Jan. 16, 2024

NUNCA TE SUBAS A UN AUTOBUS DESPUES DE LA MEDIA NOCHE / MARATON DE RELATOS EN EL TRANSPORTE PUBLICO / L.C.E.

NUNCA TE SUBAS A UN AUTOBUS DESPUES DE LA MEDIA NOCHE / MARATON DE RELATOS EN EL TRANSPORTE PUBLICO / L.C.E.

Recopilacion de relatos nuevos y antiguos en donde personas han vivido experiencias de verdadero terror en autobus, combis y metro.

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Recopilacion de relatos nuevos y antiguos en donde personas han vivido experiencias de verdadero terror en autobus, combis y metro.

El siguiente relato viene por parte de un chofer de una combi. A decir verdad, el hombre que nos manda esta historia. Él dice que durante toda su vida ha trabajado en diferentes transportes públicos, autobuses, taxistas, más recientemente uber pero fue una experiencia en concreto el cual lo hizo replantearse mucho si sería buena idea trabajar de noche en este tipo de empleos. Y no es para nada nuevo. Se es bien sabido que tanto los taxistas, combis y demás transportes pasan por calles, por ciertas colonias o zonas de las cuales tienen mucha delincuencia. Y en estas zonas que tienen mucha delincuencia, inevitablemente hay víctimas, algunas víctimas que, si corren con suerte, solamente les quitan sus posesiones celulares o cartera se tienen mala suerte les quitan incluso la vida. Este chefer nos cuenta que en una de estas zonas subió una extraña pasajera, una extraña pasajera que terminó siendo un ente paranormal o la buenas noches cripta. La experiencia que te quiero contar me sucedió en el dos mil quince Pazze. Resulta que yo soy choferdona combi. Me he dedicado al transporte público prácticamente toda mi vida autobús, cob taxi y más recientemente uber y a lo largo de todos estos años me han pasado algunas cosas extrañas, pero también de índole paranormal. Pero la que más me temorizó, o podríamos decir la que más tiene un tinte sombrío, es este que te voy a contar. Sucede que cuando yo manejaba la combi. Creo que ustedes lo saben muy bien. Algunas noches sufríamos de delincuencia. No son pocos los videos que circulan en Internet sobre asaltantes subiéndose a las combis quitándoles dinero y celulares a todos los pasajeros. Bueno, esto lo viví varias veces y a decir verdad, si nosotros, como Choférez, vemos algo extraño de la parte del pasajero que se va a subir a la combi, es decir, si lo vemos con ropas extrañas que lo cubren casi por completo con las manos en sus bolsillos, decidimos arrancar y antes de que él pueda subirse, nos vamos del lugar. Esto me había funcionado un par de veces, aunque otras veces no hay ciertas calles, ciertos lugares que son de delincuencia, pero son de una delincuencia muy pero muy alta e incluso han perdido la vida personas en sus lugares debido a esto mismo. Tal vez a que no quieren dar su dinero a su teléfono y los maleantes simplemente se los quitan a la fuerza, pero disparándoles en el proceso. Una noche, como otras tantas, yo estaba conduciendo y justamente cuando estaba pasando por estas calles que son en las que soy muy precavido, vi que en su mayoría como costumbre, ya casi no había personas, pero me llamó la atención de que hubiera una jovencita esperando la combi en aquella parada para rematar todo esto. Y un dato que aún es más perturbador es que por esa zona las luces tienden a fallar. O sea, que no había iluminación. Estaba parada en la oscuridad. Me sorprendió mucho que fuera una señorita, es decir, para su buena suerte, tal vez no la habían asaltado. Me detuve con ella y curiosamente, ella mantenía la cabeza hacia abajo. No totalmente hacia abajo, sino medianamente. Podía verle algunas facciones de la cara, pero estas también llamaban mucho mi atención, ya que veía algunos colores que resultaban algo alertantes. Veía como sangre morado, como si fuera moretones en su rostro. Me detuve ahí, pero la Señorita no se subió. Estaba parada solamente en la entrada de la combi. Yo le pité y le pedí de favor a una de las personas que iban sentadas ahí que si podía abrir la puerta para que la Señorita pasara. Era un señor Grande el que me hizo caso, aunque se extrañó bastante, ya que abrió la puerta y se me quedó mirando. La Señorita después de pasar unos breves segundos subió a la Combi, caminó lentamente y se sentó en la parte de atrás. Después de esto vi que no cerraban la puerta. Nuevamente, aquel hombre solamente se me quedaba mirando. Yo le dije, señor ya puede cerrar la puerta. La Señorita ya se subió. Él se me quedó mirando y me preguntó pero cuál, Señorita, no se ha subido nadie. Yo solamente no prestando la atención, ya que ya me quería ir, porque esa zona es muy peligrosa. Le dije sí, señor, cierra la puerta. Por favor, el hombre cerró la puerta y continué con el viaje por el camino. Fui mirando aquella jovencita que portaba con ropas parecidas a lo que vendría a ser un uniforme de escuela. No hacía ningún ruido y sus marcas de agresión eran evidentes. Tenía rasguños, su uniforme estaba sucio. Su pelo como si lo hubieran jalado, Era como si la hubieran agredido entre muchas personas. Lo que me sorprendía es que venían algunas señoras en la COMBI, Y este tipo de señoras son las que inmediatamente ve a alguien así y le empiezan a hacer plática, Le empiezan a decir que por qué vine así que qué le ha pasado. Curiosamente, nadie en la COMBI le prestaba atención a ella. Solamente yo incluso recuerdo que le dije dos veces Señorita, quería que le hablemos a la policía. Señorita, se encuentra bien. Ella no me respondía, solamente miraba el suelo y las demás personas se me quedaban viendo. Continué con el viaje y ya estaba llegando a la rampa, donde hacemos fila, y noté que esta jovencita no se había bajado de la COMBI, por lo que le empecé a preguntar disculpe por dónde vive. Ya pasamos su parada o quiré que le llame a alguien era una jovencita de diecisiete años. Seguramente si había sido agredida, todavía vendría aturdida por todo. Tal vez todavía venía el shock. Por todo eso, yo me detuve en la rampa. Bajé de la COMBI di la vuelta, abrí la puerta de pasajeros y al momento de subirme ya no vi a nadie. La COMBI venía vacía completamente. Yo algo alterado. Bajé de inmediato. Creí que la jovencita se había bajado, tal vez había aprendido carrera por algún lugar. Era más que obvio que no iba bien me acerqué con mis compañeros que estaban enseguida si ellas hubiera bajado. Ellos sin ningún problema, lo hubieran visto. Grande Fue mi sorpresa cuando ellos me dijeron que no que de la COMBI nadie se había bajado. Solamente yo y que ellos vieron cuando me bajé y di toda la vuelta a la Combi para subirme del otro extremo. Ellos no vieron a nadie. Todos juntos fuimos y examinamos a la Combi después de platicarles la apariencia de aquella jovencita la actitud que tenía. Muchos de ellos me dijeron mira. Lo que pasa es que tú no levantaste una persona, levantaste un espíritu, una alma que va penando. Seguramente solamente tú la podías ver, ya que seguramente esta alma perdió la vida justo donde la recogiste o al menos cercano a este lugar después de hablar con ellos y darle un par de vueltas al asunto. Creo que esta explicación es la verdad de lo que vivía aquella noche. Creo que aquella jovencita perdió la vida en aquellos tramos de delincuencia y que lo único que intentó hacer aquella noche fue tratar de llegar a su destino, destino al cual jamás llegará. Antes de terminar la historia, tengo que decirles que muchas personas desaparecen. No me sorprendería que esta jovencita para evitar las búsquedas y esto es bien sabido, desaparecen. Las evidencias van y las esconden para que no llamen tanto la atención para que solamente crean que en esas zonas solamente asaltan, cuando la verdad es que suceden cosas mucho peores. Estas siguientes historias vienen por parte de dos hermanos. Son historias cortas, pero que son experiencias que por el resto de su vida nos van a acompañar. Estos dos hermanos, para su desgracia, vivieron estas dos experiencias en un transporte el cual creo que es muy concurrido, un transporte que, estoy seguro cualquiera de nosotros habrá tomado y estamos hablando de un autobús en la primera historia nos enseña que no tenemos que quedarnos dormidos en este y tal vez en menor medida, tal vez para que no nos pasemos de nuestra parada, no nos conviene quedarnos dormidos. Pero qué pasaría si a esto le sumas que en ese autobús o tal vez en aquella ruta, algo aparece dentro de éste pasada de la medianoche. Estoy más que seguro que muchos abstendrían de cerrar los ojos para mala suerte de estos hermanos. El cansancio pudo más y mientras dormían, no tenía ni la menor idea de que iban a vivir o una experiencia paranormal. Hola Aix. Mi nombre es Cecilia, y quiero contarte dos experiencias que le han pasado tanto a mi hermano como también a mí. Curiosamente, estas dos experiencias nos han pasado en el transporte público, en el autobús. Te voy a contar primero la experiencia de mi hermano. Él hubo un tiempo en el que trabajaba y también estudiaba. Creo que para las personas que conocen esto, saben que uno llega a sus límites. Una persona no aguanta tanto trabajando y estudiando. Y debido a este sobre esfuerzo, mi hermano empezó a quedarse dormido en diferentes lugares cuando podía, claro ya sea, en sus horas de descanso, en su pupitre, en alguna parte de la universidad, como en el campus o como comúnmente lo hacía en el autobús. Una vez que todo su día se había acabado, una vez que ya volvía a casa, se daba esa siesta de veinte minutos media hora. Incluso para mi hermano. Esto no era nada extraño. Esto lo venía haciendo ya hace un par de años y como en ese par de años había tenido algunos percances, como que a veces se quedaba dormido de más y esto lo hacía pasarse de su parada se iba más lejos todavía, o incluso como en algunas veces había llegado hasta la central de los autobuses y había sido despertado por el mismo chofer de autobús. Mi hermano aquella noche decía que iba muy cansado, particularmente aquel día había sido uno de los que más se le había exigido al cuerpo. Creo que solamente había dormido como tres horas, por lo que al sentarse en el autobús con esos asientos tan cómodos, con ese clima frío, lo reclinó solamente y él recuerda que el autobús se estaba llenando cuando cerró los ojos y se sumergió en un sueño pesado, pero muy pesado, y solamente hizo que saliera de este el llanto de una niña que iba a un lado de él. Mi hermano se levantó por este llanto, pero obviamente iba de lado de la ventana, por lo que lo primero que vio fue hacia afuera y se percató de que, como en otros días, se había pasado de la parada. Pero no solamente se había pasado de su parada, sino que estaba llegando casi otra vez hasta la central de los autobuses. Él se dio media vuelta, dispuesto a pararse lo más rápido posible. Cuando en eso es frenado por una niña que viene con un vestido azul. Como esos de princesas, la niña viene llorando con su carita, mirando hacia el suelo, sus manos están apoyadas sobre su cara y solamente viene llorando mi hermano como puede, ya que le dice varias veces a la niña que se le da permiso de pasar, pero la niña no le hace caso como puede. Él la pasa por encima y justamente cuando se da media vuelta para ir con el chofer, se percata de que esta niña viene totalmente sola. Ve hacia un lado, no hay ningún pasajero, ve hacia el otro. Tampoco ella era la única pasajera que venía en compañía de él. Lo que primero se le viene a la mente a mi hermano es que él dice que a lo mejor es una niña perdida. A lo mejor se subió con su mamá y debido a que esos autobuses se llenan bastante, no se percató cuando se bajó. Tal vez la mamá tampoco se percató si su hija se bajó o no. Esto sucede a veces, por lo que mi hermano, ofreciéndole ayuda a esta niña le empieza a decir niña, dónde está tu mamá viene sola. La niña no para de llorar. Sigue llorando y sigue llorando. Mi hermano trata de llamar su atención hablándole más cerca e incluso tomándola de la muñeca para que ésta lo mirara. Y es en este momento en el que mi hermano siente un escalofrío recorriéndole porque al tocar a aquella niña, nota que su muñeca, la muñeca que tal vez de una niña de unos siete ocho años, que era lo que le calculaba tenía esta niña tenía que ser suave, tenía que estar tibia. En ese momento, esas texturas no estaban. La muñeca de esta niña era fría y muy dura, demasiado dura como si estuviera petrificada. Mi hermano solamente le bastó sostener aquella muñeca máximo por dos segundos y se retiró de inmediato caminó hacia el chofer y le dijo disculpe. El chofer se sorprendió de verlo inmediatamente le dijo joven, ya vamos a llegar a la central que acaso se queda dormido. Mi hermano le dice que sí y se disculpa, pero que también hay otro problema, que hay una niña llorando allá en los asientos traseros que muy probablemente perdió a su madre cuando subía que hay que dar notificación a la policía. Todo esto para evitar algún problema o algún malentendido. Ya estaban llegando a la central cuando el autobús se detuvo y ambos, el chofer y mi hermano fueron a buscar a aquella niña para conseguirle el nombre de su madre, el nombre de su padre o a ver si tenía algún número al cual llamar. Pero por más que buscaron, no hallaron a nadie. La niña no estaba por ningún lado. La niña había desaparecido. Mi experiencia también es casi lo mismo que le pasó a mi hermano. Yo también tuve una época en la que tenía muchos entrenamientos, yo práctico gimnasia y a veces llegaba muy cansada. A veces tomaba taxi y otras veces, cuando me gastaba el dinero que me daban mis padres en salir con mis amigas en tal vez algunas comidas, tenía que tomar autobús. De cierta manera, esto no me incomodaba, ya que, como mi hermano, solía dormirme en este y así pasarme todo el transcurso hasta llegar a la casa, cosa que en un taxi no puedo hacer. Recuerdo que yo estaba dormitando, llevaba mi cabeza mirando por la ventana. Estaba sentado del lado de la ventana. El autobús venía más o menos vacío ya eran horas cercanas a la medianoche. Faltaban diez para esta y y estaba en ese lapso en el cual cierras los ojos duermes un poco y después lo abres. Cierras los ojos de nuevo, otra vez los abres y así te la llevas. Yo vi algo muy extraño aquella noche en una parada. La recuerdo muy bien. Solamente había una señora sentada, una señora ya de avanzada edad. Su pelo cano tenía una joroba, pero su vestimenta y sus ojos, particularmente sus ojos, me llamaron mucho la atención, ya que su vestimenta era algo extraña. Era una gabardina larga, larga que la cubría casi por completo. Tanto su camisa como su falda eran de color oscuro, al igual que la gabardina, y arriba en su pelo cano llevaba puesto un paliacate del mismo color. Sus ojos eran amarillos, pero no amarillos como en algunos relatos se cuenta como brillantes. No nada de eso. Eran como de un amarillo enfermo. Gracias a las luces que se veían en la parada era perceptible esto. Pero lo que más me llamó la atención es que esta mujer me miraba y no paraba de mirarme. No le presta atención, como en algunas otras tantas ocasiones algunas personas chocamos miradas y esto hasta ahí se queda el autobús de o marcha y esta mujer simplemente se quedó atrás. Volví a cerrar los ojos y cuando los abrí nuevamente porque sentí que el autobús se frenó otra vez estaba en otra parada. En estas había más personas. Pero lo que me llamó la atención es que en esta parada, de igual manera se encontraba aquella señora parada, viéndome otra vez con esos ojos amarillos, con lo dormida que iba, tal vez no le presté en un principio de atención, pero claro que me hizo dudar. Lo que le atribuí es que seguramente estaba viviendo alguna especie de jabú, tal vez algo que ya había creído ver en el pasado, aunque hubiera sucedido en un corto tiempo, traté de dormir de nuevo no prestar la atención a aquella mujer. El autobús dio la marcha y esta mujer, al igual que minutos antes, se quedó en aquella parada, no se subió el autobús. Cuando minutos después, en otra parada, incluso más lejana que las otras dos, volví a despertarme y volví a ver a esta señora con la misma vestimenta y los mismos ojos amarillos, mirándome desde la parada. Esto fue la gota que derramó el vaso. Yo me levanté y tenía mucho miedo. Esto ya no era normal. Sabía que me tenía que bajar en cuestión de algunas otras tres paradas. Tal vez algunos quince minutos de viaje me quedaban. Y si esta mujer seguía apareciendo en todo el transcurso del viaje, y qué tal si me está espirando cuando yo me baje, ya que siempre se me quedaba mirando. Estas eran las ideas que yo tenía. En aquel momento le llamé a mi hermano y como pude casi rogándole, lo convencí de que saliera de la casa y vinir a encontrarme. No estábamos tan lejos la casa. Afortunadamente que daba a unas dos cuadras de la parada. Una vez que bajé, fui corriendo hacia él y a paso veloz porque yo le dije entramos a la casa, se tiene que decir que después de verla por tercera vez, ya no me dormí Y es más tapé aquella ventana con la cortina de los autobuses en las siguientes paradas del autobús y mucho menos quería saber si aquella extraña mujer me venía persiguiendo. Gracias a estas experiencias, tanto la de mi hermano como la mía, que ya tienen algunos años que nos sucedió, decimos a veces que, al menos entre nosotros, que hay que tener mucho cuidado cuando tomas un autobús a medianoche que de preferencia no hay que hacerlo, ya sea si lo tomas a la medianoche o te agarras la medianoche a bordo de uno. Puede que vivas una experiencia paranormal con alguno de sus pasajeros, espero les hayan gustado nuestras historias. Saludos a toda la Comunidad de la cripta embrujada. Este capítulo sobre relatos en transporte público dará un salto. Ahora nos alejamos de aquellas ciudades, nos alejamos de aquellas carreteras y edificios, transporte público tal vez muy concurrido, transporte que muchos de nosotros conocemos y nos vamos a ir un par de años atrás, unas décadas mejor, dicho a los años ochenta. Cualquier país del que me estés viendo seguramente era completamente de Dios y, por ende, el transporte también lo era. Pero aquí pasa con el transporte de aquellos lugares muy lejanos, de aquellas zonas rurales. Cómo se movían aquellas personas bueno anteriormente e incluso en algunos pueblos todavía que están muy alejados, Usan carretas, usan caballos, usan incluso tal vez algunos autos que puedan pasar por aquellos caminos de terracería. Bueno, pues, esta es la historia de un abuelo, un abuelo que vivió en aquella época. En aquella época a la cual era difícil transportarse, él empezó a dar un servicio, llevar a las personas que se encontraban lejos del pueblo en sus viviendas hasta el pueblo que era en donde la mayoría trabajaba. Poco sabía este abuelo que durante todos esos años que iba subiendo personas en aquel monte, en aquellas zonas rurales, tanto en la mañana como en la noche. Una mañana subiría un ente el cual no estaba vivo Hola Alex. Mi nombre es Guadalupe. El relato que les voy a contar pertenece a mi abuelo. Les estoy hablando que esto sucedió en aquellos años de los ochenta. Como sabrán, la tecnología, la civilización, la sociedad era otra. Y además de las ciudades, esto también se veía reflejado en las zonas rurales, en los pueblos que era de donde venía mi abuelo. Mi abuelo toda su vida estuvo en el campo, tenía sus tierras, sus animales, pero cuando fue envejeciendo por obvias razones, ya no podía hacer todos esos trabajos en sus tierras. Además, sus hijos habían crecido y decidió darle su herencia, unas tierras para cada quien. Él, por otra parte, tenía un buen dinero y decidió disfrutar su vejez en su casa solamente trabajando con un herrero, un herrero que vivía hasta el otro lado del pueblo que hacia las afueras de este el camino era largo, por lo que él salía muy temprano teniendo cerca de sesenta años, salía por eso de las cinco de la mañana para llegar unos quince o diez minutos antes de las siete para empezar a trabajar con el herrero pase. Resulta que los caminos de aquel rancho estaban en un muy mal estado. Si de por sí, en estos años los caminos que tienen los pueblos no son los mejores ahora, imagino en aquellos años eran caminos de terracería, de arena de piedras, por lo que cuando llovía era un calvario, prácticamente por suerte, mi abuelo contaba con su carreta y dos de sus mulas. Las mejores que tenía eran unas mulas acostumbradas al trabajo y eran jóvenes todavía, por lo que si él quería llegaba antes o si quería mantener el paso y no cansar demasiado a sus animales, se tomaba el tiempo. Conforme pasaron los años. Mi abuelo se dio cuenta que varios de los vecinos, también pobladores que tenían sus ranchos cercanos al pueblo, sus hijos, sus sobrinos. Muchos jóvenes iban y trabajaban a los comercios del pueblo, a la verdulería, a la frutería, a la forrajería, al establo, a las farmacias, por lo que él, gentilmente, les empezó a dar aventón hasta el pueblo. Y, obviamente, los jóvenes de ahí son muy honrados. No les gusta que le regalen las cosas. Así que empezaron a hacer, por así decirlo, un transporte. Empezaron a esperar a mi abuelo cada mañana y cada tarde para que los llevara a su casa y también los llevara. El pueblo lo esperaban, pero claro esto no era de gratis. Todos los jóvenes le daban dinero a mi abuelo unas cuantas monedas por traerlos y llevarlos. Entre estos jóvenes se encontraba una jovencita de nombre Flor. Flor tenía diecinueve años y para esa edad ya tenía dos hijos. Su esposo se iba a trabajar fuera durante algunos meses y después volvía Durante aquellos meses cuando el marido no estaba, Flor agarraba a trabajar en la tienda de su madre. Qué más que tienda era también una farmacia con también abarrotes, sabritas refrescos, y cada mañana mi abuelola llevaba hasta ese lugar, curiosamente el domingo cuando ninguno de estos jóvenes trabajaba, ya que por lo regular, el día domingo en aquellos años se les daba como descanso general a la mayoría de los empleados. Pero Flor, al ser la hija de la dueña y también al ganar un salario considerablemente superior a las demás. Tenía que ir también los domingos, aunque sea por un horario más reducido, pero tenía que ir. Hago mucho énfasis en Flor porque de ella va esta historia. Passe Resulta que, al pasar los años, porque mi abuelo duró veinte años trabajando con aquel herrero y también veinte años l l l l l va a dos cuando a diferentes personas se convirtió como quien dice en un transporte público para el pueblo. Entre esos veinte años, Flor fue su pasajera durante algunos dos años de este y pese que al principio Flor se veía como cualquier otra jovencita de su edad, conforme pasaron los meses, ella se empezó a ver más demacrada, como que traía algo según en palabras mismas de mi abuelo, Flor empezó a adelgazar muchísimo. Su semblante era otro. Parecía enferma, pero todos los días y cada día que pasaba empeoraba. Esto le llamaba la atención a mi abuelo, quien ni corto ni perezoso un día domingo en el cual solamente iban ellos dos y que para este punto ya Flor y mi abuelo eran buenos amigos, ya se hablaban, contaban todas sus experiencia, hablaban sobre sus familias, sobre el clima, sobre el empleo, por lo que mi abuelo no tuvo problema en preguntarle si es que estaba enferma o tal vez tenía algún trastorno, tal vez no podía dormir bien o no estaba comiendo lo suficiente. Flor le contesta que no, que tiene una enfermedad y que esta ha estado empeorando conforme pasa el tiempo, mi abuelo me platicó sobre la enfermedad, pero, para ser honesta, no recuerdo cuál era el caso. Fue que la enfermedad siguió azotando a Flor. La siguió consumiendo hasta el punto en que la hizo caer en cama. Antes de que Flor cayera en cama, hubo un viaje precisamente en domingo, en que mi abuelo no traía feria. Obviamente, Flor era la única pasajera, por lo cual Flor le dijo que en la tarde le daba su dinero sin falta. Las personas de rancho son así, no les gusta de ver dinero. Son muy rectas, pero en la tarde, cuando pasó mi abuelo se da con la sorpresa de que Flor ya no está en la farmacia. A Flor se la habían llevado porque se había sentido muy mal entre el día y se la habían llevado hasta la ciudad, donde la habían hospitalizado. Mi abuelo dice que pasaron meses y él cada vez que preguntaba por Flor solamente recibía malas noticias como que cada vez estaba empeorando que de seguro la enfermedad se la iba a llevar. Solamente era cuestión de tiempo hasta que finalmente o una mañana ya habrían pasado como algunos cuatro meses. De esto se encuentra con Flor en aquel camino de terracería, precisamente donde siempre lo esperaba mi abuelo para la sorpresa de él era domingo y no llevaba a nadie. Con él. Flor se acercó, Flor, se acercó a la carreta y subió inmediatamente a esta, pero el semblante de Flor ya era diferente. Mi abuelo dice que estaba radiante, estaba feliz e incluso se veía ya recompuesta. Ya no se veía tan delgada ya se veía con su cuerpo normal, con una sonrisa que le llegaba de Oreja a Oreja. E incluso dice mi abuelo que cuando empezó a platicar con ella, empezó a sentir mucha paz, mucha alegría. Se sintió muy cómodo, se sintió a gusto. Después de estar platicando muy animosamente. Mi abuelo le preguntó oye, Flor pero que no se supone que estás hospitalizada. A poco ya te dieron de alta, ya estás otra vez con tu mami. Ella le dijo que sí. Le dijo que sí a todo. Pero justamente antes de entrar al pueblo, Flor le pidió a mi abuelo que se detuviera, que aquí ella bajaba. Ella se bajó bruscamente. Ni siquiera esperó a que mi abuelo se detuviera por completo. Mi abuelo se detiene y le pregunta, pero niña, ya vamos a llegar al pueblo, por qué quieres que te deje en el monte. Flor solamente se da media vuelta y le dice a mi abuelo gracias por llevarme y aquí tiene lo que le prometí. Flores tiró su mano y le da unas cuantas monedas y le explica que es por llevarla aquel día, que ella no se haya olvidado que le debía dinero y que le debía aquel viaje. Le dio gracias por todas las veces que la había llevado y por escucharla y hablar con ella cada domingo. Flor se internó en el monte, caminó por un camino de tierra y se perdió en éste. Seguramente lo que están pensando es correcto. Sucedió. Sucedió ese mismo día. En la tarde, mi abuelo se entera que Flor había fallecido un día antes y que su cuerpo apenas lo estaban trayendo de la ciudad para enterrarla en aquel pueblo. Mi abuelo fue el velorio a la sepultura y él está más que consciente que lo que subió a aquella mañana no era Flor o, por decirlo, no era su cuerpo, sino más bien su alma, que pasó a despedirse de él. Mi abuelo no entiende, tal vez era por la deuda, tal vez era porque era una muy buena amiga, pero una vez en el velorio se da cuenta que Flor era una persona muy reservada, casi no salía de su casa. Su vida era trabajo y casa. No conocía a muchas personas. Prácticamente mi abuelo era el único amigo que tenía y se fue a despedir de él al día siguiente que falleció. Para terminar la historia, quiero que sepan que es muy curioso, porque he escuchado de otras apariciones de almas casi enseguida de que estas personas fallecieran. Y estas apariciones siempre la relatan como espíritus con un semblante tenebroso, con una aura que es muy fría, muy deprimente. Y también, por otro lado, están los relatos como el espíritu de flor que va radiando, que incluso contagia aquella buena vibra que tiene tal vez es un espíritu que está en paz, consigo misma que solamente se está despidiendo. Tal vez los que tienen una obra más tenebrosa o más deprimente son personas que, por una u otra cosa, no se quieren ir de este mundo. Estos dos relatos que les contaré a continuación proveniente de un policía. En el metro de la ciudad de México hay policía auxiliar. Este policía se encuentra a disposición claro del ciudadano para resolver ciertos temas. Su trabajo concierne en estar ahí durante el día hasta la noche. Es más que claro saber que durante todo todo ese tiempo, aún habiendo muchas personas, ocurren ciertas experiencias, como esta primera, en donde este policía creyó haber visto a un joven, a un muchacho quitarse la vida en el metro. Su historia es la siguiente o la comunidad. Mi nombre es Fabricio Mendoza, y la experiencia que les quiero contar ahora me sucedió cuando estaba trabajando yo antes era policía auxiliar en el metro. Tengo poco que me salí de este trabajo, pero el tiempo que trabajé ahí me sucedieron unas extrañas experiencias más, en concreto dos que quiero compartirle en esta ocasión. Esta primera experiencia me sucedió durante la noche. En aquel momento, cuando me pasó esto no me encontraba, solo estaba en compañía de otro elemento, otro policía auxiliar este policía. Si bien no éramos tan amigos, teníamos un cierto compañerismo, nos encontrábamos cuidando una estación, una cierta estación que se une a otras tantas que cercana a la medianoche. Se vacían casi por completo y esto se debe claro a que el metro cierra sus puertas. Hay otra línea que se activa, que es durante la madrugada, pero no es transcurrida por mucha gente. Yo me encontraba en esta estación y hasta ahora no estoy muy seguro, pero parecía que la última vuelta del metro ya había pasado. No había ninguna persona en esta estación. Recuerdo que había un silencio casi sepulcral en toda el área. Es más, ni siquiera se sentía el viento que transcurría por los túneles era época de invierno. Eso sí lo recuerdo muy bien. Estaba la par con mi compañero cuando decidí alejarme un poco para encender un cigarrillo. Empecé a fumar y mientras estaba fumando y hice lo que muchas personas hacen, que es estar caminando de un lado hacia otro, mirando hacia diferentes partes, Cuando de pronto en eso me doy cuenta de algo, le presté atención sin ningún motivo aparente a decir verdad, a un póster de película. Recuerdo que era una película de superhéroes. No recuerdo muy bien cuál era. Pero eso no es lo importante. Lo importante aquí es que, mientras yo veía ese póster, me llamó la atención lo que se reflejaba en él. Verán hay algunos pósters que se ponen en el metro que tienen un cierto plástico, parecido a un vidrio y mediante esta se puede reflejar la cierta área que cubre. Lo que me llamó la atención es que en este plástico me podía ver a mí, podía ver a mi compañero y, además de eso, podía ver a otra persona, una persona que parecía ser un joven, un muchacho, llevaba un uniforme, un uniforme como si fuera de la preparatoria o si fuera de algún grupo de fútbol. Algo por el estilo verán yo en primer instante, yo lo volteé porque allá atrás se encontraba mi compañero y, según veía, a través del vidrio, ellos dos estaban muy juntos y, a decir verdad, al ver esto no le tomé mayor importancia. Pensaba que era una persona que se había metido tan solo en lo que yo estaba fumando y no me había dado cuenta. Aunque claro, las cosas se pusieron extrañas cuando empecé a escuchar que el metro se iba acercando. El sonido era muy irregular, era muy aparatoso para que me entiendan, no era un sonido común y corriente como el quería el metro, sino que era como más alarmante, como más pesado, como si este metro estuviera pegando en las paredes del subterráneo. Me parecía muy extraño, pero aún así decidí no voltear. Yo continuaba viendo la escena a través del espejo, observaba a mi compañero y a este joven, pero cuando el metro se encontraba cerca, cuando ya estaba saliendo vi como claramente, este joven se aventó hacia las vías e incluso puedo asegurar cómo escuché el estruendo del cuerpo cayendo en el metal rápidamente. Yo volteé y me sorprendí en ese momento que mi compañero estaba totalmente normal como si para él no hubiera pasado nada. Era algo muy irregular. Según yo había visto, aquel estudiante se había aventado en frente de sus narices. Cómo era posible que no lo hubiera visto. Yo corrí instantáneamente y en eso el metro pasó. Pero este metro pasó de una manera muy rápida, muy estruendosa. Solamente fueron segundos. Yo le dije alarmado que no lo viste. No viste. El muchacho que se aventó. Mi compañero estaba totalmente sacado de sí. No sabía de lo que le estaba hablando. Él no había visto a ningún estudiante, como dije antes, nos hablábamos y todo, pero en cuestiones de trabajo éramos muy profesionales. Él sabía que yo no estaba mintiendo, por lo que se aterró junto conmigo y tan pronto pasó el metro empezamos a usar hacia las vías una y otra y otra vez, pero no podíamos ver nada. Era como si nunca se hubiera aventado, no había rastros. Estábamos esperando ver una carnicería, ver sangre, ver pedazos, pero todo estaba limpio en ese momento y creo que ambos nos dimos cuenta que, como les dije en un principio del relato, estaba seguro que el metro ya había pasado por última vez en ese horario por esa estación. Yo trabajaba ahí. Recuerdo muy bien el aspecto del metro, los colores, aquel metro que había pasado, o más bien aquella cosa estaba muy corta y era de un color diferente al a del metro que pasaba diario. Estábamos más que seguros que era un único vagón el que había pasado. Llamamos por radio simplemente para cerciorarnos de esto a los demás policías que se encontraban en las estaciones a las que se dirigía este metro. Pero extrañamente y a pesar de que se encontraban ahí vigilando, ninguno de ellos nos pudo decir que aquel vagón hubiera pasado. Era como si solamente se hubiera presentado ante nosotros y hubiera pasado por esa estación y así también hubiera desaparecido después de días. Supimos que lo que habíamos vivido en aquella ocasión no se trataba de otra cosa, sino de la manifestación de un fantasma. Verán. Como policía se nos da la orden de cuidar a toda la población. Eso incluye de crímenes claro, de ladrones, de algunas personas que roban bolsos, roban carteras. Pero lo más extraño y creo que lo que muchas personas también han escuchado es que debemos estar atentos por ciertas personas que van al metro a acabar con su vida. No son pocas las personas que van al metro a aventarse a las vías cuando este se encuentra a una corta distancia. Obviamente, esto es casi seguro de que no vas a sobrevivir. Muchas personas deciden hacerlo. Las personas que deciden quitarse la vida si no optan por armas de fuego, optan por este método. Creo que lo que vimos más allá de ser un fantasma, es un alma que acabó con su propia vida y que ahora, tristemente por sus acciones, está condenada a repetir el suceso una y otra y otra vez hasta que por fin se ha llamado a descansar. No solamente extrañas apariciones ocurren en las estaciones, sino a veces dentro del mismo tren. Hay algunas personas que viajan con equipaje y algunas otras que viajan con artículos, artículos que tal vez a simple vista, parezcan extraños, Pero qué pasaría si te encontraras con un cierto artículo en el metro, el cual te parece muy extraño y el cual no tiene dueño. Esto fue lo que le pasó a este policía cuando regresaba a su casa después de un largo torno de día, y no solamente él fue testigo, sino que otras siete u ocho personas que venían en aquel vagón durante la noche también vieron esto dos extraños maniquís de estatura de un humano actuando de manera muy extraña, por no decirlo claro, absolutamente terrorífica. Su historia es la siguiente. Este segundo relato que te quiero contar me sucedió cuando ya había terminado todo mi horario laboral. Pase resulta que, para mi buena suerte, era la última vez que el metro pasaba y pues se me facilitaba bastante tomarlo para llegar hasta mi casa. Ya otras ocasiones lo había hecho. Esto para dejarles en claro que todas las otras ocasiones que yo había tomado el metro a esa hora y más o menos con la misma cantidad de personas, jamás me había pasado algo parecido. Subí al vagón, como siempre iba listando mis audífonos, ya que durante el trayecto me gusta ir escuchando música, me ayuda a relajarme y otras veces incluso hasta dormirme. Había sido un día muy cansado y lo único que quería era relajarme por algunos minutos. Empecé a ponerme los audífonos y subí el volumen al máximo. Entré al metro y cuando fui entrando, me encontré con algo que me pareció sumamente extraño, pero tampoco era para tanto. Así resulta que en los asientos del metro, en dos asientos de este, se encontraban sentados lo que vendrían a ser unos muñecos o unos maniquís de tamaño natural, es decir, de unos setenta unos setenta y cinco de altura. Estaban sentados como si fueran personas. Estos maniquís habían sido enrollados con lo que se podría decir papel plástico o algunas bolsas. Se podría hacer ver que eran maniquís más que nada, por como se veían de las bolsas hacia afuera, las bolsas eran transparentes. Lo que se me hizo extraño es que este tipo de maniquís no iban con su propietario. Ya había visto antes algunas personas que viajan con este tipo de cosas o incluso más grandes en el metro, por lo regular se sientan a un lado de ellas o enfrente de ellas. Para estarlas vigilando para tenerlas a la mano cuando se vayan a bajar. Pero en este caso no era así. Las personas que iban adelante de estos maniquís era una señora y su hija, además de otras personas haciendo memoria. Creo que seríamos como unas siete personas las que estábamos en ese vagón. Yo pasé más adelante y me senté cerré mis ojos por un instante y pasaron los minutos hasta que claro algo me levantó. Ya estaba en un profundo sueño. Cuando de la nada empiezo a sentir unos golpecitos, unos golpes que provienen de lo que vendría a ser la pared del metro. Escucho una y otra vez pequeños golpes que no eran nada normales, eran rítmicos, tenían sus pausas. Obviamente, esto me llama la atención. Abro los ojos y lo primero que me encuentro es que las personas están actuando de una manera muy extraña. La señora y su hija me están mirando y de nuevo, están mirando los maniquís. Casi todas las personas están mirando los maniquís, pero no de una forma normal, sino como de una forma asombrada, como de una forma con miedo. Esto lo empiezo a ver y, obviamente, aunque traigo los audífonos y traigo la música a todo volumen, me resulta bastante extraño. Me los quito y al momento en que me los quito, escucho claramente la razón del porqué la actitud de esas personas. Y es que escucho una leve risa, una risa que provenía de los maniquís. Yo volteo, los veo y solamente puedo ver la cara distorsionada por la bolsa de aquel muñeco volteado observándome. Quiero aclarar aquí una cosa y es que cuando me había subido, no es que les haya puesto mucha atención. Pero si recuerdo perfectamente que ambos maniquís estaban mirando derecho o sea, hacia enfrente, ninguno de ellos tenía la cabeza volteada. Y en aquel momento, este extraño maniquilla la tenía volteada. Observándome fijamente donde yo estaba sentado, obviamente me levanté y todas las personas estaban desconcertadas hasta que uno de ellos, un señor que trabajaba en limpieza por su uniforme, lo pude ver. Me dijo escuché que se estaban riendo tú los escuchaste también verdad. Yo no sabía qué responder. Simplemente le dije que me parecía extraño y que dónde estaban los propietarios de sus maniquís, que de quién eran más que nada. Para sentirme seguro y creo que también para sentirse seguro las demás personas que venían en el vagón, ya que habían captado extrañas cosas, extrañas situaciones. Unas de las personas decían que habían visto moverse a los maniquís levemente. Otras personas decían que los habían visto hablando, murmurándose, riéndose por más de que buscamos al propietario. No lo pudimos encontrar. Simplemente no venía en ese vagón o tal vez quien sabe los había olvidado. Tratamos de mantener la calma, pero no sirvió de nada. Yo estoy muy seguro que escuché a esos maniquís riéndose, murmurándose como si fueran unas personas de carne y hueso. Lo primero que se me vino a la mente es que tal vez pudiera ser una broma. Había visto en redes que hacen brumas en los trenes, en los taxis, pero por más que buscaba abajo de los asientos por detrás de los muros. No había ni una sola persona escondida ni tampoco una cámara que estuviera grabando todo. Las personas que estaban en el vagón optaron por retirarse del mismo. No querían pasar ni un solo minuto más con aquellos Maniquís. Yo hice lo mismo y cuando estaba pasando el otro vagón, la niña me dice que la mano de uno de ellos estaba golpeando la pared del metro a propósito para despertarme que ella lo había visto cuando nadie más los estaba observando. Esto en cierta parte me aterró porque yo no había dicho nada. No sabían cómo o por qué me había despedido. Sin embargo, esa niña lo supo. Supo cuál fue el motivo por el cual me desperté, porque con los audífonos no podía escuchar todo el escándalo que tenían. Esto me hizo tener escalofríos y, por suerte, no faltaba mucho para bajarme. Cuando lo hice, me llamó la atención Otra vez este vagón, ya que habían pasado aproximadamente unos cuatro o tres minutos y el subterráneo no se había detenido en ninguna otra estación. Eso significa que el vagón tenía que venir vacío. Pero mi sorpresa fue que este vagón no venía vacío. Cuando el tren nuevamente se puso en marcha lentamente pode ver por las ventanas como estos maniquí se habían levantado y ahora se encontraban de pie como si fueran unas personas normales, pero obviamente eran maniquís agarrados de unos de los tubos de las manos parados. Observando hacia afuera las bolsas. El plástico que los cubría ya no se encontraba. Era como si alguien se los hubiera quitado y los hubiera puesto en esa posición, una posición muy humana, pero sus caras eran inexpresivas. Les podría decir que caían en la categoría de valle inquietante. Además, está decir que jamás en mi vida y doy gracias a esto todas las veces que he tomado el metro más nunca he vuelto a ver a estos maniquís. Esas fueron mis experiencias. Gracias por permitirme compartirlas.