RELATOS ATERRADORES EN EL TURNO DE NOCHE / TEMPORADA 3 / VIVENCIAS EN UNA ESCUELA

En este episodio diversas personas de diferentes empleos nos diran las leyendas, y extrañas historias sobre aterradoras experiencias que se cuentan en sus trabajos y de los que fueron testigos.
En este episodio diversas personas de diferentes empleos nos diran las leyendas, y extrañas historias sobre aterradoras experiencias que se cuentan en sus trabajos y de los que fueron testigos.
Comenzaremos con la primera historia que viene de parte de una persona que trabaja en una maquila, no precisamente en el área de producción y, como sabrán, las maquilas, al menos en su inmensa mayorÃa, no tienen horario nocturno. Por las pocas personas que se habÃan quedado en este lugar se decÃa una leyenda, una cierta leyenda que a partir de que caÃa la noche, alguien se parecÃa. Las pocas personas que quedaban trabajando después de la noche decÃan ver a este espÃritu. Obviamente, esto solamente se creÃa como un cuento de terror. Pero la persona que nos cuenta esta historia, para su mala suerte, tuvo que volver al trabajo horas después de que todos habÃan ido en plena noche por un simple error que cometió. Pero este simple error también fue el motivo por el cual se dio cuenta que todas aquellas extrañas historias y leyendas que se decÃan eran ciertas. Mi nombre es Laura Vázquez. Mi experiencia comienza hace aproximadamente algunos nueve años. Yo estudié la carrera de contabilidad. Por lo tanto, al ir metiendo solicitudes encontré trabajo en lo que vendrÃa a ser una maquiladora en su área de contabilidad. Estuve trabajando ahà cerca de algunos cuatro meses, cinco meses, hasta que empecé a escuchar las historias que se desciende la maquila. Creo que muchos de nosotros, en diferentes empleños, hemos escuchado un dicho que dice vámonos que ya tarde aquà asustan o vámonos temprano que aquà espantan. Seguramente muchos de ustedes los dicen de alguna manera graciosa cuando se acaba la jornada del trabajo, pues déjenme decirles que en algunos lugares esto aplica y aplica de una manera muy a rajatabla. Tal era el caso de esta maquila. Sucede que un compañero mÃo, un compañero que se encontraba en el área de contabilidad, al igual que yo, asà como también dos mecánicos. Como sabrán, una maquila cierra temprano, como por eso de las cinco o seis de la tarde máximo. Algunos jefes se quedan, pero solamente está como por las ocho y estos trabajadores decÃan haber visto algo cerca de las diez de la noche. El ejemplo de mi amigo, el que era también contador, al igual que yo, era que él habÃa vuelto a la maquiladora por unos papeles que se le habÃan olvidado. Al ir entrando uno tiene que pasar por toda la maquila. Ir pasando por aquellos pasillos con todo, absolutamente todo apagado. Las oficinas, tanto las de contabilidad, las de mercadotecnia, asà como otras tantas, se encuentran en el segundo piso, pero al fondo de esta, por lo tanto, no puedes encender ninguna luz, ya que el acceso a las luces también se encuentran hasta el fondo. Eso sin decir también que un solo apagador de estas luces hace que se enciendan varias de estas. Por lo tanto, si solamente va rápido, no tiene mucho sentido que las enciendas. Mi compañero se alusó con su celular y llegó hasta las oficinas de contabilidad. Una vez ahÃ, él dice que vio a un hombre, pero un hombre deforme completamente. Ãl dice que este hombre usaba una gabardina café muy desgastada, muy sucia que en su espalda se podÃa ver una protuberancia que él está más que seguro. Se trataba de una joroba. Sus manos eran grandes, con largas uñas, saliendo de éstas su cara completamente cadavérica. Las cuencas de sus ojos estaban sumidas y en estas se podÃan ver también unos ojos saltones, como si se tratara de un cadáver en plena descomposición. Eso también sumando al olor fétido que éste manaba. Mi compañero. Debido al susto se desmayó el vigilante tuvo que entrar por él, ya que este no salÃa su historia. Como sabrán, fue muy aterradora para nuestro departamento y en cuestión de dÃas en toda la máquina se supo, después de esto les tocó vivir algo paranormal a dos mecánicos. Estos dos mecánicos se encontraban reparando una supuesta máquina, ya a altas horas de la noche, cuando de pronto ellos dicen ver de igual manera y con las mismas caracterÃsticas a este hombre, este anciano de apariencia absolutamente perturbadora. Lo que primero captaron ellos fue el olor. Es olor fétido y repugnante que les empezó a invadir en todo el sitio. Una vez que voltearon para ver de dónde provenÃa este olor, lo vieron. Estos dos mecánicos no se desmayaron. Ellos estaban abajo, Por lo tanto, tenÃan mucho espacio y muchos lugares a los cuales correr, lo cual hicieron. Su historia se pone peor, ya que ellos dicen que este hombre los fue persiguiendo por toda el de las maquilas. Se escuchaba un chillido. Ellos dicen que no era como una risa, era como un chillido, un chillido de algún animal. Es decir, que este hombre ni siquiera tenÃa la voz de una persona. Ellos dicen que se asemejaba mucho al sonido que proporcionarÃa un murciélago. Tanto fue el terror y tanta fue la desesperación que tombaron varias cosas y a final de cuentas, lograron salir de la maquila por la puerta, muy asustados y muy decididos a que no iban a volver a entrar ni siquiera por su herramienta. Al escuchar la historia del contador y al escuchar la historia de los mecánicos, era más que obvio que las personas no se querÃan mantener en esa maquila más allá de las seis de la tarde e incluso los jefes de a. Pero después me tocó a mÃ. Resulta que yo estaba llevando unas cuentas y cuando llegó la hora de salida, se me olvidó el celular en mi escritorio. Yo iba pensando en las cuentas. Iba pensando en todo el trabajo que tenÃa. Tanto fue asà que tomé el transporte, llegué a mi casa, cené incluso platiqué un poco y cuando quise buscarlo, recordé que lo habÃa dejado en el escritorio. Yo no me podÃa quedarse en celular más que nada, porque seguÃa fin de semana y las máquinas no abren. TenÃa que volver por él más que nada, porque tengo ahà acceso a los correos y también información importante, información con la que tengo que trabajar, por lo que hice una llamada y el vigilante ya sabÃa que iba a ir para allá. Al llegar ahÃ, vi a la maquiladora y no pude evitar recordar todas aquellas historias que se decÃan de lo que pasaba ahÃ. En la noche, cuando el vigilante me abrió la puerta, noté que era un hombre mayor. Era un hombre tal vez de algunos setenta años, tenÃa bastante experiencia en el sitio y decÃa que él conocÃa todo al dedillo en esa maquila. Yo le di las gracias y entré a la maquila. Me dio una lámpara suya, ya que yo no portaba con mi celular y no tenÃa con qué usarme en todo el trayecto hasta la oficina. TenÃa que caminar por esos largos pasillos y también caminar por toda el área de producción hasta llegar a las oficinas. A pesar de que iba con mucho miedo, nada extraño. Se me apareció el camino. Se me hizo muy largo. Subà las escaleras y cuando ya estaba en mi oficina buscando en mi escritorio, escuché pasos que se aproximaban por el pasillo. Después vi una sombra que se asomaba en la puerta de contabilidad y como si yo ya estuviera esperando, lo peor, me preparé incluso para correr. Pero en ese momento abrió la puerta un hombre. No era el vigilante, era otro hombre. Era un hombre también mayor, que vestÃa con una gabardina, pero con una gabardina muy pulcra, muy bien cuidada, su peinado. También a pesar de tener todo su cabello cano, este se encontraba muy bien peinado, bien arreglado, muy pulcro y refinado, e incluso en su caminar. Cuando se me acercó, lo suficiente pude reconocer incluso una losión. Este hombre me preguntó disculpe, Señorita, pero qué está buscando. Yo le dije que habÃa dejado mi celular y que lo ocupaba, que solamente venÃa por él. Ãl y con mucha seguridad me tomó del hombro. Me retiró. Un poco después abrió uno de los cajones, sacó el celular y lo puso sobre el escritorio. Después cerró el cajón. Acto seguido. Ãl volteo, me miró y me dijo que pase. Buenas noches. Después de esto, simplemente se retiró. Yo tomé mi celular. Bajé de inmediato más que nada porque querÃa alcanzarlo. No querÃa pasar por toda la maquila. Nuevamente yo sola, pero por más que lo busqué con la mirada en los pasillos, no volvà a encontrar aquel hombre. Pasa de nueva cuenta con la lámpara en toda la maquila y al salir de ésta, le pregunta el vigilante que quién era aquel hombre. Ãl estaba muy confundido. Ãl no sabÃa que habÃa otro hombre ahà aparte de mÃ, Pero cuando le empecé a decir cómo lucÃa, con qué vestÃa y cómo se portaba, él simplemente es bozó una sonrisa y me dijo ah ya veo conociste a Don Carmelo, ese viejo siempre anda por aquÃ, anda cuidando el changarro. Ãl simplemente no se va. Yo estaba confundida y le pregunté que quién era Don Carmelo, que si él era uno de los dueños, el vigilante me contestó que, a grandes rasgos, él era el dueño legÃtimo. Hace ya muchos años. Ãl habÃa construido toda la maquila. Ãl habÃa contratado a los primeros operadores, a las primeras personas e incluso lo habÃa contratado a él cuando él era un joven de apenas unos veintitantos años. En un principio me parecÃa impresionante, ya que jamás lo habÃa conocido, pero el velador me dijo que no me sorprendiera, porque Don Carmelo habÃa fallecido hace ya más de quince años, que él de vez en cuando lo podÃa ver durante las noches una sombra caminando entre los aparatos, entre la maquinaria y también entre las oficinas. Don Carlos me lo era un aficionado al trabajo, le encantaba lo que hacÃa y era muy estricto con este tanto, asà que él habÃa perdido la vida dentro de su oficina debido a un ataque cardÃaco. Yo no sabÃa todo esto, pero claro el vigilante habÃa estado cuando todo esto habÃa pasado, y solamente los gerentes y las personas que llevaban más tiempo ahà sabÃan sobre esto. Sin más por decir. Yo me retiré. SentÃa escalofrÃos porque, si bien mi encuentro no fue aterrador, ni fue un encuentro el cual me dejó perturbada a decir verdad, el saber que habÃa tratado con un espÃritu era algo que me producÃa escalofrÃos. Pero después de esto algo no tenÃa sentido. Aquellos hombres de sin haber visto prácticamente a un viejo con aspecto monstruoso, mientras que yo vi todo lo contrario. Meses después, tanto a los mecánicos como al contador, que dijeron haber visto esto se les despidió ya que estaban haciendo unos actos ilÃcitos. El contador estaba robando dinero y los mecánicos estaban robando piezas buenas de la maquinaria para revenderlas por fuera. Don Carmelo, como me dijo, el velador tenÃa una afición muy grande por su trabajo. Tanto asà que estoy más que seguro que viene desde la tumba a seguir cuidándolo que si le estás robando a su negocio, no lo pensará dos veces en asustarte. Pero, por otro lado, si llevas todas tus cuentas bien y no tienes nada que temer te. Pasará como a mà que lo único que vi fue a un hombre refinado que con mucha amabilidad me ayudó aquella noche. Los restaurantes son lugares a los cuales uno puede llegar a degustar algún platillo, algún café. Son lugares en los que uno puede descansar muy plácidamente. Algunos de estos restaurantes bares que son más familiares que nada. En algunos sitios tienden a ser veinticuatro, siete, o sea que estos jamás cierran. Por esta misma razón ocupan personas durante la noche, aunque no sea mucho, pero ocupan un cierto personal que atienda a los comensales. A veces a estos restaurantes llegan personas que no son clientes del todo y estos meseros tienen que atenderlos como cualquier otro. Pero qué pasa que a la mitad del servicio, justo cuando todo se cree que va bien, Estos meseros dicen que extrañamente se dan cuenta que no están hablando con una persona viva, que están hablando con algo que está más allá de su entendimiento, tal como la historia de esta chica que es la siguiente. Mi nombre es Geovanna MartÃnez. Les quiero contar una experiencia que me sucedió cuando estaba trabajando en un restaurante bar cuando anteriormente vivÃa en Cuernavaca. Este restaurante bar pertenecÃa a un tÃo mÃo. Por polÃticas del establecimiento, este estaba abierto a las veinticuatro horas. Yo era estudiante en aquel momento. Estudiaba en la tarde, por lo que me caÃa muy bien el horario nocturno. Más que nada, entre semana los fines de semana, el lugar se llenaba. Las propinas eran muy buenas, pero los que vendrÃan a ser los dÃas martes miércoles no habÃa tanta gente. En la madrugada. HabÃa clientes ocasionales, claro que sÃ, algunos taxistas, operadores de autobuses, camioneros, policÃas, todas aquellas personas que desempeñaban trabajos durante la noche. Como es de esperarse. Yo veÃa clientes nuevos todas las noches, por lo que no me pareció nada extraño ver un cliente nuevo en aquella ocasión. En el turno de la noche entre semana, solamente estamos tres. Un chico que se ocupa en la cocina, una chica que se ocupa de cobrar y yo, que soy la mesera, llevo los platos, las bebidas y todo lo que los clientes piden. En aquella ocasión, recuerdo que este hombre entró y tan sólo con entrar me llamó mucho la atención y Esto es por la forma en la cual este vestÃa vestÃa muy elegante, pero también muy anticuado. Era como la vestimenta que traerÃa un catrÃn, muy elegante, pero también muy antiguo. Entró camino y se sentó en la esquina del establecimiento. No saludo a nadie algo que se me hizo extraños que mi compañera al estar de frente a la puerta. Esta tampoco lo saludó. Es más, ni siquiera lo miró algo muy extraño, ya que cada vez que alguien entra se dicen las buenas noches se saludan como corresponde, pero en aquella ocasión no pasó esto. Yo hice lo que comúnmente harÃa todas las noches me acerqué. A él le pregunté que si querÃa pedir algo, este hombre simplemente me pidió un café y solamente eso yo fui celo servÃce lo traje y como no habÃa ningún otro cliente, le empecé a prestar más atención a este, ya que me parece extraño y si bien no mantenÃa la mirada precisa en él. Si lo estuve mirando por un buen tiempo y me percaté de que este hombre no surbÃa el café, no se lo estaba bebiendo, por lo que después de algunos diez quince minutos, fue de nuevo a su sitio para preguntarle si se le ofrecÃa algo más. Tal vez querÃa una cena o algún postre para acompañar el café, pero cuando me fue acercando a este me percaté que la taza se encontraba. VacÃa, pero vacÃa en una extraña condición. Les voy a explicar mejor cuando alguien se toma el café, sobre todo de una taza. Creo que todos sabemos que ahà abajo en la taza quedan residuos, o sea, algunos clientes dejan un poco de café, otros clientes dejan gotas de café y otros tantos se ve un cÃrculo. Como sea, en la taza siempre quedan residuos, aunque sean muy mÃnimos. Lo extraño en esa ocasión es que esta tasa estaba completamente limpia. Era como si la acababan de bajar de algún lugar guardado o como si le acabaran de lavar. Se me hizo extraño, pero no le di más importancia. Este cliente simplemente me pidió más café y yo se lo di Después de servÃrselo, me retiré de lugar, fui y me senté a donde mismo y de igual manera esta vez, de manera que asi sin tratar de disimularlo. Tanto, lo estuve observando y pude ver de igual manera que en ningún momento este hombre le dio un sorbo café él simplemente se quedaba mirando hacia afuera por medio de la ventana, sin prestarle atención a la bebida. Esta vez en menos tiempo, tal vez en algunos cinco minutos, yo me acerqué nuevamente y cuando vi su tasa de café, nuevamente vacÃa, pero otra vez vacÃa en perfectas condiciones, como si yo nunca hubiera vertido alguna vivida allà me empecé a sentir un tanto nerviosa. Le llené de nueva cuenta el café y me retiré. Cuando me iba retirando de nueva cuenta, lo comencé a observar y para no hacerles el cuento más largo. Esto se repitió cerca de unas cuatro o cinco veces no veÃa aquel hombre le dieron zurbo esa taza. Es más, cuando yo regresaba la encontraba en la mira, misma posición en la cual yo la habÃa dejado, pero completamente limpia hasta que en una de estas ocasiones yo estaba llegando otra vez a sentarme. Cuando en eso mi compañera la cajera me habla, me dice que sÃ, puedo ir un momento para allá. Yo voy enseguida y cuando llego con ella a la caja, ella me pregunta disculpa, mira, no quiero ser imprudente, pero qué estás haciendo. Yo no sé a lo que se refiere. Simplemente le pongo cara de extrañada y le pregunto cómo que qué estoy haciendo, pues sÃ, te he visto varias veces que vas allá a la esquina y luego te regresas habla sola algo te está pasando o a qué estás jugando. Yo estaba muy sacada de sÃ. Le dije no me pasa nada. Solamente estoy atendiendo al cliente que está ahà en la esquina. Ya me ve con cara de desconcertada y me dice que en aproximadamente dos horas ningún cliente ha entrado y que el lugar está completamente VacÃo que a que me referÃa con un cliente yo en ese momento la jala un poco del hombro le digo no mira ahà hay un cliente en la esquina. Para mi sorpresa, tal cliente no existÃa, ya no se encontraba sentado. Lo único que reposaba en aquella mesa era una taza de café llena hasta el tope. El café se habÃa desbordado. Se habÃa tirado de la mesa hacia el piso manchando por completo este Yo sin saber qué decir. Simplemente me acerca de aquel lugar, jalando también a mi compañera, no supe explicar qué era lo que habÃa pasado. Simplemente el cliente habÃa desapado crecido. Después de explicarle todo lo que habÃa vivido, mi compañera fuera de creer que estaba loca. Me dijo que me entendÃa que no era la única a la que le habÃa pasado algo raro. Me contó que a ella en una cierta ocasión cuando la caja no se encontraba a un lado de la puerta, sino que en la barra, en medio de esta y atrás de la barra, se encontraban unos espejos que daban una mejor apariencia a la parte del bar donde se ponÃan las copas, los vasos de whisky, los vasos cerveceros. En este espejo, por lógica se tenÃan que reflejar los clientes, pues hubo una ocasión en que esto no pasó. Y es que ella platica que cuando estaba atendiendo unos clientes, una pareja un chico y su novia intentó darles el cambio. Cuando estaba dándoles el cambio, se dio la vuelta para feriar el billete y que le sorprendió y le aterró de cierta manera ver como estos jóvenes no se reflejaban en el espejo. Todos los demás clientes si lo hacÃan, e incluso los que estaban más lejos, ella simplemente se volteó casi petrificada por lo que estaba viendo, por lo que estaba viviendo en ese momento les dio el dinero y ellos se fueron cuando se estaban yendo ella de nueva cuenta, voltea a ver el espejo y ve como la puerta del restaurante se abre y se cierra por sà sola, como si hubiera sido el aire, pero estaba más que segura que se trataban de esos clientes. Después de esto, tuve un cierto temor cada vez que atendÃa, e incluso una familia les preguntaba varias veces la orden y me cercioraba, aunque suene tonto de que fueran reales Y si bien esto solamente me pasó una vez, estoy más que satisfecha en temas paranormales el miedo. Nunca se me fue de encontrarme un cliente paranormal. Asà les decimos nosotros. Saludos a toda la Comunidad y gracias por escuchar mi historia. Creo que el decir que los veladores, los guardias nocturnos, pasan algunas experiencias que son algo difÃcil de creer y aterradoras, no es algo para los que siguen el canal desde hace mucho tiempo que sea algo nuevo. Hemos escuchado relatos de veladores que vienen de máquinas fábricas, cementerios, carreteras, edificios abandonados, pero en esta ocasión nos situamos en un lugar completamente diferente. En esta ocasión, este velador, que nos cuenta su experiencia, nos dice que en el sitio donde él trabaja habita algo extraño, habita algo que él vio con sus propios ojos en una escuela primaria. Tal parece ser que estos lugares no se salvan, a pesar de tener tan buena energÃa con los niños que andan jugando de un lado hacia otro. Tal vez estas mismas energÃas son las culpables de que traigan este tipo de criaturas, porque en esta ocasión hablamos de almas, hablamos de una extraña criatura que se esconde dentro de aquella escuela. Mi nombre es Julio Saraga. La experiencia que les quiero contar a continuación me sucedió en un trabajo el cual lo tuve hace algún tiempo. En aquellos años, yo estaba buscando trabajo de velador o de guardia de seguridad en las diferentes empresas que habÃan. Muchos de ellos me ofrecieron trabajo, pero hubo uno en concreto el cual me llamó mucho la atención. Era un trabajo para velador, pero en una escuela pública. Pase. Resulta que esta escuela, como otras, no cuenta con velador. Más bien, el director y los maestros no creÃan que se ocuparon velador, pero eso solamente fue hasta que se empezaron a perder cosas. Se decÃa que ladrones, ladrones jóvenes entraban en la escuela y se robaban los aros de básquetbol, se robaban los balones y la gota que derramó el vaso fue que empezaron a hacer grafitis, a vandalizar. Básicamente entonces, debido a esto necesitaban un guardia de seguridad. Durante la noche obtuvo el puesto sin mayor esfuerzo. Ya traÃa mucha experiencia, asà que esa misma noche entré a laborar. Fue en estos meses de septiembre empecé a hacer los rondines y las primeras noches vi a muchos jóvenes queriendo entrar por la barda. Obviamente, al verme estos de nueva cuenta se bajaban. Si bien el trabajo no era de lo más pesado, si tenÃa que estar muy al pendiente de lo que surgÃa durante la noche, no podÃa permitir que hubiera más robos o que hubiera más vandalismo dentro de las instalaciones. Pero esto solamente duró aproximadamente las primeras dos semanas. Después de esto se calmó por completo el asunto, pero de alguna extraña manera. Algunas ciertas cosas no se dejaron de perder que algunos juguetes, que algunas pelotas, pero claro esto le echaban la culpa a algunos niños que, de seguro, eran del dÃa. No fue hasta que llegó octubre que vivà esta experiencia. Como les dije, algunas cosas desaparecÃan. Por lo tanto, a pesar de que no veÃa movimiento, a pesar de que no veÃa que algunos jóvenes entraran. Yo aún asà tenÃa que cumplir con mis rondines, Asà que cada noche revisaba salón por salón para cersturarme de que nadie se encontrara dentro de este recuerdo que estaba lloviendo. Y en ese momento, por temporada de Halloween, los chicos de tercero y segundo de Primaria habÃan hecho unas máscaras, unos monstruos como Frankenstein, el hombre Lobo y demás monstruos que tenÃan ahÃ. Las máscaras las habÃan hecho durante el dÃa, por lo que las habÃan puesto a secar durante toda la noche. Algunas de estas estaban pegadas hacia la ventana y desde lejos y más aún cuando te acercabas, podÃas ver los rostros de los monstruos asomándose por estas. Yo estaba viendo las máscaras en ese momento, cuando estaba pasando por el pasillo cuando de pronto me encuentro con una máscara, pero que, además de solamente la cara, esta también portaba con dos manos. Ambas se encontraban al lado de la máscara o una de cada lado. Lo que me sorprendÃa de esta máscara y que de cierta manera me asustó porque me hizo pegar un sobresalto tan solo al aluzarla, es que parecÃa muy real Su piel parecÃa como la de una persona, sus ojos, su pelo eran deformes, pero tenÃan una cierta percepción muy realista. La cara de este monstruo no era ninguno que yo conociera o que se pareciera a otros. Esta era una cara desfigurada como si su cara se estuviera derritiendo. Me llamaba mucho la atención sus ojos, ya que estos parecÃan ojos reales como los de una persona algunas de estas máscaras tenÃan ojos, pero a aquellos extraños ojos no les veÃa al borde era como si estuvieran pegados de alguna manera que parecÃan muy realistas. Eran completamente blancos. Pero a pesar de esto, podÃa ver el iris en el centro. Las manos también hacÃan juegos con este extraño rostro. Traté de no prestarle más atención a esto y seguà con mi camino. SeguÃa luzándose y verificando salón por salón, a pesar de que la lluvia estaba bastante fuerte. Me mojé poco, pero conseguà llegar de nuevo la dirección en donde tenÃa mi escritorio. Pasaron un par de horas cene, estuve checando los radios y después de nueva cuenta, comencé con el siguiente recorrido a eso de las tres y media de la mañana cuando iba llegando a este salón. Otra vez, cuando empecé a ver las máscaras, me percaté de que esta máscara, la cual me habÃa aterrado de sobremanera, ya no se encontraba. Lo primero que me llamó la atención es que el espacio de la máscara tan solo al fijarme por dentro, ya que me causaba bastante curiosidad. Pensé que se habÃa caÃdo hacia el extremo de los mesabancos, pero no la vi. Y lo que me pareció aún más extraño es que los mesabancos se encontraban movidos, estaban puestos en una extraña dirección, como si alguien hubiera estado parado ahà saqué las llaves entre a ese salón para ver qué era lo que habÃa pasado. Y lo que vi fue que en ese sitio donde habÃa visto la máscara, ahora se encontraba mojado y más abajo en el suelo. De igual manera, todo estaba mojado. Esto no podÃa ser. Todas las ventanas se encontraba cerradas y, aparte el techo, no era posible que el agua se metira en los salones. Miré hacia arriba para ver si habÃa un agujero, una grieta, alguna fuga, pero nada. El techo estaba completamente seco y fue en ese momento que puse mi mirada fija en el piso y me pude apricatar de algo. HabÃa huellas, huellas de pies, no de suelas de zapato, de pies, pies muy pequeños, no eran como los de un adulto que se encontraban parados ahà y que caminaban y salÃan por una de las ventanas. Obviamente, lo que primero pensé es que alguna persona se habÃa metido a la escuela y que la máscara no era precisamente una máscara de seguro. Se trataba de algún disfraz de Halloween y esta persona venÃa vestida y yo, pues lo habÃa confundido todo salà de inmediato, preparé la luz y empecé a buscar por todos los salones. Me llevé aproximadamente algunos veinte minutos buscando, llevaba mi radio y me retractilista. Pero en ese momento llego a las canchas y me doy cuenta que hay una persona ahà abajo de toda la lluvia. No veo a esta persona por ver una silueta, sino es que veo una bola que después reconozco que es una pelota votando de un lugar a otro y esta persona se encuentra jugando con ella. De no ser porque la pelota es de un color muy brillante. Seguramente se me hubiera pasado desapercibido, ya que no hay nada de luz en las canchas y toda esa lluvia, con esas nubes tapando la luna, no me ayudaban tampoco empecé a mirar la silueta y me di cuenta que era muy pequeña, incluso para ser un adolescente. Yo soy una persona alta, pero un adolescente como mÃnimo tendrÃa que medir algunos unos cincuenta y cinco, pero aquella silueta medÃa máximo como un metro. Era una silueta muy pero muy pequeña. Jugando con la pelota en ese momento la uso cambio la potencia de la lámpara y la fijo sobre él. Esta persona no portaba con una máscara. Yo lo habÃa confundido. Todo ese era su rostro, su aspecto verdadero, su cara estaba deforme y también todo su cuerpo era como un pequeño monstruo. Este al verme tomó la pelota y se fue corriendo entre los salones. Mi impresión fue bastante vi Cada rincón de su cuerpo y eso no podÃa hacer un disfraz Yo volvà de inmediato a la dirección. Me encerré ahà y no salà hasta la noche siguiente. Durante el dÃa se me notificó que se habÃa perdido exactamente una pelota amarilla. Yo sabÃa quién la tenÃa, pero en ese momento pude ver que comer un error. Todas las noches se me decÃa que tenÃa que cerrar con seguro todas las ventanas. Anteriormente yo entraba a los salones y les ponÃa el seguro a todas las ventanas, cosa que dejé de hacer con el tiempo, ya que al ver que nadie se metÃa, yo pensaba que no iba a resultar perjudicado de dejar una o dos o tres ventanas abiertas. Bastaba simplemente con cerrarlas para que no se metiera el agua o la lluvia o la tierra. Desde aquella noche yo le pongo seguro a todas las ventanas y puede que esta experiencia rara haya quedado hasta ahÃ. Pero esto no fue del todo. De esa manera, yo seguà trabajando en esa escuela y, conforme pasaba más tiempo, fui descubriendo todas las historias que estos niños, los mismos niños decÃan acerca de aquellos salones, más concretamente en las canchas que se encuentran hasta atrás donde yo habÃa visto a aquella extraña criatura, Los niños decÃan que en aquella esquina, en aquel patio donde la hierba habÃa crecido bastante, donde ni siquiera el conserje querÃa meterse a darle mantenimiento, en aquellos árboles, en aquella maleza, se encontraba un duende. Ellos decÃan que lo habÃan visto, como también niños que van en el turno de la tarde. DecÃan que este duende se robaban las pelotas, se robaba a veces los juguetes que los niños llevaban cerca de ahà que ellos lo habÃan visto y que no solamente eso que cualquier niño valiente que se adentrara entre el monte este era rasguñado, pero que jamás podÃa ver que era lo que lo rasguñaba. Simplemente sentà unas garras y este rápidamente salÃa. Se dice también y esto ojo no me consta, pero es una historia que me contó el conserje y es que hace muchos años un niño habÃa desaparecido precisamente en aquella esquina. Para ese momento la leyenda del duende ya era más que conocida. Este niño se perdió en la salida de la mañana, por lo que los pas y los maestros creyeron que simplemente se habÃa perdido afuera de la escuela, ya que el último maestro en darles la clase recuerda muy bien haber visto al niño salir del salón, pero no lo vieron salir de la escuela. Se dice que le entró ahà por alguna especie de reto o simplemente para recalcar que era más valiente, pero nunca salió de la maleza, a pesar de sonar extraño y como un cuento de niños, el conserje creÃa en esto y por eso mismo no se acercaba. Yo no le conté mi experiencia, ya que eso serÃa más infundir el miedo, pero recuerdo muy bien lo que vi vi a esa cosa frente a frente aquella noche mas nunca la volvà a ver, pero eso sÃ, de que la escuchaba, La escuchaba, escuchaba pasos tan pronto yo me iba acercando como estos iban corriendo muy sigilosamente, apartándose de mi camino. EntendÃa que tal vez él me tenÃa más miedo a mà que yo A él, después de haber trabajado un año aquÃ. Yo me salà aquella parte de la primaria, casi toda la parte de atrás, fue demolida y construyeron edificios. Pasó de ser una primaria solamente a hacer una escuela secundaria y primaria. Respecto a las leyendas que se tejen del duende, no sé si todavÃa se cuente, pues creo que ya destruyeron su hogar. Esa fue mi experiencia. Gracias por compartirla. Saludos a todos cripta manÃacos que les han parecido estas historias. Algunos de ustedes ha tenido que trabajar en algún empleo en el turno de noche y si es asÃ, acaso les han pasado algunas historias inexplicables. Han visto sombras, han visto personas donde no las hay o han escuchado ruidos extraños. Muchos dicen que, debido a lo callado que es la noche, podemos percibir muchos ruidos muchos ruidos que pasarÃamos desapercibidos durante el dÃa. Si eso te ha pasado a ti, te invito a que me lo compartas abajo en la caja de comentarios, sin más por decir yo me despido que tengan buenas noches y unas aterraduras pesadillas, s




