May 7, 2023

MILITARES y CAMIONEROS NOS COMPARTEN SUS EXPERIENCIAS PARANORMALES | DUENDES EN LA SIERRA Y ALMAS QUE TE PERSIGUEN EN LA CARRETERA

MILITARES y CAMIONEROS NOS COMPARTEN SUS EXPERIENCIAS PARANORMALES | DUENDES EN LA SIERRA Y ALMAS QUE TE PERSIGUEN EN LA CARRETERA

Compilado de experiencias paranormales de camioneros y militares, descubrias los horrores que econden las sierra y los bosques, y los caminos mas reconditos y aterradores donde transitan los camioneros.

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Compilado de experiencias paranormales de camioneros y militares, descubrias los horrores que econden las sierra y los bosques, y los caminos mas reconditos y aterradores donde transitan los camioneros.

Esta siguiente historia que ptomaníacos viene de parte de Ezequiel Morales Ezequiel. Esto le pasó cuando era niño o más bien cuando era un preadolescente. Obviamente él iba a la escuela, pero desde muy pequeño él soñaba con ser camionero, al igual que su padre. Creo que esto se repite en cada familia. Lo que el padre es usualmente es lo que el hijo también quiere ser, al menos en un principio. Ese quien recuerda las vacaciones con mucho gusto, todo esto debido a que le gustaba acompañar a su padre a sus diferentes viajes, ya sea si el viaje era corto o largo. A él le encantaba acompañar a su padre. Obviamente lo hizo muchas veces, tanto de día como también de noche. Le recuerda a una ocasión, una ocasión que lo dejó marcado e incluso hasta estos días. Él recuerda que, como todas las tardes, cuando llegó a agosto, cuando salud de vacaciones, nuevamente le dijo a su padre si lo podía acompañar en uno de sus viajes. En aquel tiempo, a los camioneros se les permitía llevar acompañantes. Iba dependiendo en cada empresa. Obviamente, él y su padre iban más que felices en estos viajes, ese que él veía todo el camino, aprendía cosas nuevas constantemente, pero como en otras ocasiones, les cayó la noche Y cuando caía la noche, tenían tres opciones claro la que, por lo regular siempre optaban, ya que si el viaje era de suma importancia, el padre conducía durante toda la noche, mientras que se que él dormía otras veces cuando el encargo no era tan preciso. No era algo o más que nada. Llevaban tiempo de más se quedaban a dormir, ya sea en un paradero de camiones, en alguna gasolinera o también por qué no, a un lado de la carretera. No había mucho problema con esto, sobre todo porque su padre ya sabía más o menos en qué autopistas, en qué carreteras se puede hacer esto sin tanto riesgo. Aquella noche su padre había tomado la decisión de que iban a dormirse a un lado de la carretera. Como otras ocasiones. Ezequiel, particularmente aquella noche, dice que tenía mucho sueño, tenía mucho cansancio, tanto así que casi inmediatamente él casi cayó fulminantemente ante el sueño, ante el cansancio, él recuerdo que durmió simplemente hizo su asiento para atrás y se durmió, se privó por completo. Él no está seguro de cuánto tiempo pasó, pero se despertó a mitad de la noche. Probablemente ya eran horas de la madrugada. Se despertó por unos ciertos golpes, unos ciertos golpes muy tenues que escuchaba a un lado de él, por la puerta del copiloto. Estos golpes iban en dirección hacia la ventana, por lo que obviamente eran más fáciles de percibir lo que se quiel mira. Tan pronto él se va despertando, tan pronto va abriendo sus ojos poco a poco. Todavía con cierto cansancio. Él estaba dormitando todavía, Él estaba todavía con sueño, no pensaba muy bien, no veía muy bien. Él todavía estaba algo distraído. Pero él se durmió viendo hacia el la siento de su padre. Y lo que nota primeramente es que el asiento de su padre está vacío y la puerta de él está abierta. Está abierta, completamente abierta de par en par Obviamente, esto llama su atención, pero sigue escuchando el golpeteo de este lado. Ese quiel se va girando y observa que lo que está del otro lado observa que quien le está golpeando el vidrio, que quien está afuera del camión. Se trata de su padre, o al menos es lo que él ve como su padre ezequiel relata lo siguiente. Él veía claramente la silueta en la cara, el rostro, el cuerpo de su padre, pero de una forma un tanto extraña. Él dice que era como ver una película antigua, como en blanco y negro, su padre estaba como en una tonalidad grisácea con oscura. Él lo atribuye en ese momento en su mente de un chico de doce años, que es más que nada por la luz, que es porque está todo oscuro, aunque claramente conforme pasaron los años. Se dio cuenta que esto no puede ser así, pero en el momento lo creyó. Ezequiel mira a su padre. Su padre le es una seña juntando sus dedos y sus labios para que no haga ruido y después le dice con una misma seña. Nunca habla con una seña. Le dice que baje del camión, que lo siga, pero que lo haga en absoluto silencio. Ezequiel es un niño bien portado. Le gusta pasar tiempo con su padre, le gusta obedecerlo, por lo que no lo piensas dos veces él dice ok si me está dando esta orden la cato muy bien abre la puerta. Lentamente se va saliendo del camión baja los escalones y ve que ahora su padre se encuentra caminando a un lado de la carretera. Camina y camina y camina, mientras que lo sigue llamando. Esta tonalidad grisácea y oscura que tiene el padre todavía no se le quita y ya para este momento, ese quiel nota que esto es raro, es decir, ya está bajo la luz de la luna. Ya tendría por qué ver color en él, tal vez en ese momento, por el cánsancio y todavía que tenía, por el sueño que todavía tenía, ese quiel todavía iba batallándose los ojos. Tal vez optó por seguir la corriente. Siguió caminando y vio que su padre se adentraba entre el monte y que que que n n n n n ndo a un lado. Obviamente, esto a él se le hace muy extraño. En todos los viajes que él había tenido con su padre. Él jamás había actuado de esa manera. Ezequiel lo sigue siguiendo. Pero esta vez a un paso más lento, él no está totalmente seguro de adentrarse cuando en eso una voz lo frena y es la voz de su padre que está gritando por él, que lo está llamando. Ese quiel es aquíl donde estás, pero no viene del monte, no viene de su padre, o al menos del que estaba viendo. Los gritos provienen desde adentro del tráiler. La voz de su padre venía desde dentro de aquel camión, obviamente por inercia, ese que l VOLTEA ve que la voz viene de ahí y al momento de voltear nuevamente para ver a su padre, que se encontraba metiéndose entre el monte, se da cuenta de que ya no hay nadie. Aquella silueta que parecía ser su padre y prácticamente se había esfumado, había desaparecido por completo. Su padre para este momento ya se encontraba bajándose del camión por la puerta abierta que había dejado ese Kiel su padre baja, lo agarra o lo abraza. Le dice qué estás haciendo, por qué estás acá. Ese quien le dice oye es que tú me tocaste la ventana dónde estabas. Es un niño de doce años, pero todavía, a pesar del miedo, le logra conjugar las palabras. Tú estabas acá. Le dice tú estabas acá. Abajo conmigo, tú me llamaste tú no estabas dentro del camión. Yo te vi para esto. El padre le contesta de que él no se encontraba en su asiento. Se encontraba atrás en el camarote recostado en la pequeña cama que tienen ahí y él cuenta que cuando iban subiendo al camión la puerta abierta, esa puerta por la que creyó que se había bajado su padre, ahora se encontraba cerrada como si jamás hubiera estado abierta. El padre de Ezequiel le dice que ha vivido diferentes experiencias paranormales en la carretera, por lo que no duda de su palabra, enciende el camión y decide continuar con el camino. Esequiel se duerme al amanecer y si bien él dice que esto no lo frenó para seguir acompañando a su padre en su trabajo, si se tiene que decir que dejaron de detenerse y de dormir a un lado de la carretera. Esta siguiente experiencia viene de parte de Christian Ortez. Christian, al igual que se Quiel, desde muy pequeño le ha llamado la atención ser camionero. Tanto así que tan pronto cumplió los veinte años. Decidió empezar a practicar para trabajar en este oficio. Para su mala suerte, no tenía familiares ni siquiera amigos que trabajaran como camioneros. Tenía algunos conocidos, pero la verdad es que se necesitaba experiencia para entrar a una de estas empresas transportistas y en el trabajo en el que él estaba. Para su desgracia, no manejaba camiones de tan grandes proporciones, por lo que no entraba como experiencia para él. Super padre. Se puso manos a la obra y consiguió a un amigo de un primo suyo. Este era un señor se llamaba rumano. Era un señor ya de edad muy adulta. Aunaba en esos cincuenta años, cincuenta y tanto, cincuenta y seis, cincuenta y siete y se encontraba todavía trabajando de camionero. Este señor tenía todo lo que Christian buscaba, experiencia al volante, experiencia por las ciertas dificultades que tal vez tendría en las carreteras y también historias que a Christian le interesaba escuchar. Total se pusieron de acuerdo y este señor accedió a que le mostraría cómo manejar el camión, cómo conducir por las carreteras, que ciertas cosas debe tener cuidado y claro también ciertas cosas que a él lo pueden beneficiar. Las las clases comenzaron. El señor se lo empezó a llevar a sus diferentes viajes por algunos transcursos. A Christian le tocó manejar el camión y durante las clases del día, a la luz del día, todo fue de forma espectacular, podríamos decirlo todo cambió al caer la noche. Christian, en este momento se encontraba en el asiento del copiloto. El otro señor, este camionero experimentado se encontraba conduciendo y de repente, Christian dice que empieza a sentir un frío, un frío que se apodera por completo de la cabina. No era un frío normal, como si hubiera viento en la carretera, como si hubiera norte, como si el clima estuviera cambiando. No era otra especie de frío, era como si éste se produjera desde adentro de la cabina. Y por si no fuera poco. Christian empieza a sentir una presencia. Siente que no van solos, Siente que hay un tercero que va sentado en la parte de atrás del camarote junto con ellos. Más allá de sentir la presencia, Christian dice que lo veía. Lo veía cuando iba mirando de frente y de repente volteaba para mirar al señor porque van platicando y veía con el rabillo de su ojo que había otra persona sentada atrás con ellos. Christian en múltiples veces voltea y al momento de volteare es como si ésta desapareciera, como si ésta se esfumara tan pronto. Christian volteara esto lo atormentó. Podríamos decirlo por unos quince minutos, que se dice poco tiempo, pero las personas que han estado en este tipo de situaciones saben que prácticamente quince minutos es una eternidad. Christian voltea y no puede con esta sensación tanto, así que el mismo señor le dice no prestas atención otras cosas. Enfócate en ir manejando la carretera es lo más importante. Si no te cuidas de ella, te puedes quedar aquí en el camino, como les ha pasado a otros. Si bien estas palabras podrían ser sabiduría. Se tendría que decir que a Christian no lo tranquilizaron. Por todo lo contrario, Christian se aterró todavía más porque, de cierta manera, lo que él pensaba que a lo mejor estaba en su cabeza le había rectificado el señor que él también lo podía ver, pero que su prioridad era el camino, que no le prestaras atención a otra cosa, que no fuera el camino. Christian optó por escuchar este Consejo. Mantuvo la mirada en el camino. La mantuvo, La mantuvo, pero, para su desgracia, sus ojos lo traicionaron. Y es que en la parte de arriba de este vidrio del camión había un polarizado y dentro del camión llevaban luces. Por ende, estas luces a la par del polarizado se podía tener un efecto como de reflejo, un efecto como de un espejo de muy mala calidad, o sea un espejo muy muy pero muy oscuro. Pero que, para la desgracia de Christian se podían ver siluetas y si ponías atención, se podían ver otras cosas, unas cosas que aquella noche vio que lo dejaron totalmente perturbado. Christian dice lo siguiente. Lo que vio en aquel reflejo no era una persona, o al menos él cree que no era una persona. Si bien tenía la silueta de una al ponerle más atención, su cara estaba totalmente deformada. Sus ojos eran prácticamente inexistentes. Eran simplemente un par de cuencas restiradas hacia los lados, como si de una máscara de Látex se tratase su boca. Tenía una mandíbula que se restiraba y caía más allá de lo que él podía ver. Su nariz prácticamente era un bulto que se moldeaba para diferentes lados, como si ésta estuviera quemada. Christian entra en pánico, empieza a hiperventilar, empieza a decirle a su compañero que se detenga o que acelere pero que haga algo, porque atrás viene alguien. Este señor. Lo único que hace es encender la luz del camión y decirle después a este joven que cierre los ojos, que cierre los ojos por completo que incluso si tiene que ser fuerza, que la haga, que esto va a pasar y que va a sentir cuando pase. Christian lo hace y tal y como dijo este señor pasó, Christian empezó a sentir como en toda la cabina y va subiendo la temperatura a una temperatura normal, podríamos decirlo, y después todo volvió a la normalidad. Obviamente, el susto todavía está ahí y le pregunta al Señor, qué fue todo eso, qué fue lo que pasó, porque ahora ya no siente la Presencia, ya no había nadie por el rabillo del ojo sentado este señor. Lo único que le explica es que en la carretera hay muchas personas que pierden la vida, hay muchas personas que tal vez ni siquiera son encontradas, ya que algunas personas son privadas de su libertad y nunca las encuentran es porque a veces dejan el cuerpo tiradas en carreteras o enterradas. Por ahí choques en fin un sinfín de cosas que pueden pasar en lugares inhóspitos. Muchas de las almas obtienen la luz, descansan en paz, por así decirlo, mientras que otras tantas no lo hacen. Y son estas mismas almas que se quedan aquí de las que uno se tiene que cuidar, porque no solamente le pasa a camioneros sino en general a todo el que transcurre por aquella carretera. Algunas veces la ven como siluetas caminando a un lado, y lo peor que se puede sentir de una de estas es lo que les pasó en aquella ocasión que estas almas deciden acompañarte por un trayecto. Obviamente no se quedan contigo, pero si te acompañan por un trayecto de la carretera, son almas que, para su desgracia, no logran descansar en paz. Esta siguiente historia criptamaniacos viene de parte de Ulises Moreno. Si viene en este episodio hemos contado ya anteriormente dos historias que son de absoluto terror vividas por camioneros. Hay que relatar esta historia que también, si bien tiene tintes de terror, puede que si eres camionero o te gusta conducir durante horas en un camino solitario, sea una buena historia a la cual quisieras escuchar. Ulises dice que le han pasado muchas experiencias, tanto paranormales como también de asaltantes y etcétera. De más cosas. Ella es un camionero ya de algunos siete ocho años y, por lo tanto, ya conoce el trabajo de Digi, pero claro el conocer un trabajo no te vuelve inmune a los efectos de este. Hay una temporada de largas jornadas en las que vas muy cansado y aún así la empresa te exige todavía más. Ulises estaba atravesando por una de estas jornadas. Dice que el cansancio en aquella noche era demasiado. Sus ojos se entrecerraban y se volvían a abrir e incluso se había dormido por unos breves segundos, algo que es sumamente peligroso. Si estás conduciendo un camión al volante, él no podía más. El cansancio era mucho y todavía iba con tiempo de retraso, por lo que no le quedaba de otra sino seguir conduciendo. Se ayudaba con su café, se ayudaba con otras cosas, pero nada surte afecto. Tenía lo mucho o tres días trabajando. Él dice y había dormido algunas dos horas. Solamente se le estaba exigiendo demasiado su cuerpo, así que inevitablemente estaba dormitando al volante Y en estas dormitadas, que creo que ustedes ya saben cómo son, es como si fuera soñando. Pero despierto, Ulises explica lo siguiente. Él veía que iba conduciendo. De repente, otra vez abre los ojos y iba bien y de repente otra vez los agachaba. Y en esta ocasión, cuando agacha la cabeza y entre cierra los ojos, él dice que ve claramente como si estuviera conduciendo como si no tuviera sueño. Él dice que fue un sueño. Fue lo más parecido a un sueño para él iba por la misma carretera. Eso sí, y el momento de que iba por esa carretera se da cuenta de que frente a él, no más de la nada, aparece una niña, una niña con dos coletas con un largo vestido rosa, el cual se para enfrente del camión en medio de la cartera, estira sus manos como diciéndole que se detuviera, dándole una señal para que se detenga Ulises, obviamente y va una velocidad a la cual, incluso si frena de golpe, va a ser muy difícil que no se lleve a la niña, por lo que hace algo todavía más arriesgado, al menos para él, para su seguridad, que es dar el volantazo para girar y aunque sabe que se va a salir del camino. Lo importante es salvar la vida de la niña. Ulises sin darse cuenta esto lo hace en el sueño y por inercia, lo hace cuando está despierto también por ende el momento de que da el volantazo, se despierta él también y dice que cuando se despierta, ve por una fracción de segundo a la niña delante de su camión. Obviamente él siente que da al volantazo, Él ya va con la idea de que se va a estampar, de que se va a salir de la carretera. Su vida pasa incluso en fracción de segundos frente a sus ojos. Pero para su sorpresa no se sale del camino, sino todo lo contrario. Ulises no se había percatado de que en aquella carretera había una vuelta muy cerrada y si bien el camión se detuvo, obviamente derrapó un poco y hubo unos a ciertos daños. Ahí, aquella niña lo había salvado con su aparición de que diera una vuelta, una vuelta muy brusca, pero que, a final de cuentas, lo había salvado de que se saliera del camino y que cayera por una barranca. Lice Ulises que baja del camión y se da cuenta de lo que se había salvado. Ulises le da muchas gracias a esta niña de lo que hizo. No sabe si aquel choque que iba a sufrir lo iba a dejar con vida o iba a fallecer como otros tantos y nos deja la siguiente reflexión. Hay algunos espíritus que se quedan aquí tal vez para hacer el mal, tal vez para asustar, tal vez para ocasionar accidentes, pero hay otros tantos que, por lo contrario a estos espíritus salvan vidas. Un claro ejemplo, tal vez de que hay algunas almas que hacen lo posible para que otras personas no fallezcan igual que ellas. Dime qué te pareció este episodio. Cripta maniaco crees tanto en espíritus buenos como en espíritus malos. Más importante, aún todavía has conducido por carretera, has visto algún ente o tal vez lo viste y ni siquiera estás seguro de que lo vis tal vez lo confundiste con una persona o te ha pasado algo extraño en la carretera. Si eso es así, me encantaría escucharlo abajo en los comentarios. Recuerdo que en aquella ocasión se nos había dado la orden de ir a las sierras de Chihuahua, todo debido a que habían surgido rumores de qué ciertos delincuentes s s NS, miembros del crimen organizado se encontraban por esta. Esta facción de delincuentes acostumbra a ir a acampar a las sierras más que nada, porque pueden moverse por ahí con absoluta libertad y le sirve también para almacenar más cosas, más sustancias ilícitas. En aquel tiempo, mi escuadrón era conformado por cerca de seis soldados. De esos seis soldados, dos de los nuestros hacían guardias durante la noche y en una ocasión, obviamente me tocó a mí. Llevamos a la fecha cerca de dos semanas en aquellas sierras explorándolas, pero por suerte, no habíamos visto nada, o más bien nada de lo que estábamos buscando. Para ser sinceros, yo me sentí alegre de esto más que nada, porque entre todo el terreno boscoso también con las empinadas que están las sierras, la verdad es que no es un territorio de lo más fácil para tener un enfrentamiento sobre todo si no conoces el terreno. En cierta ocasión, cuando estábamos haciendo vigilancia, teníamos que también hacer un sondeo. Un sondeo es hacer simplemente un recorrido alrededor del campamento que teníamos esto más que nada para no tener sorpresas por la noche. Cuando estábamos realizando este sondeo, mi compañero y yo estábamos hablando platicando, caminando. Las noches habían sido tan tranquilas que la verdad no esperábamos encontrarnos con algo nuevo aquella noche. Las necesidades hicieron lo suyo. Mi compañero le dieron ganas de ir al baño. Por lo tanto, se alejó un poco de mí. Yo me encontraba parado observando un claro de la sierra. Cuando de pronto mi compañero me habló, pero no me habló de una manera normal. Me estaba como que susurrando. Me decía con una voz muy leve. Me llamaba una y otra vez que fuera hacia dónde estaba él. Al momento de percatarme de esto, yo volteé y lo observé. Ahí estaba él en la negrura del bosque. Yo le pregunté qué era lo que pasaba y él me dijo que fuera con él también a la par de hacerme con su mano. Yo iba caminando, naturalmente, hacia él, pero cuando lo estaba haciendo me dijo hey, parate tantito. Hazlo de manera más lenta, porque si se da cuenta de que estamos aquí, se nos va a ir. En ese momento supe que mi compañero había encontrado algo. Yo estaba preparando el arma, pero me dijo que no era necesario. Lo que mi compañero me quería mostrar en aquel momento me lo señaló con el dedo y para mi sorpresa. No era nada de lo que pensaba. Se trataba de un hombre, bueno, la verdad. La palabra hombre le queda bastante grande, ya que más bien era un hombrecillo, un hombre que yo digo aproximadamente tendría no más de cuarenta centímetros de altura. Se podía decir que era un hombrecillo, pero también a la par muy viejo. Estaba oscurosí, pero podíamos ver las arrugas que tenía alrededor de su rostro. De este colgaba una barba, una barba blan y muy canosa. Este hombre tenía un aspecto muy curioso con su piel. Su piel no era del color como la de nosotros, sino que era un poco más grisácea, como también como marrón. Era una piel que incluso creo que se podría camuflar entre las piedras, entre la arena de la sierra. Nosotros nos quedamos observando este hombrecillo cerca aproximadamente de algunos treinta minutos hasta que inevitablemente este se percató de nuestra presencia de inmediato se fue corrió, empezó a correr, Empezamos a escuchar sus pisadas, pero, para nuestra sorpresa, este hombre no se encontraba. Solo escuchamos muchas pisadas, se movieron varios arbustos y me atrevo a decir que de seguro, pero el hombrecillo que habíamos visto él para nada se había percatados de nuestra presencia, sino que le dijeron otros. Obviamente, este no estaba. Solo. Lo vimos por la maleza, por los árboles que se movieron a la parte. También oír varias pisadas que salieron corriendo. Tal parecía ser que nos tenían rodeados y nosotros ni al caso no los hayamos Dado cuenta de esto, empezamos a correr hacia estos extraños seres. Queríamos alcanzar uno en aquel momento no teníamos miedo. Pero para nuestra sorpresa y a la par de ir tal vez persiguiéndolos por alrededor de unos dos minutos, nos encontramos con que empezamos a escuchar los sonidos de alguien más. No eran los sonidos de este hombrecillo, porque también tengo que decir que este se comunicaba en un extraño dialecto por el escaso tiempo que lo vimos. Vimos que estaba hablando. Lo escuchamos, pero en un extraño dialecto y con una voz muy pero muy agrietada, como si se encontrara enfermo. Pero aquello que escuchamos no era para nada. La voz de este hombrecillo. Era la voz de un niño, un niño que, si bien no estaba pidiendo ayuda, si se estaba quejando, dando un tipo de alarido de dolor. Nosotros fuimos siguiendo y siguiendo este ruido hasta que inevitablemente dimos con él era un niño de aproximadamente unos siete u ocho años. No estoy seguro de decir verdad. Se encontraba recostado sobre las hojas, sobre la arena, sobre las piedras. Su ropa estaba desgarrada, había rasguños y golpes en su piel como si lo hubieran estado torturando. O tomamos al niño y bajamos de la sierra. Fuimos al pueblo más cercano, a un pueblito que se encontraba hace aproximadamente unos diez minutos. A la mañana siguiente pudimos entregarlo con sus padres. Para esto, tanto sus padres como el pueblo ya creían que el niño no iba a volver, ya que sucede que los niños desaparecen cada vez en cuando. En aquella sierra, ellos pensaban que era obra del crimen organizado, que esa era su manera para reclutar nuevos, por así decir, los soldados a la mala. Pero era todo lo contrario y nos quedó más que claro aquella noche a ese niño se lo habían llevado los duendes. Esta historia me pasó cerca de la década de los noventa, en mis últimos años del ejército. En aquel tiempo nos habían mandado a Chiapas más que nada. Nos mandaron ahí porque necesitaban más seguridad en estos Estados. Estábamos por ahí y recuerdo muy bien que nos mandaron a un camino de terracería lleno casi de ambos lados por Selva y en este camino hacía una intersección unas vías del tren. Estas vías ya no eran usadas o más que nada. Eso era lo que nos habían dicho. Estas vías ya eran demasiado viejas, estaban deterioradas, estaban gastadas por esas vías. Por esa parte, no había pasado un tren por más de una década. Pero, por otro lado, era un camino que se usaba mucho para todos estos, podríamos decirlo, las víctimas del crimen organizado, que luego privan a ciertas personas de su libertad. Y este camino lo usaban mucho para pasar a estas personas. Por eso, cada coche que pasaba le hacíamos el chequeo de rutina. Para nuestra sorpresa, no es que muchos coches pasaban por ahí. Era un lugar totalmente alejado De todo. Éramos las únicas personas que estaban ahí a kilómetros y kilómetros de distancia al caer la noche. Esto era un problema, ya que muchos de nosotros empezaban a tener sueño, pero hubo una noche en particular que esto no pasó paz y resulta que nos encontrábamos en nuestro puesto de vigía y en ese momento yo recuerdo que me encontraba parado en una de las vías del tren, también con un compañero mío. Estábamos platicando y fumando cuando de pronto empezamos a sentir vibraciones. Eran vibraciones extrañas como las de una locomotora, no eran como esta, pero eran suficientemente pesadas para hacer vibrar todas las vías, tanto las de un extremo como del otro. Sentíamos las pesadas vibraciones tanto así que creíamos que un tren de seguro se había desviado. Pero al prestar mayor atención, nos dimos cuenta que, si bien eran vibraciones pesadas, no eran las de un tren. Estas vibraciones eran como pasos un paso seguido del otro, como si algo muy grande y muy pesado estuviera caminando por las vías y con cada paso que daba retumbaban más. Yo y mi compañero nos dispusimos a ir hacia allá. Queríamos investigar. Después de todo, tampoco es que te hubieran permitido que un tren pasara por ahí y hasta ese momento, tanto él como yo queríamos creer que se trataba de un tren, pero todo lo contrario. Aquella noche no estábamos preparados para ver que era en verdad lo que venía por esas vías. Seguimos caminando como unos veinticinco minutos hasta que notamos por fin que el ruido que aquella vibración se había calmado por completo, ya no había más vibración, ya no se sentían nada. Fue en aquel momento que decidimos tal vez regresar a nuestro puesto, pero las circunstancias no nos lo permitieron. A un lado de la carretera, entre todo el bosque, entre todos los árboles y los arbustos, había algo yo lo vi algo que resplandecía con sus ojos completamente rojos, observándonos desde la oscuridad. Yo le toqué el hombro a mi compañero para que volteara, y tan pronto él volteó. Esta cosa se manifestó enfrente de nosotros. Fue saliendo poco a poco de aquel bosque. Se trataba de un coyote. Yo recuerdo muy bien a los coyotes. Yo crecí en rancho y los espantaba. Sé muy bien su fisionomía, su cara, sus músculos, su cuerpo, su cola, todo, Sé muy bien como lucen y aquella cosa era un coyote. De eso nadie me puede mentir, pero aquí viene lo extraño y es que ese coyote era anormalmente grande. Yo diría que estaba más grande que un lobo. Era un coyote enorme y también su pelaje. Su pelaje para nada entraba en las características de un coyote, porque ellos tienen un pelaje, a veces marrón, a veces café, un café más claro, un café más oscuro, y ese animal tenía un pelaje totalmente oscuro. Se podía confundir, se podía camuflar entre las sombras, pero en aquella ocasión se manifestó enfrente de nosotros. Venía caminando hacia nosotros, pero con total se seguridad nos estaba mirando sus ojos. Vuelvo a decir estaban completamente rojos. Más que nada por impulso. Ambos, tanto mi compañero y yo, tomamos las armas y quisimos apuntar hacia esa cosa y quisimos detonarlas. Pero esto no funcionó. Y como les explico que no funcionó. Esto pues básicamente no es como si hubiéramos disparado y a este animal no le hubieran hecho nada. No jamás detonamos las armas porque cada vez que lo intentábamos, algo nos frenaba. Es decir, yo tenía el dedo en el gatillo y jamás pude detonarlo. Es como si una fuerza invisible me impidiera bajar el dedo más allá. Al igual que mi compañero, ambos sentimos lo mismo. No pudimos detonar las armas, o más bien algo no nos lo permitió. El coyote simplemente pasó enfrente de nosotros y siguió caminando a un lado de la vía y se perdió por completo en la oscuridad. Nosotros quedamos petrificados durante un buen tiempo. No sabemos cuánto, pero tan pronto caímos en sí llamamos por radio hacia nuestros compañeros. Les dijimos que había un animal enorme que iba hacia su posición más que nada para que estuvieran listos. Ellos se armaron, se alistaron, estuvieron esperando aquel animal que nosotros habíamos dicho, pero aquel animal nunca llegó. Nosotros llegamos y les preguntamos que si lo habían visto que se había venido para acá, ninguno de ellos nos dio respuesta. Nosotros no podíamos creerlo era un coyote gigante. Cómo es que no lo habían podido ver, pero ninguno de ellos nos dio respuesta. Si bien un coyote no se presentó aquella noche, ellos dicen que si vieron a alguien más, y es que un coyote no fue caminando por las vías, como según nosotros explicamos, lo que vieron ellos caminando a un lado de las vías. Fue a un anciano, un anciano, un viejito que incluso necesitaba un bastón para sostenerse. Él se presentó, dijo buenas noches, lo inspeccionaron rápido, ya que nada más traría un morral y siguió caminando a un paso muy pero muy lento, a un lado de la carretera. Hasta el día de hoy no sabemos qué pasó aquella noche. Lo siguiente. De igual manera, me pasó en Chiapas y quiero que les quede claro estos relatos. No es como para decir que este sitio es de los más tenebrosos o algo así. Para nada. Es un Estado muy pero muy, muy hermoso. Pero, para su desgracia, tiene mucha selva. Tiene mucho y pues la verdad eso se presta bastante para este tipo de cosas, sobre todo en los lugares más inhóspitos como a los lugares que nos mandan a nosotros, a los militares. Lo siguiente nos sucedió en un camino por la selva. En este camino recuerdo que íbamos casi estábamos entre los límites de Chiapas, cuando de pronto, ya sea por mala suerte, ya sea porque así lo tenía el destino. Escrito. La camioneta en la que íbamos tuvo un percance. Estos caminos no son para nada lo mejor posibles como para ir en ellos, ni siquiera para que menetas cuatro por cuatro. Recuerdo que en aquel tiempo nosotros teníamos un igual, una chillén de aquellos años. La llanta había quedado apresada en una zanja en la cual poco a poco fue perdiendo aire. A final de cuentas, terminamos sacándola. Eso fue bueno, pero ahora teníamos que cambiar la llanta por suerte, teníamos refacción, pero eso significaba que teníamos que ir todavía con más cuidado, ya que si esto nos volvía a pasar más adelante ahora, si no tendríamos una llanta de respaldo para salir de aquel problema, empezamos a cambiar la llanta. O más bien mi compañero empezó a cambiar la llanta mientras yo estaba vigilando, cuando en eso entre la oscuridad de la noche, empecé a ver algo con las luces de la camioneta. La camioneta estaba parada, pero tenía las luces encendidas Y fue así como vi poco a poco que una mujer se estaba acercando y atrás de ella venían varias. También era una mujer joven, luego una de edad más adulta, luego otra mujer joven, luego una anciana y luego otra mujer que aunaba de seguro entre sus cincuenta años. Se me hizo extraño ver a estas mujeres caminando solas por aquel camino. Pero aún más extraño es que iban descalzas e iban cubiertas por una túnica. Sus túnicas se veían que eran, pues, algo deterioradas, eran oscuras y otras rojas. Obviamente, por este punto yo estaba desconcertado, pero no pensaba en otras cosas, Era decir, no tenía miedo de ellas. Todo lo contrario. Cuando mi amigo las vio, se paró inmediatamente, me jaló del hombro y me dijo que me fuera a un lado de la camioneta y que por nada del mundo hablara con ellas, que no las provocara. O una de estas mujeres se le acercó a mi compañero. Él estaba incluso tartamudeando esta mujer nos preguntó qué era lo que estábamos haciendo ahí y que ese camino no era muy buena idea recorrerlo, sobre todo de noche. Es en este momento que le presto más atención a la cara de esta mujer y me doy cuenta que ella, junto con todas que estaban ya detenidas enfrente de nosotros a un lado del camino, es que tienen los ojos blancos. No es que los ojos los tengan completamente blancos, sino es que era como si sus pupilas estuvieran alzadas hacia arriba de forma algo enferma. Hacia arriba, Hacia arriba, hacia arriba, hasta la par que se ocultaban entre sus párpados. Podía ver las venas, sus ojos irritados que dirigía y en su vista hacia arriba hasta perderse daban el aspecto como que los tenían blancos. Pero al ver sus venas, al ver su sangre, recorriendo ahí era un aspecto muy tétrico que incluso a mí, que no tenía miedo, me hizo tenerlo de un minuto a otro. Esta mujer nos dijo que nos fuéramos tan pronto, compusiéramos la camioneta y que no se nos ocurriera atravesar por ahí después, ya que ellas no se iban a hacer cargo ni son niñeras de nadie. Obviamente, compusimos la camioneta y cuando estábamos a punto de abordarla, tanto lo otro militar como yo sentimos escuchamos como algo se posó arriba de nosotros entre los árboles. Era algo muy pesado y con una sala enormes se podía notar por cómo escuchábamos el aleteo de este. Mi compañero, al contrario de mí, me llamó la atención y me dijo una cosa es que las veas en el camino y otra cosa es que las veas allá arriba, no las provoques, no las aluces. Sube a la camioneta y vámonos de aquí. Yo le hice caso, nos subimos y él me dijo que había crecido por esos Estados, por esa parte de la República y que, si bien había escuchado sobre las historias de las brujas, la verdad es que había tenido escasos encuentros con ellas y sabía muy bien que por esas partes ellas se aparecen más que nada. Hacen sus embrujos, sus aquelarres. Él me dijo en aquella ocasión que estábamos s en su territorio y que no nos convenía hacerlas enojar todo esto a la par mientras que ambos sentíamos como algo iba arriba de nosotros. Escuchábamos el aleteo algo nos estaba persiguiendo. Pero si bien esta cosa alada no nos estaba atacando, era más bien que nos estaba escoltando hasta fuera del camino como para cerciorarse de que en verdad nos fuéramos de este. Jamás volvimos a este camino y hasta el día de hoy creo que le tengo más respeto a lugares donde se dice aparecen brujas. Sí,