Oct. 1, 2023

RELATOS ATERRADORES EN EL TURNO DE NOCHE / TEMPORADA 3 / VIVENCIAS EN UNA ESCUELA

RELATOS ATERRADORES EN EL TURNO DE NOCHE / TEMPORADA 3 / VIVENCIAS EN UNA ESCUELA

En este episodio diversas personas de diferentes empleos nos diran las leyendas, y extrañas historias sobre aterradoras experiencias que se cuentan en sus trabajos y de los que fueron testigos.

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En este episodio diversas personas de diferentes empleos nos diran las leyendas, y extrañas historias sobre aterradoras experiencias que se cuentan en sus trabajos y de los que fueron testigos.

Comenzaremos con la primera historia que viene de parte de una persona que trabaja en una maquila, no precisamente en el área de producción y, como sabrán, las maquilas, al menos en su inmensa mayoría, no tienen horario nocturno. Por las pocas personas que se habían quedado en este lugar se decía una leyenda, una cierta leyenda que a partir de que caía la noche, alguien se parecía. Las pocas personas que quedaban trabajando después de la noche decían ver a este espíritu. Obviamente, esto solamente se creía como un cuento de terror. Pero la persona que nos cuenta esta historia, para su mala suerte, tuvo que volver al trabajo horas después de que todos habían ido en plena noche por un simple error que cometió. Pero este simple error también fue el motivo por el cual se dio cuenta que todas aquellas extrañas historias y leyendas que se decían eran ciertas. Mi nombre es Laura Vázquez. Mi experiencia comienza hace aproximadamente algunos nueve años. Yo estudié la carrera de contabilidad. Por lo tanto, al ir metiendo solicitudes encontré trabajo en lo que vendría a ser una maquiladora en su área de contabilidad. Estuve trabajando ahí cerca de algunos cuatro meses, cinco meses, hasta que empecé a escuchar las historias que se desciende la maquila. Creo que muchos de nosotros, en diferentes empleños, hemos escuchado un dicho que dice vámonos que ya tarde aquí asustan o vámonos temprano que aquí espantan. Seguramente muchos de ustedes los dicen de alguna manera graciosa cuando se acaba la jornada del trabajo, pues déjenme decirles que en algunos lugares esto aplica y aplica de una manera muy a rajatabla. Tal era el caso de esta maquila. Sucede que un compañero mío, un compañero que se encontraba en el área de contabilidad, al igual que yo, así como también dos mecánicos. Como sabrán, una maquila cierra temprano, como por eso de las cinco o seis de la tarde máximo. Algunos jefes se quedan, pero solamente está como por las ocho y estos trabajadores decían haber visto algo cerca de las diez de la noche. El ejemplo de mi amigo, el que era también contador, al igual que yo, era que él había vuelto a la maquiladora por unos papeles que se le habían olvidado. Al ir entrando uno tiene que pasar por toda la maquila. Ir pasando por aquellos pasillos con todo, absolutamente todo apagado. Las oficinas, tanto las de contabilidad, las de mercadotecnia, así como otras tantas, se encuentran en el segundo piso, pero al fondo de esta, por lo tanto, no puedes encender ninguna luz, ya que el acceso a las luces también se encuentran hasta el fondo. Eso sin decir también que un solo apagador de estas luces hace que se enciendan varias de estas. Por lo tanto, si solamente va rápido, no tiene mucho sentido que las enciendas. Mi compañero se alusó con su celular y llegó hasta las oficinas de contabilidad. Una vez ahí, él dice que vio a un hombre, pero un hombre deforme completamente. Él dice que este hombre usaba una gabardina café muy desgastada, muy sucia que en su espalda se podía ver una protuberancia que él está más que seguro. Se trataba de una joroba. Sus manos eran grandes, con largas uñas, saliendo de éstas su cara completamente cadavérica. Las cuencas de sus ojos estaban sumidas y en estas se podían ver también unos ojos saltones, como si se tratara de un cadáver en plena descomposición. Eso también sumando al olor fétido que éste manaba. Mi compañero. Debido al susto se desmayó el vigilante tuvo que entrar por él, ya que este no salía su historia. Como sabrán, fue muy aterradora para nuestro departamento y en cuestión de días en toda la máquina se supo, después de esto les tocó vivir algo paranormal a dos mecánicos. Estos dos mecánicos se encontraban reparando una supuesta máquina, ya a altas horas de la noche, cuando de pronto ellos dicen ver de igual manera y con las mismas características a este hombre, este anciano de apariencia absolutamente perturbadora. Lo que primero captaron ellos fue el olor. Es olor fétido y repugnante que les empezó a invadir en todo el sitio. Una vez que voltearon para ver de dónde provenía este olor, lo vieron. Estos dos mecánicos no se desmayaron. Ellos estaban abajo, Por lo tanto, tenían mucho espacio y muchos lugares a los cuales correr, lo cual hicieron. Su historia se pone peor, ya que ellos dicen que este hombre los fue persiguiendo por toda el de las maquilas. Se escuchaba un chillido. Ellos dicen que no era como una risa, era como un chillido, un chillido de algún animal. Es decir, que este hombre ni siquiera tenía la voz de una persona. Ellos dicen que se asemejaba mucho al sonido que proporcionaría un murciélago. Tanto fue el terror y tanta fue la desesperación que tombaron varias cosas y a final de cuentas, lograron salir de la maquila por la puerta, muy asustados y muy decididos a que no iban a volver a entrar ni siquiera por su herramienta. Al escuchar la historia del contador y al escuchar la historia de los mecánicos, era más que obvio que las personas no se querían mantener en esa maquila más allá de las seis de la tarde e incluso los jefes de a. Pero después me tocó a mí. Resulta que yo estaba llevando unas cuentas y cuando llegó la hora de salida, se me olvidó el celular en mi escritorio. Yo iba pensando en las cuentas. Iba pensando en todo el trabajo que tenía. Tanto fue así que tomé el transporte, llegué a mi casa, cené incluso platiqué un poco y cuando quise buscarlo, recordé que lo había dejado en el escritorio. Yo no me podía quedarse en celular más que nada, porque seguía fin de semana y las máquinas no abren. Tenía que volver por él más que nada, porque tengo ahí acceso a los correos y también información importante, información con la que tengo que trabajar, por lo que hice una llamada y el vigilante ya sabía que iba a ir para allá. Al llegar ahí, vi a la maquiladora y no pude evitar recordar todas aquellas historias que se decían de lo que pasaba ahí. En la noche, cuando el vigilante me abrió la puerta, noté que era un hombre mayor. Era un hombre tal vez de algunos setenta años, tenía bastante experiencia en el sitio y decía que él conocía todo al dedillo en esa maquila. Yo le di las gracias y entré a la maquila. Me dio una lámpara suya, ya que yo no portaba con mi celular y no tenía con qué usarme en todo el trayecto hasta la oficina. Tenía que caminar por esos largos pasillos y también caminar por toda el área de producción hasta llegar a las oficinas. A pesar de que iba con mucho miedo, nada extraño. Se me apareció el camino. Se me hizo muy largo. Subí las escaleras y cuando ya estaba en mi oficina buscando en mi escritorio, escuché pasos que se aproximaban por el pasillo. Después vi una sombra que se asomaba en la puerta de contabilidad y como si yo ya estuviera esperando, lo peor, me preparé incluso para correr. Pero en ese momento abrió la puerta un hombre. No era el vigilante, era otro hombre. Era un hombre también mayor, que vestía con una gabardina, pero con una gabardina muy pulcra, muy bien cuidada, su peinado. También a pesar de tener todo su cabello cano, este se encontraba muy bien peinado, bien arreglado, muy pulcro y refinado, e incluso en su caminar. Cuando se me acercó, lo suficiente pude reconocer incluso una losión. Este hombre me preguntó disculpe, Señorita, pero qué está buscando. Yo le dije que había dejado mi celular y que lo ocupaba, que solamente venía por él. Él y con mucha seguridad me tomó del hombro. Me retiró. Un poco después abrió uno de los cajones, sacó el celular y lo puso sobre el escritorio. Después cerró el cajón. Acto seguido. Él volteo, me miró y me dijo que pase. Buenas noches. Después de esto, simplemente se retiró. Yo tomé mi celular. Bajé de inmediato más que nada porque quería alcanzarlo. No quería pasar por toda la maquila. Nuevamente yo sola, pero por más que lo busqué con la mirada en los pasillos, no volví a encontrar aquel hombre. Pasa de nueva cuenta con la lámpara en toda la maquila y al salir de ésta, le pregunta el vigilante que quién era aquel hombre. Él estaba muy confundido. Él no sabía que había otro hombre ahí aparte de mí, Pero cuando le empecé a decir cómo lucía, con qué vestía y cómo se portaba, él simplemente es bozó una sonrisa y me dijo ah ya veo conociste a Don Carmelo, ese viejo siempre anda por aquí, anda cuidando el changarro. Él simplemente no se va. Yo estaba confundida y le pregunté que quién era Don Carmelo, que si él era uno de los dueños, el vigilante me contestó que, a grandes rasgos, él era el dueño legítimo. Hace ya muchos años. Él había construido toda la maquila. Él había contratado a los primeros operadores, a las primeras personas e incluso lo había contratado a él cuando él era un joven de apenas unos veintitantos años. En un principio me parecía impresionante, ya que jamás lo había conocido, pero el velador me dijo que no me sorprendiera, porque Don Carmelo había fallecido hace ya más de quince años, que él de vez en cuando lo podía ver durante las noches una sombra caminando entre los aparatos, entre la maquinaria y también entre las oficinas. Don Carlos me lo era un aficionado al trabajo, le encantaba lo que hacía y era muy estricto con este tanto, así que él había perdido la vida dentro de su oficina debido a un ataque cardíaco. Yo no sabía todo esto, pero claro el vigilante había estado cuando todo esto había pasado, y solamente los gerentes y las personas que llevaban más tiempo ahí sabían sobre esto. Sin más por decir. Yo me retiré. Sentía escalofríos porque, si bien mi encuentro no fue aterrador, ni fue un encuentro el cual me dejó perturbada a decir verdad, el saber que había tratado con un espíritu era algo que me producía escalofríos. Pero después de esto algo no tenía sentido. Aquellos hombres de sin haber visto prácticamente a un viejo con aspecto monstruoso, mientras que yo vi todo lo contrario. Meses después, tanto a los mecánicos como al contador, que dijeron haber visto esto se les despidió ya que estaban haciendo unos actos ilícitos. El contador estaba robando dinero y los mecánicos estaban robando piezas buenas de la maquinaria para revenderlas por fuera. Don Carmelo, como me dijo, el velador tenía una afición muy grande por su trabajo. Tanto así que estoy más que seguro que viene desde la tumba a seguir cuidándolo que si le estás robando a su negocio, no lo pensará dos veces en asustarte. Pero, por otro lado, si llevas todas tus cuentas bien y no tienes nada que temer te. Pasará como a mí que lo único que vi fue a un hombre refinado que con mucha amabilidad me ayudó aquella noche. Los restaurantes son lugares a los cuales uno puede llegar a degustar algún platillo, algún café. Son lugares en los que uno puede descansar muy plácidamente. Algunos de estos restaurantes bares que son más familiares que nada. En algunos sitios tienden a ser veinticuatro, siete, o sea que estos jamás cierran. Por esta misma razón ocupan personas durante la noche, aunque no sea mucho, pero ocupan un cierto personal que atienda a los comensales. A veces a estos restaurantes llegan personas que no son clientes del todo y estos meseros tienen que atenderlos como cualquier otro. Pero qué pasa que a la mitad del servicio, justo cuando todo se cree que va bien, Estos meseros dicen que extrañamente se dan cuenta que no están hablando con una persona viva, que están hablando con algo que está más allá de su entendimiento, tal como la historia de esta chica que es la siguiente. Mi nombre es Geovanna Martínez. Les quiero contar una experiencia que me sucedió cuando estaba trabajando en un restaurante bar cuando anteriormente vivía en Cuernavaca. Este restaurante bar pertenecía a un tío mío. Por políticas del establecimiento, este estaba abierto a las veinticuatro horas. Yo era estudiante en aquel momento. Estudiaba en la tarde, por lo que me caía muy bien el horario nocturno. Más que nada, entre semana los fines de semana, el lugar se llenaba. Las propinas eran muy buenas, pero los que vendrían a ser los días martes miércoles no había tanta gente. En la madrugada. Había clientes ocasionales, claro que sí, algunos taxistas, operadores de autobuses, camioneros, policías, todas aquellas personas que desempeñaban trabajos durante la noche. Como es de esperarse. Yo veía clientes nuevos todas las noches, por lo que no me pareció nada extraño ver un cliente nuevo en aquella ocasión. En el turno de la noche entre semana, solamente estamos tres. Un chico que se ocupa en la cocina, una chica que se ocupa de cobrar y yo, que soy la mesera, llevo los platos, las bebidas y todo lo que los clientes piden. En aquella ocasión, recuerdo que este hombre entró y tan sólo con entrar me llamó mucho la atención y Esto es por la forma en la cual este vestía vestía muy elegante, pero también muy anticuado. Era como la vestimenta que traería un catrín, muy elegante, pero también muy antiguo. Entró camino y se sentó en la esquina del establecimiento. No saludo a nadie algo que se me hizo extraños que mi compañera al estar de frente a la puerta. Esta tampoco lo saludó. Es más, ni siquiera lo miró algo muy extraño, ya que cada vez que alguien entra se dicen las buenas noches se saludan como corresponde, pero en aquella ocasión no pasó esto. Yo hice lo que comúnmente haría todas las noches me acerqué. A él le pregunté que si quería pedir algo, este hombre simplemente me pidió un café y solamente eso yo fui celo servíce lo traje y como no había ningún otro cliente, le empecé a prestar más atención a este, ya que me parece extraño y si bien no mantenía la mirada precisa en él. Si lo estuve mirando por un buen tiempo y me percaté de que este hombre no surbía el café, no se lo estaba bebiendo, por lo que después de algunos diez quince minutos, fue de nuevo a su sitio para preguntarle si se le ofrecía algo más. Tal vez quería una cena o algún postre para acompañar el café, pero cuando me fue acercando a este me percaté que la taza se encontraba. Vacía, pero vacía en una extraña condición. Les voy a explicar mejor cuando alguien se toma el café, sobre todo de una taza. Creo que todos sabemos que ahí abajo en la taza quedan residuos, o sea, algunos clientes dejan un poco de café, otros clientes dejan gotas de café y otros tantos se ve un círculo. Como sea, en la taza siempre quedan residuos, aunque sean muy mínimos. Lo extraño en esa ocasión es que esta tasa estaba completamente limpia. Era como si la acababan de bajar de algún lugar guardado o como si le acabaran de lavar. Se me hizo extraño, pero no le di más importancia. Este cliente simplemente me pidió más café y yo se lo di Después de servírselo, me retiré de lugar, fui y me senté a donde mismo y de igual manera esta vez, de manera que asi sin tratar de disimularlo. Tanto, lo estuve observando y pude ver de igual manera que en ningún momento este hombre le dio un sorbo café él simplemente se quedaba mirando hacia afuera por medio de la ventana, sin prestarle atención a la bebida. Esta vez en menos tiempo, tal vez en algunos cinco minutos, yo me acerqué nuevamente y cuando vi su tasa de café, nuevamente vacía, pero otra vez vacía en perfectas condiciones, como si yo nunca hubiera vertido alguna vivida allí me empecé a sentir un tanto nerviosa. Le llené de nueva cuenta el café y me retiré. Cuando me iba retirando de nueva cuenta, lo comencé a observar y para no hacerles el cuento más largo. Esto se repitió cerca de unas cuatro o cinco veces no veía aquel hombre le dieron zurbo esa taza. Es más, cuando yo regresaba la encontraba en la mira, misma posición en la cual yo la había dejado, pero completamente limpia hasta que en una de estas ocasiones yo estaba llegando otra vez a sentarme. Cuando en eso mi compañera la cajera me habla, me dice que sí, puedo ir un momento para allá. Yo voy enseguida y cuando llego con ella a la caja, ella me pregunta disculpa, mira, no quiero ser imprudente, pero qué estás haciendo. Yo no sé a lo que se refiere. Simplemente le pongo cara de extrañada y le pregunto cómo que qué estoy haciendo, pues sí, te he visto varias veces que vas allá a la esquina y luego te regresas habla sola algo te está pasando o a qué estás jugando. Yo estaba muy sacada de sí. Le dije no me pasa nada. Solamente estoy atendiendo al cliente que está ahí en la esquina. Ya me ve con cara de desconcertada y me dice que en aproximadamente dos horas ningún cliente ha entrado y que el lugar está completamente Vacío que a que me refería con un cliente yo en ese momento la jala un poco del hombro le digo no mira ahí hay un cliente en la esquina. Para mi sorpresa, tal cliente no existía, ya no se encontraba sentado. Lo único que reposaba en aquella mesa era una taza de café llena hasta el tope. El café se había desbordado. Se había tirado de la mesa hacia el piso manchando por completo este Yo sin saber qué decir. Simplemente me acerca de aquel lugar, jalando también a mi compañera, no supe explicar qué era lo que había pasado. Simplemente el cliente había desapado crecido. Después de explicarle todo lo que había vivido, mi compañera fuera de creer que estaba loca. Me dijo que me entendía que no era la única a la que le había pasado algo raro. Me contó que a ella en una cierta ocasión cuando la caja no se encontraba a un lado de la puerta, sino que en la barra, en medio de esta y atrás de la barra, se encontraban unos espejos que daban una mejor apariencia a la parte del bar donde se ponían las copas, los vasos de whisky, los vasos cerveceros. En este espejo, por lógica se tenían que reflejar los clientes, pues hubo una ocasión en que esto no pasó. Y es que ella platica que cuando estaba atendiendo unos clientes, una pareja un chico y su novia intentó darles el cambio. Cuando estaba dándoles el cambio, se dio la vuelta para feriar el billete y que le sorprendió y le aterró de cierta manera ver como estos jóvenes no se reflejaban en el espejo. Todos los demás clientes si lo hacían, e incluso los que estaban más lejos, ella simplemente se volteó casi petrificada por lo que estaba viendo, por lo que estaba viviendo en ese momento les dio el dinero y ellos se fueron cuando se estaban yendo ella de nueva cuenta, voltea a ver el espejo y ve como la puerta del restaurante se abre y se cierra por sí sola, como si hubiera sido el aire, pero estaba más que segura que se trataban de esos clientes. Después de esto, tuve un cierto temor cada vez que atendía, e incluso una familia les preguntaba varias veces la orden y me cercioraba, aunque suene tonto de que fueran reales Y si bien esto solamente me pasó una vez, estoy más que satisfecha en temas paranormales el miedo. Nunca se me fue de encontrarme un cliente paranormal. Así les decimos nosotros. Saludos a toda la Comunidad y gracias por escuchar mi historia. Creo que el decir que los veladores, los guardias nocturnos, pasan algunas experiencias que son algo difícil de creer y aterradoras, no es algo para los que siguen el canal desde hace mucho tiempo que sea algo nuevo. Hemos escuchado relatos de veladores que vienen de máquinas fábricas, cementerios, carreteras, edificios abandonados, pero en esta ocasión nos situamos en un lugar completamente diferente. En esta ocasión, este velador, que nos cuenta su experiencia, nos dice que en el sitio donde él trabaja habita algo extraño, habita algo que él vio con sus propios ojos en una escuela primaria. Tal parece ser que estos lugares no se salvan, a pesar de tener tan buena energía con los niños que andan jugando de un lado hacia otro. Tal vez estas mismas energías son las culpables de que traigan este tipo de criaturas, porque en esta ocasión hablamos de almas, hablamos de una extraña criatura que se esconde dentro de aquella escuela. Mi nombre es Julio Saraga. La experiencia que les quiero contar a continuación me sucedió en un trabajo el cual lo tuve hace algún tiempo. En aquellos años, yo estaba buscando trabajo de velador o de guardia de seguridad en las diferentes empresas que habían. Muchos de ellos me ofrecieron trabajo, pero hubo uno en concreto el cual me llamó mucho la atención. Era un trabajo para velador, pero en una escuela pública. Pase. Resulta que esta escuela, como otras, no cuenta con velador. Más bien, el director y los maestros no creían que se ocuparon velador, pero eso solamente fue hasta que se empezaron a perder cosas. Se decía que ladrones, ladrones jóvenes entraban en la escuela y se robaban los aros de básquetbol, se robaban los balones y la gota que derramó el vaso fue que empezaron a hacer grafitis, a vandalizar. Básicamente entonces, debido a esto necesitaban un guardia de seguridad. Durante la noche obtuvo el puesto sin mayor esfuerzo. Ya traía mucha experiencia, así que esa misma noche entré a laborar. Fue en estos meses de septiembre empecé a hacer los rondines y las primeras noches vi a muchos jóvenes queriendo entrar por la barda. Obviamente, al verme estos de nueva cuenta se bajaban. Si bien el trabajo no era de lo más pesado, si tenía que estar muy al pendiente de lo que surgía durante la noche, no podía permitir que hubiera más robos o que hubiera más vandalismo dentro de las instalaciones. Pero esto solamente duró aproximadamente las primeras dos semanas. Después de esto se calmó por completo el asunto, pero de alguna extraña manera. Algunas ciertas cosas no se dejaron de perder que algunos juguetes, que algunas pelotas, pero claro esto le echaban la culpa a algunos niños que, de seguro, eran del día. No fue hasta que llegó octubre que viví esta experiencia. Como les dije, algunas cosas desaparecían. Por lo tanto, a pesar de que no veía movimiento, a pesar de que no veía que algunos jóvenes entraran. Yo aún así tenía que cumplir con mis rondines, Así que cada noche revisaba salón por salón para cersturarme de que nadie se encontrara dentro de este recuerdo que estaba lloviendo. Y en ese momento, por temporada de Halloween, los chicos de tercero y segundo de Primaria habían hecho unas máscaras, unos monstruos como Frankenstein, el hombre Lobo y demás monstruos que tenían ahí. Las máscaras las habían hecho durante el día, por lo que las habían puesto a secar durante toda la noche. Algunas de estas estaban pegadas hacia la ventana y desde lejos y más aún cuando te acercabas, podías ver los rostros de los monstruos asomándose por estas. Yo estaba viendo las máscaras en ese momento, cuando estaba pasando por el pasillo cuando de pronto me encuentro con una máscara, pero que, además de solamente la cara, esta también portaba con dos manos. Ambas se encontraban al lado de la máscara o una de cada lado. Lo que me sorprendía de esta máscara y que de cierta manera me asustó porque me hizo pegar un sobresalto tan solo al aluzarla, es que parecía muy real Su piel parecía como la de una persona, sus ojos, su pelo eran deformes, pero tenían una cierta percepción muy realista. La cara de este monstruo no era ninguno que yo conociera o que se pareciera a otros. Esta era una cara desfigurada como si su cara se estuviera derritiendo. Me llamaba mucho la atención sus ojos, ya que estos parecían ojos reales como los de una persona algunas de estas máscaras tenían ojos, pero a aquellos extraños ojos no les veía al borde era como si estuvieran pegados de alguna manera que parecían muy realistas. Eran completamente blancos. Pero a pesar de esto, podía ver el iris en el centro. Las manos también hacían juegos con este extraño rostro. Traté de no prestarle más atención a esto y seguí con mi camino. Seguía luzándose y verificando salón por salón, a pesar de que la lluvia estaba bastante fuerte. Me mojé poco, pero conseguí llegar de nuevo la dirección en donde tenía mi escritorio. Pasaron un par de horas cene, estuve checando los radios y después de nueva cuenta, comencé con el siguiente recorrido a eso de las tres y media de la mañana cuando iba llegando a este salón. Otra vez, cuando empecé a ver las máscaras, me percaté de que esta máscara, la cual me había aterrado de sobremanera, ya no se encontraba. Lo primero que me llamó la atención es que el espacio de la máscara tan solo al fijarme por dentro, ya que me causaba bastante curiosidad. Pensé que se había caído hacia el extremo de los mesabancos, pero no la vi. Y lo que me pareció aún más extraño es que los mesabancos se encontraban movidos, estaban puestos en una extraña dirección, como si alguien hubiera estado parado ahí saqué las llaves entre a ese salón para ver qué era lo que había pasado. Y lo que vi fue que en ese sitio donde había visto la máscara, ahora se encontraba mojado y más abajo en el suelo. De igual manera, todo estaba mojado. Esto no podía ser. Todas las ventanas se encontraba cerradas y, aparte el techo, no era posible que el agua se metira en los salones. Miré hacia arriba para ver si había un agujero, una grieta, alguna fuga, pero nada. El techo estaba completamente seco y fue en ese momento que puse mi mirada fija en el piso y me pude apricatar de algo. Había huellas, huellas de pies, no de suelas de zapato, de pies, pies muy pequeños, no eran como los de un adulto que se encontraban parados ahí y que caminaban y salían por una de las ventanas. Obviamente, lo que primero pensé es que alguna persona se había metido a la escuela y que la máscara no era precisamente una máscara de seguro. Se trataba de algún disfraz de Halloween y esta persona venía vestida y yo, pues lo había confundido todo salí de inmediato, preparé la luz y empecé a buscar por todos los salones. Me llevé aproximadamente algunos veinte minutos buscando, llevaba mi radio y me retractilista. Pero en ese momento llego a las canchas y me doy cuenta que hay una persona ahí abajo de toda la lluvia. No veo a esta persona por ver una silueta, sino es que veo una bola que después reconozco que es una pelota votando de un lugar a otro y esta persona se encuentra jugando con ella. De no ser porque la pelota es de un color muy brillante. Seguramente se me hubiera pasado desapercibido, ya que no hay nada de luz en las canchas y toda esa lluvia, con esas nubes tapando la luna, no me ayudaban tampoco empecé a mirar la silueta y me di cuenta que era muy pequeña, incluso para ser un adolescente. Yo soy una persona alta, pero un adolescente como mínimo tendría que medir algunos unos cincuenta y cinco, pero aquella silueta medía máximo como un metro. Era una silueta muy pero muy pequeña. Jugando con la pelota en ese momento la uso cambio la potencia de la lámpara y la fijo sobre él. Esta persona no portaba con una máscara. Yo lo había confundido. Todo ese era su rostro, su aspecto verdadero, su cara estaba deforme y también todo su cuerpo era como un pequeño monstruo. Este al verme tomó la pelota y se fue corriendo entre los salones. Mi impresión fue bastante vi Cada rincón de su cuerpo y eso no podía hacer un disfraz Yo volví de inmediato a la dirección. Me encerré ahí y no salí hasta la noche siguiente. Durante el día se me notificó que se había perdido exactamente una pelota amarilla. Yo sabía quién la tenía, pero en ese momento pude ver que comer un error. Todas las noches se me decía que tenía que cerrar con seguro todas las ventanas. Anteriormente yo entraba a los salones y les ponía el seguro a todas las ventanas, cosa que dejé de hacer con el tiempo, ya que al ver que nadie se metía, yo pensaba que no iba a resultar perjudicado de dejar una o dos o tres ventanas abiertas. Bastaba simplemente con cerrarlas para que no se metiera el agua o la lluvia o la tierra. Desde aquella noche yo le pongo seguro a todas las ventanas y puede que esta experiencia rara haya quedado hasta ahí. Pero esto no fue del todo. De esa manera, yo seguí trabajando en esa escuela y, conforme pasaba más tiempo, fui descubriendo todas las historias que estos niños, los mismos niños decían acerca de aquellos salones, más concretamente en las canchas que se encuentran hasta atrás donde yo había visto a aquella extraña criatura, Los niños decían que en aquella esquina, en aquel patio donde la hierba había crecido bastante, donde ni siquiera el conserje quería meterse a darle mantenimiento, en aquellos árboles, en aquella maleza, se encontraba un duende. Ellos decían que lo habían visto, como también niños que van en el turno de la tarde. Decían que este duende se robaban las pelotas, se robaba a veces los juguetes que los niños llevaban cerca de ahí que ellos lo habían visto y que no solamente eso que cualquier niño valiente que se adentrara entre el monte este era rasguñado, pero que jamás podía ver que era lo que lo rasguñaba. Simplemente sentí unas garras y este rápidamente salía. Se dice también y esto ojo no me consta, pero es una historia que me contó el conserje y es que hace muchos años un niño había desaparecido precisamente en aquella esquina. Para ese momento la leyenda del duende ya era más que conocida. Este niño se perdió en la salida de la mañana, por lo que los pas y los maestros creyeron que simplemente se había perdido afuera de la escuela, ya que el último maestro en darles la clase recuerda muy bien haber visto al niño salir del salón, pero no lo vieron salir de la escuela. Se dice que le entró ahí por alguna especie de reto o simplemente para recalcar que era más valiente, pero nunca salió de la maleza, a pesar de sonar extraño y como un cuento de niños, el conserje creía en esto y por eso mismo no se acercaba. Yo no le conté mi experiencia, ya que eso sería más infundir el miedo, pero recuerdo muy bien lo que vi vi a esa cosa frente a frente aquella noche mas nunca la volví a ver, pero eso sí, de que la escuchaba, La escuchaba, escuchaba pasos tan pronto yo me iba acercando como estos iban corriendo muy sigilosamente, apartándose de mi camino. Entendía que tal vez él me tenía más miedo a mí que yo A él, después de haber trabajado un año aquí. Yo me salí aquella parte de la primaria, casi toda la parte de atrás, fue demolida y construyeron edificios. Pasó de ser una primaria solamente a hacer una escuela secundaria y primaria. Respecto a las leyendas que se tejen del duende, no sé si todavía se cuente, pues creo que ya destruyeron su hogar. Esa fue mi experiencia. Gracias por compartirla. Saludos a todos cripta maníacos que les han parecido estas historias. Algunos de ustedes ha tenido que trabajar en algún empleo en el turno de noche y si es así, acaso les han pasado algunas historias inexplicables. Han visto sombras, han visto personas donde no las hay o han escuchado ruidos extraños. Muchos dicen que, debido a lo callado que es la noche, podemos percibir muchos ruidos muchos ruidos que pasaríamos desapercibidos durante el día. Si eso te ha pasado a ti, te invito a que me lo compartas abajo en la caja de comentarios, sin más por decir yo me despido que tengan buenas noches y unas aterraduras pesadillas, s