RELATOS ATERRADORES SUCEDIDOS EN HALLOWEEN Y DIA DE MUERTOS / RECOPILACION DE HORROR

Un episodio dedicado al mes del terror donde escucharemos tetricos relatos sucedidos en estas festividades.
Un episodio dedicado al mes del terror donde escucharemos tetricos relatos sucedidos en estas festividades.
Bienvenidos cripta maniacos a un nuevo especial de terror. En esta ocasión y más bien por tiempos, decidà colocar el especial de Halloween y en el especial del dÃa dos de noviembre, que aquà es, en México, mi paÃs, el dÃa de los Santos difuntos. En un mismo vÃdeo, en esta recopilación habrá relatos que hayan salido, asà como también relatos nuevos para que los disfruten en una larga carretera en su trabajo o, mejor aún en este dÃa dos de noviembre, junto con toda su familia, mientras están poniendo las ofrendas, mientras están encendiendo las veladoras a todos sus seres queridos y amigos y también para todas aquellas personas que el espÃritu de Hallwin, la festividad todavÃa la traen, todavÃa tienen ese en este terror por asà decirlo. Este especial va para todos ustedes, porque cosas aterradoras, tenebrosas o incluso ni siquiera aterradoras, podrÃamos decirlo, sino enteramente paranormales. Han sucedido en Halloween y también el dos de noviembre, pues como no pensar en eso, si es el dÃa en el que todos los difuntos vienen a la tierra, espero les gusta este maratón criptamanÃacos. Deseo que hayan pasado un buen Halloween y también que pasen un muy buen dos de noviembre, recordando a todos sus seres queridos, sin más por decir yo me despido que tengan buenas noches y unas aterradoras pesadillas. Mi nombre es José Luis Santos. Mi experiencia ocurre muchos años atrás. Ha sido una experiencia que me marcó la fecha del dos de noviembre, cuando me pasó esto. Mi madre tenÃa poco tiempo de habernos dejado. HabÃa fallecido por finales de marzo y el dos de noviembre, cuando todos estaban poniendo sus altares, cuando mis hermanos y familiares habÃan ido a las tumbas a decorarlas, yo no pude asistir con ellos. Yo me encontraba todavÃa en ese tiempo y a pesar de que habÃan pasado meses atrás, aún me encontraba en ese proceso de duelo. No podÃa ni siquiera ir a la casa de mis padres, en la cual actualmente y en ese tiempo residà a mi hermana. No podÃa haber un altar con la foto de mi madre y una veladora simplemente estaba en negación. TodavÃa. Mi madre y yo habÃamos sido muy cercanos y su fallecimiento me habÃa tocado profundamente en mi casa con mi esposa y mis hijos. TenÃamos la costumbre siempre de poner nuestro altar, ponerle las ofrendas a nuestros difuntos, mi padre, mis abuelos, los abuelos de ella. Pero en aquel año yo me encontraba muy mal y pese a que yo no les dije que no pusieran altar, es decir, no se los negué. Simplemente no me entusiasmé. No traje ofrendas, no traje el papel picado, no traje las veladoras. Ellos no pusieron nada. Mi esposa sabÃa que yo estaba todo todavÃa muy sensible. Fue pasando todo el mes de octubre, el treinta y uno y después el dÃa primero yo estaba en ese momento muy distante, sobre todo por la fecha no le ponÃa atención a la casa. Solamente era trabajo llegar a dormirme. Pero justamente aquella noche, aquel uno de noviembre, tuve un sueño soñé con mi madre era como un recuerdo, estábamos discutiendo. Yo tendrÃa algunos dieciocho o diecinueve años y mi madre me estaba regañando. Obviamente, tanto padres y hijos discutimos, no importa lo mucho que nos querramos. Siempre llegamos a un conflicto. Yo veÃa todo como en tercera persona me podÃa mover en el sueño, por todo a la casa, a mis anchas, veÃa a mi madre discutiendo conmigo. Después yo me iba y me encerraba en el cuarto y justamente ahà desperté. En aquel momento, cuando me despierto súbitamente, empiezo a oler el aroma de mi madre. No era su loción, era su olor corporal, el cual todos los hijos reconocemos de nuestra madre. Ese olor estaba allÃ. La noche anterior. Mi esposa y mis hijos no habÃan llegado a dormir debido a un convivio que tenÃan con ella y con su familia. Yo habÃa decidido no oir, ya que me encontraba cansado y sabÃa que la casa estaba totalmente sola. Es por eso que seguà este olor, el olor de mi madre. Bajé de la cama, bajé las escaleras y este olor me llevó r s s o vio a la cocina. Y es en ese momento que recuerdo que cuando era más joven y estaba en la casa de mi madre, cuando era un estudiante, un universitario, cada vez que nos peleábamos, cada vez que discutÃamos fuertemente mi madre por la mañana antes de irme a la escuela, siempre me hacÃa un chocolate. Que solamente a ella le queda ese sabor tan rico y ese olor también tan rico que me despertaba por las mañanas. Al momento de llegar a la cocina, empecé a oler ese olor a chocolate, ese olor que tenÃa años años de no leerlo y me llevó atrás del refri a un lado de este, en un pequeño sitio de la lacena, al lado del fregadero, me encontré con un pequeño altar, un altar que yo no sabÃa que existÃa prácticamente, como les dije, en esa temporada, yo no le ponÃa atención a nada y ahora que lo recuerdo, no habÃa entrado a la cocina en aproximadamente algunos dÃas, algunos cuatro o cinco dÃas, pero habÃa un altar ahÃ, un pequeño altar. Estaban las fotos de mis abuelos, de mi padre, de los abuelos, de mi esposa y también al centro la foto de mi madre. HabÃa veladoras, habÃa pan de muerto, pero no habÃa chocolate. El olor del chocolate caliente era como si lo emanara esta fotografÃa. En ese momento pude comprender que lo mejor era decir adiós no me servÃa de nada. Estará aferrándome al pasado. Lo mejor era aceptar que mi madre ya no estaba conmigo, pero que me seguÃa observando desde donde quiera que estuviera ahora en ese momento justo y llegó mi esposa. Me vio en la cocina y ella no sabÃa cómo reaccionar, ya que yo no le habÃa pedido nada del altar. Yo solamente le agradecà y también le agradecà por las veladoras que gracias por haberlas encendido y por ponerle las ofrendas. Hasta ese momento pensaba que mi esposa habÃa hecho un chocolate que se le pareciera a mi madre, pero su respuesta no fue esa. Ella dijo que sÃ, que habÃa puesto el pan de muerto y las demás ofrendas, pero ella habÃa regresado temprano aquel dÃa e incluso habÃa dejado a mis hijos con sus tÃas, ya que aún se encontraban dormidos para venir a encender las veladoras, ya que ayer las habÃa apagado. Las veladoras ahora estaban encendidas y ese olor a chocolate estaba invadiendo toda la casa. Mi esposa acababa de llegar. Ella No habÃa sido quien habÃa encendido las velas y mucho menos quien habrÃa preparado algo parecido a un chocolate. De esto estoy muy seguro que todo aquello fue obra de mi madre por alguna extraña razón y tal vez por unos minutos me sentà como un niño de nuevo. Desde ese dÃa en adelante, todos los años, sin falta siempre pongo el altar de muertos. Mi experiencia comienza una noche de Halloween. Resulta ser que, como cada treinta y uno de octubre, varios amigos y yo nos juntábamos en una casa para ver pelÃculas de terror. Esto fue por eso del año dos mil once. Soy del norte del paÃs, asà que la celebración de Halloween estaba más o menos normalizada, por lo que mi madre no le veÃa nada de malo en que nos vistiéramos para celebrar esta noche, si bien no salÃamos de la casa, porque más bien no tenÃa sentido, ya que en ese tiempo no daban dulces. Si hacÃamos un pequeño convidio, uno de mis amigos y voy a hacer énfasis en este punto se habÃa vestido como un niño fantasma. HabÃa desgarrado sus prendas, las habÃa pintado de blanco y su madre habÃa pintado también su piel de blanco con maquillaje. Todos los demás Ãbamos disfrazados de manera diferente, pero este disfraz de mi amigo es lo que toma más importancia en la historia. Verán en ese entonces nos encontrábamos solos en la casa. Todos tenÃamos como doce años aproximadamente, asà que tampoco éramos tan niños. El baño de esta casa se encontraba arriba. En el segundo piso, el de abajo estaba inutilizable, por lo que en determinado tiempo, ella a punto de acabarse la pelÃcula, le pusimos pauce, ya que las frituras se habÃan acabado. Y además, uno de mis amigos querÃa ir al baño y se estaba aguantando, por lo que dos de mis amigos fueron a la tienda y el otro subió arriba hacia el baño y los otros dos y yo fuimos a la cocina a servirnos más soda. Nos entretuvimos platicando y ahà nos quedamos. Quiero recalcar que mi amigo, el que iba vestido de niño fantasma, era uno de los que se habÃan ido a la tienda en ese momento en que estábamos hablando, escuchamos que arriba el niño que habÃa ido al baño empezó a gritar, pero no era de susto, sino más bien de enojo. Era como si estuviera discutiendo con alguien en ese momento nos pegó un grito para que nosotros fuéramos arriba con él. Fue cuando subimos las escaleras y al llegar al baño, él se encontraba dentro con la puerta cerrada. Nosotros le preguntamos qué era lo que estaba pasando, qué por qué no se estaba gritando. Ãl nos contestó que Francisco, el chico que iba vestido de niño fantasma, lo habÃa estado molestando y que no lo dejaba en paz en el baño. Nosotros estábamos confundidos, pues estábamos seguros que Francisco se habÃa ido a la tienda junto con otro, aunque también que habÃa la posibilidad de que se hubiera regresado. En realidad, él era muy bromista, asà que con total seguridad sabÃamos que si era capaz de hacer este tipo de cosas, le preguntamos que cómo sabÃa que era Francisco. Ãl nos contestó que era debido a su risa, que él habÃa escuchado desde el otro lado de la puerta. Empezamos a buscar a Francisco por toda la parte de arriba. Nos separamos y yo entré a una habitación en la cual cual tenÃan mucho desorden. Era como una habitación para huéspedes, pero que era más que claro que tenÃan mucho tiempo de no haberla usado. Cuando me encontraba caminando por esta, escuché un ruido que provenÃa de debajo de la cama, como si alguien se estuviera arrastrando por debajo de esta. Yo, en un principio, por lógica, pensé que se trataba de Francisco escondiéndose, pero al agacharme y tratar de sorprenderlo rápidamente salió de abajo. Vi solamente la espalda de Francisco correr y salir de la habitación a claro de una vez que jamás vi su cara obviamente a un ingenuo lo seguÃ. En el fondo de este pasillo se encontraba un ropero viejo. Dentro de este se podÃa escuchar cómo se movÃa a alguien y como para que no me quedaran dudas la risa tan caracterÃstica de Francisco se escuchaba Adentro de este yo iba con un vaso de agua, el cual tenÃa planeado lanzárselo para mojarlo y que se dejara de hacer estas bromas. Me fui acercando lentamente preparando el vaso. Cuando de pronto escucho la puerta de afuera abrirse por pura suerte. Esto me llamó la atención y volteé la mirada hacia la ventana para ver la puerta y vi como claramente entró Francisco en ese momento, me detuve por completo, al igual que la risa dentro del ropero lo hizo abruptamente. La risa y el juego que habÃamos tenido se habÃa convertido en absoluto silencio desde ese instante, ese ropero en mi mente se convirtió en una pesadilla. Empecé a dar pasos hacia atrás, hasta que comencé a correr y a bajar de puro milagro. No me caà en las escaleras llegar a la sala, conté a mis amigos. Todos estaban sentados, No faltaba nadie. Estábamos confundidos, ya que Francisco repetÃa una y otra vez que él se habÃa ido a la tienda y que no habÃa regresado. En toda la confusión. Yo conté lo que habÃa visto y fue asà como todos nosotros con un miedo inmenso que tratábamos de ocultar. Subimos hacia arriba para ver aquel extraño ropero cuando llegamos este se encontraba abierto de par en par como si algo hubiera salido y antes de que empezaran a decirme mentiroso o empezarán a mofarse de mÃ. Mi otro amigo, el que vivÃa en esa casa se volteó y nos dijo ese ropero siempre está con llave. Sin decir más, empezó a bajar rápidamente y todos lo seguimos. Esa noche esperamos a su madre y tan pronto llegó. Nos fue a do ese ropero al poco tiempo se tiró, o al menos eso fue lo que nos dijo este compañero. Aquella ocasión pasamos una verdadera noche de terror en vÃsperas de Halloween. Mi nombre es Santiago Sandoval. Esta experiencia sucede cuando yo era niño en mi pueblo natal, allá el dÃa de muertos, básicamente es una fiesta lo grande ves por donde quiera altares. Las mujeres se visten de katrinas, los hombres de Katrines bailan incluso por lo que para nada es sorpresa que en ese tipo de pueblos se llegue a ser un altar enorme en la calle, o bueno, no en la calle, pero en ciertos lugares en los que se pueden. Casi resulta que antes, en aquel pueblo, aparte de cada familia hacer sueltar en su casa, también algunos vecinos decidÃan ponerse de acuerdo para hacer un altar más grande en un sitio del pueblo. En aquel tiempo era en unas canchas que casi no se usaban. Eran unas canchas que estaban abandonadas pero que tenÃa un buen espacio. Y además, algunos vecinos que iban a estar vigilando pase resulta que mi madre era una de todas esas vecinas que iba a dejar ofrendas a este altar. Aquella noche, cuando ya todo estaba puesto. Don FermÃn, un viejito del pueblo que estaba sumido en el alcohol. A veces estaba sobrio y conseguÃa sus chambitas, como él dicen ahà con los mismos pobladores. Ãl vivÃa en un una casa abandonada y cada peso que le entraba era dedicado al licor y a la comida. Cuando esta le escaseaba, Don FermÃn era una persona muy imprudente y muy grosera cuando se encontraba completamente alcoholizado, y aquella noche no fue diferente. Don FermÃn llegó hasta donde se encontraban haciendo el altar. Quiso tomar algo de las ofrendas. Por supuesto, los vecinos y mi madre incluida le dijeron que no, que no podÃa hasta después, tal vez el tres de noviembre, todo estaba empaquetado. Además, nada se iba a echar a perder, pero Don FermÃn era una persona testaruda y esperó hasta que todos los vecinos se fueran para empezar a hacer sus fechorÃas a la mañana siguiente. El dÃa tres de noviembre, por la mañana, varios vecinos estuvieron platicando sobre cómo FermÃn se habÃa puesto la noche anterior. Los vecinos que vivÃan cerca prácticamente a un lado del altar estaban comentando que FermÃn esa noche se habÃa peleado con algunas vecinas y a forcejeos consiguió llevarse pan ofrendas, también bebidas como pudo. Muchos de los vecinos se juntaron y esperaron a que FermÃn, de nueva cuenta, apareciera para decirle que no iba a tomar nada del altar, ya que se habÃa llevado a la brava todo lo que hubiera podido. Todos los vecinos tenÃan planeado darle claro que sÃ, pero esas no eran formas. Pero, para la sorpresa de todos, FermÃn no apareció por ningún lugar. Lo buscaron e incluso fueron a su casa al dÃa siguiente, pero no habÃa nadie su su La casa estaba sola hasta el dÃa cinco de noviembre fue que apareció FermÃn de nuevo en el pueblo. Estaba muy golpeado, rasguñado sus vestiduras. Si de por sà era ropa vieja, en aquel momento se veÃan rasguñadas desgarradas como si algo, como si algún animal salvaje lo hubiera atacado. FermÃn no estaba bien. TenÃa una cara prácticamente de terror absoluto. Estaba petrificado, no podÃa hablar bien. Ni siquiera tardaron aproximadamente algunas dos o tres horas en lograr que FermÃn les platicara algo de lo que habÃa sucedido ahà estaba yo y también mi madre. FermÃn empezó a decirnos que, después de tomar las ofrendas e irse directo hacia su casa, algo lo detuvo por el camino. HabÃa un grupo de gente con vestimenta muy extraña, tanto mujeres y hombres. Ãl sabÃa esto por las voces, ya que todas esas personas vestÃan con una túnica, una túnica que les cubrÃa por completo. No se les podÃa ver el rostro y mucho menos se les podÃa ver alguna parte de su cuerpo. FermÃn, en su ebriedad, esto no le importó. Pensó que querÃan problemas y él estaba más que puesto para dárselos. Pero una vez que se acercó tan solo un poco hacia estas personas, estas personas se estiraron y lo tomaron abruptamente. Ãl dice que no sabe cómo, pero que sus manos crecieron de forma aterradora, ya que, a pesar de que se encontraban metros alejado de ellas, estas personas pudieron alcanzarlo. Lo tomaron de los pies y de las manos y se lo llevaron arrastrando con ellos lo internaron en el monte. Lo siguieron arrastrando. Ãl dice que incluso fue por kilómetros y una vez que llegaron a los pies de la sierra, empezaron a patearlo, empezaron a empujarlo. No dejaban que se levantara. Después de tanto ataque finalmente se detuvieron. FermÃn quedó tirado en el monte. A la mañana siguiente, cuando se levantó, estaba totalmente desorientado. No sabÃa para dónde caminar, No reconocÃa ningún camino. Pasó perdido cerca de dos dÃas y cuando llegó finalmente al pueblo, llegó sediento y llegó hambriento. No habÃa comido nada, ni bebido o nada. FermÃn, al ser una persona de escasos recursos, no pudo asistir. Un doctor, una jovencita que estudiaba enfermerÃa, lo apoyó por cierto tiempo, pero a los dos dÃas de haber vivido esto, FermÃn falleció. Perdió la vida debido a un ataque cardÃaco. Se dicen que estos eran los espÃritus del dos de noviembre a los que FermÃn les faltó el respeto y por qué se cree esto. Bueno, pues en aquel pueblo se tiene la creencia de que cada altar en cada casa es correspondido y ahà van los familiares, los amigos o simplemente personas que extrañas y que les pusiste el altar en nombre de ellos. Pero hay otras cientas de personas, cientas de almas mejor dicho bajan el dos de noviembre, pero no tienen a donde ir. Y es en honor a esas almas, aquellos que han sido olvidados, aquellos que no tienen familias, a aquellos que nadie lo recuerda, que se ponen esos altares enormes en las calles o en las canchas, como es en este caso, para que ellos puedan ir y saciar aquella hambre y convivir. Son espÃritus a los que nadie se acuerda de ellos ese dÃa y el error de FermÃn aquella noche fue haberles faltado el respeto y haberse robado sus ofrendas. Espero que les haya gustado mi relato. Saludos a toda la comunidad de la cripta embrujada. Lo siguiente tiene poco que me sucedió. Fue en el el mes de octubre del año dos mil diecinueve. En aquel tiempo, yo estaba en la preparatoria y al llegar el dÃa de Brujas. Mis tÃas me pidieron que sÃ, de favor, podÃa llevar a mis sobrinos a pedir halloween alrededor de la colonia. Yo acepté, pues después de todo me iba a entretener un rato. El caso fue que pasamos a la casa de mi tÃo, el cual tenÃa una fiesta y nos terminamos quedando ahÃ. Después de haber pedido los dulces, la noche continuó y por eso de la una de la mañana me iba a retirar para mi casa. Solo que me pidieron nuevamente que me llevara a uno de mis sobrinos conmigo, ya que este querÃa regresar a su casa. Me quedaba de paso, asà que no le vi problema. Me prestaron una moto, ya que era algo tarde y asà podÃamos llegar más rápido y sin correr tanto peligro por el camino. Decidimos tomar una desviación de algunas calles tan solo para comprar algo, unas cosas para comer. Ese fue mi primer error aquella noche. Resulta ser que esta motocicleta tenÃa una falla, o más bien un detalle en el encendido. Me habÃan explicado que se batallaba un poco. De hecho, mi tÃo le habÃa encendido para que nosotros pudiéramos venirnos en ella. Una vez que compramos las cosas y al subirnos de nuevo para tratar de irnos, estuve cerca de quince minutos tratando de arrancarla y no podÃa hacerlo, motivo por el cual, al no quedarnos más remedio, tuvimos que continuar a pie. Mientras empujaba la motocicleta, ya faltaban incluso un cuarto para las dos de la mañana. Para esta hora no habÃa absolutamente ninguna persona en la calle, por lo que Ãbamos los dos solos hasta que de pronto mi primo que tendrÃa en aquel momento, unos nueve años, me me me me me me me odio. Dijo que alguien nos estaba siguiendo desde atrás al voltear vi que se trataba de un hombre vestÃa todo negro y traÃa una capucha que le cubrÃa el rostro por completo. Yo le dije que, a lo mejor, simplemente Ãbamos en la misma dirección en la que él iba, que no se preocupara. Pero mi primo me dijo que eso no podÃa ser que este señor se detenÃa cada vez que nosotros lo hacÃamos y que siempre se mantenÃa a la misma distancia. Me empecé a poner nervioso cuando me dijo esto, pero también trata de poner esto a prueba mediante los espejos de la motocicleta y muy disimuladamente empecé a hacer pequeñas pausas tratando de poner como pretexto a la moto en los espejos. Observé que esto era verdad, pero no era como si este hombre disimulara él. Simplemente se quedaba parado inerte y después comenzaba a caminar de un lado hacia el otro. En ese momento me quedaba claro. Yo le calculaba a este tipo o una altura por lo menos de un metro noventa y cinco. Era alguien alto y grande sabÃa que al menos en fuerza era superior a mÃ. La casa de mi primo pequeño se encontraba a unas tres cuadras de distancia, por lo que de inmediato pensé en una solución algo arriesgada. Le dije a mi primo que a la cuenta de tres corriera hacia la casa, que lo hiciera con todas sus fuerzas y que no voltear hacia atrás. Le di las llaves para que entrara tan pronto llegara él se preparó, contó hasta tres y lo hizo. Yo seguÃa caminando, empujando la motocicleta pues no podÃa dejarla detrás de mÃ. Solo estaba esperando un movimiento. No sabÃa si este sujeto irÃa tras mi primo otras de mÃ, pero ya estaba preparado con algo en mi mano. Curiosamente, seguà escuchando los pasos, escuchaba y sentÃa como se iban aproximando hasta mÃ, hasta que llegó el momento que sentà una respiración en mi oÃdo. Volté inmediatamente, pero a la misma vez lanzando un golpe, ya que creÃa que este tipo ya estaba tras de mÃ. Solamente agarré aire. Me encontraba solo en el camino. Lo busqué con la mirada durante unos breves instantes, pero no logré encontrarlo. Al poner la mirada de vuelta al frente, el miedo me empezó a invadir ya que aquel hombre ahora se encontraba delante del camino a tan solo como unos tres metros y muy ser cerca de mÃ. Este hombre ya no tenÃa la capucha puesta Ahora podÃa ver su rostro por completo hasta el dÃa de hoy. Quiero creer que este traÃa una máscara. Es lo mejor de creer para mi salud mental. Más que nada, sus ojos estaban por completo oscuros y eran anormalmente grandes. Estaban estirados hacia los lados como los de una alienÃgena de esos que salen en las pelÃculas. Su cara mantenÃa una mueca eterna como la de una sonrisa excesivamente estirada. Todo esto acompañado de una risa que me producÃa escalofrÃos rápidamente de un momento a otro. Me giré por más que recuerdo este momento y lo que más me aterra es que no pude ver dónde terminaba la máscara ni ese látex que comúnmente les cuelle parecÃa su cara. Creo que en verdad se trataba de su cara. No sé cómo lo hice, pero de alguna manera volteé rápidamente la motocicleta y empecé a correr con ella en dirección contraria. No miré hacia atrás. Eso si no escuchaba como si alguien me estuviera persiguiendo, escuchaba algo diferente. Escuchaba un sonido era como el rechinar de una puerta. No sé cómo explicarlo, pero este sonido lo escuchaba constantemente. Como si me persiguiera. Corrà lo más rápido que pude hasta llegar a la casa de mi primo, dando una vuelta a la manzana. Tan pronto llegué, boté la motocicleta en el patio y entré dentro de la casa. Por suerte, ya se encontraba mi primo adentro en primera estancia. Cuando entré mi primo me reclamó estaba muy asustado y me y me dijo aquel sujeto lo habÃa seguido, ya que cuando entró a la casa cerró con llave y después miró por la ventana para ver si yo venÃa en camino. Se dio cuenta que aquel sujeto se encontraba parado afuera de la casa, observándolo fijamente desde la banqueta y yo no estaba por ningún lado, pensó que lo habÃa dejado solo y habÃa salido yendo hacia otro lado, se encontraba muy asustado y oculto en la cocina. Cuando de pronto escuchó mi voz en la puerta de la entrada, ya no volvimos a salir por lo que restaba de la noche y pese a que seguimos festejando Halloween. En cierto modo, creció un temor que aún tenemos hasta ahora, aunque mi primo lo he convencido de que se trataban de algunos asaltantes más que nada para no asustarlo. Yo estoy más que seguro que en aquella ocasión lidiamos con algo paranormal. Otra experiencia que me sucedió ocurrió en Tuxpan, de igual manera en un retén, pero a diferencia de la otra historia que les acabó de contar esta carretera o más bien camino, porque en su mayorÃa era de tierra, estaba muy solitario. HabÃamos estado ahà cerca de unas doce horas y nadie pasaba. Era simplemente un camino que se nos ordenó cubrir por si acaso, como sabrán, al caer la noche, el camino estaba despejado a excepción claro de aquel monte que se veÃa a lo lejos y de los árboles. La luz de la luna iluminaba muy bien aquella noche podÃamos ver todos los claros, podÃamos ver a lo lejos e incluso las luces de algunos pueblos. Esto me ocurrió y por qué es importante para la historia en una fecha muy importante para México, muy importante para nuestras tradiciones. Sucedió un dos de noviembre, como sabrán, era el ya de muertos y creo que esto en parte explica lo que vimos aquella noche, porque, a lo lejos, y no solamente yo, sino otros militares, también empezamos a ver siluetas, unas siluetas extrañas que bajaban desde un pequeño cerro que se encontraba a la lejanÃa. Obviamente, esto nos llamó la atención, ya que por esos lugares no se encontraba ninguna vivienda. HabÃamos hecho el rondÃn, el sondeo por todo, el perÃmetro particularmente en aquel lugar. Se suponÃa que no habÃa nadie. Y por qué estábamos tan interesados en esto, Pues porque estábamos en un lugar el cual habÃa ocurrido recientemente tiroteos encuentros, y no solamente entre cárteles enemigos, sino también con nosotros. Entonces estábamos al pendiente de cualquier cosa extraña que sucediera a los alrededores, ya que nos podrÃan sorprender en cualquier momento, sobre todo si no conocÃamos muy bien el terreno con binuculares en mano. Tres de nosotros nos acercamos hasta aquella posición todo por órdenes. Claro, fuimos acercándonos obviamente despacio y en asedio. Cuando estuvimos lo suficientemente cerca, sacamos los binuculares y empezamos a observar aquella silueta tan pronto las vimos, no supimos cómo actuar, ya que si bien eran siluetas de personas, vestÃan de una manera muy extraña. Era como si todas estas, todas estas personas que bajaban del cerro una tras otra, una tras otra, llevaran un velo, un velo totalmente oscuro y también toda la vestimenta que traÃan era completamente oscura, ya que si bien podÃamos ver con la visión nocturna de los binoculares, no lográbamos ver alguna ropa diferente, algún color diferente. Todo estaba oscuro. Pero esto no fue lo más extraño que vimos, Y es que podÃa ver que en el interior de estas personas, a la altura de su pecho o de su estómago, irradiaba una luz, era una alma, luz blanca, una luz tenue. Gracias a esta luz, es que podÃamos ver las siluetas estas personas se encontraban caminando bajando del cerro. SÃ, pero por un lado oscuro donde se encontraban los árboles. Esta luz que proporcionaban las siluetas era lo suficientemente brillante para llamar nuestra atención, pero no lo suficiente como para causar un alboroto. Estábamos más que seguro que se trataban de personas, asà que nos fuimos acercando, caminamos y caminamos hasta que llegamos hasta aquel cerro. Una vez que llegamos ahÃ, no encontramos a ninguna persona. Empezamos a hacer el sondeo empezamos a revisar por todos lados, obviamente con las armas preparadas por si esto se trataba de alguna emboscada, pero pero por más que buscamos, no encontramos a nadie. Después de estar rodeando el cerro y comunicar que no habÃamos encontrado nada, recibimos nuevas órdenes de subir a éste. TenÃamos que subir rápido y bajar rápido, simplemente cerciorarnos de que las personas a lo mejor en lo que Ãbamos para allá, a lo mejor se habÃan subido. Lo hicimos de igual manera, totalmente en silencio y a la expectativa de cualquier cosa. Cuando llegamos a la cima, no encontramos personas. Pero si encontramos algo, lo que nos encontramos fue una especie de cementerio. HabÃan cerca de siete cruces, siete cruces que se encontraban en la cima de este, cada una de ellas con un nombre y apellido diferente, pero todas ellas. Al revisarlas, vimos que tenÃan algo en común, y es que el año y el dÃa de fallecimiento era el mismo, el mismo para todas las cruces eso querÃa decir que todas las personas habÃan fallecido el mismo dÃa y el mismo año juntas y muy posiblemente en aquel sitio. Una vez, habiendo checado esto, bajamos inmediatamente del cerro. Llegamos con los demás del grupo y les explicamos todo lo que habÃamos visto entre platiqué pláticas. Sacando nuestras propias deducciones, llegamos a la respuesta que lo que habÃamos visto y tomando en cuenta que era dos de noviembre, supusimos que lo que vimos eran las almas de aquellas personas bajando de de aquel cerro para visitar a los vivos en ese dÃa. Después de todo, el camino por el cual se dirigieron era el mismo camino que llevaba al pueblo. Esa fue mi experiencia. Gracias por escuchar mis historias. Saludos a todos desde aguascalientes. La historia que quiero contar a continuación sucedió en la noche de Brujas. Yo me encontraba en esa precisa noche en una de las cantinas cercanas a mi casa. Me habÃa reunido con unos amigos después del trabajo para tomar algunos tragos y divertirnos un rato. Conforme pasó el tiempo uno a uno se fueron retirando. Al final de esta pequeña reunión en la cantina, solamente quedábamos dos y para ese entonces ya estábamos un poco pasados de copas. Dentro del bar Empezamos a contar cosas paranormales que nos habÃan pasado, ya que la programación de la TV era puro terror y por eso nos llegó la idea. Después de un rato, mi amigo se percató que habÃa dos hombres con vestidura como de Mariachi al lado de nuestros caballos. Salimos de inmediato, pues a veces robaban a los caballos en un camino cercano a la cantina. Ambos vimos a los hombres a través de la ventana, pero cuando abrimos la puerta del bar para salir, estos ya no se encontraban afuera de la cantina. Se encontraba Don Fausto. Era un señor de edad mayor que se dedicaba a cuidar las pertenencias de los que entraban al establecimiento como autos motocicletas caballos, ya que habÃa estado muy fuerte una ola de robo en el pueblo. Le preguntamos a Don Fausto si no habÃa visto a los hombres que se encontraban cerca de nuestros caballos. Ãl me respondió que esos dos caballos eran los únicos que estaba vigilando, ya que no habÃa nadie más y nos aseguraba que nadie se les habÃa acercado en lo que él estaba parado allà habÃa fango alrededor donde se ponen los caballos. Lo más probable es que también hubiera huellas. Sorpresivamente, no las encontramos. Estábamos seguros que habÃamos visto a los mariachis, pero don fausto y más que nada esta prueba decÃan todo lo contrario. Nos marchamos de la cantina cada quien por su camino, pero en el transcurso hasta llegar a mi casa, las cosas empeoraron. Pues, vi de nuevo a los mariachis, pero estos ahora iban detrás de mà como si me fuera fueran persiguiendo. Ahora eran varios. Creo que algunos cinco e iban cada uno en sus caballos. Empecé a cabalgar más rápido para dejarlos atrás, pero de nada servÃa. No podÃa perderlos. Cuando salà de este camino. Fue que por fin me dejaron en paz. Al llegar a casa y después de hablar con varios compañeros, ellos me contaron que se rumoraba que aparecÃan Mariachis en la noche de Brujas, Pero que la verdad, a muy pocas personas se les habÃa parecido. Pero que la verdad, pero que la verdad a muy pocas personas se les habÃan aparecido. Yo habÃa sido una de esas pocas personas. Me contaron que en ese camino, años atrás le habÃan quitado la vida a cinco Mariachis, precisamente en noche de Brujas, y que yo solamente fui una vÃctima de las apariciones que hacen año con año




