MI PACIENTE ERA PROTEGIDO POR EL DIABLO / 3 RELATOS DE TERROR / L.C.E.

3 Historias que te dejaran con la sangre helada. desde la anecdota de una enfermera con un paciente perturbador hasta entidades que juegan con los niños pequeños.
3 Historias que te dejaran con la sangre helada. desde la anecdota de una enfermera con un paciente perturbador hasta entidades que juegan con los niños pequeños.
CriptomanÃacos. Quién de nosotros no ha jugado alguna vez con un niño pequeño, con nuestros sobrinos, nuestros hermanos primitos o incluso tal vez algún vecino, tener que cuidar a un niño pequeño. Seguramente muchos de nosotros lo hemos hecho. Cuando cuidamos a uno de estos niños, tenemos que jugar con ellos, platicar con ellos. Y hay unos ciertos relatos que dicen que los niños pueden ver ciertas cosas que tal vez los adultos o jóvenes no pueden. Algunos amigos imaginarios, algunos amigos que se esconden en las sombras, pues hay muchos relatos sobre niños jugando con entes que no tienen ni idea, que son enteramente malvados. En este canal ya hemos relatado historias asÃ, pero esta historia es es es un tanto diferente, porque a pesar de que esta jovencita estaba jugando con su sobrino. Cuando esto sucedió, ella fue testigo de lo que se movÃa aquella noche en toda su casa. Tal parece ser que el juego que estaban jugando atrajo otra cosa que estaba jugando con ellos en ese mismo momento, sin que ellos dos se percataran de esto hasta que ella misma lo observó. Esta es su historia. Mi nombre es Cladis González. La siguiente experiencia que les quiero compartir me sucedió en la adolescencia. Yo tenÃa diecisiete años. Mi hermana habÃa tenido mi sobrino y mi sobrino en ese entonces contaba con cerca de cinco a seis años. Ya estaba yendo a su primer año de primaria. Mi hermana me encargaba mi sobrino. Después de que yo llegaba de la escuela, ella se tenÃa que ir a trabajar y, por lo tanto, no habÃa con quién dejarlo. Mi madre trabajaba tan bien y también mi padre. Mi madre llegaba cerca de las cinco de la tarde y mi padre a las nueve o diez de la noche. Para mà no era ningún problema cuidar a mi sobrino, sobre todo porque la pasaba muy bien con él. Acostumbrábamos a jugar diferentes juegos voto encantados, pero nuestro juego favorito era el de las escondidas. Durante muchos meses lo jugamos hasta que cierto dÃa me pasó algo extraño jugándolo, lo cual desembocó en que ya no lo volviéramos a jugar. Passe Resulta que los dÃas viernes mi madre llegaba tarde, ya que se quedaba algunas horas extras en su trabajo. Llegaba por eso de las ocho de la noche. Yo me tenÃa que quedar más tiempo con mi sobrino, por lo que cerca de las seis de la tarde, ya cuando el sol se estaba bajando, decidimos jugar a las escondidas. Primero le empezó, él me encontró, después yo conté y después yo le encontré a él. Y asà sucesiva y sucesivamente ya habÃamos estado jugando cerca de una hora. Nosotros jugábamos de tal modo que era un poco diferente. Las escondidas se juegan a que tienes que ocultarte mientras que el otro cuenta y después tiene que ir encontrarte en el lugar en donde te escondiste. Bueno, nosotros no lo hacÃamos como tal. Si yo contaba, él se pudiera a esconder. Pero claro, si se escondÃa en el primer piso o en el segundo y si yo subÃa y si él lograba que no lo viera, él se podÃa mover de lugar, pero sin que yo lo detectara. E igualmente yo nos Ãbamos moviendo de un lugar en lugar para que esto se volviera un poco más interesante y no nos encontráramos tan fácil. Cuando él se movÃa de lugar mientras lo estaba buscando, era muy fácil de escucharlo, ya que mi sobrino tenÃa la costumbre de caminar y pues los pasos en el total silencio de la casa son muy perceptibles a comparación de mÃ, que yo trataba de hacer lo más silenciosamente posible una vez ya habiéndoles dicho esto, cuando yo comencé a buscarlo por toda la casa, iba caminando de pasillo en pasillo. En el primer piso escuché unos pasos que venÃan de la planta de arriba. En el segundo piso eran pequeños pasitos como los que darÃa mi sobrino en mi mente dije ya te atrapé estás. En el cielo segundo piso subà inmediatamente y justamente cuando iba subiendo v a lo que parecÃa ser mi sobrino. TenÃa la misma estatura, el mismo peinado, pero la ropa, la ropa era diferente. Mi sobrino, recuerdo muy bien, traÃa puesto un short de mezclilla y una camisa polvo azul. Aquel niño vestÃa con uno chors de rayas y traÃa tirantes con una camisa anaranjada. Solamente lo logré ver por una fracción. De segundo, Inmediatamente lo perdà de vista, ya que entró al cuarto de lavabo. Entró tan pronto y cerró la puerta que solamente lo vi por una fracción, asà que me dio curiosidad. Yo estaba pensando todavÃa que era mi sobrino y era algo lógico, es decir, era el único niño que se supone tendrÃa que haber en la casa. Fui de inmediato al cuarto de lavabo. Era un cuarto pequeño con una lavadora y una mesa de planchar. No habÃa mucho espacio para que se escondiera, pero casi iba llegando a la puerta cuando escuché cómo le metieron seguro del otro lado. Esto era algo que no tenÃamos permitido. Era una regla de nosotros. Todas las puertas tenÃan que estar abiertas. Ninguna tenÃa que estar cerrada, por lo que al llegar a intentar forcejear con la perilla, vi que esta no se abrÃa. Le dije Juan sabes muy bien que eso no está permitido. Ãbreme la puerta. En este instante yo comencé a girar la perilla, empecé a forcejearla, pero no servÃa de nada. Me estaba preocupando y, para ser honestos, también me estaba poniendo furiosa porque no era propio de mi sobrino que no me hiciera caso. Era un niño muy entendido y muy obediente, empecé a empujar la puerta y empecé a tironear fuertemente mientras le gritaba. Una y otra vez, Juan ábreme la puerta, ábreme la puerta allá. Pero en eso, en medio de todo el escándalo, alcanzo a escuchar una vocecita, una vocecita que se me hace familiar inmediatamente. Pero esta vocecita venÃa de la planta de abajo e iba subiendo por las escaleras. Era Juan que me estaba diciendo tÃa tà acá estoy por qué estás enojada. Ya se acabó el juego. En ese momento yo dejé de gritar, dejé de forcejar la puerta y cuando todo estuvo nuevamente en silencio, alcancé a escuchar unas risitas que provenÃan desde adentro, como si un niño se estuviera riendo de su otra vez basura. Volteé hacia el pasillo y vi a mi sobrino ahà solito, subiendo las escaleras totalmente confundido. Fui de inmediato, lo tomé entre mis brazos y bajamos el primer piso. Nos metimos en la habitación de mis padres, que estaba en la primera planta. Prendà la tele y le dije que ya no Ãbamos a jugar a eso, que ya era tarde y que mejor nos la pasáramos aquÃ. Dicho y hecho, no salà de la habitación de mis padres. Hasta que llegó mi madre a las ocho de la noche. La casa estaba por completo oscuras. No encendà ninguna luz, ya que no querÃa salir de la habitación. Mi madre me preguntó que por qué tenÃa todo apagado. Yo no sabÃa cómo responderle, asà que solamente le inventé algo. Después de esto, todos los dÃas cuando me dejaban a mi sobrino, le decÃa que ya no Ãbamos a jugar a las escondidas. Le tuve que inventar algo y él entendió también. MantenÃa todo el ruido posible en la casa. No querÃa escuchar pasos hurricitas que no fueran ni mÃas ni de mi sobrino. MantenÃa todas las luces encendidas. Tan pronto llegaba a mi casa a las dos de la tarde, a las tres de la tarde, cuando todavÃa el sol estaba en el cielo. No querÃa que llegara la noche y hubiera una sola luz apagada. Para mi buena suerte, esto solamente pasó aquella vez. No volvà a experimentar algo asà en nuestra casa. Esa fue mi historia. Saludos a todos. El trabajo de enfermera muchas veces puede ser algo pesado, sobre todo en el horario nocturno. Tantos ellas como los paramédicos médicos tienen que estar al tanto de esos pacientes mantenerlos con vida, claro, pero a las manos de estas personas siempre cae distinto tipo de gente, gente muy amable y también gente muy GROSERA Muchos enfermeros te darán fe de esto. Pero aunque el trabajo de enfermera sea sumamente pesado, también puede ser muy interesante debido a este mismo factor de que conoces a muchas personas. El siguiente relato viene de parte de una enfermera la cual prestó su servicio de manera particular en un domicilio. Fue y cuidó a un hombre que pareciera estar cuidado por otra cosa, una cosa que venÃa desde el mismo infierno. Mi nombre es Nancy. Quisiera que mi apellido se me mande tuviera anónimo. Mi experiencia se remonta a esos años del dos mil diez, cuando terminé de estudiar la licenciatura en enfermerÃa. Como cualquier otro universitario, tuve problemas al acomodarme. No lograba entrar a los hospitales ni siquiera el seguro social uno antes tenÃa que ser palancas para entrar a ese tipo de sitios, que eran los mejores pagados, por lo que empecé a ofrecer mis servicios como enfermera particular. Tampoco me iba tan mal a decir verdad. HabÃa unas familias que pagaban muy bien y me tocó la oportunidad de cuidar a una persona muy extraña. Era un hombre, un hombre de ochenta y seis años. Me habÃan contactado sus hijos y me habÃan dicho que su padre necesitaba a una enfermeda. Era pero solamente por la tarde y por la noche. Tan pronto cuando el sol saliera, yo me podÃa ir de la casa que solamente él estaba ahÃ, que él se paraba, caminaba, hablaba, no estaba en un estado precario, pero si necesitaba la atención de una enfermera estarlo vigilando en todo momento, ya que a esas horas le tocaban sus medicamentos por la paga que me ofrecieron, yo ni siquiera lo pensé, sobre todo porque la casa estaba a una ubicación muy considerable. Era una zona céntrica y el transporte público la verdad es que no era un problema. Tan pronto yo llegué a la casa, me encontré con una casa muy grande. Se notaba que era familia de dinero. Antes de entrar tú te tenÃas que identificar en el micrófono de la puerta me identifiqué como la enfermera y el hombre al otro lado me abrió la puerta para que yo pudiera entrar. Tan pronto abrió la puerta. Yo entré normalmente, pero al dar solamente dos pequeños pasos, me frené en seco ya que vi algo en el patio que me asustó muchÃsimo. Era un perro, un perro enorme oscuro, totalmente como la noche. Estaba recostado en el patio, sin collar, sin cadena, totalmente libre. Ãl solamente me veÃa su aspecto. Era más como un lobo, Era uno como de esos perros silberianos, pero totalmente oscuro Sus ojos también eran oscuros como la noche, y sus pupilas eran anormalmente grandes. Estas casi por completo cubrÃan todos sus ojos. TenÃa solamente leves partes blancas. Yo me detuve y de nueva cuenta salà de la casa, cerré el portón, ya que pensé que tal vez habÃan pasado por alto, que ese perro estaba ahÃ. Pero mi sorpresa es más grande cuando pasa un tiempo, tal vez unos tres o cuatro minutos y yo sin saber qué hacer que me llaman nuevamente por la bocina del micrófono y me pregunto una voz, una voz gastada, que por qué no habÃa entrado. Yo le explico por el micrófono que hay un perro enorme hay en el patio y pues que le tengo miedo, no vaya a hacer que me ataque la voz me dice que no me preocupe por el perro y que él no me iba a hacer daño. Yo algo dudosa. Les pregunto que si alguien puede salir por mÃ, ya que ese perro no me daba confia, abrieron la puerta Inmediatamente de esta salió el anciano que les digo, el cual yo tenÃa que cuidar. Ãl simplemente me hizo con la mano ven no te iba a pasar nada. Yo entré rápidamente y este perro tranquilo sentado ahà todavÃa en el patio. Solamente me miró y volvió a echarse. Este señor se presentó conmigo se llamaba Luis, asà que yo le empecé a decir. Don Luis, me explicó las medicinas que tenÃa que darle, en qué horario y qué comidas, ya que también llevaba una dieta estricta. Yo hice mi trabajo. Prácticamente también iba a ser cocinera, pero la paga era tan buena que esto no me importó. Aparte eran comidas muy sencillas y cuando me encontraba en la alacena y volteado en nueva cuenta para ir hacia la estufa, me percaté de que el perro pero ya estaba dentro de la casa y que no solamente eso, sino que se encontraba enfrente de mà mirándome sentado, no movÃa la cola, no me pelaba los dientes y ni siquiera me estaba gruñendo. Solamente me miraba. Pero claro esto fue suficiente para ponerme nerviosa. Yo traté de seguir haciendo mis guisados. Al terminar y al dirigirme a la recámara de este señor que estaba en la segunda planta, me encontré con que este perro se encontraba en los pies de la escalera a un lado para subir. TenÃa que pasar muy cerca de él. Yo traté de no aparentar miedo, pero iba temblando. Le decÃa a una y otra vez, por favor, no me muerdas. Por favor, no me muerdas. Pero el perro simplemente no me prestaba atención. Ãl solamente se quedó mirándome recostado. Le importó poco que yo pasara a su lado. Una vez que pasé, este perro se quedó ahÃ, mostrándome claramente que mi presencia no le importaba en aquella casa. Cuando llegué a la Recámara de Don Luis y una vez que lo atendÃ, le pregunté sutilmente, ya que me imaginaba que iba a tener que lidiar con aquel perro todos los dÃas que me dijera tan siquiera cuál era el nombre de este Don Luis me respondió que no tenÃa nombre, que le dijera como yo quiera, pero que, de todos modos, este perro no iba a ser caso. Este perro no le hacÃa caso a nadie y no era agresivo. Ãl simplemente se la pasaba paseando en la casa de un lado hacia otro sin hacer nada, aparentemente por más que lo llamara de un hombre o de otro. Este no me iba a ser caso. Al terminar de platicar con Don Luis que más que nada, nuestras pláticas eran solos preguntas. No era una persona que fuera muy platicadora. De hecho, era un hombre de pocas palabras. Ãl me despidió de su recámara sutilmente, ya que me dijo que querÃa seguir escribiendo, que yo podÃa estar en las salas si yo querÃa, pero que, por favor, lo dejara solo en esos momentos. Yo respeté esto. Me fui a la sala, encendà el televisor y traté de mantenerme despierta lo más que yo pudiera. TenÃa que darle otro medicamento cerca de las tres cuarenta de la mañana, por lo que no me dormÃ. Simplemente dormitió un poco. Yo anduve en la sala, en la cocina preparando cosas, también cenando algo y aquà viene lo extraño, porque el perro desapareció. No lo vi más, lo buscaba con la mirada, pero no lo encontraba por ningún sitio. Lo que yo pensé es que tal vez el perro se encontraba fuera, por lo que no le prestemos atención. Y al dar las tres cuarenta, empecé a caminar a la habitación de Don Luis para que solamente al entrar y mirar un poco di un brinco y también de un grito, un grito que traté de controlarlo, ya que me asusté súbitamente. Yo esperaba ver a Don Luis ahà recostado, pero no me esperaba ver a nadie más Con él. HabÃa un hombre, un hombre sentado en una silla de madera al lado de la cabecera de Don Luis. Estaba cubierto por las sombras de la noche, pero aún asà y gracias a la luz que se veÃan por aquellas pequeñas lámparas que estaban en la habitación, pude ver que este hombre era de piel caucásica, vestÃa con un traje negro y estaba muy bien peinado. TenÃa un bigote y unos ojos, ojos grandes, muy grandes. Sus facciones llamaban mucho la atención debido al grito. Don Luis se levantó e inmediatamente me dijo no te preocupes tranquilÃzate. Ãl es un amigo, es un familiar lejano, Ãl está aquà de vez en cuando. Es más, él está aquà todas las noches. Asà que no te asuste Si lo ves por aquà ya una vez aclarando todo, yo me sentà un poco más aliviada. Le di las medicinas a Don Luis y cuando lo estaba haciendo, traté de hacerle plática aquel hombre, pero este no me contestaba a toda pregunta que yo le hacÃa. Don Luis contestaba por él me decÃa que era un hombre al cual no le gustaba hablar y bromeaba diciéndole que la lengua se le habÃa comido un gato. En cuanto a cómo habÃa entrado de esto, me quedó la duda. Yo habÃa echado a llave en la puerta principal y en la puerta delantera. La única que se mantenÃa abierta era la puerta trasera al patio, por lo que este hombre no habrÃa tenido la forma de entrar a la casa. Pero Don Luis simplemente dijo que eso no tenÃa caso, que él se las ingeniaba, pero que no me espantara por su presencia. Esto era un dato muy espeluznante. A decir verdad, aquel hombre me daba una mala vibra y hacÃa que toda el laura del cuarto fuera tétrica, muy absorbente, de hecho, muy absorbente, de hecho, tan solo al entrar sentÃas una pesadez en todo tu cuerpo y una tristeza. También yo salà de aquel cuarto y me enfoqué simplemente en terminar mi turno. Era una casa muy extraña esta ese entonces. Pero a pesar que me habÃan pasado todas estas cosas extrañas, yo continué yendo. Al fin y al caso, o eran cosas, si bien algo espeluznantes, como ya dije y extrañas. No eran cosas del otro mundo, o al menos eso era lo que pensaba. Al pasar las noches, yo me fui dando cuenta de algo y es que por eso de las dos de la mañana, el perro siempre desaparecÃa, ya aparece. Entonces yo ya lo acariciaba un poco. Ãl jamás me respondió, jamás movió su cola, jamás me lamió. Simplemente se comportaba indiferente. No le importaba en lo absoluto cuando llegaba. Pero este dato de que siempre desaparecÃa no importara si yo lo buscara tanto en el patio delantero como en el patio trasero, adentro de la casa, adentro de cada cuarto. No encontraba al perro y lo descubrà no necesariamente por estarlo buscando, sino es que en la noche yo cenaba, dejaba comida todas las sobras y se las querÃa dar al perro pero en ese momento no lo encontraba por ningún lado. Era demasiado extraño. Esto también aunado al hecho de que aquel extraño familiar, cuando yo llegaba a las cinco de la tarde, este no se encontraba por ningún sitio. De hecho, hice pruebas algunos dÃas cerrando la puerta a las ocho de la noche con candado y todo incluso la trasera, siempre a las tres de la mañana. Cuando subÃa a darle los últimos medicamentos a Don Luis, Este siempre estaba sentado a un lado de él esperándolo habÃan contratado mis servicios por tres semanas y media. Esto no me sorprendió, ya que algunas personas, algunas familias, se mudan a otro Estado o tal vez entran a internarse en el hospital. Y es por esto mismo que solamente contratan enfermera por un cierto tiempo cuando los dÃas sens estando taban acabando. Don Luis me dijo, después de tomarse su medicamento a las tres de la mañana que mis servicios ya no eran requeridos, que ya me podÃa ir a mi casa. Y obviamente, creo que esto es una broma. Y le digo, don Luis, pero cómo crees estoy a mitad de mi turno. Ãl me dijo con el dedo no, tú, ya terminaste. Estos son los últimos medicamentos que me voy a tomar en toda la noche. Tú, si quieres, ya te puedes pasar a retirar. Yo estaba pensativa, ya que lo vi y Don Luis hablaba muy en serio. Mientras aquel sujeto, aquel familiar lejano como él lo trataba, se ya sentado en aquella silla de madera como comúnmente, sin decir ni una sola palabra, Don Luis me acompañó hasta la entrada y una vez ahà me sorprendà ya que este señor pensaba en todo ya habÃa un taxi ahà esperándome para llevarme a mi casa. Yo le pregunté que cuál era el motivo de esto, y él me dijo es que ya no voy a requerir tus servicios, porque yo ya voy a fallecer. Este es mi último dÃa aquà en la tierra de los vivos. Yo carcajé y le dije, Don Luis, no esté jugando. Por favor, dÃgame ya la verdad. Ãl me dijo, pero niña, esa es la verdad. Ya hay de ti si me quieres creer o no. Gracias por cuidarme y que tengas un buen viaje. Mientras me decÃa esto, me extendió un dinero, una buena paga que yo asomo. SerÃa como una semana completa de trabajo aparte de mi dÃa. Yo subà a mi taxi y me fui de esa casa para no volver jamás mientras que iban el taxi. Llamé a los hijos de Don Luis. Me importó poco que fuera la hora de la madrugada. Todo esto era muy extraño y querÃa saber si yo sabÃan sobre esto. Llamé a los dos y, para mi sorpresa, ellos sabÃan por completo todo esto y me dijeron que no habÃa problema, que si él habÃa querido eso, asà que lo tenÃa que respetar. Ellos también lo respetaban. Al dÃa siguiente, un escalofrÃo recorrió todo mi cuerpo, ya que Don Luis habÃa fallecido por cuestiones de la vida. Creo que tal vez unos dos años después de esto, yo fui enfermera nuevamente en una de las casas de esa calle, enfermera de una niña. No era nada grave, solamente se habÃa caÃdo, pero como ambos padres trabajaban, necesitaban a una profesional al cuidado de esta niña y cuando estaba con esta familia, me empezaron a decir muchas cosas sobre aquel señor Don Luis. Se decÃa que Don Luis habÃa hecho un pacto con el Diablo. De hecho, muchas personas le tenÃan miedo tan siquiera a acercarse a la casa. Hasta sus mismos hijos daban fe de todo esto y era por esto mismo que ellos no vivÃan con él. Les daba miedo vivir en aquella casa, en donde ellos mismos decÃan que el Diablo caminaba por donde quiera y que lo acompañaba siempre. Tal era el caso que en una ocasión dicen que Don Luis, por ser un hombre tan pudiente y tan poderoso, entró en descontento de algunas brujas, unas brujas que eran muy populares en la localidad. En aquellos años, ellas empezaron a hacerle brujerÃa a Don Luis de una forma muy descarada. HabÃa trabajos que le dejaban animales velas enfrente de la casa. Las mascotas de Don Luis todas perecieron lentamente debido a estas, pero después empezó a haber un murciélago, un murciélago que rondaba en los techos de la casa de Don Luis. Este murciélago, que era muy grande anormalmente, espantó en una ocasión una noche a aquellas brujas que se encontraban cerca de la casa de Don Luis y en los dÃas posteriores aquellas brujas desaparecieron. No hay mejor forma de explicar con qué solamente la tierra se las habÃa tragado desde ese momento. Todos le tuvieron mucho temor a Don Luis y también mucho respeto. Nadie se atrevÃa a buscarle pleito, sabiendo todo esto y uniéndolo con todo lo que yo habÃa vivido en aquella casa ya hace algunos años. Puedo dar fe de que a este hombre lo vi el mismo diablo que estoy más que seguro, era el mismo perro y el mismo hombre que venÃan todas las noches y lo custodiaban hasta su fallecimiento. Los fantasmas, los demonios docentes paranormales pueden darnos mucho miedo, y eso nadie lo va a discutir. En este canal hemos contado historias sumamente aterradoras y perturbadoras sobre este tipo de entes. Pero también hay que tenerle miedo a lo terrenal. Hay que tenerle miedo, como popularmente se dice a los vivos. Esta siguiente historia no tiene nada que ver con lo paranormal, pero que de seguro, si te sucediera a ti o a una persona cercana de tu familia, muy seguramente pensarÃas dos veces antes de mudarte a un lugar muy alejado o de estar en la noche solo con una puerta semiabierta. Este tipo de historias hacen que las personas se vuelvan un tanto paranoicas protegiendo en todo caso su hogar con barrotes, con cerrojos de diferente llave, todo debido a un trauma del pasado. Mi nombre es Giovanni Sánchez. La siguiente experiencia no es, como tal, algo paranormal, si no es más bien una anécdota que me pasó cuando era niño, que hasta ahora, siendo adulto, me ha dejado traumas, sobre todo por la seguridad. Siempre mantengo una seguridad muy pero muy es estricta en cuanto a mi casa, a mi hogar, y creo que esta experiencia fue el detonante de todo Sucede que cuando yo iba en secundaria, tuve una cierta pelea en el salón. Estaba el maestro para mi mala suerte y a mà y al niño con el que me habÃa peleado nos sacaron del salón y nos enviaron con un reporte. Al llegar a la dirección, me encontré con la sorpresa de que aquella clase era prácticamente la última que iba a tener en todo el dÃa. A la hora siguiente era un profesor el cual no habÃa asistido y a la que sigue se suspenderÃa en las clases y toda la escuela. Iba a salir temprano, ya que los maestros tenÃan una reunión en esa hora. Era muy temprano. Eran cerca de las diez cuarenta llamaron a mi madre y después del regaño del reporte, el prefecto le planteó la situación, si es que iba a pasar por mà o que me dejaran ir. Mi madre me dijo que me fuera a la casa. Llegué a mi casa muy temprano. Por eso, de las diez para las once. Mi madre siempre pasaba por mà y me venÃa con ella a la casa. Llegábamos por eso de las dos de la tarde todos los dÃas de lunes a viernes sin excepción. Nosotros en ese tiempo tenÃamos una casa en una manzana o en una cuadra que no estaba muy bien habitada. Prácticamente en toda mi cuadra habÃan casas, pero no estaban habitadas hasta la esquina. El único vecino que tenÃamos estaban metros de distancia. Todas aquellas casas eran grandes, pero estaban en renta. En la casa en la que estábamos también era de renta. Y esto rectoerdenlo porque prácticamente no habÃa nadie cerca que fuera testigo de lo que estaba a punto de pasar. Mi casa no estaba sola. TenÃamos una pareja de road waillers. Los dos eran machos y eran enormes, eran de la misma camada, eran mansos con nosotros, pero eso sÃ, eran muy bravos con los extraños. De cierta manera, esto a mis padres les gustaba, ya que no dejaban que nadie se metiera. Eran muy protectores y también cuando alguien llegaba, eran los primeros que iban y nos saludaban. Se me paraban encima. Me lambÃan hacà en una fiesta prácticamente, pero aquel dÃa, cuando llegué temprano, me sorprendió no verlos abrà la puerta. Después la cerré y siempre cuando cierro la puerta. Para este momento, ellos ya vienen para acá, ya que escuchan el estruendo de la puerta, pero no venÃan. Se me hizo extraño. Caminé hacia uno de los pasillos de la casa que dan al patio trasero y los vi a. Los dos estaban recostados sin moverse en ese momento pensé que estaban dormidos por lo que les hablé para despertarlos o simplemente para saludarlos, pero por más que los llamaba. Los llamaba por sus nombres, que eran chamuy y canelo, pero ninguno de los dos me respondÃa. Los dos estaban tirados en el suelo. Yo asumà que estaban en un sueño muy profundo, por lo que mejor me retiré. Me metà en la casa y pude que esto en otro dÃa hubiera ido hasta ellos y los hubiera acariciado. Pero ese dÃa me sentÃa muy mal. SabÃa que me iban a regañar, sabÃa que me iban a castigar, por lo que querÃa disfrutar esa las horas que me quedaban libres para por lo menos estar en paz. Otra cosa que no hice y esto se lo atribuyo a mi estado de ánimo en ese entonces es que siempre que llegaba encender la tele encendà la radio o cualquier cosa para cubriera ruido aquella vez no. Aquella vez cerré la puerta. Solamente caminé directa a mi habitación y me acosté en la cama. Debido al sueño que tenÃa combinado con el estrés, me dormà Habrán pasado algunos treinta minutos cuando unos sonidos abajo en el primer piso me despertaron. Eran pisadas. Lo que yo pensé en ese momento es que era mi padre. Yo volteé y miré el reloj que estaba en mi habitación. Eran apenas las once y media. Mi madre no llegaba esa hora. Pero, por otro lado, mi padre, en muy contadas ocasiones muy contadas, habÃa llegado a la casa a esa hora como a medio dÃa o poco antes esto para comer ahà cuando se encontraba cerca de la casa, ya que era arquitecto. Lo que pensé es que tenÃa tan mala suerte que mi padre estaba en la casa y que si me veÃa ahÃ, me iba a preguntar que por qué estaba. Yo le tendrÃa que contar la verdad. Y para ser sinceros, mi padre tenÃa un carácter muy duro. Le tenÃa miedo, pero no era como si fuera violento conmigo. Es solamente el regaño que me daba el alzar la voz. Tan solo eso me daba miedo, por lo que yo pensaba decÃrselo en compañÃa de mi madre, ya que ella lo calmaba. En ese momento, lo que querÃa era huir de los regaños, evadir a mi padre por completo. Tomé la mochila, la abracé y me movà hasta abajo de mi cama para que él no me viera. Mi cama es una de esas camas muy gorditas que casi no tienen un espacio abajo. Pero yo era muy delgado en aquellos años, apenas si cabÃa por suerte, mi madre me ponÃa unas cobijas que llegaban casi casi hasta el suelo, por lo que no me iba a ver con facilidad. Me movà hasta ahà como pude y una vez ahà guardé absoluto silencio. Y es en este punto que me doy cuenta de que hay más de un par de pisadas. No son dos personas, no son tres personas, son como unas seis o siete personas que se están moviendo en toda mi casa y que en ese preciso momento estaban subiendo al segundo piso donde yo me encontraba mi vista con la puerta abierta, daba las escaleras y, para mi suerte, mi madre me habÃa puesto una sábana que era como una especie de tela. Ellos no me podÃan ver a mÃ, ya que abajo estaba todo oscuro y la tela hacÃa que se perdiera eso. Pero, por otro lado, al tener la luz del dÃa, yo podÃa ver todo claramente. Esos hombres estaban armados y se estaban llevando prácticamente todo lo de la casa. Llegaron a mi cuarto, desenchufaron mi tele y se la llevaron. Se movieron algunas cosas que estaban en el ropero movieron la cabecera de mi cama y la bajaron. Estaban moviendo el colchón y, según estaba escuchando, también planeaban bajar la cama y yo estaba abajo. Prácticamente me iban a descubrir en ese momento, pero, por suerte y tengo un ángel que me cuida, los de abajo dijeron que no, que ella era suficiente y que tenÃan que hacer eso rápido. Bajaron de inmediato los que estaban en el segundo piso. Todo este movimiento. Creo que pasó en aproximadamente menos de diez minutos. En menos de diez minutos habÃan vaciado la casa casi en su totalidad, algo sorprendente, pero claro yo en esa posición el tiempo que pasó lo sentà eterno. Yo no salà de mi escondite. Ahà me quedé hasta las dos de la tarde, hasta que mi madre, por fin llegó a la casa. Ella llegó y lo primero que hizo fue gritar por mÃ. Me dijo Giovanni, Giovanni, dónde estás, Giovanni, Yo salà de inmediato con lágrimas en los ojos gritándole la casa estába vacÃa. Nos habÃan robado, pero lo primero que le preocupó fui yo. Ella sabÃa que yo estaba en casa. Cuando llegó mi padre, le explicamos todo lo que habÃa pasado y se sorprendió y aterró a la vez porque le dije que yo estaba presente. Cuando todo esto sucedÃa, por pura suerte, aquellos ladrones no me vieron mis perros. Por otro lado, ellos no hicieron ningún ruido, no ladraron ni los atacaron, porque les habÃan dado veneno. Era por esto mismo que no se movÃan, que ellos solamente estaban acostados por esto mismo no me habÃan respondido y no me habÃan recibido. Lo que se especula es que estos ladrones vinieron, le dieron esta comida a los perros. Los perros la comieron y después ellos se fueron. Esperaron a que aquella sustancia hiciera efecto con los perros y después volvieron. Para mi suerte, no vieron Cuando entré Una semana después nos mudamos de casa a un lugar más pequeño, pero más urbanizado, con muchos vecinos y con barrotes en todas las ventanas. Y esto fue algo que no se me quitó. Mi casa actualmente tiene puertas de seguridad y barrotes en absolutamente todas las ventanas. No importa qué tan pequeña sea esta, pues los ladrones entraron por la ventana de la cocina, justamente la que no tenÃa barrotes. Ahora ya grande. Pienso en lo que hubiera pasado. Si ellos me hubieran visto entrar en la casa, ellos estaban seguros que yo estaba solo, que no habÃa nadie ahà y, para ser realistas, qué hubiera podido hacer un niño de doce años contra siete hombres adultos y armados. Tuve suerte de que no me vieran. Esa fue mi historia. Gracias por la oportunidad de poder compartirla. Qué les han parecido estas historias cripta manÃacos. Alguna vez ustedes han quedado solos en casa y ha ocurrido algo extraño. Alguna vez uno de sus vecinos o una persona muy influyente se dice que hizo pacto con el diablo o tal vez hizo trabajos para que le fuera asà de bien o que tiene la protección de algún ente. Si es asÃ, no dudan us compartir su historia abajo en la caja de comentarios, sin más por decir yo me despido que tengan buenas noches y unas aterraduras pesadillas




