Dec. 4, 2023

RELATOS ATERRADORES EN EL TURNO NOCTURNO PARTE 2 / SOY VELADOR Y EN LA NOCHE OCURREN COSAS PARANORMALES / L.C.E.

RELATOS ATERRADORES EN EL TURNO NOCTURNO PARTE 2 / SOY VELADOR Y EN LA NOCHE OCURREN COSAS PARANORMALES / L.C.E.

3 Historias de horror que te dejaran impactado, ocurridos en el turno de noche.

Spotify podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Spotify podcast player iconRSS Feed podcast player icon

3 Historias de horror que te dejaran impactado, ocurridos en el turno de noche.

Los veladores tienen muchas historias interesantes que vale la pena escuchar. Muchos creerían que las historias de estos hombres solamente estarían en lugares lejanos, lugares inhóspitos, como bodegas almacenes, Pero la historia que nos trae este velador nos dice que esto no es así. De hecho, los lugares en donde menos piensas que pueda haber alguna actividad paranormal son los lugares que más se prestan para esto algo muy interesante. No cree alguien creería que en un edificio abandonado surgirían más experiencias aterradoras, pero todo lo contrario. Él dice que en ocasiones esto sucede en lugares muy concurridos, como él les sucedió. Pero esta historia, aparte de él, también tiene otro protagonista. Los espejos son muy interesantes. Porque, más allá de solamente tenerlos en cuenta para la apariencia, para nosotros vernos, para arreglarnos, servir también para los automóviles. Los espejos y se pueden investigar son usados en gran cantidad en rituales budu, en rituales satánicos e incluso más modernos, en rituales de crippasta. Por qué será que los espejos son tan misteriosos. Será acaso que, como muchos dicen, mediante ellos se puede ver otra realidad, otra dimensión. Bueno, creo que la siguiente historia nos dejará más dudas que respuestas respecto a esto. Hola mi nombre se ivan anteriormente y durante un buen tiempo en mi vida fui venador esto más que nada, porque tenía unos asuntos que hacer durante el día y durante la noche. Se me facilitaba mucho. Este trabajo. Fui velador en diferentes partes, tiendas comerciales, estacionamientos, incluso algunas bodegas que estaban totalmente deshabitadas, donde creo la mayoría, al entrar siquiera durante la noche, creerían que espantan. Pero lo más irónico de todo es que les voy a decir que en los lugares en donde uno menos piensa que va a pasar algo paranormal, para desgracia, es donde más sucede, porque a pesar de ser velador en a en aquellas bodegas grandes y solitarias alejadas e incluso en algunas partes con carencia de luz, jamás me pasó nada. Jamás vi nada extraño, aparte de animales. Todo lo contrario. Cuando me pusieron en una tienda de ropa. Esta tienda de ropa tenía mucha afluencia de gente. Cuando llegaba yo, que era cerca de las nueve de la noche para irme a las nueve de la mañana todavía había mucha gente. Yo era el encargado de asegurarme que para las diez de la noche ya no hubiera nadie decirles amablemente a todos los clientes que estaba por cerrarse la tienda. Cuando yo me encontraba ya cerca de las diez de la noche, cuando ya tenía la indicación de sacar a todos los clientes, había una fila de espejos pegados en la pared. Esta fila, que constaba cerca de cinco espejos grandes, servían para que las personas que se estuvieran probando ropa salieran y se vieran en el entorno, también para que prendas se pusieran por arriba de la misma ropa. Estos espejos eran extraños. Varias veces me tocó que cuando yo estaba secando a todos, veía a personas reflejadas en estos espejos. Había muchos muros llenos de ropa, ropa colgada desde el techo, Era una tienda que podríamos decir de un género en concreto, era mucha ropa juvenil. Obviamente, yo, al ver clientes reflejados en el espejo, yo los buscaba. Iba hasta el sitio donde daba el reflejo de este espejo, pero siempre que llegaba ahí y buscaba por ahí y por los alrededores, no veía a nadie. Me pasó varias veces veía un hombre, a una mujer, a una niña, a un niño de diferentes tamaños y edades, pero lo curioso era que jamás les veía el rostro. Siempre los veía volteados totalmente de espaldas o de un lado o la cabeza girada. Jamás podía ver bien sus caras. Después de que me haya pasado varias veces esto llegué a pensar que tal vez estaba quedándome algo loco o tal vez algo sugestionado por ver a tantas personas de seguro era como ese extraño hábito que tenemos algunos de ver algo por el rabillo del ojo. Pero esto, si bien era extraño, no era lo más extraño que tenía que hacer en esa tienda. Tenía la instrucción muy clara que cuando todos se iban el personal, los clientes solamente o yo me quedaba en aquella tienda durante toda la noche, tenía que tapar esos espejos con una manta especial que tenía cada uno. Los cinco tenían que ser cubiertos por completo, sin dejar ni un solo lado, sin descubrir. Esto era extraño porque solamente esta instrucción acataba para esos espejos. Había más espejos en la entrada, en los muros estos, por otro lado, no se me daban instrucciones. También había espejos adentro de los vestidores, pero no tenían esta instrucción. Durante las noches que estuve ahí. Las primeras yo acá testa orden. Nunca le vi importancia, así que simplemente iba y los cubría tan pronto cerraba la tienda. Pero sucede que una noche, cuando había tormenta me entretuve mucho tiempo, fuera escoltando a las señoritas. Más que nada, los taxis había mucha inundación aún así que requerían me ayuda. Se fueron más tarde de lo habitual, por lo que al entrar a la tienda ya eran pasadas de las once y media y iba a ser medianoche. Decidí sentarme escuchar un poco de música y después de las doce me dispuse a cenar. Se me olvidó por completo tapar aquellos espejos. Yo cené. Estuve un rato ahí y por eso de las doce cuarenta me paré y fui al baño y justo cuando iba caminando y volteo hacia la derecha. Veo claramente todos aquellos espejos sin la manta. Yo no le presto atención a esto, porque quién se iba a dar cuenta por una noche que no se las pusiera. La verdad es que no iba a tener mucho efecto. Tal vez lo hacían para que no se llenaran de polvo, pero en una noche, qué tanto polvo les podría caer. En fin, yo voy al baño, hago mis necesidades y cuando salgo de vuelta, otra vez miro los espejos. Pero un eso me percato de algo, y es que, si bien hay luces ahí, luces que me sirven para estar dando rondines, no están todas las luces prendidas. Todavía se ve oscuridad en ciertas partes de la tienda. Veo que atrás de mí, reflejado en el espejo, alguien me viene siguiendo. Veo una silueta, la silueta de una persona que va tan solo a centímetros de mí, ni siquiera un metro iba demasiado cerca. Yo volteo de inmediato, obviamente sobresaltado, pero no veo a nadie. Volteo hacia un lado, volteo hacia el otro, pero estoy completamente solo en la tienda. Otra vez volteo y veo el espejo en este ya no se podía ver nada. Le atribuía a que solamente tal vez con miedo, pero tratando de estar lo suficientemente centrado, me dije a mí mismo que tal vez era un engaño nuevamente de mis ojos de mi subconsciente, así que no le presta atención y seguí con mi camino. Estuve ahí. Después de eso, yo tenía la obligación que durante la noche tenía que checar que unas máquinas tuvieran el rollo que sirve para sacar tickets estas máquinas están situadas en diferentes partes de la tienda. Solamente tengo que ver al rollo, si es que ya casi se acaba cambiarlo por uno nuevo. Eso es todo. Cuando estaba cambiando un rollo cerca de estos espejos, algo atrajo mi mirada y es porque por el rabillo del ojo noté un movimiento que se reflejaba en aquellos espejos. Al voltear a verlos fijamente, yo pensé que pasaría como la última vez. Tan pronto volteo y los miró fijamente, las cosas iban a desaparecer. Pero para mi mala suerte, esto no sucedió en aquella ocasión. Lo que sea que había visto por el rabillo del ojo se mantuvo allí para que esta vez lo viera y lo viera con propiedad y con mucho detalle. Eran siluetas. Podría decir que eran sombras. Estas sombras se movían de un lado hacia otro, como si fueran clientes. Conté tres sombras diferentes reflejadas en aquellos cinco espejos. Estas sombras ni siquiera tenían cuerpo porque podía ver a través de ellas cómo se materializaba la ropa, por donde ellos pasaban, cómo se veía a través de ellos las diferentes camisas, los diferentes diseños. Esto me causó muy mucho temor En ese preciso momento tiré el rollo. No me importó nada. Corrí y me encerré en la oficina. No salí en toda la noche. Después de las ocho de la mañana salí encendí todas las luces, tomé las mantas con las que tenía que tapar aquellos espejos y mirando siempre hacia abajo, evitando por completo mirar aquel reflejo. Puse la manta y fui tapando uno por uno se me dificultó, ya que no quería alzar la cabeza. Tal vez al alzarla y si la manta se caía, podía haber algo reflejado en aquel espejo que no me iba a gustar para nada, tal vez algo demoníaco, tal vez esta vez no me iba a correr con la misma suerte de solamente ver sombras. Tal vez iba a haber algo peor. Por suerte, funcionó. Después de aquella noche procuré jamás ver los reflejos cuando recién llegaba y cuando todos se iban, incluso cuando uno lo hacían las últimas que se iban. Siempre yo ya había tapado los espejos. Jamás volví a tenerlos sin sus mantas. Al pasar el tiempo. Creo que yo no fui el único que vio algo paranormal o extraño en estos espejos y es que los terminaron quitando y en su lugar recorrieron los probadores así ocupando el lugar de aquellos espejos. Estos fueron tirados, ni siquiera vendidos, fueron destrozados en la calle y después depositados al bote de basura por orden misma de los dos gerentes. El motivo nunca quisieron decirlo. Todos hemos tenido algún trabajo en el cual nos sentimos muy bien al principio, pero qué pasa cuando te sucede algo inexplicable. Te ha pasado alguna vez alguna vez has estado en un trabajo nuevo y tienes la mala suerte de encontrarte con algo que podríamos decir. No tiene otra explicación que enteramente lo paranormal como esta historia que viene a continuación. Este hombre acababa de entrar a trabajar para una familia como chofer. No tenía para nada en cuenta, no lo sabía y cómo podría saberlo que aquella familia tenía un pasado. Podríamos decirlo triste, uno de sus integrantes. Al parecer se había ido al menos en cuerpo porque su alma todavía seguía ahí y este hombre fue testigo de eso. Mi nombre es Erick Ruiz. La experiencia que les quiero contar me sucedió ya hace varios años en un antiguo trabajo que tenía. Yo he sido chofer toda mi vida taxis, microbuses y más recientemente uber, pero como todo, he ido saltando de trabajo en trabajo y en una ocasión trabajé como chofer para personal. Era una agencia que tenía diferentes transportes y a mí me solicitaron dar transporte a ciertas familias adineradas. Familias pudientes necesitaban tener chofer a toda ahora las veinticuatro horas, ya sea de día y de noche, por lo que una semana me tocaba de día y otra semana de noche. El turno de noche era muy pacífico. Sí, era que tenía trabajo, pero a veces nada surgía. Recuerdo que aquella casa era grande y para ese entonces yo llevaba trabajando ahí cerca de tres semanas. No tenía mucho tiempo. Cuando me cambiaron aquí, empecé a conocer a toda la familia, a las personas que trabajaban con esta familia, a los choférez, a los jardineros, etcétera, etcétera. Sucede que cuando me cambian al turno de noche, me sucede esta experiencia. Ahí me encontraba yo como otras tantas noches. A nosotros nos tenían designada una casa, una pequeña casa en donde teníamos camas, una estufa, una pequeña cocina, y ahí nos podíamos recostar durante un tiempo a las once y media doce de la noche es un horario todavía pues no tan tarde y varias de las personas que están trabajando con esa familia todavía se encuentran laurando al no tener ningún trabajo. Prácticamente todavía yo y el otro chofer, ya que éramos dos, decidimos salir a fumar un cigarrillo. Siempre lo fumábamos afuera casi a la salida de la casa. Pero en aquella ocasión, al ir platicando, nos llamó la atención ir a fumar este cigarrillo en el patio de esta Ahí había una fuente, había luces, había una banca y pues en un todo y íbamos a estar más cómodos, fuimos hacia la banca, nos sentamos y empezamos a platicar mientras nos fumábamos el cigarrillo mirando hacia la casa, mirando aquellas ventanas la silueta de ésta y mi atención se iba hacia una ventana en el segundo piso, en el extremo Derecho, porque veo una silueta que se está asomando desde adentro hacia afuera. Es una silueta algo pequeña y de inmediato. Debido a la luz de la luna que reflejaba sobre aquella ventana, logro ver que se trata de un niño. Un niño nos estaba observando desde aquella ventana. A nosotros dos se nos quedaba mirando fijamente. Un detalle que podríamos decir en ese momento era algo peculiar es que este niño estaba dentro de aquella habitación, pero la habitación se encontraba completamente oscura, es decir, el niño se encontraba en aquella habitación con cos una luz apagada. Por eso mismo no es que lo pudiéramos ver muy bien, sino que este nos empezó a hacer señas, a saludarnos desde arriba nosotros, obviamente, por cortesía. Ambos éramos nuevos, así que pensamos que se trataba del hijo de los patrones. Solamente lo saludábamos y este niño, con una sonrisa, nos devolvía el saludo. En ese momento él sacó un avión, un avión de plástico rojo, jugando con él ahí en la ventana. Era algo extraño, pero también algo peligroso, ya que el niño estaba muy a la orilla. Se podía caer si no tiene supervisión, pero veía que estaba muy cómodo como si no fuera la primera vez que lo hacía. Continuaba saludándonos. Cuando en eso lanza el avión, el avión vuela un poco, pero de después cae arriba de la fuente y se moja por completo. Se sumerge el niño. Solamente se nos queda viendo y en eso yo pienso tal vez quiere que le llevemos el juguete de todas maneras, ya es algo tarde. No nos cuesta nada tomar el avión y dejárselo en la cocina para que en la mañana se la encuentre ahí. Así que, después de acabarnos el cigarrillo, tomé aquel avión, lo sacudió un poco y después vi nuevamente al niño con una seña le dije que eso le iba a dejar en la cocina. El niño simplemente me sonreía, me continuaba sonriendo. Yo me metí en la casa y una vez dentro me encontré con una chica, la cual trabajaba para la familia. Yo le dije que iba a dejar. Está bien aquí en la mesa, ya que era del niño que lo había ventado y se le había quedado en la fuente. En un principio, ella no me prestó mucha atención, así que me digo que sí, que no había ningún problema. Pero cuando ella voltea y ve el avión inmediatamente me detiene y me dice disculpe dónde. Me dice usted que encontró este avión. Yo le replico no me lo encontré. El niño del segundo piso. Creo que es el hijo de los patrones lo aventó desde el segundo piso, cayó en la fuente y nosotros, pues estábamos ahí cerca, simplemente lo agarramos y se lo trajimos. La chica me mira muy extrañada. Me dice que no me mueva y en ese momento va por una señora. Igualmente, esta señora se dedica, pues, a la limpieza del hogar, pero es una señora ya grande. Se nota que tiene varios años trabajando para esta familia. Ella va y agarra el avión y me pregunta lo mismo. Disculpe, señor, pero este avión, dónde se lo encontró. Yo le vuelvo a repetir yo no me lo encontré. El niño de arriba el de la ventana del segundo piso, la habitación que está hasta el fondo a la derecha. El niño nos lo aventó, estaba jugando con él, incluso nos estaba saludando. Él aún está despierto. Tiene la luz apagada que cro es para que los padres no sospechen que él todavía está despierto. La muchacha y la señora se me quedan viendo y en eso entra la hija menor, la cual ya había visto anteriormente. Era una niña de algunos catorce quince años y en ese momento, como si cuando ella hubiera entrado, hubieran sonado todas las alarmas. La señora rápidamente esconde el avión, lo guarda bajo del mantel de la mesa ocultándolo y después de eso me dice ok, señor me podría hacer el favor de esperarme aquí tantito afuera. Necesito decirle algo. Yo hice lo que me dijo. La verdad es que parecía bastante desconcertada y quería saber el motivo. Cuando esta señora sale y me pide que la acompañe y que le señale la ventana, yo lo hago. Llegamos hasta la fuente. La ventana se encontraba cerrada con la luz apagada, yo el señalársela ella solamente se talla los ojos y me dice esa ventana le pertenecía al hijo menor de la familia, era un niño. Él tenía siete años. Me contó que este niño había nacido con un padecimiento, una enfermedad que, si bien se trataba correctamente, inevitablemente se lo terminó llevando a una corta edad de siete años. Aquel niño llevaba dos años de haber fallecido y a pesar de que habían pasado ya años en la familia, todavía se resentía tanto, así que tanto la madre como el padre tomaron la decisión de cerrar aquella habitación con todas las pertenencias del niño y no sacarlas hasta que al menos todos en la familia hubieran superado su partida. Todas las pertenencias del niño se refieren a su ropa, sus alimentos, sus medicinas y, por supuesto, también sus juguetes, juguetes en los que entraba aquel avioncito que me habían lanzado. La señora también me explicó que aquel niño de nombre Argelio, por lo mismo, por estar en tratamiento casi siempre en raros tiempos por meses, no salía de la casa, recibía educación en la casa, recibía sus tratamientos en la casa. Por ende, era muy amigable con todo el personal, con las muchachas, con los sirvientes, con los de seguridad y también con los choferrees. Siempre saludaba a cualquiera que él veía, ya sea desde la sala, desde algún pasillo en la cocina o desde su alcoba mirando por la ventana. Después de esto, ya era más que claro lo que había visto aquella noche, por los siguientes meses que continué dando servicio a aquella familia. Si bien en algunas otras ocasiones salimos a fumar cigarrillos, no volvimos a hacerlo en aquella fuente. No sabría decirle si esto fue por miedo o por respeto. Pero después de saber toda esta historia, no quería volverme a encontrar con aquel niño, porque fui testigo aquella noche de que aquella almita todavía no se va de este mundo. Las leyendas en los trabajos son historias que uno con el tiempo, creo que empieza a descubrir. No es lo primero que se te viene a la mente a preguntar y creo que esto sucede en muchas ocasiones en grandes edificios, en grandes tiendas, departamentales u oficinas. A mí me pasó que escuché muchas veces que a tal hora no tienes que pasar por tal pasillo, porque se parece una niña que en las noches los veladores por las cámaras me llan ahí niñas, vean mujeres, veían siluetas o se escuchaban sonidos, gritos o voces. Creo que cada trabajo tiene por lo menos un acontecimiento de esto y en base a esto se establecen algunas extrañas reglas. El siguiente relato encajaría mejor en lo que podríamos decir en que no debes de desobedecer reglas que te sean impuestas por más extrañas que estas parezcan. Al fin y al cabo, se pusieron por alguna razón, para mala suerte, esta chica no siguió las reglas y en su turno nocturno tuvo que pagar las consecuencias. Mi nombre es Fernanda. Esta experiencia que les quiero compartir me sucedió en esas temporadas del bueno. En fin aquellos tres días en donde algunos otros lugares se les conoce como el brack FRAIDEY, como sabrán, en esos días se ponen innumerables ofertas en todas las tiendas departamentales, en los supermercados e incluso comercios en línea, lo cual no es diferente. En las zapaterías, como en donde yo trabajo, se pusieron muchos descuentos y esto atrajo a muchas personas aquel día debido a las ofertas y en la alta demanda en esos tres días y aparte que esto se trata de un horario que ya maneja la zapatería de todas las tiendas y que se les da a todas que se tienen que quedar hasta aproximadamente la una de la mañana o doce y media de la noche abiertas esos tres días. Esto más que nada, porque algunos trabajadores salen a las once de la noche y por ende, quieren ir a comprar algo, quieren aprovechar los días. Es una venta nocturna, por así decirlo, y yo por tener el turno de tarde. Me quedé a este turno también y créanme que sí. Hubo demasiada gente, demasiadas personas. Prácticamente hasta la una de la mañana. Teníamos que esperar hasta que el último cliente se fuera. Por los primeros dos días. Nada extraño sucedió, pero fue en el tercero y último que esto me pasó. Sucede que esta zapatería es la más grande de toda la zona. Se podría decir que es la matriz. Está dentro de una plaza comercial y consta de tres niveles diferentes. El primer nivel donde se sitúa el almacén, es aquel que tiene acceso al estacionamiento y donde bajan las personas para ir a sus automóviles. Por ahí llega el camión que nos surte. El segundo nivel es el que se encuentra adentro de la plaza, es la tienda, como quien dice, Ahí se demuestran los tenis, compran, los clientes, están las cajas, etcétera, etcétera. Y el tercer nivel es donde se encuentran las oficinas, administración, recursos humanos, los supervisores que van a las diferentes tiendas de la zona conurbada, etcétera, etcétera. Y cada uno de estos tres niveles cuenta con sus propios baños en el sótano. El almacén tiene sus baños en el segundo nivel de la tienda tienen los baños que sirven tanto para clientes como para empleados y en la tercera planta administración tiene sus propias baños para todos los empleados. Había algo curioso en esto y es que, a pesar de que llevo ahí para ese punto apenas como dos meses trabajando, había notado que los baños del almacén no se usaban. Eran unos baños que tenían llave alguna vez allá. Por mis primeros días quise entrar a uno de ellos, pero tenía llave y nadie quería abrirlo, por lo que siempre optaba de usar el de arriba el d RH y administración o usar el baño al que todos iban en la tienda. Pero claro, esto solamente me funcionó hasta que llegó el buen fin y es que, como les digo, llegaron muchas personas y los baños se encontraban hasta con fila, tanto el de hombres como el de mujeres. A los baños del ministración. Yo no podía ir y es que para este punto ya eran cerca de las doce de la noche y todo el personal de arriba ya se había ido. Ellos no tenían por qué quedarse. Ellos salían a su hora habitual a las ocho y media nueve de la noche como mucho y todo el piso de arriba se cerraba completamente, por lo que no podía acudir a los baños de arriba. Solamente me quedaban los de la tienda y los del sótano, los del almacén. Al ver que había tanta cola y al ver que los clientes seguían llegando y llegando, yo opté por ir con el gerente y explicarle si me podía dar las llaves, ya que tenía mucha urgencia de ir al baño él. Al principio no me quiso dar las llaves. Él me dijo que me esperara. Él me dijo que el baño se iba a desocupar pronto, pero esto eran solamente mentiras. Por más que esperaba. La fila se llenaba y se allanaba y ya algo Harta le dije que, por favor, me dieran las llaves, que ya no me aguantaba. Él optó por dármelas. Pero antes de esto me dijo que había dos condiciones. Una de ellas es que tenía que bajar al baño acompañada, ya sea por un chico o por una chica, y la otra es que la puerta del baño, la de fierro, la de la entrada, no se tenía que cerrar por ningún motivo. Yo le dije que sí. Rápidamente a todo esto fui con tres compañeros. Dos de ellas eran vendedoras y uno trabajaba en el almacén. Y pese a que los tres me dijeron que sí, me iban a acompañar. Estaban tan atareados en su trabajo que era casi imposible que me acompañara. El de Almacén estaba acomodando todos los zapatos y estaba ayudándole a mis compañeras encontrar Algunos mis compas bañeras tenían clientes y clientes juntándoseles, por lo que, a pesar de que me habían dicho que sí, yo no les quise robar más su tiempo. Fui directamente hacia el baño completamente sola. Caminé por el pasillo y abrí la puerta. La puerta de fierro era pesada, por lo que si la dejaba a un lado, prácticamente era imposible que se cerrara. La Dejé ahí y, como me dijo el gerente, esa puerta no se tiene que cerrar por ningún motivo. Caminé por los baños y lo que primero me llama la atención es que pensé que estos baños estarían sucios, estarían algo descuidados, pero nada de eso completamente lo opuesto. De hecho, los baños estaban muy limpios. Era como si en la mañana el personal de limpieza viniera y los limpiar a todos los días. Los espejos estaban limpios, los lavamanos cada uno de los cubículos, sobre todo porque casi no se usaban. Pero este baño tenía un detalle, y es que ninguna de las puertas de todos los cubículos tenían el seguro. Todos estos baños tenían que tener algún seguro que se ponía desde adentro, más que nada, para que cualquier persona que entrara no pudiera abrirlos con facilidad. Bueno, pues se notaba que todos esos seguros habían sido quitados, ya que se veía las marcas en las puertas que se los habían quitado. Sabía el óxido, sabía sobre todo el orificio donde iban estos seguros por más que busque uno que lo tuviera, ninguno lo tenía, por lo que inevitablemente tuve que ir a uno que no lo tuviera y una vez estando dentro ya del baño, no pude estar en paz, ya que escuchaba todas las pláticas de mis compañeros, escuchaba todo el alboroto que traían ahí en el almacén y pues no sé me dio esa desconfianza que alguien entrara y pues que las puertas no tuvieran seguro La verdad es que a mí me daba pena, por lo que, al no estar a gusto, decidí salir del baño y no cerrar la puerta de fierro. Solamente entre cerrarla, como dije, era una puerta pesada, por lo que yo estaba segura que nadie lo podría cerrar, al menos no de forma involuntaria. Entre cerré la puerta y una vez ya estando en silencio, ahora sí pude entrar al baño con más confianza, pero casi enseguida. Escucho como aquella puerta de fierro se cierra, yo traía la llave, así que poco o nada me importaba. Además más, la manija estaba desde adentro. Se tenía que abrir desde adentro. Hace que no le presté más la tensión e incluso me sentí con más confianza todavía cuando en eso escucho pisadas que van de un lado hacia otro adentro del baño. Estas pisadas no eran pisadas normales, como las de una suela, de algún zapato, de algún tenis Eran pisadas como la de una planta del pie, como si la persona que estuviera caminando ahí fuera totalmente descalza. Esto me dio mucha curiosidad, por lo que bajé la mirada y miré los pies de esta persona eran pies descalzos, No traía calcetines, no traía zapatos, eran pies de escasos los que iban de un lado hacia otro. Explicación. La verdad es que no había decidí no prestarle mucha atención a esto, a enfocarme en lo mío y una vez que salí del baño esperando encontrarme con aquella persona, no había nadie, ni de un lado ni del otro, e incluso la busqué. Sabía muy bien que las puertas no tenían seguro, así que solamente tuve que ir tocando puerta por puerta e ir empujándola. Ya conocí a todos en la tienda. Solamente tiene cuosidad de por qué estaba descalza la persona. Muy probablemente era un compañero mío y ya lo conocía, pero me empezó a dar un miedo terrible al ver que con cada puerta que abría no veía a nadie, y esto ocurrió en todos los cubículos del baño. Estaba sola. Obviamente, ya corriéndome un escalofrío en el cuerpo, fui, me lavé las manos e intenté irme del baño, pero al momento de meter la llave y darle la vuelta, la llave no reaccionaba, no se movía, no me explicaba por qué no era la misma llave con la que había entrado. Por más que movía, por más que jalaba la puerta. Esta no cedía para nada. Y fue en ese momento en el que empiezo a escuchar unos golpes, unos golpecitos que vienen desde una de las puertas de los cubículos del baño, unos toques como si estos trataran de llamarme atención y lo lograron. Yo volteo y veo que es el primer cubículo al que puedo verlo con facilidad, el que está más cerca de mí y veo dos plantas de los pies que salen de abajo de este. La persona que estaba buscando se encontraba ahí y estaba tocándome la puerta. Yo estaba aterrada, asustada por completo. Yo sabía que esto no era normal. Yo había registrado aquel baño hacia apenas segundos y no había nadie ahí para entonces el miedo se apoderó de mí. Empecé a tocar la puerta. Empecé a tocarla, empecé a tirar de ella y finalmente empecé a gritar. Ábranme por favor, Abranme gritaba y gritaba hasta que unos compañeros míos de Almacén me escucharon fueron inmediatamente en mi auxilio, ellos desde afuera y yo desde adentro. Forcejeando la puerta, hicimos que se abriera. Una vez que se abrió, ellos me preguntaron qué pasaba, qué había visto que yo les dije que en el baño había otra persona. Ellos ya tenían tiempo ahí, ya sabían lo que había visto. Pero aún así y para sentirme más tranquila, uno de ellos fue y lloviendo desde la puerta, registró todos los baños, pero no había nadie por lo que quedó de la noche. No atendía ningún cliente. Estaba muy aterrada y el gerente me entendió. Fue hasta el día siguiente en el que él me dijo, junto con las cajeras que tenían más años que esto le sucedió a muchos trabajadores de ahí hace varios años. Pase resulta que muchos vendedores almacenistas dijeron que cada vez que entraban a esos baños le cerraban la puerta. El seguro de estas fallaba y la puerta se quedaba dorada y cuando iban solos, decían que del otro lado de la puerta se podían ver unos pies descalzos, como si éstos o la persona que estaba del otro lado estuviera frenando para que la persona saliera del baño. Debido a esto y a que siempre los seguros se quedaban atorados, decidieron quitarlos. Aunque esto no frenó las extrañas apariciones de aquel ente que después de meses se dieron cuenta que era una niña, Una niña con un vestido blanco, todo arrugado y sucio con los pies descalzos era lo que se aparecía en aquellos baños, siempre que alguien entraba los encerraba en estos, por lo que se les dijo los vendedores que cuando iban a aquel baño tenían que ir acompañados y que la puerta se tenía que mantener abierta en todo momento. Por eso se iban acompañados siempre en grupos mínimo de dos, para que la otra persona estuviera al pendiente. Pero de igual manera, a algunos con mala suerte, les tocaba encontrarse con aquella niñez. Al pasar el tiempo, se dieron cuenta que, debido a esto, ya nadie usaba los baños, por lo que al tener una inactividad, lo cerraron definitivamente. Solamente eran abiertos cada dos días para que las personas de limpieza y juntas las tres entraran aquel baño con la puerta abierta para hacer limpieza más que nada por ciertas reglas que tenía el establecimiento. Apenas han pasado días desde que me pasó eso y estoy más que segura de que no voy a volver a usar aquel sanitario