Lo Que Dijo Sobre Mi Familia Todavía Me Impide Dormir Tranquilo
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
0:05 Nunca rompas el cÃrculo de la ouija si el tablero te dice, él ya está aquÃ. Mi novia retiró las manos antes de que pudiéramos despedirnos y salió corriendo del sótano. Esa noche desperté por una risa que venÃa del suelo. Encendà la luz y encontré a Laura caminando en cuatro patas, con la espalda doblada hacia atrás, los brazos rotos y los ojos completamente negros. Después habló con la voz de mi madre que llevaba dos años muerta. Y lo que dijo sobre mi familia todavÃa me impide dormir tranquilo. Laura y yo llevábamos varios meses viviendo juntos, cuando encontramos una ouija entre las cosas guardadas en el sótano. Ella propuso probarla y acepté, aunque ninguno tenÃa experiencia con aquello. Antes de empezar, buscó las instrucciones en su teléfono. DebÃamos mantener los dedos sobre el indicador y terminar la sesión llevándolo hasta« Adiós». Laura leyó en voz alta una advertencia. Interrumpir el contacto antes del cierre podÃa dejar la comunicación abierta.
1:09 Me reÃ. Le dije que no pasarÃa nada y colocamos el tablero sobre una mesa. Preguntamos si habÃa alguien presente. El indicador avanzó hasta sÃ. Acusé a Laura de empujarlo, pero ella retiró un poco la presión de sus dedos y me pidió que hiciera lo mismo. Repetimos la pregunta y la respuesta no cambió. Quisimos saber el nombre de quien contestaba, y la pieza señaló tres letras, Eli, y se detuvo. Laura preguntó si ese era su nombre, y marcó no. Cuando pedà que aclarara la respuesta, recorrió el tablero hasta formar una palabra que me dejó callado, mamá.
1:50 Mi madre habÃa fallecido dos años antes. Laura sabÃa cuándo ocurrió, aunque desconocÃa muchas cosas de aquella noche. Pregunté si se trataba de ella y el indicador llegó hasta sÃ. Laura quiso terminar la sesión, pero le pedà una pregunta más. QuerÃa comprobar si habÃa una explicación para esos movimientos. Pregunté la fecha de su muerte. La pieza señaló el dÃa, el mes y el año correctos. Solté un instante la presión de los dedos y Laura me pidió que mantuviéramos el contacto hasta despedirnos. Asà que obedecà y le pregunté qué querÃa de nosotros. El indicador comenzó a moverse con tanta fuerza que tuvimos que seguirlo para no perderlo. Recorrió varias letras y formó una frase. Ãl ya está aquÃ.
2:39 Laura quitó las manos y retrocedió. pero antes de que pudiera hablarle, oÃmos tres golpes debajo de la mesa. Nos miramos, esperando que se repitieran. Otros tres golpes salieron de las tablas del suelo. Laura tiró la silla al levantarse y corrió hacia las escaleras. Le grité que esperara, que debÃamos cerrar el juego, pero siguió subiendo. Fui detrás de ella y cerré la puerta del sótano. La encontré llorando en la cocina. Dijo que algo le habÃa agarrado el tobillo cuando apareció la frase. Le pregunté por qué no lo habÃa mencionado y me respondió que creyó que era mi mano, pero le recordé que las dos estaban sobre el tablero. Entonces, quiso saber si habÃamos terminado la sesión. Cuando le dije que no, insistió en regresar para despedirnos. Caminamos hasta la puerta, pero antes de abrirla, escuchamos un roce prolongado en los escalones.
3:31 Algo golpeó la madera dos veces y el ruido cesó. Laura me sujetó del brazo y me pidió que nos alejáramos. propuse bajar juntos para recoger la huiga. Laura se negó y reconocà que también tenÃa miedo, asà que decidimos esperar al dÃa siguiente. Traté de convencerla de que los golpes podÃan venir de las tuberÃas, aunque no sabÃa explicar lo que habÃa ocurrido con el tablero. Ella seguÃa preguntando si habÃamos dejado entrar a alguien y le dije que no tenÃa una respuesta. Al acostarnos, me pidió que dejara encendida la luz del pasillo, Permaneció despierto un rato y terminó durmiéndose junto a mÃ. Yo también me quedé dormido, hasta que una risa me despertó. Escuché primero un sonido grave, seguido de varios chillidos breves. VenÃa de la parte baja de la habitación. Estiré la mano hacia Laura y encontré vacÃo su lado de la cama. La llamé. La risa se cortó y empezó un raspado sobre el suelo. Encendà la lámpara y Laura estaba agachada junto a la cama.
4:36 con las manos apoyadas en las tablas y la cabeza inclinada. Le pregunté si se habÃa caÃdo, pero sus hombros se sacudieron y pensé que estaba llorando. Me acerqué para ayudarla, pero cuando levantó el rostro, vi que tenÃa los ojos completamente negros. Retrocedà y le pregunté qué estaba pasando. Abrió la boca y soltó otra carcajada, mucho más grave que su voz habitual. En eso, su espalda comenzó a arquearse. Escuché un crujido en el hombro derecho y vi que el brazo se torcÃa. Traté de acercarme, pero apoyó los pies y levantó la cadera sin despegar las manos del suelo. Quedó doblada hacia atrás, con la cara vuelta en mi dirección, y avanzó sobre manos y pies. El codo izquierdo se dobló en sentido contrario y sonó otro chasquido. Aún asÃ, siguió moviéndose hacia mÃ. Desde la cama vi que sus dedos se abrÃan y cerraban contra las tablas, dejando pequeñas marcas mientras avanzaba hacia el lugar donde yo todavÃa estaba sentado.
5:39 Tropecé con la cama y caà sentado. Laura se detuvo a poca distancia. TenÃa sangre debajo de la nariz y los labios separados por una sonrisa. Le pedà que se quedara quieta. Entonces pronunció mi nombre con la voz de mi madre. Reconocà su tono y la forma en que alargaba la última sÃlaba cuando querÃa llamarme la atención. Me dijo que llevaba dos años esperándome y después mencionó el hospital donde habÃa muerto y me recordó que llegué demasiado tarde para despedirme. Laura conocÃa ese hecho, pero lo siguiente nunca se lo habÃa contado. Habló de la enfermera que me recibió aquella noche y repitió las palabras con las que me informó de los últimos minutos de mi madre.
6:23 Sentà que me faltaba el aire. Le pregunté a Laura cómo sabÃa aquello. Su mandÃbula se abrió hasta que escuché un chasquido. Se llevó una mano torcida a la boca y tiró de su labio inferior. Le grité que parara. Con aquella voz, me aseguró que Laura seguÃa despierta dentro de su cuerpo y sentÃa cada lesión. Después, añadió que pronto me tocarÃa a mà y empezó a reÃrse otra vez. Busqué mi teléfono sobre la mesa de noche. Pero Laura agarró el colchón con ambas manos y me obligó a apartarme. Agarró una almohada y la arrojó contra la pared. Después pronunció los nombres de mi padre, mi hermana y mis dos sobrinos. Dijo que iba a utilizar el cuerpo de Laura para acercarse a ellos y arrastrarlos al infierno. Le exigà que dejara a mi familia en paz, pero me respondió riéndose mientras intentaba incorporarse sobre sus brazos torcidos. Me levanté por el otro lado de la cama. decidido a salir de la habitación antes de que pudiera alcanzarme. Laura saltó sobre el colchón y me agarró del hombro izquierdo.
7:28 Sentà sus uñas atravesar la camiseta. Intenté apartarla, pero se acercó hasta dejar su cara frente a la mÃa. Me dijo, todavÃa con la voz de mi madre, que todo aquello era culpa mÃa. Abrió la boca y me mordió. Sus dientes se hundieron en mi hombro, pero la sujeté del cabello y tiré con todas mis fuerzas. El dolor aumentó cuando apretó la mandÃbula. Conseguà empujarla, pero al separarse, arrancó un pedazo de carne. Caà de rodillas, presionando la herida mientras la sangre me bajaba por el brazo. Laura escupió la carne al suelo y volvió a reÃrse, con la boca manchada de sangre. Me apreté el hombro con una mano y corrà hacia la puerta. Laura avanzó detrás de mÃ, arañando el suelo con las uñas. Alcancé el pasillo, pero cuando intenté cerrar, metà un brazo entre la puerta y el marco. Empujé hasta que lo retiró, acompañado de otro crujido, y corrà a la cocina. Agarré un cuchillo que estaba sobre la mesa. Entonces, escuché a Laura llorando en el pasillo y pidiendo ayuda. DecÃa que le dolÃan los brazos y que no podÃa levantarse. Asà que dejé el cuchillo donde pudiera alcanzarlo y me acerqué con cuidado. La encontré tendida boca abajo. TenÃa los ojos cerrados y respiraba con dificultad.
8:43 Le pregunté si me reconocÃa. Pronunció mi nombre y me rogó que no la dejara sola. Me arrodillé a cierta distancia, dispuesto a ayudarla. Pero abrió los ojos y vi que seguÃan negros. Sonrió y dijo que habÃa vuelto a engañarme. Se impulsó contra mÃ. Me sujetó de la camiseta e intentó morderme otra vez. La aparté con el antebrazo sano y regresé corriendo a nuestra habitación. Y cerré justo cuando chocó contra la puerta. Apoyé la espalda contra la madera. La sangre seguÃa saliendo de mi hombro y apenas podÃa mover el brazo izquierdo. Laura golpeó en repetidas veces hasta que escuché la voz de mi madre pidiéndome que abriera.
9:24 Pronunció mi nombre. Recordó que yo habÃa llegado tarde al hospital y me aseguró que pronto nos reunirÃamos. Intenté no contestar, pero un golpe abrió una grieta cerca de la cerradura y comprendà que la puerta no resistirÃa mucho más. Busqué algo para sujetarla y vi la sábana gruesa de nuestra cama. La arranqué del colchón y la sostuve frente a mÃ. Recordé las palabras que Laura habÃa leÃdo antes de comenzar la sesión. HabÃa repetido el cierre varias veces para aprenderlo, y yo terminé memorizándolo también. El tablero estaba abajo, fuera de mi alcance. pero la advertencia decÃa que debÃamos despedirnos, antes de abandonar el contacto, decidà intentarlo mientras todavÃa pudiera hablar, no querÃa lastimar a Laura, aunque tampoco podÃa permitir que siguiera atacándome, me aparté de la puerta y esperé, Ella entró de golpe, perdió el equilibrio y cayó sobre las manos torcidas. Le lancé la sábana encima y me abalancé sobre su espalda. Conseguà envolverle los brazos contra el cuerpo y sujetar la tela por debajo de su pecho. Laura pateó y me golpeó en el estómago. Perdà el aire, aflojé el agarre y ella consiguió arrastrarnos hasta la cama.
10:37 Intenté apretar otra vez, pero me sujetó de una pierna y caà a su lado. La herida del hombro volvió a abrirse. Me coloqué detrás de ella, sujetándole el torso con el brazo derecho y presionando los extremos de la sábana contra el suelo. Se retorció tanto que una mano terminó saliendo por una abertura y se cerró alrededor de mi cuello. Sus uñas me cortaron la piel. Traté de retirarle los dedos, pero cada movimiento aumentaba la presión. Entonces habló con la voz de mi madre y recordó un accidente de mi infancia. El vidrio que me habÃa cortado la pierna, el patio donde ocurrió y la toalla que ella utilizó para detener la sangre. Nunca habÃa contado esos detalles a Laura. La entidad dijo que mi madre seguÃa sufriendo y que yo podÃa liberarla aceptando que entrara en mi cuerpo. Prometió dejar tranquilos a mi novia y a mis familiares. Por un momento aflojó la mano. Escuché a Laura suplicando que la ayudara. Me aseguró que seguÃa consciente.
11:37 que sentÃa los brazos destrozados y que ya no soportaba el dolor. Le prometà que iba a sacarla de aquello, pero abrió los ojos y sonrió. Volvió a apretarme la garganta. Me faltó el aire y empecé a marearme. Apreté la sábana con la mano derecha para mantenerla de costado, mientras buscaba fuerzas para pronunciar las palabras. Primero le ordené a la presencia que abandonara el cuerpo de Laura. Ella respondió con un grito grave, interrumpido por chillidos que salÃan de su garganta. SeguÃa hablando, aunque apenas conseguÃa respirar. Le prohibà quedarse en nuestra casa y acercarse a mi familia. Laura intentó incorporarse, pero mantuve su torso contra el suelo. Las venas alrededor de sus ojos se oscurecieron y comenzaron a extenderse por la frente y el cuello. Abrió la boca y vi salir una sustancia negra entre sus dientes. Acercó el rostro al mÃo, tratando de morderme, pero giré la cabeza y pronuncié el cierre que recordaba. Esta sesión termina aquà y nadie tiene permiso para quedarse. Cerramos la comunicación. Adiós.
12:42 Laura soltó mi garganta y arqueó la espalda bruscamente. Su cabeza golpeó el suelo y comenzó a vomitar un lÃquido espeso y oscuro. La giré de costado para que pudiera expulsarlo sin ahogarse. Su cuerpo se sacudió varias veces. Las manchas negras de la cara desaparecieron y sus ojos recuperaron el color habitual. Después quedó inconsciente. Le aflojé la sábana y comprobé que respiraba. Yo tenÃa sangre en la camiseta, el cuello lastimado y las manos temblando. Conseguà levantarme. Encontré mi teléfono y pedà una ambulancia. Les expliqué que Laura estaba inconsciente. TenÃa los brazos lesionados y yo necesitaba atención por una mordida profunda. Despertó antes de que llegaran los paramédicos.
13:28 Intentó levantarse y gritó de dolor, pero le pedà que permaneciera quieta. Miró sus brazos, vio la sangre de mi hombro y empezó a llorar. QuerÃa saber qué habÃa pasado. Le dije que habÃamos sufrido una emergencia y que hablarÃamos cuando estuviera a salvo. En el hospital confirmaron que tenÃa los dos brazos dislocados, además de golpes y moretones en el cuello. A mà me limpiaron la herida y retiraron tejido dañado. Los médicos preguntaron varias veces por el origen de las lesiones. Respondimos lo que podÃamos explicar, pero ninguno encontró una forma sencilla de contarlo todo. Laura recordaba la sesión en el sótano, pero nada de lo ocurrido después de salir corriendo. Durante su recuperación, le conté lo que habÃa visto. Me escuchó en silencio y terminó pidiéndome que nunca volviéramos a utilizar una ouija. Regresé al sótano cuando pude.
14:24 Guardé el tablero y el indicador en una bolsa y lo saqué de la casa. Poco después nos mudamos. Laura necesitó rehabilitación para recuperar el movimiento de los brazos y yo continué con las curaciones del hombro. Durante varias semanas dormimos mal. Algunas noches despertaba y la encontraba sentada al borde de la cama mirando la puerta. Pero a la mañana siguiente me aseguraba que no recordaba haberse levantado. Una noche le escuché repetir en el baño las palabras con las que habÃa cerrado la sesión. Entré y se cayó. Al preguntarle qué decÃa, me respondió que llevaba un rato lavándose las manos. Después comenzó a preguntarme cuándo visitarÃamos a mi padre, mi hermana y mis dos sobrinos. InsistÃa en ver a los niños, aunque antes apenas convivÃa con ellos.
15:17 Una madrugada desperté y la encontré sentada junto a mÃ. Me dijo que habÃa estado pensando en mi madre. Luego sonrió y con aquella misma voz me aseguró que todavÃa le faltaba conocer a los niños. Me levanté de inmediato. Laura parpadeó y quiso saber que no ocurrÃa y negó haber dicho aquello. Desde entonces evito dejarla sola con mi familia. Han pasado ocho meses y sigue sin recordar la posesión. Ella despertó al dÃa siguiente sin recordar nada, pero con los brazos dislocados y el cuello lleno de moretones. La cicatriz de la mordida en mi hombro sigue ahÃ, deforme. El juego terminó, pero la mirada vacÃa que me da mi novia a veces cuando cree que no la veo, me recuerda que algo de esa cosa se quedó adentro.
16:09 Si te gustó este video, te recomiendo ir a ver La Ouija que arruinó nuestras vidas. Y también, testimonio, jugué con la ouija y presencié una posesión.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed