RELATOS ATERRADORES DE MILITARES Y POLICIAS / TERROR EN LAS SIERRAS Y LLAMADAS DE TERROR A LA POLICIA / L.C.E.

En este episodio escucharas experiencias viniendo de las fuerzas armadas, desde llamadas aterradoras al 911 hasta extrañas criaturas asecahndo a militares.
Buenas tardes a toda la Comunidad de la cripta. Mi nombre es Cristina. La experiencia que les quiero contar me sucedió relativamente hace poco. Yo soy un oficial de policÃa de la policÃa municipal. Voy a ahorrarme el estado, ya que quiero mantener cierto anonimato. Si bien soy policÃa, debido a los estudios que tengo y también cómo me desempeño, no soy de los policÃas que anden en una patrulla o que manden a hacer los retenes o en motocicletas, en autos. Yo soy una policÃa a cargo de recibir todas las llamadas de emergencia. Usualmente los turnos son tanto de dÃa como de noche y usualmente en las noches más en concreto, los fines de semana es donde las llamadas se disparan. Claro todo esto debido a que los bares, las fiestas se llevan a cabo en diferentes lugares y esto trae consigo riñas, peleas, accidentes en el peor de los casos. Pero aquella noche no me esperaba lo que recibirÃa. Estaba atendiendo las llamadas y hasta ese momento digamos que habÃa recibido algunas siete. HabÃa sido una noche muy ajetreada. Por ende, cuando contesté esta llamada, me sacó absolutamente de silla que la mujer del otro lado estaba muy alterada, si bien nos llamaban personas alteradas debido a las peleas, a los delitos que se estaban cometiendo. En aquella ocasión, esta mujer estaba completamente desesperada. Gritaba una y otra vez que necesitaba la policÃa que, por favor, fueran que fueran lo más pronto posible, que sus hijas estaban en peligro. Obviamente, yo contesté que se calmara que me diera la dirección y que me dijera que era lo que estaba ocurriendo la mujer al teléfono me dio la dirección me dijo que un extraño, un hombre alto y corpulento, se habÃa metido a su casa y que querÃa llegar hasta donde estaban sus hijas que, por favor, fueran lo antes posible. Yo recuerdo muy bien que le pregunté en dónde se encontraban, en qué parte de la casa. Ella simplemente me dijo que sus hijas estaban resguardadas en su habitación, que la puerta se encontraba con llave y con algunas cosas puestas, pero que no iba a soportar mucho tiempo que, por favor, fuéramos lo antes posible. Me volvà a repetir una y otra y otra vez y odio al comunicado y, por suerte, habÃa una patrulla cerca. Esta patrulla tardó aproximadamente unos cinco a diez minutos llegaron a la residencia. Era una casa que se encontraba, podrÃamos decirlo, algo apartada, ya que si bien habÃa otras casas alrededor, ninguna de estas se encontraba con personas, asà que básicamente no tenÃan vecinos. En algunos buenos metros. Por ende, ninguna persona se habÃa enterado de lo que estaba pasando. Los policÃas entraron y efectivamente habÃa un hombre de actitud muy extraña por su forma de caminar, por el color de sus ojos por cómo hablaba. Se podÃa intuir fácilmente que este hombre habÃa consumido algo. Era un hombre que se encontraba bajo los efectos de algún estupefaciente. Pero lo que marcó el asombro de los policÃas que entraron a esa casa es que tan solo al entrar en la sala se encontraba el cuerpo de una mujer era una mujer que se encontraba tirada sin vida por completo arriba este hombre se encontraba golpeando una puerta una y otra vez. Por ende, debido al sonido, los policÃas lo restaron fácilmente. Dentro de esta recámara se encontraban las niñas, dos niñas, las cuales, por suerte, se salvaron de caer en las garras de aquel hombre. Los policÃas me devolvieron la llamada por radio y me dijeron todo lo que habÃa pasado tenÃa que dar las novedades de aquel caso. No se logró rastrear a la madre por ningún lado, por lo que debido a lo que las niñas decÃan a las caracterÃsticas de cómo era su madre, pudimos dar fácilmente con que la madre era la misma mujer que se encontraba sin vida tirada en la sala. Obviamente, cuando bajaron a las niñas no les permitieron ver esto. Asà que, a base de cómo dijeron que su madre iba vestida y las caracterÃsticas que tenÃan tanto en su cabello como en su cara, obviamente llegaron a la conclusión de que era su madre. Lo curioso y lo más aterrador de este caso, por lo menos podrÃamos decirlo paranormal, la llamada y esto lo recuerdo perfectamente se realizó a las doce cuarenta y ocho. Lo que dijeron los paramédicos, lo que dijo el cuerpo de medicina, es que la madre, según por cómo lo habÃan encontrado, dijeron que ella habÃa fallecido a las once y media de la noche. Esto de por sà no termina aquÃ. Me enteré de que tiempo después, cuando entrevistaron a las niñas, ellas decÃan una y otra vez que no podÃan creer que su madre estaba sin vida. Ambas niñas ya estaban un poco grandes, una tenÃa doce y la otra once años. Ellas no podÃan creer que su madre no se encontraba con vida, porque ellas aseguraban que cuando entró aquel hombre, su madre forcejeó con él, mientras que le decÃa a las niñas que subieran al cuarto y que apagaran las luces. Obviamente, esto para para confundir a aquel hombre, para que este hombre no supiera en cuál de estas habitaciones se encontraban las niñas. Las niñas hicieron lo que su madre les dijo. Al llegar a sus habitaciones, apagaron las luces de todos los cuartos y se encerraron en uno mismo. Ellas no recuerdan en qué momento o cuándo fue, pero ellas juran lo siguiente, ya que ambas lo vivieron y es que ellas recuerdan haber sentido a su madre que ya se encontraba con ellas dentro del cuarto abrazándolas y calmándolas, diciéndoles a las dos que la ayuda ya venÃa en camino, justo cuando este hombre se encontraba golpeando y golpeando la puerta para tumbarla. Ellas estaban con la luz apagadas y que dicen que no vieron a su madre, pero que, en definitiva, sà las sintieron, las abrazaba y también por su perfume, por su olor. Las niñas decÃan una y otra vez que no podÃan creer que su madre habÃa fallecido, porque su madre, al menos para ellas, se encontraba en aquella habitación justamente cuando llegó la policÃa. En definitiva, después de esto, creo que el ser humano, o al menos la alma de este puede hacer cosas increÃbles, o al menos el alma tal y como lo hizo aquella madre, protegiendo a sus hijas y llamando a la policÃa, incluso después de haber fallecido. Este siguiente relato igualmente tiene que ver con llamadas extrañas. Pero ahora nos pondremos del lado de los policÃas que están en ruta. Qué pasa cuando estas policÃas reciben una llamada muy extraña y, sobre todo, aún más extraño cuando esta llamada se repite y se repite a lo largo de la noche y nos solamente una patrulla, sino casi a todo el cuerpo policÃaco. Qué pasa cuando las personas dicen haber visto un monstruo rondando por sus casas, rondando por sus techos. Pero qué pasa si esta llamada se repite por muchas familias, pues esto mismo le pasó un policÃa y no solamente a él, sino casi a todo un cuerpo policÃaco y esta es su historia. Buenas noches cripta. Mi nombre es Enrique Tovar. La experiencia que les quiero compartir a ti y a toda la comunidad es más bien un suceso extraño. No es una experiencia per se que le pasó a mi tÃo, pero tiene mucha aura en lo que viene siendo a lo paranormal. Verán Mi tÃo fue policÃa allá, pues el lejano año del dos mil dos dos mil tres, toda mi familia viene de rancho. Por ende, antes de que se mudaran a la ciudad, gran cantidad de mis familiares vivÃan en el rancho. Mi tÃo era uno de ellos. El trabajo de policÃa en ese entonces era bien pagado dentro de lo que cabe, asà que le estuvo desempeñándose de eso cerca de una década. Pero una noche llegó una extraña llamada una llamada por radio. Ãl estaba trabajando en ese entonces, en el horario nocturno se encontraba, según dice, haciendo su rondÃn cotidiano. Ãl iba a caballo, como la mayorÃa de sus compañeros. HabÃa unas camionetas ahà que eran de la policÃa, pero representaban más un disgusto que algo que fuera apto para aquellos caminos. Si bien las camionetas eran altas, tenÃan una buena atracción. A veces habÃan unas ocasiones en las que se atoraban o fallaban todo lo contrario a los caballos, asà que la mayorÃa de los policÃas en ese entonces preferÃa ir montado a caballo. Cair en una camioneta. Ãl y su compañero andaban a caballo cerca de unas parcelas lejanas a aquel pueblo. El único medio por el cual se comunicaban con la policÃa del municipio en la estación era por medio de radios, unos radios potentes que cargaban, unos radios muy grandes con una antena bastante larga. Ellos iban a caballo normalmente cuando reciben esta llamada en primera instancia, esta llamada se desarrolla como cualquier otra. La Señorita que está en la estación les dice que requieren su presencia en unas parcelas pertenecientes a Don Genaro. Y vamos a decir Don Genaro por poner algún hombre, ya que quiero que la historia se mantenga, por asà decirlo en un anonimato en cuestión a las personas que fueron parte de ésta. Don Genaro era un señor que tenÃa varias tierras en el pueblo, era un señor adinerado y tenÃa varias parcelas. Según lo que le dijeron a mi tÃo por radio, era que Don Genaro solicitaba la policÃa ya que un intruso se encontraba merodeando cerca tenÃamos que ir a espantarlo o averiguar de quién se trataba. Pero al llegar con Don Genaro, mi tÃo se encuentra con algo totalmente extraño. Llega con Don Genaro y cuando llega se da cuenta que se encuentran ya dos policÃas en aquel lugar. Ya están hablando con Don Genaro. Mi tÃo se baja del caballo. PodÃa caber cierta situación en al que, a lo mejor, la central habÃa llamado a dos grupos de polis, igual habÃa pasado algunas noches anteriores, asà que no le dio importancia cuando hablan con Don Genaro. Saquà cuando las cosas empiezan a poner un poco extrañas. Y es que Don Genaro le dijo a mi tÃo, a su compañero y a los otros dos policÃas que habÃa visto a un hombre, pero que este hombre, en lugar de llevar manos llevaba dos alas que salÃan sobre su espalda y que además este volaba que incluso habÃa tratado de llevarse a su perro, Don Genaro, y su esposa tenÃan varios perros con ellos. Y no solamente Don Genaro daba estas extrañas declaraciones, sino también su esposa, mi tÃo y los demás creyeron que, a lo mejor simplemente se trataba de alguna confusión. Era bastante extraño, porque Don Gel nunca habÃa llamado a la policÃa y, dentro de lo que cabe, era un señor respetable, Era un señor que no le gustaba meterse en problemas. Pero a lo mejor, en aquel dÃa se habÃa bebido unas copas de más y también la esposa o a lo mejor confundieron un ave grande, un ave grandÃsima con un hombre volador. HabÃa muchas hipótesis, asà que los cuatro policÃas le dijeron a Don Genaro que iban a investigar a los alrededores, pero tan sólo fue cuestión de que mi tÃo y los demás policÃas se marcharan cuando de pronto otra llamada a la radio sucedió esta vez era en otra granja, otra familia. Mi abuelo fue hasta ahà junto con su compañero, y al llegar ahà notó que nuevamente se encontraban otros policÃas, esta vez en una camioneta, ya que esta granja se encontraba más cerca en las zonas pavimentadas. Entonces era más factible para llegar más rápido a emplear una camioneta. Cuando llegó mi tÃo junto con su compañero, recibieron las mismas declaraciones por parte de la familia, que Don Genaro y su esposa habÃan dicho esta familia que era una familia numerosa, decÃan todos y cada uno de los integrantes, tanto niños, jóvenes y los padres que habÃan visto a un hombre, un hombre con alas que se posó arriba de su techo y que no se querÃa ir. Este hombre les daba mucho miedo, ya que amenazaba con entrar. Dijeron que este hombre nunca les habló, pero hizo forcejeo quiso entrar por una de las ventanas. Obviamente, el padre salió y el padre salió armado. Fue solamente asà como este hombre se fue toda esa noche. Era bastante extraña. Cuando de pronto estaban investigando ese suceso y recibieron una llamada por radio de la misma central con el mismo evento, les dijeron que un extraño se encontraba merodeando. Pero ahora, en una de las casas del pueblo. A todo esto, uno de los policÃas que estaban ahÃ, no mi tÃo, sino que otro ahà que estaba presente le preguntó a la central que cómo era que lucÃa aquel sujeto. La central no pudo dar señas, ya que todas las personas decÃan que no lo podÃan ver bien, pero que querÃan que fuera la policÃa. Al hablar con las personas que se encontraban ahÃ, estas mismas personas dijeron que habÃan dicho eso porque sà llamaban a la policÃa y les decÃan que habÃan visto un hombre con alas de seguro. No iban a mandar a nadie, iban a pensar que era una broma o que estaban alcohólicos. Todo esto cada vez tenÃa más sentido, ya que cuando mi tÃo fue a las demás casas y él dice que fueron seis casas en total en un periodo corto, en un periodo de una hora y media, todas las familias decÃan que habÃan visto un hombre con alas merodeando que se habÃa posado arriba de su techo o aún peor que este hombre habÃa tratado de entrar a su domicilio en cuestión de unas pocas horas. Todo el cuerpo de policÃa e incluso los que estaban de descanso habÃan entrado a trabajar nuevamente. Esto no podÃa ser una broma, Esto no podÃa ser colectivo. Las personas no llamaban a la policÃa, asà porque sà simplemente habÃa familias que no se conocÃan entre ellas, que no tenÃan amistad y unas vivÃan muy lejos de otras. Cómo era posible que todas y cada una de ellas decÃan lo mismo y las personas que lo veÃan más de cerca daban las mismas caracterÃsticas que decÃan otras. Un hombreal como de entre uno ochenta a uno noventa, no tenÃa abrazos, sino solamente alas, y que iba cubierto con una especie de ropa, ropa desgastada, ropa como de basurero. Toda la noche, mi tÃo y los demás policÃas se encontraron dando rondines tanto en el pueblo como en las parcelas como también en las sierras, pero mi tÃo nunca vio nada. Lo que sà sucedió a la mañana siguiente es que dos personas en el pueblo habÃan desaparecido. Una señora de aproximadamente unos sesenta y nueve años setenta años, junto con una niña de apenas nueve años. Se trataba de su abuela y su nieta. Lo último que se supo de ellas es l que habÃan salido por la noche hacia la casa de su hija. La niña habÃa tenido unos problemas y la abuela decidió llevarla a la casa de su hija, ya que la niña se estaba quedando en la casa de la abuela. Eran unas cuantas cuadras. Solamente era un camino que incluso caminando a paso lento, como lo hacÃa aquella anciana, tardarÃan unos quince minutos y tan solo en esas cuadras habÃan desaparecido. Lo que se cree o lo que se cuenta es que, como algunas personas decÃan aquella cosa voladora, aquel hombre volador con alas estaba buscando meterse a las casas o llevarse personas. Tal parecÃa ser que lo habÃa conseguido y tan pronto lo hizo. Se fue para dejar rastros sin más, un evento muy extraño que hasta el dÃa de hoy, años después, mi tÃo cuenta una y otra vez cada que le preguntan, al menos todo lo que él pudo ver aquella noche. Esta historia es cierta, ya que en una Navidad que era del dos mil doce o dos mil trece. Ya no lo recuerdo bien, fuimos otra vez al pueblo. Nos encontramos con amigos de mi tÃo y yo no pude contenerme las ganas de preguntarle a aquellos amigos que también habÃa sido policÃas sobre esta noche. Todos me dijeron que fue cierto, que eso habÃa pasado. Pero, como fue en un año muy anterior a Internet, o muy anterior a los medios de comunicación, no se dio la noticia. Y más allá de una noticia, esto cayó como una leyenda, porque es extraño hombre alado que casi la mitad del pueblo vio no se volvió a aparecer. Mi nombre es Rafael Irán. Les quiero contar una experiencia Verán. Actualmente soy obrero, pero durante un tiempo fui policÃa, policÃa estatal. Durante aquel tiempo, la mayor preocupación de mi familia y también mi mayor preocupación era que el dÃa que yo saliera por x oye razón, me enfrentara a un grupo de criminales y estos estuvieran armados durante todo ese tiempo. Ese fue mi mayor miedo. Por supuesto, no tenÃa ni idea de que existÃan otras probabilidades, de que me encontrara con otras cosas, otras cosas que ni siquiera tenÃa en mente. Esto me sucedió En el año dos mil quince. Recibà una llamada de parte de la central de la policÃa. RequerÃan una unidad con urgencia en un restaurante bar Obviamente, como se lo imaginarán, de seguro, algún altercado, alguna pelea. Y sÃ, efectivamente, se trataba de eso, o al menos era lo que yo y mi compañero creÃamos en ese momento. Al llegar a este restaurante, barrimos que habÃa mucho alboroto, sobre todo en el área de la cocina. HabÃan personas ahà gritando los meseros, los cocineros, el bartender. Dentro de uno de estos cuartos se encontraba un hombre, un hombre de extraña apariencia. Mejor dicho, no era un hombre, sino un muchacho. Creo que de algunos veintitantos años no pasaba de los veinticinco. Fácilmente este chico venÃa vestido de una extraña manera. TraÃa una bata una bata oscura que cubrÃa todos sus brazos y cubrÃa casi por completo sus piernas. Este chico se encontraba en posición fetal en una esquina del cuarto. No se querÃa acercar a nadie. ParecÃa que estaba asustado. Yo y mi pareja fuimos caminando y le dijimos que, por favor, se parara, que tenÃamos que llevárnoslo. El chico simplemente no nos respondÃa ni siquiera nos miraba su mirada a su cabeza, estaba enfocada a la esquina de esa habitación. Pasaron algunos minutos, algunos, quince, veinte minutos más, minutos menos. Obviamente, somos policÃas y no tratamos de llegar tanto a la fuerza. Esperamos primero a dialogar, a ver si este hombre o él que está ocasionando problemas puede salir por las buenas. Pero en este caso tuvimos que actuar. Nos fuimos acercando hacia este muchacho. Cuando yo lo tomé del brazo, él rápidamente se zafó y me tiró un arañón, un arañón que me dejó rasguñado casi todo el antebrazo. Las uñas las traÃa excesivamente largas y puntiagudas. Me dejó una marca muy pero muy profunda y al parecer, no era el único, ya que antes de que nosotros llegáramos. HabÃa tenido también una pelea con algunos clientes del restaurante. HabÃan salido rasguñados. Esto fue más que suficiente para que mi compañero también actuera entre los dos. Lo tomamos de ambos brazos y lo tratamos de subir. Pero este chico tenÃa una fuerza impresionante. No sé cómo explicarlo, pero no podÃamos con él. En todos esos años, yo ya habÃa tratado con borrachos, con personas que tenÃan sustancias metidas en su cuerpo. Obviamente, estas personas no sienten el dolor, no sienten cuando uno hace impacto con ellos, no lo sienten. Pero tampoco es que aumente su fuerza. Tampoco es como si les diera una mayor dureza en su piel, no como sentÃamos a este muchacho. Este muchacho se movÃa junto con nosotros de un lado hacia otro. Nos manejaba con mucha facilidad. Era muy fuerte para su edad, para su estatura, para su cuerpo. Yo y mi compañero éramos corpulentos y fuertes, pero aquella noche este muchacho nos movÃa con mucha facilidad, tanto asà que otras personas que se encontraban ahà se ofrecieron a ayudarnos. Sacamos al muchacho del restaurante bar con ayuda de estas personas y no miento cripta cuando te digo que éramos cerca de cinco personas, cinco hombres los que estábamos manejando a uno solo. El aspecto de este muchacho cambiaba drásticamente y es que yo recuerdo que cuando lo sacamos pude ver su rostro y su rostro estaba como que demacrado, como si éste no hubiera comido en varios meses, o o o o o ons en varias semanas, por lo menos, sus ojos estaban sumidos en sus cuencas y, por si esto fuera poco, sus ojos se encontraban completamente en blanco. No habÃa iris, no habÃa pupila, algo que sin duda me provocó mucho terror El ver mi compañero me dijo que, a lo mejor, este muchacho traÃa, pues si algún estupefaciente encima a lo mejor habÃa consumido algo. Yo lo dudaba y sé que muy por dentro él también lo hacÃa, simplemente que necesitaba encontrar alguna explicación a todo lo que estaba pasando. Logramos introducirlo en la camioneta, en la patrulla, en la parte de atrás, nos subimos y comenzamos el camino para llevarlo, pues a los detenidos y por el camino las cosas se pueden aún peor. El chico no paraba de decir una y otra vez, una y otra vez qué demonios estaban dentro de él que no lo dejaban tranquilo. Y obviamente, al escuchar esto, dije este chico viene con algo encima, o viene borracho o viene totalmente drogado. Pero al pasar el tiempo, las actitudes de este y todo lo que pasaba adentro de la camioneta, empeoraba y empeoraba el rasguño que este me habÃa dado en el antebrazo. Me estaba empezando a arder. Este chico iba gritando, iba gritando descontroladamente. Luego también se empezó a dañar el pecho, empezó a auto infligirse dolor. Yo ya me habÃa vendado, pero en la venda estaba traspasando las sangre como si tuviera algún tipo de hemorragia. Mi compañero, por otro lado, sufrió de algo peor, y es que él iba conduciendo y sin razón alguna, yo veÃa que su mirada cambiaba. Era como si estuviera viendo algo borroso. Yo le pregunté muchas veces Miguel, Miguel te pasa algo. Ãl no me contestaba. Yo pensé que no me escuchaba debido a los gritos que este joven estaba haciendo. Pero cuando presté atención al camino, me di cuenta que Miguel se estaba saliendo de éste y que no solamente eso, sino estaba acelerando y acelerando cada vez más. Lo que yo hice fue tomar el volante y darlo hace un lado debido a la tierra y debido a la grava, pues nos fuimos a saltar a un lugar do donde bendian grava block una constructora. Fue solamente hasta ese momento en el que Miguel reaccionó. Ãl me dijo que no sabÃa que era lo que estaba pasando. Es simplemente él me explicó que no sabÃa lo que estaba pasando. Simplemente se habÃa desorientado mi herida. Me estaba ardiendo. Me estaba ardiendo como si me lo pusieran a fuego en ese momento. Ambos al mismo tiempo tratamos de callar aquel joven, pero al volter hacia atrás, al voltear por esas rendijas que nos dividÃan, ver que este muchacho asà de la nada, tenÃa a otros dos acompañantes atrás con él. Estos dos hombres eran más altos y estaban completamente oscuros. Estaban sentados uno y después el otro. En medio estaba este joven retorciéndose diciendo una y otra vez que los demonios que los tenÃa adentro de él. Obviamente, esto fue suficiente para sacar las armas y salirnos de la camioneta. Pedimos apoyo por la radio. No Ãbamos a poder mover la camioneta. Las unidades al llegar tardaron alrededor de unos veinte minutos. Nosotros estábamos afuera de la patrulla, observando como tres personas ahora de la nada estaban ahora en los asientos traseros. Cuando llegaron las demás unidades, yo creà que iban a sacar a las tres personas que, tal vez por el miedo, no habÃamos visto las facciones que tenÃan. Tal vez estábamos muy susceptibles en ese momento, pero solamente sacaron al joven. Cuando nos acercamos y preguntamos no habÃamos apartado la mirada de la patrulla, ellos no hubieran podido salir sin que nosotros nos hubiéramos dado cuenta. Solamente sacaron a ese muchacho. Los otros dos habÃan desaparecido. A la mañana siguiente llegaron por él, pero llegaron a unas personas también muy extrañas. Reconozco que dos de ellas eran los padres, pero las otras, las otras personas parecÃan como monjas sacerdotes ellos fueron los que se lo llevaron, pidieron disculpas y pagaron una fianza. Esa fue la única y última vez que vi a aquel muchacho. No sé cómo acabó su historia, e incluso hablando con mi compañero, él seguÃa creyendo que lo menos mejor, el chico estaba con algo encima y tal vez por eso tenÃa todas esas caracterÃsticas. Yo, por otro lado, manteniendo la mente abierta, sé muy bien que en aquella ocasión detuve a una persona que se encontraba poseÃda. Esa fue mi historia. Gracias por compartirla. Mi nombre es Jaime López. La experiencia que les quiero compartir le sucedió a mi padre. Mi padre es policÃa. Toda la vida lo ha sido a lo largo de esos años. Si algo he visto de él es que sus horarios son muy extensos, a veces horarios de doce horas o de veinticuatro horas, y asà se requiere durante todo ese tiempo. Si bien le han ocurrido algunas cosas que no tienen explicación, él jamás habÃa vivido en carne propia, lo que es cruzarse con un fantasma. Recuerdo muy bien la noche en la que él vivió esta experiencia. Yo estaba dormido, mi madre estaba dormida. Eran aproximadamente las cuatro de la mañana y no esperábamos para nada que él llegara a esa hora. Ãl tenÃa el torono nocturno, asà que prácticamente él iba a salir esa misma mañana, pero por eso de las ocho o nueve de la mañana. Sin embargo, él llegó a las cuatro, llegó y tocó la puerta tan fuerte que me despertó a mÃ, despertó a mi madre y ambos nos bajamos para ver Quién era el que tocaba la puerta para nuestra sorpresa. Era mi padre. Ãl entró y entró con un semblante sumamente extraño. Estaba pálido los ojos los tenÃa muy abiertos. Era inexpresivo. Ãl entró y como él guardaba algunas cervezas en el refrigerador, empezó a tomar insaciablemente. Ãl no era de los que se pusieran ebrios, pero aquella noche él decÃa que querÃa volver otra vez en sÃ, él como que estaba ido, como que estaba en otro sitio. Mi madre consiguió que se calmara y una vez que se calmó a mà me mandó al cuarto. Ãl no querÃa para nada que yo supiera lo que habÃa visto. Se lo contó a mi madre y mi madre me lo contó años después. Yo tenÃa nueve años en ese entonces me lo contó hasta que estaba en secundaria. Pase resulta que mi padre aquella noche estaba patrullando, como se le habÃa dicho, como se le habÃa ordenado él, como otras tantas noches, le tocó cierto sector de la ciudad y no voy a decir muchos nombres para que las personas que frecuentan esta zona no se asusten. En Monterrey hay varias zonas, muchos lados donde hay bares, antros, clubes nocturnos y mi padre fue enviado a estos lugares más que nada, simplemente para cerciorarse que todo estuviera bien. Pues bien, se sabe que nunca falta que haya un problema por todo el alcohol que tanto mujeres y hombres consumen. Mi padre se encontraba patrullando cuando en eso de pronto ve a una chica. Esta chica está caminando o caminando por asà decirlo, porque se tambalea camina dos pasos hacia la derecha. Después dos pasos a la izquierda, se tambalea un poco y empieza a caminar de nuevo. Mi padre, al ver esto, se va acercando poco a poco, poco a poco. Lo primero que se le viene a la cabeza es que esta chica estaba Ebria, que de seguro tenÃa varias copas encima. El principal pendiente de mi padre es que esta chica se encontrara tan Ebria que no supiera cómo regresar a casa o que se encontrara por el camino con algún ladrón o, peor, con alguna persona que se quisiera aprovechar en su situación. Conforme, mi padre se iba acercando, notó que esta chica tenÃa algo más que solamente unas copas encima, y es que su vestido un vestido de lentejuelas muy brillante, incluso a la distancia empezó a brillar de una manera extraña, como si un extraño lÃquido chorreara por su espalda. Al momento de que mi padre la rebasó y pudo verla de frente, se dio cuenta que toda la parte de enfrente, tanto el vestido como su pecho, sus brazos y su cara estaban bañados en sangre. Esta chica tenÃa una cara muy perpleja. No manifestaba ningún sentimiento ni ninguna reacción. Era como si ella simplemente estuviera paralizada al menos de su rostro. MantenÃa la mirada clavada hacia enfrente. No volteó a ver a mi padre, y mi padre incluso asegura que en todo ese trayecto que la vio, esta chica no parpadió. Pero claro, en ese momento no le prestó atención a esto porque le preocupaba la situación de la muchacha. Tal vez aquello ya habÃa pasado y allá se encontraba en shock por lo sucedido. Además, la sangre Quién sabe a lo mejor era de ella inmediatamente, mi padre se detuvo orilló la patrulla se bajó de inmediato y fue hacia esta chica la tomó de los hombros y primero le preguntó su nombre. Ãl se identificó de igual manera, le dijo su nombre a su apellido y que era oficial de policÃa. Le preguntó que si estaba bien, que si estaba herida, que si podÃa hacer algo por ella. A pesar de todas las preguntas que mi padre le hacÃa, esta chica no le re respondÃa, se quedaba callada e incluso ni siquiera le estaba prestando atención a mi padre. Ella seguÃa observando hacia la nada. Obviamente, mi padre la trató con mucha delicadeza y, a final de cuentas, la metió en la patrulla, una vez que él también se metió. Lo primero que pensó es que la iba a llevar a un hospital. Si bien mi padre la habÃa regresado al menos asà rápidamente no vio, al menos que estuviera con una herida profunda. ParecÃa ser que la sangre no era de ella. De igual manera, él la querÃa llevar un hospital o, cuando menos llevarla hasta su casa. Cuando mi padre encendió el coche y arrancó esta chica le dijo quiero volver a mi casa. Mi padre en ese momento le dijo que claro que sÃ, que él la llevaba, pero que no podÃa andar asà por las calles que más que nada en ese momento iban a dar las cuatro de la mañana, de cuatro a cinco a seis. Por lo regular, la mayorÃa de los bares y antros cierran y a esa hora casi todas las calles se llenan de borrachos y, por no decirlo de otra manera, también personas que consumen algunas otras cosas y, al parecer, esta chica venÃa sola no iba nadie con ella, lo cual hacÃa un objetivo perfecto. Esta chica, cuando se encontraba a bordo de la patrulla, le dijo mi padre que le llevara a una avenida, una avenida que, si bien no es la más concurrida, estaba bastante cerca de donde se encontraban. Ãl pensó que en esa avenida, o cuando menos cerca, vivÃa aquella chica. Mi padre continuó con el viaje tratando de hablar con ella, de sacarla de ese show que tenÃa. TenÃa la mirada y los gestos paralizados, pero esto no sirvió de nada. Cuando iban pasando por esta avenida, la chica de la nada simplemente le dijo yo aquà me bajo. Cabe decir que para este momento mi padre no habÃa reducido la velocidad ni se habÃa detenido. Ãl iba a una velocidad normal, y es que no se detuvo porque a ambos lados no habÃa casas, habÃa un edificio del otro lado y habÃa más edificios de lo que vendrÃan, siendo oficinas y algunos comercios, y del otro lado de la avenida. Lo que se encontraba era un cementerio, un cementerio medianamente grande. Mi padre le dice oye, no te puedo dejar aquÃ. Dime en dos donde vives, a qué calle me tengo que meter. Sin embargo, la muchacha no respondÃa. Estaba otra vez en silencio total. Mi padre en ese momento voltea hacia atrás rápidamente solamente para enterarse de que la chica ya no se encontraba ahÃ. La chica en cuestión habÃa desaparecido en ese momento debido al impacto a lo sorprendido que le estaba. Se detuvo y grandes son las coincidencias, porque precisamente mi padre se detuvo a un lado de la puerta principal del cementerio. Al voltear a ver hacia el Cementerio y no es porque él la estuviera buscando AhÃ. Simplemente fue mala suerte. La vio vio que esta chica estaba caminando por dentro del cementerio y en cuestión de segundos, se perdió entre las tumbas. Este hecho fue bastante para él. No logró terminar el turno. Llamó a la central y les dijo que se encontraba muy mal y mentira no era. Al llegar a la casa. Lo hizo en un estado muy malo. Se notaba que por suerte habÃa llegado. Ãl dice que ni siquiera recuerda cómo es que llegó. Por suerte, jamás en toda la vida volvió a encontrarse con aquella chica. Con lo que se se encontró fue con algunas otras historias que provienen también de otras personas que la han visto. Pero a diferencia de él, son los taxistas los que ven este tipo de entes, estas historias que se cuentan, no se logran mantener de acuerdo. Algunos dicen que la ch chica perdió la vida en un accidente automovilÃstico. Otros dicen que fue vÃctima de un ladrón o de un taxista. Otros dicen que, a lo mejor fue un crimen pasional. Pero en lo que todos están de acuerdo y también mi padre es en que si la ves no te debes de detener. Mi nombre es Francisco Méndez. Mi experiencia, aunque algo corta, pero de las más impactantes que he tenido, se remonta tan solo tres años atrás. Yo soy militar y a lo largo de esta vida yendo de Estado en Estado, participando en diferentes operativos, jamás me habÃa ocurrido algo tan impactante como aquella noche, y eso que no lo vi yo solamente lo vivà mis compañeros. Por otro lado, ellos sà fueron testigos de la presencia de un ente paranormal, pero no me quiero adelantar sucede que nos encontrábamos en un retén. HabÃa un operativo a lo largo de este Estado. Era uno de los Estados fronterizos de México. Como sabrán, en la frontera las cosas siempre están muy calientes y los retenes, nuestros retenes, tanto de la marina como del ejército, son bastante comunes. Aquella noche, todo habÃa estado de lo más normal. HabÃamos detenido algunos camiones, algunas motocicletas, algunos autos familias. No habÃa pasado nada normal. Hasta ese momento no habÃa visto señales del crimen organizado, por lo que, al pasar las horas y hacerse cada vez más de noche, empezó a pegarnos el sueño. HabÃamos tenido unas horas muy cortas para dormir y para este momento la mitad de nuestros elementos se encontraban dormidos. Iban a tomar una siesta, por asà decirlo, de algunas dos o tres horas después nos tocaba a nosotros y fue en este preciso momento en que vimos que ahà a la distancia venÃa un camión, un camión que traÃa una caja, pero esta caja venÃa vacÃa. No era una caja normal como la de muchos camiones. Esta era una caja como que pertenecÃa a uno de esos transportes que llevan ganaderÃa. Esta caja venÃa con hoyos, ventilación y, además, por el olor. Se podÃa notar que en ella transportaban animales cerdos vacas, en fin, todos los animales a los que llevan a las granjas industriales. Como era de rutas. Tuvimos que detenerlo. Le hicimos unas preguntas que eran valga la redundancia de rutina nuestra y mientras yo estaba charlando con él, uno de mis compañeros, como era su trabajo, fue caminando y alusando esta caja del camión. Esto no era nada extraño. Lo hacemos a todos los vehÃculos, autos, camionetas, camiones, autobuses o no habla mientras que el otro está vigilando, registra todo el automóvil o al menos le da un rodeo para ver que no venga nada extraño. Mientras yo me encontraba conversando con este operador, mi amigo pegó un grito. Pegó un grito y inmediatamente me dijo no dejes que se vaya. No dejes que se vaya. Inmediatamente metro compañero se le sumó y ambos corrieron hacia la caja, hacia la parte de atrás en donde se habÃa. Obviamente, yo, al verlos tan alterados alcé mi arma, le quité el seguro y empecé a apuntar al operador pensé que habÃan encontrado algo. Al pasar unos breves segundos y ver al operador que por su mirada me comunicaba que estaba tan confundido como yo, me preguntó qué era lo que pasaba, que porque lo habÃan detenido, que se habÃan encontrado algo en la caja. Yo, antes de contestarle, mis compañeros me llamaron, me dijeron que lo bajara, ya que requerÃan que abriera la caja, ya que ésta poseÃa un candado. Yo le expliqué la situación y él, temblando bajo de su trailer, caminó y se dirigió al candado y mientras lo estaba abriendo, yo le pregunté a mis compañeros qué era lo que habÃan visto. Los dos me contestaron que ahà dentro venÃa una niña, una niña que se encontraba en pésimas con s que posiblemente se encontraba en contra de su voluntad o algo por el estilo. El camionero, al escuchar esto, simplemente empezó a temblar aún más y acto seguido, se sentó en el pavimento. Yo me quedé cuidándolo mientras que los dos de mis compañeros se metieron. Estuvieron ahà por varios minutos, tal vez unos quince o veinte. Registraron toda la caja, todo el piso, las paredes de ésta, pero no encontraron nada. Ellos volvieron y le preguntaron que dónde la habÃa escondido, qué sabÃa, una puerta secreta o algo el camionero ya para este momento y cosa que me sorprendió es que se encontraba llorando. No estaba llorando muy fuerte. Simplemente se le caÃan las lágrimas, sus ojos estaban rojos completamente. Le preguntamos qué era lo que sucedÃa, que dónde estaba la niña. Ãl simplemente nos dijo que no existÃa la niña, que no era la primera vez que alguien veÃa algo asà en su camión y sin que mis compañeros le dijeran nada, él se empezó a decir dÃgame jefe, esa niña tenÃa dos coletas y no tenÃa ojos. Cierto, Yo simplemente volteé y vi la cara de asombro de los dos. Ambos contestaron que no podÃan decir que no habÃan visto que tenÃa ojos, ya que la niña se encontraba en la sombra, se encontraba sentada y se encontraba con su vestido y parte de su cara, a la cual la tapaba la sombra escurriendo de sangre, el caminero separa de nuevo y nos dice que, efectivamente, esa niña es la que siempre lo acompaña, que años atrás él habÃa tenido un accidente y que más bien no habÃa sido su culpa. Ãl iban uno de estos proyectos y la niña habÃa salido de la nada en una autopista. Ãl venÃa cargado y, a pesar de que trató de evadirla, trató de frenar, no pudo hacerlo. Este camionero nos explica que después de ese accidente quiso contactar obviamente, a los padres, pero nadie respondió por la niña. Se dio el aviso en el pueblo, pero nadie fue por ella. La niña falleció inevitablemente, el camionero se fue y a pesar de que la policÃa lo habÃa detenido. El camionero nos explica que logró librarse gracias a las cámaras que su misma empresa implanta en los camiones. Esto más que nada para tener claridad a la vez que ocurren los choques de ver quién tiene la culpa y también para en unos casos muy extremos como este, que vean que el conductor simplemente iba por la autopista y que no tuvo manera de evitar esa pérdida. Y a partir de ese momento de ese dÃa, el camionero dice que el espÃritu de esa niña no lo ha dejado tranquilo. Siempre lo ha acompañado. Desde entonces, mis compañeros continuaron buscando esta niña por otros cinco minutos, pero no habÃa nada. Tuvimos que dejar ir al camionero, el cual se veÃa que se encontraba en un estado muy nervioso. Le dijimos que se fuera con cuidado, ya que no querÃamos que chocar o se volcara más adelante. Ãl simplemente se tomó unas pastillas y continuó. Cuando hablé con mis camaradas, ellos me explicaron que habÃan visto a la niña y uno de ellos, efectivamente, aunque no lo querÃa admitir en ese momento, uno de ellos si la habÃa visto bien, esa niña no tenÃa ojos. Mi nombre es Erasmo Montenegro. El relato que les quiero compartir, al menos de mi parte, es una experiencia corta, pero se las quiero acompañar de una leyenda, una leyenda que está unida a esta experiencia. Verán en mi trabajo mayormente visito pueblos, pueblos de México. Soy un militar y, por lo regular me mantienen, ya sea en el sur o en el norte del paÃs. Si bien me han mandado a ciudades, la verdad es que he visitado más pueblos, más o menos escondidos y de cierta manera me gusta más ir a este tipo de lugares. La gente es muy amable. Puedes respirar un aire fresco y también te cuentan muchas leyendas que se dan origen en esas calles, en esos rÃos, en esos montes, en los cerros. Esto ocurrió en Baja California. Todo comenzó cuando estábamos pasando ya por la madrugada cerca de una capilla, o más bien se tiene que decir lo que quedaba de esta. Ciertamente no estaba destruida ni estaba en ruinas, pero las ventanas estaban tapadas con madera. La pintura de la iglesia estaba caÃda casi en su totalidad, despedijada, despintada, varias columnas ya se habÃan caÃdo. Los pueblos que estaban alrededor de esta eran pueblos con personas humildes. Asà que lo que creÃmos cuando pasábamos cerca de aquella capilla es que, a lo mejor de vez en cuando la iglesia la ocupaba, porque dentro de ella podÃamos ver una luz que salÃa desde adentro. Esta luz era tenue. No podrÃa decir que eran luces como focos lámparas, era como la luz que provendrÃa de alguna veladora o de velas en conjunto. Nosotros no le prestamos atención a esto. Ãbamos en las camionetas y estábamos pasando rápido cuando en eso nos llamó la atención. Un detalle más y es que se escuchaba una voz que provenÃa desde adentro de esta capilla. Los cuatro que Ãbamos sentados en la parte trasera de la unidad de la camioneta vimos esta iglesia y escuchamos también cómo aquella voz hablaba y también cómo se reÃa. Tan solo segundos después esto nos llamó fuertemente la atención, ya que se escuchaba que solamente habÃa una persona. Pensamos que tal vez se trataba de alguna oración o tenÃan alguna misa. A final de cuentas, no nos querÃamos entrometer mucho entre las costumbres de los pobladores, pero claro esto nos cosionó una cierta curiosidad y a la mañana siguiente, cuando hablamos con unos pobladores, unos señores, era un par de matrimonios con los cuales ya habÃamos hablado anteriormente. Eran unas personas muy amables. Les platicamos sobre este extraño suceso que habÃamos tenido. Les preguntas que a qué religión o qué culto manejaba aquella capilla. No se parecÃa para nada a las catedrales que habÃamos visto o a las iglesias que habÃamos visto, obviamente, de la religión católica. Estos señores se quedaron un momento en silencio, pero después nos dijeron que en aquella parte donde nosotros comentamos que habÃamos visto una capilla habÃa existido una, pero que hace años se habÃa destruido passe. Resulta que ese dÃa que se destruyó la capilla, todos llevaban una vida normal en el pueblo. De hecho, ese camino por el que habÃamos pasado era un camino el cual los pobladores utilizaban mucho. Lo dejaron de utilizar este mismo dÃa. Y es que, mientras caminaban en sus carreras, con su leña, con sus vÃveres, desde adentro de esta capilla, se escuchó algo. Se escuchó una voz, al paso de los segundos, una risa y, al paso de más segundos, gritos, gritos que provenÃan desde adentro de la iglesia. Los pobladores fueron, ya que esta iglesia, obviamente pertenecÃa a la religión católica. Como todas las demás, entraron siguiendo aquellos gritos que parecÃan desesperados y lo que vieron los dejó simplemente sin palabras. Unos empezaron a rezar, Otros empezaron, Otros empezaron a persinarse? Otros simplemente empezaron a gritar? Maldiciones, otros se desmayaron y otros simplemente se fueron corrieron de lo que sus ojos habÃan visto, y es que en el centro habÃa un Cristo, una figura la cual estaba hablando y haciendo todos esos sonidos que salÃan de la iglesia. Esta figura empezó a decir cosas, cosas personales que solamente los habitantes del pueblo sabÃan o se rumuraban. Empezó a desenmascarar ciertos crÃmenes desde simplemente personas que robaban a escondidas ladrones de cosechas, ladrones de tiendas, y también pasó después a decir las infidelidades del pueblo. Era como si esta figura supiera todo todos los más oscuros secretos de aquellos habitantes. Y si bien muchas personas estaban asustados en ese momento, sobre todo por la información que esta figura estaba dando, lo que detonó en la furia o mejor dicho lo que detonó en que las personas hicieran algo fue que esta figura empezó a decir las fechas exactas y cómo es que cada una de las personas que estaban ahà presentes iba a perder la vida, algunos viejos y otros jóvenes. Las personas comenzaron a ponerse histéricas, empezaron a gritar, empezaron a tomar palos y empezaron a callar a la fuerza a aquella figura que muchos argumentaban en ese momento estaba poseÃda. No contentos con esto. Solamente aquella iglesia, que simplemente estaba parada en obra negra, terminaron destruyéndola algunas pocas paredes que estaban pintadas. También el sacerdote, por otra parte, no se opuso. El padre explicó que cualquier cosa que hubiera podido entrar en aquella iglesia no iba a querer irse. Y fue asà como esta iglesia se vino abajo, ya que el camino se cambió por completo. Los habitantes ya no quisieron pasar por este. Lo curioso es que este matrimonio, que es quien cuenta esta historia, esta leyenda, dicen que no fueron ellos los que vivieron este asunto, sino sus abuelos, asà que ya se imaginarán cuántos años tiene esto. Sà pusieron atención al relato. Escucharon que varias veces este matrimonio dijo que aquella iglesia ya no existe, pero que el lugar habÃa quedado con una cierta advertencia que los habitantes ya no pasaban por ahÃ, a lo cual yo les contesté, pues aquella iglesia sigue de pie. Ahà está todavÃa. Mis otros compañeros, los otros elementos, dijeron lo mismo, pues los cuatro la habÃamos visto. Los pobladores simplemente no nos creyeron. Ãbamos a regresar junto con el convoy por ese mismo camino tan solo dos dÃas después. En esa ocasión creÃamos que Ãbamos a cerciorarnos e Ãbamos a tomar pruebas. Ya hacÃa fotografÃas con nuestros celulares para decirles que sÃ. Efectivamente, la iglesia estaba de pie. Pero cuando Ãbamos pasando por aquel lugar, cuando nuestra camioneta pasó por aquel claro no vimos ninguna iglesia, tan solo unos muros, unos pocos muros levantados que ya se estaban cayendo a pedazos. Incluso un árbol habÃa nacido en medio de ésta, en medio de donde se suponÃa, se encontraba aquella iglesia y hasta hoy ninguno de los cuatro logramos explicarnos qué fue lo que vimos. Estamos más que seguros que vimos una iglesia, pero una iglesia fantasma que desapareció y la voz que venÃa junto con ella también También me causa un poco más de curiosidad es la luz que provenÃa desde dentro de ésta, de quién era o mejor aún quién la habÃa traÃdo. La voz que salÃa de la iglesia, probablemente era del mismo Cristo. Extrañas leyendas y aterrador. El relato se encuentra en los pueblos. Espero contarles otro relato en otra ocasión. Saludos a toda la Comunidad. Otra experiencia que me sucedió ocurrió en Tuxpan, de igual manera, en un retén, pero a diferencia de la otra historia que les acabó de contar esta carretera o más bien camino, porque en su mayorÃa era de tierra, estaba muy solitario. HabÃamos estado ahà cerca de unas doce horas y nadie pasaba. Era simplemente un camino que se nos ordenó cubrir por si acaso, como sabrán, al caer la noche, el camino estaba despejado a excepción claro de aquel monte que se veÃa a lo lejos y de los árboles. La luz de la luna iluminaba muy bien. Aquella noche podÃamos ver todos los claros, podÃamos ver a lo lejos incluso las luces de algunos pueblos. Esto me ocurrió y por qué es importante para la historia en una fecha muy importante para México, muy importante para nuestras tradiciones. Sucedió un dos de noviembre, como sabrán, era el ya de muertos y creo que esto en parte explica lo que vimos aquella noche, porque, a lo lejos, y no solamente yo sino otros militares, también empezamos a ver siluetas, unas siluetas extrañas que bajaban desde un pequeño cerro que se encontraba a la lejanÃa. Obviamente, esto nos llamó la atención, ya que por esos lugares no se encontraba ninguna vivienda. HabÃamos hecho el rondÃn, el sondeo por todo el perÃmetro. Particularmente en aquel lugar se suponÃa que no habÃa nadie. Y por qué estábamos tan interesados en esto, pues porque estábamos en un lugar el cual habÃa ocurrido recientemente tiroteos encuentros, y no solamente entre cárteles enemigos, sino también con nosotros. Entonces estábamos al pendiente de cualquier cosa extraña que sucediera a los alrededores, ya que nos podrÃan sorprender en cualquier momento, sobre todo si no conocÃamos muy bien el terreno con binoculares en mano. Tres de nosotros nos acercamos hasta aquella posición, todo por órdenes. Claro, fuimos acercándonos obviamente despacio y en asedio, cuando estuvimos lo suficientemente cerca, sacamos los binuculares y empezamos a observar aquellas siluetas. Tan pronto las vimos no supimos cómo actuar, ya que, si bien eran siluetas de personas, vestÃan de una manera muy extraña. Era como si todas estas todas estas personas que bajaban del cerro una tras otra, una tras otra, llevaran un velo, un velo totalmente oscuro, y también toda la vestimenta que traÃan era completamente oscura, ya que si bien podÃamos ver con la visión nocturna de los binuculares, no lográbamos ver alguna ropa diferente, algún color diferente. Todo estaba oscuro. Pero esto no fue lo más extraño que vimos. Y es que podÃa ver que en el interior de estas personas, a la altura de su pecho o de su estómago, irradiaba una luz. Era una luz blanca, una luz tenue. Gracias a esta luz es que podÃamos ver las siluetas. Estas personas se encontraban caminando bajando del cerro. SÃ, pero por un lado oscuro donde se encontraban los árboles. Esta luz que proporcionaban las siluetas era lo suficientemente brillante para llamar nuestra atención, pero no lo suficiente como para causar un alboroto. Estábamos más que seguro que se trataban de personas, Asà que nos fuimos acercando, caminamos y caminamos hasta que llegamos hasta aquel cerro. Una vez que llegamos ahÃ, no encontramos a ninguna persona. Empezamos a hacer el sonde, empezamos a revisar por todos lados obviamente con las armas preparadas, por si esto se trataba de alguna emboscada, pero por más que buscamos no encontramos a nadie. Después de estar rodeando el cerro y comunicar que no habÃamos encontrado nada, recibimos nuevas órdenes de subir a este. TenÃamos que subir rápido y bajar rápido simplemente a cerciorarnos de que las personas a lo mejor en lo que Ãbamos para allá, a lo mejor se habÃan subido. Lo hicimos de igual manera totalmente en silencio y a la expectativa de cualquier cosa. Cuando llegamos a la cima, no encontramos personas, pero si encontramos algo, lo que nos encontramos fue una especie de cementerio. HabÃan cerca de siete cruces, siete cruces que se encontraban en la cima de este cada una de ellas con un nombre y apellido diferente, pero todas ellas. Al revisarlas, vimos que tenÃan algo en común, y es que el año y el dÃa de fallecimiento era el mismo, el mismo para todas las cruces Eso querÃa decir que todas las personas habÃan fallecido el mismo dÃa y el mismo año juntas y muy posiblemente en aquel sitio. Una vez, habiendo checado esto, bajamos inmediatamente del cerro, llegamos con los demás del grupo y les explicamos todo lo que habÃamos visto entre platiqué pláticas. Sacando nuestras propias deducciones, llegamos a la respuesta que lo que habÃamos visto y tomó cuando en cuenta que era dos de noviembre, supusimos que lo que vimos eran las almas de aquellas personas. Bajando de aquel cerro para visitar a los vivos en ese dÃa. Después de todo, el camino por el cual se dirigieron era el mismo camino que llevaba al pueblo. Esa fue mi experiencia. Gracias por escuchar mis historias. Saludos a todos. Desde Aguascalientes Hola a todos. Mi nombre es John y soy de Honduras, Centroamérica, oriundo de un distrito o departamento del mismo llamado Kamayagua. Mi experiencia es personal. Tengo formación militar desde mi casa. Prácticamente mi padre, que en paz descanse fue militar, por lo que se me crió con mucha disciplina Desde pequeño. Tuve entrenamiento militar y también tengo vocación de profesor, pero por cuestiones de salud me retiré de las actividades militares. Por lo de mi profesión de maestro, decidà mejor entrar a la universidad, a la Universidad Pedagógica, Francisco Morazán, especialista para preparar maestros por cuestiones de carencia de trabajo. Terminé abandonando la capital y también los estudios de profesor de matemáticas y regresé a mi pueblo, a mi ciudad natal. Regresé a Comayagua a principios del año dos mil diecinueve. Desde entonces conseguà trabajo como oficial de seguridad en muchas empresas, muchas de estas empresas de seguridad privada, y lo que les quiero contar me sucedió en una de ellas. Mi experiencia comienza cuando me desempeñaba como guardia de seguridad en el valle de Comayagua, frente a la cementera llamada Argos. HabÃamos dos compañeros de dÃa y dos de noche, mi compañero Eduard y yo su servidor estábamos de noche cuidábamos una planta solar. Esta misma abastecÃa de energÃa a la fábrica cementera vecina que se encontraba a unos pocos metros. Los encargados y trabajadores de la planta entraban a las siete de la mañana y salÃan tipo cinco de la tarde. Claro, nosotros hacÃamos el protocolo de revisión y anotar todo es una planta millonaria de origen colombiano. HacÃamos rondines a todas horas, de ocho a nueve, rondines de dÃa y y de noche. Decidieron cambiarnos por alguna razón al turno de veinticuatro horas. Obviamente, al cambiarnos al turno de veinticuatro horas, el horario iba a ser muy pesado. Básicamente, un dÃa completo y una noche completa. Hasta este punto, todo el trabajo, todo lo que desempeñábamos, tanto mi compañero como yo habÃa estado normal. Los rondines hacÃan cada cierto tiempo, como ya expliqué, y lo llevábamos a cabo de la manera más natural posible. No sé en qué punto o el por qué empezaron a suceder estas cosas paranormales. Todo empezó una noche y creo que, al igual que yo y mi compañero lo vivimos al mismo tiempo me encontraba ayudando mi rondÃn de noche cuando en eso empiezo a sentir una fuerte ventisca. En un principio yo pensé que esta ventisca era simplemente algo normal del clima. Estaba yo caminando entre los paneles solares en ese sendero, cuando de pronto viene esta ventisca, pero en forma de vaivén muy volátil, muy fuerte, como si el clima fuera a cambiar repentinamente. Pero el caso aquà es que, al golpearme esta ventisca, tanto yo y mi compañero acordamos que nos dio un cierto escalofrÃo, como que algo iba a ser aparición aquella noche. Esto fue lo primero que nos pasó, al menos en relación a la experiencia. Los dÃas pasaron y cada vez se puso peor. En cierta manera, esta venta que pegaba todas las noches afectó más a mi compañero que a mÃ. Ãl no querÃa salir a la rondines durante la noche más que nada porque tenÃa un mal presentimiento. Yo tengo entrenamiento militar y se me enseñó a no ser tan supersticioso. Entonces llegamos a un acuerdo. Ãl iba a ser todos los rondines durante el dÃa y yo todos los rondines durante la noche. De esa manera nos repartimos. Pero un cierto dÃa, uno por la tarde, cuando me encontraba comiendo, me encontré con un extraño perro. Era un perro que a lo que yo considero se trataba de la raza pastor animal. Era grande, muy robusto, con una franja blanca que recorrÃa todo su lomo hasta la cola. La peculia de este perro, que si bien se veÃa enorme, era que sus ojos, sus ojos parecÃan pegados. ParecÃa un perro ciego. No solamente yo lo vi sino también mi compañero y este perro no lo dejamos de ver durante los dÃas, sino que ahora también lo veÃamos durante las noches. El primer encuentro que tuve con él, yo le di de comer y este comió. Pero aún asÃ. Esta extraña aura que este perro manifestaba era demasiado como para pasar lo desapercibido. Recuerdo que a varios rondines, cuando yo iba por la noche, veÃa a este perro parado por fuera de la cerca, observándome hacia adentro. Sé que esto pueda parecer raro al decir que ciego, pero parecÃa que ese perro sabÃa dónde ver y en qué momento, Hasta claro que llegó una noche pude ver lo mejor. Este perro sà tenÃa ojos, ya no los tenÃa cerrados como las veces anteriores. TenÃa unos ojos rojos completamente brillantes y rojos junto con una mueca extraña. Mirándome desde lo lejos, este perro no se encontraba. Solo en aquella ocasión pude ver una sombra, una sombra de un hombre. Era un hombre que al parecer, llevaba una gabardina oscura. Junto con un sombrero, este hombre se mantenÃa cerca de un árbol y este perro se mantenÃa junto a aquel hombre. Tan pronto me fui acercando. Este hombre se fue ocultando por las ramas de este mismo árbol. Este perro aparecÃa peculiarmente en el mismo lugar casi todas las noches y claro cada vez que habÃa una ventisca que ese escalofrÃo nos recorrÃa al cuerpo. Tanto a mà y a mi compañero sabÃamos que esa noche el perro iba a andar cerca era como si ese viento pro nosticara en la presencia de aquel can que. Para ese momento ambos sabÃamos que no era un perro normal. Mi compañero es un poco más asustadizo que yo y tiene derecho a hacerlo. La situación era muy extraña y él no tenÃa experiencia, ni inseguridad ni militarizada como yo. Asà que varios encuentros que tuve con este perro, a decir verdad, me los guardaba. No querÃa asustar por asà decirlo, Y a pesar de que mi compañero simplemente daba los rondines durante el dÃa, esto no lo salvó. De encontrarse con aquel can él dice que iba caminando por el mismo sendero por el cual yo caminaba todas las noches, pero que, para su desgracia, se encontró con el perro esperándolo desde el otro lado de la cerca. Este perro, aparte de tener ahora los ojos rojos, mi compañero decÃa que tenÃa una mueca, una mueca muy humana, como si éste estuviera sonriendo, como si este tuviera una mueca de de una persona con colmillo sonriendo. Obviamente, él se regresó de inmediato a la caseta y esta experiencia simplemente bastó para que él tomara en consideración muy seria abandonar el trabajo. Ãl no querÃa estar lidiando con ese tipo de situaciones, ya que no iba a estar ni a salvo durante el dÃa ni durante la noche. Después de pasar cierto tiempo, yo me encontraba de nueva cuenta dando el rondÃn cuando en eso veo un señor, un señor ya de una edad adulta, estaba pidiendo trabajo, Asà que me comentó tan siquiera si en la planta o en mi agencia estaban solicitando y yo le di la información claro, pero no pude evitar preguntarle sobre cosas que sucedieran alrededor de esta fábrica. Esto lo pregunté simplemente por mera curiosidad, pero aquel anciano me dio una respuesta que yo francamente, no me esperaba. DecÃa que por esos lugares habÃan visto un perro, un perro con extraño ña apariencias, un perro con los ojos rojos que iba de un lado hacia otro. En un principio, igual que nosotros, creyeron que era un perro callejero, pero al paso del tiempo, este perro se ganó el apodo del perro del diablo. Esto también porque se dice que el que lo acompaña siempre se trata del mismÃsimo diablo. Al enterarme yo de esto, no se lo dije a mi amigo, obviamente lo iba a espantar más y no necesitábamos eso claro hasta un cierto dÃa en el que él de nueva cuenta vio a este perro y ahora acompañado por este extraño sujeto que, a diferencia de mà que lo habÃa visto por fuera de la reja y de espaldas, este sujeto y este perro se encontraban ahora adentro de la fábrica, por dentro de la reja, y ahora él lo podÃa ver más claramente. Este sujeto extraño, al igual que el perro, tenÃa los ojos completamente rojos y observaba muy detenidamente a mi compañero. En aquella fábrica, nosotros tenÃamos una arma de fuego. No era una de las armas más modernas, pero pero no servÃa más que nada. Como ya les dije anteriormente, la planta era millonaria. HabÃa muchas cosas costosas y sobre todo los paneles costaba mucho dinero. Por ende, tenÃamos permitido traer este tipo de armas por si algún delincuente se querÃa meter durante la noche. Mi compañero quiso usarlas. En aquella ocasión le apuntó aquel hombre y le apuntó al perro, pero no pudo detonarlas. Ãl dice que estaba paralizado el miedo. Habien tumido todos sus huesos, no pudo dispararles, no pudo jalar el gatillo. Después de esta experiencia y yo sincerándome con mi compañero contándole todo lo que este anciano me habÃa contado sobre el perro del diablo, él tomó la decisión de irse. En ese mismo momento presentó su baja y aquel fue el último dÃa en el que compartimos la guardia antes de irse, optamos por una solución, tal vez una solución muy supersticiosa, si quieren creerlo asÃ, y es que, con ayuda del olivo empezamos a hacer cruces, una y otra y otra cruz, las cuales fuimos colgando y ubicando en todos los postes y las cercas, rodeando asà de manera general toda la fábrica y pusimos un crucifijo, un crucifijo grande, un poco más detallado, en donde siempre ese perro o aquel hombre aparecÃa al final de aquel sendero, colocamos al crucifijo. Ahà y de una manera sorpresiva, aquellos entes dejaron de manifestarse. Fue asà como solamente aquellos espÃritus nos dejaron tranquilos. Yo estuve por un mes y medio más trabajando en aquel lugar, pero obtuve un mejor trabajo con una mejor paga y, obviamente, teniendo todo lo que habÃa vivido en este lugar, fue fácil para para mi dejarlo. Gracias por escuchar mi historia. Espero muy pronto contarles otras experiencias que me han pasado. Les mando un fuerte saludo a toda la Comunidad de la cripta embrujada




