UN BARCO FANTASMA NOS PERSIGUIO EN ALTA MAR / 3 RELATOS DE TERROR / L.C.E.

Tres relatos que te dejaran con un miedo profundo al oceano y te haran recordar las antiguas leyendas que se contaban en tu escuela.
Tres relatos que te dejaran con un miedo profundo al oceano y te haran recordar las antiguas leyendas que se contaban en tu escuela.
CriptomanÃacos. En este canal hemos tocado diferentes profesiones que han tenido desenlaces aterradores, pero uno de los capÃtulos que más aterró a la audiencia o que más generó interés fue el de los marineros y los pescadores. Claro, el mar es algo que inspira mucho temor a las personas. Hay personas que le temen a la playa, incluso meterse a grandes áreas donde hay agua, porque creen que debajo de toda aquella agua siempre se habita un mal que se esconde. De hecho, esto es un miedo que genera en un trauma personas que simplemente no se pueden acercar a este, por lo que escuchar historias aterradoras sucedidas en estos océanos resulta ser más atemorizante para él ellos. Pero después de escuchar tantas anécdotas de pescadores, creo que yo, asà como muchos creen que hacen bien al temerle al océano. No solamente criaturas enormes se esconden debajo de este, sino que también leyendas, leyendas que permanecen vivas a pesar de los años, tales como la siguiente historia, en donde este marinero, quien iba junto con toda su tripulación, se enfrentaron a una tormenta en la cual hizo aparición un barco, pero en un barco cualquiera parecieron un barco antiguo, Parecieron un barco que se quedó atrapado de otra era, un barco que simplemente no era de este mundo. Mi nombre es Nathan Williams. Mi experiencia comienza de la siguiente manera. Antes de unirme a la naval, en donde actualmente trabajo, fui marinero. Casi toda mi vida la he dedicado al océano, ya sea pescador marinero. Obuzo, pero en aquellos años cuando yo apenas era un joven adulto, tendrÃa algunos veinte años. HabÃa conseguido trabajo recientemente en una empresa transportista. Obviamente, en el mar cada ciertos meses tenÃamos que ir al Canal de Panamá. SalÃamos desde el Golfo de México hasta Panamá. Era un camino largo y pasábamos por muchos puertos y lugares muy interesantes, diversas leyendas, diversos cuentos que se contaban en cada punto. Pero claro, lo que toma más relevancia es lo que uno puede ver con sus propios ojos. Y en aquella ocasión yo fui testigo de algo que muchos, de seguro creerán imposible o lo creerán como una leyenda, una leyenda que los marineros usan para espantar a la gente. Pero esto no es asÃ. Quiero que sepan que es verdad sucede que en uno de estos viajes, cuando Ãbamos al Canal de Panamá a transportar mercancÃa, ya que ya también tenÃamos nuestras oficinas y tenÃamos que transportar algunas cosas que venÃan desde China hasta la costa de los Estados Unidos del otro lado, y el Canal de Panamá era más que perfecto. Para esto pasa que en el trayecto de ese viaje que se tiene que decir, no era la primera vez que lo hacÃa. Sucedió algo que no era muy común. De repente, el cielo se oscureció y nos la tuvimos que ver con una tormenta, una tormenta que se formó abruptamente. Esto es más común en mar abierto, pero estábamos muy cerca de la costa, si bien no podÃamos ver tierra. Estábamos bastante cerca a unos minutos o tan siquiera una hora, pero lo que vi en aquella tormenta era algo que nunca habÃa visto hasta ese momento. Eran tornados no muy grandes, pero si lo suficiente para intimidar a muchos de nosotros, tornados que se forjaban desde las nubes allá arriba hasta el océano y justo abajo de ellos un remolino que iba arrastrando todo. El capitán trató de evadir esto claro, pero el viento, la lluvia, el mar estaba muy voláti cadenas incluso de algunos treinta y cinco kilos. Cuarenta kilos salÃan volando de la cubierta para caer en el océano. Los vientos eran muy fuertes, por lo que el capitán ordenó de inmediato que nadie estuviera en la cubierta, que aseguráramos todo, pero que nos metiéramos inmediatamente. Donde yo estaba era un barco carguero, asà que era pesado y con un muy buen motor Ãbamos vacÃos, ya que al llegar a Panamá nos Ãbamos a llenar. Pero justo cuando todo estaba asegurado, cuando yo ya me estaba metiendo, observé que uno de mis compañeros, un señor de algunos cincuenta años, que le decÃan Chepe. Honestamente no recuerdo su nombre y jamás recuerdo haberlo nombrado por su nombre. Verdadero yo solamente sabÃa que le decÃan Chepe, asà que yo igual empecé a llamarlo. AsÃ, cuando lo veo que está parado mirando algo al horizonte le digo chepe, Chepe Métete, qué estás haciendo una cadena de esas va a salir volando y te va a dar en la cabeza Métete, Chepe voltea y me dice neitan mira lo que está enfrente de nosotros. Tú no lo ves. Debo admitir que me llamó la atención, asà que fue inmediatamente, ya que el viento y la lluvia, como dije, eran muy volátiles. Y me encuentro con algo todavÃa más extraño y más sorprendente que aquellos tornados. HabÃa un barco enfrente de nosotros hacia nuestra dirección. No estaba muy cerca, pero sà a una distancia aproximada. Tan sólo por la distancia y por ver las dimensiones de este era incluso más grande que el nuestro o con un tamaño similar, pueden decir que esto no era la gran cosa. A lo mejor era otro barco carguero. Y es que aquà comienza lo extraño, ya que el aspecto de ese barco no era algo normal. No era un barco de esta era, por asà decirlo, era un barco que parecÃa atrapado en el tiempo. Era un barco antiguo, como de la época de los mil ochocientos y estaba flotando como si nada en el mar. Obviamente, al ver esto, no solamente yo me fijé en él, sino que también todos mis compañeros, incluso mi capitán, y fue este mismo el que nos dijo métanse, todos dejen la cubierta inmediatamente. Nosotros hicimos caso y nos fuimos a la cabina del capitán, ya que el área donde nosotros estábamos estaba muy frÃa, inexplicablemente, se habÃa tornado casi como en un refrigerador y eso que estábamos en épocas cálidas. Se lo atribuÃamos al mal tiempo que habÃa y una vez estando en la cabina, vi como el capitán le dijo al contramaestre y al maestre que cambiaran de rumbo, que viraran un poco en dirección hacia los tornados. Yo, para este momento estaba que me morÃa del miedo solamente ver aquellos tornados inmensos pasar un lado del barco. Obviamente, el capitán sabÃa lo que estaba haciendo. SabÃa que el barco era lo suficientemente pesado y rápido y fuerte también para no ser absorbido por el torbellino. Pero en medio de aquella catástrofe, viendo los torbellinos y los remolinos, me di cuenta de lo que el capitán querÃa ser. Ãl nos estaba yendo a los tornados simplemente por hacerlo, sobre todo porque la ruta no era por ahÃ. Ãl está optando por ir a hacer una desviación. Pero por qué, bueno yo pude deducir rápidamente que estaba evitando acercarse a aquel barco que habÃamos visto. Aquel barco no se movÃa, solamente estaba parado flotando y mi capitán prefirió ir hacia los tornados que pasar cerca de aquel barco. Después de minutos, tal vez alguna hora de navegar en aguas turbulentas. Por fin salimos de aquella tormenta. Una vez llegando a Panamá, empezamos a hablar de lo que habÃamos visto y inevitablemente, tocamos el tema del barco y uno de mis compañeros, un hombre joven, al igual que yo, que ya estaba trabajando con ellos desde hace siete años, me preguntó si era la primera vez que veÃa algo asÃ. Yo le respondà que sÃ, y eso que habÃa sido pescador y marinero anteriormente y jamás en mi vida me habÃa tocado presenciar algo similar a eso. Ãl me explicó que solamente esa era una de tantas experiencias y tantas leyendas que se cuentan en el mar en el Océano. Ãl me explicó que en todos los años que habÃa estado trabajando ahà habÃa escuchado varias cosas y visto peores. Una de ellas era el canto de las sirenas, el canto de mujeres que hipnotizaban a los hombres también cuando estaban pasando por un lugar que estaba nublado, que habÃa tormenta o en la noche, se podÃan ver personas caminando sobre el agua. No se podÃan ver con ropa o con una silueta perfecta, sino que alcanzaban a divisar a lo lejos entre toda aquella negrura por las nubes por la noche que era una persona con esa silueta distorsionada. PodrÃamos decirlo a los cuales ellos sin más los llamaban fantasmas, pero que lo peor era encontrarse con algo grande, como en aquella ocasión con un barco. Debo decir que este barco no lucÃa normal, era como si estuviera rodeado de alguna especie de niebla que lo distorsionaba por completo. No lo podÃamos ver, como hubiéramos visto a un barco común y corriente al reo de este habÃa como una especie de niebla. Me explicó que eso era un barco fantasma y que estos eran uno de los peores, ya que, al acercarse si el capitán no hubiera preferido dar una vuelta a rodearlo, lo más seguro es que nos hubiéramos hundido incluso antes de llegar a verlo de cerca. Esa fue una experiencia que hasta hoy no consigo olvidar y claro que aún siendo ahora marino mercantil, la llevo. Hice claramente lo que tengo que hacer, si es que de nueva cuenta me encuentro con un barco parecido en mar abierto. Esa fue mi historia. Espero que les haya gustado saludos a toda la Comunidad desde Florida. Otra historia, viniendo del mar ahora viene de parte del padre de esta persona que nos acaba de contar la historia. Ãl dice que su padre ha sido pescador toda su vida. De hecho, éste le heredó ese gusto al mar y desde pequeño. Por eso no le tiene miedo, ya que le enseñó a dar, a conducir un bote, a pescar desde la edad de los seis siete años. Pero a pesar de que su padre se podrÃa considerar un viejo lobo de mar, a él también le ha pasado cosas inexplicables, cosas que le ha contado a él que en ese tipo de situaciones tienes que mantener la calma, ya que no sabes si lo que estás viendo es algo real, algo que tú puedes tocar, o que simplemente es un espectro. Es uno de esos tantos espÃritus y almas que se almacenan en el agua. Cuando cuenta esta historia, él dice que era un joven que ya habÃa tenido la experiencia de embarcar, pero que aquella ocasión, al mirar hacia el océano vio a alguien o mejor dicho algo que no podÃa descansar en paz. La siguiente historia viene por parte de mi padre. Mi padre, al igual que yo, de hecho, él me inculcó mucho lo que vendrÃa a ser este amor por el océano, este amor por el mar. Desde muy pequeño. Mi padre fue pescador y recuerdo mucho mi infancia yendo pescar con él los fines de semana, él trabajaba con una tienda y una distribuidora, por lo que cada cierto tiempo se iba durante algunos dos meses, un mes a, una pesca, grande pase. Resulta que cuando él tuvo que irse vivió esta experiencia en el puerto de Veracruz, él ya se estaba listando, todo estaba en orden, sus compañeros ya estaban a bordo. Comenzaron con el camino, pero debido a unas fallas técnicas debido a que todo tenÃa que ir en orden, pues el viaje era largo. Detuvieron el barco, pero no lejos. HabÃan zarpado hace aproximadamente cuatro minutos, cinco minutos porque todavÃa estaban en el puerto. De hecho, todavÃa no habÃan salido ni siquiera del área, donde estaban todas las lanchas, todos los barcos, los barcos pequeños amarrados todavÃa al puerto. Mi padre no tiene nada que hacer en ese momento, asà que solamente estuvo caminando por el barco y sin ningún motivo. Es en esos momentos en que estás aburrido y simplemente diriges la mirada a un punto ciego. Mi padre dirigió la mirada hacia abajo del barco. Fue hacia la orilla de este se reclinó en la borda grande. Fue su sorpresa cuando vio algo extraño a plena luz de la mañana en el agua. En un principio, él pensó que se trataba de su misma figura reflejándose en el agua, pero al pasar unos breves segundos, vio que estaba equivocado, ya que esa silueta de un hombre que veÃa no era la de él. El lago estaba cristalina en ese punto, por lo que podÃa ver hasta el fondo de ésta habÃa un hombre ahà al fondo. Su cabello se movÃa de un lado a otro. Su piel era grisácea como blanca, sus ojos estaban abiertos de par en par también totalmente blancos. Su boca al igual, también abierta. Sus venas eran fácilmente visibles. TenÃan ese color verdoso rodeando toda la cara del hombre. Y es en este punto que él piensa que eso no es otra cosa, sino que, pues un cuerpo, el cuerpo de una persona que ya hacÃa ella sin vida, por lo que él inmediatamente llama MartÃn, un compañero de él, un amigo con el que se lleva muy bien. Le dice MartÃn, MartÃn ven a ver esto mira lo que me encontré aquÃ. MartÃn va se asoma y también lo ve. Es un cuerpo. A ninguno de los dos les cabe duda y después de estarlo mirando a punto de que ellos le avisen a todos los que están en el barco notan que este cuerpo, que hasta ese momento pensaban ellos que no tenÃa vida, pestañea no una sino varias veces, y aquella boca, la cual la mantenÃa abierta, empieza a moverse como si estuviera hablando, como si les estuviera diciendo algo. La sorpresa es muy fuerte y justo cuando ellos ahora sà dan el grito para que toda la tripulación vaya y observe lo que están viendo. Este hombre simplemente se mueve va hacia abajo del barco, donde su visión es prácticamente nula. Mi padre y MartÃn dan un sobresalto y se caen en la borda. Caen de centón. MartÃn rápidamente se para y va hacia el otro lado del barco para ver si lo puede ver. Pero este hombre habÃa desaparecido por completo. A pesar del agua estar cristalina, ellos no podÃan ver nada. Ellos empiezan a decir lo que han visto a todos los compañeros, obviamente entre ellos también al capitán, quien les dice que esto no serÃa ni la primera ni la última vez que iban a ver algo extraño en el océano, que eso eran cosas del trabajo. También que lo mejor serÃa dejarlo pasar, ya que no es bueno buscarle una quinta pata al gato. Mi padre continuó con su viaje con total normalidad, pero cla jamás olvidando el lugar, el sitio, a la distancia y a la profundidad en donde vio a aquel fantasma, porque ya para ese momento sabÃa que lo que habÃan visto era un espÃritu. Recordó muy bien a aquel lugar y pude que esto hubiera quedado como una experiencia asà sin más, una experiencia que no tenÃa explicación tan sólo que en el océano se ven cosas feas. Pero al pasar los meses, mi padre dice que esto tiene una continuación. Algo que le dio lógica a lo que habÃa visto aquel dÃa, y es que tanto la policÃa federal como otras unidades del Gobierno llegaron hasta ese puerto buscando personas, pero no buscando personas vivas, buscando los cuerpos de varias personas. Pase resulta que un miembro de una unidad criminal habÃa hablado le habÃan sacado información de varias cosas y una de ellas habÃa sido la localización de ciertos cuerpos, tanto de civiles como también de miembros de otra unidad criminal contraria. Por lo que empezaron con la búsqueda. Ya habÃan hallado varios cuerpos, sobre todo en zonas cercanas al puerto, en algunos edificios abandonados, en terrenos baldÃos y ya, por último, les quedaba inspeccionar aquel puerto mediante buzos, se metieron y encontraron un cuerpo o más bien los restos de este. En el mismo lugar en el cual mi padre dice haber visto a aquel fantasma, eran los restos de lo que podrÃa hacerse un cuerpo, ya que, debido al tiempo a la putrefacción y a que estaba debajo del agua, prácticamente lo que sacaron eran huesos y poco más. Mi padre está seguro que aquel dÃa lo que vio no fue otra cosa que el espÃritu de aquel hombre, el cual no podÃa descansar en paz y que estaba penando en ese sitio y tuvo la mala suerte de encontrárselo. Acabamos con los relatos de pescadores y marineros para dar pie a una profesión que creo que muchos no pensarÃan que estuviera relacionada con algo aterrador o con relatos que fueran de miedo. La profesión de maestros. Se podrÃa decir que es de los que uno menos espera tener relatos de terror, pero esta maestra vivió uno. Esta maestra imparte a clases como cualquier otro dÃa, como cualquier otra mañana común. Cuando de pronto entre todo ese salón de clases al cual era nueva, ya que apenas iba a impartir a ese grupo, se dio cuenta que habÃa mesabancos vacÃos. Lo que no sabÃa ella es que estos mesabancos ya tenÃan dueño, a pesar de que no los podÃa ver y que eran muy celosos, lo cual derivó en una experiencia de absoluto terror cuando decidió moverlos. En aquella ocasión, el salón de clases se convirtió en una casa del terror. Mi nombre es Leticia Guevara. La experiencia que les quiero contar sucedió en mis primeros años de docente, cuando trabajé en un instituto educativo. Yo soy maestra, maestra de primaria. Llegué a trabajar en una escuela a la cual es muy re conocida aquà en México, por lo cual voy a tratar de omitir nombres, pero es una escuela muy reconocida en toda la República. Dentro de esta escuela impartÃan primaria, secundaria y preparatoria, y sucede que, como en muchas otras escuelas que se van sumando más salones, se van sumando grados, se van sumando alumnos. Este instituto fue haciéndose grande, cada vez más y cada vez más más ancho, más alto y múltiples veces los salones cambiaban de grupo, es decir, a veces los salones eran de secundaria. Después de tres años pasaban a ser de preparatoria y después a primaria, hasta que finalmente el instituto se organizó bien y plantearon a los salones de primaria como como lo los primeros en entrar, ya que las madres de los chicos más pequeños iban a ir por ellos y de esta manera se ahorraban a entrar por todo el instituto para ir por los niños. Ahora les doy este dato para que lo guarden, ya que es muy importante. Esta escuela ya tenÃa varios años en funcionamiento y cuando entré yo ya estaba situado todo en su lugar. Yo entré con normalidad a impartir mis clases. El maestro que daba este grupo habÃa cambiado de grupo y me lo habÃa dejado a mÃ. Cuando entré al salón, vi que varios pupitres, varios mesabancos estaban vacÃos, pero yo se lo atribuÃa a que tal vez eran algunos niños que faltaban o algunos mesabancos que simplemente estaban de extras. Al paso del tiempo, me di cuenta que sÃ, pero al pasar unos cuatro dÃas, casi cumpliendo la semana, me di cuenta de que, en realidad, de todos esos mesabancos habÃa uno en particular que me llamaba mucho la atención. Como dije, vi que varios mensabancos estaban de extras, asà que decidà almacenarlos en un almacén pequeño que tienen todos los salones para pizarrones, para libros, para pupitres, para bolÃgrafos, para pincelines. Los niños me empezaron a ayudar. Eran mesa bancos de plástico, asà que no pesaban mucho. Realmente eran niños de siete y ocho años. Metimos cerca de cinco mesabancos y cuando faltaba el último, que era precisamente este mes a banco que se encontraba en medio del salón, ninguno de los niños se acercó a él. En ese ese momento. Yo me fui acercando al mesa a banco para retirarlo. Pero justamente cuando lo tomé, los niños me hablaron casi todos al unÃsono me levantaron la voz diciendo no maestra, no lo mueva y obviamente estaba confundida. Ellos me respondieron que ese mes a banco pertenecÃa a un alumno llamado Tommy. Como ustedes han de suponer, yo pensé que era un alumno que tal vez estaba enfermo o estaba suspendido, ya que no lo habÃa visto en toda la semana. Dejé el mesa a banco ahà y proseguà a dar clases. No le quise dar más vueltas al asunto, pero me llamó la atención. Asà que, un par de dÃas después, observando que aquel mes a banco siempre estaba vacÃo, decidà checar en la lista de asistencia, Empecé a buscar un alumno que se llamara Tommy, pero por más que buscaba una y otra vez no encontraba a ningún alumno con ese nombre. Cheque toda la lista, básicamente a todos los niños ya habÃan asistido, por lo que al dÃa siguiente intenté quitar aquel mes a banco frente a todos ellos en la mañana, justamente cuando lo estaba retirando nuevamente, ellos me dijeron repentinamente que no lo quitara que ese asiento era de Tommy y que se iba a enojar mucho. Si lo movÃan para este entonces yo ya estaba un poco harta de esto y les dije mire niños, yo sé que no existe ningún Tommy, no lo tengo en la lista de asistencia y nadie ha venido asà que ya dejen de decir que es de Tommy. En ese momento, una niña que se sentaba enfrente del mesa banco me dijo que Tommy si era real y que todos ellos podÃan verlo de vez en cuando, que los maestros no podÃan, pero que ellos sà y que ese era su lugar preferido y que siempre se sentaba ahà durante las clases. Yo les tengo que admitir que al ver a la niña hablando tan seriamente de esto, me provocó algo de escalofrÃos. Es decir, los niños son bastante evidentes cuando te están jugando una broma o cuando te están mintiendo tienden a hacer algunas expresiones e incluso algunos tienden a no controlar una risita. Pero en ese momento todo el salón, todos los niños estaban totalmente serios. Yo le pregunté a una niña, Marta, la cual era la mar estudiosa y nunca mentÃa. Le pregunté Marta si están jugando. Déjenlo de hacer, porque la verdad es que no me gusta. Pero Marta estaba igual que todo el grupo. Me dijo maestra es que no estamos jugando. Es en serio. Es el asiento de Tommy. Por favor, no lo mueva, porque él luego se enfada. Esa mañana fue muy extraña, ya que me dio una extraña sensación de terror, de aire frÃo recorriendo todo mi cuerpo en ese preciso momento. Yo obviamente traté de ignorarlo, claro, pero era algo muy extraño. Decidà seguir con mis clases las terminé y antes de irme, cuando todos los niños habÃan salido, tomé la decisión de agarrar aquel mes a banco y meterlo en el almacén. Al final de cuentas, no estaban los niños y no habÃa quien me lo impidiera. Estaba creyendo que tal vez la historia que me habÃan contado los niños me estaba afectando. Además, yo soy muy asustadiza. Traté de no pensar en eso y rápidamente lo olvidé. Pero para mi mala suerte, aquella noche serÃa la peor que vivirÃa casi en toda mi vida. Para empezar, y no solamente yo, sino todos los integrantes de mi familia, ya que en ese entonces yo todavÃa vivÃa con mis padres y también mi hermano. Empezamos a escuchar sonidos extraños viniendo de habitaciones donde se suponÃa no habÃa nadie Escuchábamos pisadas. Escuchábamos risas. Incluso mi madre dijo haber visto a un niño jugando en nuestro patio trasero, pero cuando ella salió ya no habÃa nadie. Recuerdo muy bien un momento en el que todos estábamos cenando, tenÃamos la televisión apagada, estábamos platicando y conversando de cómo habÃas todo el dÃa, cuando en eso escuchamos cómo tocaron la puerta. Pero no era la puerta de afuera, No era la puerta ni trasera. Era la puerta de uno de los cuartos, o sea que significaba que alguien estaba dentro del cuarto, algo que era imposible, ya que todos estábamos en la mesa. Eran golpes golpes como si alguien quisiera entrar, como si alguien estuviera pidiendo que le abriéramos la puerta. Recuerdo que todos nos quedamos callados, pues todos estábamos sentados en la mesa y no habÃa forma alguna de que alguien estuviera dentro de la habitación. Mi hermano se levantó y lentamente abrió la puerta para ver que no habÃa nada, No habÃa nadie. La habitación estaba completamente oscura, sin rastros, ya para este momento estaba entrelazando todo. Pero para mi mala suerte cayó la noche justo cuando estaba dormida, sufrà de algo que se podrÃa decir terror nocturno, o podrÃamos decir también parálisis del sueño o, como popularmente se dice, que se te suba el muerto. El caso es que a mà jamás me habÃa pasado algo parecido. Por lo tanto, cuando me levanté en la madrugada eran cerca de las tres o cuatro de la mañana, sentÃa como estaba en mi cama, pero no me podÃa mover si les podrÃa decir que es una situación muy desesperante, pero en ese momento, entonces se me ocurre la fatal idea de abrir los ojos. He visto varios testimonios en Internet que dicen ver cosas, cosas que podrÃan ser alucinaciones, pero lo que yo vi aquella noche no era ninguna alucinación. Estoy más que seguro que se trataba de Tommy, porque lo que vi era un niño. La silueta de un niño estaba todo oscuro. No podÃa ver su rostro, pero podÃa ver su cuerpo observándome tal vez algunos dos metros de distancia. Y lo peor fue que este niño empezó a acercarse hacia mÃ, como si de alguna manera estuviera esperando a que yo abriera mis ojos, a que yo lo viera. Al momento de que él empezó a acercarse, yo no pude con el terror y me pasó algo que yo no pensaba podrÃa pasar me desmayo del miedo. Aquella mañana, mi madre me tuvo que despertar y estaba muy asustada, ya que yo no respondÃa e incluso llegaron para médicos me estabilizaron y aquella mañana llegué tarde al salón. Cuando llegué ya no habÃa ningún niño en la cancha. Todos debÃan estar en su salón hacia su maestro. TodavÃa no hubiera llegado. Todos los niños estaban parados enfrente del pizarrón, hablando caminando, pero lo bastante lejos de aquel lugar donde se suponÃa, era el lugar de Tommy. Era como si los niños no quisieran acercarse, como si supieran de alguna manera que algo malo les pasarÃa. Si se acercaran, yo llegué al aula. Ellos no me dijeron nada. Yo simplemente entré fui al almacén tomé un mes a banco y lo puse de nuevo en aquel sitio. Después de hacer esto, todos los niños volvieron a sentarse. Cuando terminé de dar clase y finalmente fui a mi casa. Las extrañas apariciones no volvieron a suceder y, por lo que resté ahà trabajando, no me volvà a meter con ese mesa banco. Simplemente lo dejé ahà evitándolo aparentando que no existe. Creo que fue lo mejor que pude haber hecho. Recuerden que al inicio del relato les dije que estos salones se cambiaban constantemente y que guardaran ese dato. Bueno pase. Resulta que después, cuando hice amistades, platiqué con el maestro que tenÃan estos niños, justo antes de que yo entrara. Este maestro no se salió ni cambio de empleo. Simplemente lo mandaron a otro salón, ya que ocupaban personal. Yo le pregunté sobre el mesa banco de Tommy Era prácticamente imposible que él no supiera la historia. Ãl me dijo, honestamente que algo paranormal jamás le pasó. Pero él también me dice que jamás movió el mesabanco. Ãl creyó simplemente que era un juego de niños. Los niños se habrÃan puesto de acuerdo para tener ahà un amigo imaginario y él, francamente, me dice que no tenÃa ni el tiempo ni la paciencia para seguirles el juego. Entonces simplemente ignoró aquel mes a banco. Pero lo que sà sabÃa es que precisamente en ese salón años atrás, muchos años atrás, de hecho, cuando él apenas llevaba un año trabajando en ese instituto, sucedió algo y es que en ese ese salón anteriormente pertenecÃa al área de secundaria y Como sabrán, los niños en esa etapa son un poco más gallardos, o podrÃamos decirlo no miden las consecuencias y quieren explorar todo. Se dice que un grupo de chicas habrÃa estado jugando un juego a la hora del receso. No se sabe si era la hija u otro juego que popularmente se corre en la voz, pero el caso es que una de las chicas argumentaba estar poseÃda, o sea, que la sacaron de ahà mientras ella gritaba, daba arañazos con una fuerza descomunal, mientras que las otras dos chicas estaban totalmente aterradas con mucho miedo, querÃan que llamaran a sus padres porque ellas habÃan visto varias sombras, varias garras alrededor del salón. Cuando ellas estaban ahà completamente solas. Dicen que trajeron a algo y que, después de ese incidente Durante algunos cinco o seis años, aquel salón quedó completamente deshabitado y se decÃa que aparecÃan sombras, aparecÃan cosas mismas leyendas que se tejÃan entre los alumnos. Era una leyenda de la escuela, hasta que después esos alumnos se graduaron y poco a poco se fue perdiendo la leyenda hasta que después lo volvieron a usar. Y ahora algo habita y socializa con los alumnos de ese salón de clases. Gracias por escuchar mi historia. Saludos a todos desde Jalisco




