UN GRITO PROVIENE DE LAS TUMBAS / RELATOS DE CUIDADORES DE CEMENTERIOS / L.C.E.

Relatos nuevos y antiguos del canal formando una recopilacion de absoluto terror para escuchar por la noche, y desarrollar un miedo a los cementerios.
Relatos nuevos y antiguos del canal formando una recopilacion de absoluto terror para escuchar por la noche, y desarrollar un miedo a los cementerios.
Los cementerios, el lugar que creo que todos los que estamos viendo este vÃdeo tenemos como destino. Una vez que dejemos esta tierra, la mayorÃa de nosotros va a terminar metros y metros bajo tierra, los denominados campos santos, estas tierras de eterno, descanso para las almas y desgaste de los cuerpos. También tiene sus cuidadores y estos cuidadores tienen cosas interesantes que contar respecto a esta tierra, tal como lo veremos en este vÃdeo. Pero antes les quiero hacer una pregunta y creo que si les gusta el tema de lo paranormal, ustedes ya saben esto. Se dice que cuando murió Jesús en aquel monte, muchas de las personas que eran devotas años y años después de esto pedÃan como último deseo ser enterrado lo más cercano al campo. A ese Monte, donde Jesús habÃa sido crucificado de alguna manera. Ellos creÃan que estando más cerca de este sitio y van a exceder más rápido al cielo. Era un pensamiento que tenÃan. Y esto no solamente se remonta a este campo ahà en Jerusalén, sino que también se remonta a ciertas capillas en donde se dice que un santo bajó y edificó una capilla. En concreto. Tanto es asà que las personas buscan será enterradas en estos lugares, será enterradas en estos lugares santos creyendo que de esa manera, como lo dije anteriormente, tienen asegurada la entrada al cielo cada quien cree lo que quiere creer. Pero esta siguiente historia va de la mano con esto y creo que nos vas a replantear si es que es en serio el lugar donde nos entierran. Importa tanto ya que, al parecer, según este, a pesar de que este cementerio fuera muy peleado, fuera denominado por muchos pobladores como un campo santo indicado para ser enterrado ahÃ, para asà partir al cielo. Esta historia nos corrobora que hay almas en pena, almas que aún siendo enterradas en este tipo de sitios, simplemente no haya en el descanso eterno. La historia es la siguiente hola alex Mi nombre es Eduardo Gómez. Tengo tiempo ya escuchando sus relatos y en esta ocasión quisiera compartir el mÃo. Es un poco raro decir qué es mi relato, porque en realidad no me sucedió a mÃ, sino es que me lo contaron. Verás, yo soy velador y pese a uer que en esta compañÃa en la que estoy en aquel tiempo estaba en otra, pero prácticamente durante toda mi vida me he dedicado a ser guardia de seguridad durante la noche y, como te digo, me han colocado en diferentes lugares, en diferentes sitios, algunos muy lejanos, otros muy cercanos. Y tal vez, para mi buena suerte, nunca me ha pasado nada bueno, nada fuera de lo común. Durante la noche, a lo mucho he visto algunas sombras a escuchar ruidos extraños. Pero hubo una ocasión en la que a mà y a otros cuatro compañeros nos pusieron a cuidar una bodega. Esta bodega tenÃa artÃculos muy preciados, asà que ocupaban cinco guardias passe Resulta que esta bodega se encontraba en un pueblo al caso una hora de distancia donde yo vivÃa. Debido a la distancia, el pago era muy bueno y prácticamente, para ser honesto, no hacÃamos nada durante la noche. Pero esta bodega, aparte de quedar en un pueblo, lo verdaderamente macabro podrÃamos decirlo, es que estaba enfrente de un cementerio. Este cementerio era pequeño. Se tenÃa planeado que fuera más grande, pero debido asuntos del Gobierno, del municipio y a otras constructoras, se frenó la construcción y terminó siendo un cementerio pequeño. Un cementerio pequeño al cual era muy peleado. Los lugares que habÃa ahà eran muy caros y también muy peleados por las personas, porque da la coincidencia de que este cementerio queda exactamente a espaldas de una iglesia la cual es muy devota de un santo y se ha dicho que en esta iglesia sucede en varios mitos milagros, por asà decirlo, por lo que este cementerio es muy preciado. PodrÃamos decir para las personas que quieren, pues llegar al cielo, ya que creen que, al ser enterrados aquÃ, el camino va a ser más fácil. No lo sé son las creencias que tienen ellos. Lo importante aquà y una vez ya dándote contexto de todo, es que en este trabajo, durante la noche conocà al cuidador de ese cementerio, se llamaba Ãngel y era un señor ya de algunos ochenta y tantos años. El tiempo se veÃa que le habÃa cobrado factura, se movÃa con un bastón y, para ser honesto, tenÃa una cara de pocos amigos. Yo estuve trabajando ahà antes de hablarle como algunos tres o cuatro meses, y durante esos tres o cuatro meses, antes de iniciar alguna conversación con él, mis compañeros y yo veÃamos como en punto de las tres de la mañana. Ãl siempre salÃa del cementerio y ahà se quedaba. Muchas veces se quedaba parado mientras tomaba una taza de café. Otras veces caminaba hacia un extremo y luego volvÃa a caminar hacia el otro extremo y asà se la pasaba, yendo de un lado hacia otro. Nos llamaba la atención, ya que parecÃa que no salÃa a hacer nada, en particular, solamente a pasar el tiempo. Pero lo curioso es esto alex que siempre salÃa en punto de las tres de la mañana, conforme pasó el tiempo. Entablamos conversación con él. Te dije que tenÃa cara de pocos amigos, pero una vez que lo conoces es una persona muy tierna, muy alegre. De hecho, nos dijo que él no tenÃa la necesidad de estar trabajando, solamente que no le gusta estar en la casa. Le gusta estar trabajando y que él sabÃa muy bien que ya no le quedaban muchos años. Ãl ya tenÃa su puesto ahà en el cementerio, ya lo habÃa pagado y de alguna forma muy tenebrosa. Tal vez para algunos él se estaba aclimatando, como nos decÃa, para la hora en la que él llegarÃa a ese lugar, que no lo tomaran por sorpresa, Sus hijos tenÃan mucho dinero e incluso iban por él e iban a dejarlo. Pero él es uno de esos viejos necios. No puedes hacerlo entrar en razón, por asà decirlo. Ãl querÃa trabajar y asà se hacÃa. Después de ya tener confianza con él. Le pregunté sutilmente la llevaba para un año trabajando ahà y le dije Oiga don Ãngel. Yo noté algo de usted y es que siempre a las tres de la mañana cuando nosotros estamos aquà fumando. Usted siempre sale del cementerio e incluso lo hacÃa antes antes de que nos hiciéramos amigos, por qué lo hacÃa. Don Ãngel En ese momento se puso serio. Nos miró a los cinco que en ese momento los cinco estábamos fumando ahà en la calle haciéndole compañÃa, Estábamos en un descanso, por asà decirlo. Recuerdo que eran las tres cuarenta En ese momento. Ãl nos dijo miren muchachos. Es posible que esto que les diga se les va a hacer. DifÃcil de creerlo, pero yo he estado trabajando en este cementerio cerca de tres años y desde la noche en que vine mi primera noche dirigÃa escuché los gritos de una mujer. Estos gritos se oyen desesperados. Se oyen como si la pobre mujer estuviera sufriendo, pero los escuchas dentro del cementerio muchas veces e incontables noches. Al inicio, el menos estuve buscando de dónde provenÃan estos gritos. Ojo, los gritos se escuchan, pero solamente si estás dentro del cementerio, son como gritos ahogados solamente perceptibles a las personas que estén dentro de este. Una noche lo seguà y pude ver de dónde provenÃan los gritos. ProvenÃan de una tumba. En ese momento me dio miedo. No les voy a contar mentiras, pero al dÃa siguiente temprano fui investigué Aquella tumba pertenecÃa a una mujer, una mujer que, haciendo los cálculos en las fechas, habÃa fallecido a la joven edad de veintidós años. Obviamente, esto me produjo un escalofrÃo. Después de investigar un poco con otras personas con los policÃas me dijeron que esa mujer habÃa ha sido traÃda de otra localidad. No era una mujer de este pueblo, ni siquiera de la ciudad contigua, pero decÃan que a esa mujer le habÃa sido arrebatada la vida mediante ahogamiento, la bien asfixiado, la habÃan estrangulado probablemente algún criminal, algún ladrón o si no es que algo peor. Pero todas las noches, en punto de las tres de la mañana, escucho ese grito provenir de aquella tumba y es por eso que decido salir. Llámenme loco, pero no me gusta atormentarme a mà mismo quedándome dentro del cementerio una vez que nos terminó de contar esto. Tal vez algunos de ustedes que están escuchando la historia creerán que esto era un relato de terror o tal vez una historia para asustarnos, pero créanme la manera en la que ese viejo nos contóliza historia los ojos que nos puso. Cada expresión que hacÃa. No me cabÃa la menor duda de que no nos estaba mintiendo. Don Ãngel siguió trabajando en ese cementerio hasta que después de un par de meses dejó de ir entre plática y plática con otras personas. Nos enteramos que don Ãngel se habÃa puesto más delicado de salud, por lo que el médico le prohibió estarse desvelando y le prohibió, obviamente, tener jornadas largas de trabajo. AsÃ, este no hiciera nada, por lo que empezó a cuidar más su salud y se quedó en casa ahà haciendo cosas de jardinerÃa por lo menos. Pero esta historia no termina aquÃ. El puesto de don Ãngel ahora estaba vacante necesitaban a un cuidador de cementerio. Y les digo que si al caso diez quince fueron pocos los que desfilaron por aquel cementerio, cada dos o tres dÃas e incluso la noche, los cuidadores se iban del cementerio no volvÃan. Solamente dos o tres dÃas era lo máximo que aguantaban. No se sabÃa por qué Todos renunciaban solamente no querÃan volver hasta que el mismo cementerio contrató una empresa de seguridad privada y estableció una caseta, una caseta móvil, que después le hicieron permanente. Pero afuera del cementerio, el vigilante en cuestión tenÃa que rodear el cementerio y cuidarlo. Pero solamente desde afuera yanó desde adentro. Todas las labores de mantenimiento se hacÃan durante el dÃa, ninguna durante la noche nosotros de vigilantes en aquel tiempo, supimos en verdad por qué aquellos cuidadores no regresaron y por qué la vigilancia se hacÃa desde afuera. Seguramente sus gritos de aquella alma errante aún se escuchan. Muchos de los que me ven son padres. Seguramente y como padres, quién no ha escuchado que cuando se tiene un hijo varón o incluso una mujer, se le tiene que enseñar de dónde proviene el dinero. Creo que no son pocos los padres que alguna vez han llevado a su hijo a laborar, tal vez su trabajo, tal vez a otro trabajo, tal vez simple llanamente a un trabajo pequeño, enseñarle más que nada cómo es el trabajo para que aprenda a valorar o simplemente para que el chico se vaya desenvolviendo. Esto se hacÃa mucho en antaño Creo que las personas que crecieron en los ochenta en los noventa todos tuvieron esta experiencia. Sus padres los llevaban al campo a los trabajos desde muy pequeños, desde los nueve los diez años. Y es precisamente en esos años en que este relato sucede. Este hombre, ahora que ya es abuelo, recuerde esta historia que vivió con su hijo el dÃa en el que, como muchos otros padres, llevaba a su hijo a que aprendiera el trabajo de jardinerÃa, el de mantenimiento, pero de un cementerio. El padre trabajaba en fin de semana solamente en este cementerio. Este padre poco sabÃa lo que le iba a suceder a plena luz del dÃa en este cementerio, tal pareció ser que su hijo encontró algunos habitantes habitantes de este mismo cementerio que se supone no deberÃan estar ahà o la comunidad de la cripta. Les quiero contar mi experiencia. Verán. Yo ya soy una persona mayor y esta experiencia me pasó cuando recién estaba educando a mi hijo mayor. Allá por los años ochenta, yo tuve muchos trabajos. Aparte de dedicarme a la ganaderÃa, a las maquilas, tenÃa un trabajo también de mantenimiento y cuidador de cementerio los fines de semana. Como sabrán, en aquella época, uno, como padre se preocupaba por qué su hijo, a una temprana edad supiera lo que es el trabajo. Les enseñábamos a ganarse el pan dÃa con dÃa. Obviamente, nada de sobreexplotarlos o la mente. Lo llevamos al trabajo y les enseñamos a hacer ciertos oficios. A mà me tocaba cuidar el cementerio durante la noche, el dÃa sábado y el dÃa domingo y durante el dÃa. Si es que tenÃa que hacer algo, lo hacÃa, ya sea en la mañana o en la tarde de esos mismos dos dÃas. Pase resulta que aquel sábado tenÃa que hacer algunas cosas. Nada del otro mundo era solamente limpieza general, por lo que decidà llevar a mi hijo. Recuerdo que en aquel tiempo él tenÃa doce años. SabÃa chapolear, sabÃa hacer limpieza general. También sabÃa de ganaderÃa, por lo que pensé en llevarlo también para darle su dinero. Empezamos con el trabajo y todo iba muy bien. No habÃa nada fuera de lo normal. Empezamos chapoleando recogiendo la basura. De hecho, el otro chico que también cuidaba el cementerio durante el dÃa estaba acompañándonos el cementerio hasta la una de la tarde en fin de semana. Se mantenÃa cerrado esto para hacer las labores de limpieza, por lo que en ese momento éramos nosotros tres, los únicos que estábamos metidos. En ese cementerio. No habÃa nadie más. La puerta estaba cerrada, la barda era grande, nadie podÃa saltarla, por lo que tenÃa mucha confianza. Dejaba que mi hijo se fuera lejos, hacÃa lo que tenÃa que hacer y volvÃa, por lo que cuando terminamos le dije mira. Ya terminamos. Si quieres voy descansa. Estábamos a pleno sol y en el cementerio solamente habÃa unos árboles en los cuales uno podÃa agarrar sombra. Mi hijo estaba sudando, estaba rojo de la cara, ya por lo que me dijo que sà que iba a descansar un poco pasaron los minutos y yo me entretuve platicando con el otro chico. Estuvimos hablando del trabajo, de las cosas pendientes que habÃa que hacer y la noción del tiempo se me fue. Creo que habrÃan pasado algunos cuarenta minutos, cincuenta minutos y me percaté de que no veÃa a mi hijo y no lo escuchaba por ninguna parte. Yo empecé a gritar, a gritar por su nombre para que viniera mi hijo toda su niñez y adolescencia. Fue un niño muy obediente. Si yo le gritaba que viniera, él lo hacÃa, pero aquel dÃa, incluso con la luz del sol de mi lado, no podÃa verlo. Miraba las piletas, gritaba por él, pero él no me contestaba. No importa para dónde mirara. No veÃa nadie. Los árboles, aquellas capillas grandes de cemento que ponen tampoco habÃa nadie allÃ. Le pedà al chico que estaba cuidando el cementerio que si, por favor, me ayudaba a buscar a mi hijo y él obviamente me dijo que sÃ, empezamos a buscarlo, pero no le encontrábamos. Pasaron diez minutos, quince minutos máximo, y fue que tanto él como yo empezamos a escuchar algo. Eran gritos, pero gritos de diversión. Eran voces de niños, no era solamente de uno, eran como de tres de cuatro. Se escuchaban buces de niños risitas como si estuvieran jugando, Pero lo extraño y lo que provocaba mucho miedo en ese momento era que se escuchaba entre las tumbas. Es difÃcil de creer, pero quiero que se pongan en mis zapatos. Era como si escucharas la risita de un niño, pero que voltearas y no hubiera nada y la seguirás escuchando, pero ahora del otro lado y ahora de enfrente y luego de atrás para ver a todos lados y solamente ver cruz entonces ver lápidas, no ver a ninguna persona. Esto obviamente, me desesperó más y tanto el chico como yo estábamos con miedo, pero también impacientes estresados. Necesitábamos encontrar a mi hijo. SabÃamos muy bien que nadie se habÃa metido y sabÃamos mejor todavÃa que mi hijo, a esa edad no podÃa escalar la barda ni podÃa abrir el portón. Fueron todavÃa como unos veinte minutos más de estar buscando como locos hasta que finalmente, asà como fugazmente desapareció fugazmente apareció entre las tumbas, Mi hijo apareció corriendo pero corriendo felizmente. Ãl estaba feliz, tenÃa la cara como si hubiera estado jugando durante mucho tiempo. Yo fui hacia él y lo primero que hice fue a abrazarlo y después lo regañé Le dije que a dónde habÃa ido, que lo estaba buscando. Desesperado que por qué no me habÃa contestado que dónde se habÃa metido mi hijo ya con un semblante más calmado, me dijo disculpa. Mi papá no te escuché. Estaba jugando con unos niños. Ellos me encontraron en el árbol y empezamos a jugar andan aquà en el cementerio también, pero ellos me dicen que aquà viven. Yo les preguntaba por sus padres, ya que andaban solitos, pero ellos me seguÃan diciendo que aquà vivÃan. Creo que han de suponer como me puse después de escuchar esto. Obviamente, tanto al otro chico como a mà nos empezó a dar miedo. Y es bien dicho que los niños no mienten. A veces son tan inocentes que dicen la verdad sin medir. Si ésta fuera difÃcil de creer, le pregunté que a dónde le habÃan llevado, y él me dijo que a ningún lado que estuvo jugando con ellos aquà en el cementerio, que no habÃan salido Para dar fin a ese dÃa, yo junté mis herramientas, me despedà de aquel compañero, ya que en la noche me tenÃa que presentar a cuidar al cementerio. Todo el turno de la noche. Llevé a mi hijo a su casa y ahà lo dejé no sin antes preguntarle justo cuando estábamos saliendo del cementerio, le pregunté oye, hijo, aquellos niños que me dices dónde estaban jugando. Estuvimos jugando en todo el cementerio, pero aquellos dos niños se la pasaban sentados en aquel lugar. Y me señaló el lugar especÃfico donde aquellos dos niños se sentaban. Esa misma noche llegué al cementerio y me dirigà a ese lugar. A lo lejos, yo veÃa dos estatuas que poco a poco, conforme yo me iba acercando, tomaron la forma de unos ángeles, unos querubines en lugar donde aquellos dos niños se sentaban. Eran dos tumbas. Las dos tumbas leer los nombres y a leer las fechas eran de dos niños, uno de ocho años y el otro de nueve. Y como si esto no fuera poco, los dos niños, al ver los apellidos, habÃan sido hermanos. Me retiré del lugar. Después de ver esto y pese a que mi hijo seguà llevándolo a diferentes trabajos en los que yo me desempeñaba, como dije anteriormente, ganaderÃa maquila. No volvà a llevarlo al cementerio. TenÃa ese miedo tal vez que de nuevo se desapareciera. Tal vez otra vez estos niños se lo llevaran de nuevo y esta vez no regresara. A pesar de que fue cuidador de aquel cementerio durante otros buenos años, yo no volvà a escuchar las risas de ningún niño entre las lápidas. Solamente fue aquella vez. Y es que tal vez los niños, aquellos niños que entran en al cementerio como mi hijo, tal vez llamen la atención de espÃritus que todavÃa no abandona en aquel lugar. Tal vez hay espÃritus que se quedan en el cementerio durante un tiempo y les llaman la atención la energÃa que portan los niños, porque te sabré decir alex y comunidad de la cripta que historias como la de mi hijo son muchas las que hay. Casualmente, los niños, cuando entran al cementerio, pueden ver e interactuar también con cosas que nosotros, como adultos, no podemos ver. Todos hemos tenido una mala experiencia en el trabajo, pero claro, si esto le sumas, será el cuidador de un cementerio y sobre todo de noche. Creo que tener una mala noche en ese tipo de lugares es de mucho pensarse, ya que qué podrÃa ser lo que te haga pasar un mal momento o una mala noche en un cementerio. No hay cámaras que vigilar, no hay inventario que hacer, solamente vigilar las tumbas de noche, claro vigilar que nadie se meta. Pero qué pasa si el intruso ya está dentro el intruso que tú crees que anda merodeando no viene de afuera, sino que viene de una de las tumbas. Esta historia tiene como protagonista a dos cuidadores, los cuales fueron confundidos totalmente al creer que el uno y el otro hacÃan sus trabajos normalmente como cualquier otra noche, se veÃan a la distancia, Pocos sabÃan que lo que en verdad veÃan no era ni uno ni el otro. Alguien más, alguien que estaba con ellos en ese cementerio, alguien a quien y jamás le pudieron ver el rostro pero que sà los acosaba durante la noche. Soy historia es la siguiente hola alex Mi nombre es Emilio Durango y quiero contarte una experiencia sobre cementerios. Hace poco que sigo tu Canal y he visto que tienes una sección sobre historias de cementerios y creo que esta experiencia mÃa cae como anillo el dedo mira te. Voy a comentar que yo fui cuidador de cementerio. Solamente una vez lo fui y créeme que no me quedaron ganas de repetirlo. Sucede que yo soy una de esas tantas personas que perdió el trabajo en el año dos mil veinte debido a toda esta crisis sanitaria en la época de la pandemia. Yo tenÃa un pequeño negocio que me mantenÃa a flote, pero necesitaba más dinero. Entonces en la búsqueda de trabajo, di con este empleo en el cementerio. Era el mes de octubre y para noviembre, como conocen el dÃa de muertos. El dÃa primero, muchas personas van al cementerio. Ocupaban un velador o un velador que le hiciera compañÃa al cuidador del cementerio que tenÃan ahà ya de años era un señor ya mayor, pero que conocÃa todo el cementerio y sabÃa todo lo que habÃa que hacer en regla. Este hombre, al ser alguien mayor, obviamente, no tiene mucha paciencia con la tecnologÃa de ahora por más simple que les pueda parecer. Mi trabajo ahÃ, durante la noche a las siete de la tarde, que era cuando llegaba, era checar que las personas que entraran tuvieran al cobrebocas portarán con gafas y tomarles la temperatura, cosas que se hacÃan en ese año en absolutamente todos los establecimientos. Creo que era lo único que yo hacÃa durante la noche que me tenÃa que quedar con él. Yo me quedaba en una caseta de madera. Era nueva, la habÃan puesto justo en la entrada del cementerio, la caseta que ya llevaba tiempo y era la que él usaba estaba en medio del cementerio, a una distancia justa que iba a la entrada principal y a la entrada trasera. Cuando llegué y trabajé con este hombre, hablamos de diferentes cosas y me dijo lo que se tenÃa que hacer. También me mencionó que si yo llegaba a tener sueño durante la noche, habÃa un horario en el que podemos pestañear sin tener problema, y esto era de las tres y media de la mañana a las cinco de la mañana, Es ser un horario en la que prácticamente no hay nada de ruido y está todo calmado. Yo le agradecÃ, y esto prácticamente me estaba diciendo que si me dormÃa en ese horario no habÃa problema. Ãl se fue a su caseta y yo a la mÃa. Entre la plática que habÃamos tenido. Ãl me dijo que una de las cosas que le hacÃa que era por regla, era vigilar todo el cementerio durante la noche, pero caminar entre las tumbas, dar rondines cada cierto tiempo y lejos de que prácticamente era su trabajo, Ãl decÃa que a veces lo hacÃa porque el cementerio, ese silencio, esa brisa, le daba mucha tranquilidad, Lo hacÃa sentir en paz. Como quien dice, es algo extraño. SÃ, pero pues de ese tipo de personas hay a mà también se me habÃa encomendado estar cuidando el harena enfrente y también dar rondines por todas las tumbas que estaban enfrente. Cuando él se retiró a su caseta y yo a la mÃa, nos veÃamos desde lejos cada quien portaba con una lámpara y cuando llegaron las trece y media de la mañana, cada uno ya se encontraba adentro de su caseta. Yo me preparé, me recliné en el sillón y traté de dormir. Pero para mi mala suerte, descubrà que soy una de esas personas que no importa qué cansa de esté. No importa si no hay ningún ruido, si no estoy en un lugar cómodo como mi cama o que me sienta seguro, me es imposible dormirme. Yo estaba solamente dormitando por más que intentaba conciliar el sueño no podÃa hacerlo cuando en eso de pronto enfrente de mà en la ventana, se dibujó una sombra. Yo la podÃa ver muy bien, ya que la sombra traspasaba la ventana. Todo esto debido a la luz que reflejaba los faros de la carretera, que permitÃa entrar parte de la iluminación De inmediato me llamó la atención esto, pero era la sombra de un hombre. Este hombre se encontraba parado enfrente de la caseta. A mà se me hizo extraño, pero en ese momento no pude levantarme. Como les digo, no podÃa dormir, pero eso no significa necesariamente que traÃa energÃa. Estaba cansado y a pesar de que esto se me hizo raro, lo primero que pensé es que era don Oscar, el cuidador del cementerio. Pensé que tal vez habÃa venido a platicarme algo. Cuando de pronto vio que esta sombra se acerca y pone su mano sobre el vidrio de la ventana y con su palma la toca dos veces tenuemente hace un leve golpe lo suficiente para llamarme atención, pero que de seguro, si hubiera estado profundamente dormido, no lo hubiera notado. En ese momento yo le pregunto don Oscar, qué pasó me estaba quedando dormido. Acto seguido. La sombra se retira y va a ir interna en lo profundo del cementerio, yo estaba muy cansado. La verdad. Ni siquiera me molesté en salir, ni siquiera me molesté en abrir la puerta. Solamente me reincliné y a pesar de que traté, no pude dormirme. Solamente estuve acostado. Pasó esa noche, el dÃa siguiente y después otra noche hice todo y tal cual. La noche pasada hablé un poco con don oscar di mis rondines y al dar las tres y media de la mañana fui y me recosté a mi caseta. Igualmente esta vez más que la otra noche, me estaba ganando el sueño. Yo pensé que tal vez por fin podÃa dormir, pero de nuevo, aquella sombra se reflejó en la ventana. Otra vez estaba parado enfrente yo trayendo más sueño que la noche anterior. Esta vez no le contesté nada. Pensé que don oscar estaba haciendo sus rondines o sus caminatas, no o turno. En ese momento recuerdo que me habÃa dicho que caminar entre las tumbas lo relajaba. Y de nueva cuenta, este hombre pone la palma enfrente del vidrio y toca la ventana. Dos veces después de esto, se retira, como la noche anterior, sin pronunciar ni una sola palabra. Yo trato de conciliar el sueño y logro dormirme tal vez por unos treinta minutos. A la noche siguiente. Todo se vuelve a hacer como la noche pasada y la antepasada y en punto de las tres y media, de nuevo aquella sombra hacia aparición. Yo me encontraba otra vez recostado esta vez con más sueño todavÃa y veo cómo esta sombra se acerca nuevamente. Pone la palma enfrente del vidrio y toca la ventana dos veces con su palma. Nuevamente les tengo que decir que para este momento esto ya se me hace extraño. Don Oscar, si bien era una persona ya grande, era una persona muy parlanchina, no me cuadraba que viniera hasta casa simplemente a tocarme la ventana. Fue esto mismo lo que hizo que perdiera el sueño. Me levanté. Traté de despertarme un poco cuando en eso ve una luz que se refleja por la rendija de la puerta. Era la luz de una lámpara yo abrà la puerta de inmediato y era don Oscar quién se estaba acercando. Me traÃa café. El dÃa siguiente era uno de noviembre, por lo que venÃa a hablar conmigo de que tenÃamos que estar más al pendiente que nada y que el cementerio iba a tener las puertas abiertas hasta prácticamente las dos de la mañana. O si no es que hasta las tres o a lo mejor, toda la madrugada estábamos platicando de esto sobre cómo lo Ãbamos a hacer. Cuando en eso yo le pregunto oigandonos qu y usted no tiene dificultades para dormir. Lo veo que se la pasa dando caminatas por todo el cementerio. Don oscar, me responde no muchacho que va si con la pierna que me cargo ahorita. Yo solamente camino dos o tres veces en el cementerio, pero créeme que quisiera estar sentado en la caseta. Más bien, eres tú el que no para de caminar. Yo te he dicho que las tres y media, si quieres te puedes venir a dormir. No es necesario que estés caminando por todo el cementerio. No te vayan a asustar. Yo en ese momento estaba muy confundido y le digo don oscar, pero yo no salgo de la caseta. Yo solamente doy las dos o tres vueltas antes de meterme a las tres y media y no vuelvo a salir hasta prácticamente como las cinco y media o hasta las seis. El hombre, este anciano, arruga el ceño y me ve fijamente con ojos extrañados y me dice pero, Emilio, tú vas hasta mi caseta y y tocas mi puerta. Yo te he visto por mi ventana, a lo que yo le replico no don oscar. Usted viene esa hora pone la palma en mi ventana y toca mi ventana dos veces. Lo ha hecho seguidamente estos tres dÃas. Don oscar. Confundido, me responde que no, y yo todavÃa más confundido le digo que yo no soy el que va hasta su caseta a tocarle la puerta. Salimos de la caseta y los dos juntos porque, para ser sincero y sin estar mintiendo, tenÃamos mucho miedo, miedo de dos cosas tal vez un alma. SÃ, pensábamos que tal vez era un fantasma o tal vez una persona que se metÃa al cementerio. Y puede que esta no tuviera buenas intenciones, pero revisamos todo. No habÃa forma de que alguien se metiera, no habÃa rastros ni siquiera de que alguien se hubiera metido. Al llegar a la caseta, hicimos una prueba. Don Oscar se puso en el mismo lugar donde yo veÃa la sombra, detrás de la ventana. Yo lo podÃa ver y fue ahÃ. Fue en ese preciso momento en el que sentà más miedo que nunca, porque la sombra, la sombra que habÃa visto esos tres dÃas, no se parecÃa a don oscar. De hecho, gracias a la luz que penetraba, yo pude ver ciertos tonos de color en su ropa, ciertas caracterÃsticas de su cara. Su silueta no era la misma y Cuando yo me puse del otro lado, él llegó a la misma conclusión. La sombra que iba entre la noche a tocarle la puerta no era la mÃa. Era una silueta completamente diferente. Desde aquel dÃa y hasta que terminé de trabajar ahÃ, los dos quedamos de acuerdo en que estarÃamos juntos en una sola caseta. No sé qué habrÃa pasado aquella noche. No sé qué fue lo que hicimos o qué fue lo que que que desatamos. Tal vez algo hicimos que no se debe de hacer, pero no sabemos qué, porque desde que estuvimos los dos juntos en una caseta, mientras que uno dormÃa el otro vigilaba, jamás volvieron a tocarnos la ventana. Espero les haya gustado la historia. Saludos a Alex y a toda la comunidad de cripta manÃacos. Esta primera historia cripta manÃacos. Viene de parte de un sepulturero, o más bien de dos de ellos que, mientras estaban bajando aquel ataúd, aquel ataúd que, si bien es decir desde un principio, causaba dolor, no solo porque era una persona que era muy querida por toda su familia, sino que se trataba de un hijo, un chico joven, el cual habÃa perdido la vida y aquel dÃa estaba luchando por aferrarse a ella. Aún cuando habÃa fallecido. Las claras señales de que este chico se estaba aferrando a la vida fueron vistas por estos dos sepultureros y también por la madre de este joven. Su historia es la siguiente hola a todos. Mi nombre es Nelson Guzmán y mi experiencia comienza como una tarde normal. O bueno, cabe decir que para mà normal, dentro de lo que cabe, yo soy taxista pero también soy sepulturero trabajo en el cementerio, pero solamente me hablan cada vez que va a haber alguna. Sepultura también de diferentes cosa, cosas de mantenimiento. Respecto al cementerio, no voy todos los dÃas, pero ocasionalmente les tengo que decir que, al pasar de los años, he enterrado a variedad de personas, abuelitos, madres, padres. Pero lo que más duele e incluso para mà que en la mayorÃa de ocasiones soy alguien totalmente ajeno a la familia, alguien que no los conoce, pero siento su dolor. Lo que más duele, y les puedo asegurar esto es cuando padres entierran a sus hijos, se oyen los gritos desgarradores de la madre y el padre igualmente no encuentra consuelo claro y creo que es de pensar cuando un hijo fallece, sobre todo si es alguien joven, tenÃa toda una vida por delante. Creo que los padres jamás figuran hacia sus hijos, la mayorÃa de ellos. Es más, creo que todos piensan que sus hijos serán los que los van a enterrar, pero algunas ocasiones no sucede asÃ, y ese es el caso que les quiero platicar en esta ocasión. SabÃa que está entierro. Iba a ser algo duro e incluso para mÃ, para mi compañero, porque se trataba de un joven, un joven de apenas catorce años, el cual Ãbamos a sepultar aquella vez como era de esperarse. Los padres estaban al frente, habÃan pasado el velorio por alguna extraña razón. El sacerdote no habÃa llegado, por lo que las oraciones se las dio otro sacerdote de ahÃ. Pero no estoy muy seguro si va en categorÃas, pero el caso es que ese señor todavÃa no era un sacerdote como tal al cabo y todo se llevó a cabo el rezo y después el entierro. Pusimos el ataúd y lo fuimos bajando a base de unas poleas que tenÃamos yo y mi compañero, y cuando le Ãbamos bajando, nos percatamos de algo. Y es aquà lo extraño, porque no solamente fui yo, sino que también él. Empezamos a sentir vibraciones en el ataúd, pero no vibraciones lentas o pequeñas o leves eran vibraciones fuertes, como que de algo que estaba dentro, que se movÃa, que se movÃa y que después empezó a golpear la puerta del ataúd. No nos conformamos solo con sentir, sino que también volteamos y pusimos la mirada en aquel ataúd. Nosotros vimos claramente mi compañero y yo que la puerta de la taúd se estaba moviendo. Era como si alguien la estuviera golpeando de adentro hacia afuera una vez y otra vez y otra vez. En ese momento, la madre dijo que paráramos que, por favor, ya no lo enterraran, que ella veÃa que su hijo se estaba moviendo. Nosotros, obviamente, nos detuvimos porque también lo estábamos viendo. Pero el padre se nos quedó mirando y dijo, por favor, ya entiérrenlo. Por favor, bájenlo. Nosotros nos continuamos viendo entre sÃ, ya que estábamos viendo. Nuestros ojos eran testigos de que la taúd se estaba moviendo. En ese momento, la madre se tironea de los brazos del padre. Basta el ataúd lo abre la fuerza. Yo paso a ayudarle. Dejo a mi compañero solo con el peso, algo que me o no debÃa de hacer. Pero al abrir el ataúd lo vi con mis propios ojos. Era el cadáver de, un muchacho, un muchacho de catorce años y pero estaba inerte, no se habÃa movido, no tenÃa los ojos abiertos. Es más, la piel incluso ya estaba pálida. El maquillaje que le ponÃan estaba perdiendo su afecto. Ya la madre todavÃa se va sobre él empieza a llorar y el padre la retira y por si no fuera poco, me lanzo unos ojos de que por qué yo le seguÃa el juego, de que todo esto solamente lo hace más difÃcil para ella. Yo no sabÃa cómo explicarle al resto de personas que yo también y mi compañero también habÃan visto que estaban golpeando la tabúd desde adentro y no solamente nos quedamos en verlo. Nosotros dos sentimos las vibraciones. En fin para no quedar mal, volvà a mi puesto y bajamos el ataúd poco a poco y cuando le estábamos echando tierra aún todavÃa hasta este punto estábamos escuchando los golpes, golpes que provenÃan desde el ataúd, como si alguien desesperadamente nos estuviera pidiendo que lo sacáramos. Esta fue la parte más traumática para mà que todavÃa no me puedo sacar de la cabeza, porque yo lo estaba enterrando. Sentà muchas veces la necesidad de entrar al hoyo y abrir el ataúd, pero sabÃa muy bien con lo que me iba a encontrar con un simple cadáver. Fue una parte muy difÃcil para mÃ, no solamente para mÃ, sino también para mi compañero que mientras estábamos enterrándolo, nos mirábamos mutuamente. Ambos escuchábamos lo mismo. Pasó el tiempo y cuando llegó el padre, fue hasta la tumba de este muchacho lo persinó y rezó por él. Y nunca se nos va a olvidar lo que nos dijo a nosotros, ya que nosotros dos éramos los únicos presentes, ya que quedaban alrededor de la tumba, ya era de noche, habÃa familiares, claro que sÃ, pero ellos ya se encontraban retirados casi casi en la puerta del cementerio. Este sacerdote nos dijo lo siente en verdad es por eso de sus caras. Yo ya lo he visto algunas otras veces y es bastante triste. Este es un muchacho joven no sabe ni siquiera que está en otro mundo. Algunas veces y más las almas jóvenes que no han vivido lo suficiente o que se van con muchas ganas de vivir la vida o son las que más les cuesta retirarse. Están muy aferradas a la vida y con justa razón, no tuvieron un tiempo de vivirla Y después nos preguntó que qué era lo que habÃamos visto. Mientras lo estábamos sepultando, Nosotros dos le dijimos que habÃamos escuchado cómo golpeaba desde dentro del ataúd este sacerdote simplemente inclinó su cabeza. Sintió mucha pena por el chico, pero le dio más oraciones y habló solo con él. Creo que durante una hora y media o dos horas, el sacerdote fue el último, que se fue del cementerio. Cuando nos acercamos de nueva cuenta a la tumba, por debajo de esta ya no se escuchaba nada. Solamente silencio. Ah porque se me ha olvidado mencionar que aún cuando tenÃa tierra encima y cuando los familiares estaban dando el pésame a la familia ya retirados algunos yéndose, se podÃa escuchar todavÃa muy levemente y si ponÃas atención los golpes que provenÃan desde el ataúd incluso con la tierra encima, se podÃa escuchar. Cuando nos acercamos por la noche, estos ya nos escuchaban. Espero que ese joven haya encontrado la paz y también la luz para que llegue a su descanso eterno. Espero les haya gustado mi historia. Saludos a todos los que esta siguiente historia nos enseña que aún después de haber perdido la vida, aún después de estar, podrÃa decirse en esto este popular limbo, que se creen diferentes religiones, que hay un cierto periodo de dÃas en los que el difunto va a despedirse, nos deja más que en claro que también este difunto, esta persona puede pedir ayuda, puede manifestarse para que le cumplan ese último capricho, ese último favor, tal como le pasó a este sepulturero, el cual, sin previo aviso, fue visitado por alguien, alguien que ya no era parte de este mundo. Su historia comienza de la siguiente manera. Mi nombre es Juan DomÃnguez y lo que les quiero contar a continuación me pasó en el mes de diciembre. Yo tengo ciertos dÃas, ciertas temporadas, ya que soy un hombre mayor a los sesenta años en los que me desempeño como sepulturero. Soy una persona ya pensionada, asà que esto lo hago para ganar un poco más de dinero. Verán ahà me hace un llamado el cementerio y me pregunta si estoy libre para llevar a cabo un evento, un evento que significa prácticamente el entierro. Yo estaba libre, asà que me dirigà al cementerio. En este cementerio hay una capilla, una capilla que, a decir verdad, es muy grande. El cementerio en general es muy grande. Es un cementerio municipal y se encuentra en una zona de esta ciudad. Esta capilla pertenecÃa a una familia muy pudiente. Era una de esas familias Con dinero habÃan comprado varios espacios, habÃan diseñado lo que se podrÃa decir una cripta y en ella iban enterrando a los familiares. Algunos de estos espacios ya estaban ocupados, claro, pero la mayorÃa no estaban ocupadas. HabÃa dos secciones, una sección, podrÃamos decirlo a nivel del suelo y otra sección que iba más abajo como un sótano. Es increÃble que personas de veintitantos años ya tengan su espacio en el cementerio, sobre todo personas con mucho dinero ya tenÃan incluso su espacio ahà guardado. En fin, se me dio el llamado y me dijeron que iban a enterrar a esta persona en la parte de abajo en el sótano. Todo esto pasarÃa al dÃa siguiente, ya que la persona llevaba fallecida hace apenas unas horas de ese mismo dÃa, en lo que se hace su velorio sus rezos iban a sepultarla el dÃa de mañana y se me dio como encargo preparar la lápida, preparar el lugar a grandes rasgos. Yo fui quité el candado, abrà esta cripta y empecé a meter mis utensilios y en determinado momento, sin que yo me diera cuenta, me encontré con una señora. Esta señora se encontraba en el sótano de esta cripta de pie. Enfrente del lugar donde se suponÃa la persona que habÃa fallecido, iba a ocuparla. Yo me sorprendà un momento, pero inmediatamente le pregunté si tenÃa algo que hacer ahÃ, si venÃa a chicar algo. Algunos familiares vienen al cementerio, a achicar los lugares, a checar cómo se iba a llevar a cabo el entierro. Pero ella no me respondÃa. Era una señora que creo incluso mayor que yo como de algunos setenta y tantos años, pegándolo ochenta años, por su expresión, por su piel, por su forma de caminar, más o menos era lo que yo tanteaba en su edad. Ella no me dijo nada hasta después de unos minutos. Simplemente me dijo lo siguiente. A mà jamás me ha gustado este lugar. Siento que es muy oscuro y en este momento casi no veo nada. Le puedo pedir un favor. Cuando traigan el cuerpo, puede poner algo de luz, algo de velas, algo de antorchas por ambos lados de la lápida. Es un favor que se lo pido. PodrÃa yo le contesté que claro que sÃ, que no habÃa ningún problema y antes de que continuara la conversación, porque era más que obvio que esta señora era familiar de la persona que habÃa fallecido, salió de la cripta, asà como súbitamente se habÃa metido. Y sin yo percatarme de que se habÃa metido, ahora se habÃa ido. Yo estaba sorprendido, en cierto modo, porque cuando estaba haciendo los preparativos, recuerdo que habÃa quitado el candado de esta tumba. Con ese candado la puerta estaba cerrada. Con esto, nadie habÃa podido entrar claro una vez habÃa abierto la puerta. Fui al almacén, traje mis cosas y me metà y esta señora ya estaba dentro. Hay un margen de algunos cuatro minutos, cinco minutos, a no ser que esta señora me estuviera viendo desde la distancia. No hay una forma de que entrara tan rápido o al menos más rápido que yo en aquella ocasión. En fin, ya no le presté mayor atención a estos detalles y comencé a hacer mi trabajo. Al dÃa siguiente se llevó a cabo el entierro y, como se tiene de costumbre, el ataúd se encontraba abierto para que las personas se pasaran a despedir del difunto. Cuando yo me acerqué a este más que nada para cerrarlo y después meterlo a esta lápida que se encontraba en la pared y después sellarlo, me di cuenta que el cuerpo que se estaba enterrando en aquella ocasión. Era el de la señora que habÃa ido un dÃa antes a este cementerio. Era la misma, la misma cara e incluso llevaba la misma ropa puesta un vestido blanco, muy formal, muy costoso. En ese momento caÃa en cuenta lo que me estaba pidiendo. Esta señora pasaba la ley de lo normal. Ella prácticamente vino a ver su tumba y a decirme que le colocara algo de luz. No sé qué es lo que pasa después de que morimos, pero hay algunas personas que tal vez no soportan ese camino. Requieren algo de ayuda de los vivos y claro para que no se queden con la duda. Por supuesto que le puse luz a aquella señora y espero que ésta le haya ayudado para pasar al siguiente plano, para hacer su recorrido y por fin descanse en paz. Toma de




