April 18, 2026

La Iglesia Maldita Del Pueblo: Entré Y Pagué Las Consecuencias - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Viajé a San Jerónimo del Monte por trabajo, pues me mandaron a revisar un proyecto de agua y a levantar varios datos que faltaban para cerrar un informe. El pueblo estaba lejos de la carretera y la señal se perdía antes de llegar. Me quedé en casa de una señora llamada Ofelia, que rentaba cuartos a la gente que iba por encargos, trámites o comisiones cortas. Recuerdo bien esa llegada, porque desde el camino ya se sentía el aislamiento del lugar, no por algo extraño, sino porque todo quedaba lejos y el movimiento era poco. Yo iba con la idea de terminar rápido, hacer mis anotaciones, recoger firmas y regresar, sin imaginar que ese viaje iba a salirse del trabajo y quedarse conmigo después. El primer día salí a caminar, para ubicarme y revisar los puntos que tenía marcados en mis papeles.

1:02 Al fondo del pueblo vi una iglesia abandonada. No estaba junto a la plaza, estaba apartada, detrás de unas casas y hacia un camino poco usado. Desde lejos se notaba que llevaba mucho tiempo cerrada. La puerta principal estaba caída. Adentro se alcanzaban a ver bancas viejas y el altar tenía manchas de humedad. No era una vista espectacular ni rara, pero sí llamaba la atención, que nadie pasaba por ahí. Mientras yo avanzaba por ese rumbo, vi gente cruzar por otras veredas y rodear esa parte sin necesidad. Eso fue lo primero que me hizo fijarme más de la cuenta. Esa noche le pregunté a Ofelia por la iglesia. Al principio respondió poco, dijo que ya no se usaba y que no tenía caso acercarse. Yo seguí preguntando por qué me sorprendió que estuviera tan apartada y tan abandonada. Entonces me contó lo que sabía. Me dijo que años atrás había llegado un sacerdote nuevo y que desde el principio quiso cambiar varias costumbres del pueblo. Prohibió rezos que la gente hacía en las casas, criticó a quienes curaban con hierbas y habló en contra de una curandera y partera llamada Tomasa. que llevaba muchos años ayudando a enfermos, atendiendo partos y acompañando velorios cuando no había médico. Ofelia no lo contó con dramatismo, lo dijo con claridad recordando lo que se había repetido durante años entre la gente del pueblo.

2:34 Después me explicó que el conflicto fuerte empezó cuando una muchacha embarazada se puso grave y su familia llamó a Tomasa. También buscaron al sacerdote porque pensaron que la muchacha se estaba muriendo. Según la versión que quedó en el pueblo, el padre llegó, discutió con Tomasa y la sacó del cuarto. Dijo que no iba a permitir brujerías en una casa donde él estuviera presente. Tomasa se fue, pero antes le advirtió delante de varios que iba a pagar esa humillación. La muchacha sobrevivió. Días después, el sacerdote enfermó. Empezó con fiebre, malestar y diarrea. Lo sacaron del pueblo cuando ya estaba muy mal y murió poco después. Yo le pregunté a Ofelia si eso estaba comprobado o si era solo una historia repetida muchas veces. Ella me dijo que la muerte ocurrió y que había papeles, pero que para la gente la causa nunca explicó del todo lo que pasó. Ahí no terminó el relato. ofelia agregó que después de ese sacerdote llegaron otros y que a ninguno le fue bien uno duró pocos meses y otro todavía menos los dos enfermaron después de usar la iglesia y los dos terminaron muertos fuera del pueblo a partir de eso empezó a correrse la idea de que el templo había quedado maldito me dijo que por esa razón dejaron de usarlo y que con el paso de los años ya nadie quiso

4:06 hacerse cargo del lugar Mientras ella hablaba, yo trataba de ordenar lo que oía con lógica. Pensé en coincidencias, en enfermedad, en superstición y en la facilidad con la que un pueblo arma una explicación cuando tiene miedo. Pero también me quedó claro que no era una historia suelta. Era algo instalado en la memoria de todos. Al día siguiente, trabajé con dos hombres del Comité del Agua. Medimos, revisamos tubería vieja y anotamos las casas sin servicio. Yo intenté dejar la historia de lado y concentrarme en lo mío, pero el tema volvió solo. Uno de los hombres me preguntó si me había acercado a la iglesia. Le dije que solo la había visto. Entonces me aconsejó no ir por ese rumbo al final de la tarde, porque ahí se escuchaban grasnidos cuando no había aves, y a veces se veía una sombra pegada al muro. No me lo dijo en broma ni con intención de asustarme. Más tarde, cuando revisé unas firmas con el comisariado, él vio que yo había marcado el templo como referencia en mi libreta, y me pidió que lo borrara. Le pregunté por qué, y me dijo que, en el pueblo, prefería no señalar ese lugar más de lo necesario. Esa insistencia de varias personas en un mismo día empezó a inquietarme. Antes de que oscureciera, volví a acercarme a la iglesia. pero esta vez con la intención de mirar mejor y de quitarme la idea

5:37 de encima. No entré. Di la vuelta por un costado y llegué a la parte de atrás. Ahí había una construcción pequeña que había servido como casa parroquial. En una pared vi varios rayones largos y cerca de una grieta del piso encontré plumas negras. Eran grandes y estaban atoradas entre la tierra y el cemento. Saqué el teléfono para tomar una foto. Pero la cámara falló dos veces y se cerró sola. Lo intenté una vez más y volvió a pasar. Pensé que era un problema del aparato. Lo guardé y regresé a la casa. En el camino traté de darle una explicación simple a todo, pero ya iba más atenta a cualquier ruido y eso yo misma lo noté.

6:21 Esa noche empezaron los ruidos. Yo estaba en el cuarto revisando mis notas cuando escuché un golpe afuera de la ventana. Fue un sonido seco. fuerte seguido por un arrastre breve sobre el muro me levanté corrí un poco la cortina y no vi nada poco después oí un grasnido muy cerca del vidrio no sonó a las aves que se oyen en un patio o en un techo fue un ruido más grave y más corto abrí la puerta del cuarto y llamé a ofelia ella salió miró hacia mi puerta y me dijo que cerrara bien la ventana y que no me asomara otra vez Le pedí que se acercara conmigo, pero no quiso. Me dijo que ya sabía qué clase de ruido era y que no convenía abrir.

7:07 Le pregunté qué quería decir con eso y entonces bajó la voz para decirme que desde que yo había vuelto del templo, algo se había pegado a mí. Yo le respondí que seguro era un animal y que la historia me estaba afectando más de la cuenta. Ella me contestó que pensara lo que quisiera, pero que no abriera por ningún motivo. Seguí despierta. Después escuché pasos sobre el techo y luego el mismo grasnido, ahora más lejos. Traté de convencerme de que se trataba de un ave grande. Me senté en la cama y esperé a que todo pasara, pero al rato vi una sombra cruzar frente a la ventana.

7:49 La cortina estaba cerrada y solo entraba la luz del patio. Aún así, se distinguía un bulto alto que se detuvo justo al centro. No se mantuvo quieto. En la parte de arriba había movimiento, una apertura y un cierre rápidos, y enseguida la tela se marcó hacia adentro por una presión desde afuera. Eso fue lo que me hizo dejar de pensar en un ruido cualquiera. Ya no era solo algo que se oía, era una presencia pegada a mi ventana. No dormí y cuando empezó a aclarar abrí la ventana con cuidado. En el patio había tierra removida. Junto al muro encontré tres plumas negras y una tenía la punta manchada con lodo oscuro. Fui con Ofelia. Me dijo que debíamos ir con una señora del pueblo que sabía de esas cosas. Yo me negué y le respondí que primero iba a terminar mi trabajo y después vería qué hacer.

8:48 Traté de mantener la calma, pero ya estaba alterada y eso se me notaba en la voz, no por lo que me habían contado la noche anterior, sino por lo que yo misma había escuchado y visto afuera del cuarto. Ese fue el momento en que la historia dejó de ser ajena y empezó a tocarme de frente. Ese día trabajé mal, me costaba concentrarme y cometí errores al pasar medidas a la libreta. Uno de los hombres del comité me preguntó si me y no quise contar más al volver a la casa escuché a ofelia hablar con otra mujer que resultó ser su hermana las dos comentaban que eso se había acercado demasiado rápido les pedí que me hablaran claro la hermana de ofelia me preguntó si yo había entrado al templo o si había tocado algo de ahí le respondí que no que sólo había rodeado el lugar y que ni siquiera logré guardar las fotos y Entonces me dijo que a veces bastaba con acercarse de más.

9:54 Yo seguía resistiéndome a creerlo, pero ya no podía negar que algo estaba ocurriendo. No acepté ir con la señora que querían presentarme. En lugar de eso, fui a la presidencia auxiliar a terminar un pendiente y pregunté si existía algún registro sobre los sacerdotes que habían muerto. Un empleado me dijo que en unos libros viejos se mencionaba al primer y que, según una copia que él recordaba, la causa había sido una infección intestinal severa. Cuando le pregunté por qué, entonces seguían hablando de maldición. Respondió que la enfermedad empezó justo después del pleito con Tomasa, y que para los viejos del pueblo lo que vieron en esos días no tuvo una explicación normal. Salí de ahí sin una respuesta clara, pero con una idea firme, terminar lo que faltaba e irme cuanto antes. En ese momento todavía pensaba que saliendo del pueblo todo iba a terminar. Ahí fue donde me equivoqué. Esa segunda noche tomé precauciones simples, más por nervios que por convicción. Recargué una silla en la puerta del cuarto, puse la maleta frente a la ventana y dejé el celular conectado cerca de la cama.

11:09 No estaba lista para decir que había algo sobrenatural, pero sí tenía claro que la noche anterior alguien o algo había rondado la casa. Yo quería escuchar cualquier movimiento y quería irme del pueblo en cuanto amaneciera. Me acosté vestida sin apagar del todo la atención, con esa sensación incómoda que se mete en el cuerpo cuando una ya no confía en el lugar donde está durmiendo. Al principio no se oyó nada, la casa quedó en silencio, y por un momento pensé que tal vez todo había sido una mezcla de cansancio, miedo y sugestión. Esa idea me duró poco. Empecé a escuchar un rasguño detrás de la puerta del patio, lento, repetido, firme.

11:54 No era un golpe aislado ni el roce suelto de una rama. Era un arrastre insistente sobre la madera. Me incorporé en la cama y me quedé quieta. tratando de ubicar la dirección exacta del ruido. Después vino el grasnido. Lo reconocí al instante porque era el mismo de la noche anterior. Grave, corto y muy cercano. No quise ir por Ofelia. Me preocupaba que abriera por mi culpa y empeorara todo. El rasguño se cortó de repente y enseguida sonó un golpe en el techo. Luego, otro. El segundo cayó más cerca del pasillo y me dejó claro que eso seguía encima de la casa. Ya no me quedé acostada.

12:35 Me acerqué despacio a la ventana y levanté apenas un borde de la cortina, lo justo para mirar hacia el patio sin prender la luz. Vi una sombra avanzar pegada al muro. No llevaba un movimiento regular. Daba saltos cortos, se frenaba y volvía a avanzar. En un punto se levantó más y ahí alcancé a ver la parte alta del cuerpo. No era un pájaro común ni un perro. tenía volumen altura y un movimiento extraño en la parte superior cuando giró hacia mi ventana vi dos reflejos bajos breves y duros solté la cortina en el mismo instante el vidrio recibió un golpe seco y la maleta se movió casi al mismo tiempo la silla recargada en la puerta cayó hacia un lado yo no estaba cerca de ella y ahí perdí la calma por completo Agarré el teléfono y traté de llamar a mi jefe para decirle que me iba del pueblo esa misma noche, con trabajo o sin trabajo, pero no entró la llamada. Salí del cuarto y fui al de Ofelia. Ella ya estaba despierta, ni siquiera tuve que explicarle todo. Me vio la cara y me dijo que no saliéramos, que eso estaba dando vueltas alrededor de la casa. Yo le respondí que no me iba a quedar encerrada esperando. Pero en ese momento sonaron tres golpes seguidos en el techo, justo encima de nosotras.

14:02 Fueron golpes secos, pesados, nada que ver con pasos ligeros o con el crujido normal de una lámina. Ofelia sacó una botella pequeña con agua bendita, echó un poco en la entrada y me dijo que regresara al cuarto. También me advirtió que no respondiera si escuchaba mi nombre. No discutí. Ya no estaba pensando en explicar nada, solo quería llegar viva al amanecer. Volví al cuarto y me senté en la cama con el celular en la mano. Afuera siguieron los ruidos. Escuchaba roces en la pared, golpes en el techo y esos grasnidos cortos, unas veces cerca de la ventana y otras más retirados, pero siempre dentro del mismo círculo, el de la casa. Hubo momentos en que pensé que ya se había ido. y enseguida volvía a oírse algo en otro lado. No supe cuánto tiempo pasó. El miedo te cambia la medida de las horas y te deja atrapada en sonidos muy simples. Yo miraba la puerta, la ventana, la pantalla sin señal y la sombra del cuarto, sin animarme a cerrar los ojos. Cuando todo se cayó ya estaba aclarando. No hubo un último golpe ni una salida clara, solo un silencio repentino. esperé un poco más y hasta entonces abrí la puerta apenas hubo luz salimos al patio en la tierra había marcas profundas y varias plumas negras en la puerta del patio encontramos dos rayones largos recientes

15:34 limpios visibles desde lejos yo les tomé fotos y esta vez si se guardaron en cuanto logré tener señal se las mandé a mi jefe y le dije que no me iba a quedar un minuto más Me respondió que regresara de inmediato y que otra persona cerraría el informe. No intentó convencerme ni hacerme preguntas largas. Creo que la forma en que le hablé bastó para que entendiera que no estaba haciendo un drama. Guardé mis cosas, me despedí de Ofelia y me fui del pueblo ese mismo día, convencida de que el problema terminaba en el momento en que me alejara de esa iglesia y de esa casa.

16:15 Yo todavía pensaba que la distancia iba a poner orden en lo que acababa de pasar. No fue así. Los primeros días en la ciudad me quedé con mi hermana porque no quería dormir sola. Le conté una versión corta. Le dije que durante una comisión había pasado algo raro y que me sentía intranquila. Ella trató de bajarle peso al asunto y yo se lo permití. porque también necesitaba pensar que todo podía volver a la normalidad una noche escuchamos un golpe en la ventana del patio de servicio fuimos a revisar y no vimos nada más tarde se oyó un grasnido en la azotea mi hermana dijo que podía ser un ave yo no respondí sentí el mismo miedo que había sentido en San Jerónimo al día siguiente aparecieron tres plumas negras junto al lavadero mi hermana dijo que pudieron entrar con el viento Yo guardé silencio otra vez, pero por dentro ya sabía que eso no se había quedado en el pueblo. Volví a mi departamento cuando creí que lo mejor era retomar mi rutina y dejar de depender del miedo. Los problemas siguieron. No eran diarios y eso los volvía peores porque me obligaban a bajar la guardia.

17:33 Había noches tranquilas y luego, sin aviso, sonaba un golpe seco en la ventana, una risa demoníaca. o veía una sombra detenerse detrás de la cortina. En otra ocasión apagué la luz del cuarto y vi una sombra pasar por la rendija de la puerta y quedarse quieta del otro lado. No abrí. Me quedé sentada hasta el amanecer. Empecé a llegar cansada al trabajo, a cometer errores que antes no cometía y a inventar excusas para no quedarme sola. Mi vida se empezó a ordenar en función de evitar la noche. evitar el silencio y evitar cualquier ventana que diera al patio o a la calle. Fue entonces cuando busqué ayuda.

18:18 Una compañera de la oficina me recomendó a una bruja. Yo nunca había ido con alguien así y en otra etapa de mi vida me habría negado sin pensarlo. En ese momento ya había intentado ignorarlo, razonarlo y reducirlo a coincidencias y nada de eso me estaba sirviendo. La mujer me escuchó hasta el final, después me dijo que yo traía pegada una entidad que se había acercado en la iglesia y que se alimentaba del miedo y del desgaste. También me dijo que no iba a desaparecer solo porque yo cambiara de casa o tratara de hacer de cuenta que no pasaba nada. Yo no tenía forma de comprobar lo que decía, pero reconocí varias cosas de mi situación en sus palabras, el cansancio, La sensación de vigilancia, el ruido en las ventanas y la presión constante. Me hizo una limpia sencilla, me dio indicaciones para rezar y me pidió usar agua bendita en puertas y ventanas durante varios días.

19:20 Lo hice porque ya no tenía otra cosa a la mano. No voy a decir que eso resolvió todo, porque no sería cierto. Lo que sí pasó fue esto, los episodios bajaron. Dejé de escuchar golpes casi todas las noches, los grasnidos se hicieron esporádicos y las sombras dejaron de plantarse frente al vidrio. Aún así no desapareció del todo. De vez en cuando sigo encontrando una pluma negra en lugares cerrados de la casa, una sola, nunca muchas. También me ha pasado despertar de golpe con la certeza de que hay algo afuera del cuarto. Me levanto, reviso y no encuentro a nadie. Después de eso, pedí que me quitaran de cualquier comisión en esa zona. Mi jefe me ofreció cambiarme solo de ruta y seguir con el mismo trabajo. Le dije que no. No volví a San Jerónimo del Monte, ni acepté encargos en pueblos cercanos. Perdí dinero y oportunidades por esa decisión, pero fue la única decisión firme que pude tomar. No obtuve una explicación completa ni un cierre limpio.

20:27 Lo único que tengo es el recuerdo de lo que vi, de lo que oí y de lo que me siguió después. Con eso me basta para saber que no voy a regresar.