RELATOS DE TERROR DE GASOLINERAS Y SEPULTUREROS / NUEVA TEMPORADA / L.C.E.

Experiencias aterradoras vividas en cementerios y gasolineras en carreteras solitarias
Mi nombre es Maritza y la experiencia que les quiero contar se remonta a algunos cinco años hacia atrás. Verán por aquÃ, por la frontera que es de donde yo soy, hay unas ciertas tiendas, unas ciertas gasolineras en donde pagan muy bien. Algunos sonoxos, se ven y leven y demás. Estas tiendas tienen un punto en contra, podremos decirlo, y es que se encuentran algo retiradas de las localidades y, por lo tanto, vienen a ser parte de lo que son las gasolineras en las carreteras. Ir al trabajo no era ningún problema, aunque sÃ, la distancia era de al menos unos cuarenta minutos y, por lo regular, en el turno de noche se paga mucho mejor que en el turno de la tarde o en el turno de la mañana. Se me presentó una oportunidad en aquel dÃa pase resulta que hay dos chicos que se quedan en el turno de noche y en aquel momento uno de ellos habÃa tenido un percance. Por lo tanto, lo habÃa avisado a nuestro jefe, que no iba a poder ir tal dÃa. Esto lo estaba comentando con nosotros y pensaba ofrecerle ese turno a uno de los muchachos de la mañana, pero yo me le adelanté. Le dije que si me lo podÃa ofrecer a mÃ, que yo podÃa cumplir con ese turno perfectamente. Esto lo dije más que nada por la paga, ya que era casi lo doble y además, habÃa escuchado que en la noche no habÃa tanto movimiento. Más que nada, lo que se hacÃa era mover todo el producto a ser inventario en esas horas muertas de la madrugada. Mi jefe, al principio lo pensó, pero al final de cuentas obtuve el turno. Llegó ese dÃa y me presenté con mi compañero ya tenÃa tiempo conociéndolo. Se llamaba braul y éramos prácticamente de la misma edad. Empezó la noche totalmente normal. Al dar eso de la una de la mañana o dos de la mañana, yo me disponÃa a comer algo, ya que las primeras horas las enfoque en el inventario Braulio. Por otra parte, él se iba a meter a rellenar todos los refrigeradores, ya que esto se hace más que nada, porque no hay clientes prácticamente todos estos ajustes en la tienda. Todo el relleno, casi en su totalidad, se hace durante la noche y, aunque no lo crean, es un trabajo pesado, por lo que él se metió al cuarto frÃo. Yo le dije que iba a mantener la puerta abierta. Yo iba a estar cenando y las cajas de esa tienda se encuentran hasta el otro extremo de la puerta, por lo que se me complicaba ir hasta la puerta a atender a los clientes, darles todo lo que pedÃan, aparte cobrarles y caminar de vuelta hasta la caja. Le dije que, por lo menos durante lo que estuviera cenando iba a mantener la puerta abierta. Ãl me dijo que no habÃa ningún problema. Al cabo, todo estaba muy tranquilo, pero casi necesitaba ayuda que no dudara en llamarlo. En fin, él se metió y si llegaron algunos dos o tres clientes, pero no me percaté de cuando una niña se metió a la tienda, Es decir, yo mantenÃa la mirada en la puerta, pero cuando estaba atendiendo los clientes me percaté de que habÃa una niña rondando en los pasillos. Yo le estuve viendo por el rabillo del ojo y al prestarle más atención, más era que me percataba de las extrañas caracterÃsticas que tenÃa esta niña. Su ropa estaba desgarrada, tenÃa tierra, se veÃa bastante sucia a la par de que también tenÃa manchas, manchas rojas en toda su vestimenta. Yo pensé que era sangre. Obviamente estoma el arto más, pero cada vez que le ponÃa atención, ella se me perdÃa de vista. Yo pensé que a lo mejor venÃa con uno de los clientes, pero no al despacharlos a todos y ellos salir noté que esa niña se quedó. Ella no estaba escogiendo nada, no estaba comprando. Simplemente caminaba de un lado hacia otro, escondiéndose en los pasillos y mirándome fijamente y obviamente, también la buscaba y cada vez que juntábamos miradas, ella simplemente volvÃa y se escondÃa. Yo sin salir de la caja, le pregunté si se le ofrecÃa algo si se encontraba bien. Solamente escuché la voz de esta niña que venÃa desde la parte trasera de los anaqueles. Mientras seguÃa caminando, me dijo que no, que lo que ella ocupaba era ayuda para su madre. Yo le respondà que donde se encontraba su madre, que qué tipo de ayuda era lo que buscaba, que si se encontraban bien, esta niña caminó hasta estar frente a mà y me dijo mi madre está por allá y con su dedo me señaló una parte de la tienda. Yo miré hacia esa parte, pero no habÃa nada. Fue en ese entonces que me di cuenta que ella no me estaba señalando una parte, sino me estaba señalando la ventana de la tienda que mirara hacia afuera. Fue en ese momento que empecé a mirar hacia la carretera y me di cuenta de algo que me perturbó por completo. Era el cuerpo de una mujer estaba tirada, tendida por completo en el asno luno, pero de una forma muy horrible. Sus extremidades estaban volteadas. La cara estaba volteada, la cabeza estaba volteada. ParecÃa que la habÃan pasado por encima, pero a una muy alta velocidad y obviamente, empecé a gritar como loca. Le empecé a gritar a Braulio una y otra y otra vez. Ãl salió bastante alarmado, Incluso salió con un bate porque pensó que me estaban asaltando o algo peor, pero le dije que habÃa una mujer allá, que la habÃan pasado por encima y que necesitaba ayuda. Antes de que él me pudiera decir algo, yo salà de la tienda y empecé a correr en dirección hacia la carretera. Pero, para mi sorpresa, no logré encontrar el cuerpo. Yo estaba corriendo hacia el lugar exacto donde la habÃa visto por la ventana, pero en cuestión de que salà di la vuelta, el cuerpo habÃa desaparecido. Volteé de un lado, voltea hacia otro. No podÃa creerlo. Mis ojos no me habÃan podido mentir de lo que habÃa visto En ese momento. Sentà Abraulio que me habÃa tomado del brazo y me dijo mejor metámonos. Yo le dije que no, que habÃa una persona aquà que yo la habÃa visto, y él me contestó aún más fuerte. Vámonos. Hay que meternos de nuevo en la tienda. Allá te explico tan pronto entramos. Braulio cerró la puerta con llave y dijo que todo eso habÃa sido su culpa. Yo no entendÃa para nada qué era lo que pasaba. Ãl me contestó que habÃa una cierta leyenda que, a decir verdad, era muy real y es que a altas horas de la noche se tenÃa que cerrar la tienda con seguro y mantener la puerta cerrada hasta la mañana siguiente. Tal parecÃa ser que el alma de una niña no podÃa descansar en paz. Para él y su compañero, el otro chico que trabajaba de noche, ya era tan normal que para ellos a veces se los olvidaba esto que asà era como por hábito mantener la puerta cerrada. Pero que, en efecto, los primeros dÃas que ellos estuvieron ahà vieron lo mismo que yo y cuando cerraron la puerta, descubrieron que ese era el único modo para evitar que esta alma, que esta niña, entrara a la tienda. Pero que por un descuido, porque a él ya se le habÃa olvidado, ya llevaba para un año trabajando ahà y se le habÃa olvidado esto. Yo estaba en shock y prácticamente aterrada. Yo no podÃa creerlo y le dije no es que yo vi a una niña. Vi una niña de carne y hueso. Yo tenÃa este pensamiento, como muchos otros, que los fantasmas se ven a lo mejor transparentes cristalinos y estaba equivocada totalmente. Fuimos a las cámaras de seguridad para probar mi punto que, en efecto, habÃa una niña por ahÃ. Pero esto no hizo más que aterrarme todavÃa más y no deje a Braulio que se me despegara tantito en lo que terminó el turno, porque en las cámaras simplemente me veÃa a mà sola, completamente sola, mirando, espiando, hablando con algo que prácticamente no existÃa, o que al menos la Cámara no lo podÃa captar. Desde esa ocasión no volvà a tomar un turno de la noche en lo que va de mi vida. Gracias por escuchar mi experiencia. Espero les haya gustado. Mi nombre es Laura y lo que les quiero contar me sucedió en los últimos meses del año dos mil veintiuno. Como sabrán, habÃa pasado la pandemia. Todos venÃamos de estar encerrados prácticamente en cuatro paredes e incluso yo, que me encontraba trabajando en trabajo en casa, como popularmente se dice, tenÃa que hacer un viaje, habÃan estado levantando todas las restricciones y los que quisieran hacer este viaje de negocios, pues estaba abierta la posibilidad. Yo acepté de inmediato. Soy una persona que no les gusta estar encerrada y querÃa cuanto antes salir a algún lugar. En estos viajes. La empresa siempre paga el transporte, obviamente, pero en ese momento yo les dije que no. Yo no querÃa transporte. Yo lo que querÃa era conducir por la carretera y llegar hasta el destino. En aquel momento yo vivÃa en una ciudad y casi ni siquiera se podÃa salir en coche. A no ser que tuvieras que ir a un súper o a alguna urgencia. QuerÃa recorrer kilómetros y kilómetros, querÃa desestresar me, querÃa ver otros paisajes. Salà en determinado momento de la mañana, pero claro no contaba con los numerosos retenes que hay por las carreteras, Asà que estaba llegando algo tarde al destino. Recuerdo que eran aproximadamente las once de la noche cuando miré el tanque de gasolina y estaba algo bajo. Ya estaba a punto de llegar a mi destino, que era Chihuahua, pero antes de llegar decidà detenerme en una gasolinera. Esta gasolinera estaba muy sola con las restricciones que tenÃan los muchachos de esa gasolinera tenÃan que estar simplemente adentro de la tienda. Dentro de la tienda se iba y pagaban la gasolina y al momento de pagar se activaba el seguro de la manguera y con ese tú mismo tenÃas que vinir y ponerle gasolina a tu carro. Todo esto era de forma automática, por lo que nadie se encontraba afuera. Yo me detuve, bajé del auto, me dirigà hacia la tienda y por la ventanilla compré algo y pagué la gasolina. Cuando iba de vuelta mi auto simplemente puse la manguera y esperé. En eso me doy cuenta de que algo está saliendo desde el otro extremo de la carretera de entre el monte. Algo se estaba moviendo. Yo pensé que era un animal, pero conforme iba saliendo. Supe que era una persona, una persona muy alta llegarÃa hasta los dos metros. Esta persona llevaba consigo una gabardina o una gabardina que llegaba casi hasta sus tobillos. Y esto serÃa completamente normal para mÃ, aunque si fuera extraño. Pero lo que me hizo temerle, lo que me hizo tener un miedo profundo de que esa persona se acercara hacia mÃ. Sus brazos eran anormalmente grandes o sea bastante largo. Las palmas de sus manos llegaban muy por debajo de su rodilla, casi a la mitad de su pantorrilla. Pero, para mi desgracia, el despachador todavÃa no se detenÃa y este hombre se acercaba cada vez más y cada vez más y por su trayectoria se veÃa que venÃa directo hacia mÃ. Yo no pude más. Simplemente caminé dejé ahà al despachador y me metà al auto. Cerré con seguro y este hombre llegó hasta la ventana de mi auto y le dio toques hacia mi ventana para llamarme atención. Yo volteé y lo vi Este hombre simplemente se quedaba mirándome a lo que después me dijo de manera muy lenta, era como si hablara, de manera muy lenta, como si como si estuviera cansado. Ãl me dijo que viniera una moto y que su moto habÃa tenido un fallo y que se encontró detenida a algunos kilómetros hacia atrás, que si, por favor, también podÃa salir de él el auto, ya que necesitaba de mi ayuda para llevar gasolina. Yo le dije que no podÃa, que me sentÃa muy apenada, pero que no podÃa, que me dirigÃa hacia un lugar y iba a llegar tarde, pero que ahà estaban los muchachos de la gasolinera y que ellos lo podÃan ayudar. Este hombre después de esto no me dijo palabra alguna. Se retiró simplemente y se quedó parado atrás de mi coche, a ver, no exactamente parado atrás, sino unos cuantos metros, pero atrás de mÃ. Estaba ahà simplemente parado observándome Yo estaba esperando a que se alejara, pero no lo hacÃa. Y si bien estaba a unos cuantos metros de distancia, yo estaba haciendo cálculos, pero no o sea en lo que yo salÃa. Le quitaba la mangara al coche y me volvà a subir a mi auto. Era tiempo suficiente para que este hombre me alcanzara y sentÃa muy dentro de mà que eso era lo que querÃa. QuerÃa que me bajara. Yo continuaba mirando la bomba y vi que marcaba que ya estaba lleno, que ya el despachador se habÃa detenido de una forma cobarde, podrÃan decirlo, pero yo digo que fue lo más inteligente manteniendo el seguro en todas las puertas. Me pasé lentamente y como pude hacia la parte de atrás, bajé el vidrio, no sin antes no quitarle la mirada de encima a ese hombre que se encontraba todavÃa parado. Lo fui bajando. Lo fui bajando y por este saqué mi mano y aunque me costó trabajo, logré quitar la manguera, pero obviamente no pude ponerla de nuevo en su lugar, por lo que simplemente la dejé tirada. Subà de nuevo el vidrio y me pasé de nueva cuenta a enfrente. Traté de arrancar mi auto, pero no podÃa. El auto no reaccionaba. El auto no reaccionaba, no arrancaba. Por más que intenté. Intenté una y otra y otra vez y nada y, para mi desgracia, otra vez tocaron a mi ventana. Era el mismo hombre que Ahora me dijo que se necesitaba ayuda, que él me podÃa ayudar, pero que saliera del auto para poder ayudarme, para poder arrancar el auto. Yo de nueva cuenta le dije que no, que yo iba a solucionarlo, pero que, por favor, se alejara. Este hombre me esbozó una sonrisa y en esta sonrisa pude ver que no tenÃa dientes. Era como las sencillas de algo putrefacto. Sus sencillas eran completamente oscuras y de estas encÃas salÃan lo que yo interpreto como alfileres. No eran colmillos, eran más chicos y mucho más delgados. A pesar de tener el vio hasta arriba, a pesar de tener por asà decirlo, protección o una barrera que nos distanciaba, me llegó un olor putrefacto, un olor a descomposición. Tan solo cuando ese hombre sonrió otra vez alejos de la ventana, pero esta vez menos ahora se encontraba simplemente como a dos metros de mÃ. Yo no hallaba escapatoria, asà que empecé a tocar el claxson o una y otra vez a tocar el claxon, a hacer movimiento, a tratar de llamar la atención y, por suerte, funcionó tan pronto. Volteé hacia la tienda para ver si alguien me estaba observando, y sÃ, los dos chicos estaban en la ventana observándome en ese momento les hice una seña con la mano que, por favor, vinieran, aunque claro se los hice de una manera muy volátil, muy muy desesperada para que salieran. Cuanto antes. Los chicos salieron y me preguntaron si necesitaba ayuda. Yo les dije que sà y que un hombre se encontraba cerca acosándome. Ellos simplemente se voltearon a ver uno al otro y voltaron a ver a muchos lugares, yo igual como loca, tratando de buscar a ese hombre, ese extraño hombre, pero no habÃa nada. HabÃa desaparecido. Los chicos le dieron una energÃa a la pila de mi auto y solamente de esa manera volvió a arrancar. Los chicos no supieron explicarme quién era ese hombre, pero que no era la única que lo habÃa visto. Ellos llevaban tiempo trabajando ahà HabÃan visto varias clientes y, sobre todo, compañeras de ellos empleadas de esa misma gasolinera, decÃan haber visto un hombre con las mismas caracterÃsticas que yo les estaba dando en esa noche. Pase. Resulta que, al parecer, este extraño sujeto solamente se les aparece a las mujeres cuando están solas, como les habÃa pasado a sus compañeras, o cuando también están viajando solas por la carretera. Es muy extraño, pero ellos me dijeron que sÃ, que habÃa varias mujeres que lo habÃan visto y de la misma forma. Por suerte, hasta ese momento no habÃa logrado que ninguna de ellas se bajara del auto o salir de la tienda, como en el caso de sus compañeras. Yo pienso que tal vez sà lo ha logrado, pero obviamente las que se bajan no están aquà para contarlo. Creo que es un ente paranormal, ya que esas caracterÃsticas, como yo lo vi eso me queda más que claro que no es humano. Gracias por escuchar mi experiencia. Espero les haya gustado a todos y le mando saludos a toda la comunidad de la cripta desde California o la saludos a todos. Mi nombre es Willy y lo que les quiero contar a continuación. Fue una experiencia que tiene poco de haberme pasado. Me sucedió en el mes de diciembre del año anterior. Yo trabajo como despachador de gasolina, pero no es una gasolinera que se encuentre céntrica. Es una gasolinera de esas que se encuentran a las afueras de mi localidad. Es una gasolinera de las que, comúnmente se dicen pasan muchas cosas extrañas, ya que se encuentra algo retirada a un lado de la carretera. Si bien no hay muchos clientes como los tendrÃa una gasolinera céntrica o que está en alguna colonia. La verdad es que me gusta mucho. Es muy tranquilo y los clientes, por alguna razón, siento que son más amables. En fin, lo que me pasó fue durante la noche. Llegó una camioneta, una camioneta muy bonita, muy lujosa. De esta se bajó un hombre iba muy bien vestido, por lo que pensé en un principio que a lo mejor se trataba de un hombre de negocios, un empresario. Me pidió la gasolina y después de esto caminó hacia la tienda. Iba a comprar algunas cosas. En fin, en el tiempo en el que iba y venÃa era tiempo suficiente como para llenar el tanque. Esto a la parte también, pues que no habÃa nadie. Era el único cliente que habÃa, por lo que no habÃa prisa en lo que estaba llenando el tanque. Me percaté que algo se movÃa en los asientos traseros y al ponerle un poco más de atención, me di cuenta que se trataba de un niño, un niño que de seguro aunaba entre los cinco años, no mayor a seis. Pensé que tal vez venÃa con su madre, asà que no le presta atención, pero este niño bajó el vidrio y me empezó a hablar. En ese momento me di cuenta que lo habÃan dejado solo. Tal vez el que habÃa venido era su padre, pero el niño se encontraba solo adentro de la camioneta. Ãl empezó a decirme un par de cosas, a preguntarme mi nombre y en fin empezamos a platicar. Yo tengo dos hijos y estaban casi en el mismo rango de edad que este niño. Conforme Ãbamos platicando, nos hicimos por asà decirlo amigos del momento. Este niño bajó sacó un juguete, un juguete diminuto. Yo creo que serÃa uno de esos juguetes que uno se encuentra en el huevito de Kintar sorpresa y me lo dio yo al principio no querÃa aceptarlo, pero después de tanto insistir que simplemente lo viera. Yo lo tomé, empecé a verlo y en ese momento se llenó el tanque yo retiré la manguera. La puse en su lugar y después, cuando volteé me di cuenta que el vidrio de la ventana estaba subido hasta arriba. El niño ya no se encontraba ahÃ. Yo pensé en ese momento que seguÃa dentro de la camioneta porque el vidrio se encontraba polarizado. Empecé a tocarle con mi puño. Asà leves golpecitos para que bajara el vidrio y darle de nueva cuenta a su juguete. Yo no me lo querÃa quedar aparte. Era un juguete para niños para que le iba a ocupar yo en ese momento estaba llegando justamente a su padre. Yo me la acerqué a él y le dije disculpe. El niño que viene con usted me dio este juguete. Yo no lo puedo aceptar. Hace que se lo quiero devolver, pero no baja la ventana. Ãl se me quedó mirando simplemente y después me preguntó cómo es que se llama el niño. Yo le contesté que VÃctor ese era el nombre que el niño me habÃa dado que asà se llamaba el padre. Simplemente tomó el juguete de mis manos y lo empezó a ver. Esbozó una sonrisa y y después me ono entrego de nuevo. Este hombre se dirige a su camioneta, abre la puerta, mete lo que habÃa comprado y después me dice lo siguiente. Mira muchacho. No te quiero espantar y es más, te voy ir adelantando de una vez que no tienes por qué estar asustado. No hay motivo para estarlo, pero yo vengo solo. No viene nadie conmigo, al menos nadie que ahora tú puedas ver bajo las ventanas de su coche y, efectivamente, no vine a nadie ni en los asientos traseros, ni delanteros ni en la cajuela. Yo estaba sorprendido y antes de que yo pudiera decir algo, este hombre me dijo que VÃctor se trataba de su hijo, pero que, desgraciadamente habÃa fallecido y ya hacÃa ya más de cuatro meses. De eso me dijo que VÃctor a veces se les aparece a un cierto grupo de personas y que le da gracias a Dios de que cada vez que sale asà a una ruta o va a salir fueras. Siempre su hijo lo acompaña de alguna extraordinaria manera. Desde que su hijo falleció y lo acompaña en el carro, él jamás ha vuelto a tener ningún percance, no lo han chocado ni ha tenido ningún accidente vial. Las personas que logran ver a VÃctor son personas que les tiene preparado un buen futuro, al menos a corto plazo. Dice que lo han visto sus parientes de él los parientes de su esposa, pero que hay otro grupo de personas que lo ven y tienen contacto con él. A estas personas que a veces VÃctor les da una prenda chiquita o un juguete asà pequeño como a mà me lo dio, les pasan cosas muy buenas. Mejora su vida, al menos en los próximos dÃas. Me dijo muchacho, al menos en estos tres dÃas que vienen. Créeme quédate con ese juguete que te dio. Mi hijo te lo dio de buena fe. Ãl es un angelito y te va a ayudar en tu vida. Créeme que lo vas a notar. Este hombre se fue y yo me quedé confundido, no con miedo, pero sà tratando de procesar todo aquello que este hombre me habÃa dicho. Sorprendentemente, les tengo que decir que mi vida sà mejoró algunos inconvenientes que tenÃa se solucionaron por sà solos y mi padre, que en ese momento se encontraba mal de salud, se mejoró de la noche a la mañana. Es decir, no es como si VÃctor me hubiera arreglado la vida prácticamente, pero sà tengo que decir que ese niño me ayudó por lo menos en unos problemas que tenÃa en mi vida. Hay algunas almitas como las de este niño que son Buen augurio. No todos los fantasmas hacen daño o hacen el mal o te asustan. Hay algunos como este que te ayudan. Nunca olvidaré esta experiencia, aquel rostro dulce e inocente de este niño hola a todos. Mi nombre es Nelson Guzmán y mi experiencia comienza como una tarde normal o bueno. Cabe decir que para mà normal, dentro de lo que cabe. Yo soy taxista, pero también soy sepulturero trabajo en el cementerio, pero solamente me hablan cada vez que va a haber alguna sepultura también de diferentes cosas de mantenimiento. Respecto al cementerio, no voy todos los dÃas, pero ocasionalmente les tengo que decir que, al pasar de los años, he enterrado a variedad de personas, abuelitos, madres, padres. Pero lo que más duele e incluso para mà que en la mayorÃa de ocasiones soy alguien totalmente ajeno a la familia, alguien que no los conoce, pero siento su dolor. Lo que más duele, y les puedo asegurar esto es cuando padres entierran a sus hijos, se oyen los gritos desgarradores de la madre y el padre igualmente no encuentra consuelo claro y creo que es de pensar cuando un hijo fallece sobre todo. Si es alguien joven, tenÃa toda una vida por delante. Creo que los padres jamás figuran hacia sus hijos, la mayorÃa de ellos. Es más, creo que todos piensan que sus hijos serán los que los van a enterrar, pero algunas ocasiones no sucede asÃ, y ese es el caso que les quiero platicar en esta ocasión. SabÃa que este entierro iba a ser algo duro e incluso para mÃ, para mi compañero, porque se trataba de un joven, un joven de apenas catorce años, el cual Ãbamos a sepultar aquella vez como era de esperarse, Los padres estaban al frente, habÃan pasado el velorio por alguna extraña razón. El sacerdote no habÃa llegado, por lo que las oraciones se las dio otro sacerdote de ahÃ. Pero no estoy muy seguro si va en categorÃas, pero El caso es que ese señor todavÃa no era un sacerdote como tal al cabo y todo se llevó a cabo el rey eso y después el entierro, pusimos el ataúd y lo fuimos bajando a base de unas poleas que tenÃamos yo y mi compañero, y cuando le Ãbamos bajando, nos percatamos de algo. Y es aquà lo extraño, porque no solamente fui yo, sino que también él. Empezamos a sentir vibraciones en el ataúd, pero no vibraciones lentas o pequeñas o leves eran vibraciones fuertes, como que de algo que estaba dentro, que se movÃa, que se movÃa y que después empezó a golpear la puerta del ataúd. No nos conformamos solo con sentir, sino que también volteamos y pusimos la mirada en aquel ataúd. Nosotros vimos claramente mi compañero y yo que la puerta de la taúd se estaba moviendo. Era como si alguien la estuviera golpeando de adentro hacia afuera una vez y otra vez y otra vez. En ese momento, la madre dijo que paráramos que, por favor, ya no lo enterraran, que ella veÃa que su hijo se estaba moviendo. Nosotros, obviamente, nos detuvimos porque también lo estábamos viendo, pero el padre se nos quedó mirando y dijo, por favor, ya entiérrenlo. Por favor, bájenlo. Nosotros nos continuamos viendo entre sÃ, ya que estábamos viendo. Nuestros ojos eran testigos de que la taúd se estaba moviendo. En ese momento, la madre se tironea de los brazos del padre. Basta el ataúd lo abre la fuerza. Yo paso a ayudarle. Dejo a mi compañero solo con el peso, algo que no debÃa de hacer. Pero al abrir el ataúd lo vio y con mis propios ojos. Era el cadáver de un muchacho, un muchacho de catorce años y pero estaba inerte, no se habÃa movido, no tenÃa los ojos abiertos. Es más, la piel incluso ya estaba pálida. El maquillaje que le ponÃan estaba perdiendo su afecto. Ya la madre todavÃa se va sobre él empieza a llorar y el padre la retira y por si no fuera poco, me lanzo unos ojos de que por qué yo le seguÃa el juego, de que todo esto solamente lo hace más difÃcil para ella. Yo no sabÃa cómo explicarle al resto de personas que yo también y mi compañero también habÃan visto que estaban golpeando la tabú desde adentro y no solamente nos quedamos en verlo. Nosotros dos sentimos las vibraciones. En fin, para no quedar mal, volvà a mi puesto y bajamos el ataúd pol poco a poco y cuando le estábamos echando tierra aún todavÃa hasta este punto estábamos escuchando los golpes, golpes que provenÃan desde el ataúd, como si alguien desesperadamente nos estuviera pidiendo que lo sacáramos. Esta fue la parte más traumática para mà que todavÃa no me puedo sacar de la cabeza, porque yo lo estaba enterrando. Sentà muchas veces la necesidad de entrar al hoyo y abrió el ataúd, pero sabÃa muy bien con lo que me iba a encontrar con un simple cadáver. Fue una parte muy difÃcil para mÃ, no solamente para mÃ, sino también para mi compañero que mientras estábamos enterrándolo, nos mirábamos mutuamente, ambos escuchábamos lo mismo. Pasó el tiempo y cuando llegó el padre, fue hasta la tumba de esta muchacho lo persinó y rezó por él. Y nunca se nos va a olvidar lo que nos dijo a nosotros, ya que nosotros dos éramos los únicos presentes, ya que quedaban alrededor de la tumba, ya era de noche, habÃa familiares, claro que sÃ, pero ellos ya se encontraban retirados casi casi en la puerta del cementerio. Este sacerdote nos dijo lo siente en verdad es por eso de sus caras. Yo ya lo he visto algunas otras veces y es bastante triste. Este es un muchacho joven no sabe ni siquiera que está en otro mundo. Algunas veces y más las almas jóvenes que no han vivido lo suficiente o que se van con muchas ganas de vivir la vida son a las que más les cuesta retirarse. Están muy aferradas a la vida y con justa razón, no tuvieron un tiempo de vivirla. Y después nos preguntó que qué era lo que habÃamos visto. Mientras lo estábamos sepultando, nosotros dos le dijimos que habÃamos escuchado cómo golpeaba desde dentro del ataúd este sacerdote simplemente inclinó su cabeza. Sintió mucha pena por el chico, pero le dio más oraciones y habló solo con él. Creo que durante una hora y media o dos horas, el sacerdote fue el último, que se fue del cementerio. Cuando nos acercamos de nueva cuenta la tumba por debajo de esta ya no se escuchaba nada, solamente silencio. Ah porque se me habÃa olvidado mencionar que aún cuando tenÃa tierra encima y cuando los familiares estaban dando el pésame a la familia ya retirados algunos yéndose, se podÃa escuchar todavÃa muy levemente y si ponÃas atención los golpes que provenÃan desde el ataúd incluso con la tierra encima, se podÃa escuchar. Cuando nos acercamos por la noche, estos ya nos escuchaban. Espero que ese joven haya encontrado la paz y también la luz para que llegue a su descanso eterno. Espero les haya gustado mi historia. Saludos a todos los que mi nombre es Juan DomÃnguez y lo que les quiero contar a continuación. Me pasó en el mes de diciembre. Yo tengo ciertos dÃas, ciertas temporadas, ya que soy un hombre mayor a los sesenta años en los que me desempeño como sepulturero soy una persona ya pensionada, asà que esto lo hago para ganar un poco más de dinero. Verán ahà me hace un llamado el cementerio y me pregunta si estoy libre para llevar a cabo un evento, un evento que significa prácticamente un entierro. Yo estaba libre, asà que me dirigà al cementerio. En este cementerio hay una capilla, una capilla que, a decir verdad, es muy grande. El cementerio en general es muy grande. Es un cementerio municipal y se encuentra en una zona de esta ciudad. Esta capilla pertenecÃa a una familia muy pudiente. Era una de esas familias. Con dinero han comprado varios espacios, habÃan diseñado lo que se podrÃa decir una cripta y en ella iban enterrando a los familiares. Algunos de estos espacios ya estaban ocupados. Claro pero la mayorÃa no estaban ocupadas. HabÃa dos secciones, una sección, podrÃamos decirlo a nivel del suelo, y otra sección que iba más abajo como un sótano. Es increÃble que personas de veintitantos años ya tengan su espacio en el cementerio, sobre todo personas con mucho dinero ya tenÃan incluso su espacio ahà guardado. En fin, se me dio el llamado y me dijeron que iban a enterrar a esta persona en la parte de abajo en el sótano. Todo esto pasarÃa al dÃa siguiente, ya ya aquà que la persona llevaba fallecida hace apenas unas horas de ese mismo dÃa, en lo que se hace su velorio, sus rezos iban a sepultarla el dÃa de mañana y se me dio como encargo preparar la lápida, preparar el lugar a grandes rasgos. Yo fui quité el candado abrà esta cripta y empecé a meter mis utensilios y en determinado momento, sin que yo me diera cuenta, me encontré con una señora. Esta señora se encontraba en el sótano de esta cripta de pie, enfrente del lugar donde se suponÃa la persona que habÃa fallecido. Iba a ocuparla. Yo me sorprendà un momento, pero inmediatamente le pregunté si tenÃa algo que hacer ahÃ, si venÃa a achicar algo. Algunos familiares vienen al cementerio a checar los lugares, a checar cómo se iba a llevar a cabo el entierro. Pero ella no me respondÃa. Era una señora que creo incluso mayor que yo como de algunos setenta y tantos años, pegándolo ochenta años, por su expresión, por su piel, por su forma de caminar, más o menos, era lo que yo tanteaba en su edad. Ella no me dijo nada hasta después de unos minutos simplemente me dijo lo siguiente. A mà jamás me ha gustado este lugar. Siento que es muy oscuro y en este momento casi no veo nada. Le puedo pedir un favor. Cuando traigan el cuerpo, puede poner algo de luz, algo de velas, algo de antorchas por ambos lados de la lápida. Es un favor que se lo pido. PodrÃa yo le contesté que claro que sÃ, que no habÃa ningún problema y antes de que continuara la conversación, porque era más que obvio que esta señora era familiar de la persona que habÃa fallecido, salió de la cripta, asà como súbitamente se habÃa metido y sin yo percatarme de que se habÃa metido, ahora se habÃa ido. Yo estaba sorprendido, en cierto modo, porque cuando estaba haciendo los preparativos. Recuerdo que habÃa quitado el candado de esta tumba. Con ese candado la puerta estaba cerrada. Con esto nadie habÃa podido entrar claro. Una vez habÃa abierto la puerta. Fui al almacén, traje mis cosas y me metà y esta señora ya estaba dentro. Hay un margen de algunos cuatro minutos, cinco minutos a no ser que esta señora me estuviera viendo desde la distancia. No hay una forma de que entrara tan rápido o al menos más rápido que yo en aquella ocasión. En fin, ya no le presté mayor atención a estos detalles y comencé a hacer mi trabajo. Al dÃa siguiente se llevó a cabo el entierro y, como se tiene de costumbre, el ataúd se encontraba abierto para que las personas se pasaran a despedir del difunto. Cuando yo me acerqué a este más que nada para cerrarlo y después meterlo a esta lápida que se encontraba en la pared y después sellarlo. Me di cuenta que el cuerpo que se estaba enterrando en aquella ocasión era el de la señora que habÃa ido un dÃa antes a este cementerio. Era la misma, la misma cara e incluso llevaba la misma ropa puesta un vestido blanco muy formal, muy costoso. En ese momento caÃa en cuenta lo que me estaba pidiendo. Esta señora pasaba la ley de lo normal. Ella prácticamente vino a ver su tumba y a decirme que le colocara algo de luz. No sé qué es lo que pasa después de que morimos, pero hay algunas personas que tal vez no soportan ese camino. Requieren algo de ayuda de los vivos y, claro para que no se queden con la duda, por supuesto, que le puse luz a aquella señora y espero que ésta le haya ayudado para pasar al siguiente plano, para hacer su recorrido y por fin descanse en paz. Mi nombre es Vianey Hernández y lo que les quiero contar a continuación le sucedió mi abuelo allá en la lejana década de los ochenta. Mi abuelo durante un buen tiempo. Creo que desde los treinta años hasta que pudo fue sepulturero. Trabajó entre cementerios diferentes. En estos tres desempeñaba varias obligaciones. Se podrÃa decir que era sepulturero y a la vez también velador del mismo cementerio. Era un velador que cada vez que alguien fallecÃa y era enterrado en este cementerio, él desempeñaba las actividades de un sepulturero. Tristemente, mi abuelo dice que vio a muchas personas conocidas entrar al cementerio, algunas de avanza de edad y otras muy jóvenes. Pero la historia que les quiero contar a continuación sucedió en su primer desempeño, como sepulturero en un cementerio. Este cementerio fue de su natal pueblo. Pero antes de comenzar la historia, les tengo que contar algo que sucedió antes de esto para que sirva como una introducción de la misma verán en aquel pueblo. Mi abuelo y todos los habitantes de ahà conocÃan a una señora. Esta, señora de nombre Silvia, se decÃa que era una bruja, una bruja no particularmente de las buenas. De hecho, se decÃa que si tenÃas problemas con otra persona y querÃas hacerle mal, pero no un mal podrÃamos decirlo un mal pequeño algo ordinario. Esta no era la persona correcta. Silvia se encargaba de hacer conjuros o trabajos, pero trabajos muy pesados. Ese tipo de embrujos, que le ocasiona mucho mal a sus vÃctimas, se ganó el desprecio del pueblo, aunque muchos de ellos no eran transparentes respecto a esto. Si bien casi en el pueblo no la querÃan, tampoco era como que la menospreciaran. Aparte, Silvia tenÃa dos amigas en el pueblo, dos amigas muy allegadas a ella. Estas dos señoras y Silvia eran amigas desde hace muchos años, pero al llegar cierta edad y también ciertos problemas, la amistad entre estas tres mujeres se disipó por completo. HabÃan salido enojadas las tres, particularmente contra Silvia. Mi abuelo no puede dar detalles respecto a esto. Ãl no conoce al cien por ciento qué fue lo que pasó solamente chismes. Se decÃa que Silvia se habÃa metido con el esposo de Amba, se decÃa que habÃa hecho unos trabajos en contra de ellas, etc. Etc. Muchas explicaciones, muchos chismes que se decÃan, pero lo que sà era evidente es que ya no eran amigas. Estas señoras no se comportaron muy bien con Silvia. Es más, empezaron a decir chismes de ellas. Muchos de estos se comprobaron que eran falsos, empezaron a arruinar su reputación. Y esto les funcionó porque al paso de algunos tres años, cuatro años, habÃan infundido, por asà decirlo, un odio en contra de Silvia, que ahora en el pueblo ya no se le decÃa Silvia. Si no se le decÃa Silvia, la bruja asà despectivamente, incluso lo decÃan enfrente de ella, cosa que jamás pasaba anteriormente. Al pasar el tiempo extrañas cosas le pasaron a estas dos mujeres. A una de ellas tristemente perdió a su esposo. No se sabe qué fue lo que lo atacó, pero se sabe muy bien que fue un animal. El cuerpo de su esposo fue encontrado a orillas del rÃo. Este habÃa fallecido debido a que habÃa perdido mucha sangre. TenÃa su ropa rasgada, varias mordeduras en todo el cuerpo y era imaginable que un animal salvaje o tal vez varios lo habÃan atacado. Por otro lado, la otra amiga de Silvia empezó a tener problemas, pero con su hijo, su niño, empezó a tener ciertas pesadillas, empezó a ver ciertas sombras, ciertos animales que lo acosaban. Al grado de que este niño, un niño perfectamente normal, empezó a perder la cordura. Fue a reclamarle varias veces a la misma casa de Silvia. A todo esto, incluso estas dos amigas llegaron hasta la agresión fÃsica. Pero al fin y al cabo, y para no hacer más larga la historia, esta amiga decide irse del pueblo, mientras que, por otro lado, la otra, la otra mujer que habÃa perdido su esposo, no soportó la pérdida. Y esto a la parte que no tenÃa niños, ella terminó por quitarse la vida. También no se sabe si ella se aventó o lo planeó todo, pero su cuerpo fue descubierto al lado del rÃo ya sin vida. No se sabe cómo ocurrió, pero se encontró más o menos a la misma distancia de donde se habÃa encontrado el cuerpo de su marido. Después de ver cómo es que habÃan acabado estas dos mujeres, no es difÃcil de pensar que todo esto todas estas extrañas cosas que les habÃan pasado. Todo el pueblo pendo pensó que esto era obra de Silvia, que ella de seguro les habÃa hecho trabajos y habÃan resultado. En eso. Cabe recalcar que Silvia no era conocida muy bien por ser una buena persona, asà que esto era fácilmente predecible. El tiempo pasó y con ello el desprecio de los habitantes hacia Silvia, si bien ya no eran tan despectivos como antes. Muchos de los habitantes la odiaban, pero también aún más le temÃan, le tenÃan miedo, no querÃan acabar como habÃan acabado sus amigas. Por ende, mantenÃan su distancia. Silvia seguÃa teniendo ciertos clientes, pero ya no se hablaba con nadie en el pueblo. Se dejó de ver en las plazas, en los lugares comerciales. Simplemente iba compraba la comida y se regresaba a su casa, una casa que, se tiene que decir, estaba muy apartada del pueblo. Los años pasaron y la vejez la llegó cada vez más a Silvia e inevitablemente un dÃa falleció. Pero como si su historia no fuera lo suficientemente tétrica o triste, como se le quiera ver, su cuerpo no fue hallado hasta después de dos dÃas, Y esto porque los veladores se les hacÃa raro que no estuviera en su casa. Los veladores era, por asà decirlo, los únicos con los que tenÃa un contacto. Al hablar con personas del pueblo, ella les daba dinero y de paso, pues preguntaban cómo habÃa pasado la noche y la tarde. Al momento de que estos veladores no la vieron salir de su casa, se metieron un poco a ella y el edor, el olor a descomposición de un cuerpo humano. Ese edor les pegó de golpe. Encontraron el cuerpo y dieron el aviso a las autoridades pertinentes y todavÃa se tardaron dos dÃas más en sepultarla. Mi abuelo estuvo presente cuando la sepultaron. De hecho, él fue quien la sepultó. Quienes estaban pagando al menos en un principio, no se reconocieron ni como primos, ni como hermanos ni como primos lejanos tÃos. Nada de Silvia. SabÃan que eran familiares, pero mi abuelo nunca se enteró qué parte o de qué parte de la familia venÃan. Simplemente vinieron la enterraron en ese cementerio. Solamente dos personas estuvieron ahÃ. Nadie del pueblo quiso asistir. De hecho, algunos se alegraban de que habÃa fallecido. Su entierro. Fue algo muy pero muy muy humilde. Fue un ataúd de madera de los más económicos que vendÃa el carpintero del pueblo y ni siquiera tuvo lápida, tan sólo la aventaron tierra y escombros encima y una cruz de madera que tiene el nombre de Silvia y los años que habÃa vivido simplemente y es en este punto una vez dando esta introducción para que ustedes entiendan que comienza la experiencia que vivió mi abuelo desde la primera noche. Todo fue de mal en peor. Mi abuelo empezó a sentir miedo, un miedo que no sabe explicar él hasta ese momento, ya llevo trabajando de sepulturero y también a la vez de velador algunos cuantos años, ya por lo que no era algo de él, algo común tener miedo en la noche, tener miedo a salir a recorrer las tumbas algo que claro cabe destacar era muy habitual. Ãl lo hacÃa de vez en cuando, incluso para estirar sus piernas. No era de estas personas que sobrepensaba todas las situaciones y y creÃa que iba a haber fantasmas o demás cosas. No era de esas personas. Asà que, tomando su machete y tomando su linterna, empezó a recorrer las tumbas hasta que llegó a la tumba de Silvia, y fue en ese preciso momento que la vio. Vio una silueta, la silueta de una mujer sentada sobre la tumba de Silvia, sentada en la tierra, sentada en el escombro que la habÃan echado. Esta silueta era muy evidente, e incluso en la noche se le podÃa ver claramente. Obviamente, mi abuelo, al querer al usarla, puso su linte enfocada en aquella persona. Ãl pensó que alguien se habÃa metido al cementerio y más concretamente en la tumba de Silvia, pues si ella es bruja, de seguro, algunas otras brujas en el pueblo querÃan hacer trabajos. Y pues la tumba de una bruja es un buen lugar para empezar a hacer este tipo de trabajos. Pero cuando él intentó al usarla, la linterna falló. Mi abuelo explica que era como si le faltaran baterÃas de un momento a otro. Simplemente no alusó nada, pero la silueta continuaba sentada y mi abuelo, en ese momento desenfundó el machete que tenÃa y al momento de que iba a acercarse esta silueta se levantó y comenzó a caminar y a caminar. Pero al ponerle más atención, mi abuelo se percató de que esta silueta de que esta persona cojeaba y cojeaba exactamente como lo hacÃa Silvia. Ella tenÃa un problema en el pie, por lo que su caminar era bastante caracterÃstico, un caminar que reconoció mi abuelo aquella noche. En ese momento, él cayó en cuenta de que no está frente a una persona, no está frente a una aprendiz de brujerÃa. Ãl calle en cuenta que está enfrente del fantasma de Silvia o de lente de Silvia. Ãl enfunda de nuevo su machete y pasa a retirarse, pero caà en cuenta en algo. Mi abuelo es muy religioso y cree que él tenÃa el presentimiento de que nos podemos comunicar con los muertos e incluso de la manera más simple que es el el habla. Mi abuelo se acercó de nueva cuenta al pasar algunas dos horas hasta la tumba de Silvia. No se acercó mucho, simplemente unos cuantos metros y le dijo lo siguiente mira Silvia. Yo no te voy a molestar ni quiero molestarte. Simplemente déjame hacer mi trabajo tranquilo. No me voy a acercar a la tumba, pero tú tampoco te tienes que acercar a mÃ. Yo te respeto tu espacio y respétame el mÃo. Esto además de otras cosas que le dijo, obviamente todo con mucho respeto. Mi abuelo explica que dejó de ver aquella silueta, pero algunos dÃas la veÃa y otros dÃas no. Pero Silvia respetaba aquel trato que habÃan tenido. Cuando aparecÃa, lo hacÃa simplemente sentada arriba de la tumba y luego sin más desaparecÃa. Obviamente, mi abuelo esto se lo reservó. No se lo dijo a nadie. Ya habÃa solucionado, por asà decirlo, este problema con Silvia, asà que ya no le prestó importancia Pero, por otro lado, el señor que vigilaba el cementerio durante el dÃa, esto él no lo sabÃa pase y resulta que alrededor de la tumba de Silvia estaba creciendo un cierto rosal con espinas, espinas muy grandes y muy filosas. Estaban enrollándose unas con otras y habÃan crecido en muy poco tiempo. HabÃan crecido mucho. Las personas que visitaban el cementerio en el dÃa se quejaban de esto más que nada, porque la tumba de Silvia se encontraba en uno de los sitios que era donde comúnmente pasaban más personas. Obviamente, muchas de ellas empezaron a espinarse, empezaron a reclamar y el guano del turno del dÃa se puso manos a la obra. Fue a la tumba de Silvia y empezó a cortar estos rosales a punta de machete. Acabó con todos los embolsó y después los tiró. No tenÃa ni idea de que habÃa cometido un gravÃsimo error, Y es que al dÃa siguiente, cuando mi abuelo lo estaba esperando para cambiar el turno, este nunca llegó. En lugar de eso llegó su esposa y su hijo mayor. Parece ser que a este hombre lo habÃan atacado durante la noche, lo habÃan atacado incluso cuando estaba dormido. HabÃa despertado con rasguños, algunos más profundos que otros, alrededor de todo el cuerpo, a su espalda, a su pecho, sus piernas, habÃa sido rasguñado completamente. Nadie se habÃa dado cuenta, ni sus hijos, ni su esposa, ni siquiera él mismo. Ãl simplemente argumenta que tan pronto él despertó los ojos, como lo hacÃa cada mañana. Empezó a sentir un ardor y empezó a sentir un dolor incomparable en todo el cuerpo, un dolor aberrante en todo el cuerpo. Todos eran rasguños de lo que parecÃan ser uñas, uñas de un humano. Estaban reflejados. Se podÃa ver los cinco dedos de una persona humana, no de un animal. El hijo de este hombre se quedó a cuidar el turno. Pero claro, mi abuelo se quedó con él medio tiempo y le dio advertencia, una advertencia que el joven, por suerte, siguió al pie de la letra y es no te acerques a esa tumba por más de que quieras o por más de que te tientes no te acerques a esa tumba por suerte, siguió este Consejo. Al regresar a este hombre, mi abuelo se sinceró con él y le platicó todo lo que habÃa vivido durante la noche ambos llegaron al acuerdo dejan más acercarse de nuevo a esa tumba y asà lo mantuvieron. Incluso cuando los pagos de esta tumba se retrasaron y mandaban a que se sacara el cuerpo, ellos dos se negaron a hacerlo. Es decir, si Silvia te arañaba durante la noche tan sólo por cortar sus rosales que crecÃan a un lado de su tumba, qué crees que esta brujarÃa si es que la sacaban De ahÃ. Obviamente, esto nunca lo hicieron. A principios de los años noventa, este cementerio se movió muchos de los cuerpos, los cuales no habÃan pagado. Los familiares se tiraron a la fosa común. Mi abuelo nunca se nunó, pero qué fue lo que pasó después de esto con el cuerpo de Silvia, con su tumba. Y es algo que también no se quiere enterar les mando saludos desde Coahuila. Gracias por escuchar mi experiencia




