RELATOS DE TERROR SOBRE INFIDELIDADES, BRUJERIA Y MAS / L.C.E.

Las infidelidades pueden tener un final muy malo, asi como aterrador, al igual que como acabaron en estas historias.
Las infidelidades pueden tener un final muy malo, asi como aterrador, al igual que como acabaron en estas historias.
Hola. Alex mi nombre es FermÃn. Lo que te quiero contar es una experiencia que le sucedió a un amigo mÃo. Es un amigo mÃo de hace muchos años. Lo conozco prácticamente desde la primaria. Ãl y yo hemos pasado muchos años juntos y hemos vivido varias experiencias, pero cabe recalcar también que esto que le pasó yo también fui testigo. Ãl tenÃa una pareja que vamos a decirle. Diana, mi amigo, Tampoco quiero compartir su nombre, ya que es una experiencia muy Ãntima y, a pesar de que me dio el permiso de compartirla, quiere mantenerse anónimo, por lo que a él le llamaremos José. José y su novia a dÃa se conocieron la Universidad, pasaron muchos años de novios hasta que finalmente se comprometieron y después se casaron. Quiero que tengan muy en cuenta esto. Ellos fueron novios, seis años después se comprometieron durante dos años y cuando les pasó esta experiencia, ellos tenÃan alrededor de dos años y medio de haberse casado recientemente. Se habÃan mudado y con lo que trae toda la mudanza, vienen también varios dolores de cabeza resguardarla a la cena, los vÃveres, la ropa, todos los muebles, las televisiones. Debido a esto y a tener tanto que hacer en la casa, necesitaban ayuda. Tanto Diana como José habÃan estudiado para maestros, pero en ese tiempo Diana se habÃa salido de trabajar, ya que querÃa enfocarse en ser madre. Pero tristemente, José y Diana era una de esas parejas que no habÃan sido bendecidas todavÃa con un hijo tenÃan complicaciones por lo que Diana estaba en tratamiento y mientras buscaban su primer hijo, Diana tenÃa un pequeño emprendimiento, al cual solamente le tomaba algunas cuatro o cinco horas de su dÃa mientras que iba con su ginecólogo. Ellos acababan de mudar a unos departamentos. En estos departamentos hay varias familias, asà como también personas solteras. Pase resulta que en el último piso, en el sexto, se encontraba una jovencita alrededor de los veinticuatro o veintitrés años, la cual tan pronto ellos se mudaron, le puso los ojos encima José. Obviamente, José me lo platicó, pero pero esto no era nada nuevo. Es decir, algunas mujeres se fijan en hombres casados, pero no por eso él le iba a corresponder debido a lo atareada que era la tarea de limpiar el departamento y acomodar las cosas. A un lado, también a que Diana tenÃa que ir al ginecólogo y ocuparse de su emprendimiento, que eran unas tiendas de joyerÃa, de plata y oro. Esta chica se ofreció a hacerles limpieza y ayudarles a desempacar todo y a acomodar todo, como ellos le dijeran. Si bien a José no le gustó mucho la idea, ya que notaba ciertas vibras de la jovencita, vibras de coqueteo al final de cuentas, accedieron esta chica. Estuvo con ellos cerca de algunas dos semanas y durante estas dos semanas, lo primero extraño que sucedió lo cuenta Diana. Diana dice que sus prendas fueron desapareciendo cada dÃa progresivamente. Obviamente, pensó lo que muchos pensarÃan. Aquella chica que vamos a decirle verónica, por poner algún nombre, le estaba robando. Pero rápidamente esto despierta una incógnita por qué, por qué robarÃa ropa Ãntima. Lo único que desaparecÃa de Diana era su ropa Ãntima. No pantalones, no blusas, no vestidos, no joyas, no perlas, no aretes, que era lo que le sobraban y a simple vista estaban ahà en su alcoba. PodÃa entrar y tomarlos, pero no toda su joyerÃa aparecÃa intocable. Ella empezó a notar algo más. Su ropa Ãntima estaba desapareciendo, pero habÃa un detalle, un detalle que podrÃamos decirlo abrumador, y es que esta ropa desaparecÃa tan pronto. Ella se cambiaba, es decir, que cuando lo usaba y la ponÃa en el cesto de la ropa, sucia desaparecÃa la ropa limpia no se la llevaba solamente la que hubiera usado ella. Claro esto ya era demasiado y querÃa confrontar a la chica. Se tiene que decir que, por el lado de José estaba incómodo, ya que la chica tan pronto estaban solos, empezaba a insinuársele, pero de manera muy descarada. Uno de estos dÃas, su esposa los encontró más que nada a esta chica insinuándosele a José. José, obviamente de de de que c clinando la oferta. Pero esta fue la gota que derramó el vaso. Tanto Diana como José tomaron una decisión de que esa chica no volverÃa a entrar a la casa. Pasaron los dÃas, evitaron las discusiones y Verónica ya no se presentó a la casa. PodrÃamos decir que todo volviera a la normalidad. Pero al pasar los dÃas dentro de la casa empezaron a recibir la visita de un gato negro. Yo conozco muy bien. A José y a Diana ellos dos eran amantes de los animales. No habÃan tenido sus propias mascotas, más que nada, porque el espacio no les alcanzaba, pero se veÃan un perro callejero, un gato callejero o lo que sea, los alimentaban y esto sucedió de igual manera con este gato. El gato entraba a la casa y iba por toda esta caminando y caminando. Se notaba que era un gato de casa más que nada porque estaba limpio y tenÃa una particularidad. Este gato tenÃa como un collar, un collar muy afelpado grande, incluso que cubrÃa todo su cuello. El collar era fácilmente visible. Aquel gato iba y venÃa cada noche cada tarde. Yo también lo vi y ellos inocentemente ignorando lo que estaba por venirse pase. Resulta que Diana empezó a sentirse con cansancio muy mal, con dolor de cabeza, con dolor de cuerpo, el cuerpo cortado todos los dÃas, la mayorÃa del tiempo, sobre todo por la tarde y por la noche. Debido a esto, la pareja estuvo pasa pasando por ciertos momentos. José, como ya habÃa dicho antes, prácticamente conocÃa a Diana poco más de una década. SabÃa que ella tenÃa su ciclo y sabÃa que algunas veces, pues uno viene con dolor de cabeza y no quiere nada. La intimidad entre los dos empezó a fallar, pero José fue muy paciente en este ámbito. Pero pasaron los dÃas, las semanas e incluso los meses, y Diana no mejoraba. Siempre estaba del mismo humor, irritable, cansada. Debido a esto, hubo ciertas circunstancias en las que discutieron, pues José tenÃa esa necesidad de estar con su esposa y Diana no lo querÃa hasta que cierta noche, después de una pequeña pelea que habÃan tenido una pequeña discusión, Nada del otro mundo habÃan tenido discusiones peores antes. José opta por hacer aquello que siempre hacÃa por las noches. Cada vez que estaba frustrado, salÃa y caminaba, caminaba por todo el fraccionamiento para intentar despejar su mente tranquilizarse mientras iba fumando un cigarrillo. Recuerda perfectamente que salió, puso el candado y se fue su esposa del otro lado le metió seguro la puerta, pues ya era tarde. Eran pasadas de las once de la noche. José tenÃa llave, asà que podÃa entrar sin ningún problema, pero sucede que aquella noche pasó algo que afectó a Diana hasta el dÃa de hoy. José llegó a la casa después de su caminata, se acostó a un lado de su esposa y a la mañana siguiente es despertado, Pero por un almohadazo y un golpe fuerte a su cara es Diana, él se levanta la defensiva, es decir, le dice que qué pasó, que por qué lo está golpeando enojado también, pero al momento de ver la cara de su esposa, él se frena en seco. Su esposa tiene una expresión que él jamás habÃa visto. En sus ojos Se puede ver tristeza y también odio. Está llorando, pero llorando también de la decepción y de la ira Qué tiene adentro. José me platica aquel dÃa como totalmente inesperado. No sabÃa cómo actuar y para no hacerte la larga alex Después de como una hora de discusión con José totalmente despistado de qué estaba pasando, por qué su esposa estaba asÃ. Ella finalmente le dice el motivo de esto. Diana acusa José de que aquella noche, cuando llegó a la casa, entró a la habitación y se puso encima de ella y sin su consentimiento empezó a hacerlo. Dice Diana que no está muy segura cómo se encontraba aquella noche, ya que ella está mareada. PodÃa sentir todo verlo, pero no podÃa poner resistencia. VeÃa la silueta de José encima de ella hasta que este finalmente se sació, terminó y se acostó un lado de ella. Diana tiene pruebas de esto, al menos en ese momento tenÃa las marcas y, sobre todo, ella estaba dolorida. No podÃa creer que José fuera capaz de hacer tal cosa, pero José estaba totalmente despistado. Ella le expo esto y después de despistado, pasó a estar confundido. Ãl le repitió a ella incontables veces que él no habÃa sido que él habÃa caminado hasta la una de la mañana y que habÃa llegado a la casa y que se habÃa acostado en la cama. Pero solamente hizo. En ningún momento se puso encima de ella y en ningún momento e intentó hacer nada e incluso llevaba puesta la misma ropa que ayer se habÃa dormido con ella. Pero a pesar de todo esto, Diana no le creyó sà de por sà el matrimonio para este punto ya se encontraba algo mal. Esto definitivamente lo habÃa quebrado. Diana ya no confiaba en José y José se sentÃa como prácticamente acusado de algo que no habÃa hecho. SentÃa que Diana le tenÃa asco. Después de esta noche, José dormÃa en la sala y Diana en el cuarto con llave esto a José no le gustaba porque prácticamente no confiaba en él. Y fue en este punto en el que optó mejor por salir del departamento y quedarse parado enfrente fumando un cigarrillo, replanteándose múltiples veces qué tenÃa que hacer. Pasaron los dÃas e incluso yo lo acompañé en algunos de estos dÃas, y fue en este momento que José me platica que quien siempre bajaba del departamento a verlo y a platicar con él era verónica, aquella chica que no perdÃa el tiempo para insinuársele cada vez que podÃa inevitablemente una de estas noches debido a las proposiciones de la chica, ya que ésta vivÃa sola a la condición en la que estaba su mujer en es en ese modo en la que prácticamente no se hablaban. Ãl sucumbió en la tentación. Se fue con esta chica al departamento de ella y dieron rienda suelta mientras su esposa dormÃa. José empezó una relación con esta chica que no duró mucho, al caso un mes y medio y creo que me estoy excediendo. Pero rápidamente José se dio cuenta que no era lo que él querÃa, asà que tomó la decisión determinar la relación. Pero aquella chica no querÃa y hacÃa lo posible por mantenerlo con ella. La relación cada vez iba más impicada. Su esposa ahora tenÃa pesadillas en donde José era el amedrentador, por asà decirlo, mientras que José era todo lo contrario. José cada noche soñaba con verónica y esto me lo platicaba todos los dÃas y no sabÃa por qué soñaba con ella en diferentes circunstancias, prácticamente como si estuviera obsesionado. Pero todo tiene un lÃmite. Algo que se tiene que decir es que, mientras todo esto se vivÃa el gato, aquel gato negro del que les hablé siempre se encontraba en el departamento cuando habÃa discusiones y por las noches, una de aquellas mañanas, cuando José se habÃa ido a trabajar y su esposa se habÃa quedado después de una discusión de esas discusiones que ya no son tanto gritos, sino solamente son palabras, pero que hiere antes de ir a su trabajo, se detuvo en un parque me llamó por teléfono llorando y yo acudà con él, dispuestos a resolver el problema que ellos tenÃan. Le marcó a su esposa, a Diana. Ella todavÃa se encontraba en casa y justo cuando estaban otra vez discutiendo por teléfono, José alcanza a escuchar la voz de un hombre viniendo desde el teléfono de su esposa. Era la voz de un hombre distante, pero que sin duda estaba en la misma habitación que ella. Y después de que colgó abruptamente ella, José, en este punto empieza a unir cabos y empieza a creer que su esposa le está siendo infiel, algo que tal vez él no tendrÃa por qué quejarse, ya que también lo estaba haciendo. Estaba teniendo una aventura, pero la ira se apoderó de él. Lo bueno que yo estaba con él en ese momento, pero ambos tomamos la decisión de ir a su casa, ir a enfrentar aquello. Dejamos el auto en una esquina de la casa para que el motor no hiciera ruido. Entramos en total silencio, nos quitamos los zapatos y los tenis, esto más que nada, para que las suelas no nos fueran a traicionar e hicieran ruido. Cuando entráramos, querÃamos estar seguro de lo que Ãbamos a encontrar y los querÃamos oÃr. Recuerdo que yo abrà la puerta. La abrà con mucha lentitud. Me habré tardado como cuatro o cinco minutos haciendo esto, girando la llave poco a poco para que los engranajes no hicieran ruido. Al abrir la puerta, escuchamos aquella voz masculina, viniendo de la alcoba matrimonial. No habÃa música. No se escuchaba Diana solamente está voz caminando lento, paso a paso, paso a paso, y, para suerte de nosotros, la puerta estaba abierta pero lo que encontramos no era, pero para nada lo que esperábamos. Diana estaba recostada, dormida completamente y arriba de ella en su estómago se encontraba aquel gato sentado encima de ella y la voz masculina que habÃamos escuchado Alex provenÃa de él. Ãl estaba repitiendo una y otra vez que José no la querÃa y que se tenÃa que ir de allÃ, además de otras cosas muy fuertes para decirlas, además de que yo estoy seguro de que no vas a querer decirlas por la censura de YouTube. Pero para que te des una idea, eran cosas muy Ãntimas. Nosotros nos quedamos con la boca abierta, el gato nos miró y de inmediato intentó huir, pero para nuestra suerte, todo estaba cerrado. Ventanas puertas, el gato habÃa quedado encerrado con nosotros. Yo me lancé sobre el gato José tal vez algo más, no podré decir escéptico, sino necio como no, creyendo lo que habÃamos visto, empezó a buscar abajo de la cama, en el ropero en los baños, en todo el departamento no habÃa ningún hombre. Cuando yo tomé el gato y lo enredé en una red de pesca, esta red que tiene hoyos, no le hacÃa como gato Alex No te podré decir si hablaba, como lo noté anteriormente. No estaba hablando, no hacÃa un sonido parecido, pero como que murmuraba, pero en definitiva, no hacÃa los sonidos de un gato. Tomamos la decisión de llevárnoslo y con cada paso que nos alejábamos del departamento, este gato se exaltaba todavÃa más, no furioso, sino tal vez con miedo. Nos tenÃa miedo, tenÃa miedo de que nos alejáramos, HabrÃamos pasado tal vez unas tres o cuatro cuadras. Cuando el gato se cayó, hubo silencio por completo en los asientos traseros. Cuando detuvimos el auto, bajamos de inmediato, abrimos la puerta trasera y el gato estaba quieto, sin mover ni un solo músculo. Anteriormente, cuando lo habÃamos tomado, cuando lo llevábamos prácticamente a la fuerza, iba rasguñando, mordiendo, pero ahora estaba quieto. Era difÃcil de pensar que hubiera fallecido de un minuto a otro, es decir, tenÃa aire, no venÃa apretado. Era muy extraño, por lo que nos acercamos y tocamos el cuerpo del animal. Se sentÃa extraño. No se sentÃa como un gato de carne y hueso. ParecÃa como si este gato estuviera relleno, relleno por alguna especie de cosas que para ser sincero, no tenÃamos la menor idea. Al ver que el gato no se movÃa y al sentir esta textura extraña, decidimos quitarle aquel collar, aquel collar que cubrÃa todo su cuello. Lo que nos encontramos no lo van a poder creer. Todo el cuello, absolutamente todo estaba cocido como si la cabeza estuviera unida al cuerpo mediante hilo y el collar, este collarÃn grande y grueso lo que hacÃa, sino era camuflajear esto para que no se viera estonado el hecho de que el gato parecÃa relleno de alguna especie de algo que habÃan introducido en su cuerpo. Ganas no nos faltaron. José condució más y más hasta dejar aquel cuerpo de aquel animal lo más retirado posible. Cuando volvimos al departamento Diana no nos creyó o más bien no nos quiso creer en ese momento la historia era muy sorprendente e incluso antes de irnos intentamos despertarla, pero ella no se movÃa. Casualmente, ella recuerda que si la tocamos, que si la sangoloteamos como para que despertara, hablábamos, pero ella explicaba que era como si estuviera en trance o como si estuviera con todos sus músculos relajados. Ella no se movÃa, pero podÃa oÃr todo. Aquella noche, José y Diana tuvieron la primera plática tranquila que no habÃan tenido en meses como pareja, decidieron que lo mejor era mudarse. Diana le dijo José que tenÃa pesadillas, que tenÃa extraños presentimientos, y José no se lo pudo callar más. Ãl dijo que le habÃa sido infiel y que también se sentÃa extraño en aquel departamento. Diana nunca lo perdonó y pese a que intentaron las cosas nuevamente se mudaron en cuestión de una semana. Ellos dos no volvieron a ser los mismos. Tomaron terapia de pareja, intentaron solucionar las cosas, pero no resultó. Aquella relación que llevaba años desapareció aquella muchacha. Lo último que recuerda José cuando se estaban mudando es que ella, entre lágrimas, le querÃa obsequiar una pulsera, una pulsera algo extraña que en primera instancia, José la aceptó más que nada para que no sospechara nada. Pero él sabÃa muy bien que todo esto, el gato, las pesadillas, todo habÃa sido obra de ella. La pulsera la quemó camino a su nueva casa. Pensó que tal vez esto funcionarÃa de algún modo de rastrearlo como para seguirlo a donde quiera que ellos se fueran, ya que A pesar de sus súplicas, él no le reveló la información. Tampoco la quiso rechazar, porque puede que aquella chica, debido al resentimiento, haga más brujerÃa en forma de venganza contra ellos. Algo que le llamó mucho la atención de la pulsera y por el cual él supo que esta chica era una bruja, es porque reconoció el material del cual este estaba hecho de la ropa Ãntima de la que Diana habÃa perdido. Ella la tenÃa y muy probablemente eso era lo que usaba para hacer la brujerÃa. Diana para siempre mantenerla cansada. SabÃa muy en el fondo que aquella chica era una bruja que por eso estaba sola, que por eso, incluso cuando entró a su departamento, tiene recuerdos nebulosos. José recuerda que tenÃa una calavera enorme velas, pero por alguna extraña razón. No recuerda al cien por ciento todo el departamento de ella, a pesar de que le encendieron las luces. Era como si hubiera desarrollado algún tipo de amnesia. No recuerda nada, nada de lo que esta chica tenÃa en su departamento. Solamente recuerda un extraño olor, el cual lo mareaba y lo hacÃa solamente enfocarse en ella. Como dije antes, José sigue siendo mi amigo y tristemente ese divorció de Diana en el año dos mil diecinueve. Los dos cambiaron por completo desde aquella Aventura y desde aquella BrujerÃa. Siento que haya sido una historia tan larga, pero querÃa explicar cada detalle. Gracias por los relatos y espero que a la Comunidad le guste. La historia de este chico sucede como una tarde normal. Ãl me aclaró que, antes de que le pasara esta historia se desempeñaba en este mismo hotel, pero lo hacÃa durante el turno de mañana. Debido a ciertos problemas que tenÃa más que nada con el transporte, decidió que iba a trabajar ahà en el turno de la tarde. Poco o nada sabÃa de la aterradura experiencia que iba a empezar a vivir los dÃas que siguieran a este para su mala suerte. En este hotel. Al caer la noche, los antiguos inquilinos regresan y esto le dejó más que claro que algunas almas no descansan eternamente, sino que todo lo contrario hola a todos. Mi nombre es Jesús González. La experiencia que les quiero contar a continuación me sucedió hace cerca de una década. De hecho, esta experiencia viene a mi memoria siempre que visito algún hotel o voy de vacaciones con unos familiares y nos quedamos en algunas posadas en donde muchas personas de diferentes ciudades acostumbran quedarse. Les puedo asegurar que hay muchas historias que se cuentan. Pasan gran número de cosas en las habitaciones de cada hotel, a veces cosas horrorosas que son difÃciles de creer. Cuando yo tenÃa veinticuatro años, estaba a punto de salir de la universidad, pero todavÃa requerÃa dinero para seguir pagando mis estudios, por lo que conseguà trabajo con un técnico de un hotel. Lo que tenÃa que hacer es dar mantenimiento general con los coches, hacer trabajos también de albañilerÃa, jardinerÃa, limpieza en general, pero de lo que serÃa la basura cuando llovÃa, si se estancaba el agua, pintar las habitaciones, etcétera. Conforme pasó el tiempo yo fui creando amistades con las chicas que trabajan ahà en su mayorÃa, las que hacÃan limpiezas, las recepcionistas. Siempre hablaba con ellas y cada vez que terminaba mi turno, tenÃa que subir todas mis cosas a lo que vendrÃa a ser el almacén de nuestro trabajo. Cuando iba subiendo todo que ellas serÃan la city media de la noche y hasta oscuro, empecé a ver a una jovencita, una chica que, viéndola bien, tendrÃa más o menos mi edad algunos veintidós, veinticuatro años, siempre cuando subÃa a dejar todas las cosas, cuando iba subiendo por las escaleras, estas daban a las ventanas de las habitaciones. PodÃa ver lo que habÃa dentro de ellas, claro si las cortinas estaban abiertas. Pero lo que me parecÃa extraño era que esta chica la podÃa ver por su ventana. Ella estaba mirando fijamente hacia afuera parada inerte observando por la ventana. Su comportamiento era muy extraño. No se movÃa, simplemente estaba parada y cada vez que yo pasaba, la observaba Y ella me observaba a mÃ. Y ella me observaba a mÃ. Ella vestÃa con una clase de uniforme. No estoy muy seguro de uniforme, pero siempre traÃa una camisa blanca a botones como las que usarÃan las enfermeras o los laboratoristas, algo relacionado a eso. Esta chica siempre me observaba en absoluta oscuridad y yo la podÃa ver gracias a la luz que entraba por la ventana de aquella habitación. Las luces que tenÃamos afuera adentro de la habitación donde ella estaba, no tenÃa encendida ni una sola luz. Ella estaba en absoluta oscuridad, solamente observando a través de la ventana. La primera vez que vi esto me pareció muy extraño. Pero claro, todo esto fue tomando un aura todavÃa más siniestro. Cuando se repitió constantemente al pasar los dÃas, cada vez que yo subÃa, siempre la veÃa en el mismo lugar. Ni siquiera se movÃa. Yo pensé que tal vez era una chica que tenÃa algún trastorno por lo regular en este hotel. Si bien sospedaban familias que se quedaban muchos dÃas, lo máximo era una semana, lo suficiente que durarÃan algunas vacaciones, una semana y media lo mucho. La mayorÃa simplemente hospedaba por tres dÃas, esto porque era un hotel que se encontraba algo cerca de la ciudad, también alrededor de varias zonas turÃsticas. Pero lo extraño es que no veÃa en todo el dÃa alguien que entrara a aquella habitación en su cochera. No habÃa ningún automóvil todo el dÃa por más atención que le pusiera a la puerta de aquella habitación. No veÃa entrar ni salir a nadie, pero siempre cada noche que yo subÃa a la bodega sin falta, siempre veÃa a aquella chica observándome. Por supuesto, esto me fue incomodando y de alguna manera, tal vez para obtener alguna respuesta, fui con mis compañeras, las de recepción. TenÃa algo de tiempo platicando con ellas y ya tenÃamos confianza, ya hablábamos de los inquilinos. Pase resulta que cuando les pregunto sobre aquella habitación y sobre quién es el que la habita, ya que para este tiempo estoy seguro que aquella chica la habÃa visto todas las noches a lo largo de tres semanas. Si no es que más. Yo me quedo frÃo cuando ellas me dicen lo siguiente. Esa habitación no se ha ocupado. De hecho, nos ocupado desde hace ya como algunos dos años. Es la última habitación. Quedamos cuando estamos llenos, y eso no ha pasado desde como ya te repito, hace como dos años, sin decirles todavÃa la verdad. Yo les pregunto, pero por qué es la que dan al último. Ella me contesta que es porque anteriormente algunas personas y también empleados dicen que ven fantasmas, dicen que ven siluetas, y pues el dueño del hotel dejó como indicación dar esa habitación ya cuando de plano no haya ninguna otra disponible. Yo, siendo sincero, con ellas les platico que las últimas semanas habÃa visto a una mujer observándome desde adentro de la habitación con todas las luces apagadas. Ellas enseguida me preguntan qué aspecto tiene. Yo les digo que es una chica como de nuestra edad de algunos veintitantos. Viste siempre con una camisa blanca. Parece como de un uniforme y es en ese punto que ellas me cuentan algo que sucedió en aquel hotel muchos años atrás, ya que ellas habÃan vivido toda su vida cerca de aquellos rumbos y se habÃan dado cuenta cuando ellas eran niñas iban en la primaria. Qué sucedió lo siguiente. Ese hotel en el que en ese tiempo trabajaba anteriormente no era un hotel, es decir, ahora es como un ambiente más familiar. Iban familias, empresarios, parejas de novios, etcétera, pero anteriormente era un motel de paso. De hecho, varias habitaciones y estructuras aún dan ese aire de motel de paso solamente que lo han modificado. Como ya saben, este tipo de moteles solamente se alquilan por una hora, dos horas o toda la noche. Son solamente para que parejas vayan. Pero también, como muy popularmente se conoce, este tipo de lugares les viene como anillo al dedo, sobre todo si están retirados para los amantes, aquellas personas que están en una relación o están casados y sucede que en aquella ocasión habÃa una pareja de amantes. Ella era una chica universitaria y él estaba casado. Era un policÃa de la zona. Aquellos amantes se veÃan siempre en este hotel para dar rienda suelta, para mala suerte de la chica. El policÃa se encontraba casado con una mujer que también lo era esta policÃa. Al sospechar que su esposo le estaba haciendo infiel, Ãl lo siguió y, después de darse cuenta de esto, planeó su venganza. Ella una mañana tomó su pistola y siguió su marido hasta aquel motel y, una vez interrumpiéndolos en el acto, planeó quitarle la vida. A los dos detonó el arma, pero solamente hirió al esposo. No consiguió quitarle la vida. Pero, por otro lado, a la jovencita, ella sà se esfumó de este mundo. Falleció a los pocos minutos. No logró resistir el tiempo a que llegara la ambulancia. Después de esto, el motel cerró. El antiguo dueño Movió todo lo que estaba a su alcance para que esto no se supiera claro, sobre todo en las ciudades, ya que pensaba seguir con el negocio, pero no prosperó. Obviamente, en aquellos tiempos no habÃa redes sociales. Saber cosas como estas crÃmenes pasionales era más difÃcil. Después de cerrar el motel, otra persona lo compró el actual dueño de éste y, al pasar los años, lo fue convirtiendo en un lugar más tradicional. Ya no es un motel de paso, ya ahora es un hotel hecho y derecho. Pero en aquella habitación se sigue viendo a aquella chica que perdió la vida. Después de esto, yo les pedà un favor a mis compañeras, ya que ellas eran las que tenÃan acceso a entrar a las diferentes habitaciones para limpiarlas, para resguardar si algún objeto se habÃa quedado que si, por favor, podÃan entrar a aquella habitación durante el dÃa y podÃan bajar las cortinas, ya no querÃa ver aquella ventana. TenÃa miedo de que, cada vez que subiera al almacén, volver a ver a esa chica que para este punto sabÃa no estaba viva. Ella es me hicieron un caso y, a pesar de tener la cortina cerrada, evitaba ver hacia esta ventana. Cada vez que tenÃa que subir al almacén, lo hacÃa temblando rezando para no volver a ver a ese espÃritu. Algunas de nosotros, tanto mujeres y hombres, en algún punto de nuestras vidas, hemos roto un corazón, tal vez una persona que no era correspondida, tal vez a nosotros nos pasó lo mismo. En fin, lo único que nos queda después de una ruptura, lo más sano es superarlo. Pero qué pasa con las personas que no lo superan Y qué pasa con las personas qué les gusta ir de corazón en corazón rompiéndolo tarde o temprano. No va a llegar un dÃa en que se encuentra con una persona que va a tomar venganza, tal como el siguiente vÃdeo sobre un camionero que iba de mujer en mujer de Novia, Novia, sin preocupar en lo más mÃnimo hasta que en su vida se encontró con una que tomó una venganza, pero una venganza despiadada. Esta mujer, para su mala suerte, tenÃa conocidas de la familia que eran brujas o la toda la Comunidad. Mi nombre es Jaime y la historia que les quiero contar le sucedió mi tÃo. Quiero que sepan que esta historia tiene ya algunos años de que pasó. De hecho, esta historia. La única que sabÃa de esto era mi abuela y durante muchos años la guardó consigo. Hoy ya no está con nosotros, pero dejó esta historia que más que nada pasó a ser una leyenda entre la familia. Pase resulta que en años anteriores mi tÃo, cuando estaba trabajando de camionero. Estaba en una etapa la cual, podrÃamos decir, era muy mujeriego. Le gustaba tener novias a cualquier lugar en el que él se dirigiera con su camión, ya sea Puebla, ciudad de México, Monterrey, etcétera. De hecho, él siempre lo decÃa a cada ciudad que llegó. Siempre hay una mujer esperándome o al menos era lo que solÃa decir. Ãl rompió muchos corazones cuando tenÃa veinte años, veinticinco años y en muchas ocasiones, las mujeres a las cuales dañaba siempre lo amenazaban con que lo iba a pagar más adelante. Mi tÃo en ese tiempo ya se habÃa metido con mujeres. PodrÃamos decir un tanto peligrosas, mujeres que hacÃan brujerÃa hechicerÃa. Pero como a él no le afectaba de ninguna manera, él pensaba que simplemente eran patrañas, que ellas creÃan. Claro y esto responde la duda que cuando le rompió el corazón a la hija de una bruja, él no pensó que nada malo le pasarÃa. Recuerda muy bien que aquella, señora, con muchas arrugas, con una cara que expresaba el profundo odio que le sentÃa, lo amenazó. Le dijo que el daño que le habÃa hecho su hija, él lo pagarÃa que ella le pedirÃa un favor al diablo para que éste se desquitara con él por lo mujer y él, que habÃa sido mi tÃo, obviamente no le prestó atención a esto. Simplemente pensó que era otra bruja que hacÃa sus trucos, sus trabajos, pero que, al final de cuentas, esto no servÃa de nada. Ãl era séptico hasta que una noche le sucedió. Esto cortesÃa de aquella Bruja. Sucede que le estaba pasando por un paradero de camiones, ahà donde hay gasolina, estacionamientos y un lugar por donde los camioneros podÃan quedarse a dormir. Tengan en cuenta que esta historia se sitúa en aquellos años setenta, si no es que en los sesenta, no estoy muy seguro, pero por esos años andan sucede que en estos paraderos, además de haber vendedores ambulantes, también hay otras mujeres, mujeres que se dedican a darle a los camioneros o a los viajeros de la carretera. Obviamente, creo que no es necesario explicar qué servicios dan estas mujeres. Eran mujeres de la vida galante. Mi tÃo en ese momento estaba pasando por ahà y para ser sincero, él dice que no buscaba contratar algunos de los servicios de estas chicas, pero sucede que cuando estaba saliendo que estaba comenzando su viaje por la carretera, algo le llamó la atención y es que habÃa una chica muy guapa, pero extremadamente guapa. Era como su mujer ideal, aquella que solamente habÃa visto en sueños, aquella mujer de pelo largo, tesa, perlada y con un vestido rojo que le estaba haciendo invitaciones a cualquier sa mionero que pasara por ahÃ, obviamente, por su vestimenta y por cómo iba pintada. Era fácil de suponer que esta mujer era una de otras tantas que prestaban sus servicios mi tÃo. Al verla, él dice que aquellos bajos instintos carnales despertaron en él, es decir, él no iba buscando nada de eso. Pero tan sólo con verla detonó algo en él que la quiso tener. En ese momento no le importaba cómo, pero él querÃa tener a aquella mujer, a aquella mujer que era la mujer de sus sueños. Detuvo el camión, bajó de este y fue hacia esta mujer directamente. Empezó a hablar con ella y sutilmente le preguntó que cuánto eran de su servicio. Y, para la sorpresa de mi tÃo, él dice que era excesivamente barato, por lo cual no dudó ni un segundo en aceptar los servicios de esa chica. Rápidamente has guló el trato, pero la mujer le dijo que habÃa condición. Ella no se iba a subir al camión debido a unas ciertas malas experiencias que ella habÃa tenido en el pasado, que si querÃa el servicio, la tenÃa que acompañar a ella a un granero que se encontraba cerca. De hecho, el granero se podÃa ver a la distancia. Eran unos cuantos metros en el monte. Obviamente, cualquier persona razonable se pensarÃa dos veces esto, ya que estás en un lugar alejado y meterte en un granero el cual no conoces. Es muy peligroso, Pero en ese momento mi tÃo dice que no pensaba bien. Ãl simplemente querÃa tener aquella mujer lo más rápido posible, asà que, sin pensar lo aceptó. Esta mujer lo tomó de la mano y lo fue guiando hasta aquel granero. Una vez que la mujer abrió la puerta del granero, los dos entraron y si bien habÃa luz, esta luz era muy escasa, como de esos focos que apenas tienen en voltaje entre toda la oscuridad y entre todas la Semi luz que habÃa perdió de vista a la chica. Mi tÃo dice que volteó a un lado hacia otro, pero no la encontraba rápidamente le empezó a llamar, pero no servÃa de nada. El granero parecÃa estar vacÃo cuando en eso de pronto escucha un extraño ruido, un ruido que proviene desde una parte del granero. Este ruido es como el bufar de un animal, un animal que se encuentra enojado, un animal que se encuentra furioso, un animal pesado. En ese momento él capta que aquel animal hace el sonido, que harÃa una vaca o peor aún el sonido querÃa un toro. Al momento de que éste se va descubriendo saliendo a la luz mi tió lo que ve es un toro enorme, el toro más grande que ha visto en su vida, con unos cuernos enormes que tan sólo de verlos provoca en pavor. Y aquà viene un detalle. Y es que mi tÃo, si bien se quedó poco tiempo a observar aquel toro, ya que salió corriendo del granero. Sà pudo apreciar que en el cuello del toro, cayendo sobre este, reposando casi en el piso, se encontraba el vestido de aquella chica, aquel vestido rojo deslumbrante que habÃa llamado su atención en plena carretera, como si este toro lo tuviera puesto mi tÃo sale del granero, empieza a correr, pero su miedo más grande empieza a hacerse notar, ya que atrás de él siente las pisadas del toro, saliendo despavorido hacia él. Pero tristemente, como es de esperar, mi tÃo no es lo suficientemente rápido. El toro lo consigue alcanzar, lo tumba en el piso y empieza a cuernearlo o una y otra y otra vez. Pero lo curioso es que este toro, si bien le está haciendo daño, no le está haciendo un daño fatal. Por asà decirlo, este toro solamente lo está hiriendo de las piernas de los brazos. Ãl en ese momento un estando en el suelo grita con todas sus fuerzas pidiendo ayuda. Estaban cerca del paradero, asà que las luces de los camiones empiezan a encenderse. Los camioneros de allá empiezan a formar alboroto y una vez que captan al sonido de donde viene del monte, todos van en busca de aquel hombre que está gritando. Las luces empiezan a iluminar a mi tÃo y el toro todavÃa sigue encima de él. Ãl estaba esperando que lo espantaran, Ãl estaba esperando que lo ayudaran, pero de forma repentina, el toro simplemente se va como si solamente las luces lo hubieran ahuyentado. Los demás camioneros, las demás mujeres fueron hasta donde él estaba, lo levantaron, estaba sumamente herido y lo llevaron de nuevo al paradero, a la tienda, a, por lo menos a que se tratara con el botequÃn de primeros auxilios que tenÃan ahÃ. Una vez que le preguntaron qué era lo que le habÃa pasado, mi tÃo les dice es que no vieron al toro. El toro me tenÃa en el suelo de no ser por ustedes de seguro, ahà hubiera perdido la vida. Pero los camioneros, asà como las demás muchachas, se ven confundidos. Ellos dicen pero de cuál toro me estás hablando. Cuando talusamos no habÃa ningún toro. Mi tÃo entonces preocupado confundido, les dice bueno, yo estaba con un toro. Qué fue lo que vieron ustedes. Todos los camioneros contestaron que habÃan visto una mujer riéndose como que rasguñándolo parada encima de él. Obviamente, por eso ellos fueron pensaron que tal vez lo estaban asaltando o alguna cosa peor. Al momento de ver que estos camioneros estaban acercando, Aquella mujer salió ocurriendo, pero no habÃa ningún toro. Aquella mujer se encontraba riéndose y rasguñándolo, usando el mismo vestido rojo que él habÃa visto anteriormente. Portaba el mismo toro. Después de esto, obviamente, se les preguntó a las muchachas, ya que ellas ahà trabajaban y entre todas se conocÃan, por asà decirlo. Ninguna de ellas pudo decir a esa actitud quién era aquella, Señorita, aquella extraña mujer. Ninguna pudo decir que la conocÃa, las caracterÃsticas y cómo iba vestida. Ninguna de ellas la reconocÃa. Después de esto, mi tÃo dejó de ser muy griego. Fue, por asà decirlo, un remedio y también desde ese dÃa hasta los dÃas de hoy le teme mucho a aquellas personas que hacen brujerÃa, si bien sabe que algunas no hacen nada, tiene miedo de volver a cometer una equivocación, como lo hizo cuando era más joven, de hacer enojar a una bruja. Cómo se castigará la infidelidad en estos ranchos de forma no humana, sino paranormal. Se dice que a los hombres y también mujeres infieles se les aparece un cierto tipo de espÃritu, un cierto tipo de espÃritu que el conocer lo débil es que son ante la tentación, ante la carne. Este espÃritu los tienta y si estas personas caen, puede que las consecuencias jamás las olviden. Tal como esta historia sobre un grupo de hermanos y uno de estos siendo notablemente el más ojo alegre, podrÃamos decirlo de los cuatro sucumbió la tentación. Por suerte, su hermano mayor estaba presente y lo salvó, al menos en menor medida de lo que iba a sufrir aquella noche. Y, como lo dije antes, no solamente los hombres son a los que se les aparece este espÃritu, sino que las mujeres también tienen su contraparte, aunque eso lo tocaremos en otro vÃdeo. Pero por ahora comencemos con esta historia. Mi nombre es Leopoldo Saldaña y quiero compartir la experiencia de mi abuelo. Mi abuelo hace muchos años vivÃa en un rancho de San Luis PotosÃ. Les estoy hablando de los años sesenta y cinco. Sesenta y siete eran otros tiempos muy diferentes. En estos tiempos, tanto las mujeres como los hombres se casaban a una joven edad y les estoy diciendo que a los diecisiete dieciocho años, diecinueve años veinte se estaban casando. Esto no fue diferente para mis tÃos abuelos ni para mi abuelo. Mi abuelo tenÃa cinco hermanos y, como comúnmente pasaba desde niños, les gustaba ir a los bailes, les gustaba ir a las fiestas, a las diferentes reuniones, convivios, cumpleaños, bailes que se hacÃan en cada provincia, en cada ejido. No importaba si tenÃan que galopar mucho, ya que les gustaba ir mucho a caballo. Mi abuelo y sus hermanos se estaban preparando para ir a una fiesta. Era una fiesta algo familiar, pero era una fiesta que solamente iban hombres. Mi abuelo y todos sus hermanos. Parece entonces, cuando se llevó a cabo esta reunión, ellos ya se encontraban casados. Mi abuelo en ese entonces tendrÃa algunos veinticinco años y el menor de sus hermanos tenÃa aproximadamente diecinueve o veinte. En aquella noche no iban a ir. Los cinco hermanos iban a ir solamente cuatro. En fin se dispusieron a ir, despidieron a sus familias, se alistaron y fueron en marcha hacia este jido. Se llevó a cabo la reunión. Hubo cerveza, hubo tabaco, hubo antiguas amistades. Se la pasaron muy bien. Cuando iban de regreso era más que obvio que iban con una dos o incluso más copas encima, pero esto era normal para ellos. Incluso esta iban cantando. No eran de las personas que se pusieran ebrias y causaran problemas. No, a ellos les gustaba cantar, bailar y, sobre todo, también les encantaban las mujeres. Obviamente, en este punto ellos ya se encontraban casados, asà que, como quien dice, eso no se podÃa permitir. Pero a pesar de esto, el hermano menor se sabÃa muy bien entre la familia y entre ellos mismos de hermanos que tenÃa algunos quereres. Era un chico joven de veinte años. TenÃa su esposa, pero también tenÃa sus queres con con uno un tres chicas del pueblo. TenÃa una cierta fama de ser muy mujeriego. Era muy débil ante las mujeres y creo que en esta ocasión, en esta noche, todo se alinea como anillo el dedo para lo que sucedió, porque cuando iban caminando en un camino de tierra y al lado de este estaba pasando un rÃo, se encontraron con lo que parecÃa ser una oportunidad de oro, sobre todo para cuatro hombres jóvenes. Eran las dos de la mañana y ellos venÃan platicando venÃan cantando. El menor de los hermanos iba viendo para todos lados y en ese momento se encuentra que en el rÃo hay dos muchachas, dos jovencitas de aproximadamente algunos dieciocho a veinte años. Son chicas, muy guapas y a pesar de que su belleza llama mucho la atención, su rostro, su pelo, esto no fue por lo que Genaro llamó a sus más hermanos y estaba sumamente emocionado, sino que Genaro ve que estas dos jovencitas se estaban bañando en el rÃo. Posiblemente los hermanos, al ver esto, lo primero que hicieron era retirarse. Es decir, son dos jovencitas que se están bañando. No podemos ver eso No serÃa propio de un caballero y, sobre todo, si su padre está cerca y si está armado, que era lo más común en esa época, no les iba a ir muy bien, pero passi Resulta que esto no era de esa manera. Estas chicas, por todo lo contrario, al encontrarse aún sin ropa y en el rÃo, vieron a los cuatro hermanos ir en caballo pasando un lado y estas mujeres, fuera de taparse, fuera de sumergirse más al agua para tapar su cuerpo, hicieron todo lo contrario. Llamaron a los hermanos, les hablaron para que se acercaran. Genaro, como ya les habÃa dicho, era un chico muy mujeriego y fue el primero de los hermanos el cual se acercó. Ya se estaba bajando del caballo. Cuando en eso mi abuelo, que era el mayor de todos, lo detuvo, le dijo hey, para dónde vas tú te me quedas aquÃ. Las chicas empezaron a hablar con los hermanos, con mi abuelo, con Genaro, en general, con todos. Les dijeron que eran nuevas en el pueblo, que a ellas les gustaba bañarse en el rÃo a esas horas por más extraño que parezca, qué les tenÃan que decir que si no les interesaba llevarlas a su casa, ya que vivÃan si bien no lejos algo retirado y como los cuatro hermanos tenÃan caballo, pues ellas no querÃan caminar, aparte que querÃan conocerlos, se les hacÃan unos chicos muy atractivos y, como cerecita sobre el pastel, a toda esta situación, las chicas les dijeron a los hermanos que ellas vivÃan solas, que tenÃan una casa para ellas, solas. A Genaro le estaban brillando los ojos. Era una oportunidad de oro para él. Pero mi abuelo sabÃa que esto no tenÃa sentido. Mi abuelo tenÃa veinticinco años, sabÃa a rasgos generales, un poco más de la vida que sus hermanos y sabÃa que ese tipo de oportunidades o más que nada, ese tipo de escenarios no se dan. Asà como asÃ, mi abuelo creyó que allà habÃa gato encerrado. Ãl declinó la oferta. Dijo que muchas gracias, pero que ellos tenÃan que dirigirse a su casa y no se podÃan distraer. Por otra parte, Genaro lo volteó a ver y le dijo pero que tú estás loco, vamos a llevarlas. No ves que están solas. A pesar de que Genaro era terco, era el más terco de los hermanos, se le dificultaba seguir órdenes a la mala. Tuvo que hacerle caso a mi abuelo. Genaro. A final de cuentas, se subió al caballo y continuaron con el camino, dejando atrás a aquellas mujeres. Por todo el camino, Genaro y mi abuelo iban peleando. Genaro, obviamente querÃa regresar, querÃa ir con aquellas mujeres, pero mi abuelo le decÃa a ver Genaro piensa un poco. Son dos mujeres, sÃ, muy lindas, pero se están bañando en un rÃo a las dos de la mañana y nos están invitando a su casa y según ellas viven solas. Esto no es normal. Genaro, tienes que pensar antes con la cabeza de arriba, tienes que controlarte. No creo que para donde nos quieran llevar sea un buen sitio. Tal vez hay unos ladrones que nos están esperando por ahà y ellas simplemente están ahà para acarrear a la gente. Genaro tachó a mi abuelo de ser paranoico, pero aún asÃ. Continuaron con la cabalgata hasta llegar a lo que vendrÃa siendo una cantina que era de unos familiares de la familia. Ahà se detuvieron ya que querÃan ir al baño, querÃan también comprar algunas cosas para mantenerse despiertos. Y cuando mi abuelo se distrae un poco, va al baño, toma algunas cervezas, toma tabaco y vuelve con sus hermanos. Los tres se sientan en una mesa y los tres están buscando a Genaro. Oye Genero, dónde está. Fue al baño, no, no fue al baño, está en la barra. No tampoco bueno, está fuera con los caballos. Tampoco empezaron a buscarlo. Fueron con un grupo de chicas que estaban en una esquina del bar porque Genaro, donde habÃa mujeres, allà iba. Pero tampoco Genaro no estaba en la cantina. Mi abuelo empezó a pensar lo peor y cuando salió, cuando buscó el caballo de Genaro, no lo encontró. Le preguntó a uno de los hombres que estaban cuidando los caballos y él le dijo que Genaro habÃa tomado el suyo. Mi padre le preguntó bueno, pero se fue a la casa, tomó el camino de la derecha. El hombre le contestó que no, que Genaro habÃa tomado el de la izquierda y habÃa regresado a los campos de agave. Mi abuela estaba pensando que tenÃa que ir por él. No se llevó a los hermanos. Ãl dijo que ver solo esto más que nada para no involucrarlos. Ãl es el hermano mayor y a pesar de que sus hermanos ya sabÃan defenderse, él todavÃa tenÃa este instinto protector de protegerlos A ellos tenÃa miedo de que se iba a lo mejor. Las chicas que le estaban bañando eran hijas primas del propietario que estaba cerca de los caminos de agave. Era muy conocido en el pueblo, pero era conocido por su carácter Era un don que primero disparaba y después preguntaba si, a lo mejor resultaba que aquellas muchachas sà lo estaban seduciendo o, a lo mejor, si su padre o este señor estaba cerca. Si veÃan a Genaro con esas dos mujeres la iba a pasar muy mal. Si no es que antes le soltaban el plumazo. Los rancheros de antes eran muy celosos de su territorio y, sobre todo, de intrusos que hablaran con sus hijas o con sus sobrinas. Mi abuelo siguió cabalgando, preparó su revólver eso sà y pensando en todo lo que le iba a decir a Genaro todas aquellas maldiciones que conocÃa y que en ese momento se le estaban saliendo. Llegó hasta el rÃo, pero no le encontró, no estaba ni Genaro ni las muchachas. Siguió el camino de Agave algo que lo hizo con mucha precaución, ya que en esos territorios, como ya dije, se movió y ese tipo de familia y se te encontraban en sus terrenos. Te iba a ir muy mal. No pasó mucho tiempo cuando mi abuelo encontró la primera señal y es que vio el caballo de Genaro yendo de un lado para otro, totalmente bronco, totalmente alterado. Ãl se bajó de su caballo. Fue hasta el caballo de Genaro y trató de tranquilizarlo, pero el caballo estaba muy nervioso, estaba muy asustado, estaba temblando. Tardó en contenerlo. Después pensó bueno, si el caballo está cerca, debe también estar cerca Genaro. Ãl empezó a gritar su nombre, importándole poco si las familias que estaban ahà lo escuchaban. Gritó una y otra vez Genaro, Genaro, dónde estás Genaro, cuando en eso escucha los gritos de su hermano. Estoy aquÃ, Estoy aquÃ. Ayúdame, por favor, ayúdame. Mi abuelo no lo ve, no lo puede captar con la vista, Y lo único que hace es tirar tiros al aire, tirar tres tiros con su revólver e inmediatamente cargarlos. De esa manera, Genaro sale de entre todo el monte, de entre todo el pastizal sale corriendo, corre y corre y corre y llega hasta mi abuelo. Se le trepa de forma muy rápida al caballo y le dice vámonos. Vámonos. Genaro, tiene un pésimo aspecto, Tiene toda la ropa maltratada, Vine sangrando, vine entierrado, pero qué estás haciendo, dónde estabas, quién hizo eso? Genaro, simplemente le dice vámonos. Son brujas vámonos? Son brujas vámonos. Mi abuelo toma el caballo de Genaro, le da una palmada y lo manda por el camino. Los caballos son inteligentes, Ellos conocen el camino a casa, asà que simplemente ellos dos se van en el caballo galopando. Y mi abuelo recuerda que mientras se iban de aquel camino, escuchaban el relinchar de unos caballos, de unos caballos que se encontraban entre el monte. No era el suyo ni el de Genaro, que ya se encontraba más adelante en el camino. No estos relinchidos venÃan detrás de ellos y se iban acercando. Genaro le dice no te pares, no te pare sÃguele vámonos, vámonos, porque mi abuelo se detuvo varias ocasiones y apuntó su arma, pero no veÃa nada. Salieron de aquel camino, cruzaron el rÃo y llegaron hasta la cantina Lo que Genaro les cuenta es que sà habÃa vuelto por aquellas chicas y que estas aún se encontraban en el rÃo de manera muy coqueta. Las doce subieron al caballo, una de ellas enfrente y la otra tras de él por el camino. Dice él que ya estaba cantando victoria porque las chicas venÃan abrazándolo, jugando con él, incluso ya besándolo. Las dos mujeres cuando en eso lo tiran al monte y lo empiezan a arrastrar al interior de éste. El rostro de aquellas mujeres cambió abruptamente. Ya no se trataba de ese rostro terso, de ese rostro hermoso, de ese rostro joven que una chica linda tendrÃa. Ambos rostros habÃan cambiado. Ahora tienen el rostro de un caballo. El hocico. Los ojos eran mujeres con rostro de caballo. Ellas empezaron a arañarlo. Espantaron al caballo de Genaro lo empezaron a morder a rasguñar. Por suerte, no habÃa pasado mucho tiempo cuando estas dos mujeres se vieron espantadas por los tiros que mi abuelo lanzó al aire después de estar gritando el nombre de Genaro y no verlo. Solamente de esa manera pudo salirse de sus manos. Qué pasarÃa si mi abuelo no hubiera llegado. Genaro dice que lo más probable es que no estuviera contando la historia. AquÃ. Un dato curioso y es que, al pasar los años, la madre de mi abuelo, o sea, la madre de Genaro, se enteró de esta historia. Los hijos se la estaban contando e inmediatamente reprendió. A Genaro le dijo tú sabes qué espÃritu es ese. Tú sabes por qué te pasó lo que te pasó. Me dijo eso es porque tú estás casado. Tú tienes una esposa, tienes hijos pequeños. Lo que se te apareció no es otra cosa, sino la segua. La segua se les aparece a los hombres infieles. Primero los tienta con una escultural mujer, los tienta con la carne y una vez que caen, les da su merecido. Desde ese momento dice mi abuelo que Genaro decidió bajarle a todas esas movidas que tenÃa. Decidió que perseguir mujeres ya no serÃa su principal objetivo al ir a las fiestas, o cuando saliera, al fin y al cabo, él ya estaba casado y no querÃa que la segua se le volviera a aparecer.




