NUNCA TE DETENGAS EN ESTA CARRETERA DE NOCHE / 3 RELATOS ATERRADORES PARTE 3 TEMP.3 / L.C.E.

3 Historias sobre carreteras embrujadas asechadas por entes paranormales y juegos diabolicos que se salieron de control.
3 Historias sobre carreteras embrujadas asechadas por entes paranormales y juegos diabolicos que se salieron de control.
Carreteras desoladas, carreteras fuera de tránsito o ciertas carreteras abandonadas por voluntad propia de los automovilistas o de las personas que pasaban por ahÃ. Diariamente, hay muchos caminos que son conocidos como caminos embrujados por cierta reputación, no de uno ni de dos, sino de varias personas que han vivido en ese camino experiencias aterradoras, asà como también paranormales, tal como esta siguiente historia, en donde dos amigas salieron de vacaciones y tomaron uno de estos caminos, uno de estos caminos que se decÃan embrujados. Obviamente, creyeron que esto solamente eran cuentos de niños, porque, al final de las cosas, qué tan cierto puede ser que un camino en concreto se encuentre bajo el poderÃo de entes paranormales. Bueno, estas chicas quisieron tentar esa suerte y se encontraron con que ese camino, todas y cada una de esas historias y leyendas estaban muy bien fundamentadas. Buenas noches. Mi nombre es Valeria. Mi experiencia que les quiero contar pase resulta que sucedió en las festividades que estamos en puerta, la Navidad y el Año Nuevo. Cuando me sucedió esto, yo era una universitaria, acababa de llegar a México. Yo no soy originaria de México, soy de Venezuela. Llegué a este paÃs cuando tenÃa dieciocho años. Unos tÃos me acogieron, me dieron un departamento, me ayudaron a prosperar en mis estudios, pero al tener toda mi familia en Venezuela, prácticamente estuve sola. Eso claro hasta que conocà a Lorena. Lorena era una compañera mÃa de la facultad nos volvimos amigas casi inmediatamente y es más, hasta ahora todavÃa lo somos, pese a que no vivimos en la misma ciudad. Durante el primer año de universidad yo pasé en Navidad y año Nuevo sola prácticamente con unos vecinos, con unos pequeños amigos que tenÃa. Pero claro, esas fechas son para pasar en familia, por lo que al siguiente dÃa año, Lorena me ofreció que sà querÃa pasar las festividades con su familia. Ella es originaria de Chihuahua. Nosotras dos estábamos en ese entonces, en el Estado de México, por lo que tenemos que viajar hasta Chihuahua. De cierta manera, yo ya le tenÃa mucha confianza Lorena y ya conocÃa aparte de la familia. Después de pedir los permisos y dar los avisos a mis familiares, justamente cuando comenzaron las vacaciones de diciembre partimos hacia Chihuahua, decidimos ir en auto. Loren iba a conducir claro no tomamos autobús, ya que el pueblo o el rancho de Lorena queda muy lejos de cualquier estación o cualquier ciudad a la cual el autobús pudiera arribar y de cierta manera se volverÃa más complicado tomar un transporte que nos llevara hasta ese rancho, por lo que Lorena me explicó que lo más rápido y sin tantas complicaciones era iran auto, cosa de la que, claro yo me sentÃa muy feliz, ya que no habÃa viajado en auto desde hace muchos años. Pude ver diversas localidades, diversas áreas, pero cuando estábamos a punto de llegar al rancho de Lorena, fue ahà donde sucedió todo. Loren empezó a tomar algunos caminos que estaban en pésimo estado. La mayorÃa eran caminos de terracerÃa y era algo congruente que esos estuvieran en mal estado, ya que, por lo regular, los autos que pasaban por ahà eran puras, carretas, camionetas, cuatro por cuatro, burros, personas a caballo, lo que a mi me me fascinaba a ver claro. Pero llegó el punto en el que todo rastro de civilización quedó atrás, simplemente atrás. Loren empezó a tomar un camino. El cul estaba en pésimo estado y cuando les digo en pésimo estado, me quedo corto. Según ella era el camino más rápido. De otro modo, llegarÃamos tarde, una hora al rancho y parece entonces ya nos habÃa caÃdo la noche justo antes de adentrarnos a ese camino. Lorena se detuvo, se volteó y me dijo creo que lo mejor serÃa ver si conseguimos alguna posada y continuar con el camino a la mañana siguiente. Yo, en ese momento miré el reloj y miré que eran las nueve y media, le dije Lorena, pero si todavÃa es temprano, según tus cuentas, podrÃamos llegar a las once. Por qué no quieres ir por ese camino. Lorena miró el camino y se quedó pensativa. Esto lo recuerdo muy bien, porque yo lo observé en todo momento después de un rato y de yo estar diciéndole que a lo mejor era seguir, pues yo estaba emocionada, ya querÃa llegar al rancho. Lorena aceptó, comenzó con el camino y esta fue la peor decisión que pudimos haber tomado. Nos adentramos en el camino y, como les dije anteriormente, estaba en pésimas condiciones. Al parecer, estuvo paimentado, pero se veÃa claramente que no le habÃan dado mantenimiento. HabÃa hoyos habÃa zanjas. HabÃa escombro, el auto en el que Ãbamos tuvo que reducir la velocidad considerablemente. Creo que Lorena irÃa como unos quince o veinte kilómetros máximo, ya que no querÃamos dañar la suspensión ni mucho menos las llantas quedarnos ponchadas en medio de la nada, porque, asà como les digo, la civilización quedó atrás. No habÃamos visto a ni una sola persona, ni un solo animal, ni una sola camioneta o o vivienda cerca como de una hora. Era como si nos encontráramos prácticamente en un punto muerto. Lo menos que querÃamos era detenernos, pero Ãbamos avanzando lento lento, pero seguro para hacer más a menos el viaje empezamos a poner música, a empezar a platicar sobre cosas de la facultad, sobre cosas diversas. No tenÃamos miedo en ese momento. No venÃamos pensando en nada por el estilo. Pero fue en ese punto que yo dejé de mirar hacia el frente, dejé de mirar aquel camino de terracerÃa con zanjas con escombro y volvà a mirar hacia un lado, hacia el monte. Todo estaba oscuro. En el monte solamente se podÃan ver, a lo lejos siluetas de árboles de maleza moviéndose de un lado hacia otro gracias a la luz de la luna más de cerca. Obviamente también habÃa árboles y a pesar de que todo estaba oscuro, pude ver algo que se movÃa a la misma velocidad a la que Ãbamos. Primero vi un bulto moviéndose entre el monte después le presté más atención y en este mismo bulto empecé a ver dos luces, dos luces amarillas brillantes, muy pequeñas, pero que se movÃan de una extraña manera. Cuando puse más atención, prácticamente ignorando a Lorena y esta ya me estaba dando golpes en el hombro que me decÃa oye respóndeme, no me estás poniendo atención. Yo, en ese momento estaba mirando fijamente aquella silueta y con cada segundo que pasaba pude ver bien lo que era. Era un hombre, pero un hombre con una postura muy extraña. Este hombre llevaba puesta una gabardina que le cubrÃa todo hasta abajo. No se le podÃa ver ningún rastro de piel. Estaba todo cubierto, llevaba puesto un sombrero, pero su forma, en la que yo no digo caminaba, sino que se desplazaba, era muy errática. Muy extraña, porque no podÃa verle los pies y, como les digo, la gabardina le cubrÃa obviamente todo esto. Pero aún asÃ, aunque tuviera la gabardina, muchos de nosotros sabemos diferenciar el movimiento de los pies como se mueven abajo de una gabardina. Los podemos ver a simple vista. Bueno, ese hombre, no, ese hombre parecÃa que livitaba, pareciera que se desplazaba de una extraña manera y, por si no fuera poco, este portaba con una joroba. Yo lo catalogo como una joroba, pero era mu más bien como que él estaba encorvado por voluntad propia observándonos fijamente. Era algo extraño, muy extraño. Y, por si esto no fuera suficiente, otro dato sumamente extraño es que este hombre, como les dije anteriormente, mantenÃa la misma velocidad a la que iba el auto a ver diecinueve, veinte kilómetros por hora. No es una gran velocidad, estoy de acuerdo, pero una persona que sostenga esa velocidad sin necesidad de caminar rápido y entre el monte, eso ya es muy extraño. Obviamente, yo al mirar esto y ver que aquellos dos puntos amarillos que brillaban, aquellos dos puntos que me llamaron mucho la atención, eran sus ojos, esos ojos resplandecientes, amarillos de inmediato le dije a Lorena oye nos están siguiendo mira ese hombre. De ahÃ, Lorena se detuvo en seco y no sé si esto fue buena idea o mala idea. El punto es que este hombre también se detuvo. Lorena empezó a verlo y vio lo mismo que yo, un extraño hombre con los ojos brillantes y amarillos. En ese momento, cuando nosotras dos lo estábamos viendo. Se alejó inmediatamente, se escondió entre la maleza, entre el monte. Esto fue suficiente para que yo y también Lorena nos pusiéramos histéricas. Estábamos más que seguras que ese hombre valga la redundancia. No era un hombre, una persona común y corriente. No se moverÃa asà de rápido, porque fue como una mancha. Solamente se desplazó rápido y desapareció de nuestra vista, como si este tuviera una velocidad anormalmente rápida, más que cualquier animal que yo haya conocido. Lorena empezó a acelerar, obviamente vÃctima del miedo, y yo no puedo decir que iba de lo más sensata, porque también estaba sumamente aterrada. Pero cometimos un error, el cual fue que no nos fijamos en el camino terminamos atascadas en una de las tantas zanjas que tenÃa este camino. No importa que tanto acelerábamos, no importa que tanto nos moviéramos, el auto no iba a salir En ese momento. Lorena dice que la única manera de salir de ahà era empujándolo. TenÃamos que buscar la manera de sacarlo. Obviamente, me dijo que yo me pusiera al volante y simplemente tratar de enderezarlo mientras que ella empujaba. Obviamente, su fuerza no fue suficiente, por lo que yo me sabrÃa. Con ella pusimos el coche neutral y rezamos para que la fuerza de nosotras dos fuera suficiente para sacar al coche de aquella zanja. Pero justamente cuando ya lo estábamos sacando, Lorena me toma del hombro me jala y me dice que me meta el coche. De hecho, las dos nos metimos por la puerta del piloto la que estaba abierta. Ella me empujó a mi primero y luego se metió ella. Yo, como pude, me pasé al asiento del copiloto, asà arrodillada e incluso cayéndome mi cabeza, estaba donde deberÃan de estar mis piernas y como pude, me volteé y le dije qué tienes, pero qué te pasa ella simplemente aterrada. Me dijo que aquel hombre se estaba acercando hacia nosotras, pero por la parte de atrás. Es por eso que yo no la habÃa visto, pero que ella habÃa volteado. Yo esperaba en serio, esperaba que ella se hubiera confundido. Ãbamos con miedo las dos, asà que era muy probable que se lo hubiera imaginado, pero no Ese extraño hombre llegó hasta la ventana de mi auto del lado donde yo estaba. Lo pude ver frente a frente. Era un hombre calvo con la nariz algo deformada, no deformada como si lo hubieran golpeado o como si esta tuviera una extraña forma, sino que ésta estaba alargada. Era muy grande. Su tono de piel era muy extraño, pero lo que más miedo nos dio eran los ojos que tenÃa. Sus ojos eran amarillos por completo, brillando enfrente de nosotros. Lo único que hiciera fue tomar los celulares e irnos a la parte trasera. Ambas parecÃamos niñas. Nos ocultamos ahÃ. Las ventanas de atrás del coche tenÃan polarizado, asà que por lo menos nos dificultaban ver lo que habÃa afuera, ya que era de noche. Lorena le llamó a sus familiares y les pidió desesperadamente casi a gritos que vinieran por nosotros. Aquellos minutos que pasamos encerradas en el auto fueron los más largos que he tenido en toda mi vida, pues sentÃamos las dos que ese hombre nunca se fue. Ese hombre permanecÃa allà observándonos, escuchábamos, no las pisadas de este, sino dónde era que tocaba. Tocaba la ventana, tocaba la cajuela, tocaban la puerta. Lo hacÃa como si lo disfrutara, como si disfrutara que nosotras nos estuviéramos muriendo del miedo. Lo hacÃa incluso con ritmo. Tocaba una vez con sus dedos y luego con otro y luego con otro, como si estuviera tocando un piano. Tocaba partes del coche, partes que estaba más que seguro. Nosotros escucharÃamos y asà continuó hasta que llegaron mis familiares. Mis familiares llegaron a caballo, ya que era la forma más sutil de llegar o transportarse. Por ese camino. Cuando llegaron como pudieron, sacaron el auto. Nosotras estábamos dramáticas en ese momento llorando. Ellos sacaron el auto y nos ayudaron a ir hasta el pueblo, pero nosotras no querÃamos estar adentro del auto. Estar adentro de ese auto. Solamente nos recordaba el infierno que estábamos pasando. Decidimos ir a caballo junto con ellos, mientras que uno se llevaba el auto. Yo no sabÃa lo que habÃa pasado. Fue solamente hasta que llegué al rancho de Lorena y que pude platicar con sus familiares que me enteré de una cosa que Lorena habÃa pensado que era cuento de niños. Asi resulta que no habÃamos visto personas, porque por ese camino nadie pasaba al caer la noche. Ese camino se deshabitaba por completo. TenÃan una leyenda, una leyenda que Lorena sabÃa las historias que se decÃan acerca de ese camino, pero las escuchó de muy niña. Ella me explica que jamás fue su intención que las dos viviéramos aquel episodio, pero que ella pensaba que todo eso eran cuentos que se los contaban a los niños para que tuvieran miedo, pues esos relatos de terror son simplemente historias que se cuentan en los ranchos. Jamás pensó que fueran reales y ya para cerrar con esta historia pase resulta que muchos pobladores de ese rancho y también la familia de Lorena sabÃan que ese camino se le aparecÃan demonios y se aparecÃa el mismo diablo. Espero que les haya gustado mi historia. Quisiera mandar saludos a la familia Lázaro Hernández y también, por supuesto, a toda la Comunidad de la cripta embrujada. No solamente pasar por caminos desolados. Les pasa a los turistas y obviamente es comprensible si des nuevo en un paÃs, en un Estado, no conoces todas las historias que se encuentran en este Por ende, no sabes ni siquiera si ya hay caminos embrujados, como popularmente se conoce. Pero pasa y resulta que esto también le sucede a personas que tienen como trabajo pasar por estos caminos sin saber ni siquiera las historias que se tejen en estos, tal como le pasó este policÃa, que desempeñaba su labor como policÃa Federal de caminos, como cualquier otra noche normal, cuando en una de estas noches se encontró con algo extraño en el camino. Al parecer, un bus y unos niños estaban sin razón aparente a horas de la madrugada en esa carrera era lejana, totalmente solos. El peor error que pudo haber hecho, esta policÃa fue haberse detenido. Mi nombre es Jesús Casares. La experiencia que les quiero compartir a ti y a toda la Comunidad viene de parte de mi padre. Mi padre fue policÃa federal hace mucho tiempo, cuando todavÃa estaban en funcionamiento, por lo que, como es de esperarse, fue enviado a diferentes Estados, diferentes carreteras. Conoció muchas leyendas, muchas historias que espero tal vez les pueda contar alguna vez. Pero lo que les quiero contar en este momento no es una leyenda, no es un relato de terror que él haya escuchado, sino que es una experiencia que él vivió a flor de piel. Esto le sucedió en Tijuana, en aquellas carreteras muy desoladas, carreteras que llevan a diferentes pueblos, algunos caminos de terracerÃa. Hasta ya tienen que andar los policÃas más que nada debido a las diferentes organizaciones criminales que, por si aún no lo saben, estas organizaciones criminales hacÃan pasar por policÃas o incluso por militares. Y es por esto mismo que tanto policÃas como militares eran desplazados a este tipo de caminos, incluso entre sierras. El caso fue que mi padre fue desplazado uno de estos caminos. Simplemente tenÃa que pasar por esa ruta para que se den una idea. Pasaba por esa ruta durante el dÃa y durante la noche, pero nunca lo hizo durante la madrugada. Aquella madrugada que empieza como a la una de la mañana hasta las cinco de la mañana son unas horas muy pesadas, pero una noche pasó por ese camino cerca de las tres de la mañana. Como les dije anteriormente mi padre ya habÃa pasado por ese camino durante el dÃa y durante la noche. Era la primera vez que pasaba por la madrugada. Pero, como muchos pensarán, para él no era algo extraordinario, no era algo que supusiera tener miedo. Ya habÃa pasado por ese camino, Ya lo conocÃa. Era un camino algo deteriorado, sÃ, pero que se podÃa manejar más o menos bien. Cuando de pronto, mientras iba conduciendo allá a lo lejos, en la negrura de la noche, empezó a haber una luz, una luz que resplandecÃa. Esto se le hizo extraño, ya que en otras noches anteriores jamás habÃa visto esto era una carretera que se mantenÃa en su mayorÃa deshabitada, desolada, no habÃa anuncios, no habÃa casa cerca, por lo que se le hizo extraño. Qué serÃa aquella luz? Qué serÃa aquello que brillaba, pero pasa que se da cuenta que esta luz que brilla aquel puntito que brilla brilla solamente cuando las luces de la patrulla lo alusan. Entonces, en ese momento se da cuenta de lo que es. Solamente se trata de uno de esos anuncios que brillan con la luz de los autos. Son para dar especificaciones, para decir si va a haber una vuelta, si hay tope y hay alto. Es para más que nada, para precaución. Pero aquÃ, si le hace algo raro, ya habÃa pasado por la noche por ese camino. Jamás habÃa visto un anuncio como éste en aquella carretera durante las noches anteriores. Tal vez lo habÃan puesto recientemente, algo que tampoco tenÃa sentido, ya que él habÃa estado pasando por ahà durante el dÃa. También claro, solamente las horas que descansaba no le prestó más atención a esto y continuó con su camino. Pero conforme se iba acercando, se fue dando cuenta de que esto tampoco se trataba de un señalamiento, sino más bien eran los señalamientos de un autobús. Las luces que se reflejaban también eran de éste. Era un autobús parado a un costado de la carretera. Era un autobús escolar, ya que tenÃa esos anuncios de stop de cuidado y cada vez que la patrulla lo lo usaba, obviamente, este brillaba y traÃa arriba autobús escolar. Mi padre se le hizo raro. Anteriormente no habÃa visto nada parecido. Ãl pensó que tal vez alguna unidad habÃa sido dañada o se habrÃa estropeado en plena carretera, por lo que fue disminuyendo su velocidad para ver si habÃa alguien o si ya estaban solucionando el problema, Pero lo que les sorprende todavÃa más es que enfrente de este autobús y también a un lado, a orillas de la carretera junto con este, sino que eran siluetas muy pequeñas. Y al momento de que mi padre desciende todavÃa más la velocidad y pone atención a aquellas siluetas, se da cuenta que todas ellas son de niños. HabÃa un grupo tal vez de entre veinte a treinta niños con su uniforme parados a un dedo de nr camión. No se le podÃa ver de cerca ningún adulto, Solamente habÃa niños. Obviamente, esto le llama la atención a mi padre. Se detiene metros adelante, da un poco de reversa a la patrulla, toma su radio y comunica lo que está pasando. Le comunica a las demás patrullas y también que se comuniquen tal vez con una ambulancia, pues no se sabe si hay algún herido o, a lo mejor, el mismo chofer, ya que este no se encuentra a la vista. Una vez diciendo todo por radio, lo del autobús, lo de los niños, él da el cambio y se dispone a salir de la patrulla. Abre la puerta y está a punto de salir cuando en eso su misma radio empieza a sonar y es la voz de un hombre de otro policÃa y le dice Rubén, Rubén, escúchame bien, no salgas de la patrulla. No salgas de la patrulla, cierra la puerta, no salgas. Por lo que más quieras, no salgas. Mi padre, el escuchar esto, obviamente, se le hace extraño. Cierra la puerta de nuevo y pregunta, pero qué me estás diciendo. Respóndeme que estoy haciendo malo o que de repente se oye la voz de alguien más de otro compañero, de otra policÃa que le dice rubén, ignora todo eso y vete de ahà ignóralos por completo. En ese momento se estaba comunicando con la Central, pero todas las conversaciones que tenÃan los policÃas con la Central se podÃan oÃr en otras patrullas, por lo que estos policÃas lo habÃan escuchado. Lo único que le estaban diciendo es que se fuera, que no se bajara, que ignorara todo el panorama. Y aquà viene algo muy extraño, y es que mi padre dice que cuando pasó al lado de los niños, ellos no se movieron o la mente, giraron su cabeza siguiendo la patrulla. E incluso cuando se detuvo enfrente y le dio un poco hacia atrás y miró por el retrovisor, vio que estos niños seguÃan inmóviles, no se movÃan para nada estaban ahà quietos. Solamente giraban la cabeza y lo veÃan a él, pero nada más. No hablaban, no movÃan los brazos, no hacÃan nada. Simplemente parecen estatuas inertes. A mi padre se le hizo muy extraño cuando miró de nueva cuenta el retrovisor y vio que estos niños se habÃan acercado. No solamente se habÃan movido, sino que se habÃan acercado. Se habÃan acercado la patrulla, pero de manera muy rápida. Ellos, de nueva cuenta, estaban inertes, sin mover ni un músculo parados. Observando a mi padre, pero muy cerca de la patrulla, parecÃa ser que ellos esperaban el momento en que mi padre se descuidaba para moverse rápidamente y quedará más cerca de él cada vez que él los perdÃa de vista. Estos niños se acercaban o al menos los que podÃan, y cada vez que mi padre los observaba, estos de nueva cuenta se mantenÃan quietos. Debido a las numerosas alertas que le daban por radio de que se fuera, de que no se bajara, de que no cometiera el error de bajarse, Mi padre simplemente arrancó la patrulla y salió disparado. De ahà no sabÃa muy bien qué era lo que habÃa pasado. Solamente estaba seguro de que habÃa dejado a aquel autobús y a aquellos niños atrás en cuestión de segundos. Todo esto le parecÃa muy extraño y lo que le explicaron sus compañeros, los que lo alertaron a él de que no se bajara, le dijeron que no sabÃan muy bien cuál era la historia de aquella carretera. No sabÃan muy bien qué era lo que habÃa pasado. Lo único de lo que habÃan sido testigos, ya que no hay reportes de algún autobús perdido, tal vez de niños perdidos. Tampoco no se sabe qué fue lo que pasó ahÃ, pero de lo que sà son testigos es que en aquella carretera variaba yace en un kilómetro o en otro o en otro aparecÃa este autobús con niños y los que se bajaban terminaban muy mal. Ellos habÃan visto mismos policÃas que habÃan cometido este error y terminaban de una manera grotesca, con pesadillas, con terrores nocturnos, sumamente traumatizados, con terror de volver a aquella carretera e incluso con terror mismo de subirse a alguna patrulla. Aquella noche salvaron a mi padre de que él cometiera un error. Curiosamente, esta aparición solamente sucede durante la madrugada. Actualmente, aquella carretera ya no está en funcionamiento y creo que una de las tantas razones es esta misma. Antes de terminar el relato, les tengo que compartir que mi padre no se quedó con esto. Ãl quiso ir a obtener una prueba, una evidencia de lo que se veÃa en las madrugadas en aquella carretera, por lo que de nueva cuenta fue y le tomó varios intentos, pero finalmente pudo dar de nuevo con aquel autobús. Todo era lo mismo, la misma posición, incluso de los niños. Pero claro, en esta ocasión él no se detuvo y por qué regresó de se preguntan ustedes. Bueno, en aquel tiempo él tenÃa un sony Ericson era uno de esos celulares que estaban ponsplares por allá del dos mil ocho, dos mil siete, dos mil nueve, su cámara no era muy buena, pero para el año era una de las mejores. Mi padre decidió tomar un vÃdeo, pero esto no le sirvió de nada, ya que después de haber pasado por aquel autobús y los niños, después de él verlos con sus propios ojos, la cámara del celular no habÃa captado nada. La grabación estaba limpia. Solamente se podÃa ver el monte y la carretera totalmente deshabitada. ParecÃa ser que aquello solamente era perceptible por los ojos de las personas. Esta razón fue suficiente para que mi padre no volviera a pasar por aquella carretera, incluso durante el dÃa dÃganle u lipta manÃacos. Ustedes, adolescentes, no tuvieron esa cierta inquietud de jugar aquello con lo desconocido, de hacer tal vez cosas extremas. De alguna manera queremos sentir la vida, pero claro esto se divide en gustos. Mientras que unas personas deciden aprender a andar en motocicleta, saltar desde un bonji, hacer escalada, aprender a nadar. Hay otro tipo de personas que les gusta experimentar esta adrenalina con otro tipo de experimentos podrÃamos decirlo que son muy oscuros. No son pocos los adolescentes y también hombres grandes y mujeres que les da esta inquietud por jugar ciertos juegos que son de Ãndole paranormal. No solamente la hija. Si esta do suficientemente en Internet, te darás cuenta de que no solamente este juego existe, sino una gran variedad de estos, muchos de ellos, claro son solamente juegos inventados por ciertas personas y al momento de jugarlos, si bien tienes este suspenso antes de hacer el juego, después, cuando ves que no pasa nada, simplemente sientes satisfacción por haber logrado hacer ese reto, pero qué pasarÃa si, después de probar tantos juegos, resulta que uno es verdad y que tú en tu inocencia acabas de atraer algo hasta dónde estás con este ritual. Bueno, pues esto le pasó tres hermanos, Tres hermanos que eran aficionados a ser estos juegos crepypasta, como popularmente se conocen, para su mala suerte. Uno de estos sà funcionó Hola cripta. Mi nombre es Brayán Alejandro González. Quiero contarles una experiencia. Precisamente en este mes de octubre la vivà yo y mis dos hermanos. Nosotros, los tres, solamente nos llevamos por un año de diferencia y, como sabrán, a veces los gustos tienden a ser muy similares, sino que son los mismos. En aquella época, cuando los tres Ãbamos a la secundaria, tenÃamos una fascinación por todo lo del terror por pelÃculas, videojuegos, series Y lo más importante, los vÃdeos de miedo eran los años dos mil nueve, sino mal recuerdo, Nuestros padres nos habÃan comprado nuestra primera computadora y ahà pasábamos horas y horas, los tres juntos mirando la pantalla, mirando crepipastas, mirando relatos de terror, etcétera, etcétera. Y justamente entre todas estas búsquedas encontramos aquellos rituales que eran muy populares en esos años, de los años dos mil ocho, dos mil nueve hasta el dos mil doce. Esos rituales crepipasta, como muchos los llaman, algunos rituales japoneses, otros rituales que venÃan de América, y todos ellos nos fascinaban. Incluso varios de estos los hicimos en nuestra propia casa. Claro más que nada para vivir, el suspenso el miedo. Obviamente, nunca pasó nada, pero probamos distintos. Jugamos a la wija, el juego del Peine bloody Mary, la Doncella ciega hitórica, curembo, el juego de la medianoche y el último y el más importante para esta historia, es aquel juego que lo llaman Baby Blue. Este juego consta de entrar a un baño. No se especifica si la casa tiene que estar sola abandonada. Solamente se dice que tiene que ser un baño con un espejo y que tienes que hacer que brote vapor dentro del mismo baño para que, de esta manera, el espejo se empañe y enfrente de ti escribas las palabras Baby Blue en el espejo. Después de esto, tienes que apagar la luz y empezar a hacer tus brazos, como si tuvieras un bebé. A empezar a arrullarlo. Se dice que después empieza a sentir el peso de un niño entre tus brazos. Como verán, es un juego muy sencillo y debido a nuestras búsquedas, vimos que habÃa videos que lo habÃan hecho y no habÃa ocurrido nada. Nosotros traÃamos esa espinita de querer hacer este juego y resulta que un dÃa, llegando de la escuela, pasamos por una casa, una casa que llevaba abandonada cerca de un año. Era una casa muy grande y ahà habÃan habitado algunos vecinos que nos caÃan muy bien por alguna razón que desconocÃamos. Se habÃan salido de la casa y los dueños de esta casa que la rentaban en ese momento no le habÃan dado cuidado. La habÃan dejado abandonada. Ahà sin más, habÃan ciertos familiares que venÃan en una noche y después se iba solamente la veÃan, el pasto habÃa crecido, la delincuencia habÃa hecho lo suyo, se habÃan llevado las protecciones, las chapas, todo lo que podrÃa ser de valor sabÃa vaciado. Solamente quedaba la casa a la estructura. VenÃamos caminando y venÃamos jugando con un balón. Mi hermano, que tiene el pie demasiado pesado, pateó el balón y lo pateó con la punta, haciendo que este brincara sobre la valla y cayera en aquella casa abandonada. Como les dije a esta casa no estaba muy bien cuidada. Se encontraba deteriorada, poco deteriorada, por lo que sin prisa y totalmente tranquilos, brincamos la barda y nos metimos a esta. Una vez que tenÃamos el balón, tomamos la decisión de ex explorar un poco total. Ya estábamos adentro esta casa. Era más grande de lo que pensábamos. TenÃa primer piso sótano y segundo piso Después de ir, habitación por habitación. Viendo explorando, vimos que esta casa tenÃa dos baños, uno en el primer piso y el otro en el segundo. Después de pasar ahà unos veinte minutos cerca de media hora, decidimos irnos solamente querÃamos explorar un poco. Pero al pasar los dÃas y teniendo en cuenta aquel ritual que querÃamos hacer aquel juego, surgió en una de nuestras tantas pláticas dónde Ãbamos a hacer aquel juego y, como se lo están imaginando, decidimos hacerlo en aquella casa abandonada. De hecho, todo iba a estar muy bien, ya que la casa estaba abandonada y habÃa dos baños ahÃ, por lo que dos de nosotros podÃamos hacer el juego. Al mismo tiempo, eso jamás lo habÃamos hecho. Nos pusimos de acuerdo y los tres fuimos aquella casa. Llevábamos botes con agua, claro porque en esa casa no habÃa ni gas ni agua. Improvisamos ahà una pequeña fogata para calentar el agua y una vez que esta se encontraba hirviendo, entramos a jugar el juego. El que primero entró fue mi hermano mayor. Ãl tenÃa en aquel tiempo quince años y subió hasta el segundo piso a llevar a cabo este juego en aquel baño, mientras que yo decidà hacerlo en el primer piso. Mi otro hermano, el más pequeño de los tres y obviamente, el que era más asustadizo, él tenÃa trece años y se va a quedar afuera de la casa en el patio y nos iba a avisar si alguien venÃa o más que nada para que estuviera al pendiente. Yo cerré la puerta, aventé el agua y está inmediatamente empezó a hacer un vapor enorme en cuestión de segundos. Cubrió todo el baño y el espejo que nosotros habÃamos llevado. Un pequeño espejo solamente en el que podrÃamos ver nuestros hombros, nuestro pecho y nuestra cabeza y poco más, no un espejo muy grande. Empecé a escribir las palabras Baby Blue y después junté mis brazos y antes de empezar a mecer al supuesto niño, escuché el grito de un bebé o un grito como de seguro. Muchos de ustedes conocerán si han estado en algún departamento, en alguna colonia o se han pasado por una casa en donde hay un recién nacido. Sabe cómo gritan los niños. No era un llanto, era un grito. Obviamente, esto me hizo parar el juego de inmediato. Yo me detuve y estaba ahà en la oscuridad absoluta. Cuando de nueva cuenta escucho el grito de este bebé, yo abro la puerta. Salgo de inmediato y después de esto empiezo a escuchar a mi hermano gritando mi nombre, gritando también el nombre de mi otro hermano, forcejeando la puerta. Se oÃa claramente cómo forcejeaba gritando por nosotros. Para este momento, mi hermano menor ya estaba metido en la casa. Ambos subimos al segundo piso corriendo y llegamos hasta aquel baño. Se notaba que mi hermano estaba forcejeando la puerta gritando. Nosotros llegamos y la empujamos. Mi s s s S. S. S. S NS estaba jalando y una vez que la abrimos, él salió corriendo y también a nosotros nos dijo que corriéramos inmediatamente. Nosotros no pensamos en nada. Simplemente le hicimos caso. Corrimos con él, bajamos al primer piso y brincamos la barda en cuestión de segundos, mientras él repetÃa una y otra vez, una y otra vez que el juego habÃa funcionado, que el niño Baby Blue se habÃa aparecido en aquel baño. Corrimos y corrimos hasta llegar a nuestra casa y una vez ahà y con suerte de que mis padres todavÃa no habÃan llegado, vimos los brazos de mi hermano. TenÃa rasguños en todo su antebrazo y parte de hombros de estos rasguños, de algunos más profundos, brotaban sangre como podimos, como tanto unos preadolescentes pudieran tratamos de curarlo con vendas con alcohol y una vez que nos habÃamos calmado, él nos contó en la sala que habÃa seguido al pie de la letra todo el juego y que, al final de todo, si habÃa resultado cierto, por suerte, yo no alcancé a comenzar el juego tan siquiera. Y es aquà donde pensamos qué fue lo que hicimos en verdad, porque habÃa muchos testimonios en Internet de que esto era solamente un juego, no era un ritual muy elaborado. Se podrÃa decir que esto era como una leyenda urbana, pero a nosotros nos funcionó asà como a otras contadas personas. En definitiva, creo que aquella casa, aquel baño tuvo que ver en algo. No no es que haya pasado en aquella casa. De lo único que estamos seguros es que pasó algo. Aquella casa tiene algo que permitió que Baby Blue o que más bien algún espÃritu demonÃaco se apareciera aquella noche. Nosotros lo alentamos a que apareciera. Según el juego se dice que tenemos que despedir al niño, sino de otra manera habitará en aquel lugar para siempre. Obviamente, esto se dice porque se supone que tú lo hagas en tu departamento o en tu casa. Y obviamente, para vivir tranquilo tienes que despedirlo. Pero en nuestro caso no era asÃ. Aquella casa estaba abandonada y ni locos Ãbamos a volver a ella, sobre todo sabiendo que aquel espÃritu iba a seguir ahÃ. HabÃa una alta probabilidad de que nos estuviera esperando. Simplemente dejamos el ritual. Hasta ahà pasaron los años y, de hecho, esta casa nunca se rentó, de hecho, se demolió y construyeron ahà un Seven y Leven. No tengo ni idea si es que aquello que se contaba sobre este ritual era cierto, sobre si se quedaba ahà el espÃritu. Después de esto, no volvimos a jugar con los rituales. No fuera a ser que en el siguiente esto escalara a algo más peligroso. Y ahora solamente queda como una historia que los tres contamos en Halloween, porque precisamente vivimos esto y vamos a cabo aquel juego, el treinta y uno de octubre,




