"Las Pelonas" Brujas Del Crimen Organizado Historias De Terror - REDE
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0:07 Lo que les voy a contar le pasó a mi abuelo cuando era joven. Eran dos mujeres a las que todos conocÃan como Las Pelonas. El apodo ya existÃa desde que eran adolescentes, pero nadie sabÃa de dónde habÃa salido. Mi abuelo decÃa que, cuando él era niño, ya escuchaba a los adultos mencionarlas con ese nombre. El pueblo donde vivÃa mi abuelo estaba en una zona rural de Sinaloa. La gente se conocÃa entre sà porque casi todos eran familia de alguien hacÃa que los vecinos salieran a ver qué estaba pasando a las pelonas se les veÃa poco vivÃan solas en una casa al final de una calle mi abuelo recordaba que esa casa siempre parecÃa distinta a las demás no por la construcción sino por la forma en que la gente evitaba acercarse cuando eran niñas ya eran problemáticas mi abuelo contaba que se metÃan en peleas con otros niños por cualquier cosa En la tienda se escuchaban discusiones donde una de ellas acusaba a alguien de robarles algo, y afuera hacÃan berrinches que terminaban en gritos.
1:15 Con el tiempo la gente empezó a desconfiar de ellas, y según mi abuelo esa desconfianza creció a medida que llegaron a la adolescencia. Mi abuelo también recordaba que en muchas tardes se veÃa humo saliendo de su patio. DecÃa que levantaban pequeñas fogatas detrás de la casa y que el olor llegaba hasta la calle. Era un olor fuerte y desagradable que nadie identificaba. A veces parecÃan quemar cuero, otras veces algo que olÃa distinto, como si fueran restos de animales. Algunas personas contaban que en ocasiones habÃa visitantes que llegaban a su casa ya de noche y que se quedaban un rato en el patio antes de irse.
1:59 Nadie sabÃa quiénes eran ni para qué iban. No querÃan cruzarse con ellas porque siempre habÃa un ambiente tenso alrededor de su vivienda. La gente decÃa muchas cosas, que hacÃan brujerÃas, que tenÃan mal carácter, que escondÃan cosas en su patio y que no convenÃa meterse con ellas. Mi abuelo decÃa que los primeros indicios de que algo raro pasaba en esa casa Aparecieron una tarde en la que vio un humo oscuro salir del patio de las pelonas. El humo se levantaba en una columna baja y se extendÃa hacia la calle, y el olor llegó hasta varias casas. Contaba que era un olor fuerte, y que la gente comenzó a salir a asomarse porque el viento lo llevaba hacia todos los solares cercanos. Ãl estaba regresando a su casa cuando lo vio, y recordó que el humo se movÃa de manera constante. como si estuvieran alimentando el fuego con algo pesado mi abuelo escuchó murmullos que venÃan del interior del patio como si hubiera varias personas reunidas pero cuando trató de ver hacia adentro no logró distinguir a nadie la casa parecÃa vacÃa desde donde él estaba parado aunque el murmullo seguÃa él se quedó unos segundos tratando de entender qué hacÃan pero prefirió seguir su camino porque el olor se hacÃa más fuerte Un vecino, un hombre que vivÃa a dos casas de distancia, comentó después que habÃa pasado cerca del corredor de las pelonas esa misma tarde y que alcanzó a ver animales amarrados del techo. No
3:31 supo decir qué tipo de animales eran porque estaban envueltos en costales, pero juraba que habÃa más de uno. La gente escuchó esa versión, pero nadie quiso acercarse a confirmar nada. La tensión aumentó entre los pobladores porque nadie sabÃa exactamente qué ocurrÃa en ese patio. Pero todos coincidÃan en que algo no estaba bien. Las pelonas no hablaban con nadie. Caminaban por el pueblo con la cabeza cubierta por mantas gruesas, incluso cuando el clima estaba caluroso. Avanzaban rápido y sin mirar a los lados, como si no quisieran encontrarse con nadie. Mi abuelo las veÃa pasar de vez en cuando, casi siempre en silencio, y la gente preferÃa hacerse a un lado para dejarlas avanzar. DecÃa que habÃa algo inquietante en la manera en que caminaban, porque nunca se detenÃan ni intercambiaban palabras con nadie. Una noche, mientras mi abuelo regresaba de llevar agua al depósito de su casa, vio a una de ellas cruzar la calle cargando un costal grande.
4:37 El costal se movÃa como si lo que llevaba dentro estuviera vivo. Mi abuelo se quedó quieto observando desde la oscuridad porque la única luz era la de la luna que iluminaba el camino. Ella avanzó hacia su casa sin voltear a mirar a nadie y empujó la puerta con el hombro para entrar. El costal colgaba hacia un lado por el peso y mi abuelo recordaba el movimiento irregular de lo que estaba dentro. Mi abuelo regresó a su casa sin comentar nada hasta el dÃa siguiente, cuando comenzaron a circular más rumores sobre lo que estaban haciendo esas mujeres en su patio. Con el tiempo, los problemas con los vecinos comenzaron a hacerse más frecuentes. Mi abuelo decÃa que las pelonas discutÃan con cualquier persona que se acercaba demasiado a su casa, aunque fuera por accidente. A veces bastaba con que alguien pasara cerca de la cerca para que una de ellas saliera de inmediato y empezara a decirles que se alejaran. La gente terminó acostumbrándose a esas reacciones, pero aún asà se mantenÃan atentos porque nunca sabÃan qué tanto podÃan llegar a molestarse. Un niño que vivÃa a unas casas de distancia pateó su balón hacia el patio de ellas mientras jugaba con otros menores en la calle.
5:57 El balón cayó junto a un árbol seco del patio y el niño entró solo para recogerlo. Volvió llorando y le dijo a su mamá que una de las mujeres le habÃa hablado desde la puerta y le habÃa dicho cosas que un niño no deberÃa escuchar. Ese comentario se extendió rápido entre los vecinos porque el niño estaba alterado y no quiso volver a jugar cerca de esa casa. En ese mismo tiempo comenzaron a desaparecer varias gallinas del vecindario. Al principio la gente pensó que podÃan haberse metido entre los solares o que algún animal del monte las habÃa cargado. Pero luego se dieron cuenta de que las desapariciones solo ocurrÃan durante las noches. Algunas familias empezaron a decir que quizás eran ellas porque se escuchaban ruidos extraños en su patio a esas horas. Mi abuelo contaba que una madrugada escuchó un grito. No logró identificar de quién era porque duró poco y el sonido venÃa desde la dirección de la casa de las pelonas. Ãl se levantó para asomarse hacia su ventana y vio una figura moviéndose en el patio de ellas. La persona llevaba una lámpara encendida que iluminaba apenas una parte del suelo. La figura se desplazaba rápido entre las sombras. Pero su abuelo logró distinguir que parecÃa una de las pelonas por la forma en que caminaba con la cabeza cubierta. Esa madrugada mi abuelo se volvió a acostar, aunque dijo que le costó dormirse porque
7:28 siguió escuchando ruidos que venÃan del patio de las pelonas. A veces parecÃan pasos y otras veces como si movieran cosas pesadas sobre la tierra. Ãl recordaba que esos sonidos se repetÃan en lapsos cortos y que todo seguÃa en silencio en las demás casas. Con el paso de los minutos se le fueron cerrando los ojos, pero alcanzó a escuchar un último golpe contra algo de madera antes de quedarse dormido. Y eso le quedó grabado porque no era común escuchar actividad en esa dirección a esas horas. A la mañana siguiente, varios vecinos comentaban que habÃan visto movimiento en la calle de madrugada. Cada quien decÃa algo distinto, pero todos coincidÃan en que la actividad venÃa de cerca de la casa de las pelonas. Algunos aseguraban que vieron sombras cruzando la calle, otros que escucharon pasos y murmullos, y habÃa quienes decÃan que habÃan visto una lámpara moverse.
8:25 Nadie se ponÃa de acuerdo, pero el ambiente estaba tenso. La gente hablaba en voz baja como si no quisieran que alguien más los escuchara. y volteaban la vista hacia esa casa cada vez que alguien mencionaba lo que vio. Ese mismo dÃa, mientras mi abuelo ayudaba a cargar costales en el terreno de un vecino, alcanzó a ver el patio de las pelonas desde un ángulo que, normalmente, no tenÃa. Notó un tramo del suelo distinto a como estaba antes. Era un hueco largo recién cubierto. La tierra tenÃa un color más claro y estaba acomodada de manera que se notaba que la habÃan removido hace poco. No era un hoyo pequeño ni redondo, sino algo más largo, y eso le llamó la atención porque en ese patio no solÃan hacer trabajos de ese tipo. Mi abuelo dijo que se quedó mirando unos segundos, tratando de entender si habÃan enterrado algo, pero siguió su labor para no llamar la atención. SentÃa que si alguna de ellas lo veÃa mirando hacia su patio, podÃa generar problemas. Con los dÃas comenzaron a escucharse comentarios nuevos en el pueblo, ahora sobre hombres desconocidos que pasaban por las noches en camionetas sin placas. La gente decÃa que esas camionetas se detenÃan cerca de la casa de las pelonas y que los hombres no hablaban con nadie.
9:48 Se estacionaban unos minutos, a veces hasta media hora, y luego avanzaban sin pasar por ninguna otra calle. Los vecinos se inquietaban porque en ese pueblo no era común ver vehÃculos extraños a altas horas de la noche, y menos de ese tipo. Mi abuelo contaba que escuchó el motor de una de esas camionetas una madrugada y que el sonido se quedó detenido frente a la casa de ellas por un buen rato antes de que arrancara de nuevo. Mi abuelo se volvió a acostar, aunque dijo que le costó dormirse porque siguió escuchando ruidos que venÃan del patio de las pelonas. A veces parecÃan pasos y otras veces como si movieran cosas pesadas sobre la tierra. Ãl recordaba que esos sonidos se repetÃan en lapsos cortos y que todo seguÃa en silencio en las demás casas. Con el paso de los minutos se le fueron cerrando los ojos, pero alcanzó a escuchar un último golpe contra algo de madera antes de quedarse dormido. Y eso le quedó grabado porque no era común escuchar actividad en esa dirección a esas horas. A la mañana siguiente, varios vecinos comentaban que habÃan visto movimiento en la calle de madrugada. Cada quien decÃa algo distinto, pero todos coincidÃan en que la actividad venÃa de cerca de la casa de las pelonas. Algunos aseguraban que vieron sombras cruzando la calle, otros que escucharon pasos y murmullos, y habÃa quienes decÃan que habÃan visto una lámpara moverse cerca de la cerca. Nadie se ponÃa
11:21 de acuerdo, pero el ambiente estaba tenso. La gente hablaba en voz baja como si no quisieran que alguien más los escuchara, y volteaban la vista hacia esa casa cada vez que alguien mencionaba lo que vio. Ese mismo dÃa, mientras mi abuelo ayudaba a cargar costales en el terreno de un vecino, alcanzó a ver el patio de las pelonas desde un ángulo que normalmente no tenÃa. Notó un tramo del suelo distinto a como estaba antes. Era un hueco largo recién cubierto. La tierra tenÃa un color más claro y estaba acomodada, de manera que se notaba que la habÃan removido hace poco. No era un hoyo pequeño ni redondo, sino algo más largo. Y eso le llamó la atención porque en ese patio no solÃan hacer trabajos de ese tipo. Mi abuelo dijo que se quedó mirando unos segundos, tratando de entender si habÃan enterrado algo, pero siguió su labor para no llamar la atención. SentÃa que si alguna de ellas lo veÃa mirando hacia su patio, podÃa generar problemas. Con los dÃas comenzaron a escucharse comentarios nuevos en el pueblo, ahora sobre hombres desconocidos que pasaban por las noches en camionetas sin placas. La gente decÃa que esas camionetas se detenÃan cerca de la casa de las pelonas y que los hombres no hablaban con nadie.
12:44 Se estacionaban unos minutos, a veces hasta media hora, y luego avanzaban sin pasar por ninguna otra calle. Los vecinos se inquietaban porque en ese pueblo no era común ver vehÃculos extraños a altas horas de la noche, y menos de ese tipo. Mi abuelo contaba que escuchó el motor de una de esas camionetas una madrugada, y que el sonido se quedó detenido frente a la casa de ellas por un buen rato antes de que arrancara de nuevo. Un vecino conocido como Rodo comenzó a mostrar mucha molestia porque afirmaba que lo estaban vigilando. Ãl vivÃa justo al otro lado de la calle y una mañana salió a decirle a la gente que alguien estuvo parado fuera de su ventana la noche anterior. Dijo que vio una sombra quieta durante varios segundos y que cuando se levantó para asomarse mejor ya no habÃa nada. Eso se supo rápido entre los vecinos porque él estaba alterado. y señalaba hacia la casa de las pelonas cada vez que alguien le preguntaba qué habÃa visto. DecÃa que ya estaba cansado de sentir que lo observaban. El pleito que él tuvo con las pelonas ocurrió al mediodÃa. Mi abuelo estaba cerca porque habÃa ido a dejar un encargo a la tienda cuando escuchó la voz de Rodo levantarse de pronto. Lo vio caminar directo hacia la cerca de ellas con paso firme.
14:08 De la casa salió una de las pelonas. y mi abuelo recordaba que traÃa una cubeta que cargaba con ambas manos. Caminó hasta la orilla del camino y volteó la cubeta sobre la tierra, dejando caer un montón de huesos pequeños. Algunos tenÃan restos frescos pegados, y mi abuelo notó que varios todavÃa tenÃan partes húmedas, como si no tuvieran mucho tiempo de haber sido retirados de donde estaban. Rodo retrocedió unos pasos cuando vio los huesos, mientras varios vecinos se asomaban desde sus puertas sin acercarse demasiado. Nadie entendÃa por qué los arrojaban asÃ, pero la pelona se quedó quieta frente a ellos como si no le importara la reacción de la gente. Ella regresó a la casa sin decir nada más y dejó los huesos extendidos sobre el camino.
14:56 La gente empezó a sospechar que las pelonas vendÃan cosas a los hombres que llegaban en las camionetas. Nadie sabÃa qué tipo de cosas podÃan ser, pero varios vecinos aseguraron haber escuchado conversaciones en las que se mencionaban partes de animales que no parecÃan de animales. Aunque nadie se atrevÃa a decir exactamente qué habÃan oÃdo. Esa noche mi abuelo escuchó una discusión dentro de la casa de ellas. Reconoció voces de hombres y golpes contra el suelo, como si arrastraran algo pesado. No podÃa ver desde su ventana porque la casa quedaba lejos, pero distinguió pasos y movimiento en el patio. Mi abuelo se quedó despierto un buen rato, atento a cualquier ruido. Al dÃa siguiente mi abuelo salió temprano para ayudar a un vecino a reparar una parte de la cerca que se habÃa caÃdo durante la noche.
15:50 Mientras acomodaban los postes y estiraban el alambre, él alcanzó a ver movimiento en el patio de las pelonas. Dos de los hombres desconocidos que habÃan llegado en las camionetas los dÃas anteriores salieron por la parte trasera cargando costales grandes y completamente cerrados. Caminaban rápido y en silencio, como si quisieran terminar lo que estaban haciendo antes de que alguien los viera. Mi abuelo observó que uno de los costales dejaba escapar gotas de un lÃquido oscuro que caÃa sobre la tierra y formaba una lÃnea irregular mientras ellos avanzaban hacia la camioneta. Las manchas se quedaban marcadas sobre el suelo porque la tierra estaba seca. Los hombres subieron los costales a la camioneta sin detenerse a revisar que estaba goteando. El motor arrancó poco después y la camioneta se alejó levantando polvo mientras quienes estaban cerca fingÃan que no habÃan visto nada. Ese movimiento coincidió con un rumor que comenzó a extenderse desde esa misma mañana. Alguien aseguró haber visto brazos pequeños en el fondo de uno de los costales cuando se rompió una esquina al subirlo. Rodo seguÃa molesto por lo que habÃa pasado dÃas antes y porque sentÃa que lo vigilaban desde esa casa. Varios vecinos comentaban que él habÃa dicho que si las pelonas estaban metidas con gente peligrosa, podÃan traer problemas al pueblo. Su preocupación la compartÃan otras familias que temÃan por sus hijos,
17:21 porque no sabÃan quiénes eran esos hombres ni por qué visitaban esa casa. La tensión aumentaba de manera constante porque cada dÃa se escuchaba un rumor distinto y nadie sabÃa qué era cierto y qué no. Una tarde, mi abuelo regresaba de llevar leña cuando vio a Rodo caminar directo hacia la casa de las pelonas. Esta vez no se detuvo frente a la cerca ni habló desde lejos, sino que empujó la puerta sin pedir permiso y entró al patio. Mi abuelo escuchó gritos desde el interior porque estaba pasando justo por la calle cuando comenzó el pleito. Se acercó un poco más sin entrar al terreno, pero lo suficiente para ver parte del conflicto. Rodo señalaba un punto del patio donde la tierra se veÃa removida, justo el mismo que mi abuelo habÃa notado dÃas antes. Ãl decÃa que ahà tenÃan algo enterrado y que nadie del pueblo iba a quedarse tranquilo hasta saber qué era lo que estaban escondiendo.
18:22 Una de las pelonas salió de inmediato y se puso frente a Rodo para decirle que se largara del patio. Mi abuelo vio el momento en que ella lo empujó con suficiente fuerza para hacerlo perder el equilibrio. Rodo cayó hacia atrás y terminó sobre los huesos que ellas habÃan tirado dÃas antes. Levantó la vista hacia la mujer, pero no se levantó de inmediato. La pelona siguió lanzándole palabras mientras él intentaba apoyarse en la tierra para reincorporarse. El olor que habÃa quedado impregnado en esa zona todavÃa se sentÃa en el aire, y varios vecinos que estaban observando desde lejos se tapaban la nariz sin acercarse. Mi abuelo notó algo más en ese instante. Vio que una sombra se movió dentro de la casa, como si alguien más estuviera escuchando todo desde una de las habitaciones. No distinguió forma ni tamaño, solo el movimiento dentro de un cuarto oscuro.
19:20 Eso le hizo sentir un vacÃo en el estómago porque sabÃa que esas mujeres no vivÃan solas y que quienes las visitaban no eran personas comunes del pueblo. Minutos después llegó una camioneta que avanzó directo hasta la entrada del patio. Dos hombres bajaron de inmediato para separar la pelea. Uno de ellos tenÃa un arma envuelta en una manta y la sostenÃa de manera que todos pudieran verla aunque no estuviera descubierta por completo. Rodo se detuvo al verlos porque entendió que esas personas no eran de la zona y que no convenÃa seguir discutiendo. Mi abuelo retrocedió unos pasos porque sintió que cualquier malentendido podÃa meterlo en problemas. Los hombres caminaron hasta él y le dijeron que nadie debÃa meterse en la casa de las pelonas. Hablaron con voz firme y dejaron claro que Rodo ya no debÃa acercarse.
20:16 Los vecinos observaban desde sus puertas sin intervenir. Algunos apenas asomaban la cabeza porque no querÃan que esos hombres los vieran mirando directamente hacia ellos. Mi abuelo recordaba que nadie quiso comentar nada esa noche porque todos sabÃan que algo serio estaba sucediendo y que cualquier palabra dicha en voz alta podÃa traer consecuencias. Esa misma noche mi abuelo estaba en el corredor de su casa cuando escuchó dos camionetas pasar rápido por la calle. Las luces iluminaron las paredes de varias casas mientras avanzaban sin disminuir la velocidad. Ãl reconoció que iban en dirección a la casa de las pelonas porque ese camino no llevaba a ningún otro sitio a esas horas. Se quedó quieto unos segundos, atento al sonido de los motores que se alejaban hacia la parte más oscura del pueblo. Unos diez minutos después, escuchó un golpe fuerte que sonó como madera contra metal. El ruido retumbó entre las paredes y los perros de los vecinos comenzaron a ladrar todos hacia la misma dirección. Mi abuelo sintió una presión en el pecho porque sabÃa que el pleito con rodo y los costales habÃa dejado las cosas tensas.
21:30 Se levantó del escalón donde estaba sentado y caminó hacia la orilla del camino para ver qué estaba pasando sin acercarse demasiado. Desde ahà alcanzó a distinguir movimiento dentro del patio de las pelonas. HabÃa varios hombres armados buscando algo. Se movÃan entre la tierra removida y las zonas donde habÃa manchas oscuras que los vecinos ya habÃan comentado dÃas antes. Uno de ellos sostenÃa del brazo a una de las pelonas y la sentó contra la pared como si quisiera interrogarla. Ella estaba encorvada y no levantaba la vista. La luz de una lámpara portátil iluminaba solo una parte del patio. y dejaba lo demás en oscuridad mi abuelo escuchó con claridad cuando uno de ellos gritó que ya no querÃa problemas con partes humanas los vecinos empezaron a asomarse entre las sombras tratando de mirar sin ser vistos la otra pelona intentó correr hacia la cerca mi abuelo la vio avanzar apenas unos pasos antes de que uno de los hombres la alcanzara y la golpeara con la culata del arma Cayó sobre la tierra y trató de apoyarse con las manos para levantarse, pero la rodearon de inmediato. Los hombres revisaron el patio y abrieron uno de los huecos donde la tierra estaba removida. Quitaron la capa superficial con las manos y sacaron un bulto envuelto en tela. Uno de ellos dijo que eso no era lo que les habÃan pedido y levantó el bulto para que los demás lo vieran. La luz de la lámpara mostró la tela
23:00 manchada y parte de algo que parecÃa rÃgido. Mi abuelo no quiso acercarse más porque temÃa que alguien lo viera desde adentro. Uno de los hombres disparó hacia el suelo, muy cerca de donde estaba una de las pelonas. Ese disparo hizo que varios vecinos se escondieran. No era común escuchar armas en ese pueblo y menos en un patio donde todos sabÃan que habÃa problemas graves. Después del disparo, el hombre le gritó que ya no iban a tolerar que les llevaran cosas que no servÃan. Ella intentó explicar algo mientras movÃa las manos, pero él la levantó del brazo sin dejarla terminar. Un segundo disparo se escuchó minutos después.
23:41 Sonó más adentro del patio y mi abuelo no alcanzó a ver a quién o a qué le habÃan disparado. Lo único que escuchó fue la voz de uno de los hombres diciendo que con una bastaba para dar el mensaje. Después de eso solo se oyeron pasos y movimiento rápido dentro del terreno. La otra pelona quedó tirada cerca de la puerta. Estaba inmóvil y nadie se acercó a ella porque los hombres seguÃan ahÃ. Cuando la situación pareció terminar, los hombres subieron a las camionetas sin decir nada. El sonido de los motores al arrancar fue lo último que quedó en esa calle antes de que regresara el silencio. Mi abuelo dijo que nadie salió hasta que dejaron de escucharse los vehÃculos. Los vecinos se quedaron escondidos un momento más, esperando que no regresaran. A la mañana siguiente, algunas personas se acercaron al patio con mucha precaución. Encontraron el cuerpo de una de las pelonas junto al árbol seco. Estaba en la misma posición en la que habÃa quedado la noche anterior. La otra no estaba. La gente decÃa que se la habÃan llevado los mismos hombres que habÃan llegado en las camionetas. Nadie quiso revisar más de lo necesario.
24:54 porque todos sabÃan que ese patio habÃa sido escenario de algo que podÃa traer consecuencias si hablaban demasiado. La policÃa del pueblo llegó tarde y se limitó a hacer preguntas sin profundizar en nada. Tomaron notas y se marcharon sin revisar el patio como los vecinos esperaban. Mi abuelo recordaba que la calle quedó callada por varios dÃas y que la gente evitaba pasar cerca de esa casa porque sentÃan que la tensión seguÃa ahÃ. Incluso con una de las pelonas muerta y la otra desaparecida. Con el paso de las semanas la casa quedó abandonada. La cerca siguió abierta y nadie quiso mover los huesos que habÃan quedado junto al árbol seco. Con los años la casa se vino abajo poco a poco. El techo terminó por ceder y las paredes quedaron cubiertas de maleza. Mi abuelo siempre comentó que ese lugar nunca volvió a sentirse como parte del pueblo.
25:52 DecÃa que cada vez que pasaba por ahÃ, recordaba el humo, los costales y la forma en que la gente evitaba mirar hacia adentro.
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