Oct. 22, 2023

La Secta Que Invocaba Supuestos Ángeles Historias De Terror - REDE

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Culto satánico. Quisiera compartirles un relato de algo que me ocurrió hace años cuando vivía en Colombia. Mantendré el lugar exacto en el anonimato, aun cuando no estoy seguro si siga existiendo por aquel entonces. Era estudiante de economía en la Universidad de Medellín. Mi padre es mexicano y mi madre nativa de Colombia. Mi padre viajaba mucho, ya que trabajaba dando mantenimiento a máquinas de una empresa transnacional de alimentos y bebidas. Nos daba una vida decente. Mi madre no trabajaba, se dedicaba de lleno a nosotros, que éramos tres hijos. Yo siempre fui muy independiente y cuando ingresé a la universidad, acomodé las materias de modo a que alcanzara a tomar un empleo de medio tiempo, pues, como he dicho, siempre me gustó cargar mi propio dinero y no era que mi padre no pudiera mantenernos desde sino que cuando uno es joven quiere traer unas cuantas monedas en la bolsa para invitar a la novia al cine o simplemente a tomar una cerveza con los amigos. Los empleos de medio tiempo no son tan bien pagados y mayormente se tratan de hacer cosas que nadie quiere hacer. Así, pasé por varios puestos, desde restaurantes de comida rápida como de atención telefónica. Quedé harto de todos los trabajos eran demasiado pesados para mi gusto y muy mal pagados. Incluso mi promedio escolar comenzó a bajar. Tuve una etapa de esas en las que todo sale mal. Hasta mis padres tenían problemas, pues mi madre comenzaba con complicaciones a causa de la menopausia. Resentía la ausencia de mi padre. Esto ocasionó que se fuera de la casa y rentara un departamento aparte. Por ende, comenzó a mandar menos dinero a la casa. Estuve a punto de abandonar la carrera cuando un conserje que era mi amigo me habló sobre un empleo muy bien pagado donde sólo tendría que acudir tres veces por semana medio turno. Me dijo que sólo había un requisito y este era ser prudente. En todo momento, el trabajo consistía en realizar el aseo de un piso en un edificio de departamentos del centro. Este conserje era de ese tipo de personas que visten de negro y traen consigo collares con calaveras y siempre están hablando sobre brujería y ese tipo de temas oscuros. Se me hizo demasiado misterio, así que le pregunté abiertamente si el trabajo era algo de riesgo, a lo que él me contestó que no, pero que ya vería yo en personas si lo aceptaba o no, que si lo deseaba, podía pasar esa misma tarde a una pequeña entrevista al domicilio. Me reservo la ubicación del complejo de departamentos. No obstante, diré que se encontraba en las afueras de la ciudad. Nada tenebroso por fuera, se veía como cualquier otro complejo de departamentos, de esos que no son muy altos y cada piso pertenece a un único departamento. Me recibieron en un despacho en el primer piso. Allí me entrevistó una chica de unos veinticinco años. Era bien parecida e iba vestida con un traje la mujer muy amable. Incluso me invitó un café. Me hizo la misma entrevista que hacen en todos lados. Además de los exámenes psicológicos, me preguntó cosas de rutina. Algo que me inquietó en sus preguntas fue que constantemente preguntaban si creía en fantasmas o enseres de otra dimensión. Creyendo que estas preguntas eran para saber si yo padecía alguna enfermedad psiquiátrica. Mi respuesta fue no. Por último, la entrevistadora me dijo que para tomar el trabajo era también necesario firmar un contrato de confidencialidad que, en caso de incumplirse podría meterme en problemas. Le dije que no habría problema, que la prudencia era cualidad que poseía. Lo primero que imaginé fue que tal vez el lugar se trataría de un lugar de s s oras o algo así. En eso la entrevistadora me dijo que me enseñaría el lugar en el que trabajaría. Subimos las escaleras hasta llegar al último piso para entrar, fue necesario abrir varias puertas de seguridad. Mientras las abrían. La entrevistadora me dijo que todos los pisos de abajo estaban vacíos, pues la empresa para la que trabajaba así lo quería, pues era necesaria toda prudencia. Apenas entrar Era como ver otra dimensión. El piso era corrido sin habitaciones, adornado por varios arcos pintados de color dorado. El piso de madera donde se dibujaba una enorme estrella de cinco picos. El color de los muros era rojo y en cada parte de los arcos había una escultura figurando un hombre. Desde los huesos venas sistema nervioso hasta ser completado. El último cuadro de éstos era un espejo que no reflejaba nada. Cada uno de estos cuadros tenía por encima un cristal con o dolor púrpura y el lugar olía a incienso. Entonces la mujer me dijo que este salón estaba dedicado al ocultismo y a las artes oscuras, que muchas personas importantes acudían, y era por ello que se requería de mucha prudencia, pues podríamos meternos en serios problemas. En eso me dijo algo que supuse. Lo dijo sólo para asustarme. Según ella, el anterior empleado de limpieza desapareció misteriosamente después de haber tomado fotografías del lugar. Yo le contesté que no tuviera cuidado, pues ni siquiera tenía una cámara fotográfica. Conmigo me dijo que no tenía que temer que las reuniones no eran muy concurridas, pero sí necesitaban que estuviera limpio el lugar. En verdad me dio mala espina. No obstante, el salario me venía muy bien ahora, además que tanto podría tardar limpiando ese lugar abierto. Ni siquiera había muebles ni nada. De eso. Terminé firmando el nr contrato y al día siguiente me presenté al lugar donde una señora me enseñó cómo se debía limpiar en específico cada cosa. Era necesario usar algunos productos químicos para mantener el brillo en los espejos y una vez al mes debería de pulir el piso de madera. No era la gran cosa. El trabajo era rápido. Me tomaría menos de dos horas terminarlo. Además, me permitieron poner mi música mientras trabajaba por aquel entonces traía conmigo una grabadora de Cassette. Creo que fue hasta el segundo día que me tocó limpiar. Solo me recibí a una persona en la primera planta me abría y regresaba al despacho. Encendí la grabadora y me puse manos a la obra. En esa ocasión no noté nada raro. Incluso me convencí de que todo lo que allí practicaban realmente no podía afectarme de ninguna manera y que el miedo que sentí en un principio era a causa de un prejuicio formado por las historias de brujería que me contaba mi mano. Terminé antes de tiempo y tomé mi comida en el balcón de ese piso. Antes de irme escuché como si alguien arrastrara un mueble pesado dentro del salón. Me asomé y no vi a nadie. Creí que era mi imaginación, así que cerré la puerta y me fui al día siguiente. Me encontré al conserje que me preguntó de inmediato si había tomado el trabajo y que cómo estaba yendo. Le dije que no se me hacía la gran cosa. Era un trabajo fácil y bien pagado y le estaba agradecido por haberme recomendado. Él me dijo que no tenía nada que agradecerle, pero que tuviera cuidado, que no anduviera de curioso, porque la gente que está metida en esas prácticas son peligrosas. No tomé en serio sus comentarios. Sabía que ese hombre era muy supersticioso. Creía en todo tipo de cosas locas y raras. Yo, como estudiante de economía, basaba todo en la lógica y, por ende, no solía creer fácilmente en cualquier cosa total que llegó el segundo día de trabajo. Iba cada tercer día a menos que me llamaran. Me habían dicho que a veces tenían reuniones extraordinarias. Así lo llamaron y tendría que acudir de imprevisto a realizar limpieza ese segundo día de trabajo fue cuando comencé a notar que algunas cosas no andaban bien en ese lugar. Previo a mi experiencia trabajando allí, no creía en nada. Después de eso dudo de todo guardo un gran respeto por los temas del tipo paranormal. El piso tenía varias marcas de cera, algunas formando símbolos arcanos. En cambio, otras marcas parecían haber sido hechas con alguna tinta muy espesa. De no ser por el olor. Hubiera jurado que se trataba de sangre humana coagulada. Tardé algo más de tiempo limpiando el piso y en algunos lugares no lo logré desmanchar. Estaba obstinado a retirar las manchas cuando de r de repente, el cassette en la grabadora se detuvo. Luego se cambió a radio y se sintonizó una estación de pura estática me acerqué a querer acomodarla? Cuando comenzó a sonar una música muy extraña hecha con sintetizadores, también sonaban unas voces de fondo, no pude evitar sentir miedo, pero mantuve la calma y desconecté la grabadora intentando convencerme de que todo era una falla electrónica del propio aparato enseguida, me puse a limpiar los cuadros. Después de limpiar un par, noté algo extraño. Uno de los cuadros que yo juraba pertenecía al sistema nervioso del ser humano. Había sido suplantado por uno que parecía puro plasma. Miré un par de veces pensaba que mi mente me jugaba una broma, pues a lo que recordaba, los cuadros iban en orden desde los huesos, pasando por las venas, luego los nervios y al final la carne. Entonces el hombre de plasma no encajaba allí. Intenté convencerme que tal vez mi concentración no era lo que yo pensaba y me pude equivocar. Seguí limpiando, sintiendo cierto escalofrío en mis hombros. Me giré un par de veces a ver si no había nadie allí conmigo, pero no incluso me puse a ver detrás de los cuadros en busca de algún mecanismo que cambiar las imágenes mas. No encontré nada. Eran cuadros normales con madera en la parte trasera. Lo que sí vi fueron una sucesión de símbolos en torno al marco del cuadro. Me apresuré a limpiar y salí corriendo de allí, llegando a mi casa ya estando tranquilo, me reí de mí mismo. Me juraba que lo que acababa de pasar era a causa de mi imaginación que estaba inquieta por los solventes usados para limpiar el salón. Aquella noche tuve una horrible pesadilla. Soñé que entraba al salón que me tocaba limpiar, pero en lugar de haber cuadros, había espejos. Cada uno me reflejaba de manera distinta. Era como en esos juegos de feria, donde hay un laberinto hecho con espejos. Cada reflejo actuaba de manera diferente. Una imagen se burlaba de mí, otra lloraba y otra comenzaba a golpear el cristal. En eso veía entrar a un ser tan vil y repugnante. Tenía patas de cabra y los ojos en color negro. Babeaba y se acercaba queriéndome atrapar con sus asquerosas manos de la nada desapareció enseguida. Cada uno de los espejos se iluminó con una luz extraña el brillo dentro era como ver a esos ángeles que salen en Internet, seres hechos de anillos de oro con varios ojos y plumas de fondo. Escuchaba la música extraña que escuché en mi radio. Intentaba escapar, pero no encontraba la puerta. No me quería acercar a ningún espejo. Terminaba en un rincón, cubriendo mi rostro con mis manos desperté gritando. Incluso mi madre fue a mi habitación a ver qué me ocurría. Le dije que soy lo era una pesadilla. En eso agarró un rosario y me lo dio. Me dijo que lo pusiera bajo mi almohada y así se terminarían mis malos sueños. Tomé el rosario lo puse en mi almohada, pero ya no pude volver a dormir. Me quedé meditando. Pensaba si en verdad trabajar en ese lugar me haría daño. Realmente sabía poco de las prácticas que allí realizaban total que intenté desaparecer esos pensamientos de mi mente en ese entonces creía que todo era pura sugestión que entre más creyera en eso más me afectaría, pero estaba en un error y pronto lo descubriría. No tuve que acudir al trabajo. Hasta pasado. El fin de semana me habían llamado que estaría ocupado el salón y no deseaban que interrumpiera las sesiones que llevaban a cabo allí, ya que éstas eran muy secretas. La semana en que volví no me ocurrió nada extraño y eso que volví a poner mi música. El último día que me presenté de esa semana fue un viernes. Esa ocasión me recibió una mujer de unos cincuenta años. Era extranjera. Lo noté por su acento. Llevaba un vestido blanco largo adornada de manera estrafalaria. Me dijo que ella era la dueña del salón y me saludó muy amablemente. Enseguida. Sacó un sobre con algo de dinero dentro. Me dijo que era algo extra por haber cumplido con mi trabajo de manera eficiente, que era consciente de que no cualquier persona era capaz de trabajar en un lugar así. Según ella, las personas corrían espantadas. Desde el primer día le agradecí y guardé el sobre en mi mochila. Realicé mi trabajo. Había puesto en práctica una estrategia para hacer lo más rápido sin sentir miedo. Limpiaba evitando ver los cuadros y los espejos. No prestaba atención si alguno cambiaba de forma o no. Al salir ese día del edificio, no encontré a nadie ni a la señora quien supuse que estaba en el piso de abajo, ya ya que había escuchado algo de ruido. Cuando llegué a mi casa, abrí el sobre y encontré una buena suma de dinero, además de un boleto donde me invitaban a una reunión ocultista. No diré el nombre de la orden del culto para evitarme problemas, pero allí venía escrito acompañado de varios símbolos raros. Ni de broma iba a asistir a esa reunión, aunque sí me lo pensé dos veces, pues no sabía cómo iba a reaccionar la jefa si le despreciaba. No me presenté hasta el tercer día, que fue cuando me llamaron. Al llegar me recibió la misma mujer de siempre. Me dijo que tenían un encargo especial para mí, que necesitarían que me presentara dos días seguidos, pues tendrían reunión. Me abrió la puerta y, como siempre, ni siquiera esperó a que entrara de inmediato. Bajó apenas entré me di cuenta que todo era un caos jamás había visto tan sucio ese salón. El piso estaba todo pegajoso, todo cubierto de sangre y fluidos extraños a aps la NR de una manera insoportable. Vi que al fondo fue colocado un cubo, algo extraño. Tenía una forma que causaba cierto fenómeno que te hacía creer que estaba en movimiento, pero realmente no se movía ni un centímetro. De hecho, ese salón, con la iluminación y los cuadros, causaba cierto efecto en la cabeza que no podías dejar de percibir, como si todo allí dentro tuviera vida propia. De hecho, en ese momento, a pesar de todo lo que llevaba percibiendo mi mente seguía rechazando, abandonar la razón y quería racionalizarlo todo. Quería buscarle una explicación a todo. Pero ahora que lo veo todo hacia atrás, puedo darme cuenta que no era otra cosa que mi mente queriendo defenderse del miedo que me daba ese salón. Realmente de imaginarme los rituales que allí dentro se realizaban, no puedo negar que también sentía cierta morbosidad por saber qué tipo de cosas se vivían allí dentro. Ahora bien, esa tarde duré más de lo que ul acostumbrado en limpiar el salón, pues no sólo batallé con los pisos, sino también conmigo mismo, tratando de contener las ganas de vomitar. Cuando estaba por terminar, noté cierto sonido extraño que provenía de uno de los espejos del lado derecho. Al principio era un sonido apenas audible, casi como un rasguño, pero lo notaba porque ese día no puse mi grabadora. El sonido fue en aumento, como si alguien buscara llamar mi atención como poseído y en contra de mi voluntad, me acerqué al espejo. Entonces pude ver detrás el rostro de una mujer no llevaba nada de ropa. Su piel se veía lacerada, sobre todo en la parte del pecho sus ojos en blanco. Parecía un cadáver en la plancha de un morgue. Sentí esa mirada vacía fija en mí. En eso recobré la conciencia. Miré aquella imagen moverse y después desvanecerse caí de espaldas. Después del sobresalto, respiré profundo y me puse de pie Volví a mirar en dirección al espejo, donde sólo me reflejaba. Yo mantuve la calma lo mejor que pude, pues ahora sí lo último que me quedaba de escepticismo se moría y mi mente cedía la razón a la creencia. Una vez que salí del lugar, mi mente seguía en la lucha de si lo que vi fue real o sólo un producto de mi imaginación. Lo que sí fue que la mirada de esa mujer detrás del espejo me despertó una serie de sentimientos encontrados. Sentía atracción y repulsión por ella durante el trayecto medité si debería regresar al trabajo o dejarlo. El dinero no era poco. Era suficiente como para apoyar en los gastos de la casa y aún así quedarme para comprar cualquier cosa que quisiera. Por otro lado, no sabía si estar dentro de ese lugar me podría causar un daño irreparable, pues al final no podía negar que lo que ocurría allí estaba por encima de la razón y no respetaba la lógica. Aquella noche que llegué a mi casa me encontré a mi madre llorando. Me dijo que mi padre había levantado una demanda de divorcio y que la pensión que nos daría sería aún más baja de lo que acostumbraba a darnos. Intenté tranquilizarla diciéndole que yo podía darle el dinero que hiciera falta, pues estaba ganando bien en mi trabajo actual. Esto logró consolar a mi madre, pero mis palabras me condenaron a seguir acudiendo a ese maldito centro esotérico. Al otro día me encontré al conserje. Le dije que ya no tardaba en renunciar al empleo, que era demasiado extraño todo lo que allí ocurría. El conserje se rió de mí. Después me dijo que ahora sí creía en esas cosas. Le respondí que ante tanta evidencia era difícil no creer. Después le pedí que si sabía cualquier cosa sobre las prácticas realizadas, me dijera y él me dio unas palmadas en la espalda y enseguida. Me dijo que no tenía por qué tener miedo que la n de la onda dueña de ese lugar. Era una señora ocultista que practicaba una serie de rituales para contactar con ángeles caídos y no tenía nada de oscuro sus prácticas. Yo sólo lo escuché, pero muy en el fondo sabía que no tenía razón, pues la visión que tuve sobre la mujer con la piel lacerada no tenía nada de Angelical. Era pura Malicia. Representaba el dolor y horror. Me avisaron del trabajo que no acudiría hasta el fin de semana, que trabajaría sólo el sábado y aún así estaría recibiendo la misma paga. Pensé que me relajaría darme ese tiempo, pero noche a noche soñaba con el espectro de aquella mujer lo mismo la figura del ángel formada por varios anillos. Su forma se paraba frente a mí y realizaba un sonido tan aterrador que me volaba la cabeza Despertaba bañado en Sudor. Esto ocurrió al menos tres días seguidos. Estuve a punto de confesar a mi madre sobre el lugar en el que trabajaba. Ella es muy católica y por eso no le quise decir abiertamente en qué trabajaba hasta ese momento. Ella sólo sabía que trabajaba realizando limpieza en unos condominios. Me atreví a regresar al trabajo porque sería sólo un rato por la mañana, y hasta ese momento jamás había escuchado algún relato aterrador que sucediera durante esa hora del día. Por lo regular, la mañana de un nuevo día siempre disipa las pesadillas. Ahora bien, sé que cualquier otra persona en mi lugar ni siquiera hubiera aceptado trabajar en un lugar así, pero qué otra opción tenía. Era muy joven y estaba preocupado por la estabilidad económica de mi familia. Llegué temprano me recibió la misma chica de siempre que como de costumbre, no esperó a que entrara. Me abrió y se fue sin mediar palabra alguna. El lugar ahora no estaba sucio como las otras veces. De hecho, lucía igual a la primera vez que entré. Olía a incienso de nuevo y todo lucía reluciente. Realmente no entendía por qué me habían llamado a trabajar si no había gran cosa por hacer. Aún así, me puse a limpiar los marcos de las imágenes de cuerpo completo, lo mismo los espejos. Mientras limpiaba los espejos, noté algo extraño en la imagen reflejada al principio era una luz. Después mi imagen se difuminó y enseguida viesa imagen de mis sueños, el ser creado con anillos, produciendo ese extraño sonido de pesadilla. Luego las lámparas que iluminaban cada cuadro se encendieron y los cuadros de los cuerpos humanos parecían tener movimiento. Sus figuras se retorcían. También escuché los cantos de varias personas, pero esto no tenía razón de ser. El lugar no contaba con bocinas, al menos no visibles. Parecía como si una congregación invisible celebrara algún ritual. Creía que iba a enloquecer. Mi cabeza me punzaba y sentía el corazón al límite de su aceleración. En eso veo un aro de luz en medio del salón. Corrí hacia la puerta y después bajé escaleras abajo una vez abajo de repente, la dueña del lugar apareció detrás de mí con su rostro sereno, pero con una mirada inquietante. Me preguntó si todo estaba bien y yo sólo pude asentir con la cabeza sin decir nada. Ella sonrió y me dijo que no tuviera miedo, que sólo eran ángeles, Pero yo sabía que no eran ángeles, eran algo mucho más oscuro y siniestro. Además, sentía que esa mujer me había tendido una trampa sin mediar más palabras. Me fui a mi casa caminando. No podía dejar de temblar a cada paso que daba. Mis nervios estaban hechos trizas. No sabía ni en qué creer. Lo que acababa de presenciar era algo más allá de la comprensión del ser humano. Sólo de una cosa estaba seguro. Fuese lo que fuese que viviera en ese salón. No era nada bueno, no regresé ja más a ese lugar ni volví a recibir una llamada de ellos. Hoy me atrevo a contar esta historia porque ya ha pasado bastante tiempo y estoy casi seguro de que el edificio en el que celebraban sus reuniones esotéricas ya no está en pie. Del espectro de la mujer en el espejo. Tengo dos teorías, una en la que pienso que era el espíritu de una mujer que fue usada como sacrificio y metieron su alma en uno de esos espejos, y otra que era un ente de otro plano que deseaba posesionarse de mi cuerpo. No lo sé. Prefiero ignorar la verdad acerca del origen de ese espectro. Tardé algo de tiempo en recuperarme. Mi madre consiguió un empleo y yo, a la fecha ya no vivo con ella. Hoy en día, cuando escucho sobre relatos sobrenaturales. Lo pienso dos veces antes de descartar que sea mentira o verdad. Creo que sí hay algo más allá de nuestra comprensión. Relato eso y adaptado por Mauricio Farfán