RELATOS ATERRADORES DE REGLAS EXTRAÑAS EN MI TRABAJO Y VELADORES / TEMPORADA 4 CAP.3 / L.C.E.

Una recopilacion que te dara escalofrios, sobre extrañas reglas que tiene que seguir empleados de un oxxo y un cine, al par de aterradoras experiencias de vigilantes.
Hola a todos. Mi nombre es Luis Pedrosa. He escuchado el canal durante mucho tiempo y creo que ha llegado el momento en compartirles unas experiencias que me han pasado. Esta primera anécdota que les quiero contar me sucedió hace como unos cinco años. Me resulta grato compartir esta experiencia. Prácticamente toda mi familia creen lo que pasó aquella noche y es también que no solamente esto me afectó a mÃ, sino también alguien más. Tengo, como quien dice un testigo que también vivió lo mismo aquella noche. Se trata de mi primo. Nosotros dos tuvimos esta misma experiencia, ya que para nuestra mala suerte éramos nosotros dos que necesitábamos ir dando aquel local aquella noche. Pero antes de todo, les empezarÃa a platicar desde el principio verán. En aquel momento cuando nos pasó esto, nosotros tenÃamos diecisiete años como era de esperarse. Ningún trabajo nos contrataba. En aquel momento, nosotros nos encontrábamos en vacaciones, por lo que tenÃamos bastante tiempo libre. Por medio de contactos de algunos familiares, de algunos amigos, nos enteramos que cierta persona tenÃa un oxo, el cual, debido a que no iba a tener empleados y él no podÃa atender ese oxo, iba a tener que cerrar durante dos semanas, Nosotros nos preguntamos por qué. Simplemente no contrataba más personal en fin este dueño. Simplemente nos daba vueltas diciéndonos que habÃa unas ciertas cosas que tenÃan que hacer y algunas personas tal vez no las quisieran hacer. Ambos Nosotros dos le insistimos a este hombre, a este amigo de la familia que nos dejara trabajar ahà durante esas dos semanas. Ãl al principio no querÃa. De hecho, tardamos como unos tres dÃas en convencerlo, pero a final de cuentas lo hicimos. Este oxo se encontraba algo lejano de la ciudad. Véase no estaba muy retirado, simplemente como unos veinticinco a treinta minutos de la carretera principal que llevaba a nuestra ciudad. Nosotros Ãbamos en coche, asà que se podrÃa decir que no tenÃamos problemas en el transporte. Al llegar notamos algo y es que de frente a este oxo se encontraba un edificio. Era un edificio, podrÃamos decir lo medianamente grande. Eran tres pisos, pero tampoco era muy largo. TenÃa un cierto aspecto como si fuera un hospital, aunque bastante deteriorado. Ya entramos al Oxo, estuvimos platicando con el dueño y este nos explicó ciertas cosas que debÃamos de hacer en nuestro turno. Al principio, lo que nos explicaba se me hacÃa de lo más normal, y es que eran cosas respecto al sistema, respecto al cobro, a las transferencias y demás cosas. Y también nos dijo que aquel edificio, aquel que se estaba cayendo en ruinas, se trataba de un hospital. Al parecer, le habÃamos atinado, pero no de un hospital privado. Era uno de esos hospitales de gobierno. Creo que era del dif o del al según a otra organización, por temas escabrosos, ciertas polémicas que habÃa tenido ese hospital. En concreto, lo habÃan cerrado. Algunas personas decÃan que hay adentro, se hacÃan cosas prácticamente contra la ley. Ãl no nos quiso dar más detalles, pero asumo que nos podrÃamos imaginar como qué cosas harÃan. Y es en este punto, cuando termina de explicarnos la historia de ese hospital, en que nos empieza a decir algunas cosas que para los dos nos resultó bastante extrañas. Eran tres reglas, en concreto, tres reglas. La primera regla era que, después de la una de la mañana, no debÃamos. Se prohibÃa rotundamente que saliéramos de la tienda. Por nada del mundo tenÃamos que salir de la tienda. Esta regla ligada PodrÃamos decirlo a esta primera era que las cortinas se bajaban. Obviamente, se bajaban también las cortinas de la puerta y mediante esta cortina habÃa una pequeña ventana, la cual daba a otra ventana que esa se corrÃa y por ahà podÃamos cobrar y también pasar todo el producto que los clientes nos iban pidiendo. La segunda regla era que después de las cuatro de la mañana tenÃamos también prohibido ir al cuarto del almacén. Este cuarto del almacén era prácticamente el área de empleados. Obviamente, durante las primeras horas tenÃamos que entrar a este para rellenar algunas cosas, sacar la basura que habÃa ahà y, entre otras cosas, también limpiar, ya que aquà también se almacenan, pues los trapeadores, las escobas, los productos de limpieza que utilizamos para mantener el oxo limpio. Me dijo que, de preferencia, todo esto lo hiciéramos en las primeras horas y también muy esencial que durante esas primeras horas uno se quedará en caja y el otro estuviera haciendo todo esto y también que rellenara, ya que después de las cuatro de la mañana no iba a poder entrar al almacén y por ende, no podrÃa entrar al cuarto frÃo, ya que necesariamente tienes que entrar primero el almacén para después ir al cuarto frÃo. La tercera y la última regla era más que nada, una aclaración o una advertencia. Más bien, él nos dijo que por eso de las dos de la mañana no calculaba muy bien el horario. Pero ya a altas horas de la madrugada, una viejita, una señora de edad muy avanzada, venÃa al oxo. Esta viejita tocaba la ventana, al igual que lo hacen todos los clientes. Nos dijo que la Ãbamos a reconocer, porque siempre vestÃa de la misma manera. Iba con una bata azul y cargaba siempre con ella una bolsa transparente. Esta bolsa también era azul, eran como una de esas bolsas de plástico que dan en los supermercados. Dentro de esta bolsa se podÃan ver también algunas cajas de medicamentos, algunas pastillas, no muchas, claro, pero si se podÃan ver a simple vista. Nos dijo de manera muy seria que cuando esta señora se cercana y tocara a la puerta, nosotros no debÃamos darle lo que ella pedÃa. Este hombre dijo que esta viejita siempre iba a tocar la ventana y acto seguido. Después de esto, nos iba a pedir una botella de agua. Nosotros, por ninguna razón, tenÃamos que dársela a lo largo de la noche. Nos dijo prácticamente que la corriéramos, que le dijéramos que no tenÃamos y que le dijéramos también que no volviera. Nos explicó que tenemos que hacerlo con una manera muy imponente, básicamente casi al borde de gritarle, porque si no lo hacÃamos, esa viejita iba a continuar viniendo A nosotros. Se nos hizo extraño, esto sobre todo por la actitud que este hombre nos pedÃa que tuviéramos con esa señora. SÃ, es una señora de tan avanzada edad. Por qué le Ãbamos a tratar asà o sea ella, qué habÃa hecho, DebÃa de darnos algún motivo ella que habÃa hecho en el pasado para ser tratada de esa manera. Ãl nos respondió esto, pero más tarde nos dimos cuenta que nos habÃa mentido y podrÃamos decir lo que nos dijo una mentirilla piadosa. Ãl nos explicó que esta ancianita era conocida porque la botella de agua que le dieran ella se iba y no la pagaba. Simplemente seguÃa sonando algo duro y también ilógico. Para nosotros. Pero a final de cuentas, entendimos el señor se fue después de explicarnos todo esto y fue de esa manera cómo comenzamos el turno. Durante las primeras horas hicimos todo y como se nos habÃa encomendado, pero en eso llegó la una de la mañana. Nosotros nos encontrábamos comiendo y escuchamos que tocaron la ventana, tocaron la puerta. CreÃmos que era un cliente, pero enseguida cuando la vimos a través de la cortina, por los rasgos, por cómo iba vestida y, sobre todo, por aquella bolsa con medicinas, reconocimos inmediato que aquella, señora se trataba de la viejita de la que nos habÃa advertido el dueño. Empezamos a pensar qué era lo que Ãbamos a hacer en ese momento. Es decir, yo no querÃa correr a la anciana. Asà que primero pensamos, nos aproximamos y le preguntamos qué era lo que querÃa. Tal y como dijo el dueño, aquella ancianita nos pidió una botella de agua. Mi compañero le dijo que no podÃa y que, por favor, se retirara. Esta ancianita se nos quedó mirando durante un breve tiempo y después se fue. Yo me sentà algo mal por como le habÃamos tratado, porque, a final de cuentas, tal vez se trataba de una persona en situación de calle y robar agua tal vez era la única forma que tenÃa para aliviar su sed Prácticamente volvimos a los escritorios, ambos con ciertas cosas que pensar en la cabeza cuando de pronto otra vez empezaron los golpes en la ventana. De nuevo era aquella ancianita que nos estaba pidiendo una botella de agua. En ese momento yo no tomé en consideración las advertencias del dueño me dije a mà mismo. Bueno. Si la ancianita quiere agua, pues le voy a dar agua, no importa yo lo pago de mi dinero. Faltaba más. Fui hasta el refri tomé la botella de agua y caminé hasta donde estaba la viejita. Cuando abrà la puerta, cuando corrà la ventana para dársela. Y es más, mientras se la estaba dando, le estaba diciendo que esto era prácticamente un regalo. Esta anciana también es estilos humano. Y fue ahà donde vi el motivo por el cual el dueño nos estaba diciendo que no tenÃamos que darle agua a esta anciana, porque si bien del cuello hacia arriba, que era como que más o menos como la veÃamos, nosotros también la podemos ver a través de las rejas, pero traÃa una bata. No podÃamos ver muy bien su cuerpo cuando estiró su mano. Fue ahà cuando pude ver que esta mano era una mano huesuda, una mano que yo puedo jurar que estaba en etapa de descomposición, una mano pútrida, una mano que pertenecÃa prácticamente a un cadáver. Al momento de que vi esto de manera casi inmediata, solté la bolsa junto con el agua, caminé hacia atrás y, por si fuera poco caà en el suelo. Cuando mi primo se paró y fue conmigo, me preguntó qué habÃa pasado, que por qué me habÃa caÃdo y también porque habÃa gritado. Ãl dice que escuchó cómo grité, pero lo que yo recuerdo es que no grité para nada. Era como algo extraño cuando volteamos hacia la puerta, la viejita ahora ya no se encontraba. Se habÃa ido prácticamente en cuestión de unos segundos. Yo estaba muy asustado, estaba temblando, tenÃa muchas ganas de vomitar y no sabÃa cómo sentirme en ese momento, por qué sentÃa un descontrol total en mi cuerpo. Y también me sentÃa muy mal en diferentes aspectos. Mi primo, como pudo casi arrastrándome, me llevó hasta atrás del escritorio y una vez ahà me preguntó si querÃa que le llamara a mi padre, querÃa que le llamara a su tÃo para que fueran por mà o me suministraran alguna medicina o si es que nosotros tenÃamos ahà que nos dijeran que marca o que qué porcentaje de medicina tomarme para que de alguna manera controlar todo lo que sentÃa en ese momento. Yo le dije que era lo mejor que llamar a mis padres y pues les comentara lo que tenÃa en ese momento, y es aquà donde la experiencia de mi primo toma protagonismo, Y es que, para la mala suerte de ambos, aquella noche simplemente no era nuestra noche. La segunda regla que nos habÃa dejado el dueño era que no tenÃamos que entrar al almacén después de las cuatro de la mañana y que, de preferencia, dejáramos entrar a las tres y media para ese entonces, para todo lo que habÃa pasado, eran las cuatro de la mañana. Con doce, nos habÃamos estado preguntando casi por una hora y media que qué tenÃamos que hacer antes de llegar a esa solución. Estoy más que consciente que nos tardamos mucho. Mi primo fue hasta el almacén para ese entonces ya le habÃamos echado llave. Mi primo dice que se acuerda perfectamente de esta regla, pero yo me encontraba muy mal y tenÃa que riesgarse. Ãl dice que pensaba que no iba a pasar de un simple regaño, que de seguro, el jefe tenÃa algunas cosas que no querÃamos que viéramos, pero que, a final de cuentas, él se iba a mantener callado. Pero fue un error por completo. Mi primo entró al almacén y es que ahà habÃamos dejado cargando los dos celulares que tenÃamos y para acabar de empedrar la situación, los enchufes se encontraban casi hasta el fondo de este camino. Pasó al Cuarto FrÃo y cuando iba de vuelta, le empezaron a tocar la puerta. Y bueno, tocar la puerta. Yo dirÃa que fue algo leve por decirlo asÃ, porque se le estaban azotando. Les voy a explicar cómo es la puerta del Cuarto FrÃo. No cualquiera puede azotar esa puerta. Esa puerta pesa y pesa mucho, además de que está asegurada con un seguro que viene desde afuera y en ese momento la estaban azotando. Era como si alguien desde adentro la jalara y después la empujara con mucha fuerza dentro de esta puerta. Hay una especie de manija que tiene un seguro, el cual aplanas, después empujas y se abre la puerta. Pero en ese momento la persona que estaba dentro parecÃa ser que para él la puerta pesara unos pocos gramos. La azotaba una y otra vez de manera muy brutal, de manera muy bestial, lo hacÃa una y otra y otra vez. Mi primo comenzó a tener mucho miedo. SabÃa que no habÃa nadie más dentro del oxo más que nosotros dos. No habÃa forma de que alguien se colara y, sobre todo, no habÃa forma de que alguien se encontrara encerrado en el cuarto frÃo corrió, salió del almacén y llegó conmigo e igual llegó temblando y por si no fuera poco, vio de nuevo a aquella anciana que se encontraba enfrente del oxo. Mirándonos enfrente de aquel hospital. Mi primo siguió corriendo, llegó hasta el mostrador y se sentó. Estábamos sentados en el piso de una manera podrÃamos decirlo para que no nos vieran ahà nos mantuvimos hasta que minutos después otra vez escuchamos los golpes que venÃan de la ventana. Esta vez ninguno de los dos se levantó. Ambos sabÃamos que no era ningún cliente, era aquella anciana y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, ambos le gritamos desde el mostrador que se fuera que no tenÃamos agua. Y solamente de esta manera no la volvimos a ver hasta que amaneció tan pronto llegó el dueño. Yo y mi primo salimos corriendo, le explicamos lo que habÃa pasado en la noche y que, más que claro no pensábamos volver a la noche siguiente. Ãl nos creyó todo lo que habÃamos pasado, pues él también habÃa pasado por todo eso nos dijo que no siempre fue asà que cuando él se volvió propietario de ese oxo era un oxo normal. Nada lo atormentaba, pero solamente fue que aquel hospital de enfrente cerrara. Más que nada, el oxo se habÃa puesto para los familiares de los pacientes que se encontraban internados podrÃan ir a comer ahÃ, a comprar cosas ahÃ. Pero cuando el hospital cerró, las manifestaciones empezaron a suceder cada vez más y cada vez más. Esto ya tenÃa siete años y que para él y sus hijos y su familia y algunos de sus empleados que llevaban más tiempo ahÃ, esto prácticamente ya era común para ellos. Dice que los entes que se quedaron en el hospital se movieron, por asà decirlo, o van de vez en cuando a este oxo y son los mismos con los que nos encontramos aquella noche. Estoy más que seguro que es ancianita. En definitiva, viene del hospital, la bata los medicamentos Solamente un tonto no pudiera relacionarlos si se lo preguntan, aún sabiendo esto y sabiendo cómo, por asà decirlo, evitar estas almas. Aún asà no volvimos. Aquella fue nuestra primera y nuestra última noche trabajando en ese oxo hola. Me llamo Iohanna y la experiencia que les quiero contar a continuación me sucedió cuando yo tenÃa dieciséis años. Yo me encontraba trabajando en un cine de medio tiempo. Creo que muchos sabrán que estos locales, estos cines, en su mayorÃa son estudiantes los que trabajan allÃ, asà que la mayorÃa de nosotros nos conocÃamos rápidamente, hice amigos y el ambiente laboral. Me gustaba habÃa unas ciertas reglas que tenÃa este cine a ver en un principio no se me hacÃan un tanto extrañas. Simplemente pensaba que tenÃan sus razones y hasta ahà lo dejaba, pero claro, tampoco eran unas reglas que llamaran la atención. Sucede que en este cine habÃan dos salas, dos salas en concreto en las cuales después de las diez de la noche o máximo a las once de la noche, estaba prohibido entrar a estas. De hecho, incluso por el público. HabÃa algunas pelÃculas ciertos estrenos, como ustedes sabrán, que es necesario tener todas las salas de cine dispuestas, incluso con la misma pelÃcula. Extrañamente, el gerente siempre hacÃa que esta sala se quedara vacÃa más allá de las diez y media. Recuerdo muchas veces limpiar estas dos alas y cuando habÃa este tipo de estrenos, siempre lo hacÃa por eso de las diez de la noche. Después de esto, el gerente hacÃa cerrar con candado aquellas salas. Ya ningún personal podÃa entrar a esta. Algo que sà se me hace extraño es que incluso cuando la pelÃcula se terminaba algo tarde y nosotros, yo junto con otros dos, nos disponÃamos a limpiar aquellas alas, se nos daba la orden de que no lo hiciéramos que a la mañana siguiente, esas dos salas serÃan las primeras en limpiarse, pero que en este momento no igualmente se cerraban con candado y se dejaban ahà toda la noche. Se me hacÃa extraño, porque relativamente las diez y media, las once de la noche es algo temprano. Muchas de las funciones. Las últimas alas que limpiamos por regular son a la una de la mañana, doce y media. En fin, se me hace extraño, pero no le daba mayor importancia En cierto dÃa. A mà me tocó estar en el área donde recibes los boletos. Ustedes sabrán que hacer empleo del cine. La verdad es que no tienes ningún puesto por asà decirlo fijo. A veces estás en dulcerÃa, en tequilla en los juegos y otras veces también en la entrada de las salas recibiendo los boletos. Cuando estás en este último, también tienes que pasar a limpiar las alas. Resulta que aquella noche, más bien aproximadamente algunos tres o cuatro dÃas, habÃamos estado muy movidos de trabajo. Se habÃa estrenado una pelÃcula de Marvel, una pelÃcula de superhéroes y ustedes saben cómo es que jala a la gente hacia el cine. HabÃamos tenido mucho, pero mucho trabajo y en ese momento yo me encontraba muy cansada también a la parte con tareas espuns. Qué querÃa, por asà decirlo, escabullirme. Un poco de mis obligaciones eran las diez de la noche y yo sabÃa que esas dos salas en concreto pasaban a cerrarlas. Por eso de las diez y media once y la función que estaba ahà ya se estaba terminando. Las últimas personas estaban saliendo. Yo fui a la dulcerÃa. Estuve un momento ahà apoyando a mis amigas y después de comprarme unos dulces, me dispuse a refugiarme en aquella sala. Lo primero que se me hizo extraño es que cuando entré y me senté en el pasillo, porque cabe recalcar, yo no pensaba entrar hasta la sala, simplemente estar en el pasillo sentarme ahÃ. Lo que me llamó la atención de esto es que la sala se encontraba en una extraña iluminación. O bueno, no extrañas, sino que no le tocaba estar asà verán. Las salas de cine tienen tres iluminaciones. La primera, la que estaba viendo en aquel momento, es una iluminación preparada para proyectar una pelÃcula. Algunas luces están encendidas, otras luces están apagadas. Están preparando, por asà decirlo que las personas entren, que se acomoden y les dan la suficientemente luz para que caminen por las escaleras para que encuentren sus asientos. Otra iluminación es cuando la pelÃcula ya está proyectada. Todo está apagado, excepto las luces de neón que recurre en la escalera. La tercera iluminación es cuando la pelÃcula no está puesta o cuando ya se acabó la función. Todas las luces están encendidas y se puede ver absolutamente todo. De hecho, si la pelÃcula ya se habÃa acabado, si las personas ya habÃan salido recién esta sala, tenÃa que tener esta última iluminación que les acabo de decir. Pero extrañamente no más. Me llamó la atención. Cuando escuché que en la pantalla se estaba reproduciendo algo, caminé y vi que, en efecto, habÃa una especie de pelÃcula se veÃa bastante antigua, Se veÃa que las cintas. Incluso tenÃa en algunos detalles pensé que sabÃa una persona todavÃa dentro de la sala era el proyector. Obviamente, él se encontraba hasta atrás, hasta el fondo. Me senté sola en la sala. En la primera fila. Yo conocà a todos los proyectores e incluso me llevaba bien con todos, asà que pensé que no habÃa problema en que estuviera ahÃ. Probablemente el chico que estuviera proyectando aquella pelÃcula ya me conociera, conocÃa a todos prácticamente, pero fue en este punto que la situación empezó a ponerse un poco rara. Cabe decir que cuando entré y me senté, no habÃa ni una sola persona sentada. Estaba vacÃa por completo y la pelÃcula, que en un principio yo pensé que era antigua, que no la conocÃa, empezó a poner imágenes un tanto perturbadoras, grotescas, horrorosas. Yo dirÃa personas quitándose la vida tortura. Se podÃa ver fácilmente que era una pelÃcula como se denominan gore, pero muy explÃcita los ruidos que hacÃa esta pelÃcula. Yo notaba que iban escalando los gritos cada vez se escuchaban más fuerte y también las otras cosas que sonaban los látigos, los golpes. Me sentÃa muy incómoda en ese momento y cuando me disponÃa a salirme que les digo no duré mucho. AhÃ. Creo que a lo máximo unos dos minutos escuché otro sonido que venÃa de la pantalla. Cuando volteo veo que es un hombre colgado en medio de la imagen. Yo pensé en un principio que se trataba de la pelÃcula. Pensé que esa imagen era parte de aquella horrorosa cinta, pero para mi mala suerte, parecÃa ser que no era asÃ, porque las tomas seguÃan y seguÃan y se cambiaban, pero el hombre, ese hombre no se movÃa, seguÃa colgado en medio. Bastó simplemente unos pasos hacia un lado para empezar a divisar a ver bien que ese hombre no estaba en la pelÃcula, que en realidad habÃa una persona colgada en medio del cine. Corrà de nuevo esta vez totalmente controlada por el terror que sentÃa. Corrà hasta el pasillo, Corrà hasta la puerta y, para mi mala suerte, la puerta ya estaba cerrada. Empecé a golpear, empecé a gritar como loca. Por suerte, no tardaron mucho y me abrieron. Era el gerente el cual me estaba esperando. Me tomó y me preguntó quéqué me habÃa pasado, que qué tenÃa yo estaba en shock, totalmente alterada, gritando, temblando. Muchos de mis compañeros no sabÃan qué habÃa pasado. Otros tantos me estaban mirando como sabiendo muy bien lo que habÃa visto. El gerente me llevó hasta el área de juegos y una vez ahÃ, junto con otros empleados, me dijeron que no volviera a entrar a aquella sala. Yo estaba muy y alterade. Le decÃa es que creo que ahà hay una persona, hay algún chico que está proyectando una pelÃcula y hay una persona colgada. El gerente simplemente me tomaba de los hombros y me sobaba y me decÃa que no habÃa nadie en allÃ, que no volviera a entrar, que no habÃa nadie, que él me creÃa todo lo que le habÃa pasado, porque a él también le habÃa pasado lo mismo e incluso más grave, porque él dice que se quedó encerrado ahà cerca de una hora, dos horas hasta que lo sacaron. Yo no tuve la necesidad de explicarle a detalle todo lo que habÃa visto. Ãl me lo contó todo y, en efecto, lo mismo que habÃa visto yo lo habÃa visto también. Ãl me dijo que no tenÃa una respuesta segura para todo esto, pero que habÃa una leyenda, una leyenda que se dice en ese cine que un hombre se habÃa quitado la vida hace muchos años atrás, de hecho, un año de después de que el cine diera la apertura oficialmente, que simplemente este cine pertenecÃa a una familia y, por algunos problemas económicos de avaricia del dinero, uno de estos familiares terminó por colgarse en una de las salas y que se trataba de la misma persona que habÃa visto aquella noche. Esperamos mucho tiempo e incluso cinco empleados entraron a la sala y buscaron en los proyectores, pero no habÃa nadie. La sala estaba vacÃa. Mi turno terminó aquella noche y al dÃa siguiente y por el tiempo que restó mi trabajo en aquel lugar seguà las reglas al pie de la letra. Jamás volvà a entrar después de las diez de la noche a aquella sala. Mi nombre es Eugenio Quijano y mi experiencia comienza dos años hacia atrás, en el mes de octubre del año dos mil diecinueve. En aquel tiempo era guardia de seguridad. Es más, todavÃa hasta hoy sigo siendo guardia solamente que en una empresa diferente de la otra empresa. Me salà porque durante un año y medio que estuve con ellos solamente me habÃan traÃdo de cubre turnos. Creo que las personas que hayan experimentado esto. Saben que es un turno muy pesado, pues algunas veces se te pide que hagas guardia de dÃa, asà como también guardia de noche por obvias razones. A veces no descansas bien y andas con cansancio tanto de dÃa como de noche. En fin, cuando estaba de cobre turnos, me tocaba dos dÃas a la semana cuidar una tienda departamental. Era una tienda medianamente grande, por lo que ocupaban a dos guardias durante la noche y cuatro guardias durante el dÃa. Durante el dÃa no habÃa ningún problema. Yo era uno de los guardias que estaba en la entrada, pero durante la noche se me pedÃa a mà que me encargara de los monitores las cámaras de seguridad. Estuve ahà antes de que me pasara esta experiencia un buen tiempo. Creo que algunos cuatro meses, para ser exactos y durante este tiempo notaba algo, algo que se me hizo extraño al principio, pero que al pasar de los dÃas, se me hizo totalmente habitual, y era que tenÃamos cuatro monitores. Cada uno de estos monitores se dividÃa de entre dos hasta cuatro pantallas que eran las pantallas de las cámaras de seguridad que habÃa. Pero el último monitor, es decir, el último de los cuatro, el que se encontraba en la esquina. Ese siempre se mantenÃa apagado. Jamás estaba encendido. Yo no le di importancia porque al pasar de los dÃas vi que nos encendÃa, asà que simplemente pensé que estaba averiado, simplemente que era un monitor tal vez de repuesto. Pero obviamente, al conocer más la tienda, logré entender que ese monitor era de las cámaras que se encontraban en la jugueterÃa. En fin, le seguà sin prestar atención a esto hasta que un dÃa en octubre, como es costumbre, vienen algunas tormentas por este Estado fueron electricistas a la tienda departamental y se nos pidió por una hora simplemente obviamente esto a puerta cerrada, cuando la tienda ya habÃa cerrado, que desconectáramos todo para después de cuarenta minutos volver a conectar todo. Yo lo hice. Fui pieza por pieza tanto en la tienda departamental como cuando llegué al área de monitoreo conecté todo lo que me tocaba y al llegar al instante en el que me tocó conectar todos los monitores, no pude diferenciar los cables y yo conecté todo, conecté absolutamente a todos los monitores. Esto pues, para que no hubiera un margen de error, ya que no querÃa causar ningún problema. Para mi sorpresa, el otro monitor el cuarto encendió y, tal y como lo habÃa sospechado, este monitor se dividÃa en dos y eran las dos cámaras que se encontraban en la jugueterÃa. Si bien se me hizo extraño, la verdad es que no tuvo mayor Ãn importancia. Al pasar unos minutos pasaron las horas, yo me dispuse a comer y llegó la una de la mañana. En ese momento yo me encontraba haciendo guardia con Samuel, otro compañero. Ãl se encontraba entre la tienda y el estacionamiento y mientras me encontraba mirando los monitores, mirando también una pelÃcula en mi celular para espantar el sueño, me percaté de algo que se movÃa en las cámaras de seguridad de la jugueterÃa. Para mi sorpresa, el que se encontraba ahà parado era Samuel. Samuel, mi compañero, estaba ahà con su uniforme mirando fijamente la Cámara Era como si este intentara decirme algo, pero simplemente se quedaba observando. Ãl estuvo ahà por unos minutos. Yo traté de restar en io porque pensé que simplemente me querÃa asustar o algo parecido, aunque claro él conocÃa que estas cámaras no eran visibles para mÃ, asà que no tenÃan sentido que me estuviera observando a través de ellas. Me despegué solamente por unos dos minutos. Yo acababa de cenar, tomé mi basura, la tiré, acomodé algunas cosas y cuando de nuevo puse la mirada en la Cámara, donde se encontraba Samuel. Este seguÃa ahà parado, pero su aspecto habÃa cambiado un poco. Ya no me estaba mirando con la cara seria que me veÃa antes. Ahora su cara formaba una mueca, una sonrisa. Me estaba sonriendo, pero de forma muy extraña, muy tenebrosa e incluso me atrevo a decir que no era de una forma humana. Lo que supuse en ese momento era que Samuel se habÃa puesto una máscara. Ya saben, era temporada de octubre y habÃa muchas máscaras de la purga, máscara de monstruos desà de personas locas y casi todas estas estaban a la venta precisamente en el área de jugueterÃa. Además, las cámaras que tenÃamos en ese momento no tenÃan tan buena resolución, asà que era difÃcil de ver con esa actitud de qué máscara se trataba. Pero antes de que yo pudiera ponerle un poco más de atención, Samuel se movió, caminó y se desapareció por uno de los extremos de la Cámara. Esto se me hizo extraño, pero esperé de la mejor forma que no pasara más por asà decirlo, ya que sentÃa miedo en ese momento o por lo menos una incomodidad, pero para mi sorpresa o más bien para mi mala suerte. Samuel Laura se encontraba con la misma sonrisa mirándome fijamente a través de otra Cámara. Esta vez se encontraba en el área de caballeros. Ahà estuvo mirándome aproximadamente unos dos minutos para de nuevo seguir caminando y perderse en el otro extremo de la Cámara. Lo vi de nueva cuenta. Pero ahora en el área de librerÃa a través de la Cámara que tenÃamos otra vez camino hasta ahà y con la misma sonrisa y con la misma mueca en su cara. Observó fijamente la Cámara estaba más que seguro que esa mirada era para mà y fue en este momento que entendà justamente lo que estaba sucediendo. Ãl no se estaba moviendo de manera aleatoria por toda la tienda departamental, observando las cámaras, sino que se estaba dirigiendo hacia un sitio, un sitio en concreto. Ese sitio era más que claro que era el cuarto de monitoreo, que era donde yo me encontraba y esto tomó más fuerza cuando lo vi acercándose por la última cámara, que se encontraba en un pasillo de acceso al personal. En ese momento yo tomé mi silla, la giré y puse mi mirada y toda mi atención en la puerta. SabÃa que por ahà tenÃa que aparecer. Algo de lo que me siento muy afortunado en ese momento es que habÃa do puesto el seguro de la puerta. SabÃa que no iba a poder entrar. Escuché cómo giraron la perilla intentando entrar, pero no era como si lo forcejeran para nada. Eso no sucedió, simplemente como que la giraron para intentar entrar, pero al ver que estaba asegurada, desertaron por completo De eso acto seguido. Lo que escuché fueron golpes, golpes ténues golpes como si de alguien que no quisiera hacer mucho ruido, pero a la vez quisieran captar la atención. Estos golpes eran más que obvios. El que estaba afuera querÃa que le abrieran la puerta. Yo desistà de esto y lo único que se me ocurrió en ese instante era llamar por radio. Obviamente, al llamar por radio, aunque estoy viera una puerta en medio, se iba a escuchar mi voz desde el otro lado. Yo querÃa saber qué era lo que querÃa Samuel, porque venÃa con esa pinta. Es más si lo llevábamos, pero tampoco muy pesado. QuerÃa saber cuáles eran sus intenciones. Si querÃa asustarme, no querÃa que se pasara de listo. Tampoco. Samuel me contesta, pero no escucho mi voz ni su voz proveniendo desde atrás de la puerta y por el tono de mi voz que le pregunto, Samuel tienes algún problema. El todo desconcertado, me responde claro que no, porque pasa algo. Dime. Yo no escuché su voz y eso se me hizo extraño acto seguido. Le pregunté súbitamente oye, Dime dónde te encuentras, en qué área estás. Ãl me respondió. Yo estoy en el estacionamiento. QuerÃa un poco de aire porque ocurre algo en ese momento yo no sabÃa cómo responder, pero me sinceré totalmente con él. Yo le dije que alguien habÃa entrado y que se encontraba en el pasillo cercano a los baños. Ãl me dijo que no me moviera y que iba a ir inmediatamente y asÃ, junto los dos lo podÃamos encarar. Pero yo sabÃa que esto no iba a funcionar de alguna manera. Pero al saber que Samuel venÃa hacia acá de cierta manera me hizo sentir un poco más de seguridad. Pegué mi oreja hacia la puerta y tan pronto escuché las pisadas de Samuel. Acercándose abrà la puerta. Súbitamente nos encontramos en el pasillo, pero no habÃa rastro de nada. Volteamos hacia todos lados, pero nada. Durante los siguientes minutos, algunos cuarenta cincuenta minutos nos la pasamos buscando alrededor de toda la tienda departamental, pero no encontramos rastros. Todas las puertas estaban selladas, no habÃa pisadas. Los dos concluimos en que la persona que habÃa entrado asà como habÃa entrado. También se habÃa ido. Yo no le quise mover más al tema y decidà que lo mejor serÃa volver cada uno a su puesto. Al llegar al área de monitoreo algo dentro de mÃ, me decÃa que ese monitor habÃa originado todo. Sé que suena algo extraño. Sé que suena algo que tal vez alguna persona, no bien de sus facultades, pensarÃa, pero les pido que me crean. Al desconectar aquel monitor, la noche cambió súbitamente. Sentà ya mucha paz, Me sentÃa seguro. Yo continué trabajando ahà por algunos cuatro meses más hasta que me cambiaron de turno. No volvà a ver a aquella presencia. Estoy más que seguro que esa presencia no era Samuel, no era algo de este mundo. Por suerte, ya no la pude ver. Pero también tengo que decir que jamás volvà a encender aquel monitor. Saludos a toda la Comunidad desde Hidalgo. Esa fue mi historia. Espero les haya gustado. Mi nombre es Felipe Tabasco y el relato que les quiero contar me sucedió a mà en el dos mil catorce. Yo, en ese tiempo trabajaba en una empresa de seguridad seguridad privada. Mi empresa no era común, por asà decirlo, no era como las otras cientas de empresas de seguridad privada que trabajan en todo México. Mi empresa en ese tiempo se autodenominaba para militar, o sea, que tenÃan ciertos rangos para los guardias dentro de la misma empresa. Cuando tú entrabas ahÃ, entrabas como un guardia de seguridad común y corriente. Claro que a medida que vas prosperando, a medida que vas con tu antigüedad, con buenas recomendaciones en cada lugar que te ponÃan. Esto te beneficiaba para ir escalando en los diferentes servicios. Yo tomé cursos de diferentes cosas, defensa personal, manejo de armas, y fue asà hasta que escalé hasta los guardias mejor pagados, aunque también son los que tienen las jornadas más duras, más extensas y de seguro. Por la experiencia que les voy a contar las más aterraduras anécdotas que ustedes se pueden encontrar. Mi grupo de guardias con el que iba era un grupo armado. TenÃamos rifle de asalto, chaleco, antibalas, nuestro uniforme cascos en general. Se nos contrataba para transportar bienes, pero no se confunda. No éramos como que van al banco, que van a las tiendas, no a nosotros. Nos mandaba proteger los bienes a veces en avión y muchas veces en trenes. Los trenes a los que Ãbamos eran trenes que transportaban ciertos minerales y también a veces dinero, algunos minerales tales como el oro, petróleo y otro montón de cosas. Para no entrar en detalles, se podrÃa decir que eran cosas que, pues, se podrÃan robar y eran de mucho interés ni empresa. Lo que hacÃa en este tipo de ocasiones era que nos llamaba y tenÃamos que estar listos. Estos viajes en el tren eran aproximadamente ocho a nueve horas, Pero no crean que Ãbamos de lo más cómodos. No crean que Ãbamos en nuestros propios vehÃculos para nada. La mayorÃa de nosotros ni siquiera Ãbamos dentro de las cabinas. No eran trenes donde iban vagones en los que te podÃa sentar claro que no eran trenes de cargamento. TenÃamos que situarnos en lugares estratégicos, dependiendo de nuestro número y el número de vagones. Por lo regular siempre nos tocaban en las esquinas y cuando nos posicionábamos en un lugar, nos ponÃamos un cinturón de seguridad, el cual se amarraba a uno de los ya sea, uno de los extremos del tren, uno de los tubos, algo de fierro, algo que aguantar nuestro peso. Obviamente, este arnés, por asà decirlo, este cinturón tenÃa cierto margen para movernos, pero era muy corto, igual el tren a la velocidad que se mueve. Ustedes podrán decir que no va muy rápido, pero créanme que se siente el aire. Incluso tus piernas pueden jugar en contra de ti y te puedes caer. Arrancamos este viaje y casualmente a mà me habÃa tocado en el último vagón junto con otro compañero estábamos los dos sentados a ambos extremos del vagón y lo único que podemos mirar era como las vÃas se iban alejando del tren. Ãbamos platicando, obviamente, para hacer que el rato pasara un poco más rápido. Por asà decirlo. Otra cosa y es que era de noche por obvias razones, no tenÃamos sueño. Necesitábamos ir muy despiertos para que no ocurriera un accidente. Lo que les puedo decir es que esto me sucedió en el estado de Sonora. En estas vÃas hay una creencia. Y más allá de una creencia, es una verdad absoluta que todos los guardias, yo incluido, creemos en esto, y es que una cierta altura de estas vÃas hay una marca, una marca incluso más antigua de lo que yo llevaba trabajando en esa empresa. Guardias anteriores a nosotros la habÃan puesto y es que esas vÃas a esa altura habÃan tenido algunos accidentes, unos accidentes que la habÃan dejado, por asà decirlo, embrujada o maldita el tren sin querer. Obviamente, se habÃa cobrado las vidas de hombres y mujeres. Algunos dicen que estas vÃctimas del tren, ellas mismas, se habÃan arrojado a las vÃas de este cuando el tren iba pasando. Otras personas dicen que, muy por el contrario, estas personas fueron atadas ahà en contra de su voluntad, para tener un final desastroso. Yo no estoy seguro de cuál de estas dos teorÃas se o sea la ra original. Lo único que sé es que, en efecto, algo errante se mantiene caminando por aquellas vÃas y todo empeora cuando estas almas se van con nosotros. Recuerdo que estábamos pasando por estas vÃas a esta altura y mi compañero me hizo una seña de que nos tenÃamos que persionar. A mà me habÃan contado esta historia y, obviamente, pues no es como que la creyera, pero y no quiero tentar a la suerte, asà que me persinaba y rezaba un padre nuestro dicen que eso era lo mejor para que los espÃritus, las almas que aún están por ahà no se suban al tren. A mÃ, particularmente, llevaba tres viajes hasta ese momento y no me habÃa tocado ver nada y obviamente no querÃa ver nada. Pero en cierto instante de la noche, mi compañera, el cual iba hablando con r conmigo, guardó silencio, estaba mirando hacia atrás de él en aquel vagón. Yo no podÃa ver nada, obviamente, porque venÃa desde el otro extremo, pero él me habló. Me hizo con una seña que fuera, pero que fuera de manera muy lenta, que no hiciera ruido yo, obviamente obedeciéndolo, no sabÃa ni ni siquiera quiera lo que iba a pasar. Recorrió el cinturón, lo enganché de algo más cercano a él y me fui recorriendo hasta donde estaba él. Una vez ahà él me dijo de manera muy silenciosa, mira aquello que está allá. Me señaló con su dedo también al mirarlo lo que pude ver y lo que sigo hasta ahora firmemente en que lo vi es que era una mujer, una mujer sentada en el vagón del tren. Estos vagones. Si bien puedes caminar por ahÃ, no no es de lo más seguro. El espacio es muy reducido. Apenas si te puedes sentar. Esta mujer iba sentada allÃ, esta mujer tenÃa un cabello que le tapaba su rostro, que le llegaba más abajo de su estómago, un cabello totalmente lacio y vestÃa totalmente blanco. TraÃa un vestido desgarrado blanco. Era una mujer de terror, podrÃamos decirlo. Nosotros nos le quedamos mirando fijamente y lo que nos sorprendió es que esta mujer iba de lo más tranquila. ParecÃa ser que el viento que estaba pegando, la velocidad del tren, las vibraciones a ella, para ella eran inexistentes. Ambos sabÃamos que esa mujer no estaba viva, que no era una mujer normal, Era un espÃritu y lo estábamos viendo como si se tratara de una persona de carne y hueso acto seguido. Esta mujer sirvió, se levantó y vuelvo y lo recalco de la manera más normal, como si estuviera en una silla, Como si estuviera en un sillón? Dio un paso hacia adelante y se lanzó del tren. Una de las escenas que más me perturbó fue que esta mujer se lanzó y cuando creÃamos que Ãbamos a escuchar el estruendo, que Ãbamos a ver el cuerpo de aquella mujer rodando por el suelo, por el monte, esta mujer tan pronto se lanzó e iba a tocar el suelo. Desaparece, pero desaparece frente a nuestros ojos, Desaparece frente a nuestra mirada. Era como si ésta se disipara, como si fuera aire. Esto, obviamente, a los dos nos aterró, pero nos mantuvimos firmes. Yo me recorrà volvà a mi lugar y no sabÃamos qué decir hasta que mi compañero rompió el silencio. Ãl me dijo lo siguiente. Esto no puede ser bueno. Va a pasar algo malo. Yo le pregunté, pero de qué estás hablando significa que va a pasar algo malo, va a pasar algún accidente. Ãl me asentó con la cabeza diciéndome que sà que por eso muchas veces de las que pasaban se persignaban rezaban para que estas almas no se fueran con ellos en el tren, que cada vez que veÃan a una solamente augura que un accidente iba a suceder. Acabas de ver un fantasma y para rematar con esto, te dicen que su sola presencia significa que va a suceder algo malo. Yo iba muy nervioso con n y h h mucho o miedo. Pensaba que el tren le iba a suceder algo, pero por suerte, no llegamos al destino y tan pronto llegamos, tan pronto nos reagrupamos. Me enteré de algo que habÃa sucedido más o menos a la misma hora de la que habÃamos visto a aquella mujer uno de mis compañeros se habÃa intentado, por asà decirlo, lanzar del tren. En este momento él estaba siendo atendido por la enfermerÃa, le estaban dando algunas pastillas, le estaban tomando la presión y cuando le preguntábamos que por qué se habÃa intentado lanzar del tren, él simplemente nos decÃa que no lo sabÃa, que no tenÃa motivos para lanzarse, que él cree que fue un mareo, pero semanas después nos contestó que no, que no se sentÃa mareado, que simplemente cuando iba en el tren vio una mujer que iba a un lado de este, la vio rápido, pero que tan sólo con mirarla le entró una tristeza, una tristeza muy grande. Era como si de un momento a otro tuviera depresión, pero una depresión muy fuerte, que él, por voluntad propia, decidió lanzarse del tren por unos segundos. La tristeza absoluta lo controló y lo que le salvó la vida en ese momento fue precisamente este cinturón que nos ponemos. Un compañero mÃo de inmediato llegó lo tomó del hombro y lo jaló de nuevo hacia el tren. Ãl obviamente dice que no tenÃa razones para acabar con su vida. Simplemente fue fueron algunos segundos los cuales él no se explica por qué decidió hacerlo. à investido sobre lugares que tienen una cierta pesadez y no son pocos. Esto me llamó mucho la atención y quisiera compartirlo con ustedes, porque tales como el bosque de Japón, como el puente donde los perros se lanzan voluntariamente para acabar con su vida, hay más. También hay lugares que se explica que tienen un aura, una cierta melancolÃa que al pasar por ellos, al adentrarse te hacen hacer cosas que posiblemente lamentes por el resto de la eternidad. Hay ciertos lugares los cuales que se cree que si entras tú con algún sentimiento que si estás pasando por un momento difÃcil de tu vida, es muy fácil acabar con ella en este tipo de lugares en ese momento caya en cuenta que estas vÃas, al menos a esta altura, es un lugar parecido a estos. Tal vez las personas que dicen que fallecieron ahà muy probablemente creo que ellas se lanzaron voluntariamente hacia las vÃas del tren. Estaban pasando por el lugar incorrecto en el momento incorrecto, justo cuando el tren estaba pasando. Esta tristeza les invadió y se lanzaron a este Pasé por estas vÃas muchas ocasiones, pero jamás volvà a ver ningún espÃritu claro que también tengo que decir que sà sentÃa la presencia de cosas, pero mi mirada, mi vista, siempre la dirigÃa hacia el frente. No querÃa saber para nada qué era lo que estaba caminando o qué era lo que se subÃa al tren. No querÃa que la melancolÃa, que la tristeza se apoderara de mà una noche e hiciera una locura. Gracias por escuchar mi historia.




