Casada con un SATANICO Historias De Terror - REDE
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0:05 Me llamo Andrea y llevaba dos años casada. Soy creyente desde niña, criada en una familia donde la oración era parte del dÃa. Mi esposo, Daniel, no comparte esa costumbre. Nunca se ha declarado ateo ni nada parecido. Simplemente dice que no le interesa. Respeta mi fe, pero no participa. Yo oro cada noche antes de acostarme y él siempre se acuesta primero o se queda viendo el teléfono mientras yo termino. Nuestro matrimonio, hasta hace poco, era estable. No tenemos hijos, decidimos esperar, y tenÃamos un perro pequeño llamado Toby. Daniel trabaja en una empresa de logÃstica, sale temprano y regresa casi siempre a la misma hora. Es reservado, tranquilo, de pocas palabras. No es un hombre de fiestas ni de amigos constantes. Con el tiempo, empecé a notar pequeñas actitudes que decidà ignorar. Momentos en los que parecÃa distraÃdo, mirando fijamente la pared sin responder cuando le hablaba, o cambios leves en su humor, como si algo lo molestara sin razón clara. Pensé que era estrés del trabajo. La primera señal concreta apareció una tarde cualquiera. Daniel se estaba bañando y su teléfono comenzó a sonar. Era su hermana.
1:24 No me gusta revisar cosas ajenas, pero no querÃa que la llamada se cortara, asà que tomé el celular para contestar. No alcancé a responder porque dejó de sonar, pero la pantalla quedó encendida y vi que tenÃa la galerÃa abierta. No buscaba nada, solo intenté cerrar la aplicación. Fue entonces cuando vi las imágenes. No eran fotografÃas normales, eran dibujos circulares hechos en el suelo con algo oscuro, como si fuera carbón o ceniza. En el centro habÃa velas negras encendidas. Otra imagen mostraba manos con marcas en la piel, lÃneas finas como cortes superficiales formando figuras geométricas. HabÃa varias fotos parecidas, tomadas en interiores que no reconocÃ. Seguà deslizando, confundida, y encontré capturas de pantalla de un foro. frases escritas en latÃn, comentarios extensos, discusiones sobre rituales antiguos. No afirmo que fueran satánicas, pero el contenido no era algo que uno encuentre por casualidad.
2:27 En ese momento, Daniel salió del baño. Me vio con el teléfono en la mano y caminó hacia mà con rapidez y me lo arrebató sin decir nada durante unos segundos. Luego preguntó por qué estaba revisando sus cosas. Le expliqué lo de la llamada, que solo intentaba contestar. Me miró fijo y dijo que esas imágenes eran parte de una investigación que estaba haciendo por curiosidad. Comentó que eran memes, cosas que la gente publica para asustar. No discutÃ. No quise hacer un escándalo por algo que no entendÃa del todo. Me limité a sentir y cambiar el tema. Esa noche, oré más tiempo de lo normal. Después de eso, comenzaron otras cosas. Empecé a escucharlo murmurar cuando creÃa que yo estaba dormida. Palabras sueltas. Una madrugada desperté y noté que no estaba en la cama. Fui a la sala y lo encontré sentado en el sillón con la luz apagada.
3:24 La única iluminación venÃa de la calle. Estaba inclinado hacia adelante, mirando el suelo. MovÃa los labios en voz baja. No distinguà lo que decÃa, solo repetÃa algo una y otra vez. Cuando le pregunté qué hacÃa, levantó la cabeza y respondió con normalidad, como si nada hubiera pasado. Dijo que no podÃa dormir y que solo estaba pensando. Desde entonces comenzó a encerrarse más tiempo en el baño o en el pequeño estudio que tenemos. Cerraba la puerta con seguro. Si yo tocaba, tardaba en responder. Su carácter cambió. Se volvió más irritable, más ausente. HabÃa momentos en que parecÃa no escucharme aunque yo estuviera frente a él. Fue entonces cuando sentà que algo también afectaba el ambiente. Pequeñas cosas cambiaban de lugar. Un libro que yo dejaba en la mesa aparecÃa en el sillón. Las llaves no estaban donde siempre.
4:22 Pensé que era distracción mÃa. En ciertas habitaciones comenzó a sentirse un olor extraño. difÃcil de describir cómo será. No era permanente, aparecÃa y desaparecÃa. Varias noches desperté a la misma hora, sin motivo. Miraba el reloj y marcaba las tres con algunos minutos. Me costaba volver a dormir. Un dÃa, mientras limpiaba, un cuadro del pasillo cayó al suelo. El clavo seguÃa firme en la pared. No encontré una explicación clara. Cuando se lo comenté a Daniel y sugerà que tal vez deberÃamos bendecir la casa, reaccionó con molestia. Dijo que no exagerara, que todo tenÃa una explicación lógica y que no querÃa supersticiones en su hogar. Esa respuesta me incomodó más que el cuadro en el suelo. Hoy reconozco que desde ese momento supe que algo no estaba bien. No tenÃa pruebas concretas. Pero la paz que antes sentÃa en mi casa comenzó a desaparecer. conociera realmente al hombre con el que me casé. Después de aquella primera vez, intenté convencerme de que habÃa exagerado. Me repetÃa que las imágenes podÃan ser curiosidad mal enfocada, que los foros podÃan ser simples discusiones sin importancia. Durante algunos dÃas, procuré no pensar en eso. Me concentré en la casa, en el trabajo, en mantener la rutina intacta. Una tarde, mientras Daniel se bañaba,
5:52 su teléfono volvió a quedarse en la mesa. No planeaba revisarlo, pero la duda me estaba consumiendo. Tomé el aparato y fui directamente a la galerÃa. Ya no estaban las imágenes que habÃa visto la vez anterior. Pensé que tal vez las habÃa eliminado. Revisé las carpetas y encontré una que no habÃa notado antes. No tenÃa nombre, solo un Ãcono genérico. Al abrirla aparecieron fotografÃas más claras que las primeras. Los sÃmbolos en el suelo estaban mejor definidos, trazados con precisión. En algunas imágenes se veÃan cÃrculos dentro de otros cÃrculos, lÃneas que conectaban puntos marcados con pequeñas manchas oscuras. En el centro siempre habÃa velas negras o recipientes pequeños. También encontré capturas de conversaciones. El contacto no tenÃa nombre, solo un número. Los mensajes hablaban de abrir puertas y de rituales sencillos para comenzar. Daniel preguntaba cosas especÃficas, como si siguiera instrucciones. Mencionaba energÃas que necesitan dirección y ofrendas pequeñas para probar. La otra persona respondÃa con frases cortas, dando indicaciones.
7:07 No vi referencias directas al diablo ni a algo concreto. Pero el tono no era el de una broma. Era serio, metódico. Sentà miedo, pero al mismo tiempo dudé de mà misma. Pensé que, tal vez, estaba sacando conclusiones apresuradas. Cerré todo y dejé el celular en su lugar antes de que saliera del baño. A partir de esa semana, comenzaron manifestaciones más difÃciles de ignorar. Los aparatos eléctricos empezaron a fallar sin motivo claro. La televisión se apagaba y luego volvÃa a encenderse. El microondas marcaba errores que luego desaparecÃan. Las luces de la sala parpadeaban de forma irregular, pero noté algo que me incomodó más. OcurrÃa con mayor frecuencia cuando Daniel estaba presente. Si él salÃa de la habitación, la luz se estabilizaba. Toby empezó a reaccionar de forma extraña cuando Daniel entraba al estudio. Se quedaba rÃgido en el pasillo, sin ladrar, solo observando la puerta cerrada. En una ocasión gruñó bajo, algo que nunca hacÃa dentro de la casa.
8:17 Yo empecé a sentir presión en el pecho cada vez que me acercaba al estudio. No era un dolor fÃsico fuerte, sino una sensación constante que me obligaba a respirar más profundo. Al abrir la puerta, el olor extraño que ya habÃa percibido en otras habitaciones era más intenso ahÃ. Una noche, al levantarme para ir al baño, habÃa sal esparcida cerca de la puerta del estudio. No era mucha, pero estaba claramente distribuida formando una lÃnea irregular. La toqué con los dedos para asegurarme. Era sal de cocina. A la mañana siguiente le pregunté a Daniel. Dijo que se le habÃa caÃdo por accidente cuando estaba comiendo algo y que no habÃa tenido tiempo de limpiarla. su explicación no coincidÃa con el lugar donde la encontré pero no insistà desde entonces empecé a dormir con una biblia bajo la almohada solo la colocaba ahà antes de acostarme y oraba en silencio la tensión entre nosotros creció finalmente decidà enfrentarlo al menos de forma parcial una noche mientras cenábamos le pregunté directamente qué estaba haciendo con esos sÃmbolos y esas conversaciones no negó todo Tampoco admitió algo concreto. Dijo que estaba explorando, que siempre le habÃan interesado temas de energÃas y rituales antiguos, que no tenÃan nada que ver con el diablo ni con algo malo. Aseguró que solo querÃa comprobar si ciertas
9:49 prácticas podÃan influir en el ambiente. Le pregunté qué tipo de prácticas. Respondió que eran cosas sencillas, pequeñas ofrendas simbólicas, ejercicios de concentración. minimizó todo como si fuera un hobby inofensivo. Cuando mencioné mi preocupación y mi fe, sonrió de forma ligera y dijo que yo veÃa amenazas donde no las habÃa, que la religión me hacÃa imaginar peligros. No gritó, pero su tono me hizo sentir pequeña, como si mi miedo fuera ignorancia. Esa noche lloré en silencio en el baño, No le conté nada a mi familia. No querÃa que pensaran mal de él ni provocar un conflicto mayor sin pruebas claras. El suceso que terminó de romper mi negación ocurrió pocos dÃas después. Desperté en la madrugada y noté que Daniel no estaba a mi lado. La puerta del estudio estaba abierta, algo que nunca dejaba asÃ. Me levanté con cuidado y caminé por el pasillo. Desde la entrada pude verlo. Estaba arrodillado frente a algo en el suelo.
10:54 La luz principal estaba apagada, pero una vela negra encendida iluminaba parcialmente la habitación. En el piso habÃa un dibujo trazado. No era improvisado. Las lÃneas eran firmes y formaban una figura circular con marcas en puntos especÃficos. Daniel tenÃa las manos apoyadas sobre sus rodillas. Sus labios se movÃan, aunque no escuché claramente lo que decÃan. Di un paso más. Ãl levantó la cabeza y me miró. Solo me observó durante unos segundos que se sintieron largos. En ese instante comprendà que ya no se trataba de curiosidad ni de imágenes guardadas. HabÃa cruzado una lÃnea dentro de nuestra casa y yo también, al haber sido testigo directo de lo que hacÃa. Después de aquella madrugada, algo cambió en mÃ.
11:44 Dejé de tocarlo. Si antes buscaba su mano al dormir o me recargaba en su hombro al ver televisión, ahora mantenÃa distancia. No fue una decisión consciente al principio. Simplemente mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Me sentÃa incómoda cuando se acercaba demasiado. También dejé de hablarle con normalidad. RespondÃa lo necesario. Evitaba conversaciones largas. Ãl pareció notarlo, pero no preguntó nada. Se movÃa por la casa como si todo siguiera igual. Comencé a planear irme. No sabÃa adónde ni cómo explicarlo sin que sonara exagerado. Pensé en mi madre, pero no querÃa alarmarla sin tener algo concreto. SentÃa que lo que ocurrÃa era más profundo de lo que podÃa describir con palabras simples. Un sábado por la mañana fui a la parroquia sola. Pedà hablar con el sacerdote. No le conté detalles especÃficos sobre sÃmbolos o velas negras. Le dije que mi esposo estaba involucrándose en prácticas que me inquietaban y que la casa se sentÃa distinta. Ãl me escuchó con atención y me recomendó prudencia. Me dijo que no actuara por miedo, que orara, que mantuviera la calma y que no confrontara desde la rabia. Salà de ahà con una sensación extraña. Agradecà sus palabras, pero dentro de mà sabÃa que la situación era más grave de lo que habÃa podido explicarle. No se trataba solo de curiosidad espiritual ni de conflictos de pareja. DÃas después, Daniel salió
13:17 temprano diciendo que tenÃa una reunión fuera de la ciudad. Lo vi irse y sentà que esa era mi oportunidad. Esperé unos minutos y entré al estudio. El olor era más fuerte que antes. Cerré la puerta detrás de mà y comencé a revisar con cuidado. Abrà cajones, movà libros, inspeccioné debajo del escritorio. En la parte inferior de un librero encontré una tabla ligeramente desajustada. Al moverla apareció una caja metálica pequeña. La saqué y la abrÃ. Dentro habÃa una daga. El mango era negro, liso, sin adornos visibles. La hoja tenÃa marcas grabadas, lÃneas finas que formaban patrones repetitivos a lo largo del metal. No puedo afirmar qué significaban.
14:04 Solo eran marcas precisas, no decorativas comunes. Junto a la daga habÃa una bolsa transparente, gruesa, bien sellada. En su interior se veÃa un lÃquido rojo espeso. TenÃa una consistencia densa que se movÃa lentamente cuando incliné la bolsa para verla mejor. Sostuve la daga unos segundos. Al hacerlo, sentà náusea. No fue sugestión. El estómago se me revolvió y tuve que respirar por la boca. En ese momento, la luz del estudio comenzó a fallar. Parpadeó dos veces y luego quedó fija. Escuché un golpe en otra habitación, como si algo pesado hubiera caÃdo en la sala. mi corazón empezó a latir con fuerza dejé la daga en la caja y la regresé exactamente donde la habÃa encontrado me aseguré de colocar la tabla del librero en su sitio al pasar por el pasillo noté algo que antes no estaba pequeñas marcas en la pared casi imperceptibles como si alguien hubiera presionado algo puntiagudo contra la pintura eran varias distribuidas en lÃnea irregular las toqué con los dedos y sentà la superficie raspada Me apoyé en la pared y empecé a llorar. Me arrodillé en la sala y oré en voz baja, pidiendo claridad y protección. Esa tarde, Daniel regresó más temprano de lo que esperaba. Yo ya habÃa tomado una decisión. Saqué la daga de la caja y la coloqué sobre la mesa del comedor antes de que entrara.
15:34 Me senté frente a ella y esperé. Cuando abrió la puerta y me vio ahÃ, no mostró sorpresas. Miró la daga sobre la mesa y luego me miró a mÃ. Cerró la puerta con calma y se acercó. Le pregunté qué era eso. No negó que fuera suyo. No intentó inventar una historia. Solo dijo que era necesario. Le pedà que me explicara para qué necesitaba una daga y ese lÃquido rojo guardado en una bolsa. Respondió que algunas cosas requieren precio. Dijo que estaba intentando abrir algo que llevaba tiempo cerrado. que no entendÃa por qué yo tenÃa tanto miedo si solo se trataba de energÃa y voluntad. En ese momento entendà que ya no conocÃa al hombre con quien me casé. Sentà que cualquier intento de convencerlo serÃa inútil.
16:23 No grité, no discutà más, solo asentà en silencio. Esa noche, mientras él se encerraba nuevamente en el estudio, yo empecé a guardar ropa en una maleta pequeña. Por primera vez desde que todo comenzó, la decisión dejó de ser una idea y se convirtió en acción. SabÃa que, si me quedaba, terminarÃa siendo parte de algo que no comprendÃa y que no compartÃa. Esperé a que Daniel saliera a trabajar para preparar mi salida. No hubo discusión esa mañana. Se fue como cualquier otro dÃa, tomó sus llaves, me dijo que regresarÃa tarde y cerró la puerta. En cuanto escuché el motor del auto alejarse, comencé a empacar. Solo tomé lo necesario, ropa básica, artÃculos personales, mi biblia, algunos recuerdos pequeños que sabÃa que no querÃa dejar atrás. Fui directa a la carpeta donde guardábamos documentos y separé los mÃos. Acta de nacimiento, identificación, papeles del banco. Los metà en un sobre y lo guardé en la mochila. No toqué la caja del estudio.
17:30 La daga se quedó donde la habÃa dejado la noche anterior. No querÃa volver a sostenerla. No le avisé a nadie. Necesitaba salir primero. Cerré el clóset y escuché pasos en el pasillo. Me quedé quieta. Daniel no podÃa estar ahÃ. HabÃa salido hacÃa más de una hora. Los pasos no eran fuertes, eran lentos, como alguien caminando sin prisa. Salà de la habitación y miré hacia el corredor. No vi a nadie. En ese momento, la luz del baño se encendió sola. La puerta estaba entreabierta y, desde donde estaba, podÃa ver el reflejo del foco en el espejo. El corazón me latÃa con fuerza. No vi nada extraño dentro del baño, solo el lavabo y la toalla en su lugar.
18:17 Apagué la luz y regresé al cuarto. Mientras cerraba la maleta, escuché otro movimiento, esta vez más claro. La puerta del estudio, que habÃa quedado apenas ajustada, se cerró. No me acerqué. Miré el pasillo desde la habitación, pero no caminé hasta el estudio. No querÃa comprobar nada más. Sentà que, si abrÃa esa puerta, volverÃa a cruzar una lÃnea que ya habÃa decidido dejar atrás. Tomé la mochila, la maleta pequeña y me dirigà hacia la sala. Cuando estaba por salir, Daniel entró antes de lo previsto. Se detuvo al verme con la maleta en la mano. Observó el equipaje, luego mi rostro. No preguntó de inmediato. Le dije que me iba, que ya habÃa tomado una decisión y que querÃa el divorcio.
19:07 Ãl permaneció en silencio unos segundos y luego dijo que no podÃa interrumpir lo que habÃa empezado. No intentó convencerme de quedarme. No me pidió que lo escuchara. Solo afirmó que yo no entendÃa el proceso y que habÃa cosas que necesitaban completarse. Le pregunté si eso era más importante que nuestro matrimonio. Respondió que no se trataba de importancia sino de propósito. Simplemente se hizo a un lado cuando avancé hacia la salida. Salà de la casa sin voltear. Me quedé unos dÃas en casa de mi hermana. Le expliqué lo básico. Diferencias irreconciliables, cambios que no podÃa aceptar.
19:47 Ya después le conté la verdad. No mencioné sÃmbolos ni dagas. Inicié el proceso legal de divorcio en cuanto pude. Daniel no puso resistencia. Firmó los documentos sin discutir. Desde entonces no hemos vuelto a hablar.
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