La Secta Que Invocaba Supuestos Ángeles Historias De Terror - REDE

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Culto satánico. Quisiera compartirles un relato de algo que me ocurrió hace años cuando vivÃa en Colombia. Mantendré el lugar exacto en el anonimato, aun cuando no estoy seguro si siga existiendo por aquel entonces. Era estudiante de economÃa en la Universidad de MedellÃn. Mi padre es mexicano y mi madre nativa de Colombia. Mi padre viajaba mucho, ya que trabajaba dando mantenimiento a máquinas de una empresa transnacional de alimentos y bebidas. Nos daba una vida decente. Mi madre no trabajaba, se dedicaba de lleno a nosotros, que éramos tres hijos. Yo siempre fui muy independiente y cuando ingresé a la universidad, acomodé las materias de modo a que alcanzara a tomar un empleo de medio tiempo, pues, como he dicho, siempre me gustó cargar mi propio dinero y no era que mi padre no pudiera mantenernos desde sino que cuando uno es joven quiere traer unas cuantas monedas en la bolsa para invitar a la novia al cine o simplemente a tomar una cerveza con los amigos. Los empleos de medio tiempo no son tan bien pagados y mayormente se tratan de hacer cosas que nadie quiere hacer. AsÃ, pasé por varios puestos, desde restaurantes de comida rápida como de atención telefónica. Quedé harto de todos los trabajos eran demasiado pesados para mi gusto y muy mal pagados. Incluso mi promedio escolar comenzó a bajar. Tuve una etapa de esas en las que todo sale mal. Hasta mis padres tenÃan problemas, pues mi madre comenzaba con complicaciones a causa de la menopausia. ResentÃa la ausencia de mi padre. Esto ocasionó que se fuera de la casa y rentara un departamento aparte. Por ende, comenzó a mandar menos dinero a la casa. Estuve a punto de abandonar la carrera cuando un conserje que era mi amigo me habló sobre un empleo muy bien pagado donde sólo tendrÃa que acudir tres veces por semana medio turno. Me dijo que sólo habÃa un requisito y este era ser prudente. En todo momento, el trabajo consistÃa en realizar el aseo de un piso en un edificio de departamentos del centro. Este conserje era de ese tipo de personas que visten de negro y traen consigo collares con calaveras y siempre están hablando sobre brujerÃa y ese tipo de temas oscuros. Se me hizo demasiado misterio, asà que le pregunté abiertamente si el trabajo era algo de riesgo, a lo que él me contestó que no, pero que ya verÃa yo en personas si lo aceptaba o no, que si lo deseaba, podÃa pasar esa misma tarde a una pequeña entrevista al domicilio. Me reservo la ubicación del complejo de departamentos. No obstante, diré que se encontraba en las afueras de la ciudad. Nada tenebroso por fuera, se veÃa como cualquier otro complejo de departamentos, de esos que no son muy altos y cada piso pertenece a un único departamento. Me recibieron en un despacho en el primer piso. Allà me entrevistó una chica de unos veinticinco años. Era bien parecida e iba vestida con un traje la mujer muy amable. Incluso me invitó un café. Me hizo la misma entrevista que hacen en todos lados. Además de los exámenes psicológicos, me preguntó cosas de rutina. Algo que me inquietó en sus preguntas fue que constantemente preguntaban si creÃa en fantasmas o enseres de otra dimensión. Creyendo que estas preguntas eran para saber si yo padecÃa alguna enfermedad psiquiátrica. Mi respuesta fue no. Por último, la entrevistadora me dijo que para tomar el trabajo era también necesario firmar un contrato de confidencialidad que, en caso de incumplirse podrÃa meterme en problemas. Le dije que no habrÃa problema, que la prudencia era cualidad que poseÃa. Lo primero que imaginé fue que tal vez el lugar se tratarÃa de un lugar de s s oras o algo asÃ. En eso la entrevistadora me dijo que me enseñarÃa el lugar en el que trabajarÃa. Subimos las escaleras hasta llegar al último piso para entrar, fue necesario abrir varias puertas de seguridad. Mientras las abrÃan. La entrevistadora me dijo que todos los pisos de abajo estaban vacÃos, pues la empresa para la que trabajaba asà lo querÃa, pues era necesaria toda prudencia. Apenas entrar Era como ver otra dimensión. El piso era corrido sin habitaciones, adornado por varios arcos pintados de color dorado. El piso de madera donde se dibujaba una enorme estrella de cinco picos. El color de los muros era rojo y en cada parte de los arcos habÃa una escultura figurando un hombre. Desde los huesos venas sistema nervioso hasta ser completado. El último cuadro de éstos era un espejo que no reflejaba nada. Cada uno de estos cuadros tenÃa por encima un cristal con o dolor púrpura y el lugar olÃa a incienso. Entonces la mujer me dijo que este salón estaba dedicado al ocultismo y a las artes oscuras, que muchas personas importantes acudÃan, y era por ello que se requerÃa de mucha prudencia, pues podrÃamos meternos en serios problemas. En eso me dijo algo que supuse. Lo dijo sólo para asustarme. Según ella, el anterior empleado de limpieza desapareció misteriosamente después de haber tomado fotografÃas del lugar. Yo le contesté que no tuviera cuidado, pues ni siquiera tenÃa una cámara fotográfica. Conmigo me dijo que no tenÃa que temer que las reuniones no eran muy concurridas, pero sà necesitaban que estuviera limpio el lugar. En verdad me dio mala espina. No obstante, el salario me venÃa muy bien ahora, además que tanto podrÃa tardar limpiando ese lugar abierto. Ni siquiera habÃa muebles ni nada. De eso. Terminé firmando el nr contrato y al dÃa siguiente me presenté al lugar donde una señora me enseñó cómo se debÃa limpiar en especÃfico cada cosa. Era necesario usar algunos productos quÃmicos para mantener el brillo en los espejos y una vez al mes deberÃa de pulir el piso de madera. No era la gran cosa. El trabajo era rápido. Me tomarÃa menos de dos horas terminarlo. Además, me permitieron poner mi música mientras trabajaba por aquel entonces traÃa conmigo una grabadora de Cassette. Creo que fue hasta el segundo dÃa que me tocó limpiar. Solo me recibà a una persona en la primera planta me abrÃa y regresaba al despacho. Encendà la grabadora y me puse manos a la obra. En esa ocasión no noté nada raro. Incluso me convencà de que todo lo que allà practicaban realmente no podÃa afectarme de ninguna manera y que el miedo que sentà en un principio era a causa de un prejuicio formado por las historias de brujerÃa que me contaba mi mano. Terminé antes de tiempo y tomé mi comida en el balcón de ese piso. Antes de irme escuché como si alguien arrastrara un mueble pesado dentro del salón. Me asomé y no vi a nadie. Creà que era mi imaginación, asà que cerré la puerta y me fui al dÃa siguiente. Me encontré al conserje que me preguntó de inmediato si habÃa tomado el trabajo y que cómo estaba yendo. Le dije que no se me hacÃa la gran cosa. Era un trabajo fácil y bien pagado y le estaba agradecido por haberme recomendado. Ãl me dijo que no tenÃa nada que agradecerle, pero que tuviera cuidado, que no anduviera de curioso, porque la gente que está metida en esas prácticas son peligrosas. No tomé en serio sus comentarios. SabÃa que ese hombre era muy supersticioso. CreÃa en todo tipo de cosas locas y raras. Yo, como estudiante de economÃa, basaba todo en la lógica y, por ende, no solÃa creer fácilmente en cualquier cosa total que llegó el segundo dÃa de trabajo. Iba cada tercer dÃa a menos que me llamaran. Me habÃan dicho que a veces tenÃan reuniones extraordinarias. Asà lo llamaron y tendrÃa que acudir de imprevisto a realizar limpieza ese segundo dÃa de trabajo fue cuando comencé a notar que algunas cosas no andaban bien en ese lugar. Previo a mi experiencia trabajando allÃ, no creÃa en nada. Después de eso dudo de todo guardo un gran respeto por los temas del tipo paranormal. El piso tenÃa varias marcas de cera, algunas formando sÃmbolos arcanos. En cambio, otras marcas parecÃan haber sido hechas con alguna tinta muy espesa. De no ser por el olor. Hubiera jurado que se trataba de sangre humana coagulada. Tardé algo más de tiempo limpiando el piso y en algunos lugares no lo logré desmanchar. Estaba obstinado a retirar las manchas cuando de r de repente, el cassette en la grabadora se detuvo. Luego se cambió a radio y se sintonizó una estación de pura estática me acerqué a querer acomodarla? Cuando comenzó a sonar una música muy extraña hecha con sintetizadores, también sonaban unas voces de fondo, no pude evitar sentir miedo, pero mantuve la calma y desconecté la grabadora intentando convencerme de que todo era una falla electrónica del propio aparato enseguida, me puse a limpiar los cuadros. Después de limpiar un par, noté algo extraño. Uno de los cuadros que yo juraba pertenecÃa al sistema nervioso del ser humano. HabÃa sido suplantado por uno que parecÃa puro plasma. Miré un par de veces pensaba que mi mente me jugaba una broma, pues a lo que recordaba, los cuadros iban en orden desde los huesos, pasando por las venas, luego los nervios y al final la carne. Entonces el hombre de plasma no encajaba allÃ. Intenté convencerme que tal vez mi concentración no era lo que yo pensaba y me pude equivocar. Seguà limpiando, sintiendo cierto escalofrÃo en mis hombros. Me giré un par de veces a ver si no habÃa nadie allà conmigo, pero no incluso me puse a ver detrás de los cuadros en busca de algún mecanismo que cambiar las imágenes mas. No encontré nada. Eran cuadros normales con madera en la parte trasera. Lo que sà vi fueron una sucesión de sÃmbolos en torno al marco del cuadro. Me apresuré a limpiar y salà corriendo de allÃ, llegando a mi casa ya estando tranquilo, me reà de mà mismo. Me juraba que lo que acababa de pasar era a causa de mi imaginación que estaba inquieta por los solventes usados para limpiar el salón. Aquella noche tuve una horrible pesadilla. Soñé que entraba al salón que me tocaba limpiar, pero en lugar de haber cuadros, habÃa espejos. Cada uno me reflejaba de manera distinta. Era como en esos juegos de feria, donde hay un laberinto hecho con espejos. Cada reflejo actuaba de manera diferente. Una imagen se burlaba de mÃ, otra lloraba y otra comenzaba a golpear el cristal. En eso veÃa entrar a un ser tan vil y repugnante. TenÃa patas de cabra y los ojos en color negro. Babeaba y se acercaba queriéndome atrapar con sus asquerosas manos de la nada desapareció enseguida. Cada uno de los espejos se iluminó con una luz extraña el brillo dentro era como ver a esos ángeles que salen en Internet, seres hechos de anillos de oro con varios ojos y plumas de fondo. Escuchaba la música extraña que escuché en mi radio. Intentaba escapar, pero no encontraba la puerta. No me querÃa acercar a ningún espejo. Terminaba en un rincón, cubriendo mi rostro con mis manos desperté gritando. Incluso mi madre fue a mi habitación a ver qué me ocurrÃa. Le dije que soy lo era una pesadilla. En eso agarró un rosario y me lo dio. Me dijo que lo pusiera bajo mi almohada y asà se terminarÃan mis malos sueños. Tomé el rosario lo puse en mi almohada, pero ya no pude volver a dormir. Me quedé meditando. Pensaba si en verdad trabajar en ese lugar me harÃa daño. Realmente sabÃa poco de las prácticas que allà realizaban total que intenté desaparecer esos pensamientos de mi mente en ese entonces creÃa que todo era pura sugestión que entre más creyera en eso más me afectarÃa, pero estaba en un error y pronto lo descubrirÃa. No tuve que acudir al trabajo. Hasta pasado. El fin de semana me habÃan llamado que estarÃa ocupado el salón y no deseaban que interrumpiera las sesiones que llevaban a cabo allÃ, ya que éstas eran muy secretas. La semana en que volvà no me ocurrió nada extraño y eso que volvà a poner mi música. El último dÃa que me presenté de esa semana fue un viernes. Esa ocasión me recibió una mujer de unos cincuenta años. Era extranjera. Lo noté por su acento. Llevaba un vestido blanco largo adornada de manera estrafalaria. Me dijo que ella era la dueña del salón y me saludó muy amablemente. Enseguida. Sacó un sobre con algo de dinero dentro. Me dijo que era algo extra por haber cumplido con mi trabajo de manera eficiente, que era consciente de que no cualquier persona era capaz de trabajar en un lugar asÃ. Según ella, las personas corrÃan espantadas. Desde el primer dÃa le agradecà y guardé el sobre en mi mochila. Realicé mi trabajo. HabÃa puesto en práctica una estrategia para hacer lo más rápido sin sentir miedo. Limpiaba evitando ver los cuadros y los espejos. No prestaba atención si alguno cambiaba de forma o no. Al salir ese dÃa del edificio, no encontré a nadie ni a la señora quien supuse que estaba en el piso de abajo, ya ya que habÃa escuchado algo de ruido. Cuando llegué a mi casa, abrà el sobre y encontré una buena suma de dinero, además de un boleto donde me invitaban a una reunión ocultista. No diré el nombre de la orden del culto para evitarme problemas, pero allà venÃa escrito acompañado de varios sÃmbolos raros. Ni de broma iba a asistir a esa reunión, aunque sà me lo pensé dos veces, pues no sabÃa cómo iba a reaccionar la jefa si le despreciaba. No me presenté hasta el tercer dÃa, que fue cuando me llamaron. Al llegar me recibió la misma mujer de siempre. Me dijo que tenÃan un encargo especial para mÃ, que necesitarÃan que me presentara dos dÃas seguidos, pues tendrÃan reunión. Me abrió la puerta y, como siempre, ni siquiera esperó a que entrara de inmediato. Bajó apenas entré me di cuenta que todo era un caos jamás habÃa visto tan sucio ese salón. El piso estaba todo pegajoso, todo cubierto de sangre y fluidos extraños a aps la NR de una manera insoportable. Vi que al fondo fue colocado un cubo, algo extraño. TenÃa una forma que causaba cierto fenómeno que te hacÃa creer que estaba en movimiento, pero realmente no se movÃa ni un centÃmetro. De hecho, ese salón, con la iluminación y los cuadros, causaba cierto efecto en la cabeza que no podÃas dejar de percibir, como si todo allà dentro tuviera vida propia. De hecho, en ese momento, a pesar de todo lo que llevaba percibiendo mi mente seguÃa rechazando, abandonar la razón y querÃa racionalizarlo todo. QuerÃa buscarle una explicación a todo. Pero ahora que lo veo todo hacia atrás, puedo darme cuenta que no era otra cosa que mi mente queriendo defenderse del miedo que me daba ese salón. Realmente de imaginarme los rituales que allà dentro se realizaban, no puedo negar que también sentÃa cierta morbosidad por saber qué tipo de cosas se vivÃan allà dentro. Ahora bien, esa tarde duré más de lo que ul acostumbrado en limpiar el salón, pues no sólo batallé con los pisos, sino también conmigo mismo, tratando de contener las ganas de vomitar. Cuando estaba por terminar, noté cierto sonido extraño que provenÃa de uno de los espejos del lado derecho. Al principio era un sonido apenas audible, casi como un rasguño, pero lo notaba porque ese dÃa no puse mi grabadora. El sonido fue en aumento, como si alguien buscara llamar mi atención como poseÃdo y en contra de mi voluntad, me acerqué al espejo. Entonces pude ver detrás el rostro de una mujer no llevaba nada de ropa. Su piel se veÃa lacerada, sobre todo en la parte del pecho sus ojos en blanco. ParecÃa un cadáver en la plancha de un morgue. Sentà esa mirada vacÃa fija en mÃ. En eso recobré la conciencia. Miré aquella imagen moverse y después desvanecerse caà de espaldas. Después del sobresalto, respiré profundo y me puse de pie Volvà a mirar en dirección al espejo, donde sólo me reflejaba. Yo mantuve la calma lo mejor que pude, pues ahora sà lo último que me quedaba de escepticismo se morÃa y mi mente cedÃa la razón a la creencia. Una vez que salà del lugar, mi mente seguÃa en la lucha de si lo que vi fue real o sólo un producto de mi imaginación. Lo que sà fue que la mirada de esa mujer detrás del espejo me despertó una serie de sentimientos encontrados. SentÃa atracción y repulsión por ella durante el trayecto medité si deberÃa regresar al trabajo o dejarlo. El dinero no era poco. Era suficiente como para apoyar en los gastos de la casa y aún asà quedarme para comprar cualquier cosa que quisiera. Por otro lado, no sabÃa si estar dentro de ese lugar me podrÃa causar un daño irreparable, pues al final no podÃa negar que lo que ocurrÃa allà estaba por encima de la razón y no respetaba la lógica. Aquella noche que llegué a mi casa me encontré a mi madre llorando. Me dijo que mi padre habÃa levantado una demanda de divorcio y que la pensión que nos darÃa serÃa aún más baja de lo que acostumbraba a darnos. Intenté tranquilizarla diciéndole que yo podÃa darle el dinero que hiciera falta, pues estaba ganando bien en mi trabajo actual. Esto logró consolar a mi madre, pero mis palabras me condenaron a seguir acudiendo a ese maldito centro esotérico. Al otro dÃa me encontré al conserje. Le dije que ya no tardaba en renunciar al empleo, que era demasiado extraño todo lo que allà ocurrÃa. El conserje se rió de mÃ. Después me dijo que ahora sà creÃa en esas cosas. Le respondà que ante tanta evidencia era difÃcil no creer. Después le pedà que si sabÃa cualquier cosa sobre las prácticas realizadas, me dijera y él me dio unas palmadas en la espalda y enseguida. Me dijo que no tenÃa por qué tener miedo que la n de la onda dueña de ese lugar. Era una señora ocultista que practicaba una serie de rituales para contactar con ángeles caÃdos y no tenÃa nada de oscuro sus prácticas. Yo sólo lo escuché, pero muy en el fondo sabÃa que no tenÃa razón, pues la visión que tuve sobre la mujer con la piel lacerada no tenÃa nada de Angelical. Era pura Malicia. Representaba el dolor y horror. Me avisaron del trabajo que no acudirÃa hasta el fin de semana, que trabajarÃa sólo el sábado y aún asà estarÃa recibiendo la misma paga. Pensé que me relajarÃa darme ese tiempo, pero noche a noche soñaba con el espectro de aquella mujer lo mismo la figura del ángel formada por varios anillos. Su forma se paraba frente a mà y realizaba un sonido tan aterrador que me volaba la cabeza Despertaba bañado en Sudor. Esto ocurrió al menos tres dÃas seguidos. Estuve a punto de confesar a mi madre sobre el lugar en el que trabajaba. Ella es muy católica y por eso no le quise decir abiertamente en qué trabajaba hasta ese momento. Ella sólo sabÃa que trabajaba realizando limpieza en unos condominios. Me atrevà a regresar al trabajo porque serÃa sólo un rato por la mañana, y hasta ese momento jamás habÃa escuchado algún relato aterrador que sucediera durante esa hora del dÃa. Por lo regular, la mañana de un nuevo dÃa siempre disipa las pesadillas. Ahora bien, sé que cualquier otra persona en mi lugar ni siquiera hubiera aceptado trabajar en un lugar asÃ, pero qué otra opción tenÃa. Era muy joven y estaba preocupado por la estabilidad económica de mi familia. Llegué temprano me recibió la misma chica de siempre que como de costumbre, no esperó a que entrara. Me abrió y se fue sin mediar palabra alguna. El lugar ahora no estaba sucio como las otras veces. De hecho, lucÃa igual a la primera vez que entré. OlÃa a incienso de nuevo y todo lucÃa reluciente. Realmente no entendÃa por qué me habÃan llamado a trabajar si no habÃa gran cosa por hacer. Aún asÃ, me puse a limpiar los marcos de las imágenes de cuerpo completo, lo mismo los espejos. Mientras limpiaba los espejos, noté algo extraño en la imagen reflejada al principio era una luz. Después mi imagen se difuminó y enseguida viesa imagen de mis sueños, el ser creado con anillos, produciendo ese extraño sonido de pesadilla. Luego las lámparas que iluminaban cada cuadro se encendieron y los cuadros de los cuerpos humanos parecÃan tener movimiento. Sus figuras se retorcÃan. También escuché los cantos de varias personas, pero esto no tenÃa razón de ser. El lugar no contaba con bocinas, al menos no visibles. ParecÃa como si una congregación invisible celebrara algún ritual. CreÃa que iba a enloquecer. Mi cabeza me punzaba y sentÃa el corazón al lÃmite de su aceleración. En eso veo un aro de luz en medio del salón. Corrà hacia la puerta y después bajé escaleras abajo una vez abajo de repente, la dueña del lugar apareció detrás de mà con su rostro sereno, pero con una mirada inquietante. Me preguntó si todo estaba bien y yo sólo pude asentir con la cabeza sin decir nada. Ella sonrió y me dijo que no tuviera miedo, que sólo eran ángeles, Pero yo sabÃa que no eran ángeles, eran algo mucho más oscuro y siniestro. Además, sentÃa que esa mujer me habÃa tendido una trampa sin mediar más palabras. Me fui a mi casa caminando. No podÃa dejar de temblar a cada paso que daba. Mis nervios estaban hechos trizas. No sabÃa ni en qué creer. Lo que acababa de presenciar era algo más allá de la comprensión del ser humano. Sólo de una cosa estaba seguro. Fuese lo que fuese que viviera en ese salón. No era nada bueno, no regresé ja más a ese lugar ni volvà a recibir una llamada de ellos. Hoy me atrevo a contar esta historia porque ya ha pasado bastante tiempo y estoy casi seguro de que el edificio en el que celebraban sus reuniones esotéricas ya no está en pie. Del espectro de la mujer en el espejo. Tengo dos teorÃas, una en la que pienso que era el espÃritu de una mujer que fue usada como sacrificio y metieron su alma en uno de esos espejos, y otra que era un ente de otro plano que deseaba posesionarse de mi cuerpo. No lo sé. Prefiero ignorar la verdad acerca del origen de ese espectro. Tardé algo de tiempo en recuperarme. Mi madre consiguió un empleo y yo, a la fecha ya no vivo con ella. Hoy en dÃa, cuando escucho sobre relatos sobrenaturales. Lo pienso dos veces antes de descartar que sea mentira o verdad. Creo que sà hay algo más allá de nuestra comprensión. Relato eso y adaptado por Mauricio Farfán








