June 16, 2023

RELATOS ATERRADORES DE REGLAS EXTRAÑAS EN MI TRABAJO Y VELADORES / TEMPORADA 4 CAP.3 / L.C.E.

RELATOS ATERRADORES DE REGLAS EXTRAÑAS EN MI TRABAJO Y VELADORES / TEMPORADA 4 CAP.3 / L.C.E.

Una recopilacion que te dara escalofrios, sobre extrañas reglas que tiene que seguir empleados de un oxxo y un cine, al par de aterradoras experiencias de vigilantes.

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Una recopilacion que te dara escalofrios, sobre extrañas reglas que tiene que seguir empleados de un oxxo y un cine, al par de aterradoras experiencias de vigilantes.

Hola a todos. Mi nombre es Luis Pedrosa. He escuchado el canal durante mucho tiempo y creo que ha llegado el momento en compartirles unas experiencias que me han pasado. Esta primera anécdota que les quiero contar me sucedió hace como unos cinco años. Me resulta grato compartir esta experiencia. Prácticamente toda mi familia creen lo que pasó aquella noche y es también que no solamente esto me afectó a mí, sino también alguien más. Tengo, como quien dice un testigo que también vivió lo mismo aquella noche. Se trata de mi primo. Nosotros dos tuvimos esta misma experiencia, ya que para nuestra mala suerte éramos nosotros dos que necesitábamos ir dando aquel local aquella noche. Pero antes de todo, les empezaría a platicar desde el principio verán. En aquel momento cuando nos pasó esto, nosotros teníamos diecisiete años como era de esperarse. Ningún trabajo nos contrataba. En aquel momento, nosotros nos encontrábamos en vacaciones, por lo que teníamos bastante tiempo libre. Por medio de contactos de algunos familiares, de algunos amigos, nos enteramos que cierta persona tenía un oxo, el cual, debido a que no iba a tener empleados y él no podía atender ese oxo, iba a tener que cerrar durante dos semanas, Nosotros nos preguntamos por qué. Simplemente no contrataba más personal en fin este dueño. Simplemente nos daba vueltas diciéndonos que había unas ciertas cosas que tenían que hacer y algunas personas tal vez no las quisieran hacer. Ambos Nosotros dos le insistimos a este hombre, a este amigo de la familia que nos dejara trabajar ahí durante esas dos semanas. Él al principio no quería. De hecho, tardamos como unos tres días en convencerlo, pero a final de cuentas lo hicimos. Este oxo se encontraba algo lejano de la ciudad. Véase no estaba muy retirado, simplemente como unos veinticinco a treinta minutos de la carretera principal que llevaba a nuestra ciudad. Nosotros íbamos en coche, así que se podría decir que no teníamos problemas en el transporte. Al llegar notamos algo y es que de frente a este oxo se encontraba un edificio. Era un edificio, podríamos decir lo medianamente grande. Eran tres pisos, pero tampoco era muy largo. Tenía un cierto aspecto como si fuera un hospital, aunque bastante deteriorado. Ya entramos al Oxo, estuvimos platicando con el dueño y este nos explicó ciertas cosas que debíamos de hacer en nuestro turno. Al principio, lo que nos explicaba se me hacía de lo más normal, y es que eran cosas respecto al sistema, respecto al cobro, a las transferencias y demás cosas. Y también nos dijo que aquel edificio, aquel que se estaba cayendo en ruinas, se trataba de un hospital. Al parecer, le habíamos atinado, pero no de un hospital privado. Era uno de esos hospitales de gobierno. Creo que era del dif o del al según a otra organización, por temas escabrosos, ciertas polémicas que había tenido ese hospital. En concreto, lo habían cerrado. Algunas personas decían que hay adentro, se hacían cosas prácticamente contra la ley. Él no nos quiso dar más detalles, pero asumo que nos podríamos imaginar como qué cosas harían. Y es en este punto, cuando termina de explicarnos la historia de ese hospital, en que nos empieza a decir algunas cosas que para los dos nos resultó bastante extrañas. Eran tres reglas, en concreto, tres reglas. La primera regla era que, después de la una de la mañana, no debíamos. Se prohibía rotundamente que saliéramos de la tienda. Por nada del mundo teníamos que salir de la tienda. Esta regla ligada Podríamos decirlo a esta primera era que las cortinas se bajaban. Obviamente, se bajaban también las cortinas de la puerta y mediante esta cortina había una pequeña ventana, la cual daba a otra ventana que esa se corría y por ahí podíamos cobrar y también pasar todo el producto que los clientes nos iban pidiendo. La segunda regla era que después de las cuatro de la mañana teníamos también prohibido ir al cuarto del almacén. Este cuarto del almacén era prácticamente el área de empleados. Obviamente, durante las primeras horas teníamos que entrar a este para rellenar algunas cosas, sacar la basura que había ahí y, entre otras cosas, también limpiar, ya que aquí también se almacenan, pues los trapeadores, las escobas, los productos de limpieza que utilizamos para mantener el oxo limpio. Me dijo que, de preferencia, todo esto lo hiciéramos en las primeras horas y también muy esencial que durante esas primeras horas uno se quedará en caja y el otro estuviera haciendo todo esto y también que rellenara, ya que después de las cuatro de la mañana no iba a poder entrar al almacén y por ende, no podría entrar al cuarto frío, ya que necesariamente tienes que entrar primero el almacén para después ir al cuarto frío. La tercera y la última regla era más que nada, una aclaración o una advertencia. Más bien, él nos dijo que por eso de las dos de la mañana no calculaba muy bien el horario. Pero ya a altas horas de la madrugada, una viejita, una señora de edad muy avanzada, venía al oxo. Esta viejita tocaba la ventana, al igual que lo hacen todos los clientes. Nos dijo que la íbamos a reconocer, porque siempre vestía de la misma manera. Iba con una bata azul y cargaba siempre con ella una bolsa transparente. Esta bolsa también era azul, eran como una de esas bolsas de plástico que dan en los supermercados. Dentro de esta bolsa se podían ver también algunas cajas de medicamentos, algunas pastillas, no muchas, claro, pero si se podían ver a simple vista. Nos dijo de manera muy seria que cuando esta señora se cercana y tocara a la puerta, nosotros no debíamos darle lo que ella pedía. Este hombre dijo que esta viejita siempre iba a tocar la ventana y acto seguido. Después de esto, nos iba a pedir una botella de agua. Nosotros, por ninguna razón, teníamos que dársela a lo largo de la noche. Nos dijo prácticamente que la corriéramos, que le dijéramos que no teníamos y que le dijéramos también que no volviera. Nos explicó que tenemos que hacerlo con una manera muy imponente, básicamente casi al borde de gritarle, porque si no lo hacíamos, esa viejita iba a continuar viniendo A nosotros. Se nos hizo extraño, esto sobre todo por la actitud que este hombre nos pedía que tuviéramos con esa señora. Sí, es una señora de tan avanzada edad. Por qué le íbamos a tratar así o sea ella, qué había hecho, Debía de darnos algún motivo ella que había hecho en el pasado para ser tratada de esa manera. Él nos respondió esto, pero más tarde nos dimos cuenta que nos había mentido y podríamos decir lo que nos dijo una mentirilla piadosa. Él nos explicó que esta ancianita era conocida porque la botella de agua que le dieran ella se iba y no la pagaba. Simplemente seguía sonando algo duro y también ilógico. Para nosotros. Pero a final de cuentas, entendimos el señor se fue después de explicarnos todo esto y fue de esa manera cómo comenzamos el turno. Durante las primeras horas hicimos todo y como se nos había encomendado, pero en eso llegó la una de la mañana. Nosotros nos encontrábamos comiendo y escuchamos que tocaron la ventana, tocaron la puerta. Creímos que era un cliente, pero enseguida cuando la vimos a través de la cortina, por los rasgos, por cómo iba vestida y, sobre todo, por aquella bolsa con medicinas, reconocimos inmediato que aquella, señora se trataba de la viejita de la que nos había advertido el dueño. Empezamos a pensar qué era lo que íbamos a hacer en ese momento. Es decir, yo no quería correr a la anciana. Así que primero pensamos, nos aproximamos y le preguntamos qué era lo que quería. Tal y como dijo el dueño, aquella ancianita nos pidió una botella de agua. Mi compañero le dijo que no podía y que, por favor, se retirara. Esta ancianita se nos quedó mirando durante un breve tiempo y después se fue. Yo me sentí algo mal por como le habíamos tratado, porque, a final de cuentas, tal vez se trataba de una persona en situación de calle y robar agua tal vez era la única forma que tenía para aliviar su sed Prácticamente volvimos a los escritorios, ambos con ciertas cosas que pensar en la cabeza cuando de pronto otra vez empezaron los golpes en la ventana. De nuevo era aquella ancianita que nos estaba pidiendo una botella de agua. En ese momento yo no tomé en consideración las advertencias del dueño me dije a mí mismo. Bueno. Si la ancianita quiere agua, pues le voy a dar agua, no importa yo lo pago de mi dinero. Faltaba más. Fui hasta el refri tomé la botella de agua y caminé hasta donde estaba la viejita. Cuando abrí la puerta, cuando corrí la ventana para dársela. Y es más, mientras se la estaba dando, le estaba diciendo que esto era prácticamente un regalo. Esta anciana también es estilos humano. Y fue ahí donde vi el motivo por el cual el dueño nos estaba diciendo que no teníamos que darle agua a esta anciana, porque si bien del cuello hacia arriba, que era como que más o menos como la veíamos, nosotros también la podemos ver a través de las rejas, pero traía una bata. No podíamos ver muy bien su cuerpo cuando estiró su mano. Fue ahí cuando pude ver que esta mano era una mano huesuda, una mano que yo puedo jurar que estaba en etapa de descomposición, una mano pútrida, una mano que pertenecía prácticamente a un cadáver. Al momento de que vi esto de manera casi inmediata, solté la bolsa junto con el agua, caminé hacia atrás y, por si fuera poco caí en el suelo. Cuando mi primo se paró y fue conmigo, me preguntó qué había pasado, que por qué me había caído y también porque había gritado. Él dice que escuchó cómo grité, pero lo que yo recuerdo es que no grité para nada. Era como algo extraño cuando volteamos hacia la puerta, la viejita ahora ya no se encontraba. Se había ido prácticamente en cuestión de unos segundos. Yo estaba muy asustado, estaba temblando, tenía muchas ganas de vomitar y no sabía cómo sentirme en ese momento, por qué sentía un descontrol total en mi cuerpo. Y también me sentía muy mal en diferentes aspectos. Mi primo, como pudo casi arrastrándome, me llevó hasta atrás del escritorio y una vez ahí me preguntó si quería que le llamara a mi padre, quería que le llamara a su tío para que fueran por mí o me suministraran alguna medicina o si es que nosotros teníamos ahí que nos dijeran que marca o que qué porcentaje de medicina tomarme para que de alguna manera controlar todo lo que sentía en ese momento. Yo le dije que era lo mejor que llamar a mis padres y pues les comentara lo que tenía en ese momento, y es aquí donde la experiencia de mi primo toma protagonismo, Y es que, para la mala suerte de ambos, aquella noche simplemente no era nuestra noche. La segunda regla que nos había dejado el dueño era que no teníamos que entrar al almacén después de las cuatro de la mañana y que, de preferencia, dejáramos entrar a las tres y media para ese entonces, para todo lo que había pasado, eran las cuatro de la mañana. Con doce, nos habíamos estado preguntando casi por una hora y media que qué teníamos que hacer antes de llegar a esa solución. Estoy más que consciente que nos tardamos mucho. Mi primo fue hasta el almacén para ese entonces ya le habíamos echado llave. Mi primo dice que se acuerda perfectamente de esta regla, pero yo me encontraba muy mal y tenía que riesgarse. Él dice que pensaba que no iba a pasar de un simple regaño, que de seguro, el jefe tenía algunas cosas que no queríamos que viéramos, pero que, a final de cuentas, él se iba a mantener callado. Pero fue un error por completo. Mi primo entró al almacén y es que ahí habíamos dejado cargando los dos celulares que teníamos y para acabar de empedrar la situación, los enchufes se encontraban casi hasta el fondo de este camino. Pasó al Cuarto Frío y cuando iba de vuelta, le empezaron a tocar la puerta. Y bueno, tocar la puerta. Yo diría que fue algo leve por decirlo así, porque se le estaban azotando. Les voy a explicar cómo es la puerta del Cuarto Frío. No cualquiera puede azotar esa puerta. Esa puerta pesa y pesa mucho, además de que está asegurada con un seguro que viene desde afuera y en ese momento la estaban azotando. Era como si alguien desde adentro la jalara y después la empujara con mucha fuerza dentro de esta puerta. Hay una especie de manija que tiene un seguro, el cual aplanas, después empujas y se abre la puerta. Pero en ese momento la persona que estaba dentro parecía ser que para él la puerta pesara unos pocos gramos. La azotaba una y otra vez de manera muy brutal, de manera muy bestial, lo hacía una y otra y otra vez. Mi primo comenzó a tener mucho miedo. Sabía que no había nadie más dentro del oxo más que nosotros dos. No había forma de que alguien se colara y, sobre todo, no había forma de que alguien se encontrara encerrado en el cuarto frío corrió, salió del almacén y llegó conmigo e igual llegó temblando y por si no fuera poco, vio de nuevo a aquella anciana que se encontraba enfrente del oxo. Mirándonos enfrente de aquel hospital. Mi primo siguió corriendo, llegó hasta el mostrador y se sentó. Estábamos sentados en el piso de una manera podríamos decirlo para que no nos vieran ahí nos mantuvimos hasta que minutos después otra vez escuchamos los golpes que venían de la ventana. Esta vez ninguno de los dos se levantó. Ambos sabíamos que no era ningún cliente, era aquella anciana y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, ambos le gritamos desde el mostrador que se fuera que no teníamos agua. Y solamente de esta manera no la volvimos a ver hasta que amaneció tan pronto llegó el dueño. Yo y mi primo salimos corriendo, le explicamos lo que había pasado en la noche y que, más que claro no pensábamos volver a la noche siguiente. Él nos creyó todo lo que habíamos pasado, pues él también había pasado por todo eso nos dijo que no siempre fue así que cuando él se volvió propietario de ese oxo era un oxo normal. Nada lo atormentaba, pero solamente fue que aquel hospital de enfrente cerrara. Más que nada, el oxo se había puesto para los familiares de los pacientes que se encontraban internados podrían ir a comer ahí, a comprar cosas ahí. Pero cuando el hospital cerró, las manifestaciones empezaron a suceder cada vez más y cada vez más. Esto ya tenía siete años y que para él y sus hijos y su familia y algunos de sus empleados que llevaban más tiempo ahí, esto prácticamente ya era común para ellos. Dice que los entes que se quedaron en el hospital se movieron, por así decirlo, o van de vez en cuando a este oxo y son los mismos con los que nos encontramos aquella noche. Estoy más que seguro que es ancianita. En definitiva, viene del hospital, la bata los medicamentos Solamente un tonto no pudiera relacionarlos si se lo preguntan, aún sabiendo esto y sabiendo cómo, por así decirlo, evitar estas almas. Aún así no volvimos. Aquella fue nuestra primera y nuestra última noche trabajando en ese oxo hola. Me llamo Iohanna y la experiencia que les quiero contar a continuación me sucedió cuando yo tenía dieciséis años. Yo me encontraba trabajando en un cine de medio tiempo. Creo que muchos sabrán que estos locales, estos cines, en su mayoría son estudiantes los que trabajan allí, así que la mayoría de nosotros nos conocíamos rápidamente, hice amigos y el ambiente laboral. Me gustaba había unas ciertas reglas que tenía este cine a ver en un principio no se me hacían un tanto extrañas. Simplemente pensaba que tenían sus razones y hasta ahí lo dejaba, pero claro, tampoco eran unas reglas que llamaran la atención. Sucede que en este cine habían dos salas, dos salas en concreto en las cuales después de las diez de la noche o máximo a las once de la noche, estaba prohibido entrar a estas. De hecho, incluso por el público. Había algunas películas ciertos estrenos, como ustedes sabrán, que es necesario tener todas las salas de cine dispuestas, incluso con la misma película. Extrañamente, el gerente siempre hacía que esta sala se quedara vacía más allá de las diez y media. Recuerdo muchas veces limpiar estas dos alas y cuando había este tipo de estrenos, siempre lo hacía por eso de las diez de la noche. Después de esto, el gerente hacía cerrar con candado aquellas salas. Ya ningún personal podía entrar a esta. Algo que sí se me hace extraño es que incluso cuando la película se terminaba algo tarde y nosotros, yo junto con otros dos, nos disponíamos a limpiar aquellas alas, se nos daba la orden de que no lo hiciéramos que a la mañana siguiente, esas dos salas serían las primeras en limpiarse, pero que en este momento no igualmente se cerraban con candado y se dejaban ahí toda la noche. Se me hacía extraño, porque relativamente las diez y media, las once de la noche es algo temprano. Muchas de las funciones. Las últimas alas que limpiamos por regular son a la una de la mañana, doce y media. En fin, se me hace extraño, pero no le daba mayor importancia En cierto día. A mí me tocó estar en el área donde recibes los boletos. Ustedes sabrán que hacer empleo del cine. La verdad es que no tienes ningún puesto por así decirlo fijo. A veces estás en dulcería, en tequilla en los juegos y otras veces también en la entrada de las salas recibiendo los boletos. Cuando estás en este último, también tienes que pasar a limpiar las alas. Resulta que aquella noche, más bien aproximadamente algunos tres o cuatro días, habíamos estado muy movidos de trabajo. Se había estrenado una película de Marvel, una película de superhéroes y ustedes saben cómo es que jala a la gente hacia el cine. Habíamos tenido mucho, pero mucho trabajo y en ese momento yo me encontraba muy cansada también a la parte con tareas espuns. Qué quería, por así decirlo, escabullirme. Un poco de mis obligaciones eran las diez de la noche y yo sabía que esas dos salas en concreto pasaban a cerrarlas. Por eso de las diez y media once y la función que estaba ahí ya se estaba terminando. Las últimas personas estaban saliendo. Yo fui a la dulcería. Estuve un momento ahí apoyando a mis amigas y después de comprarme unos dulces, me dispuse a refugiarme en aquella sala. Lo primero que se me hizo extraño es que cuando entré y me senté en el pasillo, porque cabe recalcar, yo no pensaba entrar hasta la sala, simplemente estar en el pasillo sentarme ahí. Lo que me llamó la atención de esto es que la sala se encontraba en una extraña iluminación. O bueno, no extrañas, sino que no le tocaba estar así verán. Las salas de cine tienen tres iluminaciones. La primera, la que estaba viendo en aquel momento, es una iluminación preparada para proyectar una película. Algunas luces están encendidas, otras luces están apagadas. Están preparando, por así decirlo que las personas entren, que se acomoden y les dan la suficientemente luz para que caminen por las escaleras para que encuentren sus asientos. Otra iluminación es cuando la película ya está proyectada. Todo está apagado, excepto las luces de neón que recurre en la escalera. La tercera iluminación es cuando la película no está puesta o cuando ya se acabó la función. Todas las luces están encendidas y se puede ver absolutamente todo. De hecho, si la película ya se había acabado, si las personas ya habían salido recién esta sala, tenía que tener esta última iluminación que les acabo de decir. Pero extrañamente no más. Me llamó la atención. Cuando escuché que en la pantalla se estaba reproduciendo algo, caminé y vi que, en efecto, había una especie de película se veía bastante antigua, Se veía que las cintas. Incluso tenía en algunos detalles pensé que sabía una persona todavía dentro de la sala era el proyector. Obviamente, él se encontraba hasta atrás, hasta el fondo. Me senté sola en la sala. En la primera fila. Yo conocí a todos los proyectores e incluso me llevaba bien con todos, así que pensé que no había problema en que estuviera ahí. Probablemente el chico que estuviera proyectando aquella película ya me conociera, conocía a todos prácticamente, pero fue en este punto que la situación empezó a ponerse un poco rara. Cabe decir que cuando entré y me senté, no había ni una sola persona sentada. Estaba vacía por completo y la película, que en un principio yo pensé que era antigua, que no la conocía, empezó a poner imágenes un tanto perturbadoras, grotescas, horrorosas. Yo diría personas quitándose la vida tortura. Se podía ver fácilmente que era una película como se denominan gore, pero muy explícita los ruidos que hacía esta película. Yo notaba que iban escalando los gritos cada vez se escuchaban más fuerte y también las otras cosas que sonaban los látigos, los golpes. Me sentía muy incómoda en ese momento y cuando me disponía a salirme que les digo no duré mucho. Ahí. Creo que a lo máximo unos dos minutos escuché otro sonido que venía de la pantalla. Cuando volteo veo que es un hombre colgado en medio de la imagen. Yo pensé en un principio que se trataba de la película. Pensé que esa imagen era parte de aquella horrorosa cinta, pero para mi mala suerte, parecía ser que no era así, porque las tomas seguían y seguían y se cambiaban, pero el hombre, ese hombre no se movía, seguía colgado en medio. Bastó simplemente unos pasos hacia un lado para empezar a divisar a ver bien que ese hombre no estaba en la película, que en realidad había una persona colgada en medio del cine. Corrí de nuevo esta vez totalmente controlada por el terror que sentía. Corrí hasta el pasillo, Corrí hasta la puerta y, para mi mala suerte, la puerta ya estaba cerrada. Empecé a golpear, empecé a gritar como loca. Por suerte, no tardaron mucho y me abrieron. Era el gerente el cual me estaba esperando. Me tomó y me preguntó quéqué me había pasado, que qué tenía yo estaba en shock, totalmente alterada, gritando, temblando. Muchos de mis compañeros no sabían qué había pasado. Otros tantos me estaban mirando como sabiendo muy bien lo que había visto. El gerente me llevó hasta el área de juegos y una vez ahí, junto con otros empleados, me dijeron que no volviera a entrar a aquella sala. Yo estaba muy y alterade. Le decía es que creo que ahí hay una persona, hay algún chico que está proyectando una película y hay una persona colgada. El gerente simplemente me tomaba de los hombros y me sobaba y me decía que no había nadie en allí, que no volviera a entrar, que no había nadie, que él me creía todo lo que le había pasado, porque a él también le había pasado lo mismo e incluso más grave, porque él dice que se quedó encerrado ahí cerca de una hora, dos horas hasta que lo sacaron. Yo no tuve la necesidad de explicarle a detalle todo lo que había visto. Él me lo contó todo y, en efecto, lo mismo que había visto yo lo había visto también. Él me dijo que no tenía una respuesta segura para todo esto, pero que había una leyenda, una leyenda que se dice en ese cine que un hombre se había quitado la vida hace muchos años atrás, de hecho, un año de después de que el cine diera la apertura oficialmente, que simplemente este cine pertenecía a una familia y, por algunos problemas económicos de avaricia del dinero, uno de estos familiares terminó por colgarse en una de las salas y que se trataba de la misma persona que había visto aquella noche. Esperamos mucho tiempo e incluso cinco empleados entraron a la sala y buscaron en los proyectores, pero no había nadie. La sala estaba vacía. Mi turno terminó aquella noche y al día siguiente y por el tiempo que restó mi trabajo en aquel lugar seguí las reglas al pie de la letra. Jamás volví a entrar después de las diez de la noche a aquella sala. Mi nombre es Eugenio Quijano y mi experiencia comienza dos años hacia atrás, en el mes de octubre del año dos mil diecinueve. En aquel tiempo era guardia de seguridad. Es más, todavía hasta hoy sigo siendo guardia solamente que en una empresa diferente de la otra empresa. Me salí porque durante un año y medio que estuve con ellos solamente me habían traído de cubre turnos. Creo que las personas que hayan experimentado esto. Saben que es un turno muy pesado, pues algunas veces se te pide que hagas guardia de día, así como también guardia de noche por obvias razones. A veces no descansas bien y andas con cansancio tanto de día como de noche. En fin, cuando estaba de cobre turnos, me tocaba dos días a la semana cuidar una tienda departamental. Era una tienda medianamente grande, por lo que ocupaban a dos guardias durante la noche y cuatro guardias durante el día. Durante el día no había ningún problema. Yo era uno de los guardias que estaba en la entrada, pero durante la noche se me pedía a mí que me encargara de los monitores las cámaras de seguridad. Estuve ahí antes de que me pasara esta experiencia un buen tiempo. Creo que algunos cuatro meses, para ser exactos y durante este tiempo notaba algo, algo que se me hizo extraño al principio, pero que al pasar de los días, se me hizo totalmente habitual, y era que teníamos cuatro monitores. Cada uno de estos monitores se dividía de entre dos hasta cuatro pantallas que eran las pantallas de las cámaras de seguridad que había. Pero el último monitor, es decir, el último de los cuatro, el que se encontraba en la esquina. Ese siempre se mantenía apagado. Jamás estaba encendido. Yo no le di importancia porque al pasar de los días vi que nos encendía, así que simplemente pensé que estaba averiado, simplemente que era un monitor tal vez de repuesto. Pero obviamente, al conocer más la tienda, logré entender que ese monitor era de las cámaras que se encontraban en la juguetería. En fin, le seguí sin prestar atención a esto hasta que un día en octubre, como es costumbre, vienen algunas tormentas por este Estado fueron electricistas a la tienda departamental y se nos pidió por una hora simplemente obviamente esto a puerta cerrada, cuando la tienda ya había cerrado, que desconectáramos todo para después de cuarenta minutos volver a conectar todo. Yo lo hice. Fui pieza por pieza tanto en la tienda departamental como cuando llegué al área de monitoreo conecté todo lo que me tocaba y al llegar al instante en el que me tocó conectar todos los monitores, no pude diferenciar los cables y yo conecté todo, conecté absolutamente a todos los monitores. Esto pues, para que no hubiera un margen de error, ya que no quería causar ningún problema. Para mi sorpresa, el otro monitor el cuarto encendió y, tal y como lo había sospechado, este monitor se dividía en dos y eran las dos cámaras que se encontraban en la juguetería. Si bien se me hizo extraño, la verdad es que no tuvo mayor ín importancia. Al pasar unos minutos pasaron las horas, yo me dispuse a comer y llegó la una de la mañana. En ese momento yo me encontraba haciendo guardia con Samuel, otro compañero. Él se encontraba entre la tienda y el estacionamiento y mientras me encontraba mirando los monitores, mirando también una película en mi celular para espantar el sueño, me percaté de algo que se movía en las cámaras de seguridad de la juguetería. Para mi sorpresa, el que se encontraba ahí parado era Samuel. Samuel, mi compañero, estaba ahí con su uniforme mirando fijamente la Cámara Era como si este intentara decirme algo, pero simplemente se quedaba observando. Él estuvo ahí por unos minutos. Yo traté de restar en io porque pensé que simplemente me quería asustar o algo parecido, aunque claro él conocía que estas cámaras no eran visibles para mí, así que no tenían sentido que me estuviera observando a través de ellas. Me despegué solamente por unos dos minutos. Yo acababa de cenar, tomé mi basura, la tiré, acomodé algunas cosas y cuando de nuevo puse la mirada en la Cámara, donde se encontraba Samuel. Este seguía ahí parado, pero su aspecto había cambiado un poco. Ya no me estaba mirando con la cara seria que me veía antes. Ahora su cara formaba una mueca, una sonrisa. Me estaba sonriendo, pero de forma muy extraña, muy tenebrosa e incluso me atrevo a decir que no era de una forma humana. Lo que supuse en ese momento era que Samuel se había puesto una máscara. Ya saben, era temporada de octubre y había muchas máscaras de la purga, máscara de monstruos desí de personas locas y casi todas estas estaban a la venta precisamente en el área de juguetería. Además, las cámaras que teníamos en ese momento no tenían tan buena resolución, así que era difícil de ver con esa actitud de qué máscara se trataba. Pero antes de que yo pudiera ponerle un poco más de atención, Samuel se movió, caminó y se desapareció por uno de los extremos de la Cámara. Esto se me hizo extraño, pero esperé de la mejor forma que no pasara más por así decirlo, ya que sentía miedo en ese momento o por lo menos una incomodidad, pero para mi sorpresa o más bien para mi mala suerte. Samuel Laura se encontraba con la misma sonrisa mirándome fijamente a través de otra Cámara. Esta vez se encontraba en el área de caballeros. Ahí estuvo mirándome aproximadamente unos dos minutos para de nuevo seguir caminando y perderse en el otro extremo de la Cámara. Lo vi de nueva cuenta. Pero ahora en el área de librería a través de la Cámara que teníamos otra vez camino hasta ahí y con la misma sonrisa y con la misma mueca en su cara. Observó fijamente la Cámara estaba más que seguro que esa mirada era para mí y fue en este momento que entendí justamente lo que estaba sucediendo. Él no se estaba moviendo de manera aleatoria por toda la tienda departamental, observando las cámaras, sino que se estaba dirigiendo hacia un sitio, un sitio en concreto. Ese sitio era más que claro que era el cuarto de monitoreo, que era donde yo me encontraba y esto tomó más fuerza cuando lo vi acercándose por la última cámara, que se encontraba en un pasillo de acceso al personal. En ese momento yo tomé mi silla, la giré y puse mi mirada y toda mi atención en la puerta. Sabía que por ahí tenía que aparecer. Algo de lo que me siento muy afortunado en ese momento es que había do puesto el seguro de la puerta. Sabía que no iba a poder entrar. Escuché cómo giraron la perilla intentando entrar, pero no era como si lo forcejeran para nada. Eso no sucedió, simplemente como que la giraron para intentar entrar, pero al ver que estaba asegurada, desertaron por completo De eso acto seguido. Lo que escuché fueron golpes, golpes ténues golpes como si de alguien que no quisiera hacer mucho ruido, pero a la vez quisieran captar la atención. Estos golpes eran más que obvios. El que estaba afuera quería que le abrieran la puerta. Yo desistí de esto y lo único que se me ocurrió en ese instante era llamar por radio. Obviamente, al llamar por radio, aunque estoy viera una puerta en medio, se iba a escuchar mi voz desde el otro lado. Yo quería saber qué era lo que quería Samuel, porque venía con esa pinta. Es más si lo llevábamos, pero tampoco muy pesado. Quería saber cuáles eran sus intenciones. Si quería asustarme, no quería que se pasara de listo. Tampoco. Samuel me contesta, pero no escucho mi voz ni su voz proveniendo desde atrás de la puerta y por el tono de mi voz que le pregunto, Samuel tienes algún problema. El todo desconcertado, me responde claro que no, porque pasa algo. Dime. Yo no escuché su voz y eso se me hizo extraño acto seguido. Le pregunté súbitamente oye, Dime dónde te encuentras, en qué área estás. Él me respondió. Yo estoy en el estacionamiento. Quería un poco de aire porque ocurre algo en ese momento yo no sabía cómo responder, pero me sinceré totalmente con él. Yo le dije que alguien había entrado y que se encontraba en el pasillo cercano a los baños. Él me dijo que no me moviera y que iba a ir inmediatamente y así, junto los dos lo podíamos encarar. Pero yo sabía que esto no iba a funcionar de alguna manera. Pero al saber que Samuel venía hacia acá de cierta manera me hizo sentir un poco más de seguridad. Pegué mi oreja hacia la puerta y tan pronto escuché las pisadas de Samuel. Acercándose abrí la puerta. Súbitamente nos encontramos en el pasillo, pero no había rastro de nada. Volteamos hacia todos lados, pero nada. Durante los siguientes minutos, algunos cuarenta cincuenta minutos nos la pasamos buscando alrededor de toda la tienda departamental, pero no encontramos rastros. Todas las puertas estaban selladas, no había pisadas. Los dos concluimos en que la persona que había entrado así como había entrado. También se había ido. Yo no le quise mover más al tema y decidí que lo mejor sería volver cada uno a su puesto. Al llegar al área de monitoreo algo dentro de mí, me decía que ese monitor había originado todo. Sé que suena algo extraño. Sé que suena algo que tal vez alguna persona, no bien de sus facultades, pensaría, pero les pido que me crean. Al desconectar aquel monitor, la noche cambió súbitamente. Sentí ya mucha paz, Me sentía seguro. Yo continué trabajando ahí por algunos cuatro meses más hasta que me cambiaron de turno. No volví a ver a aquella presencia. Estoy más que seguro que esa presencia no era Samuel, no era algo de este mundo. Por suerte, ya no la pude ver. Pero también tengo que decir que jamás volví a encender aquel monitor. Saludos a toda la Comunidad desde Hidalgo. Esa fue mi historia. Espero les haya gustado. Mi nombre es Felipe Tabasco y el relato que les quiero contar me sucedió a mí en el dos mil catorce. Yo, en ese tiempo trabajaba en una empresa de seguridad seguridad privada. Mi empresa no era común, por así decirlo, no era como las otras cientas de empresas de seguridad privada que trabajan en todo México. Mi empresa en ese tiempo se autodenominaba para militar, o sea, que tenían ciertos rangos para los guardias dentro de la misma empresa. Cuando tú entrabas ahí, entrabas como un guardia de seguridad común y corriente. Claro que a medida que vas prosperando, a medida que vas con tu antigüedad, con buenas recomendaciones en cada lugar que te ponían. Esto te beneficiaba para ir escalando en los diferentes servicios. Yo tomé cursos de diferentes cosas, defensa personal, manejo de armas, y fue así hasta que escalé hasta los guardias mejor pagados, aunque también son los que tienen las jornadas más duras, más extensas y de seguro. Por la experiencia que les voy a contar las más aterraduras anécdotas que ustedes se pueden encontrar. Mi grupo de guardias con el que iba era un grupo armado. Teníamos rifle de asalto, chaleco, antibalas, nuestro uniforme cascos en general. Se nos contrataba para transportar bienes, pero no se confunda. No éramos como que van al banco, que van a las tiendas, no a nosotros. Nos mandaba proteger los bienes a veces en avión y muchas veces en trenes. Los trenes a los que íbamos eran trenes que transportaban ciertos minerales y también a veces dinero, algunos minerales tales como el oro, petróleo y otro montón de cosas. Para no entrar en detalles, se podría decir que eran cosas que, pues, se podrían robar y eran de mucho interés ni empresa. Lo que hacía en este tipo de ocasiones era que nos llamaba y teníamos que estar listos. Estos viajes en el tren eran aproximadamente ocho a nueve horas, Pero no crean que íbamos de lo más cómodos. No crean que íbamos en nuestros propios vehículos para nada. La mayoría de nosotros ni siquiera íbamos dentro de las cabinas. No eran trenes donde iban vagones en los que te podía sentar claro que no eran trenes de cargamento. Teníamos que situarnos en lugares estratégicos, dependiendo de nuestro número y el número de vagones. Por lo regular siempre nos tocaban en las esquinas y cuando nos posicionábamos en un lugar, nos poníamos un cinturón de seguridad, el cual se amarraba a uno de los ya sea, uno de los extremos del tren, uno de los tubos, algo de fierro, algo que aguantar nuestro peso. Obviamente, este arnés, por así decirlo, este cinturón tenía cierto margen para movernos, pero era muy corto, igual el tren a la velocidad que se mueve. Ustedes podrán decir que no va muy rápido, pero créanme que se siente el aire. Incluso tus piernas pueden jugar en contra de ti y te puedes caer. Arrancamos este viaje y casualmente a mí me había tocado en el último vagón junto con otro compañero estábamos los dos sentados a ambos extremos del vagón y lo único que podemos mirar era como las vías se iban alejando del tren. Íbamos platicando, obviamente, para hacer que el rato pasara un poco más rápido. Por así decirlo. Otra cosa y es que era de noche por obvias razones, no teníamos sueño. Necesitábamos ir muy despiertos para que no ocurriera un accidente. Lo que les puedo decir es que esto me sucedió en el estado de Sonora. En estas vías hay una creencia. Y más allá de una creencia, es una verdad absoluta que todos los guardias, yo incluido, creemos en esto, y es que una cierta altura de estas vías hay una marca, una marca incluso más antigua de lo que yo llevaba trabajando en esa empresa. Guardias anteriores a nosotros la habían puesto y es que esas vías a esa altura habían tenido algunos accidentes, unos accidentes que la habían dejado, por así decirlo, embrujada o maldita el tren sin querer. Obviamente, se había cobrado las vidas de hombres y mujeres. Algunos dicen que estas víctimas del tren, ellas mismas, se habían arrojado a las vías de este cuando el tren iba pasando. Otras personas dicen que, muy por el contrario, estas personas fueron atadas ahí en contra de su voluntad, para tener un final desastroso. Yo no estoy seguro de cuál de estas dos teorías se o sea la ra original. Lo único que sé es que, en efecto, algo errante se mantiene caminando por aquellas vías y todo empeora cuando estas almas se van con nosotros. Recuerdo que estábamos pasando por estas vías a esta altura y mi compañero me hizo una seña de que nos teníamos que persionar. A mí me habían contado esta historia y, obviamente, pues no es como que la creyera, pero y no quiero tentar a la suerte, así que me persinaba y rezaba un padre nuestro dicen que eso era lo mejor para que los espíritus, las almas que aún están por ahí no se suban al tren. A mí, particularmente, llevaba tres viajes hasta ese momento y no me había tocado ver nada y obviamente no quería ver nada. Pero en cierto instante de la noche, mi compañera, el cual iba hablando con r conmigo, guardó silencio, estaba mirando hacia atrás de él en aquel vagón. Yo no podía ver nada, obviamente, porque venía desde el otro extremo, pero él me habló. Me hizo con una seña que fuera, pero que fuera de manera muy lenta, que no hiciera ruido yo, obviamente obedeciéndolo, no sabía ni ni siquiera quiera lo que iba a pasar. Recorrió el cinturón, lo enganché de algo más cercano a él y me fui recorriendo hasta donde estaba él. Una vez ahí él me dijo de manera muy silenciosa, mira aquello que está allá. Me señaló con su dedo también al mirarlo lo que pude ver y lo que sigo hasta ahora firmemente en que lo vi es que era una mujer, una mujer sentada en el vagón del tren. Estos vagones. Si bien puedes caminar por ahí, no no es de lo más seguro. El espacio es muy reducido. Apenas si te puedes sentar. Esta mujer iba sentada allí, esta mujer tenía un cabello que le tapaba su rostro, que le llegaba más abajo de su estómago, un cabello totalmente lacio y vestía totalmente blanco. Traía un vestido desgarrado blanco. Era una mujer de terror, podríamos decirlo. Nosotros nos le quedamos mirando fijamente y lo que nos sorprendió es que esta mujer iba de lo más tranquila. Parecía ser que el viento que estaba pegando, la velocidad del tren, las vibraciones a ella, para ella eran inexistentes. Ambos sabíamos que esa mujer no estaba viva, que no era una mujer normal, Era un espíritu y lo estábamos viendo como si se tratara de una persona de carne y hueso acto seguido. Esta mujer sirvió, se levantó y vuelvo y lo recalco de la manera más normal, como si estuviera en una silla, Como si estuviera en un sillón? Dio un paso hacia adelante y se lanzó del tren. Una de las escenas que más me perturbó fue que esta mujer se lanzó y cuando creíamos que íbamos a escuchar el estruendo, que íbamos a ver el cuerpo de aquella mujer rodando por el suelo, por el monte, esta mujer tan pronto se lanzó e iba a tocar el suelo. Desaparece, pero desaparece frente a nuestros ojos, Desaparece frente a nuestra mirada. Era como si ésta se disipara, como si fuera aire. Esto, obviamente, a los dos nos aterró, pero nos mantuvimos firmes. Yo me recorrí volví a mi lugar y no sabíamos qué decir hasta que mi compañero rompió el silencio. Él me dijo lo siguiente. Esto no puede ser bueno. Va a pasar algo malo. Yo le pregunté, pero de qué estás hablando significa que va a pasar algo malo, va a pasar algún accidente. Él me asentó con la cabeza diciéndome que sí que por eso muchas veces de las que pasaban se persignaban rezaban para que estas almas no se fueran con ellos en el tren, que cada vez que veían a una solamente augura que un accidente iba a suceder. Acabas de ver un fantasma y para rematar con esto, te dicen que su sola presencia significa que va a suceder algo malo. Yo iba muy nervioso con n y h h mucho o miedo. Pensaba que el tren le iba a suceder algo, pero por suerte, no llegamos al destino y tan pronto llegamos, tan pronto nos reagrupamos. Me enteré de algo que había sucedido más o menos a la misma hora de la que habíamos visto a aquella mujer uno de mis compañeros se había intentado, por así decirlo, lanzar del tren. En este momento él estaba siendo atendido por la enfermería, le estaban dando algunas pastillas, le estaban tomando la presión y cuando le preguntábamos que por qué se había intentado lanzar del tren, él simplemente nos decía que no lo sabía, que no tenía motivos para lanzarse, que él cree que fue un mareo, pero semanas después nos contestó que no, que no se sentía mareado, que simplemente cuando iba en el tren vio una mujer que iba a un lado de este, la vio rápido, pero que tan sólo con mirarla le entró una tristeza, una tristeza muy grande. Era como si de un momento a otro tuviera depresión, pero una depresión muy fuerte, que él, por voluntad propia, decidió lanzarse del tren por unos segundos. La tristeza absoluta lo controló y lo que le salvó la vida en ese momento fue precisamente este cinturón que nos ponemos. Un compañero mío de inmediato llegó lo tomó del hombro y lo jaló de nuevo hacia el tren. Él obviamente dice que no tenía razones para acabar con su vida. Simplemente fue fueron algunos segundos los cuales él no se explica por qué decidió hacerlo. É investido sobre lugares que tienen una cierta pesadez y no son pocos. Esto me llamó mucho la atención y quisiera compartirlo con ustedes, porque tales como el bosque de Japón, como el puente donde los perros se lanzan voluntariamente para acabar con su vida, hay más. También hay lugares que se explica que tienen un aura, una cierta melancolía que al pasar por ellos, al adentrarse te hacen hacer cosas que posiblemente lamentes por el resto de la eternidad. Hay ciertos lugares los cuales que se cree que si entras tú con algún sentimiento que si estás pasando por un momento difícil de tu vida, es muy fácil acabar con ella en este tipo de lugares en ese momento caya en cuenta que estas vías, al menos a esta altura, es un lugar parecido a estos. Tal vez las personas que dicen que fallecieron ahí muy probablemente creo que ellas se lanzaron voluntariamente hacia las vías del tren. Estaban pasando por el lugar incorrecto en el momento incorrecto, justo cuando el tren estaba pasando. Esta tristeza les invadió y se lanzaron a este Pasé por estas vías muchas ocasiones, pero jamás volví a ver ningún espíritu claro que también tengo que decir que sí sentía la presencia de cosas, pero mi mirada, mi vista, siempre la dirigía hacia el frente. No quería saber para nada qué era lo que estaba caminando o qué era lo que se subía al tren. No quería que la melancolía, que la tristeza se apoderara de mí una noche e hiciera una locura. Gracias por escuchar mi historia.