Aug. 16, 2026

El Demonio Esperaba Dentro De La Capilla: La Sombra Del Diablo - Historias De Terror - REDE

El Demonio Esperaba Dentro De La Capilla: La Sombra Del Diablo - Historias De Terror - REDE
El Demonio Esperaba Dentro De La Capilla: La Sombra Del Diablo - Historias De Terror - REDE
REDE (Relatos Desclasificados)
El Demonio Esperaba Dentro De La Capilla: La Sombra Del Diablo - Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:05 Llegué a la capilla de Nuestra Señora de la Esperanza al final de la tarde. Había aceptado ir porque me hablaron de Alonso, un muchacho de 17 años que llevaba meses sin decir una palabra y que pasaba horas dentro de la capilla dibujando símbolos en las paredes. Pensaba quedarme una noche, hablar con él por escrito si era necesario y regresar al pueblo al día siguiente. Cuando llegué, Alonso estaba sentado frente a la entrada con un cuaderno sobre las piernas y carbón en los dedos. Le pregunté su nombre, asintió y entró conmigo. Dentro vi dibujos en varias paredes y alrededor del altar. Algunos se repetían y otros estaban incompletos.

0:48 No reconocí ninguno. Le pregunté qué significaban y abrió el cuaderno. Dibujó la capilla, luego una figura adentro con una cruz en el pecho. y después trazó unas líneas alrededor de los brazos, le pregunté si esa figura era yo, asintió, le pregunté si quería decir que alguien iba a atarme, y volvió a sentir, después dibujó otra figura detrás de la mía, y no tenía rostro, señalé el dibujo y le pregunté quién era, Alonso escribió una palabra, dentro, le pregunté dentro de qué, se tocó el pecho y luego señaló la capilla, Antes de llegar, me habían contado que su madre había muerto meses atrás y que él había dejado de hablar poco después. También sabía que no tenía ninguna lesión que explicara su silencio. Mientras todavía había luz, me mostró otros dibujos y escribió que los veía mientras dormía.

1:45 En esos sueños aparecía su madre y detrás de ella había alguien que le pedía abrir una puerta. Le pregunté cuál y Alonso señaló su boca. Le pregunté si había dejado de hablar porque temía que algo ocurriera al hacerlo. Asintió. Le dije que podía seguir usando el cuaderno y que no necesitaba forzarse a hablar conmigo. Alonso cerró el cuaderno, lo sostuvo contra el pecho unos segundos y después volvió a abrirlo. Escribió que la voz de su madre aparecía cada noche y que siempre terminaba pidiéndole lo mismo, una palabra. Comimos algo y regresamos a la nave. Cerca del altar había un símbolo nuevo. Yo había recorrido esa parte de la pared antes y sabía que no estaba ahí. Me acerqué y toqué una de las líneas con un paño y estaba húmeda. Era sangre. Alonso retrocedió en cuanto la vio.

2:41 Le revisé las manos y los brazos, pero no encontré cortes. Le pregunté si él había hecho el dibujo, pero negó con fuerza. Iba a preguntarle otra cosa cuando una mujer pronunció mi nombre desde el cuarto contiguo. Reconocí la voz en la primera palabra. Era Elena, mi hermana menor, muerta doce años antes. Alonso se llevó las manos a los oídos y bajó la cabeza. Tomé la lámpara y fui al cuarto. Ahí estaban mi maleta y las cosas que había dejado al llegar, pero no había nadie. La voz volvió a hablar y mencionó un accidente que tuve de adolescente y una discusión con Elena después de aquel día.

3:22 Nadie en Nuestra Señora de la Esperanza conocía eso, pues yo no lo había contado. La voz añadió una frase que Elena usaba cuando se enfadaba conmigo. La había escuchado muchas veces de joven y llevaba años sin pensar en ella. Me quedé junto a la puerta hasta que la voz dejó de hablar. Regresé con Alonso y cerré el cuarto. Le pregunté si él también había reconocido una voz. Escribió que había escuchado a su madre. Decidí que debíamos salir de la capilla y esperar afuera hasta que amaneciera. Fui a la puerta principal. La llave giró y el mecanismo se movió, pero la puerta no abrió. Probé la otra salida y ocurrió lo mismo. Alonso empezó a respirar con rapidez y le pedí que se quedara cerca de mí.

4:12 Entonces escuché otra voz. Era Armando, mi hermano mayor, muerto muchos años antes. La voz me preguntó por qué seguía usando el crucifijo que Armando me había dado antes de morir. Llevé la mano al pecho y toqué la cruz. Después dijo que Armando nunca había querido dármela para siempre. Contesté que mi hermano estaba muerto y que aquello no era él. Alonso abrió el cuaderno y escribió de inmediato, no contestes. Me mostró la frase y señaló su propia boca. Luego escribió debajo, aprende de ti. Dejé de responder. Alonso se sentó en el primer banco y mantuvo el cuaderno abierto sobre las rodillas. Yo seguí de pie junto al altar, atento a las puertas y al cuarto contigo. Durante varios minutos solo escuchamos el viento golpeando afuera y nuestra respiración.

5:06 me quedé junto al altar y empecé a rezar en voz baja, poco después escuché a Carmen, una mujer a la que conocí antes de entrar al seminario, la voz mencionó una carta que recibí y nunca contesté, luego repitió una frase que Carmen me dijo la última vez que nos vimos, bajé la mirada, Alonso me observó y escribió, también la conoces, las voces empezaron a alternarse, Elena hablaba de mi familia, Armando de mi infancia y Carmen de decisiones que tomé antes de ser sacerdote. Usaban hechos precisos, nombres y conversaciones que yo recordaba. Así que seguí rezando y Alonso escribió que su madre hacía lo mismo con él, que le decía que había muerto sola y que le pedía una sola palabra para poder hablarle mejor. Le indiqué que no respondiera y me escribió que durante meses había contestado por escrito pero que las voces nunca respondían a lo escrito. Solo reaccionaban cuando alguien hablaba en voz alta.

6:11 La voz de Armando regresó y mencionó una noche de nuestra infancia. Mi padre había golpeado a Armando y yo me había escondido. Dejé de rezar durante unos segundos. Alonso escribió, eso quiere. Le pregunté qué quería y debajo escribió, que respondas. Guardé silencio y las voces también callaron por un momento. Después Alonso empezó a mover las manos con dificultad. Las abría y las cerraba, mirándolas, tratando de detenerlas. Caminó hacia la sacristía y tomó una cuerda. Le ordené que la dejara, pero negó con la cabeza. Ya estaba llorando, pero siguió avanzando hacia mí. Intenté quitarle la cuerda y forcejeamos junto a los bancos. Alonso consiguió empujarme, me llevó contra una columna y me sujetó los brazos. Mientras hacía los nudos, lloraba y trataba de retirar las manos, pero volvía a apretar la cuerda. Yo le repetía que la soltara. Él me miraba y seguía apretando. En un momento logró apartar una mano, respiró hondo y trató de alejarse, pero regresó de inmediato y terminó el nudo. Cuando acabó, se apartó y cayó de rodillas. Probé la cuerda, pero tenía los brazos sujetos a la columna y no podía sacar las manos.

7:36 Le pedí que buscara algo para cortarla. Alonso se puso de pie y dio unos pasos hacia la sacristía. Antes de que llegara, escuchamos una voz distinta frente al altar. Alonso se detuvo y levantó la cabeza, y yo dejé de tirar de la cuerda. Era la primera vez que escuchábamos aquella voz. No pertenecía a Elena, Armando, Carmen ni a la madre de Alonso. Dijo que llevaba meses esperando a alguien como yo. Le pregunté qué quería y me respondió que quería salir de la capilla. Hizo una pausa breve y añadió que necesitaba llegar al pueblo. Alonso se quedó junto a la pared y yo seguí atado a la columna. La voz dijo que él había sido útil durante meses, pero que su silencio había detenido lo que debía terminar. Le pregunté qué había empezado y no respondió.

8:30 Volvió a usar las voces de Elena y Armando. Mencionó recuerdos de mi familia y me dijo que dejara de resistirme. Cerré los ojos y retomé la oración. Alonso reaccionó, entró en la sacristía y regresó con un cuchillo pequeño. Se arrodilló detrás de mí. Metió la hoja bajo uno de los nudos y empezó a cortar. Le temblaban las manos, pero consiguió aflojar la cuerda. Entonces la voz de su madre sonó detrás de él y le pidió que dijera una palabra. Alonso se quedó quieto, soltó el cuchillo y se cubrió la boca. Le dije que no respondiera, así que esperó unos segundos. Lo recogió y volvió al nudo.

9:15 El aire dentro de la capilla empezó a calentarse. Alonso abrió el cuaderno y escribió que eso ya había ocurrido antes. Le pregunté qué había pasado y me respondió, por eso dejé de hablar. No tuve tiempo de preguntarle más, pues escuchamos una respiración cerca del altar. No vi a nadie, pero el sonido avanzó por la nave hasta quedar frente a mí. Seguí rezando y la voz dijo que conocía aquellas palabras y también al hombre que las pronunciaba. Después volvió a hablar con la voz de Carmen y mencionó la última carta que me había enviado al seminario. Dijo que yo la había leído y luego la había quemado.

9:57 Eso era cierto. Preguntó por qué la destruí si estaba seguro de mi decisión. Le respondí que podía conocer mis recuerdos, pero ninguno le pertenecía. Las otras voces callaron. Y la entidad dijo que los recuerdos ya habían cumplido su función. Alonso siguió cortando y consiguió aflojar uno de los nudos. Pude mover la mano derecha, pero todavía no podía sacarla. La voz dijo que podía terminar aquello, si entregaba lo único que conservaba desde antes de ser sacerdote. Entendí que hablaba del crucifijo de Armando y le pedía a Alonso que me lo sacara de debajo de la sotana. Pasó la cadena por encima de mi cabeza y dejó la cruz entre mis manos. Cerré los dedos alrededor de la plata y empecé a rezar otra vez. El metal se calentó hasta quemarme. Abrí los dedos y vi la cruz deformarse.

10:54 Intenté soltarla, pero parte de la plata ya estaba pegada a la piel y varias gotas cayeron al suelo. Grité y Alonso tiró de la cuerda. Cortó otro tramo y logró liberar mi mano derecha. Dejé caer lo que quedaba del crucifijo y la voz dijo que eso era suficiente. Alonso miraba al suelo, así que seguí sus ojos y vi mi sombra detrás de la columna. La luz de una ventana marcaba la sombra de Alonso, la del altar y la mía. Yo no me movía, pero mi sombra levantó la cabeza y después un brazo. Alonso retrocedió. Intenté ponerme de pie. aunque todavía tenía la muñeca izquierda atada, y le ordené que terminara de cortar la cuerda. Volvió hacia mí y empezó a cerrar el último nudo. Antes de que terminara, mi sombra se separó de mis pies y avanzó por el suelo hasta alcanzar mis piernas. Sentí un tirón en las rodillas y luego en el pecho.

11:56 Después empecé a temblar. Alonso cortó la cuerda y me liberó. pero ya no podía sostenerme, así que caí de rodillas. La sombra subió por mi torso y llegó al cuello. Intenté seguir rezando. Abrí la boca y escuché salir de mi garganta la voz de la entidad. Alonso se quedó inmóvil, con el cuchillo en la mano. Me llevé las manos al cuello, pero la sombra me cubrió la cara. Sentí presión en la cabeza y en el pecho. Luego caí al suelo. Cuando abrí los ojos, Alonso estaba inclinado sobre mí. Quise hablar, pero solo expulsé aire. Alonso miró el suelo.

12:38 Me incorporé apoyándome en un brazo. La luz proyectaba su sombra y la de la columna, pero debajo de mí no había nada. Moví la mano frente a la luz y tampoco apareció sombra. Entonces escuchamos movimiento en la sacristía. Alonso recogió el cuchillo y yo conseguí sentarme. se oyó una percha luego pasos ahí había una sotana limpia guardada para los sacerdotes que llegaban a nuestra señora de la esperanza la puerta se abrió y salió un hombre vestido con ella tenía mi rostro mi cuerpo y mis manos se detuvo frente a nosotros y se acomodó el cuello de la sotana yo seguía sentado en el suelo y alonso levantó el cuchillo el hombre habló con mi voz y dijo que ya no necesitaba nada de nosotros Intenté gritarle, pero seguí sin voz. Volvió la cabeza hacia mí y dijo que también se había llevado eso. Después caminó hacia la puerta principal y la abrió sin esfuerzo. Alonso corrió para cerrarle el paso con el cuchillo en las manos.

13:44 El hombre le preguntó si de verdad pensaba atacar a alguien con el rostro de un sacerdote. Pero Alonso no bajó la hoja. Entonces la entidad pronunció su nombre con la voz de su madre. Sus brazos perdieron fuerza, el cuchillo descendió y el hombre pasó a su lado. Salió de la capilla y empezó a caminar hacia el pueblo. Me puse de pie apoyándome en la columna y avancé hasta la entrada. Alonso seguía, ahí, mirando el camino. Abrió la boca para gritarle, pero se detuvo antes de producir sonido. Negué con la cabeza, pues no sabíamos qué podía ocurrir si volvía a hablar. Alonso me ayudó a sentarme cerca de la entrada. Intenté decir su nombre y no pude.

14:32 Así que sacó el cuaderno y escribió. Era usted. Tomé el lápiz con la mano derecha y aunque las quemaduras me dolían, conseguí escribir. El demonio entró en mí. Después añadí, salió con mi voz y mi cara. Alonso miró hacia el camino y preguntó qué debíamos hacer. La figura todavía se veía a cierta distancia. Quise ponerme de pie, pero las piernas me fallaron. Escribí que no podíamos alcanzarlo, pues yo apenas podía mantenerme en pie y aquel hombre ya llevaba ventaja. Nos quedamos junto a la puerta mientras la figura avanzaba por el camino. Yo conocía a la gente del pueblo. Muchos me habían visto antes y algunos habían hablado conmigo durante años. La entidad tenía mi rostro, mi voz y una sotana. Podía entrar en una casa, pedir agua o llamar a alguien por su nombre sin despertar sospechas.

15:31 Alonso preguntó si aquello podía entrar otra vez en mí. Miré el suelo y seguía sin proyectar sombra. Respondí que no lo sabía y añadí que ya tenía lo que quería. Alonso cerró el cuaderno y la figura ya no se veía. Permanecimos en la capilla hasta que clareó. Intenté hablar y no recuperé la voz. Cuando hubo suficiente luz, me acerqué a la puerta y miré el camino. Pero estaba vacío. El resto del crucifijo seguía en el suelo, deformado. Mis manos estaban quemadas y mi sombra continuaba ausente. Alonso se colocó a mi lado y ninguno escribió nada más. Miramos hacia el pueblo. El hombre que llevaba mi cara había salido antes que nosotros, y cuando llegara, cualquiera que me conociera iba a llamarlo Padre Esteban. Aún continúo en esta capilla esperando a que aquel demonio me devuelva mi vida y mi sombra.