NUNCA TE SUBAS A UN AUTOBUS DESPUES DE LA MEDIA NOCHE / MARATON DE RELATOS EN EL TRANSPORTE PUBLICO / L.C.E.

Recopilacion de relatos nuevos y antiguos en donde personas han vivido experiencias de verdadero terror en autobus, combis y metro.
Recopilacion de relatos nuevos y antiguos en donde personas han vivido experiencias de verdadero terror en autobus, combis y metro.
El siguiente relato viene por parte de un chofer de una combi. A decir verdad, el hombre que nos manda esta historia. Ãl dice que durante toda su vida ha trabajado en diferentes transportes públicos, autobuses, taxistas, más recientemente uber pero fue una experiencia en concreto el cual lo hizo replantearse mucho si serÃa buena idea trabajar de noche en este tipo de empleos. Y no es para nada nuevo. Se es bien sabido que tanto los taxistas, combis y demás transportes pasan por calles, por ciertas colonias o zonas de las cuales tienen mucha delincuencia. Y en estas zonas que tienen mucha delincuencia, inevitablemente hay vÃctimas, algunas vÃctimas que, si corren con suerte, solamente les quitan sus posesiones celulares o cartera se tienen mala suerte les quitan incluso la vida. Este chefer nos cuenta que en una de estas zonas subió una extraña pasajera, una extraña pasajera que terminó siendo un ente paranormal o la buenas noches cripta. La experiencia que te quiero contar me sucedió en el dos mil quince Pazze. Resulta que yo soy choferdona combi. Me he dedicado al transporte público prácticamente toda mi vida autobús, cob taxi y más recientemente uber y a lo largo de todos estos años me han pasado algunas cosas extrañas, pero también de Ãndole paranormal. Pero la que más me temorizó, o podrÃamos decir la que más tiene un tinte sombrÃo, es este que te voy a contar. Sucede que cuando yo manejaba la combi. Creo que ustedes lo saben muy bien. Algunas noches sufrÃamos de delincuencia. No son pocos los videos que circulan en Internet sobre asaltantes subiéndose a las combis quitándoles dinero y celulares a todos los pasajeros. Bueno, esto lo vivà varias veces y a decir verdad, si nosotros, como Choférez, vemos algo extraño de la parte del pasajero que se va a subir a la combi, es decir, si lo vemos con ropas extrañas que lo cubren casi por completo con las manos en sus bolsillos, decidimos arrancar y antes de que él pueda subirse, nos vamos del lugar. Esto me habÃa funcionado un par de veces, aunque otras veces no hay ciertas calles, ciertos lugares que son de delincuencia, pero son de una delincuencia muy pero muy alta e incluso han perdido la vida personas en sus lugares debido a esto mismo. Tal vez a que no quieren dar su dinero a su teléfono y los maleantes simplemente se los quitan a la fuerza, pero disparándoles en el proceso. Una noche, como otras tantas, yo estaba conduciendo y justamente cuando estaba pasando por estas calles que son en las que soy muy precavido, vi que en su mayorÃa como costumbre, ya casi no habÃa personas, pero me llamó la atención de que hubiera una jovencita esperando la combi en aquella parada para rematar todo esto. Y un dato que aún es más perturbador es que por esa zona las luces tienden a fallar. O sea, que no habÃa iluminación. Estaba parada en la oscuridad. Me sorprendió mucho que fuera una señorita, es decir, para su buena suerte, tal vez no la habÃan asaltado. Me detuve con ella y curiosamente, ella mantenÃa la cabeza hacia abajo. No totalmente hacia abajo, sino medianamente. PodÃa verle algunas facciones de la cara, pero estas también llamaban mucho mi atención, ya que veÃa algunos colores que resultaban algo alertantes. VeÃa como sangre morado, como si fuera moretones en su rostro. Me detuve ahÃ, pero la Señorita no se subió. Estaba parada solamente en la entrada de la combi. Yo le pité y le pedà de favor a una de las personas que iban sentadas ahà que si podÃa abrir la puerta para que la Señorita pasara. Era un señor Grande el que me hizo caso, aunque se extrañó bastante, ya que abrió la puerta y se me quedó mirando. La Señorita después de pasar unos breves segundos subió a la Combi, caminó lentamente y se sentó en la parte de atrás. Después de esto vi que no cerraban la puerta. Nuevamente, aquel hombre solamente se me quedaba mirando. Yo le dije, señor ya puede cerrar la puerta. La Señorita ya se subió. Ãl se me quedó mirando y me preguntó pero cuál, Señorita, no se ha subido nadie. Yo solamente no prestando la atención, ya que ya me querÃa ir, porque esa zona es muy peligrosa. Le dije sÃ, señor, cierra la puerta. Por favor, el hombre cerró la puerta y continué con el viaje por el camino. Fui mirando aquella jovencita que portaba con ropas parecidas a lo que vendrÃa a ser un uniforme de escuela. No hacÃa ningún ruido y sus marcas de agresión eran evidentes. TenÃa rasguños, su uniforme estaba sucio. Su pelo como si lo hubieran jalado, Era como si la hubieran agredido entre muchas personas. Lo que me sorprendÃa es que venÃan algunas señoras en la COMBI, Y este tipo de señoras son las que inmediatamente ve a alguien asà y le empiezan a hacer plática, Le empiezan a decir que por qué vine asà que qué le ha pasado. Curiosamente, nadie en la COMBI le prestaba atención a ella. Solamente yo incluso recuerdo que le dije dos veces Señorita, querÃa que le hablemos a la policÃa. Señorita, se encuentra bien. Ella no me respondÃa, solamente miraba el suelo y las demás personas se me quedaban viendo. Continué con el viaje y ya estaba llegando a la rampa, donde hacemos fila, y noté que esta jovencita no se habÃa bajado de la COMBI, por lo que le empecé a preguntar disculpe por dónde vive. Ya pasamos su parada o quiré que le llame a alguien era una jovencita de diecisiete años. Seguramente si habÃa sido agredida, todavÃa vendrÃa aturdida por todo. Tal vez todavÃa venÃa el shock. Por todo eso, yo me detuve en la rampa. Bajé de la COMBI di la vuelta, abrà la puerta de pasajeros y al momento de subirme ya no vi a nadie. La COMBI venÃa vacÃa completamente. Yo algo alterado. Bajé de inmediato. Creà que la jovencita se habÃa bajado, tal vez habÃa aprendido carrera por algún lugar. Era más que obvio que no iba bien me acerqué con mis compañeros que estaban enseguida si ellas hubiera bajado. Ellos sin ningún problema, lo hubieran visto. Grande Fue mi sorpresa cuando ellos me dijeron que no que de la COMBI nadie se habÃa bajado. Solamente yo y que ellos vieron cuando me bajé y di toda la vuelta a la Combi para subirme del otro extremo. Ellos no vieron a nadie. Todos juntos fuimos y examinamos a la Combi después de platicarles la apariencia de aquella jovencita la actitud que tenÃa. Muchos de ellos me dijeron mira. Lo que pasa es que tú no levantaste una persona, levantaste un espÃritu, una alma que va penando. Seguramente solamente tú la podÃas ver, ya que seguramente esta alma perdió la vida justo donde la recogiste o al menos cercano a este lugar después de hablar con ellos y darle un par de vueltas al asunto. Creo que esta explicación es la verdad de lo que vivÃa aquella noche. Creo que aquella jovencita perdió la vida en aquellos tramos de delincuencia y que lo único que intentó hacer aquella noche fue tratar de llegar a su destino, destino al cual jamás llegará. Antes de terminar la historia, tengo que decirles que muchas personas desaparecen. No me sorprenderÃa que esta jovencita para evitar las búsquedas y esto es bien sabido, desaparecen. Las evidencias van y las esconden para que no llamen tanto la atención para que solamente crean que en esas zonas solamente asaltan, cuando la verdad es que suceden cosas mucho peores. Estas siguientes historias vienen por parte de dos hermanos. Son historias cortas, pero que son experiencias que por el resto de su vida nos van a acompañar. Estos dos hermanos, para su desgracia, vivieron estas dos experiencias en un transporte el cual creo que es muy concurrido, un transporte que, estoy seguro cualquiera de nosotros habrá tomado y estamos hablando de un autobús en la primera historia nos enseña que no tenemos que quedarnos dormidos en este y tal vez en menor medida, tal vez para que no nos pasemos de nuestra parada, no nos conviene quedarnos dormidos. Pero qué pasarÃa si a esto le sumas que en ese autobús o tal vez en aquella ruta, algo aparece dentro de éste pasada de la medianoche. Estoy más que seguro que muchos abstendrÃan de cerrar los ojos para mala suerte de estos hermanos. El cansancio pudo más y mientras dormÃan, no tenÃa ni la menor idea de que iban a vivir o una experiencia paranormal. Hola Aix. Mi nombre es Cecilia, y quiero contarte dos experiencias que le han pasado tanto a mi hermano como también a mÃ. Curiosamente, estas dos experiencias nos han pasado en el transporte público, en el autobús. Te voy a contar primero la experiencia de mi hermano. Ãl hubo un tiempo en el que trabajaba y también estudiaba. Creo que para las personas que conocen esto, saben que uno llega a sus lÃmites. Una persona no aguanta tanto trabajando y estudiando. Y debido a este sobre esfuerzo, mi hermano empezó a quedarse dormido en diferentes lugares cuando podÃa, claro ya sea, en sus horas de descanso, en su pupitre, en alguna parte de la universidad, como en el campus o como comúnmente lo hacÃa en el autobús. Una vez que todo su dÃa se habÃa acabado, una vez que ya volvÃa a casa, se daba esa siesta de veinte minutos media hora. Incluso para mi hermano. Esto no era nada extraño. Esto lo venÃa haciendo ya hace un par de años y como en ese par de años habÃa tenido algunos percances, como que a veces se quedaba dormido de más y esto lo hacÃa pasarse de su parada se iba más lejos todavÃa, o incluso como en algunas veces habÃa llegado hasta la central de los autobuses y habÃa sido despertado por el mismo chofer de autobús. Mi hermano aquella noche decÃa que iba muy cansado, particularmente aquel dÃa habÃa sido uno de los que más se le habÃa exigido al cuerpo. Creo que solamente habÃa dormido como tres horas, por lo que al sentarse en el autobús con esos asientos tan cómodos, con ese clima frÃo, lo reclinó solamente y él recuerda que el autobús se estaba llenando cuando cerró los ojos y se sumergió en un sueño pesado, pero muy pesado, y solamente hizo que saliera de este el llanto de una niña que iba a un lado de él. Mi hermano se levantó por este llanto, pero obviamente iba de lado de la ventana, por lo que lo primero que vio fue hacia afuera y se percató de que, como en otros dÃas, se habÃa pasado de la parada. Pero no solamente se habÃa pasado de su parada, sino que estaba llegando casi otra vez hasta la central de los autobuses. Ãl se dio media vuelta, dispuesto a pararse lo más rápido posible. Cuando en eso es frenado por una niña que viene con un vestido azul. Como esos de princesas, la niña viene llorando con su carita, mirando hacia el suelo, sus manos están apoyadas sobre su cara y solamente viene llorando mi hermano como puede, ya que le dice varias veces a la niña que se le da permiso de pasar, pero la niña no le hace caso como puede. Ãl la pasa por encima y justamente cuando se da media vuelta para ir con el chofer, se percata de que esta niña viene totalmente sola. Ve hacia un lado, no hay ningún pasajero, ve hacia el otro. Tampoco ella era la única pasajera que venÃa en compañÃa de él. Lo que primero se le viene a la mente a mi hermano es que él dice que a lo mejor es una niña perdida. A lo mejor se subió con su mamá y debido a que esos autobuses se llenan bastante, no se percató cuando se bajó. Tal vez la mamá tampoco se percató si su hija se bajó o no. Esto sucede a veces, por lo que mi hermano, ofreciéndole ayuda a esta niña le empieza a decir niña, dónde está tu mamá viene sola. La niña no para de llorar. Sigue llorando y sigue llorando. Mi hermano trata de llamar su atención hablándole más cerca e incluso tomándola de la muñeca para que ésta lo mirara. Y es en este momento en el que mi hermano siente un escalofrÃo recorriéndole porque al tocar a aquella niña, nota que su muñeca, la muñeca que tal vez de una niña de unos siete ocho años, que era lo que le calculaba tenÃa esta niña tenÃa que ser suave, tenÃa que estar tibia. En ese momento, esas texturas no estaban. La muñeca de esta niña era frÃa y muy dura, demasiado dura como si estuviera petrificada. Mi hermano solamente le bastó sostener aquella muñeca máximo por dos segundos y se retiró de inmediato caminó hacia el chofer y le dijo disculpe. El chofer se sorprendió de verlo inmediatamente le dijo joven, ya vamos a llegar a la central que acaso se queda dormido. Mi hermano le dice que sà y se disculpa, pero que también hay otro problema, que hay una niña llorando allá en los asientos traseros que muy probablemente perdió a su madre cuando subÃa que hay que dar notificación a la policÃa. Todo esto para evitar algún problema o algún malentendido. Ya estaban llegando a la central cuando el autobús se detuvo y ambos, el chofer y mi hermano fueron a buscar a aquella niña para conseguirle el nombre de su madre, el nombre de su padre o a ver si tenÃa algún número al cual llamar. Pero por más que buscaron, no hallaron a nadie. La niña no estaba por ningún lado. La niña habÃa desaparecido. Mi experiencia también es casi lo mismo que le pasó a mi hermano. Yo también tuve una época en la que tenÃa muchos entrenamientos, yo práctico gimnasia y a veces llegaba muy cansada. A veces tomaba taxi y otras veces, cuando me gastaba el dinero que me daban mis padres en salir con mis amigas en tal vez algunas comidas, tenÃa que tomar autobús. De cierta manera, esto no me incomodaba, ya que, como mi hermano, solÃa dormirme en este y asà pasarme todo el transcurso hasta llegar a la casa, cosa que en un taxi no puedo hacer. Recuerdo que yo estaba dormitando, llevaba mi cabeza mirando por la ventana. Estaba sentado del lado de la ventana. El autobús venÃa más o menos vacÃo ya eran horas cercanas a la medianoche. Faltaban diez para esta y y estaba en ese lapso en el cual cierras los ojos duermes un poco y después lo abres. Cierras los ojos de nuevo, otra vez los abres y asà te la llevas. Yo vi algo muy extraño aquella noche en una parada. La recuerdo muy bien. Solamente habÃa una señora sentada, una señora ya de avanzada edad. Su pelo cano tenÃa una joroba, pero su vestimenta y sus ojos, particularmente sus ojos, me llamaron mucho la atención, ya que su vestimenta era algo extraña. Era una gabardina larga, larga que la cubrÃa casi por completo. Tanto su camisa como su falda eran de color oscuro, al igual que la gabardina, y arriba en su pelo cano llevaba puesto un paliacate del mismo color. Sus ojos eran amarillos, pero no amarillos como en algunos relatos se cuenta como brillantes. No nada de eso. Eran como de un amarillo enfermo. Gracias a las luces que se veÃan en la parada era perceptible esto. Pero lo que más me llamó la atención es que esta mujer me miraba y no paraba de mirarme. No le presta atención, como en algunas otras tantas ocasiones algunas personas chocamos miradas y esto hasta ahà se queda el autobús de o marcha y esta mujer simplemente se quedó atrás. Volvà a cerrar los ojos y cuando los abrà nuevamente porque sentà que el autobús se frenó otra vez estaba en otra parada. En estas habÃa más personas. Pero lo que me llamó la atención es que en esta parada, de igual manera se encontraba aquella señora parada, viéndome otra vez con esos ojos amarillos, con lo dormida que iba, tal vez no le presté en un principio de atención, pero claro que me hizo dudar. Lo que le atribuà es que seguramente estaba viviendo alguna especie de jabú, tal vez algo que ya habÃa creÃdo ver en el pasado, aunque hubiera sucedido en un corto tiempo, traté de dormir de nuevo no prestar la atención a aquella mujer. El autobús dio la marcha y esta mujer, al igual que minutos antes, se quedó en aquella parada, no se subió el autobús. Cuando minutos después, en otra parada, incluso más lejana que las otras dos, volvà a despertarme y volvà a ver a esta señora con la misma vestimenta y los mismos ojos amarillos, mirándome desde la parada. Esto fue la gota que derramó el vaso. Yo me levanté y tenÃa mucho miedo. Esto ya no era normal. SabÃa que me tenÃa que bajar en cuestión de algunas otras tres paradas. Tal vez algunos quince minutos de viaje me quedaban. Y si esta mujer seguÃa apareciendo en todo el transcurso del viaje, y qué tal si me está espirando cuando yo me baje, ya que siempre se me quedaba mirando. Estas eran las ideas que yo tenÃa. En aquel momento le llamé a mi hermano y como pude casi rogándole, lo convencà de que saliera de la casa y vinir a encontrarme. No estábamos tan lejos la casa. Afortunadamente que daba a unas dos cuadras de la parada. Una vez que bajé, fui corriendo hacia él y a paso veloz porque yo le dije entramos a la casa, se tiene que decir que después de verla por tercera vez, ya no me dormà Y es más tapé aquella ventana con la cortina de los autobuses en las siguientes paradas del autobús y mucho menos querÃa saber si aquella extraña mujer me venÃa persiguiendo. Gracias a estas experiencias, tanto la de mi hermano como la mÃa, que ya tienen algunos años que nos sucedió, decimos a veces que, al menos entre nosotros, que hay que tener mucho cuidado cuando tomas un autobús a medianoche que de preferencia no hay que hacerlo, ya sea si lo tomas a la medianoche o te agarras la medianoche a bordo de uno. Puede que vivas una experiencia paranormal con alguno de sus pasajeros, espero les hayan gustado nuestras historias. Saludos a toda la Comunidad de la cripta embrujada. Este capÃtulo sobre relatos en transporte público dará un salto. Ahora nos alejamos de aquellas ciudades, nos alejamos de aquellas carreteras y edificios, transporte público tal vez muy concurrido, transporte que muchos de nosotros conocemos y nos vamos a ir un par de años atrás, unas décadas mejor, dicho a los años ochenta. Cualquier paÃs del que me estés viendo seguramente era completamente de Dios y, por ende, el transporte también lo era. Pero aquà pasa con el transporte de aquellos lugares muy lejanos, de aquellas zonas rurales. Cómo se movÃan aquellas personas bueno anteriormente e incluso en algunos pueblos todavÃa que están muy alejados, Usan carretas, usan caballos, usan incluso tal vez algunos autos que puedan pasar por aquellos caminos de terracerÃa. Bueno, pues, esta es la historia de un abuelo, un abuelo que vivió en aquella época. En aquella época a la cual era difÃcil transportarse, él empezó a dar un servicio, llevar a las personas que se encontraban lejos del pueblo en sus viviendas hasta el pueblo que era en donde la mayorÃa trabajaba. Poco sabÃa este abuelo que durante todos esos años que iba subiendo personas en aquel monte, en aquellas zonas rurales, tanto en la mañana como en la noche. Una mañana subirÃa un ente el cual no estaba vivo Hola Alex. Mi nombre es Guadalupe. El relato que les voy a contar pertenece a mi abuelo. Les estoy hablando que esto sucedió en aquellos años de los ochenta. Como sabrán, la tecnologÃa, la civilización, la sociedad era otra. Y además de las ciudades, esto también se veÃa reflejado en las zonas rurales, en los pueblos que era de donde venÃa mi abuelo. Mi abuelo toda su vida estuvo en el campo, tenÃa sus tierras, sus animales, pero cuando fue envejeciendo por obvias razones, ya no podÃa hacer todos esos trabajos en sus tierras. Además, sus hijos habÃan crecido y decidió darle su herencia, unas tierras para cada quien. Ãl, por otra parte, tenÃa un buen dinero y decidió disfrutar su vejez en su casa solamente trabajando con un herrero, un herrero que vivÃa hasta el otro lado del pueblo que hacia las afueras de este el camino era largo, por lo que él salÃa muy temprano teniendo cerca de sesenta años, salÃa por eso de las cinco de la mañana para llegar unos quince o diez minutos antes de las siete para empezar a trabajar con el herrero pase. Resulta que los caminos de aquel rancho estaban en un muy mal estado. Si de por sÃ, en estos años los caminos que tienen los pueblos no son los mejores ahora, imagino en aquellos años eran caminos de terracerÃa, de arena de piedras, por lo que cuando llovÃa era un calvario, prácticamente por suerte, mi abuelo contaba con su carreta y dos de sus mulas. Las mejores que tenÃa eran unas mulas acostumbradas al trabajo y eran jóvenes todavÃa, por lo que si él querÃa llegaba antes o si querÃa mantener el paso y no cansar demasiado a sus animales, se tomaba el tiempo. Conforme pasaron los años. Mi abuelo se dio cuenta que varios de los vecinos, también pobladores que tenÃan sus ranchos cercanos al pueblo, sus hijos, sus sobrinos. Muchos jóvenes iban y trabajaban a los comercios del pueblo, a la verdulerÃa, a la fruterÃa, a la forrajerÃa, al establo, a las farmacias, por lo que él, gentilmente, les empezó a dar aventón hasta el pueblo. Y, obviamente, los jóvenes de ahà son muy honrados. No les gusta que le regalen las cosas. Asà que empezaron a hacer, por asà decirlo, un transporte. Empezaron a esperar a mi abuelo cada mañana y cada tarde para que los llevara a su casa y también los llevara. El pueblo lo esperaban, pero claro esto no era de gratis. Todos los jóvenes le daban dinero a mi abuelo unas cuantas monedas por traerlos y llevarlos. Entre estos jóvenes se encontraba una jovencita de nombre Flor. Flor tenÃa diecinueve años y para esa edad ya tenÃa dos hijos. Su esposo se iba a trabajar fuera durante algunos meses y después volvÃa Durante aquellos meses cuando el marido no estaba, Flor agarraba a trabajar en la tienda de su madre. Qué más que tienda era también una farmacia con también abarrotes, sabritas refrescos, y cada mañana mi abuelola llevaba hasta ese lugar, curiosamente el domingo cuando ninguno de estos jóvenes trabajaba, ya que por lo regular, el dÃa domingo en aquellos años se les daba como descanso general a la mayorÃa de los empleados. Pero Flor, al ser la hija de la dueña y también al ganar un salario considerablemente superior a las demás. TenÃa que ir también los domingos, aunque sea por un horario más reducido, pero tenÃa que ir. Hago mucho énfasis en Flor porque de ella va esta historia. Passe Resulta que, al pasar los años, porque mi abuelo duró veinte años trabajando con aquel herrero y también veinte años l l l l l va a dos cuando a diferentes personas se convirtió como quien dice en un transporte público para el pueblo. Entre esos veinte años, Flor fue su pasajera durante algunos dos años de este y pese que al principio Flor se veÃa como cualquier otra jovencita de su edad, conforme pasaron los meses, ella se empezó a ver más demacrada, como que traÃa algo según en palabras mismas de mi abuelo, Flor empezó a adelgazar muchÃsimo. Su semblante era otro. ParecÃa enferma, pero todos los dÃas y cada dÃa que pasaba empeoraba. Esto le llamaba la atención a mi abuelo, quien ni corto ni perezoso un dÃa domingo en el cual solamente iban ellos dos y que para este punto ya Flor y mi abuelo eran buenos amigos, ya se hablaban, contaban todas sus experiencia, hablaban sobre sus familias, sobre el clima, sobre el empleo, por lo que mi abuelo no tuvo problema en preguntarle si es que estaba enferma o tal vez tenÃa algún trastorno, tal vez no podÃa dormir bien o no estaba comiendo lo suficiente. Flor le contesta que no, que tiene una enfermedad y que esta ha estado empeorando conforme pasa el tiempo, mi abuelo me platicó sobre la enfermedad, pero, para ser honesta, no recuerdo cuál era el caso. Fue que la enfermedad siguió azotando a Flor. La siguió consumiendo hasta el punto en que la hizo caer en cama. Antes de que Flor cayera en cama, hubo un viaje precisamente en domingo, en que mi abuelo no traÃa feria. Obviamente, Flor era la única pasajera, por lo cual Flor le dijo que en la tarde le daba su dinero sin falta. Las personas de rancho son asÃ, no les gusta de ver dinero. Son muy rectas, pero en la tarde, cuando pasó mi abuelo se da con la sorpresa de que Flor ya no está en la farmacia. A Flor se la habÃan llevado porque se habÃa sentido muy mal entre el dÃa y se la habÃan llevado hasta la ciudad, donde la habÃan hospitalizado. Mi abuelo dice que pasaron meses y él cada vez que preguntaba por Flor solamente recibÃa malas noticias como que cada vez estaba empeorando que de seguro la enfermedad se la iba a llevar. Solamente era cuestión de tiempo hasta que finalmente o una mañana ya habrÃan pasado como algunos cuatro meses. De esto se encuentra con Flor en aquel camino de terracerÃa, precisamente donde siempre lo esperaba mi abuelo para la sorpresa de él era domingo y no llevaba a nadie. Con él. Flor se acercó, Flor, se acercó a la carreta y subió inmediatamente a esta, pero el semblante de Flor ya era diferente. Mi abuelo dice que estaba radiante, estaba feliz e incluso se veÃa ya recompuesta. Ya no se veÃa tan delgada ya se veÃa con su cuerpo normal, con una sonrisa que le llegaba de Oreja a Oreja. E incluso dice mi abuelo que cuando empezó a platicar con ella, empezó a sentir mucha paz, mucha alegrÃa. Se sintió muy cómodo, se sintió a gusto. Después de estar platicando muy animosamente. Mi abuelo le preguntó oye, Flor pero que no se supone que estás hospitalizada. A poco ya te dieron de alta, ya estás otra vez con tu mami. Ella le dijo que sÃ. Le dijo que sà a todo. Pero justamente antes de entrar al pueblo, Flor le pidió a mi abuelo que se detuviera, que aquà ella bajaba. Ella se bajó bruscamente. Ni siquiera esperó a que mi abuelo se detuviera por completo. Mi abuelo se detiene y le pregunta, pero niña, ya vamos a llegar al pueblo, por qué quieres que te deje en el monte. Flor solamente se da media vuelta y le dice a mi abuelo gracias por llevarme y aquà tiene lo que le prometÃ. Flores tiró su mano y le da unas cuantas monedas y le explica que es por llevarla aquel dÃa, que ella no se haya olvidado que le debÃa dinero y que le debÃa aquel viaje. Le dio gracias por todas las veces que la habÃa llevado y por escucharla y hablar con ella cada domingo. Flor se internó en el monte, caminó por un camino de tierra y se perdió en éste. Seguramente lo que están pensando es correcto. Sucedió. Sucedió ese mismo dÃa. En la tarde, mi abuelo se entera que Flor habÃa fallecido un dÃa antes y que su cuerpo apenas lo estaban trayendo de la ciudad para enterrarla en aquel pueblo. Mi abuelo fue el velorio a la sepultura y él está más que consciente que lo que subió a aquella mañana no era Flor o, por decirlo, no era su cuerpo, sino más bien su alma, que pasó a despedirse de él. Mi abuelo no entiende, tal vez era por la deuda, tal vez era porque era una muy buena amiga, pero una vez en el velorio se da cuenta que Flor era una persona muy reservada, casi no salÃa de su casa. Su vida era trabajo y casa. No conocÃa a muchas personas. Prácticamente mi abuelo era el único amigo que tenÃa y se fue a despedir de él al dÃa siguiente que falleció. Para terminar la historia, quiero que sepan que es muy curioso, porque he escuchado de otras apariciones de almas casi enseguida de que estas personas fallecieran. Y estas apariciones siempre la relatan como espÃritus con un semblante tenebroso, con una aura que es muy frÃa, muy deprimente. Y también, por otro lado, están los relatos como el espÃritu de flor que va radiando, que incluso contagia aquella buena vibra que tiene tal vez es un espÃritu que está en paz, consigo misma que solamente se está despidiendo. Tal vez los que tienen una obra más tenebrosa o más deprimente son personas que, por una u otra cosa, no se quieren ir de este mundo. Estos dos relatos que les contaré a continuación proveniente de un policÃa. En el metro de la ciudad de México hay policÃa auxiliar. Este policÃa se encuentra a disposición claro del ciudadano para resolver ciertos temas. Su trabajo concierne en estar ahà durante el dÃa hasta la noche. Es más que claro saber que durante todo todo ese tiempo, aún habiendo muchas personas, ocurren ciertas experiencias, como esta primera, en donde este policÃa creyó haber visto a un joven, a un muchacho quitarse la vida en el metro. Su historia es la siguiente o la comunidad. Mi nombre es Fabricio Mendoza, y la experiencia que les quiero contar ahora me sucedió cuando estaba trabajando yo antes era policÃa auxiliar en el metro. Tengo poco que me salà de este trabajo, pero el tiempo que trabajé ahà me sucedieron unas extrañas experiencias más, en concreto dos que quiero compartirle en esta ocasión. Esta primera experiencia me sucedió durante la noche. En aquel momento, cuando me pasó esto no me encontraba, solo estaba en compañÃa de otro elemento, otro policÃa auxiliar este policÃa. Si bien no éramos tan amigos, tenÃamos un cierto compañerismo, nos encontrábamos cuidando una estación, una cierta estación que se une a otras tantas que cercana a la medianoche. Se vacÃan casi por completo y esto se debe claro a que el metro cierra sus puertas. Hay otra lÃnea que se activa, que es durante la madrugada, pero no es transcurrida por mucha gente. Yo me encontraba en esta estación y hasta ahora no estoy muy seguro, pero parecÃa que la última vuelta del metro ya habÃa pasado. No habÃa ninguna persona en esta estación. Recuerdo que habÃa un silencio casi sepulcral en toda el área. Es más, ni siquiera se sentÃa el viento que transcurrÃa por los túneles era época de invierno. Eso sà lo recuerdo muy bien. Estaba la par con mi compañero cuando decidà alejarme un poco para encender un cigarrillo. Empecé a fumar y mientras estaba fumando y hice lo que muchas personas hacen, que es estar caminando de un lado hacia otro, mirando hacia diferentes partes, Cuando de pronto en eso me doy cuenta de algo, le presté atención sin ningún motivo aparente a decir verdad, a un póster de pelÃcula. Recuerdo que era una pelÃcula de superhéroes. No recuerdo muy bien cuál era. Pero eso no es lo importante. Lo importante aquà es que, mientras yo veÃa ese póster, me llamó la atención lo que se reflejaba en él. Verán hay algunos pósters que se ponen en el metro que tienen un cierto plástico, parecido a un vidrio y mediante esta se puede reflejar la cierta área que cubre. Lo que me llamó la atención es que en este plástico me podÃa ver a mÃ, podÃa ver a mi compañero y, además de eso, podÃa ver a otra persona, una persona que parecÃa ser un joven, un muchacho, llevaba un uniforme, un uniforme como si fuera de la preparatoria o si fuera de algún grupo de fútbol. Algo por el estilo verán yo en primer instante, yo lo volteé porque allá atrás se encontraba mi compañero y, según veÃa, a través del vidrio, ellos dos estaban muy juntos y, a decir verdad, al ver esto no le tomé mayor importancia. Pensaba que era una persona que se habÃa metido tan solo en lo que yo estaba fumando y no me habÃa dado cuenta. Aunque claro, las cosas se pusieron extrañas cuando empecé a escuchar que el metro se iba acercando. El sonido era muy irregular, era muy aparatoso para que me entiendan, no era un sonido común y corriente como el querÃa el metro, sino que era como más alarmante, como más pesado, como si este metro estuviera pegando en las paredes del subterráneo. Me parecÃa muy extraño, pero aún asà decidà no voltear. Yo continuaba viendo la escena a través del espejo, observaba a mi compañero y a este joven, pero cuando el metro se encontraba cerca, cuando ya estaba saliendo vi como claramente, este joven se aventó hacia las vÃas e incluso puedo asegurar cómo escuché el estruendo del cuerpo cayendo en el metal rápidamente. Yo volteé y me sorprendà en ese momento que mi compañero estaba totalmente normal como si para él no hubiera pasado nada. Era algo muy irregular. Según yo habÃa visto, aquel estudiante se habÃa aventado en frente de sus narices. Cómo era posible que no lo hubiera visto. Yo corrà instantáneamente y en eso el metro pasó. Pero este metro pasó de una manera muy rápida, muy estruendosa. Solamente fueron segundos. Yo le dije alarmado que no lo viste. No viste. El muchacho que se aventó. Mi compañero estaba totalmente sacado de sÃ. No sabÃa de lo que le estaba hablando. Ãl no habÃa visto a ningún estudiante, como dije antes, nos hablábamos y todo, pero en cuestiones de trabajo éramos muy profesionales. Ãl sabÃa que yo no estaba mintiendo, por lo que se aterró junto conmigo y tan pronto pasó el metro empezamos a usar hacia las vÃas una y otra y otra vez, pero no podÃamos ver nada. Era como si nunca se hubiera aventado, no habÃa rastros. Estábamos esperando ver una carnicerÃa, ver sangre, ver pedazos, pero todo estaba limpio en ese momento y creo que ambos nos dimos cuenta que, como les dije en un principio del relato, estaba seguro que el metro ya habÃa pasado por última vez en ese horario por esa estación. Yo trabajaba ahÃ. Recuerdo muy bien el aspecto del metro, los colores, aquel metro que habÃa pasado, o más bien aquella cosa estaba muy corta y era de un color diferente al a del metro que pasaba diario. Estábamos más que seguros que era un único vagón el que habÃa pasado. Llamamos por radio simplemente para cerciorarnos de esto a los demás policÃas que se encontraban en las estaciones a las que se dirigÃa este metro. Pero extrañamente y a pesar de que se encontraban ahà vigilando, ninguno de ellos nos pudo decir que aquel vagón hubiera pasado. Era como si solamente se hubiera presentado ante nosotros y hubiera pasado por esa estación y asà también hubiera desaparecido después de dÃas. Supimos que lo que habÃamos vivido en aquella ocasión no se trataba de otra cosa, sino de la manifestación de un fantasma. Verán. Como policÃa se nos da la orden de cuidar a toda la población. Eso incluye de crÃmenes claro, de ladrones, de algunas personas que roban bolsos, roban carteras. Pero lo más extraño y creo que lo que muchas personas también han escuchado es que debemos estar atentos por ciertas personas que van al metro a acabar con su vida. No son pocas las personas que van al metro a aventarse a las vÃas cuando este se encuentra a una corta distancia. Obviamente, esto es casi seguro de que no vas a sobrevivir. Muchas personas deciden hacerlo. Las personas que deciden quitarse la vida si no optan por armas de fuego, optan por este método. Creo que lo que vimos más allá de ser un fantasma, es un alma que acabó con su propia vida y que ahora, tristemente por sus acciones, está condenada a repetir el suceso una y otra y otra vez hasta que por fin se ha llamado a descansar. No solamente extrañas apariciones ocurren en las estaciones, sino a veces dentro del mismo tren. Hay algunas personas que viajan con equipaje y algunas otras que viajan con artÃculos, artÃculos que tal vez a simple vista, parezcan extraños, Pero qué pasarÃa si te encontraras con un cierto artÃculo en el metro, el cual te parece muy extraño y el cual no tiene dueño. Esto fue lo que le pasó a este policÃa cuando regresaba a su casa después de un largo torno de dÃa, y no solamente él fue testigo, sino que otras siete u ocho personas que venÃan en aquel vagón durante la noche también vieron esto dos extraños maniquÃs de estatura de un humano actuando de manera muy extraña, por no decirlo claro, absolutamente terrorÃfica. Su historia es la siguiente. Este segundo relato que te quiero contar me sucedió cuando ya habÃa terminado todo mi horario laboral. Pase resulta que, para mi buena suerte, era la última vez que el metro pasaba y pues se me facilitaba bastante tomarlo para llegar hasta mi casa. Ya otras ocasiones lo habÃa hecho. Esto para dejarles en claro que todas las otras ocasiones que yo habÃa tomado el metro a esa hora y más o menos con la misma cantidad de personas, jamás me habÃa pasado algo parecido. Subà al vagón, como siempre iba listando mis audÃfonos, ya que durante el trayecto me gusta ir escuchando música, me ayuda a relajarme y otras veces incluso hasta dormirme. HabÃa sido un dÃa muy cansado y lo único que querÃa era relajarme por algunos minutos. Empecé a ponerme los audÃfonos y subà el volumen al máximo. Entré al metro y cuando fui entrando, me encontré con algo que me pareció sumamente extraño, pero tampoco era para tanto. Asà resulta que en los asientos del metro, en dos asientos de este, se encontraban sentados lo que vendrÃan a ser unos muñecos o unos maniquÃs de tamaño natural, es decir, de unos setenta unos setenta y cinco de altura. Estaban sentados como si fueran personas. Estos maniquÃs habÃan sido enrollados con lo que se podrÃa decir papel plástico o algunas bolsas. Se podrÃa hacer ver que eran maniquÃs más que nada, por como se veÃan de las bolsas hacia afuera, las bolsas eran transparentes. Lo que se me hizo extraño es que este tipo de maniquÃs no iban con su propietario. Ya habÃa visto antes algunas personas que viajan con este tipo de cosas o incluso más grandes en el metro, por lo regular se sientan a un lado de ellas o enfrente de ellas. Para estarlas vigilando para tenerlas a la mano cuando se vayan a bajar. Pero en este caso no era asÃ. Las personas que iban adelante de estos maniquÃs era una señora y su hija, además de otras personas haciendo memoria. Creo que serÃamos como unas siete personas las que estábamos en ese vagón. Yo pasé más adelante y me senté cerré mis ojos por un instante y pasaron los minutos hasta que claro algo me levantó. Ya estaba en un profundo sueño. Cuando de la nada empiezo a sentir unos golpecitos, unos golpes que provienen de lo que vendrÃa a ser la pared del metro. Escucho una y otra vez pequeños golpes que no eran nada normales, eran rÃtmicos, tenÃan sus pausas. Obviamente, esto me llama la atención. Abro los ojos y lo primero que me encuentro es que las personas están actuando de una manera muy extraña. La señora y su hija me están mirando y de nuevo, están mirando los maniquÃs. Casi todas las personas están mirando los maniquÃs, pero no de una forma normal, sino como de una forma asombrada, como de una forma con miedo. Esto lo empiezo a ver y, obviamente, aunque traigo los audÃfonos y traigo la música a todo volumen, me resulta bastante extraño. Me los quito y al momento en que me los quito, escucho claramente la razón del porqué la actitud de esas personas. Y es que escucho una leve risa, una risa que provenÃa de los maniquÃs. Yo volteo, los veo y solamente puedo ver la cara distorsionada por la bolsa de aquel muñeco volteado observándome. Quiero aclarar aquà una cosa y es que cuando me habÃa subido, no es que les haya puesto mucha atención. Pero si recuerdo perfectamente que ambos maniquÃs estaban mirando derecho o sea, hacia enfrente, ninguno de ellos tenÃa la cabeza volteada. Y en aquel momento, este extraño maniquilla la tenÃa volteada. Observándome fijamente donde yo estaba sentado, obviamente me levanté y todas las personas estaban desconcertadas hasta que uno de ellos, un señor que trabajaba en limpieza por su uniforme, lo pude ver. Me dijo escuché que se estaban riendo tú los escuchaste también verdad. Yo no sabÃa qué responder. Simplemente le dije que me parecÃa extraño y que dónde estaban los propietarios de sus maniquÃs, que de quién eran más que nada. Para sentirme seguro y creo que también para sentirse seguro las demás personas que venÃan en el vagón, ya que habÃan captado extrañas cosas, extrañas situaciones. Unas de las personas decÃan que habÃan visto moverse a los maniquÃs levemente. Otras personas decÃan que los habÃan visto hablando, murmurándose, riéndose por más de que buscamos al propietario. No lo pudimos encontrar. Simplemente no venÃa en ese vagón o tal vez quien sabe los habÃa olvidado. Tratamos de mantener la calma, pero no sirvió de nada. Yo estoy muy seguro que escuché a esos maniquÃs riéndose, murmurándose como si fueran unas personas de carne y hueso. Lo primero que se me vino a la mente es que tal vez pudiera ser una broma. HabÃa visto en redes que hacen brumas en los trenes, en los taxis, pero por más que buscaba abajo de los asientos por detrás de los muros. No habÃa ni una sola persona escondida ni tampoco una cámara que estuviera grabando todo. Las personas que estaban en el vagón optaron por retirarse del mismo. No querÃan pasar ni un solo minuto más con aquellos ManiquÃs. Yo hice lo mismo y cuando estaba pasando el otro vagón, la niña me dice que la mano de uno de ellos estaba golpeando la pared del metro a propósito para despertarme que ella lo habÃa visto cuando nadie más los estaba observando. Esto en cierta parte me aterró porque yo no habÃa dicho nada. No sabÃan cómo o por qué me habÃa despedido. Sin embargo, esa niña lo supo. Supo cuál fue el motivo por el cual me desperté, porque con los audÃfonos no podÃa escuchar todo el escándalo que tenÃan. Esto me hizo tener escalofrÃos y, por suerte, no faltaba mucho para bajarme. Cuando lo hice, me llamó la atención Otra vez este vagón, ya que habÃan pasado aproximadamente unos cuatro o tres minutos y el subterráneo no se habÃa detenido en ninguna otra estación. Eso significa que el vagón tenÃa que venir vacÃo. Pero mi sorpresa fue que este vagón no venÃa vacÃo. Cuando el tren nuevamente se puso en marcha lentamente pode ver por las ventanas como estos maniquà se habÃan levantado y ahora se encontraban de pie como si fueran unas personas normales, pero obviamente eran maniquÃs agarrados de unos de los tubos de las manos parados. Observando hacia afuera las bolsas. El plástico que los cubrÃa ya no se encontraba. Era como si alguien se los hubiera quitado y los hubiera puesto en esa posición, una posición muy humana, pero sus caras eran inexpresivas. Les podrÃa decir que caÃan en la categorÃa de valle inquietante. Además, está decir que jamás en mi vida y doy gracias a esto todas las veces que he tomado el metro más nunca he vuelto a ver a estos maniquÃs. Esas fueron mis experiencias. Gracias por permitirme compartirlas.




