June 19, 2026

La Noche Que Las Brujas Entraron Al Pueblo - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:06 Me llamo Rodrigo y viví muchos años en San Miguel de la Barranca, un pueblo pequeño donde casi todos se conocían por nombre. Mi esposa se llama Laura y nuestro hijo se llama Juan. Cuando pasó esto, Juan tenía seis años. Vivíamos en una casa al final del pueblo, cerca del camino que llevaba al lavadero. Recuerdo ese dato porque los ruidos empezaron por ahí, siempre de noche, cuando la calle quedaba vacía y las puertas ya estaban cerradas. Me fui de San Miguel después de aquella noche. No preparé cajas ni avisé con tiempo. Saqué ropa, documentos y algunas cosas de Juan. Lo demás se quedó adentro. Vendí barato semanas después, sin volver a enseñar la casa, porque no quise entrar otra vez. Varias personas me preguntaron por qué hice eso.

0:58 Durante mucho tiempo respondí poco, pero ahora cuento lo que pasó tal como lo recuerdo. Todo empezó con risas. Primero se escuchaban lejos, hacia el lavadero. Eran varias voces juntas, unas graves y otras agudas. No sonaban a vecinos platicando, ni a jóvenes tomando en la calle. Se reían durante unos segundos, se callaban, y luego volvían en otro punto del camino. Los perros ladraban, corrían hacia las puertas y después se metían debajo de los carros. Eso ocurrió varias noches. Yo pensé que alguien quería asustar al pueblo También pensé en borrachos, pleitos o gente escondida entre las casas. En San Miguel siempre se hablaba de cosas raras, pero casi nadie enseñaba pruebas. Laura se inquietó desde la primera noche.

1:49 Me pidió cerrar bien la puerta, revisar las ventanas y no salir, aunque las risas estuvieran cerca. Yo revisaba por darle calma, no porque creyera que hubiera peligro real. Después empezó lo de Juan. Una noche despertó llorando y nos dijo que unas señoras estaban afuera de su ventana. Laura fue por mí y entramos a su cuarto. Revisé la ventana, el patio y la puerta trasera, pero todo estaba cerrado. Juan insistió en que lo habían llamado por su nombre. Estaba agarrado a Laura con la cara pálida y los ojos puestos en la ventana. Esa noche durmió con nosotros.

2:29 Al día siguiente, encontré marcas en el marco de su ventana. Eran líneas largas, hechas desde afuera. No quise alarmar a Laura y le dije que pudo haber sido un animal, aunque yo tampoco estaba convencido. Puse una tabla por dentro y reforcé el seguro. Pensé que eso alcanzaba para dejar tranquila a la familia. Durante los días siguientes, más vecinos hablaron del asunto. Don Mauro, el de la tienda, Contó que había visto a tres mujeres cerca del lavadero. Las vio caminando dobladas, con las manos bajas y el pelo cubriéndoles la cara. También contó que les habló y ninguna respondió.

3:09 Algunos se burlaron de él, pero esa misma tarde varias casas cerraron antes de lo normal. Luego aparecieron animales muertos. Mi cuñado encontró gallinas tiradas en su corral. Otra familia encontró a su perro herido junto a la puerta. Quienes vieron las marcas hablaron de rasguños largos. Los hombres decían que eran ladrones o gente enferma. Y las mujeres mayores decían que eran brujas. En voz baja, sin discutir con nadie. Juan dejó de dormir bien. Despertaba muchas noches, sudado, con los ojos abiertos y la respiración rápida. Decía que las señoras seguían afuera, que se reían y querían que saliera.

3:52 Laura me pidió irnos unos días con su mamá. Yo le pedí esperar y le dije que iba a estar atento y que no permitiría que nadie entrara. Esa decisión fue mía y todavía me pesa. La noche en que las vi, Juan estaba dormido en nuestra cama. Laura y yo seguíamos despiertos porque las risas habían vuelto. Esta vez venían del patio. Apagué la luz de la sala y me acerqué a la ventana. No abrí. Aparté un poco la cortina y afuera había tres figuras junto a la casa. Tenían forma de mujeres, estaban quietas. Una tenía el cabello sobre la cara, otra estaba agachada y la tercera se quedó cerca de la ventana. No necesité ver más. Sus manos eran largas y sus uñas también. eran uñas oscuras, curvas, demasiado largas para una persona común, Laura se acercó y las vio conmigo, no gritó, se quedó inmóvil unos segundos, luego me pidió cerrar todo y guardar silencio, una de ellas levantó la mano y tocó el vidrio con una uña, no golpeó fuerte, raspó despacio de arriba hacia abajo, el sonido cruzó la sala, Juan despertó y dijo que ya habían venido por él, fui por el machete que guardaba detrás de la puerta pero no salí me quedé entre la sala y el pasillo escuchando sus movimientos alrededor de la casa sus uñas pasaban por las ventanas por la puerta y por la pared las tres se reían y

5:25 la risa era fuerte seca y subía cuando Juan lloraba una voz habló desde afuera dijo mi nombre y después dijo el nombre completo de Juan no gritó habló con calma Pidió que abriéramos y dijo que solo querían al niño y que si lo entregábamos nos dejarían en paz. Laura abrazó a Juan. Yo le pedí que se metiera al baño con él porque era el lugar más seguro. Ella obedeció, cerró la puerta y puso un mueble pequeño contra la entrada. Yo me quedé en la sala, con el machete en una mano y el teléfono en la otra. Intenté marcarle a mi cuñado pero la señal fallaba. Afuera seguían las risas. Una de ellas golpeó la ventana del cuarto de Juan. Luego escuché la tabla que yo había puesto, primero moviéndose, después partiéndose. No entré al cuarto, cerré esa puerta y empujé un mueble contra ella. Desde el baño, Laura me llamó con voz baja. Cuando abrí, Juan tenía tres marcas rojas en el brazo. Eran largas, paralelas, recientes.

6:34 Laura juró que nadie lo había tocado. Yo le creí. porque había estado encerrada con él. Mientras ella revisaba el brazo, escuché pasos en el patio. Eran lentos, separados, dando vuelta a la casa. Una de ellas volvió a hablar y dijo que el niño ya las había escuchado y por eso tenía que salir. Juan se tapó los oídos y repitió que no quería ir. Laura le ordenó quedarse con ella, no mirar la puerta y respirar despacio. Yo cerré el baño otra vez. Puse la espalda contra la pared y traté de pensar. Tenía el teléfono, el machete y una casa que empezaba a ceder por el cuarto de mi hijo.

7:16 Escuché otro golpe en la ventana rota y luego el seguro raspó contra la madera. Laura apretó a Juan contra el pecho. Ya no lloraba, solo temblaba y miraba hacia el suelo. Afuera dijeron su nombre otra vez, más cerca de la puerta principal. Yo levanté el machete y le pedí a Laura que no abriera por nada. En ese momento el teléfono vibró. Era mi cuñado devolviendo la llamada. Contesté y le dije que viniera, que trajera ayuda, que no preguntara nada todavía y que se apurara. Seguir esperando era perder tiempo. Solo pensé en sacar a Juan vivo de ahí, aunque dejara todo esa noche. Entonces acepté algo que me había negado desde el principio. esa casa ya no nos protegía, contestó al tercer intento, le dije a mi cuñado que viniera rápido, que trajera a alguien más y que no hiciera preguntas por teléfono, afuera seguían raspando las ventanas, Laura estaba detrás de la puerta del baño, con Juan pegado al pecho, y yo tenía el machete en una mano, el teléfono en la otra, sin saber por dónde iban a forzar primero, Mientras hablaba, algo golpeó la ventana de la sala y rompió una parte del vidrio.

8:36 Una mano entró por el hueco, delgada, con dedos largos y uñas curvas. La mano buscó el seguro, despacio, tocando la madera y el metal. Yo avancé y le pegué con el machete. No sé si la corté o solo la golpeé, pero salió de inmediato. Afuera se escuchó un chillido fuerte. Y después vinieron las risas, más altas, más cerca de la puerta. Laura salió del baño con Juan cubierto con una chamarra. El niño temblaba y tenía la mirada fija en la entrada. Ya no lloraba. Le dije a Laura que, en cuanto llegara mi cuñado, íbamos a salir sin detenernos. Ella no discutió y me pidió que caminara junto a ellos y que no soltara a Juan.

9:24 Los golpes siguieron. tocaban una ventana luego la puerta trasera luego el techo iban de un punto a otro revisando la casa las uñas pasaban por la madera y el vidrio Juan se tapó los oídos Laura le habló cerca de la cara le dijo que respirara y que mantuviera los ojos en ella después escuché la camioneta el motor entró por la calle y las luces cruzaron la ventana rota también escuché la voz de don Mauro gritó que no abriéramos todavía que esperáramos a que ellos estuvieran frente a la puerta, quité el mueble, levanté la tranca y esperé unos segundos, cuando abrí las vi mejor, una estaba en la banqueta, otra junto a la ventana rota y la tercera sobre el techo, no la vi subir, estaba ahí agachada con las manos apoyadas en la orilla, la luz de la camioneta les pegaba de frente y sus rostros estaban sucios y tensos, Lo que vi con claridad fueron las uñas, largas, oscuras, abiertas hacia Juan. Don Mauro traía una escopeta vieja pero no disparó. Apuntó hacia ellas y nos ordenó caminar. Salí primero con el machete levantado.

10:39 Laura salió detrás cargando a Juan y mi cuñado dejó abierta la puerta trasera de la camioneta. Las mujeres se acercaron despacio, cerrando el espacio hasta dejarnos pasar entre ellas y la luz. Una de ellas habló otra vez y dijo que Juan era de ellas. No levantó la voz, lo dijo con seguridad y calma. Juan levantó la cabeza y trató de mirar. Laura le cubrió la cara con la chamarra, pero él empezó a moverse en sus brazos y dijo que tenía que irse con ellas para que nos dejaran tranquilos. Su voz salió baja y pareja, pero Laura lo apretó más fuerte y subió a la camioneta.

11:19 Yo subí después. Mi cuñado arrancó antes de que cerráramos bien la puerta. Algo golpeó la parte trasera cuando avanzamos y el metal se rasgó con un sonido largo. Don Mauro volteó con la escopeta, pero mi cuñado le ordenó que no disparara. Nadie habló hasta que dejamos atrás nuestra calle. Las risas nos siguieron por el pueblo. Yo miraba por el espejo y veía movimientos entre las casas. Al principio eran tres figuras, pero las voces eran más. En una esquina vi a una parada junto a una pared. La camioneta pasó cerca. Ella levantó la mano y Juan volvió a decir que iban a regresar. Laura le tapó los oídos y le pidió que no escuchara. Llegamos a casa de mi suegra antes de que amaneciera. Mi cuñado revisó la camioneta con una lámpara. En la parte trasera había cuatro rayones profundos, líneas largas separadas por los dedos. Juan no quiso acostarse. Se quedó sentado, envuelto en la chamarra, con el brazo pegado al pecho. Las marcas seguían rojas e hinchadas. Mi suegra preguntó qué había pasado, pero nadie pudo responder completo. Don Mauro dijo que en el pueblo eso ya había ocurrido antes y que la gente prefería callarse.

12:39 Cuando abrió el centro de salud, llevamos a Juan. La doctora revisó las heridas y preguntó si lo había atacado un animal. Yo contesté que no sabía. Laura guardó silencio. La doctora limpió el brazo, aplicó una inyección y escribió que eran lesiones hechas con un objeto punzante. Guardé esa nota porque fue lo primero que tuve en papel. Mi cuñado regresó al pueblo con dos policías para sacar ropa, documentos y algunas cosas de Juan. Yo no fui. No podía volver a entrar después de ver esa mano metiéndose por la ventana y después de escuchar a esas mujeres pedir a mi hijo. Los policías encontraron la ventana rota, la tabla quebrada, marcas en la puerta y tierra dentro del cuarto. También vieron los rayones en la camioneta. En el reporte pusieron daños a propiedad. Don Mauro habló de brujas frente a ellos, pero no lo escribieron. Nos mudamos a la ciudad pocos días después. No busqué una casa grande ni cómoda. Busqué un lugar con puertas seguras y vecinos cerca. Cambié a Juan de escuela y dejé de contestar llamadas del pueblo. Laura dejó de hablar del tema casi por completo. Cuando alguien preguntaba por nuestra salida, decía que tuvimos problemas con la casa, yo respondía lo mismo.

14:01 Juan fue el que más cambió. Antes dormía solo, pero después de esa noche no quiso quedarse en un cuarto con la luz apagada. Si escuchaba risas en la calle, se tapaba los oídos. Durante meses despertó asustado y preguntaba si ya sabían dónde vivíamos. Las marcas del brazo sanaron, pero quedaron líneas claras. A veces las mira y se queda callado. Yo no le pido detalles porque cada vez que habla de esa noche vuelve a dormir mal. Vendí la casa barata. El comprador era de fuera y no conocía bien San Miguel. Le dije que había daños y que necesitaba arreglos. No le conté todo. y tampoco regresé a enseñarla. Mandé las llaves con mi cuñado y firmé lo necesario fuera del pueblo. Un tiempo después, tuve que pasar cerca de San Miguel por unos papeles. No entré.

14:55 Me quedé en la carretera, cerca del letrero. Juan iba conmigo, dormido en el asiento trasero. Al acercarnos, abrió los ojos y miró hacia el camino del lavadero. Dijo que una señora estaba parada ahí. Yo miré y no vi a nadie. pero Juan siguió mirando al mismo punto y dijo que todavía sabía su nombre. Sentí las manos frías aunque el día estaba caliente. No le pregunté qué quería, tampoco le dije que todo estaba bien, porque no lo sabía. Arranqué y seguí manejando hasta dejar el pueblo atrás. Desde entonces no hemos regresado. Laura duerme con la luz del pasillo encendida.

15:36 Juan evita las ventanas por la noche y yo reviso puertas y seguros antes de acostarme. Tengo una nota médica, un reporte y fotos guardadas. Eso es lo que puedo probar. Lo demás se quedó en San Miguel junto con la casa que abandoné y las voces que esa noche pidieron a mi hijo por su nombre.