Feb. 12, 2026

"Las Pelonas" Brujas Del Crimen Organizado Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:07 Lo que les voy a contar le pasó a mi abuelo cuando era joven. Eran dos mujeres a las que todos conocían como Las Pelonas. El apodo ya existía desde que eran adolescentes, pero nadie sabía de dónde había salido. Mi abuelo decía que, cuando él era niño, ya escuchaba a los adultos mencionarlas con ese nombre. El pueblo donde vivía mi abuelo estaba en una zona rural de Sinaloa. La gente se conocía entre sí porque casi todos eran familia de alguien hacía que los vecinos salieran a ver qué estaba pasando a las pelonas se les veía poco vivían solas en una casa al final de una calle mi abuelo recordaba que esa casa siempre parecía distinta a las demás no por la construcción sino por la forma en que la gente evitaba acercarse cuando eran niñas ya eran problemáticas mi abuelo contaba que se metían en peleas con otros niños por cualquier cosa En la tienda se escuchaban discusiones donde una de ellas acusaba a alguien de robarles algo, y afuera hacían berrinches que terminaban en gritos.

1:15 Con el tiempo la gente empezó a desconfiar de ellas, y según mi abuelo esa desconfianza creció a medida que llegaron a la adolescencia. Mi abuelo también recordaba que en muchas tardes se veía humo saliendo de su patio. Decía que levantaban pequeñas fogatas detrás de la casa y que el olor llegaba hasta la calle. Era un olor fuerte y desagradable que nadie identificaba. A veces parecían quemar cuero, otras veces algo que olía distinto, como si fueran restos de animales. Algunas personas contaban que en ocasiones había visitantes que llegaban a su casa ya de noche y que se quedaban un rato en el patio antes de irse.

1:59 Nadie sabía quiénes eran ni para qué iban. No querían cruzarse con ellas porque siempre había un ambiente tenso alrededor de su vivienda. La gente decía muchas cosas, que hacían brujerías, que tenían mal carácter, que escondían cosas en su patio y que no convenía meterse con ellas. Mi abuelo decía que los primeros indicios de que algo raro pasaba en esa casa Aparecieron una tarde en la que vio un humo oscuro salir del patio de las pelonas. El humo se levantaba en una columna baja y se extendía hacia la calle, y el olor llegó hasta varias casas. Contaba que era un olor fuerte, y que la gente comenzó a salir a asomarse porque el viento lo llevaba hacia todos los solares cercanos. Él estaba regresando a su casa cuando lo vio, y recordó que el humo se movía de manera constante. como si estuvieran alimentando el fuego con algo pesado mi abuelo escuchó murmullos que venían del interior del patio como si hubiera varias personas reunidas pero cuando trató de ver hacia adentro no logró distinguir a nadie la casa parecía vacía desde donde él estaba parado aunque el murmullo seguía él se quedó unos segundos tratando de entender qué hacían pero prefirió seguir su camino porque el olor se hacía más fuerte Un vecino, un hombre que vivía a dos casas de distancia, comentó después que había pasado cerca del corredor de las pelonas esa misma tarde y que alcanzó a ver animales amarrados del techo. No

3:31 supo decir qué tipo de animales eran porque estaban envueltos en costales, pero juraba que había más de uno. La gente escuchó esa versión, pero nadie quiso acercarse a confirmar nada. La tensión aumentó entre los pobladores porque nadie sabía exactamente qué ocurría en ese patio. Pero todos coincidían en que algo no estaba bien. Las pelonas no hablaban con nadie. Caminaban por el pueblo con la cabeza cubierta por mantas gruesas, incluso cuando el clima estaba caluroso. Avanzaban rápido y sin mirar a los lados, como si no quisieran encontrarse con nadie. Mi abuelo las veía pasar de vez en cuando, casi siempre en silencio, y la gente prefería hacerse a un lado para dejarlas avanzar. Decía que había algo inquietante en la manera en que caminaban, porque nunca se detenían ni intercambiaban palabras con nadie. Una noche, mientras mi abuelo regresaba de llevar agua al depósito de su casa, vio a una de ellas cruzar la calle cargando un costal grande.

4:37 El costal se movía como si lo que llevaba dentro estuviera vivo. Mi abuelo se quedó quieto observando desde la oscuridad porque la única luz era la de la luna que iluminaba el camino. Ella avanzó hacia su casa sin voltear a mirar a nadie y empujó la puerta con el hombro para entrar. El costal colgaba hacia un lado por el peso y mi abuelo recordaba el movimiento irregular de lo que estaba dentro. Mi abuelo regresó a su casa sin comentar nada hasta el día siguiente, cuando comenzaron a circular más rumores sobre lo que estaban haciendo esas mujeres en su patio. Con el tiempo, los problemas con los vecinos comenzaron a hacerse más frecuentes. Mi abuelo decía que las pelonas discutían con cualquier persona que se acercaba demasiado a su casa, aunque fuera por accidente. A veces bastaba con que alguien pasara cerca de la cerca para que una de ellas saliera de inmediato y empezara a decirles que se alejaran. La gente terminó acostumbrándose a esas reacciones, pero aún así se mantenían atentos porque nunca sabían qué tanto podían llegar a molestarse. Un niño que vivía a unas casas de distancia pateó su balón hacia el patio de ellas mientras jugaba con otros menores en la calle.

5:57 El balón cayó junto a un árbol seco del patio y el niño entró solo para recogerlo. Volvió llorando y le dijo a su mamá que una de las mujeres le había hablado desde la puerta y le había dicho cosas que un niño no debería escuchar. Ese comentario se extendió rápido entre los vecinos porque el niño estaba alterado y no quiso volver a jugar cerca de esa casa. En ese mismo tiempo comenzaron a desaparecer varias gallinas del vecindario. Al principio la gente pensó que podían haberse metido entre los solares o que algún animal del monte las había cargado. Pero luego se dieron cuenta de que las desapariciones solo ocurrían durante las noches. Algunas familias empezaron a decir que quizás eran ellas porque se escuchaban ruidos extraños en su patio a esas horas. Mi abuelo contaba que una madrugada escuchó un grito. No logró identificar de quién era porque duró poco y el sonido venía desde la dirección de la casa de las pelonas. Él se levantó para asomarse hacia su ventana y vio una figura moviéndose en el patio de ellas. La persona llevaba una lámpara encendida que iluminaba apenas una parte del suelo. La figura se desplazaba rápido entre las sombras. Pero su abuelo logró distinguir que parecía una de las pelonas por la forma en que caminaba con la cabeza cubierta. Esa madrugada mi abuelo se volvió a acostar, aunque dijo que le costó dormirse porque

7:28 siguió escuchando ruidos que venían del patio de las pelonas. A veces parecían pasos y otras veces como si movieran cosas pesadas sobre la tierra. Él recordaba que esos sonidos se repetían en lapsos cortos y que todo seguía en silencio en las demás casas. Con el paso de los minutos se le fueron cerrando los ojos, pero alcanzó a escuchar un último golpe contra algo de madera antes de quedarse dormido. Y eso le quedó grabado porque no era común escuchar actividad en esa dirección a esas horas. A la mañana siguiente, varios vecinos comentaban que habían visto movimiento en la calle de madrugada. Cada quien decía algo distinto, pero todos coincidían en que la actividad venía de cerca de la casa de las pelonas. Algunos aseguraban que vieron sombras cruzando la calle, otros que escucharon pasos y murmullos, y había quienes decían que habían visto una lámpara moverse.

8:25 Nadie se ponía de acuerdo, pero el ambiente estaba tenso. La gente hablaba en voz baja como si no quisieran que alguien más los escuchara. y volteaban la vista hacia esa casa cada vez que alguien mencionaba lo que vio. Ese mismo día, mientras mi abuelo ayudaba a cargar costales en el terreno de un vecino, alcanzó a ver el patio de las pelonas desde un ángulo que, normalmente, no tenía. Notó un tramo del suelo distinto a como estaba antes. Era un hueco largo recién cubierto. La tierra tenía un color más claro y estaba acomodada de manera que se notaba que la habían removido hace poco. No era un hoyo pequeño ni redondo, sino algo más largo, y eso le llamó la atención porque en ese patio no solían hacer trabajos de ese tipo. Mi abuelo dijo que se quedó mirando unos segundos, tratando de entender si habían enterrado algo, pero siguió su labor para no llamar la atención. Sentía que si alguna de ellas lo veía mirando hacia su patio, podía generar problemas. Con los días comenzaron a escucharse comentarios nuevos en el pueblo, ahora sobre hombres desconocidos que pasaban por las noches en camionetas sin placas. La gente decía que esas camionetas se detenían cerca de la casa de las pelonas y que los hombres no hablaban con nadie.

9:48 Se estacionaban unos minutos, a veces hasta media hora, y luego avanzaban sin pasar por ninguna otra calle. Los vecinos se inquietaban porque en ese pueblo no era común ver vehículos extraños a altas horas de la noche, y menos de ese tipo. Mi abuelo contaba que escuchó el motor de una de esas camionetas una madrugada y que el sonido se quedó detenido frente a la casa de ellas por un buen rato antes de que arrancara de nuevo. Mi abuelo se volvió a acostar, aunque dijo que le costó dormirse porque siguió escuchando ruidos que venían del patio de las pelonas. A veces parecían pasos y otras veces como si movieran cosas pesadas sobre la tierra. Él recordaba que esos sonidos se repetían en lapsos cortos y que todo seguía en silencio en las demás casas. Con el paso de los minutos se le fueron cerrando los ojos, pero alcanzó a escuchar un último golpe contra algo de madera antes de quedarse dormido. Y eso le quedó grabado porque no era común escuchar actividad en esa dirección a esas horas. A la mañana siguiente, varios vecinos comentaban que habían visto movimiento en la calle de madrugada. Cada quien decía algo distinto, pero todos coincidían en que la actividad venía de cerca de la casa de las pelonas. Algunos aseguraban que vieron sombras cruzando la calle, otros que escucharon pasos y murmullos, y había quienes decían que habían visto una lámpara moverse cerca de la cerca. Nadie se ponía

11:21 de acuerdo, pero el ambiente estaba tenso. La gente hablaba en voz baja como si no quisieran que alguien más los escuchara, y volteaban la vista hacia esa casa cada vez que alguien mencionaba lo que vio. Ese mismo día, mientras mi abuelo ayudaba a cargar costales en el terreno de un vecino, alcanzó a ver el patio de las pelonas desde un ángulo que normalmente no tenía. Notó un tramo del suelo distinto a como estaba antes. Era un hueco largo recién cubierto. La tierra tenía un color más claro y estaba acomodada, de manera que se notaba que la habían removido hace poco. No era un hoyo pequeño ni redondo, sino algo más largo. Y eso le llamó la atención porque en ese patio no solían hacer trabajos de ese tipo. Mi abuelo dijo que se quedó mirando unos segundos, tratando de entender si habían enterrado algo, pero siguió su labor para no llamar la atención. Sentía que si alguna de ellas lo veía mirando hacia su patio, podía generar problemas. Con los días comenzaron a escucharse comentarios nuevos en el pueblo, ahora sobre hombres desconocidos que pasaban por las noches en camionetas sin placas. La gente decía que esas camionetas se detenían cerca de la casa de las pelonas y que los hombres no hablaban con nadie.

12:44 Se estacionaban unos minutos, a veces hasta media hora, y luego avanzaban sin pasar por ninguna otra calle. Los vecinos se inquietaban porque en ese pueblo no era común ver vehículos extraños a altas horas de la noche, y menos de ese tipo. Mi abuelo contaba que escuchó el motor de una de esas camionetas una madrugada, y que el sonido se quedó detenido frente a la casa de ellas por un buen rato antes de que arrancara de nuevo. Un vecino conocido como Rodo comenzó a mostrar mucha molestia porque afirmaba que lo estaban vigilando. Él vivía justo al otro lado de la calle y una mañana salió a decirle a la gente que alguien estuvo parado fuera de su ventana la noche anterior. Dijo que vio una sombra quieta durante varios segundos y que cuando se levantó para asomarse mejor ya no había nada. Eso se supo rápido entre los vecinos porque él estaba alterado. y señalaba hacia la casa de las pelonas cada vez que alguien le preguntaba qué había visto. Decía que ya estaba cansado de sentir que lo observaban. El pleito que él tuvo con las pelonas ocurrió al mediodía. Mi abuelo estaba cerca porque había ido a dejar un encargo a la tienda cuando escuchó la voz de Rodo levantarse de pronto. Lo vio caminar directo hacia la cerca de ellas con paso firme.

14:08 De la casa salió una de las pelonas. y mi abuelo recordaba que traía una cubeta que cargaba con ambas manos. Caminó hasta la orilla del camino y volteó la cubeta sobre la tierra, dejando caer un montón de huesos pequeños. Algunos tenían restos frescos pegados, y mi abuelo notó que varios todavía tenían partes húmedas, como si no tuvieran mucho tiempo de haber sido retirados de donde estaban. Rodo retrocedió unos pasos cuando vio los huesos, mientras varios vecinos se asomaban desde sus puertas sin acercarse demasiado. Nadie entendía por qué los arrojaban así, pero la pelona se quedó quieta frente a ellos como si no le importara la reacción de la gente. Ella regresó a la casa sin decir nada más y dejó los huesos extendidos sobre el camino.

14:56 La gente empezó a sospechar que las pelonas vendían cosas a los hombres que llegaban en las camionetas. Nadie sabía qué tipo de cosas podían ser, pero varios vecinos aseguraron haber escuchado conversaciones en las que se mencionaban partes de animales que no parecían de animales. Aunque nadie se atrevía a decir exactamente qué habían oído. Esa noche mi abuelo escuchó una discusión dentro de la casa de ellas. Reconoció voces de hombres y golpes contra el suelo, como si arrastraran algo pesado. No podía ver desde su ventana porque la casa quedaba lejos, pero distinguió pasos y movimiento en el patio. Mi abuelo se quedó despierto un buen rato, atento a cualquier ruido. Al día siguiente mi abuelo salió temprano para ayudar a un vecino a reparar una parte de la cerca que se había caído durante la noche.

15:50 Mientras acomodaban los postes y estiraban el alambre, él alcanzó a ver movimiento en el patio de las pelonas. Dos de los hombres desconocidos que habían llegado en las camionetas los días anteriores salieron por la parte trasera cargando costales grandes y completamente cerrados. Caminaban rápido y en silencio, como si quisieran terminar lo que estaban haciendo antes de que alguien los viera. Mi abuelo observó que uno de los costales dejaba escapar gotas de un líquido oscuro que caía sobre la tierra y formaba una línea irregular mientras ellos avanzaban hacia la camioneta. Las manchas se quedaban marcadas sobre el suelo porque la tierra estaba seca. Los hombres subieron los costales a la camioneta sin detenerse a revisar que estaba goteando. El motor arrancó poco después y la camioneta se alejó levantando polvo mientras quienes estaban cerca fingían que no habían visto nada. Ese movimiento coincidió con un rumor que comenzó a extenderse desde esa misma mañana. Alguien aseguró haber visto brazos pequeños en el fondo de uno de los costales cuando se rompió una esquina al subirlo. Rodo seguía molesto por lo que había pasado días antes y porque sentía que lo vigilaban desde esa casa. Varios vecinos comentaban que él había dicho que si las pelonas estaban metidas con gente peligrosa, podían traer problemas al pueblo. Su preocupación la compartían otras familias que temían por sus hijos,

17:21 porque no sabían quiénes eran esos hombres ni por qué visitaban esa casa. La tensión aumentaba de manera constante porque cada día se escuchaba un rumor distinto y nadie sabía qué era cierto y qué no. Una tarde, mi abuelo regresaba de llevar leña cuando vio a Rodo caminar directo hacia la casa de las pelonas. Esta vez no se detuvo frente a la cerca ni habló desde lejos, sino que empujó la puerta sin pedir permiso y entró al patio. Mi abuelo escuchó gritos desde el interior porque estaba pasando justo por la calle cuando comenzó el pleito. Se acercó un poco más sin entrar al terreno, pero lo suficiente para ver parte del conflicto. Rodo señalaba un punto del patio donde la tierra se veía removida, justo el mismo que mi abuelo había notado días antes. Él decía que ahí tenían algo enterrado y que nadie del pueblo iba a quedarse tranquilo hasta saber qué era lo que estaban escondiendo.

18:22 Una de las pelonas salió de inmediato y se puso frente a Rodo para decirle que se largara del patio. Mi abuelo vio el momento en que ella lo empujó con suficiente fuerza para hacerlo perder el equilibrio. Rodo cayó hacia atrás y terminó sobre los huesos que ellas habían tirado días antes. Levantó la vista hacia la mujer, pero no se levantó de inmediato. La pelona siguió lanzándole palabras mientras él intentaba apoyarse en la tierra para reincorporarse. El olor que había quedado impregnado en esa zona todavía se sentía en el aire, y varios vecinos que estaban observando desde lejos se tapaban la nariz sin acercarse. Mi abuelo notó algo más en ese instante. Vio que una sombra se movió dentro de la casa, como si alguien más estuviera escuchando todo desde una de las habitaciones. No distinguió forma ni tamaño, solo el movimiento dentro de un cuarto oscuro.

19:20 Eso le hizo sentir un vacío en el estómago porque sabía que esas mujeres no vivían solas y que quienes las visitaban no eran personas comunes del pueblo. Minutos después llegó una camioneta que avanzó directo hasta la entrada del patio. Dos hombres bajaron de inmediato para separar la pelea. Uno de ellos tenía un arma envuelta en una manta y la sostenía de manera que todos pudieran verla aunque no estuviera descubierta por completo. Rodo se detuvo al verlos porque entendió que esas personas no eran de la zona y que no convenía seguir discutiendo. Mi abuelo retrocedió unos pasos porque sintió que cualquier malentendido podía meterlo en problemas. Los hombres caminaron hasta él y le dijeron que nadie debía meterse en la casa de las pelonas. Hablaron con voz firme y dejaron claro que Rodo ya no debía acercarse.

20:16 Los vecinos observaban desde sus puertas sin intervenir. Algunos apenas asomaban la cabeza porque no querían que esos hombres los vieran mirando directamente hacia ellos. Mi abuelo recordaba que nadie quiso comentar nada esa noche porque todos sabían que algo serio estaba sucediendo y que cualquier palabra dicha en voz alta podía traer consecuencias. Esa misma noche mi abuelo estaba en el corredor de su casa cuando escuchó dos camionetas pasar rápido por la calle. Las luces iluminaron las paredes de varias casas mientras avanzaban sin disminuir la velocidad. Él reconoció que iban en dirección a la casa de las pelonas porque ese camino no llevaba a ningún otro sitio a esas horas. Se quedó quieto unos segundos, atento al sonido de los motores que se alejaban hacia la parte más oscura del pueblo. Unos diez minutos después, escuchó un golpe fuerte que sonó como madera contra metal. El ruido retumbó entre las paredes y los perros de los vecinos comenzaron a ladrar todos hacia la misma dirección. Mi abuelo sintió una presión en el pecho porque sabía que el pleito con rodo y los costales había dejado las cosas tensas.

21:30 Se levantó del escalón donde estaba sentado y caminó hacia la orilla del camino para ver qué estaba pasando sin acercarse demasiado. Desde ahí alcanzó a distinguir movimiento dentro del patio de las pelonas. Había varios hombres armados buscando algo. Se movían entre la tierra removida y las zonas donde había manchas oscuras que los vecinos ya habían comentado días antes. Uno de ellos sostenía del brazo a una de las pelonas y la sentó contra la pared como si quisiera interrogarla. Ella estaba encorvada y no levantaba la vista. La luz de una lámpara portátil iluminaba solo una parte del patio. y dejaba lo demás en oscuridad mi abuelo escuchó con claridad cuando uno de ellos gritó que ya no quería problemas con partes humanas los vecinos empezaron a asomarse entre las sombras tratando de mirar sin ser vistos la otra pelona intentó correr hacia la cerca mi abuelo la vio avanzar apenas unos pasos antes de que uno de los hombres la alcanzara y la golpeara con la culata del arma Cayó sobre la tierra y trató de apoyarse con las manos para levantarse, pero la rodearon de inmediato. Los hombres revisaron el patio y abrieron uno de los huecos donde la tierra estaba removida. Quitaron la capa superficial con las manos y sacaron un bulto envuelto en tela. Uno de ellos dijo que eso no era lo que les habían pedido y levantó el bulto para que los demás lo vieran. La luz de la lámpara mostró la tela

23:00 manchada y parte de algo que parecía rígido. Mi abuelo no quiso acercarse más porque temía que alguien lo viera desde adentro. Uno de los hombres disparó hacia el suelo, muy cerca de donde estaba una de las pelonas. Ese disparo hizo que varios vecinos se escondieran. No era común escuchar armas en ese pueblo y menos en un patio donde todos sabían que había problemas graves. Después del disparo, el hombre le gritó que ya no iban a tolerar que les llevaran cosas que no servían. Ella intentó explicar algo mientras movía las manos, pero él la levantó del brazo sin dejarla terminar. Un segundo disparo se escuchó minutos después.

23:41 Sonó más adentro del patio y mi abuelo no alcanzó a ver a quién o a qué le habían disparado. Lo único que escuchó fue la voz de uno de los hombres diciendo que con una bastaba para dar el mensaje. Después de eso solo se oyeron pasos y movimiento rápido dentro del terreno. La otra pelona quedó tirada cerca de la puerta. Estaba inmóvil y nadie se acercó a ella porque los hombres seguían ahí. Cuando la situación pareció terminar, los hombres subieron a las camionetas sin decir nada. El sonido de los motores al arrancar fue lo último que quedó en esa calle antes de que regresara el silencio. Mi abuelo dijo que nadie salió hasta que dejaron de escucharse los vehículos. Los vecinos se quedaron escondidos un momento más, esperando que no regresaran. A la mañana siguiente, algunas personas se acercaron al patio con mucha precaución. Encontraron el cuerpo de una de las pelonas junto al árbol seco. Estaba en la misma posición en la que había quedado la noche anterior. La otra no estaba. La gente decía que se la habían llevado los mismos hombres que habían llegado en las camionetas. Nadie quiso revisar más de lo necesario.

24:54 porque todos sabían que ese patio había sido escenario de algo que podía traer consecuencias si hablaban demasiado. La policía del pueblo llegó tarde y se limitó a hacer preguntas sin profundizar en nada. Tomaron notas y se marcharon sin revisar el patio como los vecinos esperaban. Mi abuelo recordaba que la calle quedó callada por varios días y que la gente evitaba pasar cerca de esa casa porque sentían que la tensión seguía ahí. Incluso con una de las pelonas muerta y la otra desaparecida. Con el paso de las semanas la casa quedó abandonada. La cerca siguió abierta y nadie quiso mover los huesos que habían quedado junto al árbol seco. Con los años la casa se vino abajo poco a poco. El techo terminó por ceder y las paredes quedaron cubiertas de maleza. Mi abuelo siempre comentó que ese lugar nunca volvió a sentirse como parte del pueblo.

25:52 Decía que cada vez que pasaba por ahí, recordaba el humo, los costales y la forma en que la gente evitaba mirar hacia adentro.