RELATOS DE MIGRANTES Y MAS HISTORIAS DE HORROR / MARATON DE RELATOS NUEVOS / L.C.E.

En este episodio de maraton de horror seras aterrorizado por diferentes relatos de horror nuevos que han llegado al canal. Desde relatos de migrantes hasta experiencias paranormales de forenses.
Mi nombre es Enrique Sotelo. Esta experiencia vine de parte de mi padre. Mi padre hace como unos ocho o diez años trabajó en los Estados Unidos. Trabajó mucho tiempo allá. Con el dinero que ganó, nos hizo una casa y nos dio estudios a mà y a mis hermanos. Esto no siempre fue asÃ. De hecho, antes de que yo naciera, él estaba trabajando aquÃ, en México. TenÃa un cierto temor a irse a los Estados Unidos, sobre todo por algunas ciertas historias que se contaban. No eran historias paranormales, no eran historias sobre fantasmas, sino historias prácticamente de tragedia. Algunos migrantes no lograban llegar a los Estados Unidos. Muchos de estos perecÃan y todavÃa lo siguen haciendo en el transcurso de este camino. Pero a pesar de esto. Mi padre era amigo de otras personas que sà se habÃan ido, como popularmente se dice, de mojados. Ellos habÃan llegado a Estados Unidos y les habÃa ido relativamente bien. Uno de ellos le habÃa dicho a mi padre que habÃa conseguido un muy buen trabajo y que no solamente eso era una buena noticia, sino que estos empresarios que eran del campo ocupaban a más personas, pero no querÃan meter cualquier persona, querÃan meter amigos o familiares de los mismos empleados que ya tenÃan. Por su parte, ellos no tenÃan ningún problema, que estos empleados fueran de otra nacionalidad y no tuvieran documentos analizando la paga, mi padre vio que era una buena oportunidad, asà que se alistó, ahorró dinero y comenzó con el viaje. Se tiene que decir que tres amigos de él habÃan ido los Estados Unidos, pero solamente dos habÃan conseguido llegar. Uno de estos amigos habÃa fallecido en el camino. Mi padre dice que se enteró del fallecimiento de su amigo por parte de la familia. El cuerpo habÃa sido encontrado y debido a las condiciones en las que se encontró el cuerpo, no pudieron mostrárselo a la familia. Solamente lo reconocieron por por por tatuajes, por las credenciales que este portaba y también por otras pertenencias que se le habÃan encontrado. Pero, sin embargo, el cuerpo no lo pudieron mostrar, sobre todo por la condición en la que se encontraba este amigo, por decir, algún nombre se llamaba Tomás. Se dice que Tomás habÃa sufrido lo que otra gran cantidad de inmigrantes sufren diariamente y es que los abandonan a kilómetros antes de llegar a la frontera o en el desierto. Simplemente se quedan con su dinero y los dejan ahà a la deriva, muchas veces sin saber en dónde se encuentran, si en México o en Estados Unidos. Mi padre iba con la mentalidad muy positiva y pensó que él iba a correr con buena suerte, pero passe resulta que esto no fue asÃ. Mi padre tuvo la misma mala suerte que tomás para no hacer la historia más larga, para no caer en algunos detalles y solamente centrarnos en la experiencia paranormal de mi padre es que él llegó al rÃo Bravo. Prácticamente los habÃan abandonado. Mi padre se encontraba sin dinero, hambriento y con mucho sueño. Ãl recuerda que no habÃa comido cerca de cuatro dÃas, tres dÃas y esos mismos dÃas. Tampoco habÃa dormido, tambaleándose, durmiéndose incluso por minutos mientras iba caminando como si fuera sonámbulo, se adentró en este rÃo y comenzó a caminar en él. Ãl dice que veÃa todo nublado. No sabes si por el sueño o por la ausencia de comida, pero a lo lejos allá donde la oscuridad de la noche le permitÃa ver, porque esto sucede durante la noche, ya que los migrantes decÃan que era el momento oportuno para pasar por el rÃo. Era un momento en el cual la patrulla fronteriza no tiene mucha visibilidad y te puedes ocultar fácilmente. Uno de los tips era que si veÃas una camioneta algún oficial y tú todavÃa te encontrabas en el rÃo. Si tenÃa cierta condición para nadar o para aguantar la respiración abajo del agua, tenÃas que emplearla en ese momento, por lo que de inmediato pensó que se trataba de una patrulla. Inmediatamente se zambulló bajo el agua. Mi padre podÃa soportar ciertos minutos bajo el agua, pero debido al cansancio, debido la hambre, él se estaba desmayando abajo. Ãl no sabe cuántos minutos pasaron, pero no está seguro Si comenzó a perder el aire abajo del agua y a él simplemente no le importó. No tenÃa las suficientes fuerzas para salir a la superficie. Ãl solamente dice que todo se puso oscuro, cerró los ojos y se desmayó. En eso siente que alguien lo carga tomándolo del brazo y del hombro, alguien lo saca del agua. Ãl dice que al voltear la cabeza y mirar a la persona ve que se trata de Tomás, Tomá, su amigo el que supuestamente habÃa fallecido, Ãl lo mira y le pregunta dónde estamos, qué estamos haciendo. Mi padre recuerda perfectamente toda la plática que tuvo con él. Platicaron de cosas de la niñez, cosas de su vida adulta, cosas de su familia. Era como si su amigo de toda la vida lo tuviera enfrente de él. Mi padre recuerda que, a pesar de estar divagando, a pesar de sentirse muy mal en ese momento, él le dice a Tomás oye, pero se supone que tú estás muerto, que acaso no te velaron hace un par de meses en tu casa qué haces aquÃ. Tomás. A pesar de todo, mi padre estaba consciente de que su amigo habÃa fallecido, pero a pesar de que le lanzaba estas preguntas, Tomás no respondÃa. Simplemente se limitaba a cambiar de asunto o cambiar de tema o se reÃa, mi padre salió del rÃo, caminó junto a él en el desierto. Iban caminando, iban charlando en lo frÃo del desierto, cuando en eso Tomás le da una pulsera, una pulsera que era muy caracterÃstica de él. En esta pulsera llevaba un santo, el cual es San Judas Tadeo se la dio a mi padre y acto seguidos siguieron platicando. Mi padre no recuerda en qué punto. Tomás, de un instante a otro desapareció ya no se encontraba caminando al lado de él. Asà de la nada como si el viento se lo hubiera llevado más. Sin embargo, aquella pulsera todavÃa la tuvo mi padre. Ãl aguardó en una caja de madera que él portaba, una caja en la que guardaba ciertas cosas con llave. Esta llave era indispensable para abrir la caja. Mi padre metió una pulsera ahà para guardarla muy bien y al pasar el tiempo, esta pulsera igualmente desapareció. Afortunadamente, mi padre llegó a su destino y con una historia sorprendente la cual contar en aquel momento. Mi padre creyó que esto se trataba de un malentendido de seguro debido a las condiciones en las que él iba habÃa alucinado todo. Efectivamente, alguien lo habÃa ayudado a salir. Pero esa persona tal vez se trataba de un migrante, tal vez de otra persona que él no conocÃa, Pero debido al hambre, debido al sueño, debido a las condiciones tan precarias en las que él iba caminando, a aquella persona tal vez le distorsionó el rostro y creyó que era Tomás. Creyó que Tomás lo estaba ayudando a salir del rÃo. Esto lo pensó mi padre durante un tiempo, como por los primeros seis meses, pero ya ahora, décadas después, él cree otra cosa totalmente diferente. Ãl cree que su amigo perdió la vida en ese tramo y que aquello que sucedió no es otra cosa, sino la última consideración de amistad que tenÃan. Tomás lo ayudó a no perecer en el mismo lugar donde él lo habÃa hecho, ya que, según se dice, muchas almas no abandonan el lugar en donde fallecen. Mi nombre es Camila Gallego. Quisiera contar la experiencia de mi padre. Yo actualmente vivo en Texas. Yo llevo las dos nacionalidades, por asà decirlo. Soy mexicana de parte de mi madre y estadounidense por parte de mi padre. Mi padre se dedica a ser policÃa fronterizo. Lo ha hecho por muchos años y quisiera contarles una de esas experiencias que él ha tenido A lo largo de esos años. Verán hay ciertas cosas que dicen los policÃas fronterizos y también las personas que viven cerca de la frontera entre México y Estados Unidos. Además, está decir que de manera diaria o por ciertas temporadas a emigrantes intentando pasar obviamente algunos de ellos inexpertos, jóvenes, niños, familias que, por desgracia, fallecen en el camino. Mi padre dice que no es raro ver cruces o fotografÃas o pertenencias de alguna persona tiradas en el desierto o lo que es peor, aún incluso se han encontrado restos de lo que serÃa una persona o un ser humano, tanto de niños, mujeres, hombres y también bebés. Es inevitable y debido a esto es que se crea una leyenda o más allá de una leyenda, es un suceso o que prácticamente todos en el cuerpo de policÃa fronteriza vendÃa con dÃa y es el siguiente. Mi padre cuenta que a veces, cuando van en la camioneta o ya sea también en cuatrimotos, ven a lo lejos lo que se podrÃan decir sombras, sombras de personas caminando en el desierto, ya sea de noche, que es cuando más transcurre o de dÃa. Incluso mi padre dice que al ver estas sombras, obviamente él y sus compañeros o cualquier policÃa piensa que son migrantes por obvias razones, tienen que ir detrás de ellos. Las reglas y sus funciones se tienen que catar. Pero pasa algo curioso o mejor dicho, perturbante, que es que cuando llegan al sitio donde se supone habÃan visto a aquella migrantes ir caminando, ya no se encuentra nadie. Estos migrantes desaparecen y después, cuando se disponen a buscarlos, ya sea por los alrededores, haciendo un sondeo en la zona, se dan cuenta que cerca del lugar hay cruces o pertenencias de alguna persona. Estas pertenencias no son nuevas o que se le hayan caÃdo a alguien recientemente. Son pertenencias que llevan mucho tiempo y si bien les va, ya que, como dije antes, a veces se encuentran restos de humanos en las arenas, en las piedras, personas que no aguantaron el camino y terminan falleciendo a mitad de este. No son pocas las veces que a mi padre le ha pasado esto ver entre la noche las sombras de las almas de los migrantes que intentaron cruzar esa frontera Muchos de ellos no llegaron y, al parecer, aún estando en otra vida. Aún asà siguen caminando. Aún asà siguen persistiendo en llegar hasta su objetivo. Sus almas simplemente no descansan. Mi nombre es Enrique. Segura. Esta experiencia que les quiero compartir no es mÃa. Me la contaron hace mucho tiempo, ya provenÃa de un migrante, si bien lo conocà tan sólo unas semanas logré reconocer que cada vez que me la contaba era cien por ciento real Su mirada cambiaba, su voz, cambiaba e incluso también comenzaba a temblar. Empezaré por el principio. Yo soy originario de Reinosa y, como sabrán, ahà los migrantes pasan para cruzar hacia el otro lado, hacia Estados Unidos. Muchos de ellos vienen de otros paÃses, Guatemala, Honduras, El Salvador, etcétera. Como les digo esto ya hace muchos años. Yo en ese entonces era un preadolescente de algunos trece años. Cuando mi madre, junto conmigo, nos encontramos a una familia de migrantes. Les voy a ser sincero. No recuerdo de qué paÃs venÃan, pero su acento se se me hace algo familiar, al guatemalteco. El caso es que los encontramos y estos migrantes tenÃan hambre, habÃan tenido unos dÃas pésimos e intentaban cruzar a Estados Unidos. Mi madre, siendo una señora muy acomedida y en especial, tocándole mucho el corazón, al ver que traÃan niños, ella se ofreció a alimentarlos, le dio comida tanto a la pareja como a los niños y después les ofreció su patio para que acamparan y para que durmieran un par de horas. Nuestra casa no era muy grande, asà que cabÃan mejor en el patio. Esta familia estuvo ahà cerca de dos semanas y en esas dos semanas nos contaron todo por lo que tuvieron que pasar desde su paÃs hasta este. Hubo una historia en concreto la cual me dejó temblando y es que es muy fuerte si te pones a pensarlo bien sucede cuando se encontraban de camino hacia Acá. Hay un tren, un tren que en esos años estaba en funcionamiento e incluso ahora aún sigue estando en funcionamiento. Se le apoda la bestia. Este tren transporta a muchos migrantes. De hecho, hay fotos tanto en Facebook, YouTube, Google en donde pueden ver esto. Muchas familias, niños, abuelos, hombres, mujeres viajan a bordo de este tren, cruzando gran parte de México, más en concreto el sur y parte del centro del paÃs, pues en este viaje, esta persona me cuenta que vivió esta experiencia. Aquà viene un dato perturbador que tal vez a la mayorÃa de las personas no les gusta escuchar. Y es que algunos migrantes, familias completas o algunos jóvenes adultos mayores que no pueden con el viaje, que van cortos, ya sea de comida de dinero, quedan en el camino y, al ser migrantes, al no tener papeles, simplemente se pierden. Esto pasaba incluso a bordo de la bestia. Este hombre cuenta que era de noche cuando estaban siendo transportados por este tren. Algunas personas estaban dormidas, Otras personas estaban despiertas y con justa razón, la brisa, el ruido del tren, el movimiento del tren con las vÃas. Algunas personas no pueden dormir con eso y más aún pensando en los problemas con los cuales cargan. Este hombre pensó que que toda su familia venÃa dormida. Ãl estaba sentado viéndolos con la brisa del aire y la luz de la luna y en eso le llaman la atención una voz. Esta voz provenÃa de atrás de él. Era una voz cálida, una voz baja pero muy amigable. Al voltear a esta persona dice que ve a un hombre, un hombre de algunos cincuenta y tantos años, estaba acostado en el frÃo hierro. Su cuerpo estaba muy delgado, si bien traÃa ropa puesta y esta ropa le cubrÃa casi todo su cuerpo. Se podÃa ver por lo holgada que estaba y por sus dedos, que este señor estaba en una pésima condición, pero a esta persona no se le hizo raro. Muchos migrantes viajan en esas condiciones, algunos peor. Incluso esta persona venÃa fumando y este señor le habÃa hablado precisamente para que le diera un cigarrillo, uno de esos cigarrillos que él tenÃa en su mano. Al estar viajando. En esas condiciones, las personas se vuelven muy solidarias. Saben por lo que está pasando el otro. Asà que esta persona, sin pensarlo mucho, le da el cigarro se lo enciende. El otro hombre sin levantarse muy apenas logra sostener su brazo estirándolo e incluso temblando hacia el brazo de esta persona, toma el cigarrillo y empieza a fumarlo. Este migrante le ofrece comida, le quiere compartir de lo que a él le toca unas pequeñas galletas que tenÃa no podÃa darle mucho tan solo unas ons dos, ya que también tenÃa que reacionar comida para su familia, pero este señor lo declinó. No quiso nada de galletas no querÃa nada de comida. Ãl simplemente querÃa el cigarrillo entre la plática. Le dijo que el cigarrillo le calmaba las ganas de querer comer. Por ende, preferÃa fumarse un cigarrillo antes que comer algo y se le podÃa ver en su aspecto. Estos dos hombres comenzaron a hablar el otro sin levantarse, mientras que este migrante se encontraba sentado aún viendo hacia su familia, hacia las vÃas y como este tren las iba pasando. Hablaron de diferentes cosas, de diferentes temas. Sostuvieron esta conversación cerca de cinco minutos, un poco más o un poco menos. Cuando en eso la conversación llega a su fin, no es que le hayan cortado. Simplemente llega a su fin. Ambos se quedan callados, pero por fracciones de segundos, ya que la hija de esta persona se levanta y obviamente, este migrante le presta atención. Le pregunta que si no puede dormir o tiene pesadillas, pero la niña no tiene nada de eso. De hecho, su hija le dice que ella no ha podido dormir en toda la noche. Acto seguido se levanta también su mujer y le dice lo mismo. Las dos estaban acostadas, pero no podÃan conciliar el sueño. Simplemente estaban acostadas y ambas se habÃan levantado porque habÃan escuchado a este hombre hablar. Su esposa le preguntó qué con quién estaba hablando, y el de inmediato le explica que estaba hablando con la persona de atrás, que era un buen tipo e incluso habÃan compartido cigarrillos. Pero su hija se suma a la conversación en este momento y le dice papá pero tú no has estado hablando con nadie. Yo te he estado observando. Estoy acostada, pero estoy viéndote. La hija tenÃa trece años en ese entonces estaba acostada, pero estaba acostada en dirección hacia el padre. Lo estaba viendo la esposa, por otro lado, ella estaba acostada en sentido contrario. Las dos habÃan escuchado a este padre hablar, pero no habÃan escuchado quién le habÃa respondido. La hija le dice mira papá yo te vi te vi y te escuché, pero solamente a ti no habÃa nadie más. Ese hombre. De ahà no se ha movido y no ha pronunciado ni una sola palabra. Yo los estoy viendo a los dos. Esta persona, este migrante, empieza a discutir con ellas dos y la solución que él se le ocurre y tal vez también lógica, era simplemente voltear y despertar al otro migrante para que vean, en efecto, que estaba platicando con él. Ãl ahà estaba. Estaba dormido. Esta persona voltea, lo mueve un poco, pero no funciona. Lo empieza a mover más fuerte y cada vez más fuerte y cada vez más fuerte y siente como este cuerpo. El cuerpo de este hombre está intumido, está petrificado, estaba totalmente tieso. Esta persona lo sigue moviendo. Trata de despertarlo, pero se da cuenta al pasar los minutos. Se da cuenta al empezarle tocar la cara, esa cara frÃa petrificada. Esa persona no se iba a mover. Esa persona habÃa fallecido y no recientemente llevaba ya un buen rato sin vida por las condiciones en las que lo vieron. Obviamente, esta persona, como harÃa todo padre de familia, como harÃa todo esposo, tomó a su familia, tomó a su hija, a sus niños, a su esposa y caminaron más vagones hacia adelante encontraron un poco despacio y se acomodaron. Dejaron aquel cadáver, aquel cadáver de algún migrante que habÃa fallecido en aquel tren. Sin n ndo sinceros. Ellos dicen que no podÃan hacer nada, Aún faltaba mucho para llegar. Ãl no era la única persona que, de seguro perderÃa la vida. Aquella noche, esta persona me dice que aquel señor aquel sujeto perdió la vida debido al hambre o tal vez a algo parecido. Su aspecto, según él describe, era cadavérico y a pesar de que pasen los años, esta persona dice que jamás va a olvidar. Aquella noche en la que habló con un muerto. Mi nombre es Jaime López, les contaré la experiencia de mi padre. Hace algunos años atrás se dedicó un oficio el cual acá en la frontera es algo demandado, aunque no es legal que digamos en aquel momento estábamos pasando por un momento muy difÃcil. Toda la familia necesitábamos dinero y mi padre consiguió trabajo de esta manera. Ãl iba a ser pollero. Muchos de los mexicanos sabrán qué significa eso. Para los que no saben, pollero es el nombre que se le da a la persona que es encargada de transportar a los migrantes de un lugar a otro, o, ya sea de un paÃs a otro. Mi padre no transportaba personas de México a Estados Unidos, pero si los alojaba en una casa a la cual era especial para eso y después los transportaban hacia otra casa que se encontraba cercana a la frontera, ya una vez después que los hubiera dejado ahÃ, otra persona se encargaba de pasar a esos migrantes hacia Estados Unidos. Mi padre, por obvias razones, no trabajaba solo y en ese empleo conoció a mucha gente mala y también gente buena, gente que como él, estaba ahà por necesidades y otra gente que estaba más que claro que solamente le importaba el dinero y le importaba poco, como es que los migrantes llegaban de un lugar a otro de cierta manera le tenÃan reglas. No querÃan que se encariñaran mucho con los migrantes, ni siquiera si vinieran niños. Mi padre es una persona noble de corazón, si quieren decirlo asÃ, y por esto mismo tuvo muchos problemas. Cuando habÃa algún problema que las autoridades estuvieran cerca o si peligraban los migrantes de que pudieran encontrarlos, él desistÃa del viaje, se regresaba, tomaba ciertas precauciones y claro esto retrasaba algunos viajes, pero asà como mi padre, que era una persona muy consciente que lo que transportaba eran seres humanos, eran familias. Hay otras personas que eso no les importa. Para ellos es un simple encargo y esas personas son mercancÃa y no les importa en lo absoluto dejarlos varados en cualquier lugar de seguro. En escucha de noticias muy lamentables sobre camionetas, camiones siendo abandonados con estas personas dentro y este era el caso de un compañero de mi padre. Ãl era todo lo contrario a él. A Ãl no le importaba. De hecho, se cree dice que dejó muchos migrantes a medio camino claro para salvarse. Ãl querÃa ganar dinero, simplemente no le importaba si era que llegaran o no. Ãl simplemente se excusaba y también las otras personas no les daba importancia. En cierto dÃa, a mi padre se le dio la orden de transportar a estas personas a una de estas casas en la frontera. Mi padre siguió la orden monitorio. Todo fue espejeando revisó la camioneta que le habÃan dado y se da cuenta que es la camioneta de este compañero de nombre Fabrizio. Era la camioneta que él siempre usaba. A mi padre no le gustó la idea, pero en ese momento no tenÃan de otra. Mi padre subió a todas las personas y comenzaron con el viaje. Todo salió bien en el transcurso de la ida, pero todo cambió cuando él venÃa de regreso por obvias razones. Ãl venÃa solo completamente solo la caja que tenÃa atrás donde habÃa colocado a todas las personas, venÃa totalmente vacÃa. Era una camioneta, por lo que se le hace sumamente extraño cuando empieza a escuchar golpes golpes proveniendo de aquella caja vacÃa. Ãl los escucha primero tenuamente y después estos mismos golpes van sonando cada vez más fuerte y cada vez más fuerte hasta que de plano mi padre no puede ignorar todo este ruido. Tiene que ver por qué tanto Alboroto, tal vez tal vez, una de las personas se quedaron dentro de la caja no lo sabe, aunque se le hace extraño, porque él siempre revisa y esa noche no fue la excepción. Ãl revisó que la caja viniera totalmente vacÃa. Se detiene a medio del camino, esos caminos de terracerÃa, en donde hay casi desierto a ambos lados. Obviamente, para hacer este trabajo empleaba él caminos secundarios. No se iba por carreteras, ni siquiera por caminos que fueran vigilados. Ãl agarraba a brechas camino de tierra todo lo que fuera más discretamente posible. Ãl estaba solo a kilómetros en la redonda baja de la camioneta. Va hacia la caja y la abren y si se encuentra con algo, él no venÃa. Solo con lo que se encuentra es con aproximadamente cuatro o cinco niños. Estos niños que venÃan en la caja tenÃan un aspecto muy aterrador, muy delirante. TenÃan sus ropas rasgadas manchadas, su piel era azul. Pero el detalle que más lo sorprendió, el detalle que lo dejó perturbado por esa noche y por mucho tiempo después, es que estos niños, al voltear a verlo, al llamar su atención con la linterna de mi padre, él pudo ver que estos niños no tenÃan ojos, ni siquiera tenÃan dientes ni lengua, Porque estos niños voltearon y le sonrieron. No tenÃan ojos, solamente tenÃan cuencas y al sonreÃr solamente mi padre vio unas sencillas y absoluta oscuridad adentro de su boca. Mi padre alterado deja la caja abierta. No tuvo, no tuvo el valor y no estuvo lo suficientemente concentrado para cerrarla. Ãl simplemente corrió hacia la camioneta, la encendió y empezó la marcha. Aceleró, aceleró a más no poder, mientras que aquellos golpes seguÃan sonando y seguÃan sonando atrás de él. La cajara de metal, por obvias razones, se puede distinguir muy bien el golpe de las palmadas. Mi padre no se detuvo hasta que llegó a esta casa. Se bajó totalmente pálido. Incluso él no tuvo que decir nada porque sus compañeros tan solo al verlo. Aquellos campesinos, aquellos rancheros le preguntaron qué pasó. Pasó algo malo con el paquete. Tuviste problema hasta agarró la policÃa, pero nada de eso. Mi padre, simplemente en ese momento no podÃa articular ninguna palabra. Ãl solamente le señalaba una y otra vez la caja. Obviamente, sus compañeros fueron y vieron que se encontraba abierta, pero cuando la registraron no vieron nada. No habÃa nadie dentro de ella. Mi padre, después de esto, se rehusó firmemente a usar de nuevo aquella camioneta. Ãl sabÃa qué fabricio habÃa hecho algo malo ahora lo perseguÃa y que habÃa dejado, por asà decirlo de alguna manera. Aquella camioneta maldita, en la cual estos niños siempre habitan, era demasiada casualidad los niños. Nadie habÃa tenido una experiencia similar en ninguna camioneta habÃa pasado algo, algo parecido a esto. Cuando el otro compañero llegó, él simplemente se rehusó a seguir usando aquella camioneta la que era suya. Cuando se le preguntó, e incluso mi padre, cuando estaban a solas, le pregunto por qué y que él habÃa visto. Ãl habÃa vivido la aparición de aquellos niños, pero éste no le contestó. Y más aún, cuando mi padre le preguntó que qué era lo que habÃa hecho, que se habÃa hecho algo malo en aquella camioneta, esa respuesta nunca llegó jamás más le quiso contestar. Después de esto, mi padre fue despedido, no por este motivo, sino por los anteriores ya dichos. Era una persona que se preocupaba mucho por los migrantes y eso no convenÃa. Pero a pesar de esto, Mi padre está más que seguro que Fabrizio hizo algo, algo totalmente atroz y que por eso aquellos niños no dejan de atormentar aquella camioneta. Esa fue mi historia. Gracias a toda la Comunidad y a la cripta embrujada por permitirme compartirla. Mi nombre es Diana Montoya. Esta experiencia que les voy a compartir sucedió hace poco más de que quince años. Yo tenÃa en ese entonces diecisiete años y mi hermana menor tenÃa doce. Nosotros tenÃamos una tÃa que vivÃa algo lejano, o más bien nosotros éramos los que vivÃamos lejos. Ella vivÃa más en una zona céntrica de la ciudad, una zona más o menos adinerada. Nuestros padres nos llevaban a su casa cada fin de semana. A nosotros nos gustaba, ya que la tÃa tenÃa muchas cosas con las que nosotros podÃamos jugar. TenÃa videojuegos, TenÃa cable en ese entonces. Tener cable, al menos para nosotros, era una novedad suficiente para querer ir cada fin de semana a ver qué tantos canales podÃamos ver o jugar con los videojuegos que tenÃa. También tenÃa una casa muy grande, con patio tanto atrás como adelante. Pero a pesar de que mi tÃa hace bien no era la persona más alegre del mundo, era seria. Nos tenÃa a las dos una sola regla y esa regla era que no debÃamos entrar al cuarto, donde ella trabajaba. Mi tÃa, aparte de tener negocios, de tener algunas fondas, podrÃamos decir que masificó toda su fortuna en limpias, en trabajos de brujerÃa. Ella se iba y hace sus trabajos a diferentes Estados. Muchas personas la contrataban personas muy influyentes e incluso estas personas pagaban todos los viáticos con tal de que mi tÃa les hicieron trabajo. Este cuarto. Como antes expliqué, estaba rotundamente prohibido y durante muchos años acatamos esta regla, aunque claro, durante esos años mi tÃa jamás estuvo fuera de la casa hasta que llegó un dÃa en el que, por asuntos familiares, mi tÃa y mi madre habÃan sido invitadas a una fiesta. Mi madre no tenÃa con quién dejarnos. Era una fiesta solamente para adultos y si bien yo ya tenÃa diecisiete años, mi hermanita tenÃa doce y no tenÃa con quién dejarla, mi tÃa se ofreció a que nosotras nos podÃamos quedar en su casa. HabÃa cámaras de vigilancia y, además, tenÃa vecinos que nos podÃan vigilar de vez en cuando a mi madre le pareció una buena idea. Además, ya no era una niña y nosotras, por otro lado, estábamos muy felices de tener la televisión y a ir acondicionado solamente para nosotras. Ellos se fueron y nosotros nos quedamos en la casa. Como me dieron las instrucciones, cerré todas las puertas, todas las puertas con seguro y con llave. Cada puerta tenÃa tres seguros. Yo los puse todos. Recuerdo que habÃa cerrado las tres puertas y todas las ventanas ya eran pasadas de las nueve de la noche. Yo le dije a mi hermana que se subiera al cuarto, que estuviera ya viendo las pelÃculas. Yo mientras iba a estar cocinando algo en la cocina, cuando de repente me llega un olor extraño, un olor que a mi gusto, era desagradable. Era el tÃpico olor de los inciensos de los trabajos que hacen en BrujerÃa. Yo seguà es dolor y me di cuenta que que el cuarto donde trabajaba mi tÃa, que estaba a un lado de la cocina, un pasillo y este pasillo llevaba la puerta del patio trasero, pero antes de llegar a esta se encontraba otra puerta y esa puerta daba al cuarto que nos tenÃa rotundamente prohibido que entráramos. Era el cuarto donde trabajaba ella. Yo me fui acercando y en ese momento me percato que la puerta está abierta, totalmente abierta, algo que jamás habÃa visto. Mi tÃa siempre la mantenÃa con llave para que nadie entrara. En ese momento se me hace extraño. Yo simplemente voy y la cierro de nuevo subo con toda mi comida y me paso en el segundo piso, cerca como de una hora y media, entreviendo canales, viendo algunas pelÃculas, salteándola y mi hermana también junto conmigo. A mi madre no le gustaba que dejara mostrarse hacia arriba, asà que estaba bajando todos los trastes poniéndolos en el lavadero para después empezar a lavarlos. Y en eso me doy cuenta que otra vez me llega el olor. Otra vez ese olor tan peculiar de las lociones me disgusta, me desagrada, me dije a mà misma. Tal vez no cerré bien la puerta. Fui de nuevo, caminé en todo el pasillo y una vez llegando vi que la puerta otra vez se encontraba abierta. Pero al momento de estirarme y tomar la perilla, me doy cuenta que dentro del cuarto hay alguien más. Yo no estaba sola en un sillón. Enfrente de mà se encuentro una señora, una señora que al menos en aspecto creà que era mi tÃa. Todo el cuarto estaba en absoluta penumbra. Solamente por leves rayos de luz que entraban por la puerta. Era lo máximo que al usaba. Esta señora. Estaba cubierta por un velo, un velo que en ese momento yo veÃa algo transparente. Yo recuerdo muy bien que la vi Simplemente me fue retirando y recuerdo que esta mujer se giró y me vio fijamente. Yo no la podÃa ver, pero sentÃa muy bien la mirada, la mirada clavada en mà yo, sin saber qué decir, simplemente di unos pasos hacia atrás y volvà de nuevo hacia arriba. Yo le dije a mi hermana que tenÃamos que bajar el volumen y que tan tenÃamos que tener más o menos silencio. Ya que mi tÃa ya habÃa llegado. Ella entendió ya que mi tÃa es una persona muy seria, pero tampoco es que querÃamos hacer ningún problema. Yo pensé que estaba trabajando y a ella le gustaba trabajar en absoluto silencio. Estuvimos allá arriba las dos cerca como de otra hora, ya pasaba de la medianoche, ya estábamos en las horas de la madrugada, cuando en eso escucho el auto, ese clásico sonido que hace el auto de mi padre, cuando llega en ese momento escuché las voces de mis padres, Tanto de mi madre como mi padre estaban hablando y en eso toca en la puerta. Ni mi hermana ni yo bajamos, ya que en el primer piso se encontraba mi tÃa y por lógica, ella iba a abrir. Se encontraba más cerca de ellos que nosotros, pero empezaron a tocar y empezaron a tocar y empezaron a tocar una y otra y otra vez hasta que nos empezaron a gritar por nuestros nombres. En ese momento empezamos a bajar. Yo quité los seguros de las puertas, algo que se me hizo muy extraño, ya que cómo es que mi tÃa habÃa entrado en ese momento. Se me hizo raro porque uno de los seguros se quita solamente por dentro, a no ser que haya entrado por la puerta trasera, pero eso era prácticamente imposible. Para hacer esto tenÃa que haber saltado una valla y mi tÃa no hace esas cosas. Al momento de que entren mis padres y nos preguntan que por qué no habÃamos abierto la puerta, yo les empiezo a decir que mi tÃa ya habÃa llegado y que pensaba que ella iba a abrir la puerta, ya que ella se encontraba en el primer piso. Pero en ese momento yo apenas estoy acabando de decir todo. Cuando de pronto veo a mi tÃa salir por atrás de mis padres, ella también estaba entrando, estaba cargando unas bolsas y me pregunta, pero cómo que ya habÃa llegado niña, yo vengo con tus padres voy llegando también en ese momento yo me quedo con la boca abierta. Yo simplemente le digo que la habÃa visto en aquel cuarto, en el cuarto al que tenemos prohibido abrir, y en ese momento ella dice exactamente tienen prohibido abrir ese cuarto. Dime cómo es que viste algo ahÃ, Si se supone tiene que estar cerrado. Yo simplemente no atino a responder. En ese momento la llevo. Ella dice que la lleve para cuando llegamos, la puerta estaba bien muerta y dentro del cuarto se encontraba el sillón todavÃa, pero esta vez sin ninguna persona sentada en él. Yo le expliqué a mi tÃa con mucho detalle todo lo que habÃa visto. Ella simplemente cerró de nuevo la habitación. La puso con llave y me dijo está bien niña. Yo te creo ya no vengan este pasillo. Si ven la puerta abierta, no entren, no se asomen, no hagan nada. Simplemente eviten pasar por este pasillo. Yo le hice caso. Durante las próximas visitas le dije a mi hermana que se quiere ir al patio trasero, que se diera toda la vuelta, que saliera por enfrente y rodear la casa por el pasillo. Mi tÃa me dijo que me creyó en aquel momento, porque ella recuerda muy bien que cuando se fueron, ella habÃa echado llave a ese cuarto. Yo no sé qué es lo que mi tÃa esconde ahà y honestamente creo que puede ser cualquier cosa. Creo que las manifestaciones pueden abundar en esa habitación o incluso en el resto de la casa, ya que no éramos las únicas que habÃamos visto algo asà también mi madre, mi padre e incluso los diferentes maridos que tuvo mi tÃa. Se puede esperar lo que sea de una persona asÃ, sobre todo porque ella trabajaba tanto con magia blanca como también con magia negra. Mi nombre es esequiel robles la experiencia paranormal que les quiero contar, porque sÃ, y a pesar de denominarme como una persona que no cree en los fantasmas, en los demonios, de cierta manera disfruto los relatos. Me gusta escucharlos, me gusta ver pelÃculas de terror, pero pers que yo crea en eso es muy difÃcil. Esta es la única experiencia paranormal que he tenido y para mi mala suerte ocurrió en mi trabajo. Yo soy forense y creo que muchos de ustedes podrÃan pensar que tratar con cadáveres puede ser algo aterrador. Tal vez al principio sÃ, pero conforme van pasando los años uno se termina acostumbrando de cierta manera. Le habÃa agarrado gusto a mi trabajo. Es un trabajo el cual amo y soy bueno para ello, aunque tenga que trabajar de noche, lo hago con mucho gusto, incluso también hablando con los cadáveres. Al ser un forense, se tienen ciertas reglas, se tiene que tratar con mucho respeto el cuerpo también se le tiene que llamar por usted e, incluso algunos compañeros que llevan más en estos años que yo, cada vez que lo van a voltear, cada vez que van a hacerle un movimiento brusco al cadáver, ellos le piden permiso o le avisan, por asà decirlo qué lo van a mover, que lo van a poner de espalda. Yo, cuando era más joven, les preguntaba que por qué hacÃan eso. A final de cuentas, sÃ, era una persona viva, pero ya no lo estaba. Muchos de estos forenses me contestaron que aquella persona, aquel cuerpo, todavÃa tenÃa una esencia de lo que habÃa sido en vida, pues en la gran mayorÃa de ocasiones el cuerpo está reciente. Cuando nos lo entregan, algunos forenses dicen que cierta parte del alma de ese cuerpo aún no se va. Y creo que por esto mismo me pasó lo ocurrido. Aquella noche. Eran aproximadamente las once cuando me encontraba desempeñando mi trabajo. Yo me encontraba haciendo los preparativos y se me dio por empezar a hablar. Empecé a hablar con el cadáver, como era costumbre para mÃ. Le empecé a decir algunos problemas que yo tenÃa. Empecé a decirle que estaba buscando soluciones, estos problemas y qué me aconsejaba, aunque claro todo esto lo de esa de broma. SabÃa que no me podÃa contestar. Y en eso llega un momento en el que recuerdo que me dicen que este cuerpo, que este hombre habÃa fallecido debido a la bebida, es decir, habÃa sido un alcohólico, o vamos a decir que era una persona la cual le gustaba tomar demasiado en fiestas los fines de semana y pues terminó pagando el precio. Era una persona relativamente joven, como de algunos cuarenta y tantos años. Yo, mientras trabajo, siempre tengo guardados en el refri unas cervezas a ver no es que me ponga ebrio, pero por eso de las doce, doce y media me gusta estar trabajando y tomándome una o dos cervezas mientras escucho música, ya que a esa hora también llega mi sobrino, que está estudiando también para forense. Pero en aquel momento yo me encontraba. Solo recuerdo que fui al refri tomé la cerveza, fui de nuevo con este hombre y puse la cerveza en una mesa que estaba enfrente como a unos cinco metros de donde tenÃa recostado el cadáver de. Este hombre tal vez le falté el respeto diciendo que me tomaba una a su favor, pero que él no podÃa tomar, ya que le hacÃan mal como que burlándome de cierta forma, pero yo no lo hice de esa manera. En fin, seguà con mi trabajo y en eso me dio hambre por lo que fue la cocina. Encendà el microondas y recuerdo perfectamente haber escuchado los pasos de alguien viniendo de aquella sala. Estos pasos son muy caracterÃsticos y creo que cualquiera puede identificarlos muy bien. Uno cuando va caminando con zapatos, ya sea si eres mujer o hombre o con tacones reconoces, las pisadas, los tacones suenan de cierta forma, los zapatos de cierta forma. Incluso las chanclas suenan de cierta forma. En aquella ocasión, lo que yo escuché eran los pies de alguien descalzo que iba caminando de un sitio a otro inmediatamente. Lo que hice fue mirar hacia el pasillo, pero no vi nada. TenÃa la puerta de aquella sala abierta donde se encontraba el cadáver, pero yo no lo podÃa ver. Estaba fuera de mi vista. Tal vez la respuesta más lógica era que mi sobrino habÃa llegado, pero por más que lo busqué, no lo encontré. Revisé en el pasillo, en las escaleras, en la sala, no habÃa nadie. Cuando fui de nuevo a la sala esta vez con el estómago lleno, ya que habÃa merendado algo, llego a la sala. Voy directamente hacia la mesa donde habÃa dejado mi cerveza y en ese momento me percato de que la cerveza no se encuentra a mÃ. Se me hace extraño. No hay nadie más en el edificio, solamente yo, mi sobrino, todavÃa no llega. Yo recuerdo perfectamente que habÃa dejado la cerveza. Ahà tengo muy buena memoria, por lo que la empiezo a buscar con la mirada y en eso la encuentro. La cerveza. Ahora reposa en la mano del cadáver. Este cuerpo la está sosteniendo con su mano como si lo hubiera agarrado, como si estuviera tomando de ella. Yo algo confundido y por qué no decirlo también con mucho miedo me acerco. Tomo el pico de la cerveza y la trato de sacar, pero no puedo. El envase de la cerveza está aprisionado con fuerza. Tiene sentido, ya que es un cadáver, es un cuerpo inerte, pero también debido a esto, cómo es posible que lo hubiera tomado haciendo fuerza, intentando no pensar en eso y los trato de separar. Tardé algo en hacerlo, pero a final de cuentas, lo logré y cuando se paro el envase, me doy cuenta que también le hace falta bebida. La cerveza estaba a punto de acabarse, que daba una cuarta parte, por asà decirlo yo solamente le habÃa dado dos tragos, cuando mucho cuando yo la dejé ahà quedaba más de la mitad de la cerveza. Me fui acercando y toqué levemente los labios de aquel cuerpo estaban mojados como si hubiera bebido algo recientemente. Me llevé la cerveza y cerré la puerta. No continué con el trabajo hasta que llegó mi sobrino. Una vez que él llegó, retomamos donde me habÃa quedado. Yo no le dije nada y de cierta forma no le conté a nadie sobre esto. Me lo guardé para mÃ. Desde esta experiencia cuido mucho lo que digo a los cadáveres, si bien todavÃa habló con ellos de de vez en cuando. La verdad es que ya no intento burlarme mucho o más bien no intento indagar sobre los temas de su fallecimiento. Desde esta experiencia, creo en lo que los otros forenses me dijeron, aun cuando el cuerpo ya no se encuentra con vida. Hay una esencia que se deja, hay algo todavÃa dentro del cadáver y ese algo se tiene que tratar con mucho respeto. Buenas tardes escripta. Esta vez te comparto una historia que viene de una amiga mÃa, a la cual llamaremos a Scarlett. Ella, desde muy pequeña, ha sido una chica muy normal. El detalle fue cuando ella entró a la adolescencia. Muchas veces ella comenzó a percibir cosas extrañas. Muchas veces creÃa que su imaginación la traicionaba. Pero esto no era asÃ, ya que veÃa almas personas que ya no estaban en este mundo le pedÃan ayuda. Cuando esto pasaba, ella sólo gritaba como si padeciera de alguna enfermedad, Pero tanto amigos cercanos y también sus familiares le preguntaban que qué le pasaba. Ella no sabÃa qué responder hasta que llegó el dÃa en que le confesó todo a sus padres para ser sinceros, eso que ella miraba no sabÃa si era real o no, ya que sus padres quedaron en crédulos ante esto, al escuchar que su hija decÃa mirar gente que ya no se encontraba en este mundo, personas que habÃan fallecido. Y también a esto se le suma que veÃa a otras que se encontraban descarnadas, aunque son igual no son las mismas, ya que hay almas que son agresivas, otras son demonios disfrazados para torturar a las personas, como a mi amiga. De ahà sus padres optaron por llevarla con una señora para saber qué le sucedÃa. Esta mujer. Al ver a mi amiga se sonrió y solamente le dijo bienvenida a mi mundo, asà como tú ves almas descarnadas, incluso demonios. Por eso mismo pasé yo. A pesar de que esta mujer le comentó esto, sus padres aún asà o s o creÃan en todo lo que ella podÃa ver, hasta que una vez cuando su madre se encontraba hablando en su cuarto, le dijo que su hermano, al que le habÃan quitado la vida hace ya un tiempo atrás, querÃa hablar con ella. Después de esto, ella entró en un trance le dijo cosas que solamente ella y su difunto hermano sabÃan. Asà Fue solamente como su madre pudo creer todo lo que ella veÃa. Su amiga nos dice lo siguiente. Te diré también que se me pegan muchos espÃritus hasta el tomarme fotografÃas. Se manifiestan y sé que son del bajo astral, porque su energÃa no la pueden cambiar. Aunque parezcan personas incluso se disfrazan de niños pero su energÃa los delata. He aquà mi historia que te hago llegar a través de mi amigo. Soy nueva en tu Canal y me fascina escuchar tus historias, porque sé que más personas como yo las hay a continuación cripta maniacos. Les mostraré una foto que esta persona nos hizo llegar a nuestras redes sociales. Ustedes dirán qué es lo que ven en esta foto y serán testigos también de que esta persona no deja de ser atormentada por estos espÃritus. Mi nombre es Julio Valderrama. Mi experiencia comienza de la siguiente manera actualmente ya hace muchos años, ya yo me desempeño como guardia de seguridad acá en Zacatecas. Durante ese tiempo he visitado muchas fábricas que están en sitios desolados, asà como también muy urbanizados, por lo que esta experiencia se me hace muy peculiar, muy extraña. Sucede una noche. Yo estaba en el turno nocturno y, como saben, los turnos de guardias a veces son muy extensos. En aquella noche recuerdo que eran doce por doce, asà que tenÃa que llegar a las siete de la noche para irme al otro dÃa, a las siete de la mañana. Mi sobrino, el cual próximamente iba a serme hijado, estaba por cumplir años, por lo que durante esa misma tarde habÃa ido a un centro comercial para comprarle algo, el obsequio del cual yo le iba a regalar iba a ser un oso de peluche, ni más ni menos. Era un oso más o menos grande que tenÃa una función de moverse y también de cantar. Mi sobrino. En aquel tiempo tenÃa simplemente tres años, por lo que se me hizo un buen regalo y ustedes se preguntarán qué tiene que ver esto con la historia. Bueno, pues precisamente por este juguete. Fue que esta historia ocurrió y no fue porque el juguete trajera algo malo. No el juguete venÃa completamente normal, sino que simple y llanamente. La mera presencia de este oso desencadenó en que se manifestara una entidad que creo que todos conocemos muy bien. Llegué a mi turno y en aquella planta todos los trabajadores salen. No hay turno de noche, por lo que los cuatro guardias que se quedan se quedan completamente solos, a excepción de uno u otro jefe, pero eso se van a la medianoche. Continuamos con nuestro turno. Dieron la una de la mañana y a esa hora los tres decidimos que Ãbamos a ir a comer. El turro de la noche suele ser muy calmado y no hay alguna maniobra, alguna tarea que hacer más allá de las rondines. Entonces nuestro jefe inmediato nos dio el permiso. Fuimos a la cocina, comimos y en eso nuestro jefe nos llama por radio. Nos dice que una cámara está dando muchos problemas. Las cámaras que tenÃamos en ese lugar no eran cámaras ordinarias. Estas cámaras se activaban especÃficamente cuando caÃa la noche. Estas cámaras no grababan ellas simplemente emitÃan lo que ellas veÃan y tenÃan un censor, el cual, al detectar movimiento, empezaba a hacer un sonido en el cuarto de monitoreo, en donde se encontraba en ese momento nuestro jefe, que también era el que veÃa todas las cámaras. Este censor también estaba ligado, pues, a los otros mandos, a los otros ingenieros que estaban a cargo en la planta, sobre todo al ingeniero de supervisión en seguridad. Este ingeniero le habÃa llamado a mi jefe y le habÃa dicho que aquella Cámara habÃa estado sonando y sonando el censor sin parar y ya llevaba un buen tiempo ahÃ, por lo que le preocupaba que alguien externo se hubiera metido. Esta Cámara se encontraba ubicada casi a las afueras de la fábrica. Del otro lado habÃa monte árboles espinas. Frente a esta misma Cámara se encontraba un canal, un canal grande y largo que pasaba a un lado de la fábrica y precisamente el sonar detectaba y señalaba que habÃa movimiento en ese canal. A veces algo salÃa y otra vez se metÃa y asà habÃa estado como por unos cinco minutos. Estas cámaras no registran cualquier movimiento solamente registran el movimiento de algo pesado y grande, como la presencia de una persona ya adulta o cuanto menos de un animal, de un animal más o menos grande. Nuestro jefe nos llamó y nos dijo que inmediatamente, después de comer tenÃamos que ir a investigar aquel canal. Ãl sabÃa que tal vez esto se debÃa, tal vez un coyote, una liebre. A veces los sonares captaban ese movimiento más que nada por ser demasiado rápido de seguro y un coyote, algún tlacuache atorado. Por ahà y simplemente se trata de que no puede salirse del canal, pero tenÃamos que cerciorarnos Aún asÃ. De esto, nosotros entendimos la situación e inmediatamente, como nos dijo, terminamos nos levantamos y fuimos caminando hacia ese sitio. Cuando llegamos a este no vimos nada. Lo que sà se nos hizo extraño es que en el agua, en ese ártico rollo del canal que pasaba, habÃa juguetes, juguetes ya de hace muchos años, peluches, muñecas, carritos tanto de madera asà como también de plástico. Estuvimos alusando con nuestras lámparas, ya que era un lugar con mucha oscuridad, pero no podÃamos ver nada. En eso Recibimos otra llamada por radio. Nuestro jefe nos pregunta que dónde estábamos, que qué estábamos haciendo. Nosotros les respondemos que ya estamos en el canal y que estamos ahà que si quiere, nos puede ver y es exactamente lo que nos dice si ya sé desde la Cámara, los puedo ver. Pero es que eso precisamente es el problema, porque en este preciso momento hay alguien afuera de mi oficina tocándome la puerta y yo no tengo registrado y estoy seguro que ustedes tampoco que alguien externo se hubiera quedado. Hay alguien más aquà con nosotros y creo que está afuera ahora. Precisamente en ese momento, los trenos quedamos mirando los rostros, decidimos que yo era el que me tenÃa que quedar en el canal, revisando a ver si nos habÃan metido más personas, porque hasta ese momento ya estábamos seguros de que tenÃamos intrusos dentro de la fábrica. Mis otros dos compañeros se fueron corriendo y yo me quedé alusando aquel canal en ese momento y les digo que esto pasó en verdad. Empiezo a escuchar un susurro, un susurro que viene desde el canal, pero que yo no puedo ver a la persona de donde viene y este susurro Me pregunta una y otra vez que si están aquà sus hijos. Era totalmente diferente a lo que se dice de la llorona, ese canto, ese lamento de dónde están mis hijos. Eso yo no lo escuché. Lo que escuchaba era como una pregunta, como si alguien me estuviera preguntando a mà que si aquà los podÃa encontrar que si por aquà estaban, pero yo no podÃa ver a la persona. Era como si el aire me trajera aquella voz, pero yo sabÃa muy bien de dónde provenÃa y era desde el canal totalmente asustado. Me di la media vuelta, corrà en dirección hacia la sala de Monitoreo, donde sabÃa donde sabÃa que mis compañeros iban a estar. Al llegar los tres estaban muy confundidos y mi jefe al verme corrió hacia mà y me tomó de los hombros y me preguntó estás bien. Dime mÃrame estás bien. Estaba demasiado preocupado por mÃ. Yo no sabÃa qué hacer, No sabÃa qué responder. Estaba muy aterrado en ese momento, tanto que me costó hablar. Después de unos minutos empezamos a conversar todos. Resulta que cuando mis compañeros llegaron la puerta no se querÃa abrir. Estaba como que soldada. No importa que quitarán todos los seguros. No importaba que tanto mi jefe como mis compañeros estuvieran forcejeándola. No importaba ni siquiera que la perilla estuviera girada completamente hacia adentro. Algo detenÃa la puerta. Después de forcejear mucho, ellos conseguieron abrir y tan pronto abrieron. Mi jefe les dijo a mis compañeros que tenÃan que ir por mà que de seguro me estaba pasando algo malo y en ese preciso momento era cuando yo iba llegando corriendo totalmente aterrorizado. Mi jefe me explica que mientras que él estaba forcejeando con la puerta, también estaba mirando las cámaras y estaba viendo por medio de estas que yo no me encontraba solo. Mi jefe estaba viendo a través de la cámara que la silueta de una mujer habÃa salido del canal y estaba dando vueltas alrededor de mÃ, como si me estuviera rodeando, como si me estuviera preguntando algo. Dice que yo me encontraba parado y que no hacÃa nada. Yo le dije que, efectivamente, no estaba haciendo nada, pero que yo no estaba viendo a ninguna mujer, sino solamente estaba escuchando una voz, una voz que me preguntaba una y otra vez que dónde estaban sus hijos. Ya habÃamos tenido mucho por aquella noche decidimos que al menos los rondines no los harÃamos solos. Uno irÃa en compañÃa del otro hacia al menos de esa manera. Si pasara algo más, no nos encontrarÃamos solos. Lidiando con aquello aquà viene un detalle curioso y es que cuando ya se iba a acabar mi turno, cuando eran las seis y media, ya habÃa salido el sol. Yo empecé a buscar aquel peluche, pero no lo encontré. Busque en la oficina, en la cocina, en el almacén, en diferentes partes, y mis compañeros me dijeron que nadie lo habÃa movido algo dentro de mà una intuición. Si quieren ponerlo asÃ, me decÃa que me tenÃa que ir a fijar a aquel canal, aquel mismo canal en el que habÃamos vivido una pesadilla hace prácticamente algunas horas atrás. No fui solo me acompañaron otras dos personas amigos que tenÃa ahà en la planta, que llegaron esa misma mañana y ellos aceptaron porque no estaban sugestionados, no habÃan vivido nada de lo que nosotros habÃamos vivido. Fuimos hasta ese canal y mi intuición estaba en lo correcto. Ahà estaba el peluche, pero ya no estaba en su caja. La caja habÃa desaparecido solamente el peluche mojado entre todo el agua, ya de otro color e incluso con lodo a ir reposando mirándome como si éste supiera que no iba a bajar por él. Una señora me dijo que el espÃritu de la llorona a veces se manifiesta buscando juguetes de niños, ya sean juguetes de niña o juguetes de un varoncito, si está cerca de un arroyo, de un rÃo o de un canal, como fui mi ocasión, vas a traer a este espÃritu y no solamente va a aparecer, sino que también te va a preguntar si es que por ahÃ, o cerca de ese sitio, puede encontrar a sus hijos. Gracias por escuchar mi experiencia. Saludos a todos. Hola bueno. Primeramente te mando un saludo. Te cuento una experiencia que me pasó algo extraña. Me hizo el dÃa algo inquietante, me llamo Tatiana. Cuando estaba estudiando en la universidad, fui a clases, como siempre lo hago, pero en esta ocasión iba algo tarde. Cuando llegué ya no quise entrar porque ya estaba cerrado el aula, pero al lado de esta puerta tenÃan una ventana. Cuando asomé la mirada para mirar, por ahà estaba una amiga mÃa de la carrera estaba sentada cerca de la puerta. Me miró y me dijo que entrara con la mano, pero como ya era tarde, me despedà por la ventana y me subà arriba donde hay más aulas y entré a una en un curso que estaba abierto y grande. Fue mi sorpresa que esa misma amiga estaba ahÃ, pero con otra ropa totalmente diferente. Me quedé en shock. Le pregunté qué haces aquÃ. Si te vi abajo, ella me miró extrañada y me dijo que ella llevaba rato en ese lugar. Cabe recalcar que su novio estaba con ella y él me confirmó esto. Aquel dÃa. No sé qué vi y me pongo a pensar qué hubiera pasado si hubiera entrado. Cuando esa persona que al menos en apariencia se parecÃa a mi amiga me dijo que entrara. Qué hubiera pasado si yo le hubiera hecho casa. Como último dato, mi facultad antes era un asilo de ancianos y siempre rumores que existen fantasmas y que este tiene un ambiente pesado y, a decir verdad lo tiene y más que todo, por las noches. Mi nombre es Marco Reyes. La siguiente experiencia me pasó en mi trabajo. Antes que todos les tengo que decir que yo y mis ayudantes escuchamos siempre relatos de terror, sobre todo por eso de las cuatro a las seis de la tarde. Yo tengo un taller mecánico que también se dedica a la hojalaterÃa y pintura. En este taller, como es de esperar, es un taller grande, por lo que tenemos varios autos. A uno les hace falta mecánica, a otros que los transformemos y diferentes cosas. Un dÃa llegó una camioneta, una camioneta muy bonita roja. Esta estaba siendo traÃda en grúa. El dueño de esta camioneta me pedÃa que la deshiciera por completo. Ãl simplemente querÃa el dinero hasta ese entonces yo no tenÃa el dinero para pagarle. Entonces le dije que volviera dentro de tres dÃas, pero que si querÃa podÃa dejar la camioneta y el pago era más que seguro. Comenzamos a trabajar en esta camioneta y empezaron a suceder las cosas extrañas. Para empezar, cuando mis ayudantes empezaron a trabajar las cosas extrañamente, fallaban el equipo de corte, la sierra, la pintura siempre habÃa un detalle. Era como si esta camioneta impidiera de alguna forma que la desmanteláramos. Esta camioneta al frente traÃa un golpe, un golpe muy potente, por lo que se podÃa deducir fácilmente de que habÃa tenido un choque se nos hacÃa extraño. HabÃan pasado ya un dÃa y medio y ni yo ni mis ayudantes habÃamos podido hacerle nada cada vez que yo trataba de trabajar en ella, ya que mis ayudantes me decÃan que tenÃan problemas. Igual a mÃ, me pasaba el equipo de corte. El fuego no me respondÃa. Las llaves se aturaban extrañamente cuando usábamos ese mismo material, pero en otra unidad este material respondÃa perfectamente. Era como si solamente con esa camioneta fallara, como que evitaba que nosotros hiciera algo. Y lo que derramó el vaso, por asà decirlo, lo que nos hizo devolver la camioneta es que cuando ya estábamos cerrando, nosotros cerramos. Por eso de las seis y media a siete de la tarde, oficialmente yo estaba apagando las luces. TenÃa todavÃa dos chalanes que estaban conmigo, unos chicos muy jóvenes de diecinueve y veinte años. Cuando les dije que checaran todo, que revisaran toda la herramienta y que todo estuviera en su lugar. Ellos, de repente me dieron un grito diciendo que habÃa personas dentro del establecimiento. Me pareció totalmente extraño esto esto nunca pasaba. El taller era grande, pero era un almacén por completo Para que entrara una persona tenÃa que pasar por muchos ojos y nadie la habÃa visto. La sorpresa de nadie se encontraba una mujer a bordo de esta camioneta. Estaba dentro. Los vidrios de ésta estaban por completo subidos hacia arriba. Las puertas estaban cerradas y esta mujer simplemente se encontraba sentada mirando hacia el frente, ignorándonos por completo que nos encontrábamos alrededor de la camioneta. Le tocábamos la ventana, le tocábamos la puerta, le preguntábamos que quién era y, sobre todo, qué estaba haciendo adentro del auto. Pero esta chica no respondÃa. Esta chica simplemente estaba sentada. Sin prestarnos mayor atención. Llegó el punto en el que, obviamente, tuvimos que ir por las llaves de esta camioneta para abrirla. Y pues sacar a la persona, Ãbamos a cerrar todo el taller. No podÃamos dejar que ninguna persona estuvo hera adentro los tres. Nos pusimos a buscar las llaves, ya que no las encontrábamos. Una vez que lo hicimos, volvimos a la camioneta, pero ya no se encontraba por ningún lado, aquella extraña mujer haber desaparecido. Simplemente abrimos las puertas, bajamos los vidrios, checamos también por abajo de los asientos. Checamos incluso la puerta de atrás, la caja de la camioneta y también el motor. Por debajo de esta la mujer ya nos encontraba en ese momento A los tres nos recorrió un escalofrÃo, un escalofrÃo que nos caló hasta los huesos. Los tres sabÃamos lo que habÃamos visto, pero ninguno de nosotros lo quiso decir, al menos en voz alta. Al dÃa siguiente tuve que devolver la camioneta. No podÃa quedármela, ya que prácticamente no podÃa hacerle nada. Al momento que se lo dije al dueño, él no se sorprendió. Ãl me dijo, al contrario, que no era la primera vez que pasaba, que ese camioneta habÃa pertenecido a su hija, que habÃa fallecido hace poco en un accidente. Yo le pregunté con mucho respeto que por qué querÃa deshuesarlo que por qué no mejor la arreglaba y la continuaba usando que la camioneta estaba bien. De hecho, la camioneta arrancaba. No sabÃa por qué la habÃan traÃdo en grúa. El señor me contestó que eso fue lo primero que pensó, pero al momento de echar a andar la camioneta, esta no respondÃa. No importaba con cuántos mecánicos la llevara, no importaba que le dieran mantenimiento diario. La camioneta simplemente no reaccionaba. A pesar de tener todo bien y claro, habÃa otro detalle, y es que la camioneta no se podÃa quedar en la casa, ya que su esposa, la madre de su hija, sufrÃa algunos ataques porque decÃa ver a su hija sentada adentro de aquella camioneta y él estaba convencido de que tenÃa que deshacerse de ella para convencer a la madre de superar este duelo, un duelo que los dos estaban llevando a cabo, pero que a ella le estaba pegando más duro. Después de esto, este hombre se la llevó y jamás volvÃa a saber de él algo extraño, porque este hombre era cliente mÃo. VenÃa de vez en cuando con cualquier detalle que tuvieran sus autos y simplemente la tierra se lo tragó. Esa ha sido mi única experiencia paranormal. Espero les haya gustado saludos a toda la Comunidad de la cripta embrujada




