Imiciamos Un Ritual Para Invocar Demonios Historias De Terror - REDE

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No juegues con espÃritus de otro mundo. Mi nombre es Sergio y tengo veintiocho años. Nacà en el estado de Querétaro, pero desde muy pequeño mi madre me llevó a vivir a la ciudad de Guadalajara. Ella fue madre soltera, Nunca se casó ni tampoco tuvo más hijos. En algún momento le pregunté por mi padre. Ella me dijo que desde el momento en que supo que estaba embarazada, jamás lo volvió a ver, por lo que no lo conocÃ. Durante un tiempo, ella mantuvo una relación con otro hombre. Fue la figura paterna con la que crecÃ, aunque no me dio el mejor trato de alguna manera. Sirvió para no estar tan solos. Después que él murió, mi mamá ya no volvió a casarse, asà que nos acostumbramos a ser una familia muy pequeña. Desde la primera vez que nos fuimos a vivir a Guadalajara, llegamos a una colonia de la que ya no nos cambiamos. El barrio era muy antiguo. Fueron de las primeras colonias que se establecieron cuando se fundó la ciudad. Era curioso porque alrededor de donde vivÃa habÃa un conjunto de edificios importantes, una manzana completa dedicada a la salud, centro médico, el Centro Universitario de Ciencias de la Salud, el nuevo hospital civil, también edificios oficiales, como la fiscalÃa de personas desaparecidas y, del otro lado estaba el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Aunque mi barrio estaba rodeado de los lugares importantes, no era una colonia bonita. Sus casas eran viejas y deterioradas construcciones hechas de época de la Revolución. Otras abandonadas porque pertenecieron a personas que no tenÃan familia y quedaron en completo olvido. Por lo mismo estaban a punto de Caerse era la colonia el retiro. En la calle en la que vivÃa habÃa cuatro viviendas abandonadas. No era agradable que se me tisera. Eran drogadictos e indigentes porque no les daban el uso correcto. DestruÃan, ensuciaban y hacÃan mucho ruido. Con frecuencia era necesario llamar a la policÃa. Era común que eso sucediera, porque muy cerca de mi casa estaba un albergue para indigentes. Los que no alcanzaban cuarto por esa noche buscaban refugio. En esas casas trabajaba como empleado de seguridad. Mi madre mientras pudo sostuvo mis gastos. Ahora yo le proveÃa de todo lo necesario. En la época en la que entré a la preparatoria conocÃa a Ezequiel y a Diego. Desde los primeros semestres nos hicimos amigos y la amistad continuó después del tiempo. A Diego siempre le interesaron las cosas paranormales. Nos gustaba escuchar un programa de radio que se llamaba La mano peluda. Ahà se contaban historias de miedo que les sucedÃan a las personas. Lo pasaban a las diez de la noche. TenÃa una duración de dos horas. Cuando se terminaba, ya era tarde y los tres vivÃamos en la misma colonia. Casi estábamos a punto de terminar la prepa cuando nos juntábamos cada viernes en la casa de cada uno. Pero después se nos ocurrió escuchar el programa en una de las casas abandonadas. Para sentir más real el relato, nos Ãbamos a una de esas viviendas. PonÃamos un tendido y ahà escuchábamos la radio, nos dimos cuenta de que nos daba más temor escuchar los relatos. En ese tiempo. Pasaron un episodio de un caso muy sonado de un muchacho de nombre Josué Velázquez. Ãl habló al programa en vivo, en el que el locutor era Juan Ramón Saenz. Josué habló muy asustado al programa porque dijo que varios demonios lo seguÃan llorando. PedÃa ayuda a Juan Ramón. Mientras Josué hablaba, se escucharon más voces gruesas decÃan algo que no se entendÃa. Después, la llamada se cortó. Juan Ramón se interesó en Josué y comenzó a ayudarlo. Josué dijo que él habÃa hecho un pacto o el ono diablo. Su situación económica era muy precaria, por lo que buscaba la manera de ganar dinero desesperado. Se fue a Estados Unidos, pero tampoco le iba bien. Allá fue donde comenzó a hacer rituales para pedirle al demonio que lo sacara de la pobreza. En ese tiempo ocurrieron muchas cosas extrañas a Josué y a Juan Ramón Sáenz, por lo que Diego se burló. Nos dijo que a poco nosotros si creÃamos lo que decÃan en el radio Ezequiel y yo le respondimos que sÃ, porque casi podÃamos sentir el miedo de Josué a través del programa, ya que cada vez que Juan Ramón hablaba con él lo hacÃa en vivo. Diego empezó con la idea de hacer rituales porque él no creÃa en toda esa charlatanerÃa de la estación de radio. Ãl decÃa que todos lo hacÃan para ganar audiencia. Incluso nos dijo que querÃa realizarlos para después desmentir a Juan Ramón de que nada de lo que contaba era cierto. Nos estuvo insistiendo por vas de s dÃas para que lo hiciéramos, pero ni Ezequiel ni yo estábamos de acuerdo, no porque tuviéramos miedo, sino porque creÃamos que no era necesario. Además, ni siquiera sabÃamos cómo hacer un ritual. Un dÃa nos convenció y nos pusimos de acuerdo para hacer el ritual. Un viernes después que se terminó el programa de radio, estábamos en una de las casas abandonadas que estaba cerca de donde vivÃa. Ya tenÃamos experiencia en entrar y salir de ella. Le habÃamos comprado un candado para que no se metieran los indigentes, porque habÃamos logrado limpiar el lugar y ya no querÃamos que lo ensuciaran de nuevo. Esa noche diego encendió cuatro sirios los puso en cuatro puntos y comenzó a pedirle al demonio que se apareciera. También llevó una huija que puso al centro de los sirios. Nunca la habÃamos jugado ni tampoco supe dónde la habÃa conseguido. Diego nos dijo que si de verdad aparecÃa el demonio se iba a comunicar con nosotros a través de la huija. Era la primera vez que hacÃamos algo asÃ. Yo estaba muy escéptico y creo que Ezequiel también, porque hubo un momento que nos enfadamos porque no sucedÃa nada, y Diego nos dijo que lo hiciéramos por unos minutos más. De pronto se comenzó a sentir un viento que entró por la ventana sin cristales. Nos volteamos a ver los tres. Después se comenzó a escuchar que golpeaban en la pared con fuerza en ese cuarto habÃa un ropero de madera enorme que estaba muy viejo y que aún conservaba ropa igual de antigua. El mueble estaba roto. Comenzó a crujir como si algo estuviera dentro y se moviera. Los tres nos volteamos a ver sin entender lo que sucedÃa. De pronto, los sirios se apagaron y quedamos en completa oscuridad. De nuevo se escuchó que golpeaban en la pared pero con más intensidad. Ya no quisimos quedarnos por más tiempo. Nos salimos de la vivienda lo más rápido que pudimos y nos quedamos afuera de mi casa. Y s o s o era el que estaba más asustado, porque él fue quien hizo todo el ritual Ezequiel y yo sólo lo mirábamos. Se nos hizo muy raro que estuviera tan asustado, porque cuando escuchábamos la mano peluda. Ãl se burlaba de nosotros porque ponÃamos cara de miedo. Nos decÃa que todo era tonterÃas, que no era verdad lo que contaban. Diego volteaba con frecuencia hacia la casa en la que hizo el ritual. Luego se movÃa con intensidad. Ãl decÃa que se sacudÃa las malas vibras que agarró ahÃ. Le dije que jamás hiciéramos eso de nuevo. Todo lo que sucedió en esa casa fue muy extraño. Esos ruidos que se escucharon no supimos de dónde provenÃan. Diego estuvo de acuerdo. Nos dijo que ya no volverÃa a pasar. TodavÃa nos quedamos un rato platicando afuera de mi casa. Invité a pasar a mis amigos. No tenÃa problemas porque mi mamá se dormÃa muy temprano. Ellos aceptaron y prendimos un poco la tele. Les dije que viéramos una pelÃcula de comedia para que se nos fuera el susto. Esa era la manera que tenÃa para relajarme. Diego y Ezequiel quisieron quedarse en el fondo. Creo que también tenÃan tanto miedo como yo, pero ninguno de los tres lo aceptamos ni lo dijimos. Mientras estábamos viendo la televisión se apagó. Pensé que se habÃa ido la luz, pero cuando encendà el foco, sà habÃa luz. De nuevo prendà la televisión nuevamente. En unos minutos se apagó. Era la primera vez que la televisión fallaba. Les dije a mis amigos que no sabÃa qué sucedÃa con el aparato. Nunca nos habÃa pasado eso y ellos, mejor se despidieron y se fueron cada uno a sus casas. Me fui a mi cuarto, que estaba en la parte alta Mi mamá dormÃa en el cuarto de abajo por el susto que tuve. No tenÃa sueño, por lo que me puse mis audÃfonos para escuchar música y tratar de Relajarme comenzó a surtir. Efecto, me fui quedando dormido. Ni siquiera me cambié de ropa, no me no me s u nr Cuando mi aparato se descargó un sonido en la calle. Me despertó vi que eran las tres y media de la madrugada. Cuando me quité los audÃfonos y puse atención, se escuchaba como un lamento lejano. Nuevamente oà ese lamento de manera intermitente. Se escuchaba ese sonido que rompÃa con el silencio de la noche. En ese momento sentà miedo porque todo estaba oscuro y continuaba oyéndolo. También los perros se alteraron porque se pusieron inquietos. Unos comenzaron a ladrar, otros aullaban de una forma lastimosa. Me asomé por la ventana afuera. No se veÃa nada. Salà al balcón. Me quedé por unos minutos afuera sin conseguir ver a nadie intentaba saber de dónde venÃa ese lamento. Al dÃa siguiente que me reunà con ese kiel y Diego les pregunté si ellos también habÃan escuchado los lamentos. Ellos me dijeron que sÃ, aunque tampoco supieron de dónde fue su procedencia. Diego nos dijo que nos habÃa ocultado algo esa noche. Después que se fue a su casa, comenzaron a pasarle situaciones extrañas que le causaron miedo. Nos dijo que mientras dormÃa, alguien lo estaba vigilando despertó porque tenÃa una pesadilla. Cuando abrió los ojos, un hombre lo estaba observando a través de la ventana. Se quedó durante un rato parado todo el tiempo mirando hacia donde él se encontraba. Algunos objetos comenzaron a moverse. Incluso uno de los cuadros se cayó y se rompió el cristal. Hubo un momento en que se prendió y se apagó la luz sin motivo aparente. Cuando eso sucedió por un instante le pudo ver la cara a la persona que estaba afuera asomándose a la ventana. Fue como si le pudiese ver su cráneo sin su piel. Le dio tanto miedo que se salió del cuarto esa noche. Durmió en el sillón de la sala cuando Diego nos contó lo que le pasó esa noche. Nos dio miedo que el ritual hubiera funcionado, aunque no se nos nos hacÃa un poco extraño porque ni siquiera creo que lo habÃamos hecho bien. Diego ni siquiera lo terminó porque nos salimos de inmediato de la casa. Lo único que se me ocurrió decirle a Diego fue que todo era cosa de que los espÃritus se tranquilizaran. Cuando sucediera, todo volverÃa a su normalidad. Con la plática que tuvimos, nuestros miedos se fueron calmando. El único que veÃa más preocupado era a Diego. En el fondo me dio la impresión que nos ocultaba algo más. Estuvimos sentados en la banqueta afuera de mi casa y Ezequiel fue el que nos dijo que viéramos hacia la casa abandonada. ParecÃa como si hubieran encendido una de las veladoras que dejamos porque se iluminó la habitación. El resplandor se alcanzó a ver a través de la ventana. Diego se levantó de inmediato, se puso muy inquieto y mejor se fue a su casa. Le dije a Ezequiel que fuéramos a ver la vivienda. Cuando entramos, pudimos ver a un indigente que se encontraba al interior de la casa. El dÃa anterior se nos habÃa olvidado ponerle el candado. Ãl ya se habÃa acomodado en un pedazo de cartón para dormir ahÃ. El indigente fue quien prendió la veladora. Nos fuimos de ahà más tranquilos, nos despedimos y Ezequiel también se fue a su casa. Esa segunda noche. De nuevo comenzaron los lamentos después de las tres de la madrugada. La única diferencia fue que los oà más cercanos. A la mañana siguiente habÃa mucho alboroto en la calle. Estaba la policÃa afuera de la casa abandonada. Una cantidad de personas estaban reunidas. Fui a preguntar de qué se trataba mi vecina. Me dijo que uno de los indigentes que se metió a dormir en la casa abandonada lo encontraron muerto. No me supo decir nada más. Me asusté mucho porque pensé que pudo ser cualquiera de nosotros. En la tarde vi a mis amigos. Ellos ya sabÃan lo que habÃa sucedido. La noticia corrió muy rápido por la colonia. Le dije a diego que cuando vimos luz en r en la casa, no fue lo que él se imaginó. Era el indigente que habÃa encendido la luz. Le expliqué que, por lo mismo que estábamos muy nerviosos y susceptibles, todo lo relacionábamos con algo paranormal, pero que en realidad todo tenÃa una explicación. Lo mejor era olvidarnos de los que hicimos en esa casa. Ni siquiera éramos expertos, por lo que no pudimos llamar la atención de ningún ser que no perteneciera a este mundo. Al indigente lo habÃa matado a alguien más. Con el razonamiento que hicimos los tres entendimos que todo era producto de nuestro nerviosismo e imaginación. Esa tarde nos quedamos más tranquilos, nos fuimos a jugar un rato fútbol. Ya venÃamos de regreso. Cuando habÃa oscurecido ya casi para llegar a la casa. Una anciana que vivÃa al lado de la casa abandonada se nos acercó y sólo nos dijo tres palabras. Todo tiene consecuencias. No. No, No, No dijo ns nada más y continuó con su camino. Al llegar a la casa, invité a mis amigos a tomar agua y descansar un rato en la sala. Le dije a mi madre que ya habÃa regresado, pero ella no me respondió. Después de un rato, escuché un sonido raro en su habitación. Fui a ver cómo estaba a ella. Le costaba trabajo respirar. Se encontraba en mal estado de inmediato diego. Salió a pedir ayuda a algún vecino para que nos llevara al hospital, pero fue en vano a los pocos minutos Mi mamá murió. Ella estaba enferma HacÃa más de dos años que la veÃa el especialista en el seguro y tomaba su tratamiento todo el tiempo. Cuando el médico fue para extender el certificado de defunción, corroboró lo que ya sabÃa. Sus pulmones habÃan colapsado. No tenÃa mucho dinero para el funeral, ni tampoco un paquete para mi mamá. Empecé a sentir una serie de sentimientos negativos, como la frustración, la la impora potencia, el miedo a quedarme solo, entre otros. Era muy poca familia la que mi madre tenÃa. Además, tenÃamos muchos años que no tenÃa contacto con ellos. Tomé la decisión de no avisar a nadie, no sólo por el distanciamiento, sino porque tampoco tenÃa manera de comunicarme con ellos. Mis amigos no me dejaron solo en ningún momento. También los vecinos estuvieron presentes. El cuerpo de mi madre lo velé en la casa. HabÃa muy pocas personas. Cuando se hizo de madrugada llegó la señora que vivÃa al lado de la casa abandonada. Sólo la conocÃa de vista, pero ni siquiera sabÃa su nombre. Ella se acercó para darme el pésame. Se me hizo muy raro que llegara a las dos de la mañana. Ella se me acercó al mismo tiempo que me daba un abrazo. Me dijo unas palabras en voz baja. Ya está hecho, eso fue todo y se sentó muy cerca del cuerpo de mi madre. Me encontraba en un estado que no sabÃa cómo describir, porque la muerte de mi madre fue tan repentina y sabÃa que solamente ella era mi familia. Prácticamente me habÃa quedado solo, asà que me sentÃa terrible. Al dÃa siguiente, la misa de mi mamá fue a las once de la mañana, en el templo de nuestra señora del Rosario, mejor conocido como la parroquia del Padre Galván enseguida, nos fuimos al panteón nuevo a darle su última morada. Mientras entraba el ataúd al pozo, me di cuenta de la presencia de la anciana que se me habÃa acercado en la noche. Ella me miró directamente a los ojos. ParecÃa que estaba orando todo el tiempo porque movÃa sus labios. Fue por un momento que ella llamó mi atención. Después se me olvidó. En la noche le pedà a Diego y Ezequiel que se quedaran a dormir conmigo. No era miedo lo que tenÃa, sino soledad. Ellos accedieron de inmediato por la tarde. Estábamos tan cansados y desvelados que nos quedamos dormidos. Me dormà en mi habitación. Ellos se quedaron en la sala. Cuando desperté, ya habÃa oscurecido un ruido en la escalera. Fue lo que me despertó. Pensé que era alguno de mis amigos que subÃan a buscarme, pero nadie subió. Bajé a buscarlos. Ellos estaban aún dormidos en los sillones de la sala. En cuanto sintieron mi presencia, despertaron de pronto oà que algo se caÃa en mi cuarto. SubÃa zancadas las escaleras, pero tampoco vi a nadie. Comenzaron a escucharse ruidos en toda la casa. Eran sutiles, pero no dejaban de causarnos temor. Diego fue el que me dijo que sentÃa la presencia de alguien. De repente se cayó un traste en la cocina. Al mismo tiempo que tocaron la puerta. Ezequiel abrió me dijo que me buscaba la vecina. Era la misma anciana molesto. Le pregunté qué querÃa si acaso habÃa sido amiga de mi madre. Ella ya no estaba y aún no terminaba mis palabras. Cuando me interrumpió, me dijo que tenÃamos que terminar lo que habÃamos iniciado. Volteó con Diego y le dijo que habÃa abierto portales y que los espÃritus estaban fuera que terminara su ritual. O la pasarÃamos muy mal. En cuanto nos dijo eso se marchó. SabÃamos a lo que se referÃa a la señora lo que no entendÃamos fue por qué nos lo dijo Diego me dijo que a partir que hicimos aquel ritual, comenzaron a sucederle cosas extrañas. Ezequiel también dijo lo mismo. Cada uno empezó a contar los eventos que les pasaron. De pronto se comenzaron a escuchar los lamentos les dije qué era lo que escuchaba. En las noches tuvimos miedo porque los lamentos comenzaron a escucharse más fuertes y cercanos. Las manifestaciones continuaron. No sabÃamos por qué sucedÃa todo. Si lo que hicimos fue un juego. Lo peor fue cuando cuando vimos a un ser etéreo que se movÃa al fondo de la habitación. Era como humo flotante con un rostro. Los tres nos salimos de la casa, nos quedamos afuera, pero los lamentos se escucharon tan fuerte parecÃa que ese ser era quien los emitÃa. No pudimos quedarnos a dormir en la casa. Ezequiel nos ofreció la suya. Estaba a cinco cuadras de donde vivÃa. Nos fuimos para allá. Sin embargo, los lamentos también se escucharon casi igual de fuerte. Era perturbador que ese sonido irrumpiera la noche silenciosa, sobre todo darnos cuenta de que solamente los tres los podÃamos escuchar. Esa fue la peor noche que pasamos juntos. Estuvimos en la misma habitación, pero casi no pudimos dormir. TenÃamos que hacer algo al respecto. Como Diego era quien tenÃa más afición por el esoterismo, nos dijo que al dÃa siguiente Ãbamos a ir con su amiga. Ella trabajaba en una tienda de zotea a primera hora. Ya estábamos ahÃ. En cuanto Diego, la puso al tanto de lo que habÃamos hecho. Ella dijo que con los rituales no se jugaba. Nos dijo que tenÃamos que ir de nuevo al mismo lugar en el que lo iniciamos para darle un cierre diego. Le pidió de favor que nos acompañara, porque ella sabÃa más de ese asunto. Le dijo que le pagarÃa por su cooperación. Ella estuvo de acuerdo. La tienda cerraba hasta las ocho A esa hora quedamos de ir por la muchacha. No querÃamos entrar de nuevo a la casa abandonada porque ahà habÃa muerto un indigente, pero no tuvimos otra opción. La chica comenzó encendiendo veladoras e incienso. Continuó diciendo una oración. TodavÃa no terminaba cuando se escucharon ruidos muy fuertes en el ropero que habÃa en la habitación. Cada vez aumentaba el sonido fuimos a ver de qué se trataba. Nos llevamos una sorpresa que nos enmudeció al recorrer la ropa vieja que estaba dentro del ropero nos dimos cuenta que habÃa un hoyo en la pared lo que permitÃa comunicarse con la otra vivienda. Pudimos ver a la anciana, la que se acercó conmigo durante el funeral de mi madre, estaba en posición fetal sobre el piso. ElÃa de inmediato nos hizo una señal para que no hiciéramos ruido. Recorrimos de nuevo a su lugar. La ropa vieja iba a cerrar la puerta del ropero elÃa me dijo que no lo hiciera. Hasta que terminó el ritual. Me dijo que ahora sà cerrara la puerta del ropero y salimos de la casa abandonada. Elia nos dijo que le pusiéramos una cadena y un candado al ropero más que nada era simbólico para evitar que la anciana pasara a la vivienda deshabitada, porque ella era una bruja y usaba ese lugar para hacer sus rituales. Elia añadió que lo más seguro fue que cuando nosotros comenzamos el ritual, la anciana se dio cuenta. Después que salimos, ella lo continuó ó. Por eso empezaron a sucedernos hechos siniestros. Cuando le contamos del indigente que habÃa amanecido muerto, ella dijo que probablemente la vecina bruja fue quien se encargó de él. No lo sabÃa con exactitud, pero en muchas ocasiones se hacÃan sacrificios de animales o humanos para que los rituales puedan funcionar. Hicimos lo que el ya nos dijo, dejamos de escuchar los lamentos y deber al ser solo en pocas ocasiones todavÃa escucho en la madrugada lamentos que irrumpen en la noche silenciosa. Los escucho muy lejanos. Eso me hace creer que la vecina sigue haciendo rituales. TenÃa una duda que no me dejaba en paz. Le pregunté a Elia si esa bruja pudo haberle arrebatado la vida a mi madre. Elia me respondió que eso no me lo podÃa decir. Quizás mi madre murió de muerte natural porque ya se encontraba muy enferma. O quizás no relato escrito ya tado por Adriana Cuevas








