciones con lo paranormal comenzaron a afectarme más allá de las paredes de los pis. Empecé a percibir sombras fugaces en mi propio hogar y a escuchar susurros inquietantes, incluso cuando no estaba en el trabajo, en un intento desesperado por poner fin a estas experiencias aterradoras, consulté a un espiritista que se anunciaba en el periódico. Él me explicó que este hospital estaba construido sobre un antiguo cementerio y que eso generaba un ambiente de energías que provocaba que los espíritus fueran afectados a perpetuidad. Según lo que yo le entendí, si el hospital no hubiera estado construido sobre un panteón, las almas de las personas que murieron ahí no se hubieran convertido en fantasmas. Eso fue lo que yo le entendí. La ventaja de que el hospital estuviera abandonado fue que pude llevar al espiritista para que realizara un ritual de purificación. Pero a pesar de sus esfuerzos. Las apariciones persistieron para cuando cumplí un año trabajando, mi salud se empezó a ver afectada, perdí peso, sufrí insomnio crónico y e y e p ero alimenté pesadillas espantosas cada vez que lograba dormir un poco. Mi mente se llenaba de imágenes perturbadoras y voces susurrantes. Mi trabajo terminó cuando el lugar fue demolido, lo cual, a pesar de que me quedé sin trabajo, fue un gran alivio para mí. Después de que se terminó mi trabajo como velador en ese hospital, pensé que finalmente podría dejar atrás esas experiencias aterradoras. Durante un tiempo, todo parecía volver a la normalidad. Sin embargo, descubrí que los recuerdos de aquel lugar maldito no podían ser tan fácilmente olvidados, a pesar de que ya ni siquiera pasaba cerca del lugar. Los encuentros paranormales comenzaron a perseguirme. Una vez más. Las noches en mi casa se llenaban de susurros y sombras inquietantes. Escuchaba pasos sigilosos, golpes inexplicables en las paredes y las puertas se abrían y cerraban solas. Incluso en mi propio cuarto. Una presencia sombría me observaba mientras s s ns dormir una figura fantasmal con forma de mujer vestida de blanco. Aparecía con una frecuencia alarmante al pie de mi cama, mirándome fijamente con sus ojos vacíos. La situación empeoró. Cuando comencé a sentir fríos intensos y una sensación de opresión en el pecho, intenté ignorar todo, pero la presencia se mantenía. Lo bueno fue que las cosas no fueron a más nunca sufrí ataques directos solo sustos tuvieron que pasar como tres meses para que los fenómenos paranormales se disminuyeran casi hasta desaparecer las noches. Se recuperaron su calma y pude volver a vivir sin la constante intrusión del más allá. Aunque las memorias del hospital Maldito nunca desaparecieron por completo, la gradual disminución de las manifestaciones me permitió recobrar una sensación de paz pesadilla subterránea. Voy a relatar una experiencia que viví mientras trabajaba como vigilante del metro. Es la primera vez que comparto lo que sucedió aquella noche. Habrá quien no crea que es algo tan fuerte, pero al menos para mí sí fue una experiencia escalofriante que sin duda nunca olvidaré. Mi turno iniciaba justo después de la llegada del último metro. Lo primero que debía hacer era asegurarme de que no quedara nadie en los andenes y luego cerrar la reja de entrada a la estación. La estación pantitlán es grande, con cuatro líneas diferentes y formada por decenas de túneles que se entrecruzan en un confuso laberinto de pasillos y escaleras. Durante la noche, la estación adquiere un aspecto completamente diferente, donde las sombras se adueñan de los silenciosos túneles. Aquella noche, después de revisar los andenes y cerrar la reja de la escalera principal, fui a la garita de seguridad, donde estaban mis otros compañeros antes de empezar a cenar la hamburguesa que había comprado antes del turno. Eché un último vistazo a las cámaras para asegurarme de que todo estuviera en orden. Sin embargo, a través de una de las cámaras del Andén cuatro estuve bastante seguro de ver la silueta de una persona. No es que fuera un efecto óptico. Nada de esas patrañas vi algo que tenía dos brazos y dos piernas. Entonces, pensando en lo más obvio, es decir, que se trataba de algún indigente, avisé a los compañeros, agarré la linterna y salí de la garita, dirigiéndome hacia el Andén cuatro a través de los oscuros pasillos. El eco de mis pasos resonaba en el silencio de los túneles. Yo supongo que todos ustedes saben lo que es el eco, pero créanme que el eco que se genera dentro de los túneles es algo que no tiene comparación. Bajé las escaleras hasta el Andén cuatro alumbrando con la linterna, pero al llegar no vi a nadie a Apenas me iba a dar la vuelta cuando me percaté de que al fondo del túnel se escuchaba un murmullo constante. Como un ahogado suspiro, a pesar de mis años de experiencia, estar sólo allí aún me daba escalofríos. Iba a dar media vuelta cuando en el túnel resonó el eco del llanto de una mujer. En ese momento estuve a punto de dejar caer la linterna por el susto, ya que ese llanto me tomó por sorpresa, pero me controlé y tomé la primera explicación racional que se me ocurrió, o sea, que se trataba de una mujer sin hogar que había bajado allí a pasar la noche, Aunque parecía una explicación razonable, sobre todo teniendo en cuenta que el frío ya empezaba a ser muy fuerte por esas fechas. Aún así no pude evitar recordar las numerosas historias y leyendas urbanas sobre los túneles del metro, así como las experiencias aterradoras de algunos de mis compañeros. Todos los que sean de la ciudad de México conocen perfectamente todas las cosas tan espantosas que se dicen del metro. Pero pues tenía que realizar mi trabajo, así que bajé del andén a las vías y comencé a adentrarme a través del túnel. Ningún vagón estaba en funcionamiento, así que, por ese lado no había peligro. El llanto que había escuchado parecía estar al menos cien metros más adelante. Yo avanzaba iluminando las vías. El llanto se escuchaba cada vez más cerca por alguna razón que no entiendo. Cada vez me costaba más esfuerzo respirar. Finalmente unos metros más adelante, la vi era la misma silueta que había visto a través de la Cámara, pero ahora podía ver con toda claridad que se trataba de una mujer. Vestía un largo vestido negro, sucio y desgarrado. Tenía el pelo largo, lleno de hojas, tierra y restos de basura. Era la apariencia típica de una persona que lleva mucho tiempo viviendo en la indigencia. Así que le pedí que me acompañara, porque tenía que salirse de las instalaciones. Claro que al mismo tiempo le advertí que si se negaba a salir, la iba a obligar. En eso la mujer dejó de llorar. Yo di unos pasos hacia ella y entonces la mujer giró la cabeza despacio. Unos círculos oscuros rodeaban sus ojos tan hundidos que resultaba difícil decir de qué color eran. Su boca estaba entreabierta como si tuviera algo dentro que no le permitiera mantenerla cerrada. Por supuesto, lo primero que pensé en ese momento fue que aquella mujer estaba bajo el efecto de alguna sustancia. Ya saben cuál te puede dejar así, pero entonces su rostro comenzó a deformarse hasta convertirse en una monstruosa cara que tenía todo menos rasgos humanos bajo sus labios agrietados. Había varias hileras de dientes puntiagudos. En eso emitió un agudo chillido que perforó mis oídos y resonó entre los muros del túnel. Comenzó a acercarse a mí con pasos rápidos, mientras hacía movimientos raros con sus brazos. Cuando finalmente lo logró reaccionar di media vuelta y eché a correr la luz de la linterna. Oscilaba alocadamente frente a mí. Resultaba complicado avanzar sobre las vías en la penumbra, así que tropecé y caí al suelo, golpeándome las rodillas contra el riel. La linterna se cayó y se rompió. Ahora estaba completamente a oscuras y tan sólo podía orientarme por el tenue resplandor de las luces de emergencia diseminadas A lo largo del túnel. Presté atención, pero no logré escuchar los pasos de la mujer, así que pensé que tal vez había dejado de seguirme o que todo me lo había imaginado. Sin embargo, cuando levanté la mirada, descubrí el motivo por el que no escuchaba sus pisadas en la penumbra casi absoluta del túnel, Comprobé que la mujer, o lo que fuera aquello, avanzaba flotando con sus pies a varios centímetros sobre el suelo antes de echar a correr de nuevo. Saqué la radio hablé de manera torpe y tan deprisa que mis palabras apenas salieron de mi boca. La mujer casi había llegado a donde me encontraba. Entonces seguí corriendo. Tuve la intención de subir de nuevo al Andén, pero eso me quitaría tiempo, así que me seguí derecho adentrándome de nuevo en los túneles. Cerca vi un letrero apenas iluminado que indicaba la entrada a uno de los cuartos de mantenimiento. Entré y cerré la puerta tras de mí. Ahora la oscuridad era absoluta. Saqué el encendedor. La danzante luz de la llama iluminó frente a mí un estrecho pasillo con las paredes llenas de humedad. A ambos lados había varias puertas metálicas. Abrí Una de esas puertas al azar era el lugar donde se guardaban algunas de las herramientas había un ligero olor a gasolina. Dentro había un tambo que estaba lleno de sucios uniformes del personal de mantenimiento. Lo que hice fue mover un poco el tambo y me puse detrás, apagué el encendedor y me agaché para que si aquella monstruosa mujer llegaba no me viera. Tal vez era un la absurdo, pero era lo único que yo podía hacer en aquel momento. Y ahí estaba yo en la más absoluta oscuridad, escondido detrás de un tambo lleno de uniformes muy apestosos y grasientos. Desde donde estaba yo podía ver ligeramente la puerta que había dejado abierta antes de meterme. No habían pasado ni tres minutos. Cuando vi la silueta de la mujer, apenas una sombra, acercándose despacio, intenté contener la respiración en un intento por hacer el menor ruido posible el corazón me latía con mucha fuerza. La mujer se detuvo justo frente al tambo. Cerré los ojos con fuerza. Si aquello me iba a matar, al menos no quería ver. Tras unos segundos que me parecieron horas, escuché el roce de la tela del vestido de la mujer. Abrí los ojos y comprobé que se estaba yendo. Pero fue entonces cuando en la radio se escuchó la voz de uno de mis compañeros de un manotazo. Apagué la radio como pude el o error que sentía en aquel momento. Apenas me dejaba pensar. Era evidente que la monstruosa mujer debía haber escuchado el sonido tan ruidoso del radio. Escuché pasos y en eso la luz de una linterna destelló frente a mí. Se trataba de un compañero el cual me preguntó qué rayos estaba haciendo escondido detrás de un tambo de inmediato. Me sentí aliviado al saber que ya no estaba solo. Así que mientras caminábamos de regreso por los túneles, le conté lo que me había pasado. Esa fue la última noche que trabajé en el metro Sombras y susurros. En cierta época de mi vida, trabajé como guardia de seguridad en un supermercado. En el turno nocturno había tres guardias, porque la tienda era muy grande, la más grande de la ciudad. De esos tres guardias, solamente dos permanecían dentro de la tienda y el tercer guardia se quedaba en la parte de afuera, cubriendo el patio y el estacionamiento. El que se quedaba afuera hacía sus recorridos en la patrulla que nos proporcionaba la empresa. Cada dos semanas nos rotaban variando entre el turno de día y el turno de noche. Por lo general, la tienda cerraba al público a las diez y media de la noche. Se instaba sutilmente a los clientes a que realizaran sus compras de manera rápida para cerrar a las once después de que todos se retiraban, que daban algunos cajeros y cajeras que continuaban con sus labores de cobro. Cuando me tocaba de noche, una de mis tareas era apoyar y coordinar para que las muchachas de oficina pudieran realizar su corte de caja lo más rápido posible. Una vez que finalizaban, yo cerraba las cortinas, mientras otro compañero aseguraba con candado desde el exterior. En una ocasión comencé a notar cosas extrañas. Desde la parte trasera se escuchaban ruidos como si alguien tocara la cortina de entrada. Al comunicarme por radio, mi compañero aseguró que él estaba en la tienda y no había salido. Por lo tanto, no era él quien estaba golpeando la cortina esa misma noche alrededor de las tres de la mañana. Mientras estaba dando un rondín por el área de mercancías generales, escuché que se cayó algo del pasillo de juguetes. Al investigar encontré cajas tiradas y las coloqué nuevamente en su lugar. A las cuatro o treinta de la mañana, un juguete que necesitaba baterías se activó. Tuve que ir al pasillo a apagar el juguete. Eso fue demasiado raro, porque, obviamente, el juguete no tenía pilas puestas. Los juguetes que se exhiben en los anaqueles jamás tienen pilas para evitar que los niños se pongan a usarlos. En el quinto día, las cosas empezaron a intensificarse mientras realizaba mi ronda a la una de la mañana, en el pasillo de balones, dos grandes pelotas que siempre están amarra las s o n o n o ns dieron misteriosamente desde lo alto. No logro entender cómo se desataron, ya que las pelotas tenían asas para sujetarlas y estaban atadas con cintas de plástico. En ese instante traté de no asustarme y busqué explicaciones lógicas para la caída. Sin razón aparente. Después de completar mi ronda, regresé al área del comedor y me recosté brevemente quedándome dormido a las cuatro de la mañana. Fue entonces cuando escuché golpes violentos en la cortina. Desde el exterior me levanté rápidamente corriendo hacia la cortina y gritando los golpes cesaron y dije en voz alta que me encontraba armado rápidamente solicité apoyo por radio y el compañero al que le había tocado estar afuera, condujo el vehículo hasta el área que yo le había dicho, revisó y luego me avisó que no había nadie afuera. Así quedó. Eso pasó un rato y ya tocaba realizar el último recorrido antes de iniciar con las actividades de apertura. Al concluir el recorrido, un carrito de supermercado comenzó a deslizarse frente a mí como si alguien lo estuviera manejando que den shock. Cuando el carro se dirigió rápidamente hacia las cortinas y chocó del susto, me fui corriendo hasta el área del comedor. Ya estando ahí pude seguir escuchando como el carrito seguía chocando contra varias cosas. Esa serie de sucesos inexplicables me hizo creer en lo paranormal En la séptima noche, a las dos y media de la madrugada, mi compañero que estaba conmigo dentro de la tienda y yo escuchamos un ruido. Nos apresuramos para ir a ver de dónde provenían esos ruidos. Al momento de pasar por un lado del pasillo de juguetes, vimos que varias cajas de juguetes salieron volando de su ana aquel hasta pegar con otro juguete de la naquel del frente. Nosotros nos detuvimos de la impresión. En eso, varios juguetes que necesitaban pilas se activaron de la nada. Como dije antes, los juguetes de los anaqueles nunca tienen pilas, pues de todas maneras había como diez juguetes moviéndose como si en realidad, si tuvieran pilas puestas asustados. Corrimos de regreso al comedor allí, al igual que la vez anterior escuchamos golpes en la cortina desde afuera. Yo ya sabía que afuera no había nadie y que el ruido se estaba produciendo de alguna forma sin explicación. Pero de todas maneras, le avisé al compañero que andaba afuera. Él fue a ver y, en efecto, no había nadie. El nerviosismo se apoderaba de nosotros. Mientras intentábamos procesar los eventos paranormales que acabábamos de presenciar con la persistente sensación de inquietud, continuamos nuestra ronda nocturna mucho más alerta, por supuesto, en el último recorrido, antes de empezar con las actividades de apertura, mi compañero andaba revisando las temperaturas de las vitrinas, mientras que yo andaba por la r la sección de productos de limpieza, mientras caminaba por los pasillos. Me percaté de que varios productos se caían de los estantes sin razón. Aparente, botellas de detergente y productos de limpieza rodaban por el suelo, lo mismo que había pasado en el pasillo de juguetes. Ni siquiera intenté levantar el mugrero que se estaba haciendo ya cuando estaba por terminar mi recorrido. Al acercarme al área de electrodomésticos, escuché un murmullo distante que se transformó en risas que parecían intensificarse. Aquello duró unos cuantos segundos hasta que el sonido cesó abruptamente, dejándome con una sensación de desconcierto y ansiedad. En cuanto se terminó nuestro turno, tuvimos que reportar todas las cosas raras que habían pasado, porque había desorden en varios lugares del supermercado. Por suerte, todo quedó registrado en las cámaras y ahí se notaba perfectamente que nosotros no habíamos tenido nada que ver con las cosas rotas y tiradas, relatos escritos y adaptados por Ramiro contreras