June 12, 2023

RELATOS DE TERROR DE GASOLINERAS Y SEPULTUREROS / NUEVA TEMPORADA / L.C.E.

RELATOS DE TERROR DE GASOLINERAS Y SEPULTUREROS / NUEVA TEMPORADA / L.C.E.

Experiencias aterradoras vividas en cementerios y gasolineras en carreteras solitarias

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Experiencias aterradoras vividas en cementerios y gasolineras en carreteras solitarias

Mi nombre es Maritza y la experiencia que les quiero contar se remonta a algunos cinco años hacia atrás. Verán por aquí, por la frontera que es de donde yo soy, hay unas ciertas tiendas, unas ciertas gasolineras en donde pagan muy bien. Algunos sonoxos, se ven y leven y demás. Estas tiendas tienen un punto en contra, podremos decirlo, y es que se encuentran algo retiradas de las localidades y, por lo tanto, vienen a ser parte de lo que son las gasolineras en las carreteras. Ir al trabajo no era ningún problema, aunque sí, la distancia era de al menos unos cuarenta minutos y, por lo regular, en el turno de noche se paga mucho mejor que en el turno de la tarde o en el turno de la mañana. Se me presentó una oportunidad en aquel día pase resulta que hay dos chicos que se quedan en el turno de noche y en aquel momento uno de ellos había tenido un percance. Por lo tanto, lo había avisado a nuestro jefe, que no iba a poder ir tal día. Esto lo estaba comentando con nosotros y pensaba ofrecerle ese turno a uno de los muchachos de la mañana, pero yo me le adelanté. Le dije que si me lo podía ofrecer a mí, que yo podía cumplir con ese turno perfectamente. Esto lo dije más que nada por la paga, ya que era casi lo doble y además, había escuchado que en la noche no había tanto movimiento. Más que nada, lo que se hacía era mover todo el producto a ser inventario en esas horas muertas de la madrugada. Mi jefe, al principio lo pensó, pero al final de cuentas obtuve el turno. Llegó ese día y me presenté con mi compañero ya tenía tiempo conociéndolo. Se llamaba braul y éramos prácticamente de la misma edad. Empezó la noche totalmente normal. Al dar eso de la una de la mañana o dos de la mañana, yo me disponía a comer algo, ya que las primeras horas las enfoque en el inventario Braulio. Por otra parte, él se iba a meter a rellenar todos los refrigeradores, ya que esto se hace más que nada, porque no hay clientes prácticamente todos estos ajustes en la tienda. Todo el relleno, casi en su totalidad, se hace durante la noche y, aunque no lo crean, es un trabajo pesado, por lo que él se metió al cuarto frío. Yo le dije que iba a mantener la puerta abierta. Yo iba a estar cenando y las cajas de esa tienda se encuentran hasta el otro extremo de la puerta, por lo que se me complicaba ir hasta la puerta a atender a los clientes, darles todo lo que pedían, aparte cobrarles y caminar de vuelta hasta la caja. Le dije que, por lo menos durante lo que estuviera cenando iba a mantener la puerta abierta. Él me dijo que no había ningún problema. Al cabo, todo estaba muy tranquilo, pero casi necesitaba ayuda que no dudara en llamarlo. En fin, él se metió y si llegaron algunos dos o tres clientes, pero no me percaté de cuando una niña se metió a la tienda, Es decir, yo mantenía la mirada en la puerta, pero cuando estaba atendiendo los clientes me percaté de que había una niña rondando en los pasillos. Yo le estuve viendo por el rabillo del ojo y al prestarle más atención, más era que me percataba de las extrañas características que tenía esta niña. Su ropa estaba desgarrada, tenía tierra, se veía bastante sucia a la par de que también tenía manchas, manchas rojas en toda su vestimenta. Yo pensé que era sangre. Obviamente estoma el arto más, pero cada vez que le ponía atención, ella se me perdía de vista. Yo pensé que a lo mejor venía con uno de los clientes, pero no al despacharlos a todos y ellos salir noté que esa niña se quedó. Ella no estaba escogiendo nada, no estaba comprando. Simplemente caminaba de un lado hacia otro, escondiéndose en los pasillos y mirándome fijamente y obviamente, también la buscaba y cada vez que juntábamos miradas, ella simplemente volvía y se escondía. Yo sin salir de la caja, le pregunté si se le ofrecía algo si se encontraba bien. Solamente escuché la voz de esta niña que venía desde la parte trasera de los anaqueles. Mientras seguía caminando, me dijo que no, que lo que ella ocupaba era ayuda para su madre. Yo le respondí que donde se encontraba su madre, que qué tipo de ayuda era lo que buscaba, que si se encontraban bien, esta niña caminó hasta estar frente a mí y me dijo mi madre está por allá y con su dedo me señaló una parte de la tienda. Yo miré hacia esa parte, pero no había nada. Fue en ese entonces que me di cuenta que ella no me estaba señalando una parte, sino me estaba señalando la ventana de la tienda que mirara hacia afuera. Fue en ese momento que empecé a mirar hacia la carretera y me di cuenta de algo que me perturbó por completo. Era el cuerpo de una mujer estaba tirada, tendida por completo en el asno luno, pero de una forma muy horrible. Sus extremidades estaban volteadas. La cara estaba volteada, la cabeza estaba volteada. Parecía que la habían pasado por encima, pero a una muy alta velocidad y obviamente, empecé a gritar como loca. Le empecé a gritar a Braulio una y otra y otra vez. Él salió bastante alarmado, Incluso salió con un bate porque pensó que me estaban asaltando o algo peor, pero le dije que había una mujer allá, que la habían pasado por encima y que necesitaba ayuda. Antes de que él me pudiera decir algo, yo salí de la tienda y empecé a correr en dirección hacia la carretera. Pero, para mi sorpresa, no logré encontrar el cuerpo. Yo estaba corriendo hacia el lugar exacto donde la había visto por la ventana, pero en cuestión de que salí di la vuelta, el cuerpo había desaparecido. Volteé de un lado, voltea hacia otro. No podía creerlo. Mis ojos no me habían podido mentir de lo que había visto En ese momento. Sentí Abraulio que me había tomado del brazo y me dijo mejor metámonos. Yo le dije que no, que había una persona aquí que yo la había visto, y él me contestó aún más fuerte. Vámonos. Hay que meternos de nuevo en la tienda. Allá te explico tan pronto entramos. Braulio cerró la puerta con llave y dijo que todo eso había sido su culpa. Yo no entendía para nada qué era lo que pasaba. Él me contestó que había una cierta leyenda que, a decir verdad, era muy real y es que a altas horas de la noche se tenía que cerrar la tienda con seguro y mantener la puerta cerrada hasta la mañana siguiente. Tal parecía ser que el alma de una niña no podía descansar en paz. Para él y su compañero, el otro chico que trabajaba de noche, ya era tan normal que para ellos a veces se los olvidaba esto que así era como por hábito mantener la puerta cerrada. Pero que, en efecto, los primeros días que ellos estuvieron ahí vieron lo mismo que yo y cuando cerraron la puerta, descubrieron que ese era el único modo para evitar que esta alma, que esta niña, entrara a la tienda. Pero que por un descuido, porque a él ya se le había olvidado, ya llevaba para un año trabajando ahí y se le había olvidado esto. Yo estaba en shock y prácticamente aterrada. Yo no podía creerlo y le dije no es que yo vi a una niña. Vi una niña de carne y hueso. Yo tenía este pensamiento, como muchos otros, que los fantasmas se ven a lo mejor transparentes cristalinos y estaba equivocada totalmente. Fuimos a las cámaras de seguridad para probar mi punto que, en efecto, había una niña por ahí. Pero esto no hizo más que aterrarme todavía más y no deje a Braulio que se me despegara tantito en lo que terminó el turno, porque en las cámaras simplemente me veía a mí sola, completamente sola, mirando, espiando, hablando con algo que prácticamente no existía, o que al menos la Cámara no lo podía captar. Desde esa ocasión no volví a tomar un turno de la noche en lo que va de mi vida. Gracias por escuchar mi experiencia. Espero les haya gustado. Mi nombre es Laura y lo que les quiero contar me sucedió en los últimos meses del año dos mil veintiuno. Como sabrán, había pasado la pandemia. Todos veníamos de estar encerrados prácticamente en cuatro paredes e incluso yo, que me encontraba trabajando en trabajo en casa, como popularmente se dice, tenía que hacer un viaje, habían estado levantando todas las restricciones y los que quisieran hacer este viaje de negocios, pues estaba abierta la posibilidad. Yo acepté de inmediato. Soy una persona que no les gusta estar encerrada y quería cuanto antes salir a algún lugar. En estos viajes. La empresa siempre paga el transporte, obviamente, pero en ese momento yo les dije que no. Yo no quería transporte. Yo lo que quería era conducir por la carretera y llegar hasta el destino. En aquel momento yo vivía en una ciudad y casi ni siquiera se podía salir en coche. A no ser que tuvieras que ir a un súper o a alguna urgencia. Quería recorrer kilómetros y kilómetros, quería desestresar me, quería ver otros paisajes. Salí en determinado momento de la mañana, pero claro no contaba con los numerosos retenes que hay por las carreteras, Así que estaba llegando algo tarde al destino. Recuerdo que eran aproximadamente las once de la noche cuando miré el tanque de gasolina y estaba algo bajo. Ya estaba a punto de llegar a mi destino, que era Chihuahua, pero antes de llegar decidí detenerme en una gasolinera. Esta gasolinera estaba muy sola con las restricciones que tenían los muchachos de esa gasolinera tenían que estar simplemente adentro de la tienda. Dentro de la tienda se iba y pagaban la gasolina y al momento de pagar se activaba el seguro de la manguera y con ese tú mismo tenías que vinir y ponerle gasolina a tu carro. Todo esto era de forma automática, por lo que nadie se encontraba afuera. Yo me detuve, bajé del auto, me dirigí hacia la tienda y por la ventanilla compré algo y pagué la gasolina. Cuando iba de vuelta mi auto simplemente puse la manguera y esperé. En eso me doy cuenta de que algo está saliendo desde el otro extremo de la carretera de entre el monte. Algo se estaba moviendo. Yo pensé que era un animal, pero conforme iba saliendo. Supe que era una persona, una persona muy alta llegaría hasta los dos metros. Esta persona llevaba consigo una gabardina o una gabardina que llegaba casi hasta sus tobillos. Y esto sería completamente normal para mí, aunque si fuera extraño. Pero lo que me hizo temerle, lo que me hizo tener un miedo profundo de que esa persona se acercara hacia mí. Sus brazos eran anormalmente grandes o sea bastante largo. Las palmas de sus manos llegaban muy por debajo de su rodilla, casi a la mitad de su pantorrilla. Pero, para mi desgracia, el despachador todavía no se detenía y este hombre se acercaba cada vez más y cada vez más y por su trayectoria se veía que venía directo hacia mí. Yo no pude más. Simplemente caminé dejé ahí al despachador y me metí al auto. Cerré con seguro y este hombre llegó hasta la ventana de mi auto y le dio toques hacia mi ventana para llamarme atención. Yo volteé y lo vi Este hombre simplemente se quedaba mirándome a lo que después me dijo de manera muy lenta, era como si hablara, de manera muy lenta, como si como si estuviera cansado. Él me dijo que viniera una moto y que su moto había tenido un fallo y que se encontró detenida a algunos kilómetros hacia atrás, que si, por favor, también podía salir de él el auto, ya que necesitaba de mi ayuda para llevar gasolina. Yo le dije que no podía, que me sentía muy apenada, pero que no podía, que me dirigía hacia un lugar y iba a llegar tarde, pero que ahí estaban los muchachos de la gasolinera y que ellos lo podían ayudar. Este hombre después de esto no me dijo palabra alguna. Se retiró simplemente y se quedó parado atrás de mi coche, a ver, no exactamente parado atrás, sino unos cuantos metros, pero atrás de mí. Estaba ahí simplemente parado observándome Yo estaba esperando a que se alejara, pero no lo hacía. Y si bien estaba a unos cuantos metros de distancia, yo estaba haciendo cálculos, pero no o sea en lo que yo salía. Le quitaba la mangara al coche y me volví a subir a mi auto. Era tiempo suficiente para que este hombre me alcanzara y sentía muy dentro de mí que eso era lo que quería. Quería que me bajara. Yo continuaba mirando la bomba y vi que marcaba que ya estaba lleno, que ya el despachador se había detenido de una forma cobarde, podrían decirlo, pero yo digo que fue lo más inteligente manteniendo el seguro en todas las puertas. Me pasé lentamente y como pude hacia la parte de atrás, bajé el vidrio, no sin antes no quitarle la mirada de encima a ese hombre que se encontraba todavía parado. Lo fui bajando. Lo fui bajando y por este saqué mi mano y aunque me costó trabajo, logré quitar la manguera, pero obviamente no pude ponerla de nuevo en su lugar, por lo que simplemente la dejé tirada. Subí de nuevo el vidrio y me pasé de nueva cuenta a enfrente. Traté de arrancar mi auto, pero no podía. El auto no reaccionaba. El auto no reaccionaba, no arrancaba. Por más que intenté. Intenté una y otra y otra vez y nada y, para mi desgracia, otra vez tocaron a mi ventana. Era el mismo hombre que Ahora me dijo que se necesitaba ayuda, que él me podía ayudar, pero que saliera del auto para poder ayudarme, para poder arrancar el auto. Yo de nueva cuenta le dije que no, que yo iba a solucionarlo, pero que, por favor, se alejara. Este hombre me esbozó una sonrisa y en esta sonrisa pude ver que no tenía dientes. Era como las sencillas de algo putrefacto. Sus sencillas eran completamente oscuras y de estas encías salían lo que yo interpreto como alfileres. No eran colmillos, eran más chicos y mucho más delgados. A pesar de tener el vio hasta arriba, a pesar de tener por así decirlo, protección o una barrera que nos distanciaba, me llegó un olor putrefacto, un olor a descomposición. Tan solo cuando ese hombre sonrió otra vez alejos de la ventana, pero esta vez menos ahora se encontraba simplemente como a dos metros de mí. Yo no hallaba escapatoria, así que empecé a tocar el claxson o una y otra vez a tocar el claxon, a hacer movimiento, a tratar de llamar la atención y, por suerte, funcionó tan pronto. Volteé hacia la tienda para ver si alguien me estaba observando, y sí, los dos chicos estaban en la ventana observándome en ese momento les hice una seña con la mano que, por favor, vinieran, aunque claro se los hice de una manera muy volátil, muy muy desesperada para que salieran. Cuanto antes. Los chicos salieron y me preguntaron si necesitaba ayuda. Yo les dije que sí y que un hombre se encontraba cerca acosándome. Ellos simplemente se voltearon a ver uno al otro y voltaron a ver a muchos lugares, yo igual como loca, tratando de buscar a ese hombre, ese extraño hombre, pero no había nada. Había desaparecido. Los chicos le dieron una energía a la pila de mi auto y solamente de esa manera volvió a arrancar. Los chicos no supieron explicarme quién era ese hombre, pero que no era la única que lo había visto. Ellos llevaban tiempo trabajando ahí Habían visto varias clientes y, sobre todo, compañeras de ellos empleadas de esa misma gasolinera, decían haber visto un hombre con las mismas características que yo les estaba dando en esa noche. Pase. Resulta que, al parecer, este extraño sujeto solamente se les aparece a las mujeres cuando están solas, como les había pasado a sus compañeras, o cuando también están viajando solas por la carretera. Es muy extraño, pero ellos me dijeron que sí, que había varias mujeres que lo habían visto y de la misma forma. Por suerte, hasta ese momento no había logrado que ninguna de ellas se bajara del auto o salir de la tienda, como en el caso de sus compañeras. Yo pienso que tal vez sí lo ha logrado, pero obviamente las que se bajan no están aquí para contarlo. Creo que es un ente paranormal, ya que esas características, como yo lo vi eso me queda más que claro que no es humano. Gracias por escuchar mi experiencia. Espero les haya gustado a todos y le mando saludos a toda la comunidad de la cripta desde California o la saludos a todos. Mi nombre es Willy y lo que les quiero contar a continuación. Fue una experiencia que tiene poco de haberme pasado. Me sucedió en el mes de diciembre del año anterior. Yo trabajo como despachador de gasolina, pero no es una gasolinera que se encuentre céntrica. Es una gasolinera de esas que se encuentran a las afueras de mi localidad. Es una gasolinera de las que, comúnmente se dicen pasan muchas cosas extrañas, ya que se encuentra algo retirada a un lado de la carretera. Si bien no hay muchos clientes como los tendría una gasolinera céntrica o que está en alguna colonia. La verdad es que me gusta mucho. Es muy tranquilo y los clientes, por alguna razón, siento que son más amables. En fin, lo que me pasó fue durante la noche. Llegó una camioneta, una camioneta muy bonita, muy lujosa. De esta se bajó un hombre iba muy bien vestido, por lo que pensé en un principio que a lo mejor se trataba de un hombre de negocios, un empresario. Me pidió la gasolina y después de esto caminó hacia la tienda. Iba a comprar algunas cosas. En fin, en el tiempo en el que iba y venía era tiempo suficiente como para llenar el tanque. Esto a la parte también, pues que no había nadie. Era el único cliente que había, por lo que no había prisa en lo que estaba llenando el tanque. Me percaté que algo se movía en los asientos traseros y al ponerle un poco más de atención, me di cuenta que se trataba de un niño, un niño que de seguro aunaba entre los cinco años, no mayor a seis. Pensé que tal vez venía con su madre, así que no le presta atención, pero este niño bajó el vidrio y me empezó a hablar. En ese momento me di cuenta que lo habían dejado solo. Tal vez el que había venido era su padre, pero el niño se encontraba solo adentro de la camioneta. Él empezó a decirme un par de cosas, a preguntarme mi nombre y en fin empezamos a platicar. Yo tengo dos hijos y estaban casi en el mismo rango de edad que este niño. Conforme íbamos platicando, nos hicimos por así decirlo amigos del momento. Este niño bajó sacó un juguete, un juguete diminuto. Yo creo que sería uno de esos juguetes que uno se encuentra en el huevito de Kintar sorpresa y me lo dio yo al principio no quería aceptarlo, pero después de tanto insistir que simplemente lo viera. Yo lo tomé, empecé a verlo y en ese momento se llenó el tanque yo retiré la manguera. La puse en su lugar y después, cuando volteé me di cuenta que el vidrio de la ventana estaba subido hasta arriba. El niño ya no se encontraba ahí. Yo pensé en ese momento que seguía dentro de la camioneta porque el vidrio se encontraba polarizado. Empecé a tocarle con mi puño. Así leves golpecitos para que bajara el vidrio y darle de nueva cuenta a su juguete. Yo no me lo quería quedar aparte. Era un juguete para niños para que le iba a ocupar yo en ese momento estaba llegando justamente a su padre. Yo me la acerqué a él y le dije disculpe. El niño que viene con usted me dio este juguete. Yo no lo puedo aceptar. Hace que se lo quiero devolver, pero no baja la ventana. Él se me quedó mirando simplemente y después me preguntó cómo es que se llama el niño. Yo le contesté que Víctor ese era el nombre que el niño me había dado que así se llamaba el padre. Simplemente tomó el juguete de mis manos y lo empezó a ver. Esbozó una sonrisa y y después me ono entrego de nuevo. Este hombre se dirige a su camioneta, abre la puerta, mete lo que había comprado y después me dice lo siguiente. Mira muchacho. No te quiero espantar y es más, te voy ir adelantando de una vez que no tienes por qué estar asustado. No hay motivo para estarlo, pero yo vengo solo. No viene nadie conmigo, al menos nadie que ahora tú puedas ver bajo las ventanas de su coche y, efectivamente, no vine a nadie ni en los asientos traseros, ni delanteros ni en la cajuela. Yo estaba sorprendido y antes de que yo pudiera decir algo, este hombre me dijo que Víctor se trataba de su hijo, pero que, desgraciadamente había fallecido y ya hacía ya más de cuatro meses. De eso me dijo que Víctor a veces se les aparece a un cierto grupo de personas y que le da gracias a Dios de que cada vez que sale así a una ruta o va a salir fueras. Siempre su hijo lo acompaña de alguna extraordinaria manera. Desde que su hijo falleció y lo acompaña en el carro, él jamás ha vuelto a tener ningún percance, no lo han chocado ni ha tenido ningún accidente vial. Las personas que logran ver a Víctor son personas que les tiene preparado un buen futuro, al menos a corto plazo. Dice que lo han visto sus parientes de él los parientes de su esposa, pero que hay otro grupo de personas que lo ven y tienen contacto con él. A estas personas que a veces Víctor les da una prenda chiquita o un juguete así pequeño como a mí me lo dio, les pasan cosas muy buenas. Mejora su vida, al menos en los próximos días. Me dijo muchacho, al menos en estos tres días que vienen. Créeme quédate con ese juguete que te dio. Mi hijo te lo dio de buena fe. Él es un angelito y te va a ayudar en tu vida. Créeme que lo vas a notar. Este hombre se fue y yo me quedé confundido, no con miedo, pero sí tratando de procesar todo aquello que este hombre me había dicho. Sorprendentemente, les tengo que decir que mi vida sí mejoró algunos inconvenientes que tenía se solucionaron por sí solos y mi padre, que en ese momento se encontraba mal de salud, se mejoró de la noche a la mañana. Es decir, no es como si Víctor me hubiera arreglado la vida prácticamente, pero sí tengo que decir que ese niño me ayudó por lo menos en unos problemas que tenía en mi vida. Hay algunas almitas como las de este niño que son Buen augurio. No todos los fantasmas hacen daño o hacen el mal o te asustan. Hay algunos como este que te ayudan. Nunca olvidaré esta experiencia, aquel rostro dulce e inocente de este niño hola a todos. Mi nombre es Nelson Guzmán y mi experiencia comienza como una tarde normal o bueno. Cabe decir que para mí normal, dentro de lo que cabe. Yo soy taxista, pero también soy sepulturero trabajo en el cementerio, pero solamente me hablan cada vez que va a haber alguna sepultura también de diferentes cosas de mantenimiento. Respecto al cementerio, no voy todos los días, pero ocasionalmente les tengo que decir que, al pasar de los años, he enterrado a variedad de personas, abuelitos, madres, padres. Pero lo que más duele e incluso para mí que en la mayoría de ocasiones soy alguien totalmente ajeno a la familia, alguien que no los conoce, pero siento su dolor. Lo que más duele, y les puedo asegurar esto es cuando padres entierran a sus hijos, se oyen los gritos desgarradores de la madre y el padre igualmente no encuentra consuelo claro y creo que es de pensar cuando un hijo fallece sobre todo. Si es alguien joven, tenía toda una vida por delante. Creo que los padres jamás figuran hacia sus hijos, la mayoría de ellos. Es más, creo que todos piensan que sus hijos serán los que los van a enterrar, pero algunas ocasiones no sucede así, y ese es el caso que les quiero platicar en esta ocasión. Sabía que este entierro iba a ser algo duro e incluso para mí, para mi compañero, porque se trataba de un joven, un joven de apenas catorce años, el cual íbamos a sepultar aquella vez como era de esperarse, Los padres estaban al frente, habían pasado el velorio por alguna extraña razón. El sacerdote no había llegado, por lo que las oraciones se las dio otro sacerdote de ahí. Pero no estoy muy seguro si va en categorías, pero El caso es que ese señor todavía no era un sacerdote como tal al cabo y todo se llevó a cabo el rey eso y después el entierro, pusimos el ataúd y lo fuimos bajando a base de unas poleas que teníamos yo y mi compañero, y cuando le íbamos bajando, nos percatamos de algo. Y es aquí lo extraño, porque no solamente fui yo, sino que también él. Empezamos a sentir vibraciones en el ataúd, pero no vibraciones lentas o pequeñas o leves eran vibraciones fuertes, como que de algo que estaba dentro, que se movía, que se movía y que después empezó a golpear la puerta del ataúd. No nos conformamos solo con sentir, sino que también volteamos y pusimos la mirada en aquel ataúd. Nosotros vimos claramente mi compañero y yo que la puerta de la taúd se estaba moviendo. Era como si alguien la estuviera golpeando de adentro hacia afuera una vez y otra vez y otra vez. En ese momento, la madre dijo que paráramos que, por favor, ya no lo enterraran, que ella veía que su hijo se estaba moviendo. Nosotros, obviamente, nos detuvimos porque también lo estábamos viendo, pero el padre se nos quedó mirando y dijo, por favor, ya entiérrenlo. Por favor, bájenlo. Nosotros nos continuamos viendo entre sí, ya que estábamos viendo. Nuestros ojos eran testigos de que la taúd se estaba moviendo. En ese momento, la madre se tironea de los brazos del padre. Basta el ataúd lo abre la fuerza. Yo paso a ayudarle. Dejo a mi compañero solo con el peso, algo que no debía de hacer. Pero al abrir el ataúd lo vio y con mis propios ojos. Era el cadáver de un muchacho, un muchacho de catorce años y pero estaba inerte, no se había movido, no tenía los ojos abiertos. Es más, la piel incluso ya estaba pálida. El maquillaje que le ponían estaba perdiendo su afecto. Ya la madre todavía se va sobre él empieza a llorar y el padre la retira y por si no fuera poco, me lanzo unos ojos de que por qué yo le seguía el juego, de que todo esto solamente lo hace más difícil para ella. Yo no sabía cómo explicarle al resto de personas que yo también y mi compañero también habían visto que estaban golpeando la tabú desde adentro y no solamente nos quedamos en verlo. Nosotros dos sentimos las vibraciones. En fin, para no quedar mal, volví a mi puesto y bajamos el ataúd pol poco a poco y cuando le estábamos echando tierra aún todavía hasta este punto estábamos escuchando los golpes, golpes que provenían desde el ataúd, como si alguien desesperadamente nos estuviera pidiendo que lo sacáramos. Esta fue la parte más traumática para mí que todavía no me puedo sacar de la cabeza, porque yo lo estaba enterrando. Sentí muchas veces la necesidad de entrar al hoyo y abrió el ataúd, pero sabía muy bien con lo que me iba a encontrar con un simple cadáver. Fue una parte muy difícil para mí, no solamente para mí, sino también para mi compañero que mientras estábamos enterrándolo, nos mirábamos mutuamente, ambos escuchábamos lo mismo. Pasó el tiempo y cuando llegó el padre, fue hasta la tumba de esta muchacho lo persinó y rezó por él. Y nunca se nos va a olvidar lo que nos dijo a nosotros, ya que nosotros dos éramos los únicos presentes, ya que quedaban alrededor de la tumba, ya era de noche, había familiares, claro que sí, pero ellos ya se encontraban retirados casi casi en la puerta del cementerio. Este sacerdote nos dijo lo siente en verdad es por eso de sus caras. Yo ya lo he visto algunas otras veces y es bastante triste. Este es un muchacho joven no sabe ni siquiera que está en otro mundo. Algunas veces y más las almas jóvenes que no han vivido lo suficiente o que se van con muchas ganas de vivir la vida son a las que más les cuesta retirarse. Están muy aferradas a la vida y con justa razón, no tuvieron un tiempo de vivirla. Y después nos preguntó que qué era lo que habíamos visto. Mientras lo estábamos sepultando, nosotros dos le dijimos que habíamos escuchado cómo golpeaba desde dentro del ataúd este sacerdote simplemente inclinó su cabeza. Sintió mucha pena por el chico, pero le dio más oraciones y habló solo con él. Creo que durante una hora y media o dos horas, el sacerdote fue el último, que se fue del cementerio. Cuando nos acercamos de nueva cuenta la tumba por debajo de esta ya no se escuchaba nada, solamente silencio. Ah porque se me había olvidado mencionar que aún cuando tenía tierra encima y cuando los familiares estaban dando el pésame a la familia ya retirados algunos yéndose, se podía escuchar todavía muy levemente y si ponías atención los golpes que provenían desde el ataúd incluso con la tierra encima, se podía escuchar. Cuando nos acercamos por la noche, estos ya nos escuchaban. Espero que ese joven haya encontrado la paz y también la luz para que llegue a su descanso eterno. Espero les haya gustado mi historia. Saludos a todos los que mi nombre es Juan Domínguez y lo que les quiero contar a continuación. Me pasó en el mes de diciembre. Yo tengo ciertos días, ciertas temporadas, ya que soy un hombre mayor a los sesenta años en los que me desempeño como sepulturero soy una persona ya pensionada, así que esto lo hago para ganar un poco más de dinero. Verán ahí me hace un llamado el cementerio y me pregunta si estoy libre para llevar a cabo un evento, un evento que significa prácticamente un entierro. Yo estaba libre, así que me dirigí al cementerio. En este cementerio hay una capilla, una capilla que, a decir verdad, es muy grande. El cementerio en general es muy grande. Es un cementerio municipal y se encuentra en una zona de esta ciudad. Esta capilla pertenecía a una familia muy pudiente. Era una de esas familias. Con dinero han comprado varios espacios, habían diseñado lo que se podría decir una cripta y en ella iban enterrando a los familiares. Algunos de estos espacios ya estaban ocupados. Claro pero la mayoría no estaban ocupadas. Había dos secciones, una sección, podríamos decirlo a nivel del suelo, y otra sección que iba más abajo como un sótano. Es increíble que personas de veintitantos años ya tengan su espacio en el cementerio, sobre todo personas con mucho dinero ya tenían incluso su espacio ahí guardado. En fin, se me dio el llamado y me dijeron que iban a enterrar a esta persona en la parte de abajo en el sótano. Todo esto pasaría al día siguiente, ya ya aquí que la persona llevaba fallecida hace apenas unas horas de ese mismo día, en lo que se hace su velorio, sus rezos iban a sepultarla el día de mañana y se me dio como encargo preparar la lápida, preparar el lugar a grandes rasgos. Yo fui quité el candado abrí esta cripta y empecé a meter mis utensilios y en determinado momento, sin que yo me diera cuenta, me encontré con una señora. Esta señora se encontraba en el sótano de esta cripta de pie, enfrente del lugar donde se suponía la persona que había fallecido. Iba a ocuparla. Yo me sorprendí un momento, pero inmediatamente le pregunté si tenía algo que hacer ahí, si venía a achicar algo. Algunos familiares vienen al cementerio a checar los lugares, a checar cómo se iba a llevar a cabo el entierro. Pero ella no me respondía. Era una señora que creo incluso mayor que yo como de algunos setenta y tantos años, pegándolo ochenta años, por su expresión, por su piel, por su forma de caminar, más o menos, era lo que yo tanteaba en su edad. Ella no me dijo nada hasta después de unos minutos simplemente me dijo lo siguiente. A mí jamás me ha gustado este lugar. Siento que es muy oscuro y en este momento casi no veo nada. Le puedo pedir un favor. Cuando traigan el cuerpo, puede poner algo de luz, algo de velas, algo de antorchas por ambos lados de la lápida. Es un favor que se lo pido. Podría yo le contesté que claro que sí, que no había ningún problema y antes de que continuara la conversación, porque era más que obvio que esta señora era familiar de la persona que había fallecido, salió de la cripta, así como súbitamente se había metido y sin yo percatarme de que se había metido, ahora se había ido. Yo estaba sorprendido, en cierto modo, porque cuando estaba haciendo los preparativos. Recuerdo que había quitado el candado de esta tumba. Con ese candado la puerta estaba cerrada. Con esto nadie había podido entrar claro. Una vez había abierto la puerta. Fui al almacén, traje mis cosas y me metí y esta señora ya estaba dentro. Hay un margen de algunos cuatro minutos, cinco minutos a no ser que esta señora me estuviera viendo desde la distancia. No hay una forma de que entrara tan rápido o al menos más rápido que yo en aquella ocasión. En fin, ya no le presté mayor atención a estos detalles y comencé a hacer mi trabajo. Al día siguiente se llevó a cabo el entierro y, como se tiene de costumbre, el ataúd se encontraba abierto para que las personas se pasaran a despedir del difunto. Cuando yo me acerqué a este más que nada para cerrarlo y después meterlo a esta lápida que se encontraba en la pared y después sellarlo. Me di cuenta que el cuerpo que se estaba enterrando en aquella ocasión era el de la señora que había ido un día antes a este cementerio. Era la misma, la misma cara e incluso llevaba la misma ropa puesta un vestido blanco muy formal, muy costoso. En ese momento caía en cuenta lo que me estaba pidiendo. Esta señora pasaba la ley de lo normal. Ella prácticamente vino a ver su tumba y a decirme que le colocara algo de luz. No sé qué es lo que pasa después de que morimos, pero hay algunas personas que tal vez no soportan ese camino. Requieren algo de ayuda de los vivos y, claro para que no se queden con la duda, por supuesto, que le puse luz a aquella señora y espero que ésta le haya ayudado para pasar al siguiente plano, para hacer su recorrido y por fin descanse en paz. Mi nombre es Vianey Hernández y lo que les quiero contar a continuación le sucedió mi abuelo allá en la lejana década de los ochenta. Mi abuelo durante un buen tiempo. Creo que desde los treinta años hasta que pudo fue sepulturero. Trabajó entre cementerios diferentes. En estos tres desempeñaba varias obligaciones. Se podría decir que era sepulturero y a la vez también velador del mismo cementerio. Era un velador que cada vez que alguien fallecía y era enterrado en este cementerio, él desempeñaba las actividades de un sepulturero. Tristemente, mi abuelo dice que vio a muchas personas conocidas entrar al cementerio, algunas de avanza de edad y otras muy jóvenes. Pero la historia que les quiero contar a continuación sucedió en su primer desempeño, como sepulturero en un cementerio. Este cementerio fue de su natal pueblo. Pero antes de comenzar la historia, les tengo que contar algo que sucedió antes de esto para que sirva como una introducción de la misma verán en aquel pueblo. Mi abuelo y todos los habitantes de ahí conocían a una señora. Esta, señora de nombre Silvia, se decía que era una bruja, una bruja no particularmente de las buenas. De hecho, se decía que si tenías problemas con otra persona y querías hacerle mal, pero no un mal podríamos decirlo un mal pequeño algo ordinario. Esta no era la persona correcta. Silvia se encargaba de hacer conjuros o trabajos, pero trabajos muy pesados. Ese tipo de embrujos, que le ocasiona mucho mal a sus víctimas, se ganó el desprecio del pueblo, aunque muchos de ellos no eran transparentes respecto a esto. Si bien casi en el pueblo no la querían, tampoco era como que la menospreciaran. Aparte, Silvia tenía dos amigas en el pueblo, dos amigas muy allegadas a ella. Estas dos señoras y Silvia eran amigas desde hace muchos años, pero al llegar cierta edad y también ciertos problemas, la amistad entre estas tres mujeres se disipó por completo. Habían salido enojadas las tres, particularmente contra Silvia. Mi abuelo no puede dar detalles respecto a esto. Él no conoce al cien por ciento qué fue lo que pasó solamente chismes. Se decía que Silvia se había metido con el esposo de Amba, se decía que había hecho unos trabajos en contra de ellas, etc. Etc. Muchas explicaciones, muchos chismes que se decían, pero lo que sí era evidente es que ya no eran amigas. Estas señoras no se comportaron muy bien con Silvia. Es más, empezaron a decir chismes de ellas. Muchos de estos se comprobaron que eran falsos, empezaron a arruinar su reputación. Y esto les funcionó porque al paso de algunos tres años, cuatro años, habían infundido, por así decirlo, un odio en contra de Silvia, que ahora en el pueblo ya no se le decía Silvia. Si no se le decía Silvia, la bruja así despectivamente, incluso lo decían enfrente de ella, cosa que jamás pasaba anteriormente. Al pasar el tiempo extrañas cosas le pasaron a estas dos mujeres. A una de ellas tristemente perdió a su esposo. No se sabe qué fue lo que lo atacó, pero se sabe muy bien que fue un animal. El cuerpo de su esposo fue encontrado a orillas del río. Este había fallecido debido a que había perdido mucha sangre. Tenía su ropa rasgada, varias mordeduras en todo el cuerpo y era imaginable que un animal salvaje o tal vez varios lo habían atacado. Por otro lado, la otra amiga de Silvia empezó a tener problemas, pero con su hijo, su niño, empezó a tener ciertas pesadillas, empezó a ver ciertas sombras, ciertos animales que lo acosaban. Al grado de que este niño, un niño perfectamente normal, empezó a perder la cordura. Fue a reclamarle varias veces a la misma casa de Silvia. A todo esto, incluso estas dos amigas llegaron hasta la agresión física. Pero al fin y al cabo, y para no hacer más larga la historia, esta amiga decide irse del pueblo, mientras que, por otro lado, la otra, la otra mujer que había perdido su esposo, no soportó la pérdida. Y esto a la parte que no tenía niños, ella terminó por quitarse la vida. También no se sabe si ella se aventó o lo planeó todo, pero su cuerpo fue descubierto al lado del río ya sin vida. No se sabe cómo ocurrió, pero se encontró más o menos a la misma distancia de donde se había encontrado el cuerpo de su marido. Después de ver cómo es que habían acabado estas dos mujeres, no es difícil de pensar que todo esto todas estas extrañas cosas que les habían pasado. Todo el pueblo pendo pensó que esto era obra de Silvia, que ella de seguro les había hecho trabajos y habían resultado. En eso. Cabe recalcar que Silvia no era conocida muy bien por ser una buena persona, así que esto era fácilmente predecible. El tiempo pasó y con ello el desprecio de los habitantes hacia Silvia, si bien ya no eran tan despectivos como antes. Muchos de los habitantes la odiaban, pero también aún más le temían, le tenían miedo, no querían acabar como habían acabado sus amigas. Por ende, mantenían su distancia. Silvia seguía teniendo ciertos clientes, pero ya no se hablaba con nadie en el pueblo. Se dejó de ver en las plazas, en los lugares comerciales. Simplemente iba compraba la comida y se regresaba a su casa, una casa que, se tiene que decir, estaba muy apartada del pueblo. Los años pasaron y la vejez la llegó cada vez más a Silvia e inevitablemente un día falleció. Pero como si su historia no fuera lo suficientemente tétrica o triste, como se le quiera ver, su cuerpo no fue hallado hasta después de dos días, Y esto porque los veladores se les hacía raro que no estuviera en su casa. Los veladores era, por así decirlo, los únicos con los que tenía un contacto. Al hablar con personas del pueblo, ella les daba dinero y de paso, pues preguntaban cómo había pasado la noche y la tarde. Al momento de que estos veladores no la vieron salir de su casa, se metieron un poco a ella y el edor, el olor a descomposición de un cuerpo humano. Ese edor les pegó de golpe. Encontraron el cuerpo y dieron el aviso a las autoridades pertinentes y todavía se tardaron dos días más en sepultarla. Mi abuelo estuvo presente cuando la sepultaron. De hecho, él fue quien la sepultó. Quienes estaban pagando al menos en un principio, no se reconocieron ni como primos, ni como hermanos ni como primos lejanos tíos. Nada de Silvia. Sabían que eran familiares, pero mi abuelo nunca se enteró qué parte o de qué parte de la familia venían. Simplemente vinieron la enterraron en ese cementerio. Solamente dos personas estuvieron ahí. Nadie del pueblo quiso asistir. De hecho, algunos se alegraban de que había fallecido. Su entierro. Fue algo muy pero muy muy humilde. Fue un ataúd de madera de los más económicos que vendía el carpintero del pueblo y ni siquiera tuvo lápida, tan sólo la aventaron tierra y escombros encima y una cruz de madera que tiene el nombre de Silvia y los años que había vivido simplemente y es en este punto una vez dando esta introducción para que ustedes entiendan que comienza la experiencia que vivió mi abuelo desde la primera noche. Todo fue de mal en peor. Mi abuelo empezó a sentir miedo, un miedo que no sabe explicar él hasta ese momento, ya llevo trabajando de sepulturero y también a la vez de velador algunos cuantos años, ya por lo que no era algo de él, algo común tener miedo en la noche, tener miedo a salir a recorrer las tumbas algo que claro cabe destacar era muy habitual. Él lo hacía de vez en cuando, incluso para estirar sus piernas. No era de estas personas que sobrepensaba todas las situaciones y y creía que iba a haber fantasmas o demás cosas. No era de esas personas. Así que, tomando su machete y tomando su linterna, empezó a recorrer las tumbas hasta que llegó a la tumba de Silvia, y fue en ese preciso momento que la vio. Vio una silueta, la silueta de una mujer sentada sobre la tumba de Silvia, sentada en la tierra, sentada en el escombro que la habían echado. Esta silueta era muy evidente, e incluso en la noche se le podía ver claramente. Obviamente, mi abuelo, al querer al usarla, puso su linte enfocada en aquella persona. Él pensó que alguien se había metido al cementerio y más concretamente en la tumba de Silvia, pues si ella es bruja, de seguro, algunas otras brujas en el pueblo querían hacer trabajos. Y pues la tumba de una bruja es un buen lugar para empezar a hacer este tipo de trabajos. Pero cuando él intentó al usarla, la linterna falló. Mi abuelo explica que era como si le faltaran baterías de un momento a otro. Simplemente no alusó nada, pero la silueta continuaba sentada y mi abuelo, en ese momento desenfundó el machete que tenía y al momento de que iba a acercarse esta silueta se levantó y comenzó a caminar y a caminar. Pero al ponerle más atención, mi abuelo se percató de que esta silueta de que esta persona cojeaba y cojeaba exactamente como lo hacía Silvia. Ella tenía un problema en el pie, por lo que su caminar era bastante característico, un caminar que reconoció mi abuelo aquella noche. En ese momento, él cayó en cuenta de que no está frente a una persona, no está frente a una aprendiz de brujería. Él calle en cuenta que está enfrente del fantasma de Silvia o de lente de Silvia. Él enfunda de nuevo su machete y pasa a retirarse, pero caí en cuenta en algo. Mi abuelo es muy religioso y cree que él tenía el presentimiento de que nos podemos comunicar con los muertos e incluso de la manera más simple que es el el habla. Mi abuelo se acercó de nueva cuenta al pasar algunas dos horas hasta la tumba de Silvia. No se acercó mucho, simplemente unos cuantos metros y le dijo lo siguiente mira Silvia. Yo no te voy a molestar ni quiero molestarte. Simplemente déjame hacer mi trabajo tranquilo. No me voy a acercar a la tumba, pero tú tampoco te tienes que acercar a mí. Yo te respeto tu espacio y respétame el mío. Esto además de otras cosas que le dijo, obviamente todo con mucho respeto. Mi abuelo explica que dejó de ver aquella silueta, pero algunos días la veía y otros días no. Pero Silvia respetaba aquel trato que habían tenido. Cuando aparecía, lo hacía simplemente sentada arriba de la tumba y luego sin más desaparecía. Obviamente, mi abuelo esto se lo reservó. No se lo dijo a nadie. Ya había solucionado, por así decirlo, este problema con Silvia, así que ya no le prestó importancia Pero, por otro lado, el señor que vigilaba el cementerio durante el día, esto él no lo sabía pase y resulta que alrededor de la tumba de Silvia estaba creciendo un cierto rosal con espinas, espinas muy grandes y muy filosas. Estaban enrollándose unas con otras y habían crecido en muy poco tiempo. Habían crecido mucho. Las personas que visitaban el cementerio en el día se quejaban de esto más que nada, porque la tumba de Silvia se encontraba en uno de los sitios que era donde comúnmente pasaban más personas. Obviamente, muchas de ellas empezaron a espinarse, empezaron a reclamar y el guano del turno del día se puso manos a la obra. Fue a la tumba de Silvia y empezó a cortar estos rosales a punta de machete. Acabó con todos los embolsó y después los tiró. No tenía ni idea de que había cometido un gravísimo error, Y es que al día siguiente, cuando mi abuelo lo estaba esperando para cambiar el turno, este nunca llegó. En lugar de eso llegó su esposa y su hijo mayor. Parece ser que a este hombre lo habían atacado durante la noche, lo habían atacado incluso cuando estaba dormido. Había despertado con rasguños, algunos más profundos que otros, alrededor de todo el cuerpo, a su espalda, a su pecho, sus piernas, había sido rasguñado completamente. Nadie se había dado cuenta, ni sus hijos, ni su esposa, ni siquiera él mismo. Él simplemente argumenta que tan pronto él despertó los ojos, como lo hacía cada mañana. Empezó a sentir un ardor y empezó a sentir un dolor incomparable en todo el cuerpo, un dolor aberrante en todo el cuerpo. Todos eran rasguños de lo que parecían ser uñas, uñas de un humano. Estaban reflejados. Se podía ver los cinco dedos de una persona humana, no de un animal. El hijo de este hombre se quedó a cuidar el turno. Pero claro, mi abuelo se quedó con él medio tiempo y le dio advertencia, una advertencia que el joven, por suerte, siguió al pie de la letra y es no te acerques a esa tumba por más de que quieras o por más de que te tientes no te acerques a esa tumba por suerte, siguió este Consejo. Al regresar a este hombre, mi abuelo se sinceró con él y le platicó todo lo que había vivido durante la noche ambos llegaron al acuerdo dejan más acercarse de nuevo a esa tumba y así lo mantuvieron. Incluso cuando los pagos de esta tumba se retrasaron y mandaban a que se sacara el cuerpo, ellos dos se negaron a hacerlo. Es decir, si Silvia te arañaba durante la noche tan sólo por cortar sus rosales que crecían a un lado de su tumba, qué crees que esta brujaría si es que la sacaban De ahí. Obviamente, esto nunca lo hicieron. A principios de los años noventa, este cementerio se movió muchos de los cuerpos, los cuales no habían pagado. Los familiares se tiraron a la fosa común. Mi abuelo nunca se nunó, pero qué fue lo que pasó después de esto con el cuerpo de Silvia, con su tumba. Y es algo que también no se quiere enterar les mando saludos desde Coahuila. Gracias por escuchar mi experiencia