Sept. 7, 2026

Algo Nos Acechaba En Los CHIMALAPAS

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REDE (Relatos Desclasificados)
Algo Nos Acechaba En Los CHIMALAPAS

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0:05 Mi nombre es Efraín Telles y todavía recuerdo esa operación con claridad. Era rastreador del tercer binomio del Gafi. Éramos seis hombres. El teniente Elian Becerra, al mando. El sargento Misael Orduña, segundo del grupo. El cabo Yair Ceniceros, operador de radio. Darío Ledesma, tirador. Nicanor Montiel, sanitario y yo. Nos enviaron a la selva. después de que se perdió contacto con un helicóptero de transporte, que llevaba tres tripulantes y una caja de seguridad con material clasificado. No nos dijeron qué contenía, solo que debíamos localizar la aeronave, atender a cualquier sobreviviente, asegurar la caja y reportar cualquier alteración en la zona. Entramos por tierra porque no había condiciones para una búsqueda aérea segura. El calor y la humedad empezaron a desgastarnos desde las primeras horas. El suelo estaba blando en varios tramos y la vegetación cerraba la visibilidad, así que Becerra mantuvo a los tres binomios cerca. Ceniceros llevaba la radio principal y Becerra una de respaldo. Intentábamos llamar al helicóptero cada cierto tiempo, pero recibíamos estática. La baliza de emergencia seguía activa, aunque la señal cambiaba y nos obligaba a corregir la ruta. Después de varias horas encontramos una pieza de la aeronave entre la vegetación. Luego

1:35 aparecieron otros restos y seguimos esa dirección hasta dar con el helicóptero. Había sufrido un impacto fuerte y quedó detenido entre los árboles. Ledezma y Orduña aseguraron los alrededores mientras Montiel y yo revisamos la cabina. Los cinturones estaban liberados. Había sangre en una puerta y también en el piso, pero no encontramos cuerpos. Los tres tripulantes habían abandonado la aeronave después del impacto, o alguien los había sacado de ahí. En el compartimiento de carga encontramos la caja de seguridad. Seguía en su sitio, pero estaba abierta y vacía, con el sello roto. Becerra ordenó informar la situación y Ceniceros abrió comunicación. Apenas empezó el reporte, entró una interferencia. Primero escuchamos respiraciones irregulares, después dos gemidos humanos. y al final un sonido grave y seco que ninguno identificó. Ceniceros cambió de frecuencia y volvió a intentarlo, pero la misma interferencia apareció.

2:40 Becerra le pidió que cortara la transmisión y Orduña revisó el equipo. No encontró una falla. Mientras ellos terminaban esa revisión, yo empecé a leer el terreno alrededor del helicóptero. Encontré tres rastros de botas que salían de la zona del accidente. Por el tamaño y el dibujo de las suelas, correspondían al tipo de calzado de los tripulantes. Uno tenía un apoyo irregular y, cerca, había sangre sobre algunas hojas. Seguimos esa dirección. Durante un tramo, las tres líneas avanzaron juntas. Luego, una se perdió sobre terreno firme y la segunda desapareció poco después. La tercera continuó sobre una zona de lodo y pude seguirla con claridad. Era una huella de bota militar, completa al principio, pero unos metros más adelante aparecieron cuatro depresiones en la parte delantera. Revisé el siguiente paso y encontré lo mismo. Le pedí a Becerra que detuviera al grupo.

3:40 Me agaché y revisé ambos lados del rastro. No había otra línea de huellas ni señales de entrada desde la vegetación. Seguimos avanzando despacio y el dibujo de la suela fue desapareciendo paso a paso. Las cuatro depresiones se hicieron más profundas. La base de la huella se ensanchó y después de varios metros ya no quedaba marca de calzado. Lo que seguía en el lodo tenía cuatro dedos y uñas visibles. Ledesma preguntó si un felino podía haber cruzado sobre el mismo camino. Le respondí que habría una entrada y una salida, o por lo menos una segunda secuencia de marcas, pero no había nada de eso, solo teníamos un rastro continuo.

4:25 Becerra ordenó registrar las huellas y mantener vigilancia mientras yo seguía adelante. Poco después, las marcas volvieron a cambiar. La parte trasera empezó a alargarse, los dedos dejaron de abrirse tanto, y la siguiente huella ya tenía forma de pie humano. Revisé otra. luego otra, y eran pisadas descalzas. Volví sobre mis pasos para asegurarme de que no hubiera perdido una bifurcación, pero la línea seguía completa desde la bota hasta esas marcas. No había cortes, otro rastro entrando desde un costado, ni señales de dos individuos pisando sobre el mismo sitio. Becerra me preguntó qué podía confirmar. Le dije que el rastro era uno solo y que el cambio estaba en las mismas pisadas. No añadí nada más porque no tenía una explicación que pudiera sostener. Reanudamos la marcha con más cuidado.

5:20 Yo seguía las huellas y Ledesma vigilaba el frente, mientras Orduña cubría la parte trasera y Ceniceros mantenía la radio lista. Habíamos avanzado poco cuando escuchamos ramas moverse sobre nosotros. El primer ruido vino de la izquierda, luego escuchamos otro detrás del grupo. Ledesma levantó el arma y Orduña hizo lo mismo. Becerra nos recordó la orden que llevábamos desde la salida. No se disparaba hacia una posición que no pudiéramos identificar y el fuego quedaba autorizado solo con contacto visual directo y una amenaza clara. Nos quedamos quietos y miramos hacia las copas. No vimos ninguna figura, pero el movimiento cambió de árbol y volvió a detenerse. Esperamos unos segundos. Después Becerra ordenó seguir. Avanzamos otra vez sobre el rastro descalzo.

6:17 Nadie hablaba salvo para dar una indicación corta. Y cada vez que una rama se movía, todos levantábamos la vista. La radio permaneció en silencio durante un tramo. Luego entró un gemido breve sin que Ceniceros hubiera llamado a nadie. Bajó el volumen y siguió caminando. Yo mantuve la vista en el suelo. porque el lodo comenzaba a endurecerse y las pisadas podían perderse. Alcancé a encontrar otras tres antes de escuchar movimiento arriba otra vez. Esta vez pasó de una copa a otra, siguiendo nuestra dirección. Se detuvo cuando nosotros nos detuvimos y volvió a moverse cuando Becerra ordenó continuar.

7:00 No vimos que lo producía y lo único que pude confirmar fue que seguía nuestra ruta y mantenía la distancia. Becerra cambió la formación sin detenernos más de lo necesario. Ledesma pasó al frente conmigo. Ceniceros quedó en el centro y Orduña cerró junto a Montiel. Yo seguí sobre el rastro descalzo, mientras los demás vigilaban las ramas y los costados. La marcha se volvió más lenta, porque cada pocos metros teníamos que levantar la vista, revisar arriba y volver al suelo para no perder las pisadas. Encontré sangre en dos puntos y poco después un trozo de uniforme enganchado en una rama baja. Montiel lo revisó y dijo que podía pertenecer a uno de los tripulantes, pero no había forma de identificarlo con eso. Seguimos adelante. Ceniceros respiraba más fuerte y se secaba las manos antes de tocar la radio.

7:56 El rastro continuaba recto, con las pisadas marcadas en el lodo, hasta que la radio volvió a recibir interferencias. Ceniceros avisó que entraba por la frecuencia principal, cambió al canal interno y esperó. Durante unos segundos solo escuchamos estática, luego regresaron los gemidos. Después apareció una voz de hombre, cortada y deformada. Ceniceros dijo que alcanzaba a distinguir parte del indicativo del helicóptero. Becerra le ordenó pedir identificación. La respuesta fue una respiración fuerte y enseguida. el mismo sonido grave que habíamos escuchado antes. Cambiamos de frecuencia otra vez, pero el sonido regresó. Desde ese momento, Ceniceros dejó de responder a cualquier voz que no pudiera identificarse. Montiel le dio agua cuando le vio temblar una mano, y Becerra redujo el ritmo, pero seguimos sobre las huellas. Poco después, encontré más sangre sobre unas hojas y parte de una manga. No había cuerpo cerca.

9:01 Me agaché para revisar la dirección del rastro y escuché un golpe detrás. Cuando me giré, Montiel estaba en el suelo y Orduña se encontraba junto a él con el arma arriba. Orduña dijo que algo había bajado desde las ramas y golpeado la mochila del sanitario. No alcanzó a verlo. La parte superior de la mochila tenía tres cortes largos. Montiel se había abierto la nuca al caer, aunque la herida era menor y podía continuar. Ledesma apuntó hacia la copa donde había visto movimiento y pidió autorización para disparar. Becerra la negó porque no teníamos un blanco. Nos hizo retroceder hasta una zona con mejor visibilidad y formó un perímetro.

9:48 Ceniceros volvió a intentar enlace con el mando La comunicación entraba por momentos, pero alcanzó a informar que habíamos localizado el helicóptero, que la caja estaba vacía y que seguíamos un rastro de los tripulantes. Becerra no incluyó todavía el cambio de las huellas. Mientras Ceniceros trataba de completar la comunicación, escuchamos movimiento encima del grupo. Esta vez, el ruido salió de un solo árbol y todos miramos hacia el mismo punto. Ledesma lo vio primero. Había un hombre sobre una rama. La vegetación cubría parte del cuerpo, pero distinguía el torso, las piernas y una mano apoyada sobre la rama. Llevaba pantalón y tenía sangre en la cara y el pecho.

10:35 Montiel dijo que podía ser uno de los tripulantes. Becerra le ordenó quedarse quieto, identificarse y bajar despacio. El hombre no respondió. Becerra repitió la orden y le pidió que mantuviera las manos visibles. La figura giró la cabeza hacia nosotros, abrió la boca y escuchamos un gemido idéntico al que había entrado por la radio. Ceniceros miró su equipo y estaba en silencio. El sonido venía del árbol. Becerra volvió a pedir identificación y el hombre empezó a desplazarse por la rama apoyando manos y pies. Se alejó de nuestra posición, pasó al árbol contiguo y desapareció entre las hojas. Ledesma lo siguió con el arma, pero Becerra no autorizó fuego porque se estaba retirando y todavía podía ser uno de los tripulantes. Apenas lo perdimos de vista, escuchamos un grito detrás.

11:33 Me giré con los demás y vi el fusil de orduña en el suelo. Él ya no estaba. Becerra ordenó cerrar formación y cubrir arriba. Yo fui hasta la posición del sargento y revisé el terreno. Encontré una marca de arrastre junto a un árbol, lodo removido y sangre en una raíz. El rastro terminaba en el tronco. Así que levanté la vista y vi una correa de su chaleco enganchada en una rama. No vimos a Orduña entre las hojas ni recibimos respuesta cuando gritamos su apellido. Ceniceros intentó llamarlo por radio. La primera llamada quedó sin respuesta. y en la segunda entró un sonido corto. Becerra le ordenó cortar.

12:16 Enseguida escuchamos movimiento en varios puntos sobre nosotros. Las ramas se movían a la izquierda, después atrás y luego al frente, sin que pudiéramos fijar una posición. Nadie disparó. Revisé otra vez el suelo alrededor del lugar donde había desaparecido Orduña. No encontré pisadas hacia los lados ni una línea de arrastre por tierra. Lo último era la sangre junto al tronco y la correa arriba. Becerra decidió suspender el seguimiento y regresar al helicóptero. No discutimos la orden. Yo tomé nuestras propias huellas para volver por la misma ruta. Ledesma cubrió el frente. Ceniceros quedó cerca de Becerra y Montiel cerró.

12:59 Ya éramos cinco. Durante el regreso hablamos solo para indicar dirección, detener la marcha o señalar movimientos. La radio quedó encendida, pero Ceniceros no respondió a ninguna interferencia. En varios tramos, escuchamos ramas moverse por encima de nosotros. Cuando avanzábamos, el ruido avanzaba, y cuando Becerra ordenaba alto, también se detenía. Yo seguí mirando el suelo para mantener la ruta. En una zona de lodo, encontré nuestras pisadas de entrada y confirmé que íbamos bien. Unos pasos después, vi otra marca junto a ellas. era una huella humana descalza, no estaba ahí cuando pasamos la primera vez, seguí caminando y encontré otra, luego una tercera, iban en nuestra misma dirección, revisé los bordes antes de llamar a Becerra, él se acercó, miró las marcas y ordenó continuar sin detenernos, no seguimos ese nuevo rastro, pues ya venía siguiendo el nuestro, no me detuve a medir aquellas huellas, Seguí nuestra ruta y mantuve la vista entre el suelo y los árboles, porque Becerra quería llegar al helicóptero sin abrir más distancia entre nosotros.

14:15 Las pisadas descalzas aparecieron durante otro tramo junto a las nuestras, siempre en la misma dirección. Luego el terreno se endureció y dejamos de verlas. Nadie hizo comentarios. Montiel caminaba por su cuenta, aunque llevaba una mano cerca de la nuca por la lesión de la caída, Ceniceros mantenía la radio encendida y Ledesma cubría el frente, en un punto escuchamos ramas romperse a nuestra derecha, después otro movimiento pasó por encima y terminó detrás, seguimos avanzando, poco después entró una transmisión y Ceniceros levantó una mano para detenernos, La voz tenía el timbre de orduña, repetía nuestro indicativo y pedía que regresáramos. Becerra tomó el micrófono, pidió autenticación y recibió la misma petición. Entonces solicitó el código del día. La radio quedó en silencio unos segundos. Después escuchamos una respiración fuerte y el sonido grave que ya conocíamos. La transmisión terminó.

15:19 Becerra devolvió el equipo a Ceniceros y ordenó continuar. Llegamos al helicóptero y aseguramos primero los alrededores. Yo revisé el costado por donde habíamos salido antes, mientras Ledesma cubría la vegetación y Montiel entraba con Becerra al compartimiento. Escuché a Montiel llamarlo y me acerqué. Había una mano humana sobre el piso. Estaba separada por encima de la muñeca y tenía sangre reciente. Los cinco habíamos revisado ese espacio antes. La caja estaba ahí cuando llegamos por primera vez, y ninguno había visto ese resto. Montiel no intentó identificarlo, lo envolvió y lo guardó como evidencia. Becerra ordenó establecer una posición alrededor de la aeronave, y Ceniceros volvió a buscar enlace con el mando. La lluvia empezó mientras preparábamos la defensa, primero ligera y luego constante. suficiente para borrar los rastros del suelo y aumentar el ruido de las ramas. Ceniceros consiguió una comunicación incompleta, pero alcanzó a informar que Orduña estaba desaparecido, que habíamos tenido contacto visual con un posible tripulante y que la caja seguía vacía. La respuesta fue mantener la posición hasta la llegada de un elemento terrestre.

16:42 No había extracción aérea disponible. Nos distribuimos alrededor del fuselaje y esperamos. La lluvia nos obligaba a revisar la misma zona varias veces, porque el movimiento de las hojas cubría otros sonidos. Ceniceros estaba cerca de mí cuando la radio volvió a activarse. Escuchamos la voz de Orduña decir su apellido. Ceniceros respondió de inmediato y preguntó dónde estaba. Becerra le quitó el micrófono antes de que pudiera repetirlo y cortó la comunicación. No habían pasado muchos segundos cuando alguien volvió a decir,« Ceniceros, desde la vegetación, y los cinco lo escuchamos». Ledesma cubrió la izquierda. Yo giré hacia el lado contrario y Montiel quedó junto al helicóptero. La voz se repitió desde otro punto, más cerca, y entonces vimos movimiento entre los árboles. un hombre salió hacia nuestra posición con un brazo colgando y la cabeza baja, reconocía a Orduña por el uniforme, el chaleco y la cara, tenía sangre en el cuello y el pecho, Becerra le ordenó detenerse, pero Orduña siguió caminando, le pidió el código de autenticación y tampoco respondió, dio otros pasos, Becerra volvió a ordenarle que se detuviera y levantara las manos y Orduña levantó la cabeza, abrió la boca y produjo el mismo sonido grave que habíamos recibido por radio. Becerra autorizó fuego. Ledesma disparó primero.

18:15 Yo lo hice después junto con Becerra. Orduña cayó frente al helicóptero y quedó inmóvil. Montiel esperó la orden. Se acercó con nuestra cobertura y confirmó la muerte. Al revisar el cuerpo, encontró heridas profundas en el cuello y la espalda. además de los impactos recientes. No permaneció junto a él más tiempo del necesario. Volvió a nuestra posición y seguimos cubriendo la vegetación. Entonces la radio recibió otra interferencia. Primero entraron varios sonidos, después escuchamos otra vez la voz de Orduña, pero el cuerpo seguía delante de nosotros. Ceniceros bajó el volumen y nadie respondió. Casi al mismo tiempo empezó a moverse la vegetación en varios puntos, A la izquierda, detrás del helicóptero y por encima. Ledesma trató de seguir uno de esos movimientos. Alcancé a verlo girar el arma hacia arriba antes de que algo cayera sobre él. La figura lo golpeó y ambos fueron al suelo. Esta vez tuve contacto visual suficiente. Vi un cuerpo grande, brazos y piernas con pelo negro y la piel cubierta de sangre y lodo.

19:30 No distinguí el rostro con claridad. Becerra autorizó fuego y disparamos cuando la figura se separó de Ledesma. Subió por un tronco, entró entre las ramas y desapareció. Dejamos de disparar en cuanto perdimos contacto. Montiel llegó hasta Ledesma. Yo cubrí encima de ellos mientras Becerra vigilaba el frente y Ceniceros pedía apoyo por radio, Ledesma tenía heridas profundas en el pecho y el cuello, Montiel trabajó sobre él durante varios minutos pero terminó apartando las manos y confirmó que había muerto, quedábamos cuatro, Becerra nos colocó alrededor del helicóptero, mantuvo a Montiel dentro de la cobertura del fuselaje y ordenó que nadie abandonara su posición. Después de eso, no volvimos a ver una figura completa. Escuchamos ramas desplazarse varias veces y la radio recibió otras voces. Una volvió a tener el timbre de orduña, otra pidió ayuda sin dar identificación, así que Ceniceros dejó de contestar. El elemento de extracción llegó cuando la luz ya estaba bajando. Aseguraron el perímetro, recogieron los cuerpos de orduña y ledesma y nos sacaron por tierra. Los tres tripulantes del helicóptero no fueron localizados y la caja tampoco apareció. En el informe entregué las fotografías del rastro, las muestras recogidas, el registro de comunicaciones

21:00 y mi declaración. Describí las huellas desde la bota hasta las marcas descalzas. La figura que vimos en el árbol, la desaparición de Orduña, su regreso y el ataque contra Ledesma. No añadí causas porque no las tenía. De los seis que entramos, cuatro regresamos. Semanas después me pidieron reconocer varias secciones del audio de la operación. Escuché los gemidos, el sonido grave y las voces que habíamos recibido en la selva. El técnico me informó que, en varios de esos momentos, No había una transmisión externa identificada en la frecuencia. La última grabación que me hicieron escuchar tenía la voz de Orduña, pero Montiel ya había confirmado su muerte cuando quedó registrada.