March 6, 2026

Los Amigos Imaginarios Pueden Ser Entidades Demoniacas Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:04 Tengo un hijo llamado Javier y esto nos pasó cuando mi hijo tenía cinco años. Una tarde estaba en la cocina lavando platos cuando escuché su voz desde el cuarto. Pensé que había llevado algunos juguetes para jugar ahí, algo que hacía cuando quería estar más tranquilo. Lo escuchaba hablar con entusiasmo, reírse y mover cosas en el suelo. Al principio no me pareció extraño. Seguí con lo que estaba haciendo mientras lo oía a lo lejos. Pero después de un momento noté algo que me hizo prestar más atención. Javier no estaba hablando seguido como cuando un niño juega solo. Decía una frase, luego guardaba silencio unos segundos y después respondía como si alguien más hubiera dicho algo. Escuché que decía que sí, que ese carro también le gustaba. Luego se quedó callado y volvió a hablar preguntando si quería usar el dinosaurio grande que tenía en su caja de juguetes.

1:04 Me quedé quieta, escuchando desde la cocina, tratando de entender lo que estaba pasando. Nadie había entrado a la casa. Yo había estado ahí todo el tiempo, así que supuse que estaba imitando una conversación o inventando un juego. Aún así, me dio curiosidad y caminé por el pasillo hasta su cuarto. La puerta estaba entreabierta y desde ahí pude escuchar mejor. Javier hablaba en voz baja, como si estuviera conversando con alguien muy cerca. Decía algo corto, luego hacía una pausa y parecía escuchar con atención antes de contestar. En medio de esa conversación lo escuché mencionar el nombre de alguien.

1:44 Dijo que sí, que Tomás también podía usar los bloques si quería. Abrí la puerta y entré al cuarto. Javier estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas, moviendo dos carritos sobre el piso. Frente a él estaba la esquina del cuarto. donde no había nada más que la pared y un pequeño mueble donde guardábamos algunos juguetes. Cada vez que hablaba, levantaba la vista hacia ese lugar. Le pregunté con quién estaba hablando. Javier me miró con tranquilidad y me dijo que estaba jugando con su amigo. Le pregunté qué amigo y respondió que se llamaba Tomás. Le pregunté dónde estaba Tomás y Javier señaló directamente la esquina donde había estado mirando. Dijo que estaba sentado ahí. Miré hacia ese lugar y no había nadie. Pensé que se trataba de un amigo imaginario, algo bastante común en niños pequeños.

2:38 Le pregunté de dónde era ese amigo y Javier respondió que vivía cerca de la casa, pero que solo venía cuando quería jugar. No le di mayor importancia en ese momento. Los niños a veces inventan compañeros para acompañarse cuando pasan mucho tiempo solos, así que lo dejé seguir jugando y volví a mis cosas. En los días siguientes empecé a escuchar a Javier hablando con su amigo con más frecuencia. A veces estaba en la sala armando torres con sus bloques mientras miraba hacia el sillón como si alguien estuviera sentado ahí. Decía que su torre era más alta. Luego se quedaba callado varios segundos como si estuviera escuchando algo y después respondía que sí, que podían hacer otra más grande.

3:23 Otras veces estaba en el pasillo con sus carritos alineados en el piso y dejaba un espacio frente a él mientras hablaba y se reía. En el patio también llegó a pasar. Una tarde lo escuché decir que no quería perder otra carrera y que esta vez iba a empezar primero. Su forma de hablar siempre era la misma. Decía algo corto, guardaba silencio y luego contestaba. A veces asentía con la cabeza como si alguien estuviera explicándole algo largo Lo que empezó a inquietarme fue que en algunas ocasiones respondía preguntas que yo nunca escuché que nadie hiciera. Una tarde estaba sentado en la sala cuando de pronto dijo que no, que su mamá no lo iba a regañar por ensuciar el piso. Yo estaba en la cocina y no había dicho nada en ese momento. Otro día respondió que sí, que su cuarto estaba al final del pasillo, aunque nadie había preguntado eso en voz alta. También empecé a notar cosas con sus juguetes. A veces encontraba dos grupos acomodados frente a frente, como si dos niños estuvieran jugando. Javier dejaba un espacio libre entre ellos, como si alguien más estuviera sentado ahí. Un día decidí preguntarle directamente dónde estaba su amigo. Estaba en la sala jugando con varios carritos y me senté junto a él. Le pregunté dónde estaba Tomás.

4:47 Javier levantó la mano y señaló el sillón que estaba frente a nosotros. Dijo que estaba sentado ahí mirando los carros. Miré hacia el sillón y no había nadie. Le pregunté por qué Tomás nunca me saludaba. Javier respondió que su amigo no quería que los adultos lo vieran. Dijo que solo jugaba con niños. Esa respuesta me dejó incómoda, aunque traté de pensar que era solo imaginación. Pero la inquietud empezó a crecer cuando, una noche, mientras lo estaba arropando para dormir, Javier me dijo algo que no esperaba. Me contó que Tomás también lo visitaba por las noches. Le pregunté cómo, si la casa estaba cerrada. Javier me explicó que su amigo no entraba a la casa. Dijo que se quedaba afuera junto a la ventana de su cuarto y que desde ahí le hablaba. Después de esos primeros días en los que Javier hablaba con su amigo imaginario, Empecé a notar cambios en su comportamiento que ya no me parecían tan normales. Al principio traté de convencerme de que seguía siendo parte de su imaginación, pero comenzaron a ocurrir cosas durante la noche que me hicieron preocuparme de verdad.

6:00 Varias veces desperté de madrugada al escuchar pasos en el pasillo. Al principio pensé que estaba soñando o que tal vez había escuchado algún ruido de la calle. Pero una noche me levanté de la cama para revisar y encontré a Javier parado cerca de la puerta de la casa. Estaba descalzo y miraba hacia la entrada como si estuviera esperando a alguien. Cuando le pregunté qué hacía despierto a esa hora, me respondió con tranquilidad que su amigo había venido a verlo. Le dije que era muy tarde para estar despierto y que debía regresar a su cuarto. Javier no discutió, solo dijo que Tomás quería hablar con él un momento. Yo le repetí que debía dormir y lo tomé de la mano para llevarlo de vuelta a su habitación. Mientras caminábamos por el pasillo, miraba hacia atrás como si alguien estuviera parado cerca de la puerta. Esa noche lo acosté otra vez y pensé que se trataba de un episodio de sonambulismo o algo parecido. Pero unos días después ocurrió algo que me hizo preocuparme más. Una madrugada me desperté porque sentí una corriente de aire frío dentro de la casa.

7:10 Me levanté para revisar y encontré la puerta trasera abierta. La cerradura estaba corrida y la puerta estaba entreabierta hacia el patio. Miré alrededor tratando de entender qué había pasado y entonces vi a Javier parado cerca de la salida. Estaba mirando hacia el patio oscuro sin moverse. Le pregunté qué hacía ahí y se volteó con calma. Me dijo que su amigo lo estaba llamando para que saliera a jugar. Sentí un miedo inmediato al escucharlo decir eso. Le pregunté quién lo había llamado y volvió a mencionar a Tomás. Dijo que estaba afuera esperándolo. Miré hacia el patio, pero no había nadie, solo la oscuridad y los árboles que se movían un poco con el viento. Cerré la puerta y llevé a Javier de vuelta a su cuarto. Esa misma noche decidí poner seguro a todas las puertas antes de dormir. Desde ese momento las cosas cambiaron. Javier empezó a decir que su amigo se molestaba cuando no podía salir.

8:11 Varias veces lo escuché discutir en voz baja mientras estaba en su cuarto o en la sala. Decía que su mamá no lo dejaba salir y que no podía hacerlo porque yo lo iba a regañar. Yo escuchaba esas conversaciones desde el pasillo y solo oía la voz de Javier. Había momentos en los que parecía escuchar algo que lo irritaba. Entonces respondía con enojo o con miedo. como si alguien estuviera insistiendo en algo que él no quería hacer. En algunas ocasiones me acerqué para preguntarle con quién estaba hablando, y siempre me respondía lo mismo, que estaba hablando con Tomás. Yo trataba de mantener la calma, pero empecé a sentir que aquello ya no era solo un juego de imaginación.

8:58 Una noche volví a escucharlo hablar desde su cuarto, pero esta vez su voz sonaba diferente. No estaba riendo ni jugando. Sonaba nervioso. Decía que no podía salir porque su mamá estaba despierta. Me levanté de la cama y caminé hasta su cuarto. Cuando abrí la puerta, encontré a Javier parado mirando hacia el pasillo, como si estuviera viendo a alguien afuera de la habitación. Le pregunté qué estaba pasando y me dijo que su amigo quería que saliera para ir a un lugar cerca de la casa. Le pregunté a dónde quería llevarlo. Javier levantó el brazo y señaló hacia la calle, en dirección al terreno oscuro que estaba más allá de las casas. Me dijo que su amigo vivía por allá y que siempre lo esperaba afuera cuando todos estaban dormidos. Sentí un escalofrío al escuchar eso. Le dije que no podía salir de la casa en la noche y que su amigo tampoco debía estar llamándolo a esas horas.

9:58 Javier guardó silencio unos segundos como si estuviera escuchando algo. Luego me miró y dijo que Tomás le contaba cosas que no debía repetir. Le pregunté qué tipo de cosas, pero Javier bajó la voz y dijo que su amigo le había dicho que no le contara a nadie. También mencionó que Tomás le daba órdenes para hacer cosas dentro de la casa. Le pregunté qué cosas y Javier respondió que a veces le pedía que moviera cosas o que abriera puertas para que pudiera verlo. Sentí miedo al escuchar eso. No sabía si mi hijo estaba imaginando todo o si estaba desarrollando algún problema que yo no entendía. Traté de mantener la calma frente a él, pero por dentro estaba cada vez más inquieta. Desde ese momento decidí vigilarlo más de cerca. Empecé a revisar que todas las puertas estuvieran cerradas antes de dormir y procuré no dejarlo solo durante mucho tiempo. Aún así, Javier seguía hablando con su amigo.

10:58 A veces lo escuchaba desde la sala mientras yo estaba en la cocina. Otras veces lo encontraba mirando hacia la ventana de su cuarto como si alguien estuviera parado afuera. Yo intentaba convencerme de que todo era imaginación infantil. Pero cada día que pasaba tenía la sensación de que la situación estaba empezando a salirse de control. Todo llegó al punto más grave una madrugada. Yo estaba dormida cuando desperté de golpe por un olor fuerte dentro de la casa. Al principio pensé que algo se estaba quemando en la cocina. Tal vez alguna olla que había dejado mal cerrada o algo que hubiera quedado sobre la estufa. Me levanté rápido de la cama y caminé por el pasillo tratando de entender de dónde venía el olor. Mientras me acercaba a la cocina el olor se hizo más intenso y entonces entendí que no era comida quemada, era gas. Entré a la cocina con el corazón acelerado y lo primero que vi fue la estufa con una de las perillas abiertas.

11:58 El gas estaba saliendo con fuerza. Sentí un golpe de miedo inmediato porque sabía lo peligroso que era aquello dentro de una casa cerrada. Pero lo que me dejó paralizada por un momento fue ver a Javier parado frente a la estufa. Estaba mirando las perillas con atención, como si estuviera observando algo que acababa de hacer. Reaccioné de inmediato. Corrí hacia la estufa y cerré la perilla del gas con la mano temblando. Después abrí todas las ventanas de la cocina y la puerta trasera para que el gas pudiera salir. El olor seguía siendo muy fuerte y durante unos segundos solo pensé en sacar el aire de la casa lo más rápido posible. Mientras abría las ventanas volteé a ver a Javier. Seguía parado en el mismo lugar mirándome con calma. Me acerqué a él y le pregunté qué había hecho. Le pregunté por qué había abierto la estufa.

12:53 Javier respondió con total tranquilidad que su amigo le había dicho que lo hiciera. Sentí un frío inmediato en el pecho cuando escuché esa respuesta. Le pregunté qué amigo y volvió a decir el nombre que ya había mencionado tantas veces antes. Dijo que Tomás le había explicado cómo abrir la perilla. Le pregunté cómo había aprendido eso. Javier señaló la estufa y dijo que su amigo le había mostrado cuál perilla debía girar. Explicó que Tomás le dijo que si abría el gas podrían jugar sin que nadie los molestara. Me quedé mirándolo sin saber qué decir. En ese momento me di cuenta del peligro real que había existido dentro de la casa. Si yo no me despertaba por el olor, si alguien encendía una luz o si se producía una chispa, todo pudo haber terminado en una explosión. Sentí un miedo que nunca había sentido antes. No solo por lo que había pasado, sino por el hecho de que mi hijo había hecho algo tan peligroso convencido por alguien que solo él decía haber. Terminé de abrir las ventanas y dejé que el aire circulara durante varios minutos. Luego llevé a Javier de vuelta a su cuarto. Esa noche casi no dormí.

14:08 A la mañana siguiente tomé una decisión. No sabía si aquello tenía que ver con imaginación, con algún problema que yo no entendía, o con algo que simplemente me estaba superando como madre. Pero sabía que no podía seguir ignorándolo. Decidí llevar a Javier a la iglesia del barrio. El sacerdote que estaba ahí nos recibió en su oficina. Era un hombre mayor que conocía a muchas familias de la colonia. Le conté todo lo que había pasado desde el principio. Le hablé de las conversaciones que Javier tenía con su amigo, de las noches en que lo encontré despierto en el pasillo, de la puerta trasera abierta y finalmente de la madrugada en la que había abierto la estufa. El sacerdote escuchó toda la historia sin interrumpir. Después miró a Javier y le hizo algunas preguntas sencillas. Javier respondió con calma. Dijo otra vez que su amigo se llamaba Tomás y que a veces venía a jugar con él. El sacerdote permaneció pensativo unos momentos y luego dijo que iba a hacer una bendición sobre el niño. Nos llevó a una pequeña parte de la iglesia donde colocó su mano sobre la cabeza de Javier y comenzó a rezar. Yo estaba parada a un lado, mirando todo en silencio. Javier se mantuvo serio durante todo el momento. No hablaba ni se movía.

15:30 Solo miraba hacia el frente mientras el sacerdote terminaba la oración. Después de ese día, las cosas cambiaron poco a poco. Javier siguió mencionando a su amigo en algunas ocasiones, pero ya no hablaba con él todo el tiempo como antes. A veces decía que Tomás había venido a verlo. Pero las conversaciones dentro de la casa comenzaron a desaparecer. Ya no lo escuchaba discutir ni responder preguntas que nadie hacía. Con el paso de los meses, el tema empezó a desaparecer por completo. Javier dejó de mencionar a su amigo. Sus juegos volvieron a ser normales. Jugaba con sus carritos, veía televisión y pasaba tiempo con otros niños de la colonia.

16:14 En la casa ya no volvía a escucharlo hablar con alguien invisible. Yo pensé que finalmente lo había olvidado. Han pasado varios años desde aquella época y Javier creció sin volver a mencionar a ese amigo, pero todavía hay momentos en los que recuerdo todo lo que ocurrió dentro de esa casa y no puedo evitar preguntarme qué fue realmente lo que pasó. Nunca pude entender cómo un niño de cinco años sabía exactamente cuál perilla debía abrir en la estufa. y tampoco pude entender por qué ese amigo imaginario le pidió hacerlo.