1 Hora de Relatos Reales del Turno de Noche que te dejaran pesadillas
0:00 Trabajar en un cine puede ser para algunos muy divertido, para otras personas un trabajo de suma curiosidad, pero para los que en verdad trabajan ahÃ, saben que de vez en cuando se escuchan extraños ruidos. No es la primera vez que me mandan una experiencia que sucede en los cines.¿ Esto a qué se deberá? Muchas personas dicen que los lugares donde más se acumula gente Es donde más probabilidades hay de que cuando apaguen las luces sucedan cosas paranormales. Tales como cines, supermercados, centros comerciales.¿ Esto a qué se debe?
0:45 Se debe a que muchas personas dicen que algunas de estas personas que asisten llevan energÃas. EnergÃas de diferentes lugares. Tal vez ellos mismos cargan con entes... Con este tipo de vampiros energéticos Tal vez vienen de un cementerio Tal vez incluso hicieron brujerÃa Todas estas personas van a estos lugares Esa esencia podrÃamos decirlo En este tipo de lugares Lo que le pasó a nuestro amigo No es un evento aislado Ãl se encontraba Cerrando finalmente el cine En compañÃa de otros compañeros Cuando de repente empezaron a escuchar Unos ruidos muy extraños unos ruidos que parecÃan de niños.
1:34 Pero al ir a ver a la sala de donde provenÃan aquellos ruidos, se encontraron con que lo que estaba sentado en aquellas butacas no eran niños, era algo mucho más oscuro y también demonÃaco. Su historia es la siguiente. Hola Alex, mi nombre es Eduardo, tengo 25 años y hace algunos años trabajé en un cine ubicado dentro de una plaza comercial en el estado de Puebla. Entré cuando estaba estudiando la universidad porque necesitaba un empleo de medio tiempo.
2:24 Siempre me gustó el ambiente del cine, sobre todo porque pensaba que serÃa un trabajo tranquilo, lo que nunca imaginé fue que las funciones terminarÃan siendo la parte más normal del dÃa. Lo verdaderamente extraño comenzaba cuando el último cliente abandonaba el lugar, y nos tocaba cerrar el complejo. Lo que voy a contar te ocurrió en 2021, y aunque ya no trabajo ahÃ, todavÃa hay noches en las que recuerdo aquellas dos niñas sentadas hasta el fondo de una de las salas. Cuando entré a trabajar, me asignaron principalmente la dulcerÃa.
3:07 Con el paso de los meses, aprendà a hacer de todo, limpiar salas, revisar boletos, ayudar con el proyector cuando era necesario, y de vez en cuando, quedarme hasta el cierre. Los turnos nocturnos eran los más pesados. La última función terminaba cerca de la una de la mañana, después de que salÃa el último cliente. Comenzaba el verdadero trabajo. HabÃa que recoger palomitas, vasos, refrescos, barrer las alas, trapear, apagar proyectores, cerrar cajas. Era común terminar cerca de las tres de la mañana. Aquella noche solamente nos habÃamos quedado tres empleados, mi compañera Carla y mi amigo Iván. El guardia de seguridad hacÃa rondines por toda la plaza. asà que durante varios minutos estábamos completamente solos. Terminamos de limpiar las primeras salas sin ningún problema. Todo iba normal, hasta que llegamos al pasillo donde estaban las últimas dos salas de cine.
4:18 Mientras barrÃa el pasillo, escuché un golpe. Era un golpe seco, como si alguien hubiera dejado caer una butaca. Los tres levantamos la cabeza al mismo tiempo. Carla preguntó enseguida,¿ escucharon eso? Iván asintió, el ruido habÃa venido claramente de la sala 8, lo extraño es que esa función habÃa terminado hace más de 40 minutos, yo mismo habÃa revisado que no quedara nadie, pensamos que quizá algún cliente se habÃa quedado dormido, no serÃa la primera vez, asà que tomé una linterna y abrà la puerta. La sala estaba completamente oscura. Solo permanecÃan encendidas las pequeñas luces que marcaban las escaleras. Alumbré lentamente hacia las filas, pero no habÃa nadie. Yo grité en la sala,¿ hay alguien aquÃ? Pero nada más que silencio.
5:20 Ãramos los tres. Revisamos fila por fila y no encontramos absolutamente a nadie. Volvimos al pasillo convencidos de que el ruido habÃa sido alguna lámina del techo o alguna butaca que se habÃa movido sola, seguimos trabajando, cinco minutos después volvió a escucharse, esta vez fueron varios golpes seguidos, como si alguien estuviera caminando entre las filas, nos quedamos completamente inmóviles, el sonido duró apenas unos segundos, después volvió el silencio, recuerdo que incluso Iván hizo una broma para romper la tensión, pero ninguno se rió, habÃa algo raro, regresamos a la sala 8 otra vez, la puerta seguÃa cerrada, la abrimos lentamente, pero nada, todo permanecÃa igual, revisamos otra vez, pero no habÃa ni una sola persona, terminamos de limpiar las demás salas intentando ignorar lo ocurrido, cuando ya solo faltaba apagar las luces del pasillo, escuchamos algo diferente, esta vez no fueron golpes, sino que fueron risas, dos risas infantiles, muy bajitas, como si dos niñas estuvieran platicando, esta vez no hubo duda, el sonido provenÃa nuevamente de la sala 8, nos miramos los tres,
6:51 pero ninguno querÃa entrar, pero tampoco podÃamos dejar el lugar sin revisar, respiré profundo, empujé la puerta, y alumbré hacia el interior, al principio no vi nada, después levanté la lámpara hacia las últimas filas, fue entonces, cuando pude verlas, dos niñas, sentadas hasta atrás, una junto a la otra, dándonos completamente la espalda, llevaban vestidos claros, el cabello, les llegaba casi hasta la cintura, permanecÃan inmóviles, no parecÃan estar viendo la pantalla, solo estaban sentadas, sin hacer ni un solo ruido, Carla habló primero, niñas, ya cerramos, necesitamos que salgan, pero ninguna respondió, Iván levantó la voz un poco, tal vez ya para forzarlas a salir,¿ que acaso no escucharon?, tienen que irse, pero las niñas tampoco contestaron, SeguÃan completamente inmóviles.
8:00 Pensé que quizá estaban asustadas o que se habÃan quedado dormidas. Asà que decidà acercarme. Mis compañeros se quedaron observando varios escalones más abajo. Mientras subÃa, sentÃa un nerviosismo extraño. No sabrÃa explicar por qué. Las niñas seguÃan sin moverse. Cuando llegué a la última fila, quedé justo detrás de ellas. y me percaté de que éstas no respiraban, ni siquiera movÃan el cuello. Extendà lentamente la mano y toqué el hombro de la niña que estaba más cerca. En cuanto la toqué, las dos giraron la cabeza exactamente al mismo tiempo.
8:44 No movieron el cuerpo, solamente el cuello. Lo suficiente para mirarme. Sentà que todo mi cuerpo se paralizó, porque ahà pude ver que sus ojos eran completamente negros... no tenÃan iris... no tenÃan parte blanca... solamente oscuridad... una oscuridad profunda... como si sus ojos fueran dos agujeros... la piel... era demasiado pálida... y las dos sonrieron lentamente... no dijeron una sola palabra... solo me miraban... retrocedà de inmediato... tropecé con uno de los escalones... y caà de espaldas Iván corrió a ayudarme al verme completamente pálido volteó hacia las niñas y comenzó a gritar Carla también las vio los tres salimos corriendo de la sala nunca habÃamos corrido tan rápido llegamos hasta el lobby completamente agitados justo en ese momento apareció el guardia de seguridad al vernos tan alterados nos preguntó que habÃa pasado intentamos explicarle y este al principio creyó que era una broma, pero al ver nuestras caras de susto, decidió acompañarnos, regresamos los cuatro, el guardia entró primero, nosotros detrás de él, la sala estaba completamente vacÃa, las últimas filas ya no tenÃan a nadie, revisamos debajo de los asientos,
10:16 los pasillos, las salidas de emergencia, no habÃa rastro de las niñas. El guardia pensó que alguien nos habÃa querido jugar una broma. Pero habÃa un problema. Las cámaras del pasillo nunca registraron que alguien entrara o saliera de la sala. Esa noche terminamos de cerrar lo más rápido posible. Al dÃa siguiente contamos lo ocurrido al gerente. Ãl simplemente nos dijo que probablemente el cansancio nos habÃa hecho imaginar cosas. Pero sin embargo... Los ruidos no dejaron de escucharse. Durante los siguientes meses era común que, después de la última función, se escucharan pasos, golpes, risas infantiles o el sonido de las butacas bajándose solas. Cada vez que ocurrÃa, revisábamos la sala 8.
11:12 Nunca encontramos a nadie. Jamás volvimos a ver a aquellas niñas. Pero tampoco dejamos de escuchar los ruidos. Tiempo después, renuncié para dedicarme de lleno a mi carrera. Hace algunos meses coincidà con Iván. Sigue trabajando en ese mismo cine. Le pregunté si alguna vez habÃan vuelto a aparecer las niñas, pero él me respondió que no. Pero me dijo algo que todavÃa me pone la piel de gallina. Alex, ahora cuando los empleados escuchan ruidos provenientes de la sala 8, después de todo el cierre, ya nadie entra solo siempre esperan a que llegue el guardia y aún asà cuando revisan las cámaras de seguridad en ocasiones aparece algo muy extraño durante apenas un segundo en la última fila se distinguen claramente dos pequeñas siluetas sentadas una al lado de la otra mirando fijamente hacia la pantalla apagada lo más inquietante es que cuando los empleados entran a revisar inmediatamente después, la sala siempre está completamente vacÃa. Y desde esa noche entendà que hay lugares donde el verdadero espectáculo comienza cuando termina la última función. La siguiente historia nos va a
12:46 poner en una situación muy difÃcil. Para muchos... El trabajo de noche es pesado. Lo cual solamente lo aliviana cuando uno está acompañado, ¿no? Cuando tiene más compañeros con que platicar. O simplemente para no estar solo en el silencio de la noche. Hay algunos establecimientos en los que esto no es posible. Establecimientos en donde solamente una persona se queda cuidando de noche. Y no estoy hablando de veladores. Nuestro amigo... era joven en aquel tiempo andaba en sus veintes y estos eran de sus primeros trabajos para su mala suerte le tocó cubrir un turno nocturno en una tienda de abarrotes la cual abrÃa todo el dÃa y toda la noche se encontraba solo aquella noche de tormenta cuando de pronto algo le hizo una visita una visita mórbida que empezaron con golpes en el techo de lámina y que poco a poco cambió a una experiencia perturbadora. Una criatura muy temida en los ranchos le hizo una visita. Por suerte, él actuó rápido y vivió para contarlo. Su historia es la siguiente. Hola y buenas noches a todos, mi nombre
14:25 es Samuel y soy de un municipio pequeño del estado de San Luis PotosÃ. Lo que voy a contarte ocurrió cuando tenÃa 20 años y trabajaba en una tienda de abarrotes que permanecÃa abierta las 24 horas. Durante el dÃa era un lugar muy concurrido, pero en las madrugadas... Solamente atendÃamos por una pequeña ventanilla con una reja. Siempre pensé que las historias que la gente contaba sobre brujas eran simples leyendas de pueblo. Hasta la noche en que vi una con mis propios ojos. Desde entonces, nunca más acepté cubrir un turno nocturno en aquella tienda. La tienda estaba ubicada casi a la salida del pueblo. Era un negocio grande. VendÃamos desde despensa hasta alimento para animales, herramientas y productos de limpieza.
15:29 Por las noches únicamente se quedaba un empleado. Esa semana me tocó cubrir el turno porque uno de mis compañeros habÃa enfermado. No me molestó. Pagaban un poco más por trabajar de madrugada. Aquella noche comenzó a llover desde temprano. Al principio era una lluvia ligera, pero conforme avanzó la noche, se convirtió en un verdadero aguacero. El agua caÃa con tanta fuerza que apenas podÃa escuchar la televisión que tenÃa encendida detrás del mostrador. Las calles quedaron completamente vacÃas. Nadie salÃa.
16:11 Las únicas personas que llegaron en aquel turno fueron dos conductores que compraron café y siguieron su camino. después de la una de la mañana el pueblo parecÃa abandonado la lluvia golpeaba las láminas del techo con tanta fuerza que el ruido era constante estaba acomodando mercancÃa cuando escuché algo diferente algo diferente a las gotas de lluvia que impactaban en la lámina era un golpe muy fuerte y venÃa desde el techo era como si hubieran dejado caer algo con mucha fuerza levanté la vista Pensé que quizá alguna rama habÃa caÃdo. Seguà trabajando, pero cinco segundos después volvió a escucharse. Esta vez fueron dos golpes, como si alguien hubiera saltado sobre la lámina. Me quedé completamente inmóvil. Era imposible.
17:10 La lluvia era tan intensa que nadie subirÃa al techo en esas condiciones. Intenté convencerme de que era el viento. pero entonces escuché claramente unos pasos. Eran pesados y lentos. Caminaban de un extremo al otro del techo. La lámina rechinaba con cada pisada. En ese momento me invadió un escalofrÃo. Miré por la ventanilla, pero no habÃa nadie afuera. Solamente estaba la lluvia cayendo con violencia. Los pasos continuaban. Después se detuvieron justo encima de mà Y entonces en ese momento, escuché una carcajada. Era una risa aguda y larga, que parecÃa provenir del mismo techo. Se me heló la sangre.
18:04 Apagué la televisión. QuerÃa asegurarme de que no estaba imaginando cosas. El silencio dentro de la tienda hizo que la risa se escuchara todavÃa más clara. No era una persona riéndose en la calle. Estaba arriba. sobre las láminas, respiré profundo, pensé que quizá algún muchacho del pueblo estaba haciéndome algún tipo de broma, tomé un impermeable, una linterna y salà por la puerta trasera, la lluvia me empapó inmediatamente, el agua corrÃa por todos lados, al costado del edificio habÃa una escalera metálica que utilizábamos cuando era necesario limpiar el techo, Subà lentamente. Cada escalón rechinaba. Mientras ascendÃa, seguÃa escuchando los pasos y aquella mórbida risa. Cuando mi cabeza quedó encima del borde de la azotea, la pude ver. A unos diez metros de mÃ, estaba de pie. No era una mujer normal. Era demasiado alta, extremadamente delgada. Su piel era grisácea como si estuviera cubierta de ceniza. El cabello negro se desplazaba por encima de sus hombros y estaba completamente mojado por la lluvia. TenÃa los brazos demasiado largos y permanecÃa encorvada, observándome. Durante unos segundos, ninguno de los dos
19:39 se movió. Pensé que el miedo me estaba haciendo ver cosas, hasta que aquella mujer sonrió. Una sonrisa enorme y bastante diabólica, antinatural, después soltó una carcajada tan fuerte, que aún puedo recordarla ahora, retrocedió un paso, ella inclinó la cabeza hacia un lado, y comenzó a caminar, si pudiera decir que caminó, porque más bien, se desplazaba dando pequeños saltos, cada vez más rápidos, venÃa directamente hacia mÃ, quise bajar de la escalera, Pero ya era demasiado tarde. La mujer dio un último salto y se abalanzó sobre mÃ. Solté la linterna y perdà el equilibrio. Caà desde la escalera hasta el suelo. Por alguna razón tuve suerte. Caà sobre un montón de costales vacÃos que estaban junto a la pared. El golpe fue fuerte, pero no me rompà nada. Me levanté inmediatamente, corrà hacia la tienda, entré y cerré la puerta. Bajé las cortinas metálicas, puse el seguro, apagué todas las luces del frente y aguardé.
20:54 Mi respiración era tan agitada que apenas podÃa pensar. Y fue entonces que comenzó. Escuché como algo caÃa sobre el techo otra vez. Después vinieron los golpes. Cada vez más fuertes, las láminas vibraban. Era como si aquella cosa estuviera corriendo de un lado hacia el otro. Después... Empezó a golpear las cortinas metálicas, las del frente, las laterales, incluso la puerta trasera. Todo esto lo hacÃa mientras se reÃa. Jamás habÃa escuchado una risa tan horrible. No parecÃa humana. Saqué mi teléfono con las manos temblando. Llamé a mi abuelo.
21:40 Ãl vivÃa en un rancho a unos 15 minutos del pueblo. Contestó casi de inmediato. Le expliqué. al menos como pude, lo que estaba ocurriendo en ese instante, hubo unos segundos de silencio, luego me dijo solamente, no salgas por nada del mundo, ponte a rezar, ya voy para allá, le pregunté que cómo iba a venir en medio de aquella tormenta, y él me respondió muy rápido, en caballo mijo, ahà voy para allá, y colgó, nunca olvidaré la siguiente media hora, Me quedé sentado detrás del mostrador, mientras los golpes seguÃan escuchándose sobre el techo. En ocasiones, parecÃa que aquella mujer caminaba alrededor del edificio. Después golpeaba las cortinas. Luego regresaba al techo. Y se volvÃa a carcajear. HabÃa momentos en los que el silencio duraba unos segundos. Yo pensaba que ya se habÃa ido, y entonces, de nuevo... Volvà a caer con fuerza sobre las láminas, hasta que de repente todo terminó. Simplemente dejé de escuchar aquellos golpes. La lluvia seguÃa cayendo, pero ya no se escuchaba nada. Ni risas, ni tampoco golpes. Permanecà inmóvil, sin atreverme a mover una sola cortina. Unos quince minutos después, escuché relinchar un caballo.
23:12 Era mi abuelo. salà cuidadosamente, él estaba empapado, traÃa una lámpara de petróleo y un rosario en la mano, además de también su machete y una fusca que guardaba siempre abajo de su cama, revisamos todo alrededor de la tienda, pero no habÃa absolutamente nadie, subimos al techo y tampoco encontramos nada, ni huellas, ni marcas, solo las láminas dobladas en varios puntos, como si algo muy pesado hubiera estado saltando sobre ellas. Mi abuelo no dijo mucho, solo hizo una oración, y antes de irse me dijo algo que jamás olvidaré. Tenga cuidado, mijo, porque hay noches en las que ciertas cosas buscan que les abras la puerta. Tú no lo hiciste y por eso te dejó. A la mañana siguiente les conté todo a los dueños. Pensaron que habÃa exagerado, hasta que subieron al techo. Las láminas estaban hundidas en varias partes, como si alguien hubiera caminado sobre ellas durante horas. Nadie supo explicar cómo ocurrió. Continué trabajando unas semanas más, pero nunca volvió a pasar nada. No volvà a escuchar ni una risa, ni ningún otro ruido.
24:39 como si aquella mujer jamás hubiera existido, pero todavÃa hay algo que no entiendo, cuando mi abuelo llegó, aquella madrugada, su caballo estaba completamente alterado, no dejaba de relinchar, se negaba a acercarse a la tienda, tuvimos que amarrarlo a varios metros de distancia, al dÃa siguiente, mientras barrÃa la entrada del negocio, encontré algo atorado entre la cortina metálica y el piso, era una pluma negra mucho más grande que la de cualquier ave que yo hubiera visto, mi abuelo la observó unos segundos, sin decir una palabra la tomó con un trapo, la arrojó al fuego y esperó a que se consumiera por completo, nunca me explicó por qué y yo tampoco tuve el valor de preguntarle, porque después de aquella noche comprendà que hay cosas que es mejor no intentar entender.¿ A quién de ustedes, criptomaniaco, les ha tocado realizar trabajos retirado?¿ Retirado de la ciudad?¿ Retirado de pueblos? No hablo de trabajos que se van a otro estado a trabajar, lejos de su familia, que también es difÃcil, sino estoy hablando de esos trabajos que forzosamente te ponen a trabajar en mitad de la nada. los obreros que se dedican a pavimentar carreteras, autopistas, los agricultores,
26:15 las personas que pintan esas autopistas, saben de qué estoy hablando, los ubican kilómetros y kilómetros retirados de cualquier zona, ya sea pintando o haciendo aquellas autopistas, en mitad de la nada, en mitad de sierras y cerros, pues la historia que les tengo hoy esta noche para compartir, Es algo muy parecido. Estos obreros se dedicaban al mantenimiento de trenes y también vÃas. Ustedes saben que las vÃas están puestas a veces en mitad de la nada, en mitad del bosque. Bueno, hasta ese tipo de lugares estos obreros tienen que ir. Seguramente han vivido también muchas experiencias, ya que a veces les cae la noche en plena jornada. Tal como esta experiencia.
27:08 Nuestro amigo dice que aquella noche se encontraban trabajando como cualquier noche normal, hasta que de pronto, algo siniestro empezó a caminar entre aquellas vÃas del tren, y sin previo aviso, los atacó. Su historia es la siguiente. Hola Alex, mi nombre es Raúl, tengo 39 años y durante varios años trabajé en el mantenimiento de vÃas ferroviarias en diferentes estados de México.
27:53 Debido al trabajo conocà lugares completamente abandonados, estaciones olvidadas, puentes donde ya no pasaban trenes y kilómetros enteros de vÃas perdidas entre montañas y bosques. Siempre pensé que el mayor peligro eran los accidentes de trabajo o los animales salvajes. Nunca imaginé que lo más aterrador que vivirÃa ocurrirÃa en unas vÃas donde según los mapas no habÃa absolutamente nadie en varios kilómetros a la redonda. Lo que voy a contarte ocurrió en 2019 y todavÃa hoy ninguno de los cuatro compañeros que estuvimos ahà quiere volver a mencionar aquella noche.
28:42 Aquella semana nos enviaron a revisar un tramo de vÃa que llevaba años sin utilizarse. El gobierno habÃa decidido rehabilitarlo para volver a ponerlo en funcionamiento. Nuestro trabajo consistÃa en revisar la alineación de los rieles, comprobar las uniones, verificar la estabilidad del balasto y asegurarnos de que todo soportarÃa el peso del primer tren de prueba. Era un buen trabajo, pesado pero bien pagado. Ãramos cuatro, mi compañero VÃctor, Jesús, el gordo RamÃrez y yo. Nos trasladábamos en una camioneta de la empresa cargada con herramientas, generadores, reflectores y equipo de medición. Aquel tramo quedaba prácticamente en medio de la nada.
29:33 Para llegar habÃa que conducir casi una hora por un camino de terracerÃa, No habÃa ranchos, no habÃa postes de luz, ni siquiera señal telefónica. Solamente bosque, cerro y las vÃas atravesando la oscuridad. Nos dijeron que debÃamos trabajar durante la noche, porque al dÃa siguiente por la tarde pasarÃa el primer convoy de prueba. Todo tenÃa que quedar listo antes del amanecer. Llegamos cerca de las 10 de la noche. El cielo estaba completamente despejado, la luna apenas iluminaba los árboles, encendimos los reflectores portátiles, cada quien tomó una lámpara de alta potencia y comenzamos la inspección, los primeros kilómetros transcurrieron con normalidad, revisábamos tornillos, durmientes, soldaduras, todo parecÃa estar en perfectas condiciones, mientras trabajábamos platicábamos para hacer más ligera la jornada, hasta que aproximadamente a la una de la mañana, VÃctor dejó de hablar, se quedó mirando hacia el frente, por el mismo eje de las vÃas, y nos preguntó,¿ Ven eso?
30:54 Preguntó en voz baja, los tres levantamos la vista, al principio yo no distinguà nada, solamente habÃa oscuridad, después vi una silueta, muy lejana, ParecÃa una persona. Estaba exactamente sobre las vÃas. Inmóvil. Pensamos que quizá era otro trabajador. Aunque era imposible. Ãramos el único grupo autorizado para trabajar esa noche. Jesús levantó la mano y gritó. Buenas noches.¿ Se le ofrece algo? Pero no hubo respuesta. La figura permaneció quieta. El gordo bromeó diciendo... que seguramente era algún cazador, nosotros seguimos observando, y fue entonces cuando la silueta, comenzó a caminar, muy despacio, directamente hacia nosotros, al principio parecÃa un hombre encorvado, como si llevara mucho peso sobre la espalda, avanzaba arrastrando ligeramente los pies, pero no nos alarmamos, simplemente esperamos a que se acercara, Pero conforme reducÃa la distancia... Ocurrió algo extraño...
32:11 La figura empezó a enderezarse... Muy lentamente... Como si cada paso... Estirara un poco más su cuerpo... Mientras seguÃa caminando... SeguÃa creciendo... Nos quedamos completamente callados... Porque aquello... No parecÃa una persona... Cuando estuvo aproximadamente... A unos 80 metros... Calculamos que medÃa más de dos metros y medio. Era exageradamente alto y demasiado delgado. Sus brazos colgaban casi hasta las rodillas. Las piernas eran larguÃsimas, desproporcionadas.
32:51 Cada paso parecÃa imposible para un ser humano. El silencio se volvió absoluto. Ni siquiera se escuchaban los insectos. Solamente escuchábamos el sonido de sus pies golpeando los durmientes. VÃctor tomó el reflector más potente y apuntó directamente hacia la figura. La luz la iluminó por completo. Fue entonces cuando sentà que la sangre se me helaba. No tenÃa rostro. Donde debÃa de estar la cara, solamente habÃa una superficie completamente lisa. Sin ojos, sin nariz. Sin boca. Solamente piel. Una piel muerta.
33:36 Jesús soltó la lámpara. El gordo estaba que no lo podÃa creer. Ninguno entendÃa que estaba viendo. La criatura dejó de caminar. Permaneció inmóvil unos segundos. Y después se inclinó. Y comenzó a correr. Jamás habÃa visto algo moverse asÃ. No corrÃa como una persona. Sus piernas se encorvaron. sus brazos, los puso contra el piso, y empezó a atacar, a caminar como una especie de araña, en cuestión de segundos, habÃa reducido la mitad de la distancia, corran, gritó uno de nosotros, ni siquiera recuerdo quien lo hizo, los cuatro abandonamos las herramientas, los cuatro abandonamos las herramientas, y corrimos hacia el bosque, no seguimos las vÃas, nos internamos entre los árboles, Pensamos que aquella cosa no podrÃa alcanzarnos entre la vegetación. Qué equivocados estábamos. Escuchábamos ramas romperse detrás de nosotros, cada vez más cerca. Entonces ocurrió lo peor. Escuché claramente la voz de mi madre, llamándome. Raúl, espérame. Raúl. Me detuve por reflejo solo un instante. era exactamente su voz, la misma entonación, la misma manera de pronunciar mi nombre, VÃctor me jaló del brazo y me dijo no voltees,
35:10 sigamos corriendo, entonces escuché otra voz, la de mi hermano, después la de mi esposa, las mismas voces llamándome, como si estuvieran perdidos entre los árboles, a unos metros escuché al gordo gritar, después supe por qué, Aquella cosa también estaba usando la voz de su hija. Jesús comenzó a rezar mientras corrÃa. Yo apenas podÃa respirar. Cada vez escuchábamos más voces, de familiares, de amigos, personas que conocÃamos perfectamente. Todas nos llamaban por nuestros nombres. A veces sonaban muy cerca y a veces detrás de nosotros. pero jamás volteamos, porque algo nos decÃa que, si lo hacÃamos, no volverÃamos a salir de aquel bosque. Corrimos durante varios minutos hasta que finalmente vimos las luces de la camioneta. Llegamos casi al mismo tiempo. Subimos desesperados. VÃctor encendió el motor. Yo miré hacia los árboles y la vi salir del bosque.
36:20 La criatura se detuvo justo en el lÃmite y donde terminaban los árboles, no avanzó más, permanecÃa completamente inmóvil, solamente observándonos, aunque seguÃa sin tener rostro, entonces escuchamos una última voz, puedo apostar que era la de mi padre, que parece entonces habÃa fallecido tres años antes, con total claridad dijo, Raúl, no te vayas, Sentà un vacÃo en el estómago. VÃctor aceleró. La camioneta salió levantando polvo. Ninguno habló durante todo el camino de regreso. A la mañana siguiente, el supervisor nos llamó, muy furioso. HabÃamos dejado herramientas muy costosas en la mitad de la nada. Nos ordenó regresar y no tuvimos opción.
37:14 Fuimos los cuatro, pero esta vez a plena luz del dÃa. El bosque parecÃa completamente normal. Recogimos las herramientas, los reflectores, las mochilas. Todo seguÃa exactamente donde lo habÃamos abandonado. No habÃa huellas, no habÃa ninguna marca. Uno de nosotros encontró el reflector con el que iluminamos aquella cosa. SeguÃa encendido. La baterÃa aún tenÃa carga. Cuando lo revisamos vimos algo extraño. El lente estaba completamente rayado, como si alguien hubiera pasado algo muy afilado sobre el cristal. Jamás supimos cómo ocurrió.
38:00 Terminamos el trabajo y aquella misma tarde el tren de prueba cruzó las vÃas sin ningún problema. Nunca reportamos lo sucedido. SabÃamos que nadie nos creerÃa. Han pasado varios años desde entonces y ninguno de los cuatro... volvió a aceptar trabajos nocturnos en zonas tan aisladas. Y aunque intentamos convencernos de que el miedo tal vez nos hizo imaginar cosas, hay un detalle que nunca hemos podido explicar. Semanas después nos entregaron las grabaciones de las cámaras corporales que utilizábamos para documentar las inspecciones. Las cámaras registraron perfectamente el momento en que empezamos a correr. También grabaron nuestras voces gritando y el sonido de las ramas. Pero hay algo más. Durante casi 40 segundos se escucha claramente una voz masculina diciendo nuestros nombres, uno por uno, con diferentes tonos, imitando a nuestros familiares.
39:11 Pero en el video nunca aparece nadie persiguiéndonos. Solo se nos ve correr desesperados entre los árboles Mientras una voz imposible Nos sigue llamando Desde la oscuridad Las grabaciones solamente nos las mostraron No nos la entregaron Ni siquiera pudimos sacar una copia Eran propiedad de la empresa Y ellos se encargaron De guardar todo esto Y los únicos testigos al menos verbales Somos nosotros cuatro De lo que ocurrió aquella noche... Como ya les dije... Los empleos del turno nocturno...
39:57 Cuando tú estás solo... Son mucho más pesados... Y se prestan también... A experiencias todavÃa aún más fuertes... Esto se debe a que tal vez... Porque estamos en silencio solamente... Podemos escuchar mejor lo que pasa... En nuestro entorno. No. A diferencia de cuando estamos acompañados. Tal vez las mismas energÃas negativas. Estos entes del bajo astral. Deciden manifestarse. Cuando hay una persona sola. Tal vez de esa manera son más fuertes. Uno nunca sabe. El caso es que este velador. Se encontraba trabajando. Rutinariamente. En un edificio abandonado. Un edificio.
40:45 con una historia muy turbia detrás. No solamente es que hubiera estado abandonado, sino que también se habÃan cometido dentro de aquel edificio cosas muy mórbidas, difÃciles de creer, en los que tuvieron que ver sectas y en los que tuvieron que ver rituales. Aquella noche, este pobre velador vivió una de las experiencias más perturbadoras de toda su vida, pues se encontró con una criatura que a lo mejor invocaban estos rituales. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Miguel, tengo 44 años y durante casi 10 años trabajé como guardia de seguridad y velador también en distintos lugares abandonados. fábricas, bodegas, escuelas e incluso edificios gubernamentales. Uno de los servicios que más dinero pagaba era cuidar inmuebles en ruinas, para evitar que entraran saqueadores o exploradores urbanos. Lo que voy a contarte ocurrió en 2018, en un antiguo hospital psiquiátrico del norte de México. Este llevaba décadas abandonado, Aquel lugar tenÃa una
42:15 historia muy oscura. Se decÃa que años atrás ocurrieron abusos contra los pacientes, desapariciones que jamás fueron esclarecidas, y que cuando el hospital cerró, grupos extraños comenzaron a entrar por las noches para realizar rituales. Siempre pensé que eran simples rumores, hasta la madrugada en la que vi algo que todavÃa hoy no puedo explicar. Desde entonces prometà que nunca volverÃa a aceptar un turno en un edificio con ese pasado. El hospital se encontraba a las afueras de la ciudad. HabÃa quedado prácticamente aislado. Los árboles habÃan crecido alrededor del edificio.
43:01 Las bardas estaban cubiertas por enredaderas. Las ventanas tenÃan los cristales rotos. Y la pintura se caÃa a pedazos. Mi trabajo era sencillo. No debÃa entrar, solo tenÃa que vigilar el perÃmetro, hacer recorridos alrededor del edificio cada hora y reportar si alguien intentaba meterse. Eso era todo. Los dueños únicamente querÃan evitar robos mientras decidÃan qué hacer con el terreno. La primera semana fue completamente normal. Escuchaba ruidos, claro, era un edificio viejo. el viento hacÃa crujer las puertas, algunas ventanas golpeaban por las noches, habÃa murciélagos, palomas, ratas, nada fuera de lo común, sin embargo, desde el primer dÃa, los trabajadores que me entregaban el turno me dijeron algo, era como una advertencia, tenga mucho cuidado May, si ve movimiento adentro, no vaya a entrar. Cuando me dijeron eso, simplemente eché la carcajada. Pensé que intentaban asustar al nuevo.
44:17 Uno de ellos solo me respondió. No es broma, se lo decimos en serio. Tenga cuidado. Yo seguÃa sin creerles. La noche que cambió todo era un jueves. HabÃa poca luna. El viento soplaba con fuerza. Cerca de las dos de la mañana estaba dando uno de mis recorridos alrededor del edificio. Cuando llegué al costado norte, levanté la vista y vi claramente una silueta. Estaba parada detrás de una ventana del segundo piso. No hacÃa ningún movimiento, solamente estaba ahÃ, observándome. Mi primera reacción fue pensar que alguien se habÃa metido, quizá un indigente o algún grupo de jóvenes. Tomé el radio, llamé al supervisor, pero este no me respondió. La señal era muy mala en esa zona. Decidà actuar por mi cuenta.
45:16 Saqué la linterna, abrà la puerta principal y entré al edificio. El olor a humedad era insoportable. Las paredes estaban llenas de grafitis. HabÃa muebles viejos, tirados por todos lados, también basura. El eco hacÃa que cada uno de mis pasos sonara por todo el edificio. Iluminé el vestÃbulo. pero no logré ver nada, subà lentamente por las escaleras, mientras avanzaba, seguÃa convencido de que encontrarÃa a algún intruso, llegué al segundo piso, el pasillo era larguÃsimo, las puertas de las antiguas habitaciones permanecÃan abiertas, todo estaba en silencio, comencé a revisar cuarto por cuarto, pero no encontraba nada, cuando llegué a la ventana, donde habÃa visto aquella silueta, no habÃa absolutamente nadie, pensé que quizás se habÃa escondido, continué revisando y entonces escuché un golpe, venÃa desde el extremo opuesto del pasillo, apunté la linterna, pero otra vez no vi nada, caminé unos metros y otra vez escuché otro golpe, esta vez el sonido venÃa detrás de mÃ, Me giré inmediatamente. El pasillo seguÃa vacÃo. Empecé a sentirme muy incómodo, con la sensación
46:48 de que alguien me estaba observando. Seguà caminando. De pronto la temperatura cambió de forma abrupta. El aire se volvió extrañamente frÃo, tan frÃo que podÃa ver mi respiración. PodÃa ver el vapor como salÃa de mi boca. Eso era imposible. porque estábamos en verano, y afuera hacÃa bastante calor, fue entonces cuando la linterna comenzó a fallar, la luz parpadeó dos veces, después volvió a estabilizarse, y justo en ese momento, enfrente de mÃ, al final del pasillo, pude ver que habÃa una figura completamente negra, mucho más alta que una persona, tenÃa el cuerpo muy delgado, y sobre su cabeza sobresalÃan dos enormes cuernos curvos. Sentà que el estómago se me hacÃa un nudo. La criatura permanecÃa inmóvil. No podÃa distinguir ningún rostro, solo aquella silueta negra. La apunté directamente con la linterna. La luz parecÃa perder intensidad al tocarla, como si aquella oscuridad absorbiera el brillo. No lo puedo explicar.
48:08 pero a pesar de que le estaba iluminando, no podÃa ver nada, solamente una silueta oscura, di un paso hacia atrás, y la figura hizo lo mismo hacia adelante, luego di otro más, y esta comenzó a caminar hacia mÃ, muy despacio, sin hacer un solo ruido, yo retrocedÃ, intentando mantener la calma, entonces la criatura dejó de caminar, y de un instante a otro, Empezó a correr. Nunca olvidaré aquella velocidad. Recorrà el pasillo con movimientos imposibles. ParecÃa deslizarse. Yo di media vuelta y corrÃ. No pensé. Solamente empecé a correr. Atravesé varios pasillos, doblé esquinas, salté muebles, mientras escuchaba algo detrás de mÃ. No eran pasos. Era como si enormes garras rasparan el piso. el sonido se acercaba cada vez más, intenté bajar por las escaleras, pero una reja oxidada habÃa caÃdo bloqueando el paso, busqué otra salida, los pasillos parecÃan interminables, en mi desesperación llegué a una habitación donde aún quedaba una ventana casi completa, miré hacia abajo, habÃa poco más de tres metros hasta el suelo, no tenÃa otra opción, escuché nuevamente aquel ruido acercándose, y una especie de respiración profunda,
49:40 me subà al marco de la ventana, sin pensarlo dos veces salté, caà sobre la tierra, el golpe fue muy fuerte, me raspé los brazos e incluso me torcà un tobillo, pero podÃa moverme, me levanté como pude y corrà hacia la caseta donde guardábamos las llaves, no miré hacia atrás, hasta que llegué, solo entonces volteé, la ventana seguÃa rota Desde ahà dentro se veÃa únicamente oscuridad. La criatura, o lo que sea aquella cosa, nunca salió. Permaneció dentro del hospital. A la mañana siguiente regresé con el supervisor, le expliqué todo, y naturalmente no me creyó. Pero cuando llegamos al lugar los dos percibimos algo muy extraño. Desde la ventana por la que habÃa saltado salÃa un olor muy intenso. No era humedad, no era basura. Era un olor parecido al azufre, tan fuerte que resultaba difÃcil permanecer cerca. El supervisor pensó que quizá algún animal habÃa muerto adentro. Pero entramos y revisamos la habitación y no encontramos nada. El olor seguÃa allÃ, pero parecÃa provenir únicamente de la ventana rota. Durante varios dÃas...
51:06 Ese olor permaneció. Los trabajadores que iban por las mañanas también lo notaban. Nadie encontró una explicación. Finalmente, decidieron tapar la ventana con tablas y bloques de concreto para evitar que siguiera entrando gente. Curiosamente, el olor desapareció ese mismo dÃa. Después de aquella experiencia, hablé con un antiguo enfermero. que habÃa trabajado en aquel hospital, muchos años antes de que este cerrara, no le conté lo que vi, solo le pregunté si era cierto, que habÃan ocurrido cosas extrañas, el hombre simplemente bajó la mirada, y respondió muy despacio, durante los últimos años, ya no solo veÃan médicos, y me dijo, fÃjese que durante los últimos años, ya no solo venÃan médicos, también entraban personas de noche, Nunca supimos quiénes eran. TraÃan velas negras y animales sin vida. Y hacÃan reuniones en el segundo piso. Nadie se atrevÃa a detenerlos. Tiempo después, el hospital cerró y jamás volvimos a decir una palabra sobre el tema. Yo no le insistà por más información.
52:26 Renuncié una semana después. No porque tuviera miedo de los edificios abandonados, sino porque entendà algunos lugares conservan algo mucho después de que las personas se marchan y todavÃa hay un detalle la cámara de seguridad instalada frente a la entrada principal grabó el momento en que salà corriendo del hospital se me ve cruzar la puerta y perder el equilibrio antes de dirigirme hacia la ventana por la que salté lo extraño ocurre apenas dos segundos después la cámara alcanza a captar la ventana del segundo piso, durante un instante, se distingue claramente una silueta alta, con dos enormes cuernos, observándome desde el interior, o al menos, lo que vi en la cámara, simplemente fue la silueta permanecer inmóvil, y justo antes de que la grabación termine, dos pequeños puntos brillantes, aparecen, donde deberÃa estar su rostro, como si unos ojos, se hubieran abierto en medio de aquella oscuridad, nunca volvà a revisar ese video, una segunda vez ni una tercera, es una experiencia que simplemente quiero que quede ahÃ, en el pasado, y ahora he decidido contártela, obviamente sin ánimos de volver a vivir algo parecido, Un chico de 18 años se encontraba
54:02 muy pero muy feliz porque acababa de conseguir su primer empleo. Le servirÃa bastante, tanto para obtener experiencia como también para obtener una referencia. La persona que lo habÃa contratado era una persona muy querida en el rancho. Y de hecho, el trabajo que tenÃa que hacer este joven era muy sencillo. Cuidar a una parte del ganado lo que eran chivos y animales de un tamaño muy pequeño. Nos cuenta este amigo que pensó que este empleo iba a ser muy cómodo, más que nada por todo lo que le facilitaron, pero no estaba preparado para nada, para encontrarse aquella noche con lo que él mismo dice, una criatura salida del mismo infierno.
54:56 Al parecer una criatura salida, Visitaba aquella hacienda, aquel rancho. Y sin saberlo, la pudo ver cara a cara. Aquella criatura tenÃa maliciosas intenciones. Por suerte este joven pudo resguardarse. Y ahora tiene para contarnos esta experiencia. Escuchémoslo. Hola, buenas noches. Mi nombre es Daniel. Actualmente tengo 26 años, pero la experiencia que voy a contarte me ocurrió cuando apenas tenÃa 18. Fue mi primer trabajo formal y también el más aterrador que he tenido en toda mi vida. Soy de un municipio pequeño del estado de Coahuila, donde abundan las haciendas ganaderas.
55:54 En necesitaba dinero para ayudar en mi casa, asà que acepté un empleo temporal cuidando una hacienda durante un fin de semana. Me dijeron que solo tendrÃa que vigilar el ganado mientras los dueños atendÃan una emergencia familiar fuera del estado. ParecÃa un trabajo sencillo, la paga era muy buena para alguien de mi edad y jamás imaginé que terminarÃa encontrándome con algo que todavÃa me hace dudar. si realmente pertenecÃa a este mundo. La hacienda quedaba a unos 40 minutos del pueblo. Era enorme. TenÃa varias hectáreas de terreno, corrales para vacas, caballos, gallinas y un área donde mantenÃan a decenas de chivos.
56:44 Aunque la familia no vivÃa permanentemente ahÃ, la propiedad estaba perfectamente cuidada. El jardÃn estaba limpio, las bardas recién pintadas, los establos en excelentes condiciones. No parecÃa un lugar abandonado. Cuando llegué, el dueño me explicó todo. Los trabajadores llegarÃan muy temprano para alimentar a los animales y hacer las labores pesadas. Durante el dÃa, yo podÃa descansar. Incluso me asignaron un pequeño cuarto con baño propio, una cama, un ventilador, y una cocina improvisada. Pero por las noches, todo quedarÃa bajo mi responsabilidad. DebÃa permanecer despierto, dar recorridos, revisar los corrales, y asegurarme de que ningún animal escapara. Acepté sin pensarlo.
57:39 La primera noche transcurrió sin ningún problema. Escuchaba los sonidos normales del campo, los grillos, los sapos, tal vez algún coyote a lo lejos. Nada fuera de lo común. La segunda noche fue diferente. El cielo estaba completamente despejado. No corrÃa el viento. Eran aproximadamente las dos de la mañana cuando escuché un escándalo en el corral de los chivos. Comenzaron a balar desesperadamente, como si algo los hubiera espantado. Tomé mi lámpara, una vara de madera y salà inmediatamente.
58:20 Mientras caminaba hacia el corral, noté algo extraño. Los perros de la hacienda estaban completamente callados. Eso nunca ocurrÃa. Siempre ladraban cuando algún animal se acercaba. Aquella noche no hicieron ni un solo ladrido. Cuando llegué al corral, vi que todos los chivos estaban amontonados en una esquina, empujándose unos con otros, como intentando alejarse de algo. Iluminé con la lámpara. Al principio no destruà nada. Después vi una figura. HabÃa un chivo parado justo en medio del corral, dándome completamente la espalda. Era enorme, muchÃsimo más grande que cualquiera de los otros. Yo calculé que casi duplicaba su tamaño. Su pelaje era completamente negro. Los cuernos eran exageradamente largos. Pensé en ese momento que quizá Algún macho se habÃa escapado de otro corral, asà que entré. Los demás animales comenzaron a apartarse aún más. El extraño chivo seguÃa inmóvil. No movÃa las orejas ni siquiera la cola. Se me hacÃa muy extraño, asà que me acerqué a él lentamente. ¡Ey!
59:41 Le hablé, pero no respondió. Di otro paso y después otro, hasta quedar prácticamente detrás de él. Extendà la mano, pensaba empujarlo para que se moviera tan solo un poco. No era la primera vez que trataba con chivos, asà que ya sabÃa cómo manejarlo. Pero en cuanto toqué su lomo, todo ocurrió en un segundo. El animal giró la cabeza, pero solamente la cabeza, el cuerpo permaneció completamente inmóvil. Y pude ver su rostro. No era la cara de un chivo, era un rostro humano. pálido, arrugado, como el de un hombre muy viejo. TenÃa la piel pegada al cráneo, los ojos completamente negros, sin parte blanca, y una sonrisa muy perturbadora.
1:00:35 Una sonrisa llena de dientes enormes, mucho más grandes de lo normal. Sentà que el aire abandonaba mis pulmones. Quise gritar, pero no pude. Aquella cosa abrió lentamente la boca y emitió un sonido. No era un sonido como el que hacen los chivos, no era tampoco una voz humana, era una mezcla horrible entre ambas. Retrocedà de inmediato, tropecé con uno de los bebederos y caà al suelo. Cuando levanté la vista, aquella cosa ya estaba caminando hacia mÃ, no corrÃa, avanzaba lentamente sin dejar de sonreÃr. Me levanté como pude, salté la cerca del corral y corrà hacia la casa.
1:01:19 Jamás habÃa corrido tan rápido en toda mi vida. Entré al cuarto y cerré la puerta azotándola. Eché el seguro de inmediato. Apagué todas las luces. Mi respiración era tan fuerte que apenas escuchaba otra cosa. Hasta que comenzaron los golpes. Algo golpeaba la puerta principal. Después otro golpe y otro más. ParecÃa que alguien estuviera dándole de topes desde afuera. Las paredes vibraban. El marco rechinaba. Pensé que la puerta terminarÃa rompiéndose. Me asomé muy despacio por la pequeña ventana del cuarto. No podÃa distinguir bien entre la oscuridad, pero alcanzaba a ver una enorme silueta caminando alrededor de la casa. A veces desaparecÃa. Después volvÃa a pasar frente a la ventana.
1:02:12 Escuchaba claramente sus pezuñas golpeando el suelo. Y de pronto... Otra vez el impacto contra la puerta. Aquella cosa permaneció rodeando la casa durante horas. Cada cierto tiempo, soltaba aquel sonido extraño, una especie de risa mezclada con un valido. Yo permanecà sentado en el piso, abrazando un rosario que llevaba desde niño, rezando sin detenerme. Nunca me atrevà a abrir la puerta. Poco antes del amanecer, todo quedó en silencio. No escuché más pasos, ni golpes, ni aquel sonido horrible.
1:02:52 Esperé hasta que comenzaron a llegar los trabajadores. Salà acompañado de ellos. Lo primero que revisamos fue la puerta. TenÃa varias marcas profundas, como si algo con muchÃsima fuerza hubiera estado golpeándola toda la noche. Fuimos al curral. Todos los chivos seguÃan ahÃ. Ninguno estaba herido, pero habÃa algo raro. en medio del corral, encontramos unas huellas, parecÃan de un chivo, solo que eran demasiado grandes, casi del tamaño de una mano humana, nadie supo explicarlas, ese mismo mediodÃa, regresó la familia, les conté exactamente lo que habÃa ocurrido, para serte sincero, esperaba que se rieran cuando menos, o que pensaran que estaba inventando todo, pero el dueño, permaneció completamente serio después de unos segundos me preguntó una única cosa los cuernos del chivo eran muy grandes y era oscuro verdad sentà un escalofrÃo le respondà que sà y él bajó la mirada me pagó el doble de lo que habÃamos acordado antes de irme me dijo que no aceptara nunca volver a trabajar de noche en aquella hacienda no me explicó nada más Y yo tampoco le pregunté. Tomé mis cosas y jamás regresé. Pasaron varios años antes de que volviera
1:04:24 a saber algo de aquel lugar. Un dÃa coincidà con uno de los antiguos trabajadores y le pregunté si seguÃa elaborando ahÃ. Me respondió que sÃ. Entonces le conté lo que me habÃa pasado. El hombre guardó silencio unos segundos y después dijo algo que todavÃa me pone la piel de gallina. No hombre chavo, Tú no fuiste el primero, ni tampoco creo que seas el último. Dicen que aparece cuando la hacienda se queda sola. Nunca intenta entrar mientras haya gente rezando dentro de la casa, pero siempre busca que alguien salga a verlo. Hasta el dÃa de hoy sigo sin saber que era aquella condenada cosa, aquel animal o criatura que me acechó durante toda la noche.
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