Dec. 29, 2023

MEJORES RELATOS DE TERROR DE VELADORES DEL 2023 / MARATON DE HORROR / L.C.E.

MEJORES RELATOS DE TERROR DE VELADORES DEL 2023 / MARATON DE HORROR / L.C.E.

Una recopilacion de los mejores relatos mandados al canal que provienen de veladores, en todo el año 2023.

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Una recopilacion de los mejores relatos mandados al canal que provienen de veladores, en todo el año 2023.

Creo que el decir que los veladores, los guardias nocturnos pasan algunas experiencias que son algo difíciles de creer y aterradoras, no es algo para los que siguen el canal desde hace mucho tiempo que sea algo nuevo. Hemos escuchado relatos de veladores que vienen de máquinas fábricas, cementerios, carreteras, edificios abandonados, pero en esta ocasión nos situamos en un lugar completamente diferente. En esta ocasión, este velador, que nos cuenta su experiencia, nos dice que en el sitio donde él trabaja habita algo extraño, habita algo que él vio con sus propios ojos en una escuela primaria. Tal parece ser que estos lugares no se salvan a pesar de tener tan buena energía con los niños que andan jugando de un lado hacia otro. Tal vez estas mismas energías son las culpables de que atraigan este tipo de criaturas, porque en esta ocasión hablamos de almas, hablamos de una extraña criatura que se esconde dentro de aquella escuela. Mi nombre es Julio Saraga. La experiencia que les quiero contar a continuación me sucedió en un trabajo el cual lo tuve hace algún tiempo. En aquellos años, yo estaba buscando trabajo de velador o de guardas de seguridad en las diferentes empresas que habían. Muchos de ellos me ofrecieron trabajo, pero hubo uno en concreto el cual me llamó mucho la atención. Era un trabajo para velador, pero en una escuela pública pase resulta que esta escuela, como otras tantas, no cuenta con velador. Más bien, el director y los maestros no creían que se ocuparon velador, pero eso solamente fue hasta que se empezaron a perder cosas. Se decía que ladrones, ladrones jóvenes entraban en la escuela y se robaban los aros de básquetbol, se robaban los balones y la gota que derramó el vaso fue que empezaron a hacer grafitis, a vandalizar. Básicamente Entonces, debido a esto necesitaban un guardia de seguridad. Durante la noche obtuve el puesto sin mayor esfuerzo. Ya traía mucha experiencia, así que esa misma noche entré a laborar. Fue en estos meses de septiembre empecé a hacer los rondines y las primeras noches vi a muchos jóvenes queriendo entrar por la barda. Obviamente, al verme estos de nueva cuenta, se bajaban. Si bien el trabajo no era de lo más pesado, si tenía que estar muy al pendiente de lo que surgía durante la noche, no podía permitir que hubiera más robos o que hubiera más vandalismo dentro de las instalaciones. Pero esto solamente duró aproximadamente las primeras dos semanas. Después de esto se calmó por completo el asunto, pero de alguna extraña manera. Algunas ciertas cosas no se dejaron de perder que algunos juguetes, que algunas pelotas, pero claro esto le echaban la culpa a algunos niños que, de seguro, eran del día. No fue hasta que llegó octubre que viví esta experiencia. Como les dije, algunas cosas desaparecían. Por lo tanto, a pesar de que no veía movimiento, a pesar de que no veía que algunos jóvenes entraran, yo aún así tenía que cumplir con mis rondines, así que cada noche revisaba salón por salón para cerciorarme de que nadie se encontrara dentro de este recuerdo que estaba lloviendo y en ese momento, por temporada de Halloween, los chicos de tercero y segundo de Primaria habían hecho unas máscaras, unos monstruos como Frankenstein, el hombre lobo y demás monstruos que tenían allí. Las máscaras las habían hecho durante el día, por lo que las habían puesto a secar durante toda la noche. Algunas de estas estaban pegadas hacia la ventana y desde lejos y más aún cuando te acercabas, podías ver los rostros de los monstruos asomándose por estas. Yo estaba viendo las máscaras en ese momento cuando estaba pasando por el pasillo, cuando de pronto me encuentro con una máscara, pero que además de solamente la cara, esta también portaba con dos manos. Ambas se encontraban al lado de la máscara o una de cada lado. Lo que me sorprendía de esta máscara y que de cierta manera me asustó porque me hizo pegar un sobresalto tan solo al aluarla, es que parecía muy real Su piel parecía como la de una persona, sus ojos, su pelo eran deformes, pero tenían una cierta percepción muy realista. La cara de este monstruo no era ninguno que yo conociera o que se pareciera a otros esta era una cara desfigurada, como si su cara se estuviera derritiendo. Me llamaba mucho la atención a sus ojos, ya que estos parecían ojos reales como los de una persona. Algunas de estas máscaras tenían ojos, pero a aquellos extraños ojos no les veía al borde era como si estuvieran pegados de alguna manera, que parecían muy realistas eran completamente blancos. Pero a pesar de esto, podía ver el iris en el centro. Las manos también hacían juego con este extraño rostro. Traté de no prestarle más atención a esto y seguí con mi camino. Seguía luzándose y verificando salón por salón, a pesar de que la lluvia estaba bastante fuerte. Me mojé poco, pero conseguí llegar de nuevo la dirección en donde tenía mi escritorio. Pasaron un par de horas cene, estuve checando los radios y después de nueva cuenta, comencé con el siguiente recorrido a eso de las tres y media de la mañana, cuando iba llegando a este salón. Otra vez, cuando empecé a ver las máscaras, me percaté de que estan máscara, la cual me había aterrado de sobremanera. Ya no se encontraba lo primero que me llamó la atención es que el espacio de la máscara, tan solo al fijarme por dentro, ya que me causaba bastante curiosidad, pensé que se había caído hacia el extremo de los mesabancos, pero no la vi. Y lo que me pareció aún más extraño es que los mesabancos se encontraban movidos, estaban puestos en una extraña dirección, como si alguien hubiera estado parado ahí saqué las llaves entre ese salón para ver qué era lo que había pasado. Y lo que vi fue que en ese sitio donde había visto la máscara ahora se encontraba mojado y más abajo en el suelo. De igual manera, todo estaba mojado. Esto no podía ser. Todas las ventanas se encontraban cerradas y, aparte el techo, no era posible que el agua se metiera en los salones. Mire hacia arriba para ver si había un agujero, una grieta, alguna fuga, pero nada. El techo estaba completamente seco y fue en ese momento que puse mi mirada fija en el piso y me pude precatar de algo. Había huellas, huellas de pies, no de suelas de zapato, de pies, pies muy pequeños, no eran como los de un adulto que se encontraban parados ahí y que caminaba y salían por una de las ventanas. Obviamente, lo que primero pensé es que alguna persona se había metido a la escuela y que la máscara no era precisamente una máscara de seguro. Se trataba de algún disfraz de Halloween y esta persona venía vestida y yo, pues lo había confundido todo. Salí de inmediato, preparé la luz y empecé a buscar por todos los salones. Me llevé aproximadamente algunos veinte minutos buscando llevaba mi radio y me retractilista. Pero en ese momento llego a las canchas y me doy cuenta que hay una persona allí abajo de toda la lluvia. No veo a esta persona por ver una silueta, sino es que veo una bola que después reconozco que es una pelota votando de un lugar a otro y esta persona se encuentra jugando con ella. De no ser porque la pelota es de un color muy brillante. Seguramente se me hubiera pasado desapercibido, ya que no hay nada de luz en las canchas y toda esa lluvia, con esas nubes tapando la luna, no me ayudaban. Tampoco empecé a mirar la silueta y me di cuenta que era muy pequeña, incluso para ser un adolescente. Yo soy una persona alta, pero un adolescente como mínimo tendría que medir algunos unos cincuenta y cinco, pero aquella silueta medía máximo como un metro. Era una silueta muy perro, un munda muy pequeña jugando con la pelota. En ese momento la uso cambio, la potencia de la lámpara y la fijo sobre él. Esta persona no portaba con una máscara. Yo lo había confundido. Todo ese era su rostro, su aspecto verdadero, su cara estaba deforme y también todo su cuerpo era como un pequeño monstruo. Este al verme tomó la pelota y se fue corriendo entre los salones. Mi impresión fue bastante vi cada rincón de su cuerpo y eso no podía hacer un disfraz Yo volví de inmediato a la dirección. Me encerré ahí y no salí hasta la noche siguiente. Durante el día y ella se me notificó que se había perdido exactamente una pelota amarilla. Yo sabía quién la tenía, pero en ese momento pude ver que cometía un error. Todas las noches se me decía que tenía que cerrar con seguro todas las ventanas. Anteriormente yo entraba a los salones y les ponía el seguro a todas las ventanas, cosa que dejé de hacer con el tiempo, ya que al ver que nadie se metía, yo pensaba que no iba a resultar perjudicado de dejar una o dos o tres ventanas abiertas. Bastaba simplemente con cerrarlas para que no se metiera el agua o la lluvia o la tierra. Desde aquella noche yo le pongo seguro a todas las ventanas y puede que esta experiencia rara haya quedado hasta ahí, pero esto no fue del todo. De esa manera, yo seguí trabajando en esa escuela y, conforme pasaba más tiempo, fui descubriendo todas las historias que estos niños, los mismos niños decían acerca de aquellos salones, más concretamente en las canchas que se encuentran hasta atrás donde yo había visto a aquella extraña criatura, los niños decían que en aquella esquina, en aquel patio donde la hierba había crecido bastante, donde ni siquiera el conserje quería meterse a darle mantenimiento. En aquellos árboles, en aquella maleza se encontraba un duende. Ellos decían que lo habían visto, como como también niños que van en el turno de la tarde. Decían que este duende se robaba las pelotas, se robaba a veces los juguetes que los niños llevaban cerca. De ahí que ellos lo habían visto y que no solamente eso que cualquier niño valiente que se adentrara entre el monte, este era rasguñado, pero que jamás podía ver que era lo que lo rasguñaba. Simplemente sentía unas garras y este rápidamente salía. Se dice también y esto ojo no me consta, pero es una historia que me contó el conserje y es que hace muchos años un niño había desaparecido precisamente en aquella esquina. Para ese momento, la leyenda del duende ya era más que conocida. Este niño se perdió en la salida de la mañana, por lo que los padres y los maestros creyeron que simplemente se había perdido afuera de la escuela, ya que el último maestro en darles la clase recuerda muy bien haber visto al niño salir del salón, pero no lo vieron salir de la escuela. Se dice que le entró ahí por alguna especie de reto, o simplemente para recalcar que era más valiente, pero nunca salió de la maleza, a pesar de sonar extraño y como un cuento de niños, el conserje creía en esto y por eso mismo no se acercaba. Yo no le conté mi experiencia, ya que eso sería más infundir el miedo. Pero recuerdo muy bien lo que vi vi a esa cosa frente a frente aquella noche mas nunca la volví a ver, pero eso sí de que la escuchaba. La escuchaba, escuchaba pasos tan pronto yo me iba acercando como estos iban corriendo muy sigilosamente apartándose de mi camino. Entendía que tal vez él me tenía más miedo a mí que yo a él después de haber trabajado un niño aquí, yo me salí. Aquella parte de la primaria, casi toda la parte de atrás, fue demolida y construyeron edificios. Pasó de ser una primaria, solamente a hacer una escuela secundaria y primaria. Respecto a las leyendas que se tejen del duende, no sé si todavía se cuente, pues creo que ya destruyeron su hogar. Esa fue mi experiencia. Gracias por compartirla. Saludos a todos los veladores. Tienen muchas historias interesantes que vale la pena escuchar. Muchos creerían que las historias de estos hombres solamente estarían en lugares lejanos, lugares inhóspitos, como bodegas almacenes, pero la historia que nos trae este velador nos dice que esto no es así. De hecho, los lugares en donde menos piensas que pueda haber alguna actividad paranormal son los lugares que más se prestan para esto algo muy interesante. No cree alguien creería que en un edificio abandonar surgirían más experiencias aterradoras, pero todo lo contrario. Él dice que en ocasiones esto sucede en lugares muy concurridos, como él les sucedió. Pero esta historia, aparte de él, también tiene otro protagonista. Los espejos son muy interesantes porque, más allá de solamente tenerlos en cuenta para la apariencia, para nosotros vernos, para arreglarnos, servir también para los automóviles. Los espejos y se pueden investigar son usados en gran cantidad en rituales budu, en rituales satánicos e incluso más modernos, en rituales de crippasta. Por qué será que los espejos son tan misteriosos. Será acaso que, como muchos dicen, mediante ellos se puede ver otra realidad, otra dimensión. Bueno, creo que la siguiente historia nos dejará más dudas que respuestas respecto a esto hola mi nombre se ivan anteriormente y durante un buen tiempo en mi vida. Fui venador esto más que nada, porque tenía unos asuntos que hacer durante el día y durante la noche. Se me facilitaba mucho este trabajo. Fui velador en diferentes partes, tiendas comerciales, estacionamientos, incluso algunas bodegas que estaban totalmente deshabitadas, donde creo la mayoría, al entrar siquiera durante la noche, creerían que espantan. Pero lo más irónico de todo es que les voy a decir que en los lugares en donde uno menos piensa que va a pasar algo paranormal. Para desgracia, es donde más sucede, porque, a pesar de ser velador en aquellas bodegas grandes y solitarias alejadas e incluso en algunas partes con carencia de luz, jamás me pasó nada, jamás vi nada extraño, aparte de animales, todo lo contrario. Cuando me pusieron en una tienda de ropa. Esta tienda de ropa tenía mucha afluencia de gente. Cuando llegaba yo, que era cerca de las nueve de la noche para irme a las nueve de la mañana, todavía había mucha gente. Yo era el encargado de asegurarme que para las diez de la noche ya no hubiera nadie decirles amablemente a todos los clientes que estaba por cerrarse la tienda. Cuando yo me encontraba ya cerca de las diez de la noche, cuando ya tenía la indicación de sacar a todos los clientes, había una fila de espejos pegados en la pared Esta fila, que constaba cerca de cinco espejos grandes servían para que las personas que se estuvieran probando ropa salieran y se vieran en el entorno. También para que prendas se pusieran por arriba de la misma ropa. Estos espejos eran extraños. Varias veces me tocó que cuando yo estaba sacando a todos, veía a personas reflejadas en estos espejos, había muchos muros llenos de ropa, ropa colgada desde el techo. Era una tienda que podríamos decir de un género en concreto, era mucha ropa juvenil. Obviamente, yo, al ver clientes reflejaba en el espejo, yo los buscaba. Iba hasta el sitio donde daba el reflejo de este espejo, pero siempre que llegaba ahí y buscaba por ahí y por los alrededores, no veía a nadie. Me pasó. Varias veces veía un hombre, a una mujer, a una niña, a un niño de diferentes tamaños y edades, pero lo curioso era que jamás les veía el rostro. Siempre los veía volteados totalmente de espaldas o de un lado o la cabeza girada. Jamás podía ver bien sus caras. Después de que me haya pasado varias veces esto, llegué a pensar que tal vez estaba quedándome algo loco o tal vez algo sugestionado por ver a tantas personas de seguro. Era como ese extraño hábito que tenemos algunos de ver algo por el rabillo del ojo. Pero esto, si bien era extraño, no era lo más extraño que tenía que hacer en esa tienda. Tenía la instrucción muy clara que cuando todos se iban el personal, los clientes, solamente yo me quedaba en aquella tienda durante toda la noche, tenía que tapar esos espejos con una manta especial que tenía cada uno. Los cinco tenían que ser cubiertos por completo, sin dejar ni un solo lado, sin descubrir. Esto era extraño porque solamente esta instrucción acataba para esos espejos. Había más espejos en la entrada, en los muros estos. Por otro lado, no se me daban instrucciones. También había espejos adentro de los vestidores, pero no tenían esta instrucción durante las noches que estuve ahí las primeras yo acate esta orden. Nunca le vi importancia, así que simplemente iba y los cubría tan pronto cerraba la tienda. Pero sucede que una noche, cuando había tormenta me entretuve mucho tiempo, fuera escoltando a las señoritas. Más que nada, los taxis había mucha inundación, así que requerían me ayuda. Se fueron más tarde de lo habitual, por lo que al entrar a la tienda ya eran pasadas de las once y media y iba a ser medianoche. Decidí sentarme escuchar un poco de música y después de las doce me dispuse a cenar. Se me olvidó por completo tapar aquellos espejos. Yo cené estuve un rato ahí y por eso, de las doce cuarenta me paré y fui al baño y justo cuando iba caminando y volteo hacia la derecha, veo claramente todos aquellos espejos sin la manta. Yo no le presto atención a esto, porque quién se iba a dar cuenta por una noche que no se las pusiera. La verdad es que no iba a tener mucho efecto. Tal vez lo hacían para que no se llenaran de polvo, pero en una noche qué tanto polvo les podría caer. En fin, yo voy al baño, hago mis necesidades y cuando salgo de vuelta, otra vez miro los espejos. Pero un eso me percato de algo y es que, si bien hay luces ahí, luces que me sirven para estar dando rondines. No están todas las luces prendidas. Todavía se ve oscuridad en ciertas partes de la tienda. Veo que atrás de mí, reflejado en el espejo, alguien me viene siguiendo. Veo una silueta, la silueta de una persona que va tan solo a centímetros de mí, ni siquiera un metro iba demasiado cerca. Yo volteo de inmediato, obviamente sobresaltado, pero no veo a nadie. Volteo hacia un lado, volteo hacia el otro, pero estoy completamente solo en la tienda. Otra vez volteo y veo el espejo. En este ya no se podía ver nada. Le atribuía que solamente tal vez con miedo, pero tratando de estar lo suficientemente centrado, me dije a mí mismo que tal vez era un engaño nuevamente de mis ojos de mi subconsciente. Así que no le presta atención y seguí con mi camino. Estuve ahí. Después de eso, yo tenía la obligación que durante la noche tenía que checar que unas máquinas tuvieran el rollo que sirve para sacar tickets. Estas máquinas están situadas en diferentes partes de la tienda. Solamente tengo que ver al rollo si es que ya casi se acaba cambiarlo por uno nuevo. Eso es todo. Cuando estaba cambiando un rollo cerca de estos espejos, algo atrajo mi mirada y es porque por el rabillo del ojo noté un movimiento que se reflejaba en aquellos espejos. Al voltear a verlos fijamente, yo pensé que pasaría como la última vez. Tan pronto volteo y los miró fijamente, las cosas iban a desaparecer. Pero para mi mala suerte, esto no sucedió. En aquella ocasión lo que sea que había visto por el rabillo del ojo se mantuvo ahí para que esta vez lo viera y lo viera con propiedad y con mucho detalle. Eran siluetas. Podría decir que eran sombras. Estas sombras se movían de un lado hacia otro, como si fueran clientes conté tres sombras diferentes reflejadas en aquellos cinco espejos. Estas sombras ni siquiera tenían cuerpo, porque podía ver a través de ellas cómo se materializaba la ropa, por donde ellos pasaban, como se veía a través de ellos, las diferentes camisas, los diferentes diseños. Esto me causó mucho temor. En ese preciso momento tiré el rollo. No me importó nada. Corrí y me encerré en la oficina. No salí en toda la noche. Después de las ocho de la mañana salí encendí todas las luces, tomé las mantas con las que tenía que tapar aquellos espejos y mirando siempre hacia abajo, evitando por completo mirar aquel reflejo, Puse la manta y fui tapando uno por uno. Se me dificultó, ya que no quería alzar la cabeza. Tal vez al alzarla y si la manta se caía, podía haber algo reflejado en aquel espejo que no me iba a gustar para nada, tal vez algo demoníaco, tal vez esta vez no iba a correr con la misma suerte de solamente ver sombras. Tal vez iba a haber algo peor. Por suerte funcionó. Después de aquella noche procuré jamás ver los reflejos cuando recién llegaba y cuando todos se iban, incluso cuando uno lo hacían las últimas que se iban siempre yo ya había tapado los espejos. Jamás volví a tenerlos sin sus mantas. Al pasar el tiempo, Creo que yo no fui el único que vio algo paranormal o extraño en estos espejos y es que los terminaron quitando y en su lugar recorrieron los probadores así ocupando el lugar de aquellos espejos. Estos fueron tirados ni siquiera vendidos, fueron destrozados en la calle y después depositados al bote de basura por orden misma de los dos gerentes. El motivo nunca quisieron decirlo. Mucho se dice de los veladores en este mismo canal. Hemos compartido varias experiencias de estos en bodegas, en hospitales, en diferentes lugares, incluso cementerios. Pero qué les diría sobre las experiencias que un velador ha vivido en una funeraria. Tal es la experiencia de este señor. Había trabajado en esta funeraria tiempo atrás y nunca le había pasado nada a no ser hasta ese día, hasta esa noche, más bien que le tocó ser guardia, pero no en su lugar de siempre, sino dentro de la funeraria. Creyó que pasaría aquella noche solo, como todas las noches anteriores. Lo que no sabía es que cuando cae la madrugada, algunos cuerpos caminan por los pasillos te es difícil de creer. Él Tampoco lo creían hasta que lo vivió. Su historia es la siguiente hola. Buenas noches. Mi nombre es Narciso Colón y les quiero compartir una experiencia que me sucedió mientras trabajaba de velador. Mi experiencia comienza así. Yo trabajaba para una empresa de seguridad privada. Como sabrán, a estas empresas se les contrata en diferentes lugares, ya sea comer plazas, comerciales, incluso casas como mansiones personas muy influyentes. Yo estaba trabajando en esa empresa cerca de ya unos tres a cuatro años y durante ese tiempo había prestado mis servicios de vigilancia durante el turno nocturno a una funeraria. Iba ahí. Llegaba a las siete de la tarde y mi turno terminaba a las siete de la mañana. A pesar de que prestaba mi servicio en la funeraria, mi lugar de trabajo no era dentro de esta. Yo tenía que vigilar todo afuera de la funeraria y controlar los accesos tanto de las personas que entraban como también de las personas que salían. Estuve trabajando un largo tiempo en ese lugar y hasta ese momento no me había pasado nada nada paranormal como lo que me pasó aquella noche. Hubo un día en que se me avisó que requerían que ahora vigilara dentro de la funeraria. Esto solamente era cosa de una noche, o esporádicamente algunas noches. Resulta que el velador, el velador que era fijo de la funeraria, el que había contratado la funeraria, iba a estar ausente unos ciertos días. Por ende, antes de presentarme a la noche siguiente para desempeñar mi turno, me vi con este velador y hablamos unas ciertas cosas que tenía que tener en cuenta a la hora de vigilar la funeraria. Una de estas era que simplemente me limitara a vigilar la parte de enfrente, o sea, el ob donde entraban los cuartos de de administración, el primer piso o grandes rasgos a excepción de algunos almacenes, pero que no subiera al segundo piso. Estaba prohibido pasar ahí. Me dijo que todas las noches había un grupo de personas que se quedaban por ende que si escuchaba pisadas voces que venían de arriba, pues qué eran ellos que no me sorprendiera para nada. Yo le pregunté, pero tienes alguna tarjeta de acceso, algún cuaderno donde vayas anotando los nombres de quienes se quedan en las noches y quiénes se van en las mañanas. Él me dijo que no y que no le prestara atención a esos detalles, simplemente que me quedara y vigilara esas partes de la funeraria, que no me subiera al segundo piso. A mí se me hace extraño esto porque yo afuera si tenía un cuaderno, una bitácora, el cual marcaba los accesos del personal y, según a mi experiencia, según a lo que yo había notado, día con día, noche con noche, personas dentro de la funeraria jamás se quedaban estró algo extraño y nuevo para mí, pero bueno, si él era el velador a lo mejor, había personas que se quedaban y salían hasta después de las diez de la mañana, cuando ya no me encontraba ahí, cabía la posibilidad. Si él me dice que sucede esto, entonces lo tomaré en cuenta. En fin, llegué aquella noche, me presenté a las siete de la tarde y me desempeñé como siempre le abría las puertas. Controlaba el acceso de las personas que se iban de la funeraria. Cuando de pronto esta quedó vacía, Recuerdo que eran los mismos nombres que se iban, las mismas personas que iban y venían todos los días. Eran las mismas personas que yo veía afuera. Llegó a tal momento, a una cierta hora por ahí de las diez de la noche, en que yo sabía que ya no había nadie pensé que tal vez en aquella ocasión no se habían quedado personas. Estaba silencio por completo la funeraria, no había ninguna voz, ningunos pasos, absolutamente nada. Se quedó totalmente callado. El edificio, un edificio de dos pisos. Yo procedí a seguir con mi turno, calenté mi comida, vi algo en el celular, vigilé las partes que este velador me dijo que vigilara y después fui y me senté nuevamente en el escritorio, en el ovio. Algo que nunca me había pasado me pasó aquella noche y es que, inevitablemente y sin querer me quedé dormido, tal vez era porque tenía el c lo aprendido, estaba sentado, estaba todo callado y pues al tener todas esas facilidades, inevitablemente me cayó sueño. Lo que me despertó en aquella ocasión no fue ni siquiera ni una llamada. Fueron los pasos, las voces, el llanto de alguien que estaba llorando. Obviamente, me desperté. Pensé que esto sería alguna clase de pesadilla, alguna clase de terror nocturno, pero para nada, todos esos ruidos provenían desde adentro de la funeraria, más concretamente de la parte de arriba. Escuchaba múltiples pisadas, pero no de una ni dos personas, sino de varias. Yo aseguraría que serían como unas siete nueve personas las que estuvieran arriba de mí, o sea, en el techo en el segundo piso, caminaban de un lado hacia otro. Escuchaba voces y no alcanzaba a divisar qué era lo que decían, pero las escuchaba sobre todo también llanto alguien estaba llorando. A veces escuchaba el llanto de un hombre y otras veces el llanto de una mujer y a veces también el llanto de ambos. Uniéndose esto se me hacía muy extraño. Muchas veces tuve la tentación de subir, pero decidí acatarme a las instrucciones que me habían dejado y creo que eso fue lo mejor que pude hacer en aquella ocasión. Estos ruidos extraños duraron toda la noche y por eso de las cinco de la mañana cesaron por completo. Ya no escuché nada tan súbitamente como habían comenzado, Se habían aplacado. Ahora había silencio, un silencio sepulcral como si nada de lo que hubiera escuchado hubiera pasado en aquella mañana. Yo recuerdo que el primero en llegar era el gerente. Llegaba por eso de las seis y media seis cuarenta de la mañana, antes que todos los empleados lo saludé. Le di los buenos días me preguntó que cómo había estado el turno, ya qué sabía sobre el movimiento que se había hecho. Y yo le pregunté simplemente, o sea como curiosidad, que si no llevaba un registro, qué, si no le incomodaba, o que me pudiera decir cuáles eran las personas que trabajaban en el torno nocturno, ya que para tener en cuenta por si acaso sucedía algo, tan sólo que me diera los nombres, que me diera al menos sus rostros, que me diera la posibilidad de verlos, de ver sus rostros, sobre todo para seguridad dentro del mismo edificio. En ese momento, cuando yo le estaba explicando todo esto, se me quedó mirando, pero muy extrañado. Él me dijo pero muchacho a veces si trabajan durante las noches, pero son muy contadas las veces en lo que va del año creo que solamente ha trabajado de noche algunas tres o cuatro veces y son las mismas personas que ves en el día. Yo no tengo turno de noche. Yo le dije sí, en esta ocasión trabajaron de noche. Yo los escuché. Estaban aquí arriba. Me puso de nuevo la cara de extrañado y me dijo de nueva cuenta. Hoy no trabajo nadie y como te digo, trabajamos de noche algunas muy contadas, veces cuando el trabajo es mucho, pero trabajamos en nuestra área, o sea, en el área de vestimenta de los fallecidos, preparar a los cadáveres. Pero eso, si bien se lleva a cabo en el segundo piso, se lleva a cabo hasta el otro extremo del edificio, no se lleva a cabo aquí arriba. Yo tenía en cuenta esto. Sabía que preparaban a los difuntos en unos ciertos cuartos que tenían especiales. Pero a decir verdad, en ese momento yo no sabía qué tipo de cuarto o qué habitación se situaba arriba de donde yo estaba, de donde provenían las pisadas, de donde provenían las voces. Antes de que se fuera yo le pregunté oiga y qué es lo que está arriba de aquí que hay en el segundo piso aquí, arriba de mí. Él me dijo que esa habitación se compartía con la morgue de la localidad. La morgue no estaba muy lejos el amor que simplemente se situaba a unos cuantos metros enfrente de la funeraria. Esta morgue, que era también del hospital que estaba cerca, se situaba simplemente a unos cuantos metros enfrente de la funeraria, Y esta misma morgue A veces le pedía apoyo a la funeraria para pasar unos ciertos cuerpos y a pilarlos allí hasta que un miembro de la familia saliera a reconocerlo. O por otros temas, el caso es que había cerca de unos veinte cuerpos sin vida, apilados, cada uno en su mesa, que estaban reposando en una habitación grande, y esa habitación era la misma que se encontraba arriba de mí en ese momento. También se tiene que decir que en esa habitación solamente se guardaban los cuerpos. En esa habitación no se trabajaba, tan sólo iban ahí, sacaban el cuerpo y se lo llevaban. No entraban ni siquiera un máximo de dos personas a la vez. En aquel cuarto a la noche siguiente, cuando pude ver el velador de nueva cuenta, le dije todo lo que me había pasado y le dije también sobre la plática que había tenido con el gerente. Él simplemente se sonrió y me dijo es que si te decía la verdad, tenía de dos opciones o me decías loco o me decías que estaba demente por creer en fantasmas o a lo mejor, no hubieras querido venir, pero sí, no hay un turno de noche. Los que caminan arriba durante toda la madrugada son los cadáveres. Lo que les quiero contar a continuación. Sucedió cuando me encontraba trabajando de velador en un instituto educativo. Se trataba de un kinder, o al menos yo vigilaba la parte del kinder, ya que abarcaba lo que era secundaria, primaria y kinder. A la vez en mi trabajo tenía poco que hacer. Además de hacer rondines y vigilar la entrada, tenía que dar unas vueltas en el área administrativa también, ya que éstas me quedaban cerca de donde vigilaba. En esta área se encontraba una bodega, la cual se me había dicho que no tenía que abrir, especialmente por la noche, ya que ésta se mantenía cerrada y con cadena y candado hasta la mañana siguiente. El motivo no lo sabía, al menos no lo supe hasta esa noche. La puerta siempre se mantenía con candado. Al caer la noche, esta bodega, aparte de guardar algunas cosas de audiovisuales, también tenía un pequeño altar en el cual reposaba la fotografía de una niña en compañía de una flor de plástico y una muñeca con culetas. Yo, por respeto, me abstuve de preguntar el porqué del altar, pero una profesora un cierto día me contó que ese altar pertenecía a la hija del profesor de química. Este profesor lo recuerdo como un hombre retraído bastante serio, pero, según algunos alumnos, muy paciente y comprensivo. De hecho, era el profesor favorito de la mayoría. Según lo que me contó esta profesora, su hija iba en esa misma escuela. Era era un niño con dificultades en su corazón desde nacimiento. Un día debido a que estaba jugando, se podría decir que se esforzó más de lo que debía y tuvo un ataque en el cual perdió la vida. La niña dio su último suspiro en la dirección y la muñeca con coletas se perdió debido al alboroto, la cual portaba ese mismo día de su deceso. Semanas después, esta muñeca fue encontrada dentro de la bodega, por lo que varios profesores decidieron hacerle un pequeño altar. Junto con la foto de la niña Esto era todo lo que sabía, pero aquella noche descubriría más sobre esto. El caso fue que me encontraba dando mi rondin cuando en eso vi hacia la puerta. Esta tenía un vidrio cuadrado en la parte superior, muy empañoso. En este pude alcanzar y diferenciar la sombra de una niña que se retiró corriendo del cristal. Yo solamente llevaba a mi linterna, por lo que la vi muy esporádicamente. Lo primero que pensé era que, de seguro se trataba de algún animal o, si no tal vez un niño que se había metido. En fin. Era algo temprano, ya que eran poco pasadas de las nueve de la noche y a esa hora todavía había varios niños en la calle. Quité el candado y me adentré en la bodega. Era una bodega muy pequeña, por lo que rápidamente la registré al ver que no había nada extraño. Simplemente opté por cerrar la puerta, pero se me olvidó poner el candado de nuevo salí. Decidí ir hacia la puerta que daba el acceso al kinder. No pasó mucho cuando recibí una llamada por radio, o más bien varias llamadas. Todas estas llamadas tenían el mismo motivo. Los otros veladores que estaban en la sección de secundaria y primaria estaban desconcertados, pues todos ellos habían visto una niña corriendo por los pasillos canchas y también dentro de los salones. Algunos habían tratado de alcanzarla, pero explicaban que simplemente se les había perdido de vista. Lo extraño de estas llamadas que hacían mis compañeros era que en fracción de segundos, la niña se veía de un extremo a otro de la institución. Verán les explicó. Primero, un compañero dijo por la radio que había visto a la niña en los baños de la sección de secundaria y en cuestión de unos dos minutos, otro compañero dijo que la había visto por los salones de segundo de primaria. Esto lo ten tenía ningún sentido, a no ser que hubiera más niñas corriendo por la escuela y si era de esa manera, era aún más extraño, ya que todas tenían que tener las mismas características. Una niña con dos coletas pelirroja y un uniforme a cuadros como el que portaba en la primaria. El encargado de turno llegó a mi puesto y sin darme oportunidad a darle novedades quitaste el candado yo estaba muy confundido y solamente tenía a preguntarle que sobre qué candado me estaba hablando. Él me dijo que el de la bodega en la dirección. Yo me quedé callado ya que no sabía a qué iba todo esto. Él, sin darme muchas explicaciones, fue a la dirección mientras yo lo seguía, tomó el candado y después me dijo que jamás quitara el candado. O esa noche fue lo único que supe hasta la siguiente, donde mi supervisor me explicó que no conoce muy bien por qué pasan estas cosas, pero que cuando falleció la hija del profesor, una niña se empezó a ver por la escuela. Su apariencia era la misma que aquella niña. Las apariencias de esta niña frenaron en el momento en que tomaron la muñeca, que hasta ese entonces había estado guardada en la dirección y la encerraron en la bodega con cadenas y candado. Yo no soy mucho de creer en fantasmas y ese tipo de cosas, pero esta ha sido la experiencia más rara que me ha pasado, porque, dicho y hecho, al poner el candado de vuelta, la niña se dejó de ver. Esta ha sido la experiencia que me ha traído más dudas sobre si hay vida después de la muerte. Esta segunda historia viene de parte de un guardia de seguridad armado. Él nos platica que su empresa es del rango paramilitar, o sea, que tienen diferentes rangos en sus guardias de seguridad. El rango más alto es donde él está ahora o donde él estaba. Mejor dicho, eran los encargados de custodiar un tren, un tren que llevaba ciertas cosas valiosas, pero lo que resultaba más perturbador de todo esto es que lo tenían que hacer por la noche y tenían que hacerlo mientras ellos iban en el tren. No era un tren con vagones, no era un tren con asientos. Era uno de estos trenes de carga hay lugares donde ellos pueden ir parados, claro, pero aún así es peligroso. Tan solo estos pequeños detalles podrían ocasionar una anécdota de total terror para ciertas personas. Pero si a esto le sumas que al pasar por ciertas vías hay algo que se aparece en el tren. Esta es la historia de este guardia, en donde él nos explica y nos relata que aquella noche pasaron por unas vías que estaban embrujadas. Su historia comienza de la siguiente manera. Mi nombre es Felipe Tabasco y el relato que les quiero contar me sucedió a mí en el dos mil catorce. Yo en ese tiempo trabajaba en una empresa de seguridad seguridad privada. Mi empresa no era común, por así decirlo, no era como las otras cientas de empresas de seguridad privada que trabajan en todo México. Mi empresa en ese tiempo se autodenominaba para militar, o sea, que tenían ciertos rangos para los guardias dentro de la misma empresa. Cuando tú entrabas ahí, entrabas como un guardia de seguridad común y corriente claro que a medida que ibas prosperando, a medida que vas con tu antigüedad, con buenas recomendaciones en cada lugar que te ponían, esto te beneficiaba para ir escalando en los diferentes servicios. Yo tomé cursos de diferentes cosas, defensa personal, manejo de armas, y fue así hasta que escalé hasta los guardias mejor pagados, aunque también son los que tienen las jornadas más duras, más extensas y de seguro. Por la experiencia que les voy a contar, las más aterraduras anécdotas que ustedes se pueden encontrar mi grupo de guardias con el que iba era un grupo armado. Teníamos rifle de asalto, chaleco, antibalas, nuestro uniforme cascos en general. Se nos contrataba para transportar bienes, pero no se confunda. No éramos como que van al banco, que van a las tiendas, no a nosotros. Se nos mandaba proteger los bienes, a veces en avión y muchas veces en trenes. Los trines a los que íbamos eran trenes que transportaban ciertos minerales y también a veces dinero, algunos minerales tales como el oro, petróleo y otro montón de cosas. Para no entrar en detalles, se podría decir que eran cosas que, pues, se podrían robar y eran de mucho interés Mi empresa. Lo que hacía en este tipo de ocasiones era que nos llamaba y teníamos que estar listos. Estos viajes en el tren eran aproximadamente ocho a nueve horas. Pero no crean que íbamos de lo más cómodos. No crean que íbamos en nuestros propios vehículos. Para nada, la mayoría de nosotros ni siquiera íbamos dentro de las cabinas. No eran trenes donde iban vagones en los que te podía sentar claro que no eran trenes de cargamento. Teníamos que situarnos en lugares estratégicos, dependiendo de nuestro número y el número de vagones. Por lo regular siempre nos tocaban en las esquinas y cuando nos posicionábamos en un lugar, nos poníamos un cinturón de seguridad, el cual se amarraba a uno de los ya sea uno de los extremos del tren o uno de los tubos, algo de fierro, algo que aguantar nuestro peso. Obviamente, este arnés, por así decirlo, este cinturón tenía cierto margen para movernos, pero era muy corto, igual el tren a la velocidad que se mueve. Ustedes podrán decir que no va muy rápido, pero créanme que se siente el aire. Incluso tus piernas pueden jugar en contra de TI y te puedes caer. Arrancamos este viaje y casualmente a mí me había tocado en el último vagón junto con otro compañero. Estábamos los dos sentados a ambos extremos del vagón y lo único que podemos mirar era como las vías se iban alejando del tren. Íbamos platicando, obviamente, para ser que el rap to pasar un poco más rápido. Por así decirlo. Otra cosa y es que era de noche. Por obvias razones, no teníamos sueño. Necesitábamos ir muy despiertos para que no ocurriera un accidente. Lo que les puedo decir es que esto me sucedió en el estado de Sonora. En estas vías hay una creencia. Y más allá de una creencia, es una verdad absoluta que todos los guardias yo he incluido, creemos en esto, y es que una cierta altura de estas vías hay una marca, una marca incluso más antigua de lo que yo llevaba trabajando en esa empresa. Guardias anteriores a nosotros la habían puesto y es que esas vías, a esa altura habían tenido algunos accidentes, unos accidentes que la habían dejado, por así decirlo, embrujada o maldita el tren sin querer. Obviamente, se había cobrado las vidas de hombres y mujeres. Algunos dicen que estas víctimas del tren, ellas mismas, se habían arrojado a las vías de este cuando el tren iba pasando. Otras personas dicen que, muy por el contrario, estas personas fueron atadas ahí en contra de su voluntad para tener un final desastroso. Yo no estoy seguro de cuál de estas dos teorías sea la original. Lo único que sé es que, en efecto, algo errante se mantiene caminando por aquellas vías y todo empeora cuando estas almas se van con nosotros. Recuerdo que estábamos pasando por estas vías a esta altura y mi compañero mes una seña de que nos teníamos que persionar. A mí me habían contado esta historia y, obviamente, pues no es como que la creyera, pero y no quiero tentar a la suerte, así que me persinaba y rezaba un padre nuestro dicen que eso era lo mejor para que los espíritus, las almas que aún están por ahí no se suban al tren. A mí particularmente llevaba tres viajes hasta ese momento y no me había tocado ver nada y obviamente no quería ver nada. Pero en cierto instante de la noche, mi compañera el cual iba hablando conmigo, guardó silencio. Estaba mirando hacia atrás de él en aquel vagón. Yo no podía ver nada, obviamente porque venía desde el otro extremo, pero él me habló. Me hizo con una seña que fuera, pero que fuera de manera muy lenta, que no hiciera ruido. Yo, obviamente, obedeciéndolo, no sabía ni ni siquiera que era lo que iba a pasar. Recorrió el cinturón, lo enganché de algo más cercano a él y me fui recorriendo hasta donde estaba él. Una vez ahí, él me dijo de manera muy silenciosa, mira aquello que está allá. Me señaló con su dedo también al mirarlo lo que pude ver y lo que sigo hasta ahora firmemente en que lo vi es que era una mujer, una mujer sentada en el vagón del tren. Estos vagones. Si bien puedes caminar por ahí, no es de lo más seguro. El espacio es muy reducido. Apenas si te puedes sentar. Esta mujer iba sentada ahí. Esta mujer tenía un cabello que le tapaba su rostro, que le llegaba más abajo de su estómago, un cabello totalmente lacio y vestía totalmente blanco. Traía un vestido desgarrado blanco. Era una mujer de terror, podríamos decirlo. Nosotros nos le quedamos mirando fijamente y lo que nos sorprendió es que esta mujer iba de lo más tranquila. Parecía ser que el viento que estaba pegando la velocidad del tren, las vibraciones a ella para ella eran inexistentes. Ambos sabíamos que esa mujer no estaba viva, que no era una mujer normal, era un espíritu y lo estábamos viendo como si se tratara de una persona de carne y hueso. Acto seguido. Esta mujer sirvió, se levantó y vuelvo y lo recalcó de la manera más normal, como si estuviera en una silla, como si estuviera en un sillón. Dio un paso hacia adelante y se lanzó del tren. Una de las escenas que más me perturbó fue que esta mujer se lanzó y cuando creíamos que íbamos a escuchar el estruendo, que íbamos a ver el cuerpo de aquella mujer rodando por el suelo, por el monte, esta mujer tan pronto se lanzó e iba a tocar el suelo. Desaparece, pero desaparece frente a nuestros ojos. Desaparece frente a nuestra mirada era como si ésta se disipara, como si fuera aire. Esto, obviamente, a los dos nos aterró, pero nos mantuvimos firmes. Yo me recorrí y volví a mi lugar y no sabíamos qué decir hasta que mi compañero rompió el silencio. Él me dijo lo siguiente. Esto no puede ser bueno. Va a pasar algo malo. Yo le pregunté, pero de qué estás hablando Significa que va a pasar algo malo, Va a pasar algún accidente. Él me asentó con la cabeza diciéndome que sí que por eso muchas veces de las que pasaban se persignaban rezaban para que estas almas no se fueran con ellos en el tren, que cada vez que veían a una solamente augura que un accidente iba a suceder. Acabas de ver un fantasma Y para rematar con esto, te dicen que su sola presencia significa que va a suceder algo malo. Yo iba muy nervioso y con mucho miedo pensaba que el tren le iba a suceder algo, pero por suerte, no llegamos al destino y tan pronto llegamos, tan pronto nos reagrupamos. Me enteré de algo que había sucedido más o menos a la misma hora de la que habíamos visto a aquella mujer. Uno de mis compañeros se había intentado, por así decirlo, lanzar del tren. En este momento él estaba siendo atendido por la enfermería, le estaban dando algunas pastillas, le estaban tomando la presión y cuando le preguntábamos que por qué se había intentado lanzar del tren, él simplemente nos decía que no lo sabía, que no tenía motivos para lanzarse, que él cree que fue un mareo. Pero semanas después nos contestó que no, que no se sentía mareado que simplemente cuando iba en el tren vio a una mujer que iba a un lado de este la vio rápido, pero que tan sólo con mirarla le entró una tristeza, una tristeza muy grande. Era como si de un momento a otro tuviera depresión, pero una depresión muy fuerte que él, por voluntad propia, decidió lanzarse del tren por unos segundos. La tristeza absoluta lo controló y lo que le salvó la vida en ese momento fue precisamente este cinturón que nos ponemos un compañero mío de inmediato llegó, lo tomó del hombro y lo jaló de nuevo hacia el tren. Él obviamente dice que no tenía razones para acabar con su vida. Simplemente fue fueron algunos segundos los cuales él no se explica por qué decidió hacerlo. He investigado sobre lugares que tienen una cierta pesadez y no son pocos. Esto me llamó mucho la atención y quisiera compartirlo con ustedes, porque tales como el bosque de Japón como el puente donde los perros se lanzan voluntariamente para acabar con su vida, hay más. También hay lugares que se explica que tienen un aura, una cierta melancolía que al pasar por ellos, al adentrarse te hacen hacer cosas que posiblemente lamentes por el resto de la eternidad. Hay ciertos lugares los cuales que se cree que si entras tú con algún sentimiento que si estás pasando por un momento difícil de tu vida, es muy fácil acabar con ella. En este tipo de lugares en ese momento que haya en cuenta que estas vías, al menos a esta altura es un lugar parecido a estos. Tal vez las personas que dicen que fallecieron ahí muy probablemente creo que ellas se lanzaron voluntariamente hacia las vías del tren. Estaban pasando por el lugar incorrecto en el momento incorrecto, justo cuando el tren estaba pasando. Esta tristeza les invadió y se lanzaron a este Pasé por estas vías muchas ocasiones, pero jamás volví a ver ningún espíritu. Claro que también tengo que decir que sí sentía la presencia de cosas, pero mi mirada, mi vista siempre la dirigía hacia el frente. No quería saber para nada qué era lo que estaba caminando o qué era lo que se subía al tren. No quería que la melancolía que la tristeza se apoderara de mí una noche e hiciera una locura. Gracias por escuchar mi historia. Este primer relato viene de parte de un monitorista. En aquella ocasión todo marchaba de lo más normal para él, pero claro tuvo mala suerte, por así decirlo. Vio algo a través de la cámara de vigilancia, algo que no le resultó normal y, para su mala suerte, pudo atraer a aquel ente y lo atrajo hasta aquel lugar donde él lo estaba monitoreando hasta el día de hoy. No sabe qué era lo que rondaba en las cámaras de seguridad, pero sabe muy bien que no era de este mundo. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Eugenio Quejano y mi experiencia comienza dos años hacia atrás, en el mes de octubre del año dos mil diecinueve. En aquel tiempo era guardia de seguridad. Es más, todavía hasta hoy sigo siendo guardia solamente que en una empresa diferente de la otra empresa. Me salí porque durante un año y medio que estuve con ellos solamente me habían traído de cubre turnos. Creo que las personas que hayan experimentado esto saben que es un turno muy pesado, pues algunas veces se te pide que hagas guardia de día, así como también guardia de noche por obvias razones. A veces no descansas bien y andas con cansancio tanto de día como de noche. En fin, cuando estaba de cobre turnos, me tocaba dos días a la semana cuidar una tienda departamental. Era una tienda medianamente grande, por lo que ocupaban a dos guardias durante la noche y cuatro guardias durante el día. Durante el día no había ningún problema. Yo era uno de los guardias que estaba en la entrada, pero durante la noche se me pedía a mí que me encargara de los monitores las cámaras de seguridad. Estuve ahí antes de que me pasara esta experiencia un buen tiempo. Creo que algunos cuatro meses, para ser exactos, y durante este tiempo notaba algo, algo que se me hizo extraño al principio, pero que al pasar de los días se me hizo totalmente habitual, y era que teníamos cuatro monitores. Cada uno de estos monitores se dividía de entre dos hasta cuatro pantallas que eran las pantallas de las cámaras de seguridad que había. Pero el último monitor, es decir, el último de los cuales el que se encontraba en la esquina, ese siempre se mantenía apagado. Jamás estaba encendido. Yo no le di importancia, porque al pasar de los días vi que nos encendía, así que simplemente pensé que estaba averiado, simplemente que era un monitor, tal vez de repuesto. Pero obviamente, al conocer más la tienda, logré entender que ese monitor era de las cámaras que se encontraban en la juguetería. En fin, le seguí sin prestar atención a esto hasta que un día en octubre, como es costumbre, vienen algunas tormentas por este Estado fueron electricistas a la tienda departamental y se nos pidió por una hora simplemente obviamente esto a puerta cerrada, cuando la tienda ya había cerrado, que desconectáramos todo para después de cuarenta minutos volver a conectar todo. Yo lo hice. Fui pieza por pieza tanto en la tienda departamental como cuando llegué al área de monitoreo conecté todo lo que me tocaba y al llegar al instante en el que me tocó conectar todos los monitores no pude diferenciar los cables y yo conecté todo conecté absolutamente a todos los monitores. Esto pues, para que no hubiera un margen de error, ya que no quería causar ningún problema. Para mi sorpresa, el otro monitor, el cuarto encendió y, tal como lo había sospechado, este monitor se dividía en dos y eran las dos cámaras que se encontraban en la juguetería. Si bien se me hizo extraño, la verdad es que no tuvo mayor importancia. Al pasar unos minutos pasaron las horas, yo me dispuse a comer y llegó la una de la mañana. En ese momento yo me encontraba haciendo guardia con Samuel, otro compañero. Él se encontraba entre la tienda y el estacionamiento y mientras me encontraba mirando los monitores, mirando también una película en mi celular para espantar el sueño, me percaté de algo que se movía en las cámaras de seguridad de la juguetería. Para mi sorpresa, el que se encontraba ahí parado era Samuel. Samuel, mi compañero, estaba ahí con su uniforme mirando fijamente la Cámara. Era como si este intentara decirme algo, pero simplemente se quedaba observando. Él estuvo ahí por unos minutos. Yo traté de restar la importancia porque pensé que simplemente me quería asustar o algo parecido. Aunque claro él conocía que estaba. Las cámaras no eran visibles para mí, así que no tenían sentido que me estuviera observando a través de ellas. Me despegué solamente por unos dos minutos. Yo acababa de cenar, tomé mi basura, la tiré, acomodé algunas cosas y cuando de nuevo puse la mirada en la cámara, donde se encontraba Samuel, este seguía ahí parado, pero su aspecto había cambiado un poco. Ya no me estaba mirando con la cara seria que me veía antes. Ahora su cara formaba una mueca, una sonrisa. Me estaba sonriendo, pero de forma muy extraña, muy tenebrosa, e incluso me atrevo a decir que no era de una forma humana. Lo que supuse en ese momento era que Samuel se había puesto una máscara. Ya saben, era temporada de octubre y había muchas máscaras de la purga, máscara de monstruos desí de personas locas, y casi todas estas estaban a la venta precisamente en el área de juguetería. Además, las cámaras que teníamos en ese momento no tenían tan buena resolución, así que era difícil de ver con esa actitud de qué máscara se trataba. Pero antes de que yo pudiera ponerle un poco más de atención, Samuel se movió, caminó y se desapareció por uno de los extremos de la Cámara. Esto se me hizo extraño, pero esperé de la mejor forma que no pasara más por así decirlo, ya que sentía miedo en ese momento o por lo menos un n en rn la comodidad. Pero para mi sorpresa o más bien para mi mala suerte, Samuel Laura se encontraba con la misma sonrisa mirándome fijamente a través de otra Cámara. Esta vez se encontraba en el área de caballeros. Ahí estuvo mirándome aproximadamente unos dos minutos para de nuevo seguir caminando y perderse en el otro extremo de la Cámara. Lo vi de nueva cuenta. Pero ahora en el área de librería a través de la Cámara, que teníamos otra vez camino hasta ahí y con la misma sonrisa y con la misma mueca en su cara. Observó fijamente la Cámara estaba más que seguro que esa mirada era para mí y fue en este momento que entendí justamente lo que estaba sucediendo. Él nos estaba moviendo de manera aleatoria por toda la tienda departamental, observando las cámaras, sino que se estaba dirigiendo hacia un sitio, un sitio en concreto. Ese sitio era más que claro que era el cuarto de monitoreo, que era donde yo me encontraba Y esto tomó más fuerza cuando lo vi acercándose por la última Cámara, que se encontraba en un pasillo de acceso al personal. En ese momento yo tomé mi silla, la giré y puse mi mirada y toda mi atención en la puerta. Sabía que por ahí tenía que aparecer algo de lo que me siento muy afortunado en ese momento es que había puesto el seguro de la puerta. Sabía que no iba a poder entrar. Escuché cómo giraron la perilla intentando entrar, pero no era como si lo forcejearan para nada. Eso no sucedió. Simplemente como que la giraron para intentar entrar, pero al ver que estaba asegurada, desertaron por completo de eso acto seguido. Lo que escuché fueron golpes, golpes té nuez, golpes como si de alguien que no quisiera hacer mucho ruido, pero a la vez quisieran captar la atención. Estos golpes eran más que obvios. El que estaba afuera quería que le abrieran la puerta. Yo desistí de esto y lo único que se me ocurrió en ese instante era llamar por radio. Obviamente, al llamar por radio, aunque estuviera en una puerta en medio, se iba a escuchar mi voz. Desde el otro lado, yo quería saber qué era lo que quería Samuel, porque venía con esa pinta. Es más si no llevábamos, pero tampoco muy pesado quería saber cuáles eran sus intenciones. Si quería asustarme, no quería que se pasara de listo. Tampoco Samuel me contesta, pero no escucho mi voz ni su voz proveniendo desde atrás de la puerta y por el tono de mi voz que le pregunto, Samuel tienes algún problema. El todo desconcertado, me responde claro que no, porque pasa algo Dime. Yo no escuché su voz y eso se me hizo extraño acto seguido. Le pregunté súbitamente oye, Dime dónde te encuentras en qué área estás. Él me respondió yo estoy en el estacionamiento. Quería un poco de aire, porque ocurre algo en ese momento yo no sabía cómo recio, pero me sinceré totalmente con él. Yo le dije que alguien había entrado y que se encontraba en el pasillo cercano a los baños. Él me dijo que no me moviera y que iba a ir inmediatamente y así, junto los dos lo podíamos encarar. Pero yo sabía que esto no iba a funcionar de alguna manera. Pero al saber que Samuel venía hacia acá de cierta manera me hizo sentir un poco más de seguridad. Pegué mi oreja hacia la puerta y tan pronto escuché las pisadas de Samuel acercándose abrí la puerta. Súbitamente nos encontramos en el pasillo, pero no había rastro de nada. Volteamos hacia todos lados, pero nada. Durante los siguientes minutos, algunos cuarenta cincuenta minutos, nos la pré pasamos buscando alrededor de toda la tienda departamental, pero no encontramos rastros. Todas las puertas estaban selladas, No había pisadas. Los dos concluimos en que la persona que había entrado así como había entrado, también se había ido. Yo no le quise mover más al tema y decidí que lo mejor sería volver cada uno a su puesto. Al llegar al área de monitoreo algo dentro de mí, me decía que ese monitor había originado todo. Sé que suena algo extraño. Sé que suena algo que tal vez alguna persona, no bien de sus facultades, pensaría, pero les pido que me crean. Al desconectar aquel monitor, la noche cambió su bita. Sentía mucha paz, me sentía seguro. Yo continué trabajando ahí por algunos cuatro meses más hasta que me cambiaron de turno. No volví a ver a aquella presencia? Estoy más que seguro que esa presencia no era Samuel, no era algo de este mundo. Por suerte, ya no la pude ver, pero también tengo que decir que jamás volví a encender aquel monitor. Saludos a toda la Comunidad desde Hidalgo. Esa fue mi historia. Espero les haya gustado. Esta siguiente historia viene de parte de Pedro Rodríguez. Pedro, durante el año pasado, o más bien el dos mil veintiuno. A finales del dos mil veintiuno tuvo un trabajo como velador guarda de seguridad. Él dice que, si bien duró en ese trabajo algunos meses, le pasaron muchas cosas, sobre todo en el turno de noche, que son interesantes, cuanto menos de contar. Una de esas experiencias viene de cuando lo mandaron a vigilar una plaza comercial. Esto fue cuando relativamente era nuevo en la empresa. Como sabrán los que tienen experiencia en esos trabajos de seguridad, cuando van entrando, a veces no te dan un punto fijo, el cual cuidar, sobre todo si hay vacaciones o las empresas de seguridad no cuentan con los suficientes guardias para tener s en cada sitio. Bueno, Pedro llegó en este momento por lo que lo tenían de cobredescansos, era decir, lo mandamos en un lugar luego a otro, luego a otro consecutivamente en días distintos. Podría variar tanto de día como de noche. Y precisamente en su primer día que le tocaba cuidar esa plaza comercial le pasó esta experiencia. Esta plaza comercial es muy grande. Es en Guadalajara. Pedro dice que tendrá tres pisos, pero pisos grandes de puras tiendas, jugueterías ropa tecnología y obviamente, él no era el único que se quedaba cuidando esta plaza comercial durante la noche. Él dice que, si bien hace cálculos, serían algunos cinco o seis guardias, uno o dos que se quedaban en el estacionamiento, uno en planta baja o a veces dos o o otro en el segundo piso y otro en monitores y de vez en cuando uno en el área de recepción. Era donde llegaban las mercancías. En esta plaza. No era muy común tener un guardia en el tercer piso, pero habían puesto a Pedro a ella que tenía que completar su semana y él dice que no había otro lugar donde mandarlo, así que lo mandaban a la plaza. Obviamente, el único piso el cual no tenía guardia era el tercero, por lo que se le encomendó a Pedro estar ahí en el tercer piso, Pedro dice que aquella madrugada todo estuvo bien hasta partir de las dos de la mañana. Después de cenar se subió y prácticamente iba a estar solo ahí hasta las siete de la mañana, Aunque no pasó mucho tiempo hasta que Pedro recibió una llamada por radio perteneciente a uno de sus compañeros que trabajaba en los monitores, es decir, en las cámaras de seguridad de la plaza comercial. En aquella ocasión le llamó por un canal privado al radio le dijo a Pedro lo siguiente. Estoy viendo que hay movimiento en la juguetería, tal de tal nombre. Me voy a ahorrar decirlos el nombre de la juguetería. Podrías decir Pedro y preguntarle si tienen permiso. Cuando su compañero le dice veo que hay movimiento. Es una palabra, por así decirlo clave en las plazas comerciales y en algunos otros lugares donde hay varios negocios. A veces algunos locales, algunas tiendas, sacan permiso a la plaza y a la seguridad de la plaza para quedarse cierto tiempo después de la noche, a veces unas dos tres horas o incluso una noche completa se podría dar el caso, aunque muy aislado. Esto ocurría más comúnmente en los últimos días del año, o sea, en noviembre diciembre, que llegaba mucha mercancía a ver. Tenían mucha mercancía, por ende, por ende, tenían que quedarse hasta horas altas de la noche y de la madrugada para sacar el negocio adelante. Esto pasó en unos meses que no era normal. Entonces era extraño. Apartando el hecho de esto había algo más que para estos vigilantes se les hacía muy raro. Su compañero le dijo a Pedro que veía movimiento en esa juguetería, porque veía una persona, una persona que estaba caminando de un lado hacia el otro en el lob y de la juguetería y dentro de la juguetería se metía. Pero lo extraño es que esta persona se movía en completa oscuridad, es decir, no prendía las luces, no llevaba lámpara y ni siquiera hacía ruido. Pedro ya se encontraba en el tercer piso y no veía ni una luz en la juguetería. Ok y esto ya es extraño. Pedro va abre la reja, que la reja, por defecto, tiene un candado, que las llaves las tienen los guardias. Solamente puede entrar al obi, no puede entrar más allá a la juguetería. Esa ya son otras llaves y son de la misma juguetería. Obviamente, Pedro entra con la ayuda de su lámpara está todo oscuro y no ve a nadie. Entra, camina de un lado hacia otro, entra a los baños, no hay ninguna persona en ese momento. Llama a su compañero por radio y le dice oye ya estoy aquí, estoy en la juguetería, pero no hay nadie. Se fue hacia algún lugar. Dime no viste nada por las cámaras. Hay un momento de silencio. Su compañero tarda en contestar y, como algo crédulo, le pregunta Pedro está seguro de que no viste a nadie. Mira bien, no hay nadie. Pedro mira hacia la cámara, que era de donde lo estaba viendo su compañero y dice no vi a nadie, no hay nadie en aquí. Le hace una seña, no hay nadie. Camina de un lado al otro, se mete otra vez a los baños, pero no hay nadie y las rejas no están abiertas y las de la juguetería su compañero de nuevo lo llama Mira Pedro. Quiero que vengas es que hay algo que quiero decirte. Pedro sale de la juguetería baja la reja, le pone el candado y va con su compañero. Los monitores también se encontraban en el tercer piso en cuestión de minutos se encuentran y una vez que se encuentran, su compañero le vuelve a preguntar. Está seguro de que no viste a nadie. Pedro le dice no, no vi a nadie, no hay nadie ahí. Le pide que lo acompañe a las cámaras de seguridad y le dice no quiero espantarte, pero creo que tienes que ver algo que yo vi regresa a la grabación y pone precisamente a Pedro cuando está entrando a la juguetería Pedro entra y mira las siluetas de una persona. Es decir, en la Cámara aparecía la silueta de una persona y podríamos decir que era solamente la silueta, porque esta persona, este hombre, se podía ver alcanzar la complexión del cuerpo. Era un hombre se mantenía como en las sombras, al menos en un principio. Por ende, todo se veía oscuro. No podían ver la cara, no podían ver ni siquiera de qué color era su ropa. Nada, no había nada que se pudiera percibir a esa distancia. Creo que muchos pensarán, obviamente, si se van con la lógica, que esto se trata tal vez de una mancha de la Cámara. A lo mejor puede ser un error, una mancha, una sombra, de algún juguete, de alguna ropa que está simulando las siluetas de una persona. Puede ser la ocasión muchas veces nos hemos confundido con siluetas de personas sentadas en una silla y luego Passi, resulta que era ropa Passi, resulta que es un objeto inanimado. Pero para la mala suerte de estos dos vigilantes, esto no era así, porque bastó unos pocos minutos y Pedro estando todavía en el lobb todavía con la cámara de vigilancia, enfocándolo, enfocando todo ese ovi se ve como Pedro camina por encima de esta sombra, la traspasa, incluso como si este estuviera hecho de humo, como si fuera transparente, como se traspasara Aire reforzaba la teoría de que tal vez era una mancha de la Cámara. Pero cuando Pedro le hacía señas a su compañero, esta sombra se movió, se movió por atrás de él y se metió nuevamente en la juguetería. En fin, pasa de nuevo lo que tiene que pasar. Le llama su compañero Pedro Sale y los dos se quedan con la boca totalmente abierta. No hay una explicación para esto, pero Pedro le dijo esto a sus otros compañeros, a su jefe de turno y, por obvias razones, por las siguientes noches que se le pidió que tenía que ir a vigilar. Ahí estuvo en el segundo piso en compañía de otro. Los otros vigilantes dicen que si se escuchaban pisadas, se escuchan luego voces durante la noche. Es muy susceptible a eso, pero que jamás les había tocado ver algo así. Dicen que tal vez el detonante es que haya una persona en el tercer piso, porque mientras no haya nadie en el tercer piso a partir de las horas de la madrugada, tal parece que aquella cosa no se materializa una historia de Pedro. Simplemente hasta el día de hoy no le haya explicación