RECOPILACION DE RELATOS DE TERROR DE CARRETERAS Y CAMIONEROS / CUIDADO CON LAS CRUCES EN LAS CARRETERAS / L.C.E.

Desde leyendas y reglas extrañas que siguen los traileros para no pasar por experiencias paranormales, hasta relatos de conductores que han sucedido por estas mismas.
Desde leyendas y reglas extrañas que siguen los traileros para no pasar por experiencias paranormales, hasta relatos de conductores que han sucedido por estas mismas.
Esta historia nos la manda un camionero que dice que en toda su vida, destinando su vida a este trabajo, en ninguna ocasión por más que estuviera manejando de noche, por más que el clima o las rutas estuvieran de lo peor o incluso pasar por carreteras embrujadas o que se creen que son embrujadas. Ãl habÃa recorrido todo eso y, a pesar de esto, dice que nada lo habÃa preparado para esta experiencia y, después de haberla vivido, tomó sus precauciones para su siguiente transcurso, adoptó ciertas reglas que seguÃa al pie de la letra cada vez que salÃa a carretera. Este caminero nos cuenta con su historia que a veces, aunque estés manejando de lo más tranquilo, a veces hay cosas en la carretera, sobre todo esas carreteras lejanas que te pueden seguir? Tú puedes sentir esta aura? Tú puedes incluso sentir como alguien te vigila desde dentro de tu vehÃculo. Y es por eso que se dicen entre camioneros y transportistas que hay que decir ciertas oraciones. O encomendarte al Santo de tu preferencia, independientemente de la religión que tengas, para que por lo menos estos te protejan y que nada en la carretera se te suba. Como le pasó a este camionero, que sea lo que sea, que se le haya subido en el camino, lo llevó consigo hasta la casa de su hermana. Mi nombre es Rodolfo Cobos. Esta experiencia que les quiero contar sucedió cuando yo me encontraba trabajando de trailero. Actualmente ya estoy pensionado, pero durante muchos años e incluso antes de ser camionero, yo ya transitaba por todas las carreteras del paÃs. Siempre me ha gustado el trabajo de transportista. Yo tenÃa la costumbre que cuando me encontraba cerca de la casa de mi hermana iba a visitarlos, a mis sobrinos, a ella, a mi cuñado les avisaba. A ellos estaban más que felices. Cuando yo iba mi sobrino, el más pequeño de todos, tenÃa la costumbre de que siempre cuando yo llegaba, él se subÃa al camión inmediatamente a esa edad. Esto es muy asombroso ver un vehÃculo tan grande y estacionado en su garaje. Ãl tendrÃa algunos nueve u ocho años. Se subÃa, simulaba que manejaba, iba al camarote, transculcaba todo prácticamente al pasar el tiempo, yo lo fui dejando solo. Cada vez que iba a la casa de mi hermana, le dejaba el camión abierto y él se podÃa subir y estar ahà incluso como una hora o dos horas, prácticamente hasta que lo bajábamos a la fuerza. Pero ocurrió una ocasión en el que le pasó algo o más bien vio, algo que hizo que se distanciaera definitivamente de este camión y de cualquier otro, al menos por unos años. Passe Resulta que yo tenÃa un viaje y durante ese viaje tenÃa una sensación muy extraña. Era una sensación rara que progresivamente, mientras manejaba, iba empeorando. Al principio, yo me sentà raro, me sentÃa incómodo y mediante que pasaban más minutos, estas sensaciones fueron escalando. Obviamente, como pensarán, yo traÃa la cabina y los asientos completamente oscuras. Era de noche solamente mi mirada iba fija hacia el camino, pero empecé a sentir una presencia, una presencia rara, volteé varias veces al asiento del copiloto. SentÃa como si alguien viniera sentado a un lado de mÃ. SentÃa esa mirada clavada observándome fijamente. Incluso en dos ocasiones, en unas vueltas, yo me salà de la carretera o un par de llantas se salieron y eso que iba cargado, como que el camión no me obedecÃa. Recuerdo que incluso los frenos fallaron en una vuelta. Esto me tenÃa muy preocupado. Jamás me habÃa pasado esto. Yo siempre habÃa mantenido el control en todos esos transcursos. Esto que me pasaba era totalmente ajeno a mÃ, a duras penas y francamente no sé cómo completé el viaje, pero esa extraña sensación, esa mala vibra, no se me quitaba. Fui con mi hermana. Ella sabrá sobre barrer, sobre quitar auras pesadas y todo eso yo me sentÃa muy susceptible. En ese momento llegué a la casa de mi hermana. Estacioné el camión como siempre. Lo que me sorprendió en primer instante es que mi sobrino no saliera corriendo, ya que era el prerio primero que salÃa y les decÃa a todos que ya habÃa llegado e inmediatamente se subÃa al camión y ahà se quedaba él mientras yo me bajaba. Pero mi sobrino no salió. Yo entré a la casa y en eso me doy cuenta de que mi sobrino tiene visitas, tiene más amiguitos. Me saluda y me pide permiso que si todos sus compañeritos pueden subir al camión, yo le digo que sÃ, que no hay problema alguno. Pero antes de eso, mi hermana lo manda a él y a todos sus amiguitos que recojan todos los juguetes que están en el patio trasero. Ah ella habÃan estado jugando. TenÃan que recogerlos todos y solamente de esa manera podÃan después subir al camión. Ellos se fueron y yo me quedo hablando con mi hermana. Después de explicarle todo lo que traÃa, ella me empezó a barrer con matas con diferentes lociones y después de pasar unos minutos, veo que por la ventana de la casa pasan las siluetas de los niños. Mi hermana tiene un pasillo que une al patio trasero con el graje de enfrente. Por ahà empecé a ver a los niños pasando corriendo todos y en cuestión de segundos, escuché como la puerta del tráiler se empezó a abrir ambas puertas. Lo que pensé, obviamente, es que los niños ya estaban jugando dentro del tráiler. Yo seguà platicando con mi hermana habrán pasado como cuatro o cinco minutos máximo. Cuando en eso entra un niño con una pelota, pide permiso a mi hermana para tomar agua, pero en eso, cuando me ve se sorprende bastante. Tira la pelota al suelo. Incluso el niño asombrado me ve y me dice señor cómo puedo llegar tan rápido aquÃ. Yo lo vi hace apenas unos segundos adentro del camión. Yo estoy totalmente confundido. Cómo que me viste. Le replico si yo he estado aquà todo el tiempo. Ãl me dice nuevamente no, señor, usted estaba con nosotros ahà adentro del camión. Yo lo vi y también todos. Mi hermana aún más confundida. Le dice al niño cómo que lo viste. Y en ese momento los dos nos paramos y fuimos inmediatamente al camión. Yo pensé que tal vez alguien se habÃa metido y cuando voy abriendo la puerta veo a los demás niños. Ellos vienen bajando con unas caras tristes, pero al verme todos casi al mismo tiempo sus ojos se les abren como platos, y mi sobrino me dice tÃo cómo que estabas adentro te. Acabamos de ver ahà arriba del camión y confundido. No sé lo que está pasando. Yo voy y abro las puertas, pero no encuentro a nadie. Toda la cabina está sumergida en total obscuridad en Tinieblas. No hay nadie en ahÃ. Mi sobrino muy espantado y el resto de los chiquillos también me dicen me aseguran y me juran que me habÃan visto sentado en el asiento del copiloto. Cuando yo y mi hermana los sentamos en la sala. Les preguntamos con exactitud qué era lo que habÃan visto. Ellos no estaban mintiendo. Todos decÃan lo mismo. Nos dieron la explicación de que ellos habÃan abierto la puerta y estaban subiendo al camión cuando de pronto vieron que yo me encontraba sentado en el asiento del piloto tomando el volante con ambas manos. Mi sobrino se subió primero e intentó hacerme do según él, pero dice que yo no le contestaba. Yo me mantenÃa callado sin decir ni una sola palabra, sin hacer ni un solo ruido. Dice mi sobrino que intentó encender las luces de adentro. Hay algunas luces que basta oprimirlas para que se enciendan, pero por alguna extraña razón, estas luces no servÃan por más de que las presionó y diferentes ninguna encendÃa. Ellos dicen que solamente pudieron ver mi silueta, pero no pudieron ver rasgos. Era de noche y dentro de la cabina estaba todo oscuro. Ellos asumÃan que era yo, ya que al menos el cuerpo o las proporciones se parecÃan a mÃ. Todos hubieron y dijeron que intentaron hacerme plática, pero yo jamás contesté nada. Yo solamente me les quedaba mirando sin pronunciar ni una sola palabra. En ese momento, los niños pensaron que yo estaba enojado, por lo que optaron mejor por bajarse del camión. De hecho, el chico de la pelota fue el primero que se bajó, ya que mi actitud, según en sus palabras, era muy aterradora. Solamente me les quedaba mirando sin decir nada. Fue en ese momento que entró a la casa y me vio todos ya se estaban bajando por esto mismo. Cuando ven de repente que voy saliendo de la casa. Esto bastó para que los niños se fueran a sus casas. Estaban muy espantados y mi sobrino ni se diga. Tuvieron que pasar años para que él volviera a entrar a un camión él solo, ya que no lo querÃa volver a hacer sin compañÃa de alguien. Por otra parte, yo y mi hermana llegamos a la conclusión de que aquello que habÃa en el camión era probablemente algo que se me habÃa subido en el transcurso del viaje. Seguramente algo un espÃritu, una alma en pena me habÃa acompañado en todo el camino y era esto mismo que yo sentÃa mientras iba conduciendo. Era por esto mismo que me sentÃa muy incómodo, Sentà una mirada, sentà una presencia. Efectivamente, era porque eso me iba acompañando durante mucho tiempo. Yo no creà en las leyendas y las historias que se contaban entre los traileros, varios de ellos diciendo que estas eran experiencias propias. Un consejo que me daban era que el asiento del copiloto me me mientras yo iba manejando, tenÃa que ocuparlo con algo, con lo que sea, pero que lo ocupara que no dejara aquel asiento libre, pues algo se podÃa sentar en él, cualquier cosa que me encontrara en la carretera y podÃa hacerme compañÃa o incluso peor. Si este espÃritu es algo maligno, se dice que incluso pueden ocasionar accidentes intencionalmente. Desde aquel dÃa y hasta que me jubilé, traté de siempre mantener algo ahà y hacia lonche cajas, harapos, bolsas, cualquier cosa para evitar siempre este tipo de pasajeros. Como en el anterior relato, hay algunos camioneros que siguen ciertas reglas. Hay ciertos dichos y este relato que sigue este camero nos dice que, asà como nos debemos encomendar a diferentes deidades para que bendigan de alguna forma nuestro camino y llegar con bien a nuestra casa o a nuestro destino. También tenemos que evitar a toda costa, cuando vamos manejando por estas carreteras, faltarle respeto, incluso aunque no hubiera sido nuestra intención, a los espÃritus que penan por ella. Numerosos son los casos que se han visto que en las cruces donde pierden la vida personas, estas no se van de lugar. Estas ahà se quedan, por lo que se recomienda tener cuidado de perturbarlas. Hola Alex mi nombre es Refugio Cobos. Esta experiencia viene de parte de un amigo mÃo, al que solamente le llamaremos José. Es una historia personal de él. No he hablado con él, asà que no tengo su permiso para contar esta historia. Solamente no referiremos a él como José. Pero antes de contar su experiencia, yo te quisiera contar a TI y a toda tu comunidad que hay ciertos dichos por nosotros, los camioneros y por todas las personas que transitan a menudo por carreteras largas e incluso también por carreteras algo urbanizadas. Y aquà va uno que viene muy ligado a esta historia. Sucede que se dice y es más un consejo que nada, que si tú ves una cruz a un lado de la carretera, o sea que una persona hace meses o años perdió la vida, ahà tienes que persinarte o cuanto menos, ignorarlo, como yo hago y como también muchos otros compañeros lo hacen. Lo que se desaconseja por completo es burlarse de esta, no burlarse para ser, sino soltar comentarios sarcásticos. Algunos camioneros van acompañados, por lo que es muy común decir mira aquél no se fijó bien y mira cómo terminó. O comentarios. Por ese estilo no se recomienda jamás que los digas, porque algunas cruces, algunas almas por el modo en el que perdieron la vida. Algunos dicen que jamás se van de este mundo, que siguen penando caminando por ese tramo de la carretera. Y, obviamente, a este tipo de almas que traen dentro de ellos más dolor que nada, no no les van a gustar tus comentarios y puede que te asusten. Obviamente, esto no lo hace cualquier trailero. Pero otra cosa que se desaconseja rotundamente es que tú te detengas ya se acerca o enfrente de este tipo de cruces. Aunque no hagas nada, puede que estas almas te hagan una visita porque, a final de cuentas, tú estás en su lugar y, por ende, tal vez puedan subir al trailer una vez ya contándoles esto ahora, si les voy a contar la experiencia de mi amigo, él se dirigÃa a ciudad Victoria, Tamaulipas. No iba cargado. Ãl estaba en su tiempo libre, al igual que yo, pero él, en ese tiempo estaba pretendiendo a una muchacha que vivÃa en aquella ciudad e iba a aprovechar estos dÃas para ir a verla por el camino. Ya, una vez que él se encontraba cerca de ciudad Victoria, yo le marqué por videollamada. TenÃa que resolver con él algunos problemas que tenÃamos en el trabajo y también tenÃamos planificado un convivio a la par de otras cosas, éramos muy buenos amigos en aquella época como carne y uña. Cuando él me contestó la videollamada por obvias razones, él orilló el camión, encendió una luz y empezó a conversar conmigo. Entre la plática estuvimos hablando de diferentes temas. Cuando en eso yo me percato que mientras me estoy comunicando con él veo a una persona que se está asomando por detrás, él está sentado en su asiento en el camarote. VeÃa una persona solamente la cara y el pelo de ésta Era una muchacha, una muchacha con tesbla, cabello castaño. Sus ojos eran inusualmente cristalinos. Si tendrÃa que ponerles algún color, yo dirÃa que eran color verde, pero muy transparente. Ella se estaba riendo solamente estaba sonriendo ante la Cámara. Se tiene que decir que, para este punto, yo sabÃa que mi amigo tenÃa una novia en esa ciudad, pero yo no la conocÃa, por lo que al ver esta señorita atrás de él, pensé que se trataba de esta chica, por lo que no le presta atención y seguÃa hablando con él, mientras que esta mujer estaba al pendiente de toda la conversación que tenÃamos. Cuando finalmente arreglamos todos los asuntos, yo le dije en el teléfono oye y cómo te va en victoria, por qué no me presentas a tu novia. Ya veo que anda y contigo a poco ya la subiste al trailer. Después de decir esto, mi amigo se quedó mudo y me puso ojos de extrañeza. Me dijo como que ya llegue a victoria. TodavÃa no llego apenas voy para allá. Estoy todavÃa como a unos quince minutos. Entonces Quién es la chica que traes ahà en el trailer Es una amiga. Mi amigo estaba notablemente confundido. Ãl me dijo pero de qué estás hablando. Yo vengo solo no ha llegado a victoria y no he subido a nadie para este punto. Yo ya no estaba viendo a la mujer detrás. En un punto de la conversación, recuerdo muy bien que ésta se habÃa retirado poco a poco hasta perderse en la oscuridad del camarote. Yo le repliqué sÃ, vi a una chica estabas con una chica ahorita lo vi claramente está tras de ti. Mi amigo empezó a encender todas las luces, absolutamente todo, e incluso con el teléfono mismo me empezó a mostrar todo el camarote y, en efecto, no habÃa nadie. Yo no podÃa creerlo. Yo le decÃa una y otra y otra vez que habÃa visto una mujer ahà con él. Si bien somos amigos, jamás nos hemos llevado tan pesado como para hacernos ese tipo de bromas, por lo que mi amigo en ese momento se fijó por la ventana del camión y passe. Resulta que me dice que se habÃa estacionado precisamente enfrente de una cruz. En ese momento, el esacó la linterna. Yo vi claramente esto y dice que al apuntarla a la cruz, leyó un nombre de mujer. Ãl no recuerda muy bien el nombre. Solamente recuerda que empezaba a carme. No sabe si es Mariana Marta, pero que empezaba con m Obviamente, él no le puso mucha atención, ya que le empezó a dar un escalofrÃo, un miedo absoluto. Ãl me colgó. Me dijo, Ahorita, te Marco, no me dio ni siquiera tiempo de despedirme. Ãl dice que una vez que terminó la llamada, arrancó el trailer y fue a toda velocidad hasta llegar a ciudad Victoria. Una vez ahà y estando en la casa de su novia, retomó la videollamada. En ese momento él me presentó a su novia y era más que claro que esa muchacha era todo lo opuesto a lo que yo habÃa visto. La chica era morena de pelo rizado. Nada que ver con la mujer que habÃa visto minutos antes, después de hablar un poco bromear y al fin quedándonos solos, él me dijo que habÃa cometido el error. Pero más allá de error, fue un descuido de detenerse en frente de una cruz. En ese momento, ambos sabÃamos lo que habÃa pasado. TenÃamos muy en cuenta que el dicho aquella leyenda que se decÃa, pues ambos en ese momento éramos traileros. Lo único que dijimos es que, ojalá, aquel espÃritu no se lo haya llevado. Ojalá, no lo estuviera acompañando, porque habÃa sabido casos que incluso tenÃan que derramar agua bendita dentro del camión del camarote para expulsar esa clase de espÃritus. Por suerte, esto no pasó. Mi amigo continuó con normalidad en su tráiler, pero eso sà mucho más precavido de dónde se estacionaba. Los accidentes suceden dÃa con dÃa tristemente alrededor del mundo ocurren diariamente accidentes, sobre todo en carreteras, ya sea si estas sean concurridas o no. Tanto, muchos de nosotros hemos conocido diferentes noticias y, claro, muchos de nosotros tal vez ni siquiera hemos estado cerca, afortunadamente, de uno de estos accidentes. Gran número de personas, sobre todo las personas que llevan un vehÃculo al ver que son responsables de la pérdida humana de otra persona, deciden escaparse, darse la fuga. Cuántos casos no sabemos. De eso sucede que este siguiente relato es parecido a estas circunstancias. Un camionero que, ya sea por mala suerte o porque el destino ya lo tenÃa premeditado, fue el responsable de un triste accidente y este mismo accidente lo iba persiguiendo por toda la carretera. O al menos es lo que se dice en este relato, que viene de las palabras de dos hermanos. Hola Alex voy a mandarte mi relato, pero quisiera que fuera de la forma anónima. Verás, hace como aproximadamente un año y medio, yo y mi hermano estábamos yendo a pasear en motocicleta. Cada uno tenÃa su motocicleta, pero en ese momento mi hermano le habÃa chucado y, por lo tanto, habÃamos salido los dos juntos en una sola. No tenÃamos ningún motivo aparente para salir. Simplemente nos gustaba ir a conducir darle el rol, como quien dice, y si siempre llegábamos a unas casas que se encontraban cercanas al cerro. Yo vivo en un pueblo. Aquellas casas eran muy humildes, techo de lámina, hechas de madera, algunas de cartón. Eran de personas que apenas estaban haciendo de sus pertenencias. HabÃan comprado terrenos, la mayorÃa familias muy humildes, pero también muy amables y se cuidaban entre todos. Eran personas que venÃan del mismo pueblo del que yo venÃa. Nosotros Ãbamos por esa carretera acelerando la motocicleta por ratos. Ya era de noche para los que se preguntan por qué salÃamos de noche. Era por el simple hecho de que durante el dÃa habÃa demasiado tráfico, y no tráfico como el de una ciudad, sino es que habÃa camionetas, carretas, caballos incluso que iban por la carretera y obviamente, nosotros tenÃamos que esquivar. Durante la noche la carretera en su mayorÃa se mantenÃa totalmente despejada y eso era lo que nos gustaba. Tampoco era muy tarde eran como las nueve de la noche, cuando en eso en nuestro trayecto vimos un camión a lo lejos detenido con todas las luces encendidas. Pensábamos que solamente se trataba de otro camionero que se habÃa orillado, pero no este camión se encontraba en su carril, no se habÃa orillado para nada. Estaba con toda la luz encendidas, obstruyendo el paso Lo que nos llamó fuertemente la atención es que por las luces de este aún encendidas, se podÃa ver la silueta de alguien parado enfrente del camión. Era una persona chiquita, por asà decirlo, y cuando nos Ãbamos acercando, empezamos a ver la forma real de esta persona. Era una niña con un vestido azul y con un caballo muy largo. Nos estaba dando la espalda, se encontraba de pie observando de frente al camión. Nosotros pasamos y solamente pudimos ver en la espalda. Esto nos llamó mucho la atención. Lo que pensamos primero y es que nuestra supervivencia se activó de inmediato. Pensamos que tal vez era un procedimiento para asaltar personas, pero rápidamente caÃmos en cuenta que esto no podÃa ser posible. Si bien habÃa delincuencia en el pueblo, no era de ese tipo de personas que asaltan en la carretera no tenÃan los recursos ni siquiera cómo iban a contratar un camión y cómo iban a poner a una niña en esas condiciones. Después de pensarlo un poco e ir disminuyendo la velocidad más que nada porque habÃa una niña y parada, dimos la media vuelta y regresamos con aquel camión que este sella detenido, pero la niña ya no se encontraba enfrente de él. Yo me detuve a unos metros con la motocicleta todavÃa encendida. Mi hermano se bajó. Caminó tan solo unos tres pasos gritando por la niña diciendo dónde estás, dónde estás. Estas Herida, necesitas ayuda. Cuando en eso desde dentro del camión sale el camionero, un hombre algo robusto, se encontraba como que escondido, ya que salió de la nada estaba agachado. Abre la puerta inmediatamente nos pide ayuda. Sale del camión corriendo, por lo que de inmediato adaptamos posición defensiva. Pero al correr este hombre notamos que no venÃa con violencia. Estaba totalmente espantado. Ãl nos pidió ayuda, Nos dijo que algo lo venÃa persiguiendo desde kilómetros atrás. Nosotros le pregun contamos qué habÃa pasado y él, dudando en sà contarnos, nos dijo que nos dirá la verdad, pero que, por favor, le creyéramos que él no habÃa tomado, no habÃa fumado, no habÃa consumido nada y a las pruebas se remite y que, por supuesto, no estaba para nada loco. Ãl nos dijo que una niña de vestido azul venÃa persiguiéndolo desde kilómetros y kilómetros anteriores. Ãl explica que esta niña salÃa corriendo desde la orilla de la carretera a una corta distancia y él no podÃa frenar él. Lo que hizo fue esquivarla pasarse hacia el otro carril para evitar pasarle por encima. Ãl pensó que lo habÃa logrado, pero su temor aumentó cuando esta niña, nuevamente minutos después en el camino por el que él transitaba, volvió a salir desde la orilla corriendo poniéndose enfrente de nueva cuenta del camión. El trailer o nos platica que otra vez tuvo que esquivar a la niña, pero era la misma. Ãl No se podÃa explicar cómo una niña sin mayor ayuda podÃa adelantársele y salir enfrente de él. Ãl ya estaba pensando lo peor que algo lo venÃa persiguiendo, pero minutos después le sucede lo mismo. Y esto no es otra cosa, sino rectificar que En efecto, aquella niña se le aparece y siempre se pone en medio del camino para que este camionero le pase por encima. Obviamente, al camionero nuevamente la esquiva y él dice que todas las veces que esta niña apareció de la nada alcanzó a esquivarla. Pero hubo una ocasión se puso de frente en la carretera parada mirándolo como se acercaba y se iba acercando y se va acercando y justamente cuando estaba cerca de aquella niña, el camión se detuvo. Este ya no le quiso contestar, no quiso arrancar. Solamente encendÃan las luces. El camionero no pudo hacer mucho más, sino que esconderse y pedir a Dios, pedir a la suerte, a todos los santos, que alguien pasara por el camino, que alguien lo ayudara para ser franco. La historia se la creÃmos inmediatamente porque nosotros habÃamos visto a esa niña, aquella niña con vestido azul, y la habÃamos visto enfrente del camión observándolo quisimos ayudarlo. Le dijimos que lo podÃamos llevar a la motocicleta, o mejor, ya que éramos tres personas y no cabÃamos que nosotros lo Ãbamos a acompañar en el transcurso de aquà al pueblo. Ãl accedió a esto y nos fuimos asà a la par Sorpresivamente, el camión respondió, este camionero nos dio las gracias e incluso nos dio algo de dinero. Pero esta historia no termina aquÃ. Si bien pasó esto e incluso por el mismo miedo de encontrarnos con esta niña, ya no salimos a la carretera, ya no llegamos hasta aquel pueblo, hasta aquellas casitas humildes a las que siempre Ãbamos. Inevitablemente, terminamos yendo un dÃa recuerdo que habÃan pasado exactamente casi dos meses del suceso con el camionero. Fuimos a estas casas porque mi padre necesitaba caballos y habÃa potrillos en ese lugar que estaban vendiendo. Al ir hacia esas casas hablando un poco, ya que eran personas que conocÃamos, nos enteramos de algo que nos dejó con la piel helada. La mayorÃa de las casas se encontrar encontraban de luto, los niños no salÃan a jugar como siempre lo hacÃan ahora, los padres los traÃan de una mano y los vigilaban siempre después de preguntar qué habÃa pasado, sobre todo porque habÃa moños negros en algunas casas. Las personas de ahà nos contaron que hace tiempo habÃa ocurrido un accidente, una niña estaba jugando y al correr por la emoción por no fijarse, habÃa salido a la carretera corriendo y no se habÃa dado cuenta de que estaba pasando un camión. En ese mismo momento, el camión hizo una maniobra, trató de evitar a la niña y hay muchos testigos de esto, pero no lo logró. La distancia era muy corta. A pesar de esto, el camión siguió su curso. No se detuvo. Acababa de anochecer, por lo que era difÃcil perseguirlo. Algunas personas lo intentaron, pero son personas que solamente tienen caballos. Obviamente, un camión a máxima velocidad es difÃcil de alcanzar y era por esto mismo que las personas del pueblo estaban muy era defensiva cuando escuchaban camiones pasar por la carretera. Yo y mi hermano les preguntamos que hace cuánto tiempo habÃa pasado esto. Ellos nos contestaron que hace exactamente dos meses. Yo no sé si aquel camionero nos estaba diciendo la verdad o tal vez se en contribuyendo. Tal vez aquella niña se le seguÃa apareciendo en la carretera por el remordimiento de no haberse detenido este primer relato. Por ejemplo, le sucede un hombre que va en compañÃa de su madre, van de regreso a su hogar cuando de pronto, sin percatarse, lo más mÃnimo parece ser que entraron a un lugar misterioso. Iban por la carretera, No se desviaron ni nada por el estilo, solo que entraron a una especie de sitio el cual se supone que no deberÃan de entrar los vivos, un sitio en el cual gobierna un alma que está eternamente en pena deteniendo los conductores que pasan por ella. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Rubén Serrano. Mi experiencia sucedió hace poco más de una década. Lo recuerdo muy bien porque mi madre todavÃa estaba con nosotros. En aquel tiempo, mi madre empezó a enfermar mucho. TenÃa una enfermedad la cual me voy a ahorrar de talle. El caso es que cada cierto tiempo, cada ciertos meses, tenÃamos que ir a una ciudad a que la atendieran después de sus análisis, después de sus medicinas. Obviamente, volvimos a nuestra casa. La mayorÃa de las veces que hicimos esto nos venÃamos en autobús, pero por algunos problemas familiares, decidimos que en aquella ocasión Ãbamos a volver en camioneta. Yo en aquel tiempo tenÃa veintidós años, ya sabÃa conducir y era el único familiar que iba con ella. Asà que sin problema mientras ella descansaba, ya que le habÃan recetado descansar profundamente, decidà que iba a conducir durante la noche esto más que nada para que ella pudiera descansar, ya que durante el dÃa, muy probablemente mi madre no iba a poder cerrar los ojos debido a la luz del sol, ella estaba muy delicada, al menos en su cuerpo se sentÃa muy agotada. Comenzamos el viaje. Por eso de las diez de la noche, mi madre empezó a dormitar, a pesar de que iba platicando al principio, pero para la una de la mañana ya solamente era yo conduciendo por esa larga carretera en la cual no venÃa ningún coche. Además del mÃo, yo iba con la radio, escuchando la radio, tratando de distraerme o más que nada, tratando de mantenerme despierto. Cuando en eso empiezan a pasar las cosas que creo que comúnmente pasan en todas las pelÃculas de terror o en todas estas leyendas. La radio empezó a sintonizar pura estática, como si hubiéramos entrado a un tipo de lugar el cual no podÃa recibir ninguna señal, porque esto no solamente se quedó en la radio, ya que yo saqué el teléfono, ya que cada cierto momento, cada cierta hora de la noche, una tÃa mÃa me pidió que si, por favor, le podÃa marcar para ver por dónde venÃamos. Grande. Fue mi sorpresa cuando trate de comunicarme con esta tÃa, ya que querÃa estar al pendiente de nosotros que la señal del teléfono no salÃa. Estábamos en algún lugar en la cual no podÃa salir ninguna señal ni mucho menos entrar algo que particularmente a mi jamás me habÃa pasado y hasta la fecha. A excepción de aquella ocasión no me ha vuelto a pasar. Yo iba distraÃdo mirando el teléfono cuando en eso de pronto cuando pongo la mira de nuevo en la carretera, obviamente porque tenÃa que irme fijando a ver si venÃan carros o si venÃa o si iba a una buena velocidad. Me encuentro con algo que también es sumamente extraño, y es que el camino ahora está lleno de niebla. Esto no tenÃa sentido como de un minuto a otro. La niebla se habÃa apoderado del sitio. Toda la carretera estaba empezándose a llenar de niebla y cada vez que avanzaba, esta niebla se iba intensificando. Cada vez se podÃa ver menos lo llevaba a apuesta las luces altas y eso que el auto era nuevo. Pero a pesar de esto, no podÃa luzar más allá de unos cuantos metros. Esto, por obvias razones, me hizo disminuir la velocidad. No querÃa sufrir ningún accedente y mi madre venÃa dormida, asà que tuve que tomar las decisiones. Yo cuando en eso y que gracias a Dios, llevaba la vista fija en el camino para no encontrarme con ninguna sorpresa, es que alcancé a ver a unos cuantos segundos la sombra de un hombre caminando en medio de la carretera. Obviamente, si yo seguÃa de largo, lo iba a rollar por sentido común, tuve que detenerme. No sabÃa si este hombre se iba a mover de un lugar a otro y la niebla de por sà no ayudaba tampoco. Si bien les digo que valento el freno que metà tan abruptamente, hizo que mi madre se despertara de inmediato. Me preguntó qué era lo que habÃa pasado. Yo simplemente le señalé enfrente y vimos a este hombre caminando entre la niebla. No caminaba de una forma normal. Este hombre caminaba cojeando de un lado, como si este caminar herido, como si este sufriera al menos de alguna enfermedad. Obviamente, esto nos llamó la atención, asà que empezamos a pitarle para que por lo menos se quitara del camino. Yo, al comenzar a tocar el claxson, este hombre se detuvo paró de caminar, pero aún manteniéndonos la espalda, se volteó simplemente algunos centÃmetros y alzó su brazo en forma como para pedir ayuda, como para ver si le podÃamos dar aventón. Mi madre es una persona muy solidaria y del tipo de personas que les gusta ayudar al prójimo. Claramente me iba a decir si lo podÃamos ayudar a lo mejor. El hombre iba a un lugar cerca de ahà o a lo mejor el lugar nos quedaba de paso. El hombre estaba cojeando. Tal vez habÃa sufrido un accidente y nosotros no nos habÃamos dado cuenta. Yo bajé el vidrio y le dije que viniera, le hice una señal con la mano, pero este hombre no se movÃa. Este hombre se mantenÃa erguido, sosteniendo el pulgar arriba pidiendo aventón. Yo le gritaba ven ven Súbete súbete, Ven, pero este hombre no me hacÃa caso. Yo estaba seguro que me escuchaba, ya que no estabamos a una distancia tan larga. Pero a pesar de esto, el hombre no se acercaba. En ese momento pensé que tal vez se trataba de un anciano, una persona de la tercera edad que le daba pena o tal vez no se podÃa mover muy bien y tomé la peor decisión que pude haber tomado en ese momento. Abrà la puerta del coche y bajé del auto con la intención de ayudar a este hombre. Vivà una de las penas experiencias que he tenido en toda mi vida. Me fui acercando incluso como que algo me decÃa que no me tenÃa que acercar más de la cuenta. Iba lento y manteniendo mi distancia. Este hombre llevaba una gabardina con un gorro. Este gorro no me permitÃa verle el rostro. PodÃa ver su mano, podÃa ver su brazo, su silueta, pero el rostro no. Cuando le dije amigo necesita ayuda, lo podemos llevar, este hombre me responde que sÃ, que necesita ayuda, que por favor, necesita que lo lleven a su casa. Yo le respondà de vuelta, pero dónde vives. Le mencioné el lugar a donde iba, pero este no me respondÃa y me volvió a decir lo mismo. Necesito que me lleven a mi casa. Mi madre simplemente observaba todo a través de la espera. Ella no pudo ver lo que yo vi Y es que al dar un paso más hacia la izquierda esperando poder ver el rostro de aquel sujeto, vi lo que en verdad él ocultaba, lo que aquel gorro ocultaba Hacia la luz de forma muy abrupta, este hombre se dó la vuelta y pude verlo fijamente. Este hombre no tenÃa rostro o más que nada, no parecÃa tener un rostro. ParecÃa este rostro molido, molido de diferentes formas. No tenÃa nariz, no tenÃa boca, no tenÃa ojos y ni siquiera tenÃa cuenca. Y, para ser más realistas y ser más honestos, su rostro ni siquiera tenÃa la forma de uno. TenÃa como que ámbulas, como que grumos también tenÃa rajadas como que bolladuras, como si el rostro, de una manera muy visceral, habÃa sido deformado a la fuerza. Era un rostro molido. Completamente después de ver esto, di la media vuelta y me echa a correr. Mi miedo creció cuando escuché que atrás de mà venÃan pasos. Este hombre me estaba siguiendo. Yo llegué al coche, abrà la puerta, encendà el auto lo más rápido posible. Vi a mi madre a los ojos. Ella también está alterada. Ella no sabe lo que está pasando. Yo simplemente arranco el coche y salgo de ahà como alma que lleva el diablo. El otro hombre se queda atrás de nosotros. Casi a punto de llegar también al coche, mi madre me pregunta que qué está pasando, qué era lo que habÃa visto o qué me habÃa dicho yo no puedo contestar. Simplemente se me va el aire leo con una mano que no me pregunte, no puedo hablar ni siquiera simplemente voy conduciendo no puedo hablar. Le digo no puedo hablar. La niebla se vuelve más espesa con cada minuto que pasa y enfrente de nosotros veo de nuevo la silueta de aquel hombre. Yo la alcanzo, pero por suerte, en esta ocasión alcanzo a dar una vuelta. La alcanzo a esquivar, pero era el mismo hombre. Reconocà la silueta, reconocà incluso la forma de caminar, aquella forma de un hombre herido cojeando de una pierna. Mi madre en ese momento, cuando ve que otra vez se repite la aparición de aquel hombre a escasos minutos de haberlo dejado atrás, sabe que esto no es nada bueno y creo que tuvo la mejor idea que pudo tener aquella noche. Ella comenzar a rezar y a rezar una y otra vez, una y otra vez, y no te miento, volvimos a ver a aquel hombre y, por suerte, otra vez lo conseguà esquivar. Pero mi madre continuó rezando, rezando y rezando, hasta que poco a poco fuimos dejando aquella niebla. La niebla se habÃa disipado ya casi por completo. Al cabo de algunos minutos vimos a este hombre tres veces en aquella carretera, como si esto fuera parte de un limbo, como si esto fuera una falla. En la realidad, como muchos dicen, algo que se repite constantemente. Le doy gracias a mi madre y yo estoy seguro de esto que por aquellos rezos pudimos salir con bien en aquella ocasión. No sé de qué manera. Sin saberlo, nos adentramos en una especie de zona en la que ese espÃritu nos encerró durante un buen tiempo y aquà les va el dato más loco de toda la historia. Y es que parece que cuando estuvimos ahà el tiempo se detuvo mi celular, el reloj de mi madre y el reloj del radio empezaron a contar otra vez el tiempo al momento en el que salimos de la niebla. Como verán, esta solamente una historia que mi madre y yo podemos dar fe de qué sucedió. Esa fue mi historia. Espero que les haya gustado saludos a toda la Comunidad y un abrazo enorme a la cripta embrujada algunas de nosotros, tanto mujeres y hombres, en algún punto de nuestras vidas, hemos roto un corazón, tal vez una persona que no era correspondida, tal vez a nosotros nos pasó lo mismo. En fin, lo único que nos queda después de una ruptura. Lo más sano es superarlo, pero qué pasa con las personas que no lo superan y qué pasa con las personas que les gusta ir de corazón en corazón. Rompiéndolo tarde o temprano, va a llegar un dÃa en que se encuentre con una persona que va a tomar venganza, tal como el siguiente vÃdeo sobre un camionero que iba de mujer en mujer de Novia, Novia, sin preocupar en lo más mÃnimo hasta que en su vida se encontró con una que tomó una venganza, pero una venganza despiadada. Esta mujer, para su mala suerte, tenÃa conocidas de la familia que eran brujas o la toda la Comunidad. Mi nombre es Jaime y la historia que les quiero contar le sucedió mi tÃo. Quiero que sepan que esta historia tiene ya algunos años de que pasó. De hecho, esta historia. La única que sabÃa de esto era mi abuela y durante muchos años la guardo consigo. Hoy ya no está con nosotros, pero dejó esta historia que más que nada, pasó a ser una leyenda entre la familia. Pase resulta que en años anteriores mi tÃo, cuando estaba trabajando de camionero, estaba en una etapa la cual, podrÃamos decir era muy mujerril. Le gustaba tener novias a cualquier lugar en el que él se dirigiera con su camión, ya sea Puebla, ciudad de México, Monterrey, etcétera. De hecho, él siempre lo decÃa a cada ciudad que llegó, siempre hay una mujer esperándome o al menos era lo que solÃa decir. Ãl rompió muchos corazones cuando tenÃa veinte años, veinticinco años y en muchas ocasiones, las mujeres a las cuales dañaba siempre lo amenazaban con que lo iba a pagar más adelante. Mi tÃo en ese tiempo ya se habÃa metido con mujeres. PodrÃamos decir un tanto peligrosas, mujeres que hacÃan brujerÃa hechicerÃa, pero como a él no le afectaba en ninguna manera. Ãl pensaba que simplemente eran patrañas, que ellas creÃan. Claro y esto responde la duda que cuando le rompió el corazón a la hija de una bruja, él no pensó que nada malo le pasarÃa. Recuerda muy bien que aquella, señora, con muchas arrugas, con una cara que expresaba el profundo odio que le sentÃa, lo amenazó. Le dijo que el daño que le habÃa hecho su hija, él lo pagarÃa, que ella le pedirÃa un favor al diablo para que éste se desquitara con él. Por lo mujeriego que habÃa sido mi tÃo, obviamente no le prestó atención a esto. Simplemente pensó que era otra bruja que hacÃa sus trucos, sus trabajos, pero que, a final de cuentas, esto no servÃa de nada. Ãl era escéptico hasta que una noche le sucedió. Esto cortesÃa de aquella bruja. Sucede que le estaba pasando por un paradero de camiones, ahà donde hay gasolina, estacionamientos y un lugar por donde los camioneros podÃan quedarse a dormir. Tengan en cuenta que esta historia se sitúa en aquellos años setenta, si no es que en los sesenta, no estoy muy seguro, pero por esos años andan sucede que en estos paraderos, además de haber vendedores ambulantes, también hay otras mujeres, mujeres que se dedican a darle servicios a los camioneros o a los viajeros de la carretera. Obviamente, creo que no es necesario explicar qué servicios dan estas mujeres. Eran mujeres de la vida galante. Mi tÃo en ese momento estaba pasando por ahà y para ser sincero, él dice que no buscaba contratar algunos de los servicios estas chicas. Pero sucede que cuando estaba saliendo que estaba comenzando su viaje por la carretera, algo le llamó la atención, y es que habÃa una chica muy guapa, pero extremadamente guapa. Era como su mujer ideal, aquella que solamente habÃa visto en sueños, aquella mujer de pelo largo, pesa, perlada y con un vestido rojo que le estaba haciendo invitaciones a cualquier camionero que pasara por ahÃ. Obviamente, por su vestimenta y por cómo iba pintada. Era fácil de suponer que esta mujer era una de otras tantas que prestaban sus servicios. Mi tÃo. Al verla, él dice que aquellos bajos instintos carnales despertaron en él, es decir, él no iba buscando nada de eso, pero tan sólo con verla detonó algo en él que la quiso tener. En ese momento no le importaba cómo, pero él querÃa tener a aquella mujer, a aquella mujer que era la mujer de sus sueños. Detuvo el camión bajó de este y fue hacia esta mujer directamente. Empezó a hablar con ella y sutilmente le preguntó que cuánto eran de sus servicios. Y, para la sorpresa de mi tÃo, él dice que era excesivamente barato, por lo cual no dudó ni un segundo en aceptar los servicios de esa chica. Rápidamente selló el trato, pero la mujer le dijo que habÃa condición. Ella no se iba a subir al camión debido a unas ciertas malas experiencias que ella habÃa tenido en el pasado, que si querÃa el servicio, la tenÃa que acompañar a ella a un granero que se encontraba cerca. De hecho, el granero se podÃa ver a la distancia Eran unos cuantos metros en el monte. Obviamente, cualquier persona razonable se pensarÃa dos veces esto, ya que estás en un lugar alejado y meterte en un granero el cual no conoces. Es muy peligroso, pero en ese momento mi tÃo dice que no pensaba bien. Ãl simplemente querÃa tener a aquella mujer lo más rápido posible, asà que, sin pensar lo aceptó, esta mujer, lo tomó de la mano y lo fue guiando hasta aquel granero. Una vez que la mujer abrió la puerta del granero, los dos entraron y, si bien habÃa luz esta luz era muy escasa, como de esos focos que apenas tienen en voltaje entre toda la oscuridad y entre todas la Semi luz que habÃa perdió de vista la chica. Mi tÃo dice que volteó a un lado hacia otro, pero no la encontraba. Rápidamente le empezó a llamar, pero no servÃa de nada. El granero parecÃa estar vacÃo cuando en eso de pronto escucha un extraño ruido, un ruido que proviene desde una parte del granero. Este ruido es como el bufar de un animal, un animal que se encuentra enojado, un animal que se encuentra furioso, un animal pesado. En ese momento él capta que aquel animal hace el sonido, que harÃa una vaca o peor aún el sonido querÃa un toro. Al momento de que éste se va descubriendo saliendo a la luz, mi tÃo, lo que ve es un toro enorme, el toro más grande que ha visto en su vida, con unos cuernos enormes que tan sólo de verlos provoca en pavor. Y aquà viene un detalle, Y es que mi tÃo, si bien se quedó poco tiempo a observar aquel toro, ya que salió corriendo del granero, sà pudo apreciar que en el cuello del toro, cayendo sobre este, reposando casi en el piso, se encontraba el vestido de aquella chica, aquel vestido rojo deslumbrante que habÃa llamado su atención en plena carretera. Como si este toro lo tuviera puesto mi tÃo sale del granero, empieza a correr, pero su miedo más grande empieza a hacerse notar, ya que atrás de él siente las pisadas del toro, saliendo despavorido hacia él. Pero tristemente, como es de esperar, mi tÃo no es lo suficientemente rápido. El toro lo consigue alcanzar, lo, tumba en el piso y empieza a cuarnearlo o una y otra y otra vez. Pero lo curioso es que este toro, si bien le está haciendo daño, no le está haciendo un daño fatal. Por asà decirlo, este toro solamente lo está hiriendo de las piernas de los brazos. Ãl en ese momento un estando en el suelo grita con todas sus fuerzas pidiendo ayuda. Estaban cerca del paradero, asà que las luces de los camiones empiezan a encenderse. Los camioneros de allá empiezan a formar alboroto y, una vez que captan el sonido de donde viene del monte, todos van en busca de aquel hombre que está gritando. Las luces empiezan a iluminar a mi tÃo y el toro todavÃa sigue encima de él. Ãl estaba esperando que lo espantaran. Ãl estaba esperando que lo ayudaran, pero de forma repentina. El toro simplemente se va como si solamente las luces lo hubieran ahuyentado. Los demás camioneros, las demás mujeres fueron hasta donde él estaba, lo levantaron, estaba sumamente herido y lo llevaron de nuevo al paradero, a la tienda, a por lo menos a que se tratara con el botiquÃn de primeros auxilios que tenÃan ahÃ. Una vez que le preguntaron qué era lo que le habÃa pasado, mi tÃo les dice es que no vieron al toro. El toro me tenÃa en el suelo de no ser por ustedes de seguro. Ahà hubiera perdido la vida. Pero los camioneros, asà como las demás muchachas, se ven confundidos. Ellos dicen pero de cuál toro me estás hablando. Cuando tal usamos no habÃa ningún toro. Mi tÃo entonces preocupado confundido. Les dice bueno, yo estaba con un toro. Qué fue lo que vieron ustedes. Todos los camioneros contestaron que habÃan visto una mujer riéndose como que rasguñándolo parada encima de él. Obviamente, por eso ellos fueron pensaron que tal vez lo estaban asaltando o alguna cosa peor. Al momento de ver que estos camioneros estaban acercando, aquella mujer salió ocurriendo, pero no habÃa ningún toro. Aquella mujer se encontraba riéndose y rasguñándolo usando el mismo vestido rojo que él habÃa visto anteriormente. Portaba el mismo toro. Después de esto, obviamente, se les preguntó a las muchachas, ya que ellas ahà trabajaban y entre todos se conocÃan por asà decirlo. Ninguna de ellas pudo decir a esa actitud quién era aquella Señorita, aquella extraña mujer, ninguna pudo decir que la conocÃa las caracterÃsticas y cómo ido vestida. Ninguna de ellas la reconocÃa. Después de esto, mi tÃo dejó de ser mujeriego. Fue, por asà decirlo, un remedio y también desde ese dÃa hasta los dÃas de hoy. Le tiene mucho a aquellas personas que hacen brujerÃa, si bien sabe que algunas no hacen nada, tiene miedo de volver a cometer una equivocación, como lo hizo cuando era más joven, de hacer enojar a una bruja cripta manÃacos. Ustedes han escuchado diferentes dichos que se dicen tal vez en su familia, en su rancho, en las ciudades, tal vez leyendas que se cuentan en tu colonia o dichos populares. Yo recuerdo uno que es que cada vez que el perro aúlla tienes que voltear las chanclas, las chanclas o los zapatos, lo que tengas puesto para que de alguna manera espantes a la huesuda, pues se dice que cuando el perro auye, la muerte anda cerca. Son unos dichos muy interesantes, ya que van de generación en generación. Uno de estos es que cuando tú veas que tu puerta, la puerta de tu casa se abra las sierras de inmediato o la dejes abierta. Pero lo que nunca se recomienda hacer es que le des la bienvenida, aunque sea de forma sarcástica a lo que sea que entre por ella. Muchas veces creemos que sea el viento. Claro, estamos jugando incluso, pero qué pasa cuando esta puerta se abre y no es el viento. Qué pasa cuando verdaderamente una presencia está entrando a tu casa y tú le das la bienvenida? Algunas personas dicen que, al darle esto. Esta presencia no se va o tarda más en irse. Algo similar le pasó a este conductor, pero en medio de la carretera, al abrirse su puerta, le dio la bienvenida a unos seres que lo martirizarÃan por todo el camino. Mi nombre es diego Mora la experiencia que les quiero contar. La vivÃa en carne propia. Hace algunos años yo habÃa ido a viajar a otra ciudad en busca de empleo, en busca de oportunidades. Debido diferentes situaciones, decidà mudarme a otra zona céntrica por lo que llevaba conmigo algo de equipaje. No era mucho, pero todo este cabÃa muy bien en la cajuela. El viaje era largo y tenÃa mucha carretera que conducir. Yo, haciendo cuentas, pensaba que llegarÃa a mi destino cerca de las diez de la noche, cuando iban a ser las siete, siete y media, cuando el sol ya se habÃa escondido, porque en estas partes del norte de México el sol se esconde a muy temprana hora. Me detuve a un lado de la carretera. Todo esto porque sentÃa que el amortiguador, la llanta estaba falseando habÃa pasado por algunos topes y pues esta habÃa sufrido daño y para no correr riesgos más adelante, decidà cambiar la llanta. Ahà mismo, bajé los instrumentos, cambié la llanta y abrà la puerta del copiloto más que nada, porque ahà tenÃa las llaves, tenÃa todos los instrumentos y se me facilitaba mantenerla abierta para tomar de ahà todo lo que fuera ocupando. Pero debido a mis pensamientos al que estaba algo distraÃdo, guardé todo. Me subà de nuevo mi auto y justamente cuando me estaba subiendo y me senté me percaté de que la puerta del copiloto no la habÃa cerrado en ese momento. Me dio flojera, ya que tenÃa que estirarme, pero de alguna extraña manera el aire que estaba soplando y hizo que la puerta se fuera abriendo cada vez más y cada vez más cuando en eso de pronto esta se azota como si alguien se hubiera subido. Obviamente, creo que todos sabrán que para que eso lo haga, la puerta de un auto está medio difÃcil. Las puertas de los autos son pesadas, se tienen que mover con la fuerza de alguien y el viento no puede cambiar su rumbo. Si en un momento la estaba abriendo, cómo es posible que la haya cerrado en ese instante. Yo no pensé en esto. Yo me lo tomé como una broma, como un juego y hice creo que lo peor que pude haber hecho. Lo que hice fue burlarme simplemente dije al aire. Ah ya pasaste adelante siéntate ahorita nos vamos. Creo que algunas personas saben de sobra que esto no se debe de hacer. Y para las personas que no lo sepan, si alguna vez están en su auto o en su casa, peor aún se ven que la puerta se abre por sà sola y después se cierra o simplemente se abre. Puede que sea el aire. No descarten esa posibilidad, pero no digan pásale. Jamás inviten, aunque sea en tono burlesco, como lo hice yo en aquella ocasión, porque uno nunca sabe cuando es el aire en verdad o cuando es otra cosa. Jamás debes invitar a eso se entes a entrar en tu casa o en tu auto, porque puede que ellos no se quieran ir Después. Resulta que yo no le quise prestar atención a esto y continué con mi camino, pero cuando iba conduciendo, empecé a escuchar ruidos voces como de niños que se estaban murmurando, niños que se encontraban jugando para ponerlos un poco en la situación en la que yo estaba, eran temporadas de invierno. Por lo tanto, los vidrios del auto iban hasta arriba el aire que pasaba soplaba fuertemente e incluso tenÃa un poco de lluvia. Si el ruido viniera del exterior, yo no lo podÃa haber escuchado. HabÃa demasiado ruido como para que escuchara los ruidos de algunos niños jugando por ahÃ, sobre todo la velocidad que iba, si es más, si los escuchaba, tenÃan que cesar en cuestión de segundos. Pero estos ruidos no cesaban. Y lo peor de todo era que yo los escuchaba tan solo a centÃmetros de mÃ, como si estos niños vinieran adentro del auto múltiples veces. Volteé hacia los asientos traseros, hacia los asientos del copiloto, pero no pude ver nada. No habÃa nadie allÃ. Debido a todo lo que estaba escuchando, no podÃa manejar tranquilo. Recorrà el auto me orillé salà de este, me recargué en él y no sabÃa cómo actuar. Me agarraba de la cabeza. Estaba pensando qué era lo que iba a hacer. Me faltaba mucho camino por llegar. Cuando en eso volteo hacia uno de los retrovisores, uno de esos retrovisores que tiene el auto a los costados. Si te pones en el ángulo exacto, puedes ver hacia dentro del auto. Y fue lo que yo hice. Fue lo más inteligente que pude hacer en ese momento, porque por medio del espejo pude ver que claramente no venÃa solo dentro del auto. Jugando de un lado hacia otro. Se encontraban niños, niños de mediana edad, niños pequeños. Ojo, estos niños no se veÃan comúnmente. No era como si los viera como otra persona normal, sino es que estos eran transparentes. A través de ellos, a través del cuerpo de ellos podÃa ver partes del asiento. Era como si estos se volvieran transparentes por unos segundos. En definitiva, no eran niños normales. Obviamente, esto me alteró aún más cómo podÃa sacarlos de ahà e incluso me planté muchas veces dejar el auto y seguir caminando. Créanme que si hubiera estado más cerca de aquel lugar tan solo algunas cuantas horas a pie, o hubiera optado por aquella opción. Pero el caso no era este. Por lo que hice lo siguiente debido a un consejo que la abuela me habÃa dado hace ya un par de años, abrà la cajuela, saqué todo mi equipaje, sábanas, maletas, ropa utensilios, cosas que habÃa comprado relojes y sin pensar mucho, agarrando el suficiente valor como en el que pocas veces en mi vida habÃa tomado. Abrà las dos puertas y puse mi equipaje y todos mis utensilios, todas mis pertenencias, tanto en los asientos traseros como en el asiento del copiloto. Yo sabÃa que no les tenÃa que dejar a esos entes un lugar para que se sentaran. Después de esto y antes de cerrar las puertas, los eché del auto como si estuviera corriendo una persona estuve echándolos por cerca de cinco minutos con las puertas abiertas. Seguramente los automóviles que estaban pasando en ese momento creyeron que estaba loco o algo por el estilo Después de cerrar las puertas, entré de nuevo mi auto y empecé de nueva cuenta con mi camino. Las las, las risas, los murmullos que escuchaba de los niños cesaron por completo, ya nos escuchaban desde aquella experiencia aprendà a no invitar, aunque sea involuntariamente, a antes los cuales yo no comprendo. Gracias por escuchar mi historia. Saludos a toda la Comunidad de la cripta embrujada criptamaniacos. Lo que sigue es un relato extraño, ya que la persona que nos la cuenta dice que no está seguro qué es lo que fue. No sabe si entra en la categorÃa de fantasma, criatura o alienÃgena. Simplemente dice que fue algo, algo que estaba imitando la forma de un humano y su comportamiento. Ãl dice que parecÃa más una máquina haciendo la ilusión de un humano intentando actuar como un humano. Ãl lo catálogo asÃ. Su comportamiento era como el de una máquina tratando de actuar como un humano, tal como lo harÃa una inteligencia artificial que creo que si muchos han lidiado con esos inteligencias artificiales, saben que su dialecto trata de parecerse el humano, pero nunca llega a ser tan preciso como éste. Sabemos detectar cuando algo quiere dar una apariencia, la cual no lo es. Muchos de estos relatos caen en el valle inquietante, como nos lo menciona nuestro amigo. En el relato, él no tenÃa en cuenta que aquella mañana en la carretera se encontrarÃa con algo que asimilaba y querÃa engañarlo y adoptaba la forma de un humano para que lo dejara entrar al camión o la Comunidad. Mi nombre es Lisandro Zaragoza. La historia que les quiero contar a continuación. Me sucedió en uno de mis viajes en camión. Yo soy trailer o camionero. Como quieran decirlo. Durante mucho tiempo fui un camionero foráneo, iba de Estado en Estado. Actualmente soy local, ya que tengo familia y me sale mucho mejor trabajar solamente en mi ciudad a salir y estar en Estado en Estado. AsÃ, paso más tiempo con ellos. Pero antes, cuando estaba de foráneo, me pasaron algunas experiencias paranormales que quisiera contarles. Una de ellas me sucedió en un viaje era en la mañana. Para que tomen en cuenta esto y que para que algo aterrador te suceda o algo paranormal, no es necesario. Ni siquiera es tarde noche. Los centes y los espÃritus no reconocen horario y no les importa. Iba manejando cuando en eso empezó a caer granizo, pero granizo de un grande tamaño, eran piedras. Cuando empieza a granizar, yo tengo la orden de que tengo que detener el tráiler, sobre todo para evitar accidentes y pas y resulta que en esa ruta la carretera estaba muy estrecha. Empezó a granizar y aparte lo nublado se prestaba para que sucedieran accidentes. Yo avisé por radio y ellos me dijeron que sà que me detuviera. Me detuve a un lado de la carretera y como vi que el granizo no cesaba, simplemente me acomodé. Empecé a escuchar música, empecé a distraerme cuando en eso a parte de todos los golpes que se oÃan arriba del camión y en las puertas. Empecé a percatarme de que un sonido extraño sonaba en la puerta del copiloto. No era un golpe como el que el granizo hiciera. Era un golpe como de una mano, como si me estuvieran tocando la puerta. Yo en ese momento pensé que era el granizo, pero después de oÃrlo varias veces empecé a notar que estos golpes iban con una especie de ritmo, estaban toca y toque la puerta como para que yo prestara atención a esta. Me recorrió un poco y alcé la mirada, pero cuando vi hacia el exterior no habÃa nada, no habÃa nadie del otro lado. Obviamente, me retiré otra vez de nueva cuenta y lo que pensé era que simplemente habÃa confundido los golpes con el caer del granizo, pero otra vez empezaron a tocar la puerta como si fuera una mano, un golpe de una persona. De nueva cuenta fui y me asomé y no habÃa nadie. Después de esto, me acomodé de nueva cuenta en mi asiento y ya habÃan pasado como unos diez minutos, cuando de pronto otra vez empezaron a tocar la puerta. Yo, para ese entonces tenÃa planeado recorrer una de las cortinas que yo le habÃa puesto en el camión. A veces yo me detenÃa en algunas plantas o a veces también en la carretera, por lo que decidà descansar un poco ahà Y a veces las luces de las plantas, las luces que están puestas en la carretera, las luces que están puestas en los postes no te dejan dormir. Y yo le habÃa colocado esas cortinas para que cuando yo me dispusiera a dormir en mi asiento, no tuviera problema me acerqué para recorrer la cortina. Cuando eso me percato que en esta ocasión, si ya hay alguien era una mujer que no tenÃa pelo, venÃa vestida de blanco, creo que tal vez con una bata o con un vestido o una extraña vestimenta. Su piel era totalmente blanca. Sus rasgos en la cara era una cara humana, pero era una cara un tanto extraña. Sus ojos eran muy grandes, su boca también y su nariz muy pequeña. So piel, como dije, era blanca. Yo creo que podrÃa caer en la categorÃa de albina. Era una mujer albina. Su cuerpo, si bien se asemejaba a lo que serÃa un humano, no lo era del todo. TenÃa ciertas partes como que más grandes que otras, y esto se podÃa ver a simple vista, por lo que solamente al verla empecé a sentir no un temor, pero sà un centino como de estar en alerta. Creo que podrÃa caer fácilmente en aquello que llaman el valle inquietante. Pero lo que más me llamó la atención fueron sus ojos. Sus ojos eran completamente blancos y solamente tenÃan un puntito oscuro en medio que era con los que me veÃa era una extraña mujer. Esta me vio, me saludó y después me preguntó si es que la podÃa dejar entrar al camión, ya que el granizo y la lluvia le estaban pegando muy fuerte. Yo, antes de contestar, estaba viéndola fijamente viéndola. No me podÃa explicar como una mujer de tales caracterÃsticas pudiera existir y lo digo sin sentirme culpable, porque incluso en sus movimientos, en su boca, sus movimientos eran extraños, como que quisiera forzarlos. Yo le dije que no podÃa subir a ningún pasajero. Lo tenÃa prohibido por la empresa. Obviamente, esto era una mentira. La mujer insistÃa, insistÃa y a pesar de que yo le decÃa que no podÃa al estar con ella platicando a través del vidrio de la puerta, me pude percatar de otra cosa, otra cosa que me dejó temblando del miedo porque a esta mujer no le hacÃa nada el granizo. Es decir, me percaté de que las bolas de granizo, las piedras de hielo caÃan sobre ella, pero pero a la vez que caÃan traspasaban su piel y salÃan del otro lado. Era como si su piel como si ella no existiera, caÃan ni la traspasaban ni la traspasaban. Era algo muy extraño, como si esta mujer estuviera hecha de humo. Al percatarme de esto, yo simplemente le dije tajantemente que no podÃa llevarla enseguida. Volvà a mi asiento, arranqué el tráiler y lento, pero seguro me fui yendo de ese lugar. No querÃa quedarme ahÃ. No sabÃa si esta mujer iba a forzar la puerta para entrar. TenÃa todas las intenciones, ya que, a pesar de que uno le decÃa que no la podÃa dejar entrar, tenÃa su mano en la manija de la puerta. Tan solo le faltaba abrirla. Yo seguà con mi camino. No presta atención a lo que se quedaba atrás y después de algunos minutos, el granizo paró o más bien yo habÃa salido de él. Después de esta experiencia y por todo el tiempo que me quedó como camionero foráneo, no volvà a detenerme a un lado de la carretera. No vaya a ser que esta historia se repita para serles sinceros. Y antes de terminar con el relato, yo no sé si esto era un fantasma o un ente, o una criatura o un alienÃgena. Simplemente digo que yo lo veÃa de una forma muy normal, como veo a cualquier persona y el que las piedras del hielo lo traspasaran me dejó sumamente perturbado. Esa fue mi historia. Espero que les haya gustado saludos a toda la Comunidad de la cripta embrujada




