La Iglesia Maldita Del Pueblo: Entré Y Pagué Las Consecuencias - Historias De Terror - REDE
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
0:05 Viajé a San Jerónimo del Monte por trabajo, pues me mandaron a revisar un proyecto de agua y a levantar varios datos que faltaban para cerrar un informe. El pueblo estaba lejos de la carretera y la señal se perdÃa antes de llegar. Me quedé en casa de una señora llamada Ofelia, que rentaba cuartos a la gente que iba por encargos, trámites o comisiones cortas. Recuerdo bien esa llegada, porque desde el camino ya se sentÃa el aislamiento del lugar, no por algo extraño, sino porque todo quedaba lejos y el movimiento era poco. Yo iba con la idea de terminar rápido, hacer mis anotaciones, recoger firmas y regresar, sin imaginar que ese viaje iba a salirse del trabajo y quedarse conmigo después. El primer dÃa salà a caminar, para ubicarme y revisar los puntos que tenÃa marcados en mis papeles.
1:02 Al fondo del pueblo vi una iglesia abandonada. No estaba junto a la plaza, estaba apartada, detrás de unas casas y hacia un camino poco usado. Desde lejos se notaba que llevaba mucho tiempo cerrada. La puerta principal estaba caÃda. Adentro se alcanzaban a ver bancas viejas y el altar tenÃa manchas de humedad. No era una vista espectacular ni rara, pero sà llamaba la atención, que nadie pasaba por ahÃ. Mientras yo avanzaba por ese rumbo, vi gente cruzar por otras veredas y rodear esa parte sin necesidad. Eso fue lo primero que me hizo fijarme más de la cuenta. Esa noche le pregunté a Ofelia por la iglesia. Al principio respondió poco, dijo que ya no se usaba y que no tenÃa caso acercarse. Yo seguà preguntando por qué me sorprendió que estuviera tan apartada y tan abandonada. Entonces me contó lo que sabÃa. Me dijo que años atrás habÃa llegado un sacerdote nuevo y que desde el principio quiso cambiar varias costumbres del pueblo. Prohibió rezos que la gente hacÃa en las casas, criticó a quienes curaban con hierbas y habló en contra de una curandera y partera llamada Tomasa. que llevaba muchos años ayudando a enfermos, atendiendo partos y acompañando velorios cuando no habÃa médico. Ofelia no lo contó con dramatismo, lo dijo con claridad recordando lo que se habÃa repetido durante años entre la gente del pueblo.
2:34 Después me explicó que el conflicto fuerte empezó cuando una muchacha embarazada se puso grave y su familia llamó a Tomasa. También buscaron al sacerdote porque pensaron que la muchacha se estaba muriendo. Según la versión que quedó en el pueblo, el padre llegó, discutió con Tomasa y la sacó del cuarto. Dijo que no iba a permitir brujerÃas en una casa donde él estuviera presente. Tomasa se fue, pero antes le advirtió delante de varios que iba a pagar esa humillación. La muchacha sobrevivió. DÃas después, el sacerdote enfermó. Empezó con fiebre, malestar y diarrea. Lo sacaron del pueblo cuando ya estaba muy mal y murió poco después. Yo le pregunté a Ofelia si eso estaba comprobado o si era solo una historia repetida muchas veces. Ella me dijo que la muerte ocurrió y que habÃa papeles, pero que para la gente la causa nunca explicó del todo lo que pasó. Ahà no terminó el relato. ofelia agregó que después de ese sacerdote llegaron otros y que a ninguno le fue bien uno duró pocos meses y otro todavÃa menos los dos enfermaron después de usar la iglesia y los dos terminaron muertos fuera del pueblo a partir de eso empezó a correrse la idea de que el templo habÃa quedado maldito me dijo que por esa razón dejaron de usarlo y que con el paso de los años ya nadie quiso
4:06 hacerse cargo del lugar Mientras ella hablaba, yo trataba de ordenar lo que oÃa con lógica. Pensé en coincidencias, en enfermedad, en superstición y en la facilidad con la que un pueblo arma una explicación cuando tiene miedo. Pero también me quedó claro que no era una historia suelta. Era algo instalado en la memoria de todos. Al dÃa siguiente, trabajé con dos hombres del Comité del Agua. Medimos, revisamos tuberÃa vieja y anotamos las casas sin servicio. Yo intenté dejar la historia de lado y concentrarme en lo mÃo, pero el tema volvió solo. Uno de los hombres me preguntó si me habÃa acercado a la iglesia. Le dije que solo la habÃa visto. Entonces me aconsejó no ir por ese rumbo al final de la tarde, porque ahà se escuchaban grasnidos cuando no habÃa aves, y a veces se veÃa una sombra pegada al muro. No me lo dijo en broma ni con intención de asustarme. Más tarde, cuando revisé unas firmas con el comisariado, él vio que yo habÃa marcado el templo como referencia en mi libreta, y me pidió que lo borrara. Le pregunté por qué, y me dijo que, en el pueblo, preferÃa no señalar ese lugar más de lo necesario. Esa insistencia de varias personas en un mismo dÃa empezó a inquietarme. Antes de que oscureciera, volvà a acercarme a la iglesia. pero esta vez con la intención de mirar mejor y de quitarme la idea
5:37 de encima. No entré. Di la vuelta por un costado y llegué a la parte de atrás. Ahà habÃa una construcción pequeña que habÃa servido como casa parroquial. En una pared vi varios rayones largos y cerca de una grieta del piso encontré plumas negras. Eran grandes y estaban atoradas entre la tierra y el cemento. Saqué el teléfono para tomar una foto. Pero la cámara falló dos veces y se cerró sola. Lo intenté una vez más y volvió a pasar. Pensé que era un problema del aparato. Lo guardé y regresé a la casa. En el camino traté de darle una explicación simple a todo, pero ya iba más atenta a cualquier ruido y eso yo misma lo noté.
6:21 Esa noche empezaron los ruidos. Yo estaba en el cuarto revisando mis notas cuando escuché un golpe afuera de la ventana. Fue un sonido seco. fuerte seguido por un arrastre breve sobre el muro me levanté corrà un poco la cortina y no vi nada poco después oà un grasnido muy cerca del vidrio no sonó a las aves que se oyen en un patio o en un techo fue un ruido más grave y más corto abrà la puerta del cuarto y llamé a ofelia ella salió miró hacia mi puerta y me dijo que cerrara bien la ventana y que no me asomara otra vez Le pedà que se acercara conmigo, pero no quiso. Me dijo que ya sabÃa qué clase de ruido era y que no convenÃa abrir.
7:07 Le pregunté qué querÃa decir con eso y entonces bajó la voz para decirme que desde que yo habÃa vuelto del templo, algo se habÃa pegado a mÃ. Yo le respondà que seguro era un animal y que la historia me estaba afectando más de la cuenta. Ella me contestó que pensara lo que quisiera, pero que no abriera por ningún motivo. Seguà despierta. Después escuché pasos sobre el techo y luego el mismo grasnido, ahora más lejos. Traté de convencerme de que se trataba de un ave grande. Me senté en la cama y esperé a que todo pasara, pero al rato vi una sombra cruzar frente a la ventana.
7:49 La cortina estaba cerrada y solo entraba la luz del patio. Aún asÃ, se distinguÃa un bulto alto que se detuvo justo al centro. No se mantuvo quieto. En la parte de arriba habÃa movimiento, una apertura y un cierre rápidos, y enseguida la tela se marcó hacia adentro por una presión desde afuera. Eso fue lo que me hizo dejar de pensar en un ruido cualquiera. Ya no era solo algo que se oÃa, era una presencia pegada a mi ventana. No dormà y cuando empezó a aclarar abrà la ventana con cuidado. En el patio habÃa tierra removida. Junto al muro encontré tres plumas negras y una tenÃa la punta manchada con lodo oscuro. Fui con Ofelia. Me dijo que debÃamos ir con una señora del pueblo que sabÃa de esas cosas. Yo me negué y le respondà que primero iba a terminar mi trabajo y después verÃa qué hacer.
8:48 Traté de mantener la calma, pero ya estaba alterada y eso se me notaba en la voz, no por lo que me habÃan contado la noche anterior, sino por lo que yo misma habÃa escuchado y visto afuera del cuarto. Ese fue el momento en que la historia dejó de ser ajena y empezó a tocarme de frente. Ese dÃa trabajé mal, me costaba concentrarme y cometà errores al pasar medidas a la libreta. Uno de los hombres del comité me preguntó si me y no quise contar más al volver a la casa escuché a ofelia hablar con otra mujer que resultó ser su hermana las dos comentaban que eso se habÃa acercado demasiado rápido les pedà que me hablaran claro la hermana de ofelia me preguntó si yo habÃa entrado al templo o si habÃa tocado algo de ahà le respondà que no que sólo habÃa rodeado el lugar y que ni siquiera logré guardar las fotos y Entonces me dijo que a veces bastaba con acercarse de más.
9:54 Yo seguÃa resistiéndome a creerlo, pero ya no podÃa negar que algo estaba ocurriendo. No acepté ir con la señora que querÃan presentarme. En lugar de eso, fui a la presidencia auxiliar a terminar un pendiente y pregunté si existÃa algún registro sobre los sacerdotes que habÃan muerto. Un empleado me dijo que en unos libros viejos se mencionaba al primer y que, según una copia que él recordaba, la causa habÃa sido una infección intestinal severa. Cuando le pregunté por qué, entonces seguÃan hablando de maldición. Respondió que la enfermedad empezó justo después del pleito con Tomasa, y que para los viejos del pueblo lo que vieron en esos dÃas no tuvo una explicación normal. Salà de ahà sin una respuesta clara, pero con una idea firme, terminar lo que faltaba e irme cuanto antes. En ese momento todavÃa pensaba que saliendo del pueblo todo iba a terminar. Ahà fue donde me equivoqué. Esa segunda noche tomé precauciones simples, más por nervios que por convicción. Recargué una silla en la puerta del cuarto, puse la maleta frente a la ventana y dejé el celular conectado cerca de la cama.
11:09 No estaba lista para decir que habÃa algo sobrenatural, pero sà tenÃa claro que la noche anterior alguien o algo habÃa rondado la casa. Yo querÃa escuchar cualquier movimiento y querÃa irme del pueblo en cuanto amaneciera. Me acosté vestida sin apagar del todo la atención, con esa sensación incómoda que se mete en el cuerpo cuando una ya no confÃa en el lugar donde está durmiendo. Al principio no se oyó nada, la casa quedó en silencio, y por un momento pensé que tal vez todo habÃa sido una mezcla de cansancio, miedo y sugestión. Esa idea me duró poco. Empecé a escuchar un rasguño detrás de la puerta del patio, lento, repetido, firme.
11:54 No era un golpe aislado ni el roce suelto de una rama. Era un arrastre insistente sobre la madera. Me incorporé en la cama y me quedé quieta. tratando de ubicar la dirección exacta del ruido. Después vino el grasnido. Lo reconocà al instante porque era el mismo de la noche anterior. Grave, corto y muy cercano. No quise ir por Ofelia. Me preocupaba que abriera por mi culpa y empeorara todo. El rasguño se cortó de repente y enseguida sonó un golpe en el techo. Luego, otro. El segundo cayó más cerca del pasillo y me dejó claro que eso seguÃa encima de la casa. Ya no me quedé acostada.
12:35 Me acerqué despacio a la ventana y levanté apenas un borde de la cortina, lo justo para mirar hacia el patio sin prender la luz. Vi una sombra avanzar pegada al muro. No llevaba un movimiento regular. Daba saltos cortos, se frenaba y volvÃa a avanzar. En un punto se levantó más y ahà alcancé a ver la parte alta del cuerpo. No era un pájaro común ni un perro. tenÃa volumen altura y un movimiento extraño en la parte superior cuando giró hacia mi ventana vi dos reflejos bajos breves y duros solté la cortina en el mismo instante el vidrio recibió un golpe seco y la maleta se movió casi al mismo tiempo la silla recargada en la puerta cayó hacia un lado yo no estaba cerca de ella y ahà perdà la calma por completo Agarré el teléfono y traté de llamar a mi jefe para decirle que me iba del pueblo esa misma noche, con trabajo o sin trabajo, pero no entró la llamada. Salà del cuarto y fui al de Ofelia. Ella ya estaba despierta, ni siquiera tuve que explicarle todo. Me vio la cara y me dijo que no saliéramos, que eso estaba dando vueltas alrededor de la casa. Yo le respondà que no me iba a quedar encerrada esperando. Pero en ese momento sonaron tres golpes seguidos en el techo, justo encima de nosotras.
14:02 Fueron golpes secos, pesados, nada que ver con pasos ligeros o con el crujido normal de una lámina. Ofelia sacó una botella pequeña con agua bendita, echó un poco en la entrada y me dijo que regresara al cuarto. También me advirtió que no respondiera si escuchaba mi nombre. No discutÃ. Ya no estaba pensando en explicar nada, solo querÃa llegar viva al amanecer. Volvà al cuarto y me senté en la cama con el celular en la mano. Afuera siguieron los ruidos. Escuchaba roces en la pared, golpes en el techo y esos grasnidos cortos, unas veces cerca de la ventana y otras más retirados, pero siempre dentro del mismo cÃrculo, el de la casa. Hubo momentos en que pensé que ya se habÃa ido. y enseguida volvÃa a oÃrse algo en otro lado. No supe cuánto tiempo pasó. El miedo te cambia la medida de las horas y te deja atrapada en sonidos muy simples. Yo miraba la puerta, la ventana, la pantalla sin señal y la sombra del cuarto, sin animarme a cerrar los ojos. Cuando todo se cayó ya estaba aclarando. No hubo un último golpe ni una salida clara, solo un silencio repentino. esperé un poco más y hasta entonces abrà la puerta apenas hubo luz salimos al patio en la tierra habÃa marcas profundas y varias plumas negras en la puerta del patio encontramos dos rayones largos recientes
15:34 limpios visibles desde lejos yo les tomé fotos y esta vez si se guardaron en cuanto logré tener señal se las mandé a mi jefe y le dije que no me iba a quedar un minuto más Me respondió que regresara de inmediato y que otra persona cerrarÃa el informe. No intentó convencerme ni hacerme preguntas largas. Creo que la forma en que le hablé bastó para que entendiera que no estaba haciendo un drama. Guardé mis cosas, me despedà de Ofelia y me fui del pueblo ese mismo dÃa, convencida de que el problema terminaba en el momento en que me alejara de esa iglesia y de esa casa.
16:15 Yo todavÃa pensaba que la distancia iba a poner orden en lo que acababa de pasar. No fue asÃ. Los primeros dÃas en la ciudad me quedé con mi hermana porque no querÃa dormir sola. Le conté una versión corta. Le dije que durante una comisión habÃa pasado algo raro y que me sentÃa intranquila. Ella trató de bajarle peso al asunto y yo se lo permitÃ. porque también necesitaba pensar que todo podÃa volver a la normalidad una noche escuchamos un golpe en la ventana del patio de servicio fuimos a revisar y no vimos nada más tarde se oyó un grasnido en la azotea mi hermana dijo que podÃa ser un ave yo no respondà sentà el mismo miedo que habÃa sentido en San Jerónimo al dÃa siguiente aparecieron tres plumas negras junto al lavadero mi hermana dijo que pudieron entrar con el viento Yo guardé silencio otra vez, pero por dentro ya sabÃa que eso no se habÃa quedado en el pueblo. Volvà a mi departamento cuando creà que lo mejor era retomar mi rutina y dejar de depender del miedo. Los problemas siguieron. No eran diarios y eso los volvÃa peores porque me obligaban a bajar la guardia.
17:33 HabÃa noches tranquilas y luego, sin aviso, sonaba un golpe seco en la ventana, una risa demonÃaca. o veÃa una sombra detenerse detrás de la cortina. En otra ocasión apagué la luz del cuarto y vi una sombra pasar por la rendija de la puerta y quedarse quieta del otro lado. No abrÃ. Me quedé sentada hasta el amanecer. Empecé a llegar cansada al trabajo, a cometer errores que antes no cometÃa y a inventar excusas para no quedarme sola. Mi vida se empezó a ordenar en función de evitar la noche. evitar el silencio y evitar cualquier ventana que diera al patio o a la calle. Fue entonces cuando busqué ayuda.
18:18 Una compañera de la oficina me recomendó a una bruja. Yo nunca habÃa ido con alguien asà y en otra etapa de mi vida me habrÃa negado sin pensarlo. En ese momento ya habÃa intentado ignorarlo, razonarlo y reducirlo a coincidencias y nada de eso me estaba sirviendo. La mujer me escuchó hasta el final, después me dijo que yo traÃa pegada una entidad que se habÃa acercado en la iglesia y que se alimentaba del miedo y del desgaste. También me dijo que no iba a desaparecer solo porque yo cambiara de casa o tratara de hacer de cuenta que no pasaba nada. Yo no tenÃa forma de comprobar lo que decÃa, pero reconocà varias cosas de mi situación en sus palabras, el cansancio, La sensación de vigilancia, el ruido en las ventanas y la presión constante. Me hizo una limpia sencilla, me dio indicaciones para rezar y me pidió usar agua bendita en puertas y ventanas durante varios dÃas.
19:20 Lo hice porque ya no tenÃa otra cosa a la mano. No voy a decir que eso resolvió todo, porque no serÃa cierto. Lo que sà pasó fue esto, los episodios bajaron. Dejé de escuchar golpes casi todas las noches, los grasnidos se hicieron esporádicos y las sombras dejaron de plantarse frente al vidrio. Aún asà no desapareció del todo. De vez en cuando sigo encontrando una pluma negra en lugares cerrados de la casa, una sola, nunca muchas. También me ha pasado despertar de golpe con la certeza de que hay algo afuera del cuarto. Me levanto, reviso y no encuentro a nadie. Después de eso, pedà que me quitaran de cualquier comisión en esa zona. Mi jefe me ofreció cambiarme solo de ruta y seguir con el mismo trabajo. Le dije que no. No volvà a San Jerónimo del Monte, ni acepté encargos en pueblos cercanos. Perdà dinero y oportunidades por esa decisión, pero fue la única decisión firme que pude tomar. No obtuve una explicación completa ni un cierre limpio.
20:27 Lo único que tengo es el recuerdo de lo que vi, de lo que oà y de lo que me siguió después. Con eso me basta para saber que no voy a regresar.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed