Aug. 18, 2026

La Misión De Rescate Terminó En Una Cacería De Nahuales - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Me llamo Ezequiel. En ese tiempo era cabo y formaba parte de una patrulla de reconocimiento, asignada a un destacamento temporal en una zona de selva del sureste. Éramos seis, el Teniente Vela, el Sargento Ortega, Castillo, López, Benítez y yo. La orden era llegar a un punto marcado cerca de un arroyo, revisar unas chozas abandonadas y regresar con un informe. En los días anteriores habían desaparecido varios trabajadores de la zona, y algunos habitantes habían reportado animales grandes moviéndose de noche. Ese dato quedó anotado, pero ninguno de nosotros lo tomó como la parte principal de la misión. Salimos al amanecer y avanzamos durante varias horas. El terreno estaba húmedo, aunque no encontramos nada que indicara un peligro inmediato. Cerca del arroyo vimos varias huellas grandes. Ortega las revisó y dijo que siguiéramos. Poco después llegamos a cuatro chozas. En una encontramos ropa, herramientas y sangre seca. Vela ordenó revisar alrededor antes de entrar, así que nos separamos por parejas, manteniendo distancia visual entre nosotros. Yo estaba con Castillo cuando escuché gritar a Benítez. Corrimos hacia el otro lado y lo encontramos en el suelo. con una herida profunda en el cuello.

1:30 Ortega estaba unos metros más adelante, apuntando hacia la vegetación. Dijo que una criatura había salido de entre los árboles, había golpeado a Benítez y se había retirado antes de que pudiera dispararle bien. Vela trató de contener la hemorragia y me pidió el botiquín. Hicimos lo que pudimos, pero Benítez murió ahí. Vela ordenó regresar, Apenas habíamos empezado a alejarnos cuando vimos al primero. Estaba entre los árboles, de pie y observándonos. Tenía cuerpo humano, la cara alargada, pelo en parte del cuerpo y las manos grandes. Bella dio la orden y abrimos fuego, y la criatura cayó detrás de unos arbustos. Nos acercamos con cuidado, pero ya no estaba.

2:15 Había sangre en las hojas y un rastro que entraba en la vegetación. Ortega dijo que nadie se separara y retomamos la marcha. Desde ese momento empezamos a escuchar movimiento a los costados, ramas, pasos y golpes breves sobre el suelo. A veces alcanzábamos a ver una figura entre los árboles. Otras veces solo escuchábamos el desplazamiento. Pero cada vez que uno de nosotros quedaba unos metros atrás... El ruido se acercaba a ese lado. No sabíamos cuántos eran, ni teníamos una forma clara de detenerlos. Castillo fue el siguiente. Tropezó al cruzar un tronco y cayó de rodillas. Yo estaba junto a él cuando una criatura salió por la derecha, lo tomó del chaleco y tiró de él hacia la vegetación.

3:05 Disparé de inmediato. Ortega y López también abrieron fuego, pero siguió arrastrándolo hasta perderse entre los árboles. Escuchamos a Castillo gritar durante unos segundos. Después dejó de responder. Vela quiso entrar a buscarlo, pero Ortega le dijo que hacerlo nos dividiría y nos dejaría expuestos. Vela aceptó y ordenó continuar. La radio funcionaba por momentos. Conseguimos enviar nuestra posición aproximada. Informamos de dos bajas y pedimos apoyo. La respuesta llegó incompleta. pero entendimos que una unidad venía hacia nosotros. Vela intentó confirmar el mensaje y ya no recibió nada. Guardó la radio y seguimos avanzando. El siguiente ataque ocurrió poco después.

3:55 Ortega iba adelante cuando una criatura salió de frente. Él disparó primero y la hizo retroceder, pero siguió avanzando. Bella y yo también tiramos, la criatura cambió de dirección, alcanzó a Ortega con un golpe y se perdió entre los árboles. Ortega cayó con lesiones graves en el pecho y apenas podía respirar. Bella dijo que teníamos que moverlo, así que lo cargamos entre los dos, mientras López cubría la parte trasera. Avanzamos poco cuando dos criaturas aparecieron casi al mismo tiempo, una delante y otra detrás. Disparamos y ambas se retiraron. Entonces, una tercera salió por un costado y alcanzó a López.

4:40 Bela giró y disparó varias veces hasta que la criatura lo soltó. Durante ese mismo ataque, otra alcanzó a Bela y le abrió el costado antes de retirarse. López tenía heridas en el abdomen y la espalda. Bela sangraba, aunque todavía podía caminar y dar órdenes. Nos movimos hasta una parte baja del terreno, donde podíamos cubrir mejor el acceso. Ortega murió ahí, y López aguantó un poco más. Vela me ordenó presionar las heridas mientras él vigilaba alrededor. López dejó de respirar poco después. Vela comprobó el pulso y me dijo que teníamos que seguir. Quedábamos dos y continuamos hasta que empezó a oscurecer. Bella caminaba inclinado por la herida y necesitaba detenerse con más frecuencia. Encontramos un espacio entre unas rocas, donde solo teníamos que cubrir una entrada y nos quedamos ahí. Durante la noche escuchamos movimiento alrededor.

5:40 En dos ocasiones vi una figura acercarse. Disparé y la perdí entre los árboles. No pude comprobar si había acertado. Bella empeoró durante la madrugada. Y me dijo que, si dejaba de responder, no intentara cargarlo. También me ordenó conservar la munición y esperar el apoyo. Siguió consciente durante varias horas, aunque cada vez hablaba menos. Antes de amanecer, perdió el conocimiento. Revisé su respiración y después el pulso, pero murió ahí. Cuando hubo suficiente luz, revisé lo que me quedaba. Tenía poca agua, poca munición y una herida en la pierna que me impedía moverme con rapidez. Hasta ese momento no habíamos confirmado la muerte de ninguna criatura. Las habíamos herido, algunas habían caído, pero todas habían desaparecido antes de que pudiéramos revisar los cuerpos. Yo seguía apuntando hacia la entrada cuando escuché disparos a lo lejos. Fueron pocos y separados.

6:41 Después hubo silencio. Luego volvieron a escucharse más cerca. Me quedé entre las rocas con el arma preparada. Pasaron varios minutos antes de que viera avanzar a un hombre con uniforme de selva. Detrás venían otros, cada uno vigilando una dirección. El primero me localizó, levantó una mano y todo el grupo se detuvo. Entonces entendí que el apoyo había llegado. El hombre que se acercó se identificó como Capitán Ríos. Venía con un sanitario que se arrodilló junto a mí y revisó la herida de la pierna. mientras Ríos me pedía mi nombre, mi unidad y el número de la patrulla. Después preguntó por Vela, señalé el cuerpo y le conté lo ocurrido desde que habíamos llegado a las chozas, sin detenerme en detalles que ya no podían cambiar nada. Le dije cómo había muerto Benítez, dónde habíamos perdido a Castillo, en qué punto habían caído Ortega y López y de qué manera aquellas criaturas nos habían seguido durante toda la retirada.

7:44 Ríos escuchó hasta el final y después me preguntó por su aspecto, por la distancia a la que atacaban y por lo que ocurría cuando recibían disparos. Le respondí lo que había visto. Cuando mencioné el rostro alargado, el pelo en el cuerpo y la forma en que seguían moviéndose después de varios impactos, me dijo que su grupo ya conocía ese comportamiento. En los informes reunidos antes de su llegada aparecía un nombre repetido por habitantes de la región, Nahuales, Lo dijo sin darle más importancia y enseguida pasó a otra cosa. Eran siete hombres. Ríos estaba al mando. Molina era su segundo y Leal era el sanitario. Los otros cuatro se mantenían alrededor, cubriendo la vegetación mientras nosotros hablábamos.

8:31 Llevaban munición preparada para esas criaturas, equipo térmico y material para asegurar los cuerpos después de abatirlos. Ríos me explicó que los proyectiles contenían plata. y que según las pruebas realizadas antes de la operación, ese material provocaba heridas que los Nahuales no podían cerrar con rapidez. También me advirtió que ninguno de sus hombres se acercaría a uno, hasta confirmar que estaba muerto. Después me dijo que ya habían abatido dos durante la aproximación. Le pregunté si los habían visto morir, y contestó que sí, que los dos cuerpos habían sido revisados y marcados para recuperarlos después. Esa respuesta me dejó claro que ellos habían llegado con información que nosotros nunca tuvimos. Nosotros habíamos disparado a corta distancia y solo habíamos conseguido obligarlos a retroceder. Ellos ya llevaban dos muertos antes de encontrarme. Ríos me dijo que podía quedarme ahí hasta que llegara el elemento de extracción o moverme con ellos mientras completaban la misión. Elegí acompañarlos. Permanecer solo, herido y con poca munición no tenía sentido. Además, podía indicarles en dónde habíamos perdido a los demás. Leal cambió el vendaje de mi pierna, me dio agua y me pidió que caminara cerca de él. Ríos añadió que si comenzaba otro ataque, yo debía mantenerme dentro de la formación y obedecer las indicaciones del hombre que tuviera más cerca

10:02 antes de salir molina revisó el terreno alrededor de las rocas encontró varias huellas recientes y dijo que al menos tres nahuales habían estado ahí durante la noche pero no se detuvieron a estudiarlas más Ríos ordenó avanzar y el grupo tomó la ruta que yo había usado el día anterior. Yo iba en medio. Ellos no dejaban espacios grandes entre un hombre y otro. Tampoco avanzaban todos mirando hacia el frente. Cada uno cubría una dirección y se detenían en cuanto alguien señalaba movimiento. Las órdenes eran cortas y nadie necesitaba que se las repitieran. El primer contacto ocurrió antes de llegar al arroyo. Uno de los hombres levantó el puño y todo el grupo se detuvo y señaló hacia la izquierda.

10:47 Vi un cuerpo agachado junto a un árbol a poca distancia del sendero. Era un Nahual. Ríos indicó el blanco y uno de sus hombres disparó una vez. El Nahual cayó de lado y nadie se movió hacia él de inmediato. Molina usó el equipo térmico, esperó unos segundos y luego avanzó con otro soldado, mientras los demás cubrían alrededor. Cuando llegamos a verlo, estaba muerto. El cambio comenzó poco después. La cara fue perdiendo la forma alargada, la mandíbula se redujo y el cuerpo terminó con rasgos humanos. Yo permanecí a unos metros y Molina confirmó la muerte, marcó la posición y Ríos ordenó continuar, pero ninguno se quedó observando.

11:30 El segundo Nahual apareció cerca del arroyo, salió desde un costado y corrió hacia nosotros. Dos hombres que cubrían ese sector dispararon casi al mismo tiempo. La criatura cayó antes de entrar en la formación. Uno de los soldados mantuvo el arma sobre el cuerpo, mientras Molina comprobaba el resto del terreno. Después repitieron el mismo procedimiento. Confirmaron la muerte, marcaron el lugar y siguieron. Ahí entendí la diferencia entre lo que nos había ocurrido a nosotros y lo que estaba viendo con ellos. Los Nahuales atacaban igual. Entraban rápido por un costado, buscaban acercarse y aprovechaban cualquier separación. Con el grupo de Ríos no encontraban espacios abiertos. Cada movimiento quedaba cubierto por otro hombre, y la munición los detenía antes de que pudieran llegar a corta distancia. Seguimos hacia las chozas. En el camino encontramos el lugar donde había muerto Ortega. Su cuerpo seguía ahí. Ríos ordenó registrar la posición y continuar. Más adelante encontramos a López. Leal se acercó, confirmó la muerte y cubrió el cuerpo. Yo me detuve unos segundos, pero Ríos me indicó que siguiéramos. Dijo que primero teníamos que asegurar las chozas y después regresarían por ellos.

12:52 Al acercarnos al arroyo vimos huellas recientes en el barro. Varias iban en dirección al punto que buscábamos. Ríos detuvo al grupo, reunió a sus hombres y repasó las posiciones. No escuché toda la conversación, pero entendí lo principal. Entrarían desde distintos lados, mantendrían contacto entre ellos y ninguno perseguiría a un Nahual que intentara alejarlos del resto. Leal me llevó hasta un punto desde donde podía permanecer cubierto y ver parte de las chozas. Reconocí la primera y también el lugar donde habíamos encontrado a Benítez. Había sangre seca cerca de una entrada y varias marcas recientes en el suelo.

13:34 Uno de los hombres usó el equipo térmico y señaló dos construcciones. Ríos miró las posiciones de sus hombres, esperó hasta que todos confirmaron y levantó una mano. La orden llegó con un movimiento corto del brazo y el grupo empezó a avanzar. Los primeros dos hombres avanzaron por un costado, otros dos rodearon las chozas y Ríos quedó con Molina frente a la entrada principal. Leal me mantuvo detrás. fuera de la línea de fuego, y desde ahí pude seguir el movimiento del grupo. El primer Nahual salió cuando uno de los hombres se acercó a una de las construcciones. Corrió directo hacia él, pero dos disparos lo derribaron antes de que llegara. El soldado retrocedió un paso, mantuvo el arma arriba y otro hombre cubrió el espacio entre las chozas.

14:22 Casi enseguida salió otro por una puerta y trató de alcanzar los árboles. Ríos disparó primero, Molina hizo un segundo disparo y el Nahual cayó de frente. Ríos mantuvo a todos en posición. Molina revisó con el equipo térmico y señaló que todavía había movimiento dentro de las construcciones. Nadie entró. Esperaron hasta que otro Nahual salió por un costado y se lanzó hacia el hombre que cubría esa zona. Recibió varios impactos y cayó antes de alcanzarlo. El último permaneció dentro unos segundos más, luego intentó salir por la parte trasera. Dos soldados ya cubrían ese punto y dispararon en cuanto lo tuvieron a la vista. La criatura cayó antes de llegar a los árboles. Ninguno de los cuatro alcanzó a tocar a los hombres del equipo. Yo seguía detrás de Leal, viendo cómo cada salida quedaba cubierta. Los nahuales se movían rápido.

15:21 Pero los hombres de Ríos mantenían sus lugares y disparaban cuando tenían el blanco de frente. Nadie corrió detrás de las criaturas ni abandonó su sector. Cuando terminó el movimiento, Molina revisó los cuerpos uno por uno y confirmó las muertes. Con esos cuatro, el grupo llevaba ocho nahuales abatidos desde el inicio de la misión. Después entraron a revisar las chozas. Encontraron a Castillo dentro de una de ellas y a Benítez detrás de otra. Los reconocí de inmediato por el uniforme y el equipo que todavía llevaban. También hallaron ropa, mochilas, identificaciones y objetos que no pertenecían a nuestra patrulla. En un espacio bajo una de las construcciones había restos humanos junto con pertenencias de otras personas. Leal dijo que no podían identificar a nadie ahí y que todo debía trasladarse para revisión. Ríos pidió apoyo para la extracción y ordenó ampliar el perímetro antes de mover cuerpo su equipo. Me quedé con Leal mientras los demás revisaban alrededor. Uno de los hombres que vigilaba la parte trasera detectó movimiento entre los árboles y avisó. El noveno Nahual salió corriendo hacia las chozas. Dos soldados ajustaron su posición. Ríos les indicó que conservaran el sector y esperó a que la criatura quedara despejada. Él y otro hombre dispararon y el Nahual cayó antes de llegar al grupo. Molina revisó los alrededores, después se acercó al cuerpo, confirmó la muerte y marcó

16:53 la posición. Con ese eran nueve. Ninguno de los siete hombres había resultado herido. Ríos mantuvo la vigilancia y ordenó conservar las posiciones mientras llegaba el apoyo. El silencio después de los disparos duró bastante. Nadie hablaba más de lo necesario. Solo se escuchaban las indicaciones de ríos y las respuestas de sus hombres. Yo permanecí junto a Leal, con la pierna vendada, mirando hacia las chozas y esperando otro movimiento que no llegó. Cuando apareció el resto del elemento militar, comenzaron a recuperar los cuerpos y asegurar lo encontrado. Levantaron a Vela, Ortega, López, Castillo y Benítez. También prepararon los cuerpos de los Nahuales. y separaron las pertenencias halladas en las chozas. Cada objeto quedó registrado antes de guardarlo. Los restos encontrados debajo de la construcción fueron tratados por separado.

17:52 Regresé con ellos. Durante el trayecto, Leal revisó mi pierna varias veces y yo casi no hablé. En el destacamento me atendieron y después tomaron mi declaración. Dos días más tarde me llamaron para identificar a los cinco hombres de mi patrulla. Estaban todos. También me informaron que varias identificaciones encontradas en las chozas pertenecían a personas desaparecidas en otros puntos de la región, algunas desde años atrás. Antes de que la unidad de río saliera de la zona, volví a verlo. Me dijo que su misión en ese punto había terminado, porque el grupo localizado había sido eliminado. militares revisarían los lugares relacionados con las pertenencias recuperadas. Le pregunté si tenían información sobre más Nahuales. Respondió que todavía estaban revisando los datos y que él solo podía responder por la operación que acabábamos de terminar. No volví a verlo.

18:56 Mi participación terminó con la declaración, la identificación de mis compañeros y varios días de atención médica. Del lugar conservaron las evidencias, los cuerpos y todo lo encontrado bajo las chozas. A mí me entregaron únicamente mis pertenencias. La operación cerró ese punto, pero los objetos recuperados pertenecían a demasiadas personas y a distintos lugares. Eso quedó escrito en el informe. Yo solo podía declarar sobre lo que había visto ahí. Nueve Nahuales muertos, cinco hombres de mi patrulla recuperados... y un grupo militar que salió completo después del combate.