Debimos Irnos Desde El Principio: La Advertencia Del Territorio
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0:05 La primera vez que aquella cosa nos ordenó salir de la montaña, todavÃa estábamos junto a la camioneta. Los cuatro escuchamos la voz al mismo tiempo, grave, clara y lo bastante fuerte para detenernos mientras descargábamos el equipo. VenÃa de la ladera, desde una zona cubierta de árboles, y nos ordenaba que nos fuéramos, que ese era su territorio. Nos quedamos mirando hacia arriba, buscando a una persona entre la vegetación, pero no vimos a nadie. Tampoco escuchamos pasos, herramientas, ni otra voz, solo el ruido del monte y el motor enfriándose detrás de nosotros. Yo trabajaba como ingeniero civil para una empresa que hacÃa estudios de terreno, y ese dÃa habÃa llegado con Pedro, que era geólogo, Sergio, topógrafo, y Mario, técnico de campo. Nos habÃan enviado a revisar una zona afectada por un deslizamiento, seguir parte de un antiguo camino de mantenimiento. y comprobar si el terreno podÃa utilizarse después para meter maquinaria. HabÃamos manejado varias horas para llegar, y la zona quedaba lejos de las poblaciones cercanas, asà que pensamos que alguien vivÃa o trabajaba por ahÃ, y no querÃa gente entrando. Pedro levantó la voz y explicó que éramos personal autorizado, que solo harÃamos una inspección y nos irÃamos al terminar. Esperamos, pero nadie contestó. Mario dijo que
1:35 preferÃa regresar. Sergio tampoco estaba cómodo, aunque ninguno sabÃa quién habÃa hablado, ni desde qué punto exacto. TenÃamos el equipo listo, el trabajo llevaba dÃas pendiente y el trayecto hasta ahà habÃa sido largo, por eso decidimos seguir. Pensamos que si encontrábamos a la persona que habÃa gritado, podrÃamos hablar con ella y resolverlo. Empezamos a subir por el camino viejo, sin separarnos mucho, y durante el primer tramo no ocurrió nada fuera de lo normal. Llegamos al primer punto que debÃamos revisar. Sergio comenzó con las mediciones, Pedro examinó el terreno y Mario tomó fotografÃas con el teléfono. Yo estaba pendiente de una parte de la ladera cuando escuché una rama romperse a nuestra derecha. Casi enseguida sonó otra más adelante.
2:28 Pedro miró hacia los árboles y señaló entre los troncos. Alcancé a ver una forma oscura cruzar y desaparecer detrás de un árbol. No distinguà qué era, solo vi que se movÃa a una altura mayor de la que esperaba para un animal pequeño. Sergio preguntó si lo habÃamos visto. Pedro y yo le dijimos que sÃ, pero Mario no alcanzó a verlo. Seguimos trabajando, aunque ya ninguno se alejaba del grupo. A los pocos minutos volvió el movimiento dentro de la vegetación. Caminábamos y se escuchaban ramas, nos detenÃamos y el ruido cesaba. VolvÃamos a avanzar y, después de unos segundos, algo se movÃa otra vez. Pedro dijo que podÃa tratarse de un animal siguiéndonos y que lo mejor era mantenernos juntos. Más adelante escuchamos un rugido corto y fuerte.
3:22 Los cuatro paramos. El sonido habÃa salido del bosque, cerca del camino, pero no vimos nada. Mario preguntó qué animal podÃa producirlo y Pedro respondió que no lo identificaba. Seguimos subiendo y poco después encontramos varias marcas en una parte húmeda del suelo. Sergio se agachó a revisarlas. Eran huellas grandes y una de ellas estaba completa. La medimos porque llevábamos la cinta a la mano y superaba los 30 centÃmetros. La parte trasera era ancha y delante se distinguÃan cinco marcas. Pedro buscó alrededor y encontró otras pisadas en la misma dirección que nosotros, y Mario les tomó varias fotografÃas con su teléfono. Hablamos brevemente de un oso, pero Pedro dijo que la forma no coincidÃa con las huellas de oso que él conocÃa. Nadie quiso asegurar nada. Continuamos por el camino porque todavÃa querÃamos terminar la inspección. Conforme subÃamos, los sonidos aparecieron con más frecuencia. A veces algo se movÃa a la derecha. Luego escuchábamos ramas al otro lado del camino.
4:34 No lograba verlo completo. En una ocasión distinguà parte de un cuerpo oscuro detrás de varios árboles. Alto, quieto, y cuando fijé la vista ya no estaba. Un poco después escuchamos la voz por segunda vez. Esta vez solo nos ordenó regresar. Las palabras llegaron claras y los cuatro las entendimos. Mario dijo que ya era suficiente y que debÃamos bajar. Sergio estuvo de acuerdo y yo también querÃa terminar ahÃ. Pedro señaló que estábamos cerca de la zona principal del deslizamiento y propuso llegar únicamente hasta ese punto, revisar lo necesario y regresar. No discutimos mucho, aceptamos y caminamos juntos, hablando solo lo necesario y mirando hacia los árboles cada pocos metros. Cuando llegamos al deslizamiento, Pedro empezó a revisar el terreno. Sergio buscó uno de los puntos marcados y yo observé la parte alta de la ladera. Mario nos llamó desde unos metros más adelante. HabÃa encontrado una mochila parcialmente cubierta de tierra. La sacamos y vimos que todavÃa tenÃa pertenencias dentro, pero no encontramos ningún documento que nos dijera de quién era. El hallazgo nos preocupó. porque alguien habÃa llegado hasta esa parte de la montaña y habÃa dejado ahà sus cosas. No sabÃamos cuánto tiempo llevaban abandonadas, ni qué habÃa ocurrido con su dueño. Mientras revisábamos la mochila,
6:06 escuchamos otro rugido, mucho más cerca. Nos levantamos de inmediato. Casi enseguida llegó otro sonido desde atrás, por la dirección del camino que habÃamos usado para subir. No sabÃamos si era el mismo animal moviéndose alrededor, o si habÃa más de uno. Pedro cerró su equipo y dijo que nos marchábamos, y esta vez nadie discutió. Guardamos solo lo que tenÃamos a la mano y empezamos a bajar por el mismo camino. Sergio iba adelante, yo caminaba detrás de él. Pedro y Mario cerraban el grupo. Llevábamos unos minutos descendiendo cuando Sergio levantó una mano y se detuvo. Frené detrás de él y miré hacia donde estaba viendo. Entre los árboles habÃa una figura alta y oscura, quieta, a poca distancia del camino.
6:56 Pensé en un oso erguido, pero la figura dio un paso hacia nosotros y luego otro. Caminaba sobre dos piernas. Salió de la vegetación y quedó a la vista. Era más alta que cualquiera de nosotros. TenÃa el cuerpo cubierto de pelo oscuro, hombros anchos, brazos largos y una cabeza grande inclinada hacia adelante, y las manos colgaban a los lados». Nos quedamos quietos. Pedro nos indicó en voz baja que retrocediéramos despacio y obedecimos, pero la figura avanzó al mismo tiempo. Al acercarse, pudimos ver mejor las manos. Los dedos terminaban en uñas largas. Sergio retrocedÃa sin apartar la vista. Mario estaba detrás de mà y preguntó qué era aquello, pero nadie tenÃa una respuesta. La figura siguió acercándose. Cuando estuvo a unos 15 metros, pude distinguir la cara. TenÃa pelo alrededor de la cabeza y el cuello, la parte frontal más descubierta, la mandÃbula saliente y la boca ancha. Su rostro tenÃa rasgos humanos y rasgos de un animal de tipo cánido. No intenté ponerle un nombre. En ese momento solo me importaba que estaba frente a nosotros. Caminaba erguido y bloqueaba el paso por donde tenÃamos que bajar. Pedro habló primero y le dijo que ya nos Ãbamos, que no querÃamos problemas y que solo necesitábamos pasar. La criatura se detuvo y nadie se movió. Entonces escuchamos algo detrás
8:26 de nosotros y giramos por reflejo apenas un segundo. Cuando volvà la vista hacia el camino, aquella cosa ya venÃa corriendo hacia nosotros. Y la distancia se cerró en unos segundos. Mario se apartó hacia un lado, yo retrocedà y Sergio intentó moverse. Pero aquella cosa llegó antes. Lo agarró del cuello con una sola mano y lo levantó hasta dejarlo con los pies fuera del suelo. Sergio soltó el equipo y llevó las dos manos al brazo que lo sostenÃa. Batió, trató de girar el cuerpo y apenas podÃa respirar. La mano del ser le rodeaba el cuello sin cerrarse por completo. Las uñas quedaban junto a la mandÃbula y una de ellas le abrió la piel. Pedro dio un paso al frente y se detuvo. Yo estaba a pocos metros y vi con claridad el brazo extendido, la mano cerrada y a Sergio suspendido frente a nosotros. No habÃa nada que interpretar en ese momento. Entonces habló. La voz salió de la criatura y era la misma que habÃamos escuchado desde que llegamos. Nos ordenó que nos fuéramos. Dijo que ya nos habÃa advertido y que ese lugar era su territorio.
9:37 Después añadió que si seguÃamos ahà tendrÃamos que aceptar las consecuencias. Habló despacio y las palabras se entendieron sin esfuerzo. Pedro respondió que nos Ãbamos, que el trabajo terminaba ahà y que solo querÃamos sacar a Sergio. La criatura mantuvo la mirada sobre nosotros unos segundos y luego abrió la mano. Sergio cayó de espaldas y quedó tendido en el suelo. Pedro y yo fuimos hacia él, lo sujetamos por los brazos y conseguimos ponerlo de pie. En ese momento el ser lanzó otro rugido. Mario empezó a bajar por el camino y nosotros fuimos detrás con Sergio entre los dos. No recogimos las herramientas ni volvimos por las mochilas. Parte del equipo quedó donde habÃa caÃdo Sergio y otra parte seguÃa cerca del deslizamiento. La verdad, yo solo querÃa llegar a la camioneta. Sergio podÃa caminar, aunque respiraba con dificultad y mantenÃa una mano sobre el cuello. Pedro le dijo que siguiera mientras pudiera y que lo revisarÃamos cuando estuviéramos más abajo. Empezamos a descender rápido. sin correr en los tramos donde el terreno estaba suelto, porque una caÃda podÃa dejarnos ahÃ. Detrás de nosotros se escuchaban ramas y golpes entre los árboles. A veces el ruido aparecÃa a nuestra izquierda, luego más atrás. No sabÃamos si era el mismo ser, moviéndose por la ladera o si habÃa otro. Nadie quiso detenerse para averiguarlo. Mario se adelantaba demasiado y varias veces
11:11 tuvimos que llamarlo para que esperara. Ãl decÃa que seguÃa escuchando movimiento detrás y querÃa salir de ahà cuanto antes. Sergio tropezó dos veces y en una cayó de rodillas, pero logró levantarse. Cuando vimos sangre en un lado de su cuello, nos detuvimos junto a unas rocas. Pedro sacó una gasa, limpió la zona y presionó la herida. No era profunda, pero seguÃa abierta. Mientras lo atendÃa, escuchamos pasos entre los árboles a cierta distancia. avanzando casi en la misma dirección. Los cuatro guardamos silencio. Esperamos lo mÃnimo. Pedro aseguró la gasa y continuamos. Desde ese punto ya no volvimos a parar. El camino se hizo más fácil cuando llegamos a la parte baja. Mario reconoció primero la zona donde habÃamos dejado la camioneta y aceleró el paso. Yo llevaba a Sergio del brazo y Pedro caminaba al otro lado.
12:09 Llegamos al vehÃculo, abrà las puertas y subimos de inmediato. Pedro se sentó atrás con Sergio. Mario ocupó el asiento delantero y yo encendà el motor. Antes de movernos, escuché un golpe detrás. Miré por el espejo y vi una figura junto a los árboles. Estaba de pie, a una distancia suficiente para verla completa. TenÃa la misma altura y la misma forma general del ser que habÃa agarrado a Sergio. pero no avanzó. Se quedó ahà mientras metÃa la camioneta en el camino y empezaba a bajar. Conduje demasiado rápido al principio y Pedro me pidió que redujera la velocidad, pues el camino estaba en malas condiciones y si nos salÃamos no tendrÃamos forma de pedir ayuda desde esa zona.
12:56 Bajé un poco la velocidad y seguÃ. Nadie habló durante varios minutos. Sergio respiraba mejor, aunque tenÃa la voz ronca y evitaba mover el cuello. Mario miraba hacia atrás con frecuencia. Yo solo estaba pendiente del camino y de llegar a un punto donde hubiera señal. Cuando el teléfono recuperó cobertura, llamamos a la empresa y avisamos que habÃamos tenido un incidente, que Sergio estaba lesionado y que necesitábamos atención médica. No explicamos por teléfono lo que habÃa pasado con aquel ser. Lo atendieron ese mismo dÃa. TenÃa marcas alrededor del cuello.
13:36 un corte debajo de la mandÃbula y golpes de la caÃda. La lesión de la mano no habÃa alcanzado zonas profundas y pudo salir después de la revisión, aunque pasó varios dÃas con dolor y limitación para mover el cuello. Nosotros tuvimos que dar un informe de lo ocurrido. Nos entrevistaron por separado y cada uno contó lo que habÃa visto. También entregamos las fotografÃas de las huellas que Mario habÃa tomado durante el recorrido. No tenÃamos una imagen de la criatura, pues, cuando apareció frente a nosotros, ninguno sacó el teléfono y, después de que agarró a Sergio, pensar en una fotografÃa dejó de tener sentido. Nos preguntaron qué era y yo respondà que no lo sabÃa. PodÃa describir lo que vi, un ser erguido, más alto que nosotros, cubierto de pelo.
14:28 con brazos largos manos grandes uñas largas y una cabeza con rasgos humanos y cánidos también podÃa afirmar que habló porque estaba frente a nosotros cuando lo hizo y los cuatro escuchamos las mismas palabras no añadà nada más Pedro Sergio y Mario hicieron lo mismo la empresa quiso saber si aceptarÃamos regresar con más personal para recuperar el equipo y terminar la inspección los cuatro nos negamos En mi caso, la decisión fue inmediata. Pedro tampoco quiso volver y Mario dijo que no entrarÃa otra vez en esa montaña. Sergio fue el más firme, porque habÃa estado en la mano de aquella cosa y sabÃa la fuerza que tenÃa. El proyecto siguió sin nosotros. Durante un tiempo pregunté por el equipo que habÃamos dejado, pero nunca me dieron una respuesta completa y dejé de insistir. Tiempo después, en el trabajo, escuché a uno de los empleados decir que lo que habÃamos visto podÃa ser un Nahual. Otro aseguró que en esa zona ya se hablaba de cosas parecidas desde hacÃa años.
15:39 Yo no pregunté más, y tampoco busqué información ni traté de averiguar si esas historias tenÃan alguna relación con lo que nos ocurrió. Para mà no cambiaba nada. PodÃan llamarlo Nahual, Animal o cualquier otra cosa. Yo sabÃa lo que habÃa visto y sabÃa lo que le habÃa hecho a Sergio. Desde entonces preferà dejar el asunto ahÃ. No necesito entenderlo, solo sé que nunca volveré a ese lugar. Yo continué trabajando como ingeniero, aunque cambié la forma en que aceptaba trabajos de campo. Dejé de entrar a zonas aisladas sin comunicación, sin una salida clara y sin condiciones para retirarnos de inmediato si algo ocurrÃa. Pedro tomó una decisión parecida. Mario dejó los trabajos de campo tiempo después y Sergio tardó bastante en volver a una montaña. Con los años hemos hablado poco de aquel dÃa. Cuando el tema sale, ninguno intenta completar lo que no sabe, ni buscar una explicación que no tiene. Yo sigo recordando con precisión el momento en que llegamos a la camioneta y miré por el espejo.
16:48 La figura seguÃa junto a los árboles, quieta, observándonos mientras nos alejábamos. No corrió detrás del vehÃculo y no intentó cerrarnos el paso. Se quedó en el lÃmite del bosque hasta que la curva la sacó de mi vista. Eso fue lo último que vi de aquella criatura. Durante los meses siguientes recibà propuestas para volver a revisar esa zona, pero rechacé todas y pedà que no me asignaran trabajos. Ahà nuevamente. Nunca regresé a esa montaña. Si te gustó esta historia, te recomiendo ir a ver... Nahual se convirtió frente a mi abuelo y también militares contra un Nahual en la sierra de Nayarit.
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