Oct. 16, 2026

Lo Que Dijo Sobre Mi Familia Todavía Me Impide Dormir Tranquilo

Lo Que Dijo Sobre Mi Familia Todavía Me Impide Dormir Tranquilo
Lo Que Dijo Sobre Mi Familia Todavía Me Impide Dormir Tranquilo
REDE (Relatos Desclasificados)
Lo Que Dijo Sobre Mi Familia Todavía Me Impide Dormir Tranquilo

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:05 Nunca rompas el círculo de la ouija si el tablero te dice, él ya está aquí. Mi novia retiró las manos antes de que pudiéramos despedirnos y salió corriendo del sótano. Esa noche desperté por una risa que venía del suelo. Encendí la luz y encontré a Laura caminando en cuatro patas, con la espalda doblada hacia atrás, los brazos rotos y los ojos completamente negros. Después habló con la voz de mi madre que llevaba dos años muerta. Y lo que dijo sobre mi familia todavía me impide dormir tranquilo. Laura y yo llevábamos varios meses viviendo juntos, cuando encontramos una ouija entre las cosas guardadas en el sótano. Ella propuso probarla y acepté, aunque ninguno tenía experiencia con aquello. Antes de empezar, buscó las instrucciones en su teléfono. Debíamos mantener los dedos sobre el indicador y terminar la sesión llevándolo hasta« Adiós». Laura leyó en voz alta una advertencia. Interrumpir el contacto antes del cierre podía dejar la comunicación abierta.

1:09 Me reí. Le dije que no pasaría nada y colocamos el tablero sobre una mesa. Preguntamos si había alguien presente. El indicador avanzó hasta sí. Acusé a Laura de empujarlo, pero ella retiró un poco la presión de sus dedos y me pidió que hiciera lo mismo. Repetimos la pregunta y la respuesta no cambió. Quisimos saber el nombre de quien contestaba, y la pieza señaló tres letras, Eli, y se detuvo. Laura preguntó si ese era su nombre, y marcó no. Cuando pedí que aclarara la respuesta, recorrió el tablero hasta formar una palabra que me dejó callado, mamá.

1:50 Mi madre había fallecido dos años antes. Laura sabía cuándo ocurrió, aunque desconocía muchas cosas de aquella noche. Pregunté si se trataba de ella y el indicador llegó hasta sí. Laura quiso terminar la sesión, pero le pedí una pregunta más. Quería comprobar si había una explicación para esos movimientos. Pregunté la fecha de su muerte. La pieza señaló el día, el mes y el año correctos. Solté un instante la presión de los dedos y Laura me pidió que mantuviéramos el contacto hasta despedirnos. Así que obedecí y le pregunté qué quería de nosotros. El indicador comenzó a moverse con tanta fuerza que tuvimos que seguirlo para no perderlo. Recorrió varias letras y formó una frase. Él ya está aquí.

2:39 Laura quitó las manos y retrocedió. pero antes de que pudiera hablarle, oímos tres golpes debajo de la mesa. Nos miramos, esperando que se repitieran. Otros tres golpes salieron de las tablas del suelo. Laura tiró la silla al levantarse y corrió hacia las escaleras. Le grité que esperara, que debíamos cerrar el juego, pero siguió subiendo. Fui detrás de ella y cerré la puerta del sótano. La encontré llorando en la cocina. Dijo que algo le había agarrado el tobillo cuando apareció la frase. Le pregunté por qué no lo había mencionado y me respondió que creyó que era mi mano, pero le recordé que las dos estaban sobre el tablero. Entonces, quiso saber si habíamos terminado la sesión. Cuando le dije que no, insistió en regresar para despedirnos. Caminamos hasta la puerta, pero antes de abrirla, escuchamos un roce prolongado en los escalones.

3:31 Algo golpeó la madera dos veces y el ruido cesó. Laura me sujetó del brazo y me pidió que nos alejáramos. propuse bajar juntos para recoger la huiga. Laura se negó y reconocí que también tenía miedo, así que decidimos esperar al día siguiente. Traté de convencerla de que los golpes podían venir de las tuberías, aunque no sabía explicar lo que había ocurrido con el tablero. Ella seguía preguntando si habíamos dejado entrar a alguien y le dije que no tenía una respuesta. Al acostarnos, me pidió que dejara encendida la luz del pasillo, Permaneció despierto un rato y terminó durmiéndose junto a mí. Yo también me quedé dormido, hasta que una risa me despertó. Escuché primero un sonido grave, seguido de varios chillidos breves. Venía de la parte baja de la habitación. Estiré la mano hacia Laura y encontré vacío su lado de la cama. La llamé. La risa se cortó y empezó un raspado sobre el suelo. Encendí la lámpara y Laura estaba agachada junto a la cama.

4:36 con las manos apoyadas en las tablas y la cabeza inclinada. Le pregunté si se había caído, pero sus hombros se sacudieron y pensé que estaba llorando. Me acerqué para ayudarla, pero cuando levantó el rostro, vi que tenía los ojos completamente negros. Retrocedí y le pregunté qué estaba pasando. Abrió la boca y soltó otra carcajada, mucho más grave que su voz habitual. En eso, su espalda comenzó a arquearse. Escuché un crujido en el hombro derecho y vi que el brazo se torcía. Traté de acercarme, pero apoyó los pies y levantó la cadera sin despegar las manos del suelo. Quedó doblada hacia atrás, con la cara vuelta en mi dirección, y avanzó sobre manos y pies. El codo izquierdo se dobló en sentido contrario y sonó otro chasquido. Aún así, siguió moviéndose hacia mí. Desde la cama vi que sus dedos se abrían y cerraban contra las tablas, dejando pequeñas marcas mientras avanzaba hacia el lugar donde yo todavía estaba sentado.

5:39 Tropecé con la cama y caí sentado. Laura se detuvo a poca distancia. Tenía sangre debajo de la nariz y los labios separados por una sonrisa. Le pedí que se quedara quieta. Entonces pronunció mi nombre con la voz de mi madre. Reconocí su tono y la forma en que alargaba la última sílaba cuando quería llamarme la atención. Me dijo que llevaba dos años esperándome y después mencionó el hospital donde había muerto y me recordó que llegué demasiado tarde para despedirme. Laura conocía ese hecho, pero lo siguiente nunca se lo había contado. Habló de la enfermera que me recibió aquella noche y repitió las palabras con las que me informó de los últimos minutos de mi madre.

6:23 Sentí que me faltaba el aire. Le pregunté a Laura cómo sabía aquello. Su mandíbula se abrió hasta que escuché un chasquido. Se llevó una mano torcida a la boca y tiró de su labio inferior. Le grité que parara. Con aquella voz, me aseguró que Laura seguía despierta dentro de su cuerpo y sentía cada lesión. Después, añadió que pronto me tocaría a mí y empezó a reírse otra vez. Busqué mi teléfono sobre la mesa de noche. Pero Laura agarró el colchón con ambas manos y me obligó a apartarme. Agarró una almohada y la arrojó contra la pared. Después pronunció los nombres de mi padre, mi hermana y mis dos sobrinos. Dijo que iba a utilizar el cuerpo de Laura para acercarse a ellos y arrastrarlos al infierno. Le exigí que dejara a mi familia en paz, pero me respondió riéndose mientras intentaba incorporarse sobre sus brazos torcidos. Me levanté por el otro lado de la cama. decidido a salir de la habitación antes de que pudiera alcanzarme. Laura saltó sobre el colchón y me agarró del hombro izquierdo.

7:28 Sentí sus uñas atravesar la camiseta. Intenté apartarla, pero se acercó hasta dejar su cara frente a la mía. Me dijo, todavía con la voz de mi madre, que todo aquello era culpa mía. Abrió la boca y me mordió. Sus dientes se hundieron en mi hombro, pero la sujeté del cabello y tiré con todas mis fuerzas. El dolor aumentó cuando apretó la mandíbula. Conseguí empujarla, pero al separarse, arrancó un pedazo de carne. Caí de rodillas, presionando la herida mientras la sangre me bajaba por el brazo. Laura escupió la carne al suelo y volvió a reírse, con la boca manchada de sangre. Me apreté el hombro con una mano y corrí hacia la puerta. Laura avanzó detrás de mí, arañando el suelo con las uñas. Alcancé el pasillo, pero cuando intenté cerrar, metí un brazo entre la puerta y el marco. Empujé hasta que lo retiró, acompañado de otro crujido, y corrí a la cocina. Agarré un cuchillo que estaba sobre la mesa. Entonces, escuché a Laura llorando en el pasillo y pidiendo ayuda. Decía que le dolían los brazos y que no podía levantarse. Así que dejé el cuchillo donde pudiera alcanzarlo y me acerqué con cuidado. La encontré tendida boca abajo. Tenía los ojos cerrados y respiraba con dificultad.

8:43 Le pregunté si me reconocía. Pronunció mi nombre y me rogó que no la dejara sola. Me arrodillé a cierta distancia, dispuesto a ayudarla. Pero abrió los ojos y vi que seguían negros. Sonrió y dijo que había vuelto a engañarme. Se impulsó contra mí. Me sujetó de la camiseta e intentó morderme otra vez. La aparté con el antebrazo sano y regresé corriendo a nuestra habitación. Y cerré justo cuando chocó contra la puerta. Apoyé la espalda contra la madera. La sangre seguía saliendo de mi hombro y apenas podía mover el brazo izquierdo. Laura golpeó en repetidas veces hasta que escuché la voz de mi madre pidiéndome que abriera.

9:24 Pronunció mi nombre. Recordó que yo había llegado tarde al hospital y me aseguró que pronto nos reuniríamos. Intenté no contestar, pero un golpe abrió una grieta cerca de la cerradura y comprendí que la puerta no resistiría mucho más. Busqué algo para sujetarla y vi la sábana gruesa de nuestra cama. La arranqué del colchón y la sostuve frente a mí. Recordé las palabras que Laura había leído antes de comenzar la sesión. Había repetido el cierre varias veces para aprenderlo, y yo terminé memorizándolo también. El tablero estaba abajo, fuera de mi alcance. pero la advertencia decía que debíamos despedirnos, antes de abandonar el contacto, decidí intentarlo mientras todavía pudiera hablar, no quería lastimar a Laura, aunque tampoco podía permitir que siguiera atacándome, me aparté de la puerta y esperé, Ella entró de golpe, perdió el equilibrio y cayó sobre las manos torcidas. Le lancé la sábana encima y me abalancé sobre su espalda. Conseguí envolverle los brazos contra el cuerpo y sujetar la tela por debajo de su pecho. Laura pateó y me golpeó en el estómago. Perdí el aire, aflojé el agarre y ella consiguió arrastrarnos hasta la cama.

10:37 Intenté apretar otra vez, pero me sujetó de una pierna y caí a su lado. La herida del hombro volvió a abrirse. Me coloqué detrás de ella, sujetándole el torso con el brazo derecho y presionando los extremos de la sábana contra el suelo. Se retorció tanto que una mano terminó saliendo por una abertura y se cerró alrededor de mi cuello. Sus uñas me cortaron la piel. Traté de retirarle los dedos, pero cada movimiento aumentaba la presión. Entonces habló con la voz de mi madre y recordó un accidente de mi infancia. El vidrio que me había cortado la pierna, el patio donde ocurrió y la toalla que ella utilizó para detener la sangre. Nunca había contado esos detalles a Laura. La entidad dijo que mi madre seguía sufriendo y que yo podía liberarla aceptando que entrara en mi cuerpo. Prometió dejar tranquilos a mi novia y a mis familiares. Por un momento aflojó la mano. Escuché a Laura suplicando que la ayudara. Me aseguró que seguía consciente.

11:37 que sentía los brazos destrozados y que ya no soportaba el dolor. Le prometí que iba a sacarla de aquello, pero abrió los ojos y sonrió. Volvió a apretarme la garganta. Me faltó el aire y empecé a marearme. Apreté la sábana con la mano derecha para mantenerla de costado, mientras buscaba fuerzas para pronunciar las palabras. Primero le ordené a la presencia que abandonara el cuerpo de Laura. Ella respondió con un grito grave, interrumpido por chillidos que salían de su garganta. Seguía hablando, aunque apenas conseguía respirar. Le prohibí quedarse en nuestra casa y acercarse a mi familia. Laura intentó incorporarse, pero mantuve su torso contra el suelo. Las venas alrededor de sus ojos se oscurecieron y comenzaron a extenderse por la frente y el cuello. Abrió la boca y vi salir una sustancia negra entre sus dientes. Acercó el rostro al mío, tratando de morderme, pero giré la cabeza y pronuncié el cierre que recordaba. Esta sesión termina aquí y nadie tiene permiso para quedarse. Cerramos la comunicación. Adiós.

12:42 Laura soltó mi garganta y arqueó la espalda bruscamente. Su cabeza golpeó el suelo y comenzó a vomitar un líquido espeso y oscuro. La giré de costado para que pudiera expulsarlo sin ahogarse. Su cuerpo se sacudió varias veces. Las manchas negras de la cara desaparecieron y sus ojos recuperaron el color habitual. Después quedó inconsciente. Le aflojé la sábana y comprobé que respiraba. Yo tenía sangre en la camiseta, el cuello lastimado y las manos temblando. Conseguí levantarme. Encontré mi teléfono y pedí una ambulancia. Les expliqué que Laura estaba inconsciente. Tenía los brazos lesionados y yo necesitaba atención por una mordida profunda. Despertó antes de que llegaran los paramédicos.

13:28 Intentó levantarse y gritó de dolor, pero le pedí que permaneciera quieta. Miró sus brazos, vio la sangre de mi hombro y empezó a llorar. Quería saber qué había pasado. Le dije que habíamos sufrido una emergencia y que hablaríamos cuando estuviera a salvo. En el hospital confirmaron que tenía los dos brazos dislocados, además de golpes y moretones en el cuello. A mí me limpiaron la herida y retiraron tejido dañado. Los médicos preguntaron varias veces por el origen de las lesiones. Respondimos lo que podíamos explicar, pero ninguno encontró una forma sencilla de contarlo todo. Laura recordaba la sesión en el sótano, pero nada de lo ocurrido después de salir corriendo. Durante su recuperación, le conté lo que había visto. Me escuchó en silencio y terminó pidiéndome que nunca volviéramos a utilizar una ouija. Regresé al sótano cuando pude.

14:24 Guardé el tablero y el indicador en una bolsa y lo saqué de la casa. Poco después nos mudamos. Laura necesitó rehabilitación para recuperar el movimiento de los brazos y yo continué con las curaciones del hombro. Durante varias semanas dormimos mal. Algunas noches despertaba y la encontraba sentada al borde de la cama mirando la puerta. Pero a la mañana siguiente me aseguraba que no recordaba haberse levantado. Una noche le escuché repetir en el baño las palabras con las que había cerrado la sesión. Entré y se cayó. Al preguntarle qué decía, me respondió que llevaba un rato lavándose las manos. Después comenzó a preguntarme cuándo visitaríamos a mi padre, mi hermana y mis dos sobrinos. Insistía en ver a los niños, aunque antes apenas convivía con ellos.

15:17 Una madrugada desperté y la encontré sentada junto a mí. Me dijo que había estado pensando en mi madre. Luego sonrió y con aquella misma voz me aseguró que todavía le faltaba conocer a los niños. Me levanté de inmediato. Laura parpadeó y quiso saber que no ocurría y negó haber dicho aquello. Desde entonces evito dejarla sola con mi familia. Han pasado ocho meses y sigue sin recordar la posesión. Ella despertó al día siguiente sin recordar nada, pero con los brazos dislocados y el cuello lleno de moretones. La cicatriz de la mordida en mi hombro sigue ahí, deforme. El juego terminó, pero la mirada vacía que me da mi novia a veces cuando cree que no la veo, me recuerda que algo de esa cosa se quedó adentro.

16:09 Si te gustó este video, te recomiendo ir a ver La Ouija que arruinó nuestras vidas. Y también, testimonio, jugué con la ouija y presencié una posesión.