RELATOS ATERRADORES EN EL TURNO NOCTURNO PARTE 2 / SOY VELADOR Y EN LA NOCHE OCURREN COSAS PARANORMALES / L.C.E.

3 Historias de horror que te dejaran impactado, ocurridos en el turno de noche.
3 Historias de horror que te dejaran impactado, ocurridos en el turno de noche.
Los veladores tienen muchas historias interesantes que vale la pena escuchar. Muchos creerÃan que las historias de estos hombres solamente estarÃan en lugares lejanos, lugares inhóspitos, como bodegas almacenes, Pero la historia que nos trae este velador nos dice que esto no es asÃ. De hecho, los lugares en donde menos piensas que pueda haber alguna actividad paranormal son los lugares que más se prestan para esto algo muy interesante. No cree alguien creerÃa que en un edificio abandonado surgirÃan más experiencias aterradoras, pero todo lo contrario. Ãl dice que en ocasiones esto sucede en lugares muy concurridos, como él les sucedió. Pero esta historia, aparte de él, también tiene otro protagonista. Los espejos son muy interesantes. Porque, más allá de solamente tenerlos en cuenta para la apariencia, para nosotros vernos, para arreglarnos, servir también para los automóviles. Los espejos y se pueden investigar son usados en gran cantidad en rituales budu, en rituales satánicos e incluso más modernos, en rituales de crippasta. Por qué será que los espejos son tan misteriosos. Será acaso que, como muchos dicen, mediante ellos se puede ver otra realidad, otra dimensión. Bueno, creo que la siguiente historia nos dejará más dudas que respuestas respecto a esto. Hola mi nombre se ivan anteriormente y durante un buen tiempo en mi vida fui venador esto más que nada, porque tenÃa unos asuntos que hacer durante el dÃa y durante la noche. Se me facilitaba mucho. Este trabajo. Fui velador en diferentes partes, tiendas comerciales, estacionamientos, incluso algunas bodegas que estaban totalmente deshabitadas, donde creo la mayorÃa, al entrar siquiera durante la noche, creerÃan que espantan. Pero lo más irónico de todo es que les voy a decir que en los lugares en donde uno menos piensa que va a pasar algo paranormal, para desgracia, es donde más sucede, porque a pesar de ser velador en a en aquellas bodegas grandes y solitarias alejadas e incluso en algunas partes con carencia de luz, jamás me pasó nada. Jamás vi nada extraño, aparte de animales. Todo lo contrario. Cuando me pusieron en una tienda de ropa. Esta tienda de ropa tenÃa mucha afluencia de gente. Cuando llegaba yo, que era cerca de las nueve de la noche para irme a las nueve de la mañana todavÃa habÃa mucha gente. Yo era el encargado de asegurarme que para las diez de la noche ya no hubiera nadie decirles amablemente a todos los clientes que estaba por cerrarse la tienda. Cuando yo me encontraba ya cerca de las diez de la noche, cuando ya tenÃa la indicación de sacar a todos los clientes, habÃa una fila de espejos pegados en la pared. Esta fila, que constaba cerca de cinco espejos grandes, servÃan para que las personas que se estuvieran probando ropa salieran y se vieran en el entorno, también para que prendas se pusieran por arriba de la misma ropa. Estos espejos eran extraños. Varias veces me tocó que cuando yo estaba secando a todos, veÃa a personas reflejadas en estos espejos. HabÃa muchos muros llenos de ropa, ropa colgada desde el techo, Era una tienda que podrÃamos decir de un género en concreto, era mucha ropa juvenil. Obviamente, yo, al ver clientes reflejados en el espejo, yo los buscaba. Iba hasta el sitio donde daba el reflejo de este espejo, pero siempre que llegaba ahà y buscaba por ahà y por los alrededores, no veÃa a nadie. Me pasó varias veces veÃa un hombre, a una mujer, a una niña, a un niño de diferentes tamaños y edades, pero lo curioso era que jamás les veÃa el rostro. Siempre los veÃa volteados totalmente de espaldas o de un lado o la cabeza girada. Jamás podÃa ver bien sus caras. Después de que me haya pasado varias veces esto llegué a pensar que tal vez estaba quedándome algo loco o tal vez algo sugestionado por ver a tantas personas de seguro era como ese extraño hábito que tenemos algunos de ver algo por el rabillo del ojo. Pero esto, si bien era extraño, no era lo más extraño que tenÃa que hacer en esa tienda. TenÃa la instrucción muy clara que cuando todos se iban el personal, los clientes solamente o yo me quedaba en aquella tienda durante toda la noche, tenÃa que tapar esos espejos con una manta especial que tenÃa cada uno. Los cinco tenÃan que ser cubiertos por completo, sin dejar ni un solo lado, sin descubrir. Esto era extraño porque solamente esta instrucción acataba para esos espejos. HabÃa más espejos en la entrada, en los muros estos, por otro lado, no se me daban instrucciones. También habÃa espejos adentro de los vestidores, pero no tenÃan esta instrucción. Durante las noches que estuve ahÃ. Las primeras yo acá testa orden. Nunca le vi importancia, asà que simplemente iba y los cubrÃa tan pronto cerraba la tienda. Pero sucede que una noche, cuando habÃa tormenta me entretuve mucho tiempo, fuera escoltando a las señoritas. Más que nada, los taxis habÃa mucha inundación aún asà que requerÃan me ayuda. Se fueron más tarde de lo habitual, por lo que al entrar a la tienda ya eran pasadas de las once y media y iba a ser medianoche. Decidà sentarme escuchar un poco de música y después de las doce me dispuse a cenar. Se me olvidó por completo tapar aquellos espejos. Yo cené. Estuve un rato ahà y por eso de las doce cuarenta me paré y fui al baño y justo cuando iba caminando y volteo hacia la derecha. Veo claramente todos aquellos espejos sin la manta. Yo no le presto atención a esto, porque quién se iba a dar cuenta por una noche que no se las pusiera. La verdad es que no iba a tener mucho efecto. Tal vez lo hacÃan para que no se llenaran de polvo, pero en una noche, qué tanto polvo les podrÃa caer. En fin, yo voy al baño, hago mis necesidades y cuando salgo de vuelta, otra vez miro los espejos. Pero un eso me percato de algo, y es que, si bien hay luces ahÃ, luces que me sirven para estar dando rondines, no están todas las luces prendidas. TodavÃa se ve oscuridad en ciertas partes de la tienda. Veo que atrás de mÃ, reflejado en el espejo, alguien me viene siguiendo. Veo una silueta, la silueta de una persona que va tan solo a centÃmetros de mÃ, ni siquiera un metro iba demasiado cerca. Yo volteo de inmediato, obviamente sobresaltado, pero no veo a nadie. Volteo hacia un lado, volteo hacia el otro, pero estoy completamente solo en la tienda. Otra vez volteo y veo el espejo en este ya no se podÃa ver nada. Le atribuÃa a que solamente tal vez con miedo, pero tratando de estar lo suficientemente centrado, me dije a mà mismo que tal vez era un engaño nuevamente de mis ojos de mi subconsciente, asà que no le presta atención y seguà con mi camino. Estuve ahÃ. Después de eso, yo tenÃa la obligación que durante la noche tenÃa que checar que unas máquinas tuvieran el rollo que sirve para sacar tickets estas máquinas están situadas en diferentes partes de la tienda. Solamente tengo que ver al rollo, si es que ya casi se acaba cambiarlo por uno nuevo. Eso es todo. Cuando estaba cambiando un rollo cerca de estos espejos, algo atrajo mi mirada y es porque por el rabillo del ojo noté un movimiento que se reflejaba en aquellos espejos. Al voltear a verlos fijamente, yo pensé que pasarÃa como la última vez. Tan pronto volteo y los miró fijamente, las cosas iban a desaparecer. Pero para mi mala suerte, esto no sucedió en aquella ocasión. Lo que sea que habÃa visto por el rabillo del ojo se mantuvo allà para que esta vez lo viera y lo viera con propiedad y con mucho detalle. Eran siluetas. PodrÃa decir que eran sombras. Estas sombras se movÃan de un lado hacia otro, como si fueran clientes. Conté tres sombras diferentes reflejadas en aquellos cinco espejos. Estas sombras ni siquiera tenÃan cuerpo porque podÃa ver a través de ellas cómo se materializaba la ropa, por donde ellos pasaban, cómo se veÃa a través de ellos las diferentes camisas, los diferentes diseños. Esto me causó muy mucho temor En ese preciso momento tiré el rollo. No me importó nada. Corrà y me encerré en la oficina. No salà en toda la noche. Después de las ocho de la mañana salà encendà todas las luces, tomé las mantas con las que tenÃa que tapar aquellos espejos y mirando siempre hacia abajo, evitando por completo mirar aquel reflejo. Puse la manta y fui tapando uno por uno se me dificultó, ya que no querÃa alzar la cabeza. Tal vez al alzarla y si la manta se caÃa, podÃa haber algo reflejado en aquel espejo que no me iba a gustar para nada, tal vez algo demonÃaco, tal vez esta vez no me iba a correr con la misma suerte de solamente ver sombras. Tal vez iba a haber algo peor. Por suerte, funcionó. Después de aquella noche procuré jamás ver los reflejos cuando recién llegaba y cuando todos se iban, incluso cuando uno lo hacÃan las últimas que se iban. Siempre yo ya habÃa tapado los espejos. Jamás volvà a tenerlos sin sus mantas. Al pasar el tiempo. Creo que yo no fui el único que vio algo paranormal o extraño en estos espejos y es que los terminaron quitando y en su lugar recorrieron los probadores asà ocupando el lugar de aquellos espejos. Estos fueron tirados, ni siquiera vendidos, fueron destrozados en la calle y después depositados al bote de basura por orden misma de los dos gerentes. El motivo nunca quisieron decirlo. Todos hemos tenido algún trabajo en el cual nos sentimos muy bien al principio, pero qué pasa cuando te sucede algo inexplicable. Te ha pasado alguna vez alguna vez has estado en un trabajo nuevo y tienes la mala suerte de encontrarte con algo que podrÃamos decir. No tiene otra explicación que enteramente lo paranormal como esta historia que viene a continuación. Este hombre acababa de entrar a trabajar para una familia como chofer. No tenÃa para nada en cuenta, no lo sabÃa y cómo podrÃa saberlo que aquella familia tenÃa un pasado. PodrÃamos decirlo triste, uno de sus integrantes. Al parecer se habÃa ido al menos en cuerpo porque su alma todavÃa seguÃa ahà y este hombre fue testigo de eso. Mi nombre es Erick Ruiz. La experiencia que les quiero contar me sucedió ya hace varios años en un antiguo trabajo que tenÃa. Yo he sido chofer toda mi vida taxis, microbuses y más recientemente uber, pero como todo, he ido saltando de trabajo en trabajo y en una ocasión trabajé como chofer para personal. Era una agencia que tenÃa diferentes transportes y a mà me solicitaron dar transporte a ciertas familias adineradas. Familias pudientes necesitaban tener chofer a toda ahora las veinticuatro horas, ya sea de dÃa y de noche, por lo que una semana me tocaba de dÃa y otra semana de noche. El turno de noche era muy pacÃfico. SÃ, era que tenÃa trabajo, pero a veces nada surgÃa. Recuerdo que aquella casa era grande y para ese entonces yo llevaba trabajando ahà cerca de tres semanas. No tenÃa mucho tiempo. Cuando me cambiaron aquÃ, empecé a conocer a toda la familia, a las personas que trabajaban con esta familia, a los choférez, a los jardineros, etcétera, etcétera. Sucede que cuando me cambian al turno de noche, me sucede esta experiencia. Ahà me encontraba yo como otras tantas noches. A nosotros nos tenÃan designada una casa, una pequeña casa en donde tenÃamos camas, una estufa, una pequeña cocina, y ahà nos podÃamos recostar durante un tiempo a las once y media doce de la noche es un horario todavÃa pues no tan tarde y varias de las personas que están trabajando con esa familia todavÃa se encuentran laurando al no tener ningún trabajo. Prácticamente todavÃa yo y el otro chofer, ya que éramos dos, decidimos salir a fumar un cigarrillo. Siempre lo fumábamos afuera casi a la salida de la casa. Pero en aquella ocasión, al ir platicando, nos llamó la atención ir a fumar este cigarrillo en el patio de esta Ahà habÃa una fuente, habÃa luces, habÃa una banca y pues en un todo y Ãbamos a estar más cómodos, fuimos hacia la banca, nos sentamos y empezamos a platicar mientras nos fumábamos el cigarrillo mirando hacia la casa, mirando aquellas ventanas la silueta de ésta y mi atención se iba hacia una ventana en el segundo piso, en el extremo Derecho, porque veo una silueta que se está asomando desde adentro hacia afuera. Es una silueta algo pequeña y de inmediato. Debido a la luz de la luna que reflejaba sobre aquella ventana, logro ver que se trata de un niño. Un niño nos estaba observando desde aquella ventana. A nosotros dos se nos quedaba mirando fijamente. Un detalle que podrÃamos decir en ese momento era algo peculiar es que este niño estaba dentro de aquella habitación, pero la habitación se encontraba completamente oscura, es decir, el niño se encontraba en aquella habitación con cos una luz apagada. Por eso mismo no es que lo pudiéramos ver muy bien, sino que este nos empezó a hacer señas, a saludarnos desde arriba nosotros, obviamente, por cortesÃa. Ambos éramos nuevos, asà que pensamos que se trataba del hijo de los patrones. Solamente lo saludábamos y este niño, con una sonrisa, nos devolvÃa el saludo. En ese momento él sacó un avión, un avión de plástico rojo, jugando con él ahà en la ventana. Era algo extraño, pero también algo peligroso, ya que el niño estaba muy a la orilla. Se podÃa caer si no tiene supervisión, pero veÃa que estaba muy cómodo como si no fuera la primera vez que lo hacÃa. Continuaba saludándonos. Cuando en eso lanza el avión, el avión vuela un poco, pero de después cae arriba de la fuente y se moja por completo. Se sumerge el niño. Solamente se nos queda viendo y en eso yo pienso tal vez quiere que le llevemos el juguete de todas maneras, ya es algo tarde. No nos cuesta nada tomar el avión y dejárselo en la cocina para que en la mañana se la encuentre ahÃ. Asà que, después de acabarnos el cigarrillo, tomé aquel avión, lo sacudió un poco y después vi nuevamente al niño con una seña le dije que eso le iba a dejar en la cocina. El niño simplemente me sonreÃa, me continuaba sonriendo. Yo me metà en la casa y una vez dentro me encontré con una chica, la cual trabajaba para la familia. Yo le dije que iba a dejar. Está bien aquà en la mesa, ya que era del niño que lo habÃa ventado y se le habÃa quedado en la fuente. En un principio, ella no me prestó mucha atención, asà que me digo que sÃ, que no habÃa ningún problema. Pero cuando ella voltea y ve el avión inmediatamente me detiene y me dice disculpe dónde. Me dice usted que encontró este avión. Yo le replico no me lo encontré. El niño del segundo piso. Creo que es el hijo de los patrones lo aventó desde el segundo piso, cayó en la fuente y nosotros, pues estábamos ahà cerca, simplemente lo agarramos y se lo trajimos. La chica me mira muy extrañada. Me dice que no me mueva y en ese momento va por una señora. Igualmente, esta señora se dedica, pues, a la limpieza del hogar, pero es una señora ya grande. Se nota que tiene varios años trabajando para esta familia. Ella va y agarra el avión y me pregunta lo mismo. Disculpe, señor, pero este avión, dónde se lo encontró. Yo le vuelvo a repetir yo no me lo encontré. El niño de arriba el de la ventana del segundo piso, la habitación que está hasta el fondo a la derecha. El niño nos lo aventó, estaba jugando con él, incluso nos estaba saludando. Ãl aún está despierto. Tiene la luz apagada que cro es para que los padres no sospechen que él todavÃa está despierto. La muchacha y la señora se me quedan viendo y en eso entra la hija menor, la cual ya habÃa visto anteriormente. Era una niña de algunos catorce quince años y en ese momento, como si cuando ella hubiera entrado, hubieran sonado todas las alarmas. La señora rápidamente esconde el avión, lo guarda bajo del mantel de la mesa ocultándolo y después de eso me dice ok, señor me podrÃa hacer el favor de esperarme aquà tantito afuera. Necesito decirle algo. Yo hice lo que me dijo. La verdad es que parecÃa bastante desconcertada y querÃa saber el motivo. Cuando esta señora sale y me pide que la acompañe y que le señale la ventana, yo lo hago. Llegamos hasta la fuente. La ventana se encontraba cerrada con la luz apagada, yo el señalársela ella solamente se talla los ojos y me dice esa ventana le pertenecÃa al hijo menor de la familia, era un niño. Ãl tenÃa siete años. Me contó que este niño habÃa nacido con un padecimiento, una enfermedad que, si bien se trataba correctamente, inevitablemente se lo terminó llevando a una corta edad de siete años. Aquel niño llevaba dos años de haber fallecido y a pesar de que habÃan pasado ya años en la familia, todavÃa se resentÃa tanto, asà que tanto la madre como el padre tomaron la decisión de cerrar aquella habitación con todas las pertenencias del niño y no sacarlas hasta que al menos todos en la familia hubieran superado su partida. Todas las pertenencias del niño se refieren a su ropa, sus alimentos, sus medicinas y, por supuesto, también sus juguetes, juguetes en los que entraba aquel avioncito que me habÃan lanzado. La señora también me explicó que aquel niño de nombre Argelio, por lo mismo, por estar en tratamiento casi siempre en raros tiempos por meses, no salÃa de la casa, recibÃa educación en la casa, recibÃa sus tratamientos en la casa. Por ende, era muy amigable con todo el personal, con las muchachas, con los sirvientes, con los de seguridad y también con los choferrees. Siempre saludaba a cualquiera que él veÃa, ya sea desde la sala, desde algún pasillo en la cocina o desde su alcoba mirando por la ventana. Después de esto, ya era más que claro lo que habÃa visto aquella noche, por los siguientes meses que continué dando servicio a aquella familia. Si bien en algunas otras ocasiones salimos a fumar cigarrillos, no volvimos a hacerlo en aquella fuente. No sabrÃa decirle si esto fue por miedo o por respeto. Pero después de saber toda esta historia, no querÃa volverme a encontrar con aquel niño, porque fui testigo aquella noche de que aquella almita todavÃa no se va de este mundo. Las leyendas en los trabajos son historias que uno con el tiempo, creo que empieza a descubrir. No es lo primero que se te viene a la mente a preguntar y creo que esto sucede en muchas ocasiones en grandes edificios, en grandes tiendas, departamentales u oficinas. A mà me pasó que escuché muchas veces que a tal hora no tienes que pasar por tal pasillo, porque se parece una niña que en las noches los veladores por las cámaras me llan ahà niñas, vean mujeres, veÃan siluetas o se escuchaban sonidos, gritos o voces. Creo que cada trabajo tiene por lo menos un acontecimiento de esto y en base a esto se establecen algunas extrañas reglas. El siguiente relato encajarÃa mejor en lo que podrÃamos decir en que no debes de desobedecer reglas que te sean impuestas por más extrañas que estas parezcan. Al fin y al cabo, se pusieron por alguna razón, para mala suerte, esta chica no siguió las reglas y en su turno nocturno tuvo que pagar las consecuencias. Mi nombre es Fernanda. Esta experiencia que les quiero compartir me sucedió en esas temporadas del bueno. En fin aquellos tres dÃas en donde algunos otros lugares se les conoce como el brack FRAIDEY, como sabrán, en esos dÃas se ponen innumerables ofertas en todas las tiendas departamentales, en los supermercados e incluso comercios en lÃnea, lo cual no es diferente. En las zapaterÃas, como en donde yo trabajo, se pusieron muchos descuentos y esto atrajo a muchas personas aquel dÃa debido a las ofertas y en la alta demanda en esos tres dÃas y aparte que esto se trata de un horario que ya maneja la zapaterÃa de todas las tiendas y que se les da a todas que se tienen que quedar hasta aproximadamente la una de la mañana o doce y media de la noche abiertas esos tres dÃas. Esto más que nada, porque algunos trabajadores salen a las once de la noche y por ende, quieren ir a comprar algo, quieren aprovechar los dÃas. Es una venta nocturna, por asà decirlo, y yo por tener el turno de tarde. Me quedé a este turno también y créanme que sÃ. Hubo demasiada gente, demasiadas personas. Prácticamente hasta la una de la mañana. TenÃamos que esperar hasta que el último cliente se fuera. Por los primeros dos dÃas. Nada extraño sucedió, pero fue en el tercero y último que esto me pasó. Sucede que esta zapaterÃa es la más grande de toda la zona. Se podrÃa decir que es la matriz. Está dentro de una plaza comercial y consta de tres niveles diferentes. El primer nivel donde se sitúa el almacén, es aquel que tiene acceso al estacionamiento y donde bajan las personas para ir a sus automóviles. Por ahà llega el camión que nos surte. El segundo nivel es el que se encuentra adentro de la plaza, es la tienda, como quien dice, Ahà se demuestran los tenis, compran, los clientes, están las cajas, etcétera, etcétera. Y el tercer nivel es donde se encuentran las oficinas, administración, recursos humanos, los supervisores que van a las diferentes tiendas de la zona conurbada, etcétera, etcétera. Y cada uno de estos tres niveles cuenta con sus propios baños en el sótano. El almacén tiene sus baños en el segundo nivel de la tienda tienen los baños que sirven tanto para clientes como para empleados y en la tercera planta administración tiene sus propias baños para todos los empleados. HabÃa algo curioso en esto y es que, a pesar de que llevo ahà para ese punto apenas como dos meses trabajando, habÃa notado que los baños del almacén no se usaban. Eran unos baños que tenÃan llave alguna vez allá. Por mis primeros dÃas quise entrar a uno de ellos, pero tenÃa llave y nadie querÃa abrirlo, por lo que siempre optaba de usar el de arriba el d RH y administración o usar el baño al que todos iban en la tienda. Pero claro, esto solamente me funcionó hasta que llegó el buen fin y es que, como les digo, llegaron muchas personas y los baños se encontraban hasta con fila, tanto el de hombres como el de mujeres. A los baños del ministración. Yo no podÃa ir y es que para este punto ya eran cerca de las doce de la noche y todo el personal de arriba ya se habÃa ido. Ellos no tenÃan por qué quedarse. Ellos salÃan a su hora habitual a las ocho y media nueve de la noche como mucho y todo el piso de arriba se cerraba completamente, por lo que no podÃa acudir a los baños de arriba. Solamente me quedaban los de la tienda y los del sótano, los del almacén. Al ver que habÃa tanta cola y al ver que los clientes seguÃan llegando y llegando, yo opté por ir con el gerente y explicarle si me podÃa dar las llaves, ya que tenÃa mucha urgencia de ir al baño él. Al principio no me quiso dar las llaves. Ãl me dijo que me esperara. Ãl me dijo que el baño se iba a desocupar pronto, pero esto eran solamente mentiras. Por más que esperaba. La fila se llenaba y se allanaba y ya algo Harta le dije que, por favor, me dieran las llaves, que ya no me aguantaba. Ãl optó por dármelas. Pero antes de esto me dijo que habÃa dos condiciones. Una de ellas es que tenÃa que bajar al baño acompañada, ya sea por un chico o por una chica, y la otra es que la puerta del baño, la de fierro, la de la entrada, no se tenÃa que cerrar por ningún motivo. Yo le dije que sÃ. Rápidamente a todo esto fui con tres compañeros. Dos de ellas eran vendedoras y uno trabajaba en el almacén. Y pese a que los tres me dijeron que sÃ, me iban a acompañar. Estaban tan atareados en su trabajo que era casi imposible que me acompañara. El de Almacén estaba acomodando todos los zapatos y estaba ayudándole a mis compañeras encontrar Algunos mis compas bañeras tenÃan clientes y clientes juntándoseles, por lo que, a pesar de que me habÃan dicho que sÃ, yo no les quise robar más su tiempo. Fui directamente hacia el baño completamente sola. Caminé por el pasillo y abrà la puerta. La puerta de fierro era pesada, por lo que si la dejaba a un lado, prácticamente era imposible que se cerrara. La Dejé ahà y, como me dijo el gerente, esa puerta no se tiene que cerrar por ningún motivo. Caminé por los baños y lo que primero me llama la atención es que pensé que estos baños estarÃan sucios, estarÃan algo descuidados, pero nada de eso completamente lo opuesto. De hecho, los baños estaban muy limpios. Era como si en la mañana el personal de limpieza viniera y los limpiar a todos los dÃas. Los espejos estaban limpios, los lavamanos cada uno de los cubÃculos, sobre todo porque casi no se usaban. Pero este baño tenÃa un detalle, y es que ninguna de las puertas de todos los cubÃculos tenÃan el seguro. Todos estos baños tenÃan que tener algún seguro que se ponÃa desde adentro, más que nada, para que cualquier persona que entrara no pudiera abrirlos con facilidad. Bueno, pues se notaba que todos esos seguros habÃan sido quitados, ya que se veÃa las marcas en las puertas que se los habÃan quitado. SabÃa el óxido, sabÃa sobre todo el orificio donde iban estos seguros por más que busque uno que lo tuviera, ninguno lo tenÃa, por lo que inevitablemente tuve que ir a uno que no lo tuviera y una vez estando dentro ya del baño, no pude estar en paz, ya que escuchaba todas las pláticas de mis compañeros, escuchaba todo el alboroto que traÃan ahà en el almacén y pues no sé me dio esa desconfianza que alguien entrara y pues que las puertas no tuvieran seguro La verdad es que a mà me daba pena, por lo que, al no estar a gusto, decidà salir del baño y no cerrar la puerta de fierro. Solamente entre cerrarla, como dije, era una puerta pesada, por lo que yo estaba segura que nadie lo podrÃa cerrar, al menos no de forma involuntaria. Entre cerré la puerta y una vez ya estando en silencio, ahora sà pude entrar al baño con más confianza, pero casi enseguida. Escucho como aquella puerta de fierro se cierra, yo traÃa la llave, asà que poco o nada me importaba. Además más, la manija estaba desde adentro. Se tenÃa que abrir desde adentro. Hace que no le presté más la tensión e incluso me sentà con más confianza todavÃa cuando en eso escucho pisadas que van de un lado hacia otro adentro del baño. Estas pisadas no eran pisadas normales, como las de una suela, de algún zapato, de algún tenis Eran pisadas como la de una planta del pie, como si la persona que estuviera caminando ahà fuera totalmente descalza. Esto me dio mucha curiosidad, por lo que bajé la mirada y miré los pies de esta persona eran pies descalzos, No traÃa calcetines, no traÃa zapatos, eran pies de escasos los que iban de un lado hacia otro. Explicación. La verdad es que no habÃa decidà no prestarle mucha atención a esto, a enfocarme en lo mÃo y una vez que salà del baño esperando encontrarme con aquella persona, no habÃa nadie, ni de un lado ni del otro, e incluso la busqué. SabÃa muy bien que las puertas no tenÃan seguro, asà que solamente tuve que ir tocando puerta por puerta e ir empujándola. Ya conocà a todos en la tienda. Solamente tiene cuosidad de por qué estaba descalza la persona. Muy probablemente era un compañero mÃo y ya lo conocÃa, pero me empezó a dar un miedo terrible al ver que con cada puerta que abrÃa no veÃa a nadie, y esto ocurrió en todos los cubÃculos del baño. Estaba sola. Obviamente, ya corriéndome un escalofrÃo en el cuerpo, fui, me lavé las manos e intenté irme del baño, pero al momento de meter la llave y darle la vuelta, la llave no reaccionaba, no se movÃa, no me explicaba por qué no era la misma llave con la que habÃa entrado. Por más que movÃa, por más que jalaba la puerta. Esta no cedÃa para nada. Y fue en ese momento en el que empiezo a escuchar unos golpes, unos golpecitos que vienen desde una de las puertas de los cubÃculos del baño, unos toques como si estos trataran de llamarme atención y lo lograron. Yo volteo y veo que es el primer cubÃculo al que puedo verlo con facilidad, el que está más cerca de mà y veo dos plantas de los pies que salen de abajo de este. La persona que estaba buscando se encontraba ahà y estaba tocándome la puerta. Yo estaba aterrada, asustada por completo. Yo sabÃa que esto no era normal. Yo habÃa registrado aquel baño hacia apenas segundos y no habÃa nadie ahà para entonces el miedo se apoderó de mÃ. Empecé a tocar la puerta. Empecé a tocarla, empecé a tirar de ella y finalmente empecé a gritar. Ãbranme por favor, Abranme gritaba y gritaba hasta que unos compañeros mÃos de Almacén me escucharon fueron inmediatamente en mi auxilio, ellos desde afuera y yo desde adentro. Forcejeando la puerta, hicimos que se abriera. Una vez que se abrió, ellos me preguntaron qué pasaba, qué habÃa visto que yo les dije que en el baño habÃa otra persona. Ellos ya tenÃan tiempo ahÃ, ya sabÃan lo que habÃa visto. Pero aún asà y para sentirme más tranquila, uno de ellos fue y lloviendo desde la puerta, registró todos los baños, pero no habÃa nadie por lo que quedó de la noche. No atendÃa ningún cliente. Estaba muy aterrada y el gerente me entendió. Fue hasta el dÃa siguiente en el que él me dijo, junto con las cajeras que tenÃan más años que esto le sucedió a muchos trabajadores de ahà hace varios años. Pase resulta que muchos vendedores almacenistas dijeron que cada vez que entraban a esos baños le cerraban la puerta. El seguro de estas fallaba y la puerta se quedaba dorada y cuando iban solos, decÃan que del otro lado de la puerta se podÃan ver unos pies descalzos, como si éstos o la persona que estaba del otro lado estuviera frenando para que la persona saliera del baño. Debido a esto y a que siempre los seguros se quedaban atorados, decidieron quitarlos. Aunque esto no frenó las extrañas apariciones de aquel ente que después de meses se dieron cuenta que era una niña, Una niña con un vestido blanco, todo arrugado y sucio con los pies descalzos era lo que se aparecÃa en aquellos baños, siempre que alguien entraba los encerraba en estos, por lo que se les dijo los vendedores que cuando iban a aquel baño tenÃan que ir acompañados y que la puerta se tenÃa que mantener abierta en todo momento. Por eso se iban acompañados siempre en grupos mÃnimo de dos, para que la otra persona estuviera al pendiente. Pero de igual manera, a algunos con mala suerte, les tocaba encontrarse con aquella niñez. Al pasar el tiempo, se dieron cuenta que, debido a esto, ya nadie usaba los baños, por lo que al tener una inactividad, lo cerraron definitivamente. Solamente eran abiertos cada dos dÃas para que las personas de limpieza y juntas las tres entraran aquel baño con la puerta abierta para hacer limpieza más que nada por ciertas reglas que tenÃa el establecimiento. Apenas han pasado dÃas desde que me pasó eso y estoy más que segura de que no voy a volver a usar aquel sanitario




