TERRORES vividos en los PSIQUIATRICOS y EXPERIENCIAS PARANORMALES en los ORFANATOS | RELATOS de HORROR | L.C.E.

En este episodio abordaremos las experiencias paranormales de una monja cuidando a niños en un orfanato donde se cuentan aterradoras leyendas, ademas de tambien ser testigos de los pascientes mas aterradores que han tenido algunos psiquiatras.
Este siguiente relato criptomanÃacos. O más bien, estos dos relatos que vienen en este video tienen que ser relatados en absoluto anonimato. Y es porque ambas personas que me han mandado estas experiencias todavÃa siguen trabajando como psiquiatras y obviamente, el nombre de las instalaciones también no serán nombrados, ya que todavÃa trabajan ahà y de cierta manera hay que cubrir los eventos personales de estas historias, ya sea también de los pacientes. Pero no se preocupen, ya que no es necesario tener en cuenta estos detalles para poder contar las historias. Esta primera historia viene de parte de Fernanda. Asà nos dirigiremos hacia esta Señorita, que obviamente su nombre no es Fernanda, pero lo usaremos para esta historia. Fernanda es una psiquiatra. Tiene aproximadamente cuarenta años y ha estado en este mundo de la psiquiatrÃa, la psicologÃa. Básicamente desde los diecinueve que entró en la Universidad. Ha tenido diferentes pacientes, algunos muy preocupantes y otros que fácilmente salen de ese hoyo que tal vez uno cava por sà mismo en su mente. Ella trabaja en un hospital en el cual se divide en varias secciones. Es un hospital grande aquà de México, tiene su área de psiquiatrÃa y a ella llegan personas de diferentes rubros, diferentes problemas, niños, adolescentes, adultos. Pero lo que nos importa en esta historia es que una vez llegó un matrimonio, un matrimonio que el que estaba padeciendo de enfermedades mentales, o más bien esta persona habÃa desarrollado un trastorno debido a un evento traumático que habÃa sufrido. Para desgracia, de este matrimonio habÃan sufrido una pérdida, la pérdida de su primer hijo. Este fallecimiento llegó muy temprano a sus vidas. El niño habÃa nacido y habÃa estado dos meses con ellos debido a una enfermedad con el que el niño habÃa nacido. Inevitablemente, este pereció tan sólo a tres semanas de haber cumplido los tres meses. Obviamente, este fallecimiento le pegó muy fuerte al matrimonio, pero le pegó más fuerte a la madre que al padre. La madre se rehusaba, por asà decirlo, a aceptar la verdad que su hijo ya habÃa fallecido, que él ya no se encontraba con ellos. Ella seguÃa actuando como si su hijo aún estuviera vivo, como si aún lo tuviera. En pañales, el fallecimiento de este hijo ya tenÃa tres años. Obviamente, estas actitudes la madre las fue desarrollando progresivamente con el tiempo. Cada vez su cerebro, por asà decirlo, no soportaba lidiar con la pérdida y cuando llegaron con esta psiquiatra, estaba de tal manera destruido el matrimonio que la mujer habÃa dejado de trabajar, habÃa dejado de estar tiempo con su esposo y prácticamente casi todo el dÃa cargaba varias sábanas envueltas simulando el cuerpo de un niño con ella. E incluso cuando estas sábanas se las quitaban o simplemente no las encontraba porque el marido se las escondÃa. Ãl también querÃa que mejorara, pero debido a cómo pasaba el tiempo, veÃa que no progresaba, sino que más bien todo se agravaba. La mujer juntaba sus grados y simulaba que tenÃa el niño, le cantaba, le aerorrollaba e incluso se levantaban las mañanas para darle teta. Según este fernanda, como todo profesional, empieza a tender a esta mujer, le empieza a poner varias pruebas y si tiene un problema muy severo, tenÃa que lidiar con este trauma y, sobre todo, superarlo. No serÃa fácil, ya habÃa escalado muchos años y era un tratamiento igualmente de años para lograr erradicarlo. Empezaron las sesiones y pese que al principio todo iba de lo más normal dentro de lo que cabe en este asunto, cuando ella se encontraba en terapia con esta mujer, empieza a notar que hay algunas cosas inusuales. Ellas dos estaban en una habitación con un sofacama. La habitación era muy muy simple estaba toda de blanco, con un pequeño librero, con una mesa de centro y encima de esta mesa habÃa un frutero, un frutero extendido como un plato. En esta habÃa algunas frutas, obviamente decorativas, eran de plástico. Y lo curioso aquà es que en determinada cita el frutero empezó a tirar las frutas. Ahora no las empezó a tirar de una forma totalmente violenta, sino que simplemente las frutas rodaban y se caÃan de la mesa. Se caÃan del frutero primero y después de la mesa. Esto vino ocurriendo varios dÃas seguidos y simplemente cuando la mujer se encontraba con ella. Esta mujer siempre le pedÃa disculpas a Fernanda, ya que le decÃa que su hijo era muy travieso, que a veces le gustaba jugar con las verduras y que esto a veces también lo hacÃa en la casa. Obviamente, Fernanda no le presta atención a esto. Trata de seguir con la sesión y se da cuenta que solamente se caen en las frutas. Cuando está con esta mujer, ella empieza a revisar al frutero, frutas que incluso ya tienen polvo que siempre están acomodadas del mismo sitio en la misma posición. Ahora, simplemente por algo inexplicable, se caen todos los dÃas. Cada vez que esta mujer entra a este cuarto con ella. Los meses pasan, el tiempo pasa y no hay mejorÃa del todo. Esta mujer todavÃa sigue anclada a que su hijo está vivo y en una ocasión a Fernanda le tocó llegar tarde a una cita. Más bien lleva a llegar un poco tarde todos los dÃas debido a unos ciertos detalles médicos que ella tenÃa antes llegarÃa a cada cita cerca de cinco minutos tardes, diez minutos tarde. Nada preocupante. Esta mujer, cuando llegaba a la cita, era muy puntual. Entraba incluso algunos cinco minutos antes, unos diez minutos antes, por lo que ella pensó que de seguro ya se encontraba sentada en su lugar. Cuando Fernanda va abriendo la puerta iva entrando, se da cuenta que esta mujer está parada juntando sus brazos como si cargara un niño y arrollándolo de un lado hacia otro, cantándole una canción de cuna. Tan pronto cuando ella llega, la otra mujer le dice que ella va a soltar a su hijo lo pone a un lado de ella, como todos los dÃas, a un lado del sillón y empiezan la sesión A Fernanda. Esto no se la cerraron e intenta seguir ayudando a esta mujer, pero al pasar de los dÃas y ella continuando llegando tarde, ve que esta mujer siempre está arrollando a un niño y en una ocasión como algo de terapia más que nada, porque ella vaba conociendo. Esta mujer algunos meses ya le habÃa contado cosas de su vida, de su madre nunda, de su niñez, por lo que ya tenÃan cierta confianza. Asà que Fernando se levantó de su asiento mientras esta mujer estaba rollando a su disque hijo, su supuesto hijo, y Fernanda le dice me lo pasas lo hacÃa de alguna manera para ayudarla. Pero Fernanda se arrepiente de esto, porque desde ese momento las cosas empezaron a empeorar de forma muy pero muy agresiva y muy rápida. La otra mujer sosteniendo una sonrisa, le dice sÃ, claro que sà te lo paso. Se juntan las dos y cuando ve que esta mujer hace el movimiento para pasárselo, Fernanda dice que empieza a sentir un peso o un peso como que de algo. Genuinamente le está pasando algo y sobre todo, ella empieza a sentir con su tacto, con sus que es algo pesado, no muy pesado, pero es algo tierno algo también suave y que transmite calor corporal. Cuando por fin la mujer se lo deja, ella siente genuinamente que está cargando algo, como si estuviera cargando un bebé. Pero cuando Fernanda voltea y ve hacia abajo de sus brazos, ve que no hay nada, pero, sin embargo, siente que está cargando algo. Fernando dice que en este momento entró en shock su mente estaba haciendo literalmente algún corto circuito, no entendÃa cómo estaba pasando esto. Uno de los temores más grandes de los psiquiatras es caer en el mismo juego de su paciente. No puedes hacer esto, caer en el mismo vórtice de locura que el Fernanda. En ningún momento creÃa que esta mujer portara con algo, que esta mujer tuviera un bebé en sus brazos. No lo creÃa, no lo pensaba, pero entonces cómo explicaba este peso y este calor que tenÃa. En fin esta sesión no acaba bien. Fernanda se temoriza bastante y alza sus brazos y suelta la otra mujer, grita grita, exclama llora y en un momento hasta la be que la quiso agredir. Fernanda sale de esta habitación y empieza a correr, pero no huye del temor, huye e incluso de su propia mente. No sabe en qué momento esta le falló. Las citas se suspenden durante un largo tiempo. Fernanda necesita recapacitar un poco y al paso del tiempo, el paso de las semanas, vuelve a estar con esta paciente. Obviamente, esta paciente está más reservada. Esta mujer está más reservada que de costumbre. Ella no le piensa pasar a su hijo. Tratan de seguir las citas normales, trata de hacerla creer a esta mujer que su hijo ya falleció. Y justamente cuando le dice esto, dice que aquella mujer se le queda mirando y le dice está segura porque tú lo dejaste caer. No falleció, pero lo dejaste caer casi casi haces que fallezca. Fernanda siempre se queda muda después de que le dice esto, porque no está tan segura de lo que vivió en esa ocasión pero todavÃa tenÃa que vivir algo más. Recuerdan que Fernanda decÃa que llegaba tarde a sus asistencias con esta mujer, a sus citas. Bueno, en una ocasión, cuando estaba llegando ella vio como otras tantas veces a esta mujer arrollando a lo que podrÃa ser su bebé cerró la puerta un poco y la estuvo, por asà decirlo, espiando antes de entrar a la habitación. Aquella mujer no la habÃa visto. Puso su oÃdo en la puerta y escuchó como claramente del otro lado, se escuchaba un niño, un niño pequeño como este, a veces bostezaba o a veces chillaba, pero de forma muy silenciosa. Fernanda, en ese momento piensa que esta mujer trae un niño de verdad, por lo que de inmediato entra en la habitación. La encuentra de espaldas y la voltea. Pero esta mujer de nueva cuenta no trae nada en sus brazos e incluso la otra mujer se asusta fernanda. No puede más. Pasa este caso a otro psiquiatra. Se puede hacer eso más si estás en un hospital a que la tienda otro psiquiatra. Ella dice que no sabe cómo, pero de alguna manera, aquella situación de la mujer, aquella historia, tal vez la empatÃa hizo que cayera hizo que descendiera al borde de estar creyendo lo que aquella mujer vivÃa. Fernando, obviamente, es una psiquiatra. Dice que, si bien es católica, le adjudica todo a un método cientÃfico. Ella, por ende, no crea fantasmas y, para ser sincera, ni siquiera cree en la vida después de la muerte. Pero este acontecimiento dice que la hace dudar al respecto. No encuentra una forma lógica para lo que vivió aquella ocasión. Simplemente cree que aquella locura que esta mujer tenÃa a ella también la estaba absorbiendo, o eso es al menos lo que ella quiere creer. Este siguiente relato viene de parte de Ernesto, el cual, por obvias razon es, también es un hombre ficticio. Seguiremos las mismas reglas que el relato anterior. Este no es un hombre verdadero. Tampoco las instalaciones eran nombradas ni sus pacientes. Simplemente quiere compartir esta historia y tiene que mantener los datos reservados, porque él todavÃa se desempeña como psiquiatra. Esta experiencia paranormal también le sucede con un paciente. Tal parece ser que los pacientes a veces arrastran cosas hasta sus citas. Ernesto cuenta que en alguna ocasión llegó un adolescente, un adolescente que lo habÃan traÃdo sus padres. Esta adolescente ya habÃa sido recluido una vez en un psiquiátrico un breve tiempo, nada más por órdenes de especialistas y es que passe y resulta que este joven habÃa tenido algunos problemas. HabÃa agarrado animales tales como gatitos conejos y algunos perros de estatura pequeña para atormentarlos. Este joven habÃa lastimado y finalmente quitado la vida a estos pequeños animales de una forma muy horrible. No habÃa sido ni siquiera de una forma rápida. Esto obviamente, habÃa encendido varias luces rojas, varias alertas en los padres. Obviamente, un chico adolescente que está haciendo eso, si no recibe ayuda pronto, puede empeorar. Puede ser un problema de grande. Un psiquiatra en aquel tiempo lo vio, lo internó y ya habÃa salido. Pero para su desgracia, para la desgracia de la familia, este joven les dijo que él escuchaba unas voces, unas voces que lo atormentaban dÃa y noche, que mientras habÃa estado encerrado, lo habÃan dejado tranquilo, pero que cuando salÃa, cuando estaba con su familia, cuando por fin estaba en su hogar, estas voces volvÃan y volvÃan y volvÃan y le decÃan cosas, le decÃan cosas aterradoras, todas cosas desagradables, pero eran de una forma para intimidarlo. Según él, estas voces le decÃan a este niño, a esta adolescente, que tenÃan que hacer lo, que ellos le dijeran a él si no querÃa que tal cosa pasara, amenazaban con su familia. Ãl tenÃa dos hermanas menores, tenÃa un padre, tiene una madre y amenazaban con hacerles daño si él no hacÃa lo que ellos le decÃan que en otras ocasiones él dijo que eran violentar a estos animalitos. Ãl dice que no les querÃa hacer daño, pero que lo hizo para proteger a sus seres queridos. Obviamente, esto ya lo tratan como algún tipo de enfermedad mental. Este psiquiatra ernesto analiza el caso OK. Este chico le hizo daño animales e hizo otras cosas, pero el más grave es este dice que escucha a voces que lo intimidan con hacerle daño a sus padres y no hace lo que ellos les dicen. Ok vamos a empezar a trabajar con este joven. Este chico dice que escucha las voces al menos una vez por dÃa y no siempre. Las escucha en su mayorÃa de veces para pedirle algo, para chantajear lo podrÃamos decirlo, sino que le dicen malas palabras a él. Simplemente lo insultan, los obajan. Estas voces lo denigran en su cabeza insulto tras insulto. Lo denigran, lo hacen que tenga una baja autoestima. Obviamente, él prefiere mucho esto que lo insulten, que le digan cosas feas a que en una ocasión les diga haz esto. Si no lo haces, voy a hacer que tu padre tengo un accidente de auto Ernesto como buen psiquiatra le dice mira. Esas voces no existen ese poder que ellas argumentan tener tampoco. No tengas miedo de desobedecerlas. No hagas nada de lo que te dicen. Créeme que tu padre, A tu padre no le va a pasar nada ni a tu familia. El joven se queda callado y le dice si es que si pasa en dos ocasiones no quise hacerles caso y en esas dos ocasiones se cumplió lo que ellos me dijeron que harÃa si yo me negaba a hacer daño, si yo me negaba a lo que ellos me decÃan que hiciera. Obviamente, el psiquiatra simplemente piensa que esto lo liga a ciertos eventos. Ok. A tu mamá le pasa algo por muy mÃnimo que le pase o a su familia, por muy mÃnimo que que le pase cree que su culpa y el chico le vuelve y le dice que no. Las voces le dijeron que eso pasarÃa. En una ocasión, por ejemplo, dice que este chico aquellas voces le dijeron que a su hermanita le iba a atacar a un perro. Si no hacÃan tal cosa, este joven se negó y los dos dÃas próximos estuvo muy al pendiente de su hermana sobreprotegiéndola, cuidándola de no pasar por ningún lado, hasta que un dÃa en compañÃa de su madre salieron al parque ella sola y su hermana, en donde su hermana fue atacada por un perro, un perro grande de proporciones grandes le habÃan hecho mucho daño. Su pierna habÃa estado hospitalizada algunos meses. Ernesto trata de seguir con la consulta, trata de seguir con sus citas, pero pasa el tiempo y ve que a sus citas este joven ya no llega. En tres semanas consecutivas, una tras otra, el joven no se presentó. Obviamente, Ernesto llama por teléfono a la familia y la familia le contesta que este chico cada vez que iba a la cita, siempre decÃa que le dolÃa algo y a veces él mismo se hacÃa daño para no oÃr. Ãl no querÃa asistir a las citas. Ernesto, como buen profesional, basta la casa de este muchacho y habla con él en su habitación totalmente solos los dos y le pregunta por qué no quiere ir? Yo quiero lo mejor para ti. Yo quiero ayudarte, por qué no quiere ir El chico. Simplemente mirando al suelo, le dice aquellas voces no les gusta que usted me está ayudando. Aquellas voces me están diciendo que haga algo y que si no lo hago, le va a pasar algo mal a usted lo van a seguir hasta su casa. Ernesto toca el hombro de aquel chico y le dice no ten te preocupes por mÃ. Yo voy a estar bien, no caigas en su juego, no caigas en estos juegos de la mente creeme nada malo me va a pasar. El chico le advierte aquella noche dice que lo van a estar siguiendo a él a ernesto y que van a estar toda la noche con él acosándolo. Ernesto, obviamente, sigue hablando con el chico le dice que no se preocupe, que no va a pasar nada malo y cae la noche. En aquel momento, Ernesto estaba viviendo con su esposa. Era un joven matrimonio. Aquella noche estaban los dos acostados y Ernesto dicen que empezó a ver sombras, sombras que lo rodeaban. Toda la habitación está oscura, pero tú te percatas. Una vez que tu vista se aclimata a la oscuridad, van siendo perceptibles ciertas cosas del cuarto tu almohada, la pared, del color de tu pared, los muebles, todo lo puedes ver. Después de un par de minutos, Ernesto veÃa como habÃa u n tino o sombras una puesta en cada esquina del cuarto, observándolo a él y a su esposa. Mientras dormÃa, Ernesto se levanta prende la luz. En varias ocasiones, él dice que encendió la luz y esas sombras desaparecÃan con la luz. Ãl pensó que estas cosas estaban en su cabeza. Se levantó, fue a la cocina, se preparó algo, comió, fue al baño, se lavó la cara e incluso estuvo unos minutos viéndose en su espejo como que diciéndose a sà mismo tranquilÃzate qué te está pasando. Esto no es verdad. En aquel momento, en ernesto, las únicas palabras que cabÃan eran las de aquel chico que lo iban a estar siguiendo. Ernesto trata de volver a su habitación junto con su esposa. Apaga la luz y se acuesta. No puede dormir en toda la noche antes de que si él se levante, se levanta su esposa y se va a la cocina, se levantan anormalmente temprano ellos dos. En aquella ocasión se lava la cara, se mira de nueva cuenta, se repite que tiene que controlarse. Cuando en eso su esposa va y lo toca del hombro y le confiesa que ella no pudo dormir en toda la noche. Ella le dice que no sabe si es algún tipo de pesadilla o su subconsciente o tuvo algún terror nocturno, no sabe cómo llamarlo, pero que no logró concilar el sueño o más bien cuando lo conseguÃa, conseguÃa dormir. Se levantaba los minutos y veÃa sombras observándolos. Ella pensó que era un tipo de pesadilla, que era un tipo de terror nocturno, como lo dice ella, asà que se esforzaba simplemente por cerrar los ojos. Ella sintió cada vez que Ernesto se levantaba encender las luces y se iba. Por eso también le pregunta tú no pudiste dormir tampoco. Y es en ese momento que Ernesto se da cuenta que esto no simplemente lo ve él, sino que también lo pudo ver su esposa en la habitación y justo como ella decÃa una sombra en cada esquina, también la veÃa Ernesto cómo podÃa hacer esto. Ernesto mantenÃa muy alejado su trabajo de su vida personal. Su esposa no sabÃa sobre sus pacientes, no sabÃa qué enfermedades tenÃas, no sabÃa qué pláticas tenÃa Ernesto con ellos, asà que ella no hubiera podido estar tan susceptible como él. Por ejemplo, las citas continúan Ernesto trata de mantenerse enfocado, enfocado en lo que en lo que a él le importa, cuanto más rápido puede ayudar a este niño, más rápido se le va a quitar esto que está construyendo en su mente. La mente es muy peligrosa. El chico le pregunta al dÃa siguiente, si es que le pasó algo raro, si es que que cumplieron aquellas voces lo que decÃan que pasarÃa, que iban a estarlo acosando ernesto de alguna forma para calmar al niño le dice que no, que no pasó nada, que todo estuvo tranquilo, que no le presta atención a aquellas voces que él y su esposa estuvieron muy bien toda la noche. El niño está adolescente, es vos una sonrisa, se siente muy bien, se siente aliviado. Ãl dice que bueno, que todo está en mi mente y no es real. Va feliz cuando termina la cita. Al parecer, el chico querÃa creer que también todo esto estaba en su mente y no era nada nada. Con otra fuerza pasaron los dÃas y, obviamente, ernesto sigue platicando con el chico y en determinado dÃa, un dÃa horrible para Ernesto, el muchacho le dice. Las voces me dijeron eron que tú me habÃas mentido, que habÃas tenido miedo de ellos. Ernesto le contesta no. Yo no te mentÃ, yo no vivà nada el chico otra vez como que queriendo creerle a Ernesto le dice bueno, porque me avisaron de nuevo que si yo no te hacÃa daño, iban a hacerle daño a tu esposa. Ernesto se queda congelado, pero por inercia, tal vez por querer suavizar todo este ambiente, ambiente tétrico que estaba teniendo aquella cita le dice no te preocupes, no va a pasar nada y vamos a cambiar de tema lo que jamás habÃa hecho cambiar de tema tan abruptamente. Ernesto quiere estar centrado. TodavÃa termina aquella cita y antes de marcarle a su esposa cerca de las ocho de la noche, él dice que le marcan antes a él a su teléfono. Su familia le tienen una perturbadora noticia. Su esposa se encontraba ya en casa y se habÃa caÃdo por las escaleras del segundo piso. Se habÃa hecho mucho daño en sus rodillas y en su tobillo. Estaba hospitalizada e incluso Ernesto dice que dejó de caminar algunos dÃas, estuvo incapacitada algunas semanas y con el tiempo volvió otra vez a andar sin problemas, pero que se habÃa sido grave al menos en un instante. Después de esto, Ernesto pasa a este chico, a otro psiquiatra les dice que va a salir de vacaciones y no es mentira. Ernesto se termina mudando a otra sección de la ciudad y pide que lo extranmiten a otro hospital, un hospital hermano, en donde también más o menos tienen la misma listas de psiquiatrÃa dice que él querÃa ayudar a este muchacho, pero de alguna manera él no sabe con qué, no sabe por qué. Pero esto ya la estaba afectando a un nivel personal y, sobre todo con lo que le pasó a su esposa. Ãl no podÃa dejar esto. Era ligera. Era un hombre de ciencia, Era un hombre que siempre buscaba el lado lógico ante toda situación, sobre todo a lo que se dice paranormal, pero en aquella ocasión simplemente decidió irse para protegerse y proteger también a sus seres queridos. Recuerda muy bien que aquel muchacho le dijo que aquellas voces le dijeron que le hiciera daño. No iba a dejar a la suerte que eso pasara. Pido disculpas cripta manÃacos y estas historias no tienen un fin por asà decirlo como las otras, pero es que a veces asà pasan la vida. Algunas personas deciden retirarse a tiempo antes de que a lo mejor, lo más aterrador o lo más peligroso sucede tú qué me dices al que está escuchando esta historia. Crees que las enfermedades mentales. Crees que todos estos casos en los que a lo mejor se dice que el paciente está viendo algo provocado por su mente, está escuchando algo provocado por su mente. No es algo más. No es tal vez como que tenga un poco de razón. Esto, sin lugar a dudas, es un tema interesante, el cual te invito a reflexionar y a que nos comentes qué te parece abajo en los comentarios. Este siguiente relato o cripta manÃacos viene de parte de Luisa Mendoza. Si bien a Luisa no le pasaron estas experiencias que nos quiere contar, les pasó a un familiar muy cercano suyo a su tÃa en aquellos años de los sesenta, muy cercanos a los setenta, en los años sesenta y ocho sesenta y nueve. Anteriormente, las familias mexicanas, casi en toda su mayorÃa, tenÃan un acercamiento muy profundo hacia la Iglesia. Tanto asà que la generación pasada de Luisa, la familia de su madre no era diferente. La familia de la madre de Luisa estaba conformada por su madre, su padre y cinco hijos. Obviamente, a uno de estos era la madre de Luisa, y los demás eran dos varones y otras dos hijas. Una de estas hijas, debido al acercamiento que tenÃa con la Iglesia, terminó optando por dedicarse por completo a esta. Era una niña que desde muy pequeña, le gustaba ir a la Iglesia y, conforme pasó el tiempo, se convirtió en monja. Se trataba de su tÃa, fue a retiros, fue a conventos, pero esta experiencia que le pasó le pasó en un orfanato antes de comenzar los. Voy a poner en contexto antes, en los años sesenta, los impuestos no eran destinados a orfanatos ni siquiera un poco eran más dedicados obras públicas. Otro tipo de cosas, por lo que la Iglesia, en una cierta parte de la República, se encargaba de los orfanatos. Tal era el caso de la tÃa de Luisa, de nombre Gloria. Gloria fue orfanatos y atendÃa a los niños desde temprana edad. Cuando le ocurrió esto la primera experiencia, ella tenÃa alrededor de algunos dieciocho diecinueve años y ya para ese momento, ya su vida era la iglesia. Cuando llegó a este orfanato, le dijeron unas ciertas reglas que tenÃa que catar Obviamente, era un orfanato de la iglesia y el dinero no sobraba, no habÃa camas para todos los niños, las instalaciones no eran de lo mejor y la comida, si bien no faltaba, tampoco es que tuvieran en exceso, por lo que tenÃa que medirse en las porciones. TenÃa que cuidar a los niños, tanto a la hora que se despertaban como también por la noche. HabÃa demasiados niños en ese momento, niños incluso que eran abandonados en la puerta del orfanato, otros que eran encontrados vagando caminando y otros que simplemente los padres fueron y los dejaron ahÃ. En fin, quiero que se den cuenta que un orfanato a veces se teje en muchas historias tristes a tan corta edad, Muchos niños viven ciertas experiencias que pueden dejar traumáticos a muchos y es normal que en este tipo de lugares haiga ciertas energÃas, ciertas energÃas que podÃan atraer a ciertos entes de oscuridad, como la tÃa Gloria dice Gloria en ese momento, como les dije, tenÃa dieciocho o diecinueve años y su trabajo, por lo menos durante el primer mes era cuidar también por las noches. No era que las monjas todas se acostaban y ya no despertaban. No a veces una tenÃa que hacer vigÃa y este era el turno de Gloria, por razones obvias que tenÃan que ahorrar la luz eléctrica. Todas las luces se apagaban por eso de las once de la noche. Y si Gloria le tocaba vigilar los pasillos de todo ese largo edificio que tenÃan era un edificio de tres pisos, era como una tipo casa. TenÃa que hacerlo en compañÃa de una veladora, una veladora que iba a cubierta por un vaso de cristal para que más que nada, en dÃas de viento no se les apagara igual En los pasillos habÃa veladoras, pero de vez en cuando también se apagaban y hacÃan que el labor de vigilar sea uno muy tedioso. En este momento se encontraba en su primera vigÃa, cuando de pronto en un pasillo, en el último piso, se encuentra con que varios niños están dormidos en el pasillo. Todos los niños tenÃan destinado una habitación en concreto, no podÃan dormirse en el pasillo. Gloria recuerda que todos los niños habÃan entrado en aquel cuarto y ahora, sin razón alguna, estaban afuera acostados con sus sábanas, con sus frazadas, por lo que inmediatamente va a los despierta y les pregunta qué están haciéndole ese pasillo, por qué no están adentro durmiendo. Si bien al cuarto no es necesariamente grande, era un cuarto de dos metros y medio por dos metros y medio, también es que tenÃan que dormir todos juntos no podÃan dormir en el pasillo. HabÃa una cama en este cuarto y estaba destinada al menor de todos. Más que nada. Si eran las funciones, los niños más menores tenÃan acceso a camas iban creciendo. Obviamente, tenÃan que pasarle su cama al que seguÃan al de la edad más chica. Estos chicos que se encontraban tirados en el pasillo eran de aproximadamente unos diez a trece años. La respuesta que le dieron la gloria era que un hombre venÃa todas las noches y se acostaba con su amigo Jorge en la cama y cada vez que lo hacÃa la luz que habÃa dentro del cuarto, porque dentro del cuarto siempre habÃa una veladora encendida se apagaba. A ellos les daba mucho miedo, por lo que optaban mejor por salirse del cuarto. No querÃan estar con Jorge ni con su supuesto amigo. Al enterarse de esto, obviamente, Gloria entra. No es que esperaba ver a un hombre y acostado, pero a lo mejor pesadillas. Ve a Jorge recostado en posición fetal y ya sé que los otros niños entren acto seguido, prende la veladora y se va del cuarto, baja la cocina y se encuentra con otra monja. Empieza a platicar más que nada de las cosas del dÃa y le menciona este extraño suceso que ha vivido con estos huérfanos, con estos niños del tercer piso. Su compañera, la otra monja le dice que se acostumbre, ya que esos niños, por alguna extraña razón, siempre se duermen en el pasillo. Una tiene que ir y meterlos a la fuerza. Obviamente, Gloria tiene esto como algono normal. Entonces empieza a investigar al respecto. Ella se da cuenta que cada mañana Jorge baja del cuarto, vale la cena y mete dulces en la alacena. Lo ve consecutivamente dos dÃas seguidos. Gloria se le acerca y le pregunta es que acaso tú agarras dulces entre la noche o de dónde sacan los dulces. Jorge le responde. Yo no saco nada, sino es que mi amigo, el que viene por las noches, siempre me los trae. Me trae dulces hasta mi cama y me dice que me puede dar más si lo acompaño. Hasta por detrás del orfanato, detrás del orfanato se encuentra un monte y seguido de este un rÃo. Jorge le dice que él nunca quiere ir con su amigo, pero que cada vez que lo desprecia, él se enoja muchÃsimo. Aquella noche se sabÃa no y sus amigos, los que estaban durmiendo con él, decidieron salirse porque les dio miedo estar con él en la misma habitación Gloria. Durante las noches que siguen empieza como que a querer ayudar a estos niños. Les empieza a preguntar a qué horas es que llega aquel hombre, cómo luce, cómo va vestido y empieza a hacer oraciones. El aspecto de este hombre podÃa hacerse normal. Lo que ella pensaba en un principio resultó que para nada no era de lo más normal como ella pensaba. Los niños le dijeron que las caracterÃsticas de este hombre eran las siguientes. Era un hombre con una cara rara, una cara entre risueña y enojada, sus orejas eran puntiagudas, hizo torso, sus brazos eran los de un hombre, un hombre normal, pero todo cambiaba de la cintura para abajo. Este hombre no tenÃa tiernas como de humano, sino parecÃan como los de un caballo, como las de un chivo. Y, por último, tenÃa una larga cola, una larga cola que enroscaba y a veces jugaba con ella en el aire. Obviamente, estas caracterÃsticas dejaron la gloria más que nada asustada y empezó a ir con estos niños cada noche. Cada noche, sin falta gloria iba a la habitación de estos niños y cada noche los encontraba fuera. Cada vez que entraba. Solamente veÃa a Jorge recostado solo pero lo que sà perceptÃa, al menos por su olfato, era un cierto olor, como a podrido, no un olor muy fuerte, pero sà un cierto olor, algo débil a a a apor refacción. En una de estas ocasiones, a Gloria se le ocurre dejarle su lámpara ya que cada vez que entraba la luz estaba apagada. Les deja su lámparas colgada en una parte de la pared y cuando por fin se retiró del cuarto, se sacó su rosario, que estaba bendito, que siempre lo portaba en el cuello y lo amarró en la manija de la puerta y lo dejó colgando ahÃ. Gloria se retira por eso de las diez de la noche, cuando deja a los niños ahà en su cuarto y baja la cocina, hace sus deberes como todas las noches y cuando dan nuevamente las tres de la mañana, tres y media que era la hora en que subÃa a ver cómo estaban. Se da con la sorpresa de que ahora no vea a ningún niño recostado en el pasillo. Lo que ve ahora es a un hombre, un hombre parado de frente a la puerta de aquella habitación, observándola fijamente parado. Lo que le llamó más la atención la Gloria, a pesar de que el pasillo estaba en completa oscuridad, es que pudo ver la silueta de este hombre a la perfección resaltaba entre la oscuridad. Era un hombre con pies de caballo. Efectivamente, y su larga cola se meneaba de un lado a otro, aparte de que tenÃa unas orejas tan grandes y puntiagudas que dice que se podÃan confundir fácilmente con cuernos. Gloria lo ve y está unos minutos ahà viéndolo. Ella dice claramente que fueron algunos dos minutos. Fue un largo Fue un largo tiempo. Ella no se podÃa mover más que nada de la impresión de lo que estaba viendo. Ella decide bajar, baja nuevamente y va a la cocina, le pide a una de las monjas que la acompañe. Cuando vuelven al pasillo, ya no hay nada. Pero curiosamente, aquella noche fue la primera de muchas que aquellos niños pudieron dormir en paz sin la visita de este hombre por temas de organización. Gloria se tiene que despedir de esto orfanato por unos dos meses, tiene que ir a un retiro y después va a volver al orfanato. Cuando ella se va y pasa el tiempo y luego vuelve, se da con la sorpresa, pues que otras madres no hacen lo que ella hacÃa con estos niños, por lo que el hombre continuó viniendo y parece que esto lo habÃa enojado demasiado, ya que habÃa arañado a Jorge de todo el cuerpo. Obviamente, a Gloria empieza a hacer lo mismo, empieza a poner aquel rosario en la manija, empieza a dejarles luz y fue como estas apariciones fueron disminuyendo. Les dijo a estos niños que hicieran lo mismo cuando ella no pudiera ir que era una manera de espantarlo. Obviamente, los niños no son tontos. Ellos saben que puede ser algo malo, ya que el rosario, los rezos, la luz la ahuyenta. Esta historia termina cuando Jorge le pregunta Gloria a esta monja que quién era el que habÃa ido. Dice acaso es el diablo. Gloria no le responde porque dice que, a pesar de que han pasado años, no está segura de qué ente malicioso pudo haber sido el que estaba acosando a los niños aquellas noches en el orfanato. Esta segunda historia de nueva parte viene de parte de Gloria, de parte de LucÃa, que se tomó la molestia de contarnos estas experiencias de su tÃa. Como dije anteriormente, su tÃa era monja y pues tenÃa que ir a diferentes orfanatos a prestar servicio, ayudar a estos niños que habÃan terminado por azares del destino huérfanos. LucÃa dice que su siempre ha sido un alma caritativa. Le gusta ayudar a diferentes personas por lo que su golpe bajo, por asà decirlo, su talón de aquiles eran los niños. Siempre querÃa ayudarlos, siempre querÃa ver por ellos, aunque después de lo que le pasó en esta ocasión, dejó ver a los niños, por asà decirlo, con los mismos ojos de antes, ya que esta experiencia le dejó con un cierto trauma que no es fácil de olvidar. Comenzó en otro orfanato. Al llegar ella para esto, ella y era un poco mayor, tenÃa algunos veinticuatro o veinticinco años y ya era una monja. Llegó con las mejores intenciones para ayudar a los niños. Pero para su sorpresa, lo que la recibe es una leyenda más que nada, porque ella se le hace raro ciertas actitudes que tienen en el orfanato. Gloria empieza a ver que a partir de las siete de la noche, más que nada, cuando cae el sol, cuando el sol se está ocultando, cuando la penumbra se adueña por completo de las canchitas, de los juegos, de las bancas que haya afuera del orfanato, todos los niños se meten. Y no es que las monjas les digan que se metan, sino que estos niños, ellos solos se meten al orfanato. Ellos prefieren estar adentro, ya sea platicando en sus cuartos, platicando en los comedores, en las salas, que estar afuera. Esto no lo habÃa visto en otras ocasiones, por lo que se le hace extraño y obviamente, platica de esto con una de sus compañeras, con otra monja, con otra madre, y esta le cuenta bueno. Lo que pasa es que aquà se tiene un relato de terror, una cierta leyenda que creen todos los niños y que creen tan bien algunas monjas. Lo que pasa es que hace años, como es de costumbre, un niño llegó, pero era un niño que lo traÃa su padrastro. Este niño no habÃa tenido suerte en la vida, su padre lo habÃa abandonado, su madre habÃa fallecido en extrañas circunstancias y habÃa quedado con su padrastro, el cual para nada le daba una buena vida. De hecho, el niño llegó con moretones y con otras ciertas marcas que creo que usted escripta manÃacos ya se imaginarán. Bueno. El caso es que, debido a todo esto, el niño es aceptado en el orfanato. Todos los niños tratan de llevarse. Pues bien, con él las maestras le prestan atención. Pero este chico se nota que está muy decaÃdo a la corta edad de algunos nueve ocho años, años que tenÃa. Está muy decaÃdo, Está muy harto de la vida. PodrÃamos decirlo tanto asà que inhabitablemente un dÃa no saben cómo pasó, no saben cómo llegó hasta ahÃ. El caso es que este niño sube hasta la azotea del orfanato y sin pensarlo dos veces, sin darles tiempo a las monjas, a los intendentes de actuar. Este niño se lanza y caye estrepitosamente hasta el suelo a plena luz del dÃa. Obviamente, niños lo vieron, monjas vieron todo como quedó. Fue un evento bastante traumático para los que presenciaron eso y desde ese acontecimiento, los niños les empezaron a decir a las monjas que veÃan a Marcos. Marcos es el nombre del niño que se habÃa arrojado del techo que lo veÃan tan pronto caÃa la noche. Si es que los niños se encontraban jugando pelota, si es que los niños se encontraban en los columpios, en los subi y baja, Marcos iba con ellos y se les aparecÃa, ya sea a un lado del columpio, ya sea jugando pelota también o ya sea por un lado del sube y baja. Las vÃctimas de la aparición de Marcos no eran ni uno, ni dos ni tres. Eran bastantes niños de estos, sumándose le claro que algunas monjas decÃan también ver al niño. Esto no ocasionó más que nada sembrar miedo entre los niños, por lo que ellos solos y sin que nadie les dijera nada, entraban al orfanato tan pronto caÃa la noche y no salÃan jamás. No salÃan para nada. Gloria. Obviamente, escuche este relato, escucha esta historia y siente algo de miedo, pero rápidamente se le pasa. Es como esos relatos que te cuentan de trabajos y pues, al final de cuentas, tienes que seguir con tu vida. Y en una ocasión ella tenÃa que salir para este. Entonces ella no pensaba en la historia, ella estaba muy ocupada con sus deberes, Ella estaba en la cocina. QuerÃa hacer de comer algo preciso para los niños a la mañana siguiente y tenÃa que tener ciertas cosas listas por lo que les trae en la cocina. Ve que le faltan algunos ingredientes. Estos ingredientes todo lo que viene siendo de la cocina. Todo lo que viene siendo, pues la despensa está acomodada en una bodega que está afuera del orfanato. Es una bodega de madera, pues más que nada, porque ahà llegan las personas que van y surten al orfanato. Ella tenÃa el permiso de que cada vez que le faltaba algo, podÃa salir y tomarlo de la bodega. Las llaves estaban colgadas a un lado de la puerta, por lo que ella no tendrÃa problema alguno. Gloria sale de la cocina, comienza a caminar por el área de juegos. Iba sin lámpara iba sin nada tener un tipo de antorchas que iluminaban el patio, por lo que tenÃan más o menos una buena iluminación. Cuando iba a medio camino, dice ella que tiene mala suerte porque empezó a pensar en esta historia, empezó a pensar en la leyenda, en el niño en Marcos y empezó a ver los columpios, las canchas, la resbaladilla y pese a que no habÃa nada de viento, estos columpios estaban de un lado para el otro, como si alguien se meciera, pero como si alguien se meciera de una forma muy errática, muy rápido con fuerza y la sube y bajas estaba moviendo. Las personas que han ido a parques saben que esto es imposible, sobre todo para los sub y bajas que están hechos de metal, a no ser que haiga un fuerte viento que provoque la suficiente fuerza para que uno se baje y el otro se suba. En una noche cálida en una noche sin viento. Esto no es posible. Gloria no quiere pensar en esto fija su mirada en aquella despensa, en aquella puerta de la despensa ya está a punto de llegar. Pero, para su desgracia, todavÃa ella va con sus brazos tirantes de su cuerpo y en eso una mano, una pequeña mano, la toma de la palma y la acompañe. En ese momento, Gloria siente la presencia de un niño pequeño a un lado de ella que la está acompañando, tomada de su mano firmemente. Como muchos pensarán y como muchos creo que harÃan. Gloria no voltea. Gloria sigue caminando con un terror que le invade, que invade todo su cuerpo. Sigue caminando y sigue caminando y llega hasta la bodega, toma la llave, abre la puerta e incluso para abrir la puerta tiembla tarda en abrirla. Simplemente todo el escalofrÃo, todo el terror no le deja actuar con claridad. Ella entra y cierra la puerta. Afortunadamente, este niño no entró con ella, solamente se quedó en el patio. Obviamente, Gloria ahora se encuentra atrapada y sin ninguna luz excepto una vela que está en la bodega. Gloria espera ahà cerca de unos quince minutos, ella piensa bueno a lo mejor. Está en mi mente a lo mejor. Estoy muy susceptible por la historia. Asà que antes de abrir la puerta se fija por una de las ventanas que está tan cerca de la puerta y ve que hay una silueta y parada. Hay un niño parado enfrente de la puerta de la bodega esperándola. Gloria en este momento sabe que nada es producto de su cabeza, por lo que piensa en cómo pedir ayuda. Necesito una ayuda. Necesito que alguien venga por mÃ. Estamos hablando de los años setenta. No hay teléfonos, No hay ni siquiera en ese orfanato teléfonos este de casa. Pero si hay otro método, se le viene a la menta. Gloria. Hay un timbre una campana que suena en la cocina y que es por medio de un cable que está en la bodega. Esta campana la timbran. A veces, cuando vienen los que surten la despensa y ven que no hay nadie en la bodega, timbran esta campana para que las monjas se den cuenta de que haya alguien ahà y vayan a recibir la despensa. Ok, entonces Gloria empieza a idearse. No, si timbro la campana, es posible que me escuchen eran las nueve de la noche, nueve y media las monjas en su mayorÃa todas están despiertas todavÃa. Alguna que esté pasando por ahà en el salón, alguna que esté pasando por la cocina o incluso a lo mejor, estén preparando algo en la cocina. Pueden que me oigan. Hay muchas probabilidades. Gloria se estira y empieza a tocar este cordón, empieza a jalarlo, ojalarlo una y otra vez, pero no recibe respuesta inmediata como ella pensaba. Ella empieza a fijarse de nuevo por la ventana, pero no viene nadie y después otra vez jala el cable. Gloria dice que estuvo allà atrapada cerca de dos horas sin poder irse. Ella dice que tocaba la campana y cierto tiempo después volvÃa a tocarla y se desesperaba porque nadie venÃa y cada vez que se miraba por la ventana miraba la silueta de este niño y no siempre lo hacÃa ya que le daba un temor también asomarse por la ventana que tal ciste niño se da cuenta que ella se está asomando y se le para y se le clava fijamente en la ventana mirándola. Lo que menos querÃa era ver el rostro de aquel niño hasta que, para su suerte y como si todo se hubiera acomodado en el instante correcto para que ocurrieran las cosas, Gloria toca se asoma de inmediato por la ventana y ve que sale una monja. Sale una monja y se queda mirando por la puerta. Y fue en este momento que Gloria no lo piensa. Dos veces empieza a golpear la ventana, empieza a llamar la atención para que la vean. La monja sale y encompañando de ella. Otras dos más, cuando van con Gloria, abren la puerta y la reciben. Gloria casi se rompe a llorar por completo. Ellas están muy confundidas. Qué es lo que pasa, por qué lloras, qué estabas haciendo ahÃ. Estamos atrapada. Le preguntan a lo mejor. Se te atoró la puerta algo y le contesta. Ya no les he estado tocando durante horas por qué no habÃan venido. Estaba atrapada, pero es que me tienen ahà como que te tenÃan. AhÃ. Ya habÃan venido monjas el timbre si lo habÃamos escuchado, pero creÃamos que era un niño. Y es ahà donde Gloria dice cómo que creÃan que era un niño, pues sà le responde una monja habÃa salido, habÃa escuchado las campanas, pero cada vez que salÃa veÃa a un niño, un niño que iba corriendo saliendo de la bodega y en dirección hacia la monja le decÃa perdón. Estaba jugando y se metÃa de nuevo al orfanato. Esto no pasó una vez, sino varias algunas tres veces con diferentes monjas que habÃan escuchado aquel timbre, que habÃan escuchado aquella campana. Cuando Gloria les dice que precisamente es un niño el que la tenÃa encerrada, se unen los cabos y es ahà cuando dicen Mira si vas a salir por la noche, no lo haga. Sola, sale con otra monja, sale en compañÃa, no vuelvas a salir sola al patio. No hace falta que se lo repitan. Varias veces. Gloria hace caso de esto y le hace caso estrictamente porque jamás volvió a salir. Asà sea acompañada después de las siete de la noche, después de las siete y media en ese horario que estaba a la puesta de sol Ella no volvió a salir en toda la noche de aquel orfanato cripta maniacos. Es curioso, como estas historias suceden en un orfanato sobre todo en un orfanato de la Iglesia. Me lleva a una cierta duda que creo que compartiré con ustedes si es que tiene una respuesta o una teorÃa, Me gustarÃa que la dejaran en los comentarios. Y es que, si podrÃamos decirlo, este lugar está lleno de monjas, de cruces de rezos. Cómo es posible que ciertas entidades se cuelen, Cómo es posible que ciertas almas como las de este relato no puedan descansar en paz si es que están, por asà decirlo, en un lugar santo, en un lugar donde se reza, donde se hacen retiros, se predica con la palabra de Dios. Cómo es posible que esto docentes entren. Es una duda que creo que muchos también tendrán, porque también hay hechos aterradores que han pasado en iglesias. Sea cual sea tu teorÃa, serÃa muy interesante escucharla y que nos la compartan en la caja de comentarios




