RECOPILACION ATERRADORA DE TAXISTAS / LLEVE A UN PASAJERO A SU FUNERAL / L.C.E.

Los taxistas siguen extrañas reglas en las carreteras al subir a los pasajeros, puede que estos no esten vivos.
Los taxistas siguen extrañas reglas en las carreteras al subir a los pasajeros, puede que estos no esten vivos.
Esta primera historia cripta manÃacos nos enseña que las experiencias paranormales pueden suceder en cualquier lugar y en cualquier momento, tal como le pasó a este taxista, que es único inconveniente y el culpable de que tuviera que lidiar con un espectro, el cual era malicioso, podrÃamos decirlo, fue la descompostura de un carro passe. Resulta que este taxista, como muchos otros, debido a que su auto tenÃa que someterse a esas largas jornadas de trabajo, a veces desde cuando sale el sol hasta que oscurece, inevitablemente tenÃa que fallar en algún punto. Lo que este taxista no sabÃa es que el reemplazo de este auto, otro taxis que estaba muy bien cuidado según a sus mismas palabras, no iba a ser el reemplazo que tanto querÃa. Este reemplazo este auto venÃa con un pasajero, un pasajero que no estaba vivo un ente que se habÃa apropiado de este auto hola Alex. Mi nombre es Nicolás. Yo soy taxista y quiero platicarte una experiencia que me pasó hace relativamente poco. Yo trabajo para distintas lÃneas. Se podrÃan decir estas lÃneas tienen diferentes taxis, tú vas pides trabajo aquà y tienes que pagar una renta diaria de lunes a viernes para poder trabajar en estos taxis, que son los de último modelo carros que prácticamente rara vez te van a fallar pase. Resulta que tienen algunos autos de reserva. Esto para que cuando uno de los principales llegue a tener algún inconveniente, tal vez algún choque tal vez algo que necesite reparación, algunos dÃas que tenga que tener en el mecánico, algunos dos o tres dÃas se nos da la opción de que si queremos aprovechar esos dÃas aún si queremos seguir trabajando, nos dan estos autos. Muchos de estos autos ya tienen historia. Son autos que ya tienen algo de años y la mayorÃa de ellos han sido autos que han chocado o han tenido algún inconveniente. Son autos que perfectamente se pueden utilizar, pero deciden mantenerlos en reserva para no traerlos mucho tiempo. Son autos que son prácticamente viejos. Después de explicarles esto ahora, si ya viene mi historia, yo traÃa mi automóvil y por cuestiones ya de el desgaste, tuvo que irse al mecánico cerca de dos dÃas. Durante esos dos dÃas, a mà se me dio dos opciones. Se querÃa trabajarlos o tenerlos libres. Para mi mala suerte, aquellos dos dÃas eran sábado y domingo. Yo pagaba renta de lunes a viernes, por lo que mi ganancia, la ganancia buena es en fin de semana, ya que no pagó renta y las familias tienden a ir a lugares lejanos, por lo que el pasaje suele ser muy conveniente. Yo no querÃa perder aquellos dÃas, por lo que le le pedà la lÃnea si me podÃan dar un auto de reserva, y asà me lo dieron. Desde que fui por este taxi tan solo al entrar en este sentà una vibra algo extraña alex No sé cómo explicarlo, pero es como si un mal presentimiento lo tuviera en el momento en que entré este auto. Decidà no prestarle mucha atención y continué trabajando entre el dÃa, pero empecé a notar algo y era que batallaba para que las personas se subieran. Es decir, no es como si no hubiera personas en la carretera. HabÃa muchas claro que sà era fin de semana, pero ninguna me hacÃa la parada y a mà se me hace extraño. El taxi que iba atrás de mÃ. Curiosamente, siempre era al que detenÃan. Era como si a mà no me quisieran, como si no se quisieran subir en ese taxi. Tanto fue asà que, al pasar una hora y media dos horas, decidà irme deteniendo en las paradas, ir preguntándole a las personas si querÃan taxi. Y ya que se me quedaban mirando. En una ocasión un señor ya de la tercera edad vestido con traje canoso, se me acercó lentamente y después se me asomó por la ventana. Me preguntó disculpe joven, el taxi está desocupado. Está libre, Yo le dije al señor, pero claro que sà subase. El señor me agradeció, abrió la puerta y se subió tan pronto se iba subiendo. Ãl me dijo algo, ya que por lo regular las personas a esa edad no se guardan las cosas. Ãl me dijo discúlpeme. Es que pensé que venÃa ocupado, como veo al hombre que traÃa ahà atrás pensé que ya traÃa pasaje en ese momento y yo me le quedo mirando y le digo pero cuál hombre. Ãl me respondió el que vine y atrás el que trae sombrero. Yo le respondo el anciano, pero oiga, yo no traigo pasaje. Es usted el único que ha subido en ese momento y creo que coordinándonos ambos volteamos hacia los asientos traseros, pero no vimos a nadie. Los asientos venÃan solos completamente. El anciano se me quedó mirando y me dijo discúlpeme. Es que creà haber visto a alguien tal vez ya es la vista, como sabrá a esta edad, pues prácticamente casi todo nos falle Yo solamente me rayé un poco y le dije no se preocupe y comenzamos el camino, aunque sà me llamó la atención y puede que el anciano tuviera razón, que tal vez se hubiera confundido. Pero y las otras personas, las otras personas, por qué no se subÃan. Tal vez aquellas personas veÃan lo mismo. Yo estaba pensando en esto, pero decidà no prestar la atención. Pero eso sÃ, durante todo el dÃa yo me tenÃa que acercar a las personas, detenerme con ellas y preguntarle si no querÃan taxi. Noté que las personas que se rehusaban a irse conmigo eran las jovencitas o las mujeres que rondarÃan entre los quince a los veinticinco o veintiséis años que iban solas, y también las familias y yo pienso ahora que todo tenÃa sentido, porque, obviamente, si ves al taxista que va en compañÃa de otro hombre, las jovencitas no agarran el taxi, ya que se ha sabido de varios casos que se coordinan, pues, para llevárselas, para que se den una idea a a a a a a aquel extraño hombre con sombrero. Todas las personas lo podÃan ver, pero yo no podÃa. Volteaba hacia atrás a ver varias veces por el retrovisor e incluso yo mismo, pero no veÃa a nadie para ese momento, tal vez para las seis de la tarde siete, yo ya estaba más que consciente que llevaba un espÃritu conmigo, que algo me estaba acompañando. Pero también habÃa escuchado un consejo anteriormente que era que si tú tienes un fantasma, un alma, un espÃritu, ya sea en tu casa o en un auto o tal vez en algún lugar el cual tú frencuentas mucho. Tienes que actuar como si ese fantasma no estuviera ahÃ. Tienes que actuar como si no lo vieras, ya que tarde o temprano, ellos se tienen que ir. Pero si actúas como si estuviera ahà y si le prestas atención, estos agarran más energÃa o más fuerza. Es lo que, según se dice, por lo que opté por ignorarlo. Pero todo empeoró a las ocho y media de la noche. A esa hora. Yo siempre pasaba con un señor al que le decÃa Don Jonás. Tengo mucho tiempo de conocerlo y es una persona muy allegada a mi familia. Fui con él hasta su misselánea. Por lo regular, cuando paso por ahà y llevo pasaje, obviamente no me detengo, pero cuando no traigo nada, me detengo con él y empezó a platicar un poco, tal vez algunos veinte minutos, veinticinco minutos en lo que me tomo una soda y platicamos de diferentes cosas. Curiosamente, él me saludó a la distancia y en eso yo me detuve del otro lado de la carretera. Abrà la puerta y empecé a caminar directo hacia él. Yo lo noté algo confundido. Tan pronto llegué a saludarlo. Ãl me dijo pero muchacho que acaso no traspasaje. Yo le respondÃ, pero, don Jonás, yo no traigo a nadie. Ãl alzó la mirada y me dijo y esa persona con sombrero traes a un hombre ahà en los asientos, trae un sombrero mÃralo yo volteé la mirada y miré mi taxi y efectivamente habÃa una persona atrás sentada mirando hacia enfrente. Esta persona estaba todo oscura y era de noche. Obviamente, solamente podÃamos ver su silueta por la iluminación de la luz de los postes que se encontraban en la carretera. El hombre estaba sentado inerte y fue en este momento que yo me quedé en shock. No me podÃa mover, no sabÃa qué hacer, y esto lo detectó Don Jonás al instante. Ãl me tocó del hombro y me preguntó verdad que no traes a nadie. Me dijo yo le respondÃ, Don Jonás, no traigo a nadie y ese hombre no sé quién es. Y como si aquella alma nos hubiera escuchado, como si aquel espÃritu hubiera sabido que nosotros dos lo habÃamos visto. Ya abrió la puerta del vehÃculo, salió de éste y comenzó a caminar hasta alejarse y perderse. En esas zonas oscuras en las cuales los postes de luz no llegan a iluminar se perdió como si fuera una sombra. Don Jonás y yo solamente lo vimos a la distancia y él me dijo tú traes a aquella cosa contigo. Desde que te bajaste del taxi, te está acompañando. Ese no es tu taxi, dónde está el tuyo. Yo le expliqué que mi taxi habÃa tenido una averÃa y que ese carro me lo habÃan dado, pero solamente por mientras él me dijo ay muchacho para la suerte que tienes ese taxi ya trae pasajero y por lo visto, no se quiere ir en ese momento. Don Jonás le habla a su esposa y juntos llegan a la conclusión de que hay que bendecir el auto para que aquella alma pueda irse ya o mÃnimamente ya no pueda subirse a este. Pero esta fue la peor decisión que pudimos haber tomado. Todo se puso más violento una vez que rociamos agua bendita sobre aquel taxi. Cuando tomé otra vez el volante empecé a dar marcha hacia adelante. Mis brazos temblaban, pero temblaban de una forma que no era normal. El volante se movÃa de un lado hacia otro con mis manos encima de él, pero yo no era el que lo movÃa. Era como si una mano invisible totalmente. De vez en cuando me jalara el volante, yo tenÃa que ir conduciendo con mucha fuerza intentando que el volante se mantuviera fijo, porque no más de repente sentÃa como me lo jalaban, ya hacia la izquierda o hacia la derecha. TenÃa miedo, ya que varias veces estuve a punto de chocar. HabÃa decidido que lo mejor serÃa volver a mi casa en ese momento, pero cuando llamé encontrar de regreso, una señora y su hijo me hicieron la parada. El niño se subió en los asientos traseros, ya que traÃa como una mini pista de juguete y querÃa ir jugando con ella. La señora se sentó en el asiento del copiloto, ya que la pista ocupaban la mayorÃa de espacio y pues no quedaba espacio para ella. De cierta manera verlos abordar. El taxi me dio cierta tranquilidad, y es que si una madre y su hijo se subÃan por obvias razones, aquella silueta no se podÃa ver más. Una madre y su hijo no se suben a cualquier taxi a no ser que éste venga completamente solo. La señora me dio la dirección y yo continuo con el viaje. Ella venÃa callada, el niño venÃa jugando. Yo habÃa puesto música más que nada para tener algo con que distraerme, ya que el volante se me seguÃa moviendo. De repente. Noto que el niño está hablando con alguien, y ese alguien como que le empieza a decir cosas feas al niño, ya que este se pone a llorar iba inmediatamente con su mamá, como lo harÃa cualquier niño. Es un niño de ocho o nueve años. Yo le calculo aproximadamente y lo que le dice el niño a la madre me deja todavÃa más frÃo de lo que yo ya estaba. Y es que el niño le dice Mamá, por favor, hay que bajarnos. Bájame de este taxi. Bájame de este taxi. Me quiero bajar. Lo repetà y lo repetÃa con lágrimas en los ojos. La madre le pregunta, pero qué tienes por qué te quieres bajar. El niño le dice es que el hombre que viene atrás me está diciendo cosas muy feas. Su cara es muy muy fea y me está diciendo que va a chucar el taxi que si no nos bajamos, nos va a llevar con él. Por favor, Bájame, Mamá, bájame de este taxi. La señora no sabÃa qué decir. Solamente se me quedaba mirando y miraba el asiento. Ella no podÃa ver nada. Le repetÃa una y otra vez a su hijo que ahà no habÃa nadie. El niño totalmente alterado. Se pasó al asiento junto con su madre y, por suerte, consiguió más o menos estabilizarlo hasta llegar a su casa. Yo los dejé ahà y solamente conduje como una cuadra y detuve. El taxi. Lo apagué y salà de él. Inmediatamente le hablé a la lÃnea. Les dije que habÃa tenido un percance, que el taxi no querÃa encender que si, por favor, me podÃan enviar una grúa para que se lo llevaran, yo abrà el cofre y desconecté la pila a propósito, más que nada para que no tuvieran excusa para no llevárselo. Una vez que se lo llevaron, yo volvà a pie hasta mi casa y a pesar de que el dÃa siguiente, domingo, me dijeron que el taxi ya estaba listo, yo me negué rotundamente a usarlo de nuevo. No querÃa subirme ese auto. Esperé que me devolvieran el mÃo hasta el dÃa siguiente, en lunes jamás volvà a tocar aquel taxi, porque este se ve que ya tiene dueño y espero que el taxista que lo logre conducir nuevamente no lo haga enojar como lo hice yo, pues este espÃritu casi hace que tuviera un accidente. Gracias por escuchar mi historia, la siguiente experiencia o, mejor dicho, las experiencias vienen de parte de una sola persona pero esta persona, al igual que muchos otros mexicanos o latinoamericanos, siguen las profesiones o los oficios que han tenido sus padres. Esta persona es un joven, un muchacho, y las experiencias que nos quieren contar le sucedió a él y a su padre. PodrÃamos decir lo que su padre escuchó aquella experiencia. Lo importante aquà es destacar, casi como los camioneros, los veladores y policÃas, los taxistas también tienen reglas, o más allá de reglas, son sugerencias, sugerencias que ellos mismos se dan. Como popularmente se conoce entre taxistas y más recientemente ubers. Se recomiendan oir a ciertas colonias, sobre todo de noche, porque pueden sufrirte delincuencia. Pero qué me dicen de paradas o de ciertos lugares a los cuales un taxista no se tiene que detener. Y esto no por delincuencia, sino porque se dice que el pasajero que tú tomes de ahà puede ser un pasajero que no está vivo. Puede ser que tú abordes a un alma errante que está en la carretera muy interesante de escuchar. Al igual que sus historias, una sucede en un cementerio y la otra en una autopista. Espero que las disfruten. Mi nombre es Miguel Ãngel Sánchez. Estas dos historias, una viene por parte mÃa y otra por parte de mi padre. Ambos hemos sido taxistas. Es un empleo que se viene o mal nos ha acompañado por un largo tiempo de vida Y con esto claro, también vienen las historias paranormales. Les voy a contar que los taxistas dicen ciertas historias que se tienen que tomar en cuenta, sobre todo para las personas más jóvenes. Para quellos texistas que apenas van entrando este mundo suelen cometer muchos errores, por ejemplo, ir a colonias que son muy peligrosas yendo de madrugada o de noche por obvias razones, esto resulta en que los asaltan, les quitan el carro, les quitan el dinero. Y pues este tipo de cosas son las que tú aprendes a la mala después de tantos años conduciendo un auto o también por consejos de los señores mayores pase resulta que también se tienen dichos, pero de un tinte más paranormal. Se dice que no tienes que levantar personas en las entradas de los panteones, sobre todo de noche, ya que puede que no sean pasajeros de carne y hueso. Para que me entiendan mejor puede ser que el pasajero no esté ni siquiera vivo. Y esto fue algo que a mà me pasó dos veces. Les tengo que aclarar que yo habÃa subido muchas personas en las entradas de los panteones, sobre todo en los dÃas de verano y en noviembre. Hay muchas personas que que van a los panteones, parejas familias, a visitar al abuelito, a la abuelita o a la madre o al padre que cumpleaños de fallecido. Claro esto no tiene nada de paranormal, pero hubo una ocasión en la que iba pasando por este panteón y veo a una persona. Era una mujer vestida completamente de blanco. Esta mujer me hizo la parada. Yo me detuve como siempre y escuché claramente cómo se abrió la puerta e incluso como el auto se sumÃa, como cuando alguien se sienta la mujer cerró la puerta tras de ella y después se quedó en absoluto silencio. Yo estaba esperando a que me dijera, pues a dónde la llevaba, cuál era su destino. Pero la señora no me respondÃa. Obviamente, yo le pregunté, Señorita, a dónde quiere que la lleve. De igual manera, no me contestaba. Fue hasta este punto que yo me doy la vuelta y le pregunto, Señorita, a dónde quiere que. Y solamente me quedé ahà porque no habÃa nadie en los asientos traseros. Volteé hacia la banqueta, hacia el panteón, hacia la carretera. Todo estaba solo completamente deshabitado y solamente habÃa escuchado la puerta cerrar. No la habÃa escuchado abrirse. Si aquella mujer hubiera salido corriendo, yo le hubiera escuchado. Era algo extraña. Su piel blanca era de forma anormal. Yo he visto personas blancas, personas güeritas, pero el tono de piel de aquella mujer era todavÃa aún más pálido. Y creo que esto es lo que tienen en común, porque esto no solamente me pasó una vez, sino es que dos veces, cuando yo me volteaba y pedÃa que me dijeran cuál era su destino, aquella mujer que en su mayorÃa vestÃa totalmente de blanco o totalmente de negro, desaparecÃa. He notado que estas apariciones, si tienes la mala suerte de encontrártelas, siempre son a altas horas de la noche y siempre son cuando la entrada del panteón está sola. Solamente esta mujer va a estar esperando no hay ninguna otra persona. Se tiene la creencia de que por la noche, cuando no hay nadie, los difuntos salen de sus tumbas. Otra historia que les quiero contar. No me pasó a mà y, para ser franco, tampoco le pasó a mi padre, pero es una historia que mi padre me contaba si emprende de brujas o cuando incluso estábamos contando entre la familia experiencias paranormales. Esto más bien es una leyenda y a pesar de que llevo en tu Canal algunos meses, no he escuchado que la relates. Asà que aquà te la doy. Mi padre cuenta esta historia, que se dice se cuenta mucho entre taxistas y que es como otra advertencia. No tienes que levantar más que nada por tu seguridad a ninguna persona que esté en una autopista, en un puente o en algún lugar en la carretera, la cual no sea parada, una parada designada para el transporte público. Se podrÃa entender que esto se dijera por temas de seguridad. Es peligroso detenerse en un sitio que no sea una parada más que nada, porque podrÃan ocasionar un accidente y hay personas que saben esto, sobre todo en las autopistas. Pero, sin embargo, hay taxistas que esto no lo saben. Y volvemos al punto anterior. Hay taxistas muy jóvenes que se están adentrando a este mundo y obviamente, muchas de estas cosas no las saben, asà que tal vez por desconocimiento o tal vez porque si lo sabÃan pero no habÃan agarrado ni un solo pasaje en toda la tarde se arriesgan y durante la noche, que es cuando esto pasa, toman aquel pasajero que ven en la autopista haciéndoles la parada casi inmediatamente. Cuando el taxi se detiene, el pasajero se sube ni siquiera le dice a dónde va o cuánto cobra, dos preguntas que son muy cotidianas. Cuando detienes un taxi se dice que este taxista se detuvo y a su taxi arribó un hombre de edad avanzada, no tanta, pero sà de edad avanzada. Este hombre calcula que tendrÃa algunos setenta años, poco más o poco menos. Iba vestido de traje, un traje muy bien planchado, muy bien lavado con una colonia. Se notaba que era un hombre refinado, podrÃamos decirlo o tal vez iba en camino a una fiesta o una cena. Este hombre se subió, le dio las buenas noches al joven y una vez que ya estaban en camino, que ya habÃan salido de la autopista, le dijo su destino era una casa. Ni muy lejos ni muy cerca. TodavÃa tenÃan algo de tiempo hasta llegar allá. El hombre, como si teniendo una simpatÃa, como si fuera muy agradable, empezó a platicar con aquel joven y obviamente, este taxista le siguió el juego empezaron a hablar de su familia, de las cosas de su vida cotidiana, de diferentes temas. El señor le platicó que tenÃa hijas y que estas hijas se llamaban una marta, otra diana y en la historia, en esta leyenda varÃan los nombres, pero siempre son dos nombres de hijas o hijos. Después de tanto, hablar en el camino e incluso se dice que el joven le estaba cayendo bien, lo estaba viendo más como un amigo debido a los varios consejos que este señor le habÃa dado, ya que con la edad vienen las experiencias y también mucho la sabidurÃa. Justo al llegar al domicilio, este hombre se baja y le da una disculpa. Al joven le explica que él no tiene efectivo, pero que va a entrar a la casa y le va a pedir a su hija que lo espere ahà unos cinco minutos, unos diez minutos máximo y va a salir a darle el dinero. Al joven le ha caÃdo tan bien, pero también este señor que dice sà váyase. No hay ningún problema. Yo le espero este señor le agradece y se va caminando. Lo que este joven pensaba como que este hombre iba a una cena o una fiesta se corrobora, ya que ve adentro a muchas personas, estará en el patio, muchas personas paradas, pero lo extraño es que no escucha música, no escucha nada de alboroto, no escucha risas plática. Solamente ve personas paradas y otras sentadas yendo de un lado hacia otro, el hombre entra entre todas estas personas y se pierde entre la multitud. El chico en el taxi espera dos minutos, cinco, minutos, diez, minutos, quince e incluso veinte veinticinco minutos. Obviamente, él ya está desesperado y se pregunta qué pasó con aquel señor. Se notaba que era un hombre de palabra. No puedo creer que me haya dejado aquà colgado, Asà que ni corto ni perezoso. Sale de su taxi y se adentra en la fiesta. Ãl pensó, tal vez se lo olvidó, tal vez tuvo un percance. QuerÃa saber qué le habÃa pasado aquel señor. Cuando entra a la supuesta fiesta y se va adentrando en los supuestos invitados, se percata de que todos estos visten en su mayorÃa con ropa oscura como si fuera un velorio. Hablo mucho con este hombre y recuerda el nombre de las hijas, al menos de una, asà que una vez estando entre la multitud, le pregunta a varias personas oiga disculpe usted conoce a la señora Marta es hija de ochente, Este hombre mayor le habÃa dicho que él se llamaba Vicente, pero que le decÃan chente. Su búsqueda dio rápidamente frutos. Varias personas le señalaron a la supuesta hija de este hombre de este ochente. Al acercarse con ella y explicarle la situación que tenÃa, la chica se confunde. Era una mujer de alrededor algunos treinta y tres años, treinta y cuatro años. Ella está confundida y, sobre todo, muy dolida. TenÃa los ojos hinchados. TenÃa una apariencia demacrada, como si esta mujer hubiera estado llorando, pero llorando y llorando durante mucho tiempo. Ella le replica, pero, joven, mi padre, no puede deberle ninguna carrera, porque él no está aquÃ. El joven taxista algo confundido, le pregunta, pero cómo es que no está aquÃ? Yo lo traje. Entró por esa puerta, lo traje aquà a esta casa. Me dijo que iba a salir unos diez minutos a pagarme. Marta le dice nuevamente no joven, mi padre no le puede ver ninguna carrera, porque él ya falleció. Este es su funeral. Lo estamos velando. Estas palabras. Le caen al taxista como un balde de agua frÃa y no conforme con las palabras de la hija. Ãl va y se cerciora de que en verdad es el velorio de aquel hombre. Tal vez esto fue algo que tal vez se arrepintió tiempo después, ya que se acercó al ataúd ese ataúd abierto en el cual las personas pasaban una a una a despedirse y vio a ochente. Ahà estaba aquel hombre con la misma ropa, esa ropa refinada, acostado inerte. Esto fue suficiente para que el taxista saliera disparado de allà y se fuera chillando rueda por donde vino. Se dice que no tienes que levantar personas en autopistas o puentes, ya que no son lugares Muy seguros que las personas ahà en su mayorÃa las que transitan por estos lugares, tal vez porque no tengan ninguna otra opción o porque se les hizo fácil. Mayormente pierden la vida debido a que no hay ningún señalamiento, debido a que no hay ninguna banqueta. La mayorÃa de las veces terminan llevándoselos diferentes autos y asà perdiendo la vida. Aquel hombre habÃa perdido la vida en aquella autopista y justamente desde ese lugar donde habÃa sufrido aquel accidente, tomó un taxi y lo llevó hasta su casa. Las personas que pierden la vida de esta manera, sus almas no se van fácil de este mundo y esta historia es una prueba más de ello, pasamos de reglas extrañas de autos con ciertas maldiciones algo más realista. PodrÃamos decir realista en algún modo, porque esta experiencia también tiene tintes paranormales, como un cuerpo o una alma puede pedir auxilio una persona que acaba de perder la vida, tal vez de forma horrorosa, pero que todavÃa tiene la capacidad de avisar por quien de avisar, como quien dice que él está allà que, por favor, lo encuentre de seguro. No son pocas las personas de que se sabe que nunca aparecen, personas que simplemente se los traga la tierra. Puede ser que ese tipo de personas que nunca se hayan encontrado su cuerpo, como todavÃa no se les ha dado cristiana, sepultura o, dependiendo la religión que profescen, tal vez su alma o espÃritu no pueda dejar esta tierra. Esto le pasó un taxista que sin querer transportaba consigo una alma errante, que le pedÃa auxilio, que le pedÃa que descubriera su cuerpo. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Susana lijangos Te. Quiero compartir la experiencia de un tÃo lejano. Mi familia y yo somos de rancho. Algunas personas se quedaron ahà y otras, como mi tÃo, decidieron unirse a las grandes ciudades a probar suerte, a ganar más dinero. Consiguió empleo como taxista en cuestión de algunos meses le halló la movida, todo las avenidas, las carreteras más concurridas, cómo podÃa tomar atajos, cómo podÃa llegar más rápido a un destino. Y también supo que las mayores ganancias se dan más comúnmente en viernes y sábado en los bares, en los centros. Es más comúnmente cuando los jóvenes y los notan jóvenes toman taxis o uber ese raro el que lleva su propio auto, porque prácticamente se embriagan hasta salir casi a gatas de los centros nocturnos. Pero también, como sabrán, muchos de los centros nocturnos, sobre todo de las grandes ciudades, de las ciudades céntricas, son controlados o mÃnimamente vigilados por personas del crimen organizado. Esto hay que tenerlo muy bien en cuenta, sobre todo para no meterte en donde no te llaman, porque puede ocurrir un accidente. Te pueden confundir. Como quien dice, mi tÃo tenÃa esto muy en cuenta, por lo que él siempre mantenÃa su distancia. Ãl tenÃa un hábito, un hábito que se le quitó. Desde entonces. Ãl conducÃa a un suru, un auto muy popular que traen los taxis. Cuando él se detenÃa cerca de algunas de estas esquinas, donde habÃa antros bares, siempre ln ns tenÃa la puerta del equipaje abierta de la cajuela. Esto era porque a veces algunos jóvenes en su mayorÃa compraban cerveza, compraban licores en algunas de las tiendas que habÃa ahÃ. HabÃan muchas tiendas para esto que abrÃan prácticamente las veinticuatro horas. Por eso, de las cuatro de la mañana, de las tres de la mañana, los jóvenes salÃan, compraban más licor y pedÃan que los llevaran a alguna casa, por supuesto, a seguirle al after, como popularmente se dice. Y por eso lo más rápido era que me tiran toda la bebida en la cajuela, mientras que ellos se subÃan para irse rápidamente y volver rápidamente también y asà toda la noche. Pero este hábito se le quitó a mi tÃo. Después de esto que le sucedió, sucede que él se encontraba, como otras tanto tantas noches a un lado de su taxi, viendo a qué grupo de jóvenes podÃa llevar cuando en eso va con un señor el cual platica con él todas las noches. Es uno de los señores que atiende una de estas tiendas de autoservicio cuando menos se percata. Ya hay dos grupos de jóvenes ya cerca del taxi. Obviamente, como vienen borrachos, empiezan a gritar y empiezan a preguntar de quién es el taxi que si se lo llevan ellos en fin nada bruscos. Solamente son un par de jóvenes a los que se les pasaron las copas obviamente, andan alegres. Mi tÃo va con ellos y se percata que en el periodo que estuvo platicando con aquel señor, tal vez estos sin querer cerraron la cajuela. Una vez que ellos se meten, él les pregunta oigan disculpen traen bebidas, las pusieron en la cajuela y ellos le contestan que no, que ellos no han traÃdo nada. Aquellos ya van rumbo a su casa que ella tienen suficiente de fiesta. Al taxista se le cerraron también porque ellos le dicen que la cajuela ellos no le han tocado que ella ya estaba cerrada cuando se estaban acercando al taxi. Mi tÃo piensa que tal vez se confundieron o tal vez están diciendo la verdad. Tal vez alguna otra persona borracha se acercó al taxi sin querer cerró la cajuela. No le presta atención a esto y siguen con su camino. Mi tÃo, obviamente, porque estas personas vienen alcoholizadas, las viene checando por el retrovisor. Ãl recuerda que habÃa tres jóvenes que se subieron al taxi, pero en ese momento habÃa cuatro. HabÃa tres personas en los asientos traseros y una persona más en el de laontero junto a él en el copiloto. Ãl nota un semblante extraño en el muchacho que va hasta el rincón atrás de él. Ãl va muy serio viendo por la ventana en su ropa, se ve que está manchado de rojo como si fuera sangre. Pero él piensa en ese momento que tal vez es alguna botella de vino, alguna botella de brandy, alguna botella de tal vez alguna bebida mezclada que se le derramó en la camiseta. No le presta atención a esto y sigue conduciendo mientras que los otros tres chicos vienen enfiestados, vienen platicando, vienen tirando. Chistes llegan al domicilio y tres chicos son los que se bajan del taxi. El que le llamó mucho la atención a mi tÃo. Ese no se bajó. Mi tÃo vuelve a ver por el retrovisor, pero no vio a nadie. No viene a nadie atrás con él. Ãl Ãl trata de pensar que tal vez se confundió, que tal vez el otro chico salió por la otra puerta. En fin, puede que uno no se de cuenta de esto. Son cosas que pasan. Ãl siguió con su camino y justo cuando se dirigÃa nuevamente a esta área de bares, se consiguió con otro pasaje que hacÃa el llegar a este Esta vez eran tres jovencitas que se notaba que habÃan salido de algún antro por la vestimenta. Más que nada le hicieron la parada, se subieron las tres y, obviamente, como también venÃan muy alcoholizadas, él las venga a checando por el retrovisor más que nada para que no le fueran a vomitar el taxi y nuevamente lo ve ve a un chico sentado atrás de él. Nuevamente era el mismo chico que habÃa visto cuando le llebó a los otros a su casa. La misma vestimenta con las mismas manchas rojas en esta es aquà cuando él se percata, cae golpes, empieza a escuchar un golpeteo este golpeteo ya lo escuchaba desde el primer servicio, pero pensó que tal vez aquellos chicos, como iban muy alcoholizados, iban golpeando el taxi. Las chicas, por otro lado, si bien también iban muy borrachas, iban platicando sÃ, pero sentadas sin hacer tanto alboroto solamente se reÃan y platicaban, pero el golpeteo un golpeteo sobre la lámina le llamaba mucho la atención a mi tÃo pensó que tal vez era alguna falla y como mi tÃo es muy perspicaz en esto, llevaba las ventanas del auto abajo con su oÃdo empezó a ubicar de dónde venÃa el golpe. Ãl rezaba porque no viniera del cofre, ya que no querÃa lidiar con el motor ahora o con alguna falla mecánica. Pero en eso se da cuenta que el golpe venÃa de la parte de atrás, golpes y golpes como si alguien tocara la lámina repetidas veces. Lo que él pensó fue claro. Tal vez el aire o algo lo que sea habÃa cerrado la cajuela y no la habÃa cerrado bien conforme. Ãl iba corriendo en la carretera. La cajuela iba topando y eso ocasionaba el golpe. Una vez dejando a las chicas en un edificio de departamentos, volteó a ver hacia la parte de atrás y nuevamente aquel chico no se bajó con ellas. HabÃa desaparecido. Para este momento, mi tÃo ya estaba más que aterrado. SabÃa que esa presencia de aquel muchacho no era nada bueno. Pero bajo del taxi y quiso cerrar mÃnimamente la cajuela tal vez para ya irse a su casa. Pero el momento de ir a la cajuela del taxi, él se da cuenta que la cajuela está cerrada. Está cerrada bien, no hay forma de que se ande golpeteando y puede que mi tÃo haya dejado eso hasta ahÃ. Pero la curiosidad saber por qué se originaba aquel golpe fue lo que le hizo vivir la experiencia más aterradora en su vida la que lo hizo salirse de taxista, abrió la cajuela y dentro de ella se encontró bolsas, bolsas negras de basura que tenÃan un edor que él reconocÃa muy bien, un edor a óxido al olor de la sangre y por cómo escurrÃan las bolsas que ya llevaban tiempo. Ahà de seguro se podÃa ver claramente que era sangre lo que corrÃan de ellas. Mi tÃo llamó a la policÃa. No se hizo tanto alboroto, pero reconocieron que lo que le habÃan dejado a mi tÃo era el cuerpo de un chico en partes y él no se habÃa dado cuenta de ello. Muy probablemente era el mismo chico que él veÃa sentado en los asientos traseros el taxi. Se lo llevaron, se lo regresaron tal vez a la semana y a pesar de que siguió, trabajaban de taxi por algunas otras tres semanas, casi el mes hasta que se decidió salirse. Después de esto, dice que no volvió a ver a aquel chico que, de alguna manera su alma le estaba avisando mediante su presencia y los golpes en la cajuela que estaba ahà que lo sacara. Está de más decir también que por el perÃodo que siguió de taxista no volvió a dejar y se le quitó definitivamente ese hábito de tener la cajuela abierta. Esta primera historia cripta manÃacos por obvias razones de relato y más que nada, porque la persona que me ha contado esto me ha pedido absoluto anonimato, es decir, no que ni que se reveren las ciudades, ni los nombres de la familia ni el nombre del Tampoco es comprensible, ya que es una historia que involucra a muchas personas, sobre todo también porque involucra a un sacerdote, el cual es exorcista y le tuvo la confianza de pedirle a esta persona que lo trans portara en el trabajo de una jovencita, la cual se argumenta estaba poseÃda su historia comienza de la siguiente manera. Esto ocurrió en el año dos mil seis. En aquel tiempo, yo estaba comenzando a trabajar como taxista. HabÃa renunciado a mi anterior empleo, habÃa logrado juntar para comprar tres autos. Dos de sus autos los habÃa puesto a trabajar como taxis y habÃa dejado el tercero para trabajar. De vez en cuando me acababa de casar y en fin, querÃa más tiempo para pasar con mi familia. Por ende, al estar mayor tiempo en casa, empecé a acompañar a mi familia, a mi esposa, a varias actividades entre estas, Obviamente está mal la iglesia. En los domingos y de vez en cuando los sábados, cuando los niños tienen catecismo, debido a que me volvà cada vez más cercano a la Iglesia, empecé a tener conocidos entre ellos, pues fueron los sacerdotes, las monjas y demás personas que frecuentaban mucho la iglesia. Eran personas muy religiosas a grandes rasgos. Como les dije anteriormente, yo no andaba en la carretera buscando pasaje. Yo simplemente tenÃa clientes fijos y de vez en cuando llegaba uno nuevo, debido a que estaba tan cercano a la iglesia, empecé a mover a las monjas, a los sacerdotes y de más personal cuando un diciembre y bien lo recuerdo, llegó este sacerdote. Pero lo curioso de este sacerdote es que yo lo veÃa, pero no daba misa, simplemente estaba a un lado. Se presentó con todos los de la parroquia, pero él simplemente estaba a un lado jamás damamiza, jamás daba catecismo. Era como si él hubiera llegado. Pero para otra cosa, tengo que decir que este sacerdote no era mexicano. Era europeo. No sé de qué parte de Europa, pero era del continente europeo. Se notaba en sus rasgos y se notaba también en su forma de hablar. Más temprano que tarde. Debido a mis contactos una noche, cuando estaba en mi casa, este sacerdote me llamó. Ãl me preguntó si lo podÃa llevar a un domicilio que estaba relativamente cercano a la capilla. Yo le dije que sÃ, que con todo gusto fui por ir a la parroquia y lo llevé hasta una casa, una casa que se me hacÃa muy familiar. Era la casa de una familia que era muy devota a la Iglesia. Era una de esas familias que también son pudientes, pero también muy religiosa. Lo curioso es que se me vino a la mente que yo no habÃa visto a esa familia. Ãltimamente. En la Iglesia, los que vamos casi todos los fines de semana empezamos a distinguir a las personas que siempre van e incluso platicamos con ellas. Esta familia era una de ellas y, curiosamente, en los últimos meses no habÃan ido ningún integrante. Yo no soy una persona que se meta en asuntos que la verdad no le conciernen. Entonces yo simplemente me limité a llevarlo y no le pregunté nada acerca de esta familia. Lo curioso empieza es que a la noche siguiente, de nueva cuenta me pide este sacerdote que lo lleve a esta misma casa. Yo cumplà lo llevé nuevamente y por un periodo, podrÃamos decirlo de algunos nueve o diez meses, casi el año completo llevé este sacerdote. PodrÃamos decirlo y si la memoria no me falla algunas cuatro o cinco veces a la semana a este mismo domicilio. Era raro cuando no me llamaba, debido a que pasó el tiempo y mi amistad con el sacerdote crecÃa. Le llegué a preguntar ya en los últimos meses que porque esa familia ya no habÃa ido y se habÃan tenido algún problema, ya que el sacerdote iba casi diario. Ãl me dijo que no lo podÃa decir, pero que tal vez pronto yo me darÃa cuenta y a decir verdad, ojalá jamás me hubiera enterado. Es algo que tengo que cargar en mi mente y va a ser muy difÃcil olvidarlo. Esto comenzó una noche que él me llamó. Ãl me dijo que se pudiera la parroquia. Yo pensé que de nueva cuenta querÃa que lo llevara a esta casa y sÃ, a grandes rasgos, era lo mismo, pero antes de llevarlo, querÃa platicar conmigo, querÃa darme un trabajo, querÃa que fuera su taxista durante toda esta semana que venÃa y también tenÃa que decirme ciertas reglas que yo tenÃa que seguir. Yo en este momento le puse una cara de extrañado, es decir, yo pensé que solamente lo iba a llevar. Ãl me dijo que sÃ. PodrÃamos decir que solamente era ese el trabajo, pero que en la casa de esta familia estaba pasando algo muy malo y querÃa un transportista, un taxista de confianza más que nada, un taxista que tuviera mucha fe en lo que cree que creyera en Dios, que supiera rezar y más que nada que tuviera ahora sà sus creencias bien cimientadas. En este punto. Yo hice una pausa. Le dije que sÃ, que era católico, que creÃa en Dios, que me sabÃa todos los rezos, pero que querÃa que me explicara un poco más qué era lo que estaba pasando. Ãl simplemente se metió su mano en su túnica, sacó unos billetes que para ese momento era mucho dinero, Era demasiado dinero. Yo le dije que no lo podÃa aceptar simplemente por una semana de trabajo. Es que es que no podÃa aceptar eso. Ãl me dijo que no habÃa problema y que ese era el pago más que nada, porque mis servicios los iba a solicitar durante toda la noche y la madrugada. Me dijo que nos pusiéramos en marcha y por el camino me iba a contar todo. Ãl comenzó diciéndome que era un sacerdote exorcista que habÃa estudiado en el Vaticano, se habÃa preparado y que, para la mala suerte de aquella familia, a la hija más grande de unos quince años, habÃa sido poseÃda por un demonio Y, obviamente, al escuchar esto, se me empezó a poner China la piel. Me dijo que su asistencia o su presencia ya con esta familia ya era el último recurso que se estaba tomando. La chica ya habÃa pasado por psiquiatras, por doctores, por la medicina en general, pero nadie le habÃa podido ayudar hasta ahora. Se pidió la intervención del sacerdote por orden del Vaticano, después de ya haber confirmado hace un año y medio que era una posesión. Este sacerdote habÃa llevado trabajando con esta chica desde que vino prácticamente este exorcismo llevaba ocho a diez meses la chica en ese Estado. Yo le pregunté si es que tardaban más, por qué demoraban tanto si ya tenÃan el permiso del Vaticano el sacerdote. Me contestó que no todos los exorcismos son iguales. Algunos llevan dÃas, semanas, meses o incluso años. Son tan volátiles que no se sabe cuánto van a tardar. Ãl me dijo simplemente al llegar que me colocaran rosario en el cuello, el cual él me proporcionó. Me dijo que estaba bendito y que se escuchaba algo raro que no prestara atención, que simplemente no mantuviera dentro del taxi. Se me ha olvidado decir que los carros que habÃa sacado de aquella empresa no eran carros, por asà decirlo normales. Eran tipo van es decir, le cabÃan cerca de algunas siete personas eran taxis grandes, los tres carros más que nada. También por eso me me me me queda el sacerdote, ya que sabÃa muy bien que tal vez alguna noche tenÃan que transportarla a ella en esas condiciones y, por desgracia, me tocó a mà tener que transportarla. Ese mismo dÃa. Recuerdo que sacaron a la chica. ParecÃa totalmente dormida. Yo, al verla como la pusieron en los asientos, me sorprendÃ, es decir, la chica se miraba desgastada, Era como si hubiera adelgazado algunos diez kilos. Se notaba demacrada y profundamente dormida. Eran cerca de las dos de la mañana y el sacerdote me dijo que los llevara a la capilla. Yo obedecà arranqué el taxi y me puse en marcha. Al momento me sorprendÃ, ya que vi que él no era el único sacerdote que se encontraba ahà habÃa varios. Se metieron s cuatro y una monja dentro de mi taxi. Todos ellos iban tocando la chica mientras rezaban. ParecÃa una escena completamente salida de una pelÃcula de terror. El sacerdote exorcista iba a un lado de mÃ. Me dijo que mantuviera mi mirada frente a la carretera, que mantuvieran atención frente a la carretera en todo momento, pero que eso sÃ, que estuviera rezando el credo. Junto con él, ambos empezamos al mismo tiempo, Ãbamos casi incluso a la misma velocidad rezando. Cuando en eso empiezo a escuchar unos gritos, unos gritos desgarradores que vienen desde atrás, yo me empecé a asustar bastante esos gritos provenÃan de aquella chica. Los gritos eran tan desgarradores eran tan aterradores y tan fuertes que incluso me volvieron sordo por un momento. Incluso creÃa que las cuerdas vocales de aquella chica iban a reventar sus pulmones. Estaban esforzando bastante, pero cuando voltea a ver el retrovisor, se podrÃa decir que materré to habÃa aún más de lo que ya estaba. Y es que por el retrovisor pude ver que la chica venÃa completamente dormida, es decir, ella no estaba gritando o si lo hacÃa, lo estaba haciendo con la boca cerrada. Y eso es prácticamente imposible. Y ahora, antes de que ustedes saquen sus propias seducciones, cuando llegué a mi casa, yo empecé a hacer ejercicios o sea, intentar gritar con la boca cerrada. Obviamente se puede, pero el sonido no es igual a como si tuvieras la boca abierta aquel sonido era un grito, un grito desgarrador, como el de una mujer junto con la voz de un hombre. Era una voz totalmente extraña. Obviamente, esto me empezó como a distraer un poco. TenÃa mucho miedo, no sabÃa muy bien cómo actuar en ese tipo de ocasiones y debido al miedo a la ansiedad que tenÃa en ese momento, empecé a dejar de rezar y solamente miraba aquella chica por medio del retrovisor y en una de esas vistas, cuando alejé la mirada del camino y luego la volvà a poner sobre el camino enfrente de mÃ, se me apareció un hombre. O se puede decir que querÃa aparentar la silueta de un hombre. Sus piernas eran muy largas. Sus manos eran también demasiado largas. Sus piernas eran elevadas casi hasta el pecho de una persona y sus manos eran largas y extendidas hasta llegar casi al piso. Era un ser completamente deforme. PodrÃamos decirlo y en su cabeza salÃan a relucir un par de cuernos que se podÃan ver con la luz de mi taxi. Este hombre se paró enfrente de mà y yo. Lo que hice fue dar un volantazo, alcanzar a esquivarlo y después volver a la carretera. Obviamente, por este movimiento todos se movieron. El sacerdote me tomó del hombre. Me dijo no dejes de rezar, pon atención al camino, no mires ni una otra cosa. Solamente reza y preocúpate por llevarnos hasta la capilla. Yo me enfoqué en eso iba rezando y conduciendo, rezando y conduciendo hasta que, por fin y a pesar de que se me hizo un viaje eterno, pude llegar a la capilla pero esto, para mi desgracia, no nos acabarÃa ahÃ. Dos sacerdotes se bajaron y fueron a preparar unas cosas en la capilla. El otro sacerdote, el exorcista, me miró y después me dijo sé que es mucho lo que te voy a pedir. Pero, por favor, solamente por esta vez ayúdanos a bajar aquella muchacha y meterla en la capilla. Por favor, yo solamente lo miré con ojos de que por qué me estás pidiendo eso. Yo no querÃa, yo no querÃa hacerlo, pero a final de cuentas, lo terminé haciendo. Bajamos aquella muchacha y mientras lo hacÃamos, recuerdo muy bien una voz que provenÃa desde ella. Desde dentro de ella. Vuelvo a decirlo, la chica iba como que completamente sedada, iba respirando, pero la voz que venÃa de ella, la voz que me hablaba, que nos hablaba todos en conjunto No sé qué era lo que nos decÃa, pero era una voz como que femenina y masculina al mismo tiempo. Tiempo venÃa como desde su torso, desde su estómago, desde su pecho. Desde ahà provenÃa aquella voz, no de su boca, y puedo decir que los gritos que escuché anteriormente también provenÃan de ahÃ. Era como si algo estuviera dentro de ella. Yo simplemente me limité a llevarla y ahà una vez yo me salÃ. Me salà muy apresurado. Corrà incluso abrà el portón y lo primero que hice al llegar a la banqueta, al llegar con mi taxi, fue vomitar en la banqueta. TenÃa muchas emociones encontradas. Estaba muy nervioso. Terminé vomitando. Una vez ahà me subà de nuevo el taxi y esperé órdenes del sacerdote. Obviamente, y aunque no me gustara la idea tenÃa que llevarlos de regreso y podrÃa decirles que la espera de esto era algo mucho peor, ya que no sabÃa qué era lo que me pasarÃa en el camino de regreso. Por suerte, el camino de regreso fue totalmente opuesto a lo que vivimos. Cuando Ãbamos. Fue de lo más tranquilo. Sacamos aquella chica la volvieron a poner en medio del taxi y en el camino, aunque algo tenso como que todos preparados para algo que surgiera en el camino Ãbamos. Bien, fue un transcurso calmado y eso que solamente era el primer dÃa con el que habÃa trabajado con este sacerdote. TodavÃa quedaban otros cuatro dÃas. Los llevé y regresé a mi casa en la madrugada. Honestamente, me quedé pensando cerca de media hora en la sala de mi casa si en verdad podÃa con este paquete. No sabÃa si seguir tomando el trabajo. A final de cuentas, terminé yendo nuevamente al dÃa siguiente, llegué al sacerdote y después, como era mi orden, tenÃa que esperar ahà más que nada. No era porque los iba a transportar siempre, sino es que para cualquier percance querÃan a alguien de mucha confianza y que también, pues fuera religioso. Pero esa noche nada pasó. Al menos nadie salió de la casa. Pero lo que sà pude ver es que alrededor de la casa, en el patio, por las ventanas, por la puerta, habÃa niños, niños que me observaban desde adentro hacia afuera. Eran niños de diferentes edades. Tal vez el más menor tenÃa como cinco años y el mayor tendrÃa algunos diez o once eran como siete niños los que veÃa caminando de un lado hacia otro, pero por toda la parte de enfrente de la casa mirándome yo en ese momento estaba más que aterrado. No sabÃa muy bien cómo reaccionar, asà que simplemente me limité a mirar hacia enfrente porque podÃa ver que estos niños tenÃan los ojos completamente oscuros y hasta era necio preguntarlo, pero muy dentro de mà sabÃa muy bien que esos niños no eran niños comunes por tres dÃas, que eran los que siguieron después de aquella noche que habÃa transportado a esta chica. No sucedió nada. Solamente veÃa a estos niños mirándome desde la casa. Alguna vez me quedé dormido en el taxi y y cuando desperté, uno de estos niños se encontraba de frente a mà y después caminó de vuelta y se metió en la casa sin pronunciar ni una sola palabra. Yo continué manteniéndome al margen. Cuando cayó la quinta noche. Aquella quinta noche, aproximadamente a las tres de la mañana, salió el sacerdote en compañÃa de una monja. Ãl me pidió que lo llevara de nueva cuenta a la parroquia. La monja iba llorando y se iba rascando de muchos lados, de sus brazos, de su pecho, de su espalda, mientras que este sacerdote simplemente le decÃa que, por favor, se calmara, rezaba y rezaba junto con él, hasta que eventualmente la monja pudo tranquilizarse, una vez que todavÃa Ãbamos en camino. Casi llegando a la parroquia, yo le pregunté al sacerdote que si habÃa niños en aquella casa, le dije verdad que no hay niños, verdad que solame están ustedes. Ãl me contestó que no, que solamente estaban ellos y de vez en cuando los padres, pero que los niños menores de la familia habÃan sido llevados a otra casa más cerca del centro, pero que ahà no se encontraba ningún niño. Y yo le respondà que veÃan niños alrededor de la casa, en el patio, de vez en cuando, en la banqueta y en otras partes de la casa. Ãl me dijo que no eran niños, que simplemente son cosas que no les gusta que los estuviera ayudando, pero que no tuviera miedo a grandes rasgos, que ellos a mà no me podÃan hacer nada, solamente intimidarme, solamente asustarme, por asà decirlo, pero que no se podÃan meter conmigo que eso se los habÃa prohibido mediante algo que habÃa hecho él antes de que yo entrara a esa casa o que estuviera allà enfrente de ella. Los dÃas pasaron y, obviamente, pues el servicio, pues se acabó. Yo dejé de ir por este padre y después ya no supe acerca de la familia, por suerte, y me complace decirles que este relato, esta experiencia, termina de una forma buena. A pesar de todo lo sucedido. El padre, que es exorcista de vez en cuando vuelve a la localidad y pues lo he saludado en varias ocasiones, sino que cada cuatro años, cada tres años, pues dice que le gustó mucho México en cuanto a la familia. A la familia la pude ver nuevamente en la iglesia y también pude ver a aquella niña, a aquella chiquilla. Por suerte, al parecer, si lograron sacar a aquel demonio que habitaba en ella. He hablado nuevamente con sus padres, tanto con su madre, con su padre, con sus hermanos. Todos sabemos por lo que pasó ella, todos sabemos lo que la poseyó, pero no hablamos del tema. Es como si quisiéramos sepultarlo. Es un recuerdo que nadie quiere volver a vivir y que en esta ocasión he querido compartirla contigo y con toda tu audiencia. Gracias por los buenos relatos. Espero que les haya gustado mi experiencia. Este siguiente relato viene de parte de Juan Carlos. A Juan Carlos, esta experiencia tiene poco. Lo que le sucedió poco más de un año debido a lo que le pasó y a lo que vivió en aquel momento, lo hizo por completo desapegarse del trabajo de taxista. Muchas personas no le creen porque básicamente es algo tan aterrador o tan increÃble que se dificulta que lo crean en esta ocasión nos lo quiere compartir ya si algunas personas lo creen o no. Esa ya es su opinión. Juan Carlos está acostumbrado a que le digan que sin evidencias, no creen lo que dicen y a pesar de que podÃa sacarlas. Curiosamente, en ese momento la tecnologÃa falló. Tal parece ser que Juan Carlos subió a un par de ntes, por asà decirlo que no era lo que aparentaban y que aquella noche lo hicieron vivir una experiencia que hasta el dÃa de hoy no puedo olvidar y su historia comienza como una noche cualquiera hola. Mi nombre es Juan Carlos y quiero contarles una experiencia que me pasó el año pasado, o más bien el antepasado, en dos mil veintiuno. Yo me dedico al trabajo de taxista y en este trabajo llevo laborando aproximadamente más de diez años A lo largo de todo este tiempo, es básicamente creÃble que me ha pasado de todo desde asaltos hasta otras experiencias, un tanto para normales. Hay algunas a las que en verdad no les encuentro explicación, pero hay otras tantas que sà que las tienen y creo que cuando le encuentras una explicación a algo como esto, te causa más terror todavÃa haberlo vivido tal y como esta experiencia te quiero contarles. Como les dije, llevo ya diez años trabajando en esto y lo que más me ha pasado, desafortunadamente, son ciertos percances con los vivos, es decir, con asaltantes. Me han asaltado mucho en estos diez años. Debido a esto y como cualquier otra persona, es obvio pensar que empecé a tener ciertas actitudes o ciertas cosas que me ayudaban a prevenir que me asaltaran en mi trabajo más primordialmente, durante la noche que era cuando esto ocurrÃa. Era muy raro que los asaltantes se subieran o quisieran robar a un taxi por el dÃa o por la mañana. Aunque suene bastante contradictorio. La verdad es que no le puede sacar mucho dinero un taxi. A veces tenemos cien pesos en pura feria, otras veces nos va bien, e incluso tenemos algunos dos mil dos mil quinientos y sin importar cuanto tengamos, ellos vacÃan todo. Tomé ciertas precauciones e instalé dos cámaras de seguridad. Una de ellas apuntaba hacia enfrente. Era la vista que yo tenÃa al conducir el auto. Esto más que nada ayuda para cuando hay choques, para cuando te chocan o cuando tú chocas o hay un choque enfrente de ti más que nada sirve para sacar quién es el culpable Y si, efectivamente, Tú no tuviste nada que ver te, ayuda mucho en esos casos más que nada. Para personas como yo que se las pasó trabajando en la calle, esto le viene como anillo al dedo. Por otro lado, la otra cámara que tenÃa esa se encontraba puesta en una esquina de la ventana de la parte del pasajero. Era una cámara que tenÃa un rango amplio de visión. A mà me podÃa ver, podÃa ver al pasajero de copiloto y también a los de atrás para que captara mejor las caras o los rostros. Yo le habÃa quitado lo que viene siendo la parte de arriba del asiento, es decir, el respaldo lo tenÃa se podÃan recargar, pero la cabeza a la parte de donde respalda su cabeza. Esa la habÃa quitado más que nada para que también la Cámara pudiera captar sin ningún problema las tres personas que tuviera atrás si, en dado caso se me llenara el taxi en aquella noche, fueron tres muchachos los que me hicieron la parada en el centro, en la zona céntrica. Los tres se subieron. Eran dos muchachos y una chica. Estos dos muchachos eran jóvenes. TendrÃan algunos veinte tantos, unos, veintidós, veintitrés años. La que se veÃa más jovencita era la muchacha con algunos tal vez unos, diecinueve, dieciocho años y se veÃa que venÃa en un Estado algo inconveniente, Es decir, se notaba como que iba hacia un lado iba hacia el otro, como que venÃa con copas de más o incluso con sustancias consumidas. Los que se notaban que venÃan bien eran aquellos dos muchachos. Ellos sÃ, no tenÃan ninguna actitud rara. Empezamos el viaje. Ellos me dijeron con señas que iban a las afueras, a las afueras de lo que viene siendo el centro cerca de las autopistas. Obviamente, la carrera va a ser algo larga, pero ellos dijeron que el dinero no era ningún problema. Yo listo, comencé mi viaje y por el camino. Escucho a la Señorita preguntarle a estos hombres si es que la van a llevar a su casa. Estos hombres le repiten que sÃ, que no se preocupe que llavan en camino con más amigos y esta les contesta. No es que yo ya me quiero ir para mi casa. Estaban en esta pequeña discusión y yo haciendo memoria en aquella parte que está lejana a todas las localidades todas las colonias no hay ninguna casa, es decir, es territorio industrial. Hay empresas, hay industria, pero pero no hay que casas, no hay localidades a donde la llevaban. Era cualquier otro lugar, pero no era la casa donde vivÃa esta chica. Eso se podÃa notar más que nada en su vestimenta. La chica no era de bajos recursos como para creer como para creer que viviera en algún lugar remoto, se podÃa ver que iba bien vestida, por lo que aquà las alertas se me empezaron a prender. Empecé a poner más atención a ellos, y ellos lo pudieron notar, ya que cada vez que veÃa por el retrovisor o encontraba cualquier excusa para voltear la cabeza, estos chicos me miraban fijamente mientras que la chica iba adormecida, a veces dormÃa, a veces se despertaba súbitamente otra vez se dormÃa. Obviamente, estaba en un predicamento. Quiero decirles que ya soy un hombre mayor. Tengo sesenta y dos años y pese que aún me conservo bien, yo no soy ningún rival para chicos de veinticinco, veinticuatro años, sobre todo que me sacan estatura como por treinta centÃmetros. Pero, en definitiva, algo dentro de mà Me decÃa que tenÃa que hacer algo por aquella chica. Estábamos llegando casi a su destino. Todo estaba desértico, no habÃa banquetas. Simplemente era una autopista y uno de los muchachos me dijo que me detuviera y que los dejara ahÃ. Yo volteo hacia ambos lados y le digo joven, aquà no hay nada, cómo quiere que los deje aquÃ. Ãl me contestó de una forma muy grosera y me aventó el dinero que a usted no le importe. Aquà Bájenos, ya ahà tiene su pago. Obviamente, me habÃa aventado el dinero y aparte de la muchacha no iba en sus cinco sentidos, por lo que empecé a discutir con ellos. Ambos me dijeron que me detuviera ahora y uno de ellos sacó una navaja. No la pude ver, pero si la escuché ese sonido, tan ese sonido, tan caracterÃstico, cuando se desenfunda, en ese momento me tuve que detener y ellos, al momento de detenerme abrieron la puerta para mà en ese momento y fue mi error. No se me dio la idea como de cerrar con seguros, pero al momento y como mi última estrategia, les querÃa advertir, les querÃa intimidar, por asà decirlo diciéndoles que dejarán a la muchacha en el taxi, que simplemente ellos se iban a aprovechar de ella y que, si no le dejaban los iba a denunciar, ya que tenÃa sus rostros grabados con aquella Cámara. Esta Cámara estaba ligada a lo que viene siendo la pantalla de mi auto que se encontraba en el centro. Yo active esta pantalla con uno de los botones, dirigà la vista hacia la Cámara. Cada vez que lo hacÃa podÃa ver en tiempo real lo que estaba viendo la Cámara, lo que estaba grabando. En ese momento me corre un escalofrÃo enorme por todo mi cuerpo y es que cuando accioné la vista de la Cámara y ellos todavÃa se encontraban dentro del taxi en la Cámara no se podÃa ver nada. O más bien, ellos no se podÃan ver en la Cámara. Yo me veÃa a él me encontraba sentado. La chica también se podÃa ver ahà sentada. La Cámara nos estaba captando, pero no los estaba captando a ellos Era como si prácticamente ellos no existieran, Ellos no estuvieran ahà con nosotros. Volté tres veces, miré la Cámara y los miré a ellos después. Otra vez miré a la Cámara y los volvà a ver a ellos. Después me quedé mirando fijamente la pantalla hasta que sentà la mano de uno de ellos tocarme el hombro y con una voz burlesca me dijo tal parece ser que no nos tienes. En ese momento volteé y la expresión de la cara de este muchacho habÃa cambiado. Sus venas se podÃan ver eran más relucientes. Estas rodeaban sus ojos y sus ojos ahora habÃan cambiado. Eran unos ojos completamente oscuros, como si dentro de estos no hubiera nada. Yo estaba petrificado. Aquellos muchachos salieron y con ellos sacaron aquella muchacha me estaban sonriendo, sonreÃan mientras se alejaban y se introducÃan en lo profundo de los árboles. Yo arranqué mi taxi y fui de inmediatamente con la policÃa. Les conté lo que habÃa pasado por alguna extraña razón. Cuando llegué y quise mostrar en las grabaciones, la cámara de seguridad me presentaba un error. No podÃa cargar las grabaciones a mi celular. Era como si prácticamente la grabación no la pudiera ver más allá de mi pantalla. Yo las querÃa cargar a mi celular. Este tipo de cámaras tienen una memoria muy limitada. Están grabando todo el dÃa en mil ochenta p Ya saben unas cámaras más más actualizadas, pero vienen con un cierto error, con un cierto detalle, Y es que si durante veinticuatro horas grabaste y hay algo que te interesa, tienes que sacar esa parte del vÃdeo sacarla de la grabación y después pasarla a tu celular mediante el cable de UCB o una memoria, ya que si nos pasas esa grabación, la Cámara va a seguir grabando y, por ende, la Cámara va borrando los archivos para seguir grabando para que haiga más espacio. Es automatizada, asà que tenÃa simplemente unas horas. Eso bastaba básicamente, pero por alguna extraña razón, esta grabación jamás se quiso pasar a mi celular. Probé con una memoria USB, pero tampoco simplemente en el tiempo exacto. Esta Cámara me botaba error negándose por completo a compartirme aquellas imágenes. Los policÃas vinieron, vieron la grabación desde la pantalla del auto, pero no se veÃa nadie por más de que yo les juraba y perjuraba que ahà venÃan los dos muchachos en la grabación. Simplemente se veÃa aquella chica sentada en los asientos traseros completamente sola, hasta que ella, abajo del taxi, no se le pudo dar más vueltas al asunto. Simplemente aquellos jóvenes no se pudieron encontrar. Pero esto no termina aquÃ, ya que pasaron los dÃas y para mi mala suerte, un olor a sangre, un olor a óxido de la cabina de mi taxi, Y lo curioso es que nadie podÃa oler este olor a sangre que yo olÃa. Yo limpiaba diariamente mi taxing le metieron matizante, pero nada de esto funcionaba. Aspiraba un olor a sangre dentro muy penetrante y era el único que podÃa olerlo. En una de estas ocasiones que yo me encontraba solo dentro del taxi buscando pasaje, se me ocurrió poner la vista de la Cámara y ese fue un grave error. Ahora sà se podÃan ver que iban sentados mirando mi fin fijamente. Mientras conducÃa, yo volteé de inmediato. Pero estos muchachos no se encontraban en los asientos. Solamente la Cámara podÃa captarlos, pero ahora yo no podÃa captarlos a ellos. Esto se fue repitiendo cada vez más y cada vez más y cada vez más, hasta que llegó el dÃa en que no pude soportarlo. Tuve que vender el taxi, el olor a sangre y el saber que siempre iba acompañado. Simplemente no podÃa trabajar tranquilo. Asà no me sentÃa seguro. Al ir conduciendo, pude venderlo y con el dinero ahorré tantito y puse una miscelánea. Me alejé de las carreteras por completo. Ya no querÃa vivir nada de eso. Después de esto me hace pensar. Creo que las personas que dicen que las cámaras pueden captar ciertas cosas o captar fantasmas, captar espÃritus. Con esto que me pasó yo pienso que es lo contrario. Pienso que ellos se manifiestan cuando quieren, donde quieren y a quién quieren




