MEJORES RELATOS DE MILITARES DEL 2023 / MARATON DE HORROR / L.C.E.

Una recopilacion de los mejores relatos de militares de todo el 2023.
Una recopilacion de los mejores relatos de militares de todo el 2023.
Esta primera historia viene de parte de Mario Carvajal. Mario, hasta el dÃa de hoy, es un militar experimentado que en una cierta ocasión, por mandos superiores, se le envió a él y a su pelotón a una búsqueda, una búsqueda nocturna y diurna, en las sierras de Chihuahua y lo que se encontraron ahÃ. Simplemente ellos dicen que no estaban preparados para esto. Unos extraños hombrecillos hicieron vivir una noche de absoluto terror a estos militares en medio en lo profundo de una de las sierras, y su historia comienza de la siguiente manera. Recuerdo que en aquella ocasión se nos habÃa dado la orden de ir a las sierras de Chihuahua, todo debido a que habÃan surgido rumores de que ciertos delincuentes miembros del crimen organizado se encontraban por esta esta facción de delincuentes acostumbra a ir a acampar a las sierras más que nada, porque pueden moverse por ahà con absoluta libertad y les sirve también para almacenar más cosas, más sustancias ilÃcitas. En aquel tiempo, mi escuadrón era conformado por cerca de seis soldados. De esos seis soldados, dos de los nuestros hacÃan guardias durante la noche y en una ocasión, obviamente me tocó a mÃ. Llevamos a la fecha cerca de dos semanas en aquellas sierras explorando la, pero por suerte, no habÃamos visto nada, o más bien nada de lo que estábamos buscando. Para ser sinceros, yo me sentà alegre de esto más que nada, porque entre todo el terreno boscoso también con las empinadas que están las sierras, la verdad es que no es un territorio de lo más fácil para tener un enfrentamiento, sobre todo si no conoces el terreno. En cierta ocasión, cuando estábamos haciendo vigilancia, tenÃamos que también hacer un sondeo. Un sondeo es hacer simplemente un recorrido alrededor del campamento que tenÃamos esto más que nada para no tener sorpresas por la noche. Cuando estábamos realizando este sondeo, mi compañero y yo estábamos hablando, platicando, caminando. Las noches habÃan sido tan tranquilas que la verdad no esperábamos encontrarnos con algo nuevo. Aquella noche, las necesidades hicieron lo suyo. A mi compañero le dieron ganas de ir al baño. Por lo tanto, se alejó un poco de mÃ. Yo me encontraba parado observando un claro de la sierra. Cuando de pronto mi compañero me habló, pero no me habló de una manera normal. Me estaba como que susurrando. Me decÃa con una voz muy leve. Me llamaba una y otra vez que fuera hacia dónde estaba él. Al momento de percatarme de esto, yo volteé y lo observé Ahà estaba él en la negrura del bosque. Yo le pregunté qué era lo que pasaba y él me dijo que fuera con él también a la par de hacerme con su mano. Yo iba caminando, naturalmente, hacia él, pero cuando lo estaba haciendo me dijo hey prate tantito. Hazlo de manera más lenta, porque si se da cuenta de que estamos aquÃ, se nos va a ir. En ese momento supe que mi compañero habÃa encontrado algo. Yo estaba preparando el arma, pero me dijo que no era necesario. Lo que mi compañero me querÃa mostrar en aquel momento me lo señaló con el dedo y, para mi sorpresa, no era nada de lo que pensaba. Se trataba de un hombre, bueno, la verdad. La palabra hombre le queda bastante grande, ya que más bien era un hombrecillo, un hombre que yo digo aproximadamente tendrÃa no más de cuarenta centÃmetros de altura. Se podÃa decir que era un hombrecillo, pero también la par muy viejo, estaba oscuros y pero podÃamos ver las arrugas que tenÃa alrededor de su rostro. De este colgaba una barba, una barba blanca y muy canosa. Este hombre tenÃa un aspecto muy curioso con su piel. Su piel no era del color como la de nosotros, sino que era un poco más grisácea, como también como marrón. Era una piel que incluso creo que se podrÃa camuflar entre las piedras, entre la arena de la sierra. Nosotros nos quedamos observando este hombrecillo cerca aproximadamente de algunos treinta minutos hasta que, inevitablemente, este se percató de nuestra presencia. De inmediato se fue corrió, empezó a correr, Empezamos a escuchar sus pisadas, pero, para nuestra sorpresa, este hombre no se encontraba. Solo escuchamos muchas pisadas, se movieron varios arbustos y me atrevo a decir que, de seguro, el hombrecillo que habÃamos visto él para nada se habÃa percatados de nuestra presencia, sino que le dijeron otros. Obviamente, este no estaba. Solo. Lo vimos por la maleza, por los árboles que se movieron a la parte. También oÃr varias pisadas que salieron corriendo tal parecÃa ser que nos tenÃan rodeados y nosotros ni al caso no los hayamos. Dado cuenta de esto, empezamos a correr hacia estos extraños seres. QuerÃamos alcanzar uno en aquel momento no tenÃamos miedo, pero para nuestra sorpresa y a la par de ir tal vez persiguiéndolos por alrededor de unos dos minutos, nos encontramos con que empezamos a escuchar los sonidos de alguien más. No eran los sonidos de este hombrecillo, porque también tengo que decir que este se comunicaba en un extraño dialecto por el escaso tiempo que lo vimos. Vimos que estaba hablando. Lo escuchamos, pero en un extraño dialecto y con una voz muy pero muy agrietada, como si se encontrara enfermo. Pero aquello que escuchamos no era para nada la voz de este hombrecillo. Era la voz de un niño, un niño que, si bien no estaba pidiendo ayuda, si se estaba quejando, dando un tipo de alarido de dolor. Nosotros fuimos siguiendo y siguiendo este ruido hasta que inevitablemente dimos con él era un niño de aproximadamente unos siete u ocho años. No estoy seguro de decir verdad. Se encontraba recostado sobre las hojas, sobre la arena, sobre las piedras. Su ropa estaba desgarrada, habÃa rasguños y golpes en su piel como si lo hubieran estado torturando. Obviamente, tomamos al niño y bajamos de la sierra. Fuimos al pueblo más cercano, un pueblito que se encontraba hace aproximadamente unos diez minutos a la mañana siguiente pudimos entregarlo con sus padres. Para esto, tanto sus padres como el pueblo ya creÃan que el niño no iba a volver, ya que sucede que los niños desaparecen cada vez en cuando. En aquella sierra, ellos pensaban que era obra del crimen organizado, que esa era su manera para reclutar nuevos, por asà decir, los soldados a la mala. Pero era todo lo contrario y nos quedó más que claro aquella noche, a ese niño se lo habÃan llevado los duendes. Le sucedió un militar que se encontraba en medio de una misión. Este acontecimiento le pasa en unos años muy oscuros para toda la población mexicana. En el año dos mil diez. En esa época, creo que muchos sabrán que, por cierta organización criminal, más concretamente en el norte del paÃs, lo que viene siendo Tamaulipas nuevo león. HabÃa mucho peligro, HabÃa tiroteos. HabÃa encuentros a encuentros armados entre esta organización y otras organizaciones, también a la parque con marina y ejército mexicano mi mi mi. Este militante llegó a una operación donde tenÃan que tomar una casa en donde se guardaban ciertos cargamentos. Esta casa se encontraba lejana a las localidades. Era una casa que se encontraba a los pies de una sierra muy sutilmente, muy bien escondida, según nos platica el militar extrañamente, cuando llegaron ahÃ, no encontraron simplemente cargamento, no encontraron solamente miembros de esta organización, sino que también encontraron unas ciertas vÃctimas. Unas vÃctimas qué tal parece en este relato. No podÃan descansar en paz y se manifestaron de la manera más aterradora aquella noche. Su historia comienza de las siguiente manera. Mi nombre es Rosaura Ãngeles. La experiencia que les quiero contar proviene de mi padre. Mi padre fue militar. Fue militar en esos años en los que hubo mucho peligro tanto para la ciudadanÃa como también para los cuerpos policÃacos, para el cuerpo militar y, en un todo, para cualquier persona que viviera en el Norte. Esto le sucedió en Tamaulipas. Mi padre estuvo en muchos enfrentamientos. Vio acción más de la que él querÃa. Hubo unos dÃas en los que prácticamente no dormÃa. Lo mandaban de un lugar a otro, en retenes, en encuentros armados. Particularmente antes de que le pasara esta experiencia, él habÃa tenido una semana muy dura. No habÃa descansado aproximadamente en cuatro dÃas. Esto, obviamente, algunos oficiales ya lo sabÃan. Los cabos con los que iba le habÃan dado la orden a él y a otro grupo de soldados de ir a Tamaulipas y acordonar, como quien dice, algunos sitios para cuando él llegó. Ya todo habÃa pasado. El ejército habÃa tomado una casa, una casa que estaba ocupada por esta organización criminal. Dentro de esta casa se encontraron diferentes cosas, tales como armas, estupefacientes, mercancÃa, una cierta parte de lo que exportaban vehÃculos personas. Todas estas fueron arrestadas, al menos las que se rindieron. Mi padre llegó y cuando cayó la noche, se le dio la orden a él y a otros militares de ir a descansar. Se le notaban el aspecto. Además, como ya dije anteriormente, algunos oficiales ya sabÃan que no habÃan descansado. No es como si iban a descansar sobre las camas o sobre un cuarto. En concreto, se les dio la orden de descansar en la sala de la casa. Era un descanso breve de algunas cuatro a cuatro horas y media máximo. Ãl recuerda que eran cuatro soldados los que iban a dormir en ese momento. Obviamente, habÃa muchos más soldados custodiando la casa alrededor de los lugares, haciendo perÃmetros. Por ende, estaban más que despreocupados. Mi padre se sentó, se recostó después y durmió profundamente. Tal vez habrán pasado una hora o tal vez dos, cuando mi padre lo despierta algo y esa a algo que está tocando la ventana, la está golpeando pequeños toques. Una y otra y otra vez mi padre se despierta y lo primero que ve es el reflejo de una sombra. La luz de la luna estaba entrando por una ventana que daba al patio trasero de la casa y por esta misma luz se podÃa dibujar una sombra, una sombra que en un principio él pensó que se trataba de un compañero, se trataba de un soldado. Pero claro era algo curioso. Esta sombra no tenÃa el aspecto de un soldado. Esta sombra tenÃa el aspecto de otra cosa muy diferente. Se podÃa ver que tenÃa el pelo largo, se podÃa ver que su complexión era era muy pero muy pequeña, Sus hombros eran muy estrechos y su altura prácticamente no superarÃa el metro con veinte. A mi padre esto le pareció muy extraño, por lo que se dio la media vuelta. Al poner la mirada fijamente en aquella ventana, se dio cuenta que lo que lo estaba mirando era una niña, una niña con su pelo largo, una niña que le calcula lo mejor unos seis a ocho años estaba mirándolo por fuera de la ventana. Esta niña se encontraba llorando, llorando de una manera muy mórbida, muy aterradora, porque les explicarÃa continuación cómo era que estaba llorando. Sus ojos eran completamente negros y de ellos mi padre explica que lo lo que escurrÃa no eran lágrimas, Era como una especie de brea, una brea oscura que escurrÃa por las mejillas, por su boca, muy extraña, muy repugnante. Era como si estuviera viendo llorar a un cadáver o, a un cuerpo en descomposición. Mi padre se levantó, le dio un leve golpe al soldado que estaba a un lado. Ãl se levantó e inmediatamente vio a la niña. Ambos se levantaron, caminaron, pero antes de salir esta niña se alejó de la ventana, perdiéndose por completo entre el patio. Mi padre y su compañero salieron, pero no lograron ver nada. La niña ve desaparecido. Ambos se quedaron mirando, miraron todo el panorama. Era muy difÃcil que una niña anduviera por ahÃ. HabÃa militares en todos lados. A pesar de que era pequeña, no podrÃa escabullirse por en medio de estos soldados. Mi padre y su compañero decidieron volver a dormir. El sueño le duró nuevamente poco, pues mi padre fue despertado, despertado nuevamente por un llanto, era el llanto de una niña. Mi padre volteó, pero esta vez no vio a la niña en la ventana. Esta vez solamente escuchaba y escuchaba el llanto que provenÃa de atrás, precisamente del patio trasero, donde esta extraña niña se habÃa perdido. Ãl no le quiso dar vueltas al asunto. Mi padre ya sentar. Ãl dice que tenÃa un presentimiento de que esto no era una niña viva. Esto era un fenómeno paranormal para él. Cuando se les acabó el descanso, todavÃa a horas de la madrugada, se levantaron, recogieron sus armas, se les puso nuevamente a registrar la casa. Estaban registrando las paredes. Cuando en eso de pronto llaman a mi padre le dicen que requieren ayuda. Precisamente en el patio trasero, él baja y a la parte que estaba con los demás militares empezó a surgir una plática, una plática extraña, pero que se le hizo muy familiar. Diversos militares estaban diciendo que ellos habÃan escuchado o habÃan visto aún él niña merodeando el patio trasero, mi padre, obviamente también se sumó esta y para no hacer más largo el relato, prácticamente eran cinco a seis militares, siete los que decÃan haber visto a la niña o haberle escuchado. A estos militares se les dio la orden de empezar a escarbar. HabÃa un extraño bulto en la tierra. Los oficiales que estaban al mando querÃan asegurarse de que no hubieran escondido más material, más cargamento abajo en el suelo, que lo hubieran enterrado. No serÃa la primera vez que descubren esto. De hecho, es una práctica que al menos esta organización hacÃa mi padre a la par de otros comienzan a escarbar Y es aquà donde viene un detalle o un descubrimiento que lo aterrorizó todavÃa aún más, Y es que encontraron bolsas, bolsas de basura muy grandes apiladas una sobre otra Y lo que venÃa dentro era lo que más llamaba la atención, porque no eran cosas que ellos en particular, estaban buscando. No habÃa estupefacientes, no habÃa paquetes. En lugar de eso, lo que encontraron adentro de las bolsas eran huesos, huesos de humano de diferente tamaño, de diferentes personas. Eran en concreto cerca de cinco bolsas en cada una de ellas habÃa diferentes partes por el estado en que los encontraron. Se podÃa deducir que la organización c n N, la que estaba al mando de esta casa, habÃa estado hace muchos años, porque prácticamente lo que enterraron en aquella parte venÃa con piel, venÃa con órganos, y eso ahora ya no existÃa. Las bolsas obviamente, se habÃan caÃdo a pedazos en su mayorÃa. El oficial habÃa dado la orden simplemente de sacar todos los huesos y mi padre fue el encargado de esto. Bueno, él, junto con otro militar, lo sacaron y le dieron la mejor sepultura que pudieron en lo que tenÃa a sus condiciones. Rezaron rápidamente y enterraron los restos antes de que se fuera mi padre al dÃa siguiente, porque todavÃa pasó una noche más allà y esta vez en el puesto de vigÃa estaba vigilando durante la madrugada. Pasó por el patio trasero muchas veces, pero la niña jamás hizo aparición De nuevo. Mi padre está más que seguro que entre esos restos iban los de la niña, los cuales ahora, si bien no están en un cementerio, al menos ya no están dentro de esa casa donde, seguro, esta niña no querÃa estar más, al menos por ahora su cuerpo descansa o los restos fuera de aquel sitio donde ella perdió la vida y si se preguntan por qué no se llevaron los restos o trataron de investigar sobre los familiares de los restos, por si tenÃan familias, por si alguien los estaba buscando. Es el año dos mil diez esto se encontraba y por el estado en que lo hacÃan, era prácticamente imposible lograr saber solamente con los huesos de quién se trata. Simplemente son personas que nadie va a poder identificar. Gracias por escuchar mi historia. Mi padre envÃa saludos también a toda la Comunidad y espera que su experiencia les haya gustado. La siguiente historia viene de parte de Mario Huerta. Mario, a diferencia de nuestro compañero anterior, él ya es un militar veterano, ya no se encuentra trabajando como militar. Pasaron muchos años para esto tanto, asà que me explique con mucha pena que algunos de los lugares de esas historias, si bien recuerda lo que sucedió, no recuerda muy bien el nombre de las localidades ya es alguien muy pero muy digamos de avanzada edad, y pues con la edad arrastra ciertos problemas, más que nada en la memoria. Pero a pesar de esto, estas anécdotas la recuerda muy bien, más que nada, porque lo dejaron perturbado de primer instante. Esta historia se desarrolla en unas vÃas, unas vÃas alejadas de cualquier localidad. Ãl se encontraba, como todas las noches, al menos en ese tiempo, en su puesto de vigilancia, junto con su escuadrón. Pero a pesar de que eran todos militares y estaban armados, algo siniestro, algo fuera de este mundo, algo enteramente podrÃamos decir demonÃaco se aproximó hacia ellos aquella noche y Mario lo pudo ver frente a frente, a cuestión de unos metros de distancia. Su historia comienza de la siguiente manera. Esta historia me pasó cerca de la década de los noventa, en mis últimos años del ejército. En aquel tiempo nos habÃan mandado a Chiapas más que nada. Nos mandaron ahà porque necesitaban más seguridad en estos Estados. Estábamos por ahà y recuerdo muy bien que nos mandaron a un camino de terracerÃa lleno casi de ambos lados por Selva y en este camino hacÃa una intersección unas vÃas del tren. Estas vÃas ya no eran usadas o más que nada. Eso era lo que nos habÃan dicho. Estas vÃas ya eran demasiado viejas, estaban deterioradas estaban gastadas por esas vÃas. Por esa parte, no habÃa pasado un tren por más de una década, pero, por otro lado, era un camino que se usaba mucho para todos estos, podrÃamos decirlo, las vÃctimas del crimen organizado, que luego privan a ciertas personas de su libertad. Y este camino lo usaban mucho para pasar a estas personas. Por eso, cada coche que pasaba le hacÃamos el chequeo de rutina. Para nuestra sorpresa. No es que muchos coches pasaban por ahÃ. Era un lugar totalmente alejado de todo. Ãramos las únicas personas que estaban ahà a kilómetros y kilómetros de distancia al caer la noche. Esto era un problema, ya que muchos de nosotros empezaban a tener sueño. Pero hubo una noche en particular que esto no pasó paso y resulta que nos encontrábamos en nuestro puesto de vigÃa y en ese momento yo recuerdo que me encontraba parado en una de las vÃas del tren, también con un compañero mÃo. Estábamos platicando y fumando cuando de pronto empezamos a sentir vibraciones. Eran vibraciones extrañas como las de una locomotora, no eran como esta, pero eran suficientemente pesadas para hacer vibrar todas las vÃas, tanto las de un extremo como del otro. SentÃamos las pesadas vibraciones tanto asà que creÃamos que un tren de seguro se habÃa desviado. Pero al prestar mayor atención, nos dimos cuenta que, si bien eran vibraciones pesadas, no eran las de un tren. Estas vibraciones eran como pasos, un paso seguido del otro, como si algo muy grande y muy pesado estuviera caminando por las vÃas y con cada paso que daba retumbaban más. Yo y mi compañero nos dispusimos a ir hacia allá. QuerÃamos investigar. Después de todo, tampoco es que te tuvieran permitido que un tren pasara por ahà y hasta ese momento, tanto él como yo querÃamos creer que se trataba de un tren, pero todo lo contrario. Aquella noche no estábamos preparados para ver qué que era en verdad lo que venÃa por esas vÃas. Seguimos caminando como unos veinticinco minutos hasta que notamos por fin que el ruido que aquella vibración se habÃa calmado por completo, ya no habÃa más vibración, ya no se sentÃa nada. Fue en aquel momento que decidimos tal vez regresar a nuestro puesto, pero las circunstancias no nos lo permitieron. A un lado de la carretera, entre todo el bosque, entre todos los árboles y los arbustos, habÃa algo yo lo vi algo que resplandecÃa con sus ojos completamente rojos, observándonos desde la oscuridad. Yo le toqué el hombro a mi compara para que volteara, y tan pronto él volteó. Esta cosa se manifestó enfrente de nosotros. Fue saliendo poco a poco de aquel bosque. Se trataba de un coyote. Yo recuerdo muy bien a los coyotes yo crecà en rancho y los espantaba. Sé muy bien su fisionomÃa, su cara, sus músculos, su cuerpo, su cola, todo, Sé muy bien como lucen y aquella cosa era un coyote. De eso nadie me puede mentir. Pero aquà viene lo extraño, y es que ese coyote era anormalmente grande. Yo dirÃa que estaba más grande, que un lobo era un coyote enorme y también su pelaje. Su pelaje para nada entraba en las caracterÃsticas de un coyote, porque ellos tienen un pelaje a veces marrón. Ese es café, un café más claro, un café más oscuro, y ese animal tenÃa un pelaje totalmente oscuro. Se podÃa confundir, se podÃa camuflar entre las sombras, pero en aquella ocasión se manifestó enfrente de nosotros. VenÃa caminando hacia nosotros, pero con total seguridad nos estaba mirando sus ojos. Vuelvo a decir estaban completamente rojos, más que nada por impulso. Ambos, tanto mi compañero y yo, tomamos las armas y quisimos apuntar hacia esa cosa y quisimos detonarlas. Pero esto no funcionó. Y como les explico que no funcionó. Esto pues básicamente No es como si hubiéramos disparado y a este animal no le hubieran hecho nada. No jamás detonamos las armas porque cada vez que lo intentaba, algo nos frenaba. Es decir, yo tenÃa el dedo en el gatillo y jamás pude detonarlo. Es como si una fuerza invisible me impidiera bajar el dedo más allá. Al igual que mi compañero, ambos sentimos lo mismo. No pudimos detonar las armas o más bien algo no nos lo permitió. El coyote simplemente pasó enfrente de nosotros y siguió caminando a un lado de la vÃa y se perdió por completo en la oscuridad. Nosotros quedamos petrificados durante un buen tiempo, no sabemos cuánto, pero tan pronto caÃmos en sÃ. Llamamos por radio hacia nuestros compañeros. Les dijimos que habÃa un animal enorme que iba hacia su posición más que nada para que estuvieran listos. Ellos se armaron, se alistaron, estuvieron esperando aquel animal que nosotros habÃamos dicho, pero aquel animal nunca llegó. Nosotros llegamos y les preguntamos que si lo habÃan visto que se habÃa venido para acá, ninguno de ellos nos dio respuesta. Nosotros no podÃamos creerlo era un coyote gigante. Cómo es que no lo habÃan podido ver, pero ninguno de ellos nos dio respuesta. Si bien un coyote no se presentó aquella noche, Ellos dicen que si vieron a alguien más, y es que un coyote no fue caminando por las vÃas, como según nosotros explicamos, lo que vieron ellos caminando a un lado de las vÃas fue a un anciano, un anciano, un viejito que incluso necesitaba un bastón para sostenerse. Ãl se presentó, dijo buenas noches lo inspeccionaron rápido, ya que nada más tarÃa un morral y siguió caminando a un paso muy pero muy lento, a un lado de la carretera. Hasta el dÃa de hoy no sabemos qué pasó aquella noche. Esta historia, por ejemplo, viene de un militar el cual fue enviado a estos lugares inhóspitos. Este militar cuenta que en aquel momento se encontraba de lo más normal haciendo un retén cotidiano. Los retenes se ponen en diferentes Estados, en diferentes carreteras, con el fin de estar cuidando los accesos a diferentes ciudades, ya sea para que no trafiquen armas o estupefacientes, aunque también esto se puede hacer por obra del crimen organizado. Este militar cuenta que en aquella ocasión no se esperaba para nada con lo que se encontrarÃa al detener a este camionero. Este camionero, al menos a sus ojos, no viajaba, solo estaba siendo acompañado por algo que está fuera de este mundo. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Francisco Méndez. Mi experiencia, aunque algo corta, pero de las más impactantes que he tenido, se remonta tan solo tres años atrás. Yo soy militar y a lo largo de esta vida yendo de Estado en Estado, participando en diferentes operativos, jamás me habÃa ocurrido algo tan impactante como aquella noche, y eso que no lo vi yo solamente lo vivà mis compañeros. Por otro lado, ellos sà fueron testigos de la presencia de un ente paranormal, pero no me quiero adelantar. Sucede que nos encontramos en un retén. HabÃa un operativo a lo largo de este Estado era uno de los Estados fronterizos de México. Como sabrán, en la frontera las cosas siempre están muy calientes y los retenes, nuestros retenes, tanto de la marina como del ejército, son bastante buses. Aquella noche, todo habÃa estado de lo más normal. HabÃamos detenido algunos camiones, algunas motocicletas, algunos autos familias. No habÃa pasado nada normal. Hasta ese momento no habÃa visto señales del crimen organizado, por lo que al pasar las horas y hacerse cada vez más de noche, empezó a pegarnos el sueño. HabÃamos tenido unas horas muy cortas para dormir y para este momento, la mitad de nuestros elementos se encontraban dormidos. Iban a tomar una siesta, por asà decirlo, de algunas dos o tres horas. Después nos tocaba a nosotros y fue en este preciso momento en que vimos que ahà a la distancia venÃa un camión, un camión que traÃa una caja, pero esta caja venÃa vacÃa. No era una caja normal como la de muchos camiones. Esta era una caja como que perdido. PertenecÃa a uno de esos transportes que llevan ganaderÃa. Esta caja venÃa con hoyos, ventilación y, además, por el olor. Se podÃa notar que en ella transportaban animales, cerdos vacas, en fin, todos los animales a los que llevan a las granjas industriales. Como era de rutina. Tuvimos que detenerlo. Le hicimos unas preguntas que eran valga la redundancia de rutina nuestra y mientras yo estaba charlando con él, uno de mis compañeros, como era su trabajo, fue caminando y alusando esta caja del camión. Esto no era nada extraño. Lo hacemos a todos los vehÃculos, autos, camionetas, camiones, autobuses, Uno habla mientras que el otro está vigilando, registra todo el automóvil o al menos le da un rodeo para ver que no venga nada de extraño. Mientras yo me encontraba conversando con este operador, mi amigo pegó un grito. Pegó un grito y inmediatamente me dijo no dejes que se vaya. No dejes que se vaya. Inmediatamente, metro compañero se le asomó y ambos corrieron hacia la caja, hacia la parte de atrás en donde se abrÃa. Obviamente, yo, al verlos tan alterados alcé mi arma, le quité el seguro y empecé a apuntar al operador, pensé que habÃan encontrado algo. Al pasar unos breves segundos y ver al operador que por su mirada me comunicaba que estaba tan confundido como yo, me preguntó qué era lo que pasaba que porque lo habÃan detenido, que se habÃan encontrado algo en la caja. Yo, antes de contestarle, mis compañeros me llamaron, me dijeron que lo bajara, ya que requerÃan que abriera la caja, ya que esta poseÃa un candado. Yo lo expliqué la situación y él, temblando bajo de su tráiler, caminó y se dirigió al candado y mientras lo estaba abriendo, yo le pregunté a mis compañeros qué era lo que habÃan visto. Los dos me contestaron que ahà dentro venÃa una niña, una niña que se encontraba en pésimas condiciones, que posiblemente se encontraba en contra de su voluntad o algo por el estilo. El camionero, al escuchar esto, simplemente empezó a temblar aún más y acto seguido, se sentó en el pavimento. Yo me quedé cuidándolo mientras que los dos de mis compañeros se metieron. Estuvieron ahà por varios minutos, tal vez unos quince o veinte. Registraron toda la caja, todo el piso, las paredes de ésta, pero no encontraron nada. Ellos volvieron y le preguntaron que dónde la habÃa escondido, que sabÃa una puerta secreta o algo. El camionero ya para este momento y cosa que me sorprendió es que se encontraba llorando. No estaba llorando muy fuerte. Simplemente se le caÃan las lágrimas, sus ojos estaban rojos completamente. Le preguntamos qué era lo que sucedÃa, que dónde estaba la niña. Ãl simplemente nos dijo que no existÃa la niña, que no era la primera vez que alguien veÃa algo asà en su camión y sin que mis compañeros le dijeran nada. Ãl se empezó a decir dÃgame jefe, esa niña tenÃa dos coletas y no tenÃa ojos. Cierto, Yo simplemente volteé y vi la cara de asombro de los dos. Ambos contestaron que no podÃan decir que no habÃan visto que tenÃa ojos, ya que la niña se encontraba en la sombra, se encontraba sentada y se encontraba con su vestido y parte de su cara, a la cual la tapaba la sombra. Escurriendo de sangre, el camionero separa de nuevo y nos dice que, efectivamente, esa niña es la que siempre lo acompaña, que años atrás él habÃa tenido un accidente y que más bien no habÃa sido su culpa. Ãl iba en uno de estos trayectos y la niña habÃa salido de la nada en una autopista. Ãl venÃa cargado y, a pesar de que trató de evadirla, trató de frenar, no pudo hacerlo. Este camionero nos explica que después de ese accidente, quiso contactar obviamente a los padres, pero nadie respondió por la niña. Se dio el aviso en el pueblo, pero nadie fue por ella. La niña falleció inevitablemente, el camionero se fue y a pesar de que la policÃa lo habÃa detenido, el camionero nos explica que logró librarse gracias a las cámaras que su misma empresa implanta en los camiones. Esto más que nada para tener claridad a la vez que ocurren los choques de ver quién tiene la culpa y también para en unos casos muy extremos como este, que vean que el conductor simplemente iba por la autopista y que no tuvo manera de evitar esa pérdida. Y a partir de ese momento de ese dÃa, el camionero dice que el espÃritu de esa niña no lo ha dejado tranquilo. Siempre lo ha acompañado. Desde entonces, mis compañeros continuaron buscando esta niña por otros cinco minutos, pero no habÃa nada. Tuvimos que dejar ir al camionero, al cual se veÃa que se encontraba en un estado muy nervioso. Le dijimos que se fuera con cuidado, ya que no querÃamos que chocar o se volcara más adelante. Ãl simplemente se tomó unas pastillas y continuó. Cuando hablé con mis camaradas, ellos me explicaron que habÃan visto a la niña y uno de ellos, efectivamente, aunque no lo querÃa admitir en ese momento, uno de ellos si la habÃa visto bien, esa niña no tenÃa ojos. Las fronteras de los paÃses, aunque sean muy hermanos, continuamente tienen que ser vigiladas, ya sea por el ejército, por una guardia nacional, como lo es en este caso, o por otros organismos públicos. En esta ocasión nos adentraremos a la experiencia de un elemento de la Guardia Nacional que se encontraba en los lÃmites de su paÃs. No estaba él solo, sino que se encontraba con más elementos. Y justamente esto es lo que da más terror todavÃa, porque tal parece ser que algunas extrañas criaturas que habitan en las selvas, que habitan en los bosques y, como en esta ocasión, que habitan en los rÃos, en los lagos, no les importa si la persona que va está armada o está acompañada de igual manera. Ataca y ataca de la mejor manera. A uno de ellos quiere saber qué se encontraron aquella noche. Su relato es el siguiente hola. Mi nombre es MatÃas, y esta experiencia les voy a contar se remonta al año dos mil diecisiete. Yo sirvo en el cuerpo de la Guardia nacional y recuerdo que en aquel año se nos habÃa dado la orden de acudir entre la frontera de México y Guatemala. Como sabrán, por ahà hay mucha selva, muchos rÃos y se nos habÃa encomendado guardar un cierto orden en lo que vendrÃa a ser una caravana de inmigrantes que iba a pasar por México rumbo a los Estados Unidos. Nos encontrábamos concretamente en un rÃo. Por este rÃo, algunos dÃas atrás habÃamos encontrado algunas familias, algunas madres con hijos intentando pasar. Obviamente, esto es muy peligroso. Este rÃo no era tan grande, no era un rÃo tampoco muy volátil, pero tenÃa cierto peligro. Nuestras órdenes eran simples. Si veÃamos que una persona iba pasando por ahÃ, tenÃamos que ayudarla y a la par también enviarla o escoltarla al departamento de migración simplemente para llenar un papeleo un formato. HabÃamos estado desempeñando estas actividades con total normalidad, pero una mañana, una madrugada, por eso de las cuatro de la mañana, todo esto cambiarÃa. Verán por el sur de México se tiene bastante la creencia de las brujas, de los nahuales. Yo soy más o menos del norte, Asà que estos cuentos, estos relatos, estas leyendas, más bien eran nuevas para mÃ, también para otro grupo de soldados, y aquella madrugada Ãbamos a experimentar algo que está hoy. No tiene explicación alguna. Verán eran las cuatro de la mañana. Estábamos parados en ese rÃo. No nos metÃamos más allá de unos cuantos metros, pero nos llamó la atención algo. A veces el rÃo a la par de la Selva, que es bastante común por estas zonas, empieza a haber mucha niebla, una niebla que a veces es muy densa, que es prácticamente imposible ver más allá de unos cuantos metros esa niebla, en particular por la madrugada te dejas ciego. Prácticamente ese era el problema que tenÃamos nosotros en ese momento. Estábamos entre el rÃo, casi no podÃamos ver nada la oscuridad y la niebla, asà ya que nuestras lámparas ni siquiera sirvieran de mucho. Cuando de pronto empezamos a escuchar un movimiento, un movimiento que venÃa del agua, eran como chapozones, como que alguien se habÃa metido, como que alguien estaba nadando. Obviamente, esto nos fue llamando la atención y empezamos a buscar de dónde provenÃa el ruido. Uno de mis compañeros, Sergio, fue el que peor la pasó en aquella ocasión y es que él estaba más cerca que todos y empezó a acercarse aún más de dónde provenÃan estos ruidos. Ãramos acompañados en ese momento con un perro. Era un perro pastor alemán muy bien entrenado para ciertas ocasiones. En ese momento el perro estaba gruñendo, gruñendo de una forma muy pero muy extraña. A ver, el perro nos avisaba cada vez que habÃa alguien, obviamente sÃ, pero nos ladraba nos gruña de cierta forma, pero en aquella ocasión no era igual. Era como si estuviera viendo algún otro animal o si no lo podÃas ver, más bien, estaba sintiendo la presencia de otro animal, de otro ser que estaba muy cerca de nosotros. Y que se estaba aproximando. Sergio continuó caminando y en ese momento logró iluminarla. Se trataba de un niño, un niño de algunos nueve años, diez años, el cual se encontraba chapoteando en el rÃo de un lado hacia otro, dándonos la espalda como ignorando que estuviéramos allà por el lugar. No habÃa localidad de cerca, no habÃa casas, no habÃa colonias. La única razón y lo único posible es que, de seguro era un niño que estaba migrando, Era un niño migrante, Era un niño que de seguro venÃa con su familia. Se habÃa perdido a lo mejor entre la oscuridad, entre la niebla que habÃa. Sergio se fue acercando hacia este niño y le pregunto que dónde estamos sus padres, que si estaba él solo Sergio en este momento calla al agua pero calla al agua embestido por este niño. Les voy a platicar a continuación. Solamente lo que yo vi. Sergio cae al agua. Obviamente, arriba de él calle el niño. Nosotros tratamos de apresurarnos hacia el sitio, pero el que nos gana en velocidad es el pastor alemán. Ãl llega al sitio antes que nosotros, pero no solamente le toca Sergio o hundirse en el agua. También a nosotros nos pasa lo mismo. Lo que sentà yo en aquella ocasión es que unos brazos como unas manos, me tomaran de los pies de las piernas y me jalaran bruscamente hacia adentro. Yo caigo al agua. Trato de levantarme, pero es como si me estuvieran arrastrando, me arrastran por debajo del agua. Obviamente, yo me empiezo a desesperar, ya que quiero respirar, quiero tomar aire y no me puedo levantar. Yo me enfoco simplemente en luchar, en patalear y de alguna manera milagrosa. Logro levantarme, logro luchar contra aquello que nos estaba jalando bajo el rÃo. En aquella ocasión, mi otro compañero también se levanta. Pero Sergio, Sergio, lo habÃamos perdido la niebla en la oscuridad. Estaba jugándonos en contra. Intentábamos hablarle, intentábamos gritarle, pero nada. Escuchábamos como estaban forcejeando. Tratamos de seguir el ruido, pero pero en cuestión de segundos alejó tan rápido que no nos quedó de otra. Intentamos llamar por radio. No lo tenÃamos. Se habÃa caÃdo al agua. Tomamos las armas que tenÃamos, pero estaban completamente mojadas. No nos servÃan. El otro elemento que estaba conmigo. Se le ocurrió algo, pero sin siquiera preguntarme. Ãl sacó el arma y dio un tiro al aire. Yo le pregunté qué estaba haciendo y él me dijo, con estas dos opciones que aquella cosa que nos arrastró. Espero que se haya ido con la detonación y con la otra llamar a más personas. Necesitamos a más personas para encontrar a Sergio y la radio no nos funciona. Esto era un buen plan, porque funcionó por completo. En cuestión de dos minutos, tres minutos, llegaron bastantes elementos de la Guardia Nacional. Le explicamos todo lo que habÃa do pasado. Y en cuestión de unos cuatro a cinco minutos, prácticamente éramos como veinticinco o veinte, por lo menos, elementos que estábamos en el rÃo, todos buscando a Sergio, todos apuntando, todos iluminando lo encontramos. Sergio se encontraba sentado a orillas del rÃo. Algo más adelante. TenÃa su ropa desgarrada, TenÃa arañazos en sus brazos, en sus piernas, en su espalda, también en la par de mordidas, pero no mordidas como las de un hombre, mordidas hechas con colmillos. Le preguntamos a Sergio qué era lo que habÃa pasado, cómo se habÃa librado. Ãl nos respondió todavÃa algo aterrado que lo que él creyó, que era un niño, estaba por completo equivocado. TenÃa la silueta de uno, pero tan solo cuando volteó vio que no se trataba de un niño. La cara de este niño, si podrÃamos llamarlo asÃ, estaba deformada su boca. En lugar de eso, tenÃa un hocico en lugar de dientes colmillos. Sus ojos eran como los de una serpiente y sus venas estaban remarcadas alrededor de toda su cabeza. En mismas palabras de Sergio era una criatura repugnante, una criatura sumamente aterradora a la vista. Algo triste nos contó que si bien él se salvó, no fue por sà mismo. Dice que aquella cosa estaba ganando, pero que gracias al perro, porque el perro sà llegó hasta donde estaban ellos y mordió rasguñó y continuó mordiendo hasta que esta cosa liberó a Sergio. Pero tristemente, aquella criatura agarró al perro y se lo llevó junto con la corriente del rÃo. Sergio estaba muy mal herido. Apenas se logró poner en pie y llegar a la orilla. Cuando nosotros llegamos por él, Ãl se quiso levantarse, quiso poner de pie, pero no podÃa. Nosotros continuamos caminando por ese rÃo intentábamos buscar aquella cosa o, cuando menos, encontrar al perro. Muchas personas dirán que es solamente la vida de un perro, la vida de un animal. Pero, para ser sincero, aquel perro prácticamente habÃa salvado la vida de alguien, de un mito, de un elemento de la Guardia Nacional. No podÃamos simplemente olvidarlo. A pesar de que lo seguimos buscando, no lo encontramos ni siquiera un rastro nada. Hasta hoy es fecha en la que ninguno de nosotros sabe qué fue lo que nos atacó aquella noche. Lo único que lamentamos y que lamentamos los tres elementos que estuvimos en aquella ocasión es tal vez no haber actuado un poco más rápido, pues si bien perdimos la vida de un perro, les puedo asegurar que fue un perro muy fiel que nos protegió a nosotros hasta con su propia vida. Esa fue mi historia. Saludos a todos. Desde Toluca les harÃa una pregunta cripta manÃacos. Ustedes creen en las posesiones, en las posesiones que tal vez la industria de Hollywood, con las pelÃculas, con ciertos mitos, leyendas o cuentos, como quieran catalogarlos historias que vienen del Vaticano, pero no de esta era, sino de eras pasadas, como de la inquisición, relataban que no solamente personas podÃan ser poseÃdas, sino que también objetos y lugares, objetos poseÃdos. Creo que el más popular podrÃa decirse serÃan los juguetes, los muñecos. Pero qué pasarÃa si una imagen, una imagen religiosa, ya sea de la Virgen de algún santo, fuera poseÃda. Esto es algo que tal vez en algunos videos anteriores se podÃa ver. Recuerdo muy bien cuando salió un vÃdeo de una virgen sangrando o de ciertas imágenes que se movÃan. Se argumentaban estar poseÃdas, claro, pero esta siguiente historia creo que pone el escalón un poco más alto. Este militar llegó a un pueblo el cual, años atrás habÃa sido testigo de algo parecido. Al parecer, su iglesia fue poseÃda por una entidad que hasta fecha de hoy se rehúsa a irse. Su historia es la siguiente. Mi nombre es Erasmo Montenegro. El relato que les quiero compartir, al menos de mi parte, es una experiencia corta, pero se las quiero acompañar de una leyenda, una leyenda que está unida a esta experiencia. Verán en mi trabajo mayormente visito pueblos pueblos de México. Soy un militar y, por lo regular, me mantienen, ya sea en el sur o en el norte del paÃs. Si bien me han mandado ciudades, la verdad es que he visitado más pueblos, más o menos escondidos y de cierta manera me gusta más ir a este tipo de lugares. La gente es muy amable, Puedes respirar un aire fresco y también te cuentan muchas leyendas que se dan origen en esas calles, en esos rÃos, en esos montes, en los cerros. Esto ocurrió en Baja California. Todo comenzó cuando estábamos pasando ya por la madrugada cerca de una capilla, o más bien se tiene que decir lo que quedaba de ésta. Ciertamente no estaba destruida ni estaba en ruinas, pero las ventanas estaban tapadas con madera. La pintura de la iglesia estaba caÃda casi en su totalidad, despedijada, despintada, varias columnas ya se habÃan caÃdo. Los pueblos que estaban alrededor de ésta eran pueblos con personas humildes. Asà que lo que creÃmos cuando pasábamos cerca de aquella capilla es que, a lo mejor de vez en cuando la iglesia la ocupaba, porque dentro de ella podÃamos ver una luz que salÃa desde adentro. Esta luz era tenue. No podrÃa decir que eran luces como focos lámparas, era como la luz que provendrÃa de alguna veladora o de velas en conjunto. Nosotros no le prestamos atención a esto. Ãbamos en las camionetas y estábamos pasando rápido cuando en eso nos llamó la atención. Un detalle más y es que se escuchaba una voz que provenÃa desde adentro de esta capilla. Los cuatro que Ãbamos sentados en la parte trasera de la unidad de la camioneta vimos esta iglesia y escuchamos también como aquella voz hablaba y también cómo se reÃa tan solo segundos después, esto nos llamó fuertemente la atención, ya que se escuchaba que solamente habÃa una persona. Pensamos que tal vez se trataba de alguna oración o tenÃan alguna misa. A final de cuentas, no nos querÃamos entrometer mucho entre las costumbres de los pobladores, pero claro esto no se cocionó una cierta curiosidad y a la mañana siguiente, cuando hablamos con unos pobladores, unos señores, era un par de matrimonios con los cuales ya habÃamos hablado anteriormente. Eran unas personas muy amables. Les platicamos sobre este extraño suceso que habÃamos tenido. Les preguntamos que a qué religión o qué culto manejaba aquella capilla. No se parecÃa para nada a las catedrales que habÃamos visto o a las iglesias que habÃamos visto, obviamente, de la religión católica. Estos señores se quedaron un momento en silencio, pero después nos dijeron que en aquella parte donde nosotros comentamos que habÃamos visto una capilla habÃa existido una, pero que hace años se habÃa destruido passe. Resulta que ese dÃa que se destruyó la capilla, todos llevaban una vida normal en el pueblo. De hecho, ese camino por el que habÃamos pasado era un camino el cual los pobladores utilizaban mucho. Lo dejaron de utilizar este mismo dÃa Y es que, mientras caminaban en sus carretas, con su leña, con sus vÃveres, desde adentro de esta capilla, se escuchó algo. Se escuchó una voz, al paso de los segundos, una risa y al paso de más segundos gritos, gritos que provenÃan desde adentro de la iglesia. Los pobladores fueron, ya que esta iglesia, obviamente pertenecÃa a la religión católica. Como todas las demás, entraron siguiendo aquellos gritos que parecÃan desesperados y lo que vieron los dejó simplemente sin palabras. Unos empezaron a rezar, otros empezaron, otros empezaron a persignarse, otros simplemente empezaron a gritar maldiciones, otros se desmayaron y otros simplemente se fueron. Corrieron de lo que sus ojos habÃan visto, y es que en el centro habÃa un Cristo, una figura la cual estaba hablando y haciendo todos esos sonidos que salÃan de la iglesia. Esta figura empezó a decir cosas, cosas personales que solamente los habitantes del pueblo sabÃan o se rumuraban empezó a desenmascarar ciertos crÃmenes desde simplemente personas que robaban a escondidas ladrones de cosechas, ladrones de tiendas, y también pasó después a decir las infidelidades del pueblo. Era como si esta figura supiera todo todos los más oscuros secretos de aquellos habitantes y si bien muchas personas estaban asustadas en ese momento, sobre todo por la información que esta figura estaba dando. Lo que detonó en la furia o mejor dicho, lo que detonó en que las personas hicieran algo fue que esta figura empezó a decir la la las fechas exactas y cómo es que cada una de las personas que estaban ahà presentes iba a perder la vida, algunos viejos y otros jóvenes. Las personas comenzaron a ponerse histéricas, empezaron a gritar, empezaron a tomar palos y empezaron a callar a la fuerza, a aquella figura que muchos argumentaban en ese momento estaba poseÃda. No contentos con esto. Solamente aquella iglesia, que simplemente estaba parada en obra negra, terminaron destruyéndola algunas pocas paredes que estaban pintadas. También el sacerdote, por otra parte, no se opuso. El padre explicó que cualquier cosa que hubiera podido entrar en aquella iglesia no iba a querer irse. Y fue asà como esta iglesia se vino abajo y aquel camino se cambió por completo. Los habitantes ya no quisieron pasar por este. Lo curioso es que este matrimonio, que es quien cuenta esta historia, esta leyenda, dicen que no fueron ellos los que vivieron este asunto, sino sus abuelos, asà que ya se imaginarán cuántos años tiene esto. Sà pusieron atención al relato escucharon que varias veces este matrimonio dijo que aquella iglesia ya no existÃa, pero que el lugar habÃa quedado con una cierta advertencia que los habitantes ya no pasaban por ahÃ, a lo cual yo les contesté, pues aquella iglesia sigue de pie. Ahà está todavÃa. Mis otros compañeros, los otros elementos, dijeron lo mismo, pues los cuatro la habÃamos visto. Los pobladores simplemente no nos creyeron. Ãbamos a regresar junto con el convoy por ese mismo camino tan solo dos dÃas después. En esa ocasión creÃamos que Ãbamos a cerciorarnos e Ãbamos a tomar pruebas, ya hacÃa fotografÃas con nuestros celulares para decirles que sÃ. Efectivamente, la iglesia estaba de pie. Pero cuando Ãbamos pasando por aquel lugar, cuando nuestra camioneta pasó por aquel clero. No vimos ninguna iglesia, tan solo unos muros, unos pocos muros levantados que ya se estaban cayendo a pedazos. Incluso un árbol habÃa nacido en medio de ésta, en medio de donde se suponÃa, se encontraba aquella iglesia y hasta hoy ninguno de los cuatro logramos explicarnos qué fue lo que vimos. Estamos más que seguros que vimos una iglesia, pero una iglesia fantasma que desapareció y la voz que venÃa junto con ella también también me causa un poco más de curiosidad. Es la luz que provenÃa desde dentro de esta de quién era o mejor aún quién la habÃa traÃdo la voz que salÃa de la iglesia probablemente era del mismo Cristo. Extrañas leyendas y aterrador el relato se encuentran en los pueblos. Espero contarles otro relato en otra ocasión. Saludos a toda la Comunidad. Mario nos quiere contar más historias y pese a que me ha escrito varias, la siguiente con la que terminamos este vÃdeo me pareció una de las más terrorÃficas, más que nada, porque le pasó en la Selva y solamente era él y otro militar rodeados por completo de lo que podrÃamos decir eran las maestras en lo que viene a ser con pactos, con el infierno o con seres oscuros. Mario, aquella noche se vio cara a cara y sintió la presencia de estas mujeres que tienen tratos con el diablo. Lo siguiente, de igual manera, me pasó en Chiapas y quiero que les quede claro estos relatos. No es como para decir que este sitio es de los más tenebrosos o algo asÃ. Para nada. Es un Estado muy pero muy, muy hermoso. Pero, para su desgracia, tiene mucha selva. Tiene mucho y pues la verdad eso se presta bastante para este tipo de cosas, sobre todo en los lugares más inhóspitos, como a los lugares que nos mandan a nosotros, a los militares. Lo siguiente nos sucedió en un camino por la selva. En este camino recuerdo que Ãbamos casi estábamos entre los lÃmites de Chiapas, cuando de pronto, ya sea por mala suerte, ya sea porque asà lo tenÃa el destino. Escrito. La camioneta en la que Ãbamos tuvo un percance. Estos caminos no son para nada. Lo mejor posible es como para ir en ellos, ni siquiera para camionetas cuatro por cuatro. Recuerdo que en aquel tiempo nosotros tenÃamos un igual una chillén de aquellos años la llanta habÃa quedado apresada en una zanja en la cual poco a poco fue perdiendo aire. A final de cuentas, terminamos sacándola. Eso fue bueno, pero ahora tenÃamos que cambiar la llanta. Por suerte, tenÃamos refacción, pero eso significaba que tenÃamos que ir todavÃa con más cuidado, ya que si esto nos volvÃa a pasar más adelante ahora, si no tendrÃamos una llanta de respaldo para salir de aquel problema, empezamos a cambiar la llanta. O más bien mi compañero empezó a cambiar la llanta mientras yo estaba vigilando, cuando en eso, entre la oscuridad de la noche, empecé a ver algo con las luces de la camioneta. La camioneta estaba parada, pero tenÃa las luces encendidas y fue asà como vi poco a poco que una mujer se estaba acercando y atrás de ella venÃan varias. También era una mujer joven, luego una de edad más adulta, luego otra mujer joven, luego una anciana y luego otra mujer que aunaba de seguro entre sus cincuenta años. Se me hizo extraño ver a estas mujeres caminando solas por aquel camino. Pero aún más extraño es que iban descalzas e iban cubiertas por una túnica. Sus túnicas se veÃan que eran, pues, algo deterioradas, eran oscuras y otras rojas. Obviamente, por este punto yo estaba desconcertado, pero no pensaba en otras cosas, Era decir, no tenÃa miedo de ellas. Todo lo contrario. Cuando mi amigo las vio, se paró inmediatamente, me jaló del hombro y me dijo que me fuera a un lado de la camioneta y que por nada del mundo hablara con ellas que no las provocara. Una de estas mujeres se le acercó a mi compañero. Ãl estaba incluso tartamudeando Esta mujer nos preguntó qué era lo que estábamos haciendo ahà y que ese camino no era muy buena idea recorrerlo, sobre todo de noche. Es en este momento que le presto más atención a la cara de esta mujer y me doy cuenta que ella, junto con todas que estaban ya detenidas enfrente de nosotros a un lado del camino, es que tienen los ojos blancos. No es que los ojos los tengan completamente blancos, sino es que era como si sus pupilas estuvieran alzadas hacia arriba de forma algo enferma. Hacia arriba, Hacia arriba, hacia arriba, hasta la par que se ocultaban entre sus párpados. PodÃa ver las venas, sus ojos irritados, que dirigÃan su vista hacia arriba hasta perderse daban el aspecto como que los tenÃan blancos, pero al ver sus venas, al ver su sangre, recorriendo ahà era un aspecto muy tétrico que incluso a mÃ, que no tenÃa miedo, me hizo tenerlo de un minuto a otro. Esta mujer nos dijo que nos fuéramos tan pronto compusiéramos la camioneta y que no se nos ocurriera atravesar por ahà después, ya que ellas no se iban a hacer cargo ni son niñeras de nadie. Obviamente, compusimos la camioneta y cuando estábamos a punto de abordarla, tanto lo otro militar como yo sentimos escuchamos como algo se posó arriba de nosotros entre los árboles. Era algo muy pesado y con unas alas enormes se podÃa notar por cómo escuchábamos el aleteo de este. Mi compañero, al contrario de mÃ, me llamó la atención y me dijo una cosa es que las veas en el camino y otra cosa es que las veas allá arriba, no las provoques, no las a luces. Sube a la camioneta y vámonos de aquÃ. Yo le hice caso, nos subimos y él me dijo que habÃa crecido por esos Estados, por esa parte de la República y que, si bien habÃa escuchado sobre las historias de las Brujas, la verdad es que habÃa tenido escasos encuentros con ellas y sabÃa muy bien que por esas partes ellas se aparecen más que nada, hacen sus embrujos, sus aquelarres. Ãl me dijo en aquella ocasión que estábamos en su territorio y que no nos convenÃa hacerlas enojar todo esto a la par mientras que ambos sentÃamos como algo iba arriba de nosotros. Escuchábamos el aleteo algo nos estaba persiguiendo. Pero si bien esta cosa alada no nos estaba atacando, era más bien que nos estaba escoltando hasta fuera del camino, como para cerciorarse de que en verdad nos fuéramos de este. Jamás volvimos a este camino y hasta el dÃa de hoy, creo que le tengo más respeto al lugares donde se dice aparecen brujas, las festividades, Navidad, Año, Nuevo DÃa de muertos, Ojalloween. Se dice que no son solamente fechas que se ponen al azar. Se dice que son dÃas especÃficos en donde se escogen ciertas festividades, ya que se encuentran ligados a un motivo. Se dice que las brujas, los brujos, los nahuales, los sking walkers, como se les conocen los Estados Unidos, es que cogen el dÃa de brujas para ser rituales, no por nada. Y esto muchas personas les podrán dar fe que es cierto, ya que en los pueblos, los pueblos que no son tan vigilados desastrosamente, ya sea de cualquier paÃs, cuando se acerca ya de brujas, extrañamente los niños que andan en la calle o los niños que son de familias muy pero muy humildes, algunas veces desaparecen. Es por eso que cuando llega este treinta y nueve de octubre, se tiene mucho cuidado con estos niños, porque para las brujas, que son estas mujeres que hacen rituales para satanás o para cualquier otra deidad, robarse niños es algo que acostumbran en esta festividad únicamente Y esto se los traigo, ya que otra festividad muy parecida es el dos de noviembre, el dÃa en el que según muchos mexicanos, nuestros fallecidos, nuestros seres queridos vuelven. Algunas personas dicen que esto es más un mero recordatorio de nuestros seres. Pero esta historia te va a dejar con algo en que pensar. Tal vez ellos en verdad vienen. Tal vez ellos en verdad salen de sus tumbas y vienen con nosotros, aunque nosotros no los veamos. Viene de un militar y su historia es la siguiente. Otra experiencia que me sucedió ocurrió en Tuxpan de igual manera, en un retén, pero a diferencia de la otra historia que les acabó de contar esta carretera o más bien camino, porque en su mayorÃa era de tierra, estaba muy solitario. HabÃamos estado ahà cerca de unas doce horas y nadie pasaba. Era simplemente un camino que se nos ordenó cubrir. Por si acaso, como sabrán, al caer la noche, el camino estaba despejado a excepción claro de aquel monte que se veÃa a lo lejos y de los árboles. La luz de la luna iluminaba muy bien. Aquella noche podÃamos ver todos los claros, podÃamos ver a lo lejos incluso las luces de algunos pueblos. Esto me ocurrió y por qué es importante para la historia en una fecha muy importante para México, muy importante para nuestras tradiciones. Sucedió un dos de noviembre, como sabrán, era el ya de muertos y creo que esto en parte explica lo que vi imos aquella noche, porque, a lo lejos, y no solamente yo sino otros militares, también empezamos a ver siluetas, unas siluetas extrañas que bajaban desde un pequeño cerro que se encontraba a la lejanÃa. Obviamente, esto nos llamó la atención, ya que por esos lugares no se encontraba ninguna vivienda. HabÃamos hecho el rondÃn, el sondeo por todo el perÃmetro. Particularmente en aquel lugar se suponÃa que no habÃa nadie. Y por qué estábamos tan interesados en esto, pues porque estábamos en un lugar el cual habÃa ocurrido recientemente tiroteos encuentros, y no solamente entre cárteles enemigos, sino también con nosotros. Entonces estábamos al pendiente de cualquier cosa extraña que sucediera a los alrededores, ya que nos podrÃan sorprender en cualquier momento, sobre todo si no conocÃamos muy bien el terreno con binoculares en mano. Tres de nosotros nos acercamos hasta aquella posición todo por órdenes. Claro, fuimos acercándonos obviamente despacio y en asedio, cuando estuvimos lo suficientemente cerca, sacamos los binoculares y empezamos a observar aquellas siluetas. Tan pronto las vimos no supimos cómo actuar, ya que si bien eran siluetas de personas, vestÃan de una manera muy extraña. Era como si todas estas todas estas personas que bajaban del cerro una tras otra, una tras otra, llevarán un velo, un velo totalmente oscuro. Y también toda la visti que traÃan era completamente oscura, ya que si bien podÃamos ver con la visión nocturna de los binoculares, no lográbamos ver alguna ropa diferente, algún color diferente. Todo estaba oscuro. Pero esto no fue lo más extraño que vimos, Y es que podÃa ver que en el interior de estas personas, a la altura de su pecho o de su estómago, irradiaba una luz. Era una luz blanca, una luz tenue. Gracias a esta luz es que podÃamos ver las siluetas. Estas personas se encontraban caminando bajando del cerro asÃ, pero por un lado oscuro donde se encontraban los árboles. Esta luz que proporcionaban las siluetas era lo suficientemente brillante para llamar nuestra atención, pero no lo suficiente como para causar un alboroto. Estábamos más que seguro que se trataban de personas, Asà que nos fuimos acercando, caminamos y caminamos hasta que llegamos hasta aquel cerro. Una vez que llegamos ahÃ, no encontramos a ninguna persona. Empezamos a hacer el sondeo, empezamos a revisar por todos lados. Obviamente, con las armas preparadas, por si esto se trataba de alguna emboscada, pero por más que buscamos no encontramos a nadie. Después de estar rodeando el cerro y comunicar que no habÃamos encontrado nada, recibimos nuevas órdenes de subir a este. TenÃamos que subir rápido y bajar rápido simplemente a cerciorarnos de que las personas a lo mejor en lo que Ãbamos para allá, a lo mejor se habÃan subido. Lo hicimos de igual manera, totalmente en silencio y a la expectativa de cualquier cosa. Cuando llegamos a la cima, no encontramos personas, pero si encontramos algo, lo que nos encontramos fue una especie de cementerio. HabÃan cerca de siete cruces, siete cruces que se encontraban en la cima de este, cada una de ellas con un nombre y apellido diferente, pero todas ellas, al revisarlas, vimos que tenÃan algo en común, y es que el año y el dÃa de fallecimiento era el mismo, el mismo para todas las cruces eso querÃa decir que todas las personas habÃan fallecido el mismo dÃa y el mismo año juntas y muy posiblemente en aquel sitio. Una vez, habiendo checado esto, bajamos inmediatamente del cerro, llegamos con los demás del grupo y les explicamos todo lo que habÃamos visto entre platiqué y pláticas. Sacando nuestras propias deducciones, llegamos a la respuesta que lo que habÃamos visto y tomando en cuenta que era dos de noviembre, supusimos que lo que vimos eran las almas de aquellas personas. Bajando de aquel cerro para visitar a los vivos en ese dÃa. Después de todo, el camino por el cual se dirigieron era el mismo camino que llevaba al pueblo. Esa fue mi experiencia. Gracias por escuchar mis historias. Saludos a todos. Desde Aguascalientes ten




